jueves, 19 de marzo de 2020

Babylon Berlin 3x02: El Fantasma de Tilly Brooks



Para el segundo capítulo, ya tenemos establecidas las líneas argumentales.

El triángulo poliándrico de Helga y Los Hermanitos Rath va de mal en peor. En la mañana, a pesar de que Gereon insiste en que va retrasado a tribunales, Helga insiste en tener sexo. Preocupado y apurado, Gereon la toma violentamente y le hace daño. Es Helga quien interrumpe la sesión y pregunta si van a casarse. Gereon murmura afirmativamente pero no la convence. Su cuñada nuevamente presiente que es el recuerdo del difunto el que se interpone.

A solas, Helga se pone su mejor vestido y cloché y hace una llamada. Pronto la vemos en un lobby de un solitario, pero elegante hotel bebiendo café. Llega un camarero la llama ‘Frau Schwartz” y le pasa un sobre con una llave. Helga sube y usa la llave para ingresar a una exquisita suite donde la espera una cama, escritorio y una mesa con cigarrillos, pastelitos y otras golosinas. No sabemos si se encuentra on alguien en esa garçonniere, pero más tarde la vemos descontenta, de regreso en su piso, arrojando vasos al suelo.

Lotte recibe una visita de su hermana mayor. Tiene un derrame en un ojo (posiblemente provocado por el puño del marido). Dice que no tiene dinero para ver un médico puesto que la Dra. Volcker “Stalina”, que atendía gratis, está presa.

Pero Ilse no ha venido por esa razón. Consiguió ingresar a la cuenta de ahorros de la madre y encontró “solo 40 marcos”. Se alegra de que ni Lotte ni Toni quieran compartir esa misera herencia. También avisa a su hermana que una vecina tiene una carta de su madre, pero que solo puede entregársela a Lotte. Apura a Lotte de ir a buscarla porque ahí puede haber más dinero. ¡Que mujercita tan repugnante! Yo que la asistente de inspectora le pongo el otro ojo en compota.

Novedades en Casa del Armenio. Descubrimos que se apellida Kasabian, que Esther es su esposa, los niñitos del primer capítulo son sus hijos, y Weintraub es el amante de su mujer. Esther es muy desdichada. Antes de casarse fue una gran actriz y cantante, pero su marido le prohíbe subirse al escenario y ni siquiera le permite escuchar sus viejos discos.

Para colmo fue ella quien convenció al marido de su hermana, un banquero, que financiase la filmación de la película de Betty Winter. El banquero y su mujer vienen almorzar. En la mesa, el invitado ofende al Armenio y a Walter. Les recuerda que todo lo ha hecho por su cuñada, porque ella quería a su marido en un negocio honesto, pero que, si se descubre que hubo un asesinato, las aseguradoras no pagarán un centavo y se perderán dos millones de marcos, uno de los cuales pertenece al banco.

Edgard lo echa de su casa. Esther ahoga sus penas con opio vemos fotos de sus días de fama. En una está abrazada a un torero. Es Tristán Rot, el viudo de Betty Winter.

Edgar y Walter van a ver a Jo Bellman, el productor y con un poco de fuerza bruta lo convencen de continuar la filmación con otra actriz. Esa es la segunda subtrama.

La tercera subtrama es Greta. Comenzamos el capítulo con una de esas escenas que, aunque parece superflua captura la atmosfera de la época y la irrealidad surrealista de Weimar. Es de mañana en la prisión. Llega Gennat vestido de negro y rodeado de otros funcionarios, todos de negro. Se reúnen en el patio sobre un cadalso. Los espera la alcaide también de luto. Abren un estuche que parece de instrumento musical, pero contiene un hacha como la usada para decapitar a Ned Stark. Se prepara una ejecución.

Las presas se asoman a las ventanas enrejadas. Lideradas por la Dra. Stalina (Jordis Triebel), se quitan los zapatos y golpean los barrotes. Es una protesta, pero también una marcha fúnebre.

Traen a la acusada a rastras. Viste un camisón blanco. se lee la sentencia. Ilse Kramer es condenada a perder su cabeza por haber matado a su marido y a su hijo. La mujer grita, pide piedad, se abraza a los pies de la única hembra.


presente. Es todo tan tenebroso, tan…patriarcal. Una mujer debería ser condenada y castigada por sus pares. La hacen tenderse boca abajo sobre una tabla, la sujetan y…¡pum! rueda su cabeza.

La decapitación fue la pena capital en Alemania hasta 1949 (En la Alemania del Este continuó siendo usada hasta 1966). Es un método más rápido e indoloro que la silla eléctrica, el fusilamiento, la horca y la cámara de gas, pero igual es un espectáculo macabro. Sobre todo, para Greta, que observa desde una ventana. Ya sabe que su juicio acabará ahí en el cadalso.

Gereon se las arregla para llegar a tribunales y aunque hace contacto visual con la enjuiciada no puede hablar con ella. Descubrimos que Greta si declaró la verdad. Como Fritz la había engañado para poner la bomba bajo el escritorio del Consejero Benda y como ella descubrió que era nazi y estaba vivo.

Llaman a declarar a Frau Benda quien llega enlutada y cubierta con un tupido velo. Cuando la interrogan sobre las convicciones políticas de la acusada. Irmgard acusa a Greta de ser “una enviada del Diablo” que abusó del cariño y de la confianza de los Benda.

Tras su declaración, Frau Benda y Gereon se encuentran a solas. La viuda le recuerda su promesa de encontrar a todos los culpables, pero está difícil. Todos los documentos sobre el caso Benda están sellados por orden del consejero Wendt (Benno Fuhrmann), el personaje más siniestro de la serie.

Gereon no quiere solicitar permiso de Wendt para ver los archivos así que pasa por encima del Oberst y se va a ver a Zorgieeil (Thomas Thieme). Pero ya Wendt está haciendo pasar a Zorgiebel un mal rato. El atentado contra Benda no ha calmado los ánimos de la izquierda que sigue clamando justicia por los abusos policiaco en las protestas de mayo 1. Ahora Hans Litten (un personaje real), un abogado comunista, ha puesto una querella en contra de Zorgiebel. Wendt le pide a su superior que renuncie para evitar más bochornos sobre el cuerpo de policía berlines.

Es inaudito, la izquierda y la derecha se hacen piña para acabar de patear en el trasero a un individuo poderoso, pero débil. ¿Me recuerda a…¿Estará Tatán Piñera recibiendo visitas como esta?

Cuando Rath consigue hablar con Zorgiebel, el anciano está al borde de la apoplejía. Pero a pesar de su odio por Wendt se rehúsa a pasar por encima de la autoridad del coronel para permitir que Gereon vuelva a interrogar a Greta. Weimar no solo cayó por culpa de los Nazis, también hicieron su parte los demócratas cobardes.

Finalmente, Rath va en busca de Wendt y lo encuentra con sus Minions tomando el postre al fresco. Wendt es muy cortes, le dice a Gereon que él cree (mentira) que Benda fue asesinado por los rojos, que a Greta se la vio en compañía de bolcheviques, que es mejor cerrar este caso. Le cuenta a Gereon que Hans Litten va a demandar (apoyado por la prensa) a Zorgiebel. Aconseja al inspector que no apueste al caballo perdedor.

Wendt tiene razón. En 1929, Zorgiebel y Weimar son caballos cojos, pero quince años más tarde las posturas que Wendt defiende serán caballos perdedores también.

Aunque existió un Hans Christian Wendt que en 1929 se encargó de crear células nazis en Berlín, no es en el que el Oberst está basado. A pesar de que sus métodos y antisemitismo lo acercan a los nazis, Wendt no un Nacional Socialista. Es importante recordarlo porque en este cuento hay muchos villanos y no todos llevan camisas pardas.

Sin embargo, en este episodio conocemos a un nazi bona fide. No una rata pichiruche como Fritz, sino uno que es dueño de caballos y usa chamarra de cuero y habla del Partido en términos de incipiente fuerza política. Además, tiene a Fritz (ahora se llama “Richard”) cuidando de sus caballitos. 

El nazi al que solo conocemos como “El Teniente” (Hanno Koffler) tiene una amistosa competencia ecuestre con Wendt, hay un intercambio jocoso entre ellos propio de  esa camaradería entre oficiales tan común en el mundo prusiano, pero a solas El Teniente es todo business.Le molesta que Greta siga acusando,  desde el estrado,  a los nazis de haber matado a Benda. No quiere que El Partido sea ensuciado públicamente. “No vamos a permitir que una criadita necia sea un obstáculo”.

 De ahí pasa a la amenaza, si Wendt no la ataja, los nazis no volverán a ayudar a los extremistas que el coronel representa. “Una mano lava a la otra” dice con sonrisa de tiburón. Esa es la cuarta línea argumental.

La quinta subtrama es por supuesto el crimen de Betty Winter. Revisando la grabación del asesinato, Gereon nota que una de las coristas de la víctima mira hacia arriba en vez de al cadáver como las demás. Se trata de Tilly Brooks (Gloria Endres de Oliveira), una bostoniana cuyo verdadero nombre es Matilda Spielman. Se la manda a buscar y ahí la reconocemos o al menos ella reconoce a Gereon. Es la gringuita con la que se besuqueó en el Bar Pepita, la noche en que El Armenio secuestró a Rath.

Tilly parece más interesada en continuar su relación con el inspector que en rendir declaración así que Gereon se la encaja a Charlotte. Tilly dice haber visto un fantasma y hace un retrato hablado del asesino. Lo que hemos visto, un encapuchado con capa y una media en la cara. Tilly también le chismea a la detective Ritter que Betty y su marido peleaban mucho por causa de Hollywood. La actriz quería irse a USA y a su marido no le parecía. Una vez, según Tilly, se liaron a golpes en el camerino.

Entretanto se ha traído al electricista Peter Geller solo para descubrir que no es Peter Geller o peor que el electricista en realidad se llamaba Félix Kemprin. Esto se consigue gracias a los Fanboy policías que hasta tienen una foto del equipo de filmación. Es ahí donde Peter Geller reconoce a su colega Kemprin.

Gereon va em busca de Kemprin, pero este huye. Se desata una búsqueda frenética que nos recuerda que a la par de ser Noir y drama histórico, “Babylon Berlin” es una serie de acción. Mientras Kemprin corre por las calles de Berlín, Gereon lo persigue chocando con vehículos y aves de corral enjauladas. Finalmente se cuelga de un camión y lo ataja.

 Lleva al sujeto al auto y lo esposa. Inicia la interrogación. El electricista confiesa haber sido contratado por alguien para sabotear la producción, pero jura que nunca ha asesinado a nadie y que jamás hubiese matado a Betty (otro fanboy).Gereon no se da cuenta que otro auto ha estacionado a su costado (double parking, en NY lo harían picadillo). Rath pregunta la identidad de quien contrató a Félix. Este pone cara de terror. Ahí Gereon se da cuenta del vehículo a su costado.

 No alcanza a reaccionar porque una bala acaba con la vida de Kempirin. El inspector no puede salir del vehículo para perseguir al encapuchado que fue quien disparó. por un lado, Rath es bloqueado por el auto, por otro por el cadáver. Cuando por fin el auto se marcha, el encapuchado ha desaparecido.

En dos capítulos me queda claro, que el meollo de esta historia no es la muerte de Betty Winter, lo único que han conservado del libro The Silent Death, sino la atmosfera de época, la inclusión de personajes reales, la amena lección histórica,  sea sobre la política de Weimar o el cine expresionista. Todo eso enriquece la serie.

Estoy tan lista para el panegírico como Kathryn van Arendonk que en las muchas alabanzas al show en Vulture lo ha calificado como “políticamente resonante, pero históricamente distante”. Esa es la clave para un buen period piece: sentir que estamos en un pasado que ya no existe, aunque haya paralelos con políticas o ideologías presentes.

Nota Musical: El tema que Esther Kasabian escucha es cantado por Meret Becker, la actriz que interpreta a la mujer del Armenio. Yo creí que era un tema de los 30, pero es un original que ha sabido capturar el tono de las baladas Weill-Lenya a la perfección.



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