martes, 15 de noviembre de 2022

Crímenes de Fin de Siglo: Paris Police 1900

 


Francia es sacudida por olas de xenofobia y antisemitismo; el gobierno es débil,  y los extremistas antinmigrantes pelean con una izquierda anarquista. No nos referimos al momento actual, sino al Paris de 1899. La víspera del nuevo siglo es un momento ajetreado para la policía parisina, el presidente ha encontrado una muerte bochornosa en medio de una sesión de sexo con una cortesana; se habla de liberar al Capitán Dreyfuss lo que ha provocado un resurgimiento de la violencia antisemita que dividió al país hace unos años;  y en medio de tanto revuelo, se encuentra flotando en el Sena un cadáver de mujer descuartizado. ¿Como se conecta este femicidio con el caos social a su alrededor?  Eso es lo que descubrimos en esta magnífica serie francesa.

El Punto Débil: La Estética

 Aunque su filmación comenzó en el 2019 , Paris Police 1900 tuvo que esperar casi dos años para acabar de filmarse y debutar en la televisión francesa en marzo de 2021. Casi inmediatamente la compró la BBC y le puso sus subtítulos en inglés. Aquí al otro lado del Atlántico hemos tenido que esperar hasta septiembre para verla por MHz Choice. Lo interesante es que ha llegado simultáneamente y con subtítulos en español a España donde pueden verla en el Canal Cosmo.

Es una serie tan buena que prefiero comenzar mi reseña en su punto débil que es el look estético muy poco atractivo. No podemos culpar a influencias anglosajonas puesto que es un detalle propio del cine galo de este siglo. Yo noté este feo color e iluminación difusa en filmes de época de comienzos de siglo como la versión francesa de Arsene Lupin y Un largo domingo de noviazgo de Audrey Tautou. Esa concentración de amarillos chillones que reemplazan al sepia, y de negros azulados, esa oscuridad, esas figuras sometidas a una tridimensionalidad deshumanizante, esa estética de video juego reaparece aquí.



El Punto Fuerte: La Veracidad Histórica

Este defecto es opacado, por suerte,  por otro factor impresionante: la veracidad histórica y la buena atmosfera que nos lleva a una Belle Epoque,  tal vez no en tonos pastel como la de El Bazar de la Caridad, pero mucho más digestible. Efectivamente, existió un presidente llamado Félix Fauré que murió en circunstancias bochornosas. Efectivamente, a la hora de su muerte le practicaba una felación una famosa cortesana llamada Marguerite “Meg” Steinheil (Evelyn Borchu de Orphan Black y Camp X).

Efectivamente,  en 1889, el rumor del regreso del Capitán Dreyfuss de La isla del Diablo suscitó un alboroto social aunado a una ola antisemita parte de lo que los historiadores franceses llaman L’affaire Dreyfuss. Efectivamente, un eje importante de este antisemitismo sistémico era la Familia Guerin.  Efectivamente Jules Guerin fue el líder de La Fuerza Antisemita Francesa y editor del semanario   L ‘Antijuif (El Antijudío). No sé si realmente degollaba cerditos en el escenario, pero si se atrincheró en su casa de la Rue Chabrol por más de un mes, hasta que aburrimiento y hambre lo hicieron entregarse (lo de la ayuda de los anarquistas es invento de la serie).'



Efectivamente,  ante una crisis política tan peligrosa, se solicitó el regreso del Comisario Daniel Lepine de Argelia donde había manejado admirablemente unos pogromos de la población árabe en contra de los judíos. La serie nos lo encuentra cazando en las propiedades de su esposa. Un invento de la serie es hacer a Madame Lepine drogadicta. un problema que afectará la carrera de su esposo.





Efectivamente Jeanne Chauvine (Eugenie Derouland de World on Fire)fue la segunda francesa en graduarse en Derecho Penal y la primera en tener permiso para ejercer su carrera en tribunales. Efectivamente, Meg Steinheil era hija de familia adinerada que encontró mayor fortuna como cortesana que como esposa. Incluso con el dinero de sus amantes le costeaba la carrera a su pintor-marido y sus buenos contactos se convertían en compradores de los cuadros de Monsieur Steinheil.



Efectivamente, el Duque Jean de Sabrán-Ponteves, miembro de una linajuda familia de la aristocracia provenzal, colaboró con la Liga Antisemita. En la serie lo convierten en “Henri”, lo rebajan a “conde” y le ponen un hijo, el bello y melancólico coronel Gabriel, que,  sin embargo,  es tan poco confiable como el padre.

                      El Coronel Gabriel le roba el corazón a la cortesana

Lo admirable de la serie es como combina realidad y fantasía de una manera tan equilibrada que uno ya no sabe que es lo más interesante. Meg efectivamente parece que poseía un manuscrito de Fauré conteniendo secretos de estado, pero nunca lo hizo público. No fue ni soplona (“mouchard”) ni espía de la policía, aunque eventualmente se la acusó de matar a su madre y a su marido. Françoise Nury (el autor de la maravillosa La muerte de Stalin),le ha fabricado un cuento no de hadas pero que si funciona. Así Meg se convierte en la protagonista femenina de una saga de machos.


                                       La verdadera Marguerite Steinhal

Meg y Lepine son los personajes más interesantes de lo que debería ser un relato de comisaria como Endeavour o Los Intocables. En cambio, Paris Police 1900 logra lo de Babylon Berlin,  retratar una época, ver problemas que repercuten en la Francia de hoy,  y examinar el rol de la mujer en una sociedad considerada en su entonces como la cúspide de la civilización y del progresismo.

¿Quién es la Descuartizada?

No es que no nos detengamos en los quehaceres policiacos,  que componen más de la mitad de la trama. Gastamos mucho tiempo en la comisaria donde se la pasan en chismes, haciendo chistes machistas sobre mujeres abogados, la esposa de Lepine,  o cantando cancioncillas sobre piojos en el pubis. Contrasta esta misoginia con momentos de humanidad sobre todo con esposas desvalidas.

Los policías convencen a un esposo de no presentar cargos contra una esposa infiel lo que acabaría con ella en la cárcel. El temible Fiersi, tras torturar a un hombre para que confiese un crimen que no cometió, paga medio año de renta a la familia de este y le ofrece empleo a la esposa.

                                   Fiersi, La Bestia

Fiersi, padre y esposo devoto, es el perro fiel del siniestro Puybaraud, un comisario que está empeñado en destruir tanto a facciones antisemitas como a los anarquistas. Aunque sus objetivos sean justos, sus métodos son deleznables y es Fiersi quien cumple con sus perversos encargos desde amenazar físicamente a Meg,  hasta utilizar a Marie Lepine para destruir al marido cuyo puesto Puybaraud codicia.

                            Puybaraud, el Corrupto

Su contraparte es el lacónico e impulsivo Antoine Jouin. Solitario, sin familia, pero sensible, Jouin es buen amigo y deseoso de hacer una justicia que no solo beneficie a los poderosos. Lo vemos por primera vez cuando con un piquete de polizontes intenta derribar la puerta detrás de la cual se oculta una poderosa criminal: una pobre adúltera. El marido injuriado viene a la cabeza del batallón de policías.

                              Jouin,  buen policia pero mal genio

La pobre Madame Chagnolle, aunque víctima de un mal esposo que le ha gastado su dote y que,  por soledad e ignorancia ha caído en brazos de un seductor, va a parar a presidio. Jouin se apiada y convence al marido—un importante empleado de un ministerio—que un escándalo no le conviene. El marido se lleva a su mujer.

                           Helene, la adúltera

Unos días más tarde, Jouin visita a Helene Chagnolle . La encuentra golpeada. Ella le cuenta que su madre la recibirá de regreso ahora que planea abandonar a su esposo abusador. Jouin parece enamorado de ella. Eso explica su alteración cuando la madre de Helene pone una denuncia: su hija ha desaparecido. Esta desaparición coincide con un macabro hallazgo:  un torso femenino sin piernas ni cabeza aparece dentro de un baúl que flota en el Sena. Todo indica que se trata de Helene.



Jouin,  acompañado de más policías, parte a interrogar a Chagnolle. Este los recibe a balazos. Mata al Inspector Morpinet mejor/único amigo de Jouin. El policía,  enfurecido por partida doble,  entra y mata a Chagnolle. El problema es grave. El muerto era un funcionario público, a juzgar por la literatura que se encuentra en su casa era miembro de la Liga Antisemita, y el cadáver no era el de su esposa. Lepine consigue ocultar la evidencia de un asesinato. Pero exige a Antoine que encuentre al descuartizador.

La segunda prioridad de Lepine es encontrar la manera de neutralizar a La Liga Antisemita y a sus despreciables lideres, Los Guerin. Con la prensa a su servicio, Los Guerin inventan desde que el Presidente Fauré fue asesinado por su médico judío hasta que Chagnolle fue ultimado por la policía porque conocía secretos de una conspiración judía. (Una ironía es que cuando Meg Steinheil fue enjuiciada por doble asesinato, la prensa antisemita la acusó de haber asesinado a Fauré).

                      Los Hermanos Guerin

Se descubre que Chagnolle efectivamente mató a su mujer y escondió el cadáver en una gran cesta que envió a Bélgica. Los antisemitas son de temer, no solo queman quioscos , apalean niños judíos y descuartizan cerditos. Matan a quien los traicionan sea una esposa infiel o un carnicero delator al que ultiman asfixiándolo con su propia estufa (tal como los antisemitas acabaron con Emile Zola y su esposa).



¿Será posible que la descuartizada sea Josephine Berger quien chantajeaba a alguien cercano a Los Guerin? Algo que debe tener en mente Meg que ha sido presionada por la policía a infiltrar La Liga y a acercarse a Jules Guerin para precipitar su caída. Es interesante como la serie nos muestra el tipo de personas que son Los Guerin: no temen derramar sangre, su antisemitismo no excluye ni a los niños, pero son totalmente dominados por su madre y creen en horóscopos y en mensajes del Mas Alla.

La serie nos da un espectáculo de la época,  desde los problemas que enfrentan las mujeres para ingresar en el mundo profesional hasta la modernización del equipo policial. Como somos una generación de adictos a NCSI, nos gustará un personaje importante, El Profesor Gabriel Bertillon, pionero de la medicina forense gala.


                               
                                    Bertillon y su NCSI de Fin de Siecle


También vemos el cambio sorprendente que Lepine efectúa en el cuerpo policial al instalar una central telefónica. Ahora el público puede comunicarse directa y anónimamente con los detectives y a estos se les puede encontrar en cualquier sitio (donde haya teléfono). También crea escuadrones de policias en bicicleta. Esto no hace mucha gracia a los policías y Lepine se hace de un par de enemigos. Algo que lo hermana con el enojón Antoine Jouin.



Paris Police es una serie espectacular, a pesar de su oscuridad y mal uso del color. A pesar de sus actuaciones desiguales es un espectáculo que te tiene al borde del asiento y que hace pensar en el pasado y verlo reflejado en el presente con estadísticas de que solo en 1899,  247 mujeres desaparecieron en Paris. ¿Cuántas desaparecen hoy?  O el descubrir que aún con tanto malandrín suelto la policía parisina no tenía derecho a portar armas.

Contenido Violento y Gory: No es para estómagos delicados. Vemos golpizas, incluso a niños,  mujeres abusadas, asesinadas y torturadas, conejos baleados y despellejados,  y cerditos degollados. Muchos primeros planos forenses para denotar la sapiencia de Bertillon.



Desnudos y Situaciones Sexuales. A pesar de que la primera escena contiene la escena erótico-fatal de la muerte de Fauré, tanto el presidente como Meg están vestidos. En el segundo episodio,  Meg posa para su marido vestida con una túnica transparente. Solo la vemos desnuda en el quinto episodio en brazos del Coronel Sabrán. Por supuesto, los cadáveres—sobre todo el de la descuartizada— son expuestos totalmente desnudos a pesar de ser un rompecabezas de miembros amputados.

La situación sexual más fuerte e incómoda involucra a Marie Lepine. Puybaraud decide deshacerse de su rival usando el punto más débil del Comisario Lepine: su mujer. Sabedor de que Marie es morfinómana, le tiende una cruel trampa. Hace que Meg se amigue de ella y la introduzca al uso de la heroína.


                                      Matrie Lepine, La Drogádicta



Madame Lepine termina narcotizada y expuesta a todo tipo de abusos. Aunque Meg cree que la trampa consiste en tomar fotografías de la drogada en paños menores, se horroriza al saber que el plan consiste en fotografiar a un gigolo violando a Marie “de todas las maneras posibles”. Indignada,  la cortesana amenaza con armar un escándalo y libra a Marie de un ultraje, pero no de la vergüenza. La policía la encuentra tirada en el pavimento drogada y medio desnuda y la cree una prostituta. Solo cuando Bertillon la reconoce, Madame Lepine logra evitar encarcelamiento.

Contenido Feminista: Este es casi un artículo aparte. A pesar de que son los policías machistas, las autoridades patriarcales,  y en general,  todo pareciera una batalla entre diferentes grupos de testosterona,  Paris Police destaca por sus personajes femeninos—víctimas y empoderados— que ofrecen una visión feminista sin caer en boberías mituteras. Eso lo consigue la serie equilibrando relatos de mujeres de diferentes clases sociales.

Helene Chagnolle es la eterna víctima. Inculta, pero poseedora de una dote (algo común en la clase de campesinos acomodados),  consigue un marido de clase más alta. Su calvario es estar casada con un bruto que abusa de ella. Un halito de libertad es un affaire, pero ahí Helena descubre que ante los ojos de la ley gala es una criminal. Solo la caridad de los policías evita que sea enviada a prisión, pero no evita que el marido la golpee y la asesine.



La modistilla Josephine Berger se enrola en el equipo de informantes-espías (mouchards) de la policía. Embarazada ya no sirve a sus jefes quienes la envían a St. Lazare.  Salida de la cárcel no ve otro camino que el chantaje lo que la lleva a una muerte horrible.

Contrasta con ellos Meg Steinhil, cortesana ‘”respetable”, reconocida figura pública, amiga de gente importante. A ella no se la lleva presa por adúltera. Por el contrario, mantiene al marido cornudo con su trabajo que en otras esferas seria denominado ‘prostitución’. ¿Qué la hace diferente? Que viene de familia acomodada, que es instruida y fina, pero comparémosla con otros personajes femeninos de clase alta y veremos diferencias.

Madame Guerin es un pilar de la sociedad: viuda respetable, católica ferviente, representa los valores de la Vieja Francia, incluso espera el regreso de un rey . Sin embargo, su poder está circunscrito al dominio que ejerce sobre sus hijos.  Ella los envía a cometer los peores crímenes en nombre de D-s y la patria. Cuando Los Guerin (que son un poco bobos) traspasan el límite de la ley y caen en desgracia,  Madame Guerin pierde todo poder inclusive sobre ellos.

                     Maman Guerin y sus horribles hijos.

Otro caso tristísimo es el de Marie Dulac, esposa de Lepine. Mujer adinerada de la alta sociedad se ha vuelto drogadicta . Le contará a Meg que lo hace debido al desamor de su marido quien la “engaña” con su amante…Francia.  Es extraña esta soledad amargada que se ha impuesto, solo porque su marido es un devoto servidor público. Incluso la maternidad y la infidelidad que son el refugio de esposas abandonadas no la llenan. Tiene a sus hijos en un internado y sus amantes no la han hecho sentirse menos sola. Sus amistades la meten en la droga y su médico no tiene reparos en recetarle morfina para crearse su propio “paraíso”.





No me inspira lástima. ¿Como comprarla con Meg que vive para su pequeña, que todo lo que hace es para que Marthe nunca caiga en el mundo de locuras que ha tenido que vivir su madre? Vemos como Meg se toma un tiempo de su ajetreada agenda para leerle cuentos a su hija. Nunca vemos a Marie Lepine haciendo algo hogareño, algo que la haga construir un paraíso en la realidad. Incluso después que su marido le pide perdón y le confiesa su amor, Marie sigue tratándolo con sarcasmo como si él fuese su enemigo.



Madame Guerin es un personaje que inventaron para la serie,  tal como la drogadicción de Madame Lepine. Son buenos recursos dramáticos,  para mostrar de donde nacen las ideas facciosas de Guerin y para crear esa subtrama en la que Lepine es puesto en una situación vulnerable. Sin embargo, hay otra dimensión que se alcanza en función de esos personajes.

Aparte de mostrar la corrupción de las clases pudientes francesa, y de señalar que los antisemitas son unos tontos crédulos, que dependen de mensajes de médiums o de una jeringa (las amiguitas drogadictas de Marie son bona fide Anti-Dreyfuss),  estas mujeres ociosas resaltan el poder de una Meg Steinheil y de una Jeanne Chauvine.



Si Madame Steinheil representa el grado de autoridad que alcanzaron las demi-mondaine en el Siglo XIX,  la abogado Chauvine representa una mujer que tomó otra vía de empoderamiento. A pesar de ser la mejor alumna de la Facultad de Derecho y de obtener su título no se le permite ejercer en los tribunales, solo “asesorar”. Como ningún abogado serio la admitiría, Jeanne se ve obligada a trabajar en el bufete de Albert Weidman, en el barrio judío (La Vilette) de Paris.

 Cuando Guerin apalea a un pequeño vendedor de periódicos, el padre va la comisaria a denunciar el crimen y es acompañado de Jeanne Chauvin. La policía no desea tomar parte en el asunto. El bondadoso inspector Morpinet le aconseja al judío irse por la paz, lo que haga en contra de Guerin puede provocar líos peores. Indignada, la abogado apostrofa al inspector. Cuando Morpinet y la policía descubren que Jeanne es abogado se parten de la risa.



Días después siguen riéndose. Jouin que desde la muerte de Morpinet está en una crisis de ira descontrolada, busca a Jeanne en su bufete , la acusa de haber ofendido a su amigo, de fingir ser abogado y termina amenazándola con la cárcel. Weidman explica la situación de su empleada, pero Jeanne lo interrumpe. Es obvio, dice con voz serena,  que ella le gusta a Jouin y que el policía se ha inventado una faramalla para poder venir a verla. Una respuesta tan aguda y femenina desarma a Antoine y de ahí ya predecimos romance.

En la Francia de ese tiempo ya existían ligas feministas que exigían el voto para la mujer. Supuestamente, Marie Lepine pertenece a una de ellas, pero jamás la vemos u oímos hacer o decir algo a favor de las mujeres. Es Meg—a quien Marie ha mirado con desprecio— quien arriesga su vida para rescatar a la esposa del comisario. Jeanne ayuda a todo el mundo,  tanto a una abuela alemana que quiere recuperar a su nieto, como a un padre judío. Atiende las heridas de Weidman torturado por Los Guerin y recoge al apaleado Antoine y lo lleva a su casa. Ahí el policía se indigna al ver la cocina llena de anarquistas. Los cree amantes de la abogado, sin percatarse que el trabajo de Jeanne le impone clientes muy variados.

                                Jeanne y Madame Berger

Sin fanfarria, Meg y Jeanne son verdaderas feministas y mujeres valerosas y poderosas. Algo que debería unirlas a Marie,  termina haciendo hincapié en su diferencias. Las tres acaban matando a un hombre. Si bien Meg y Jeanne lo hacen en defensa propia y se horrorizan de lo hecho, Madame Lepine planea fríamente una venganza que cumple paso por paso de una manera tan exacta y serena que sorprende en la mujer que quiere parecer víctima del marido, de la adicción y de su soledad. Sinceramente, me parece repelente. Aún más que su amiga, la Condesa de Vaudois otra mouchard drogadicta que vive miserablemente y a la que Marie se da el gusto de golpear brutalmente.




Factor Diversidad:  Antes del Caso Dreyfuss, la xenofobia gala estaba enfocada en los inmigrantes italianos, aquí solo tenemos uno, el gigolo Ángelo, pero entiendo que, aunque se culpaba a los italianos de robar empleos y promover el anarquismo , esta serie tiene lugar en un momento cronológico tan preciso que el antisemitismo y la población judía pasan a ser los temas principales. Los judíos son el elemento foráneo, incluso en la Francia de Ultramar (Argelia). Es interesante ver que el odio ciego se apoya en generalizaciones y prejuicios que vienen aun de personajes positivos.

Madame Guerin confiesa admirar a los judíos por ser ellos un pueblo “leal, discreto y codicioso”, pero que el antisemitismo es bueno para sus negocios. Cuando Jeanne le cuenta a su amante que Weidman le está enseñando a negociar en la corte, Antoine pregunta si acaso el abogado es bueno para negociar porque es judío.



Interesante es ver con la homofobia va ligada al antisemitismo ya que Los Guerin se encargan de empujar a un diputado homosexual al suicidio. La Condesa de Vaudois se burla de esta muerte acusando a Berry de haber sido  “un degenerado” en vida.



 

martes, 8 de noviembre de 2022

Un héroe justiciero en el México Setentero: Belascoarán en Netflix

 


Había dos razones para vencer mi repugnancia al mundo Netflix y ver Belascoarán. La primera era mi interés en ver cómo iban a caracterizar a uno de los detectives ficticios ms icónicos del Noir latinoamericano. La otra era observar si sabían recrear el México Setentero con el cuidado, nostalgia y amor que Poncho Cuarón lograse en Roma.

Entrémosle a Los 70

La Primera Temporada está compuesta por tres episodios, cada uno de hora y media de duración, que corresponden sucesivamente a las tres primeras novelas de la serie de Belascoarán : Días de combate, Cosa fácil y No habrá final feliz .  Estas novelas fueron publicadas sucesivamente en 1976, 1977 y 1980. ¿Entonces por qué situar la historia en 1978? ¿Por qué hacerla en marco de época cuando las adaptaciones fílmicas de la saga de Belascoarán siempre fueron en marcos contemporáneos?

Lo extraño es que en términos de ropa y ambientación se siente en 1976. La banda sonora contiene hits de Camilo Sesto como “Fresa Salvaje”(1974) y baladas sesenteras como la adaptaciones de Los Rogers de “We Belong Together” de Ritchie Valens que se usa de música de fondo para el primer encuentro sexual del detective y de La Muchacha de la Cola de Caballo.





Las únicas pistas que tenemos del año en que transcurre la historia nos la dan el diario del asesino con fechas del 78 y la mención del Grupo Niche (que Belascoarán descubre suena como Nietzsche) que se formó en Bogotá en 1978. Lo definitivo son las eliminatorias al Mundial de Futbol del 78. El partido clave México-Alemania nos coloca en mayo de 1978.

Estamos en la segunda parte del década de Los Setenta y eso lo consigue transmitir la serie, lo que ya es un mérito. No he leído las novelas, pero todo me suena coherente. Héctor Belascoarán Shayne es un ingeniero que trabaja para una firma estadounidense y lleva un matrimonio muy burgués y aburrido. Un día se harta de todo, abandona trabajo y esposa y se convierte en detective. Bueno, no tan fácil.

Toma un curso de correspondencia que le otorga una licencia semi legitima y se consigue un “despacho” en un cuartito ya ocupado por Silverio,  un plomero. Ahí usando el teléfono de su “vecino” rechaza ofertas. Es que, en esta primera entrada, Belascoarán PI,  le ha entrado a la profesión con un único propósito:  capturar a un misterioso estrangulador de mujeres que asola la ciudad de México.



Las Mujeres de Belascoarán

En su búsqueda, el detective conoce y encuentra ayuda en una serie de pintorescos personajes; el plomero Silverio, Doña Isolda,  la maternal confeccionadora y vendedora de tacos;  y la enigmática “Muchacha de la Cola de Caballo”, a la que el detective primero confunde con el asesino.

Irene, rica heredera y corredora de autos sports, vive traumatizada por el asesinato de su madre que presenció cuando niña. Desde entonces , Irene está obsesionada con vengar la muerte de su madre y ayudar a capturar a este misógino estrangulador. Eso la lleva a unirse a Belascoarán.



Sin embargo, la gran ayudante y confidente del detective es Elisa (Irene Azuela), su hermana, una maestra de la UNAM, asesora de obreros abusados y sindicalistas descontentos. Elisa ha heredado la bandera de la lucha de clases de sus padres, un nacionalista vasco y una brigadista irlandesa que se conocieron en La Guerra Civil y buscaron refugio en el México cardenista. Es Elisa quien le proporciona a su hermano un arma, el revolver que portó su madre durante su servicio en las Brigadas Internacionales.



Para atrapar al asesino,  Belascoarán desarrolla una estrategia. Se comunica con el criminal tras presentarse en un programa de concurso televisivo (este concurso existió en realidad) respondiendo preguntas relacionadas con famosos estranguladores de la historia. El truco surte efecto, y el estrangulador (que firma como “Cerevro”) entabla contacto con el detective vía citas de Nietzsche en el teléfono y un recibo de tintorería que lleva a Belascoarán y a Irene a un diario escrito por el asesino. Me detengo aquí para contarles el origen de estos relatos.



Héctor Belascoarán Shayne nace de la imaginación del mexicano (nacido en Asturias) Francisco Ignacio Taibo conocido como “Paco” o simplemente PIT. Taibo es celebre por tres razones: ser el maestro de la novela negra mexicana; promover el Noir latino con la creación La Semana Negra en su natal Gijón y ser un sindicalista de izquierda,  muy activo en el Partido Morena,  y que desde el 2019 funge como secretario del Fondo de Cultura del gobierno de AMLO.

Con ese trasfondo es imposible desligar la historia de las ideas políticas de su autor, pero aun para una anti-izquierda como yo, no afecta mi apreciación de la obra. El siniestro Comandante Paniagua, némesis del protagonista, parece escapado de telenovela larrosiana, pero es una realidad. La policía mexicana es corrupta. El énfasis en el clasismo y racimo de las clases pudientes es reflejo de la tremenda desigualdad social que existe en el país azteca.


                                         Paniagua

La serie ha efectuado algunos cambios que equilibran la trama. No sé si existe en el libro la guardia Valentina, hembra gordita coquetona que ayuda a Belascoarán en la segunda novela,  y que representa el lado amable de la autoridad. También se le ha bajado el perfil al hecho de que, en la obra de Taibo, Belascoarán es hijo del privilegio, viene de clase alta, deja atrás un mundo de lujos y dinero. Como se ha eliminado al tercer miembro de la familia Belascoarán, no creo que tengamos el episodio en que los hermanos reciben una herencia que los tres rechazan, por su desprecio por el vil metal.

Una característica curiosa es que el detective no acepta pago por sus servicios. ¿De que vive entonces?  Ni siquiera lo acepta de una cliente rica como la diva Marisa Ferrer a la que toma de cliente con mucha desconfianza. Es cierto que Marisa entra en la oficina semi denuda encarnando a la feme fatale del Noir (y eso que Nailea Norvind ya está en la etapa de vieille femme fatale).  El transcurso de la historia,  sin embargo,  nos la revelará como otra víctima del mundo de la clase dominante mexicana.



Noir a la Mexicana

Lo que, si considera la serie,  y me hace disfrutarla,  es la fascinación de autor y personaje por el DF, que los críticos literarios ven como muestra del amor-odio que el protagonista siente por la capital de México. Belascoarán a cada rato alaba el espíritu de solidaridad chilango que se refleja en gente casi anónima que lo socorre desde un conductor de un programa radial hasta las prostitutas.

Belascoarán no cobra precisamente para ser parte de esa red de apoyo. Eso lo pone a un nivel de héroe justiciero de comic, que a ratos funciona y en otros infantiliza o simplifica el relato porque contradice la oscuridad del Noir.

Otra grandeza de la obra de Taibo es recopilar los clichés del género e insertarlos en un cuento netamente mexicano. El autor renueva estos lugares comunes como en el caso de La Muchacha de la Cola de Caballo que supera los estereotipos femeninos de la novela negra: la mujer fatal o la idealizada victima que el detective debe rescatar.



Irene no es un arquetipo, es una mujer de carne y hueso que se involucra en los casos de su amante.  (”No soy su novia. Soy más que eso” dice al definir su relación).  Ella es el apoyo del detective, pero también su compañera de lucha, una que toma decisiones propias. Su dinámica recuerda a la de la Lisbeth Salander con Michael Blomkvist en la trilogía de Lars Stiegsson.

Me ha gustado mucho ver a en ese rol a Paulina Gaitán. Como nunca vi Narcos mi recuerdo de Paulina es de Andreita, la nena rebelde que por castigar a su madre acaba sirviendo sentencia en Capadocia. Ha madurado mucho como actriz. Yo A Luis Gerardo Méndez lo he visto, pero no lo recuerdo de Lola, Érase una Vez y Capadocia.

Debe ser difícil llenar los zapatos de don Pedro Armendáriz Jr., y de mi amado Sergio Goyri quienes dieron vida Héctor Belascoarán Shayne en el cine. Aun así, LGM le ha dado su dimensión más compasiva y cómica que también el humor es importantísimo en este cuento. Belascoarán y sus compañeros son muy agudos. Aun en situaciones críticas sacan un gracejo que ayuda a alivianar la tensión sin disminuir el drama.



                                     Sergio Goyri como Belascoarán

Me gusta que hayan conservado la voz narradora—una característica del Noír— del protagonista. Nos permite estar siempre en la cabeza de Belascoarán,  conocer sus planes,  saber lo que opina. Aunque profundo, , este detective no es un Sherlock Holmes,  algo que críticos y lectores han notado. No está dotado de una mente analítica, su instinto le falla, puede incluso ser torpe como cuando en la segunda novela se le ocurre tratar de solucionar dos casos (tres en el libro) a la vez y acaba provocando más caos que imponiendo el orden.

Puede que a los conocedores del género detectivesco les moleste este modalidad, pero Taibo y la serie quieren mostrar un detective de carne y hueso, con fallas humanas, aunque dotado de conciencia social. Lo importante es que el autor creó un personaje que era producto de su ambiente,  y que actuaba y enfrentaba situaciones que derivaban de problemas contemporáneos o nacidos de realidades históricas como la muy presente Masacre de Tlatelolco. La grandeza de la serie ha sido reproducir ese ambiente sociohistórico en casi todo lo relacionado con la adaptación.

Digo casi todo porque me enoja que insistan en ponerles minifaldas a los personajes femeninos en una época en que esa prenda desapareció de nuestro guardarropas. Ni las “señoritas de la calzada” como llama Silverio a las trabajadoras sexuales andarían con faldas cortas. Han sido tan cuidadosos en el vestuario masculino que no se entiende que cuando no ande de pantalones Irene luzca microminis que parece edecán de las Olimpiadas del ‘68. ¡Con lo bonita que era la moda el 78-79!



Saltándonos este detalle, la serie está buenísima y se las recomiendo. Es una recreación de un mundo perdido donde los cursos a domicilio vienen en casetes, donde se necesitan monedas para hacer llamadas telefónicas,  y donde un detective puede convertirse en héroe como el Santo y El Pantera para poder luchar contra las fuerzas del mal.



Contenido Violento y Gory: Es un Noir, está lleno de asesinatos, atentados, balaceras, pero es menos Gory, aunque hay cadáveres mal cosidos en la morgue, es y menos gráfica que otras historias policiales.

Contenido Sexual y Desnudos. Sexo obligado entre Belascoarán e Irene en cada episodio. Sexo en un tren, sexo en la ducha, striptease en la terraza. Desnudos de espalda de varones, pero la Gaitán muestra orgullosa sus chichis.

Contenido Feminista: Aunque es una serie mexicana y que ocurre en los 70, existen personajes femeninos fuertes sin necesidad de mensajes MeToo. Irene es un intento de destruir a la femme fatale y reemplazarla por una mujer que, aunque sea independiente,  también puede proteger a su hombre. Irene es el Anima jungiana, pero el puesto de hada madrina del detective lo ocupa Elisa (Irene Azuela, la hermana mayor.

                                            Las mujeres de Belascoarán

Elisa es la consejera, confidente y ayudante del detective, pero también es una mujer muy completa. Conjuga su empleo de catedrática de la UNAM con su asesoría de sindicalistas. Entremedio,  se da tiempo para tener romances fugaces, uno de los cuales (chileno tenía que ser) trae consecuencias. Una subtrama del tercer episodio es el dilema de Elisa entre tener o no a la que ya llama “mi chamaca”.

Un toque humorístico, pero tierno que suaviza a las protagonistas, sin sentimentalizarlas es la aparición del conejo Rataplán, el rocinante del Quijote Belascoarán. El que sea Irene que se lo regale a Belascoarán y Elisa quien más lo apapache, denota lo que hoy es mala palabra:  sentimiento maternal.

                                           Rataplán

No todas las mujeres de la trilogía son fuertes. Tenemos victimas como la diva Marisa Ferrer a quien el patriarcado elevó para luego degradar,  y la bailarina exótica Casandra quien,  por mentiras y enredos de sus hombres casi pierde la vida.


                                            Marisa y Casandra, víctimas de los hombres

Contrastan con estas frágiles victimas unas mujeres fuertes que van desde profesionales como la forense Amada (¡Qué viejita está Paloma Woolrich!)  a mujeres del pueblo como Doña Isolda,  la taquera. Hay que mencionar a Cristal, la prostituta que encabeza un equipo de colegas para administrarle una buena madriza a unos juniors que se las quieren dar de secuestradores. U ejemplo de cómo el poder femenino de clase humilde puede aplastar al patriarcado blanco y clasista.

Factor Diversidad: Este es un detalle soberbio con el que se desliga a la adaptación de las novelas de TIP con lo que estamos acostumbrados a ver en la televisión mexicana: un universo de blanquitos, ojiverdes y teñidos de güero. Aparte de los Belascoarán ,Amada (y Paloma Woolrich es judía),   Marisa y su hija, el resto del elenco,  sean ingenieros, policías o vendedores ambulantes,  tienen rasgos nativos, se ven como la gente que uno observa en la calle del DF. Incluso Irene que es “niña bien” y que ha sido interpretada anteriormente por  una “mexicana blanca” como Rebeca Jones ahora en manos de Paulina Gaitán ,  estila un look exótico a lo Salma Hayek y se ve más étnica que sus predecesores en el mismo rol.



 

martes, 1 de noviembre de 2022

Cuando la Guerra Fría se Congeló: Decadencia de las miniseries de espionaje

 


Estoy intentando ver Kleo, la nueva serie alemana en Netflix. Todo lo que saco en claro es que la mediocridad que afecta al género de espionaje anglo se le ha contagiado al producto europeo. Lástima,  porque desde Los Sesenta que cine, televisión, y literatura,  fascinaron con sus relatos de agentes secretos y traidores vendepatrias.

Kleo no tiene pies ni cabeza. Supuestamente narra los esfuerzos de una espía de la Stasi por descubrir, a fines de la Guerra Fría, quien la traicionó. La protagonista quiere ser Villanelle, pero le faltan el  talento y la belleza de Jodie Comer más la estrambótica, pero simpática personalidad de la sicaria rusa de Killing Eve. Su único vínculo en común es que son psicópatas. En Kleo el humor es forzado, los personajes repelen, y todos son feos. Típico producto que ofrece Netflix.



Tengo entendido que, con sus problemas económicos , Netflix está obligada a comprar solo lo barato. Lo que se traduce en raspar el fondo del barril del mercado de series extranjeras. Aun así,  asombra la chabacanería y mediocridad de una serie que tiene mucho de prometedor comenzando por ser parte de un universo que siempre generaba éxito y dividendos.

El género  comenzó precisamente durante la cúspide la Guerra Fría (1949-1989) en su momento más crepuscular, Los Sesenta. En las librerías se aglomeraban las obras de John Le Carre, Len Deighton, a las que más adelante se les uniría el estadounidense Tom Clancy. Incluso autores que no eran parte del género jugarían a serlo como Leon Uris (Topaz) y Graham Green (Nuestro Hombre en la Habana).  Al lado de esos agentes lecarrianos, cínicos amargados con gabardinas raídas,  arriesgando sus vidas en callejones del Berlín Oriental, tendríamos al epitome del espía sofisticado con el Comandante Bond conocedor de mujeres y de martinis.

La popularidad del género se hizo universal al ser llevada la literatura a la pantalla en filmes hoy clásicos. Una ristra de actores-caballeros se harían famosos dando vida a ases del espionaje. Sir Alec Guinness fue Nuestro hombre en La Habana, Sir Michael Caine interpretaría un espía delincuente y proletario en La Trilogía de Harry Palmer,  y Sir Richard Burton sería el espía que vino del frio. En cuanto a James Bond sus primero interpretes fueron Sir Sean Connery y Sir Roger Moore.



Si he hablado más del modelo británico es porque fue el mejor y más exitoso. Y es precisamente donde se han notado recientemente las mayores falencias. Si los estadounidenses en este siglo han perpetuado en la televisión el modelo cliché (Panam); o fabricado una crónica histórica apoyada de un revisionismo respetuoso (The Company)  o crearon un fenómeno con su historia de una familia de agentes rusos infiltrados en la suburbios de Los Ochenta (The Americans); los británicos le van al mea colpa indebido, a la exoneración del enemigo,  y a una traición motivada por mezquinas envidias de sus aliados.

No me molesta verles el rostro humano a los espías rusos. He derramado mis lagrimitas en el cine con Bridge of Spies y The Courier. Lo que me revienta los ovarios es el “quizás nos equivocamos de aliados” o ”es que los americanos eran tan paranoicos”.  Las series inglesas poyan estos argumentos con falacias y exageraciones, cuando el solo decir que sería bueno aliarse a la órbita soviética de donde tantos querían huir,  demuestra ya poco criterio.



En cuanto a la “paranoia” gringa, sabido es que hubo infiltración soviética en las altas esferas británicas (hasta en el Palacio de Buckingham como nos lo mostró The Crown) desde los días de Reilly, el As de Espías. La sola existencia de Los 5 de Cambridge (que eran más de cinco) demuestra lo vulnerable y descuidado  que fue el Servicio Secreto Británico con su información y la seguridad de su reino.

Fueron precisamente los 5 de Cambridge los que abrieron esta era de faux revisionismo que ha afeado  al buen thriller de espionaje británico.  A pesar de que la BBC había creado excelentes adaptaciones de le Carre con Sir Alec Guinness como George Smiley, no había entrado todavía en la etapa en que La Guerra Fría fuese un pasado ni siquiera nostálgico. Seria en el 2003 que se lanzó con una dramatización de los cinco espías más famosos de la historia del Reino Unido.



A pesar de que me fascinan los Cinco de Cambridge,  sobre todo Kim Philby,  y que lo interpretaba uno de mis favoritos Toby Stephens, la serie me dejó fría. No supo explicar las razones para que cuatro miembros de una elite privilegiada aceptasen traicionar a su patria. El comunismo de los cuatro nunca se sintió patente. Tampoco el daño que causaron a su país. Ni siquiera nos quedó claro quién era el ‘quinto, a pesar de que Guy Liddell y John Caincross aparecen en los cuatro episodios.

Mas encima tenía unos anacronismos dignos de The Beauty Queen of Jerusalém como judíos siendo perseguidos y encarcelados en Viena ..¡en 1934! En general se sentía como un “blanqueamiento” de personas tan soberbias que creían hacerle un bien a Inglaterra siendo topos de los soviéticos sin percatarse del daño que provocaban. En suma, se trató de una idealización de vendepatrias descritos como “idealistas”.

                           Los verdaderos 5 de Cambridge

Esta actitud de “los americanos son malos, nosotros somos bobos, quizás los rusos sean buenos” reapareció en la irritante “The Hour” en el 2011, pero tomó vuelo en media docena de dramas de espionaje en los Cincuenta y Sesenta que nos han brindado la BBC y la ITV en los últimos cuatro año. ¿Es coincidencia que en un Reino Unido woke y radicalizado del post-Brexit se creen estas patrañas que,  aparte de colmadas de falencias históricas,  son aburridas y mal hechas? Yo entiendo que un país denuncie a su sistemas de inteligencia y que acepte responsabilidad por los actos nefastos de sus agencias gubernamentales, pero como todo en la Era de la Cancelación,  la visión del mundo del espionaje durante La Guerra Fía es totalmente maniquea.

TRAITORS

La nefasta transformación del género llegó en el 2019 con Traitors que puede verse en esa plataforma de basura que es Netflix. Emma Appleton es Fiona “Feef” Symmonds, una zorra de clase alta que descubre con pavor que la guerra ha acabado. Eso significa que su amante, Peter, un oficial americano, volverá con su esposa y ella deberá volver a su casona ancestral a vivir el tedio de ser una aristócrata rural y más encima empobrecida.



Para evitarlo Feef se consigue un empleo de archivista/secretaria en Whitehall. Esto atrae el interés de Rowe ( Michael Stulhbag de Fargo, Boardwalk Empire), el jefe de Peter quien recluta a Feef para investigar la posible presencia de un agente soviético en las altas esferas. Para eso la convence de cambiarse a la oficina dirigida por Priscilla Garrick (Keeley Hawes en una caracterización de solterona feúcha y reprimida) .



Rowe también recluta a Jackson, un chofer afroamericano harto del racismo que ha vivido en el ejército. Rowe está interesado en Hugh Fenton (Luke Treadway el Dr. Frankenstein de Penny Dreadful) un novato miembro del parlamento y empuja a Feef a seducirlo. Estos cuatro personajes se pasean por una serie tan inverosímil que insulta nuestra inteligencia. Los americanos son puercos o dementes como Rowe; los ingleses son ineptos y retorcidos (por favor, todo el episodio sobre el Mandato de Palestina es una sarta de mentiras) y los rusos, pobrecitos ellos que deben luchar contra imperialismos colonialistas y democracias corruptas.



Desde el primer instante,  sabemos que Rowe es el villano, que aparte de proteger los intereses de su país, protege los propios. Recién acabada la guerra, ya presiente la menaza de un nuevo enemigo que no atacará de frente prefiriendo la infiltración como medio de supremacía. Hay que luchar contra los rusos usando sus propias armas. Para los cercanos a Rowe,  este sufre de delirios paranoicos con los que intenta evitar el cierre de su oficina (la OSS) ahora que ya no hay conflicto y no se necesitan  agentes.

Al parecer la locura de Rowe y su fiebre antirrusa,  datan de un incidente en Bucarest tras la ocupación soviética. Un error del agente provocó una masacre de sus colaboradores. Para convencer a Feef le cuenta horrores de los rusos incluyendo la estela de violaciones masivas cometidas a su paso hasta Berlín, y durante su estadía en esa ciudad.

Yo tuve que apretar el botón de “pausa”. Es cierto que Rowe está un poco deschavetado y que es implacable en lo que concierne a conseguir sus objetivos, pero.. a) La OSS se convirtió en la CIA precisamente con conciencia de que la Unión Soviética era un enemigo cuyos movimientos debían ser vigilados; b) había topos soviéticos en casi todos los ministerios británicos y c) la violación masiva perpetrada por el Ejército Rojo es un factor histórico comprobado en base de testimonios de testigos,  victimas e incluso de los mismos rusos (recordemos el tristísimo poema de Solzhenitsin “La noche prusiana”)

A Feef le importa poco si Rowe miente o es un demente. No tiene ideales ni posturas políticas, solo quiere alejarse de su familia y vivir una gran aventura. En eso contrasta con su “objetivo”. Fenton es idealista hasta el punto de que no ve las realidades. También está un poquito loco ya que sostiene pláticas imaginarias con un camarada que murió en el Desierto de Libia.

Tan ingenuo y despegado de la realidad es Fenton que, aunque se confiesa inveterado socialista,   no excluye la posibilidad de hacerse comunista algún día. Su afán de crear una nueva Inglaterra con un estado benefactor lo hace ciego a las órdenes de sus superiores del Partido Laborista. Es incapaz de comprender que Gran Bretaña está en bancarrota y que la única manera de poder establecer ese estado soñado es con dinero yanqui.


Fenton teme que su país quede endeudado por años. No se da cuenta que ya tienen una deuda tremenda con USA. Que Roosevelt arriesgó su prestigio y su gobierno (y acortó su vida) convenciendo a una nación y congreso aislacionistas de pasar el Lend Lease Bill que proveyó al Reino Unido de material bélico.  Cuando Jarvis le dice a Rowe  “Uds (los americanos) nos están salvando” se supone que es una ironía, es una realidad y negarla es ingratitud.

A medida que Feef descubre que el espionaje no es una aventura glamorosa y que se ve presionada a cometer actos desagradables, comienza a abanderarse no solo con la Unión Jack sino también con el gobierno de Attlee. Cuando el superior de Rowe cuenta que los ministerios británicos están llenos de topos (ciertísimo, el mismo Jarvis comunica sus sospechas a un agente de MI5 llamado Kim Philby, el traidor más grande de la historia británica) Feef reacciona inconsecuentemente defendiendo las políticas sociales de la administración laborista.

Ya da risa cuando creyéndose astuta dice que la razón por la cual Estados Unidos pretende obligar al Reino Unido a acabar con su imperio colonial es porque este es  más poderoso con sus colonias. La decisión de acabar con el colonialismo británico no apareció de la nada en 1945. Churchill y Roosevelt incluyeron esa cláusula en La Carta del Atlántico (1941). El Primer Ministro Británico exigió entonces que Estados Unidos también diese la independencia a Las Filipinas.



Segundo, Feef se nos revela como una imperialista de la vieja escuela puesto que la gran mayoría del imperio quería ser independiente. Tercero, ¿qué poder representaban las colonias británicas si en menos de un mes Japón se tragó todas las del Sur de Asia, llegando hasta la frontera de la India?  y si no fuera por los americanos los japoneses se hubiesen apoderado de Australia.

Además de estúpida, irresponsable y frívola, Feef se hace más antipática por culpa de su interprete. Emma Appleton es pésima actriz. mueve la cabeza como si tuviera Parkinson, sus ojos saltones siempre están a punto de salirse de sus orbitas y en momentos de crisis solo sabe poner expresión entre aterrada o estreñida.



Lo que hace Traitors es imponer un esquema de cómo se tratará el drama de la Guerra Fría de ahora en adelante. Primera regla,  presentar a la CIA y sus equivalentes como al servicio de los americanos “millonarios quienes eligen quien debe ser el Presidente de USA”. ¿En serio? ¿Ellos eligieron a Obama, Clinton y Jimmy Carter? Segunda regla, los agentes de MI5 o son ineficientes o son más cerdos que los americanos. Tercera regla, el agente/protagonista permitirá que su vida personal guie sus pasos, desobedecerá a sus superiores,  y dejará estelas de cadáveres tras de sí o generará más problemas a sus colaboradores que a sus enemigos.  El verdadero enemigo de la felicidad de los individuos de países angloparlantes parecieran ser los servicios secretos.

SUMMER OF ROCKETS

En el mismo 2019, la televisión británica volvió a la carga con otro cuento de espionaje en la alta sociedad. Summer of Rockets es un proyecto de Stephen Poliakoff por lo tanto es más liviano y satírico que Traitors. Además, se supone que es un proyecto personal puesto que cubre una anécdota sacada de la vida familiar del autor.

Estamos en el verano de 1956, un verano londinense que se caracterizó por dos sucesos: un cohete estadounidense que nadie sabía dónde iba a aterrizar,  y el que fuese el último año en el cual las jovencitas de la alta sociedad fueron presentada a su Reina. Estos dos sucesos van a jugar parte importante en la vida de Hannah Petrukhin, una adolescente judía que está aterrorizada ante la posibilidad de que el cohete vagabundo aterrice sobre su cabeza. Mas terror le inspira la presentación en la Corte Isabelina y todo lo que conlleva ser una debutante.



Si Poliakoff hubiese cifrado su cuento en Hannah (Lily Sacofsky la Esther de Sanditon) le hubiese quedado que ni pintado por Rubens, pero como mentalmente es tan desorganizado como Servidora,  prefirió hacer un pastiche de espionaje,  conspiraciones neofascistas,  misterios familiares, etc.. El resultado es que confunde y aburre al espectador.



Se alza el telón en las famosas carreras de Ascot.  Samuel Petrukhin (Toby Stephens) de frac y chistera viene arrastrando a su familia y a su socio afroamericano también de chistera (ya parecen cocheros)  que arrastran cestas de picnic. Quieren entrar al Palco Real, les impiden el paso. Petrukhin insiste en que están invitados…. Nunca sabemos si los dejaron pasar o no, puesto que los vemos un poco más tarde despatarrados en el pasto comiendo sándwiches. Las pobres mujeres con sombrerazos (típicos de Ascot) y vestidos con falsos almidonados como era la moda,  no vienen equipadas para un picnic campestre y se ven incomodas.



Entonces el pequeño Sasha (un adorable Toby Woolf)  practica uno de los muchos actos de desaparición que hará a lo largo de la serie. Todos corren buscando a Sasha que es recuperado por Mrs. Katherine Shaw (una Keely Hawes exquisita) , una gran dama de sociedad. Katherine los presenta con su esposo que resulta ser Richard Shaw (Linus Roach), miembro del parlamento y celebre héroe de guerra.



Los Shaw simpatizan con Los Petrukhin y los incorporan a su círculo social. Esto le viene bien a Samuel que tiene una obsesión, ser parte de la elite. Hijo de un refugiado de la Rusia estalinista, Petrukhin ha hecho una fortuna moderada gracias a la creación de aparatos para gente con problemas auditivos.  Entre sus clientes se cuenta Winston Churchill y ahora la tía Mary (Dame Claire Bloom) , parienta de los Shaw.



La última invención de Petrukhin es un localizador de personas, lo que en los 80 llamábamos beepers. Esto lo hace muy atractivo a la gente que conoce en casa de los Shaw. Todo parece ir de acuerdo con los planes de Samuel, un buen hombre, pero tan esnob y pomposo que no repara en el daño que su arribismo está provocando en sus hijos. Embute al inocente Sasha en una de esas horripilante escuelas tipo Gordonstoun, donde el pequeño sufre tanto como el Rey Carlos III.

A Hannah la embarca en un curso de etiqueta, presentaciones, bailes y humillaciones constantes sin reparar que es una chica poco sociable que vive con la nariz metida en libros y periódicos y que le interesa más lo que ocurre en el mundo que aprender a hacer reverencias. Tanto Hannah como Sasha encuentran refugio en la cariñosa Kathleen que oculta un secreto. Hace cinco años de la misteriosa desaparición de su único hijo.



Todo esto ya sería suficiente para trabajar un buen argumento, pero Poliakoff no resiste la tentación de introducir el tema del espionaje. En la vida de Samuel aparecen unos extraños duendes, se dicen agentes de MI5 y lo reclutan para espiar a los Shaw y a sus amistades. A cambio le ofrecen un jugoso contrato con la Real Fuerza Aérea que está interesada en su localizador. Si se rehúsa, arruinarán su negocio que ya está bastante abollado.

Como Samuel no es espía,  y es bastante torpe, pronto lo descubre Lord Wallingdon ( Timothy Spall) , un asiduo visitante a las reuniones de los Shaw. Wallingdon le revela a Petrukhin que los agentes que lo han contactado trabajan en realidad para la Unión Soviética. Petrukhin no sabe a quién creerle: Sasha huye de la escuela, Hannah huye de la casa, Petrukhin se está enamorando de Katherine,  y su vida está en peligro.



Ya al final,  le tomé el gusto a la serie. Me caían bien Sasha y Katherine, pero el cuento de los espías a la par de inverosímil era aburrido. La tesis de Summer of Rockets es que en el Reino Unido operaba un círculo de aristócratas resentidos cuyo nacionalismo fascista era más peligroso que el comunismo. Sin negar lo peligroso de uno tampoco se puede creer que los del otro bando eran los buenos. Summer of Rockets fue muy poco apreciada por crítica y público en Inglaterra. Curiosamente ningún streaming importante ni canal estadounidense la compró. Yo ahora he podido verla gracias al Canal Roku. En Sudamerica la pasó Film&Arts.

SPYCITY

En el 2020, esta fascinación con la Guerra Fría nos trajo la insoportable SpyCity  (AMC)cuyo mayor defecto es su protagonista. Dominique Cooper es feo, trabaja mal y desde que interpretará a Ian Fleming que se cree James Bond. Ahora interpreta un personaje que se parece al Comandante Bond. El Capitán Fielding Scott es un reconocido agente de MI5 que ha caído en desgracia. Hace un par de años mató en un baño de Berlín a otro agente llamado Haldane. Nadie le cree que lo hizo en defensa propia. Su prestigio y apoyo de algunos de sus superiores le ha evitado un juicio deshonroso, pero lo tienen relegado a un trabajo de oficina.

Manfred Ziegler, un famoso científico de la Alemania del Este, quiere huir a Occidente con su esposa e hija, pero exige que su rescate sea dirigido por su amigo de la infancia, Fielding Scott. Fielding sale del cuarto de escobas y es enviado a Berlín. La defección de Ziegler es tan importante que el operativo involucra a la CIA, y a los servicios de inteligencia franceses que envían a Severine Bloch a representarlos. Madame Bloch ha sido amante de Scott y vuelve a serlo. Eso me arruinó de la serie, porque la actriz es fea, trabaja mal, anda mal vestida, el personaje es antipatiquísimo y no se entiende por qué Scott sigue con ella ya que tienen tanta química como un cocodrilo con un dinosaurio.



En Berlín, Fielding comete una serie de burradas que acaba con una masacre de la Familia Ziegler. Scott vuelve a caer en desgracia y comienza a operar sin seguir órdenes. Fielding acumula tareas, debe descubrir quien delató la defección de los ZIegler, quien estuvo detrás de la muerte de Haldane, debe encontrar al torturador nazi que mató al esposo de Severine y hasta combatir una chantajista en su oficina.

Los esfuerzos de Scott son una sarta de metedura de patas que deja una estela de cadáveres tras de él (cuatro de ellos mujeres incluyendo una nenita).  Lo extraordinario es que, a cada rato, alguien le da pistas al torpe Fielding de que se avecina una división total de Berlín que devendrá en el famoso Muro y él no le hace caso. La escena final de Fielding intentado pasar las barricadas soviéticas en un vano intento por rescatar a dos de sus ayudantes (mujeres, por supuesto)  nos deja claro que la serie aparte de misógina le hace un flaco favor a Mi5 y a sus agentes.

La CIA aporta dos agentes al cuento: uno es un ex camarada de batalla de Scott. Es gay lo que lo hace vulnerable a chantajes y acaba recibiendo una bala dirigida a Fielding. Su jefe es un inútil inofensivo al que Scott erróneamente cree ser un “topo” de la KGB. Los rusos son vistos como entes peligrosos, pero corruptos. En cambio, la Stasi es un equivalente moderno de la Gestapo y no sorprende que contraten a criminales de guerra salidos de esa organización.



IPCRESS FILE

Mucho más equilibrada les quedo a los de la ITV su adaptación del Ipcress File de la que ya he escrito una reseña. La recomendé y la sigo recomendando porque es lo mejorcito de esta extraña cosecha de espías que ya no saben para que bando deben trabajar Eso no quita que tenga sus bemoles. Lo mejor de la serie sin duda es el Mayor Dolby,  el personaje de Tom Hollander que no solo se beneficia de tan buen actor, sino que además presenta más matices que los que le diera Len Deighton.

Como en el libro y en el filme original, Dolby termina traicionando a sus superiores y a su país, pero ahora tiene un motivo fuerte: el amor. Todo lo hace para proteger a una científica rusa (Interpretada por la gran actriz checa Anna Geislerova) de la que se ha enamorado. Resulta que la buena pieza rusa es una equivalente femenino a “los agentes Romeo”. Por suerte los leales asistentes de Hollander descubren la trampa y rescatan al jefe.



Si esta fue la mejor subtrama intercalada, la peor fue la del agente de color de la CIA. Aparte que la CIA no contrataba afroamericanos en los 60 (ni judíos) resulta extraño ver a un miembro de una raza oprimida siendo tan leal a una agencia de la raza dominante ocupada en experimentos de lavado de cerebro y otras lindezas. Pero espérense tantito.  Paul Maddox es además parte de un subgrupo dentro de la Compañía que ya huele a fascismo. Lo hace motivado por el odio que siente hacia JFK (WTF?). Incomprensible con todo lo que Kennedy hizo por los Derechos Civiles.

Lo que pasa es que Paul está lleno de rencor por el abandono que el presidente hizo del comando que desembarcó en Bahía de Cochinos. A ver, paren un poquito. Lo que sé es que en ese desembarco en Cuba solo participaron exiliados cubanos, y Maddox no lo es. Lo cierto es que si hubo un mínimo de estadounidenses. Dos fueron fusilados en Pinar del Rio por las fuerzas castristas, y cuatro aviadores murieron durante el mínimo enfrentamiento aéreo. Aun así, seria menos descabellado que el personaje fuera cubano, por muy inclusivo que sea Paul.



El Drama de Espionaje en la Televisión Continental

No hay partidarismo de mi parte que motive esta nota. Solo sorpresa de que la televisión inglesa sea tan antiamericana, después de todo lo que este país ha hecho por ello y que si algo se puede decir de la población estadounidense es que,  en general,  es anglófila.

Por otro lado, me incomoda que en el esfuerzo de denigrar los servicios de inteligencia occidentales se blanqueen los defectos soviéticos o las atrocidades estalinistas. Algo que denota irresponsabilidad histórica. Como ejemplo podemos ver como el drama de la Guerra fría es puesto en escena en otras naciones.

En la excelente Shadowlines, vemos los manejos retorcidos de americanos y soviéticos en a Helsinki de Los Cincuenta. Sin embargo, la agencia finesa que protagoniza este relato no es muy diferente a ellos. Su excusa es que ellos no están usando a Finlandia como lo hacen CIA y KGB sino defendiéndola,  incluso de peligros interiores como un auge de neofascistas y un presidente impresentable.



Lo mismo en Gloria donde no se sabe quiénes son peores,  si el represivo y colonialista gobierno de Oliveira Salazar, si los estadounidenses que lo apoyan,  o si los soviéticos que buscan destruirlo. El protagonista, un producto de la elite portuguesa, ha sido reclutado como ‘topo”  para infiltrar RARET, la radio estadounidense que transmite propaganda a la Alemania del Este.

Joao nos cae mal, vive utilizando gente , sobre todo mujeres, muchas de las cuales pierden la vida o quedan deshonradas por su culpa. En eso se parece a Fielding Scott.  Vemos que los agentes rusos son tan torturadores como los lusitanos. En cambio, los americanos son más decentes. No importa mucho porque al final descubrimos que Joao trabaja para su beneficio y es motivado por algo sublime: el amor. Como el personaje de Tom Hollander en Ipcress File su traición se basa en lealtad a la mujer que ama. La diferencia es que el Mayor Dalby traiciona a su reina y Joao a los soviéticos.



Ni en Gloria ni en Shadowlines tenemos esa llantina incesante de sus equivalentes británicas, con quejas sobre superiores estrechos de mente y aliados que humillan con su apoyo. No hay un “los americanos son malos porque les tenemos envidia” y “quizás los rusos no sean tan malos después de todo” que resulta tan insoportable. No encontramos una equivalente en ninguna serie continental sobre la Guerra Fría ni siquiera en las alemanas.

Si bien las muchas Deutschland, El Mismo Cielo y Weisensee nos muestran como el capitalismo y el consumismo afectan negativamente a la Alemania Federal ( y a la del Este una vez se unan), no expresan un odio por los servicios de inteligencia useños como las tienen los ingleses. En Weisensee que es después de todo una soap opera aparece una visión idealizada del agente de la CIA.

En 1980, Robert, un joven estadounidense decide ayudar a Julia, una chica del Berlín Oriental,  a cruzar El Muro. El plan fracasa y ambos son arrestados. Robert es torturado por la Stasi. La embajada logra rescatarlo, pero debe abandonar suelo alemán sin enterare de lo que puede haber sucedido con Julia.

                                       Robert en manos de la Stasi
 Años más tarde, Robert descubre que Julia, tras salir de prisión, fue asesinada por Falk Kupfer, el mismo mandamás de la Stasi que lo torturó. Tras la unificación de Alemania, Robert regresa a Berlín convertido en un flamante agente de la CIA quien puede darse el lujo de chantajear a Folk que está tratando de ocultar su pasado criminal.

                              Robert agente de la CIA

La CIA también tiene representación positiva en la excelente serie húngara A Besugo. No solo sus agentes han reclutado a Adele Horvath, la estrella de Las Juventudes Comunistas. Gracias a ella llegan al disidente líder estudiantil Szava Szolt. Cuando la policía húngara se dispone a arrestarlo, Szava decide irse a America bajo el amparo de la CIA que además le ha ofrecido una operación que le salvará la vida.

                                  Szava vence a Adele en el debate.

Lástima que sea en países que fueron víctimas del comunismo,  de agentes de la KGB y de sistemas represivos locales,  los que den una imagen (no benévola que es imposible), pero menos negativa de los servicios de inteligencia americanos que la que aparece en las versiones occidentales y principalmente las hechas en suelo británico.

El tema del espionaje en la Guerra Fría reaparecerá este otoño y en el 2023. HBO esta filmando en Rumania MasterSpy, la historia de la defección del mejor agente de Ceaucescu . Entretanto el mismo canal premium nos traje desde la semana pasada, García, la nueva producción española (de MAX) que nos cuenta las aventuras de un agente secreto perfecto creado en los laboratorios franquistas en plena Guerra Fría que es descongelado en el Siglo 21. Veremos como tratan el tema y si caen en los mimos errores del producto británico.