jueves, 18 de junio de 2026

Family y el Auge de Kristy McNichol (Teen Culture XVII)

 


Si la maternidad adolescente era vista en términos ambiguos por la ficción qué decir de Family donde las únicas que enfrentaban embarazos inesperados eran mujeres casadas. Hablando de Family , nunca entendí como de esa serie surgió la más imprevista Teen Idol femenina. ¿Gustó Kristy McNichol porque era una tomboy deportista? ¿O fue su falta de interés en el sexo lo que la alejó del lugar común de la adolescente dominada por sus hormonas?

En 1976, iniciaba en la ABC,  Family, la saga de los Lawrence, una familia de clase media alta de Pasadena (California) que sobrevive varias crisis que afectan a los padres Kate y Doug y/o a sus hijos Nancy, Willie y Buddy. Producida por Aaron Spelling, ya famoso por Mod Squad, y por Mike Nichols que había hecho fama de director en Hollywood con El Graduado y Carnal Knowledge, más un libreto de Jay Pressner que había adaptado La primavera de un solterona y Cabaret, Family auguraba el éxito que iba a tener.

No en mi hogar. Tres episodios y mi madre la calificó de aburrida y antipática y regresó a sus telenovelas. Los 70 seria la década de las sitcoms familiares como All in the Family, The Jeffersons y Soap.El problema de Family es que los ricos tenían problemas de ricos, a lo más solucionaban los problemas de los más vulnerables. O sea Los Lawrence eran “Grandes Salvadores Blancos con Dinero”. No eran de clase obrera como los Bunker, ni negros con Los Jefferson ni tenían hijos gays o mafiosos como en Soap.



El Inexplicable Encanto de Kristy

Yo volví a verla cuando ya tuve televisión, o sea en su quinta y final temporada(1979-1980). Para entonces Family ya había ganado la aprobación de la Asociación de Maestros y Padres a pesar de sus temas adultos y (para la época) controversiales aparte de que había recibido Grammys, incluyendo dos para Kristy McNichol.

Para entonces yo era una mujer de mundo de veinte años, tercer semestre de universidad, y que despreciaba la Teen Culture. Sin embargo, no era ciega a la pasión que sentían los chicos por La McNichol. Era uno de los pocos rostros femeninos en aparecer en portadas de revistas juveniles. No era bonita, no era glamorosa, ni simpática. Sin embargo, escuché a un par de vecinitos comentar respecto de ella “Boy! She is built!” Me quedé muda. “Built?” Si era más plana que una tabla de planchar… Pero para mocosos de doce años…. ¿Qué sabían ellos?




Me puse a ver la serie en mis vacaciones de invierno. Efectivamente, Kristy no tenía curvas, vestía siempre de pantalones, se parecía a su hermano Jimmy con peluca y sus modales eran…de tomboy o como dijo mi madre “amachados”. ¿Detectábamos ya una vibra gay, décadas antes que la actriz―hoy retirada― saliera del closet?



El hecho es que ni mi hermana, ni mis amigas la habían idolatrado. Tampoco era buena actriz aunque me hizo llorar en Summer of My German Soldier, solo porque la trama era tan conmovedora. No me impresionó en filmes de Los 80 como Only When I Laugh, menos en the Pírate Movie, y me encantó que la mataran en el telefilme Women of Valor. Ni quiero hablar de Little Darlings.

Mas que darle palos a una actriz sobrestimada,   mi pregunta es ¿qué la convirtió en ídolo?  ¿Por qué gustó su personaje de Laetitia “Buddy” Lawrence? Ni su ropa ni su look eran para imitarlos,  y era tan antipatica. La serie cubria muchos temas adultos como sexo entre adolescentes, alcoholismo juvenil, etc. Sin embargo ninguno de esos problemas inquietó nunca a Buddy lo que la hacía bastante sosa. A lo más en su primera fiesta, se marchaba molesta cuando ve parejas besuqueándose, ya que temía que ella deba seguir ese ejemplo.

                  


Ídolos Deportivos

Gatita Judy, mi vecina y amiga, me dice que el atractivo de Kirsty  para su público juvenil era su amor por los deportes. Se desplazaba en bicicleta, era nadadora, beisbolista, cuando su madre la busca luego Buddy abandona la fiesta “besucona” la encuentra en una pista de patinaje.



Además, Buddy  practicaba un deporte entonces desconocido, la patineta. Se entiende su atracción sobre jovencitas que admiraban a las atletas hasta el punto de que nacieron en esa década varias figuras juveniles que fueron Teen Idols.



Las Olimpiadas de 1976 crearon un par de chicas prodigiosas cuyas piruetas hicieron a las jovencitas pasarse más tiempo en el gimnasio. La gimnasia olímpica de Nadia Comaneci hizo que más de una muchacha estadounidense se pusiese a hacer ejercicios sobre el caballete para emular a la deportista rumana.



Las Olimpiadas de Invierno en Innsbruck crearon una nueva adorada en la figura de la patinadora de hielo Dorothy Hammill. La campeona olímpica instituyo una moda por su corte de cabello y por su deporte. Los 70 fue la época en que los adolescentes no abandonaron los patines que, en su infancia, los habían hecho deslizarse sobre el hielo o sobre otras pistas.



Los patinadores hasta tenían su himno, “Saturday Night” de los horripilantes Bay City Rollers. He tratado de no hablar de ese conjunto escoses que provocó furor en America en la segunda mitad de la década. Eran la pasión de mis compañeras de la U.N.I.S. (United Nations International School). Yo no les encontraba el chiste. Con su vestimenta ridícula de zapatos de plataforma, pantalones de golf y medias a rayas, ya parecían Ronald MacDonald.






 Es como el furor que causaba KISS en mi escuela judía. Ahí por lo menos se entendía puesto que Gene Simmons era nacido en Haifa (su verdadero nombre es Chaim Witz) y su madre era sobreviviente de Mauthausen.

Embarazos Indeseables

El tema del embarazo era un constante en Family, pero nunca afectaba ni a Buddy ni a sus amigas. El primer gran amor de Willie Lawrence, Salina, tenía un bebé de un hombre casado. Meredith Baxter Birney se convirtió en una pinup (de adultos) con su rol de Nancy, la hija mayor de los Lawrence. En la primera temporada, tras descubrir a su esposo Jeff (John Rubinstein) en la cama con otra, Nancy vuelve con sus padres y decide divorciarse. Ohh pero está embarazada por segunda vez. 

Nancy planea abortar. En una discusión con su marido, Kate confiesa que ella quiso abortar a Buddy. No me sorprende. Ya en ese episodio hemos descubierto que Buddy es insoportable, y como su padre, me gustaría cachetearla.




El problema es que Buddy,  tiene la horrible costumbre de escuchar secretos que no le corresponden. Oye que su madre casi fue a una clínica de abortos para evitar el nacimiento de su hija menor, Buddy enloquece y huye en el auto familiar.  De ahí, se va a un invernadero y se pone a romper a botellazos el tejado de vidrio, ataca al guardia del lugar y termina siendo arrestada. Ya Buddy parecía una delincuente infantil, peor que las del ABC Movie of the Week.



Mas allá de si lo escuchado era para sentirse mal, el hecho de que una cría de doce ponga en peligro su vida, la ajena y el auto, exasperó a mi madre quien siempre temía que yo fuera a copiar la mala conducta de personajes en pantalla. Lo mas divertido es que todo el escándalo hizo que Nancy regresara con su marido. Pero para el segundo episodio, el embarazo había desaparecido mágicamente. No pareció importarles a los escritores ya que al final de la primera temporada, Nancy y Jeff se divorcian.

Un par de temporadas más adelante, Nancy y Jeff se reconcilian y planean volver a casarse, pero ella tiene dudas. Un embarazo imprevisto apura la boda, pero antes Nancy tiene un conveniente aborto espontaneo.



Un tema recurrente en la serie es la insatisfacción de Kate con su rol de esposa y madre. En una ocasión planea rentar un piso para tener “a room of her own”, pero acaba atrapada con una chica embarazada cuyo parto debe atender. Con el tiempo, Kate busca empleo como maestra de música y comienza a aceptar que su familia no la necesita tanto como antes.

En la última temporada, Kate vuelve a sentirse preocupada ya que pronto Buddy parte para la universidad y su rol de madre acaba (curioso cuando los Lawrence acaban de adoptar una huerfanita). Esta preocupación coincide con una ola de nostalgia y luto por su hijo muerto. La solución divina es un embarazo.  Otra vez, Buddy escucha lo que no debe. Tras oír a Kate hablando con su doctora, Buddy vuelve a enloquecer como en el primer episodio. Solo que ahora no tiene doce años.

A pesar de que entendemos que es miedo a perder a su madre, no excusa el comportamiento de la chica. El modo en que agrede verbalmente a la ginecóloga,  a su padre y sobre todo a su madre es inmaduro, insolente e improcedente. Su intención es que su madre aborte, pero en vez de convencerla la aterroriza con visiones de lo que ocurrirá a ella y al bebe y pretende obligarla a tomar una decisión alternando sentimientos de culpa con posibilidades que ni los médicos hubiesen postulado.

Cuando, a pesar de la campaña emprendida por su hija menor, Kate decide tener al bebé es rechazada por su marido y sus hijos (con excepción de Nancy que, como madre, entiende el dilema de Kate). En la mesa, Buddy tiene la insolencia de gritarle a su madre “¡estás muy vieja para tener un hijo!”. Mi madre me hubiese partido la boca si le hubiese respondido así a los 17 años.



Con tanto apoyo familiar, Kate pierde a la criatura y…¡todos felices! Lo primero que me resulta chocante, viendo el episodio con mi mirada de vieja sabia, es el alivio que todos sienten al acabarse un problema que no debió existir y la facilidad con la que todos retoman su vida normal.

Yo conozco mujeres que nunca se han recuperado de un aborto (espontáneo o provocado). Lo otro que me incomoda es como la serie echa mano a un recurso trillado y simplista como la pérdida de un feto antes que enfrentar el aborto quirúrgico que todos desean o el nacimiento de un niño.

Me recordó a como Rene Muñoz solucionó el problema del embarazo de Thalía en Quinceañera. Atrapada entre el miedo de ser madre a los quince años y la posibilidad de que su hijo herede la drogadicción del padre, Beatriz sale disparada en su coche y pierde al niño en un aparatoso accidente automovilístico.



La diferencia es que hablamos de una sociedad latina ochentera donde el aborto no era legal; que se trata de una niña no de una adulta capaz de tomar una decisión responsable y, más importante, Beatriz cae en una fuerte depresión acompañada de un mutismo electivo del que solo la saca su amiga del alma Maricruz (Adela Noriega). En cambio en Family, las embarazadas son siempre adultas cuyos embarazos acaban con una línea escrita por un libretista que las saca de apuro a lo Deus ex Machina.



Una ironía es que en 1980, el embarazo de una cuarentona todavía era visto como una tragedia. En el transcurso de los próximos treinta años, presenciariamos un trend, un aumento de mujeres maduras pariendo sin problemas, a pesar de que a veces eran primerizas. 

Esto se trasladó a la televisión a las sitcoms y teen dramas sin mayor escándalo. Recuerden los casos de Linda Evans en Dinasty,  Suzanne Sommers en Step by Step, la madre de Jennie (Kellie Garth) en Beverly Hills 90210,  la misma Meredith Baxter en Family Ties.  Roseanne (embarazada en la vida real) y su hermana Jackie, escriben a la cigüeña en su madurez y en este siglo, lo hace Kirsten en The O.C. Todas tuvieron hijos sanos sin que su familia las agobiara con la cantilena del aborto.

                      Madres cuarentoas, la Moda de Los 80 y 90

Erica y La Sexualidad Adolescente

Lo sorprendente es que, y yendo totalmente en contra de los telefilmes/fabulas-con-moraleja, el embarazo no era algo que afectase a las adolescentes en Family. A pesar de sus romances, Buddy parecía un ente asexual, nunca era asaltada por los requerimientos de sus pretendientes como nos ocurría a todas en la secundaria. Era como si el embarazo fuese un castigo del pecado de la lujuria o de las villanas o de las muy desubicadas y veremos ese lugar común en los Teen Dramas hasta de este siglo.

Sin embargo en ese mismo episodio “When the Bough Breaks”,  donde Kate contempla un polémico embarazo, una amiguita de Buddy contempla perder su virginidad. Erica (la desafortunada Dominik Dunne de Poltergeist)ha estado estudiando en un internado de monjas y solo tiene unos días de vacaciones para visitar a su familia. Ha calculado que ese tiempo es suficiente para perder su virginidad con un desconocido. Se lo cuenta a las asombradas Buddy y su mejor amiga Audrey.

El discurso de Erica sobre por qué debe dejar de ser virgen es un eco de todos los que me endilgaron falsas amigas en la secundaria. Cree ser la única en su clase que no ha perdido su virtud, se siente menos mujer, menos inteligente o madura ya que la actividad sexual implica “conocimiento”.



Además saca a relucir el eslogan feminista de que es dueña de su cuerpo y del poder elegir a quien se lo entrega. Aunque Audrey le recuerda que debería al menos estar enamorada antes de entregarse a un extraño, Erica dice que basta que sea guapo, chistoso y heterosexual.

El candidato perfecto resulta ser Willie el hermano de Buddy al que Erica comienza a acosar de manera divertida, mandándole regalos y dándole una lista de sus cualidades, incluyendo que ya tiene 17 años, lo que la hace “legal”. En ese entonces, en California y Nueva York, la edad de consentimiento sexual era 16 años.



En el acoso del que Willie se defiende torpemente, Dominique luce un vestuario más maduro y sofisticado que el de Buddy, principalmente el look “Disco” (tacones plateados, peinado alto y strapless ceñido) que lleva puesto cuando lo cita en un motel. Lo interesante es que la única que sabe lo que sucede es Nancy que no parece ni escandalizada ante la actitud de Erica ni ante la posibilidad de que su hermano ayude a la chica a perder su virginidad.



Como con el aborto, la serie no parece incomoda ante la actividad sexual de una adolescente siempre y cuando esté dentro de los confines de la ley y sea consensual. Me hubiese gustado que el romance hubiese continuado aunque fuese vía telefónica y epistolar como le pide Erica a Willie al despedirse. Para entonces la chica ha visto en Willie las cualidades que lo hacen idóneo ya no para amante sino para novio formal y Erica no era peor de las que el joven se había enamorado en el pasado.



¿Entonces quiénes eran las modelos que seguían las jovencitas? ¿Buddy o Erica?  A pesar de que Buddy fuese un buen ejemplo para las deportistas, a juzgar por encuestas y publicaciones, a fines de Los 70, las adolescentes admiraban a personajes ficticios más glamurosos, y a chicas con poderes aunque fuesen mágicos. Y en las soap operas, iba a aparecer un tipo de adolescente más cercana a Erica que a Buddy y cuyas aventuras siguen dando que hablar medio siglo después de su aparición.

BIBLIOGRAFIA

Bondi, Victor ed. American Decades: 1970-1979

Brooks, Marla. The American Family on Television: A Chronology of 121 Shows 1948-2004

Miller, Donald C. Coming of Age in Popular Culture: Teenagers, Adolescence and the Art of Growing Up

Palladino, Grace. Teenagers: An American History

Prescott , Taylor. American Pop-Pop Culture in the 1970s: How a Decade of Upheaval Created the World We Live Today.

Rollin, Lucy. Twentieth Century Teen Culture by Decades

 

 

 

 



lunes, 15 de junio de 2026

Chicas Conflictivas y Pesadillas Paternas de Los 70 (Teen Culture XVI)

 


Los 70s fue la época en que las mujeres comenzaron a sentirse liberadas. Ya no solo era cuestión de poder estudiar y trabajar. Ahora podían controlar sus vidas y sus cuerpos. ¿Pero se aplicaba esa libertad a las adolescentes? Sus padres no lo creían así y ese sentir se manifestaba en libros y telefilmes que parecían más dirigidos a adultos aprensivos que a sus hijas.

 En los 70, las chicas adquirieron el derecho de votar apenas salidas de la escuela. Roe vs Wade había dado a la mujer derecho de disponer de sus cuerpos y la píldora tuvo una secuela de anticonceptivos. Gloria Steinmen proponía un feminismo más moderno y dirigido a la mujer más joven. Desde las páginas de Cosmopolitan, Helen Guerley Brown presentaba maneras de que una mujer pudiese ser liberada y glamurosa a la vez.

Sin embargo, esas posibilidades no estaban al alcance de una adolescente que sabía que antes de cumplir su mayoría de edad no podría optar por ser liberadas como las chicas Cosmo, ni votar,  ni tener una vida sexual protegida, a menos que sus padres diesen permiso. No muchos padres estaban dispuestos a hacerlo lo que creaba un terreno fértil para la desobediencia juvenil y sus peligrosas consecuencias. La literatura y la pantalla de Los 70 estuvieron cargadas de fabulas con penosas moralejas y con alertas a los males que asechaban a las jovencitas.

Lecturas para Padres Aprensivos

Los 70s sería otra década en que la clientela juvenil tendría su peso en el mercado consumista. Un ejemplo eran las nuevas novelas que podían adquirirse en librerías y bibliotecas. En 1967, S.E. Hinton, todavía en la secundaria, había publicado su icónica novela-debut The Outsiders (Rebeldes) que Coppola convertiría en una leyenda del teen cinema, dos décadas más tarde. The Outsiders era una obra típica de sus tiempos con jóvenes rebeldes, injusticias sociales, familias disfuncionales, pandillas rivales, personajes que habría interpretado James Dean en su época y frases mágicas (Stay Gold!).



De menor calidad, pero igualmente popular fue Mr. and Mrs. Bo Jo Jones que Ann Head publicó en 1967: la historia de Bo Jones, la estrella de futbol de su secundaria que debe abandonar sus sueños para casarse con su novia embarazada. El embarazo juvenil era un miedo que enfrentaban los padres (al menos los míos) antes que los jóvenes. De ahí que se convirtiese en tropo de este nuevo realismo que transmitían las novelas juveniles.



Ese fue el tema (y el sexo premarital) de la novela de Paul Zindel, My Darling,  My Hamburger, de 1969. La mejor amiga de Maggie, la protagonista, casi muere de un aborto ilegal lo que acaba con la amistad de las chicas.  Ese libro y el de Head , me esperaban apenas llegué a USA y me llenaron de miedos que eran los de mi madre.



Blossom Elfman cerró el circulo del embarazo juvenil con su The Girls of Huntington House. En esa novela, una maestra de inglés consigue empleo en una combinación de secundaria/hogar para madres solteras y se involucra en la vida de dos alumnas: Sarah, la hippie idealista y Gail, la intelectual depresiva. El éxito del libro hizo que se filmase un telefilme sobre ella un año más tarde, con Shirley Jones como la maestra y Sissy Spacek y Pamela Sue Martin como Sarah y Gail.



El realismo en la literatura YA (Young Adults) daría paso a telefilmes que circularían a través de la década enfocándose en problemas de adolescentes como embarazos tempranos, problemas con los padres que propiciaban la huida del hogar,  y drogas y prostitución. En 1971, se publicaba uno de los más sobrecogedores retratos de los efectos de las drogas en una adolescente.

 Go Ask Alice, cuyo título se inspira en una canción de Jefferson Airplane, “White Rabbit”, narraba, en forma de diario de vida, la degradación y cambio de personalidad de la quinceañera Alice después que cae en la drogadicción. Uno de los ganchos que convertiría a Pregúntale a Alicia en un bestseller es que se la vendió como el diario de una chica real. Tiempo después, Beatrice Sparks confesó su autoría, aun así era una ficción que servía de espejo a una realidad que destruía hogares en el mundo occidental.

Comparada con esos ejemplos, Judy Blume parece narradora de cuentos de hada. La más reconocida autora de Young Adult Literature de la época comenzó su carrera de bestseller con Are You There G-d? It’s Margaret (1971), la aventura espiritual de una chica de 12 años, hija de un matrimonio mixto,  confundida por las creencias de parientes judíos y cristianos. La seguiría Forever, que causó un poco de escándalo por describir el despertar amoroso y sexual de una pareja de adolescentes.



Para ser franca, yo leí , en mis primeros años en USA, todas las fábulas sobre los peligros de ser una adolescente, pero Forever me llegó en mi año de graduación , cuando yo ya era cautiva del Bódice Ripper. La encontré ñoña y sosa y no vine a interesarme en Blume hasta que volvió a provocar polémica con Wifey, su primera novela para adultos.

Del Libro a la Pantalla

Quienes hayan sido las fuerzas alharacas que buscaban alertar sobre los peligros que, como villanos victorianos, asechaban a las jovencitas, no se quedaron en libros. Durante los 70s se usó la televisión para el mismo propósito.

 Admito que vi todos esos esfuerzos y me los creí. Lo malo es que mi madre también se los creyó. Las dichosas pelis se volvieron motivo de sospechas, vigilancias, y amonestaciones matinales como “si planeas volver preñada a casa, mejor te tiras al paso del subway!”. Para horror de mi pobre madre, en 1975 se impuso una moda de camiseros maternales que hasta esa gran role model e ídolo de jovencitas de todo el mundo, Carolina de Mónaco, usaba en su primer año en la Sorbona.


                                   Modelo de Burda y de Saint Laurent en su coleccion de 1979

(NOTA: No pude encontrar las fotos de Carolina en su maternal. Las vi en Vanidades, pero era parecido a este de Servidora en 1978.)



En un orden cronológico yo diría que los telefilmes de advertencia comenzaron con una adaptación de Mr. And Mrs. Bo Jo Jones en el ABC Movie of the Week. En el mismo espacio tendríamos la versión fílmica de Go Ask Alice (1973).

En 1974, La ABC nos pasaría la adaptación de The Girls from Huntington House, más Unwed Father donde el adolescente Joseph Bottom quería arruinar sus posibilidades de ir a la universidad,  para criar a su hijo. Finalmente, entre su madre alcohólica y la madre del bebé (Kay Lenz, que pronto seria Mrs. David Cassidy) lo convencían de que la adopción era el mejor camino.






Para variar un poco el tema, la ABC Movie of the Week pasó Can Ellen Be Saved?, la historia de unos compungidos padres que intentan rescatar a su hija de un culto. De ahí, la ABC cedió el puesto de guía de miedos paternos a la NBC que con Born Innocent llevaba ahora esa tarea.



Entre sus enfrentamientos con El Coludo y sus exorcistas, Linda Blair se había vuelto una mártir de estas fabulas fílmicas. Born Innocent fue un shock par los televidentes con su cruda descripción de una ingenua que cae en un reformatorio donde es torturada por sus compañeras. La escena en que Linda es violada con un palo de escoba siga siendo tan brutal que la han cortado de la versión en DVD. Al año siguiente, Linda Blair continuaba personificando a adolescentes problemáticas con su Sarah T. Portrait of an Alcoholic.



Para intentar disuadir a chicas que solucionaban sus problemas familiares fugándose de su hogar, surgieron un par de telefilmes sobre el mal final que esperaba a las fugitivas. Si Mod Squad había dado esperanzas a las chicas vagabundas con el personaje de Peggy Lipton que se salvaba convirtiéndose en policía,  otras visiones, como el rol de Jodie Foster  en Taxi Driver, eran menos color de rosa.



Un año después de Taxi Driver, la NBC presentaba el telefilme Dawn: Portrait of a Teenager Runaway. Eve Plumb, la única de los Brady que me caía bien, daba vida a Dawn, que por haberse ido de su casa, terminaba trabajando la calle. Aunque al final, Dawn abandonaba la profesión más antigua del mundo y volvía a su hogar, su historia había sido tan vista y comentada que tuvo una secuela, Alexander the Other Side of Dawn sobre el espinoso tema de los chicos que también se dedican a la prostitución.



Un año más tarde, la ABC contratacaba con Little Ladies on the Night que, en su momento, fue el telefilme más visto en la televisión americana. De alguna forma siento que, como en Euforia, el mensaje de advertencia se pierde en la glamurización de la venta de sexo. No hay una imagen tan cruda en el filme que haga ver el trabajo tan degradante y deshumanizante como lo es en realidad.



La misma ambigüedad se siente en el tema del embarazo no deseado. I Want to Keep My Baby (CBS, 1976)fue un telefilme que Mariel Hemingway hizo entre Lipstick y Manhattan, un bache en su carrera puesto que nadie lo recuerda y ni siquiera tiene página en la Wikipedia. Es la historia de Sue Anne una colegiala que queda embarazada y se rehúsa a abortar o a regalar a su bebé.

 La iglesia de sus padres la aplaude por esa decisiones pero no le ofrece ayuda. Menos recibe Sue Anne de parte de madre, padrastro y padre del bebe. Deseosa de salir adelante se va a vivir sola lo que desencadena muchos problemas que solo terminan cuando Sue Anne decide dar a su hija en adopción.



Diferente era el mensaje de Black Market Baby, una especie de Noir/ fábula adolescente muy compleja. Jessica Walter es Louise Carmino, una millonaria estéril. Su ginecólogo le trae una fotografía de Anne Macarino ( Linda Purl) una paciente que ha venido a la ciudad a estudiar, pero que es seria, tradicional como buen chica italiana, y virgen.

Los Carmino le pagan a Desi Arnaz Jr.  para que seduzca y embarace a Anne. Cuando él se rehúsa a casarse, y la familia de la embarazada la repudia, es el ginecólogo el que viene al rescate ofreciéndole a Anne un hogar con la misma mujer que pretende robarle el hijo. Por suerte este filme cerró el ciclo de fábulas amonestadoras que más servían para asustar a los padres que para alertar a los chicos.



Lo que estos ejemplos me inculcaron fue una dicotomía entre mi anhelo de ser madre que superaba fantasías sexuales y metas reales, y el terror a los peligros que entrañaba la maternidad temprana y sin recursos. Es un poco lo que ha llevado a las chicas de hoy a aborrecer la idea de tener hijos.

No me sorprende que mis dudas fuesen compartidas por las Setenteras a las que la mujer de hoy admira tanto. Un ejemplo puede encontrarse en una serie tremendamente popular de esa época y que creó  una Teen Idol muy peculiar.

BIBLIOGRAFIA

Bondi, Victor ed. American Decades: 1970-1979

Brooks, Marla. The American Family on Television: A Chronology of 121 Shows 1948-2004

Miller, Donald C. Coming of Age in Popular Culture: Teenagers, Adolescence and the Art of Growing Up

Palladino, Grace. Teenagers: An American History

Prescott , Taylor. American Pop-Pop Culture in the 1970s: How a Decade of Upheaval Created the World We Live Today.

Rollin, Lucy. Twentieth Century Teen Culture by Decades

 

jueves, 11 de junio de 2026

Los Adolescentes y las Nostalgias Setenteras: Los 40 (Teen Culture XV)

 


Los 50 no serían la única fuente de recuerdos y visiones retro de los acongojados 70. La necesidad de escapar a un pasado más tormentoso o donde las prioridades estaban más claras hizo retroceder a la cultura popular a la Gran Depresión y a Los 40.

Recuerdoaun yo en Chile que el ’74,  Vanidades tuvo un foto-artículo de la moda primaveral y de cómo imitaba el estilo de la Era Dorada de Hollywood. A pesar de que ese verano, la moda se iría a los Locos 20 con la influencia de el Gran Gatsby, los diseñadores ya tenían en mente un regreso a la Era de la Segunda Guerra Mundial.

Saint Laurent Pone de Moda a Los 40

En 1970, Yves Saint Laurent presentaba en su pasarela un retorno a Los 40 con la aparición de las plataformas en el calzado que estarían de moda a través de la década (y siguen usándose). Al año siguiente, en su desfile titulado “Liberación” se regresaba flagrantemente a la moda de la Francia de la Segunda Guerra Mundial con hombreras, faldas más largas y ondeantes y cinturas definidas. En 1972, Hollywood le entraba a la nostalgia por los 40 con dos filmes: la épica de El Padrino y Verano del ’42.





Esta última era un filme tipo” Coming of Age” sobre un trio de quinceañeros que pasan sus vacaciones veraniegas en la isla de Nantucket (Massachussets) en ese primer verano después de Pearl Harbor. Típicos adolescentes solo saben hablar de sexo. Una entretención es espiar a una joven pareja que ha rentado una casa en la playa, pero pronto, el marido se va a la guerra y Hermie (Gary Grimes) , el más sensible del grupo inicia una amistad con la esposa (Jennifer O’Neill). El clímax es la muerte del marido y el esfuerzo del chico por consolar a la viuda que acaba con ambos en la cama.



Contada así suena pueril y sosa, pero es que después de ver la Malena de Tornatore, con la que se ha comparado este filme, lo veo olvidable. Lo mejor es el tema musical de Michel Legrand. Mas conmovedor me resultó el romance prohibido de El verano de mi soldado alemán que Ruth Frank publicase en 1973. Esta historia de una chica judía abusada por el padre que se enamora de un soldado de la Werhmacht que está en un campo de prisionero de guerra en Virginia me provocó mayor impresión y empatía. Summer of ’42 y The Summer of My German Soldier son ejemplos de nostalgia de Los 40.

1974 fue el año en que El Gran Gatsby y Chinatown impondrían modas de Los 20 y Los 30. Lo cierto es que ese otoño fue la última vez que vestí una minifalda. En los próximos tres años, la moda avanzaría por Los 30, Los 40 y Los 50. Bobby Redford, después de Gatsby y de interpretar a Bob Woodward, uno de los artífices del escándalo de Watergate, en All the President’s Men, seguiría viéndose bello en ropa de época en The Sting, El Gran Waldo Pepper y The Way Where (Nuestros Años Felices).

       Solo Redford puede verse bien en un tres piezas de color de rosa

La “Cuarentena” en la Música y La Moda

Un repaso de la moda, del cine y hasta de la música nos confirman un renacimiento de la cultura de la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1975, no hubo un año en que Hollywood no trajese algún filme de Los 40 que recrease moda de ese tiempo. He escrito sobre eso en Latinas de Ayer, pero basta ver fotos de fin de década de iconos de la moda como Bianca Jagger y la diseñadora Carolina Herrera para comprender de donde viene la influencia.




Los vestidos volvieron a ser acinturados con faldas acampanadas y largas.  Se descartó el poliéster por muselinas y telas ligeras en días calurosos. 



Para el invierno,  las chicas preferían verse como colegialas de Los 40. Phoebe Cates, antes de volverse actriz y Teen Idol, andaba de modelo en Seventeen. Noten este vestuario de1979 (yo tuve esos zapatos). Con la excepción de las medias de lana parece escapada de un filme de Andy Hardy.




También retornaron blusas campesinas de mangas abullonadas. y las famosas jardineras y overoles que durante la guerra usaban  las mujeres que trabajaban en fábricas de armamento y astilleros. Ahora las jardineras venían en mezclilla y telas escocesas o estampadas.

                            Blusas campesinas de los 40s



                             Blusas campesinas de los 70

                             Obreras de los 40, trends de los 70

                        Jardineras de los 40

                        Jardineras de Los 70s

El que Travolta y la música disco renovaran la fascinación con el baile de salón resucitó el jitterbug y el lindyhop. Eso motivó un interés por el swing. Benny Goodman y su orquesta volvieron a tener conciertos y tours. Por otro lado, cantantes coma Berry Manilow sacaron versiones de temas musicales populares durante la Segunda Guerra Mundial como “I Don’t Want to Walk Without You”.




Ya antes Barry había sacado a la venta “Copacabana “un tema disco con coreografía de película de Carmen Miranda, muy “cuarentón”. Tal como Sha Na Na fue un conjunto que resucitó la música de los 50, en 1973 surgía Manhattan Transfer que buscaba recordar el sonido de las Big Bands.



No voy a decir que la los jóvenes les gustaba esa músicaaunque a los 18 años me volví una adicta hasta el día de hoypero si en el aire se sentía un interés por la era de la Segunda Guerra Mundial. Basta ver la lista de Hollywood: The Way We Were (1973); Buster and Bell (1974 con Jan Michael Vincent que era un poco teen idol, al menos de las universitarias); Farewell My Lovely (1975); Baby Blue Marine (1976, también con JM Vincent); New York, New York (1977); The Big Sleep (hubo un renacer de Raymond Chandler y de Noir en ese entonces , 1978); 1941 (1979).

                            Barbra y Bobby en The Way We Were

Series y Miniseries de Los 40

Todos estos filmes servían para presentar modas y New York, New York y 1941 particularmente se concentraban en la música de la Segunda Guerra Mundial, lo que las podía hacer atractivas para un público joven que ya se había acostumbrado a los 40 gracias a las miniseries. Si Hollywood se la pasó sacando filmes anuales que retrataban esa década, las cadenas de televisión hicieron lo propio a partir de 1975.

Ese año se inauguró La Era de las Miniseries de Época con Rich Man, Poor Man que iniciaba en 1945. La seguiría Once an Eagle en 1976, Seventh Avenue (1977); Pearl (1978) y The Last Convertible (1979). Esa última con su retrato de novatos de Harvard en 1940 que se vuelven hombres en el campo de batalla, pero siguen unidos por el amor a una misma mujer y un mismo carro de lujo, resultaba interesante a los ojos de universitarios de Los 70. Una lástima que ninguna plataforma la presente.



Lo más importante, para nuestros efectos, es que el protagonista de facto, narrador y heredero del famoso auto no era Perry King que no triunfaría como galán adulto ni juvenil. Tanto la novela como la miniserie se enfocaban en George, el Dan Humphrey del grupo, el intelectual romántico idealista y pobre que solo puede admirar de lejos a la It Girl Chris, interpretada por Deborah Raffin en el que considero su mejor rol.




A George le dio vida mi adorado Bruce Boxleitner y descubro que antes de The Last Convertible ya era un Teen hearthrob a juzgar por los posters que regalaba Teen Beat. Bruce se había vuelto el sueño de adolescentes (y no solo de Melissa Gilbert que se convertiría en su segunda esposa) gracias a su rol de Luke McCahan en la serie del Oeste How the West was Won.



En la era post-Vietnam, también era un mensaje diferente esto de mostrar “guerras justas” y de alabar el sacrificio de la juventud de Los 40,cuando los veteranos de Los 70 recibían repudio o indiferencia.  Aparte de las miniseries, había series que glorificaban el servicio tanto en el frente de batalla como el doméstico.

Dos esfuerzos de hacer series bélicas fracasaron. Operation Petticoat, basada en el filme de 1959,  nunca pasó de la Segunda Temporada (1979). John “Homero Adams” Astin nunca pudo llenar los zapatos de Cary Grant. La única gracia de la sitcom de la ABC fue la presencia de Jamie Lee Curtis en su primer trabajo actoral



La NBC también quiso hacer un show bélico y eligió las memorias del coronel de la Fuerza Aérea Gregory Boyngton. Robert Conrad se encargó de dar vida a “Pappy” Boyington llamado así porque a sus 30 años era considerado “viejo” para pilotear un avión de combate. Hoy puede verse los sábados en el canal Heroes & Icons.  

En serio, es tan aburrida que por primera vez me quejo de la ausencia de efectos especiales. Es que sin trama y con un Conrad que aunque le subieron la edad al personaje, no representa 35 años, la serie es un largo bostezo.



Mucho mejor fue la  primera temporada de Wonder Woman (1976). Como en la tira cómica la acción tenía lugar en medio de la Segunda Guerra Mundial. La Mujer Maravilla con un giro dejaba atrás su identidad de Diana Prince, teniente de la marina estadounidense, para ir a dar golpes y patadas a nazis y japoneses.




Sin embargo, la gran propagandista del servicio y sacrificio de los miembros de La Gran Generación fue The Waltons. Ya escribí un largo resumen de esta serie icónica, maravillosa y cambia vidas, pero hoy quiero hablarles un poco de lo que representó en términos de nostalgia y Teen Culture. Los Walton cubrió en siete temporadas un periodo que va desde la Depresión (1933) hasta el boom de la posguerra (1947). Si incluimos especiales y telefilmes nos llevó a conocer las aventuras de la familia hasta la Era Kennedy.

Sin escatimar detalles de lo dura que fue la vida de los habitantes de zonas rurales americanas, también creo una ola de nostalgia por valores perdidos. En la Era Watergate, todavía vapuleada por los cambios sociales de Los 60, The Waltons mostraba la importancia de la unión familiar en momento de crisis, el apoyo de la fe, el orgullo y deber de ser un buen patriota. Después de Pearl Harbor que golpea a Los Walton al dejar viuda a Mary Ellen, los chicos Walton se ponen el uniforme, aun el desobligado Ben y el pacifista Jason.



John Boy Walton y Rudy Weiss: Dos Jóvenes en una Misma Guerra

John-Boy fue la encarnación de todos lo heroico y noble que había en USA.  Tal vez por eso es que Richard Thomas fue lo más cercano a un Teen Idol que nació de ese show. Como hermano mayor se le exigía ser un modelo para sus hermanitos y a la vez ser un puente para que los problemas de los pequeños fuesen comprendidos por los padres.



John Boy era más que un hermano, tenía sueños de ser escritor, sufría del eterno problema del adolescente con las chicas y muchas veces debía tomar partido en los problemas de su comunidad. John-Boy era el hijo, hermano, novio que todos querían e incluso Bravo, la revista alemana para chicos, lo ponía en su portada.



Después de ganar un Emmy y dirigir cinco episodios, Richard Thomas se retiró en la sexta temporada. Su personaje había estado pendiente de las noticias europeas, el auge del fascismo, incluso contempló la idea de ir a pelear en las Brigadas Internacionales en España. Su salida de la serie fue explicada conque en 1940 le ofrecían un empleo en Londres como corresponsal de guerra.

Aun sin John Boy, los Walton siguieron su vida a través del conflicto hasta que este llegó a sus puertas después de Pearl Harbor. Por cuatro temporadas la serie mostró como era el frente domestico en una zona rural abarcando noticias, conflictos provocados por el racionamiento, vestuario, música y cine.



No puede hablarse de la influencia de Los 40 en la teen culture sin mencionar que fue a fines de esa década que nació un fuerte interés por el Holocausto, un interés que llegaría hasta las aulas y a la cultura popular con personajes jóvenes que pudiesen enganchar al público adolescente. Es semi irónico que una década que,  el embargo de OPEC provocaría un auge de antisemitismo en USA, acabase con esta cuasi fascinación de Hollywood y televisión con la guerra contra los judíos iniciada por los nazis.

El momento puntual de esta epifanía sobre la Shoah fue Holocaust, de la  que he hablado en otra entrada. El libreto de Gerald Green se enfoca en dos personajes :Dorff (Michael Moriarty), un abogado que al unirse a las SS se volvía un artífice de la Solución Final y Josef Weiss (Fritz Weaver), un médico judío berlines que junto con su familia vivía las experiencias que destruirán a la judería europea. Al final de la miniserie, Dorff se ha suicidado y el Dr. Weiss, su esposa, hermano, suegros y dos de sus hijos han sido víctimas de los nazis. Lo sobreviven su nieto, nacido en Theresienstad y su hijo Rudy.



Rudy Weiss (Joseph Botoms) era el futbolista rebelde, el que golpeaba a los bullies nazis de su barrio, el que no quería rendirse sin luchar. Con la ayuda de un dinero que le suministraba Inga, su cuñada aria (Meryl Streep en un rol espectacular que presagiaba su espectacular carrera), abandonaba Berlín y su familia y emprendía un trayecto hacia la Unión Soviética.



En Praga conseguía una esposa (Tovah Feldshu), se unía a los partisanos ucranianos, perdía a su mujer en una emboscada y acababa en Sobibor. Lograba salir en el famoso escape de 1943 y el final de la guerra lo encontraba vivo y camino al Mandato de Palestina. Si había algún personaje que atrajese a los jóvenes era Rudy, irreverente, luchador ,dispuesto a usar todo su ser para sobrevivir.



Antes de Holocausto, Joseph Bottoms había ganado un Globo de Oro como Revelación del Año por su protagónico de The Dove, la historia real de un adolescente que navegó sin tripulación  en un viaje alrededor del mundo En 1976 ,Bottoms protagonizó Unwed Father, la historia de un estudiante de secundaria a que quiere hacerse cargo de un bebé que ha hecho con su noviecita.



Con Holocausto, Bottoms iba camino a convertirse en un Teen Idol para luego ser estrella, pero cometió un error imperdonable. En 1979, aceptó modelar para una sesión de fotografías de After Dark. Aunque otros actores habían modelado para una revista cuya principal audiencia era gay, habían posado vestidos o descamisados. Bottoms hizo desnudos frontales y fotos bastante sugerentes para alguien que, aún hoy retirado, no ha salido del closet. No solo destruyó la imagen que debe tener un teen idol, su carrera nunca más alcanzó la fama que prometían sus primeros trabajos.



BIBLIOGRAFIA

Bondi, Victor ed. American Decades: 1970-1979

Brooks, Marla. The American Family on Television: A Chronology of 121 Shows 1948-2004

Miller, Donald C. Coming of Age in Popular Culture: Teenagers, Adolescence and the Art of Growing Up

Palladino, Grace. Teenagers: An American History

Prescott , Taylor. American Pop-Pop Culture in the 1970s: How a Decade of Upheaval Created the World We Live Today.

Rollin, Lucy. Twentieth Century Teen Culture by Decades