jueves, 26 de abril de 2018

Downton Abbey, Tom Jones y el Nacimiento de un Género



Todos los Downties estamos familiarizados con esas listas de Google tituladas “películas para llenar la ausencia de Downton Abbey”; “miniseries que se parecen a Downton Abbey”; “si te gustó Downton Abbey ve…” etc. A la par de aprovecharse de nuestra necesidad y añoranza, estas listas chantas nos ofrecen cosas que ni se parecen a DA. Por eso me propongo remediar ese yerro, dando una lista que sea representativa de lo que necesitamos. Pero antes,  hay que identificar los atributos que nos hicieron amar la creación de Lord Julián Fellowes.

Revisar esas listas da pereza. “Los Tudor” y “Call the Midwife” son excelentes series, ¿pero ¿qué tienen que ver con “Downton Abbey”? La Saga de los Forsyte, muy buena, pero, aunque se trate de la vida de una familia desde el periodo victoriano hasta los locos 20s, no es lo que estamos buscando los Downties urgidos.

Lo que hace a “Downton Abbey” tan singular, es la dinámica de arriba y debajo de las escaleras: la relación entre amos y criados. Es una relación que solo puede darse en un contexto anglosajón, por lo que “Las Reglas del Juego”, esa joya de Jean Renoir se parece, pero no es. A pesar de mostrarnos a una familia aristocrática, de la Francia (y sus sirvientes) en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, que ofrece a sus invitados un fin de semana de cacería en su casa solariega.

Sucede que aun en ese tiempo la conexión entre patrón y sirviente en Francia era distinta a la del Reino Unido. La sociedad inglesa estaba dividida en castas definidas lo que gobernaba la sinergia entre miembros de clases diferentes. Incluso un filme como “Sabrina” que tiene lugar en una mansión de Long Island en donde los hijos de una familia acaban enamorados de la hija del chofer, tampoco corresponde a la realidad "downtoniana”.

Precisamente porque la relación amo-amo era tan particular en el mundo anglo es que no puede compararse ni siquiera a la de la clase patronal y sus obreros y empleados. Por lo que series como “Mr. Selfridge” o la ibera “Grand Hotel (que ha sido vendida al extranjero como la Downton española) tampoco califican como parecidas al mundo de la Abadía.

La primera regla entonces es que la historia debe ser vista no solo desde la óptica de la clase dominante sino también desde la de un  staff doméstico. Todos ellos deben habitar una mansión, de preferencia lejos del mundanal ruido. Puede ser un castillo una casa de campo, un lugar grande con connotaciones históricas y con nombre propio como las Abadías de Northanger y Downton, Thornfield Hall, o Manderley, donde la sombra de Rebecca sigue persiguiendo a su sucesora.



Los puntos de vista de amo y criado coexisten con los de los extraños que se relacionan con ellos y que nos ayudan a entender cómo se maneja ese tipo de casa y la familia que la posee. Ahí es donde entran en juego las famosas visitas de fin de semana. Las house parties sin la cuales no sobrevive este tipo de ficción que alguien ha llamado Horse &Manor.  A propósito,” house party” es una combinación bisemántica que se aplica tanto al evento que agrupa invitados y anfitriones, como a los mismos invitados (y su
s criados) que asisten al evento.

Las propiedades familiares (los Stately Homes of England a los que les cantaría Sir Noel Coward) eran el sello de una familia aristocrática, las sucesoras del castillo feudal. Para el Siglo XVIII, una propiedad en el campo se había convertido en un símbolo del linaje de un aristócrata y la característica obligatoria del nuevo rico. A medida que las clases altas gravitaron hacia Londres y la Corte, la casa de campo se volvió un espacio para descansar en familia, pero también para recibir amigos y deslumbrar extraños con el boato de los cien sirvientes, las cenas opíparas y las fastuosas cacerías.

Para el siglo XIX, hasta la Reina Victoria gustaba de visitar a sus súbditos lo que representaba un gasto desmesurado y una tremenda incomodidad para sus anfitriones. Una vez tuvieron que correr al Duque de Wellington de Walmer Castle porque Vicky les cayó de improviso y necesitaban de la mejor pieza de invitados. Para entretenerla, los omnipresentes Cecil tuvieron que gastar mas de 70 mil libras esterlinas em ocasión de la visita real a su casa familiar,  Hatfield House en Hertfordshire.

Para finales de la era victoriana y comienzos del Siglo XX, la Edad de Oro del country house, las visitas podrían esperar entretenimientos mas variados. A la cacería se les unirían deportes como tenis, golf y cricquet. Para dentro de la casa habría recreaciones como billar, bridge, charadas y otros juegos de salón que encantaban a la aristocracia.  
Equipo Downton de criquet (ITV)

Las visitas también eran mas cortas. Ya nadie se la pasaría once semanas como Katherine Morland en la Abadía de Northanger. Ahora no se esperaba que los invitados pernoctasen mas de dos noches en las propiedades rurales, y a pesar de que Lady Violet fingiese no saber lo que era un weekend, las country house parties tenían lugar de viernes a domingo.

Para el siglo XX, los country house weekends no solo servían para evidenciar la alcurnia y fortuna de los terratenientes sino también eran centros donde se hacían negocios y se tomaban decisiones políticas Chequers, la casa solariega de Winston Churchill estaba llena de invitados los fines de semana con gran desperacion de Lady Clemmie que tenia que hacer malabares con los escasos recursos económicos de los que disponía.

En “These Foolish Things” vemos uno de esos fines de semana ser utilizado por un novel dramaturgo para poder conseguir la subvención económica de una millonaria americana. Pero lo que será un lugar común de todas estas ficciones,  es como las visitas a casas señoriales y las invitaciones de los dueños de estas corresponden a un mismo propósito, conseguirles maridos a las hijas casaderas. Como supimos por “Downton Abbey”, romance y matrimonio eran preocupaciones primordiales tanto arriba como debajo de las escaleras.

Desde el cierre de la abadía muchas series, (“Victoria” “The Halcyon” “Parade’s End”, “Mercy Street” y “The Crown”) han sido mercadeadas como la nueva “Downton” Solo una de ella amerita ese título. Aunque inferior a su análoga, en muchos aspectos “Victoria” es la más cercana al esquema downtoniano. Eso es algo que voy a explorar en una entrada futura con la que comenzaríamos a ver, en orden cronológico, las series, películas y libros que se asemejen a “Downton Abbey”. 

Primero vendrían las que corresponden a la Belle Epoque o Edwardian Era que son las que se emparejan a la primera temporada de DA, que comienza con el hundimiento del Titanic y acaba con la declaración de la Gran Guerra. Seguiríamos por los Años 20, con los cambios sociales impuestos por la Primera Guerra Mundial, el enfrentamiento entre lo antiguo y lo moderno que vimos como tantas veces afectó la vida de Robert Crowley, y como la modernidad liberó a las mujeres en muchos aspectos. Para el final viene el declive, con la década que siguió a la Gran Depresión con sus miedos, su debacle económica, la necesidad de ir reduciendo el personal de las grandes casas, y también la inseguridad política que culminaría en la segunda Guerra Mundial.

Antes de comenzar, quiero dar una explicación a los” Austenianos” que me leen. A pesar de que la obra de Jane Austen esta abarrotada de casas con nombres (Northanger Abbey, Mansfield Park, Pemberly, etc.) y que sus personajes dividen su tempo entre visitar y ser visitados, la ausencia de servicio marca la diferencia.

 Jane Austen no se caracteriza por incluir sirvientes y sus puntos de vista. El conjunto de fuerzas que gobierna “Downton Abbe” no solo se apoya en el servicio doméstico sino también en la visión que sus miembros tienen de sus amos. La mirada sardónica y honesta del criado es necesaria (incluso cuando se equivocan como ocurre a veces con Daisy) para ayudarnos a comprender a la clase dominante.
Para variar, Daisy protestando

Debido a eso, elegí para mi primera recomendación un ejemplo de la picaresca inglesa del Siglo XVIII. Tom Jones, la historia de un expósito de Henry Fielding trascurre en lo que hoy llamaríamos “Era Outlander” ósea contemporánea al alzamiento jacobita en Escocia, tema que da para mucha conversación en la novela. Hablamos entonces de un siglo antes del apogeo de las casas de campo, de las house parties, y de todas las reglas asociadas con el género “Horse &Manor”. Sin embargo, hay elementos en Tom Jones que la vinculan a “Downton Abbey.

Primero tenemos la casa señorial que no es heredada como la Abadía de Downton, pero que si refleja la importancia de quien la habita. Tenemos criados que expresan puntos de vista y se involucran en la vida de sus amos, y encontramos ese distintivo hobby, la cacería como punto de reunión social, pero también como generador de romance. Sophia Western y Tom Jones se enamoran durante una cacería, tal como Lady Mary Crawley encontrará tres amantes (Pamuk, Lord Illingham y Henry, su segundo marido) en el ejercicio de ese pasatiempo.

 Recomiendo la novela, que, aunque antigua, es muy fácil de leer. Pero si son más de audiovisuales, entonces hay varias adaptaciones para pantallas chicas y grandes Acabo de enterarme que hubo una silente de 1917; la BBC está planeando otra para el próximo año, pero para mí la definitiva es la fílmica de 1963. A pesar de que su director Tony Richardson nunca estuvo satisfecho con ella, y el protagonista Albert Finney la odia, esta película se ganó merecidamente cuatro Oscares, un BAFTA y un Globo de Oro.

Tanto la novela como el filme se centran en el nacimiento de Tom que tiene lugar en Paradise Hall, la casa señorial de Mr. Allworthy, un burgués millonario, viudo y sin hijos, que vive en compañía de su hermana solterona Bridget. A pesar de que Allworthy es un buen anglicano, dotado de virtudes de clase media, su fortuna lo está subiendo de nivel lo que lo obliga a comprar una casona que reafirme su nueva posición económica. Allworthy es ahora miembro de la pequeña nobleza rural, de la clase de los Squires. La diferencia con su vecino el bullicioso y zafio Squire Western es que este último ha heredado propiedad y titulo y Allworthy es todavía nuevo en su clase.

Una noche, Mr. Allworthy encuentra en su lecho a un recién nacido. Las investigaciones de su ama de llaves, la Señora Wilkins, determinan que la madre del expósito es Jenny Jones, una criada del pueblo. La gente mira con sospecha a Jenny porque le gusta leer y está aprendiendo latín con la ayuda de Mr. Partridge, el maestro rural. Hacen las sumas y deciden que la intelectual Jenny y el maestro son los padres de Tom. Ambos son expulsados de la comarca. Allworthy adopta al pequeño al que le da su nombre, Thomas.
Los Allsworthy y el misterioso bebé

Pasa el tiempo y Bridget se casa con el Capitán Bilfil, y tienen un hijo. Bilfil Jr. odia a Tom al que ve como un intruso. Tras la muerte de sus padres, Bilfil se siente ya dueño de la fortuna de su tío. Solo le  faltan dos cosas, la esposa adecuada y sacar de en medio a Tom Jones. Bilfil mata dos pájaros de un tiro cuando descubre que, la que ya considera su prometida, Sophia Western tiene amores con Tom. Al enterarse, el Señor Alworthy expulsa a Tom de su casa.

A pesar de ser una obra de tono picaresco, y de que el protagonista no es un dechado de virtudes, Fielding impone ciertas generalizaciones maniqueas a su narrativa. Allworthy, y tal como su nombre lo indica, es un hombre digno y meritorio que ha seguido las reglas de su iglesia y por eso ha sido bendecido con riqueza. No como la otra aristocracia representada por Western, y los corruptos nobles a los que Sophia y Tom conocerán en su huida a Londres.
La infame Lady Bellaston

La aristocracia londinense,  según Fielding,  es depravada y desmesurada. Otro grupo que el actor hace blanco de sus críticas es el servicio doméstico. A pesar de que, por su posición social ambigua, Tom hace amistad con gente de abajo como el guardabosques Black George, el servicio doméstico de Paradise Hall  no es leal ni muy honrado.
Black George y Tom

La Señora Wilkins se revela como descontentadiza y soberbia cuando, creyendo a su amo a las puertas de la muerte, le reprocha mentalmente que le vaya a dejar la misma cantidad de dinero que a los otros sirvientes.  Un pensamiento tan mercenario no se esperaría de los criados de Downton, aunque tal vez si de una Miss O’Brien.

Las doncellas son las peores en Tom Jones. Una de las mucamas es quien delata los amores de Tom y Sophia; la doncella de Lady Bellaston es tan maliciosa e inmoral como su ama, y Honor, la criada de Sophia, tiene todo menos ídem. Está dispuesta a vender a su ama, pero cuando la despiden elige huir con Sophia.
Los criados se despiden de Tom Jones

Escogí el filme de Richardson porque ahí se describe con más caridad a los de debajo de la escalera. Al partir Tom de Paradise Hall, hay una escena en que se despide de todos los criados y ahí se nota el grado de afecto que existe entre ellos. Honor, aunque charlatana y atolondrada, es adicta a Sophia y acepta acompañarla en su fuga a pesar de los riesgos que correrán ambas.
Sophia y Honor

El mayor cambio del filme es convertir a Jenny Jones en doncella de Miss Bridget Alworthy. Así se explica mejor que Tom haya nacido en Paradise Hall y que se le haya escondido en el lecho del amo. Cuando es interrogada, Jenny admite ambos cargos, pero omite decir que no fue ella quien trajo al mundo al expósito. Jenny acepta una vida de humillaciones y pobreza, y sacrifica su buen nombre a cambio de proteger la reputación de su señorita, quien resulta ser la verdadera madre de Tom Jones.
Cranborne Manor, alias Paradise Hall

El filme hace uso de la cámara para exponer la cúspide de la nobleza campesina con sus nuevos integrantes, con sus casonas llenas de criados. Para encarnar a Paradise Hall, se eligió a Cranborne, hogar ancestral de los vizcondes que portan ese título. Pero la mayor muestra de lo que espera en el futuro a la aristocracia rural es la escena de la cacería.  Alerta: incluye escenas violentas.

 En “Downton Abbey” hemos visto los dos tipos de cacería que el británico bien nacido practica hasta hoy: la inútil cacería de zorros (hunting) y la caza menor (shooting) Tal como en Downton, Tom Jones muestra como la cacería sirve de tertulia de la gente importante de la localidad; de ejercicio (esas carreras locas ayudan a la transpiración de jinete y caballo) y de romance. El caballo de Sophia se desboca,  Tom logra rescatarla y acaba con un brazo roto. El agradecido Squire Western se lleva a Tom a convalecer a su casa propiciando así un espacio para que surja el amor entere su invitado y su hija.

La cacería ilustra la evolución de la nobleza sirviendo de puente entre el pasado incivilizado y el futuro refinado. Lo vemos en la diferencia de comportamiento entre sexos. Las mujeres van ataviadas con elegantes trajes de montar, sonríen, saludan, se mueven con propiedad incluso en sus monturas,  en comparación a la frenética actividad de sus hombres que andan todos desastrados y se comportan como salvajes.
Traje de montar del Siglo XVIII

 Richardson no oculta su percepción de la cacería  como un deporte sanguinario. Vemos a un jinete enterrar sus espuelas en los ijares de su caballo hasta hacer sangrar al animal; a un campesino recoger un ganso que la batida de caza ha aplastado; y lo peor es la ejecución por parte de un eufórico Squire Western del pobre ciervo. Si no me opusiera a la cacería como deporte (y no solo porque mi religión lo prohíbe) ver estas escenas me convencería. Y sin embargo serán las cacerías las que definirán este género del Horse & Manor que tanto apreciamos y que nos ha brindado “Downton Abbey”.






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