jueves, 7 de febrero de 2019

Tras la Pista de la Verdadera Jo y del Verdadero Laurie: Louisa May Alcott (I)



En el 2016 tuvimos una versión “moderna” de Mujercitas, este año llega una nueva versión fílmica, y el año pasado sufrimos la adaptación inferior que Heidi Thomas hizo para la BBC. Mujercitas no cansa de surgir en la cultura popular aun en este Tercer Milenio. Nos encanta saber que existió una familia, Los Alcott, en la que se inspiró la mas ilustre de sus hijas para crear a Los March. ¿Pero fueron Los Alcott una familia ideal? ¿Tuvo Louisa una infancia y juventud idílica como Jo March? ¿Como fue la relación de Alcott con el enigmático Ladislas Wisniewski, el supuesto modelo para Laurie Laurence?
Primera foto de la nueva versión de "Little Women"

En la primeraparte de este blog sobre Louisa May Alcott les narré mi experiencia al ser una Niña Latina del Ayer devota de Louisa May Alcott, les mostré que ediciones se habían hecho en castellano de la autora de Mujercitas y también les hablé de su evolución en la imaginación popular. Ahora me gustaría comentar el contenido d sus novelas y ver como lo que ella más despreciaba, su literatura juvenil sigue siendo vigente y amada por precisamente haber sido adelantada para su época.

Algo que todo fan sabe es que Mujercitas (que sigue siendo la obra más reconocida de Louisa May) es autobiográfica y está basada en vivencias de la familia de la autora. Aunque eso, en principio, sea cierto, también es cierto que hay mucho de fantasía en la creación de Los March, mucho de lo que Louisa hubiese deseado ver en su propio núcleo familiar.

 Los Disfuncionales Alcott
Comencemos con la madre.  Abigail May era totalmente Marmee, mayor merito puesto que tuvo que enfrentar tragedias y pruebas dolorosas que jamás tocaron a Mrs. March. Hija de una familia acomodada y antigua, descendiente de los puritanos de Salem, Abigail (apodada “Abba”) se casó en 1828 con el filosofo y educador Bronson Alcott.
Abigail "Abba"May Alcott

 Abba pudo hacer un mejor matrimonio, pero estaba enamorada de la erudición y altruismo de su marido. Lamentablemente, Alcott era un genio, pero también un soñador nato. Sus muchos intentos por crear comunidades utópicas lo llevarían a arrastrar a su mujer y a sus hijas a la miseria, la vergüenza y casi la inanición.
Amos Branson Alcott

Abba fue una esposa fiel y una madre abnegada que trató de ser un puente entre su marido y sus hijas, sin ser desleal a ningún bando. La única vez que se vio obligada a frenar las excentricidades maritales fue cuando Branson, bajo la influencia de su socio Charles Lane, comenzó a repensar (y a rechazar) la idea del matrimonio y de la familia nuclear.
Los Alcott

Louisa May, tal como Jo, fue la segunda de una familia de cuatro hermanas. Siempre estuvo muy unida al padre con el que compartía el mismo cumpleaños y que moriría solo dos días antes que su hija, pero Branson Alcott era muy diferente al Reverendo March. Era un crítico exigente y sarcástico sobre todo con sus hijas. eso provocó que LMA en Mujercitas recurriera al síndrome del padre ausente. Y cuando en su obra mas conocida, presente padres idéales como Fritz Baher o el Tío Alec Campbell de Ocho Primos ella estará retratando a los hombres que más amó, Ralph Waldo Emerson y Henry David Thoreau. Sobre todo, Emerson cuya familia unida Louisa siempre envidió sin maldad.

Si hacemos un repaso de la obra de Alcott entre 1868 y 1888, el año de su muerte, las familias perfectas como Los March, y por extensión, Los Baher, no existen. Tenemos kilos de huérfanos, y figuras paternas maternas o paternas que deben criarlos (Ben Brown y Miss Celia en Bajo las Lilas; Rose y el Tío Alec en Ocho Primos, los muchos alumnos de la Escuela Plumfield en Hombrecitos). 

Kay Francis como Jo en "Little Men"(1940)

Cuando vuelve a mencionar una familia idealizada, la de Polly Milton en Una chica a la antigua, Alcott nunca nos los presenta. No nos son cercanos y reales como los disfuncionales Shaw que juegan tan gran papel en la vida de la heroína. Lo mismo ocurre con los Ocho Primos que están sometidos a padres desobligados y/o ausentes y a madres frívolas, posesivas o muy severas.

Sin embargo, Louisa como alguien que sobrevivió sus muchas desdichas gracias a la unidad familiar, era creyente ferviente en la familia, aunque estuviese compuesta por gente a la que no unían lazos de sangre. Tras la muerte de su hermana May (Amy) en 1878, Alcott adoptó a su sobrina y tocaya, Lulú y por casi una década supo lo que era ser madre.
Lulu

A pesar de ser una adelantada a su época, una sufragista y abolicionista, Louisa May rechazaba mucho de la era moderna, sobre todo el ataque a la familia. Lo vemos en el dolor que Polly siente al ver lo desapegados que son los Shaw y como han marginado a la abuela. Lo vemos en “El secreto de Sofia” cuando una jovencita suiza, de visita en el Cabo Cod, se horroriza al ver como los hijos tratan a los padres en America.

Louisa y el Mundo Laboral
Para la adolescencia de Louisa May cuando ya había sobrevivido las comunas utópicas de su padre y recibido una educación excéntricaergo soberbia de parte de sus padres, Thoreau y Emerson, la familia Alcott estaba casi en la miseria. Abba y sus hijas crearon un taller de costura para subsistir, pero Louisa, la más decidida de todas, salió al mundo a buscar trabajo.  Por más de una década se desempeñó como maestra, institutriz, dama de compañía y sirvienta.

 Alcott relatará algunas de sus aventuras en el mundo laboral en Trabajo (1873). Lo cierto es que ella nunca se vio como una mujer independiente ni consideró una carrera. Para ella, el trabajo era una obligación y una necesidad. Sus empleos la llevaron a situaciones de humillación y frustración (muchas veces no recibió paga prometida) y en un caso en que sirvió como acompañante de una invalida, los apremios románticos del hermano de su patrona bordearon en acoso sexual.

Sin embargo, la mayor desdicha para Louisa May Alcott era no tener empleo, puesto que se había convertido en el sostén de su excéntrica familia. A los 24 años, agobiada por no encontrar trabajo, contempló saltar de un puente. Esta experiencia que compartió en cartas a sus parientes quedó retratada en Work cuando la protagonista, Christy Devon, también planea lanzarse a un rio. En Una chica la antigua, una conocida de Polly trata de quitarse la vida cuando no puede pagar la renta. No es precisamente un tema que esperaríamos de una autora de libros infantiles.

Quien rescataría a Louisa May de su depresión fue el ministro unitario Theodor Parker. No solo le consiguió un empleo de institutriz, pero también se preocupó de reparar su espíritu. Gracias a él, Louisa volvió a escribir (a pesar de las críticas y de los editores); contempló una carrera como dramaturgo; y se relacionó con gente del mundo teatral de Boston, sin dejar de asistir a charlas en casa de Parker y a sus sermones. Biógrafos de la autora como John Matheson en Eden’s Outcasts: Louisa May Alcott and her Father, han visto connotaciones románticas en la amistad de Louisa y Parker que estaba casado.
Theodore Parker

La relación acabó cuando, tras la muerte de su hermana Lizzie y el matrimonio de su hermana Anna, Louisa regresó a Concord con su familia. Branson Alcott hizo instalar un escritorio solo para que Louisa escribiera. Ahí ella comenzó a crear esas historias góticas que pondrían pan en su mesa a pesar de tener que publicarlas bajo un seudónimo.

Louisa se Va a la Guerra
En 1861 estallaba la Guerra de Secesión, Louisa, ferviente abolicionista, deseaba servir de alguna manera más trascendental que tejer calcetas o enrollar vendas. Al saber que Dorothea Dix había creado un cuerpo de enfermeras que atendían los hospitales de campaña, Alcott se enroló en el servicio. Para eso, usó la amistad de su familia con Dix para que obviaran, en su caso, la cláusula que solo podían servir cincuentonas o matronas casadas.

Louisa partió para Georgetown, en Washington esperando, al menos, pasarse unos tres meses atendiendo heridos, pero solo duró seis semanas. De esa época, quedan sus recuerdos en Escenas de un Hospital (1863). Aunque su protagonista Tribulation Periwinkle, esté basada en ella y sus experiencias, hay mucho que Alcott vio y no quiso revelar públicamente.

 Aparte de la corrupción y el caos promovido por las mismas autoridades medicas y militares, Louisa presenció escenas dantescas, heridas espeluznantes y la presencia constante de la muerte. Nada la había preparado para tanto horror y menos el tener (recordemos que era una virgen puritana de treinta años) que atender y ver hombres desnudos.
Hospital Militar de Georgetown donde Louisa trabajó

No fue una flaqueza emocional sino la enfermedad la que la venció. Primero contrajo tifoidea que luego se combinó con neumonía. Los médicos la atendieron con el único remedio conocido, la panacea del calomel, un preparado de mercurio. Hoy sabemos que el mercurio es altamente toxico. Aunque Alcott se recuperó de sus enfermedades su organismo quedaría   envenenado. Hasta su muerte sufriría de horrendas jaquecas, ataques de vértigo, debilidad muscular, pesadillas y alucinaciones.
Elizabeth Marvel en "The Woman Behind Little Women"

Intentó curarse usando métodos alternativos. Uno de ellos fue correr, LMA fue una pionera del jogging, y como realmente le hacía bien, aconsejó a otras jóvenes hacer ejercicio para conservar la salud. Por otro lado, se sabe que se automedicaba con láudano, y que muchas de sus alucinaciones pueden haber sido producto del opio. También se sabe que experimentó con hashish. Esas experiencias aparecen en sus novelas prohibidas. En Un Mefistófeles moderno, la heroína es drogada con cannabis y en “Un viaje peligroso”, una pareja experimenta con la droga.

Hoy se cree que además de la intoxicación la autora de Mujercitas pudo sufrir una enfermedad mayor como el lupus. Como esa es una enfermedad degenerativa, se entiende que solo en la última etapa de su vida, Louisa se haya sentido realmente incapacitada. Sin embargo, tal como Beth (y Lizzie su contraparte real) tras la escarlatina, Louisa nunca más volvería a sentirse totalmente sana.

Un Romance Europeo
Los años de la guerra de Secesión y la posguerra inmediata tienen a Louisa May Alcott imposibilitada de trabajar fuera de casa. Debe seguir cosiendo para otros y escribiendo. Aunque Hospital Sketches es todo un éxito, Moods su novela siguiente no lo es tanto. Para complementar su costura, Alcott comienza a publicar (bajo el seudónimo de A.R. Barnard) esos polémicos relatos góticos.

En 1867, los amigos de Louisa, viéndola tan apesadumbrada, le ofrecen una vía de escape. Conocen a una joven millonaria, Anna Weld, que es invalida y necesita de una enfermera que la acompañe a Europa a tomar las aguas y a hacer turismo. La paga es buena y el bono es ese viaje a Europa con el que la escritora ha soñado desde su infancia. A pesar de que es ella quien necesita una enfermera, Louisa se embarca con su paciente en el China.

De ese viaje tenemos documentación errática. Muchas de las cartas intercambiadas entre Luisa y parientes y amigos fueron destruidas (por pedido de la autora), existe un diario de viaje impreciso porque la autora tachó muchas líneas y hay una página rota. También existe un mini ensayo “Mi Chico Polaco” que ella incluyó en un ensayo escrito ya cercana la muerte titulado “Mis Chicos” que es un examen de su amistad con muchachos a lo largo de su vida.

Hay quien ha hablado del lesbianismo de Alcott basándose en una frase descuidada e imprecisa de que nunca se casó “porque me he enamorado de muchas niñas bonitas, pero nunca, ni por asomo, de un hombre”. Tal frase revela que, como Jo, la autora hablaba sin pensar. Aparte de sus hermanas, nunca tuvo una amistad femenina intima así que no sabemos a qué “niñas bonitas” se referiría. Las mujeres con las que se relacionó ya mayor fueron colegas o seguidoras de sus muchas causas, mujeres de su edad y no muy bonitas.

 En cambio, siempre se apoyó en amistades profundas, muchas con connotaciones románticas, con jóvenes, aun cuando ella ya no lo era. No se la puede acusar de una incipiente efebofilia puesto que su vida uy obra estuvo marcada por su enamoramiento de Henry David Thoreau (al que le llevaba flores como un cortejo adolescente) y con Emerson. Años después ella misma le confesó a Ralph Waldo que de jovencita había estado enamorada de él. En su biografía Alcott: A Personal Biography, Suzanne Cheever se ha referido a ambos literatos como los” Íconos eróticos” de Louisa May Alcott.
Thoreau y Emerson

Pero vamos al encuentro con el romance mas interesante de la vida de Louisa May Alcott. El viaje comienza bien, y Louisa goza de la primera etapa en Londres, pero tras cruzar el Canal de La Mancha, y de sufrir un aparatoso ataque de mal de mer, el ánimo de la escritora se agria. Ya en el Continente comienza a tomarle fastidio a Anna. Su diario esta lleno de quejas debidas al “egoísmo’ y los ‘caprichos” de su paciente. Años más tarde cuando Louisa se convierta en una invalida, se dará cuenta de lo difícil que es llevarse con la gente sana, pero en el momento del viaje Anna le es insoportable. Alcott llega a acusarla de no ser “una dama”.
Louisa y Anna en "The Woman Behind Little Women"

Casi de la greña, ambas mujeres llegan a Vevey en Suiza. Están no solo en guerra entre ellas, sino que les molesta todo, desde el clima hasta las compañías en los hoteles. Les incomodan los extranjeros, aun los de habla inglesa. Todo cambia con la llegada de un joven musico polaco llamado Ladislas Wisniewsky. Así lo describe Louisa “Alto, de rostro delgado, mirada inteligente y los encantadores buenos modales de los extranjeros”.

 No hay retratos del polaco, pero creo que este se le parece.

La autora contará que siendo todas las mujeres y mayores que el joven lo consentirán como si fueran sus madres, pero hay mucho que leer entre líneas sobre esta relación donde LMA, tan puritana y meticulosa, y viviendo en una sociedad victoriana, no habrá querido revelar. Con la excusa de enseñarle inglés a quien ella lama “Mi Laddie” o “Mi niño” Alcott pasará mucho tiempo con el musico. En largos paseos y charlas nocturnas, él le contará que peleó en la Revolución Polaca de 1863 que lo perdió todo fortuna, familia y salud. Ha venido a Suiza a curar sus pulmones.

Louisa, que es una romántica, adora todo este background aventurero de su joven amigo. La pensión se le hace mas llevadera. Cuenta que en la noche hay bailes en el salón y que hasta fuman (de joven, Louisa había mascado tabaco a escondidas). Laddie le trae un ramo de rosas todas las noches. Para su cumpleaños, le ofrece un concierto de piano privado. Acabada de cumplir 33 años, Louisa May escribe que se siente joven: “mi corazón aun es joven”. A ver, yo he tenido amores con hombres jóvenes y gozo de la amistad de jóvenes a los que veo como hijos. Ambas son relaciones muy diferente. El sentirse joven, audaz, llena de expectativas no nace de una relación maternal.

En un momento, alarmada ante lo que podrán leer en su diario (como escritora sabia que nada de sus escritos seria privado siempre) intenta inventar un romance entre Anna y Laddie. Luego lo tacha, pero biógrafas como Martha Saxton se han creído que LMA “se ápropio”de un romance ajeno para hacerse la interesante.
Louise D. Wheeler como Laddie en "The Woman Behind Little Women"

Por romántica y soñadora que fuera, LMA siempre fue muy honesta, y aunque hay contradicciones en su relación con Laddie, y obviamente se esmeró en ocultar la verdadera naturaleza de esta, no iba a robarle algo a otra persona. Saxton cree también que Alcott puede haber intentado proteger la reputación de su paciente. Con el fastidio que le había tomado a Anna, LMA no iba a estar con miramientos además nada de lo que nos cuenta de antes y después del interludio suizo indica que existiera un romance entre su patrona y el polaco.

En diciembre, Anna decide que irán a Niza (en ese tiempo se creía que la Costa Azul era muy saludable). Laddie se despide de LMA besándole la mano. Está desconsolado, promete reencontrarse con ella en París, en mayo. Pero ninguno de los dos parece muy convencido. Laddie siente que la muerte lo acecha, Louisa cree que el polaco la olvidará.

Niza es una pesadilla, las fiestas son un martirio. Alcott escribe en su diario como recuerdan a Laddie en la triste fiesta de Año Nuevo. Ya no soporta a Anna, y le dice que en la primavera se volverá sola a USA. Eso no es cierto.

En mayo, Louisa viaja sola a Paris. “Laddie me estaba esperando en la estación “escribe en su diario. Años más tarde en “Mi chico polaco “dirá que fue “toda una sorpresa” encontrarlo en la estación. Ahí vemos a la solterona puritana tratando de velar por su reputación. El diario, más inmediato y honesto, implica que ambos han mantenido contacto y han planeado este encuentro.

Alcott pasará dos semanas en Paris. No sabe francés y Laddie es su interprete. Van juntos de compras. Louisa está desesperada por renovar su vestuario, cambiar su apariencia. Siempre pensamos en ella como Jo, una mujer de apariencia descuidada. Louisa May Alcott era vanidosilla, amaba la buena ropa y como modista, sabía mucho de modas.
Louisa en la 'epoca de su viaje a Europa

Por discreción, no van a lugares públicos ni a la ópera, pero recorren museos, comparten almuerzos campestres, y se pasan las noches en el salón del hotel de Alcott charlando. Ella relata que bajan la luz de las lámparas. Para los conocedores de novelas decimonónicas esto se hacía cuando una pareja estaba de romance, para ofrecer mayor intimidad. También Louisa confiesa haber visitado el cuartucho donde Laddie vivía. De nuevo, en novelas victorianas, esto hubiese sido muy mal visto.

 En “Mi Chico Polaco” Louisa se apresura en decir que todo lo que hicieron en París fue posible solo porque los creían madre e hijo. Primero, solo tenía 13 años más que el musico, segundo se sentía joven, estaba vestida a la última moda parisina. No creo que haya parecido una matrona severa. El matrimonio o relaciones entre mujeres mayores y jóvenes no era desconocido. Las Cougars no son invención del Siglo XXI. La hermana menor de Louisa se casó con un hombre veinte años más joven.

En “My Polish Boy” la escritora cuenta que Laddie le enseñó un poco de su idioma, incluyendo un apodo para llamarlo a él. Una noche en que están en compañía de amigos de Laddie, estos se sorprenden al oír a Louisa usar esta expresión, un vocablo cariñoso que en Polonia se usa para las parejas. A Alcott le molesta mucho lo que considera una burla de su amigo, pero creo que ese fue el momento en que se da cuenta de que su relación con Laddie está tomando otro cariz.

En su diario de viaje, Louisa escribirá “un pequeño romance con Laddie” a lo que seguirá un párrafo que eliminará más tarde con tanta violencia que rasgará la página. Al pie todavía se puede leer “esto no puede ser”.

Por más de un siglo, fans y biógrafos (incluso Julian Hawthorne (otro de los “chicos” de Louisa) han especulado sobre el contenido de ese párrafo. Hay tres posibilidades.
A)      Laddie le propuso matrimonio a su amiga. Sabemos que Alcott era muy contraria a contraer nupcias. El ejemplo de su madre le bastaba. Podemos imaginarnos una situación parecida a la que vive Jo cuando Laurie le propone matrimonio.
B)      Que Laddie le haya propuesto ser amantes y vivir la vida bohemia parisina. El puritanismo de LMA no hubiera soportado esa situación.
C)      Realmente hubo una escapada sexual, tras la cual la autora se dio cuenta que con Laddie no había posibilidad de ninguna relación a largo plazo y haya decidido cortar por lo sano.

En “Mi Chico Polaco” Louisa May Alcott narra su despedida en una estación de tren. Laddie le ha traído un ultimo regalo, un frasquito de perfume, La autora cuenta que, a pesar de la presencia de transeúntes, se besan apasionadamente. Luego, ella se echa a llorar y corre a ocultar su pena en su vagón.

Lo curioso es que Louisa y Laddie mantuvieron correspondencia por cinco años. Tras la publicación de Mujercitas, Alcott anuncia públicamente que Laurie está basado en su romance polaco. En 1872, Laddie, ya casado y con hijas, se aparece en Nueva York. Louisa confiesa en una carta a Maggie Lukens, que teme verlo convertido en “un papá panzón”.  No sabemos si se llegaron a encontrar.

En su libro, Louisa May Alcott: The Woman Behind Little Women, Harriet Reisner cuenta que Laddie se queda sin dinero en America, y que, en octubre de 1873, Louisa hace que sus editores, Los Hermanos Roberts, le entreguen un cheque por $400 (una fortuna entonces) a su amigo polaco. La excusa para tal suma,  con la que los Wisnieswki pueden regresar a Europa, es que Laddie había servido de modelo para Laurie.

Unos años más tarde, Louisa emprenderá otro viaje a Europa, esta vez en compañía de su hermana May. Su estadía en Suiza, donde May (tal como Amy en Mujercitas) encontrará marido, estará empapada de recuerdos de Laddie. La importancia de esta relación radica en el empeño de Louisa de destruir todo recuerdo del muchacho. No solo quema su correspondencia, también solicita que otros hagan lo mismo con la propia, ya vimos como intentó adulterar y semi destruir su diario de viaje. Esto abre las puertas de la imaginación.

Me atrevo entonces a dar mi opinión. No creo que Louisa haya tenido una relación pecaminosa con Laurie. Algo evidente en su obra y su vida es que era una mujer aparentemente puritana, pero que reprimió su sexualidad. Eso lo exploraré en otro blog. Yo creo que Laddie le pidió matrimonio y los reparos en contra de la institución de Louisa la obligaron a rechazar la oferta.

Tras esta llorosa despedida, Louisa se va a Londres donde goza de su libertad, visita gente, va a la ópera, asiste a charlas de Charles Dickens. Regresa a America sin saber que la fama la espera.

El Fenómeno Mujercitas
La génesis de Mujercitas es archiconocida. Alcott quería convencer a su editor Thomas Niles de publicar un tratado filosófico de su padre. Niles quería que ella escribiera un libro para niñas. Alcott, sintiéndose extorsionada, tuvo que hacerlo. Como sabía poco de niñas (ya mencioné que hasta su madurez no tuvo amigas) se limitó a recordar episodios de su infancia y la de sus hermanas.
Versión original de Mujercitas

Little Women es una novela singularmente autobiografía. Jo es Louisa. Sus experimentos literarios están copiados de las propias experiencias de la autora, inclusive la venta del cabello fue algo que Louisa May planificó yendo hasta una peluquería para saber cuánto le darían. La enfermedad y muerte de Beth es idéntica a lo acaecido a Lizzie Alcott. El schock de Jo al ver casarse a Meg es equiparable al que sintió Louisa cuando se hermana Anna se casó, y la rivalidad Jo-Amy esta copiada de la existente entre Louisa y May.

El éxito de la novela nos es familiar en este siglo donde cada año trae una nueva adaptación de Mujercitas sea filme, miniserie incluso opera, pero ni nos podemos imaginar el furor que causó en su día. Un critico determinó que Mujercitas era lectura para gente entre seis y sesenta años, dándole ya el poder de verdadera literatura a algo que parecía un simple texto infantil.



Como sabemos, las demandas del publico obligaron a Louisa May Alcott a escribir una secuela publicada apenas un año más tarde. Louisa obedeció a los deseos de sus fans en casi todo, pero se negó a casar a Jo y Laurie. Ya le había escrito a Alf Whitman, otro de sus “chicos” que Laurie era una combinación de él y Laddie, y Louisa no iba crear una ficción que se opusiese a la realidad. En cambio, se inventó un tal Fritz Baher que era un compuesto entre Thoreau y Emerson con acento alemán. Good Wives fue un éxito aun mayor que Mujercitas.

Estos libros cambiarían la vida de la autora en dos aspectos. El primero es que ya no necesitaría trabajar y pronto no solo no pasaría hambre, sino que podría darse muchos lujos. El otro fue que los fans comenzaron a acercársele. En días pre-Internet, esto significaba recibir cartas de todos los estados de la Unión.

Las que más le impresionaron fueron las de Maggie Lukens que, con sus hermanas, estaban publicando una gaceta similar a la del Club Pickwick. Esto motivó una larga correspondencia entre Louisa y Maggie que nos muestra el estado de animo de la autora en esos días, a la vez que expresa sus ideas sobre el oficio de escribir.
Caerta de Louisa a Maggie


Polly, la Predicadora

En 1870 Louisa publica Una chica la antigua. En otro blog comenté lo difícil que me había sido leerlo. Ahora entiendo el motivo. Es una de las novelas juveniles más sermoneadoras (peor que el Diario de Ana Maria) que haya leído en mi vida. Polly Milton, de catorce años, deja su granja familiar, para ir a visitar a su amiga Fanny Shaw en Boston. A sus dieciséis años, Fanny se comporta ya como una mujercita y vive preocupada de la moda, de las diversiones y de su circulo social. Polly reprueba las tres grandes preocupaciones de su amiga y se lo hace saber de manera que yo tildaría de descortés.
Toda la primera parte que corresponde a una larguísima visita de Polly a los Shaw, es una eterna prédica. Polly desaprueba todo lo que es y hace Fanny: sus amistades, su familia, su comportamiento hacia su familia, la frivolidad d sus amigas, de sus lecturas y casi se desmaya cuando la llevan a un espectáculo de vaudeville donde ve bailarinas semidesnudas, y oye chistes de doble sentido y música “negra”.  Tras meses de quejas y censuras, Polly termina delatando un romance de Fanny a su padre. Yo no sé cómo Fanny no la saca a patadas de su casa.

Es solo conociendo la biografía de la autora que podemos leer entre líneas. Cuando una amiga de Fanny confiesa amar las novelas de Ouida y Polly recalca que ella prefiere las novelas históricas de la alemana Luise Mulbach, está (como toda la sociedad victoriana) criticando la temática atrevida y sensacionalista de Ouida. Solo que clandestinamente, Louisa escribía y publicaba ese mismo tipo de novelas. Como amiga del teatro, a lo mejor también apreciaba ese espectáculo que escandalizó a Polly. Aunque como toda escritora seria debía ser critica de una clase alta y frívola, sabemos que le gustaban las fiestas, que era consumista y vivía pendiente de la moda.
Gloria Jean como Polly y  Frances Rafferty como Fanny en "An Old Fahioned Girl"(1949)

La novela pega un salto de seis años, y una Polly más discreta, más sabia, pero llena de energía y objetivos regresa a Boston ahora dar clases de música (para pagar la universidad de su hermano).  Fanny a sus 22 años vive en terror de convertirse en una solterona y se la pasa en fiestas. Tom, el hermano de Fanny, a quien Polly ama en secreto, se ha comprometido con Trixie, la más coqueta de las amigas de su hermana.

La novela se convierte en un retrato de dos mundos: el monótono y superficial de Fanny y el de Polly quien vive en una casa de huéspedes, junto a una gata y un canario, con piano y sofá-cama. y se rodea de artistas, escritoras y otros ejemplos de la ‘” Nueva Mujer”, chicas independientes que persiguen carreras y vocaciones. Esta descripción me fue tan moderna que yo me juré vivir así cuando cumpliera 20 años. Ni tengo que decirles que no lo hice. A pesar de que me pasé 14 años durmiendo en un sofá.

Louisa nunca llegó a compartir ese mundo, pero su hermana May (a quien Louisa le estaba pagando sus estudios de arte) si compartió cuarto y amistad con mujeres parecidas a las nuevas amigas de Polly.  A propósito, entre las amigas hay hasta una pareja de escultoras que son más que amigas, lo que demuestra que Alcott si conocía la existencia de “matrimonios bostonianos” (así se llamaba a las relaciones homosexuales) en los círculos de artistas de entonces.

Un detalle realista, es que la autora nos cuenta que Polly no es realmente feliz, que se aburre de la monotonía de sus jornadas, que la cansa ser pobre, y que muchas veces se siente sola y ahí escuchamos la verdadera voz de Louisa. O cuando cuenta las noches de insomnio de su heroína oyendo los carruajes pasar imaginándose a las chicas bien vestidas ir camino a la ópera o a algún baile.

La noche oscura del alma le llega a la maestra de música cuando después de haber caído en una poza de agua, se encuentra con Tom y Trixie en la calle y ambos la ignoran. Ese desprecio es curado por la llegada de Arthur Sídney. Cuando Polly era adolescente, el señor Sídney fue el único del círculo de Fanny en tratarla como gente. Ahora Sídney, es una rareza, un millonario que trabaja.

Pronto todos comienzan a sospechar que Sídney está interesado en Polly. Lo que pone celosos a los hermanos Shaw (Fanny está enamorada de Arthur). Lo más serio es que Polly comienza a contemplar la idea de convertirse en la Señora Sídney, algo que no le es desagradable.

Pero Louisa May le encuentra una solución sentimental. Los Shaw quedan en la ruina, Trixie rompe su compromiso, Sídney se casa con Fanny y salva a su familia. Tom se ha ido a buscar fortuna en el Oeste y regresa convertido en otro hombre, uno digno de Polly. Colorín Colorado.
Las felices parejas: Polly y Tom; Fanny y Arthur

Mas de La Familia March
Al Año siguiente, Louisa May regresa con Los March puesto que hay un público más obsesionado con esa familia, que los que hoy exigen saber sobre Lannister y Stark. Hombrecitos no se parece a sus libros anteriores. Las March han cambiado.
Shirley Temple y Fernando Lamas como Los Baher en "Shirley Temple's Storybook" (1960)

A Marmee solo la mencionan sus nietos. Meg, ahora que Jo se ha encargado de sus hijos mayores, se las arregla para tener otro bebé y quedar viuda en el proceso de la narrativa. A Amy, Alcott, la tiene de soberana de una mansión apodada “El Parnaso” donde puede vivir llena de lujos y dedicada a explorar su arte. Laurie se las arregla para dejarse caer en Plumfield, el hogar-escuela de los Baher a arreglar entuertos o a traer alumnos. Los Laurence tienen una hija, Bess, demasiado pequeña para ir a la escuela, pero tan hermosa que la apodan “princesa” y causa revuelo cuando aparece en Plumfield. Es como si Louisa, siete años antes del nacimiento de Lulú, ya visualizase a la hija de May.
Chris Sarandon y Mariel Hemingway como Los Baher en "Little Men"(1998)

Es difícil reconocer a la traviesa y rebelde Jo en la matrona Baher ocupada en dar clases, atender la granja-escuela y ser figura materna de sus hijos, Rob y Ted, de sus cuatro sobrinos (Daisy, John apodado Medio Brooke, Emil y Franz) además de todo el alumnado. Como se trata de una novela sobre varonesDaisy y Nan son personajes periféricos la novela es más dinámica y humorística que otros relatos de Alcott.
Versión original

En Plumfield, la autora esboza sus ideas sobre educación basadas en las filosofías pedagógicas de su padre y lo aprendido en su tiempo de docente en el kindergarten de Elizabeth Palmer Peabody. Un detalle interesante es la diversidad en la escuela, no racial puesto que solo los criados son negros.
Sin embargo, para la época era novedad que en una escuela hubiera ejemplos de todo tipo de minorías desde el gordito Stuffy hasta Billy que sufría de un retraso mental. También hay un jorobadito, y un tartamudo, un par de niños de la calle, el violinista Nat y su rebelde amigo Dan.

Los niños no son ángeles. Tenemos al travieso Tommy Banks, al cobarde Ned que tortura animales, al ladrón Jack que deja que acusen injustamente a Dan por su robo, y hasta el serio y bien portado Mediobrooke se le ocurre un juego monstruoso en el queman sus juguetes.

El libro fue otro bestseller que aumentó la fama de Louisa May Alcott. Por un momento dejó de escribir sobre niños y volvió a su propia historia. En 1873 publico Works en la que narraba parte de su experiencia laboral. Digo parte porque la sufragista y amiga de la autora, María Porter contaría que era muy difícil que Alcott se abriese sobre ese periodo de su juventud y que siempre acababa alterada y llorando.

Sobre ricos y famosos
En 1875, Louisa May Alcott publica otro de sus libros más famosos, Ocho Primos. Su vida ha cambiado, ya actúa como los ricos y famosos y eso le permite enfocarse en Rose Campbell, su primera protagonista de la alta sociedad. A sus 13 años, Rose es huérfana, millonaria, vive con unas tías muy viejas y muy consentidoras, pero el tedio la está empujando a la hipocondría y a la autocompasión. La rescatan 8 primos escoceses, una criadita irlandesa la que Rose “adopta” y el Tío Alec, hermano del padre de la heredera, y que una vez amó a la madre de esta.

Un año más tarde llega Rose in Bloom, como siempre con Alcott la secuela es mejor. Tras viajar por el mundo, Rose se prepara para escoger cual de sus primos tendrá el privilegio de casarse con ella y compartir su inmensa fortuna. Después de una desdichada experiencia con el disipado Charlie, Rose se casa con el más aburrido, pero también el mas formal de sus primos, el médico Mac.

En 1877, Louisa parte por última vez a Europa. La acompaña May quien encontrará marido en Suiza. Louisa antes ha publicado anónimamente Un Mefistófeles moderno, su último intento de escribir su amado genero gótico. A su regreso debe aceptar que su salud empeora. Un año más tarde le llega otro golpe, May ha muerto de fiebre puerperal. Louisa adoptará a su sobrina y tocaya y se dedicará escribir nada más que libros infantiles y cuentos para su “Lulú”.

Sin embargo, en 1886 dos años antes de su muerte, Louisa ay Alcott cierra el capitulo de la Familia March con Los muchachos de Jo, una novela que debe ser examinada con lupa. En ella encontramos muchos factores significativos, desde la preocupación de la autora por la faceta de escritora de Jo hasta los límites de su autocensura. Desde sus ideas sobre el celibato y la mujer independiente hasta su obsesión con la belleza del hombre moreno, una fantasía recurrente tanto en la literatura como en las alucinaciones que Louisa May Alcott experimentó por muchos años. De esto hablaremos la próxima vez.



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