En 1961, los
Estados Unidos elegia al presidente más joven de su historia. Tanto John
Fitzgerald Kennedy como su primera dama representaban juventud y un ímpetu que
los adolescentes no podían sino admirar. Jackie bautizaría la administración de
su esposo como “Camelot” presentando la idea de que era vivir en un cuento de
hadas donde reinaban la belleza y la justicia. Ese momento que acabó en Dallas,
el otoño de 1963, afectó la vida, gustos y cultura de los teenagers de entonces
Jack y Jackie
John Kennedy,
conocido aun por su pueblo como Jack o JFK, tenía 43 años cuando país lo eligió.
Su mujer, once años menor que él, dejaba atrás las imágenes de matronas
maternales impuestas por otras primeras damas como Mamie Eisenhower y Eleanor
Roosevelt.
JFK era un
príncipe perfecto para su reino de Camelot. Aunque hijo de una familia
riquísima, no olvidaba que era nieto de inmigrantes y que su padre había hecho fortuna
en contra de los prejuicios que perseguían a los irlandeses y los católicos. Eso
lo acercaba a grupos étnicos todavía despreciados por el país. JFK abrazó la
causa de los Derechos Civiles y en lo personal tenía amigos y cercanos muy
diversos (incluyendo al Rat Pack de Sinatra).
La publicidad de
la Casa Blanca vendía a su nuevo presidente como un hombre joven, atlético y
atractivo para las mujeres, sin olvidar su aura de veterano de guerra. Los
chicos gustaban de todos esos aspectos y más de una chica dejaría por un rato a
Elvis para enamorarse de Jack.
Su esposa era
también lo que hoy llamaríamos una influencer. De familia principal, Jacqueline
Bouvier era de ascendencia gala. Criada en los mejores colegios, tenía un título
en literatura francesa y sus estudios universitarios los hizo en USA y Francia.
Hablaba cuatro idiomas, era excelente amazona y su espíritu independiente la había
hecho rechazar las obligaciones de su clase (aunque fue Debutante del Año) como
casarse y ser ama de casa.
Tras graduarse,
Jackie se fue con su hermana de viaje por Europa y a su regreso encontró
trabajo como periodista y fotógrafa, labores que desempeñó hasta que se casó en
1953 con el aspirante a senador John F. Kennedy. Fue un matrimonio por amor y
no por obligación social. Jackie representaba lo mejor de dos mundos y era un
buen modelo para las jóvenes que soñaban con el matrimonio tal como las que
querían estudiar una carrera.
La mayor
influencia de Jackie era en la moda. Mujer elegantísima, creó alrededor de sí
misma (con ayuda del diseñador Oleg Cassinni) un estilo sofisticado, pero
moderno no visto en otra primera dama anteriormente. Las jovencitas adoptaron
ese estilo como lo muestran estas fotos de Seventeen, al igual que los
peinados “bouffant” y sombreros pillbox (caja de píldoras) de Jackie.
Adjunto foto de Patty Duke en su rol doble del Patty Duke Show como
ejemplo de imitación del coiffure de Jackie.
Modas juveniles en la Era de Jackie
Chicas Viajeras
Un distintivo de
la administración Kennedy fue la importancia de la Primera Dama como embajadora
acompañando a su esposo en sus viajes y adquiriendo tal popularidad que Jack
diría de su viaje a Francia “soy el hombre que acompañó a Jackie a Paris”. Cada
viaje, y cada guardarropa que lo complementaba, recibía prensa en las revistas
de mujeres. Las chicas soñaban con ser viajeras y el cine las satisfacía.
Así Gidget, ahora interpretada por Deborah Weston, fue
primero a Hawaii y luego a Roma (1963)d onde tuvo amores con un hombre casado
(¡!!) hasta que se acordó de Moondoggie.
En 1961, Sandra
Dee aceptaba un secundario en una comedia romántica de Rock Hudson y Gina
Llollobrigida. En Come September, Sandra
era una universitaria en un viaje de estudios que la lleva a Italia donde
conoce a otro estudiante americano interpretado por quien era su marido en la
vida real, Bobby Darin.
Sandra no era el
único Teen Idol en viajar. Suzanne Pleshette, en su segundo filme, iba a tener
su Aventura en Roma (1962) con el ídolo de jovencitas, Troy Donahue, con
quien se casaría en la vida real.
Connie France,
que ya se perfilaba como actriz y cantante, seguiría su Where the Boys Are
con Follow the Boys, donde su personaje de Bonnie tiene aventuras en la
Riviera Francesa en lo que busca a su esposo que está en la Marina Estadounidense.
Las adolescentes
de hoy prefieren ser eternamente jóvenes. A comienzos de Los 60, las chicas de
clase media soñaban con ser adultas refinadas, sofisticadas y consideradas. Eso
lo vemos en el programa juvenil más visto de la Era Kennedy; El Show de
Patty Duke.
En esta primera
sitcom con una protagonista adolescente, Patty, quien acababa de ser la actriz más
joven en ganar un Oscar por La Maestra Milagrosa, interpretaba dos
roles: Patty y su prima Kathy. Aunque eran idénticas físicamente, Patty era la
típica teenager llena de amigos, popular con los chicos, loca por el baile. Su
prima, en cambio había sido criada en Europa. Su padre, un corresponsal extranjero,
la había incluido en sus viajes y Kathy no solo era excelente alumna (“un genio”
según Patty) además hablaba idiomas, entendía de arte y música clásica y sabia
comportarse como toda una dama
Sydney Sheldon,
antes de convertirse en autor de superventas, escribió los guiones de esta
serie usando como base de su comicidad el choque cultural. Kathy se sabía
comportar en un mundo adulto, pero como era ingenua y aquejada por todas las
inseguridades que afligen en la pubertad, sufría al no entender o no tener
cabida en el mundo de Patty. Era un poco como Lindsay Lohan en Mean Girls.
En el tema de
entrada se mencionaba que Kathy había viajado desde Zanzíbar hasta Berkley
Square (Londres). Los amigos de Patty percibían
a Kathy como más cosmopolita que ellos y le tenían un poco de recelo. Un
pretendiente incluso le decía a Kathy que seguro que en Europa la cortejaban
hombres “mayores” más interesantes. He ahí un tropo de los filmes de chicas
viajeras, lo fácil que es que caigan en las redes de europeos más hábiles en el
arte del cortejo que un ingenuo americanito.
En el aspecto del vestuario, El Show de Patty Duke puso de moda el jumper dress que en Chile se llamaria simplemente 'jumper". El atuendo consistia en ponerse un vestido liso y tubular sobre una blusa o un sweater delgado y acompañarlo con un ascot o un corbatin imitando el uniforme escolar.
Feminismo y
Las Cantantes de Color
No todas las
adolescentes estaban pendientes de las modas y o de ser sofisticada como Jackie
. Las había ya interesadas en su futuro. A comienzos de los 60, muchas
jovencitas contemplaban carreras universitarias, o se veían llevando vidas
independientes y como parte de la fuerza laboral. Un libro de a principios de
Los 60 seria fundamental para enseñarles a las jóvenes que una mujer podía
tener carrera y una vida glamorosa sin necesidad de atarse a un hombre.
Helen Gurley Brown había practicado lo que
predicaba en su libro. Nacida, en 1935 se graduó a fines de la Segunda Guerra Mundial
en Negocios en la Universidad de Woodbury. Un título que le servía solo para
ser secretaria en grandes empresas. Como
nos mostró Mad Men, todas las secretarias de la Stirling-Cooper eran universitarias,
pero solo podían trabajar bajo órdenes de publicistas varones.
Helen Gurley trabajó
para varias compañías que representaban talentos artísticos y modelos como la
famosa William Morris. Cuando trabajaba para la prestigiosa FBC, uno de sus
jefes notó que la secre podía escribir y la ascendió a redactora de publicidad.
Exacto, Peggy Olsen de Mad Men está inspirada en La Brown.
Tal como Peggy en
Los 60, Helen vivió su vida e hizo carrera en el mundo de la publicidad, Eso no
significó no tener una vida amorosa (y en tiempos pre-Píldora) contar con
varios compañeros sexuales. En 1959, cuando ya se acercaba a los cuarenta años,
Helen se casó con David Brown, productor de Hollywood. Fue a comienzos de Los 60,
cuando Helen Gurley Brown era una de las redactoras (o redactor) mejor pagadas
en la industria, que al marido se le ocurrió que se podía mercadear la historia
de éxito de su mujer.
Así nació Sex
and the Single Girl (Sexo para la joven soltera) que la editorial
quería llamar Sex for the Single Girl. Helen se negó a un título que hacía
parecer al libro como un manual de educación sexual. La autora hizo mucho
hincapié que su libro no era un mensaje para el libertinaje e incluso incluyó
un capítulo sobe anticonceptivos que la editorial sacó de la primera edición.
El libro se vendió
como pan caliente y más de una adolescente leyéndolo soñó con seguir los pasos
de Helen Gurley Brown y tenerlo todo, incluyendo una vida sexual sin
avergonzarse por ello. Se hizo un filme sobre el libro con Natalie Wood y Tony Curtis
que poco se parecía al libro. A Helen Guerly Brown ya no le importaría ese
detalle. En 1966 se convirtió en la redactora en jefe de Cosmopolitan transformando
esa revista en un manual para chicas liberadas de las décadas siguientes.
La otra cara de
la moneda era el feminismo duro. Un año después de la publicación del libro de
Helen Gurley Brown, Betty Friedan señalaba como en la tierra de la libertad la
mujer no era libre. El manifestó de
Friedan, titulado The Feminine Mystique, exigía no solo el derecho de la mujer a
estudiar y tener carreras, pero además rechazaba totalmente el concepto de la
maternidad, del matrimonio y el ser ama de casa como opciones.
Friedan hasta
atacaba el libro de Gurley Brown por objetivizar a la mujer y recalcar su
identidad sexual. En la miniserie de HBO, vimos un encuentro ficticio de Bettycon Julia Child en la que la primera acusa a la gran chef de encerrar a las
mujeres en la cocina. Lo cierto es que los personajes femeninos de cine y televisión,
aun las más jovencitas ya articulaban ideas feministas.
Una
manifestación, entonces no reconocida, de la liberación de la mujer fue la
creación en el mundo de la música de grupos femeninos conformados por chicas de
color. La música de la Era de Camelot―a pesar de que Elvis seguía moviendo
caderas y rockeando―era del tipo conocido más tarde como Bubble Gum
Rock (rock de chicle) . Sus máximos exponentes eran chicos blancos como el
canadiense Paul Anka, el judío Neil Sedaka y el cantante de origen polaco, Bobby
Vinton.
En cuanto a cantantes
mujeres también se lucían las étnicas. Concetta Franconero había salido de su
Brooklyn natal y, bajo el nombre de Connie Francis, saltó a la fama cantando en
inglés, italiano y hasta español. Su sello distintivo fue “Where the Boys Are”
del filme que ya hemos mencionado. En el Sur, Brenda Lee, con su voz rasposa,
entonaba temas folclóricos como “Saltando el palo de la escoba” y “Jambalaya”
para coronar los Hit Parades.
Aunque surgían
grupos de cantantes negros, todavía existía una fuerte barrera racial que les impedía
sobresalir. El caso de las cantantes era diferente. Curiosamente el ser mujeres
y cantar en conjunto las hacia más “presentables” Fue así que los Hits Parades
comenzaron a ser liderados por singles de grupos como The Chiffons, The
Ronettes, The Shirelles y por supuesto las famosísimas The Supremes con su
vocalista, Diana Ross.
Chicos de
Vacaciones
A pesar de los
vientos feministas que corrían en el país, la juventud seguía viviendo de
contenidos irreales y enfocados en el consumismo. Si no todos los chicos podían
irse a Europa, se comenzaron en USA a crear balnearios enfocados hacia una
clientela juvenil y el cine los promocionó comenzando por la más famosa de este tipo de cinta: Where the Boys Are
Glendon Swarthout,
autor de novelas del Viejo Oeste, escribió este libro (originalmente titulado Unholy
Spring) que en 1960 era un superventas y cuyos derechos fueron adquiridos
por la Metro Goldwyn Mayer. Originalmente querían a Jane Fonda o a Natalie Wood
para la protagonista, pero se decidieron por Dolores Hart, muy bonita y que ya
había destacado junto a Elvis en King Creole.
Dolores
interpreta a Merrit, estudiante de una universidad en el Medio Oeste que
escandaliza a maestros y alumnos con sus adelantados puntos de vista sobre las
relaciones premaritales. Para cuando Merrit y sus amigas emprenden un viaje en
las vacaciones de primavera a Fort Lauderdale (Florida) todas tienen planeado
encontrar el romance perfecto y posiblemente perder sus virginidades.
Las amigas son la
romántica Melanie (Yvette Mimieux) que sueña con un gran amor y está dispuesta
a todo por conseguirlo; Tuggles (Paula Prentiss) es la anticuada que quiere
esperar al matrimonio y convertirse en una “fábrica de bebes”, su problema es
que es muy alta. Por último, tenemos a Angie (Connie Francis) que, como Gidget,
está más interesada en los deportes que en los chicos.
Aunque todas
consiguen pretendientes, sus romances no tienen buen final. Luego que Merrit es
cortejada por Ryder Smith (George Hamilton) playboy y heredero de millonarios,
descubre que no está preparada para el amor físico. Angie se involucra con un
musico de jazz y Tuggles encuentra el romance perfecto, pero con muchos baches.
El peor caso es
el de Melanie que se enreda con un estudiante de Yale que la desflora, pero
luego la ignora. Cuando la rubia va en busca de él, su seductor se la “presta”
a un amigo y Melanie acaba siendo violada por varios estudiantes. Esto la lleva
a intentar suicidarse. Sus amigas se dan cuenta de los peligros de buscar el
amor. Tres décadas más tarde, Camille Paglia hablaría de lo relevante del film
en su exposición de los peligros que corrían las jovencitas que idealizaban el
amor, de los prejuicios en contra de quien se saltaba los tabúes y de la prevalencia
de la violación en una cita.
En 1960 ,no había
conciencia del mensaje del filme solo de su éxito en taquilla y de la necesidad
de hacer más filmes parecidos que atrajesen a los jóvenes y que sirviesen de
promoción turística. Así tuvimos Palm Spring Weekend con Troy Donahue y
una nueva actriz juvenil llamada Stefanie Powers. Hasta Elvis quiso entrar en
esa nueva corriente con Clambake que promocionaba las playas de Florida y colocaba como estrella
a Shelley Fabares.
Los Ochenteros,
hasta tuvimos un revival con Phoebe Cates en Shag (1988), donde una
chica a punto de casarse es secuestrada por sus amigas para un último fin de
semana de soltería en Myrtle Beach (S.C.). Como la acción time lugar en 1963,
es obvio el homenaje a Where the Boys Are.
¡Ahí viene la Playa!
Sin embargo el
escenario favorito de estas ondas “playeras” era California. Gidget
había dejado un gustito por el surf y las playas de Malibu. Se hizo un
documental sobre el surf y algunos filmes olvidables. El verdadero clímax de la
Beach Culture inició con siete filmes parecidos y disparejos a la vez,
que tuvieron como protagonista a una Mouseketera de Disney llamada Annette Funicello.
Como Connie
Francis, Anette era de una belleza mediterránea, más alta, menos rellena y no sabía
cantar, pero igual era llamativa. Su compañero en casi toda la franquicia era
uno de esos cantantes que habían surgido mientras Elvis estaba en Alemania. De
origen italiano como Annette (su verdadero apellido era “Avallone”), Frankie
había llegado al sitio más alto del Hit Parade con su “Venus” y había hecho una
carrera respetable en el cine sirviendo de soporte a grandes como John Wayne en
El Alamo.
Beach Party (1963) iba a ser un modelo para las otras
películas que la siguieron con una trama inocua y alejada de la realidad con
los ingredientes que buscaban lo jóvenes, playa, música y romance. El sexo en
esos filmes debía ser sugerido nunca definido. Eso tranquilizaba a los de Disney
a los que les preocupaba que se enlodara la imagen de Annette, tal como medio
siglo más tarde ocurriría con otra Mouseketera llamada Miley Cyrus.
La novedad de
cada película era algún elemento foráneo que interrumpía la jarana perpetua de
chicos en vacaciones. En la primera era Robert Cummings dando vida a un antropólogo
que investigaba la cultura juvenil. En otras eran elementos de terror incluso
de ciencia ficción. Un detalle era la inclusión en el elenco de alguna gloria
del pasado desde el astro de cine silente Búster Keston hasta el primer teen
idol, Mickey Rooney.
La franquicia
además servía de escaparate de nuevos artistas como Stevie Wonder que a sus
catorce años era presentado como “Little Stevie Wonder” y al igual que
prometedores comediantes como Don Rickles y Paul Lynde. Como bono, repetidas
veces aparecieron estrellas del género de terror como Vincent Price y Boris
Karloff.
Frankie Avalon
fue quien más fama obtuvo de estos filmes, convirtiéndose en un gran galán de jovencitas.
En The Patty Dyke Show cuando Kathy sueña con el galán perfecto este es
Frankie Avalon que hizo una aparición especial en ese programa que entonces
hacia fue en la nación.
El vínculo de
Frankie con la cultura adolescente de ese entonces quedó revalidado en el filme
de Vaselina cuando otra vez es una figura de ensueño, en este caso un
ángel protector de adolescentes que viene a aconsejar a Frenchie a que regrese
a la escuela y se olvide de sus sueños de ser estilista.
Obvio que la
venta de discos de Frankie Avalon aumentó gracias a sus Beach Movies, pero fue
otro conjunto musical quien se inició con música “playera” para convertirse en
un fenómeno musical de los 60 que rivalizaría con los de la Invasión Britanica
de la cual les hablaré en nuestra próxima entrada. Mientras tanto, mírenlos en
un primer video. No se los imaginaban a Los Beach Boys en esa onda de cabellos
cortos y tan decentitos ¿verdad?
Mis Tres Hijos
Con tanto filme
playero, había poco tiempo para los adolescentes en la televisión de ese
entonces. Ya hemos hablado del Show de Patty Duke como gran referente de
la teen culture de comienzo de Los 60 y también de la moda. Este show no superó
su tercera temporada. Patty se volcaría roles adultos en Hollywood en filmes
como Yo Natalie y El valle de las muñecas.
El mejor show
para adolescentes de comienzos de Los 60 y uno de los mejores de todos los
tiempos fue My Three Sons. Comenzó
en la ABC en 1960 en blanco y negro. En 1969 se trasladó a CBS a todo color y duró
hasta 1972 .Difería de otros shows familiares en que tenía lugar en una casa
sin hombres, más o menos como el Rancho Ponderosa de La Familia Cartwright en Bonanza.
Steve Dougls, un
ingeniero aeronáutico viudo vivía con tres hijos, el universitario Mike, el
adolescente Rob y el pequeño Chip de 7 años. Seis años antes ,después de la muerte
de Louise Doughas, “Bub” ,el padre de la difunta se había hecho cargo de la
familia y de los quehaceres de la casa. Cada episodio, de media hora de
duración giraba en torno a problemas escolares, dramas típicos de las edades de
los chicos y romances. En esta última área, entraba Steve que siempre se estaba
tropezando con damas que querían atraparlo.
A comienzos de mi
adolescencia era uno de los programas favoritos por su comicidad, pero también
por la simpatía de sus personajes. Me gustó volver a ver a Tim Considine (Mike)
a quien conociese de niño en el segmento del Show de Mickey Mouse “Los
Chicos Hardy”. Me sorprendió saber que Fred McMurray, quien daba vida a Steve
Douglas, había sido galán de Hollywood. Antes de ver Mis Tres Hijos, yo
lo conocía por filmes de Walt Disney como The Shaggy Dog y Bon Voyage.
La serie sufrió más
evoluciones que un cambio de color en pantalla. El actor que interpretaba a
Bub falleció y fue reemplazado en su versión de housekeeper por el Tio
Charley. Tim Considine dejó la serie y para continuar el formato de un trio de
hijos, Los Douglas adoptaron a Ernie un huerfanito de la calle (menos peligroso
que el Ryan de The O.C.).
El gran cambio
fue cuando Rob, ya en la universidad, se casó con Katie y la trajo a vivir en
su casa destruyendo el aura masculina del hogar. Un año más tarde, Katie dio a
luz a trillizos. Aunque Rob y su tribu se fueron vivir en una casa cercana, la
presencia femenina no escaseó. En 1970, Steve finalmente encontró a su
media naranja , la maestra de Ernie, quien al convertirse en Señora Douglas incorporó
a su hija a la dinámica viril de la casa Douglas.
Mo vayan a pensar
que por ser solo varones , Mis Tres Hijos era una versión de Machos
de Los 60. Por el contrario, viéndola ahora me sorprende la ausencia de
sexismo. Desde el primer episodio, Steve inculca a sus hijos, aun al pequeño Chip,
de lo importante que es tratar bien a las mujeres (por algo los chicos Douglas son
tan cotizados).
Cualquier resabio
de machismo o de roles de genero tradicionales desaparece con la persona de
Baub que se pasea alrededor de la casa con un mandil que perteneció a su
difunta hija (con volantes) y que hace acto de presencia cuando los vendedores
preguntan por “la señora de la casa”. Mas de dos décadas antes del Tony Micelli
de Quien manda a Quien, Baub no consideraba que las tareas domésticas lo
hacían afeminado.
Tampoco las
Señoras Douglas, Katie y Barbara, la
segunda esposa de Steve ,se sintieron obligadas a hacerse cargo del trabajo doméstico
y Steve y sus hijos no dejaron de ayudar en tareas como secar platos u otras
que no hubiésemos visto jamás hacer en Father Knows Best o el marido de
Donna Reed.
BIBLIOGRAFIA
Brooks, Marla. The
American Family on Television: A Chronology of 121 Shows 1948-2004
Handy, Bruce. Hollywood
High: A Totally Epic, Way Opinionated Story of Teen Movies.
Manchester, William. The
Glory and the Dream: A Narrative History of United States, 1932-1972
Miller, Donald C. Coming
of Age in Popular Culture: Teenagers, Adolescence and the Art of Growing Up
Palladino, Grace. Teenagers:
An American History
Rollin, Lucy. Twentieth
Century Teen Culture by Decades

.jpg)
.jpg)



.jpg)
.jpg)

.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

.jpg)

.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)





.jpg)
.jpg)


.jpg)