domingo, 16 de marzo de 2014

Las Dos Francias de Un Village Français


Después de “Juego de Tronos”, y “Boardwalk Empire”, “Un Village Français” es lo mejor que he visto en términos de televisión en lo que va en esta década. Es más meritoria, porque rara vez vemos calidad en productos que no sean anglosajones, quizás porque no tengamos tanto acceso a ellos. Esta serie francesa merece reconocimiento por sus valores actorales, escenográficos y por un argumento que recrea de una manera muy particular un periodo oscuro y polémico de la historia de Francia.

Como saben, soy fanática de todo lo relacionado con la Segunda Guerra Mundial. De niña, me trague cuanto filme añejo existiera sobre el tema. Recuerdo principalmente los filmes (y series de televisión) que insistían en tratar a la Francia Ocupada como dos equipos contrincantes: Nazis despiadados versus resistentes tan angelicales que ya solo les faltaba el halo sobre las boinas.

A partir de los 70’s, los historiadores angloparlantes comenzaron a practicar su revisionismo con La Francia Ocupada y trataron de ver esos años oscuros de manera menos parcial. Desde el juicio de Klaus Barbie (1987) que Francia ha intentado enfrentarse a su historia durante la Ocupación. No solo los historiadores, sino también los cineastas se han enfocado en ese periodo. Lamentablemente, los resultados son maniqueos.

Los resistentes, siempre sean de orientación marxista, son sufridas victimas llenas de nobles ideales. Los alemanes se convierten en personajes periféricos, su presencia en territorio francés crea un fenómeno “causa y efecto” que hace aflorar lo peor del pueblo galo. Es que los villanos de este cuento son francoparlantes. Todo el Mal queda encarnado en el gobierno de Vichy, en la odiada Milice y en los oportunistas y ambiciosos colaboracionistas.

Por suerte, Tétra Media vino a remediar esa visión  con ayuda del escritor Frédéric Krivine y su equipo de guionistas. En el 2009, debutaba por France 3, “Un Village Français”, un retrato más que objetivo y totalmente sorprendente de las Dos Francias.



“Un pueblo francés” está ambientada en la prefectura de Villeneuve, una aldea ficticia de la región del Jura. Entre Besançon y la frontera suiza, Villeneuve cae dentro de la zona ocupada por los alemanes en 1940, pero es también un sitio perfecto para resistir y un puente para que huyan los fugitivos a la Suiza neutral. En su Quinta Temporada, sus bosques serán el  espacio ideal para el Maquis.

El Maquis de Villeneuve (saison1.fr)

La historia comienza en vísperas de la invasión alemana y continua hasta 1943, con la esperanza de que siga por dos temporadas más y que llegue hasta el periodo post-Liberación. A través de cinco temporadas y casi cuatro años de ocupación, se ha visto a diversos personajes evolucionar y militar en bandos opuestos.

La serie no cae en trivialidades. Prefiere alejarse de partidos o posiciones morales. Los personajes son totalmente grises y eso se aplica al Nazi y al comunista; al rico y al pobre; al torturador y  al torturado; a la dama de sociedad y a la criada judía.

Si hay algo que une a estos personajes es que sus decisiones más trascendentales son tomadas, no por posturas ideológicas ni por patriotismo, sino por emociones, por cariño a algo, por insospechada compasión, y por amor. La gran novedad de esta serie es ver como los afectos pueden llevar a la gente a adoptar roles inesperados a toma acciones que chocan con sus criterios y personalidades.

La jefa de la resistencia Gaullista de Villeneuve es Marie Germon (Nade Dieu), una humilde granjera que al principio de la historia tiene dos hijos,  un marido en el frente y mantiene una relación clandestina con Raymond Schwartz (Thierry Godard), el ricachón del pueblo.

Marie y sus hijos (t411.me)
En cinco años, hemos visto a Marie matar a su marido, olvidar a Schwartz (aunque yo, shipera de ese par, todavía sueño que vuelvan), convertirse en líder de resistentes, ver morir a su amante (un operador de radio inglés) y creer que su hijo mayor ha sido ejecutado.

(lemonde.fr)


Marie es “sui generis” en todo. No resiste por admiración a De Gaulle, ni por patriotismo, ni por ser judía como su principal colaborador Albert Cremieux, ni por odio al Nazismo como Marcel Larcher, el jefe de la resistencia comunista del lugar, ni por huir del Servicio de Trabajo Obligatorio como ocurre con su subalterno Antoine. Resiste porque es lo que hay que hacer, y entremedio, hay tiempo para el amor.

Marie y Raymond


Parecerá extraño analizar un drama bélico-histórico desde el punto de vista romántico, pero “Un Village Français” es un mosaico de romances que alteran la vida e historia de personajes y pueblos. Es un ejemplo total de ese mal galo conocido como Amour Fou. Son las locuras del amor las que llevan a los habitantes del pueblo a colaborar, a resistir, a arriesgarlo todo y a perderlo todo.

Amour Fou: ¿de qué otra manera se puede calificar el que el Comisario Jean Marchetti (Nicolas Gob), el colabo por excelencia, exponga carrera y libertad para conseguir que su amante judía huya a Suiza, llegando hasta a matar a un centinela alemán?  ¿O que Hortense Larcher (Audrey Fleurot),  primera dama de Villeneuve, abandone toda respetabilidad para amancebarse con el jefe de la Gestapo local (Richard Sammel)?

Marchetti se despide de Rita (paperblog.fr)


En el octavo capitulo de la última temporada vemos dos ejemplos de la locuras que se hacen por amor y como perturban la paz, la libertad y hasta la vida del ser amado. Camino a Villeneuve, Marcel  Larcher (Fabrizio Rongione) discute con su pareja Suzanne (Constance Dollé). Ella  está harta  de vivir soñando con un mundo utópico que construirán tras acabe la guerra, quiere vivir en el presente. El se burla de su mezquina idea burguesa de la felicidad, pero quiere demostrarle su amor. La invita a un restaurant.

Suzanne y Marcel (programme.tv)


Durante la cena, y mientras su pareja habla con otros resistentes, Suzanne se marcha dejándole una carta de despedida. La Milicia irrumpe en el local. Arrestan a Marcel que lleva documentos falsos, pero al registrarle los bolsillos encuentran la carta y descubren su verdadera identidad. Se lo llevan para torturarlo. La locura de Suzanne y de Marcel ha sido  intentar hacer algo normal de amantes, en un mundo anormal.

Más trágico es el final del segundo matrimonio de Raymond Schwartz. Después que su esposa Jeanine (Emanuele Bach)lo abandona por el nuevo alcalde, el convencido colaboracionista Chassagne, (Jeanine y su nuevo marido son los dos grandes villanos de este cuento), Raymond se casa con Josephine (Nathalie Bienaimé). Su cuñado Antoine (Martin Loizillon) recibe órdenes de embarcarse a Alemania para el Servicio de Trabajo Obligatorio. Huye y forma un Maquis en el bosque.

 La policía francesa arresta a Jo Schwartz, quieren saber el paradero de Antoine. Marchetti hace venir a Raymond, le dice que si Josephine no habla la entregará a la Gestapo. Le describe con lujo de detalles las torturas a las que la someterán los alemanes. Raymond, desesperado, no delata a Antoine, pero si a Anselme (Bernarde Blancan), el granjero que sirve de liaison con el Maquis.

Raymond reconoce el cadáver de su mujer (programme.tv)


Marchetti tortura a Anselme enfrente de Jo. La mujer, incapaz de soportar el espectáculo, se suicida defenestrándose. La locura de amor de Raymond ha tenido consecuencias funestas. Por suerte, él remedia su acción, uniéndose a Antoine para rescatar a Anselme.

Antoine y Raymond al rescate (lemonde.fr)


La serie insiste en demostrar que hay algo que supera todo compromiso político y que toda postura pierde constancia ante el poder de un afecto, de un miedo o de una obligación. ¿Pero es esa una excusa para colaborar o para adoptar una indiferencia criminal? El protagonista de “Un village français” ilustra este punto.

Daniel Larcher  (Robin Renucci)es el médico del pueblo. Es un hombre de clase acomodada, tiene prestigio, vive en la casona de su familia, con su bella esposa Hortense, bastante más joven que él. Políticamente es de centro-derecha, aunque se considera humanista y pacifista. Detesta el comunismo, lo que lo hace repudiar a su hermano Marcel.

Los Hermanos Larcher (lemonde.fr)


La Ocupación coloca a Daniel en la silla de la alcaldía. Con la excusa de querer ayudar a evitar males mayores, apaña las medidas de Vichy, permite muchos excesos, termina colaborando sin querer. Larcher es bueno, pero débil, e incapaz de tomar partido. Su criada, la judía Sara (Laura Stainkrycer), se lo dice cuando él va a verla a la cárcel, “es por gente como usted que pasan estas cosas”.

Daniel y Sarah (series.tv.premiere.fr)


Su misma esposa lo traiciona primero con Marchetti, y luego se va a vivir con el SS Mueller (Richard Sammel). La relación de Daniel con Hortense evidencia su impotencia. Al parecer, la sigue queriendo, puesto que aun después de ser amante de Sarah y de Hortense ser la concubina de un Nazi, la acepta en su cama. Es ahí que Hortense le recuerda que él siempre fue un poquito antisemita.



Aun así,el Dr.  Larcher, noble, pero confundido, es capaz de tomar acciones heroicas e imprevistas. Arriesga su vida para salvar a su hermano, socorre a un “terrorista” judío (así denomina a los resistentes), pero también ayuda a escapar a un soldado alemán, temiendo que los maquisards lo vayan a matar. El mismo ya no comprende  lo que motiva sus pasos. La situación se ha vuelto demasiado dantesca para que quepa en ella la lógica. Simplemente deja que la corriente histórica lo empuje de un bando a otro.





Es posible entender la postura que adopta la serie hacia la colaboración y los colabos si se toma en cuenta que los escritores están asesorados por Jean-Pierre Azéma, el distinguido historiador, experto en este periodo de la historia de Francia. A pesar de su tendencia izquierdista, Azema no puede escapar del hecho de que es hijo del poeta  Jean-Henri Azéma, cuyo colaboracionismo lo obligó a exiliarse en Buenos Aires después de la guerra.

Por su originalidad, humanidad y personajes tan intensos “Un Village Français” es una serie imperdible, una visión diferente de la Ocupación Alemana. La señal francesa TV5 está transmitiendo la Quinta Temporada este mes, por el cable latino, todos los martes con capítulos dobles (y repetición casi a diario)


2 comentarios:

  1. A que bueno, me gustan los dramas históricos. También me gusta el romance, y como el bagaje de emociones afecta las decisiones que toman los seres humanos. Aunque espero que tanto romance no sea latoso, algunas obras se arruinan cuando caen en lo cursi, pero mis series mas amadas están fundadas en el análisis de la sociedad, de nuestra humanidad y de nuestra evolución, y tooodo eso recae inevitablemente en el poder de las emociones y relaciones ;)

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    1. Se puede acusa esta serie de muchas cosas, pero no de cursi. Hay más escenas de tortura que de romance. La idea no es hacer una serie romántica, pero si indicar que los sentimientos pueden afectar tanto el proceso de colaboración como el de resistir en un país ocupado. No hablé en el post, por falta de espacio, de un personaje muy importante, la maestra Lucienne que fue amante de un soldado alemán, del que tuvo una hija. Un gran problema y tragedia en la Europa Ocupada, fueron mujeres que tuvieron relaciones (y hasta se casaron en el caso de Noruega) con invasores. Se las juzgó como traidoras y colaboracionistas, como si el amor fuera una traición a la patria. Espero puedas verla, Dama Blanca, y gracias por el comentario.

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