jueves, 15 de abril de 2021

The Winds of War: Television del Ayer



 




Hace años que quería hablar de esta miniserie que ya había mencionado en otras entradas. Aun hoy es consideradatanto la serie como el libro que la inspirócomo una joya de la televisión y la mayor exponente del subgénero que representa. Sin embargo, el motivo que me lleva a invitarlos a verla (está en castellano en YT) es la amenaza de Seth McFarlane, hecha en agosto del 2020, de que estaba en planes de refritear Vientos de Guerra, algo totalmente inconcebible.

“The Winds of War” es una serie “blanca”, no hay manera de hacerla diversa. Si lo hacen traicionarán toda la esencia de la obra y no conseguirán mejorarla. Ya vimos que aun metiéndole personajes gay y de color (y ningún judío) no pudieron evitar que ‘World on Fire” no pasara de ser una ca….a con patas.  Pero si se llega a refritear la novela de Herman Wouk, se va a parecer muy poco al libro. En lo que sucede entonces es fundamental ver y comentar la original e inigualable versión de 1983.

En 1971, Herman Wouk era considerado un autor más que respetable. Ganador del Premio Pulitzer, su El Motín del Caine, que el mismo había adaptado a pieza teatral, lo había convertido en autor de una serie de superventas. Lo que no se sabía es que de fines de los 50, en la cúspide de la fama, había estado laborando en un proyecto masivo que requería de inmensas dedicación e investigación histórica.



En 1971, salía al mercado este mamotreto que muchos consideran la gran novela estadounidense de la Segunda Guerra Mundial. Hay quien la ha tildado de ser la “Guerra y la Paz de la Segunda Guerra Mundial”.  A diferencia de otras obras que se cifran solo en un evento o un escenario en particular, Vientos de Guerra cubre todos los frentes y todos los eventos importantes tanto de Europa como en el Pacifico. Para eso Wouk creó dos familias: los WASPS (White Anglo-Saxon Protestants) Henry y los judíos Jastrow.

Son los miembros de esas familias los que serán testigos, participantes y victimas de muchos de estos sucesos que cubren desde la persecución de los judíos en Alemania hasta el bombardeo de Pearl Harbor. Para ampliar la perspectiva, Woulk se inventó unos diarios escritos por Armin von Roon, un junker de la vieja escuela que es general de la Wehrmacht.  Así tenemos diferentes puntos de vista que nos ilustran sobre el conflicto.

            Comandante Henry y General von Roon , ambos de paisano

A pesar de sus 900 páginas, el libro fue un éxito llegando al #1 de la lista del New York Times y permaneciendo entre los diez primeros lugares por más de un año. Aunque los críticos lo consideraron un autor de superventas que gustaba de temas judíos, y lo colocaban entre Chaim Potok y Leon Uris, el tiempo ha probado su miopía y otorgado a Wouk lo que sus lectores siempre reconocieron, su genio literario y los méritos que hacen a esta obra épica un clásico.

Desde el momento en que el libro se volvió un bestseller que la televisión (era imposible condensarlo en un formato de cine) andaba tras Herman Wouk. Al autor no le parecía. No estaba contento con las anteriores adaptaciones de sus obras. Finalmente, la ABC lo convenció, pero Wouk exigió ser él quien escribiese el libreto.

Entre Soap Opera y Docudrama

La ABC andaba tras otra mega exitosa miniserie como lo había sido su “Raices” en 1977. Pero a comienzos de los 80, la emisora era famosa por sus soap operas: “General Hospital” en la tarde y “Dinastía” en el prime time. La idea era que su público se volcase a los aspectos más telenoveleros de Vientos de Guerra (los romances, el drama familiar, etc.). Para eso contrataron a Dan Curtis para que la produjera y dirigiera. Curtis, conocido por sus películas de terror, se había hecho rico y famoso gracias a “Sombras Tenebrosas”, la primera soap opera de tema sobrenatural.

                                            Dan Curtis



Sin embargo, Curtis recientemente había tenido éxito con dos películas hechas para televisión: “When Every Day was Fourth of July” y “The Long Days of Summer” que giraban en tono a una familia judía en el Connecticut de la Depresión. Esa fue la carta de recomendación de Curtis para escribir el drama bélico- romántico-familiar que esperaba la ABC. Solo que no contaban con Herman Wouk.

Al comienzo, Wouk trabajó hombro con hombro con quien había adaptado exitosamente el libro de Robert Graves Yo, Claudio para la BBC. Lamentablemente Jarman falleció, dejándole todo el trabajo a Wouk. El seria enteramente responsable de la historia y diría más tarde que, con la excepción de la escena en una taberna portuguesa donde Byron Henry noquea a un espía alemán, nadie interfirió en su trabajo ni le exigió cambios.

Wouk estaba particularmente empeñado en conservar sus ideas filosóficas sobre la guerra. Con ese propósito en mente se le ocurrió aumentar la presencia del General von Roon (Jeremy Kemp), haciéndolo conocer a los Henry en el barco rumbo a Alemania y estableciendo desde ya una relación con “Pug” Henry. Además, integró a la serie reuniones del alto mando hitleriano y aliado, filmes de archivo, y hasta un narrador.



Esto le dio a la serie un aire de lo que hoy conocemos como “docudrama”.  En su momento, me chocó, por inaudito y porque me daba información que ya sabía. Pero ahora que están de moda los docudramas, y más si evitan que el auditorio deba correr a la Wikipedia o quedarse en babia porque sabe cero de la Segunda Guerra Mundial, resulta ser un formato efectivo y utilísimo.

La Gran Familia Estadounidense

Hora es de contar de que se trata esta épica saga familiar. Victor “Pug” Henry (Robert Mitchum), es un comandante de la reserva naval de los Estados Unidos. Tras servir honrosamente durante la Gran Guerra y un periodo en Las Filipinas (entonces colonia americana), Pug lleva años varado en la playa soñando con volver a comandar un barco, sobre todo porque presiente que se acerca una nueva guerra.

La gran oportunidad de Pug llega en la primavera del ’39, cuando lo nombran agregado naval en Berlín. La serie (tras una introducción tipo documental) inicia con los Henry abordando el Bremen que los llevará al Tercer Reich. Rhoda Henry (Polly Bergen) es una típica esposa de marino, sufrida, acostumbrada a vivir estrechamente y en sitios olvidados de D-s. Aunque en la serie no nos cuenta ha sobrellevado tragedias familiares (la muerte de una hija, principio de alcoholismo del marido).  Rhoda está agotada. todavía es de buen ver y para ella este viaje a Europa representa la oportunidad de llevar una vida glamorosa y divertida. Eso la hará, a ratos, ciega a la situación política de Alemania.

                                             Rhoda y Victor Henry

Desde que Pug embarca y hace amistades a bordo incluyendo al General von Roon, y al conocido periodista británico Alastair “Talky” Tudsbury se va enterando que Alemania es un polvorín, un lugar belicoso y peligroso, y que la invasión de Polonia es cuestión de meses. Talky es acompañado a todas partes por su hija soltera Pamela (Victoria Tennant) quien hace amistad con el comandante Henry a pesar de que los separan más de veinte años de diferencia.

     
                          von Roon, Pamela y Pug a bordo del Bremen

A pesar de que Rhoda hace buenas migas con la sociedad nazi, incluso intercambia palabras con el Fuhrer, los Henry sienten que la atmosfera es opresiva. La casa donde viven (que se las consiguió Hitler) pertenece a una familia judía obligada a abandonarla y aceptar una renta muy inferior a lo que se cobraría por esa propiedad si perteneciese a un alemán. Pug nota que están siempre bajo vigilancia, hasta sus sirvientes son infiltrados de la Gestapo, pero lo peor es la certeza de que todo el país se está armando para una nueva conflagración.

En un informe a Washington, Pug se atreve a conjeturar que antes de invadir Polonia, Alemania hará un trato con la Unión Soviética. Cuando se concreta el Pacto Molotov, Pug es convocado a la Casa Blanca. Su sagacidad ha impresionado al Presidente Roosevelt (Ralph Bellamy) quien, admirado ante la integridad y buen juicio del marino, hace que lo promuevan a capitán y lo convierte en su enviado especial.

Así Pug será parte de una comitiva italoamericana que busca que Hitler abandone sus proyectos bélicos; es testigo del Blitz londinense; sobrevuela Berlín en una misión de bombardeo de la RAF; asiste a la firma de la Carta del Atlántico y hasta hace un discurso ante Stalin en el frente de Moscú. El fin de la miniserie encuentra a Pug en Hawái a punto de tomar el mando del barco California.

                                           Pug en Moscu

Pug y Rhoda tienen tres hijos. Dos de los cuales vienen a despedirlos al Bremen. Warren (Ben Murphy) es un piloto naval, un poco mujeriego y despreocupado. En el transcurso de la miniserie se casa con Janice, la hija de un senador, tienen un bebé, y se instalan en Pearl Harbor.

                             Los Henry, rumbo a Alemania, sn despedidos por sus hijos

La menor de los Henry es Madeleine (Lisa Eilbacher) una adolescente en su primer año de universidad. Aprovechando que sus padres están en Europa, Madeleine se va a Nueva York, consigue un empleo en una radioemisora e inicia un romance con su jefe casado.

El ausente en la despedida de los padres es Byron (Jan-Michael Vincent), el hijo del medio, el mimado de Rhoda, el que constantemente choca con el padre. Byron es desobligado y perezoso. Apenas ha podido pasar un curso en la marina y apenas ha conseguido graduarse de Columbia. Con el pretexto de sacar un posgrado en historia del arte, anda vagando por Europa. Gracias a la recomendación de un maestro, Byron consigue empleo con el renombrado escritor Aaron “A.J” Jastrow (John Houseman) en Siena.

Es en casa de Jastrow que Byron conoce y se enamora de Natalie Jastrow (Ali McGraw) quien funge como secretaria de su tío. A sus 28 años (cinco más que Byron) Natalie califica para ser apodada una JAP (Jewish American Princess) típica, pero equilibra su petulancia un título de Radcliff, un posgrado de la Sorbona, y el que sea erudita y mundana.



En sus días en Paris, Natalie ha entablado una relación con el diplomático Leslie Slote (David Dukes) y sueña con ser su mujer. Slote es consciente de que el servicio diplomático es reacio a aceptar esposas judías. Esto se traduce en Natalie persiguiéndolo y acosándolo “de una manera impropia en una dama” como lo describe su tío. Slote está en Varsovia y Natalie quiere ir a verlo. Su oportunidad se presenta en una carta de Berel Jastrow, primo del padre de Natalie y de AJ, invitándolos a la boda de su hijo.

    Byron y Lesley Slote

Aunque ni los conoce, Natalie insiste en asistir y para tranquilizar a A.J, Byron se ofrece a acompañarla. Es el final del verano de 1939 y Slote no está nada de contento de recibir a los viajeros en Varsovia.  Se espera un ataque alemán en cualquier momento. Slote y Natalie tienen una discusión. A espaldas del diplomático, Natalie se escapa al pueblo fronterizo donde vive su primo y arrastra a Byron con ella.

Berel Jastrow (Topol) es un tipo simpático que los recibe con mucha alegría y cariño. Los invita a hospedarse en el pueblo, pero esa estadía idílica en un típico shtetl (aldea judía) es interrumpida por la invasión nazi. Byron y Natalie tienen pasajes de tren a Varsovia, pero prefieren dárselos a la esposa de Berel y a su hija pequeña. Ellos emprenden el viaje a la capital en el auto de Berel en compañía de este y de los recién casados.


Viven cien peripecias desde un bombardeo de Stukas que hiere levemente a Byron hasta un encuentro con soldados polacos que quieren requisar el automóvil y acaban robándole el pasaporte al americano. Por fin llegan a Varsovia. Berel se despide mandándole un mensaje a su primo “Lej Leja” que en hebreo quiere decir “¡ándate!”  Es un mensaje que Aaron Jastrow se niega a seguir y por el resto de la miniserie se ven los esfuerzos de Natalie, Slote, Byron y hasta de FDR de sacarlo de Europa sin que el profesor muestre nunca muchos deseos de irse.

Lo peor es que Natalie se rehúsa a abandonarlo y queda con su tío a la deriva en un continente en llamas. Entremedio, Byron regresa a los Estados Unidos y se une a la marina acabando como un oficial a bordo de un submarino. Logra tener un breve encuentro con Natalie en Lisboa donde se casan y procrean un hijo. El final de la serie tiene a los tres machos Henry en Pearl Harbor bajo las bombas japonesas, mientras al otro lado del mundo Aaron, Natalie y el pequeño Louis han quedado atrapados en una Italia ahora en guerra con los Estados Unidos.

La Serie Más vista de la Historia

“Winds of War” debutó en nuestras pantallas en febrero de 1983. Lo recuerdo porque Mi Ma estaba hospitalizada. Tras el horario de visitas, mi padre y yo regresábamos a la casa, comíamos, y nos poníamos a ver la serie. Mi padre era devoto del libro y tuvo sentimientos encontrados con la adaptación. También los tuvo la crítica, pero principalmente por el reparto que es lo único que afea la serie, pero ya hablaré de ello. Mas allá de la crítica, el público abrazó la serie. Con 140 mil espectadores fue catalogada (por mucho tiempo) como la serie más vista de la historia.



Vale recordar que esos eran días pre-streaming, pre DBox, pre VCR, si te perdías un capítulo no lo podías ver en ningún otro lado. Así que los estadounidenses fuimos audiencia cautiva por una semana. Aunque ya estábamos acostumbrados a series épicas (“Roots”, “Holocaust”) esta nos impactó por su estilo semi documental y sus efectos especiales que, aunque hoy nos puedan parecer chapuceros, entonces eran lo máximo. Vale recordar que el presupuesto de $40 millones era el más alto nunca gastado en la historia de la televisión.

Aunque hoy hay ciertas escenas del bombardeo de Pearl Harbor que me parecen risibles (en la ABC se robaron unas filmaciones de “Tora, Tora, Tora”), la descripción de la invasión de Polonia sigue siendo la mejor en dramatizados. Cuando la comparo con escenas parecidas de “World on Fire” me doy cuenta de la seriedad y profesionalismo que le imprimieron en “Winds of War” y que consiguen la dosis exacta de dramatismo y realismo (nada de tanques ingleses en suelo polaco). Sin contar con su superioridad en solidez argumental y caracterización de personajes.



En la Vieja Viena se filmaron las escenas en Berlín, unas calles de Múnich se convirtieron en Zúrich, pero cuando se grababan escenas de Berchstesgaden se consiguió permiso para filmar en el mero Nido de Águilas del Fuhrer. Las locaciones en Italia e Inglaterra fueron filmadas en esos países, incluyendo las del Palio de Siena. Se filmó en Washington, New York y Miami, pero en la costa californiana se crearon escenarios que pretenderían ser Hawái y las Filipinas. Diferentes localidades croatas se convirtieron en Polonia y Rusia y creo que fue en Rijeka (Fiume) donde se recreó la antigua Lisboa.

Revisando las largas listas de crédito veo que no hubo muchas mujeres involucradas en aspectos técnicos (casi todas eran “asistentes”), pero si descollaron en aspectos como el diseño de modas (el vestuario es verídico y hermoso), maquillaje y peinado. Este último estuvo a cargo de la famosa estilista chicana de Beverly Hills, Silvia Abascal.



Ese Desafortunado Elenco

La gran protesta de todos, desde Herman Wouk hasta Servidora, se debió al elenco. Hubo muchas quejas por parte de los puristas de que Pug Henry era cincuentón, bajito y compacto. En cambio, Robert Mitchum contaba 65 años, media 1.83 de estatura, y todavía acarreaba un aura de galán de Hollywood. ¿Van a creer que querían a Edward Asner para el rol?

A mí me encanta Mitchum porque aporta a su personaje la estolidez, la estoicidad y hasta la impasibilidad que Wouk nos dice eran las características principales del protagonista de Vientos de Guerra. El que sea alto, tenga esa famosa mirada entornada (que Bob siempre adjudicó a su alcoholismo), y que todavía conserve ese sex appeal que demostró en Noirs y Westerns de los 50, no me molesta, hace más creíble su intenso romance del que ya hablaré.

A mí siempre me cayó mal John Houseman en la piel de Aaron Jastrow, pero es que el personaje es arrogante y desaprensivo. El caso de Jan Michael Vincent me mortificaba más, pero creo que no tanto como al pobre Dan Curtis. Si Mitchum era un borracho profesional, Jan Michael era un borracho poco profesional. Si Mitchum sabia controlar su alcoholismo y cumplir con su trabajo, JMV llegaba atrasado, no se comportaba, atrasaba la producción y exasperaba a todo el mundo. Sin embargo, en mirada retrospectiva, concuerdo con el Gato Steven Zorn, que Vincent supo capturar la esencia de Byron (que no es ni héroe ni alter ego del autor):  un chico perezoso, impulsivo, quejoso que actúa como millennial cuando los Millenials estaban en pañales.



El caso de Ali McGraw es menos excusable. Hasta Wouk tuvo reparos con ella porque no se parecía en nada a como él se había imaginado a su heroína. Natalie es una expatriada americana de 28 años, muy cosmopolita, instruida y arrogante. Físicamente, Natalie tiene el cabello oscuro y a los ojos nazis es evidentemente judía. Aunque entonces Ali no sabía (o no quiso contar) que su madre era una judía húngara que siempre ocultó sus orígenes raciales a su familia, no tenía tipo semita.

Me da tristeza ver que en todas las reseñas de “The Winds of War” hay quejas por la inclusión de McGraw en el elenco. Fue una imposición de Dan Curtis que, como media población masculina de Estados Unidos se había enamorado de la actriz en “Love Story”. Pero habían pasado doce años. A sus 30 años, Ali había logrado hacernos creer que era Jenny, la italianita pobre que se casa con el niño rico y muere de leucemia en sus brazos. Pero a sus 43 primaveras, Ali insistía en actuar como si fuera Jenny y no le quedaba porque se veía mayor que su verdadera edad. Tenía arrugas hasta en la nariz.



Del cuello, para bajo, Ali se veía estupenda, pero era en close up que daba agruras. Tal vez para que se viese más morena la metieron en un solárium o tal vez incurrieron en el pecado del blackfacing, aplicándole maquillaje oscuro. Lo que fuera, se veía rara, como de un pigmento alterado, o como si tuviese la cara sucia. Para colmo, el anacrónico labial beige le creaba una sombra sobre el labio superior que hacía parecer que tenía bigotes.

Peor aún era su actividad histriónica. Cuando el libreto exigía que Natalie fuese coqueta y atrevida, Ali parecía mordaz y estridente. Aparte que el personaje le salió berrinchuda, vivía quejándose o dando alaridos. Ahora tuve que bajar el volumen varias veces en las escenas de Natalie.

El que Natalie fuese un personaje sin gran simpatía me arruinó su romance con Byron. Incluso en el libro es poco creíble y no porque no aceptemos que Byron se obsesiona hasta el punto de convertirse en stalker, siguiendo a Natalie por toda la casa, espiándola cuando cree que no lo ve, comiéndose una fruta (en el libro) que ella ha dejado mascada. Este nivel obsesivo hoy resultaría siniestro, pero entonces a lo más daba risa. Ciertamente para Natalie, Byron es un personaje chistoso incapaz de borrar de su corazón al diplomático Lesley Slote.



Las cosas cambian en Polonia. Lesley pierde el coraje durante un bombardeo lo que provoca el desprecio infantil de Natalie. A pesar de que Slote se redime en un enfrentamiento con los alemanes (uno de los momentos cumbre de la serie), Natalie rechaza la inoportuna petición de matrimonio del diplomático.

Es entonces que Natalie le anuncia a Byron que se ha enamorado de él. Solo que unos meses más tarde, en Miami para la boda de Warren, Natalie cae en cuenta que Los Henry aceptan a regañadientes que Byron se case con una judía. Su estrambótica reacción es volver a Europa y junto a Slote, intentar sacar a AJ de Italia.

                            Los Henry conocen a su futura nuera

Uno queda con la impresión (es más patente en War and Remembrace) que Wouk no da un peso por la relación entre Byron y Natalie, y que solo puede mantenerla a flote separándolos constantemente. Aun así, para los propósitos de su argumento, libro y serie unen a esta pareja y la legalizan en Portugal dándoles el tiempo necesario para que encargar un hijo que será un lastre constante y el propulsor de las malas decisiones de Natalie.

El único que creía en este romance era Dan Curtis, eterno enamorado de Ali McGraw a quien le asignó un precioso vestuario, cortesía de, otra mujer involucrada en esta épica producción. También Curtis solicitó del músico Bob Cobert un tema especial para Natalie que será el tema de la serie.



Romances Bélicos

A pesar de la insistencia en convertir “Winds of War” en una soap opera bélica, Curtis no tenía mucho material romántico. Warner y Janice son los perfectos (albeit sosos) Señor y Señora America, se ven bonitos como poster de reclutamiento para la marina estadounidense, pero no tienen mucha profundidad como pareja.

En esta revisión, tal vez por mi edad, si les he creído el romance a Rhoda y a Palmer Henry. Un romance bastante polémico en el libro. Debido al trabajo de Pug, Rhoda debe pasarse mucho tiempo en Berlín. Acoplada a su soledad en un país extraño, está la desconfianza natural que tiene por los alemanes y sobre todo por los nazis. Agreguémosle que tantos años de matrimonio, donde más ha tenido que luchar para mantener a flote su hogar que de gozar de su familia, la tienen al borde de la depresión. Entra en escena, Palmer Kirby (Peter Graves), un científico alto, guapo y bien conservado. Está en Alemania observando/espiando los adelantos nazis en física nuclear.

                                           Rhoda y Palmer Kirby

Se entiende que KIrby está involucrado en el Proyecto Manhattan que crearía la primera bomba atómica. En medio de su misión comienza a visitar (con beneplácito de Pug) a Rhoda aun en ausencia de su marido. Antes de regresar a Estados Unidos, en una emotiva despedida en el aeropuerto, Rhoda y Palmer se confiesan su amor.

Me divirtió ver a Polly Bergen (bella y desaprovechada actriz en su juventud) emparejada con Mitchum quien en” Cape Fear”la originalera su violador. Bergen que había dejado la actuación para manejar una exitosa firma de cosméticos, se había conservado muy bien, tenía una figura estupenda y le otorgaron el mejor vestuario de la serie (cortesía de Heidi Wujek).

                                  Polly Bergen y Bob Mitchum en "Cape Fear"

Su química con el Señor Phelps de “Misión Imposible” puede no ser detectada por un público joven, pero a mi edad me es evidente. Polly Bergen fue la única actriz del reparto en ser nominada para un Emmy. Y se lo merecía, más que Dame Jean Simmons que se lo quitó (se lo ganó por “El Pájaro Espino”).

He dejado para el final el romance más “romántico” de la serie, el que me ha impactado más que cuando los conocí, aunque en el libro es igual de intenso. Me refiero a Pug Y Pamela Tudsbury. Esa es otra razón para que no la hagan de nuevo. ¿Como van a hacernos creíble un romance mayo-diciembre si eso solo provoca ascos entre Millenials y Zetas (y más de algún X)?



Por suerte cuando el libro fue publicado (en 1979) y convertido en miniserie en los 80, la cultura popular no nos obligaba a abrazar prejuicios tan absurdos. Cuando yo llegué a la edad de Pamela y me enamoré de un hombre veintitantos años mayor que yo, descubrí que ese tipo de relación puede funcionar siempre y cuando los contrincantes sean maduros y sensatos. Lamentablemente yo no lo era, pero Pamela sí. Tal vez más que Pug que se deja querer y actúa como si fuera ella la que lleva la batuta en ese romance.



Pamela es mucho más centrada que su amiga Natalie, con quien compartió piso en Paris. A diferencia de Natalie, Pam (la serie no nos lo dice, pero viene huyendo de un affaire con un golpeador infiel) es menos caprichosa y mimada. Se la ha pasado cuidando a su padre y trotando por el mundo tras de él. El egoísmo de Talky Tudsbury con su hija explica que ella sea tan sufrida y poco exigente. La diferencia de edad aquí funciona favor de Pug. Pam lo da todo y pide poco, está siempre dispuesta, lo rejuvenece y le da algo por que vivir. Como sus esporádicos encuentros, siempre ocurren bajo las bombas alemanas, el amor de Pug y Pam es como un canto a la vida.

Creo que ya lo he dicho todo, lo bueno y lo malo de la serie. Es un esfuerzo loable el de adaptar un libro tan complejo que ya en si es un esfuerzo loable de construir un evento histórico tratando de crear personajes que vivan cada experiencia en diferentes puntos cardinales. Viendo la secuela de esa monumental serie “Recuerdos de Guerra”, me doy cuenta de lo difícil que fue seguir tenido personajes claves como testigos de la Segunda Guerra Mundial. De esa secuela les hablaré, D-s mediante, la próxima vez. Entretanto los animo a ver “Winds of War” (o leer el libro).

 

 









miércoles, 7 de abril de 2021

La Infancia post-Holocausto: The Windermere Children y La Guerra e Finita

 


Hay quien dice que el Holocausto no acabó el ’45. Mas allá de pogromos polacos, y secuelas físicas, el trauma, las pesadillas y la culpa perseguirían a los sobrevivientes por décadas. ¿Si era duro para el adulto reintegrarse a la sociedad, cómo lo seria para el niño que no conocía lo que era la vida civilizada? Este tema ha sido tratado en dos dramatizados muy recientes: “The Windermere Children” y “La Guerra e Finita”. que me ha parecido indicado para comentar hoy Yom Ha-Shoah

La Guerra Contra los Niños

En su momento no quise ver el telefilme “The Windemere Children”. Al haber leído The Boys de Sir Martin Gilbert tenía una idea de que trataba, pero la BBC se ha vuelto tan antisemita que no creí que fuese a hacerles justicia a los verdaderos sobrevivientes del Holocausto: los niños.

Cuando se cumplió medio siglo de la Liberación de Auschwitz, llevé a un pequeño grupo de clientas (todas sobrevivientes del Holocausto) a cenar a Beefsteak Charlie’s en Forest Hills. A la hora del postre -el famoso cheesecake, se nota que no comíamos kosherhice que pusiesen en la mesa fotos de sus hijos y sus nietos. Ahí hice un brindis con lo que nos quedaba de sangría, diciéndoles “ustedes son las verdaderas vencedoras de la Segunda Guerra Mundial”.

                                            El viejo Beefsteak Charlie's de Forest Hills

Es cierto. Algo que Hitler consiguió con su Solución Final fue destruir casi por completo la población infantil judía de Europa continental. En mi entrada anterior hablamos de la saña con la que se persiguió a las embarazadas en los campos de concentración y de los experimentos para esterilizar a los judíos. El detalle más decidor, es que, en 1946, el gobierno británico envió una invitación a los campos de refugiados para que mil niños judíos se instalasen en suelo inglés. Solo se pudo encontrar a 750 sobrevivientes de menos de 16 años.  300 fueron instalados en Calgarth en la campiña cercana al lago de Windermere.

                                 Los verdaderos  Niños de Windermere

Simon Block quien había creado la excelente y poco valorada “Home Fires”, escribió el libreto basándose en las declaraciones de un puñado de esos niños quienes aparecen al final a hacer un último comentario a lo “Band of Brothers” El filme se centra en los esfuerzos de los encargados de rehabilitar a los niños. Tarea a cargo de Oscar Friedmann (Thomas Krestchmann), un psicoanalista de Berlín; la pintora vienesa Marie Paneth (Romola Garai) quien ha creado un nuevo tipo de terapia basado en arte; y el escoces Jock Lawrence (Iain “Jorah” Glen). Los dos primeros son también refugiados judíos, pero, como Lawrence, están perplejos ante el horror que han experimentado sus pupilos.

Ni siquiera los Lauer, la pareja de educadores que han sobrevivido Theresienstadt, pueden comprender lo que presencian. Los huérfanos no confían ya en el mundo adulto y menos en la comunidad médica, por lo que resulta difícil comunicarse con ellos. Muchos de los chicos están en un alto estado de insociabilidad y no quieren oír de ordenes o consejos.



Solo un Huérfano Puede Entender a Otro

Para Jock, la solución es muy británica:  deportes. Entre los salvajitos hay algunos buenos atletas (como Sir Ben Helfgott, que llegaría a ser campeón olímpico de levantamiento de pesas). Marie cree que el arte puede ayudar a los chicos a contar su pasado, pero la oscuridad y desolación de los dibujos de los niños terminan deprimiéndola a ella. Oscar cree que solo hablando podrán exorcizar el terror que han vivido, pero los chicos son herméticos. Aunque sufran de pesadillas constantes y hasta ataques de sonambulismo, solo intercambian confidencias entre ellos, porque únicamente un huérfano puede entender a otro.

 Eso lo muestra el filme, como también incluye otros retazos de verdad tales como el que los refugiados eran tan flaquitos que no les quedaba ninguna ropa. Anduvieron en paños menores más de una semana antes de que les encontraran vestimentas. Otra verdad, por dramática que parezca, es como Salek, quien nunca perdió la esperanza de reencontrarse con su hermano, lo hace cuando este (que estaba en la R.A.F) llega en motocicleta a Windermere.





Lo que se ha exagerado es el salvajismo, que casi bordea en la delincuencia, de los muchachos. También el rechazo de la comunidad. De acuerdo con declaraciones de los sobrevivientes, la comunidad de Calgarth fue más que amistosa, incluso los jóvenes les prestaron sus bicicletas a los huérfanos. En el filme, los chicos del pueblo vienen a burlarse de los refugiados. Estos los persiguen y les roban las bicicletas. Acto seguido parten a pasearse, en calzoncillos, por el pueblo. Eso nunca ocurrió.

Tampoco es cierto que, en venganza, los bullies pueblerinos aterroricen a los huerfanitos más pequeños.  Tampoco es cierto que los jóvenes roben lo que encuentren, hasta un perrito, o que se abalancen sobre el pan en la mesa. Vale recordar que a lo mejor así se comportaron apenas fueron liberados del campo, pero de eso ya han pasado cuatro meses. Aunque todavía desconfiados y traumatizados, no son criaturas ferales.



Hay muchas licencias, algunas comprensibles. Marie Ponseth en realidad tenía cincuenta años y era altísima. Oscar Friedmann, que en la serie siempre está imponiendo reglas y dividiendo el tiempo de los niños en clases y actividades, en realidad decidió dejar a los refugiados un espacio de libertad sin reglas. Al comienzo de la estadía de cuatro meses de los niños en Windermere, se la pasaban paseando por el bosque o nadando en el lago y la única clase obligatoria era inglés.

Aunque me gustó mucho la película, me resultó difícil identificarme con los personajes. Es predominantemente masculina. Hay un solo amago de romance para lo que tienen a la nena obligatoria, de la que solo sabemos que le gusta comer y dar besitos. Al final, acaba siendo humillada por el novio que es atormentado por recuerdos de la familia que perdió.



Como me iba a ocurrir con “La Guerra e Finita”, eran los más pequeños los que más me llegaban. En este caso se trata de Bella, una nena de como siete años, que se ha convertido en madre de crianza de tres niños menores que ella. Marie queda en shock al ver que, en la noche, los niños se acurrucan como ratoncitos debajo de la camita de Bella.

Uno de los momentos más impresionantes es cuando Marie pasea a los niños por el bosque y tienen un encuentro con una mujer que pasea un corgi. A pesar de lo pequeño del can, su sola presencia aterroriza a los niños que huyen. Ester Lauer los encuentra refugiados bajo un tronco como si fuesen duendecitos.

                            Bella y sus duendecitos

Aunque la PBS ha ofrecido dos veces “The Children of Windermere” el año pasado, yo no quise verla, pensé “más clichés. Mas falso melodrama”.  Si la vi fue después de ver el primer episodio de “La Guerra e Finita” que me dejó con interés de saber más de los pequeños sobrevivientes del Holocausto.

 “La Guerra e Finita” fue mi primer programa visto en MHz Choice. Este es un servicio de streaming que se especializa en series de televisión de la Europa Continental. Lamentablemente este útil servicio solo puede verse en USA y Canadá. Incluso está gratis para los que poseen televisores Samsung.

Los Niños de Selvino

Hacia tanto tiempo que no veía nada italiano que comencé por lo más nuevo (en términos de drama de época). “La Guerra e Finita” fue filmada en el 2019 y vio la luz en la RAI en enero del 2020, al comienzo de la pandemia. Está inspirada por el caso real de Los Niños de Selvino, un libro escrito por el novelista israelí Aharon Magged.



 Es la historia de un grupo de sobrevivientes que fue instalado al final de la guerra en una granja en Selvino, en la Lombardía. El establecimiento estaba dirigido por veteranos de la Jewish Brigade (una brigada del ejército británico compuesta enteramente por judíos de Palestina) y tenía una clara orientación sionista.

 En la miniserie, la perspectiva es más universal, se expande más allá de los huerfanitos para abarcar experiencias de adultos en ambos lados de la guerra civil que se batió en Italia después del armisticio de 1943. Eso la hace diferente a “The Windermere Children”. Aparte, que en ocho horas de serie hay más tiempo para elaborar las personalidades de los personajes principales que en una película de menos de 120 minutos.

La serie es producida por Michele Soavi, el creador del archifamoso Comisario Montalbano. De hecho, el protagonista es MIchele Riondino, “Il Giovanne Montalbano”.  Tras acabar la guerra en Italia, donde ha luchado junto a los partisanos, el ingeniero Davide Pavia (M. Riondino) va en busca de la esposa e hijo que deportaron los alemanes. Pero en la frontera austriaca se encuentra con un pequeño grupo de niños que ha sobrevivido los campos.



Davide regresa a Milán en busca de alguna organización que se encargue de los huérfanos. Aunque algunos niños tienen la suerte de encontrarse con parientes, un puñado queda a la deriva. Davide conoce a otras dos personas que están en su situación parecida, con niños a los que nadie quiere dar alojo. Uno es Ben, un ex oficial de la Brigada Judía. La otra es Giulia, una psicóloga que se pasó la guerra en Suiza.

Davide recuerda que cerca de ahí están las tierras de la Marquesa Terenzi donde su esposa fungía como maestra de los hijos de los campesinos. Como la propiedad está abandonada, deciden instalarse allí, pero se encuentran con una sorpresa, Mattia quien asegura que está huyendo de los fascistas que querían enrolarlo en sus milicias. Nosotros sabemos que Mattia es un soldado de La Guardia Republicana de Saló que está ocultándose de los Aliados y a la espera de contactar a sus camaradas.

                      Mattia todavía de uniforme

Secretos, Miedo a los Perros y el Young Angry Survivor

Mattia no es el único en cargar secretos. A Davide lo carcomen los remordimientos por no haber evitado el arresto de su esposa e hijo. Tras su orgullo de judío de kibutz, Ben esconde el dolor de saber que veinte miembros de su familia fueron asesinados por los nazis. A Giulia la agobia otra culpa. Su padre ha sido arrestado por los Aliados, acusado de fabricar armas para los alemanes.

Sin embargo, esos secretos no se comparan a los de los niños sobrevivientes. ¿Qué carga Gabriel en una caja? ¿Por qué Sara odia tanto a Italia que quiere irse a un kibutz en Israel? ¿Porque Miriam se niega a tocar el piano y, a diferencia de las otras niñas, no está rapada? ¿Y por qué el pequeño Giovanni se niega a hablar cuando Davide lo ha oído cantar?

Como en “The Windemere Children”, son los más pequeños los que más impresionan. Ese es el caso de las hermanitas Lila y Aliza. Lila ya va para los doce años, se siente que está creciendo, quiere su independencia y hacer amigas de su edad. Esto choca con Aliza que es totalmente dependiente de su hermana y se siente rechazada.

                       Aliza la de la carita sucia

Sera Aliza quien protagonice una de las escenas más sobrecogedoras de “La Guerra e Finita”. Al refugio de Selviano llegan la a maestra Eugenia y la pediatra Susanna. Con Susanna viene su hijita Ester que se ha pasado la guerra con amigos de la madre que eran gentiles. Ester es diferente a los otros niños, tiene cabello en trenzas, ropa bonita y carga una muñeca que los otros niños, en un súbito ataque de envidia, le arrebatan. Se arma una batahola y entremedio alguien intenta sustraerle la cuchara a la pequeña Aliza.

Indignada, la nena brinca sobre una mesa y, en una siniestra imitación de un Kapo, azuza a sus compañeros a golpearse. Los adultos horrorizados no entienden. Son los chicos mayores quienes deben explicarles que en los campos se le negaba la comida a quien no tuviese cuchara. La idea de perder la cuchara significaba la muerte y ese es el trauma de alguien tan pequeño como Aliza.

Como en “The Windemere Children”, tenemos ya ciertos lugares comunes: el miedo a las duchas, la desconfianza de toda autoridad, y el obligatorio incidente del perro. Aquí se trata de un ovejero vagabundo que sorprende a Giovanni en el bosque y le provoca un desvanecimiento. Los otros niños aúllan de terror y el perro (como suele ocurrir) les ladra furioso. Ben intenta alejarlo a pedradas, pero Lila lo detiene. Ese fue un buen mensaje, que los niños vayan equilibrando sus miedos traumáticos con la compasión por los más débiles. Al final, el perro se convierte en mascota

                         Ben, Sara y el perro de la discordia

Los adultos también sufren con la incapacidad de comunicarse con los niños. Ben cree que imponer la disciplina permitirá a los chicos acomodarse mejor a las exigencias del kibutz. Es uno de los que cree que por no haber emigrado antes, los judíos facilitaron sus propias muertes y que ahora la única solución para el Problema Judío es el sionismo.

 Debido a que la guerra no la tocó, la psicóloga Giulia está llena de optimismo y cariño, pero peca de ingenua y lo descubre cuando intenta escuchar las historias de los huérfanos. Aunque no le va tan mal con Miriam, Lila y Alisa, se estrella con muros al intentar sicoanalizar a Sara y Gabriel.  Cuando dice a Sara que solo quiere devolverle la identidad perdida, la chica le muestra el tatuaje del brazo: ese número es su única identidad.



El caso de Gabriel es más peliagudo. Su condición de antisocial antecede a su vivencia en los campos y con partisanos. Desde que Sal Mineo diese vida al rebelde Dov Landau en “Exodo” que el Young Angry Survivor se ha convertido en un cliché de la narrativa del post-Holocausto. Solo que Gabriel nació en guerra contra el mundo.

Como le cuenta a Giulia, nunca conoció a su padre. Su madre lo abandonó en un orfanato de monjas donde ni aprendió a leer. Se sabía que era judío, porque su madre le dejó una Estrella de David al cuello. Eso será suficiente para que los alemanes lo deporten a un campo de donde logra huir. Gabriel solo entiende de violencia, solo sabe delinquir y aunque tiene buen humor y es cariñoso con Giovaninno, no se necesita de mucho para que aflore su agresividad. El más que nadie sufre por una identidad que nunca tuvo.

Las Historias Paralelas

La serie se enfoca en los esfuerzos de los adultos por ayudar a los huérfanos a volver a la normalidad. En eso no difiere de “The Windermere Children”, pero una serie de historias paralelas diversifica y agiliza la trama. Tenemos los esfuerzos de Davide por encontrar a su mujer e hijo. esfuerzos que lo llevan a entrevistar sobrevivientes y visitar campos de concentración. Es así como, tanto el ingeniero como el espectador, descubren la magnitud del genocidio.

Por otro lado, tenemos el dilema moral de Giulia que intenta “limpiar su conciencia” como la acusará Davide dedicándose a la rehabilitación psicológica de los niños. Pero cuando Giulia visita a su madre en Milán, ella se convierte en otra persona. Mas allá de su negativa de visitar al padre encarcelado y el repudio a una clase social que todavía no se arrepiente de su fascismo, está su alegría de encontrarse con los mimos de su madre y de su nana. Al l igual que el reencuentro con su cuarto inmenso, su bien provisto armario, el Fiat del padre. 



El problema de Giulia es que, y su interprete isabella Ragonese lo explica en una entrevista, no entiende que no se avanza sin enfrentar su pasado. Giulia debe entender que ayudar a las víctimas del fascismo no implica sacrificar las cosas buenas de la vida ni su amor de hija.

Mas truculenta es la historia paralela del pobre Mattia. Descubierto por otros fugitivos, es chantajeado por el feroz Teniente Bianchi, un criminal de guerra buscado por los Aliados, para que robe y los ayude. Bianchi consigue un pasaporte para que Mattia huya con ellos a “Las pampas”.  Mattia no quiere, se ha acostumbrado a la vida en el refugio, y sobre todo a Miriam, pero les teme a sus ex camaradas, y más le teme a lo que harán sus nuevos amigos si saben que colaboró en atrocidades en contra de los partisanos.



Otro es el caso de Sara quien se atreve a retornar a la mansión que le fue arrebatada a su familia Descubre que un fascista la consiguió a un precio irrisorio y que el mecánico que delató a sus padres ha sido exonerado por las autoridades. Tanta injusticia empuja a la adolescente a tomar justicia por su propia mano.



La historia paralela más importante, porque al final se entronca con el hilo argumental principal, es la de la Marquesa Terenzi. Esta bella y elegante anciana vive como ermitaña en su villa desde la muerte de su único hijo en el Frente Oriental. Aunque nunca colaboró con el fascismo, su tragedia personal la ha hecho insensible a la desdicha ajena. Al enterarse de la presencia de intrusos en su granja ordena su desalojo.

Gracias a amistades familiares, Giulia se entrevista con los abogados de la Marquesa y se reencuentra con Stefano Dellara, un amigo de la infancia. Debido a su atracción por Giulia, Stefano convierte la causa de la psicóloga en la propia.. Así consigue retrasar el desalojo.  El problema es que Giulia está enamorada de Davide; Stefano lo sabe; Davide no quiere reconocer que corresponde al sentimiento, pero encuentra formas de demostrar su desagrado hacia la relación de la psicóloga y el abogado.

                         Giulia y Stefano

Los Obligatorios Romances

A diferencia de “Los Niños de Windermere” donde solo hay un amago de romance, “La Guerra e Finita” no sería italiana si el amor no predominase. Si hasta el hosco Ben, después de recibir una carta tipo “Dear John” de parte de su novia del kibutz, rápido se consuela con Susanna, la pediatra. Hay historias de amor que sabemos están predeterminadas a tener finales tristes como la de Mattia y Miriam, en cambio la de Sara y Gabriel está llena de promesas para el futuro.



En la búsqueda de identidad de Gabriel, su relación con Sara se la otorga. Ella es quien, al alfabetizarlo, le abre las puertas de un mundo nuevo. Cuando la disuade de matar al delator de sus padres, Gabriel renuncia a su pasado de violencia.

Por supuesto, el gran lio romántico de la historia es el triángulo Davide-Giulia-Stefano. El problema es que el libretista Sandro Petraglia ha elegido salirse del marco de realismo de la trama para caer en clichés de telenovela que en el contexto de la historia adquieren connotaciones negativas.

Petraglia es honesto al retratar el machismo mediterráneo que era predominante en ese tiempo, pero que duele cuando se utiliza entre gente destrozada. Al final parece una forma de bullying masculino. Cuando Gabriel cree que fue Sarah la que le contó a los demás que él no sabía leer, la ataca en su feminidad o falta de ella.” ¡Mírate al espejo!   ¡Con ese cabello y esa ropa no pareces una chica!”



Es el modo en que los hombres nos han sometido por siglos, haciéndonos sentir feas y menos mujeres. Por algo se rapaba a las prisioneras en los Lagers. Cuando Gabriel quiere pedir perdón, roba un vestido de una tienda que Sarah no se pone. No necesita de un vestido para sentirse atractiva. Tanto así que es la única que hace el amor en este relato.

En “The Windermere Children” el romance entre Arek y Marta acaba cuando el niño la acusa de haber sobrevivido a costa de favores sexuales. Tal tema es imposible en “La Guerra…” donde tenemos una huerfanita que fue convertida en esclava sexual de facto por los SS. Miriam no es vista como oportunista. Todos le tienen lástima, hasta Mattia llora al enterarse de su tragedia.



 Sin embargo, cuando Giulia le anuncia a Davide que Stefano la quiere de novia, el ingeniero le responde groseramente que, si es para ayudarlos a quedarse en el refugio, tiene su “bendición”: “acuéstate con él”. Además de ordinario, Davide está siendo injusto. Giulia es una mujer difícil. Tiene el carácter vivo, “habla demasiado” como dice Davide, y suele meter la pata, pero no con él.

La vemos montarles berrinches a las autoridades, a su madre, al abogado de la Marquesa, a la misma Marquesa y al pobre Stefano, pero con Davide es siempre cuidadosa.  Es respetuosa de los sentimientos del Ingeniero, escucha sus confidencias y lo apoya en su búsqueda de su familia. Cuando Davide acepta que su mujer está muerta, le da la ropa de Enrica a la psicóloga para que la reparta entre las niñas, Giulia no lo hace porque teme que lo entristezca ver esos vestidos en otras mujeres.



¿Ingratitud Judía?

 La única vez que se enfrenta a Davide es para preguntarle si la trata mal porque no es judía. El ingeniero le responde que antes él no dividía el mundo entre judíos y gentiles, pero que la proclamación de I Leggi Razziali le enseñó que para los demás él era diferente. Pareciera que no responde la pregunta de Giulia, pero lo ha hecho y la respuesta es afirmativa. Desde la guerra, Davide ha dividido a la gente en dos campos y Giulia no está en el suyo.

A Davide la psicóloga le gusta como mujer lo que le provoca remordimientos ya que siente que traiciona el recuerdo de su esposa, pero también es consciente de que Giulia no es como él. Tanto Giulia como Stefano están peleando una batalla que no les pertenece, y hay momentos en que sienten que los judíos no se lo reconocen. El clímax de esta situación, llamémosla “Ingratitud”, ocurre cuando tras un emotivo encuentro entre Gabriel y la Marquesa, ella está dispuesta a cederles tres pequeñas granjas para que los niños puedan vivir.



Sin embargo, el comité judío no está contento con esta oferta. Tampoco Giulia quien encuentra que separar a los niños les provocará problemas psicológicos. Stefano arregla una entrevista con la Marquesa. Durante este encuentro, la anciana acusa a Giulia de utilizar a Stefano, y de jugar con los sentimientos del abogado. Es la mecha que enciende el polvorón. Giulia estalla en gritos y comentarios ofensivos y llega al refugio en guerra contra “La Terenzi”, Stefano y el mundo. Pero si esperaba apoyo de sus nuevos amigos, se equivocó.

El comité en pleno le reprocha su actitud. Ha sacrificado el bienestar de los huerfanitos por orgullo. Les ha quitado su última oportunidad al dar rienda suelta a su carácter impulsivo. Hasta Davide se vuelve en contra de ella. La acusa de usar su trabajo para limpiar su conciencia y le recuerda que nunca podrá entender a sus pacientes ya que no comparte su calvario. “Ni tu tampoco” le grita la psicóloga y tiene razón. El sentimiento de culpa de Davide nace de no haber compartido la deportación de su familia.

Aunque concuerdo en que Giulia se ha extralimitado, vuelvo a sentir la presencia desagradable de “la ingratitud judía”. Giulia, Stefano y hasta cierto punto La Marquesa, representan una Italia que quiere resarcir a su población hebrea por haberlos abandonado, segregado e incluso auxiliado a sus verdugos. ¿Qué importa que quieran limpiar su conciencia si su ayuda es invaluable?

                 La Marquesa visita el refugio

Las Dos Italias

Un mérito de “La Guerra e Finita” es que se aleja del mito, que tanto molesta a historiadores, del ítaliani brava gente. En cambio, abraza el rol más creíble de las dos Italias que se enfrentaron en una guerra civil. En esa guerra los judíos quedaron automáticamente dentro de un bando en el cual lucharon como Davide o fueron deportados. Cualquiera que haya sido su rol, son parte reconocida de la historia italiana.

Esa es otra diferencia con “The Windermere Children” donde los refugiados son vistos como extranjeros indeseables. Su tragedia no es valorada. “Todos hemos sufrido en esta guerra” dice la dueña del corgi. En “La Guerra” vemos otra actitud. La vendedora de la paquetería donde Giulia compra útiles escolares se rehúsa a recibir pagos. Le dice a la psicóloga que los niños no están solos: “nos tienen a nosotros”.  Es la misma actitud que expresa la granjera a la que Gabriel le ha robado pollos y un cabrito. Al saber que los niños no han comido carne hace tiempo, se rehúsa a denunciarlos y se marcha con un “la próxima vez, pidan”.



La misma Marquesa no denuncia a Gabriel cuando lo encuentra merodeando en su villa. Le regala el carburador que el chico necesita para su motocicleta y lo envía de regreso con un cargamento de dulces, pero es que “La Terenzi”, a pesar de los prejuicios de Giulia no es una mala persona. Nunca fue fascista, infringió las leyes raciales al darle empleo a la esposa de Davide, y es en recuerdo de Enrica que está dispuesta a asistir a los refugiados.

Cobramos conciencia de la brava gente italiana. De los que lucharon en la resistencia, de los que escondieron judíos como la pequeña Ester, de los que están ahora encargados de capturar a los fascistas que cometieron atrocidades. Aun así, la serie nos muestra a “otra Italia” la que lucró con la tragedia de otros, como el padre de Giulia cuya fabrica ayudó a los esfuerzos de guerra nazi. O la que delató a la familia de Sara y le robó su casona.

La serie no se acobarda de hablar de un sentimiento antisemita impalpable, pero latente, que a partir de las leyes raciales se manifestó de la peor manera. Un detalle significativo es que en el prólogo de “La Guerra e Finita” vemos a Davide y una escuadra partisana en Milán yendo a arrestar a Giovanni Preziosi quien antes de que entren en casa se ha suicidado con su esposa Valeria. No es accidental que se trate de Preziozi, un ex sacerdote, fundamental en la creación de las leyes raciales y gran propulsor del antisemitismo en La Republica de Saló.



Sin embargo, la serie quiere que tengamos claro que Saló y el fascismo fueron nefastos pata todos los italianos, para Italia entera. Para eso nos describe las siniestras actividades de la GNR (Guardia Nazionale Reppublicana) a la que pertenecía Mattia. En un flashback, el chico recuerda al teniente Bianchi dirigiendo una masacre de civiles acusados de asistir a los partisanos.

En el presente, Bianchi y sus secuaces están ocultos en las ruinas de una vieja iglesia. Desde ahí preparan su fuga a Argentina. No están arrepentidos. Por el contrario, se quejan de la traición sufrida y de sus ideales pisoteados. Entremedio, Bianchi lanza algún que otro comentario antisemita. Sobre todo, luego que sabe que Mattia está oculto en un refugio de sobrevivientes del Holocausto.

El mismo Mattia no está exento de ese antisemitismo. Su primer intercambio con Miriam, quien ha sido puesta a cargo de repartir la ropa, va muy bien hasta que él pregunta si es realmente judía. Miriam le pregunta qué es él. En vez de decir “soy italiano” o “soy católico”, Mattia responde “sono arianno”. Esta respuesta absurda confunde a Miriam a lo que Mattia responde con una duda. Ni Miriam ni los demás pueden ser judíos puesto que él ha visto dibujos de estos y son monstruosos. Narigones, feos. Estas palabras exasperan a Miriam quien le responde como yo lo haría “¡eran caricaturas, deficiente!” y le quita el sweater que acaba de pasarle.



La visión más equilibrada entre las dos Italias se consigue a través de dos escenas. Cuando Giulia visita a su padre en la cárcel recuerda que sus amistades se alejaron de ella al descubrir que era hija de un fabricante de armas para los nazis.  Este recuerdo ofrece un paralelo con la memoria de Micol de cómo tras las leyes raciales, sus amigos se negaron a asistir a sus cumpleaños. Ambas escenas representan el aumento en Italia de la cultura de cancelación que acabó dividiendo a la sociedad italiana en dos bandos.

Ausencia de Identidad Judía Italiana

La serie comete un par de errores menores. El primero es que, en el afán de confesar el pasado culposo del país, se disminuye el rol de los nazis en él. Los alemanes son vistos como entes abstractos que cometían tropelías fuera de las fronteras italianas, lo que no es cierto. Cuando Micol recuerda un ataque al rabino y a una sinagoga del cual fue testigo, los perpetradores son fascistas. Aunque eso ocurrió, no tuvo lugar sino hasta después de la invasión alemana.

El recuerdo de Micol es importante porque es la única vez que se menciona el judaísmo y su representante (un rabino) en “La Guerra e Finita”. A pesar de que la mitad de los judíos italianos estaba completamente asimilada, resulta extraño que nunca se mencioné el judaísmo. Al menos en “The Children of Windermere” había un rabino dando vueltas por Calgarth.

Las corriente abrazadas por los judíos italianos de la preguerra no son mencionadas. Ben es el único sionista; no se habla de que más de un cuarto de los judíos en Italia eran buenos fascistas; tampoco que otro cuarto eran de tendencias de izquierda. Ni siquiera la devoción de los judíos italianos por la Casa Real de Saboya es mencionada. Es como si los niños y los pocos adultos fuesen totalmente asimilados y desprovistos de una identidad cultural judía, lo que es imposible.

                  Giovanni en el campo de Ebensee

Las comunidades judías italianas tanto la italkim (judíos que habían vivido en la bota italiana desde los tiempo de Julio Cesar) hasta la sefardita (llegados a Italia entre los siglos XV y XVII) tenían una cultura rica en tradiciones, folclore, y gastronomía. Es imposible que nadie en la serie recuerde ese factor. Chirriaron mi dientes cuando en un cumpleaños cantan la que pareciera la única canción judía conocida, la nana yiddish “Rozhinkes mit Mandlen” (Pasas y almendras). ¿Que no se saben algo en italiano, hebreo o ladino?



Aparte de este detalle, la serie es excelente, conmovedora sin caer en las cursilerías del drama telenovelero italiano.  Los actores son atractivos, lo niños adorables, el paisaje emiliano hermoso como toda la península y es una historia que sabe combinar lo histórico con lo romántico y darle sus toques de humor al igual que de patetismo.

Busco y busco, tal vez por ser nueva, todavía “La Guerra…”no ha sido muy exportada. “The Windermere Children” puede ser vista por Amazon Prime, Thirteenth Passport y alquilada en YouTube con subtitulos. Otros films parecidos son “Lena: My 100 Children” un telefilme de 1988 sobre la historia real de Lena Fisher una judía polaca, única sobreviviente de su familia, quien llevó a cien huerfanitos fuera de Polonia a Palestina. Está en inglés y gratis en YouTube.

Otra recomendación es uno de los mejore filmes del Holocausto hechos en este siglo.  “La Redada” o “La Rafle” filme francés que describe la gran redada de judíos efectuada en la Francia Ocupada en 1942. La serie sigue a un grupo de niños judíos que vive en el mismo edificio, desde su arresto, su ordalía en El Velódromo de Invierno, su traslado al campo de transito de Drancy hasta su deportación de la cual la mayoría no retornaron. El toque optimista es Jo quien logra huir de Drancy, y lo seguimos hasta el final de la guerra. La Rafle está gratis en Tubi y puede rentarse en YouTube.