lunes, 23 de febrero de 2026

Una Gordita Fabulosa: ¿Qué pasó con Kat de Euphoria?

 


Como a muchos Euphoria me ha atrapado. Como a muchos me ha asqueado con su sexo ocioso, con sus personajes tóxicos y con su glorificación de las drogas, pero también como a muchos me han ganado sus personajes, principalmente los femeninos. Ya hablé de Rue, la protagonista. Ahora toca hablar de un personaje que pudo tener su propia historia, pero como ocurrió con Cassie, fue aplastada por el ego de Sam Levinson. Me refiero a Kat.

En una era de conciencia sobre trastornos alimenticios y epidemia de obesidad infantil, pero donde también se intenta combatir la gordofobia, esperaría un retrato más verídico  de los problemas de una adolescente con sobrepeso. No quiero caer en la auto referencia, pero si de algo sé es de lo que Kat ha pasado. Yo comencé a hacer dietas a los 15 años (pesando menos que Kat a los once años) y seguí hasta mi menopausia. El problema esy lo dije en mi primera notaEuforia es una fábula y en este caso la historia de Katherine Hernández, es un cuento de hadas sin final feliz.

La Culpa la Tuvieron las Piñas Coladas

Rue nos cuenta que a los once años (un número mágico puesto que las vidas de Nate y Jules también  cambiaron a esa edad), Kat era semi feliz, tenía un noviecito, Daniel, y pesaba 107 libras (como 50 kilos) pero medía sobre cinco pies de altura. Me sorprendió descubrir que ambas medidas son consideradas normales hoy en día. En mis tiempos, medir arriba del metro cincuenta y pesar 107 libras era lo normal para las quinceañeras no para las niñitas. Sin embargo, precisamente por la epidemia de obesidad, las medidas han aumentado para edades preadolescentes.



No es anormal que una nena de once sea alta (y pese más que sus compañeras bajitas), si ya hay un precedente de altura en su familia, si es deportista, o se ha desarrollado tempranamente. Nada de esto parece entrar el cuadro de Kat. Para colmo la interpreta una actricita chiquita y regordeta como un monito de nieve, que parece tener nueve años. Ahí nos damos cuenta que habita en un mundo de fantasías, ajeno a la realidad científica.

El momento culminante de la vida de Kat son esas vacaciones en el Caribe donde descubre el buen sabor de una piña colada virgen (sin alcohol). Tanto le gusta que, en una semana de vacaciones, llega a ingerir diez piñas coladas diarias lo que la hace subir, en tan poco tiempo, veinte libras. ¡Hazme el favor!

Nadie, menos una niñita, bebe tanto líquido, su estomaguito no admitiría otro alimento. ¿Si ya nos cuesta tomarnos cinco vasos de agua diario como puede tomarse casi una docena de bebidas espesas? Los ingredientes del coctel (sin ron)son hielo picado, o sea agua; jugo de piña (diurético natural) y crema de coco. Aunque la crema de coco viene endulzada y es un contenido grasoso, no es suficiente para provocar una subida desmesurada de peso. A lo más lubricaría el intestino, y agregándole la hidratación excesiva, Kat se la pasaría en el baño. Terminaría bajando de peso.



Siguiendo esta fabula descabellada, Kat retorna luciendo mucho más redonda y es rechazada por Daniel lo que le provocará un trauma existencial que tal vez pueda explicar que a sus 16 años pese casi el doble de cuando viajó al Caribe. Sino no se entiende. Veinte libras extras son facilísimas de rebajar.

Si Kat ha seguido aumentando es porque a) los cambios hormonales de la adolescencia la empujan a subir de peso b) se jodiό el metabolismo (como Servidora) a punta de dietas trendy como la del pomelo que está siguiendo en Euforia o c) el rechazo de Daniel la ha hecho caer en una depresión que la lleve a comer o d) Se trata de un problema de tiroides.



Del Fanfictión a Dominatrix

Lo importante es que Kat, como Jules, odia su cuerpo, se odia a sí misma y cree que todos la odian. Otra candidate al psiquiatra porque Kat posee lo que muchas adolescentes quisieran/necesitan: un grupo de amigas (flacas) que la apoyan y no la juzgan por su aspecto físico y una imaginación que la convierte en una reina del fanfictión. 



Me hace gracia que las dos vivimos en la misma época y que sus referentes de la cultura pop, desde el fanfictión hasta Harry Styles, me hayan llegado como a ella. Como yo, es adicta a series de hace una década como True Blood, Scandal y por supuesto es “Tronera”. Solo que por la diferencia de edades, mi reacción fue diferente, asimilé esos referentes de otra manera y no supe aprovecharlos.

Kat  adquiere todo un fandom escribiendo “smut”. Como el Marques de Vargas-Llosa (que en la gloria esté), a su tierna edad, Kat descubre que lo que los adolescentes quieren leer es sexo, sexo y sexo. El problema es que Kat debe ocultarse en el anonimato porque tiene la muy errada idea de que su Khalasar la odiará al ver que es obesa.



De igual manera, Kat no se da cuenta (en la fiesta de McKay) que puede resultar atractiva para muchos. Por algo, los diabólicos mellizos y su amiguito de la escuela privada se encierran a beber tequila con ella y a interrogarla. Quieren que se quite la blusa, quieren saber si las gorditas son buenas para el sexo oral .Quieren saber si es una Slut (zorra) o Prude (mojigata).

Curiosamente, y yo vi y viví esta dicotomía en mi escuela elite en los 70s, lo positivo es ser una slut y para serlo, Kat debe perder su virginidad. Para el testigo es obvio que toda esta faramalla es porque le encuentran algún atractivo que apela su curiosidad sexual. En su afán de demostrar que es una zorra, Kat se quita la blusa, bebe, habla vulgarmente, y finalmente tiene sexo con Wes, ignorando que los mellizos la han filmado.



Aunque sus amigas están felices de que ya no sea virgen, todas están en shock al ver circular imágenes de la desfloración por Internet. Kat es llevada ante el director de su escuela para saber si es cierto tanto escándalo. El modo en que la gordita da vuelta la situación y acaba acusando al director de gordófobo, demuestra su gran inteligencia, tal como sus siguientes maniobras.

Chantajea a los mellizos con acusarlos de haber grabado a una menor encuerada y de ser traficantes de pornografía. A cambio, ellos aseguran públicamente que la  del video no es Miss Hernández. Además, Kat los hace comprarle ropa y productos de belleza. ¡Bravo! El video es borrado, pero la gordita hace un descubrimiento más fascinante y lucrativo. Hay personas (y eso lo sabían los mellizos) que gustan ver pornografía protagonizada por rellenitas y muchos han quedado encantados con el físico de Barbie Ferreira.

Así, Kat se convierte, tras ponerse una máscara y quitarse la ropa,  en KittenKween, reina de una especie de Dark Web donde pagan (y hasta en bitcoin) por verla bailar en paños menores o ejercer la labor de dominatrix. Mas allá de las sorpresas que Kat encuentra, el modo en que su alcancía se ve rebalsada, es increíble para alguien tan joven.



Hasta tiene que solicitar la asesoría de Fez y de su hermanito Ashtray para saber manejar sus finanzas. Aparte del lado cómico de esta sinergia, está el mensaje de que los jóvenes solo tienen dos maneras de adquirir poder económico: la venta de drogas y la de sus cuerpos. Como le dice Laurie a Rue: ”lo bueno de ser mujer es que siempre tienes algo que vender”.

Con su dinero, Kat que un día no tenía ni para comprar un pomelo ahora se vuelve consumista. Gasta en nuevo vestuario y maquillaje y casi sin darse cuenta adquiere también una confianza que derrama al caminar y con esa confianza también derrama feromonas. Como dice “No hay nada más poderoso que una gordita a la que todo le importe un bledo”.



Lo triste es que la autoestima de Kat es solo superficial. Por dentro sigue sintiéndose rechazada, sigue odiando a los hombres, sigue soñando con Daniel que anda por ahí mosqueando alrededor de Cassie. Esas obsesiones impiden que Kat vea a Ethan que, aun antes de que la gordita se convirtiese en porno star,  ya la pretendía.

La inseguridad de Kat la lleva a desdeñar a Ethan y a buscar compañeros sexuales casuales que solo por un rato la hacen sentirse apreciada como mujer. Se sigue sintiendo como un fraude que ningún chico tomará en serio. Aunque deja de vender su pornografía, tal como una vez dejó atrás el fanfictión, no ha superado su odio por su apariencia física.  Es solo cuando se acuesta con Daniel y descubre que ni la recuerda, que Kat es capaz de aceptar a Ethan y comenzar un noviazgo formal y sano que es la envidia de sus amigas.



Levinson Destruye a uno de sus Mejores Personajes

Así dejamos a Kat a fines de la Primera Temporada solo para regresar en una Segunda Temporada donde la gordita traicionó a su personaje, traicionó las expectativas de su fandom y pasó de antipática a incomprensible a invisible. La culpa la tuvieron los encontronazos entre Sam Levinson y Brbie Ferreira.

La actriz quería un arco sólido, no le bastaba ser personaje de relleno. Levinson, que andaba dando palos de ciegos después que no lo dejaron continuar con el arco Nate-Jules, no tenía ni tiempo ni inclinación en crearle una historia más compleja a Kat. Solo se le ocurrió inventarle un trastorno alimenticio. Barbie se rehúso y recibió el pincelazo del olvido.



Pasó a ser un personaje que servía de confidente de sus amigas con vidas más interesantes. A diferencia de Babe, que solo aparece tres veces en la Segunda Temporada, el personaje de Kat tuvo más tiempo de volverse antipático e incoherente. Tras avergonzar a Ethan cuando el chico la presenta con sus padres, tiene visiones en las que lo ve como “débil” y derrotado por su ideal de hombre, un guerrero dothraki (WTF?).

En medio de este ambiente de comedia absurda, Kat se confiesa con Maddy. No sabe lo que quiere, pero no quiere a Ethan. Su amiga filosóficamente anuncia que nadie sabe lo que quiere, pero eso no significa que se deba estar con lo que no se quiere.

Kat inmaduramente rompe con Ethan inventando una enfermedad terminal. La mentira es tan torpe que es Ethan quien rompe con Kat y ese es el final de un arco que pudo ser más realista, más romántico y más cuerdo.



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