jueves, 19 de marzo de 2020

Babylon Berlin 3x02: El Fantasma de Tilly Brooks



Para el segundo capítulo, ya tenemos establecidas las líneas argumentales.

El triángulo poliándrico de Helga y Los Hermanitos Rath va de mal en peor. En la mañana, a pesar de que Gereon insiste en que va retrasado a tribunales, Helga insiste en tener sexo. Preocupado y apurado, Gereon la toma violentamente y le hace daño. Es Helga quien interrumpe la sesión y pregunta si van a casarse. Gereon murmura afirmativamente pero no la convence. Su cuñada nuevamente presiente que es el recuerdo del difunto el que se interpone.

A solas, Helga se pone su mejor vestido y cloché y hace una llamada. Pronto la vemos en un lobby de un solitario, pero elegante hotel bebiendo café. Llega un camarero la llama ‘Frau Schwartz” y le pasa un sobre con una llave. Helga sube y usa la llave para ingresar a una exquisita suite donde la espera una cama, escritorio y una mesa con cigarrillos, pastelitos y otras golosinas. No sabemos si se encuentra on alguien en esa garçonniere, pero más tarde la vemos descontenta, de regreso en su piso, arrojando vasos al suelo.

Lotte recibe una visita de su hermana mayor. Tiene un derrame en un ojo (posiblemente provocado por el puño del marido). Dice que no tiene dinero para ver un médico puesto que la Dra. Volcker “Stalina”, que atendía gratis, está presa.

Pero Ilse no ha venido por esa razón. Consiguió ingresar a la cuenta de ahorros de la madre y encontró “solo 40 marcos”. Se alegra de que ni Lotte ni Toni quieran compartir esa misera herencia. También avisa a su hermana que una vecina tiene una carta de su madre, pero que solo puede entregársela a Lotte. Apura a Lotte de ir a buscarla porque ahí puede haber más dinero. ¡Que mujercita tan repugnante! Yo que la asistente de inspectora le pongo el otro ojo en compota.

Novedades en Casa del Armenio. Descubrimos que se apellida Kasabian, que Esther es su esposa, los niñitos del primer capítulo son sus hijos, y Weintraub es el amante de su mujer. Esther es muy desdichada. Antes de casarse fue una gran actriz y cantante, pero su marido le prohíbe subirse al escenario y ni siquiera le permite escuchar sus viejos discos.

Para colmo fue ella quien convenció al marido de su hermana, un banquero, que financiase la filmación de la película de Betty Winter. El banquero y su mujer vienen almorzar. En la mesa, el invitado ofende al Armenio y a Walter. Les recuerda que todo lo ha hecho por su cuñada, porque ella quería a su marido en un negocio honesto, pero que, si se descubre que hubo un asesinato, las aseguradoras no pagarán un centavo y se perderán dos millones de marcos, uno de los cuales pertenece al banco.

Edgard lo echa de su casa. Esther ahoga sus penas con opio vemos fotos de sus días de fama. En una está abrazada a un torero. Es Tristán Rot, el viudo de Betty Winter.

Edgar y Walter van a ver a Jo Bellman, el productor y con un poco de fuerza bruta lo convencen de continuar la filmación con otra actriz. Esa es la segunda subtrama.

La tercera subtrama es Greta. Comenzamos el capítulo con una de esas escenas que, aunque parece superflua captura la atmosfera de la época y la irrealidad surrealista de Weimar. Es de mañana en la prisión. Llega Gennat vestido de negro y rodeado de otros funcionarios, todos de negro. Se reúnen en el patio sobre un cadalso. Los espera la alcaide también de luto. Abren un estuche que parece de instrumento musical, pero contiene un hacha como la usada para decapitar a Ned Stark. Se prepara una ejecución.

Las presas se asoman a las ventanas enrejadas. Lideradas por la Dra. Stalina (Jordis Triebel), se quitan los zapatos y golpean los barrotes. Es una protesta, pero también una marcha fúnebre.

Traen a la acusada a rastras. Viste un camisón blanco. se lee la sentencia. Ilse Kramer es condenada a perder su cabeza por haber matado a su marido y a su hijo. La mujer grita, pide piedad, se abraza a los pies de la única hembra.


presente. Es todo tan tenebroso, tan…patriarcal. Una mujer debería ser condenada y castigada por sus pares. La hacen tenderse boca abajo sobre una tabla, la sujetan y…¡pum! rueda su cabeza.

La decapitación fue la pena capital en Alemania hasta 1949 (En la Alemania del Este continuó siendo usada hasta 1966). Es un método más rápido e indoloro que la silla eléctrica, el fusilamiento, la horca y la cámara de gas, pero igual es un espectáculo macabro. Sobre todo, para Greta, que observa desde una ventana. Ya sabe que su juicio acabará ahí en el cadalso.

Gereon se las arregla para llegar a tribunales y aunque hace contacto visual con la enjuiciada no puede hablar con ella. Descubrimos que Greta si declaró la verdad. Como Fritz la había engañado para poner la bomba bajo el escritorio del Consejero Benda y como ella descubrió que era nazi y estaba vivo.

Llaman a declarar a Frau Benda quien llega enlutada y cubierta con un tupido velo. Cuando la interrogan sobre las convicciones políticas de la acusada. Irmgard acusa a Greta de ser “una enviada del Diablo” que abusó del cariño y de la confianza de los Benda.

Tras su declaración, Frau Benda y Gereon se encuentran a solas. La viuda le recuerda su promesa de encontrar a todos los culpables, pero está difícil. Todos los documentos sobre el caso Benda están sellados por orden del consejero Wendt (Benno Fuhrmann), el personaje más siniestro de la serie.

Gereon no quiere solicitar permiso de Wendt para ver los archivos así que pasa por encima del Oberst y se va a ver a Zorgieeil (Thomas Thieme). Pero ya Wendt está haciendo pasar a Zorgiebel un mal rato. El atentado contra Benda no ha calmado los ánimos de la izquierda que sigue clamando justicia por los abusos policiaco en las protestas de mayo 1. Ahora Hans Litten (un personaje real), un abogado comunista, ha puesto una querella en contra de Zorgiebel. Wendt le pide a su superior que renuncie para evitar más bochornos sobre el cuerpo de policía berlines.

Es inaudito, la izquierda y la derecha se hacen piña para acabar de patear en el trasero a un individuo poderoso, pero débil. ¿Me recuerda a…¿Estará Tatán Piñera recibiendo visitas como esta?

Cuando Rath consigue hablar con Zorgiebel, el anciano está al borde de la apoplejía. Pero a pesar de su odio por Wendt se rehúsa a pasar por encima de la autoridad del coronel para permitir que Gereon vuelva a interrogar a Greta. Weimar no solo cayó por culpa de los Nazis, también hicieron su parte los demócratas cobardes.

Finalmente, Rath va en busca de Wendt y lo encuentra con sus Minions tomando el postre al fresco. Wendt es muy cortes, le dice a Gereon que él cree (mentira) que Benda fue asesinado por los rojos, que a Greta se la vio en compañía de bolcheviques, que es mejor cerrar este caso. Le cuenta a Gereon que Hans Litten va a demandar (apoyado por la prensa) a Zorgiebel. Aconseja al inspector que no apueste al caballo perdedor.

Wendt tiene razón. En 1929, Zorgiebel y Weimar son caballos cojos, pero quince años más tarde las posturas que Wendt defiende serán caballos perdedores también.

Aunque existió un Hans Christian Wendt que en 1929 se encargó de crear células nazis en Berlín, no es en el que el Oberst está basado. A pesar de que sus métodos y antisemitismo lo acercan a los nazis, Wendt no un Nacional Socialista. Es importante recordarlo porque en este cuento hay muchos villanos y no todos llevan camisas pardas.

Sin embargo, en este episodio conocemos a un nazi bona fide. No una rata pichiruche como Fritz, sino uno que es dueño de caballos y usa chamarra de cuero y habla del Partido en términos de incipiente fuerza política. Además, tiene a Fritz (ahora se llama “Richard”) cuidando de sus caballitos. 

El nazi al que solo conocemos como “El Teniente” (Hanno Koffler) tiene una amistosa competencia ecuestre con Wendt, hay un intercambio jocoso entre ellos propio de  esa camaradería entre oficiales tan común en el mundo prusiano, pero a solas El Teniente es todo business.Le molesta que Greta siga acusando,  desde el estrado,  a los nazis de haber matado a Benda. No quiere que El Partido sea ensuciado públicamente. “No vamos a permitir que una criadita necia sea un obstáculo”.

 De ahí pasa a la amenaza, si Wendt no la ataja, los nazis no volverán a ayudar a los extremistas que el coronel representa. “Una mano lava a la otra” dice con sonrisa de tiburón. Esa es la cuarta línea argumental.

La quinta subtrama es por supuesto el crimen de Betty Winter. Revisando la grabación del asesinato, Gereon nota que una de las coristas de la víctima mira hacia arriba en vez de al cadáver como las demás. Se trata de Tilly Brooks (Gloria Endres de Oliveira), una bostoniana cuyo verdadero nombre es Matilda Spielman. Se la manda a buscar y ahí la reconocemos o al menos ella reconoce a Gereon. Es la gringuita con la que se besuqueó en el Bar Pepita, la noche en que El Armenio secuestró a Rath.

Tilly parece más interesada en continuar su relación con el inspector que en rendir declaración así que Gereon se la encaja a Charlotte. Tilly dice haber visto un fantasma y hace un retrato hablado del asesino. Lo que hemos visto, un encapuchado con capa y una media en la cara. Tilly también le chismea a la detective Ritter que Betty y su marido peleaban mucho por causa de Hollywood. La actriz quería irse a USA y a su marido no le parecía. Una vez, según Tilly, se liaron a golpes en el camerino.

Entretanto se ha traído al electricista Peter Geller solo para descubrir que no es Peter Geller o peor que el electricista en realidad se llamaba Félix Kemprin. Esto se consigue gracias a los Fanboy policías que hasta tienen una foto del equipo de filmación. Es ahí donde Peter Geller reconoce a su colega Kemprin.

Gereon va em busca de Kemprin, pero este huye. Se desata una búsqueda frenética que nos recuerda que a la par de ser Noir y drama histórico, “Babylon Berlin” es una serie de acción. Mientras Kemprin corre por las calles de Berlín, Gereon lo persigue chocando con vehículos y aves de corral enjauladas. Finalmente se cuelga de un camión y lo ataja.

 Lleva al sujeto al auto y lo esposa. Inicia la interrogación. El electricista confiesa haber sido contratado por alguien para sabotear la producción, pero jura que nunca ha asesinado a nadie y que jamás hubiese matado a Betty (otro fanboy).Gereon no se da cuenta que otro auto ha estacionado a su costado (double parking, en NY lo harían picadillo). Rath pregunta la identidad de quien contrató a Félix. Este pone cara de terror. Ahí Gereon se da cuenta del vehículo a su costado.

 No alcanza a reaccionar porque una bala acaba con la vida de Kempirin. El inspector no puede salir del vehículo para perseguir al encapuchado que fue quien disparó. por un lado, Rath es bloqueado por el auto, por otro por el cadáver. Cuando por fin el auto se marcha, el encapuchado ha desaparecido.

En dos capítulos me queda claro, que el meollo de esta historia no es la muerte de Betty Winter, lo único que han conservado del libro The Silent Death, sino la atmosfera de época, la inclusión de personajes reales, la amena lección histórica,  sea sobre la política de Weimar o el cine expresionista. Todo eso enriquece la serie.

Estoy tan lista para el panegírico como Kathryn van Arendonk que en las muchas alabanzas al show en Vulture lo ha calificado como “políticamente resonante, pero históricamente distante”. Esa es la clave para un buen period piece: sentir que estamos en un pasado que ya no existe, aunque haya paralelos con políticas o ideologías presentes.

Nota Musical: El tema que Esther Kasabian escucha es cantado por Meret Becker, la actriz que interpreta a la mujer del Armenio. Yo creí que era un tema de los 30, pero es un original que ha sabido capturar el tono de las baladas Weill-Lenya a la perfección.



martes, 17 de marzo de 2020

Babylon Berlin 3x01: Muerte en el Set



Pensaba que, para una tercera entrega, ya no se me haría tan interesante, que, con el culto a la mediocridad del momento, su calidad habría bajado, me equivoqué. Sigue tan atrapante como siempre. Nuevos crímenes, nuevos personajes, un reencuentro con viejos amigos y un paso cada vez más cerca de la debacle que marcaría a Alemania en el Siglo XX.

Tuve que verla dos veces porque el ritmo es tan acelerado que uno se pierde detalles. No es que haya muchas novedades o personajes sin presentar, es el modo en que se narra la historia. Comienza con un sueño que Gereon (Volker Bruch) tiene en septiembre de 1929. Al final descubrimos que es una pesadilla metafórica provocada por la caída de Wall Street y el colapso económico que llega a Alemania.

De ahí retrocedemos cinco semanas antes. A pesar de que ya no hay saltos cronológicos, cada escena se ocupa de personajes diferentes y eso ayuda a mantener el misterio. Solo al final descubrimos las conexiones de El Armenio (Mikel Matisevic) con Walter Weintraub (Roland Zehrfel) y el filme de la UFA cuya protagonista ha sido asesinada. Interesante fue presentar paralelamente el examen de criminología de Charlotte Ritter (Liv Lisa Friels) y el modo en que el método sobre el que diserta es aplicado por Gereon y su equipo para la primera investigación del accidente de Betty Winter que, todo indica, fue asesinato.

La trama principal está situada en los estudios de Babelsberg, en Potsdam. Los estudios más antiguos del mundo (y donde hoy se filman series como “Babylon Berlin”) entonces eran el centro del cine expresionista alemán. De ahí saldrían famosos directores como Fritz Lang, Murnau y Josef von Sternberg. A fines de 1929, el cine mundial estaba viviendo una revolución con la llegada del sonido.

De eso se trata la escena en que Betty Winter (la cantante polaca Natalia Mateos) entona una canción rodeada de un coro de andróginos danzantes. Solo que no se acaba de grabar la escena. Un reflector gigante aterriza en la cabeza de la actriz quien muere en el acto. Antes de llamar a la policía, el director da aviso al Armenio. ¿Por qué?  Pues porque Edgard y su socio Walter Weintraub, que acaba de salir de la cárcel, han invertido una gran cantidad de dinero en ese filme. 

El Armenio le explica a Weintraub que desde su inicio la filmación ha sido perseguida por la mala suerte: accidentes, un incendio y ahora esta muerte. Edgard ha limpiado el set para que la policía no encuentre pistas de que no fue un accidente, lo que pararía el filme y los dejaría en la ruina, pero ya Gereon sospecha que hay algo raro en todo este asunto.


Para mayor incomodidad de El Armenio, cosas raras están ocurriendo en el Moka Efti. Una explosión hizo estallar las tuberías y la pista de baile se inundó. Pero esto no parece preocupar a Weintraub, cuyas prioridades incluyen a Vera (Caro Cult), su amante, que lo espera a la puerta de la cárcel y Esther (Meret Becker), que lo espera en casa. Aunque lo más importante para el gánster es un saco que, apenas salido de prisión, se fue a desenterrar de un bosque cercano.

Gereon sigue viviendo con Helga (Hannah Herzprung) y el sobrino, aunque lo vemos durmiendo en el sofá y no comparte el desayuno con ellos. Aun así, Helga va al ginecólogo. Descubrimos que, en la Alemania de Weimar, las pruebas de embarazo no se hacían con conejas sino con ratitas.

Vemos a Alfred Nyssen (Lars Eidinger). Su industria va viento en popa. Frau Nyssen decide solicitar una fuerte suma prestada por inversionistas americanos porque hay un boom económico. El único que no se traga ese cuento es su hijo. Está en manos de un psiquiatra que lo ha diagnosticado como maniacodepresivo, pero donde él ve señales de obsesiones maniáticas es en ese falso auge económico. Lo adjudica a alguna triquiñuela judía y acaba diciendo ‘Es hora de recobrar nuestro dinero y nuestro país”.

Esa es la grandeza de esta serie, su capacidad de traducirnos la historia sin uniformes nazis, sin discursos izquierdosos. El borde del abismo está ahí en esa ilusoria bonanza económica, en ese país donde los psiquiatras ejercen el poder sobre los poderosos, donde Lotte y su hermanita hacen karaoke al son de una canción feminista que solicita que se acabe con los hombres. Esa Alemania donde Gereon puede referirse a un sospechoso como queer (aun ante policías) sin que suene a peyorativo o a homofobia, como algo natural en un espacio donde la República de Weimar buscaba despenalizar la homosexualidad y los gays no ocultaban ya su orientación sexual.

Por supuesto que nuestra gran duda es que sucedió luego que Gereon reconoció que el Dr. Schmidt (Jens Harzer) era su hermano. Pues eso lo sabemos al final del capítulo. En vez de regresar a su apartamento donde Helga lo espera, el inspector encuentra una puerta secreta en una columna de la calle y de ahí baja hacia los túneles que lo conectan con el sanatorio de Schmidt. No sabemos si bajo hipnosis, Gereon se somete a una terapia que parece la rutina de Jaqen H’rgar en la Casa de lo Blanco y Negro. Cada vez que responde con lo que el psiquiatra cree es mentira, el paciente recibe una cachetada.

La terapia es buena puesto que Rath ya no tirita ni necesita morfina, pero, por otro lado, hay un lavado de cerebro que impide que Gereon a) revele a Helga que no es viuda y b) que Gereon y Helga sean una pareja.  “Ella no es tuya” dice Schmidt “no puedes perder lo que nunca te ha pertenecido”.

Dejé para el final a Lotte. Es inspectora asistente. No puede ascender porque ha sido suspendida por tan solo una pregunta que no supo responder en su examen. Todo por culpa del “minucioso” Ulrich (luc Feit). Lotte le dice a Gereon que se la ha calificado mal por misoginia. Sin embargo, sus maestros, con la excepción de Ulrich la tienen en alta estima y este recibe un regaño donde se le acusa de ser “quisquilloso” con la alumna.

Aun sin ser “comisaria”, Lotte sigue asistiendo a Rath. Él le tiene plena confianza y respeta su opinión. Hay mucha química entre los actores y es obvio que los personajes se gustan. Se nota en una escena en que se encuentran en un ascensor y él le alisa el flequillo.

La vida de Lotte ha cambiado, tiene mejor vestuario, aunque en la escasez de vivienda de Berlín se ve obligada a compartir un estudio con otro inquilino. Lotte no lo conoce. Él duerme de día y trabaja de noche. Lotte y Toni llegan al apartamento y lo encuentran desordenado y sucio, ropa tendida, cama sin hacer, comida en la mesa, etc.. Aun así, ellas lo ordenan cantando felices. Están llenas de ilusiones. Desespera pensar lo que pueda sucederles.


El gran problema de Lotte es Greta (Leonie Benesch) quien a pesar de las veces que la policía la visita se niega a recibirla. Parece que no le ha perdonado su actitud condescendiente, ni sus mentiras (se refiere en el reporte a ella como “Comisaria Ritter”) ni su abandono en el momento en que más la necesitó.

Una nota sobre el entorno donde Rath-Ritter trabajan. Están bajo órdenes inmediatas de Ernst Gennat (Udo Samel), “El Buda”, un personaje que existió en la realidad. Bajo Rath todavía está el infaltable e invaluable Herr Graf (Christian Fiedel), el fotógrafo. También los Keystone Cops que esta temporada son tremendamente útiles porque se presentan como cinéfilos y fanboys de la difunta Betty Winter. Son ellos los que le cuentan a Gereon que Betty tuvo una oferta de Hollywood y la rechazó y como Tristán Rot, a pesar de ser gay, la amaba con locura.

La música es tremendamente importante en esta temporada. Comenzamos con un tema de 1926 Raus mit den Mannen (Saquen a los hombres) de Claire Waldoff. Mas allá de la letra, lo destacable es la voz aguardentosa y áspera que arrastra las ‘erres” que estaba muy de moda en Berlín entonces. Es un estilo que, con más sutileza, Marlene Dietrich traerá a Hollywood.

Abiertamente lesbiana y sospechosa de ser comunista, a Waldoff se le prohibió trabajar durante el Tercer Reich. Ella y su mujer Olga se ocultaron durante esa época en Baviera. Todo ese estilo descarado, con lenguaje irónico desaparecer’a, tal como ese tipo de voz será reemplazado en la Era Nazi por tonalidades más ‘femeninas”.

jueves, 12 de marzo de 2020

Las Telefonistas se Van a la Guerra: Como Netflix y Bambú Defecaron sobre la Memoria Histórica



Aunque ya hace rato que, por cursilona, telenovelera y mal escrita, le tiré la cadena a “Las Chicas del Cable” se me antojó ver esta última temporada. Aparte que quería ver como acababa la primera colaboración ibero-Netflix, el ver a las telefonistas metidas en la Guerra Civil me resultaba curioso. Quise ver si buscaban un enfoque diferente,  como lo ha hecho “Vidago Palace”.

¿En Dónde Quedamos y Adónde Vamos?
La Cuarta Temporada terminó en una trágica estampida. Lidia (Blanca Suarez) y su pandilla, acompañada de hombres fieles como Francisco (Yon González)  y Cristóbal Cuevas, fabrican un motín en la cárcel para rescatar a Oscar-Sara (Ana Polvorosa) que va camino al cadalso. El plan resulta, pero cobra una víctima, Ángeles (Maggie Civantos), que se desangra lentamente, tiempo que le permite hacer una arenga, revelar que ella es El Mirlo, y rogarles a todos que velen por su hija.
Angeles muere haciendo tetulia

Tras esto, Lidia y Eva emprenden la huida a America, para poner tierra de por medio entre la niña y su débil padre y manipuladora abuela. Nos imaginamos que Sara y Carlota (Ana Fernández) también emprenderán el vuelo y el resto …bueno, ya lo veremos en la próxima temporada

La Temporada 5 abrió, con solo cinco capítulos, el día de San Valentín. Una ironía puesto que,  aparte de Oscar y Carlota,  aquí no hay romances que valgan. ¿Pero qué vale en “Las Chicas del Cable”?  La historia inicia en Nueva York a comienzos del ’39, el último año de la guerra. Al final, Lidia se fue con Francisco. Viven juntos (ni sabemos si están casados) con Eva y con Sofia (Denisse Peña), porque en algún momento falleció la abuela de la niña y esta ha sido adoptada por Lidia.

Al final de la guerra, a Miss Sofia le apetece ir a unirse a las milicianas y huye a España. Lidia recluta las Chicas del Cable y se reúne con ellas en Madrid. Carlota y Oscar acaban de llegar de Paris y dicen ser periodistas. La gestoría de Pablo y Marga ha sido tragada por la guerra y ahora ellos trabajan en la oficina de Censura y Prensa que está instalada en lo que queda del edificio de la Telefónica.
Reunión de telefonistas

Las chicas se ponen a buscar a Sofia. Cuentan con la ayuda de Victoria que se ha convertido en la dueña de un bar de postín y jefa de una red de estraperlo que opera desde Portugal (¡Viva Victoria!) y un periodista yanqui, llamado James Lancaster (Alex Hefner). Pero le sale al camino el coronel Carlos Cifuentes (Martiño Rivera) lleno de rencor contra Lidia porque se fue con Francisco. Se las arregla para alejarla de Sofia y la chantajea exigiéndole que le devuelva a Eva.

“Las Chicas del Cable” sigue en un limbo histórico y continúa cometiendo los errores estilísticos y argumentales que la han convertido en un entretenimiento barato. Sus fans pueden esperarse su dosis de situaciones inverosímiles (Lidia va donde quiere, atropella vallas del ejército republicano, e interrumpe reuniones de alto mando) y de diálogos clichés.

Lo bueno se puede resumir en que las chicas siguen guapísimas, muy bien vestidas y eso que estamos en medio de una guerra y Francisco por fin se cortó el cabello. Fuera bromas, los bombardeos de Madrid también están bien hechos, aparte de eso…

¿Hubiera costado mucho crear un mínimo de trasfondo y backstory? ¿A qué se dedican Lydia y Francisco en Nueva York? ¿De qué viven?  Lidia llora y aúlla que le devuelvan a Sofia, pero no tenemos ni un flashback de su relación que debería ser muy intensa puesto que esta mujer ha cruzado el Atlántico y se ha adentrado en zona de peligro para buscar a alguien que ve como hija. El problema es que la Perséfone no está al nivel de su Deméter. Sofia no parece extrañar a su madre adoptiva y está muy cómoda en su nuevo entorno miliciano.
Sofía en unas milicias que ya no existían

La Meteorología y Otros Disparates
Luego tenemos un problema cronológico y estacional. La serie comienza con Lidia caminando por una calle neoyorquina vestida con un traje de material ligero con blusa con escote en V. Como neoyorquina les puedo decir que eso puede usarse solo en otoño o primavera. Pero estamos en 1939, en vísperas de la Caída de Madrid lo que ocurrirá el 28 de marzo.

Eso,  desde un punto de vista estacional, tuvo lugar siete días de iniciada la primavera. Entonces deducimos que la acción tiene lugar un par de semanas antes de ese punto. Conclusión, la acción tiene lugar en invierno. No sé cómo será en España, pero en Nueva York el clima invernal dura hasta mediados de abril. Suelen haber grandes nevadas al comienzo de marzo a las que siguen fuertes lluvias y un viento gélido, los famosos “Winds of March”. Pero la serie nos enseña una Nuevo York soleada, seca y a Lidia muy despechugada en un traje de media estación.
¿Calentamiento global en el 39?

La descripción meteorológica sigue errando al otro lado del Atlántico. Un constante en las narrativas de la Guerra Civil era el frio que se sufría en los inviernos madrileños a causa de la falta de leña y ropa de abrigo, pero ahí tenemos a todas paseándose sin gabardina ni sombrero y a Marga (Nadia de Santiago) de manga corta y quejándose del calor.
Madrid y su caluroso invierno

 No digo más porque el vestuario sigue siendo uno de los fuertes de la serie tal como el maquillaje de Blanca Suarez a la que no se le corre el pintalabios ni cuando se manda esos discursos moralistas tan fuera de lugar en una mujer que es una delincuente de cabo a rabo, casi tan manipuladora, y usa-gente como su suegrita. ¿Además, si fuera tan fantástica Lidia porque su hija adoptiva ha preferido abandonar Nueva York (que era muy entretenido para los jóvenes de ese año) para irse de miliciana?

No me digan que una quinceañera neoyorquina (más encima con problemas cardiacos) iba a tener conciencia política. La misma Marga se sorprende al ver que Sofia tenía en su poder un panfleto para unirse a las milicias. “¿Como llegó esto a sus manos? “pregunta Marga. Pues posiblemente en el bolsillo de algún brigadista.  ¿Y cómo es que (algo que se pregunta hasta esta bloguera fan de la serie) una adolescente iba a viajar sin pasaporte ni permiso de los padres?

Además, que… ejem, tal como Las Brigadas Internacionales (que habían sido desmanteladas el verano del 38) las milicias ya no existían en 1939. Otra cosa, la serie no nos muestra ni a los moros en el bando rebelde ni a los rusos cuyo dominio sobre el gobierno había sido causa de enfrentamientos entre políticos republicanos.

Incluso a nivel periodístico, quedaban pocos corresponsales extranjeros en Madrid. Martha Gellhorn había seguido a Hemingway a China. Virginia Cowles se había ido a cubrir la crisis de Checoslovaquia. De hecho, la mayoría de los periodistas ese invierno del 39 ya estaban en otros frentes. Tal vez Robert Capa todavía estaba en el Hotel Florida en la Calle Callao. Ciertamente el fotógrafo James Lancaster no se parece en nada a Capa, ni a los otros periodistas que Alida Vaill nos presentase en su fantástico Hotel Florida A pesar de que el Hotel Pacifico donde paran James y las Chicas del cable se supone que es el Florida.

Haber elegido un momento tan significativo como ese último invierno del conflicto hace más evidente la falta de atmósfera, ¡qué digo atmósfera! La ignorancia de los productores es evidente. Madrid estaba a un paso de caer. Todas esas faramallas de “mandar gente al frente” en camiones es grotesca. El frente ya estaba casi dentro de la zona urbana de la capital.

En marzo, unas semanas antes de rendirse, en Madrid, estalló una mini guerra civil entre comunistas y moderados, ganando estos últimos. No solo no se menciona este importante episodio, pero esa sensación de derrotismo, angustia y división está ausente de una serie que sería considerada apolítica sino fuera tan feminoradical.

Ni Política Ni Feminista
Y eso lo confirma la productora de Bambú,  Teresa Fernández Valdés,   que dice que no busca hacer política ni tampoco es “oportunista” en lo de su mensaje feminista. ¡Ay no me hagas reír, Teresa, que tengo los labios partidos! Si no pierden oportunidad de embutir sus discursos mituteros, y no meterse en política no significa parodiar un evento trágico que costó vidas en ambos bandos. O como ha dicho Raquel Hernández Lujan en el sitio HobbyConsolas:

Está claro que se trata de una ficción, pero quizás por esa razón habría sido más respetuoso no internarse en el terreno de la Guerra Civil para desarrollar un culebrón tan ridículo, frívolo y pretencioso con la cargante voz en off del personaje de Lidia (Blanca Suárez) como hilo conductor.

Tal vez tenga razón Laura García Higueras que dice que la serie no es feminista. Cierto, que haya mujeres en sus papeles principales no la hace feminista, tampoco el que las telefonistas cifren todos sus actos en sus parejas o familias. Lidia que no necesita del amor, pero sí de los hombres para encontrar a Sofia; Marga que vive preocupada por su Pablo (que le importa más que el hijo que espera) y hasta Carlota parece estar más deslumbrada por el tal James que por el pobre Oscar.

No es que me moleste que una serie no sea feminista (si, si fuese misógina). Yo también creo que el amor, la amistad y la familia son factores determinantes en nuestras acciones en tiempos de crisis, pero me resulta graciosa una serie donde las mujeres se la pasan chillando “¡no te necesito!” “¡me las puedo sola!”  “¡lárgate!” y luego corren donde los hombres para exigirles que las saquen de apuros y sin un mero “Gracias”.
¡Por eso me meto en cada lío!

A pesar de todos los aullidos de que los fascistas son malos, ninguna de las Chicas del Cable es realmente republicana.  Ni siquiera Carlota que era la metida en política. Hay que reconocer que esa falta de ideología permite presentar el lado feo de la Republica.

Al descender del avión, Lidia ve como un miliciano golpea prepotentemente a un pasajero; Sofia es testigo del asesinato, sin mediar juicio, de un prisionero nacionalista; James es torturado en la Checa de Bellas Artes (la misma donde estuvo prisionera la Duquesa de la Victoria), Marga anda auxiliando seminaristas que se salvaron del “paseo” y llevan años ocultos en ruinas, y con oficiales como Carlos bien se entiende que los republicanos hayan perdido la guerra.

Aparte de los errores históricos graves (el road movie de Carlos y Lydia por zona enemiga sin que nadie los detenga, tan campantes como Messi en la cancha de futbol, es para desternillarse de la risa), la serie abraza una postura de “yo primero, y que la ideología se vaya a la porra”. Como dice Carlos “lo importante es sobrevivir”. A pesar de que Lidia le ponga cara de fuchi ni ella ni su pandilla demuestran  lealtad por ninguna causa.

Y Nacen las Fake News
 Luego tenemos al pobre Oscar clamando en el desierto por la ética periodística, pero James la deja callada con una extraordinaria explicación de por qué las fake news son justas y necesarias. Ejem. Eso ha indignado hasta una bloguera gringa, pero lo que más tristeza me ha dado de su post ¡es que se ha creído que las chekas las manejaba Franco! Ahí caes que la serie esta tan mal narrada que ya ni sabes de que bando se trata ni cual es culpable de tal y tal disparate (ya lo corrigieron). O como dijo Maria Alba en Espinoff.

Y todo, envuelto en un atrezo de cartón piedra que simula una contienda bélica y que resulta bastante naíf si se compara con otras recreaciones televisivas y cinematográficas de la Guerra Civil. Hacen falta algo más que polvo, unos cristales rotos y unos sacos de arena a los lados de la calle para recrear el avance y la victoria del bando nacional en Madrid, en 1939.

El nivel del ejército republicano no solo tiene su peor exponente en Carlos. La arrojada miliciana Sofia y el soldado a regañadientes Pablo (Nico Romero) caen prisioneros en su primer día en batalla. A Pablo le toca en suerte que quien lo coge prisionero es su gemelo Julio. Háblenme del cliché de “guerra fratricida”.

¿Pero qué vamos a decir de una serie sobre la Guerra Civil donde los párrocos de pueblo ocultan Rojos y los Franquistas matan curas? Parece que los escritores se leyeron el manual de historia al revés. Y aun así no he oído reclamos. Los abogados de la Memoria Histérica no dicen ni pio sobre esta guerra que parece película de Abbot y Costello. Les dejo esta video-reseña que les explicara mejor la masacre que se ha hecho con el pasado.

¿Y por qué van a quejarse si la serie ahora rinde culto al nuevo dios de la progresía, el Faux Feminismo Mitutero?. Y ahí tenemos a Lydia, la Suma Sacerdotisa, siempre dando sermones y discursos incluso como narradora off camera. Ella la que pasa por encima de los ejércitos Republicanos y “Sublevados” como les llama la serie y no se le arruga el vestido. SPOILER: al final cae en manos de Doña Carmen (Concha Velasco), otra irrompible, y espero que reciba algún sopapo de la suegra antes que venga a rescatarla la Mujer Maravilla

¿Y las demás? Pues típicas MeToo egoístas, enojonas, atolondradas. Lo que le dice Oscar a Carlota “últimamente solo piensas en ti” se podría aplicar a todo el Team de la Telefónicas. Eso si cuando necesitan ayuda lo más bien que recurren a los hombres, sea el pobre Isidro, James y hasta Carlos. Pero ellas siguen siendo ingratas con sus salvadores.

Hasta el pobre Oscar,  como viste pantalones y es “racional”,  ha caído en desgracia. Carlota siente que se sofoca menos y es mejor periodista con James que con su pareja. ¿O sea, Carlotita tu desde el capítulo uno que ni te has interesado por las noticias y de pronto te baja el antojo de irte a cubrir el frente con el gringo? ¿No será porque lo viste encuerado?

Sin querer dar spoilers, pero el capítulo 5 es el más despelotado. Ya raya en caricatura de Hannah-Barbera. Francisco llega en vísperas de la caída de Madrid en un vuelo trasantlatico (¿de Lufthansa? Porque LAPE, hoy Iberia, ya tenía cortada todas sus vías) y en dos segundos está en Valladolid en tremendo automóvil,  comprando soldados y arreglando fugas.

Por un par de décadas el bando vencedor se ha quejado de lo que cineastas progres han hecho con sus soldados retratándolos como violadores, asesinos y torturadores. Bueno, en “Las Chicas del Cable” son unos mamertos a los que cualquiera les arrebata el arma. Una cría como Sofia desarma y mata a su guardia; Pablo, que ni sabia disparar mata a un alférez, y Marga le arrebata el revolver a un oficial en un cuarto lleno de militares franquistas.



Y bien dice el coronel Salgado que es misericorde porque fue realmente generoso dejar ir tan tranquila a una histérica que, tras robar el arma, dispara, se manda un discurso faccioso y lo apunta con intención de matarlo. Y también Salgado pudo violar, matar o incluso humillar públicamente a Oscar-Sara, pero lo único que hizo fue obligarla a ponerse un vestido.
Oscar obligado a volver a ser Sara

Ustedes dirán “pero Malena como eres de dura si tu amas “Gossip Girl” que es la irrealidad en tacones chinos”. Cierto, pero GG nunca ha pretendido ser una serie “histórica” ni fue hecha en un país donde la historia de la Guerra Civil es tan importante que se profanan tumbas en su nombre.

Desde que abrí mi primer blog, dedicado a la política y frecuentado por muchos españoles, que he oído de la importancia (incluso como materia escolar) de la Memoria Histórica y como el tema es parte de la españolidad de este milenio. Por eso duele leer lo que Raquel Hernández Lujan ha dicho sobre la serie: “roza en lo sonrojante que sea esta la serie que sirva de bandera fuera de nuestro país”.