lunes, 23 de julio de 2018

Endeavour: Morse, Oxford y el '68



La falta de material de esparcimiento decente me ha tenido este verano gravitando entre cosas tan distintas como “La Otra Mirada”  y  “Borgoña”, pero el hastío de días y noches de calor lo compenso con  diversas series policiales inglesas cuyo mejor atributo es que ocurren en un pasado semi cercano.  La más nostálgica y la mejor de todas es “Endeavour”.

Hace más de cuatro años que anunciaba en este mismo blog, la llegada a Chile de una nueva serie inglesa inspirada por las novelas de Colin Dexter.  Las novelas originales  giran alrededor de Morse,  un inspector de la Policía del Valle del Támesis que opera en la ciudad universitaria de Oxford. Mi padre fue un ávido seguidor de la serie” Morse” por casi seis años, y una alegría para él fue cuando el canal Film &Arts, en Chile, le permitió ver los últimos cinco episodios que compusieron la última temporada.

Yo habré visto, a lo más,  un par episodios, de la serie protagonizada por John Thaw. Uno porque  trabajaba Elizabeth Hurley, entonces chongo de mi hermano, y otro porque tenía lugar en Australia. Morse, cínico y amigo de la botella, nunca me conquistó. Mi padre lo adoraba ya que compartían la pasión por la música clásica, los buenos libros, y el ajedrez. Era un poco como otros detectives que mi padre seguía en el espacio de la PBS titulado “Mistery” donde también había seguido  al Comisario Dalgliesh, a Poirot y al Sherlock Holmes de Sir Jeremy Brett.


En  el 2012, en la BBC se les ocurrió inventarse una serie en donde veríamos a un joven Morse y seguiríamos su trayectoria de policía. La serie llevaría el título de “Endeavour”,  el nombre de pila (jamás usado) del icónico detective. Este extraño nombre , que se puede traducir como “empeñoso” o “emprendedor”,  le fue impuesto a Morse por su madre, una cuáquera creyente en el poder de  otorgar virtudes como patronímico. Otros dicen que fue el padre quien se lo puso en honor a la nave con la que el Capitán Cook descubrió Australia.

Cuando anunciaron la llegada de “Endeavour” a Film&Arts,  traté de que mi papá la viera pero ya su mente enferma no podía seguir una serie tan elaborada. La superioridad de “Endeavour”  es que,  en cinco temporadas de episodios de hora y media,  ha alcanzado un nivel cinematográfico y argumental más elevado que la mayoría de los dramas policiales,  aun los de época.

Para mí lo más atractivo de  “Endeavour”  fue que iniciaba en el Oxford de 1963.Tal como a mi papá lo había atraído la idea de crímenes en el mudo académico, a mi me atrajo la idea de ver ese mundo cambiar en la década más versátil y camaleónica de mi vida. A pesar de que era muy chica, los nombres Beatles, Carnaby Street, Twiggy  y Mary Quant eran reconocibles para mi como hija de una mujer metida en el mundo de la moda y loca por las fiestas y la música pop. Y esos nombres eran parte de los Sesentas británicos.

Aun en Oxford, los largos de las faldas, de los cabellos, y de las quejas contra la juventud se sentían. Los cambios sociales también eran evidentes en el tipo de crímenes que la ley debía resolver. Así que me puse a seguir las aventuras de Endeavour  Morse (Shaun Evans), ex estudiante de Oxford, ex militar,  que ha decido probar suerte en el cuerpo de policía.

Otro atractivo de esta serie es que el entorno del joven Morse es mucho más interesante que el de su carrera futura. Sobre todo la relación que se forja entre el nuevo detective y su mentor y superior Fred Thursday. Interpretado por Roger Allam (ex Ilirio Mopatis de GOT). El Inspector Thursday es un hombre sencillo, justo, sabio, excelente marido y padre devoto de dos hijos adolescentes que a medida que crezcan lo harán sudar la gota gorda y derramar lágrimas de sangre con tantos líos en que se verán metidos.

Cuando comencé a ver la serie le vi similitudes con otro cuento de detectives que tiene lugar en la misma década que ”Endeavour”, me refiero a” Inspector George Gently”. Ambas series comparten raíces literarias, Gently nació en las novelas de Alan Hunter;  ambas series tienen lugar fuera de Londres; y en ambas hay un detective veterano, marcado por su servicio en la Segunda Guerra Mundial, que odia la corrupción y se ve encargado de enseñarle la profesión a un joven y rebelde detective. Pero ahí se detienen los parecidos.

La acción de “Gently” trascurre en Newcastle, en el Norte de Inglaterra, una zona pobre salpicada de fábricas. Morse se pasea por una Oxford vetusta,  refinada y erudita a la que le cuesta entrar en el Siglo XX. Thursday es menos huraño y tiene una familia,  en comparación con el viudo y antisocial Gently (a pesar de que ambos comparten una anticuado sentido de caballerosidad hacia las mujeres aunque sean delincuentes).

 Endeavour es más instruido, serio y responsable que Bachus, el asistente de Gently. Aparte que,  como su jefe, es respetuoso con las mujeres, y eso incluye respetarlas como profesionales incluso en el cuerpo policial.  Para ver la diferencia, basta recordar  los chillidos de Bachus cuando Gently convence a Rachel de tomar el examen de sargento. Según Bachus,   las mujeres “si solo se ponen a parir” no sirven para detectives.

Hablar de mujeres es hablar de romance. El amor y el Inspector Morse parecían ser antónimos, a pesar de que de vez en cuando le salían algunas maduras conquistas. Ahora, Endeavour es joven,  guapo, y con ojos de Steve McQueen. Mujeres no le faltan, aunque no las busque y aunque su mirada siempre esté ocupada en ver crecer a Joan Thursday (Sarah Vickers),  la hija del jefe, hasta que tiene que aceptar que se ha enamorado de ella.

El año pasado, Joan se fue a vivir con un hombre casado, quedó embarazada y perdió el bebé. Aunque ahora diga que se cayó,  da la impresión de que el novio la empujó por las escaleras. El hecho es que ha regresado y aunque insista en vivir sola y hacer su vida, sus decisiones a cada rato la colocan en el camino de su padre y el de Morse.

A mi ha dejado de gustarme Joannie para Morse. Tampoco me gustaba Mónica (Shvorne Marks) . A la que quería junto a él es la Agente Shirley Trewlove, interpretada por Dakota Blue Richards. Increíble que la odiosa Lyra Bellaqua y la más odiosa niñita de “El Secreto de Moonacre” se haya vuelto una actriz tan competente.  Trewlove me encanta y la shipeaba con Endeavour, pero parece que la niña de uniforme este año ha encontrado pareja en George Fancy (Lewis Peek), la última adición a la comisaria de  Morse.

Es que en 1968, el cuerpo de Policía de Oxford sufrió una trasformación descomunal y terminó reagrupándose bajo el nombre de Policía del Valle del Támesis.  La mudanza va a ser física, ya que se ha construido un edificio ultramoderno (con computadoras) para hospedar a la jefatura, pero se sabe que no todos acabarán allá.

Este cambio tiene  a todos caminando sobre cascaras de huevo y preocupados por su futuro. Thursday y su superior,   el Comisario Bright (Anton “Qyburn”Lesser), temen que el traslado pueda afectar sus merecidas jubilaciones. Morse ha sido ascendido a Detective Sargento, el mismo rango que Jim Strange (sean Rigby). Lo normal en estos casos es que trasfieran a Morse, pero con tanta conmoción, la delegación tiene ahora dos sargentos que,  para colmo, viven juntos.

La última complicación es la llegada de George Fancy, el nuevo detective mascota, o sea lo que fue  Morse un día. Se lo encajan a Endeavour para que lo adiestre. Harry, El Sucio estaba más feliz cuando le pasaron un compañero. George y Thursday le recuerdan a Morse que también él fue principiante, pero el nuevo Detective Sargento no recuerda haber sido tan memo.

Fancy no le hace caso, no sigue sus órdenes,  llega borracho, hay que rescatarlo de un campo minado,  y más encima cuando ve a Trewlove le salta con ”¿Qué hace una chica guapa como tú en este sitio? “ “Mi trabajo” le contenta ella . Pero ante el horror de Morse, hasta Shirley se está dejando ganar por los ojitos de Fancy. “Parece un cachorrito” le dice la mujer policía a Morse.

Aprovechándose del pánico en la división, un criminal de poca monta llamado Eddie Nero (Mark Arden) comienza a surgir en el hampa oxoniana. Entramos en  una Oxford desconocida donde Nero, que opera tras el frente de un gimnasio donde entrenan púgiles, reina como extorsionador,  tratante de blancas y contrabandista de objetos robados.  La serie se interna por los recovecos del Noir con cobradores que se pagan con los favores de las hijas de dueños de restaurantes; elaboradas centrales telefónicas que comunican a los clientes con prostitutas caras;  y fiestas bohemias donde Nero es recibido como un Don Corleone cualquiera.

El mundo del crimen está evolucionando tal como el mundo real. Las noticias de los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy llegarán vía noticiarios, pero en el patio trasero de la jefatura están ocurriendo conflictos  que afectan a la sociedad, como el racismo. Los 60 fueron épocas de odio racial y disturbios como los de Watts en Estados Unidos. Recién me entero de que también lo fueron en el Reino Unido,  pero por  diferentes circunstancias.

Si en USA la tensión es el resultado de la agotadora y dolorosa campaña por los Derechos Civiles, en Inglaterra es el resultado del colapso de su mundo colonial. Cuando en “Cartouche”, un egipcio acusa a los británicos por la muerte de su hijo en La Guerra de los Seis Días, no miente al decir que el conflicto arabe-israeli ha nacido de la intrusión europea en la región y de pésimas decisiones que Whitehall ha tomado por casi un siglo sobre el Medio Oriente.

A su regreso a Oxford, Joannie consigue trabajo en el servicio social. Atendiendo a una familia de hindúes de Kenia (otro ejemplo de como las guerras independentistas de las antiguas colonias creaban nuevos refugiados),  se convierte en blancos de racista que casi le parten la cabeza con un ladrillo. Este es cortesía de un grupo de neofascistas que también están involucrados con el omnipresente Eddie Nero.

Es en el capítulo “Colours” que el racismo emerge en todas sus facetas. Cuando la peluquería del barrio pone un cartel donde especifica que no atienden gente de color, un grupo,  al que se une Joannie,  se forma ante el local protestando la medida. Cuando impiden el paso a una cliente blanca, la protesta se vuelve violenta y los manifestantes, Joan entre ellos,  son arrestados.

La protesta es liderada por Marcus Willians (Marcus Griffith),  un carismático y elocuente anglo-africano que ya ha se ha desempeñado brillantemente en un debate en Oxford en contra de Lady Bayswater (Caroline Goodall en un velado retrato de Lady Diana Mosley). Un debate en que la ex líder fascista aboga no solo por la expulsión de inmigrantes de la universidad, sino también del país.

Como nos muestra “Endeavour” el racismo no solo proviene de sectores fascistoides. La peluquera Mrs. Radowicz (cómo ha envejecido Rebecca Saoirse), obviamente inmigrante polaca, intenta convencer a Thursday que no tiene prejuicios en contra la gente de color.  “Siempre los he tratado como mis iguales” afirma,  “fui a ver a Sammy Davis Jr. En El Palladium”.

Es su clientela la que protesta porque no quieren usar las toallas que usan las parroquianas de color. Pero cuando Thursday le pide que identifique a Marcus como el instigador de la protesta, la peluquera no puede. Para ella todos los negros son iguales. “Tal vez sus madres puedan diferenciarlos” dice.  

Peores son los polizontes que han mandado de la División de Robos a ver lo de Nero que se niegan a aceptar que sea un jamaiquino quien esté vendiendo objetos robados. Según ellos, los negros son demasiado tontos para poder cometer ese tipo de delitos (!!!)

Esos polizontes son quienes se encargan de aportar una buena dosis de machismo a la comisaria. Uno de ellos agrede verbalmente a Trewlove culminando en una joya como “las como tú solo sirven para dos cosas…una de ellas es escribir a maquina y…” No llega a terminar porque le caen encima todos los hombres de la jefatura.



Pero incluso hombres refinados e instruidos  pueden ser capaces de actos repugnantes. En el episodio “Musa”, con más sutilidad y  emotividad que en “La Otra Mirada “, “Endeavour” se enfoca en un caso que recuerda al de La Manada. Una serie de inexplicables asesinatos sacude a Oxford. Un ex boxeador aparece con un clavo incrustado en una oreja, un profesor de Oxford aparece muerto y sin ojos, y su padrino de bodas lo sigue perdiendo la cabeza literalmente.  La policía la encuentra en una bandeja de plata.

Para mi es obvio que el asesino serial sigue modelos bíblicos, para Morse y Thursday es más complejo. Solo hay un vínculo en común , una mujer de impermeable blanco que posiblemente ejerce la prostitución. Los catedráticos eran clientes, el boxeador era el chofer encargado de proveer la mercancía.

Todo indica que la asesina es Eve Thorne una guapa Call Girl de alta sociedad e interpretada por nuestra nueva amiga Charlotte “Myranda” Hope,  a la que pronto veremos cómo Catalina de Aragón. 

En realidad, Eve encubre a su amiga Ruth (Antonia Clarke),  que ahora trabaja en el servicio telefónico que procura mujeres para los clientes. Recién salida del convento, Ruth decidió probar suerte en Oxford y cayó en manos de la red de prostitución de Eddie Nero, que la” ofreció” (el Sacrificio de la Virgen supongo) para una despedida de soltero en Oxford. Ahí,  Ruth fue salvajemente violada por el futuro novio y sus amigos,  en los que ahora cobra venganza.

Hay una sensación que las mujeres están cambiando, que pueden buscar justicia como Ruth, responder a los bravucones como lo hace Trewlobe, encontrar sus propias causas como Joan Thursday, incluso intentar borrar el pasado de sus padres como sucede con Moira Crichton-Ward (Leo Hatton), hijastra de Lady Bayswater, que es asesinada precisamente por tener un novio negro.

También vemos ejemplos de la nueva revolución sexual lo que afectará a Morse quien se involucra este año con una glamorosa y liberada fotógrafa francesa (Claire Ganaye). Vemos a Morse, más contento, más relajado, menos sumergido en el trabajo, pero comete un error que solemos cometer las mujeres,  de desear llevar la relación a un plano más serio. Es ahí cuando Claudine se vuelve brutalmente franca: “esto es solo sexo. No es amor”.

No siento mucha lástima por Morse porque cuando no está creándose falsas expectativas o suspirando por Joannie, anda tratando mal a otras mujeres. El siempre tan caballero acusa a Eve, en su cara de ser “una vulgar prostituta”. Eve tiene demasiada experiencia para no reconocer que el policía se escuda tas el insulto porque se siente atraído por la acusada. “Soy inmune” le responde fríamente Endeavour, pero no será tan inmune ante los encantos de una rubia bonita(Emma Rigby)  a la que conocerá cuando la dejen plantada en la puerta de una caseta telefónica.

Sn preguntarse los nombres, van a un bar, se emborrachan y terminan en la cama de Morse. Unos días mas tarde, Morse se reencuentra con la rubia en la cocina de Thursday, se trata de Carol, sobrina del Inspector. Sus padres han venido de Londres de visita y se la encajan a Morse para que le muestre la ciudad.

Morse se porta horrible con ella ignorándola o haciéndola sentir mal por lo que pasó entre ambos. Algo que el insiste en llamar “un error” Al final, al despedirse,  Carol le dice que ella no ve lo ocurrido como un error, solo que hay cosas que no duran más del momento.

A pesar de todos los cambios, Oxford sigue siendo provincia y el crimen nunca alcanza los niveles londinenses. Cuando el hermano de Thursday le cuenta que necesita dinero para mantener su ferretería, el Inspector inmediatamente le pregunta si ha tenido algún problema con “Los Mellizos”. Es que Eddie Nero no tiene el poder en Oxford que Los Krays tuvieron en Londres.

El mundo de esta quinta temporada de Endeavour se balancea entre el pasado y el presente. Un presente de mujeres liberadas gozando del glamur de su independencia, pero también presas de estrés y de otras trampas que los 60 nos tenían deparadas a las generaciones siguientes. Antes de ser asesinada Moira Crichton-Ward demuestra un comportamiento errático. Se descubre que estaba bajo los efectos de un coctel de anfetaminas y Seconal.

 Los médicos de entonces todavía no sabían que las combinaciones eran dañinas. Las anfetaminas son para suprimir el apetito, el mayor enemigo de una modelo. El Seconal,  como explica el forense De Bryn (James Bradshaw) es para hacerla insensible. “¿Insensible a qué?  “pregunta el azorado Bright.  “A la vida” responde el Dr. DeBryn.

Aparte de los peinados tiesos de laca, y las modas de las que espero hablar en otro blog, hay cosas que inmediatamente nos remontan al pasado como cuando Morse va al cine en una sala llena de fumadores. Solo pensar que me pasé mi infancia tragando humo de los puchos de mamás viciosas…. Con razón tengo los pulmones malos.

Otro detalle es el clasismo. Cuando el hermano de Thursday viene de visita, lo lleva al inspector y a su esposa a cenar a Chez André, el mejor restaurante de Oxford donde se tropiezan con el Superintendente Bright quien demuestra sorpresa ante el hecho que un policía como Thursday pueda costear un establecimiento tan exclusivo. Hay un leve tono de reproche en la voz del elitista Bright como si Thursday, y su insufriblemente vulgar hermano , estuviesen usurpando el espacio de gente superior a ellos.

Un rasgo característico del Inspector Morse era su conservadurismo. En su empaque más joven , Endeavour es igual de chapado a la antigua. El mundo que lo rodea, a pesar de los cambios impuestos sigue apegado a tradiciones, algunas bastante respetables. Ciertamente que uno prefiere policías como Bright y sus subalternos, que siguen apegados a reglas de tradicional decencia, antes que  mequetrefes como el polizonte de Robos que se jacta de que sus superiores prefieren sus reprensibles métodos a los de una antigualla como el superintendente.

En “Colours” vemos un regimiento a punto de ser desplazado a Alemania, dejando tras de si un mundo de recuerdos y tradiciones de honor y valor. Hay similitudes con lo que está viviendo el cuerpo de policía de Oxford. Cuando Morse reprocha el que mantengan en servicio activo a un héroe como el Mayor Duff (Ian Pirie), que a pesar de su brillante carrera, presenta evidentes señales de perturbación mental tras dos años en un campo de prisioneros chinos, la respuesta del coronel Champion (William Scott-Masson) en contundente: “el regimiento cuida de los suyos”.

De igual manera, la policía cuida de los suyos y por extensión,  de sus familias. Eso se ve cuando Jim Strange libera a Joannie, detenida durante la manifestación, y borra toda señal de que haya estado en la comisaria.


En “Endeavour”, a diferencia de Gently quien está siempre luchando contra la corrupción dentro del sistema, la institución policial es vista como un baluarte de decencia y dignidad  ejemplarizados por hombres conservadores pero buenos y justos como Bright, Thursday, Strange y Morse.  Trewlobe,  aunque nueva y mujer, abraza esos códigos de honor e intenta preservarlos.

En “Endeavour” el pasado tiene su modo de siempre vincularse al presente. En “Passenger”, un par de asesinos reutilizan los métodos detrás de un crimen sin resolver y solo consiguen “resucitar” al verdadero homicida. En “Colors” el fascismo de los 30 renace en el clima racista de los 60. Ruth Astor se inspira para su venganza en el arte de Artemisia Gentileschi, una gran pintora barroca que tuvo el valor de llevar a su violador a juicio.

 “Cartouche” gira en torno  a Emil Valdemar (Donald “Maestre Lewin”Sumpter) una especie de Boris Karloff que fue estrella del cine de horror de los 30. Ahora su fama ha renacido en la compañía Mammoth (obviamente, la Hammer). Pero tal como su momia, hay un asesino que resucita del pasado para perseguir a Valdemar por algo ocurrido durante la Gran Guerra. Algo que solo conocen el actor y el vengador.

“Endeavour” está mejor estructurada que la mayoría de las series de detectives modernas. Los crímenes son mas exóticos, al igual que la galería de sospechosos. Siempre haya un modo de entroncar el crimen con la vida personal de los personajes habituales, de combinar lo nuevo con lo antiguo y de hacer el misterio más complejo, incluso llevándonos como por un laberinto de falsas pistas a callejones sin salida. Tal vez el costo  de mantener ese alto nivel de calidad es  lo que obligue a la serie a tener temporadas cortas. Esta solo tiene seis episodios de hora y media de duración. Snif, ya se me acaba. Se las recomiendo.

Como la Señora Valentina Párraga siempre me pregunta dónde puede ver las series que recomiendo, les aviso a ella y a otros interesados. En USA, se puede ver “Endeavour” los domingos (con repetición) por PBS (Canal 13), WNJ, la PBS de Nueva Jersey,  la está dando con dos capítulos de retraso, los miércoles,  a las 9pm. Pueden verla en Thirteenth Passport, el sistema de streaming al que estoy subscrita ($4 mensuales) o ver las cuatro temporadas  por YouTube, por $1,99 el capítulo.

Veo que en YT hay algunos gratis de esta temporada como “Passenger”, y con subtítulos en español. Es cuestión de buscar.

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