miércoles, 8 de noviembre de 2017

La Duquesa de la Victoria: Personajes reales de “Tiempos de Guerra”


En entradas anteriores hemos conocido el trasfondo histórico de “Tiempos de Guerra”, primera serie televisiva en cubrir la Guerra de Rif. Pero como suele ocurrir con este género, mezcla de historia y romance, los personajes ficticios trascienden tanto los hechos reales como a los personajes que realmente existieron. Aun así, es de admirar (en lo mucho de admirable de este dramatizado) la importancia que se le ha otorgado a Carmen Angoloti, Duquesa de la Victoria, jefa de las “damas enfermeras” y de su hospital en Melilla.

Hace unos días, mi mejor amigo me preguntaba en Facebook si esta serie de Antena 3 presentaba a Francisco Franco y su famosa gestión en la guerra de Marruecos que labraría su prestigio militar. Le respondí que una de las sutilezas de “Tiempos de Guerra” es evitar mencionar al Caudillo y a los otros generales “africanistas” que luego formarían parte de su estado mayor durante la Guerra Civil. Sin embargo, la serie si nos trae personajes históricos que juegan un rol sobresaliente en este cuento como lo son La Reina de España, Victoria Eugenia de Battenberg, y su amiga, colaboradora y devota dama, La Duquesa de la Victoria.

Doña Carmen ha sido, desde el primer episodio, el pegamento que une a esta serie. Ha sido la pastora del rebaño de enfermeras que las ha arreado hasta otro continente, un escenario de guerra, y un país extraño y de extrañas costumbres. Es quien las ha adiestrado y ha sido su guía en el difícil arte de atender heridos. También ha sido la mentora y figura materna del trio protagónico involucrándose en sus problemas y acudiendo en ayuda de cada una de ellas, sacándolas de líos y atendiendo a los nuevos personajes (Pedro, Larbi) que forman parte del entorno de sus ‘damas enfermeras” predilectas.

En una época en que cualquier marimacho agresivo recibe el título de “badass” resulta refrescante poder aplicarle ese calificativo a una mujer luchadora, que superó los prejuicios de su casta, para ir en ayuda de los más necesitados. En este caso los soldados heridos de la despreciada Guerra de Marruecos. Lo fantástico es que Carmen Angoloti existió y en la vida real fue tan badass como en la serie. Por ejemplo, todos esos enfrentamientos con el Coronel Marquez están basados en las luchas de poder que tuvo la Duquesa de la Victoria con el coronel Treviño, Jefe de Sanidad Militar en Melilla.

Es verdad que Doña Carmen usaba sin empacho el nombre de su reina para abrirse paso entre burocracias y prejuicios de militares que no veían con buenos ojos que damas de sociedad viniesen a disputarles el don de mando. Su frase “con la reina o sin la reina “era un  “Ábrete Sésamo”, la única manera para contrarrestar su condición de mujer y la de sus ayudantes. Su intención no era hacerle al juego de tronos, solo establecer mejoras en un servicio médico ya en si deplorable.



Como si esto no fuese suficiente material para melodrama, los libretos aplican más recursos dramáticos. La Duquesa de la serie sufre de un mal todavía no identificado que le provoca mareos, hemorragias nasales y zumbidos en los oídos. Esto la debilita y por supuesto, cuando se descubre, da una excusa a Márquez para quitarle el mando, algo que Doña Carmen no consiente. Ni siquiera consiente en que su reina se la lleve de regreso a España.  Todo un ejemplo de empuje femenino cuando Doña Carmen convence a Doña Ena de que enferma o no, ella se la puede y que es la más indicada para llevar a cabo los planes de Su Majestad en el Protectorado.



En el entorno de La Duquesa y sus enfermeras, los hombres están matándose unos a otros. Incluso los del mismo bando pueden traicionarse como lo ejemplariza el repulsivo comandante Silva. Doña Carmen ofrece una lección sobre como la verdadera autoridad reside en el poder de convencimiento, del dialogo, de la caridad, y de la razón.

Otro recurso dramático al que han echado mano los libretistas es hacer que una bala de un francotirador alcance a la Duquesa. Aunque hasta donde sabemos, Carmen Angoloti ni sufrió de enfermedades exóticas ni fue herida, lo cierto es que tanto ella como sus enfermeras estuvieron expuestas a todo tipo de trastornos. Como no-combatientes no tenían derecho a portar armas, y sus únicos métodos de defensa eran su buena voluntad, vocación y sentido del deber. Pero para conocer los peligros que vivieron las damas enfermeras y su líder, tenemos que ver primero quien realmente fue Carmen Angoloti y Meza.



Hasta ver “Tiempos de Guerra”, yo no había oído nunca nombrar a La Duquesa de la Vitoria. Así que me fui a buscarla en la Wikipedia. En septiembre había apenas un puñado de datos. Ayer vi que la entrada había cambiado, estaba organizada y cubría casi una página entera. Eso demuestra el interés por el personaje, interés suscitado por “Tiempos de Guerra”. Aun así, todavía hay mucho que explorar en la vida de esta mujer extraordinaria.

Maria del Carmen Angoloti y Mesa nació el 17 de septiembre de 1875. Era hija de Joaquín Angoloti, que fue diputado en las Cortes por San Juan, Puerto Rico, senador por Orense y llegó a ser presidente de la Cámara de Comercio de Madrid. A los 17 años, Carmen contrajo matrimonio con Pablo Montesinos, sobrino nieto del General Espartero. El matrimonio dio la oportunidad a la novia adolescente de ostentar dos títulos, Duquesa de la Victoria y Condesa de Luchana.

Sabemos poco de las primeras décadas de esa unión. Pablo que servía en la Caballería y alcanzó el rango de coronel, era también dueño de grandes hectáreas en Extremadura. No sabemos si su esposa pasaría sus primeros años en su latifundio extremeño o en Madrid. No tuvieron hijos. En 1905, el Duque fue nombrado agregado militar de la embajada española en Berlín. Allí residiría la pareja por varios años. En 1911, Doña Carmen, cercana a sus cuarenta años, fue nombrada dama de la reina Victoria Eugenia.  Como dijera en mi semblanza de La Reina Enfermera, Doña Ena no cultivó amistades entre sus cortesanos. El que haya sido tan unida a La Duquesa, habla muy bien del carácter de esta última.

Cuando la reina se aboca a la reorganización de la Cruz Roja, Carmen la secunda en el proyecto con gran voluntad. Ella misma sigue los estudios de enfermería impuestos por los nuevos reglamentos, recibiendo su diploma en 1920. Comienza sus labores en el Hospital de San José y Santa Adela, en Madrid y será presidenta de la junta de esta misma institución. En 1921, veraneando en San Sebastián junto a su soberana, reciben ambas la noticia del Desastre de Annual. Ahí la reina le encarga llevar un destacamento de enfermeras de la Cruz Roja a Marruecos. “Vete allí y verás lo que puedes hacer” serán las ordenes que la Duquesa recibirá de Doña Ena.

En agosto de 1921, Doña Carmen desembarca en Melilla. No viene con Julia, Pilar y Magdalena. La acompañan tres Hermanas de la Caridad y dos diplomadas de la Cruz Roja. Ellas son Maria Benavente, sobrina del Premio Nobel, Jacinto Benavente;  y Carmen “Mimi” Merry del Val. A ellas se les agregará liego, Conchita Heredia, joven dama de la reina que deberá abandonar Marruecos por motivos de salud. Uno de los mayores peligros que enfrentan las damas enfermeras son las enfermedades de la región. Ya vimos en “Tiempos de Guerra” una epidemia de meningitis. A Mimi Merry del Val la picó un mosquito y hasta el fin de sus días sufrió ataques de paludismo.
¿Se ha contagiado Magdalena de meningitis? 

Aparte de los males que atraían la mala condición de los alimentos, el clima ardiente y una multitud de gérmenes que flotaban sobre una ciudad que no se preciaba por su limpieza, las damas enfermeras eran blanco fácil para francotiradores. La costumbre en los hospitales militares durante la Guerra del Rif era que, si había un ataque o tiroteos, toda actividad se suspendía, se cortaba la energía eléctrica hasta que pasara el peligro lo que dejaba a docenas de heridos en riesgo de muerte. La Duquesa proscribió esa costumbre. Bajo su mando, se mantenían las luces encendidas y continuaban las cirugías y otras actividades hospitalarias sin importar el peligro que el personal médico sufriera. Por eso, no estuvo desubicada la escena en que Carmen es baleada al atender un soldado herido.

La Duquesa impuso nuevas reglas. La más importante fue que el rango militar no debía pesar como prioridad para recibir cuidados médicos. Parece mentira, pero hasta la llegada de Doña Carmen si un oficial sufría de un sangrado de narices era atendido antes que soldados rasos que presentaban heridas más graves. Con ellas las damas enfermeras trajeron sanas costumbres de higiene, muy necesarias en el Protectorado; métodos antisépticos modernos; mejor nutrición y mayor seguimiento postoperatorio. No se miente al decir que salvaron más vidas que la Sanidad Militar. Sus labores iban mas allá de la curación. En su famoso discurso de elogio a La Duquesa, el diputado socialista Indalecio Prieto habla de haberla visto a ella y a sus enfermeras amortajando cadáveres y martillando clavos en los ataúdes.

La Duquesa era incansable. Se dividía entre España y el protectorado, viajaba a Madrid a conferenciar con la reina o a vigilar que los soldados heridos repatriados siguieran recibiendo atención medica de calidad. Para 1922, había establecido dos hospitales en Melilla. En 1924 abría otro en Larache y en 1924 inauguraba otro en Tetuán. Ese mismo año fue nombrada Inspectora de Hospitales de la Cruz Roja en Marruecos.

Si Santa Teresa construía conventos, La Duquesa de la Victoria hacía lo propio con hospitales. En esta labor la secundaba su marido. En “Tiempos de Guerra” Carmen le dice a Julia que su esposo es oficial de caballería y que pronto lo trasladarán a África. Efectivamente, el coronel Montesinos aparece en las crónicas de las labores de su mujer, ayudándola en tareas como la construcción de sistemas de alcantarillado y de instalaciones eléctricas en los nuevos hospitales. Se sabe poco del Duque de la Victoria, pero a juzgar por su trabajo en Marruecos, apoyaba los proyectos de la esposa y trabajaban en equipo, señal de matrimonio bien avenido.

Lamentablemente, el Duque de la Victoria ha pasado a la historia por un defecto que sufría y que aquejó a muchos hombres cultos de su época. Fue un gran antisemita y fomentador del antisemitismo en la España moderna. Tradujo al castellano Los Protocolos de los Sabios de Sion y en 1935 publicó Israel manda donde promueve la idea de una conspiración judeo-masónica que pretende dominar Occidente.

Entre tanto trabajo, Doña Carmen comenzaba a cosechar reconocimientos a su labor. La más importante la recibiría de boca de Indalecio Prieto que la calificaría de ser “la única heroína” de la Guerra del Rif. En 1921 se le concede la Cruz de la Orden Civil de Beneficencia y se la nombra hija Predilecta de Madrid.  En 1922 una calle de Melilla recibirá su nombre. Después de la Guerra Civil (y con cierta falta de galantería) se cambia el nombre por el del General Mola, pero en 1991 el Ayuntamiento de Melilla exige que se restaure el nombre de esta dama a la que la ciudad tanto debe.

En 1925 por primera vez se le concede a una mujer la Gran Cruz del Mérito Militar y la receptora será Doña Carmen. Ese mismo año el Comité de la Cruz Roja le hace entrega de la Medalla Florence Nightingale. Como si fuera poco ese año se le elevan dos monumentos, uno en Cádiz y otro en Madrid. En el de Madrid aparece rodeada de representantes de las tres ramas militares cuyos heridos curó: Policía Indígena, Ejercito Peninsular y la Legión Española.

Mucho se ha vinculado a La Duquesa con La Legión, que como viéramos en otra entrada nació en la Guerra del Rif. Se ha dicho desde que fue su madrina, hasta que uno de sus fundadores, El General Francisco Franco, ¡la pretendía! Lo que si es cierto es una anécdota un poco chocante que Ignacio Angoloti de Cárdenas, sobrino y biógrafo de Doña Carmen, recoge en su libro del 1958 La Duquesa de la Victoria.

Un día, unos legionarios que mucho querían a quien apodaban “La Madre Carmen”, se lamentan de no tener flores con que obsequiarla. Doña Carmen, siempre enemiga de homenajes, les responde ásperamente que no necesita flores:  “cabezas de moro son lo que hacen falta”.  Era un decir, pero no se le dice eso a un Caballero Legionario. Días más tarde, la Duquesa recibiría un cesto de rosas entre las que habían clavado dos cabezas de moros. Como había de esperarse La Duquesa se desmayó de horror, pero no armó escándalo. Siempre tan discreta, mandó enterrar las cabezas.

Una anécdota más agradable es la que asocia a Doña Carmen con uno de los himnos más conocidos de La Legión Española. Estando de visita en Málaga, la Duquesa asistió a un espectáculo en el que escuchó a Lola Montes interpretar el cuplé “El Novio de la Muerte”. Doña Carmen invitó a la cupletista a viajar a Melilla para entretener y levantar la moral de la población militar y civil. En Marruecos, Lola entonó el cuplé y lo hizo vestida de enfermera, detalle significativo que la asociaba con la Cruz Roja y por ende con la Duquesa. Impresionado, Millán Astray decidió incorporar al Novio de la Muerte al repertorio de himnos de la Legión que acababa de fundar.



La Duquesa de la Victoria se la pasó entre España y el Protectorado hasta el fin de la Guerra del Rif, participando activamente en el Desembarco de Alhucemas que daría término al conflicto. Acabada la guerra, Doña Carmen regresó a Madrid reintegrándose a sus labores en el Hospital de Santa Adela del cual era presidenta. En 1931, tras la caída de la monarquía, Los Duques de la Victoria acompañarían a sus soberanos al exilio. Tras dejar instalada a la familia real en Roma, los Duques regresaron a España.

El Alzamiento de julio de 1936, que da inicio a la Guerra Civil, coloca a los Duques de la Victoria en la lista de desafectos a la Republica. Sus tierras extremeñas son expropiadas, y la pareja es arrestada. El Duque, coronel de la reserva, recibe una oferta de incorporarse al ejército de la Republica. Anciano, retirado y monárquico, obviamente el Duque se niega. Será fusilado en las tapias del cementerio de Aravaca donde también caerían Ramiro de Maeztu, Ramiro Ledesma Ramos, y varios miembros de la familia real española.

La Duquesa tiene más suerte. Es llevada a la pavorosa Checa de Bellas Artes donde hace lo que sabe hacer. Se dedica a cuidar a sus compañeras reclusas, aunque eso signifique tener que chocar con sus carceleras inclusive llegando a enfrentarse a “La Nuncia”, la más brutal de ellas. Cuando los milicianos vienen a buscarla a ella y a otras prisioneras para fusilarlas, Doña Carmen los convence de no hacerlo.
Ex Checa de Bellas Artes (tambi'en llamada de Fomento)


Entretanto La Cruz Roja Internacional y la comunidad diplomática extranjera en Madrid se han interesado en su caso. El gobierno de la Republica cede ante las presiones y decide su liberación, pero eso no garantiza la seguridad de la Duquesa. Será Edgardo Pérez Quesada, valeroso Encargado de Negocios de la Embajada Argentina, quien gestione el rescate de Doña Carmen.


Edgardo Perez Quesada

 Carmen Angoloti se convierte en una más de los cientos de refugiados cuyas vidas salvaría la diplomacia argentina en ese “Madrid de milicianos” como cantaba Celia Gámez. A pesar del estado caótico en que viven los asilados, se la recibe con muestras de júbilo en la Embajada. Doña Carmen vivirá unos meses ahí sujeta a todo tipo de privaciones, más el terror de las visitas de milicianos que exigen se les haga entrega de los asilados. Finalmente, Pérez Quesada consigue que el gobierno de la Republica permita que sus protegidos salgan del país. Con otros compañeros, y con escolta diplomática, Doña Carmen viaja a Alicante donde embarca la comitiva en un buque argentino, el Tucumán, que parte a Marsella.
Asilados en la Embajada Argentina (Foto de Pepe Campua que tambi'en estuvo refugiado en ese edificio) 

Esta mujer indomable pronto cruza la frontera en Irún y se establece en Burgos. El Ministerio de Guerra le otorga una pensión de viuda, en enero de 1938, pero ya la Duquesa está embarcada en lo que sabe hacer en tiempos de guerra: curar heridos. En 1939, es nombrada presidenta de los Hospitales de la Cruz Roja. Ocupará ese cargo hasta fines de los 50.



En 1959 fallecía Carmen Angoloti y Mesa en su Madrid natal. Sus últimos años los pasó trabajando. Siempre fue discreta, enemiga de honores o de hablar de sus experiencias tristes o alegres. En 1958, su sobrino Ignacio la entrevista y consigue de su boca oír la verdad de muchos hechos de la prodigiosa vida de su tía. Aunque se trate de una biografía La Duquesa de la Victoria, hoy un libro difícil de conseguir está escrito en primera persona, por lo que es como oír de labios de Doña Carmen su aporte a la historia española.


Queda una última anécdota sobre esta mujer tan fascinante. En Los Años del Miedo, Juan Eslava Galán la coloca en Roma recibiendo el último aliento de Alfonso XIII. Aparentemente, si se trasladó a la Ciudad Eterna para ser cuidadora de los últimos días de su rey. Como narra Eslava Galán, Alfonso se rehúsa a recibir a su esposa, por lo que quien lo atenderá será la Duquesa de la Victoria, quien además se encargará de amortajar al soberano tal como la atestigua esta carta de su puño y letra que envía desde el Grand Hotel de Roma.
Hacer esta semblanza ha sido un placer, aunque he tenido que hacer una larga investigación entre documentos en línea y libros de mi biblioteca. Pero todavía tengo la impresión de que hay más cosas que no sabemos de esta mujer generosa, adelantada a su época y semi fabulosa. Hay que agradecer a “Tiempos de Guerra” que nos haga, como público, buscar datos e interesarnos sobre la ahora mítica Duquesa de la Victoria.


6 comentarios:

  1. Soy nieta de Mimi Merry del Val. Muy interesante su post.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es un honor tenerla de visita y me alegro que le haya gustado el post, pero tambien porque la Familia Merry del Val está tan asociada a la historia de España del Siglo XX. Aun asi he podido encontrar poca información de la vida de su abuela (lo del paludismo lo encontré en la hemeroteca de ABC) si pudiera compartir un poco mas, le agradecería. Puede también escribirme a exviuda2003@yahoo.com.

      Eliminar
  2. Hola buenas, estoy realizando un trabajo de investigación sobre Carmen Angoloti, sabría usted como conseguir el libro de la duquesa de la victoria que refiere en su post.
    Gracias

    ResponderEliminar
  3. Hola, es un libro dificil de conseguir, pero lo tienen aqui:
    https://www.uniliber.com/ficha/la-duquesa-de-la-victoria-angoloti-de-cardenas-ignacio_34884403/

    ResponderEliminar
  4. Buen blog. Que gente ha existido verdad?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Javier, bienvenido. Si gente extraordinaria y que habla nuestro idioma. Es bueno cuando las series españolas rescatan personajes olvidados.

      Eliminar