jueves, 27 de agosto de 2026

Los Australianos y la Música de los 80 (Teen Culture XXV)

 



No puedo terminar de hablar de la influencia australiana sin mencionar la música pop. Ya en Los 70 habíamos tenido encuentros con el sonido de Down Under (literalmente “allá abajo” que es como se llama a la isla continente). Recuerdo a Little River Band con una de mis 50 canciones favoritas de todos los tiempos:  “Reminiscing”.

De Olivia a Men at Work

Sin duda la mayor estrella musical que nos brindó Australia era Dame Olivia Newton Johns. En los 70 había hecho carrera en USA alternando éxitos de Country con música pop,  para luego volverse un referente de la Teen Culture con Grease. En los 70, y aun antes de Vaselina había colocado dos álbumes en el primer lugar de Billboard y tres canciones entre las diez más vendidas del país.



En los 80, siguió haciendo cine sin mayor éxito con filmes inocuos como Xanadu y Two of a Kind en la que repitió pareja protagónica con John Travolta. Lo exitoso de estos filmes es que de ellos salían singles como Magic y “Xanadu “que cosechaban fans para la australianita. “Magic” estuvo en el primer lugar de Billboard, “Xanadu” en el dos, “Take a Chance” (dúo con Travolta de 1984) en el cuarto espacio. Además Dame Olivia , en 1981, grabó el himno de los aérobicos “Physical”



Muchos grupos australianos me pasaron por el lado sin yo darme cuenta. A pesar de los esfuerzos de mi hermano, no puedo recordar ningún tema de INXXX tengo un vago recuerdo de Aerosmith, pero la invasión australiana para mi llegó en la voz de Men at Work. Fue en septiembre de 1983 que oí el nombre del conjunto australiano por primera vez.

Mis tíos estaban de visita en Nueva York y traían una larga lista de compras que les habían dado mis primos, entre ellos varios casetes de Men at Work. Yo ni sabía que existían, pero mi hermano me informó que se trataba de una banda australiano que estaba sonando mucho. Esa era una simplificación, Men at Work, creado en 1979, era más que la contribución Antípodea al New Wave, era un exitazo mundial, aun en ese año en que todos los músicos angloparlantes parecían gozar de la suerte de Bugs Bunny.



Lamentablemente, y no debe ser coincidencia ya que ocurrió con otros grupos que hemos mencionado, Men at Work se desbandó en 1984. Su magnífica carrera no pasó de tres años. Duró menos que otros conjuntos que sufrieron el mismo destino: éxito inesperado, cinco minutos de gloria y debacle. Los australianos alcanzaron el récord de tener un álbum (“Business as Usual”) y un single “Down Under” en primer lugar de Billboard en 1981. “ Down Under” nos dio una lección de “strine” y se convirtió en (ni tan chiste) una especie de himno nacional de Australia.



En 1983 sacaron otro LP que correría suerte similar,  “Cargo” con “It’s a Mistake” a la vez que su mayor éxito ‘Down Under” continuaba liderando listas de los más vendidos en todo el mundo. Su último LP fue “Two Hearts”  en 1985, cuando ya la banda tenía sus días contados y pasó sin pena ni gloria.



La Tragedia de Ser Andy Gibb

 Los grandes ídolos adolescentes que llegaron de Down Under son hoy objeto de nostalgia para algunos que todavía recuerdan “esos tiempos”. Uno es un ejemplo de la gran tragedia de la música ochentera y el otro ha sabido reinventarse.

Es que Andy Gibb, con el que comenzamos, nos ofreció una fábula con amarga moraleja. Nacido en Lancashire,  fue llevado a Oz en pañales, por lo que nos lo vendieron como Aussie. Era el hermanito de los fabulosos Bee Gees y me pregunto (Sorry si sueno cruel) si hubiese llegado a alguna parte si no se hubiese colgado de sus parientes y del apellido Gibb.



Ea que nada en  su discografía  me asombre. Hablamos de alguien que en su breve vida sacó tres álbumes al mercadosolo uno en Los 80en los cuales no encuentro nada rescatable, a pesar de que tres canciones de esos álbumes llegaron al primer sitial de Billboard. El segundo LP “Shadow Dancing” ni siquiera está en el mercado. Para poder recordar al pobre Andy hay que ir a alguna de las tres compilaciones que se han hecho en este siglo.



Se dice que por ser el menor, Andy fue malcriado por padres y hermanos. Otros dicen que fueron los constantes cambios ya que aun antes de cumplir de cumplir quince años, Andy había vivido en Australia, Ibiza y la Isla de Man. Lo cierto es que su personalidad no iba a soportar las presiones de una carrera artística. Tal carrera fue iniciada y promovida por sus hermanos quienes le regalaron su primera guitarra y lo animaron a regresar a Australia donde toda la familia esperaba buscar fortuna en la música. A los 17 años, Andy volvió a Australia y de ahí a Hollywood.

A los 19 años, Andy grabó su primer disco Long Play. Pronto tres de esas canciones escalaban las listas de los más vendidos y los más escuchados. Los Bee Ges ya eran famosos gracias a Saturday Night Fever. E Influyó eso en el éxito de su hermanito o fue que Andy era bonitillo y simpático? Pronto Andy estaba en las portadas de las revistas para jóvenes y en el corazón de las lectoras.



Esas publicaciones estimulaban las hormonas de las fans, olvidándose que Andy había llegado a Hollywood con esposa a la zaga y que se divorció poco después de nacida su hija, Peta. Alguna revista por ahí usó el divorcio como excusa para la pasión que el menor de Los Gibb inspiraba en las adolescentes.



En tres años y con tres álbumes, Andy se convertiría en un fenómeno, pero más que nada entre los más jóvenes. A pesar de sus afirmaciones de que no era cierto, toda su música estaba guida por la de los Bee Gibbs, incluso sus mejores canciones fueron escritas por Barry Gibb. Otros artistas también le echaban una mano. Dame Olivia Newton John grabaría dos canciones junto a Andy en el último álbum del cantante.



En 1981, Andy estaba teniendo problemas así que decidió utilizar su voz para el teatro musical, apareciendo con éxito en la pieza de Gilbert&Sullivan Los Piratas de Penzance. A fines de ese año conoció a la que sería la mujer de su vida. Victoria Principal era la estrella de Dallas, el mega éxito televisivo . Aunque mayor que Andy (creo que fue la primera cougar que recibió criticas por andar con un chico menor) aportó equilibrio a la vida caótica del cantante.



Después de” Los Piratas”, en 1982 Andy siguió en Broadway con una producción de Jose y el manto multicolor, a la vez que era el presentador del programa de variedades Solid Gold en la NBC. Lamentablemente la cocaína dominaba a Andy Gibbs y fue despedido de la pieza teatral por incumplimiento. Mas adelante los productores hablarían del talento y simpatía del menor de los Bee Gees, pero recalcarían que cada vez que caía en la droga, simplemente desaparecía.

La situación se fue poniendo peor. En 1982, Victoria lo puso en la disyuntiva: o ella o las drogas. Andy fue incapaz de abandonar su narcodependencia y el quiebre con su pareja lo afectaría hasta el fin de su vida. En 1983, fue despedido de Solid Gold. Lo peor es que la cocaína afectaba su estado físico incluso sus cuerdas vocales. Aun así a Andy le tomaría dos años buscar ayuda. En 1985 ingreso en el centro Betty Ford.



Hoy cuando los medios se acuerdan de Andy Gibb lo describen como un mártir de la fama y de la industria. Yo tengo otra memoria, las portadas de los tabloides llenas de declaraciones (ciertas y falsas) de Victoria y de Los Bee Gees quejándose de Andy y su mal comportamiento. Lo cierto es que hasta sus fans le comenzaron a dar la espalda.

Para 1987, la carrera de Andy parecía terminada. La drogadicción había sido reemplazada por el alcoholismo y tuvo que declarase en bancarrota. Un año más tarde, cuando se hablaba de que estaba recuperado, los malos hábitos le pasaron la cuenta. Su miocardio le fallo y Andy Gibb en un hospital de Londres dejo de existir. Su historia es una fábula de como el éxito debe vivirse con cuidado.



Un Cuento con Buen Final

Una historia con paralelos es la de Rick Springfield que supo reinventarse y sobrevivir hasta hoy en día. Su historia es el revés de Andy Gibb, el inglesito trasplantado a la isla-continente. Richard Lewis Springthorpe nació en Sídney, pero fue llevado por su padre, un oficial de alto rango del ejercito australiano, a Inglaterra cuando era pequeño. La familia retornó a Australia en 1956.

Desde joven ,Rick se interesó en la música, e inicio con un conjunto junto al cual fue de tour a Vietnam a entretener a las tropas australianas. Acabado el conflicto, y como Andy Gibb, decidió que el mejor sitio para explorar su carrera  era California adonde se trasladó en 1972.

Yo y muchos vinimos a saber de su existencia en Los 80, por lo que me ha asombrado sabery ver fotos que lo pruebanque fue un ídolo juvenil aun antes de yo pisar suelo americano. Como era bonitillo, lo quisieron vender como el Donny Osmond o David Cassidy australiano. Las nenitas se compraron el cuento. A pesar de ese apoyo,  la carrera musical de Rick no tomaba vuelo.



En su autobiografía del 2010, Rick ha hablado de esos años difíciles en que decidió ser musico. La oposición de su padre a su carrera. La depresión que lo llevó a intentar suicidarse. El trabajar en sitios de mala calidad , la constante tentación de las drogas. Cuando el lector ya está secándose un lagrimón, nos sale la bomba de que Rick cándidamente admite haber sido amante de Linda Blair cuando ella tenía 15 años y el 25. ¡Eso no lo arregla ni un exorcista! Por suerte los lectores somos fans de hueso colorado y no pasó a mayores que por menos se han cancelado estrellas.

                                                Rick y Linda, hoy seria un romance prohibido

Rick Springfield, a diferencia de Andy Gibbs, solo alcanzó el estatus de estrella en Los 80. A comienzos de la década, regresó a su patria y cargó pilas. Su nuevo LP “Working Class Dog” contenía una canción “Jessie’s Girl”, basada en la experiencia de un amigo del cantante. La canción llegó al primer lugar de Billboard y el disco lo siguió en la lista de superventas. De pronto , el éxito de Rick Springfield parecía asegurado. Lo confirmaba un Grammy como el cantante del año. La imagen del australiano, y su perro (un pitbull llamado Ron) estaban en todos lados.




El Dr. Noah Drake

Como si esto fuera poco, Rick Springfield se había convertido en un rostro constante de la sobremesa televisiva. En 1981, General Hospital era la soap opera más vista de la nación americana gracias a esa magnética dupla Luke y Laura, pero esta super pareja vivía aventuras que se desvinculaban del mundo del Hospital de Port Charles. Para colmo el único medico joven Jeff Webber (interpretado por Richard Dean Anderson, años antes de convertirse en Macgyver) también se había marchado.

Un añadido al universo Luke&Laura era Robert Scorpio interpretado por el carismático Tristan Rogers cuyo acento Aussie arrebató la imaginación popular mucho antes que lo hiciera Crocodile Dundee. A Gloria Monty se le ocurrió una idea. ¿Qué tal tener otro australiano, de galán joven, pero que anduviese en bata blanca con estetoscopio al cuello? ¿Quién mejor que el nuevo teen Idol musical, Rick Springfield? Así nacía el Dr. Noah Drake.



Mi recuerdo era que se la pasaba más coqueteando con las féminas que en la sala de cirugía, pero a las fans eso nos tenía sin cuidado. Ese fue el momento en que General Hospital tuvo su mayor sintonía y Rick Springfield sus días de gloria. Para demostrar que los humos no se le habían ido a la cabeza, el cantante llamó a su álbum de 1982 “Success Hasn’t Spoiled Me Yet” (El éxito no me ha malcriado todavía).

De ahí saldría la que considero su mejor canción, “Don’t Talk to Strangers” que llegaría al segundo sitial de Billboard. Rick nuevamente fue nominado a un Grammy. El poster de Mr. Eastwood en la puerta de mi close fue reemplazado por Rick y su guitarra eléctrica.


                   El infamoso poster que por una década decoró la puerta de mi closet

En 1983, Rick se cansó de su personaje que fluctuaba entre la actriz Tiffany y la enfermera Babbie Spencer (que para retenerlo hasta fingió haber quedado ciega). Noah Drake abandonó Port Charles para irse a un hospital en Atlanta.  Ese año  Rick había sacado al mercado otro álbum “Living in Oz” con un éxito que alcanzo el noveno puesto en Billboard. En 1984 volvió a recibir una nominación al Grammy. Era el punto más alto de la carrera del cantante, pero Rick tuvo la arrogancia de echarlo todo por la borda con la manía de que ya estaba listo para conquistar Hollywood. Su error fue escoger un pésimo material.

                                             Noah y Tiffanny
                                           Noah y Bobbie


En 1984 estrenaba en los cines Hard to Hold, su primer y único protagónico. No puedo creer que la vi dos veces, y que arrastré a mi pobre hermana hasta el Midway para verla una tercera. Es una comedia sin humor con una trama simplista en la que Rick interpreta a un cantante de moda que se enamora de una psiquiatra que odia el rock. La trama llegaba a un nivel payasesco que recordaba los primeros filmes de Enrique Guzman.



Hard to Hold vino acompañada de un LP con la banda sonora. El tema de la película era el azucarado “Love Somebody” que alcanzó el quinto espacio en Billboard. Un tema pegajoso que mi hermano odiaba ya que yo lo tarareaba todo el perro día. En realidad toda mi familia le tomo tirria al pobre Rick. Eso me tenía sin cuidado, cuando en septiembre de 1984 mi hermana y yo partimos al Radio City Hall a ver a Rick in the flesh por primera vez, estaba tan embrujada como la primera vez que lo oí.

                  La unica foto que sobrevive de las cincuenta que saqué en ese concierto

Vale decir que su matrimonio con Barbara Porter (en octubre de 1984) apaciguó mi pasión, al igual que el nacimiento de su primer hijo, Liam, un año más tarde. Aun así compré su disco de 1985, “Tao” . Una sola canción alcanzó las 30 más vendidas y ni siquiera era un original de Rick Springfield. Mientras John Gary cantaba “Eat Your Heart, Rick Springfield”, un tema donde se quejaba que su novia prefería al australiano, la suerte de Rick disminuía. Volvieron la depresión, los pensamientos suicidas y decidió retirarse de la farándula por cuatro años.



Una maniobra arriesgada que parecía destinarlo al olvido. En 1989, intentó un retorno con el piloto de la serie de vampiros Nick Knight, pero cuando los canadienses se quedaron con  la serie y la llamaron Forever Knight contrataron a otro actor para dar vida al detective chupasangre. Yo ahí tiré la toalla. Sin embargo, en cada década siguiente,  Rick Springfield ha probado otras maneras de seguir vigente.

En los 90s siguió haciendo música, sin mucha audiencia, incursionó en Broadway y tuvo una serie de televisión High Tide que consiguió tres temporadas. Pero fue su retorno a General Hospital lo que agitó la memoria de fans del pasado y creó un fandom en nuevas generaciones de amigos de las soap opera.

Se le trajo al famoso seriado con bombo y platillos. Robin Scorpio lo encuentra borracho en un bar y consigue despabilarlo puesto que se necesita de su experiencia quirúrgica para salvar la vida de Jason (hijo de Alan Quatermain). Rick se quedaría dos años en GH tras lo cuales permaneció un año más interpretando a otro personaje. Eli Roberts, un rockero y ex amante de Anna, la madre de Robin.



Como que ese rol atrajo la atención de los productores de Californication que lo llamaron para interpretar a…Rick Springfield! Pero una versión un poquito exagerada y degenerada del verdadero. Rick estuvo en una temporada de la famosa serie, lo suficiente para volver a aparecer en el radar y poder dar el golpe maestro de los artistas que viven de la nostalgia.



En el 2010 publicó su autobiografía Late, Late at Night. El que llegase a la lista de los más vendidos del New York Times era señal que había una audiencia esperando conocer los secretos del exaustraliano (en el 2005, Rich se convirtió en ciudadano estadounidense). Rolling Stone la considera una de las 50 Mejores Memorias del Rock and Roll.



En el 2014, Rick siguió con su carrera de autor publicando una novela que también se volvió bestseller. En el 2013 se reintegró a General Hospital con motivo del aniversario #50 de la soap opera. En la década pasada se hizo conocido por interpretar a personajes en seris conocidas como un psiquiatra en la segunda temporada de True Detective y en Supernatural encarnó mismísimo Lucifer.



En el 2021, contando ya 70 años, hizo un dúo llamado Morris&Springfield con el que grabo un DVD que no sé dónde habrá sonado. Mejor ha sido su última reinvención como disk jockey. Todos los viernes se le puede escuchar a las 8Pm en XSirius en su programa Working Class DJ.

A pesar de que una severa caída que tuvo en un escenario de Las Vegas en el 2000, y que scans recientes demuestran dejó serias lesiones en su cerebro, Rick no para de trabajar Este verano, tiene una serie de conciertos preparado para diferentes ciudades de Estados Unidos. A diferencia de lo ocurrido con  Andy Gibbs, el trabajo y su familia (Barbara y él tienen dos hijos Liam y Joshua) le impiden  a Rick Springfield caer en depresiones y vicios.

 

 

 

 

miércoles, 19 de agosto de 2026

En Los 80 la Obesa más Famosa y el Hombre más Sexi del Mundo Eran Australianos. (Teen Culture XXIV).



Un obituario de Colleen McCullough provocó indignación al referirse a ella como “obesa y fea”. Lo cierto es que era millonaria, sus novelas eran bestseller y, a diferencias de muchas flacuchentas, estaba felizmente casada. McCullough fue parte de la fascinación que ejercería su patria en la América de los 80 donde en 1985 por primer vez People elegia al “Hombre más sexi del mundo”, el cual también provenía de la isla-continente

No se puede hablar de una invasión británica sin referirnos también a otro micro fenómeno, la onda australiana que invadió USA en Los 80 y tuvo desde los jóvenes hasta los viejos hablando “strine” el argot de Oz. El culpable fue un personaje de Paul Hogan que en el filme homónimo interpretaba al guía/cazador del Outback apodado Crocodile Dundee. Esa franquicia nos familiarizó con un slang especial y nos hizo pensar en Australia como algo más que el hogar de marsupiales.



Antes del estreno en 1985 de Crocodile Dundee, yo ya estaba interesada en el cine de Oz. Recuerdo que en la primavera de 1983, arrastré a mi pobre padre a ver varias producciones australianas que por suerte le gustaron. Ya algunos nombres nos eran familiares: Judy Davis, Bryan Brown, y el desaparecido y adorado Sir Sam Neill que era neozelandés, pero que nos llegó con esa visión de la Australia de la Belle Epoque, My Brilliant Career.



NOTA: Para no repetir cien veces “Australia” la llamaré por sus diversos apodos: Oz, Down Under (literalmente “allá abajo”) tal como “aussie” es un adjetivo gentilicio para lo australiano.

De Peeksville a Oz

Sin embargo el icono australiano de Los 80 no era australiano. Tomó tiempo descubrirlo, pero Mel Colm-Cille Gerard Gibson vio la luz aquí en el estado de Nueva York. Específicamente en Peekskill (condado de Westchester). Mi hermana y yo hicimos un “peregrinaje” en Los 80 y casi besamos el suelo que nuestro ídolo había pisado.

Yo (por diversas razones) he tenido desde mi infancia una obsesión con Down Under, pero en Los 80, la australomania se convirtió en una militancia compartida y eso gracias a Mel, cuya familia había emigrado a Australia siendo él un niño. Yo conocí la existencia de Mel Gibson en febrero  de 1983, cuando mi hermana me llevó a ver The Year of Living Dangerously ,  en el teatro Midway.



Como era nuestra costumbre, salimos del cine (y yo ya estaba arrobada ) y volvimos un rato después a verla de nuevo. Entremedio, fuimos a la vuelta de la esquina a Sam Goody donde compré el LP con la excelente banda sonora de Maurice Jarré y a Barnes&Noble donde adquirí el libro de Christopher Koch  en el cual se había basado el filme de Peter Weir. El que todos esos productos estuvieran a la venta indicaba que el filme estaba gozando del favor del público.



Aunque perdí mi diario de ese año, recuerdo cronológicamente la fiebre “melgibsoniana” que afectaba el país. En marzo me robé de la sala de espera del ginecólogo de mi madre una edición de People que traía un artículo de varias páginas sobre el nuevo ídolo de la pantalla. En marzo llevé a mi Pa a ver El año de correr riesgos,  en una reposición en el Main Street. Ese verano mi hermana me invitó a ver The Road Warrior en HBO al que estaba suscrita.




En ese entonces el sistema de cable con canales premium era una novedad por lo que en casa de la hoy Dra. Sendar,  estaba instalado en el televisor del cuarto de los padres. Nosotras nos metimos en el lecho matrimonial de estos y acompañadas de nuestra cenauna bandeja de pollo fritonos pusimos a ver lo que algunos definen como western distόpico.



En la escena en que Max  (M. Gibson) hace que el niño salvaje se deslice por la capota del auto para poder repararlo y el chico es atrapado por el motociclista monstruoso, lanzamos mi hermana y yo al unisonó un grito y la bandeja salió volando por los aires. Creímos haber recuperado todo el pollo, pero esa noche el pobre padre de Yehudit se encontró con un hueso ensartado en la costilla.



Aparte de esa anécdota que nos prohibió volver a ver tele en el cuarto principal, lo que me dejó la imagen de Max Rockatansky fue una obsesión hormonal que me llevó a escribir una carta secreta (que por suerte jamás envié) ofreciéndole mi virginidad al nativo de Peekskill y jurándole que me iba a guardar para él. Entretanto bauticé a mi nueva gata como Melissa Gibson Venant.




                         Melissa Gibson Venant 1984

Para 1984, Mel Gibson era la adoración de mujeres de todas las edades. En la tele vi Mad Max, la precuela del Road Warrior, una experiencia un poco rara puesto que debido a que el acento cerrado de los Aussies y la abundancia de strine obligaron a doblar el filme dándole a Mel una vocecita grotesca.

Mel Gibson en Hollywood

Ya poseedores de un grabador de videos sacamos de Blockbuster Videos filmes antiguos como Gallipoli , Tim y Attack Force Z, un drama de la Segunda Guerra Mundial donde solo Mel retornaba de una misión tras las líneas japonesas. Para 1984, Hollywood había reclamado la presencia del americano-que-pasaba-por australiano. En un año, Mel filmaría tres películas de las cuales solo The Bounty tendría alguna relevancia.



Únicamente la adoración de su fandom permitiría que sobreviviese su carrera pesar de que cada proyecto (The River con Sissy Spacek y Mrs. Soffel con Diane Keaton) era un fracaso de taquilla. Solo  la franquicia de Lethal Weapon en 1987 lo convertiría en una estrella nuevamente. Sin embargo las fans éramos duras de matar y en 1985, People lo eligió como el “hombre mas sexi del mundo”.



“Mi Mel Gibson” decía Alicia Silverstone en la teen comedy Clueless y eso en 1995 cuando Mel Gibson había demostrado ser un buen actor en el Hamlet (1990) de Franco Zefirelli. Las próximas décadas lo llevaban al Oscar con Brave Heart y a una fama un poco controversial gracias a su intensa Pasión de Cristo.  Mas controversias causarían declaraciones inoportunas, escándalos públicos, y un alcoholismo que lo haría persona non grata aun para el permisivo Hollywood, pero eso ya pertenece a otro siglo.

Lo importante es que dejó abierta la entrada de otros galanes australianos más modernos como Eric Bana, Heath Ledger y Jacob Elordi. Sus filmes abrieron las puertas a directores como Peter Weir que en Los 80 dirigiría filmes exitosos como Witness y Dead Poet Society. Otro que cosecharía galardones elogio y fandom seria Bruce Beresford con su Driving Miss Daisy.

Australianos en la Pantalla Chica

Aunque el cine ya hablaba strine, la televisión fue más reacia. Yo vi varias series australianas que se enfocaban en la Gran Guerra como Anzacs,  1915, y A Fortunate Life. Lo curioso es que esas series no las pasaba la televisión en inglés . Las vi dobladas al español en Telemundo(¡!)

En muchas series vimos a Sigrid Thortnot a quien yo conocía del cine por The Man of Snowy River. Estuvo en 1915, All the Rivers Run y The Far Country, basada en una novela de Nevil Shute, donde Sir Michael York interpretaba a un médico de la SS que creía reencontrar redención y una nueva vida en el outback australiano.



La mejor serie australiana la pasó la PBS (1982) y fue otra adaptación de un clásico de Nevil Shute. La versión televisiva de A Town LIke Alice logró opacar a la preciosa adaptación de la Rank de 1956 y convirtió a Bryan Brown en un rostro reconocible para el publico americano.



Eso hizo posible que se lo contratara en 1983 para la que se llamaría la miniserie de la década. Antes de hablar de la adaptación de The Thorn Birds, se vale hablar de otro gran elemento del Invasión Australiana, la escritora Colleen McCullough.

Fea, Obesa y Famosa

Una polémica surgió cuando la publicación The Australian incluyese en su obituario del 2007, que la Señora McCullough había sido fea y obesa. Muchos se indignaron , a mí me dio risa. El hecho es que la obesa y feúcha escritora dejaba atrás un viudo compungido, una fortuna y una reputación solida como autora de superventas. ¿A ver cuantas guapas esbeltas no querrían dejar atrás tamaña herencia?



Nunca se imaginó esa niñita australiana de origen irlandés, cuando llevaba una vida nómada marcada por los malos tratos del padre, que algún día seria rica y famosa. Se las arregló para dejar atrás la miseria, estudiar neurociencia y trabajar en hospitales australianos y británicos. Fue en Londres que conoció a un catedrático de Yale que le consiguió un puesto de investigadora en esa prestigiosa universidad.

Fue en sus años en Connecticut que Colleen comenzó a escribir novelas. En 1972 publicó Tim a la que la seguiría en 1977, The Thorn Birds que se convertiría en superventas tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo angloparlante. Mientras lideraba las listas de bestseller del New York Times, la saga de la Familia Cleary fue traducida a otros idiomas convirtiéndose en un éxito mundial. En un breve espacio de tiempo, Colleen McCullough se volvió una autora de fama impensable para la hija de un  cortador de caña de azúcar, tan bruto como el Luke de su novela.

A mí me desilusiona que se le trate con tan poco respeto en la comunidad literaria que ha abrazado a mujeres como Judith Kranz , Dame Shirley Conran y Barbara Taylor Bradford. La temática de la autora australiana es compleja. En sus primeras novelas salta de visiones históricas en la saga familiar del Pájaro Espino al trauma bélico en un hospital de la Segunda Guerra Mundial en An Indecent Obsession (1981) y retrata muy bien la soledad de mujeres a las que se les fue el tren, pero aún conservan sus esperanzas románticas como en Tim y en Las Señoritas de MIssalonghi (1987).



El cine se hizo eco de su fama cuando contrataron al galán de moda en Australia para interpretar a Tim, un jardinero muy guapo, pero retrasado mental que se enamora de su patrona, una solitaria solterona. Tim confirmó el aura de símbolo sexual de Mel Gibson y le quitó a PIper Laurie, como su patrona luego esposa, el estigma de ser la mamá de Carrie.



El Pajaro Espino

Si Tim y An Indecent Obsession fueron llevadas a la pantalla grande, la televisión estadounidense llevó a la pantalla chica el mayor bestseller de Doña Colleen, en una producción que también creó polémica. El primer reparo fue que no se filmó en Australia. La respuesta es que Hollywood quería inicialmente crear filme épico de varias horas. Obvio que un blockbuster hollywoodense atraería más fama, más público y más dinero que una humilde producción australiana.

La iba a dirigir Peter Weir, Dame Olivia Newton John iba a ser la ingenua Meggie Cleary que, en medio del Outback,  hace tambalear los votos del Padre (después obispo, luego cardenal) Ralph de Bricassart. Este rol se lo iban a dar a Bobbie Redford ¡Guau! Cambio de planes. Ryan O’Neal que al menos era de origen irlandés, sería el atormentado sacerdote. Weir fue reemplazado por Arthur Hiller y Dame Olivia, muy australiana ella, pero viejita, fue reemplazada por Michelle Pfeiffer.

Al final todo se fue a las pailas. Hollywood descartó el proyecto. Lo recogió la ABC considerando que una historia de esa magnitud ameritaba el espacio de una miniserie. Ahí fue cuando la ABC metió las patas varias veces. Primero en eso de irse a Hawái a filmar. El paisaje hawaiano sería más barato, pero se veía tan australiano, como Alberta fingiendo ser Colorado en My Life with the Walter Boys.

             Creian que estaban en Queensland, pero era el Pacifico hawaiano

Se contrató para el protagónico a Richard Chamberlain, el Rey de las Miniseries. Obvio que debía acompañarlo la reina del género, Jane Seymour, pero a sus treinta y dos años,  fue considerada madurita. El rol cayó en las faldas de una tal Rachel Ward. La miniserie abrió puertas en la pascua judía (marzo de 1983). Alcancé a ver un par de episodios que no coincidieron con el Seder (no teníamos grabador de videos entonces) y quedé muy desilusionada.

Años más tarde, leí las declaraciones airadas de Colleen McCullough sobre la miniserie, y me di cuenta que compartíamos la misma queja. No fuimos las únicas, pero nuestros reparos fueron ahogados por el apoteósico triunfo de The Thorn Birds (hasta ameritó una secuela en Los 90s). Los lectores devotos y los no-lectores gozaron con este romance un poco atrevido en que un curita comete pecado con una chica que lo ha amado desde la infancia.

Lo que enloqueció a Los Ochenteros fueron las mismas razones por las que hoy se rechazan libro y miniserie: el grooming del Padre Ralph, la aprobación de los amores entre un adulto y una adolescente (a pesar de que el affaire se vuelve físico cuando ella ya es una mujer casada) y el supuesto elogio de la (supuesta) pedofilia dentro de la iglesia.



No les importó que el paisaje fuese muy alejado del Outback, que se hiciesen cambios como que Meggie (que en el libro se casa sin saber cómo se hacen los niños) en la serie intente seducir a su futuro esposo; o que solo hubiese un australiano en el reparto, Bryan Brown. Tampoco que no hubiese un acento “aussie” ni para remedio.

Estamos hablando del primer año de Mel Gibson en pantallas americanas y faltaban todavía dos años para que Paul Hogan nos inculcase las intricadas reglas del “strine”. Así que importaba un bledo que Bárbara Stanwyck sonase californiana; Jean Simmons se expresara con acento londinense y que Rachel Ward hablase como si fuese la heredera de Downton Abbey (después de todo la actriz es nieta del Conde de Dudley).

La Ward fue el peor error. Tenía 24 años y era suficientemente guapa para ser la adoración de mi hermano, pero su carrera de modelo no la preparaba para un rol tan exigente. El primero en notarlo fue Dick Chamberlain que no la soportaba. El resultado fue una falta de química total en la pareja principal que hizo que el Rey de las Miniseries se viese tieso y con cara de palo.



La ironía es que el único antípoda en la serie, Bryan Brown, que interpretaba al despreciable Luke, esposo de Meggie, si tenía química con Rachel, tanta que los actores se casaron apenas acabó la filmación y siguen casados hasta hoy.

              Rachel y Bryan el día de su boda

Un final feliz para una serie que hoy puede ser cancelada por las hordas del wokismo o por mis propias objeciones, pero que fue un punto importante en la invasión australiana y sentó un precedente para que nacieran en este siglo excelentes sagas familiares televisivas como La Saga McGregor, Las Hijas de McLeod y A Place to Call Home.



miércoles, 12 de agosto de 2026

Una Nueva Invasión Británica: Música de Los 80 (Teen Culture XXIII)

 




Hace unos días hablé de la New Wave americana, pero el término, como la música/cultura punk, nacieron en el Reino Unido. De ahí surgiría una nueva British Invasion de la escena musical estadounidense que convertiría a Los 80 en la mejor década en ese género incluso superando a Los 60

Grupos y Vocalistas

La New Wave británica comienza y termina con The Police. Aunque la banda se formó en 1977 y alcanzó la fama al final de esa década, su único éxito que llegó a sonar en las emisoras americanas fue “Roxanne”. A pesar de eso, la New Wave británica ingresó en la cultura pop estadounidense con The Police y sus éxitos de inicios de los 80 como “Don’t Stand So Close to Me” y “Every Breath You Take”.



Su mayor atractivo era Sting, su vocalista y autor de la letra de los grandes éxitos de la banda.  En 1984, la banda se disolvió y Sting, que había estado grabando como solista, se lanzó definitivamente en una carrera que hoy lo tiene convertido en el cantante (vivo) Inglés más famoso después de Sir Mick Jagger. Hasta su aparición en la taquillera serie Only Murders in the Building lo ha hecho relevante para la Generación Z.



Lo extraordinario es que, aparte de “Moon Over Bourbon Street”,  no recuerdo que me haya gustado ninguna canción de Sting como solista. Eso no significa que no fuesen buenas, pero el impacto que tuvo The Police en la primera mitad de la década no dejó espacio en mi imaginación para su vocero. El impacto fue mundial como lo constataron los del conjunto cuando en 1982 tuvieron un recibimiento apoteósico en el Festival de Viña del Mar.

La música inglesa de los 80 era, me faltan palabras para definirla, …¿Más sofisticada? ¿Más intelectual? ¿Más experimental? Para poder llegarle a los más jóvenes entró en la Teen Culture a través del cine. Por ejemplo, Phil Collins había sido por años vocalista de la banda Genesis, pero su carrera de solista fue tremendamente impulsada cuando su canción “ Take a Look at Me Now” fue usada en la banda sonora del Noir Against All Odds, llegando a ser nominada al Oscar.



Mas adelante, Phil (que hoy es más famoso por ser el padre de Emily in Paris) volvería a tener un exitazo por la canción del drama de la Guerra Fria White Nights, también nominada al Oscar. Lo que no sabía es que su carrera de solista en Los 80 produjo cinco Long Plays en 1981, 1983, 1985 y1989. Esta abundancia musical cosechó para el artista fama y fortuna con cinco singles que alcanzaron el sitial más alto del Billboard, la mayoría provenientes de su álbum más vendido: “No Jackets Required”.



Ninguno de los libros sobre Teen Culture que he leído mencionan al padre de Lily Collins como una influencia en ese aspecto. Sin embargo mi hermano me cuenta que Phil, viejito, bajito, calvito, causaba furor entre las chicas debido a temas alegres y bailables como “Easy Lover” o “Sussudio” (mi favorita) que podían oírse en pubs y discos.



Otro solista que encontró fama al irse de su grupo fue George Michaels quien había llegado al estrellato como parte del dúo Wham!  Y con su vibrante “Wake Me Up Before You GoGo” Pero ya para 1985, George estaba haciéndose de un fandom femenino (todavía faltaban veinte años para que lo sacaran del closet) con baladas románticas como “Careless Whisper”.



Ya para fine de la década había interrumpido su dupla con Andrew Greely y se había convertido en un reconocido solista pop con preciosas temas como “Kissing a Fool” (quinto lugar en el Billboard de USA).




 De la Pantalla a la Radio

Volviendo al fenómeno New Wave, sus mayores exponentes británicos, con excepciones de las que hablaré en un segundo, se hacían conocidos por filmes. Así es como una generación joven conoció a Frankie Goes to Hollywood for “Relax” y una escena semi porno del filme de Brian de Palma Body Double (1988).

John Hughes, el gran gurú del cine del Brat Pack, usaría la música de estos grupos New Wave para sus filmes de adolescentes. Hoy mencionar la Orchestral Manoeuvers in the Dark es invitar a un signo facial de interrogación que desaparece apenas uno silba los acordes de  “If You Leave” tema de Pretty in Pink.



Spandau Ballet fue famosa por “True” que muchos recordamos como lo que bailan Jake y Caroline en un baile escolar en Sixteen Candles, siendo observados por Samantha hasta que la interrumpe El Geek.



”Don’t You Forget About Me” será siempre recordada como el tema, casi protesta, de The Breakfast Club. ¿Alguien recuerda que sus intérpretes eran Simple Minds,   otra banda inglesa de la New Wave?



Simple Minds se llamaba inicialmente  Johnny and the Self Abusers. ¡No es broma! Los nombres de los grupos de la New Wave británica eran casi tan buenos como su música. Acuerdense de Echo and the Bunnymen, o Flock of Seagulls, o The Thompson Twins o The Pet Shop Boys con su immortal “West End Girls”.



Tears for Fears también es un buen nombre que viene de la jerga psiquiátrica. Roland Orzabal (hijo de argentino) y Curt Smith estaban interesados en ese tipo de terapia que había ayudado a John Lennon en su crecimiento interior. Por eso adoptaron el nombre para la salida de  su primer álbum “Mad World” (1982) creado un año después de ellos conocerse en Bath y formar una dupla.



Ese primer álbum se apoyaba como mucha de la música New Wave y otras corrientes ochenteras en el sintetizador más que en otros instrumentos. La internacionalización del dúo llegaría en 1984 con su segundo álbum “Songs From the Big Chair” que traería exitazos como “Shout” con su sonido rítmico y repiqueteo de percusión. Con su letra de protesta y un poderoso video , esta canción se convirtió en el número uno del Billboard de USA y de otros países.

Mi favorita de ese álbum es “Head over Heels” que todavía canto cuando me enamoro, bueno cuando me “enamoraba”, estoy viejita. Muy bueno el comienzo, un poco bombástico con una especie de carrillón. Inolvidable video filmado en la biblioteca del Emmanuel College (una universidad dedicada los estudios teológicos) de Toronto. Sorprende que tan magna canción solo llegase al tercer lugar del Billboard estadounidense.



Su mayor éxito, tan bueno que ni me acuerdo del video (pero si de la letra), es “Everybody Wants to Rule the World”. Una canción inmortal que ha sido reversionada, porque siempre su temática es relevante, y la hemos escuchado en bandas sonoras desde Los Juegos del hambre, hasta la parodia de Catalina la Grande, The Great. Que el mismísimo Harry Styles haya grabado un cover del tema escrito por Roland Orzabal afirma la vigencia de esa canción.



El Fenómeno Duran Duran

Me he explayado con Tears for Fears porque fueron mis favoritos, pero la locura del fandom estadounidense, la banda New Wave británica predilecta de los adolescentes y no tan adolescentes, fue Duran Duran. En 1977, en Birmingham, John Taylor y Nick Rhodes, amigos de la infancia, fundaban Duran Duran, llamado así por el villano de Barbarella. En 1979 se les agregaría el bajista Roger Taylor y en 1980 Andy Taylor (dato curioso, los Taylor no eran parientes) y Simon Le Bon.

Ese fue el ensemble para su primer disco “Duran Duran”  que rápidamente subiría a los más vendidos del Reino Unido, a pesar de que su single más conocido “Girls on Film” es recordado por un video audaz que bordeaba en soft porn. Mejor suerte la tuvo en 1982, su segundo álbum “Rio” (el primero que adquirí),  seguido en 1984 por  “Seven and the Ragged Tiger” con éxitos como “The Reflex” .



El caso Duran Duran es un exponente del poder visual y auditivo de la música New Wave porque para 1984, se habían convertido en el conjunto más hot británico. Hasta la Princesa Diana anunciaba que eran su grupo favorito. Sin menospreciar sus excelentes canciones, como todo en los 80, los chicos de Duran Duran entraban por la vista. Sus conciertos y tours los convertían en el nuevo canon de belleza masculina en todo el mundo. Los que no podían verlos en persona tenían los magníficos videos que acompañaban sus éxitos.



La realidad es que eran buenos músicos, sabían venderse bien y…vamos…eran guapísimos, sobre todo Simon Le Bon. Tanto que una maestra veinteañera como yo no sé avergonzaba en definirse como “duranie”. Parte de su encanto era que antes de meterse en la cantada, Simoncito  había pasado un año trabajando en un kibutz en Israel y parece que le había gustado porque escribió una canción “Tel Aviv” que incluyo el grupo en su primer vinilo.



El que el delicioso Simon no fuese judío hacia más interesante su filosemitismo o filosionismo. Hoy da tristeza recordar que Los 80 fue la mejor era para los judíos ingleses y que Israel no era un nombre que evocaba odio entre sus conciudadanos.

Me ha sorprendido descubrir que antes del ’84 a Duran Duran le fue difícil insertarse en la cultura estadounidense. Muchas radios no querían arriesgarse a poner sus singles porque no sabían como vender su música. . A sus álbumes les fue mejor y  “Duran Duran”,  “Rio” y “Seven and the Ragged Tiger” estuvieron entre los 10 más vendidos. Pero” Hungry Like a Wolf”,  mi canción favorita,  solo llegó al tercer lugar en 1983. Al año siguiente, con un tour a lo largo de la Unión Americana y con la “ Duran Fever”  desatada, “The Reflex”  alcanzó el número 1 con “Wild Boys” en el segundo.



Parte importante de la fama de Duran Duran fueron sus videos que eran obras de arte separadas de la canción que enmarcaban. Desde los exóticos escenarios (filmados en Sri Lanka) de “Hungry Like a Wolf” hasta la oscura distopia de “Wild Boys”, fueron las imágenes visuales las que contextuaban temas con letras a ratos repetitivas sin sentido. Mi padre que los detestaba  tras escuchar por enésima vez el alarido “Wild Boys!” de la boca de Simon LeBon exclamó “Duran Duran. ¡Cómo duran!”



“The Reflex”  por ejemplo era más absurdista con la inserción en el estribillo de un ulular que mi hermana y yo imitábamos por las calles. Quizás lo estrambótico de su estilo enganchaba a  los jóvenes, pero reitero,  ayudaba lo visual; los videos y el atractivo físico de los integrantes del conjunto.

En 1985, alcanzaron de nuevo el tope de Billboard con un tema del filme de James Bond: A View to a Kill.  Esta canción fue la numero 1 en Estados Unidos. En ese momento la imagen pública del grupo era tan intensa y su éxito tan seguro que nadie, menos los jóvenes fans, podían imaginarse que el conjunto tenía las horas contadas.



La fama les había llegado a los Duran Duran muy pronto, pero a un alto precio. La demanda por nuevas canciones, nuevos temas, nuevos videos, el vertiginoso ritmo de los constantes tours, los había desgastado. En 1986, John Taylor se tomó un largo descanso sabático en la campiña inglesa. Nikki y Simon firmaron contratos para seguir carrera de solistas. Duran Duran no se desbandó, pero se “achicó ”. En el verano de 1987, cuando los vi en el Madison Square Garden, solo quedaban tres de los músicos originales, Andy y Roger Taylor y Simon Le Bon que había retornado al grupo.

Este tour, Strange Sounds, consiguió otro número uno “Notorious”, pero Duran Duran no volvería a ser lo que fue. Esa fue la historia de muchos cantantes y conjuntos de la New Wave. Lo importante es que en la Teen Culture de Los 80, Duran Duran y su música fueron la realeza.

BIBLIOGRAFIA

Bondi, Victor ed. American Decades: 1980-1989

Miller, Donald C. Coming of Age in Popular Culture: Teenagers, Adolescence and the Art of Growing Up

Palladino, Grace. Teenagers: An American History

Prescott , Taylor. American Pop-Pop Culture in the 1980s: From MTV to Reaganomics, The Rise of Corporate Cool and the Birth of the Digital Age.

Rollin, Lucy. Twentieth Century Teen Culture by Decades