martes, 22 de noviembre de 2022

La Fórmula de las Reinas: Calumnias, victimización y un velado ataque a la monarquía

 


Este otoño fue un reinado de reinas, valga la redundancia, cual de todas más mediocres y desacreditadas. Ha llegado el punto que temo ver la nueva versión de la tragedia de Maria Antonieta. Temo ver fake news históricas, temo ver invenciones preposteras (¿Toinette, Du Barry y Luis XV en un triángulo erótico?) y temo que las mismas calumnias que llevaron a la reina francesa al cadalso sean eternizadas en servicio de una agenda woke.



Republicanismo vs Monarquismo

En tres palabras, la fórmula de las reinas consiste en tomar una soberana o princesa y ponerla como una eterna víctima de una monarquía absolutista y patriarcal. La vemos rebelarse contra un protocolo que aleja al soberano de sus súbditos y la vemos acercarse a su pueblo. En el proceso muchas veces la reina-mártir es sacrificada por un sistema monárquico que al impedir la libertad de sus gobernantes,  también impide la de la gente sobre la cual reinan. En suma, la formula, que hemos viso en una docena de series y filmes en los últimos cinco años corresponde a una cláusula de la no-escrita agenda woke.

Esta cláusula nace del republicanismo estadounidense que,  desde los días de Thomas Jefferson y Tom Paine,  ve a la monarquía como una aberración arbitraria. Hoy que hay un fuerte movimiento que busca abolir la monarquía en el Reino Unido y en España,  la agenda woke,  cuya bienintencionada norma es libertad y progreso (muy mal entendidos),  la ha hecho suya.

Como todo en lo woke,  al republicanismo se le han agregado otras ramas libertarias como el feminismo que ve en monarquías un ejemplo del patriarcado blanco ( no veo a nadie hablando de derrocar al Sultán de Brunéi, el Rey de Lesoto o el Emperador de Japón) que oprime a los miembros femeninos o LGTB de su entorno. Eso que,  si perduran las monarquías,  tendremos antes del medio siglo reinas por derecho propio en España, Suecia, Bélgica y Holanda.

                              Las futuras reinas europeas

Otra corriente afiliada al wokismo y que también ve con malos ojos que todavía existan reinos hereditarios son los que apoyan a la gente de color puesto que consideran que las monarquías son las causantes de colonialismo opresor. Aunque no andan errados, me hace gracia que no piensen ni se quejen de colonialismos nacidos en democracia o en dictaduras. Nadie habla del colonialismo soviético, por ejemplo.

No es mi intención hacer un panegírico de la monarquía. Con el zeitgeist imperante es imposible, pero no veo esa forma de gobierno más deficiente que mal llamadas democracias donde se elige al peor candidato o donde los “presidentes ”sufren deparafraseando a Pancho Villa un mal que los hace “pegar” el trasero al sillón presidencial.

Tampoco es que la Fórmula de las Reinas sea aplicable a cualquier obra que denuncie un mal rey o a uno incapaz de reinar. La Locura del Rey Jorge ilustra un episodio histórico, pero no es un ataque en contra de un mal gobernante. Alexandre Dumas criticó los excesos de Los Valois y de los Borbones, pero en El Caballero de la Casa Roja mostró los esfuerzos del protagonista (un persone real) por rescatar a Maria Antonieta.



Sin embargo, es Dumas quien crea este retrato de la reina mártir en su obra dedicada a Margarita de Valois,  La Reina Margot, en la cual la casquivana princesa es víctima de su madre, de sus hermanos y hasta de sus amantes.

 

Del Cine Silente a La Anglofilia de Los 80

Desde el advenimiento del cine , incluso en el silente, han existido cintas dedicadas a la tragedia de ser reinas. Cleopatra, Isabel I, Maria Estuardo, Maria Antonieta, y la Reina Victoria han sido temas de innumerables guiones de todas partes del mundo. Se han creado inclusive filmes sobre rivalidades de reinas como todo lo dedicado a Isabel I y a su díscola prima escocesa. Ana Bolena y Catalina de Aragón han provocado debates entre lo Tudormaniacos que dividen sus lealtades entre las esposas de Enrique VIII. Y si creemos que estas nuevas series sobre la competencia entre Diane de Poitiers y Catalina de Médicis son cosa de hoy,  deben ver el filme de Los Cincuenta,  Diane donde Marisa Pavan es la Reina de Francia y Lana Turner es la incómoda Poitiers.



Como todo en el cine, inclusive fuera de Hollywood, las reinas han tenido su encasillamiento: Cleopatra es la femme fatale; Isabel I y Victoria son grande estadistas, Toinette, Catita de Aragón y Maria Estuardo son reinas mártires. En Los 50, en Austria nació el mito de Sisi en pantalla y con ella esta idea de una joven rebelde que se niega a seguir al protocolo impuesto por la pesada de su suegra. Tato éxito tuvo el personaje que su actriz Romy Schneider fue llamada hacer algo parecido con la Reina Vicky en Victoria in Dover. Entretanto,  en Inglaterra,  Jean Simmons encarnaba a Isabel I en su etapa rebelde en Young Bess donde su casto romance con su padrastro no ameritó acusaciones de pedofilia o abuso sexual como ocurriera recientemente con Becoming Elizabeth.



Ninguno de estos filmes atacaba la institución monárquica. Algo que solo ha venido a imponer esta extraña guerra cultural que vivimos hoy. Se hablaba de malos soberanos y reyes tiranos como Enrique VIII o Juan sin Tierra, pero el pueblo estadounidense siempre ha pasado por épocas anglófilas inspiradas por cine y televisión. Nada más conducente a esa admiración que el Masterpiece Theater que desde sus inicios nos llevó a conocer a los reyes y reinas que convirtieron al Reino Unido en la monarquía más característica de nuestro universo.

La primera temporada del Masterpiece fue ocupada por The First Churchills que presentaba un retrato cálido, respetuoso y verídico de la Reina Ana que nada tenía que ver con la calumniadora e indecente obra de Deborah Davis,  La Favorita. Dame Glenda Jackson,  en su insuperable tour de forcé Elizabeth R, inició la pasión obsesiva con Los Tudor que yo califico como Tudormania.  Y a mi llegada a USA,  en 1974, me vi en medio de una fascinación con la Era Edwardiana con programas clásicos como Lilie, Jennie, y Upstairs Downstairs, todas incluyendo entre sus personajes al incorregible Eduardo VII. Hasta le hicieron su propia miniserie en la BBC.



Que este rey travieso, parrandero y mujeriego gozase de tanta aceptación como el que su época resultase tan fascinante para los republicanos yanquis, indicaba una tolerancia por una forma de gobierno que al final era parlamentaria y semi demócrata. Para 1982, la anglofilia estadounidense estaba en su cúspide con programas de televisión como la soberbia Retorno a Brideshead, la segunda invasión del rock inglés y,  gracias a una tal Diana Spencer, la anglofilia se tornó casi en una adoración por la monarquía.

Entre Diana-Víctima y Maria Antonieta-Parasito

Si las bodas reales de Los 80 nos fascinaron con el glamur de la monarquía,  una década más tarde el divorcio y las declaraciones públicas de la ex Princesa de Gales hicieron que,  aun los poco interesados en política,  cuestionasen la existencia de una institución que podía destruir a una joven inocente que entraba en ella. Por algo, el año de la muerte de Diana, se puso en pantalla Mrs. Brown, donde Dame Judi Dench nos muestra a una Victoria enlutada a la que su rol de gobernante y las reglas del protocolo impiden ser feliz. Pero también este filme nos muestra como acercarse demasiado a estos entes de sangre azul puede destruir al simple plebeyo, en este caso John Brown, y como Vicky egoístamente deja que su dolor personal la aleje de sus deberes de reina.



Aunque Mrs. Brown y La Locura del Rey George pueden verse como ejemplos negativos de la monarquía, el fin de siglo nos trajo una apoteosis del reinado de Isabel I,  Ia que abrió la puerta a una nueva era de Tudormania. Elizabeth y The Golden Age ponían en alto la labor de un monarca en construir un imperio. No recuerdo haber oído ningún furor antimonárquico en ese entonces, a pesar de que en filmes como The Affair of the Necklace (2001) se mostrase a Maria Antonieta como una mujer egoísta e injusta que al despreciar la solicitud de la Condesa de La Motte labró su propio infortunio.

                        Joely Ricardson como María Antonieta en La intriga del collar

Por el contrario, se alababa la importancia de los deberes de una reina/princesa aun en la literatura juvenil llevada a la pantalla. Mia Thermopolis en Los Diarios de la Princesa podría encontrar ridículas algunas reglas del protocolo, pero a último minuto cuando se dispone a huir de su herencia real, decide regresar y aceptar ser la heredera de un mítico reino con todas las obligaciones que esto conlleva.



Si tuviese que escoger un año para definir el comienzo de la guerra en contra de la monarquía ese fue el 2006,  el año de Marie Antoinette y The Queen. Acabo de ver por enésima vez la producción de Sophia Coppola. Me encanta, bien actuada, lujosísima, un regalo para la vista,  personajes adorables, ect. ect.. ¿Qué más se puede pedir?  Sin embargo, por primera vez percibo el descredito del personaje de la archiduquesa austriaca.

En vez de ofrecernos lo mejor de María Antonieta nos la muestran como una frívola consumista, glotona, despilfarradora, jugadora, borracha e inconsciente. No se mencionan sus logros:  su mecenazgo de artistas como Madame Vigee Lebrun, y Gluck;  de cómo ayudó a transformar la escena musical francesa; de cómo inició dos industrias galas, la moda y la peluquería. No mencionan su buen corazón, su gran lealtad, y el amor que prodigó a sus hijos (pocos saben que adoptó tres niños, uno de ellos de color).



La idea fue mostrarla como una alocada niña rica no muy alejada de los príncipes actuales que se la pasan gastando el dinero del pueblo en excesos y francachelas. En suma, Kirnst Dunst nos dio la imagen más atractiva de un parásito de la realeza. En cambio, en The Queen del mismo año,  Peter Morgan puso la primera piedra al mausoleo de la monarquía con su descarnado retrato de la fría crueldad de Isabel II ante la muerte de una nuera que era una realidad incómoda para la familia real o lo que ellos llaman “La Firma”.



La pregunta que eleva el magnífico personaje de Dame Helen Mirren es si Isabel ha creado un ambiente tan toxico que empujó a Diana a huir y a cometer locuras. O es la monarquía y sus reglas insufribles las culpables de la indiferencia de la Reina y de la histérica desesperación que ha llevado a su nuera a una muerte prematura.

Conscientes del daño hecho, los cineastas intentaron borrar esa imagen nefasta con filmes que exaltaban a buenos gobernantes como Young Victoria; Bertie y Elizabeth y por supuesto, la magnífica El Discurso del Rey. En general , incluso en The Crown hay una visión amable de Jorge VI, no así de su esposa, pero déjenme seguir en orden cronológico.



Amor y Muerte en Dinamarca

Fue en el 2011 que nos llegó un sutil ataque a la monarquía y a su celo misógino que destruye a las mujeres que no se someten a sus reglas. Vino de Dinamarca y convirtió a sus protagonistas, Alicia Vikander y Mads Mikkelsen,  en estrellas. Se trata de la triste historia de amor entre la princesa inglesa Carolina Matilde y el medico Johann Friederich Streussen consejero de su esposo, el príncipe luego rey Cristián VI.

A mitad del siglo XVIII. Carolina recién llegada a la corte danesa, descubre que su marido es un enfermo mental que solo busca degradarla. Atraída por las ideas progresistas del Dr. Streussen, Carolina inicia amistad con el hombre de confianza del príncipe. Acaban en la cama, tienen una hija, se descubre todo, escándalo mayúsculo. Streussen pierde la cabeza, Carolina es separada de su hijos y enviada al exilio. Una historia para llorar océanos y que sin embargo es totalmente cierta, solo que el modo de relatarla crea una nueva guía para los  anti monarquías. La lección de A Royal Affaire es que no solo la monarquía destruye a las mujeres inteligentes e independiente, también permite que asciendan al trono monarcas retrógrados y dementes.





El que Dinamarca sea hoy una monarquía parlamentaria, bien lejos del absolutismo oscurantista dieciochesco , no le importa a una generación de espectadores semi educados que todavía no entienden que los reyes europeos modernos  (y el Emperador del Japón) no gobiernan. Los que si saben eso esgrimen el argumento que el pueblo no necesita mantener a parásitos de sangre azul.

Así llegamos al 2016 el año en que Peter Morgan por fin pudo dar de hachazos a una institución que detesta y a una reina que despreciaba (¡y el desvergonzado dijo, a raíz del fallecimiento de Su Majestad,  que su serie de mentiras era “una carta de amor” a la reina. ¡Carta de amor enviada en bomba Molotov!

En sus primeras dos temporadas,  y en las excelentes manos de Claire Foy, Isabel II fue descrita como una mártir, una mujer que debe sacrificar su derecho a ser esposa y madre para poder gobernar, aunque también Morgan nos deja claro que Isabel no estaba preparada, que era ignorante e ingenua. Como ese tratamiento sería el que recibiría Victoria ese mismo año, nadie se percató de lo ofensiva que era The Crown.



Las primeras quejas surgieron en la tercera temporada cuando Olivia Colman fue horriblemente miscast en un rol que le quedaba grande. Esta Isabel era torpe, ineficaz, perezosa, e insensible, incapaz de ofrecer consuelo a la desdichada Diana. ¡Incapaz de derramar una lagrima por niños muertos! ¿Hasta dónde llegaba la imaginación diabólica de Peter Morgan?

No solo la reina era blanco del vituperio. Su madre, hasta entonces un icono sagrado de la cultura británica, era descrita como una vieja ordinaria, borracha y malévola que interfería en los asuntos familiares como si fuese un padrino de la mafia. El pobre Carlos quedaba como un manipulador pelele y su padre como el posible autor intelectual de la muerte de Diana. Esas falsedades eran cobardes puesto que La Familia Real no podía defenderse de tanta calumnia.



El 2018, a la par de este ataque frontal contra la monarquía, vino un desdichado retrato de Maria Estuardo en un filme que de lo único que puede apreciarse es de ser inclusivo. Al menos no  pusieron a Saoirse Ronan como una tarada arrogante como la interpretase Samantha Morton en Elizabeth, o como tan puta que hasta le quita lo gay a David Rizzio en la malhadada Reinas. Al final que Reign,  con todo su fantasioso script, es el retrato que más honra a la Reina de los Escoceses.

Olivia Colman, Asesina de Reinas

El 2018 no solo fue el año en que Olivia Coleman se las arregló para hacer picadillo a Su Soberana, también fue cuando la Academia la honró por una obra en la que queda claro cuan despótica, vil y privilegiada puede ser una reina.

La última de los Estuardo hoy es más recordada por muebles que se hicieron en su época. A pesar de que filmes como Soldier in Love donde fue magníficamente interpretada por Dame Claire Bloom o The First Churchills donde Margaret Tyzak la encarnó como una mujer devota de su religión y esposo,  The Favorite destruye esa imagen reemplazándola for embustes salidas de la mente caprichosa de la David.



Ingenua tal vez demasiado para reinar, ha sido el veredicto de la historia sobre Ana I. The First Churchills cubría casi toda la vida de esta desdichada reina con énfasis en  la relación entre Ana y su amiga de la infancia,  Sarah Churchill y de cómo esta relación empañó el reinado de la primera. El  argumento se basaba en  documentos oficiales, memorias y correspondencia.

Los Churchill tuvieron una tremenda influencia sobre la Reina Ana y sus decisiones políticas. Eventualmente Ana se sacudió a estos amigos y tomó como confidente a Abigail Masham , prima de Sarah. Como la serie está narrada por la anciana Duquesa de Marlborough, la tenemos en su vejez preguntándose qué la hizo perder el favor de Su Majestad.



En la vida real, Los Churchill (principalmente Sarah) no fueron mansos corderos. En su empeño en dominar la voluntad real y privilegiar a familia y amigos, Sarah se volvió imprudente e insolente. La muerte de su único hijo varón la alejó de la corte. En su luto ni siquiera respondía las cartas de Ana quien también sufriría la muerte de su único hijo (y único sobreviviente de 17 embarazos). La Duquesa añadió insulto a la injuria, negándose a llevar luto por el principito. Es normal que Ana haya buscado otra confidente. La enfurecida Sarah comenzó a hacer circular unos poemas satíricos que insinuaban una relación lésbica entre Abigail y su reina.

Hasta hoy, ningún historiador ha encontrado evidencia de lesbianismo entre Ana y sus favoritas. Ni siquiera las cartas juveniles con las que la Duquesa quería chantajear a su soberana, donde Ana expresaba su amistad y cariño con mucha pasión son vistas como evidencia de una relación erótica. Por un lado, ese lenguaje era común entre las amistades del siglo XVII. Por otro es imposible que una señora que se la pasaba en la cama haciendo hijos con su marido, y que era también muy religiosa, tuviese tiempo para escarceos de lo que entonces era considerado Contra Natura.

Solo en la cabeza de una periodista mediocre como Débora Davis podía nacer la idea de convertir una intriga palaciega en un triángulo gay. Le tomaría casi dos décadas a Davis “colocar” su aberrante libreto en manos de algún productor. El rechazo nacía de que nadie quería meterse con falsedades históricas que además estaban muy mal escritas. De hecho, durante los veinte años antes que La Favorita fuese llevada a la pantalla, Davis tomó cursos de redacción de libretos por correspondencia y sacó un posgrado en el tema. Aun así, se dice que el australiano Tony McNamara fue quien rescribió todo el pastiche.



En el nuevo liberto y subsecuente filme,  Ana, una mujer enferma e infeliz, es degradada hasta convertirla en una demente,  sucia, despótica, aquejada por enfermedades repugnantes que abusa,  incluso sexualmente,  de sus damas. El que los ingleses vieran en la pantalla a Olivia Colman haciendo de Ana y luego en la pantalla pequeña encarnando a la actual Reina de Inglaterra, reforzaba una imagen negativa de la monarquía.

Poco a poco desaparecía la imagen de las reinas que por casi una década había sido dictada por Juego de Tronos donde las malas reinas eran tipo Cersei y las buenas eran como Daenerys, justicieras, generosas, pero sacando energía para dejar el espacio de víctimas y convertirse en poderosas monarcas. Así se las retrató en la británica Victoria, la rusa Ekaterina y la austriaca Maria Teresa, pero esas imágenes fueron disipadas por víctimas de la monarquía que se rebelan contra ella como la actual iconografía de Lady Diana y su sucesora Meghan Markle,  y estos nuevos retratos de Sissi.

Reinas empoderadas VS Príncesas víctimas


Por otro lado,  tenemos sátiras de la institución con reinas que aunque dotadas de buenas intenciones pronto adquieren gusto por el poder y son capaces de todo tipo de actos criminales para conseguirlo. Es lo que hemos visto en sátiras antihistóricas como The Great que hace reír y The Serpent Queen que no saca ni una carcajada y que es tan alejada de la historia que obligan a  criticarla  porque ya traspasa los límites de la suspensión de la credibilidad o de licencias dramáticas.

Quitándole el Halo a Reinas Santas

Por otro lado, está la destrucción de reinas consideradas mártires como Catalina de Aragón que Lionsgate y Emma Frost arrastraron por los suelos en The Spanish Princess. No solo la convirtieron en ambiciosa y perjura, sino que le inventaron todo tipo de ideas que nunca tuvo la pobre señora. En la Primera Parte la encuentran abierta al Islam y a las costumbres moras,  y en la Segunda la ponen quemando libros de herejes y rechazando a la hija que Doña Catita tanto amó.



Otra víctima ha sido la icónica Queen Mum, hasta hace poco un personaje intocable. Hoy no solo Peter Morgan se encarga de faenar a la vaca sagrada de La Casa Windsor. En la noruega Atlantic Crossing, se burlan de la Reina Madre en su momento más glorioso , la Segunda Guerra Mundial y de paso hacen befa de la tartamudez de su esposo. Todo para lapidar a la valerosa monarquía noruega en un cuento Me Too de como el Rey Haakon y su heredero Olaf (que calumnian describiéndolo como un borracho y padre ausente) intentaron opacar a la única que valía en esa familia:  la Princesa Heredera Martha.


Otra manera de denigrar a los reyes, convertirlos en borrachos


A pesar de que hay conciencia de que fue la autocracia del Zar Nicolas la que destruyó su imperio, la Zarina Alejandra siempre ha sido vista como esposa y madre mártir. Eso hasta que el docudrama The Last Czars la puso como drogadicta, calentona con Rasputín,  y tan metiche en la política que destruyó al imperio.



Una ironía es que los rusos que hicieron una revolución para deshacerse del Zar y de su familia son los primeros en blanquear a monstruos históricos como Iván el Terrible o zares usurpadores como Boris Godunov. En sendas miniseries sobre estos señores le echan la culpa a los boyardos y a ambiciosas mujeres de la nobleza de todas las maquinaciones y masacres perpetradas en estos reinados de Iván y de su cuñado Godunov.

En cuanto al personaje de Catalina la Grande, la ponen un poco como Daenerys, un peón en el tablero político sometida a su suegra, a una corte intrigante y a su condición femenina, pero que luego se las arregla para encontrar vías de empoderamiento. Aunque nos la muestran como una gran gobernante no esconden sus flaquezas e implacabilidad para lidiar con los que veía como sus enemigos. Sin embargo, estos relatos no culpan a la monarquía de las fallas de sus emperadores.



E solo en Occidente  donde se aferran a una formula agotadora y falsa. Eso es lo que esperamos de la María Antonieta producción franco-inglesa que ya por ser creación de Deborah Davis trae tufo.

Otra ironía es que España, donde existe un fuerte movimiento antimonárquico, no hacen este tipo de series. Durante el último gobierno de derechas (2011-2018) se hicieron verdaderas loas a reyes del pasado como Isabel la Católica y su nieto Carlos . Incluso  en Tiempos de Guerra, retrataron admirablemente a la reina Victoria Eugenia como una mujer enérgica y decidida que crea un equipo de enfermeras para que vayan a curar heridos en Marruecos.



En cambio, no se ha hecho nada sobre reinas casquivanas y escandalosas como la reina consorte Maria Luisa de Parma, o la reina regente Maria Cristina de las Dos Sicilias o de su extraordinaria hija Isabel II que tuvo doce hijos,  ninguno de su marido que era gay. ¿Será porque la televisión española,  por woke que sea,  no necesita recurrir a escándalos históricos o  imitar una fórmula que ya huele a añeja?  Basta ver los abucheos que ha recibido Peter Morgan por sus ridículas mentiras en la última temporada de The Crown.

martes, 15 de noviembre de 2022

Crímenes de Fin de Siglo: Paris Police 1900

 


Francia es sacudida por olas de xenofobia y antisemitismo; el gobierno es débil,  y los extremistas antinmigrantes pelean con una izquierda anarquista. No nos referimos al momento actual, sino al Paris de 1899. La víspera del nuevo siglo es un momento ajetreado para la policía parisina, el presidente ha encontrado una muerte bochornosa en medio de una sesión de sexo con una cortesana; se habla de liberar al Capitán Dreyfuss lo que ha provocado un resurgimiento de la violencia antisemita que dividió al país hace unos años;  y en medio de tanto revuelo, se encuentra flotando en el Sena un cadáver de mujer descuartizado. ¿Como se conecta este femicidio con el caos social a su alrededor?  Eso es lo que descubrimos en esta magnífica serie francesa.

El Punto Débil: La Estética

 Aunque su filmación comenzó en el 2019 , Paris Police 1900 tuvo que esperar casi dos años para acabar de filmarse y debutar en la televisión francesa en marzo de 2021. Casi inmediatamente la compró la BBC y le puso sus subtítulos en inglés. Aquí al otro lado del Atlántico hemos tenido que esperar hasta septiembre para verla por MHz Choice. Lo interesante es que ha llegado simultáneamente y con subtítulos en español a España donde pueden verla en el Canal Cosmo.

Es una serie tan buena que prefiero comenzar mi reseña en su punto débil que es el look estético muy poco atractivo. No podemos culpar a influencias anglosajonas puesto que es un detalle propio del cine galo de este siglo. Yo noté este feo color e iluminación difusa en filmes de época de comienzos de siglo como la versión francesa de Arsene Lupin y Un largo domingo de noviazgo de Audrey Tautou. Esa concentración de amarillos chillones que reemplazan al sepia, y de negros azulados, esa oscuridad, esas figuras sometidas a una tridimensionalidad deshumanizante, esa estética de video juego reaparece aquí.



El Punto Fuerte: La Veracidad Histórica

Este defecto es opacado, por suerte,  por otro factor impresionante: la veracidad histórica y la buena atmosfera que nos lleva a una Belle Epoque,  tal vez no en tonos pastel como la de El Bazar de la Caridad, pero mucho más digestible. Efectivamente, existió un presidente llamado Félix Fauré que murió en circunstancias bochornosas. Efectivamente, a la hora de su muerte le practicaba una felación una famosa cortesana llamada Marguerite “Meg” Steinheil (Evelyn Borchu de Orphan Black y Camp X).

Efectivamente,  en 1889, el rumor del regreso del Capitán Dreyfuss de La isla del Diablo suscitó un alboroto social aunado a una ola antisemita parte de lo que los historiadores franceses llaman L’affaire Dreyfuss. Efectivamente, un eje importante de este antisemitismo sistémico era la Familia Guerin.  Efectivamente Jules Guerin fue el líder de La Fuerza Antisemita Francesa y editor del semanario   L ‘Antijuif (El Antijudío). No sé si realmente degollaba cerditos en el escenario, pero si se atrincheró en su casa de la Rue Chabrol por más de un mes, hasta que aburrimiento y hambre lo hicieron entregarse (lo de la ayuda de los anarquistas es invento de la serie).'



Efectivamente,  ante una crisis política tan peligrosa, se solicitó el regreso del Comisario Daniel Lepine de Argelia donde había manejado admirablemente unos pogromos de la población árabe en contra de los judíos. La serie nos lo encuentra cazando en las propiedades de su esposa. Un invento de la serie es hacer a Madame Lepine drogadicta. un problema que afectará la carrera de su esposo.





Efectivamente Jeanne Chauvine (Eugenie Derouland de World on Fire)fue la segunda francesa en graduarse en Derecho Penal y la primera en tener permiso para ejercer su carrera en tribunales. Efectivamente, Meg Steinheil era hija de familia adinerada que encontró mayor fortuna como cortesana que como esposa. Incluso con el dinero de sus amantes le costeaba la carrera a su pintor-marido y sus buenos contactos se convertían en compradores de los cuadros de Monsieur Steinheil.



Efectivamente, el Duque Jean de Sabrán-Ponteves, miembro de una linajuda familia de la aristocracia provenzal, colaboró con la Liga Antisemita. En la serie lo convierten en “Henri”, lo rebajan a “conde” y le ponen un hijo, el bello y melancólico coronel Gabriel, que,  sin embargo,  es tan poco confiable como el padre.

                      El Coronel Gabriel le roba el corazón a la cortesana

Lo admirable de la serie es como combina realidad y fantasía de una manera tan equilibrada que uno ya no sabe que es lo más interesante. Meg efectivamente parece que poseía un manuscrito de Fauré conteniendo secretos de estado, pero nunca lo hizo público. No fue ni soplona (“mouchard”) ni espía de la policía, aunque eventualmente se la acusó de matar a su madre y a su marido. Françoise Nury (el autor de la maravillosa La muerte de Stalin),le ha fabricado un cuento no de hadas pero que si funciona. Así Meg se convierte en la protagonista femenina de una saga de machos.


                                       La verdadera Marguerite Steinhal

Meg y Lepine son los personajes más interesantes de lo que debería ser un relato de comisaria como Endeavour o Los Intocables. En cambio, Paris Police 1900 logra lo de Babylon Berlin,  retratar una época, ver problemas que repercuten en la Francia de hoy,  y examinar el rol de la mujer en una sociedad considerada en su entonces como la cúspide de la civilización y del progresismo.

¿Quién es la Descuartizada?

No es que no nos detengamos en los quehaceres policiacos,  que componen más de la mitad de la trama. Gastamos mucho tiempo en la comisaria donde se la pasan en chismes, haciendo chistes machistas sobre mujeres abogados, la esposa de Lepine,  o cantando cancioncillas sobre piojos en el pubis. Contrasta esta misoginia con momentos de humanidad sobre todo con esposas desvalidas.

Los policías convencen a un esposo de no presentar cargos contra una esposa infiel lo que acabaría con ella en la cárcel. El temible Fiersi, tras torturar a un hombre para que confiese un crimen que no cometió, paga medio año de renta a la familia de este y le ofrece empleo a la esposa.

                                   Fiersi, La Bestia

Fiersi, padre y esposo devoto, es el perro fiel del siniestro Puybaraud, un comisario que está empeñado en destruir tanto a facciones antisemitas como a los anarquistas. Aunque sus objetivos sean justos, sus métodos son deleznables y es Fiersi quien cumple con sus perversos encargos desde amenazar físicamente a Meg,  hasta utilizar a Marie Lepine para destruir al marido cuyo puesto Puybaraud codicia.

                            Puybaraud, el Corrupto

Su contraparte es el lacónico e impulsivo Antoine Jouin. Solitario, sin familia, pero sensible, Jouin es buen amigo y deseoso de hacer una justicia que no solo beneficie a los poderosos. Lo vemos por primera vez cuando con un piquete de polizontes intenta derribar la puerta detrás de la cual se oculta una poderosa criminal: una pobre adúltera. El marido injuriado viene a la cabeza del batallón de policías.

                              Jouin,  buen policia pero mal genio

La pobre Madame Chagnolle, aunque víctima de un mal esposo que le ha gastado su dote y que,  por soledad e ignorancia ha caído en brazos de un seductor, va a parar a presidio. Jouin se apiada y convence al maridoun importante empleado de un ministerioque un escándalo no le conviene. El marido se lleva a su mujer.

                           Helene, la adúltera

Unos días más tarde, Jouin visita a Helene Chagnolle . La encuentra golpeada. Ella le cuenta que su madre la recibirá de regreso ahora que planea abandonar a su esposo abusador. Jouin parece enamorado de ella. Eso explica su alteración cuando la madre de Helene pone una denuncia: su hija ha desaparecido. Esta desaparición coincide con un macabro hallazgo:  un torso femenino sin piernas ni cabeza aparece dentro de un baúl que flota en el Sena. Todo indica que se trata de Helene.



Jouin,  acompañado de más policías, parte a interrogar a Chagnolle. Este los recibe a balazos. Mata al Inspector Morpinet mejor/único amigo de Jouin. El policía,  enfurecido por partida doble,  entra y mata a Chagnolle. El problema es grave. El muerto era un funcionario público, a juzgar por la literatura que se encuentra en su casa era miembro de la Liga Antisemita, y el cadáver no era el de su esposa. Lepine consigue ocultar la evidencia de un asesinato. Pero exige a Antoine que encuentre al descuartizador.

La segunda prioridad de Lepine es encontrar la manera de neutralizar a La Liga Antisemita y a sus despreciables lideres, Los Guerin. Con la prensa a su servicio, Los Guerin inventan desde que el Presidente Fauré fue asesinado por su médico judío hasta que Chagnolle fue ultimado por la policía porque conocía secretos de una conspiración judía. (Una ironía es que cuando Meg Steinheil fue enjuiciada por doble asesinato, la prensa antisemita la acusó de haber asesinado a Fauré).

                      Los Hermanos Guerin

Se descubre que Chagnolle efectivamente mató a su mujer y escondió el cadáver en una gran cesta que envió a Bélgica. Los antisemitas son de temer, no solo queman quioscos , apalean niños judíos y descuartizan cerditos. Matan a quien los traicionan sea una esposa infiel o un carnicero delator al que ultiman asfixiándolo con su propia estufa (tal como los antisemitas acabaron con Emile Zola y su esposa).



¿Será posible que la descuartizada sea Josephine Berger quien chantajeaba a alguien cercano a Los Guerin? Algo que debe tener en mente Meg que ha sido presionada por la policía a infiltrar La Liga y a acercarse a Jules Guerin para precipitar su caída. Es interesante como la serie nos muestra el tipo de personas que son Los Guerin: no temen derramar sangre, su antisemitismo no excluye ni a los niños, pero son totalmente dominados por su madre y creen en horóscopos y en mensajes del Mas Alla.

La serie nos da un espectáculo de la época,  desde los problemas que enfrentan las mujeres para ingresar en el mundo profesional hasta la modernización del equipo policial. Como somos una generación de adictos a NCSI, nos gustará un personaje importante, El Profesor Gabriel Bertillon, pionero de la medicina forense gala.


                               
                                    Bertillon y su NCSI de Fin de Siecle


También vemos el cambio sorprendente que Lepine efectúa en el cuerpo policial al instalar una central telefónica. Ahora el público puede comunicarse directa y anónimamente con los detectives y a estos se les puede encontrar en cualquier sitio (donde haya teléfono). También crea escuadrones de policias en bicicleeta. Esto no hace mucha gracia a los policías y Lepine se hace de un par de enemigos. Algo que lo hermana con el enojón Antoine Jouin.



Paris Police es una serie espectacular, a pesar de su oscuridad y mal uso del color. A pesar de sus actuaciones desiguales es un espectáculo que te tiene al borde del asiento y que hace pensar en el pasado y verlo reflejado en el presente con estadísticas de que solo en 1899,  247 mujeres desaparecieron en Paris. ¿Cuántas desaparecen hoy?  O el descubrir que aún con tanto malandrín suelto la policía parisina no tenía derecho a portar armas.

Contenido Violento y Gory: No es para estómagos delicados. Vemos golpizas, incluso a niños,  mujeres abusadas, asesinadas y torturadas, conejos baleados y despellejados,  y cerditos degollados. Muchos primeros planos forenses para denotar la sapiencia de Bertillon.



Desnudos y Situaciones Sexuales. A pesar de que la primera escena contiene la escena erótico-fatal de la muerte de Fauré, tanto el presidente como Meg están vestidos. En el segundo episodio,  Meg posa para su marido vestida con una túnica transparente. Solo la vemos desnuda en el quinto episodio en brazos del Coronel Sabrán. Por supuesto, los cadáveressobre todo el de la descuartizada son expuestos totalmente desnudos a pesar de ser un rompecabezas de miembros amputados.

La situación sexual más fuerte e incómoda involucra a Marie Lepine. Puybaraud decide deshacerse de su rival usando el punto más débil del Comisario Lepine: su mujer. Sabedor de que Marie es morfinómana, le tiende una cruel trampa. Hace que Meg se amigue de ella y la introduzca al uso de la heroína.


                                      Matrie Lepine, La Drogádicta



Madame Lepine termina narcotizada y expuesta a todo tipo de abusos. Aunque Meg cree que la trampa consiste en tomar fotografías de la drogada en paños menores, se horroriza al saber que el plan consiste en fotografiar a un gigolo violando a Marie “de todas las maneras posibles”. Indignada,  la cortesana amenaza con armar un escándalo y libra a Marie de un ultraje, pero no de la vergüenza. La policía la encuentra tirada en el pavimento drogada y medio desnuda y la cree una prostituta. Solo cuando Bertillon la reconoce, Madame Lepine logra evitar encarcelamiento.

Contenido Feminista: Este es casi un artículo aparte. A pesar de que son los policías machistas, las autoridades patriarcales,  y en general,  todo pareciera una batalla entre diferentes grupos de testosterona,  Paris Police destaca por sus personajes femeninosvíctimas y empoderados que ofrecen una visión feminista sin caer en boberías mituteras. Eso lo consigue la serie equilibrando relatos de mujeres de diferentes clases sociales.

Helene Chagnolle es la eterna víctima. Inculta, pero poseedora de una dote (algo común en la clase de campesinos acomodados),  consigue un marido de clase más alta. Su calvario es estar casada con un bruto que abusa de ella. Un halito de libertad es un affaire, pero ahí Helena descubre que ante los ojos de la ley gala es una criminal. Solo la caridad de los policías evita que sea enviada a prisión, pero no evita que el marido la golpee y la asesine.



La modistilla Josephine Berger se enrola en el equipo de informantes-espías (mouchards) de la policía. Embarazada ya no sirve a sus jefes quienes la envían a St. Lazare.  Salida de la cárcel no ve otro camino que el chantaje lo que la lleva a una muerte horrible.

Contrasta con ellos Meg Steinhil, cortesana ‘”respetable”, reconocida figura pública, amiga de gente importante. A ella no se la lleva presa por adúltera. Por el contrario, mantiene al marido cornudo con su trabajo que en otras esferas seria denominado ‘prostitución’. ¿Qué la hace diferente? Que viene de familia acomodada, que es instruida y fina, pero comparémosla con otros personajes femeninos de clase alta y veremos diferencias.

Madame Guerin es un pilar de la sociedad: viuda respetable, católica ferviente, representa los valores de la Vieja Francia, incluso espera el regreso de un rey . Sin embargo, su poder está circunscrito al dominio que ejerce sobre sus hijos.  Ella los envía a cometer los peores crímenes en nombre de D-s y la patria. Cuando Los Guerin (que son un poco bobos) traspasan el límite de la ley y caen en desgracia,  Madame Guerin pierde todo poder inclusive sobre ellos.

                     Maman Guerin y sus horribles hijos.

Otro caso tristísimo es el de Marie Dulac, esposa de Lepine. Mujer adinerada de la alta sociedad se ha vuelto drogadicta . Le contará a Meg que lo hace debido al desamor de su marido quien la “engaña” con su amante…Francia.  Es extraña esta soledad amargada que se ha impuesto, solo porque su marido es un devoto servidor público. Incluso la maternidad y la infidelidad que son el refugio de esposas abandonadas no la llenan. Tiene a sus hijos en un internado y sus amantes no la han hecho sentirse menos sola. Sus amistades la meten en la droga y su médico no tiene reparos en recetarle morfina para crearse su propio “paraíso”.





No me inspira lástima. ¿Como comprarla con Meg que vive para su pequeña, que todo lo que hace es para que Marthe nunca caiga en el mundo de locuras que ha tenido que vivir su madre? Vemos como Meg se toma un tiempo de su ajetreada agenda para leerle cuentos a su hija. Nunca vemos a Marie Lepine haciendo algo hogareño, algo que la haga construir un paraíso en la realidad. Incluso después que su marido le pide perdón y le confiesa su amor, Marie sigue tratándolo con sarcasmo como si él fuese su enemigo.



Madame Guerin es un personaje que inventaron para la serie,  tal como la drogadicción de Madame Lepine. Son buenos recursos dramáticos,  para mostrar de donde nacen las ideas facciosas de Guerin y para crear esa subtrama en la que Lepine es puesto en una situación vulnerable. Sin embargo, hay otra dimensión que se alcanza en función de esos personajes.

Aparte de mostrar la corrupción de las clases pudientes francesa, y de señalar que los antisemitas son unos tontos crédulos, que dependen de mensajes de médiums o de una jeringa (las amiguitas drogadictas de Marie son bona fide Anti-Dreyfuss),  estas mujeres ociosas resaltan el poder de una Meg Steinheil y de una Jeanne Chauvine.



Si Madame Steinheil representa el grado de autoridad que alcanzaron las demi-mondaine en el Siglo XIX,  la abogado Chauvine representa una mujer que tomó otra vía de empoderamiento. A pesar de ser la mejor alumna de la Facultad de Derecho y de obtener su título no se le permite ejercer en los tribunales, solo “asesorar”. Como ningún abogado serio la admitiría, Jeanne se ve obligada a trabajar en el bufete de Albert Weidman, en el barrio judío (La Vilette) de Paris.

 Cuando Guerin apalea a un pequeño vendedor de periódicos, el padre va la comisaria a denunciar el crimen y es acompañado de Jeanne Chauvin. La policía no desea tomar parte en el asunto. El bondadoso inspector Morpinet le aconseja al judío irse por la paz, lo que haga en contra de Guerin puede provocar líos peores. Indignada, la abogado apostrofa al inspector. Cuando Morpinet y la policía descubren que Jeanne es abogado se parten de la risa.



Días después siguen riéndose. Jouin que desde la muerte de Morpinet está en una crisis de ira descontrolada, busca a Jeanne en su bufete , la acusa de haber ofendido a su amigo, de fingir ser abogado y termina amenazándola con la cárcel. Weidman explica la situación de su empleada, pero Jeanne lo interrumpe. Es obvio, dice con voz serena,  que ella le gusta a Jouin y que el policía se ha inventado una faramalla para poder venir a verla. Una respuesta tan aguda y femenina desarma a Antoine y de ahí ya predecimos romance.

En la Francia de ese tiempo ya existían ligas feministas que exigían el voto para la mujer. Supuestamente, Marie Lepine pertenece a una de ellas, pero jamás la vemos u oímos hacer o decir algo a favor de las mujeres. Es Mega quien Marie ha mirado con desprecio quien arriesga su vida para rescatar a la esposa del comisario. Jeanne ayuda a todo el mundo,  tanto a una abuela alemana que quiere recuperar a su nieto, como a un padre judío. Atiende las heridas de Weidman torturado por Los Guerin y recoge al apaleado Antoine y lo lleva a su casa. Ahí el policía se indigna al ver la cocina llena de anarquistas. Los cree amantes de la abogado, sin percatarse que el trabajo de Jeanne le impone clientes muy variados.

                                Jeanne y Madame Berger

Sin fanfarria, Meg y Jeanne son verdaderas feministas y mujeres valerosas y poderosas. Algo que debería unirlas a Marie,  termina haciendo hincapié en su diferencias. Las tres acaban matando a un hombre. Si bien Meg y Jeanne lo hacen en defensa propia y se horrorizan de lo hecho, Madame Lepine planea fríamente una venganza que cumple paso por paso de una manera tan exacta y serena que sorprende en la mujer que quiere parecer víctima del marido, de la adicción y de su soledad. Sinceramente, me parece repelente. Aún más que su amiga, la Condesa de Vaudois otra mouchard drogadicta que vive miserablemente y a la que Marie se da el gusto de golpear brutalmente.




Factor Diversidad:  Antes del Caso Dreyfuss, la xenofobia gala estaba enfocada en los inmigrantes italianos, aquí solo tenemos uno, el gigolo Ángelo, pero entiendo que, aunque se culpaba a los italianos de robar empleos y promover el anarquismo , esta serie tiene lugar en un momento cronológico tan preciso que el antisemitismo y la población judía pasan a ser los temas principales. Los judíos son el elemento foráneo, incluso en la Francia de Ultramar (Argelia). Es interesante ver que el odio ciego se apoya en generalizaciones y prejuicios que vienen aun de personajes positivos.

Madame Guerin confiesa admirar a los judíos por ser ellos un pueblo “leal, discreto y codicioso”, pero que el antisemitismo es bueno para sus negocios. Cuando Jeanne le cuenta a su amante que Weidman le está enseñando a negociar en la corte, Antoine pregunta si acaso el abogado es bueno para negociar porque es judío.



Interesante es ver con la homofobia va ligada al antisemitismo ya que Los Guerin se encargan de empujar a un diputado homosexual al suicidio. La Condesa de Vaudois se burla de esta muerte acusando a Berry de haber sido  “un degenerado” en vida.