Aunque Elvis sería
un gran referente del look masculino de los jóvenes de los 50, otras figuras habían,
desde la pantalla grande, enseñado a esa
juventud a vestirse y a comportarse como lo que los beatnicks
denominaban cool. Solo que a fines de la década, el primer show televisivo
enfocado en un protagonista en sus teens, nos trajo algo que el lenguaje de
entonces era un “square” (cuadrado).
El Chico de la
Motocicleta
Marlon Brando
nunca fue un actor adolescente, tal vez porque pertenecía a otra generación. Su
adolescencia la pasó en la academia militar de su padre y no fue a la guerra por
causa de una rodilla fracturada que lo eximió de servicio activo. A
los veinte años se fue a Nueva York a estudiar drama bajo la guía de la
legendaria Stella Adler quien lo entrenó en el método Stanislavsky de
actuación. De ahí pasaría a Broadway donde (en 1947) asombró a los críticos con
su impecable interpretación de Stanley Kowalski en Un tranvía llamado deseo.
Para cuando se
filma la obra de Tennessee Williams, Brando ya ha tenido un protagónico en The
Men (1950) encarnando a un soldado parapléjico. Tranvía le consigue
su primera nominación al Oscar. La seguirá dando vida al famoso guerrillero
mexicano en Zapata y a Marco Antonio en Julio Cesar. A nadie se
le ocurre que ,quien se perfila como mejor actor de su generación, se rebaje a
interpretar a un delincuente juvenil.
The Wild One (El Salvaje, 1953) estaba basada
en un cuento de Frank Rooney, y se inspiraba en un nuevo tipo de criminales,
los miembros de pandillas motociclistas. Esta tribu urbana, que sigue
existiendo aunque de manera más discreta, se había hecho infamosa por provocar
disturbios y cometer delitos en comunidades pequeñas que tenían la mala suerte
de existir a lo largo de la ruta de los motociclistas.
El cuento es muy
simple y narra la incursión de una de esas pandillas a un pueblito donde
provocan la muerte de una chica. Su padre, en venganza, ataca los pandilleros
centrándose en el más decente de ellos: Johnny. El filme quiso suavizar el
cuento, creando un motorista malo (Lee Marvin) y uno bueno (Brando). Kathie, no
muere, tiene un romance con Johnny, y su padre, el sheriff del pueblo, tiene un
doble motivo para crucificar al joven de la motocicleta.
Por buena persona
que fuese Johnny, lo que atrajo a espectadores juveniles fue su rebeldía. Su
lema era “a mí nadie me obliga a hacer lo que no quiero”. El que la moto que
Johnny usaba en el filme perteneciese en la vida real al actor ayudaba a crear
un vínculo entre el personaje y Brando.
Los muchachos
comenzaron a copiar el atuendo del “Salvaje”: jeans, camisetas de franela,
gorra con visera y la infaltable chamarra de cuero que treinta años más tarde
luciría El Fonz (Henry Winkler) en Happy Days y Danny Zucco (John
Travolta) de Grease. Tanto Elvis como James Dean copiarían las patillas
de Johnny.
El Santo
Martir de los Jóvenes
Marlon Brando no
volvería a interpretar un personaje juvenil, pero dejaría la puerta abierta al más
grande Teen Idol del cine de los 50. Es extraordinario que quien sería el mártir
de su generación solo protagonizó tres películas, pero James Dean fue leyenda, antes y después de su prematura muerte en 1957,
y el máximo ídolo de una joven America.
Np voy a ponerme
a contar de la vida de James Dean, ya hay bastantes biografías. No voy a hablar
ni de su bisexualidad ni de la trágica pasión que le inspiró la actriz Pier Angeli y como el matrimonio de la
italiana puede haberlo empujado a buscar la muerte estrellando su Porsche en un
árbol. Lo que importa es la imagen que proyectaba desde la pantalla . Primero
como el mellizo despreciado en Al Este del Eden, basada en la novela de
John Steinbeck. La seguirá en 1956, Rebelde sin causa, el titulo lo dice
todo.
Lo que enloquece
a los jóvenes es que es tan identificable. No es un delincuente como El
Salvaje, ni un colegial revoltoso como los de The Blackboard Jungle.
Aunque Judy (Natalie Wood), Platón (Sal Mineo) y Jim (James Dean) se conozcan
en una comisaría, son chicos de buena familia,
podrían ser como los personajes que Pat Boone interpreta en el cine, pero son
incomprendidos.
James Dean crea
un estilo de actuación que lo hace reconocible a su joven audiencia. Todo en él
es difícil, cada movimiento pareciera que le doliera, las palabras no le salen
y sin embargo no tiene empacho en llorar, gemir y reclamar contra las
injusticias que le ocurren, la incomprensión de los padres, el rechazo de su
madre, las burlas y el bullying de sus pares y el amor que lo elude. Jim
encarna la angustia adolescente de Holden Caulfield que J. D. Salinger expresa en su Cátcher in the Rye
publicada en 1951.
Rebelde sin
causa se convierte en un
rito funerario, pero también en un despertar de un público joven a los
problemas que los afectan. Es el filme que define Los 50 en términos de Teen
Culture y será remedado en la ficción que busca revivir las vivencias de la
juventud de entonces. La carrera de
autos es copiada en Grease y Richie Cunningham intenta conquistar a una
chica, en Happy Days retorciéndose como James Dean, pero acaba gimiendo
de dolor cuando alguien se sienta sobre su mano.
Y viendo el
segundo episodio de The O.C. cuando Marissa y Seth arreglan un refugio
para Ryan en una casa abandonada es como ver a JIm, Platón y Judy en Rebelde
sin Causa. Cada uno representa un arquetipo que dejó la película: Ryan es
el rebelde sin causa y sin casa; Marissa es la chica de buena familia, audaz y
al borde de la delincuencia pero que quiere cambiar ,y Seth, el incomprendido
niño que le teme a la vida adulta.
El Blob y un
Hombre Lobo Juvenil
Tal como The
Blackboard Jungle, Rebel Without a Cause inició una conversación entre
padres, maestros y psicólogos sobre los problemas de la adolescencia y sobre la
realidad que vivián los jóvenes. Hollywood
aprovechó para crear una cantidad de cintas baratas, tipo B, sobre
delincuentes, a la vez que intentaba encontrar un reemplazo a James Dean.
No lo pudieron
encontrar ni en Ricky Nelson que tenía poco rango actoral, ni en Brandon de
Wilde ni en Troy Donahue que en 1959 ganaban fama como adolescentes confusos
ante el embarazo de sus novias en Blue Denim y A Summer Place. Lo más cercano a un rebelde seria Steve
McQueen que inició su carrera como un adolescente que se convierte en el
salvador de su comunidad luchando contra una masa gelatinosa en el hoy clásico
de la ciencia ficción, The Blob.
Hubo
adolescentes, medio nerds, que no bailaban el rock ni soñaban con poseer
motocicletas. Desde la posguerra que la ciencia ficción fascinaba a muchachos
que eran buenos en la escuelas y amigos de la lectura. Para ellos también
existirían filmes de ciencia ficción y terror. El Blob llega unos años
después del estreno de La Criatura de la Laguna Negra y de una serie de
filmes que metaforizaban la furia juvenil convirtiendo a los adolescentes en monstruos.
Me refiero a I
was a Teenage Frankenstein, Monster in Campus, Blood of Drácula y la
iniciadora llamada apropiadamente I Was a Teenage Werewolf. Un chico de mi
barrio Forest Hills llamado Eugene Orowitz había comenzado una carrera actoral
con pequeños roles en series de televisión cuando lo llamaron para interpretar
a Tony Rivers. Al borde de la delincuencia por no saber manejar su ira, Tony
visita a un psiquiatra que lo hipnotiza y le inyecta una droga que empeora su
situación. Ahora cada vez que Tony se enoja se convierte en un hombre lobo
adolescente.
En 1959 se decidió
que el adolescente ya no sería el monstruo sino el héroe. Steve McQueen (tan
poco conocido que en los créditos aparece como “Steven”) es un típico adolescente que una noche en las
afueras de su pueblito de Pensilvania está besuqueándose con la novia en su
carro, cuando ven caer un meteorito.
Al ir a
investigar , Steve descubre que se trata de una nave espacial de la cual emerge
una masa gelatinosa que devora a las personas. El resto del filme, Steve se la
va a pasar tratando de alertar a un pueblo incrédulo y cuando ya el “blob”
causa estragos, de salvar a sus vecinos. Una imagen positiva del adolescente,
un tema musical muy pegajoso con toques de calipso y una estrella prometedora,
convirtieron a The Blob en un éxito de taquilla y un filme de culto.
Steve McQueen
continuó su carrera filmando éxito tras éxito, pero nunca más volvió a ser un
adolescente. Después de todo ya estaba cerca de la treintena cuando luchó
contra el Blob. Nadie reemplazó a James Dean, pero a fines de los 50 apareció
en el firmamento otro actor joven, guapo y carismático que capturó la
imaginación de las jovencitas. Warren Beatty llegó al estrellato, un poco colgándose de las faldas de su famosa
hermana, Shirley McClaine, pero también pegó un salto a la fama desde la
pantalla chica. Hora es de hablar de las series de televisión.
La Televisión
de Los 50 y Los adolescentes
Si el cine
enfrentaba el reto de mostrar los problemas de los jóvenes y como la juventud
era un problema―fuesen delincuentes u hombres-lobos― la televisión
propagaba una imagen fantasiosa de los adolescentes como apéndices de sus
padres, traviesos, pero obedientes e inocentes.
Las primeras
series en enfocarse en los chicos fueron continuaciones de populares programas
radiales como A Date with Judy y Corliss Archer. Digamos que las
historias ñoñas y anejas no tuvieron éxito con ningún espectador de la edad que fuese.
Sin embargo, hubo
programas radiales que hicieron una exitosa transición. El primero fue The
Adventures of Ozzie and Harriet. Ozzie Nelson había sido director de una
orquesta menor de swing. Se había casado con su vocalista Harriet Hiliard y
cuando llegaron a la radio ya eran padres de dos varoncitos: David y Ricky.
Después de haber
saltado de emisora en emisora, Ozzie consiguió en 1952 que la ABC aceptase
transmitir su programa por televisión. Al público le encantó verle los rostros
a la pareja que ya conocía por radio. Había otro motivo para que el show perdurase.
En las emisoras radiales los hijos de Los Nelson eran interpretados por
actores, en la pantalla chica aparecían los verdaderos David y Ricky. Esto le
otorgaba realismo a la sitcom que ya parecía reality show.
Las aventuras
de Ozzie y Harriet se convirtió
en un exitazo y duró por más de una década, acabando en 1966. El verdadero
motivo no fueron ni los chistes ni la Familia Nelson sino Ricky. Ya en su adolescencia, el benjamín de la familia se le ocurrió que
quería cantar también. Su primer Long Play llegó al tope de los más vendidos.
Lo siguió una carrera en Hollywood y de pronto Ricky Nelson era un ídolo de la
masa juvenil.
Las chicas
reemplazaban (o acompañaban) los posters de Elvis en los muros de sus
cuartos con las fotos de Ricky que en algún momento pasó a llamarse solo
“Rick”. Aun así no abandonó la serie y cuando se casó con Kirstie Harmon, ella fue
incluida en la versión televisiva de la Familia Nelson.
No todas las
series familiares tenían la suerte de contar con un ídolo juvenil en su elenco.
Shelley Fabares quien interpretó a la hija mayor de Donna Reed en The
Donna Reed Show, solo alcanzó momentánea fama en la década siguiente
como Chica Presley y con un single exitoso “Johnny Angel”.
En cuanto a los
hijos de Robert Young en Father Knows Best, ninguno era muy atractivo ni
cantaba, aun así la serie duró seis temporadas en las que todos
interpretaban roles estereotipados (padre sabio, madre excelente ama de casa,
hijos bobitos). Sin embargo mereció más aprobación que The Donna Reed Show
donde― como dijeron las Gilmore Girls― nunca pasaba nada.
El primer tropo
de serie juvenil de “Father” es que los tres chicos (un varón y dos nenas)
siempre están enamorados de quien no debían, fuese el objeto un cowboy o la maestra.
Esto último , que por décadas fue un motivo para reírse, en este siglo
evolucionaria hasta convertirse en otra instancia de adultos nocivos y empeñados
en dañar a los chicos.
Aun así, la serie
tenía toques que le faltaban a otros programas familiares. La hija mayor,
Betty, era un poco feminista y se metía en un club de esgrima donde no admitían
mujeres. Otra novedad es que no era una serie muy blanca. Como I Love Lucy,
que presentaba un matrimonio entre gringa y latino, en “Father” había un
personaje recurrente, el jardinero mexicano Fronk (Natividad Vacio). Era un
personaje simpático, que la familia quería mucho y siempre le estaban buscando
esposa. Aunque estereotipado fue uno de los pocos ejemplos de diversidad racial
de Los 50.
En medio de estas
series “familiares” a la ABC se le ocurrió variar la formula y crear una serie
que se concentrase en un hijo en vez de los padres. Así nació The Many Loves
of Dobie Gills, basada en una serie
de cuentos que ya había sido llevada la pantalla con poco éxito. Los
productores decidieron cambiar al protagonista que ya no sería un universitario,
sino un escolar. Eso permitió abarcar el universo de a secundaria el espacio
predilecto de las series de adolescentes.
A diferencia de
otros chicos en la televisión, Dobie era mal alumno, perezoso e incapaz de
planear un futuro. A diferencia de los padres televisivos de esa época, el
almacenero Herbert T. Gills no sentía ni cariño ni respeto por el hijo de la
suerte le había deparado. Un veterano de la Segunda Guerra Mundial y
sobreviviente de la depresión, este señor era un precursor de Archie Bunker, gruñón
y quejándose siempre de Dobie que solo quería ser rico y popular, con el menor
esfuerzo.
El gran sueño de
Dobie era conquistar a la inconquistable Thalia (Tuesday Weld) tan ambiciosa y
codiciosa como la maddy de Euphoria. El gran enemigo de Dobie en esta batalla
por el corazón era el chico rico, Chatsworth. Dotado de lo que a Dobie le
faltaba , dinero y atractivo, este personaje era interpretado por el guaperrimo
Warren Beatty. Tan guapo era el hermano menor de Shirley McClaine que pronto le
llovían las ofertas y tras cinco episodios, Warren dejó la serie para hacer
carrera en Hollywood.
Dobie y la codiciosa Thalia
Algo parecido
ocurrió con Tuesday Weld, pero no faltaban actrices para interpretar a chicas guapas
que interesaban a Dobie. Otro detalle interesante y novedoso era Zelda, la
amiga de la infancia que estaba enamorada de Dobie y era muy abierta para
expresar tanto sus sentimientos como su meta de casarse con él. En un filme-reunión
de Los 80 nos encontramos un Dobie maduro regentando el almacén del padre y casado
con Zelda. Esa relación nos recuerda a la de Joy y Dawson en Dawson’s Creek
e inclusive a Archie y Veronica en Riverdale.
Dobie y Zelda
El toque cultural
más novedoso de esta serie lo proporcionaba su mejor amigo Maynard (Bob Denver
que luego protagonizaría La Isla de Gilligan). Maynard era el coro
griego de Dobie a pesar de que despreciaba el amor casi tanto como el trabajo y
el autoritarismo. No es que Maynard fuese un comunista precoz, es que era un
representante de un fenómeno cultural del cual todavía no he hablado, el
Movimiento Beatnik.
El nombre abarca
un grupo de poetas y escritores que formaron La Generación Beat cuyos miembros
se llamarían Beatniks. El nombre iba asociado con el “golpe” o ritmo” del jazz
que era su música predilecta. Inconformistas, anti materialismo, vestían de
negro con sweaters de cuello de cisne, como imitando a los existencialistas de la Rive Gauche.
Los Beatniks no creían ni en tradición ni reglas sociales. Su
meta era viajar constantemente como lo expresa Jack Kerouac en su On the
Road, una de las biblias de los beatniks, en busca de nuevas experiencias y relaciones
lo que incluía uso de drogas y sexo de todo tipo. Este estilo de vida atrajo a
los veinteañeros no a los escolares, por lo que Maynard vive una ilusión de ser
beatnik sin serlo realmente.
Lo que si
adoptaron los más jóvenes fue el slang. Los Beatnik introdujeron al inglés
términos como “dig” que ya no significaba “cavar” sino gustar, “crazy” no como
locura sino como algo espectacular y la dicotomía entre ser un tipo “cool” o un anticuado “square” (cuadrado), lo que en
mi época era ser ‘Nerd”. Hoy en día” nerd” es un experto en algo. Como cambian
los idiomas.
Creo , y mis
lecturas no me lo niegan, que era una vida tenebrosa y sin romance, no el tipo
de existencia que soñaban aun los delincuentes juveniles. Tal vez por eso Kim en Freaks and Geeks rechaza On the Road cuando se lo imponen
como lectura en la secundaria. En cambio, al comienzo de The O.C. Seth y Marissa deciden acompañar a Ryan en su
viaje desde California a Texas comparando tal viaje con el de los protagonistas
de On the Road, libro que ambos aman.
La inclusión de
Maynard en The Many Loves of Dobie Gillis, la convirtió en un referente
cultural adolescente que duraría hasta La Era de Camelot con la que inicio la
década de Los 60.
BIBLIOGRAFIA
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50s.
Handy, Bruce. Hollywood High: A Totally Epic Way Opinionated History of Teen Movies
Manchester, William. The
Glory and the Dream: A Narrative History of United States, 1932-1972
Miller, Donald C. Coming
of Age in Popular Culture: Teenagers, Adolescence and the Art of Growing Up
Palladino, Grace.
Teenagers: An American History
Rollin, Lucy. Twentieth
Century Teen Culture by Decades

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