lunes, 23 de abril de 2018

¡Oh, Pérfida Sion! El Antisemitismo en McMafia (o por qué prefiero las series de época)



En mi entrada anterior comenté las fallas de” McMafia”, una cara y ambiciosa serie de la BBC, que intenta mostrar “el rostro humano” del crimen organizado. Mencioné que, entre sus falencias, está   el presentar negativamente a las múltiples nacionalidades y grupos étnicos que se involucran en el crimen globalizado. Llega al punto que solo los rusos se salvan de ser mostrados como monstruos. Pero las mayores quejas contra “McMafia” van en contra de su perpetuación de ofensivos estereotipos sobre los judíos.

“McMafia” se enfoca en dos tipos de judíos: los de la ex Unión Soviética y los israelíes. Precisamente, los dos grupos en que el mundo moderno  nos divide  a los judíos. Como no soy israelí y no tengo ni una gota de sangre rusa, me siento mal representada.

Israel, un paraíso para corruptos
Según “McMafia”, Israel es un país donde el parlamento ofrece refugio a mafiosos corruptos y donde los ex soldados de Tzahal se ven obligados a poner agencias de guardaespaldas u ofrecer sus servicios a los ya mencionados mafiosos. Todo lo que vemos de Israel está subordinado a la codicia y corrupción de Semyon Kleinman (David Strathairn). Hasta la policía que no es corrupta es vista como más torpe que los mafiosos.

Kleinman, que antes de llegar a Israel ya era delincuente en Moscú, ahora tiene un asiento en el Knesset, amigos en la IDF, y una hija en la Mossad. La hija es mencionada en el segundo capítulo y no vuelve a aparecer. Algo muy común en esta serie son los personajes accidentales que solo sirven como recursos Deus Ex Machina. La mención de la Agente Kleinman da paso a una calumnia totalmente gratuita. Semyon le dice al protagonista que el lema de la Mossad es “A través del engaño, haremos la guerra”. NOT!

El antiguo lema de la mayor agencia de inteligencia israelí fue (hasta el 2011) una cita del Libro de los Proverbios (Prov. 24.6) que dice be-tachbulot ta aseh lekha milkhamah. En traducción “Porque con consejos prudentes harás la guerra”. El 2011, el lema cambió a otra cita de Proverbios (11.14) “donde no hay discreción sabia, caerá el pueblo”.

 En roles tan diversos como el esposo abusador de Dolores Clairborne y Ed Morrow en” Good Luck, Good Night”, David Strathairn me ha demostrado ser un gran actor. Su interpretación de Semyon lo hace parecer como un señor tranquilo, un viejito amable, pero debajo de esa fachada se oculta una cobra. O como lo describe el padre del protagonista es “una culebra con anteojos”.


No solo se dedica al tráfico de drogas y lavado de dinero. También colabora en el tráfico de esclavas sexuales para adquirir a nenas espías a las que adiestra en el arte de las intrigas de alcoba a la Red Sparrow. Como vimos en el caso de la pobre Ludmila (Sofia Lebedeva), después de “comprarlas” a traficantes egipcios, Kleinman las mantiene secuestradas.  
Ludmilla en el mercado de esclavas

Con gran ingratitud se niega a liberar a la pobre Ludmila a pesar de que ella ha colaborado para que no lo encarcelen. Y no quiero dar spoilers, pero al final, el reptil más ponzoñoso es Kleinman. Ósea tanta queja de los pobres mexicanos, y él le entregará a Alex (James Norton) en bandeja de plata al enemigo común, Vadim Kalyagin (Merab Ninize).

Pero todavía hay un  peor aspecto de Semyon y que enloda a otra minoría. En el capítulo 5, sorpresivamente nos revelan que Kleinman es gay. ¿Como en cinco capítulos no nos han contado un detalle tan importante de su personalidad? Semyon está enamorado hasta las patas de Ezra,  un joven fotógrafo. Ezra es tan cerdito (kosher pig) que le saca plata al vejete para pasarlo bien en las fiestas con su verdadero amor, Reuben . Ludmila,  en medio de su recaudación de información extraída a viejos borrachos libidinosos,  sorprende a la pareja besuqueándose.

Llega Vadim a Israel convertido en un ángel de venganza. Para castigar a Semyon rapta a Ezra, lo hace violar y apalear, y lo obliga denunciar a Kleinman como su atacante. Solo el testimonio de Ludmila salva a Semyon de una buena temporada en la cárcel. Y aun así el viejo canalla se niega a soltar a la ex rusa, a pesar de que sabe que su fiel guardaespaldas Joseph (Oshri Cohen) está enamorado de ella. Joseph y Ludmila son de los pocos personajes agradables de esta historia.

La serie muestra la homosexualidad de Kleinman como un defecto más de su despreciable humanidad y lo aprovecha para su propaganda anti-sionista. Israel es el único país del Medio Oriente que no criminaliza la homosexualidad, que reconoce uniones entre personas del mismo sexo, y permite marchas y otras manifestaciones del Orgullo Gay. Este cuentito  hace pensar (y no solo a los homófobos)  que la libertad sexual israelí es un foco de libertinaje que protege a criminales pervertidos y a sus toyboys que se complacen en estafar y romper el corazón de sus ancianos amantes.
Orgullo Gay a la judia

Israel, como todos los países del mundo, tiene crimen organizado. La policía israelí trae identificadas a dieciséis familias mafiosas: siete rusas, seis de judíos del Magreb (curiosamente, son más poderosas que las familias rusas) y tres familias de árabes palestinos no-judíos. No tengo problemas con que hagan algo sobre la mafia israelí. Mi problema es que toda la visión de Israel sea tan negativa como su hampa.

Judíos ingleses
Salimos de Tierra Santa para ir a Londres a conocer al protagonista Alex Godman y a su familia. Tres cosas sobre ellos. Son ex mafiosos (con la excepción del Tío Boris), son  ex -rusos… ¿También son ex judíos? Porque como dijo Jenni Frazer en The Jewish Chronicle los Godman son “la familia más poco convincentemente judía” que recuerda la periodista.


Yo creo que Jenni y yo definimos lo que es ser judío de la misma manera. Judío es a) el que practica el judaísmo b) el que vive dentro de una cultura judía y/o c) el que sin practicar ni la religión ni la cultura judía, igual siente respeto y admiración por ese bagaje heredado de sus ancestros. Bueno, digamos que los Godman no caen en ninguno de esos grupos. ¡Ni siquiera dicen L’çhaim cuando brindan!

¿Como sabemos que son judíos entonces? Primero, Alex se queja de que en su elegante internado ingles lo llamaban “Yid”, más adelante su padre responde a una pregunta de su amante de por qué no está tatuado con un “soy hebreo”.  A lo que sigue una convulsa y errada explicación de por qué los judíos no nos tatuamos. Pero el piece de resistance del judaísmo es el funeral y la Shiva (velorio judío) del Tío Boris (David Denczi).

Fue refrescante ver judíos (y no judíos)  ir  de cuello y corbata a un funeral. Recibo tantos informes de que en Israel se va a funerales en shorts y hasta sin camisa. Aun así, lo único que revelaba el judaísmo de los presentes eran los kippas  de los varones presentes. Hablando de la religión en “McMafia”, The Catholic Herald   ha llamado a esa cobertura de cabeza (y a la cruz que porta Vadim) un símbolo vacío.

Yo creo que el problema aquí no es tanto de símbolos vacíos sino de una ignorancia total de como viven los judíos. Lo vemos en dos ocasiones cuando los Godman visitan la tumba del Tío Boris, tanto Alex como su padre se arrodillan para rezar (¡!!) A los judíos nos está prohibido arrodillarnos al rezar.

En una entrevista para la BBC, David Strathairn confesó saber poco de la cultura ruso-judía, pero aseguró que “la producción nos ha provisto con mucha información tangible y palpable”. Se nota.

Los Locos Godman
A mí no me molesta que pongan a los judíos como criminales. Si fuera por eso no hubiera sido devota de los gánsteres judíos de “Boardwalk Empire,” o de Avi el corrupto ex gente de la Mossad en “Ray Donovan” o no  babearia sobre mi  cochinito Tom Hardy en el rol de Alfie  Solomons en "Peaky Blinders".
¡Estos si son gansters judíos, mier...!

Mi problema con los Godman (¿y quién se llama así?) no es que sean mafiosos, es que son tan antipáticos. Más irritantes que la Familia Peluche. Al lado de ellos, los mafiosos de “Eastern Promises” son los Ingalls de “La Casita en la Pradera”.

Un vínculo común entre Alex Godman y Vadim Kalyagin es que los dos usan a sus seres queridos como excusa para sus chanchadas. Ambos creen en el valor de la familia. Vadim relata una siniestra anécdota de que cuando torturaba gente en su trabajo de la KGB lo que más lo impresionaba era como los torturados suplicaban que no dañaran a sus familias.
Vadim y la niña de sus ojos

Como dije en mi entrada anterior, contrapesando su mundo de violencia y delincuencia, a Vadim lo presentan como el viudo inconsolable, el padre amoroso y el amigo casero que gusta de visitar a su compadre para disfrutar en familia. A pesar de ser multimillonario, vemos a Vadim gozar más de esas pequeñas reuniones donde los niños juegan, donde todos se ríen, apalean el piano, y comen pastel, que en su exagerada fiesta en Versalles que obviamente era nada más que un show para deslumbrar a sus socios.

¡Qué diferentes esas veladas moscovitas con los Godman a los que vemos medios borrachos en francachelas, y que cuando se reúnen bajo el mismo techo terminan siempre peleando! Es un poco triste porque la cultura judía (como el judaísmo) se centra en el hogar y la familia. Pero el sentido familiar de los Godman parece una parodia. Ni Philip Roth podría crear individuos tan disfuncionales.
Media hora juntos y los Godman ya andan de las greñas

El centro de esa familia es el patriarca Dimitri Godman (Aleksey Serebyakov) al que todos sus parientes buscan proteger. Se supone que nunca se recuperó de haber tenido que abandonar la Unión Soviética y eso que es obvio que se trajo un arcón lleno de rublos. de otra manera no se explica cómo paga las compras de su mujer, las drogas de su hija, los gustos caros de su amante, el mega departamento londinense y hasta el vodka con el que llena innumerables botellitas plásticas que carga para todos lados.

Nunca sabremos si la incompetencia mental de Dimitri se debe a que sufre de un principio de demencia o al alcoholismo. Se pasa el día (aparte de rumiar y beber) dándole de comer a los patos en el parque o poniendo música estridente que molesta al vecino (que obvio que es musulmán). Cuando se aburre mucho sube a la azotea a mirar al vacío. En una de esas se cae, pero para mala suerte de su familia, sobrevive.
¡Qué se cae! ¡Qué se caiga! ¡Se cayó!

La caída de Dimitri provoca que Oksana (Maria Shukshina), su mujer, se ponga a esculcar las cosas del marido y se encuentra con una carta de amor que el viejo le ha escrito a su joven amante, una amiga de su hija. El descubrimiento de la infidelidad de Dimitri convulsiona a los Godman (como si no tuvieran ya suficientes problemas).

No se entiende como Oksana nunca sospechó que su marido tuviera amantes o por que lo toma tan a pecho, si hasta duermen en cuartos separados. Al parecer la humilla haber gastado tanto tiempo cuidando a un despojo humano solo para descubrir que él todavía puede pasarlo bien con una mujer más joven.
Tu le vas a limpiar el culito con un Kleenex
MMMM! Como que no creo....


Oksana hace lo más inteligente. Visita a Masha (Maria Mashkova) y le cede el marido, solo que ahora será “la otra” quien tendrá que aburrirse escuchando los delirios de un viejo y ensuciarse las manos limpiándole los vómitos y otros fluidos corporales al incontinente borracho. Obvio que Masha no quiere tamaño desperdicio , pero como está embarazada tampoco quiere soltar al amante. Es ahí que los Pequeños Godman se toman un break (Alex de sus actividades criminales, Katya de su ingesta de drogas) para arreglar este asunto.
¡Aborta, Aborta!

Me pregunto qué vela tienen en este entierro. ¿Desde cuándo los hijos se entrometen en la vida de los padres? ¿Para qué malgastar tiempo protegiendo un matrimonio que es una farsa? Pero a Alex el poder lo ha convertido en un manipulador (y mentiroso) compulsivo. Tal como ha despreciado los consejos médicos de someter a Dimitri a una terapia psicológica, Alex cree que puede arreglar la vida de su padre solo.
Una oferta a la que Masha nose  podrá rehusar

Cuando Katia (Faye Marsay) fracasa al intentar convencer a Masha de que aborte, los hermanitos Godman le ofrecen veinte mil dólares mensuales para que ella y el crio se vayan lejos del padre.   Con justa razón , Dimitri se enfurece al saber lo solapados y metiches que son sus hijos. La intromisión e impertinencia de Alex y Katya es un reflejo de las tramposerías y crímenes de Semyon Kleinman, y que terminan siendo eco de la acusación antisemita de que los judíos manejan el mundo de manera disimulada y traicionera.

En un nivel más doméstico, los Godman no serán muy religiosos ni muy apegados a su cultura, pero ¡vaya que perpetúan clichés de vaudeville sobre las familias judías!  Un rasgo común de Dimitri y Oksana son sus quejas sobre las parejas de sus hijos. Oksana es la típica suegra judía entrometida y despectiva de la nuera a la que llama burlonamente “Becky” y cuyo vestuario es objeto de su crítica.

Dimitri en cambio, se parte de la risa cuando oye a Katya y su novio Femi (Clifford Samuel) peleando en la cocina, apoda a su futuro yerno “Michael Jackson” (por el color de su piel) y comenta despectivo que seguro querrá que Katya lo mantenga. Cuando Rebecca (Juliet Rylance), viene a solicitar su ayuda para descubrir en que malos pasos anda Alex, Dimitri le pregunta esperanzado “¿vas a romper tu compromiso?” Con las fichitas que tienen por hijos, los Godman deberían darse una roca en el pecho de que personas decentes, centradas y trabajadoras (ergo sosas y pusilánimes) como Femi y Becky los hayan escogido de pareja.
Femi y los líos de amar a una princesa judía

Existe una gran diferencia entre los mafiosos judíos y los cristianos en lo que respecta a su vida familiar. El mayor contraste es entre la viciosa y consentida Katya, que supera las falencias del cliché de la princesa judía, y la humilde y angelical Natasha Kalyagin (Anna Lenonova). Resulta casi karmico que sea Dimitri el culpable de la muerte de lo más puro del cuento.

Ni un panfleto Nazi lo podría expresar mejor.  Semyon y Dimitri destruyen la pureza del mundo (Dimitri provocando la muerte de Natasha y Semyon prostituyendo niñas inocentes y comprando el amor de jovencitos), pero también representan otro peligroso estereotipo, los judíos tan poco confiables que se traicionan entre ellos.

Después de todo este listado,  se puede deducir que los estereotipos judíos no son accidentales, contando además que no es la primera vez que a Hossein Amini lo acusan de antisemitismo. Nacido en Teherán, e hijo de diplomáticos, Amini y su familia se establecieron en el reino Unido tras la caída del Shah. Amini fue a internados privados y a Oxford y es un persa totalmente asimilado que nunca ha escrito ni sobre su país ni su cultura. Se ha hecho un nombre con sus adaptaciones de The Wings of the Dove, y Four Feathers y por filmes fantásticos como” Blanca Nieves y el Cazador” y “Los 47 Ronin”.

En el 2011, su galardonada adaptación de Drive de James Sallis, ameritó una demanda, durante la cual surgió una queja, implausible y risible, sobre los villanos judíos del filme. Las acusaciones que han caído sobre Amini a raíz “de McMafia” son mucho más concretas y con más base, lo que ha llevado al guionista a solicitar la ayuda de Tom Gross, conocido periodista y activista de los derechos humanos (y aparentemente el único amigo judío que Amini hizo en Oxford).

  Tom Gross  ha dicho que Amini no es antisemita. Y, sin embargo, en “McMafia” parece probar lo contrario. Se puede argumentar que, en el libro, la mafia judía es retratada como cruel y criminal. Eso no está en discusión, pero el libro es no- ficción, Amini es responsable por la creación de personajes, el reflejo de su vida privada y de su cultura.

En el 2014, en su adaptación de Our Kind of Traitor de John Le Carré, Amini retrató a mafiosos rusos sin detenerse a explorar sus orígenes étnicos o culturales. En cambio, en “McMafia” se esmera en dar una imagen calumniadora y falsa de una familia judía. Y como vivimos en un mundo ignorante y fácil de influenciar, se puede alegar que está propagando el antisemitismo y el anti-sionismo.

Como ex docente y bibliotecaria, he combatido la perpetuación de estereotipos negativos en los textos y materiales que pueden encontrarse en bibliotecas. Cuando me especialicé en servicios a minorías se me enseñó que no se puede crear un personaje étnico ni como totalmente bueno o totalmente malo, a menos que haya en él rasgos que lo humanicen o que se coloque una contraparte a su maldad. Normalmente, esa contraparte consiste en la inclusión de un miembro de la misma etnia, pero que posee virtudes que precisa nuestro personaje. En “McMafia” el colectivo judío carece de ese contraste.

La guinda en el pastel es Sídney Bloom (Tim Aherne), el patrón de Rebecca. Nos lo presentan como “él ultimo banquero honrado”, pero un rival le cuenta a Alex que Bloom hizo su fortuna a costa de países africanos. Ósea, ni el judío honrado puede serlo. Es que también… ¿por qué hacerlos banqueros?  Es como los políticos, uno sabe que son corruptos. ¿Por qué mejor no hicieron a Alex veterinario, o pintor?

Esta noche voy a ver el capítulo final de “McMafia”, pero ya tengo una idea formada de cuales son sus fallas. Leo que hace rato que la BBC está siendo acusada de anti-sionismo. Como solo veo sus dramas de época, he permanecido ignorante a ese fenómeno, lo que refuerza mi propósito de seguir viendo period pieces. A lo mejor hay en ellos casos aislados de manipulación o deformación de la historia judía como ocurre en “Los Borgias” o en la grotesca “Knightfall”, pero lo refrescante del drama de época es que los judíos no aparecen, o son descritos con propiedad como en “Call the Midwife” o “Downton Abbey”.


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