En 1980, Brooke
Shields era famosa en todo el mundo, pero la nueva década la iba a definir y a
destruir. Lo que la había hecho famosa ahora la haría infamosa y pasaría de ser
una Teen Idol a un modelo para adolescentes, pero, a medida que ingresaba en su
veintena, se volvería una fábula con una moraleja de que lo que empieza mal
acaba en fracaso.
En Jeans
Calvin o sin Ellos
Teri Shieds
seguía manejando el negocio familiar y dio con otras dos vetas de fortuna. Hizo
que su hija, ahora quinceañera, filmase una serie de anuncios comerciales
publicitando los jeans de Calvin Klein. En ellos se veía al joven símbolo
sexual enfundada en ajustados vaqueros y susurrando la maliciosa pregunta: “ ¿Quieren saber que me separa de mis Calvin?” con la insinuación de que no usaba ropa interior.
Estos anuncios
provocaron furor y del bueno. Todas las mujeres querían usar esos jeans (con o
sin calzones) y los adolescentes podían adorar a Brooke sin necesidad de verla
en películas restringidas para adultos. Aun así el próximo proyecto fímico de
Brooke Shields seria clasificado para mayores de 18 años.
Blue Lagoon es una novela escrita por Henry DeVere en
la era victoriana . Es una fábula darwinista. ¿Qué sucede si se
abandona a dos niños en una isla desierta? ¿Continuarán viviendo de
acuerdo a los valores inculcados, o revertirán a un estado primitivo donde
importa la sobrevivencia más que la moral?
Esta novela tuvo
una versión en el cine mudo y yo vi (y leí la novela) la adaptación de 1949 con
Jean Simmons, muy bonita a pesar de ser en blanco y negro. Por eso ni me interesé
en la versión Brooke Shields. Agrego que para 1980 yo observaba el fenómeno Shields
con una mezcla de desprecio y envidia.
Tal como me
esperaba, el filme solo tuvo un mérito,
la magnífica fotografía de ese genio cubano Néstor Almendros que le mereció un
Oscar. Christopher Atkins recibió una estatuilla como Revelación Joven del Año,
Brooke en cambio, cosechó dos galardones por ser la Peor Actriz de 1980.
El filme da
preponderancia a la madurez sexual de los críos. Vemos a Emmeline (Shields)
tener su primera regla, ser acosada por su amiguito de la infancia, ceder a los
deseos de Richard, no saber―a pesar de su crecida panza― que está
embarazada, etc. Este “despertar sexual” fue temas de conversaciones. Recuerdo
una clase de redacción en mi universidad donde debatíamos la existencia de
manuales que enseñan a los chicos a besarse y a tener sexo, cuando sin
necesidad de ello, la parejita de La Laguna Azul encargaba un bebé.
Como siempre, los
desnudos de Brooke dieron para chisme a pesar de que se habló de dobles y hasta
de que las extensiones de cabello de la actriz se las habían pegado a los senos
desnudos para cubrirlos. ¡Auch! Entre la sugerencia de los comerciales de
jeans y sus desnudos en pantalla, Brooke era un símbolo sexual juvenil y lo demostraría
en su próximo filme.
Franko Zefirelli
hizo su debut en Hollywood con una especie de Romeo y Julieta modernos. Para
eso el gran director italiano eligió una novela juvenil que ni era clásico y a
Brooke Shields como su protagonista. Terminó el proyecto en otro
escaparate para los admiradores de Brooke que a los 16 años comenzaba a
cansarse de ser lo que los mexicanos llamaran una “encueratriz”.
Endless Love era la banalidad misma. Una parejita de
adolescentes, Jade y David, eran
separados por los padres cuando descubrían que su constante actividad sexual está
afectando los estudios de Jade (Brooke).
David (Martin Hewitt), se enoja e incendia la casa de los padres de la novia. Va preso,
luego al manicomio y se le prohíbe legalmente volver a ver a su amada. Jade y
su familia se van a otro estado, ella se va a la universidad, los padres se
divorcian
Cuando David
puede ir a buscarla, provoca la muerte del “suegro”, la suegra se le insinúa, ¿sigo? Mi
madre y mi hermano fueron a verla, yo ni me molesté. Para mi Brooks Shields era
un disco rayado, repetido y mal sonante.
Los Amores de
Miss Brooke
Aparentemente,
las Shield estaban consientes que ese periodo de explotación de adolescentes
iba a acabar con el conservadurismo reaganiano. Fue en 1981 cuando decidieron
demandar a Gary Gross para impedir que siguiese exhibiendo los retratos de la
impúber Brooke Shields. El juez falló a favor del fotógrafo y quizás entonces
Teri se dio cuenta de que su audacia en el manejo de la carrera de su hija
podía tener consecuencias.
A Brooke no
precia importarle. Si había convertido en la adorada del público. Por tres años
consecutivos los lectores de la revista People la votaron como su
estrella juvenil favorita. Por otro lado, los tabloides gastaban tinta en sus
numerosos romances.
A partir de Pretty
Baby, las revistas del corazón se interesaron en el estado cardiaco de la
estrellita del semi porno. En sus biografías, Brooke ha revelado que se le
inventaron romances con Scott Baio, muy en boga por su spinoff de Happy Days,
Joannie Loves Chachi. Y más tarde con Christopher Atkins su pareja en La
Laguna Azul. Otros amoríos fueron más cercanos a la realidad
En 1979, después
de haber sido vista en un match de tenis en Montecarlo, en compañía del príncipe
Alberto, se especuló que Brooke podría seguir los pasos de Grace Kelly y dejar
Hollywood por la corona de Mónaco. Francamente, por su herencia Torlonia,
Brooke era menos plebeya que Grace y la actual Princesa Charlene, pero al
parecer fue un truco publicitario.
¿Fueron trucos publicitarios lo que fotografiaban
los paparazis a comienzos de los 80?
Brooke aparecía en eventos o colgada del brazo del sex symbol juvenil
Matt Dillon, o del mucho mayor John Travolta. En 1983, Brooke Shields inicio
una amistad con el astro del momento, Michael Jackson. Lo que ella insistiría
fue solo una relación de amigos, el Rey del Pop lo describiría de otra manera.
Con Matt Dillon
En entrevistas en
décadas posteriores, Michael confesaría a Ophrah y al Rabino Shmuley Boteach
que Brooke había sido su gran amor, que fuero novios, que incluso le pidió matrimonio
y que la quería de madre de sus hijos. Estas declaraciones no le han hecho ni
pizca de gracia a la afortunada que insiste en que solo fueron amigos y si él
quiso más fue asunto de Michael y no de ella.
Entretanto Brooke
seguía dando lata en el cine. En realidad la culpa era de su madre cuyo cerebro
embotado por el alcohol no captaba que su hija era un hermoso rostro de portada
y nada más. Menachem Golan, famoso por sus épicas chabacanas, eligió a Brooke
para otra aventura exótica.
Sahara era un drama de época que tiene lugar en
el norte de África en los Locos 20. Brooke Shields es Dale, una chica que
quiere cumplir el sueño de su difunto padre y ganar una carrera de autos que
cruzaría el desierto del Sahara. Para lograrlo, Dale se disfraza de hombre (con
mostacho y todo), pero en medio de la carrera, cae en medio de una guerra de
tribus del desierto. Un jeque beduino, Jaffar, la rescata de unos leopardos y
ya tenemos romance a lo Rodolfo Valentino.
Por este
blockbuster―filmado en el Desierto de Negev― Brooke recibió un millón y medio de
dólares (el filme costó 15 millones). La música estuvo a cargo de Ennio
Morricone, el vestuario fue diseñado por el Maestro Valentino. Se pudieron
ahorrar la plata, el filme fue un fracaso. Brooke recibió dos Raspberrys uno
como Peor Actriz y otro como Peor Actor (por el cross dressing) del año.
Ya nadie parecía
tomarla en serio como actriz, comenzando por su madre que alegaba que quería
por director “una figura paterna” porque Brooke no debía ser tratada “como
mujer…no todavía”. Otra alucinación de Teri era tener a John Kennedy Jr. en el
rol del Sheikh Jaffar, pero desistió pensando que Jackie no daría permiso, Se
tuvo que consolar con Lambert Wilson.
La Virginal
Brooke va al College
Brooke escapó de las
humillaciones yéndose a Princeton donde fue aceptada en febrero de 1983. Ahí
pasaría cuatro años de los que egresaría con un título en literatura francesa.
En esos años, la actriz tuvo poca actividad actoral. En 1984 rodó un telefilme
de aventuras llamado Wet Gold y en 1986, su madre consiguió el estelar
para la nena en un proyecto muy deseado, Brenda Starr que giraba en
torno a las aventuras de la periodista de una famosa tira cómica.
Entretanto,
Brooke Shields emprendió una nueva faceta en su diversa carrera, la de
escritora. En 1985 salía la venta On Your Own, un manual para las
jovencitas en el que Brooke se erigía como un prototipo de lo que debía ser la
chica moderna entre la secundaria y la universidad. Los consejos que iban desde
poner de moda cejas hirsutas hasta promover la castidad, demostraban que Brooke
había superado su etapa de soft porn para volverse un modelo de adolescentes.
Lo que más impresionó
al público fue la confirmación de la virginidad de la ex Pretty Baby y
como inculcaba que la adolescencia no necesariamente debería ser una etapa de exploración
sexual. En la Era del SIDA, este tipo de propaganda venia muy bien y algunas de
nosotras, vírgenes veinteañeras ,comenzamos a mirarla con respeto. Una compañía
aseguradora prometió pagar una fuerte cantidad a Brooke Shield por cada día en
que su himen permaneciera intacto.
Este tipo de
publicidad mantuvo a flote a Brooke Shields durante su ausencia de los platós.
Entretanto, cumplió el sueño de su madre de salir en una cita con John Kennedy
Jr. en Aspen, la capital del esquí estadounidense. En esa ocasión, Brooke
conoció a varios miembros de la Familia Kennedy y tuvo una cita romántica con
el entonces el soltero más cotizado del mundo. Años después, Brooke admitiría
no haberse acostado con John-John, pero que este era un “gran besador”.
Para cuando
Brooke se graduó de Princeton en 1987, América la seguía creyendo virgen, y no
lo era. En Princeton conoció a un aspirante a actor llamado Dean Cain, que años
después se volvería famoso interpretando a Superman en la televisión. No fue un
gran amor y es desilusionante saber que Brooke se guardó tanto tiempo para un
don nadie.
Lo cierto es que
Brooke encontraría a su regreso al mundo del espectáculo que había perdido
vigencia. Brenda Starr era un proyecto engavetado y no le llovían
ofertas a su protagonista. Parecía ser que su único mérito había sido estimular
al colectivo PDF y ahora estaba muy vieja para ellos. Fue en esta etapa que Brooke
aceptó visitar a un ejecutivo que le ofrecía un proyecto jugoso. Una vez en el
departamento del individuo, este abusó sexualmente de la actriz.
Aunque contado
décadas más tarde suena uno más de los “momentos MeToo” que se revelaron en los
días en que Bill Cosby y Harvey Weinstein fueron enjuiciados, es una evidencia
de como Brooke Shields había dejado de ser una estrella respetable. El fin de
los 80s la tendría dando tumbos. Brenda Starr todavía no tenía luz verde
a pesar de estar terminada. Todo por las manías de Teri que quería que por su
“actuación” en el filme le dieran el crédito principal después de su hija. Era
obvio que Mom Teri ya no protegía a Brooke ni velaba por sus intereses.
Para cuando Brenda
Starr vio la pantalla de un cine en 1993, Brooke había hecho dos filmes con
actores desconocidos y que nadie vio. La gente se aglomeró para ver Brenda
Starr y salió del cine defraudada. Los críticos la hicieron pedazos y se
puede decir que ese fue el final de la carrera cinematográfica de Brooke
Shields.
Brooke se
Reinventa
Poco a poco,
Brooke comenzó a tomar las riendas de su carrera y se atrevió a dejar a Teri
atrás. Se fue a Europa donde todavía era recordada. Hizo un cameo en una serie
griega. En 1994 filmó una película en Italia. Siguió haciendo cine en USA, pero
ya no en rol protagónico. Entremedio, buscó
otros espacios donde sobresalir. Comenzó a hacer apariciones en series de televisión
y en 1994 interpretó a la víctima del asesino serial Richard Farley en el
telefilme I Can Make You Love Me.
Ese año, Broadway
repuso Grease y en su elenco entró Brooke Shields dando vida a Betty
Rizzo. Brooke se había reinventado, no era una luminaria ni un símbolo sexual,
pero se la reconocía incluso en las revistas del corazón donde destacaba por su
romance con el astro del tenis Andre Agassi.
En 1985, Brooke viajó
a Australia a hacer un telefilme, desde entonces la televisión pasaría a ser su
principal plataforma. Apariciones en diversos shows la llevaron en 1986 a
producir su propia serie. En Suddenly Susan, Brooke era una editora de
revista que tras arrepentirse ante el altar, recibe el encargo de redactar una
columna sobre cómo es la vida de una mujer soltera moderna.
Esta serie duraría
cinco temporadas, ameritaría un Globo de Oro para la protagonista y un
reconocimiento mundial. Entremedio de esta nueva fama, Brooke se emancipó
emocionalmente de Teri, que ya evidenciaba demencia y se convirtió en Madame
Agassi. Solo que ese matrimonio no duró más de dos años. El tenista resultó tan
controlador como Teri, pero Brooke reconoció los síntomas y cortó por lo sano.
Totalmente libre
, Brooke Shields inicio el Tercer Milenio llena de energías. Volvió al teatro
musical, siendo Sally Bowles en Cabaret (2001) y Roxi Hart en Chicago
(2005) y se haría conocida para una nueva generación de adolescentes
interpretando a la madre de Mila Kunis en That 70s Show y de Miley
Cyrius en Hannah Montana.
En la vida real,
Brooke también se convirtió en madre tras encontrar la estabilidad emocional en
su matrimonio con el libretista Chris Henchey. Después del nacimiento de su hija
Rowan en el 2003, la actriz experimentó depresión post-parto por lo que dio
entrevistas a revistas y a Ophrah sobre esa enfermedad.
Esto provocó un
enfrentamiento mediático entre Tom Cruise y Brooke sobre la promoción de antidepresivos
para combatir la depresión postparto. Nuevamente una controversia ponía a
Brooke Shields en la mira pública. Todo el proceso culminó en un libro Down Came the Rain: My Journey Through Postpartum Depression cuya publicación
en el 2006 coincidió con el nacimiento de Grier, su segunda hija.
En los últimos
quince años, Brooke ha seguido trabajando. En el 2011 interpretó a Morticia en The
Addams Family en Broadway. Ha seguido haciendo apariciones en series de televisión, fungido como co-presentadora y ejerciendo
activismo en varias causas, a la par de criar a sus dos hijas.
En el 2012, Teri
murió lo que dio pie a la esperada memoria de su explotada hija. En el 2014, salía
a la venta There Was A Little Girl: The Story of My Mother and Me. Una desilusión,
Brooke habla de su vida aislada de las demás chicas de su edad, de su soledad y
a cada rato indica el dominio que su madre ejerció sobre ella, pero nunca dice
nada malo sore Teri.
Según el libro,
Brooke agradece a su madre sus desvelos, su cariño, sus sacrificios (WTF?)
incluso aprueba la sexualización a la que fue sometida porque dice no haber comprendido
lo que significaba. Dice que los comentarios sobre su madre fueron injustos,
pero solo habla de Pretty Baby, no de las fotos desnuda para Playboy.
¿Nos toma por tontos o es ella la con
problemas psicológicos que le impiden ver a cruda realidad?
Brooke Shields
tiene muchos a quienes culpar: a la
industria del cine, del modelaje, a su época permisiva e inconsciente, pero
sobre todo a su madre. Uno se pregunta si su historia hubiese podido tener
lugar en este siglo donde hay más conciencia en el abuso sexual de menores,
pero también es bueno recordar que otras actrices se negaron a ser in-famosas
como Brooke. Una de ellas es Phoebe Cates de quien hablaré próximamente.

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