Los 70 fue la época
en que John Travolta se convirtió en una estrella juvenil. Comenzó en la televisión con su interpretación
del estudiante flojo y enamorado de Welcome Back Kotter, luego entraría en Hollywood por la puerta
grande, primero como el ídolo de las discotecas en Fiebre de sábado por la
noche y unos años después con su protagónico en Grease. ¿Cómo
fue que se convirtió en un emblema de los ítalo-americanos y cómo fue que
Travolta comenzó bailando Disco y en 1980 pasó a ser un representante de la
música country?
Empecemos este
repaso con Welcome Back Kotter que intentaba ser Room 222, pero más graciosa. Aunque vendieron Aula
222 como dramedy, nunca me reí. Lo más jocoso eran las meteduras de
pata de la pobre Alice, que, como un relleno cómico “blanco”, parecía una buena
compensación por décadas de Amos ’n Andy.
El Reino de
los Sweat Hogs
Welcome Back
Kotter si era una sitcom
, y muy chistosa, pero entremedio de toda esa jocosidad tocaba temas profundos.
Lo más fascinante del proyecto que Gabriel
Kaplan presentó a la NBC fue que estaba basado en casos reales. Kaplan se había
graduado de una escuela de Bensonhurst (Brooklyn) donde había sido parte de una
pandilla de malos estudiantes llamada “Sweat Hogs” (cerdos sudados). Inclusive había
conservado los nombres reales (realmente existieron Vinnie Barbarino y Juan
Epstein) dentro del libreto.
La novedad era
que Kaplan interpretaría a Gabriel Kotter convertido en un hombre de bien que
retorna como maestro para darles esperanza y autoestima a un grupo de alumnos
estigmatizados como maleantes brutos. La NBC inició las grabaciones con mucha
aprehensión. Años más tarde, John Travolta diría que firmó contrato
imaginándose que el show no duraría más que unos meses.
Para el varano
del ’77, Welcome Back Kotter estaba entre las 30 series más vistas en la
Union Americana. La Segunda Temporada la tendría entre las 15 más populares de
la nación. Su éxito residía en que por primera vez este subgénero de la
secundaria se enfocaba en los alumnos y no desde la perspectiva del maestro. Los
“Sweat Hogs” eran personajes de carne y hueso con historias que trascendían el
salón de clases.
Por ejemplo, Arnold
Horschark, era más listo que sus compañeros, podría no estar en ese tipo de
aula, pero el cariño que sentía por sus camaradas le impedía abandonar a los Sweat
Hogs. Freddy Percy “Boom Boom” Washington era negro y un excelente
basquetbolista, pero no caía en estereotipos ni discursos políticos, ni se
designaba como víctima. Era el más razonable del grupo, con ideas fuertes sobre
el liderazgo y solidaridad con sus amigos. En cuanto a Juan Epstein, el judío
boricua, más allá de sus chistes, era un ejemplo de la diversidad que existe
tanto entre latinos como entre judíos.
Finalmente
tenemos al líder de los Sweat Hogs, Vincent “Vinnie” Barbarino, un típico
ejemplo de lo que por casi medio siglo había sido un grupo tremendamente
despreciado en las ciudades californianas y del noreste de los Estados Unidos,
los Greasers. Este apodo que no se refiere a la grasa de los italianos y
latinos, sino a la vaselina/gomina que usaban para alisar el cabello, sigue siendo
hoy un término despectivo y racista.
Un Teen Idol
con Apellido Siciliano
Los Greasers
siempre formaron su propia subcultura y los ítalo-americanos nunca habían
tenido un representante bona fide en pantalla sino hasta Travolta quien nunca
se cambió el apellido como Frankie Avalon, Bobby Darin o James Darren, y que se
encargó de sacar de la imaginación colectiva la idea de que los ítalo-americanos
eran una pandilla de mafiosos. No que
Barbarino fuera un pilar de la sociedad, pero era simpático e inofensivo.
Como buen chico
italiano, adoraba a su madre, a pesar de que ella, a bofetón limpio, trataba de
enderezarlo. Lo que a Barbarino le faltaba en saber académico, le sobraba en la
labia con la que engatusaba a las chicas y que lo llevaba a liderar a los Sweat
Hogs.
Los 70 serían el
reinado de los ítalo-americanos en La Meca del Cine. El Padrino y El
Padrino II habían puesto en la pasarela a galanes como Al Pacino y Robert
de Niro que además eran mega actorazos. Detrás de docenas de filmes excelentes
estaban directores como Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Brian de Palma y
Michael Cimino. Si Sylvester Stallone se volvía un ídolo de multitudes con su
saga de Rocky Balboa, Frankie Valli, con o sin los Four Seasons, llegaba al Billboard en su carrera de
solista.
Lo que faltaba
era un Teen Idol con apellido siciliano y Travolta lo aportó con su trabajo en Welcome
Back Kotter. Barbarino se convirtió en un poster para chicas adolescentes,
un rostro que en los quioscos de periódicos saludaba al transeúnte desde las
portadas de revistas juveniles.
Welcome Back
Kotter gustó a chicos y
viejos―la veíamos con nuestros padres―y de todos los colores. Aun así ha
recibido sus criticas en la Era Woke como que Barbarino representa a un
personaje que se aprovecha de las mujeres o que el Profesor Kotter (siendo
judío) es un “salvador blanco”. Es cierto que Kotter era un mártir de su
profesión puesto que no solo se ocupaba de educar sus alumnos, además tenía que
atender sus problemas personales.
Un motivo
recurrente en la trama eran las visitas, fuera del horario escolar, de
estudiantes complicados que llegaban al piso de su maestro provocando
conflictos con Julie, la esposa de Kotter, que siempre acababa cocinando para
los chicos. Por dos años, Welcome Back Kotter tuvo un fandom sólido, un
sitial en lo más visto de la televisión y el rostro de John Travolta se convirtió
en papel mural de muchas chicas a lo largo del país, pero para la tercera
temporada aparecieron señales de que era hora de apagar la luz del aula.
A pesar de que se
hicieron cambios como que Los Kotter recibieron gemelas (en un episodio muy
jocoso), que Julie entró a trabajar en la escuela de su marido, había problemas
con el elenco. Gave Kaplan anduvo en conflicto con la producción tras exigir un
aumento de sueldo. Se negó a filmar episodios. Lo convirtieron en subdirector
para explicar su ausencia. Por otro lado, los actores ya se veían muy maduritos
para parecer adolescentes, hubo un proyecto en que Kotter conseguía empleo en
una universidad cercana y que los Sweat Hogs lo seguirían, pero nunca llegó a
cuajar esa idea.
El mayor problema
es que su mayor atractivo, John Travolta, ya no quería estar en la serie. Su
personaje había madurado, encontrado novia, empleo de camillero y se había
mudado a su propio departamento. Lo mismo ocurría con su interprete. Travolta
estaba dejando atrás a Barbarino. Para 1976 había participado en dos proyectos
muy exitosos que le cambiaron la imagen.
Su protagónico en
el telefilme The Boy in the Plastic Bubble, demostró lo buen actor que
era al dar vida a un caso de la vida real, un chico nacido sin sistema de inmunidad
lo que lo obligaba a vivir en una esfera plástica conectado a vario tubos. La
película buscaba recrear sus intentos de llevar una vida normal.
Este telefilme contactó a Travolta con la
actriz Diana Hyland que sería su primer gran amor. El que John tuviese amores
con una mujer mayor y que interpretase a un delincuente perverso en Carrie, demostraban su versatilidad actoral, pero
también un lado oscuro que superaba su imagen de adolescente travieso de Welcome
Back Kotter.
La guinda del
pastel fue el contrato firmado para hacer dos filmes en Hollywood, interpretando
una variación del personaje de Barbarino: chicos de origen italiano semi
conflictivos. Antes de hablar de los hoy ya clásicos Saturday Night Fever
y Grease, vale decir que aun después de volverse un ídolo, Travolta
permaneció con Welcome Back Kotter hasta
su último episodio. Desde entonces,
Travolta no ha superado su rol de muga estrella.
El Galan
Disco-lo
Sorprendentemente,
lo que llevaría al estrellato a John Travolta seria su don para el baile. 1977
era la plenitud de la Era Disco. Se había creado una subcultura dedicada a
bailes como el “Hustle” y el “Bump”. La
popularidad de este estilo de danza que revivía los pasos y reglas del baile de
salón había desplazado al caótico estilo go-go de la Era Hippie en las
discotecas.
De pronto, saber
moverse con los nuevos ritmos se había vuelto una obligación entre los jóvenes
de todas las clases sociales, incluso la trabajadora. Fue así que nacía la saga
de Tony Manero, un ítalo-americano de Brooklyn que a los 19 años tiene un solo
desahogo, el baile. El filme retrata la
vida ítalo-americana de la época y a los jóvenes de una clase obrera
insatisfecha. Tony trabaja en una ferretería, no le gusta su empleo, vive con
sus padres y hermanos, y se siente la oveja negra de su familia porque no tiene
futuro.
Aun en los 70, la
predominante cultura WASP (White, Anglosaxon, Protestan) estadounidense
despreciaba a los que no era parte de ella. Eso incluía a los chicanos y a los italo-americanos, que aparte
de su origen étnico, solían ser católicos, otro detalle que invitaba al
desprecio de la supremacía. Tony―como Rocky―iba a ser un emblema
cultural para Los Greasers.
La Fiebre del
sábado en la noche presagiaba
a Goodfellas y Los Soprano. Sin ser criminales ni mafiosos, Tony
y sus amigos representan un grupo de jóvenes que solo encontrará respeto y
autoestima en un mundo en el cual sean parte de una institución ítalo-americana
que puede estar fuera de la ley pero les otorga una identidad mejor que la que
tienen.
Por eso el baile
se convierte en metáfora de una vida mejor y legal para Tony. Es lo que le
sucede al personaje de Jason Siegel en Freaks and Geeks, pero Apatow insinúa que está mal que
abandone sus sueños de ser baterista de Led Zeppelin, concentrándose en ganar
un concurso de baile a lo Tony Manero.
Lo cierto es que Saturday
Night Fever es mucho más que una glorificación de la música Disco. Es un
retrato de las dificultades de la juventud étnica de clase media baja. Los
amigos de Tony no son perfectos, son machistas y belicosos. Los vemos pelear
contra los Barracuda, una pandilla boricua. Un detalle bonito es que casi al final,
después que Tony gana el concurso, él se
da cuenta que hubo un dúo de bailarines (de Puerto Rico) mejor que el suyo,
pero que perdieron debido al racismo de los jueces. Entonces el “greaser” les
entrega el trofeo.
Sin embargo, ese
momento tan conmovedor va a ser destruido por sucesos que yo consideró son el
lado oscuro pero realista de lo que no es un filme superficial. Estos incluyen
una muerte accidental que pudo ser suicidio y un par de escenas cercanas a la
violación, aunque en el espíritu de los 70 no fueron vistas como tal. Una de esas
escenas involucra a Tony intentando tener sexo con su pareja de baile,
Alexandra (Karen Lynn Gorney) a pesar de las protestas de ella. Sin embargo el
final agridulce los tiene juntos.
El rol de
Alexandra fue ofrecido a actrices más conocidas como Jessica Lange, Amy Irving
y hasta a Carrie Fischer, pero lo obtuvo Karen Gorney quien tenía fama por su
rol en la soap opera All My Children. Fue una buena elección ya que su
química con Travolta fue evidente principalmente en las escenas de baile.
La Fiebre de… tuvo un éxito inesperado. Fue considerada
una de las mejores películas de 1977 y recibió varias nominaciones, incluyendo
un Oscar y un Globo de Oro para Travolta que se convirtió en el astro del
momento. El filme tuvo un tremendo impacto cultural desde la banda sonora a cargo
de Los Bee Gees que se llevaría múltiples premios en la entrega de los Grammys,
hasta otorgarle respetabilidad a la música disco y al baile asociado a ella.
En ese entonces se
decía que desde Fred Astaire que no se veía un bailarín verse varonil en la
pista como ocurría con Travolta que superaba el rotulo de contorsionista, para elevar
su arte casi al nivel de ballet. Tony Manero sería un ídolo de masas de
adolescentes y no solo los italoamericanos. Mas allá de un poster boy, el actor
se convertiría en modelo e influencer para jóvenes que no le temían a la pista
de baile y que se esmeraban en copiar el vestuario y el peinado de su actor
favorito.
Danny y Los Greaser
de los 70
Fue durante la filmación
de Fiebre de sábado… que Travolta sufrió la pérdida de su pareja, la
actriz Diana Hyland, debido a un cáncer.
Su muerte afectó tanto a Travolta que hasta hubo que detener la filmación. Eso atrasó
el otro proyecto, su protagónico en la versión fílmica de la famosa Grease.
Cuando se contrató a Travolta para el rol de Tony Manero ya se sabía que el actor
sería Danny Zucco, una versión de los 50 del bailarín de Brooklyn.
Grease, escrita por Jim Jacobs y Warren Casey, había
debutado en Broadway en 1971, iniciando la locura por Los 50. Cuando el filme debutó
el verano de 1978, la obra seguía llenado teatros en todo el país. La película
tuvo el mismo éxito. Fue la primera vez que iba al cine sin adultos, y era la
segunda vez que me había encontrado con entradas agotadas así era el delirio por
ver a Travolta disfrazado del Fonz, porque esa era nuestra referencia. A mi hermana
y a mí no nos importó estarnos una hora en una fila de tres cuadras bajo el sol
veraniego para poder conseguir butacas.
¡Y como valió la pena ese esfuerzo! He visto la
obra de teatro en español y en inglés, pero nunca ha superado el impacto del filme,
de las canciones, del vestuario. Las piezas teatrales no tenían a Dame Olivia
Newton-John encarnando a una Sandy australiana. Se agregaron canciones a esta
visión casi global de la vida adolescente en un pueblo estadounidense de 1958,
y la escena del prom está filmada con un detalle que ni en Broadway pueden
igualar.
A pesar de ser un “Greaser” como Tony Manero, Danny Zucco era más joven e ingenuo. Típico adolescente vivía cultivando una imagen de “duro” y “cool” ante sus amigos. Hay cosas que hoy pueden parecer sexistas y reprobables en la trama, pero vamos, se trata de una fábula cincuentera fabricada en Los 70. Por algo a Peacock le fue mal cuando intentó hacer una secuela, Pink Ladies, imponiéndole sensibilidades woke.
Yo creo que lo que
más me molesta , y esto es canon, es el cambio de Sandy que de Sandra Dee se
vuelve Mamie van Doren. A
mí me encantó su ropa y el modo de interpretar canciones incluyendo los temas
que no son del musical de Jacobs como “Hopelessly Devoted to You” que fue
nominada a un Oscar, pero su transformación me parece forzada y una manera de
rendirse a la imagen que Danny espera de una chica.
Al final Sandy se
convierte en una copia de Betty Rizzo lo que no es muy atractivo. El bullying
que Rizzo somete a Sandy y que desaparece cuando el personaje de Stockard Channing
enfrenta problemas sentimentales propios, también me gustó mucho porque le dio una
dimensión más humana a la que pasa por villana de la historia.
Un problema de Vaselina
es que las personalidades de los secundarios no llegan a desarrollarse. Es como
si se temiese que puedan superar a la pareja protagónica, aunque hay escenas
que son totalmente Danny-Sandy. Me
refiero a momentos como la competencia del prom que demuestra lo magnifico bailarín
que era Travolta aun sin música disco.
Danny Zucco fue
la última interpretación de un greaser para el actor en Los 70s. Por
suerte, John Travolta se negó a ser encasillado.
Su próximo gran éxito lo tendría dentro de otra tribu urbana, y otra música que
ya había hecho furor en la década. Me refiero a Urban Cowboy y la música
country. Hablaremos de eso la próxima semana, si D-s quiere.
BIBLIOGRAFIA
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