Hasta Peacock se
ha metido en el cuento de espías en La Guerra Fria (los más entretenidos) y
este invierno nos trae un relato situado a fines de Los 70, en Moscú, donde dos
viuditas de agentes de la CIA deciden meterse en el mundo del espionaje. Entretenida,
chistosa (sin ser comedia), nos da una oportunidad de ver a la Khaleesi (Emilia
Clarke) con su look natural de cabello oscuro y en un rol diferente.
Emilia en Moscú
Hace unos días me
encontré en YT con una reseña rusa de esta serie. Gracias a ella supe que el
público de la ex USSR estaba escandalizado con un retrato de (que ellos
consideran falso) de la vida en Moscú a fines de los 70. Tan escandalizados
como los franceses con Emily in Paris. Ahora entiendo porque en ciertos sitios
la llaman a Ponies “Emilia in
Moscow” Me niego a debatir este punto. Sé que, aunque la serie presenta
falencias, no son estas el retrato de una sociedad semi cerrada a los lujos de Occidente,
o una descripción de la KGB como un nido de personajes siniestros.
Estamos en diciembre
de 1976, la Guerra Fria parece haberse apaciguado, y Beatrice “Bea” Grant (E.
Clarke) ha venido a Moscú con su esposo que trabaja en la embajada
estadounidense. Bea también trabaja como secretaria del atache cultural. Graduada
de Wellesley con una especialidad en literatura rusa, Bea es bilingüe (le ganó
a Mrs. Maisel aunque también demuestra porque Wellesley
es mejor que Bryn Mawr).
Bea adora a su
marido, y no cuestiona un trabajo que sabe encubre la identidad de Chris como
agente de la CIA. No se queja cuando él llega manchado de sangre de otros, pero
la deprime que la calidad de vida moscovita sea tan mala, su empleo tan
mediocre, y que no pueda hacerse de amigas en la comunidad de esposas
americanas en la Unión Soviética.
Una mañana en que
Bea discute el precio de los huevos con una babushka en el mercado ,
viene en su ayuda Twila Hassbeck (Haley Lou Richards de The White Lotus),
otra esposa de otro agente de la CIA. Twila es lo opuesto a Bea. No tiene
estudios, no es de clase acomodada, siempre ha luchado por lo poco que tiene.
Se embarazó de un
soldado que conoció en una base de la
fuerza aérea de Indiana. Con eso consiguió marido y un pasaje de salida de la
miseria. Solo que el embarazo se malogró y el matrimonio no funcionó. Twila ha
estado en Estocolmo separada de Tom, pero atada en un matrimonio sin amor. El marido
la ha hecho venir a Moscú ya que una esposa da apariencia de respetabilidad.
Los matrimonios
de ambas mujeres acaban una noche en que, en medio de una fiesta de Nochebuena
en la Embajada, Twila y Bea son llevadas por Dane Walter (Adrian Lester), jefe
de la CIA en Moscú, a un baño de varones para enterarse que sus esposos han
muerto en un accidente de aviación. Sin mayores explicaciones, ambas son
empacadas de regreso a Estados Unidos.
Bea vuelve a casa
de sus padres en Rhode Island. Como le cuenta a su abuela (Dame Harriet
Walters), no se haya, no sabe qué hacer y solo tiene un deseo: descubrir que
ocurrió realmente con Chris. La abuela
Manya―una sobreviviente de Auschwitz―le dice que a veces es mejor no saber.
Twila y Bea se reencuentran en Washington en una paupérrima ceremonia de recordatorio de la muerte de los agentes. Intercambian palabras y Twila menciona que su esposo le dejó un departamento en Moscú y que planea volver a la Unión Soviética. A Bea se le ocurre acompañarla y así investigar lo que ocurrió con sus maridos.
Emilia en MoscúEspías
Inesperadas
Logran convencer a Dane (y este a George Bush, entonces presidente de la CIA) de que es una buena estrategia trasladar a estas Ponies (persons of no interest) a Moscú ya que bajo la tapadera de empleos insignificantes puedan servir de espías. Sobre todo porque nunca han tenido agentes femeninas en el frente ruso y la KGB no va a sospechar de ellas.(“Cuando nos ven los hombres solo quieren follarnos o casarse con nosotras” explica Twila).
Ya en Rusia, Bea
se vuelve inútil. Aparte de cumplir con sus labores de secretaria, se la pasa
en la cama llorando y mirando la foto de Chris. En cambio, Twila ha descubierto
que su marido escondía en un parlante una radio con la que se podía comunicar vía
Morse; ha contratado los servicios de una contrabandista y ha salido a cenar
con Dane haciendo creer a la KGB que son amantes. Así conoce al peligroso
agente Andréi Vassiliev (me costó reconocer a Artjom Gliz, rubio y con pelo
liso, muy diferente a su look en Das Boot y
en Charite at War)
Dane les ha
encargado a las agentes contactar a “C. K. Solar” un individuo que posee
información. Para encontrarlo una de ellas debe usar una contraseña y entregarle una
copia de Anna Karenina con instrucciones adentro. El encuentro es en un bar, y siendo Bea la
que habla ruso le toca a ella entrar. Twila queda afuera vigilando
Bea actúa como si
estuviese en un filme de Jerry Lewis, aborda al parroquiano equivocado para
luego no reconocer a Solar hasta que este llega a su mesa, y gasta tiempo
platicando con él. En el exterior, Twila es acosada por un borracho, por eso se
pierde cuando Vassiliev entra en el local.
Solar si nota la
llegada de un individuo que puede ser de la KGB. Alerta a Bea para escapar,
pero la ex Madre de Dragones es torpísima, derrama un vaso y casi vuelca una
mesa atrayendo la atención de Andréi que se acerca y pregunta su nombre. Bea
dice llamarse Nadia y ser maestra, pero el agente nota algo extraño en ella.
Desesperada, y
para socorrer a su amiga, Twila no encuentra otra solución más que quemar el
bar. Bea logra escapar, pero está molesta por como su compañera ha escogido
gritar “İDracarys!” antes que elegir un modo menos violento de rescatarla. A mí me molesta
la actitud de Bea a la que le hace coro Dane, pero a solas, el jefe felicita a Twila por su ingenio y rapidez de
acción en momentos de crisis.
Dane se da cuenta
que Bea es más débil y emocional, y no parece comprender que su trabajo exige
ensuciarse las manos, esa es su debilidad. En cambio, la flaqueza de Twila es
que se cierra a otras personas y no las invita a confiarle sus secretos, eso no
es bueno para una espía que debe recolectar información. Decide asignarles a
ambas un par de misiones que serán también cursos de entrenamiento.
Curso de Espionaje
Express
Twila trabaja
para Shep, un diplomático bastante relajado que ya tiene secretaria, la
eficiente Cheryl. Aun así es a la nueva a quien le pide que atienda a un amigo.
Se trata de George Tollman, representante de la Coca Cola en Europa. Twila debe
ir a cenar con él. A pesar de que Cheryl se les pega, puesto que Twila no sabe
ruso, la noche es un éxito.
Twila conmueve a
Tollman con la historia de su romance, matrimonio y viudez. No la verdadera
sino la de Bea. Su interlocutor queda tan encantado que solicita volverla a
ver. Con ayuda de Ivanna, la
contrabandista del mercado, Twila encuentra una discoteca muy hip y lo están
pasando pipa cuando llega Bea a interrumpirlos ya que tienen otra misión para Las
Ponies.
En el interim, a Bea
no le ha ido muy bien. Le han asignado un entrenador, el francés Jules. A la
poliglota Bea no le cuesta mucho descubrir que no es francés ni se llama Emile.
Mas adelante nota el numero tatuado en el brazo del falso Emile quien admite
ser sobreviviente de Buchenwald y Auschwitz. Bea confiesa ser descendiente de
sobrevivientes, su abuela y su padre. Jules le recomienda seguir el ejemplo de
sus parientes y aprender a sobrevivir.
El curso de
sobrevivencia abarca meterse en el departamento de Sasha (C.K. Solar) para ver
si es confiable o un doble agente. Bea está llena de remilgos, pero lo hace
metiendo tanta bulla que alerta a Sasha que está en casa. La atolondrada espía
debe saltar desde un quinto piso hasta un basurero para poder salir. Llega a su
departamento, cansada y enojada, pero la espera otra sorpresa. Un teléfono rojo
oculto en su closet suena y al responder escucha la voz de Andrei Vasiliev que
la invita a salir.
Descubrir que el
teléfono ha sido plantado por Walter Dane es la última gota y Bea decide
renunciar ante el enojo de Twila. Las razones para que Bea recapacite su
decisión son ambiguas, no así su carrera de espía que la tendrá de romance con
Vasiliev, un individuo muy peligroso, puesto que, fuera del horario de trabajo,
anda matando prostitutas y chantajeando a gente importante.
Twila se verá
involucrada en su propia cruzada para descubrir al asesino serial (algo
inconcebible en la Union Soviética) y a la vez enfrentar la duda de si su
marido trabajaba para los rusos. La trama se complica con la necesidad de
descubrir a un personaje cuyo rostro e identidad desconocen y solo saben su
apodo: Caterpillar (oruga). Entre tanta actividad peligrosa, el humor lo ponen
las tareas cotidianas de las viudas que nos llevan a conocer los entretelones
de la vida de los empleados en la embajada.
Ponies es mucho más verídica que la mayoría de
los dramas de época y muy ordenada en su cronología. La trama se desarrolla
entre diciembre de 1976 y julio de 1977 para coincidir con el incendio de la embajada
de Estados Unidos que es un suceso real, tal como la infiltración de agentes de
la KGB disfrazados de bomberos. El resto es ficticio por supuesto. Aunque el
argumento a veces exige mucha mente abierta ante situaciones inverosímiles, la
única licencia histórica es que el concierto de Sir Elton John tuvo lugar en Moscú,
pero en 1979.
La serie se
esmera (más que otras) en crear atmosfera de época. Filmada en Budapest, se
siente en un universo eslavo. Por otro lado, quienes vivimos en esa época
apreciamos la atención al detalle que va desde el uso del shampoo “Geez Your
Hair Smells Terrific” hasta la banda sonora (tan importante que cada episodio
ha sacado el título de un hit parade de 1977). Es un lujo poder escuchar en la
misma serie a Blondie, Electric Light Orchestra y por supuesto, Elton.
La trama puede
ser enredada, pero nunca aburre. Se sucede sorpresa tras sorpresa y hay un uso
exacto del bathos , la transición de lo serio y emotivo (pathos) a la
comedia slapstick y viceversa. Recordemos que uno de los escritores/productores
es Susanna Fogel, la creadora de The Spy Who Dump Me. Aun así, me han
impresionado los personajes, muy complejos y muy completos.
Mención aparte el
vestuario y peinados. Yo en la UNIS tuve una amiga que se peinaba, vestía y
caminaba como Twila. En cambio, no hay peinado que use Emilia que no probase yo
en ese entonces, tal como media docena de las prendas de su guardarropa.
Agradezco que a
diferencia de otras producciones que tienen lugar a fines de los 79s, no hubo
abuso de minifaldas. En 1977 nadie las usaba. Se entiende que le hayan puesto
una micro mini a Evie para la fiesta de San Patricio porque había que destacar
que era joven y sexy.
En cambio el
minivestido que Bea usa para hacer las paces con Andrei fue un toque excelente.
Se ve viejo, arrugado probablemente una prenda perdida en su guardarropa que
uso hace un tiempo, típico vestido de comienzos de los 70 mini y colorinche.
Algo vulgar, pero sexy que excitase el interés masculino.
Después de tanto elogio es necesario señalar los defectos. Como espías, las Ponies son la chambonearía misma. Twila es tan torpe y atolondrada que llega a matar a una viejita accidentalmente. Bea es peor, es llorona, histérica (“estoy pensando que te gusta el drama” le dice Andrei ), rencorosa, puritana, sermoneadora y, como le chilla Twila, se cree superior a los demás.
Eso se debe a que
nuestra amada Khaleesi representa un estereotipo que hoy ya dejó de existir Es
una representación de la famosa JAP (Jewish American Princess) así que
comprendo todos sus incoherencias, exabruptos y salidas de madre. En general,
la serie es mitad comedia, mitad tragedia, mitad cuento de espionaje, sin
olvidar su aroma chick lit, exige que aceptemos situaciones locochonas y
inverosímiles, pero al final satisface como otros cuentos de espionaje no lo
logran (The Agency anyone?)
Contenido
Violento y Gory: Hay
muertos por todos lados, cortesía de Andrei Vasiliev, un artista de las
puñaladas, pero no hay imágenes graficas. Lo más perturbador es cuando Vasiliev
acuchilla a una mujer con la que está haciendo el amor. Pero en términos de
violencia verbal se lleva la palma su
interrogatorio de la abuela Manya cuando enumera todos los horrores que la
esperan en Lefortovo, la famosa prisión moscovita donde estuvieron encerrados
Roul Wallenberg y Nathan Sharansky.
Contenido
Sexual y Desnudos: Aunque
hay escenas sexuales, no hay ni mucho detalle ni desnudos. Excepciones son los
videos de personajes importantes que la KGB (y Andrei) chantajean. Y algunas
escenas de un spa/sauna. Ahora, en mi humilde opinión la escena de sexo más erótica
(y hay tan poco de eso en la pantalla en estos últimos tiempos) es cuando
Andrei y Nadya/Bea tienen sexo por primera vez.
Factor
Feminista: Un momento
conmovedor es cuando Roy le pregunta a Twila por qué quiere investigar el
asesinato de una mujer anónima y la viuda le responde :”Porque yo soy una mujer
anónima”. Para ser una historia situada en los 70, Ponies no está llena
de discursos feminazis, ni situaciones en las que se ponga a los hombres como
el sexo villano por excelencia y sin embargo, es una fábula de empoderamiento
femenino.
Lo más feminista
es como un par de Ponies llegan a ser agentes de la CIA y, aunque un poco
aturdidas e insubordinadas, buenas espías. Todo gracias a que son vistas como
mujercitas insignificantes, tanto por los rusos como por sus propios
compatriotas.
Es interesante la
exploración de la mujer moscovita que para tener poder debe o ser prostituta o
contrabandista, y ambas son profesiones arriesgadas. Mención especial a la
abuela Manya que también se mete a espía por ayudar a la nieta.
Factor
Diversidad: Spoiler: una
de las Ponies tiene su primera experiencia lésbica en Moscú. Walter Dane es
negro y gay. Como le explica a Andrei, esa es la razón por la cual lo han
exiliado a Moscú, el puesto más indeseable de la CIA. Bea, su abuela y Emile
son judíos.



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