Los 70s fue la época
en que las mujeres comenzaron a sentirse liberadas. Ya no solo era cuestión de
poder estudiar y trabajar. Ahora podían controlar sus vidas y sus cuerpos. ¿Pero
se aplicaba esa libertad a las adolescentes? Sus padres no lo creían así y ese
sentir se manifestaba en libros y telefilmes que parecían más dirigidos a
adultos aprensivos que a sus hijas.
En los 70, las chicas adquirieron el derecho de
votar apenas salidas de la escuela. Roe vs Wade había dado a la mujer derecho
de disponer de sus cuerpos y la píldora tuvo una secuela de anticonceptivos.
Gloria Steinmen proponía un feminismo más moderno y dirigido a la mujer más
joven. Desde las páginas de Cosmopolitan, Helen Guerley Brown presentaba
maneras de que una mujer pudiese ser liberada y glamurosa a la vez.
Sin embargo, esas
posibilidades no estaban al alcance de una adolescente que sabía que antes de
cumplir su mayoría de edad no podría optar por ser liberadas como las chicas
Cosmo, ni votar, ni tener una vida
sexual protegida, a menos que sus padres diesen permiso. No muchos padres
estaban dispuestos a hacerlo lo que creaba un terreno fértil para la
desobediencia juvenil y sus peligrosas consecuencias. La literatura y la
pantalla de Los 70 estuvieron cargadas de fabulas con penosas moralejas y con
alertas a los males que asechaban a las jovencitas.
Lecturas para
Padres Aprensivos
Los 70s sería
otra década en que la clientela juvenil tendría su peso en el mercado
consumista. Un ejemplo eran las nuevas novelas que podían adquirirse en
librerías y bibliotecas. En 1967, S.E. Hinton, todavía en la secundaria, había
publicado su icónica novela-debut The Outsiders (Rebeldes) que
Coppola convertiría en una leyenda del teen cinema, dos décadas más
tarde. The Outsiders era una obra típica de sus tiempos con jóvenes
rebeldes, injusticias sociales, familias disfuncionales, pandillas rivales,
personajes que habría interpretado James Dean en su época y frases mágicas (Stay
Gold!).
De menor calidad,
pero igualmente popular fue Mr. and Mrs. Bo Jo Jones que Ann Head
publicó en 1967: la historia de Bo Jones, la estrella de futbol de su
secundaria que debe abandonar sus sueños para casarse con su novia embarazada.
El embarazo juvenil era un miedo que enfrentaban los padres (al menos los míos)
antes que los jóvenes. De ahí que se convirtiese en tropo de este nuevo
realismo que transmitían las novelas juveniles.
Ese fue el tema
(y el sexo premarital) de la novela de Paul Zindel, My Darling, My Hamburger, de 1969. La mejor amiga de
Maggie, la protagonista, casi muere de un aborto ilegal lo que acaba con la
amistad de las chicas. Ese libro y el de
Head , me esperaban apenas llegué a USA y me llenaron de miedos que eran los de
mi madre.
Blossom Elfman cerró el circulo del embarazo juvenil con su The Girls of Huntington House. En esa novela, una maestra de inglés consigue empleo en una combinación de secundaria/hogar para madres solteras y se involucra en la vida de dos alumnas: Sarah, la hippie idealista y Gail, la intelectual depresiva. El éxito del libro hizo que se filmase un telefilme sobre ella un año más tarde, con Shirley Jones como la maestra y Sissy Spacek y Pamela Sue Martin como Sarah y Gail.
El realismo en la
literatura YA (Young Adults) daría paso a telefilmes que circularían a
través de la década enfocándose en problemas de adolescentes como embarazos
tempranos, problemas con los padres que propiciaban la huida del hogar, y drogas y prostitución. En 1971, se publicaba
uno de los más sobrecogedores retratos de los efectos de las drogas en una
adolescente.
Go Ask Alice, cuyo título se inspira en
una canción de Jefferson Airplane, “White Rabbit”, narraba, en forma de diario
de vida, la degradación y cambio de personalidad de la quinceañera Alice
después que cae en la drogadicción. Uno de los ganchos que convertiría a Pregúntale
a Alicia en un bestseller es que se la vendió como el diario de una chica
real. Tiempo después, Beatrice Sparks confesó su autoría, aun así era una
ficción que servía de espejo a una realidad que destruía hogares en el mundo
occidental.
Comparada con
esos ejemplos, Judy Blume parece narradora de cuentos de hada. La más
reconocida autora de Young Adult Literature de la época comenzó su
carrera de bestseller con Are You There G-d? It’s Margaret (1971), la
aventura espiritual de una chica de 12 años, hija de un matrimonio mixto, confundida por las creencias de parientes
judíos y cristianos. La seguiría Forever, que causó un poco de escándalo
por describir el despertar amoroso y sexual de una pareja de adolescentes.
Para ser franca,
yo leí , en mis primeros años en USA, todas las fábulas sobre los peligros de
ser una adolescente, pero Forever me llegó en mi año de graduación ,
cuando yo ya era cautiva del Bódice Ripper. La encontré ñoña y sosa y no
vine a interesarme en Blume hasta que volvió a provocar polémica con Wifey,
su primera novela para adultos.
Del Libro a la
Pantalla
Quienes hayan
sido las fuerzas alharacas que buscaban alertar sobre los peligros que, como
villanos victorianos, asechaban a las jovencitas, no se quedaron en libros.
Durante los 70s se usó la televisión para el mismo propósito.
Admito que vi todos esos esfuerzos y me los
creí. Lo malo es que mi madre también se los creyó. Las dichosas pelis se
volvieron motivo de sospechas, vigilancias, y amonestaciones matinales como “si
planeas volver preñada a casa, mejor te tiras al paso del subway!”. Para horror
de mi pobre madre, en 1975 se impuso una moda de camiseros maternales que hasta
esa gran role model e ídolo de jovencitas de todo el mundo, Carolina de
Mónaco, usaba en su primer año en la Sorbona.
(NOTA: No pude
encontrar las fotos de Carolina en su maternal. Las vi en Vanidades,
pero era parecido a este de Servidora en 1978.)
En un orden
cronológico yo diría que los telefilmes de advertencia comenzaron con una
adaptación de Mr. And Mrs. Bo Jo Jones en el ABC Movie of the Week. En el mismo
espacio tendríamos la versión fílmica de Go Ask Alice (1973).
En 1974, La ABC
nos pasaría la adaptación de The Girls from Huntington House, más Unwed Father donde el
adolescente Joseph Bottom quería arruinar sus posibilidades de ir a la
universidad, para criar a su hijo.
Finalmente, entre su madre alcohólica y la madre del bebé (Kay Lenz, que pronto
seria Mrs. David Cassidy) lo convencían de que la adopción era el mejor camino.
Para variar un
poco el tema, la ABC Movie of the Week pasó Can Ellen Be Saved?,
la historia de unos compungidos padres que intentan rescatar a su hija de un
culto. De ahí, la ABC cedió el puesto de guía de miedos paternos a la NBC que
con Born Innocent llevaba ahora esa tarea.
Entre sus
enfrentamientos con El Coludo y sus exorcistas, Linda Blair se había vuelto una
mártir de estas fabulas fílmicas. Born Innocent fue un shock par los
televidentes con su cruda descripción de una ingenua que cae en un reformatorio
donde es torturada por sus compañeras. La escena en que Linda es violada con un
palo de escoba siga siendo tan brutal que la han cortado de la versión en DVD.
Al año siguiente, Linda Blair continuaba personificando a adolescentes
problemáticas con su Sarah T. Portrait of an Alcoholic.
Para intentar
disuadir a chicas que solucionaban sus problemas familiares fugándose de su
hogar, surgieron un par de telefilmes sobre el mal final que esperaba a las
fugitivas. Si Mod Squad había dado esperanzas a las chicas vagabundas
con el personaje de Peggy Lipton que se salvaba convirtiéndose en policía, otras visiones, como el rol de Jodie Foster en Taxi Driver, eran menos color de
rosa.
Un año después de
Taxi Driver, la NBC presentaba el telefilme Dawn: Portrait of a Teenager Runaway. Eve Plumb, la única de los Brady que me
caía bien, daba vida a Dawn, que por haberse ido de su casa, terminaba
trabajando la calle. Aunque al final, Dawn abandonaba la profesión más antigua
del mundo y volvía a su hogar, su historia había sido tan vista y comentada que
tuvo una secuela, Alexander the Other Side of Dawn sobre el espinoso tema de los chicos que
también se dedican a la prostitución.
Un año más tarde,
la ABC contratacaba con Little Ladies on the Night que, en su momento, fue el telefilme más
visto en la televisión americana. De alguna forma siento que, como en Euforia,
el mensaje de advertencia se pierde en la glamurización de la venta de sexo.
No hay una imagen tan cruda en el filme que haga ver el trabajo tan degradante
y deshumanizante como lo es en realidad.
La misma
ambigüedad se siente en el tema del embarazo no deseado. I Want to Keep My
Baby (CBS, 1976)fue un telefilme que Mariel Hemingway hizo entre Lipstick
y Manhattan, un bache en su carrera puesto que nadie lo recuerda y ni
siquiera tiene página en la Wikipedia. Es la historia de Sue Anne una colegiala
que queda embarazada y se rehúsa a abortar o a regalar a su bebé.
La iglesia de sus padres la aplaude por esa
decisiones pero no le ofrece ayuda. Menos recibe Sue Anne de parte de madre,
padrastro y padre del bebe. Deseosa de salir adelante se va a vivir sola lo que
desencadena muchos problemas que solo terminan cuando Sue Anne decide dar a su
hija en adopción.
Diferente era el
mensaje de Black Market Baby, una especie de Noir/ fábula adolescente
muy compleja. Jessica Walter es Louise Carmino, una millonaria estéril. Su
ginecólogo le trae una fotografía de Anne Macarino ( Linda Purl) una paciente
que ha venido a la ciudad a estudiar, pero que es seria, tradicional como buen
chica italiana, y virgen.
Los Carmino le pagan
a Desi Arnaz Jr. para que seduzca y embarace
a Anne. Cuando él se rehúsa a casarse, y la familia de la embarazada la
repudia, es el ginecólogo el que viene al rescate ofreciéndole a Anne un hogar
con la misma mujer que pretende robarle el hijo. Por suerte este filme cerró el
ciclo de fábulas amonestadoras que más servían para asustar a los padres que
para alertar a los chicos.
Lo que estos
ejemplos me inculcaron fue una dicotomía entre mi anhelo de ser madre que
superaba fantasías sexuales y metas reales, y el terror a los peligros que entrañaba
la maternidad temprana y sin recursos. Es un poco lo que ha llevado a las
chicas de hoy a aborrecer la idea de tener hijos.
No me sorprende
que mis dudas fuesen compartidas por las Setenteras a las que la mujer de hoy
admira tanto. Un ejemplo puede encontrarse en una serie tremendamente popular
de esa época y que creó una Teen Idol
muy peculiar.
BIBLIOGRAFIA
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