lunes, 31 de agosto de 2026

El Juego de Géneros como Expresión Artística: Boy George y Annie Lennox en Los 80 (Teen Culture XXVI)

 



He dejado aparte a dos mega exponentes de la New Wave británica, me refiero a Culture Club y al dúo Eurythmics. En ambos casos, sus vocalistas llamaron la atención por utilizar maquillaje y un look que trasgredían la idea tradicional de géneros. Aunque fueron los ejemplos más notorios, Los 80 se caracterizaron por artistas que sin llegar a los extremos de hoy día jugaban con sus imágenes y físicos para alcanzar algo que por entonces se conocía como androginia.

Pendientes y Rimmel

En 1985, cuando Nick Rhodes de Duran Duran se casó (con sombrero de copa y un smoking rosa mexicano) con Julie Anne Friedman, anunció a la prensa que la novia y el novio habían usado la misma sombra de ojos, color azul celeste. Hubo quien se escandalizó, yo no. “Duranie” de hueso colorado, yo ya había notado que los Wild Boys se pintaban los ojos, Simon Le Bon usaba kilos de rímel negro que lo hacían parecer un príncipe de Las Mil y Una Noches.

                                   Nick y Julie Anne Hasta los flamencos vinieron de rosado.

Lo que hoy se conoce como gender bending era la marca registrada de los músicos ingleses y algunas de sus modas se impusieron entre los adolescentes varones  como los aretes colgantes o , en casos menos flamboyant, un solo diamante. Yo trataba de explicar a mi refunfuñadora madre que si el chico llevaba un pendiente era porque su pareja lucia el otro. Ingenua de mí, no se me ocurría que la pareja pudiese ser del mismo sexo.

Aunque en su día, yo también usé un pendiente mientras mi media naranja usaba el otro, en 1984 descubrí que había hombres que portaban zarcillos en ambas orejas. Una noche de otoño en que me preparaba para una ducha, mi hermana golpeó mi puerta arrebatadamente: “¡Tienes que vivir a ver esto!”

Me envolví en una toalla y corrí a donde estaba la tele encendida y vi algo extraordinario un par de chicos guapos de blanco dando brincos, uno de ellos llevaba aretes en ambos lóbulos. Esa fue mi presentación con Wham! Y el de los pendientes era George Michael.



Recuerdo una clase de antropología que tomé en 1983 en que el profesor para explicarnos la existencia del berdache en la cultura Cheyenne usó como ejemplos a Boy George y a David Bowie. ¿Qué tenían en común estos astros de la canción aparte de ser reyes de la música de su época? Bowie fue el precursor y George Alan O’Dowd (alias Boy George) el mayor ejemplo del gender bending al menos en la estética musical de los 80.

Confieso que hasta que el Dr. Gregersen lo mencionó en clase, yo no sabía que existía Boy George aunque por supuesto había escuchado su pegajoso tema “Karma Chameleon” que estaba en todas las radios de la ciudad. A mis oídos sonaba a sátira,  como algo que cantaría Weird Al Yancovich. Me sorprendió saber que los de Culture Club también cantaban algo tan diferente como “Do You Really Want to Hurt Me” que se sentía más romántica.



El Look Boy George

Interrogué a mi hermano que me informó sobre la existencia del conjunto y de su excéntrico vocalista. Cuando vi una foto de Boy George en la cubierta de People no me sorprendí porque ya conocía a David Bowie. Lo que pensé fue “se peina como Cindy Lauper”, pero como agregó mi madre, “es más bonita”. Eso era cierto, sin verse sexi como algunas coristas que le hacían al transformismo y a las que mi madre les hacía vestidos, el cantante se veía atractivo, pero femenino.



A diferencia de Bowie, del cuello para abajo, Boy George cultivaba una figura asexual ,sin formas, envuelta en kimonos y gabardinas y con intrincados patrones. Su arte estaba en el maquillaje. Los ojos muy bien pintados, las cejas depiladas, la boca de botón de rosa con un labial carmín fuerte y pocotones de rouge en cada pómulo. Parecía una muñeca de trapo ya que complementaban el vestuario un par de trenzas con lacitos a lo PIppi Longstockins.



Lo más impresionante de su atuendo eran los sombreros. Con el tiempo, Boy ha sacado más tocados que la realeza británica. Algunos bastante estrambóticos como este pan de azúcar que lució en Eurovisión en el 2024, pero en su Era Dorada (1982-1986) se hizo reconocible por un sombrero especial, el famoso smedt que usan los judíos jasídicos.



La predilección del cantante por ese sombrero nos tenía curiosos por saber que vinculaciones tenía con el mundo judío. No sé cómo se enteró, pero mi madre fue la que soltó el chisme. Boy George había adquirido el gusto por el sombrero y un afecto por la comunidad judía (e Israel) de su baterista Jonathan “ Jon” Moss, judío y casado, quien además era amante del cantante. Mi pobre madre estaba escandalizada (Hey, eran Los 80s), a mí me provocaba sorpresa que Boy George, que me parecía una entidad etérea de otro mundo, fuese un ser sexual.



Malos Amores y Drogas

La sexualidad del vocalista de Culture Club provocaba mucha curiosidad y los medios solían interrogarlo por lo que él tenía siempre una repuesta diferente. Cuando le preguntaban si prefería chicas o chicos respondía “ambos”. En otra ocasión contestó socarronamente que prefería “una buena taza de té”. Boy George solo reconocería ser gay total en su biografía Take It Like a Man (1995). Allí relató sus amores con el musico Kirk Brandon y el baterista Jon Moss.

A pesar de que Kirk negó esa relación y amenazó con demandarlo, Moss lo aceptó sin problemas. Un legado de ese romance es el innegable apoyo , solo comparable al de Sir Elton John, que Boy George ofrece a Israel . Increíble en ese pozo de antisemitismo que es la farándula británica. 

La última manifestación ha sido este disco “Bailaremos de Nuevo” como recordatorio del 7 de octubre y que ya ha provocado mucha ira y cancelaciones del valeroso cantante. Antes conocíamos la militancia de George en contra de la posible expulsión de la nación judía del Festival de Eurovisión.



Aparte de mi agradecimiento personal, menciono las raíces del filosemitismo “boygeorgiano” porque en su día se culpó a estos amores entre vocalista y baterista de la separación de Culture Club. Si bien el fin del romance dificultó las mecánicas musicales del grupo, la verdadera razón para la disolución de Culture Club fue la drogadicción de Boy George, tan grave que su propio hermano hizo un llamado al fandom para obligar al cantante a entrar a un centro de rehabilitación.

Culture Club se disolvió oficialmente en 1986. Boy George, tras su rehabilitación que conllevaría acercamiento al budismo y hasta un libro de cocina Karma Cookbook,  tuvo una carrera de solista de la que lo más memorable fue el tema de The Crying Game. Los fans querían reunión y Culture Club volvió a existir como conjunto entre el 1999 y 2021 en que Jon se marchó tras entablar una demanda que ganó en la que solicitaba una indemnización por variedad de razones. Los otros miembros incluyendo a George Alan siguen actuando en grupo o en apariciones solitarias.



 Como les contaba al comienzo,  en el momento en que escribo Boy George ha vuelto a ser noticia al grabar un tema pro-Israel, algo prohibido por el wokismo imperante. Con eso el cantante ha demostrado su valentía, su apego a sus valores, incluso ha declarado haberse enfrentado a amigos y colaboradores sin miedo a perderlos. Ese es George Alan O’Dowd. Nunca ha temido a su verdad  por lo que supo convertir lo que podría ser una falla moral para muchos, en su arte.

Cuando Culture Club recibió su primer Grammy, Boy George comentó que el jurado sabía reconocer a “la mejor Drag Queen” A pesar de esa declaración, nacida en un momento de euforia, nunca he visto a Boy George como Drag Queen a lo Rue Paul . Es homosexual, le gusta jugar con lo no-binario en sus looks, y el primer Boy George podía pasar por chica bonita…del cuello para arriba, pero no creo que se sienta mujer.



Si el cantante hubiese querido pudo haberse operado hace décadas para convertirse en parte de las más famosas transgénero de su época, como la francesa Cocinelle o Amanda Lear, la musa de Dalí. Tampoco fue un transformista ya que no cultivó una imagen totalmente femenina a lo Hunter Schaefer en Euphoria. Por eso no lo veo como transgénero o al menos lo que se define como tal en nuestro siglo presente.

El Cross-Dressing como Declaración Feminista

La tendencia de romper con imágenes de genero tradicional no solo afectó a los artistas varones. La idea de ponerse trajes-pantalón de las estrellas ya profetizaba el futuro power suit de las ejecutivas. En los desfiles de moda europeos de 1978 lo veíamos, tal como Debbie Harris uso alguno parecido en Los 80, y Madonna homenajearía a Marlene Dietrich en cross-dressing en su video “Express Yourself”.



Sin embargo, estas mujeres no dejaban de verse como tales a pesar del atuendo. Tal como Grace Jones no se consideraba varón por raparse o tampoco la hermosa Lisa Standfield, en su video de “All Around the World” se ve menos femenina a pesar de tener menos cabello que una nena de un año.  Ni hablo de la demente Seanaid O’Connor que parecía monje budista de tonsura, porque además de loca, pertenece a los 90s. A lo que voy es que el caso más interesante de cross-dressing fue la escocesa Annie Lennox.



A sus 71 años, Miss Lennox va camino a ser nombrada Dame por su actividad humanitaria. Sigue siendo la cantante británica más galardonada, acumulando Grammies y otros premios musicales, incluyendo un Oscar por su “Into the West”, tema de El Señor de los Anillos. Aunque aparentemente heterose ha casado tres veces, y tiene dos hijas se ha vuelto un icono LGTB gracias a su imagen física.

En 1984, para cubrir la Invasión Britanica, Newsweek puso en portada a Boy George y a Annie Lennox. No es sorpresa que ambos cantantes sean los exponentes máximos de la androginia musical de entonces. Annie había comenzado su carrera artística en un grupo llamado The Tourists. En 1980, junto a su pareja romántica , Dave Stewart, formaron la dupla The Eurythmics, siendo ella la voz principal.



En 1983, sacaron su segundo y más famoso LP al mercado .El tema que alcanzaría el primer sitial del Billboard americano fue el glorioso “Sweet Dreams” que atrapó a la audiencia con la cantante vestida de varón y con el cabello cortado al rape y teñido de color mandarina. Ese look lo ha conservado Annie hasta el día de hoy. No voy a detenerme mucho en su música. Nunca fui muy fan, aparte de “Sweet Dreams” y “Here Comes the Rain Again”, pero es cierto que el cross dressing ha hecho mucho por su carrera.



Annie no temía explorar un look ‘femenino”, o platinada a lo Marilyn Monroe o con las crenchas de Rapunzel o con una imagen a lo Nancy Sinatra. Es ahí que uno se da cuenta de lo bella que era. Le pregunté a mi hermano para qué Annie se arreglaba como marimacho y el me respondió que la industria discográfica tenía cientos de cantantes guapas, que había que destacar de alguna manera, pero existía algo más profundo en ese gender bending de Annie Lennox.



 Años más tarde cuando le preguntaron a la señora Lennox que la había llevado a adoptar esa imagen destructora de géneros, respondió que lo había hecho como declaración de su feminismo, que quería demostrar que artísticamente era igual que su compañero Dave Stwart. Digamos que el crossdressing representaba su igualdad artística y personal con el varón.



No Fueron Precursores del Transgenerismo

Con el tiempo,  Annie Lennox ha militado por todas las causas wokistas, incluyendo los derechos del conglomerado gay, pero nunca ha dejado de ser heterosexual por lo que no podemos hablar de transgenerismo . Lo mismo se puede decir de Boy George. Aun reconociéndose gay, criticando a j.K. Rowling, promoviendo la necesidad de baños para los transgénero, el cantante no es un militante del movimiento T.

Incluso ha recibido ataques por criticar aspectos de dichas militancias tales como quejarse de la rigidez de parámetros, burlarse del lenguaje inclusivo y decir que imponer reglas arbitrarias solo ayuda a hacer más difícil la transición de géneros. Esto ha sido visto por el wokismo ignorante y sordo, como homofobia.

En resumen, Boy George no se creó una imagen estrafalaria por sentirse mujer o por no creer en los géneros. Tampoco Annie Lennox que al vestirse de varón creyó reafirmar su igualdad sexual. Lo cierto es que ambos han sido vistos como precursores de los no-binarios Lo cierto es que no hubiesen existido sin un precedente, sin un mentor cuyo ejemplo e influencia Boy George siempre ha reconocido. Hora es de hablar de David Bowie y ver que hizo para convertirse en un referente cultural respetable en Los 80.

BIBLIOGRAFIA

Bondi, Victor ed. American Decades: 1980-1989

Miller, Donald C. Coming of Age in Popular Culture: Teenagers, Adolescence and the Art of Growing Up

Palladino, Grace. Teenagers: An American History

Prescott , Taylor. American Pop-Pop Culture in the 1980s: From MTV to Reaganomics, The Rise of Corporate Cool and the Birth of the Digital Age.

Rollin, Lucy. Twentieth Century Teen Culture by Decades

 

 

 

jueves, 27 de agosto de 2026

Los Australianos y la Música de los 80 (Teen Culture XXV)

 



No puedo terminar de hablar de la influencia australiana sin mencionar la música pop. Ya en Los 70 habíamos tenido encuentros con el sonido de Down Under (literalmente “allá abajo” que es como se llama a la isla continente). Recuerdo a Little River Band con una de mis 50 canciones favoritas de todos los tiempos:  “Reminiscing”.

De Olivia a Men at Work

Sin duda la mayor estrella musical que nos brindó Australia era Dame Olivia Newton Johns. En los 70 había hecho carrera en USA alternando éxitos de Country con música pop,  para luego volverse un referente de la Teen Culture con Grease. En los 70, y aun antes de Vaselina había colocado dos álbumes en el primer lugar de Billboard y tres canciones entre las diez más vendidas del país.



En los 80, siguió haciendo cine sin mayor éxito con filmes inocuos como Xanadu y Two of a Kind en la que repitió pareja protagónica con John Travolta. Lo exitoso de estos filmes es que de ellos salían singles como Magic y “Xanadu “que cosechaban fans para la australianita. “Magic” estuvo en el primer lugar de Billboard, “Xanadu” en el dos, “Take a Chance” (dúo con Travolta de 1984) en el cuarto espacio. Además Dame Olivia , en 1981, grabó el himno de los aérobicos “Physical”



Muchos grupos australianos me pasaron por el lado sin yo darme cuenta. A pesar de los esfuerzos de mi hermano, no puedo recordar ningún tema de INXXX tengo un vago recuerdo de Aerosmith, pero la invasión australiana para mi llegó en la voz de Men at Work. Fue en septiembre de 1983 que oí el nombre del conjunto australiano por primera vez.

Mis tíos estaban de visita en Nueva York y traían una larga lista de compras que les habían dado mis primos, entre ellos varios casetes de Men at Work. Yo ni sabía que existían, pero mi hermano me informó que se trataba de una banda australiano que estaba sonando mucho. Esa era una simplificación, Men at Work, creado en 1979, era más que la contribución Antípodea al New Wave, era un exitazo mundial, aun en ese año en que todos los músicos angloparlantes parecían gozar de la suerte de Bugs Bunny.



Lamentablemente, y no debe ser coincidencia ya que ocurrió con otros grupos que hemos mencionado, Men at Work se desbandó en 1984. Su magnífica carrera no pasó de tres años. Duró menos que otros conjuntos que sufrieron el mismo destino: éxito inesperado, cinco minutos de gloria y debacle. Los australianos alcanzaron el récord de tener un álbum (“Business as Usual”) y un single “Down Under” en primer lugar de Billboard en 1981. “ Down Under” nos dio una lección de “strine” y se convirtió en (ni tan chiste) una especie de himno nacional de Australia.



En 1983 sacaron otro LP que correría suerte similar,  “Cargo” con “It’s a Mistake” a la vez que su mayor éxito ‘Down Under” continuaba liderando listas de los más vendidos en todo el mundo. Su último LP fue “Two Hearts”  en 1985, cuando ya la banda tenía sus días contados y pasó sin pena ni gloria.



La Tragedia de Ser Andy Gibb

 Los grandes ídolos adolescentes que llegaron de Down Under son hoy objeto de nostalgia para algunos que todavía recuerdan “esos tiempos”. Uno es un ejemplo de la gran tragedia de la música ochentera y el otro ha sabido reinventarse.

Es que Andy Gibb, con el que comenzamos, nos ofreció una fábula con amarga moraleja. Nacido en Lancashire,  fue llevado a Oz en pañales, por lo que nos lo vendieron como Aussie. Era el hermanito de los fabulosos Bee Gees y me pregunto (Sorry si sueno cruel) si hubiese llegado a alguna parte si no se hubiese colgado de sus parientes y del apellido Gibb.



Ea que nada en  su discografía  me asombre. Hablamos de alguien que en su breve vida sacó tres álbumes al mercadosolo uno en Los 80en los cuales no encuentro nada rescatable, a pesar de que tres canciones de esos álbumes llegaron al primer sitial de Billboard. El segundo LP “Shadow Dancing” ni siquiera está en el mercado. Para poder recordar al pobre Andy hay que ir a alguna de las tres compilaciones que se han hecho en este siglo.



Se dice que por ser el menor, Andy fue malcriado por padres y hermanos. Otros dicen que fueron los constantes cambios ya que aun antes de cumplir de cumplir quince años, Andy había vivido en Australia, Ibiza y la Isla de Man. Lo cierto es que su personalidad no iba a soportar las presiones de una carrera artística. Tal carrera fue iniciada y promovida por sus hermanos quienes le regalaron su primera guitarra y lo animaron a regresar a Australia donde toda la familia esperaba buscar fortuna en la música. A los 17 años, Andy volvió a Australia y de ahí a Hollywood.

A los 19 años, Andy grabó su primer disco Long Play. Pronto tres de esas canciones escalaban las listas de los más vendidos y los más escuchados. Los Bee Ges ya eran famosos gracias a Saturday Night Fever. E Influyó eso en el éxito de su hermanito o fue que Andy era bonitillo y simpático? Pronto Andy estaba en las portadas de las revistas para jóvenes y en el corazón de las lectoras.



Esas publicaciones estimulaban las hormonas de las fans, olvidándose que Andy había llegado a Hollywood con esposa a la zaga y que se divorció poco después de nacida su hija, Peta. Alguna revista por ahí usó el divorcio como excusa para la pasión que el menor de Los Gibb inspiraba en las adolescentes.



En tres años y con tres álbumes, Andy se convertiría en un fenómeno, pero más que nada entre los más jóvenes. A pesar de sus afirmaciones de que no era cierto, toda su música estaba guida por la de los Bee Gibbs, incluso sus mejores canciones fueron escritas por Barry Gibb. Otros artistas también le echaban una mano. Dame Olivia Newton John grabaría dos canciones junto a Andy en el último álbum del cantante.



En 1981, Andy estaba teniendo problemas así que decidió utilizar su voz para el teatro musical, apareciendo con éxito en la pieza de Gilbert&Sullivan Los Piratas de Penzance. A fines de ese año conoció a la que sería la mujer de su vida. Victoria Principal era la estrella de Dallas, el mega éxito televisivo . Aunque mayor que Andy (creo que fue la primera cougar que recibió criticas por andar con un chico menor) aportó equilibrio a la vida caótica del cantante.



Después de” Los Piratas”, en 1982 Andy siguió en Broadway con una producción de Jose y el manto multicolor, a la vez que era el presentador del programa de variedades Solid Gold en la NBC. Lamentablemente la cocaína dominaba a Andy Gibbs y fue despedido de la pieza teatral por incumplimiento. Mas adelante los productores hablarían del talento y simpatía del menor de los Bee Gees, pero recalcarían que cada vez que caía en la droga, simplemente desaparecía.

La situación se fue poniendo peor. En 1982, Victoria lo puso en la disyuntiva: o ella o las drogas. Andy fue incapaz de abandonar su narcodependencia y el quiebre con su pareja lo afectaría hasta el fin de su vida. En 1983, fue despedido de Solid Gold. Lo peor es que la cocaína afectaba su estado físico incluso sus cuerdas vocales. Aun así a Andy le tomaría dos años buscar ayuda. En 1985 ingreso en el centro Betty Ford.



Hoy cuando los medios se acuerdan de Andy Gibb lo describen como un mártir de la fama y de la industria. Yo tengo otra memoria, las portadas de los tabloides llenas de declaraciones (ciertas y falsas) de Victoria y de Los Bee Gees quejándose de Andy y su mal comportamiento. Lo cierto es que hasta sus fans le comenzaron a dar la espalda.

Para 1987, la carrera de Andy parecía terminada. La drogadicción había sido reemplazada por el alcoholismo y tuvo que declarase en bancarrota. Un año más tarde, cuando se hablaba de que estaba recuperado, los malos hábitos le pasaron la cuenta. Su miocardio le fallo y Andy Gibb en un hospital de Londres dejo de existir. Su historia es una fábula de como el éxito debe vivirse con cuidado.



Un Cuento con Buen Final

Una historia con paralelos es la de Rick Springfield que supo reinventarse y sobrevivir hasta hoy en día. Su historia es el revés de Andy Gibb, el inglesito trasplantado a la isla-continente. Richard Lewis Springthorpe nació en Sídney, pero fue llevado por su padre, un oficial de alto rango del ejercito australiano, a Inglaterra cuando era pequeño. La familia retornó a Australia en 1956.

Desde joven ,Rick se interesó en la música, e inicio con un conjunto junto al cual fue de tour a Vietnam a entretener a las tropas australianas. Acabado el conflicto, y como Andy Gibb, decidió que el mejor sitio para explorar su carrera  era California adonde se trasladó en 1972.

Yo y muchos vinimos a saber de su existencia en Los 80, por lo que me ha asombrado sabery ver fotos que lo pruebanque fue un ídolo juvenil aun antes de yo pisar suelo americano. Como era bonitillo, lo quisieron vender como el Donny Osmond o David Cassidy australiano. Las nenitas se compraron el cuento. A pesar de ese apoyo,  la carrera musical de Rick no tomaba vuelo.



En su autobiografía del 2010, Rick ha hablado de esos años difíciles en que decidió ser musico. La oposición de su padre a su carrera. La depresión que lo llevó a intentar suicidarse. El trabajar en sitios de mala calidad , la constante tentación de las drogas. Cuando el lector ya está secándose un lagrimón, nos sale la bomba de que Rick cándidamente admite haber sido amante de Linda Blair cuando ella tenía 15 años y el 25. ¡Eso no lo arregla ni un exorcista! Por suerte los lectores somos fans de hueso colorado y no pasó a mayores que por menos se han cancelado estrellas.

                                                Rick y Linda, hoy seria un romance prohibido

Rick Springfield, a diferencia de Andy Gibbs, solo alcanzó el estatus de estrella en Los 80. A comienzos de la década, regresó a su patria y cargó pilas. Su nuevo LP “Working Class Dog” contenía una canción “Jessie’s Girl”, basada en la experiencia de un amigo del cantante. La canción llegó al primer lugar de Billboard y el disco lo siguió en la lista de superventas. De pronto , el éxito de Rick Springfield parecía asegurado. Lo confirmaba un Grammy como el cantante del año. La imagen del australiano, y su perro (un pitbull llamado Ron) estaban en todos lados.




El Dr. Noah Drake

Como si esto fuera poco, Rick Springfield se había convertido en un rostro constante de la sobremesa televisiva. En 1981, General Hospital era la soap opera más vista de la nación americana gracias a esa magnética dupla Luke y Laura, pero esta super pareja vivía aventuras que se desvinculaban del mundo del Hospital de Port Charles. Para colmo el único medico joven Jeff Webber (interpretado por Richard Dean Anderson, años antes de convertirse en Macgyver) también se había marchado.

Un añadido al universo Luke&Laura era Robert Scorpio interpretado por el carismático Tristan Rogers cuyo acento Aussie arrebató la imaginación popular mucho antes que lo hiciera Crocodile Dundee. A Gloria Monty se le ocurrió una idea. ¿Qué tal tener otro australiano, de galán joven, pero que anduviese en bata blanca con estetoscopio al cuello? ¿Quién mejor que el nuevo teen Idol musical, Rick Springfield? Así nacía el Dr. Noah Drake.



Mi recuerdo era que se la pasaba más coqueteando con las féminas que en la sala de cirugía, pero a las fans eso nos tenía sin cuidado. Ese fue el momento en que General Hospital tuvo su mayor sintonía y Rick Springfield sus días de gloria. Para demostrar que los humos no se le habían ido a la cabeza, el cantante llamó a su álbum de 1982 “Success Hasn’t Spoiled Me Yet” (El éxito no me ha malcriado todavía).

De ahí saldría la que considero su mejor canción, “Don’t Talk to Strangers” que llegaría al segundo sitial de Billboard. Rick nuevamente fue nominado a un Grammy. El poster de Mr. Eastwood en la puerta de mi close fue reemplazado por Rick y su guitarra eléctrica.


                   El infamoso poster que por una década decoró la puerta de mi closet

En 1983, Rick se cansó de su personaje que fluctuaba entre la actriz Tiffany y la enfermera Babbie Spencer (que para retenerlo hasta fingió haber quedado ciega). Noah Drake abandonó Port Charles para irse a un hospital en Atlanta.  Ese año  Rick había sacado al mercado otro álbum “Living in Oz” con un éxito que alcanzo el noveno puesto en Billboard. En 1984 volvió a recibir una nominación al Grammy. Era el punto más alto de la carrera del cantante, pero Rick tuvo la arrogancia de echarlo todo por la borda con la manía de que ya estaba listo para conquistar Hollywood. Su error fue escoger un pésimo material.

                                             Noah y Tiffanny
                                           Noah y Bobbie


En 1984 estrenaba en los cines Hard to Hold, su primer y único protagónico. No puedo creer que la vi dos veces, y que arrastré a mi pobre hermana hasta el Midway para verla una tercera. Es una comedia sin humor con una trama simplista en la que Rick interpreta a un cantante de moda que se enamora de una psiquiatra que odia el rock. La trama llegaba a un nivel payasesco que recordaba los primeros filmes de Enrique Guzman.



Hard to Hold vino acompañada de un LP con la banda sonora. El tema de la película era el azucarado “Love Somebody” que alcanzó el quinto espacio en Billboard. Un tema pegajoso que mi hermano odiaba ya que yo lo tarareaba todo el perro día. En realidad toda mi familia le tomo tirria al pobre Rick. Eso me tenía sin cuidado, cuando en septiembre de 1984 mi hermana y yo partimos al Radio City Hall a ver a Rick in the flesh por primera vez, estaba tan embrujada como la primera vez que lo oí.

                  La unica foto que sobrevive de las cincuenta que saqué en ese concierto

Vale decir que su matrimonio con Barbara Porter (en octubre de 1984) apaciguó mi pasión, al igual que el nacimiento de su primer hijo, Liam, un año más tarde. Aun así compré su disco de 1985, “Tao” . Una sola canción alcanzó las 30 más vendidas y ni siquiera era un original de Rick Springfield. Mientras John Gary cantaba “Eat Your Heart, Rick Springfield”, un tema donde se quejaba que su novia prefería al australiano, la suerte de Rick disminuía. Volvieron la depresión, los pensamientos suicidas y decidió retirarse de la farándula por cuatro años.



Una maniobra arriesgada que parecía destinarlo al olvido. En 1989, intentó un retorno con el piloto de la serie de vampiros Nick Knight, pero cuando los canadienses se quedaron con  la serie y la llamaron Forever Knight contrataron a otro actor para dar vida al detective chupasangre. Yo ahí tiré la toalla. Sin embargo, en cada década siguiente,  Rick Springfield ha probado otras maneras de seguir vigente.

En los 90s siguió haciendo música, sin mucha audiencia, incursionó en Broadway y tuvo una serie de televisión High Tide que consiguió tres temporadas. Pero fue su retorno a General Hospital lo que agitó la memoria de fans del pasado y creó un fandom en nuevas generaciones de amigos de las soap opera.

Se le trajo al famoso seriado con bombo y platillos. Robin Scorpio lo encuentra borracho en un bar y consigue despabilarlo puesto que se necesita de su experiencia quirúrgica para salvar la vida de Jason (hijo de Alan Quatermain). Rick se quedaría dos años en GH tras lo cuales permaneció un año más interpretando a otro personaje. Eli Roberts, un rockero y ex amante de Anna, la madre de Robin.



Como que ese rol atrajo la atención de los productores de Californication que lo llamaron para interpretar a…Rick Springfield! Pero una versión un poquito exagerada y degenerada del verdadero. Rick estuvo en una temporada de la famosa serie, lo suficiente para volver a aparecer en el radar y poder dar el golpe maestro de los artistas que viven de la nostalgia.



En el 2010 publicó su autobiografía Late, Late at Night. El que llegase a la lista de los más vendidos del New York Times era señal que había una audiencia esperando conocer los secretos del exaustraliano (en el 2005, Rich se convirtió en ciudadano estadounidense). Rolling Stone la considera una de las 50 Mejores Memorias del Rock and Roll.



En el 2014, Rick siguió con su carrera de autor publicando una novela que también se volvió bestseller. En el 2013 se reintegró a General Hospital con motivo del aniversario #50 de la soap opera. En la década pasada se hizo conocido por interpretar a personajes en seris conocidas como un psiquiatra en la segunda temporada de True Detective y en Supernatural encarnó mismísimo Lucifer.



En el 2021, contando ya 70 años, hizo un dúo llamado Morris&Springfield con el que grabo un DVD que no sé dónde habrá sonado. Mejor ha sido su última reinvención como disk jockey. Todos los viernes se le puede escuchar a las 8Pm en XSirius en su programa Working Class DJ.

A pesar de que una severa caída que tuvo en un escenario de Las Vegas en el 2000, y que scans recientes demuestran dejó serias lesiones en su cerebro, Rick no para de trabajar Este verano, tiene una serie de conciertos preparado para diferentes ciudades de Estados Unidos. A diferencia de lo ocurrido con  Andy Gibbs, el trabajo y su familia (Barbara y él tienen dos hijos Liam y Joshua) le impiden  a Rick Springfield caer en depresiones y vicios.

 

 

 

 

miércoles, 19 de agosto de 2026

En Los 80 la Obesa más Famosa y el Hombre más Sexi del Mundo Eran Australianos. (Teen Culture XXIV).



Un obituario de Colleen McCullough provocó indignación al referirse a ella como “obesa y fea”. Lo cierto es que era millonaria, sus novelas eran bestseller y, a diferencias de muchas flacuchentas, estaba felizmente casada. McCullough fue parte de la fascinación que ejercería su patria en la América de los 80 donde en 1985 por primer vez People elegia al “Hombre más sexi del mundo”, el cual también provenía de la isla-continente

No se puede hablar de una invasión británica sin referirnos también a otro micro fenómeno, la onda australiana que invadió USA en Los 80 y tuvo desde los jóvenes hasta los viejos hablando “strine” el argot de Oz. El culpable fue un personaje de Paul Hogan que en el filme homónimo interpretaba al guía/cazador del Outback apodado Crocodile Dundee. Esa franquicia nos familiarizó con un slang especial y nos hizo pensar en Australia como algo más que el hogar de marsupiales.



Antes del estreno en 1985 de Crocodile Dundee, yo ya estaba interesada en el cine de Oz. Recuerdo que en la primavera de 1983, arrastré a mi pobre padre a ver varias producciones australianas que por suerte le gustaron. Ya algunos nombres nos eran familiares: Judy Davis, Bryan Brown, y el desaparecido y adorado Sir Sam Neill que era neozelandés, pero que nos llegó con esa visión de la Australia de la Belle Epoque, My Brilliant Career.



NOTA: Para no repetir cien veces “Australia” la llamaré por sus diversos apodos: Oz, Down Under (literalmente “allá abajo”) tal como “aussie” es un adjetivo gentilicio para lo australiano.

De Peeksville a Oz

Sin embargo el icono australiano de Los 80 no era australiano. Tomó tiempo descubrirlo, pero Mel Colm-Cille Gerard Gibson vio la luz aquí en el estado de Nueva York. Específicamente en Peekskill (condado de Westchester). Mi hermana y yo hicimos un “peregrinaje” en Los 80 y casi besamos el suelo que nuestro ídolo había pisado.

Yo (por diversas razones) he tenido desde mi infancia una obsesión con Down Under, pero en Los 80, la australomania se convirtió en una militancia compartida y eso gracias a Mel, cuya familia había emigrado a Australia siendo él un niño. Yo conocí la existencia de Mel Gibson en febrero  de 1983, cuando mi hermana me llevó a ver The Year of Living Dangerously ,  en el teatro Midway.



Como era nuestra costumbre, salimos del cine (y yo ya estaba arrobada ) y volvimos un rato después a verla de nuevo. Entremedio, fuimos a la vuelta de la esquina a Sam Goody donde compré el LP con la excelente banda sonora de Maurice Jarré y a Barnes&Noble donde adquirí el libro de Christopher Koch  en el cual se había basado el filme de Peter Weir. El que todos esos productos estuvieran a la venta indicaba que el filme estaba gozando del favor del público.



Aunque perdí mi diario de ese año, recuerdo cronológicamente la fiebre “melgibsoniana” que afectaba el país. En marzo me robé de la sala de espera del ginecólogo de mi madre una edición de People que traía un artículo de varias páginas sobre el nuevo ídolo de la pantalla. En marzo llevé a mi Pa a ver El año de correr riesgos,  en una reposición en el Main Street. Ese verano mi hermana me invitó a ver The Road Warrior en HBO al que estaba suscrita.




En ese entonces el sistema de cable con canales premium era una novedad por lo que en casa de la hoy Dra. Sendar,  estaba instalado en el televisor del cuarto de los padres. Nosotras nos metimos en el lecho matrimonial de estos y acompañadas de nuestra cenauna bandeja de pollo fritonos pusimos a ver lo que algunos definen como western distόpico.



En la escena en que Max  (M. Gibson) hace que el niño salvaje se deslice por la capota del auto para poder repararlo y el chico es atrapado por el motociclista monstruoso, lanzamos mi hermana y yo al unisonó un grito y la bandeja salió volando por los aires. Creímos haber recuperado todo el pollo, pero esa noche el pobre padre de Yehudit se encontró con un hueso ensartado en la costilla.



Aparte de esa anécdota que nos prohibió volver a ver tele en el cuarto principal, lo que me dejó la imagen de Max Rockatansky fue una obsesión hormonal que me llevó a escribir una carta secreta (que por suerte jamás envié) ofreciéndole mi virginidad al nativo de Peekskill y jurándole que me iba a guardar para él. Entretanto bauticé a mi nueva gata como Melissa Gibson Venant.




                         Melissa Gibson Venant 1984

Para 1984, Mel Gibson era la adoración de mujeres de todas las edades. En la tele vi Mad Max, la precuela del Road Warrior, una experiencia un poco rara puesto que debido a que el acento cerrado de los Aussies y la abundancia de strine obligaron a doblar el filme dándole a Mel una vocecita grotesca.

Mel Gibson en Hollywood

Ya poseedores de un grabador de videos sacamos de Blockbuster Videos filmes antiguos como Gallipoli , Tim y Attack Force Z, un drama de la Segunda Guerra Mundial donde solo Mel retornaba de una misión tras las líneas japonesas. Para 1984, Hollywood había reclamado la presencia del americano-que-pasaba-por australiano. En un año, Mel filmaría tres películas de las cuales solo The Bounty tendría alguna relevancia.



Únicamente la adoración de su fandom permitiría que sobreviviese su carrera pesar de que cada proyecto (The River con Sissy Spacek y Mrs. Soffel con Diane Keaton) era un fracaso de taquilla. Solo  la franquicia de Lethal Weapon en 1987 lo convertiría en una estrella nuevamente. Sin embargo las fans éramos duras de matar y en 1985, People lo eligió como el “hombre mas sexi del mundo”.



“Mi Mel Gibson” decía Alicia Silverstone en la teen comedy Clueless y eso en 1995 cuando Mel Gibson había demostrado ser un buen actor en el Hamlet (1990) de Franco Zefirelli. Las próximas décadas lo llevaban al Oscar con Brave Heart y a una fama un poco controversial gracias a su intensa Pasión de Cristo.  Mas controversias causarían declaraciones inoportunas, escándalos públicos, y un alcoholismo que lo haría persona non grata aun para el permisivo Hollywood, pero eso ya pertenece a otro siglo.

Lo importante es que dejó abierta la entrada de otros galanes australianos más modernos como Eric Bana, Heath Ledger y Jacob Elordi. Sus filmes abrieron las puertas a directores como Peter Weir que en Los 80 dirigiría filmes exitosos como Witness y Dead Poet Society. Otro que cosecharía galardones elogio y fandom seria Bruce Beresford con su Driving Miss Daisy.

Australianos en la Pantalla Chica

Aunque el cine ya hablaba strine, la televisión fue más reacia. Yo vi varias series australianas que se enfocaban en la Gran Guerra como Anzacs,  1915, y A Fortunate Life. Lo curioso es que esas series no las pasaba la televisión en inglés . Las vi dobladas al español en Telemundo(¡!)

En muchas series vimos a Sigrid Thortnot a quien yo conocía del cine por The Man of Snowy River. Estuvo en 1915, All the Rivers Run y The Far Country, basada en una novela de Nevil Shute, donde Sir Michael York interpretaba a un médico de la SS que creía reencontrar redención y una nueva vida en el outback australiano.



La mejor serie australiana la pasó la PBS (1982) y fue otra adaptación de un clásico de Nevil Shute. La versión televisiva de A Town LIke Alice logró opacar a la preciosa adaptación de la Rank de 1956 y convirtió a Bryan Brown en un rostro reconocible para el publico americano.



Eso hizo posible que se lo contratara en 1983 para la que se llamaría la miniserie de la década. Antes de hablar de la adaptación de The Thorn Birds, se vale hablar de otro gran elemento del Invasión Australiana, la escritora Colleen McCullough.

Fea, Obesa y Famosa

Una polémica surgió cuando la publicación The Australian incluyese en su obituario del 2007, que la Señora McCullough había sido fea y obesa. Muchos se indignaron , a mí me dio risa. El hecho es que la obesa y feúcha escritora dejaba atrás un viudo compungido, una fortuna y una reputación solida como autora de superventas. ¿A ver cuantas guapas esbeltas no querrían dejar atrás tamaña herencia?



Nunca se imaginó esa niñita australiana de origen irlandés, cuando llevaba una vida nómada marcada por los malos tratos del padre, que algún día seria rica y famosa. Se las arregló para dejar atrás la miseria, estudiar neurociencia y trabajar en hospitales australianos y británicos. Fue en Londres que conoció a un catedrático de Yale que le consiguió un puesto de investigadora en esa prestigiosa universidad.

Fue en sus años en Connecticut que Colleen comenzó a escribir novelas. En 1972 publicó Tim a la que la seguiría en 1977, The Thorn Birds que se convertiría en superventas tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo angloparlante. Mientras lideraba las listas de bestseller del New York Times, la saga de la Familia Cleary fue traducida a otros idiomas convirtiéndose en un éxito mundial. En un breve espacio de tiempo, Colleen McCullough se volvió una autora de fama impensable para la hija de un  cortador de caña de azúcar, tan bruto como el Luke de su novela.

A mí me desilusiona que se le trate con tan poco respeto en la comunidad literaria que ha abrazado a mujeres como Judith Kranz , Dame Shirley Conran y Barbara Taylor Bradford. La temática de la autora australiana es compleja. En sus primeras novelas salta de visiones históricas en la saga familiar del Pájaro Espino al trauma bélico en un hospital de la Segunda Guerra Mundial en An Indecent Obsession (1981) y retrata muy bien la soledad de mujeres a las que se les fue el tren, pero aún conservan sus esperanzas románticas como en Tim y en Las Señoritas de MIssalonghi (1987).



El cine se hizo eco de su fama cuando contrataron al galán de moda en Australia para interpretar a Tim, un jardinero muy guapo, pero retrasado mental que se enamora de su patrona, una solitaria solterona. Tim confirmó el aura de símbolo sexual de Mel Gibson y le quitó a PIper Laurie, como su patrona luego esposa, el estigma de ser la mamá de Carrie.



El Pajaro Espino

Si Tim y An Indecent Obsession fueron llevadas a la pantalla grande, la televisión estadounidense llevó a la pantalla chica el mayor bestseller de Doña Colleen, en una producción que también creó polémica. El primer reparo fue que no se filmó en Australia. La respuesta es que Hollywood quería inicialmente crear filme épico de varias horas. Obvio que un blockbuster hollywoodense atraería más fama, más público y más dinero que una humilde producción australiana.

La iba a dirigir Peter Weir, Dame Olivia Newton John iba a ser la ingenua Meggie Cleary que, en medio del Outback,  hace tambalear los votos del Padre (después obispo, luego cardenal) Ralph de Bricassart. Este rol se lo iban a dar a Bobbie Redford ¡Guau! Cambio de planes. Ryan O’Neal que al menos era de origen irlandés, sería el atormentado sacerdote. Weir fue reemplazado por Arthur Hiller y Dame Olivia, muy australiana ella, pero viejita, fue reemplazada por Michelle Pfeiffer.

Al final todo se fue a las pailas. Hollywood descartó el proyecto. Lo recogió la ABC considerando que una historia de esa magnitud ameritaba el espacio de una miniserie. Ahí fue cuando la ABC metió las patas varias veces. Primero en eso de irse a Hawái a filmar. El paisaje hawaiano sería más barato, pero se veía tan australiano, como Alberta fingiendo ser Colorado en My Life with the Walter Boys.

             Creian que estaban en Queensland, pero era el Pacifico hawaiano

Se contrató para el protagónico a Richard Chamberlain, el Rey de las Miniseries. Obvio que debía acompañarlo la reina del género, Jane Seymour, pero a sus treinta y dos años,  fue considerada madurita. El rol cayó en las faldas de una tal Rachel Ward. La miniserie abrió puertas en la pascua judía (marzo de 1983). Alcancé a ver un par de episodios que no coincidieron con el Seder (no teníamos grabador de videos entonces) y quedé muy desilusionada.

Años más tarde, leí las declaraciones airadas de Colleen McCullough sobre la miniserie, y me di cuenta que compartíamos la misma queja. No fuimos las únicas, pero nuestros reparos fueron ahogados por el apoteósico triunfo de The Thorn Birds (hasta ameritó una secuela en Los 90s). Los lectores devotos y los no-lectores gozaron con este romance un poco atrevido en que un curita comete pecado con una chica que lo ha amado desde la infancia.

Lo que enloqueció a Los Ochenteros fueron las mismas razones por las que hoy se rechazan libro y miniserie: el grooming del Padre Ralph, la aprobación de los amores entre un adulto y una adolescente (a pesar de que el affaire se vuelve físico cuando ella ya es una mujer casada) y el supuesto elogio de la (supuesta) pedofilia dentro de la iglesia.



No les importó que el paisaje fuese muy alejado del Outback, que se hiciesen cambios como que Meggie (que en el libro se casa sin saber cómo se hacen los niños) en la serie intente seducir a su futuro esposo; o que solo hubiese un australiano en el reparto, Bryan Brown. Tampoco que no hubiese un acento “aussie” ni para remedio.

Estamos hablando del primer año de Mel Gibson en pantallas americanas y faltaban todavía dos años para que Paul Hogan nos inculcase las intricadas reglas del “strine”. Así que importaba un bledo que Bárbara Stanwyck sonase californiana; Jean Simmons se expresara con acento londinense y que Rachel Ward hablase como si fuese la heredera de Downton Abbey (después de todo la actriz es nieta del Conde de Dudley).

La Ward fue el peor error. Tenía 24 años y era suficientemente guapa para ser la adoración de mi hermano, pero su carrera de modelo no la preparaba para un rol tan exigente. El primero en notarlo fue Dick Chamberlain que no la soportaba. El resultado fue una falta de química total en la pareja principal que hizo que el Rey de las Miniseries se viese tieso y con cara de palo.



La ironía es que el único antípoda en la serie, Bryan Brown, que interpretaba al despreciable Luke, esposo de Meggie, si tenía química con Rachel, tanta que los actores se casaron apenas acabó la filmación y siguen casados hasta hoy.

              Rachel y Bryan el día de su boda

Un final feliz para una serie que hoy puede ser cancelada por las hordas del wokismo o por mis propias objeciones, pero que fue un punto importante en la invasión australiana y sentó un precedente para que nacieran en este siglo excelentes sagas familiares televisivas como La Saga McGregor, Las Hijas de McLeod y A Place to Call Home.