martes, 17 de marzo de 2020

Babylon Berlin 3x01: Muerte en el Set



Pensaba que, para una tercera entrega, ya no se me haría tan interesante, que, con el culto a la mediocridad del momento, su calidad habría bajado, me equivoqué. Sigue tan atrapante como siempre. Nuevos crímenes, nuevos personajes, un reencuentro con viejos amigos y un paso cada vez más cerca de la debacle que marcaría a Alemania en el Siglo XX.

Tuve que verla dos veces porque el ritmo es tan acelerado que uno se pierde detalles. No es que haya muchas novedades o personajes sin presentar, es el modo en que se narra la historia. Comienza con un sueño que Gereon (Volker Bruch) tiene en septiembre de 1929. Al final descubrimos que es una pesadilla metafórica provocada por la caída de Wall Street y el colapso económico que llega a Alemania.

De ahí retrocedemos cinco semanas antes. A pesar de que ya no hay saltos cronológicos, cada escena se ocupa de personajes diferentes y eso ayuda a mantener el misterio. Solo al final descubrimos las conexiones de El Armenio (Mikel Matisevic) con Walter Weintraub (Roland Zehrfel) y el filme de la UFA cuya protagonista ha sido asesinada. Interesante fue presentar paralelamente el examen de criminología de Charlotte Ritter (Liv Lisa Friels) y el modo en que el método sobre el que diserta es aplicado por Gereon y su equipo para la primera investigación del accidente de Betty Winter que, todo indica, fue asesinato.

La trama principal está situada en los estudios de Babelsberg, en Potsdam. Los estudios más antiguos del mundo (y donde hoy se filman series como “Babylon Berlin”) entonces eran el centro del cine expresionista alemán. De ahí saldrían famosos directores como Fritz Lang, Murnau y Josef von Sternberg. A fines de 1929, el cine mundial estaba viviendo una revolución con la llegada del sonido.

De eso se trata la escena en que Betty Winter (la cantante polaca Natalia Mateos) entona una canción rodeada de un coro de andróginos danzantes. Solo que no se acaba de grabar la escena. Un reflector gigante aterriza en la cabeza de la actriz quien muere en el acto. Antes de llamar a la policía, el director da aviso al Armenio. ¿Por qué?  Pues porque Edgard y su socio Walter Weintraub, que acaba de salir de la cárcel, han invertido una gran cantidad de dinero en ese filme. 

El Armenio le explica a Weintraub que desde su inicio la filmación ha sido perseguida por la mala suerte: accidentes, un incendio y ahora esta muerte. Edgard ha limpiado el set para que la policía no encuentre pistas de que no fue un accidente, lo que pararía el filme y los dejaría en la ruina, pero ya Gereon sospecha que hay algo raro en todo este asunto.


Para mayor incomodidad de El Armenio, cosas raras están ocurriendo en el Moka Efti. Una explosión hizo estallar las tuberías y la pista de baile se inundó. Pero esto no parece preocupar a Weintraub, cuyas prioridades incluyen a Vera (Caro Cult), su amante, que lo espera a la puerta de la cárcel y Esther (Meret Becker), que lo espera en casa. Aunque lo más importante para el gánster es un saco que, apenas salido de prisión, se fue a desenterrar de un bosque cercano.

Gereon sigue viviendo con Helga (Hannah Herzprung) y el sobrino, aunque lo vemos durmiendo en el sofá y no comparte el desayuno con ellos. Aun así, Helga va al ginecólogo. Descubrimos que, en la Alemania de Weimar, las pruebas de embarazo no se hacían con conejas sino con ratitas.

Vemos a Alfred Nyssen (Lars Eidinger). Su industria va viento en popa. Frau Nyssen decide solicitar una fuerte suma prestada por inversionistas americanos porque hay un boom económico. El único que no se traga ese cuento es su hijo. Está en manos de un psiquiatra que lo ha diagnosticado como maniacodepresivo, pero donde él ve señales de obsesiones maniáticas es en ese falso auge económico. Lo adjudica a alguna triquiñuela judía y acaba diciendo ‘Es hora de recobrar nuestro dinero y nuestro país”.

Esa es la grandeza de esta serie, su capacidad de traducirnos la historia sin uniformes nazis, sin discursos izquierdosos. El borde del abismo está ahí en esa ilusoria bonanza económica, en ese país donde los psiquiatras ejercen el poder sobre los poderosos, donde Lotte y su hermanita hacen karaoke al son de una canción feminista que solicita que se acabe con los hombres. Esa Alemania donde Gereon puede referirse a un sospechoso como queer (aun ante policías) sin que suene a peyorativo o a homofobia, como algo natural en un espacio donde la República de Weimar buscaba despenalizar la homosexualidad y los gays no ocultaban ya su orientación sexual.

Por supuesto que nuestra gran duda es que sucedió luego que Gereon reconoció que el Dr. Schmidt (Jens Harzer) era su hermano. Pues eso lo sabemos al final del capítulo. En vez de regresar a su apartamento donde Helga lo espera, el inspector encuentra una puerta secreta en una columna de la calle y de ahí baja hacia los túneles que lo conectan con el sanatorio de Schmidt. No sabemos si bajo hipnosis, Gereon se somete a una terapia que parece la rutina de Jaqen H’rgar en la Casa de lo Blanco y Negro. Cada vez que responde con lo que el psiquiatra cree es mentira, el paciente recibe una cachetada.

La terapia es buena puesto que Rath ya no tirita ni necesita morfina, pero, por otro lado, hay un lavado de cerebro que impide que Gereon a) revele a Helga que no es viuda y b) que Gereon y Helga sean una pareja.  “Ella no es tuya” dice Schmidt “no puedes perder lo que nunca te ha pertenecido”.

Dejé para el final a Lotte. Es inspectora asistente. No puede ascender porque ha sido suspendida por tan solo una pregunta que no supo responder en su examen. Todo por culpa del “minucioso” Ulrich (luc Feit). Lotte le dice a Gereon que se la ha calificado mal por misoginia. Sin embargo, sus maestros, con la excepción de Ulrich la tienen en alta estima y este recibe un regaño donde se le acusa de ser “quisquilloso” con la alumna.

Aun sin ser “comisaria”, Lotte sigue asistiendo a Rath. Él le tiene plena confianza y respeta su opinión. Hay mucha química entre los actores y es obvio que los personajes se gustan. Se nota en una escena en que se encuentran en un ascensor y él le alisa el flequillo.

La vida de Lotte ha cambiado, tiene mejor vestuario, aunque en la escasez de vivienda de Berlín se ve obligada a compartir un estudio con otro inquilino. Lotte no lo conoce. Él duerme de día y trabaja de noche. Lotte y Toni llegan al apartamento y lo encuentran desordenado y sucio, ropa tendida, cama sin hacer, comida en la mesa, etc.. Aun así, ellas lo ordenan cantando felices. Están llenas de ilusiones. Desespera pensar lo que pueda sucederles.


El gran problema de Lotte es Greta (Leonie Benesch) quien a pesar de las veces que la policía la visita se niega a recibirla. Parece que no le ha perdonado su actitud condescendiente, ni sus mentiras (se refiere en el reporte a ella como “Comisaria Ritter”) ni su abandono en el momento en que más la necesitó.

Una nota sobre el entorno donde Rath-Ritter trabajan. Están bajo órdenes inmediatas de Ernst Gennat (Udo Samel), “El Buda”, un personaje que existió en la realidad. Bajo Rath todavía está el infaltable e invaluable Herr Graf (Christian Fiedel), el fotógrafo. También los Keystone Cops que esta temporada son tremendamente útiles porque se presentan como cinéfilos y fanboys de la difunta Betty Winter. Son ellos los que le cuentan a Gereon que Betty tuvo una oferta de Hollywood y la rechazó y como Tristán Rot, a pesar de ser gay, la amaba con locura.

La música es tremendamente importante en esta temporada. Comenzamos con un tema de 1926 Raus mit den Mannen (Saquen a los hombres) de Claire Waldoff. Mas allá de la letra, lo destacable es la voz aguardentosa y áspera que arrastra las ‘erres” que estaba muy de moda en Berlín entonces. Es un estilo que, con más sutileza, Marlene Dietrich traerá a Hollywood.

Abiertamente lesbiana y sospechosa de ser comunista, a Waldoff se le prohibió trabajar durante el Tercer Reich. Ella y su mujer Olga se ocultaron durante esa época en Baviera. Todo ese estilo descarado, con lenguaje irónico desaparecer’a, tal como ese tipo de voz será reemplazado en la Era Nazi por tonalidades más ‘femeninas”.

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