miércoles, 11 de septiembre de 2019

Reinas, Fascistas y el Final del Capitán Poldark: Otoño 2019



Ya estamos en septiembre, ya acaba el 2019 y es hora de ver como terminan algunos period pieces televisivos y que nuevas trends se nos acercan. Al parecer, después de “Chernóbil”, Rusia sigue siendo un tópico interesante en lo que respecta a series de época, HBO sigue en su búsqueda desesperada de otro GOT, por otro lado, la tendencia es hacia el historical whodunnit o policiales históricos.

LOS TRES MESES DE OTOÑO
Septiembre
El domingo 29 inician por la PBS las últimas temporadas de “Poldark” y “The Durrell in Corfú”. Yo estoy tan saturada de malas series, y quedé tan harta con el final de GOT, que voy a escoger con pinzas lo que vea en el futuro. Los Durrells y la nueva pensión de Louisa pueden esperar a un día de lluvia que me los bingee en Passport Thirteen.

En cuanto al Capitán Poldark,  lo que sé de esta temporada no me resulta atrayente. Para comenzar se han desligado de la saga de Winston Graham (“¿más todavía?” preguntaría la Gatita Valentina). Puesto que el próximo libro, The Stranger from the Sea tiene lugar una década después de la muerte de Elizabeth, Debbie Horsfield quiso llenar ese vacío y escribir algo “original”.



 La idea de presentar a Ross involucrado en el suceso histórico de El Complot Despard es novedosa. Es interesante conocer las razones para que el militar y abolicionista irlandés, Ned Despard, conspirase contra su rey. También la de presentarnos a su esposa Kitty, una afro hondureña, y explorar las dinámicas de los matrimonios interraciales en la Inglaterra de Jane Austen es fascinante, pero merecían su propia historia.

Digamos que nuestro interés por Poldark va a ser disminuido al tener a estos personajes tan carismáticos en primera plana. Sobre todo, porque sin ellos, Ross y Demelza siguen siendo ese matrimonio desavenido e inestable. Que Dwight y Caroline también estén metidos con los Despard que Morwenna y Drake también tengan problemas matrimoniales, etc. Bleh! A mí me gustan las cosas equilibradas, ni muy light ni muy trágicas y ya me cansaron los Poldark.

Octubre
El 4 de octubre abre en Netflix la sexta temporada de “Peaky Blinders” que comenzó hace un par de semanas a transmitirse por la BBC. Aprovecho de explicar que dejé de ver esta excelente serie porque su crudeza, su tono oscuro, sus personajes tan amorales, me deprimían. Entiendo que sea apegada a la realidad y no pretenda glamurizar al mundo gansteril, pero a esta edad yo ya solo me aboco a lo que por sombrío y duro que sea no deje de tener su toque de glamur y su dejo de ternura.

 Lo que me hará volver a verla es mi fascinación por la historia de ese periodo. En Los 30, Inglaterra dejó atrás el hedonismo de Los Locos 20. La Depresión dividió a la sociedad y muchos, sobre todo entre el proletariado y los intelectuales, abrazaron diversas formas de marxismo. Paralelamente hubo un auge del fascismo en todas las clases sociales.

El líder de este movimiento, conocido como la Unión de Fascistas Británicos, era Sir Oswald “Tom” Mosley. Este camaleónico y polémico individuo será interpretado por Sam Caflin y tendrá una relación estrecha con el nuevo miembro del Parlamento, el Honorable Thomas Shelby.

El 21 de octubre, un día después del estreno de “Watchers”, llega a HBO Dame Helen Mirren en su interpretación de la “Emperatriz de todas las Rusias”.  “Catalina la Grande” con su sexo gráfico, sus conspiraciones, sus revueltas y todos esos individuos que sueñan con ocupar El Trono de Lo-Que-Sea donde se sienta la Emperatriz, es la serie más cercana a “Juego de Tronos” en los alrededores. A propósito, la verán primero en España y en Inglaterra puesto que Sky la tendrá en streaming a partir del 3 de octubre.

Noviembre

Netflix (que también anda pasándose al bando de la mediocridad) nos ha anunciado que por fin tendremos la Tercera Temporada de “The Crown” a partir del 17 de noviembre. Este año la gran novedad será el cambio de elenco.

Me gusta que Josh O’Connor sea el Príncipe de Gales, tiene un aire parecido con Carlitos. Helena Bonham-Carter es una de mis actrices preferidas, me muero por verla como Margarita. Tobias Menzies es buen actor, será interesante verlo como el Duque de Edimburgo. Además, ya Matt Smith me tenía chata. La que no me convence es Olivia Colman. Buena actriz, pero le falta la elegancia y el señorío que Claire Foy y Dame Helen Mirren le han sabido imprimir a la Reina Isabel II.


Peter Morgan, que no es muy confiable, nos ha dicho que ya no se va a meter tanto con Isabel y Felipe, que esta temporada girará en torno a fracaso del matrimonio de Margarita y el romance Camila-Carlos. Morgan quiere que quede claro que Camilla (Emerald Fennell de "Call the Midwife")  ha sido un amor de toda una vida y que Diana fue la intrusa (WTF).

POSIBLES ESTE OTOÑO
En Inglaterra ya acabaron “Summer of Rockets” que no mereció ni una crítica buena ni una mala, y “Beecham House” que, a pesar de todo su lujo, tuvo malas reviews. No me sorprende, los hindúes tienen tanto rencor (y motivos no les faltan) por la era del Raj Británico que son incapaces de hacer algo sobre el tema —y esto que BH tiene lugar durante las Guerras Napoleónicas— de manera objetiva lo que siempre daña una buena historia.

¿Que reemplazará a Poldark una vez acabe en Masterpiece Theater? Candidatas no faltan. Como contrincante de “Peaky Blinders” (¡ay estos niños de verano!) pusieron “Sanditon”” y se sabe que aquí la pasara la PBS en el horario del Masterpiece. (última noticia, “Sanditon” llegará en enero a la televisión estadounidense).

Aunque parezca risible que Jane Austen quite sintonía a los Hermanos Shelby, no hay que menospreciar a los Austen Fans. Yo no lo soy, pero tengo una debilidad por la obra austeniana en pantalla. Sus heroínas son siempre tan agradables. En esta novela inconclusa, la heroína es otra ingenua que encontrará amor y traición en el balneario de Sanditon. El que Rose Williams, la insoportable Claude de Valois de “Reign”, sea la protagonista pudo quitarme el apetito de verla, pero se ve tan simpática que quiero conocerla en otra faceta.

Otra promesa del Masterpiece Theater es que puede traer o este otoño o en invierno “World on Fire” que inicia a fines de septiembre en el Reino Unido. Esta épica miniserie, en siete episodios, pretende cubrir los primeros años de la Segunda Guerra Mundial a través de los ojos de tres personajes interpretados por Helen Hunt, Sean Bean y Jonah Hauer-King.




Se espera que marcando el aniversario número 80 del conflicto, la serie inicie con la invasión de Polonia, para luego pasar por la Batalla de Francia, Dunquerque, La Batalla de Inglaterra y el Blitz. Hunt es Nancy, una corresponsal de guerra estadounidense; Sean no se sabe todavía que rol cumplirá, pero lo vemos de uniforme. 



Jonah Hauer King es Harry un traductor con una amante en Polonia y una novia en Manchester. Aquí lo ven en la foto en las playas de Dunquerque, y como que aprendieron algo de las críticas que le cayeron a Christopher Nolan, porque vemos un elenco birracial. Al menos estos son soldados marroquíes que si estaban sirviendo, en el ejército francés, en Dunquerque. Mucho mejor que ese viajero del tiempo africano que tenían aleteando detrás de James McEvoy en “Atonement”.

Parecerá sorpresa que yo, la fanática de la WWII no esté entusiasmada con este proyecto, pero tengo mis dudas. Temo que las sensibilidades y prejuicios modernos conviertan la historia en un ensayo en presentismo. Además, es como ocurrió con “Indian Summers” que quería ser “La Joya de la Corona”, pero sin el genio de Paul Scott. Esta pretenderá ser “The Winds of War” pero sin las sólidas bases de la novela de Herman Wouk no irá muy lejos.

Que se Viene: Fellowes, Hirst y Rhimes
Hablar de proyectos en cierne es un proceso eterno pero vergonzoso. Me da pena mencionar planes grandiosos que se ceban día a día para luego quedar en la nada. Esto es lo más cercano a materializarse en pantalla.

Nuestro amado Lord Fellowes parece que captó que el horno no está para bollos y decidió engavetar su miniserie sobre Los Rothschild. Pero su crónica del futbol “The English Game”, supuestamente ya terminada, no aparece por ningún lado como tampoco la HBO ha comenzado a filmar “The Gilded Age”. Julian Fellowes está tan ocupado promoviendo su filme de Downton Abbey que ha dejado sus otros proyectos botados en un rincón como si se trataran de paraguas mojados.

Michael Hirst es otro que bien las baila. Me imagino que el final de “Vikingos” llega este invierno. Se sabe que la mancuerna Hirst-Scorsese, y sus sueños de miniserie sobre los Cesares, nunca consiguieron financiamiento (palabra clave en lo que respecta a period pieces). Luego Michael habló de adaptar nuevamente El Dr. Zhivago, pero ahora nos ha salido que hará una serie sobre Carlomagno. ¿Quién lo entiende?

Siguiendo esta trend esquizofrénica, hay dos “Guerras de los Mundos “en progreso. Una adaptación de la obra de H. G. Wells ha estado en progreso hace dos años. Si, la con Eleanor “Demelza” Tomlinson. Pero hay otra en vista, una en tiempos modernos. ¿No que Tom Cruise e Spielberg hicieron algo parecido hace un rato corto?  Ah no, es que esa eso para los Millennials, ahora hay que hacer otra para la Generación Z.

También hay dos Marie Curie ficticias. Rosamond Pike interpretará a la gran científica en el cine, pero Ron Howard quiere crearse otra para su hedionda serie “Genius”.  Al menos FX es más franco y claro con sus noticias, no hay presupuesto para el Shogun ni para la segunda parte de “Tabú”.

Un proyecto que sí creo que verá la luz es “Bridgerton” que se filmaría este otoño y bajo el auspicio de Netflix. Mi fe se basa nada más que sea Shonda Rhimes quien lo produce. Basada en la popular serie de bodice-rippers de Julia Quinn The Bridgertons, esta es una saga romántica situada en el Londres de la Regencia con toda esa aura que atraerá a las Austen fans. Cada libro está dedicado a uno de los miembros de la amplia Familia Bridgerton y narrara sus esfuerzos por encontrar pareja y felicidad en ese mercado matrimonial que era la alta sociedad inglesa en días de Napoleón.

El problema es que a Miss Shonda le gusta hacer hincapié en solo dos cosas, sexo y diversidad. La dupla le ha funcionado en exitosas series como “Grey’s Anatomy”, “Scandal” y “How to Get Away with Murder”, pero no en escenarios de época. Basta recordar la corta vida de su “Stars Crossed”.


Se sabe que la narradora será Dame Julie Andrews, y que los primeros episodios, basados en El Duque y Yo, el primer libro de la saga, tendrán como pareja protagónica a Phoebe Dynevor y a Regé Jean Page.

La Liga de Damas Extraordinarias
Ahora revisemos los proyectos que si están en movimiento. HBO avanza con “The Nevers”, la fantasía histórica que nos han prometido para el próximo año. Ya los personajes tienen rostro y algunos bastante conocidos. “The Nevers” es una combinación de “X-Men” con “Héroes”, una banda de seres con poderes excepcionales (en este caso son solo hembras) que deben salvar el mundo en medio de la represión de la Era Victoriana. 

Esta Liga de Damas Extraordinarias estará capitaneada por Olivia Williams, una millonaria llamada Lavinia Bidelow, que ha fundado este orfanato para las “Touched” (Tocadas). Laura Donnelly es una de ellas, la más importante, su nombre es Amelia True. Eleanor “Demelza” Tomlinson es Mary Brighton, una cantante que descubre sus poderes cuando pierde carrera y posibilidades de casarse.

La lista de actrices es larga y cada personaje es fascinante. También hay algunos hombres, como relleno me imagino. James Norton, salido ya de “Grantchester” y (¡Alabado sea el Señor!) sin posibilidades de una segunda temporada de “McMafia”, será Hugo, dueño de un club clandestino, pansexual y a cargo de un lucrativo negocio de chantaje.

Hugo es el mejor amigo de Augie (Tom Riley, el Leonardo de “Da Vinci’s Demons”), el hermano de Lavinia. Augie es uno de esos “hombres nuevos” de las series mituteras, un tranquilo e ingenuo ornitólogo que no molesta a nadie y que deja que su hermana maneje su fortuna y su vida.

No todos los hombres de la serie son tan inofensivos, sobre todo porque las Touched y sus poderes constantemente cambian la historia y afectan la vida de los londinenses. Ben Chaplin es el detective Frank Mundi. Un poco violento, un poco borracho, pronto se verá atrapado en aventuras con las Touched. ¿Será su amigo o perseguidor?

Pip Torrens es Lord Massens, general retirado, aristócrata, su vida está dedicada al Imperio Británico. No tiene claro si las Touched son una bendición o una amenaza. Todavía no tengo claro si esta serie me va a dar grima o me va a atrapar como me atrapó “Penny Dreadful”.

Detectives de Antaño
Hablando de Penny Dreadful… ¡Por fin! ¡Por fin! Se comenzó a filmar su secuela y tenemos la primera foto de Tiago Vega (Daniel Zovatto) el detective latino que junto a su mentor Anglo deberán investigar extraños crímenes en un Los Ángeles de 1938. Crímenes que los enfrentarán a espías nazis, evangélicos convertidos en figuras mediáticas, y hasta con la mismísima Santa Muerte y su gemela, Magda, un demonio cambia-pieles interpretado por Natalie “Maergery” Dormer.

Los detectives del pasado van a estar muy de moda en el 2010. A&E (no sabía que hacían series) nos mostrará a “Miss Scarlett and the Duke”. Eliza Scarlett es Kate Philips, que, aunque aparece en la sexta temporada de “Peaky Blinders”, ya tenía ganas de tener su propia serie. Aquí será una refinada dama victoriana metida a detective. El Duke (Stuart Martin) es un no muy refinado inspector de policía que intentará enviar a Miss Scarlett de nuevo al boudoir y a su hora del té, pero que acabará colaborando con ella.

¿Suena un poco como “Miss Fisher” no? Pero sin Jack Robinson, y el Duke se ve feíto, no creo que me interese mucho. Si dejé de ver la encantadora y similar serie rusa “Anna, la Detective”, donde al menos la protagonista tiene poderes sobrenaturales, no tengo muchos deseos de ver esta.

Diferente es “Vienna Blood”, la nueva propuesta de la BBC, basada en la serie del psiquiatra y novelista Frank Tallis. Max Liebermann (Matthew Beard) es un médico inglés, hijo de una importante familia de banqueros judíos que llega a Viena, a comienzos del Siglo XX, a estudiar bajo la guía de Sigmund Freud.

 Cuando una famosa médium es asesinada en circunstancias sobrenaturales, Liebermann es contactado por el Inspector Ozkar Rheinhardt (Juergen Maurer) para que lo ayude a resolver el caso.

Por último, tenemos “Shadowplay” una producción canadiense que se está filmando en este momento en Praga. Max McLaughlin (Taylor Kitsch), es un policía estadounidense que es asignado a Berlín, en 1946, con la obligación de crear un cuerpo policiaco. En una ciudad bombardeada, derrotada y dividida entre cuatro poderes, no es difícil encontrar criminales. Otra cosa es ponerlos entre rejas. Actúan Nina Hoss (“Homeland); Mala Emde (“Charite at War”) y Michael C. Hall, el inolvidable “Dexter”.

Eso sería todo. Hay muchos rumores sobre adaptaciones literarias. Hasta no ver, no creer, pero un rumor antiguo era que pretendían adaptar para televisión Las Amistades Peligrosas de Pierre Choderlos de Laclos. Lo mencioné aquí en el 2015. Ahora se ha vuelto una realidad, Starz tiene comprados los derechos y planea hacer una serie que le de tantos ratings como “Outlander” que a propósito no regresará sino hasta el 2020.

Por último, para todas las fans de “My Brilliant Friend”, la segunda parte ya está lista y hasta tenemos fotos de los nuevos looks de Lila y Lenu.


¿Cuál de estas series te gustaría ver y por qué?

jueves, 22 de agosto de 2019

Charité: Cuando los Médicos eran Super Estrellas



Hacía rato que me estaban recomendando la serie alemana “Charité”, pero me mostraba reacia a verla. Temía aburrirme con tanta cháchara científica o peor, enfadarme como me pasó con “The Knick”,” The Alienist” y otros dramas médicos situados en La Belle Epoque. Finalmente, me ganó la admiración que he cobrado por la televisión alemana, y me alegro de haberla visto. Aparte de fascinante, es una sorpresa descubrir que antes que existieran estrellas de rock y de cine, las grandes figuras mediáticas eran los médicos.

La Charité es hoy (según Newsweek) el quinto mejor hospital del mundo y es uno de los mejores y más grandes hospitales-facultades de medicina en Europa. Sus orígenes son humildes, el Reino de Prusia lo hizo construir en 1709 anticipando una plaga de peste bubónica.  Para 1713, era un hospital de pobres.  Sería el Rey Federico Guillermo de Prusia quien le impondría el nombre de Charité en 1827. Sin embargo, la creación de un anfiteatro para dar clases de anatomía definiría el destino de la institución. A partir de 1821, el hospital se convertiría en una escuela de medicina y parte de la Universidad de Berlín.

Enfermeras y Diaconisas
La acción de esta miniserie de seis capítulos tiene lugar en 1888 y gira en torno a Ida Lentzen (Alicia von Ritter), que tras quedar huérfana y perder su fortuna, acaba de institutriz de una familia noble. Cuando un ataque de apendicitis hace que Ida aterrice en los pasillos de la Charité, los patrones, no contentos con no pagar su cuenta de hospital la despiden.

Ida es obligada a pagar su deuda trabajando de asistente de enfermera. Hasta el siglo XIX, las enfermeras eran religiosas. En el mundo protestante del Berlín decimonónico son diaconisas y están por encima de las enfermeras comunes, tanto en poder como en espíritu. Un tema de esta serie es el conflicto entre religión, ósea el pasado, representada por la Matrona Martha (Ramona Kuntze-Libnow), jefa de las diaconisas; y el progreso científico representado por los médicos.

A pesar de estos distingos, Ida hará amistad con Thereze (Klara Deutschmann), una devota postulante a diaconisa que oculta un secreto. Ida también atraerá las atenciones románticas de dos hombres: su exnovio, el médico-profesor Emil Behring (todavía no era “von”), interpretado por Mathias Koeberlin, y el estudiante de medicina Georg Tischendorf (Maximilian Meyer Bretschneider).
Ida y Tischendorf

Ambos hombres verán algo diferente en Ida. Mientras Tischendorff, quien solo estudia medicina para complacer a su padre, ve en la enfermera a la esposa perfecta, Behring ve una futura doctora. El alentará los sueños de Ida de estudiar medicina, aunque sea en Suiza puesto que las mujeres tenían prohibido estudiar esa carrera en Alemania.

Idolos con pies de barro
Ida será un personaje ficticio, pero los médicos con quienes interactuará son todos grandes actores de la historia de la medicina, gigantes científicos ergo con pies de barro. Charité en 1888 fue el refugio y campo de experimentación de famosos doctores. Así vemos los esfuerzos por descubrir vacunas y bacilos de Robert Koch (Justus von Dohnanyi), Paul Ehrlich (Christoph Bach) y Emil Berhing, la vez que conocemos las flaquezas del gran cirujano Ernst von Bergmann (Mathias Brenner) y de llamado “padre de la antropología médica”, Rudolph Virchow (Ernst Stotzner).
Behring, Koch y Ehrlich

Es cierto que un gran bochorno fue para Virchow mal diagnosticar al Príncipe Heredero. Von Behring realmente se pasó su vida en instituciones psiquiátricas debido a su depresión clínica. No sabemos si von Behring fue en realidad adicto al opio, pero si se casó con Elsie Spínola (Runa Greiner), tuvieron seis hijos, y si rivalizó profesionalmente con Ehrlich al que le ganó el Nobel en 1903 (Ehrlich lo recibiría eventualmente). 

Y Koch efectivamente abandonó a su esposa para casarse con una actriz adolescente con la que vivió feliz comiendo perdices hasta la muerte del científico.

La serie ilustra la tremenda fama que tenían estos doctores lo que los hacia arrogantes y vulnerables a la vez. Hedwig Freiberg (Emilia Schule), una actriz de solo diecisiete años idolatraba a Robert Koch como una groupie idolatra a una estrella del rock. Este caso tuvo un final feliz ¿pero cuantas historias tristes quedarían en el camino?

Sobre este mundo del progreso científico se ciernen oscuras nubes de intolerancia que separarán a Tsichendorf de Ida y que presagian no solo la Gran Guerra sino también el triunfo del Nazismo. En esa Alemania que ve en el joven Kaiser Guillermo (Lucas Prisor) un representante de una nueva y poderosa nación no hay mucho espacio para lo diferente sea un judío como Ehrlich o una lesbiana como Thereze.

Virchow podrá alentar la idea de un sindicato de enfermeras seglares, pero las reglas las imponen los aristócratas nacionalistas que creen en duelos, en estratos sociales, en la grandeza del pueblo realmente alemán (léase ario), y en la mujer como madre y esposa. El que Ida finalmente comprenda que su destino no la ata a un hombre, más que un mensaje feminista es una conciencia de que los alemanes todavía no estaban preparados para tener esposas profesionales (lo primero que hicieron los Nazis fue mandar a las mujeres de regreso a sus cocinas).
Ida abandona la Charité

Lo que “Charité” nos muestra es una sociedad de contrastes. Berlín es la capital del progreso, pero ofrece como entretenimiento “zoológicos humanos”. Hoy se admira a Carl Hagenbeck (Thomas Sielinski) como etnógrafo y pionero de la idea de que en los zoológicos no se enjaulase animales, pero en 1888 en su menagerie privada exhibía públicamente a humanos (nubios, inuit, y como muestra la serie, bengalíes) enjaulados. Este tipo de empresa cumplía un propósito supuestamente “educacional”. En realidad, fomentaba la opinión de que la raza caucásica era superior.

En la Charité los médicos provocarán pasiones en jóvenes actrices y serán llevados en andas por sus fans, pero las enfermeras viven en condiciones deplorables, una muere de tuberculosis, otra se contagia de difteria.  Vemos como a los judíos alemanes se les está permitiendo ser parte de la vida civil y profesional, pero su visibilidad crea otro tipo de antisemitismo, el racial.

Entre Tolerancia y Antisemitismo
Una grata sorpresa de las series de época alemanas son sus maravillosas heroínas. Ahora Ida Lentze viene a colocarse en la fila entre la Maria de Borgoña de “Maximilian” y la Lotte de “Babylon Berlin”. Lo meritorio de Ida, que después de todo viene de una familia burguesa tradicional, es su tolerancia que abraza a la adultera, al judío, a la lesbiana, al drogadicto porque en cada caso ella ve únicamente lo bueno, lo que trasciende a la diferencia. Ella solo ve amigos a los que quiere, no membretes impuestos por sociedades segregacionistas.

Hoy en día la palabra “tolerancia” es mal vista. Se supone que debemos “aprobar y abrazar” toda diversidad. Pues yo no recibo muchos abrazos ni por ser latina, ni judía, ni gordita, ni viejita. ¡Al contrario! Por eso, y más en un contexto histórico, tolerar la diferencia cuando esta es opacada y superada por el cariño y por los méritos del diferente me parece admirable.

Esto me lleva a un tema importante en “Charité” que es el antisemitismo. Curiosamente, y eso que se acercan al tópico con pies de plomo, los alemanes tratan la judeofobia con mayor seriedad, realismo y compasión que las series y filmes de otros países. Su enfoque es en Paul Ehrlich, Premio Nobel de Medicina; descubridor de las huellas dactilares como método identificador; curador del flagelo de la sífilis; padre de la quimioterapia y…judío.

Tanto la serie como la vida real nos dicen que Ehrlich fue aceptado a pesar de ‘su diversidad” por el establishment médico. El antisemitismo no forma parte del fastidio que siente Behring por su colega, tanto Koch como Virchow consideran a Ehrlich como un igual. Spínola ciertamente no puede opinar, su mujer era judía.

La serie presenta la judeofobia desde dos perspectivas:  la del estudiantado nacionalista y la de una comadrona quien esgrime su desprecio contra quienes no son cristianos. Durante su vida, Ehrlich cabalgó entre dos formas de antisemitismo; la religiosa y la racista, ambas igualmente destructivas ya que se basan en falsas superioridades.

¿Cuán judío fue Ehrlich? Era silesiano, ósea parte del Imperio Austro Húngaro, su abuelo fue el líder de la comunidad judía de su pueblo, su padre era el recolector de la lotería imperial. Ehrlich fue un producto de ambos mundos, el tradicional y el de los judíos progresistas que servían al Imperio.

Ehrlich se movió entre el imperio y Alemania, estudiando medicina en las universidades de puntos tan lejano como Breslau, Estrasburgo y Leipzig. Su gravitar nómada le dio una independencia mental asociada con el progreso. Su traslado a Berlín y a la Charité no se debía solo a que como nos indica la serie, Alemania fuese el centro del avance médico, sino también porque ofrecía más oportunidades para que un judío se integrase a la sociedad gentil.

Eso no quiere decir que fuese un asimilado. Se casó con una judía en boda religiosa, fue enterrado en el viejo cementerio judío de Frankfurt. En la serie menciona celebrar fiestas hebreas y lo vemos rezando de manera tradicional judía (balanceando el cuerpo). Ehrlich siempre se sintió judío.  Uno de los miembros de la academia sueca le negó el Nobel argumentando que el Instituto fundado por Ehrlich y que llevaba su nombre “poseía una atmosfera judía”.

Sin embargo, Ehrlich siempre se sintió alemán, vivió y murió en Alemania, nunca se interesó por el sionismo. Al Dr. Chaim Weizmann le tomó dos horas convencer a Ehrlich de subvencionar económicamente la construcción de la Universidad de Jerusalén.
Retrato de Paul Ehrlich

La ironía es que este genio de la medicina al que Alemania honró en vida (el Kaiser mandó una conmovedora carta de pésame a Hedwig Ehrlich) recibiría su mayor ataque antisemita estando ya enterrado. El Tercer Reich lo borró de los libros de historia y de los textos médicos, le cambió nombre a calles e instituciones que llevaban el nombre de Paul Ehrlich, y Hedwig (en la serie la llaman “Hedda) y sus hijas debieron refugiarse en Suiza para salvar sus vidas.

En 1938, los Estudios Warner decidieron hacer un filme honrando a Ehrlich, Hedwig fue contratada como asesora y Edward G. Robinson interpretó al médico. “Dr. Erlich’s Magic Bullet”, a pesar de ser producida por un judío (Jack Warner) y que su protagonista era un judío rumano, recibió tantas presiones que toda mención del origen étnico de Ehrlich fue borrada el libreto.

En “Charité” Ehrlich es identificado como judío incluso por quien no lo conoce. Lo han expuesto a un antisemitismo fácil de reconocer; estudiantes que lo acusan de no ser alemán, comentarios de que su pelea con Behring es por codicia típicamente judía, etc. Bostezo y bostezo porque hasta yo he pasado por esas incomodidades, pero de pronto nos presentan con algo inesperado.

Una Partera Antisemita
Hedda (Stella Hilb) está embarazada de su tercer hijo. En 1888, los partos seguían siendo terreno de parteras y Ehrlich se trae una de la Charité. Digamos que esta individua tosca e ignorante está a años luz de las comadronas de “Call the Midwife”. Inclusive nos la han presentado temprano donde milagrosamente ha traído al mundo a un bebé en la Charité. Digo milagrosamente, porque se la pasa todo el parto quejándose e insultando a la parturienta.

Pues su comportamiento no es diferente en casa de los Ehrlich donde se las arregla para ser descortés con el médico y con sus hijas y agrede verbal y físicamente a su paciente. Finalmente concuerda en algo con Ehrlich, el niño viene en mala posición, se necesita de un cirujano.

Todos los médicos de la Charité están celebrando en un congreso. Le envían a Ehrlich a Tischendorf, el peor estudiante de medicina de su facultad. Tischendorf, que todavía no es antisemita, ayuda a Ehrlich a cargar la camilla de Hedda hasta la Charité.

Alla se encuentran con … ¡La Partera! Esta expulsa a Ehrlich de la sala cubriéndolo de epítetos antisemitas y acabando con un “agradezca que una institución cristiana haya aceptado a su esposa”. Luego anuncia a su equipo (Ida y Tischendorf) que “entre nosotros vamos a sacar este mocoso judío”



Pasa el rato, Tischendorf en un alarde de irresponsabilidad se va a batirse a duelo y deja en su lugar a un estudiante de primer año. La partera se da cuenta que no se las puede. Solo tiene una solución, abrir en canal a la madre y salvar al niño. Insta al aterrorizado estudiante a hacerlo: “¡Hasta un carnicero sabe cómo hacerlo! No se necesita de un doctor”.

Explico cómo eran las cesáreas de entonces. Normalmente se practicaban a mujeres muertas o moribundas. En muy pocos casos sobrevivían las madres. El 85% de las mujeres a las que se les practicaba la operación morían.

Sin embargo, en esa Alemania donde el progreso medico es cosa de día a día, se había establecido un método experimental que daba muchos resultados. En 1882, se había descubierto el corte transversal y un año más tarde, Max Saanger había desarrollado un efectivo método para suturar el útero. Ida le advierte a Ehrlich lo que quieren hacer. Él no es cirujano, pero parte al congreso en busca de uno.

Entretanto, a la partera se le ocurre otra brillante idea: un bautizo de emergencia. No sabía que los luteranos también lo practicaban, pero este tipo de bautizo, que puede administrarlo cualquier católico bautizado, se sigue haciendo hoy, sobre todo en hospitales con criaturas que están en peligro de muerte, recién nacidos, incluso fetos abortados. Pero me imagino que hoy se hará con niños de familias cristianas nada más, o con huerfanitos.

Ida le recuerda a la partera que los Ehrlich son judíos, esta hace un gesto despectivo: "No es culpa del bebé".

Ida baja a la sala de enfermeras. El pastor se ha retirado por el día, pero envían a Thereze puesto que como diaconisa tiene la facultad de bautizar. Ehrlich ha encontrado que todos los cirujanos están medio borrachos, ninguno sirve. Vuelve cabizbajo a la Charité y se encuentra con Thereze acercándose a su mujer y portando un cuenco con agua bendita.

¿Como se pretendía proceder? ¿Iban a esperar a que arrancaran el niño de la panza de Hedda para rociarlo con agua bendita o iban a hacerla beberse el líquido como hicieron con Camila O ‘Gorman?  ¡Al parecer pensaban inyectarle el agua en la panza a Hedda! No llegamos a saber como reaccionaría la paciente porque en su desesperación, Ehrlich arroja la fuente al suelo. Como suelen hacer las mujeres ante una muestra de violencia masculina, todas se repliegan y la partera huye.


Ida, siempre la única cuerda, va en busca del único médico que permanece en el hospital. Von Behring es el ceniciento de Charité. El único que no ha sido invitado al jolgorio del congreso. Es el quien salva a Hedda. El niño con tanto traqueteo ya se murió. Esa noche, la enfermera Edith (la socialista que quiere crear un sindicato de enfermeras) le pide disculpas a Ehrlich y le recuerda que hay personal médico en la Charité que no cree en bautismos obligatorios.

Los Peligros del Bautizo
La primera vez que vi este episodio me quedé estupefacta, llena de ira y de vergüenza. Mi mente de mujer moderna acostumbrada a respetar la diversidad se escandalizó ante tanta desubicación. Lo que más me impresionó fue la total desconsideración por Ehrlich, por su dolor de padre y esposo. Aun comprendiendo que para los cristianos/católicos no hay salvación fuera de la Iglesia, que a la Iglesia se entra a través del bautismo y que toda criatura sin bautizar está condenada al limbo, me incomodó. Como le dijo Ehrlich a Edith “es solo otro insulto más”.

Sin embargo, mi segunda visión del episodio me dejó incomoda por otra razón. Tal vez mis amigos católicos y cristianos, viéndolo con ojos modernos, considerasen que la actitud del médico era la irrespetuosa y la desmesurada. ¿Después de todo si no se cree en el bautismo qué importa un chorrito de agua?

 No señores, en el contexto de la época no era un mero chorrito de agua. A pesar de que Paul Ehrlich era un niño cuando ocurrió lo del “Caso Mortara” es imposible que no conociese del incidente que sacudió no solo a la comunidad judía sino también a la opinión pública europea y norteamericana.

En 1857, en Boloña, entonces parte de los Estados Papales (Italia todavía no estaba unificada), la policía escoltando a enviados del Papa Pio IX, se presentó en la casa de los Mortara, una familia judía acaudalada. A pesar de las suplicas y protestas de los padres, se llevaron a Edgardo, de seis años, el sexto de los ocho hijos de los Mortara. Aunque siempre se ha hablado de “secuestro” lo terrible del caso es que era perfectamente legal.
El "secuestro"de Edgardo Mortara

Había llegado a oídos de las autoridades eclesiásticas boloñesas (léase, La Inquisición que todavía existía en los Estados Papales) que Anna Morisi, una adolescente analfabeta que fungía como nodriza de Edgardo, lo había bautizado creyéndolo en peligro de muerte. De acuerdo con las leyes canónicas, un niño católico no podía ser criado dentro de otra religión.

Los Mortara fueron a Roma a rogar que le devolviesen al niño. El Papa fue firme, a menos que los padres se bautizasen, Edgardo quedaba bajo protección papal. Entretanto, la noticia se hacía conocida en toda Italia y más allá de los Alpes. El Emperador Francisco José hizo una protesta formal. Lo mismo hizo Napoleón III, aunque sus tropas estuviesen a cargo de la protección del Santo Padre. Se dice que fue este caso el que hizo cambiar de opinión al Emperador quien desde entonces apoyó la unificación de Italia.

El Times de Londres se encargó de apoyar la causa de los padres; en Estados Unidos donde había un fuerte sentir anticatólico, se vio este incidente como ejemplo de que un gobierno liberal y protestante como el norteamericano era el mejor para los judíos. El famoso filántropo inglés de origen italiano, Sir Moses Montefiore viajó a Italia a entrevistarse con el Papa, pero sus esfuerzos fueron vanos.

Para abreviar, Edgardo no volvería a ver a su madre sino ya de mayor, ya muerto el padre, y el niño haber sido ordenado sacerdote. El Padre Pio Mortara (adoptó el nombre del Sumo Pontífice) murió en Bélgica, a los 88 años, unos meses antes de la invasión alemana de 1940. Una suerte para él, porque para los Nazis el bautismo valía hongo y el sacerdote hubiese acabado en una cámara de gas.
El Padre Mortara y su madre

Debido a ese precedente— el caso Mortara no fue único en el Siglo XIX, pero si el más sonado— es que los judíos como Ehrlich le tenían terror al bautizo. Sabían que podía desencadenarse en una tragedia familiar. No sé si esa cláusula existirá todavía, pero sé que pesaba en la imaginación colectiva judía del siglo XIX e incluso en la del XX.

En su estudio sobre los judíos italianos The Italians and the Holocaust, Susan Zucotti se sorprende al encontrar reiteradamente en los informes de judíos rescatados por el clero la frase “y no intentaron convertirnos”. Cuando San Juan Pablo II, entonces Padre Wojtyla, aconsejó a una feligresa no bautizar al niño judío que había rescatado de los Nazis, actuó con generosidad de santo puesto que otros rescatistas si se afirmaron en el derecho canónico.

En Francia, Antoinette Brun, valerosa resistente, decidió quedarse con los Hermanitos Finaly a quienes había rescatado de los nazis. Cuando la tía de los niños, ya acabada la guerra, reclamó a sus sobrinos, Madeimoselle Brun hizo bautizar a los Finaly. Luego, apoyada por el clero local, los trasladó a España, a un monasterio en el País Vasco. Pero esta vez, la opinión mediática, apoyada por la ley y por la iglesia galas, primó y los niños fueron enviados a Israel con su tía.

“Charité” es una serie sobresaliente, realmente histórica, sobre todo en lo que respecta a la evolución de la medicina moderna. Hay romances de todos tipos, pero no hay sexo. Solo hay un desnudo y es de espaldas. Lo que si hay son muchas vísceras sangrientas, pulmones agujereados, y operaciones gráficas. En el primer capítulo, a Ida le extraen su apéndice en un anfiteatro enfrente de cien estudiantes. ¡Mi pobre hermana se cubrió los ojos durante toda la escena y me hacía que le leyera los subtítulos! Si son amigos de las series medicas no se pierdan esta serie.