lunes, 16 de abril de 2018

El fin de nuestros amores: Beigbeder y Rosalinda Fox



En El tiempo entre costuras, Maria Dueñas retrata a Juan Luís Beigbeder como totalmente anglófilo y a su Rosalinda Fox como espía total. Incluso los convierte en suministradores de agentes españoles para el SOE (Special Operation Services).  La principal, será Sira Quiroga. La historia real nos cuenta que, en su exilio en Ronda, Beigbeder comenzaría a complotar contra el Eje e incluso en contra de su Caudillo, y que, desde Lisboa, Rosalinda seguiría ayudando a la causa aliada. ¿Pero volverían a encontrarse?

 En Portugal, Rosalinda Fox abre un garito llamado “El Galgo” donde acudirá el quien es quien lisboeta. Además, tomará en esa capital un piso de cuarenta habitaciones en la que se refugiará el que lo necesite. Ahí la encontrará Sira cuando llegue a Lisboa en pos de Manuel Da Silva. Allí la encontrará Tom Burns, el protagonista de Papa Espía (de su hijo Jimmy Burns). Para los Burns está claro que Mrs. Fox está al servicio de los ingleses. En otros lados dicen que Rosalinda espiaba para las agencias de inteligencia estadounidenses.

El hecho es que espiaba. Su mayor misión consistía en observar a las masas de refugiados que se aglomeraban en Lisboa en espera de pasaportes para huir de Europa. Un miedo de los Aliados era que entre los refugiados se ocultasen agentes nazis. Ese trabajo de Rosalinda fue fundamental y a él se referiría Winston Churchill quien diría que, sin la ayuda de Rosalinda Fox, la guerra hubiese tomado otro cariz.

Es necesario volver a la novela de Maria Dueñas para ver la evolución de la labor de inteligencia de la mancuerna Fox-Beigbeder, puesto que la autora los cree confabulados para ayudar a la causa aliada. Tras el traslado de Beigbeder y su amante a Madrid, Rosalinda bombardea a Sira con cartas sobre su nueva situación. 

Unos meses más tarde, la costurera recibe una carta de su amiga invitándola una fiesta en Tánger. Sira llega tarde y solo alcanza a tener una breve entrevista con Rosalinda quien le cuenta que tanto ella como Beigbeder están desalentados con el régimen Franquista y asustados de que España sea arrastrada a pelear por el Eje.

Para evitarlo ellos están reclutando agentes españoles que puedan recaudar y suministrar información a los ingleses. Rosalinda conecta a Sira con el misterioso Mr. Jason que resulta ser Alan Hilgarth, agregado naval en la Embajada Británica en Madrid y maestro de espías (Ian Fleming se inspiró en Hillgarth para crear a James Bond).
Alan Hillgarth es interpretado por Ben Temple en "El tiempo entre costuras"

Hillgatth le dice a la modista que en Madrid no deberá contactar ni a Beigbeder ni a Rosalinda. Sin embargo, cuando (esto en la serie) Sira llega al piso que le han preparado reconoce un tapete oriental que ella admirara en casa de su amiga en Tetuán. Mas adelante, su exnovio Ignacio acusará a Sira de ser amante del Ministro de Asuntos Exteriores revelándole que la policía sabe que Beigbeder le ha puesto ese piso.

No he encontrado en mis lecturas ninguna vinculación entre Mrs. Fox y Hillgarth. Ella en Marruecos si tuvo contactos con el coronel inglés Henry “Hal” Durand de Tánger quien era su enlace con Lord Halifax, en esa época (1938-1940) Ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido.  Rosalinda era muy buena para los contactos. Cuando huyó de España en el otoño del 40, los únicos en acompañarla al aeropuerto fueron Beigbeder y Benjamín Harrison Wyatt, agregado naval de la Embajada de Estados Unidos en Madrid.

Respecto a una participación de Beigbeder en el espionaje pro-inglés, no me parece tan factible. A pesar de que, en una carta de Sir Samuel Hoare a Winston Churchill, cuando Beigbeder todavía tenía la cartera de ministro, el embajador, a la par de asegurar su anglofilia, lo describe como un “romántico emocional” y “un español de la tradición de Don Quijote” Eso también podría explicar las conspiraciones en las que se vería involucrado Beigbeder tras su caída de la Corte Franquista.

  A cada rato me tropiezo con las palabras “Beigbeder” y “monarquía” en la misma página. Es cierto que, en los 40s, se puso a conspirar a favor de la restauración de los Borbones, pero todos los oficiales insatisfechos con Franco lo hicieron, hasta Queipo de Llano. Sin embargo, este artículo de Berta González para El Mundo dice que Beigbeder planeaba instalar un gobierno monárquico provisional en Tánger. ¿Cuándo? ¿De dónde sacan estos datos?  Reitero, hay mucho que decir y saber de esta pareja.

En sus memorias, Rosalinda cuenta que, veraneando en San Sebastián, en 1940, ayudó a escapar a tres aviadores escoses  cuyos aviones habían caído en Francia. Esto fue un esfuerzo conjunto con un agente de la SOE, Peter Kemp (otro tipazo injustamente acusado de “fascista”). Beigbeder no solo supo de esta hazaña prohibida por el gobierno franquista (que usualmente encarcelaba los soldados aliados que caían en sus manos), sino que además les prestó un automóvil oficial para que llevaran a los aviadores hasta Bilbao.

Mientras Rosalinda seguía con su labor de espionaje en Lisboa, su amante se la pasó casi tres años bajo arresto domiciliario en Ronda. Tiempo para pensar y decidir cuáles serían sus lealtades. En 1943, viendo que los Aliados parecían ser el bando ganador en la guerra, Franco levantó el arresto a Beigbeder, lo nombró general de brigada y lo empacó en una misión diplomática a Washington.

Hasta hoy no se sabe en que consistió esa misión que lo tendría en USA hasta el final de la guerra. Maria Dueñas habla de un intento de crear puentes entre estados Unidos y España, de cambiar la imagen del régimen franquista y de discutir el futuro del África del Norte tras una victoria aliada.

Para entonces Beigbeder ya estaba involucrado en conspiraciones monárquicas y no le interesaba servir a Franco. Se dice que proyectaba una “España Libre” que sería una alternativa al régimen franquista y que probablemente se instalaría en Marruecos con el Conde de Barcelona de cabeza de gobierno.

 Camino a Estados Unidos, Beigbeder hizo escala en Lisboa lo que propició un reencuentro con Rosalía. Ella lo seguiría tiempo después a Estados Unidos. Se dice que Rosalinda no se quedaría mucho tiempo en la Unión Americana ya que encontró a su Juan Luis muy ocupado en otros devaneos.

Beigbeder realmente estaba ocupado, muchos hablan de que llevaba una intensa vida social. incluso se tomó un descanso en Las Bahamas donde visitó a los gobernadores del archipiélago, los famosos Duques de Winsor con los que había hecho amistad cuando Edward y Wallis habían recalado en Madrid después de la Invasión de Francia (si interesa saber más de esta visita española y del papel jugado por Beigbeder, recomiendo Operation Willi: The Nazi Plot to Kidnap the Duke of Windsor de Michael Bloch y la novela Te prometo un Imperio de Juan Vilches).

Encontré un artículo de Allan Chase, contemporáneo a la estadía de Beigbeder en los Estados Unidos. Escrito en ese estilo tongue-in-cheek del periodismo liberal izquierdista de la prensa americana independiente de entonces, el artículo está colmado de errores (desde que la Republica nombró a Beigbeder agregado militar en Berlín, siendo que ya estaba ahí antes del 31, a que después de haber perdido la cartera de ministro se fue a Marruecos). Lo que si le creo es que Beigbeder era ya abiertamente monárquico, que no ocultaba su antipatía por el régimen franquista, y que su labor en Washington mas que ayudar a Franco buscaba seguidores para su causa, la de restaurar en el poder “a la decrepita dinastía de los Borbones” como la llama Chase.

La cruzada monárquica no llegó a ninguna parte. En febrero de 1945, Beigbeder estaba de regreso en España y de brazos cruzados porque nunca más se le volvió a dar cargo alguno. Para cuando su Rosalinda regresó a suelo español, en 1950, estaba desolado, defraudado y acabado. Tal como ella lo describe en sus memorias era un hombre “roto y enfermo”.

Aun así, Rosalinda se empeña en un último proyecto en conjunto. Construir una casa en Guadarranque en la Bahía de Algeciras, para que Juan Luis pase ahí sus últimos días mirando hacia su amado Marruecos. Irónico que Rosalinda la desahuciada no solo sobreviva a su amante, sino que también a sus cuarenta años, esté llena de energías.

El final de la guerra la había dejado nostálgica de su patria. Tras vender “El Galgo” a su socio Dimitri se estableció en Inglaterra donde se reencontró con Peter Fox. No se sabe que mal espíritu la aconsejó, pero Rosalinda decidió regresar con su marido. Medio año más tarde, los malos modos de Peter la enviaron al hospital del que salió decidida a alejarse de un marido que seguía negándole el divorcio.

Posiblemente, Peter le quitaría su mesada. Aun así, Rosalinda hace una entrada triunfal en Andalucía donde llega cargada de equipaje, con su hijo y un chofer hindú que conduce su Rolls Royce. Tras conseguir permiso del gobierno y adquirir el terreno se puso a construir una casa con su estilo, con la cabeza de galgo, el sello de Rosalinda, por todos lados, y azulejos que le recordasen a Tetuán.

Tan llena de energía estaba Mrs. Fox, que los vecinos recuerdan que se trajo también a un tal Richard que a decir de quienes lo conocieron “estaba de bueno como para mojar el pan.” Más tarde, en la edad en que las señoras entran en la senectud, Rosalinda tendría otro amante, no tan guapo y más obviamente un toyboy, lo que entonces se llamaba un gigolo. Pero a pesar de los Richards en su vida, Rosalinda seguía recibiendo a su Juan Luis o iba a visitarlo a Madrid, pero el pobre caballero ya estaba en las ultimas.

El General Beigbeder vivió sus últimos días en una pensión de mala muerte, trabajando,  casi por caridad,  en la inmobiliaria de un amigo marroquí. Murió en 1957 “ejemplarmente pobre” como lo describiría Dionisio Ridruejo. Su legado fueron unas ropas y sus archivos entre los que se cuentan un amago de memorias. La mitad del archivo la tiene el periodista José Mario Armero, la otra alcanzó tierras marroquíes y la tiene el historiador Mohamed Ibn Azzuz Hakim.

Rosalinda siguió su vida glamorosa. Hizo amistad con los ingleses de la zona con los que jugaba bridge y también con algunos españoles como el diplomático Luis Cuervo quien le escribiría un prólogo a las memorias de Mrs. Fox que se publicaron en una edición muy limitada en 1999. Hoy,  un ejemplar en Amazon te cuesta arriba de setecientos dólares.

Hasta el final, un final casi de indigente en el que tuvo que solicitar ayuda del ayuntamiento, Rosalinda vivió su glamur, coqueta, elegante, vestida de Chanel siempre bien peinada y maquillada, siempre generosa. Hay gente que recuerda que tenía unos impulsos maravillosos. De pronto mandaba al Rolls Royce a la escuela local para traer a los niños de merienda a su casa, o regalaba muñecas para Reyes, o prestaba su autazo para llevar algún enfermo al hospital más cercano. Hay quien dice que era altiva y que sus accesos de mal humor eran memorables.
Foto de Rosalinda con su grupo de Guaarranque y otra de ella anciana.

Después construyó unos apartamentos, luego una quinta, Quinta Rosalinda, donde falleció. Vendió todo lo que tenía de valor. Aun así, no murió sola, tuvo una pareja de cuidadores incluso cuando ya solo se la pasaba sin salir,  viendo televisión. Murió a los 96 años, demostrando que los diagnósticos médicos valen hongo, que el deseo de vivir y el amor superan toda enfermedad. Y Rosalinda Fox tenia amor por la vida para regalar.
María Dueñas con un retrato de Rosalinda

Hay mucho que criticar en la vida de Beigbeder y Rosalinda, pero mucho más que admirar. Le agradezco a Maria Dueñas presentarnos a esta pareja de fábulas. Para mí, la serie (el libro lo leí después) tiene un significado muy emotivo. Fue la  última serie que vi y gocé con mi madre, por lo que fue un parteaguas entre la persona que ya presentaba señales de enfermedad mental y la que vino posteriormente,  tan desequilibrada que no podía ni seguir una serie y tampoco soportaba mi presencia a menos que fuera para zaherirme o humillarme. Entonces El tiempo entre costuras y sus personajes (Mi Ma adoró a Rosalinda y a Beigbeder) fueron el ultimo nexo cariñoso que mi madre y yo compartimos.

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