jueves, 24 de junio de 2021

¡Mujeres y Niños Primero!: La obsesión con el Titanic en la cultura popular

 


En el 2022se celebrarán 110 años del hundimiento del Titanic. ¿Creen que habrá algún homenaje en el mundo de la ficción audiovisual? ¿No se ha dicho todo sobre la tragedia del trasatlántico? ¿O todavía el drama naviero captura la imaginación popular? A juzgar por todas las versiones fílmicas y televisivas creadas por un siglo de asombro ante la destrucción y la pérdida de vidas provocada por un misero iceberg y por el egoísmo humano, hay tema para mucho. Entretanto revisemos los relatos del pasado, sus virtudes y defectos y elijamos nuestro favorito.

Todavía no se recuperaba el mundo de; shock del hundimiento de un barco considerado imposible de naufragar cuando una de las sobrevivientes, la actriz Dorothy Gibson ya estaba ante las cámaras en un ejercicio de autorreferencia titulado “Salvada del Titanic”. Ese mismo año, mientras Tin Pan Alley sacaba al mercado canciones como “My Sweetheart Sank with the Titanic” y Joseph Conrad preparaba un cuento sobre el naufragio, en Alemania se hacia una versión dramatizada del hundimiento utilizando el barco emperatriz Augusta Victoria como modelo del trasatlántico. Descubierta recién el ’98, esta película no tiene mayor mérito que su antigüedad.



Lo extraordinario es que en Hollywood no se atreverían con el tema sino hasta los ‘50. Mucho se habló de que Hitchcock dirigiría una versión del famoso desastre marítimo en 1938, pero nunca llegó a suceder. No es que el hundimiento del Titanic hubiese sido olvidado. En su famosa pieza teatral Cavalcade, Sir Noel Coward elige ese suceso para la muerte de una pareja recién casada. Este episodio en que Edith y su marido pasan su luna de miel en el Titanic seria recreado en la versión fímica de 1933.




Como “Cabalgata” sería un punto de referencia para otras sagas familiares en el marco de los primeros treinta años del siglo XX, es natural que la tragedia sea mencionada y juegue un rol importante en las vidas de los Bellamy de “Upstairs. Downstairs” y los Crawley de “Downton Abbey” pero ya hablaremos más de esto cuando les toque el turno en esta investigación cronológica del Titanic en la cultura fílmica.

El Titanic Nazi

Para todos los efectos, el primer filme que dramatiza los hechos ocurridos en esa noche de abril del 1912 es un producto nazi, “Titanic” del 1943. Esa es una de las muchas ironías de este filme seminal que Joseph Goebbels a casi treinta años de la tragedia decide convertir en una epopeya/disaster film que emule escenas de algunos de sus productos hollywoodenses favoritos como el terremoto de “San Francisco” y el incendio de Atlanta en “Lo que el viento se llevó”.

Pero como el Ministro de Propaganda no daba puntada sin hilo, su “Titanic” debería ser una digna compañera de otros filmes históricos nazis que enfatizaban la perfidia de los ingleses como “Ohm Kruger” y “El zorro de Glenarvon”. El hincapié en la codicia y arrogancia del mundo angloparlante y el rol que jugaron en el hundimiento del trasatlántico se convertirán en un leitmotiv de las versiones posteriores. Una ironía es que tengan que ser los nazis en señalar el papel que el clasismo anglo determinó el destino de las víctimas del naufragio.



Otro aporte de este prodigioso filme es presentarnos al gran villano de la leyenda titánica, Bruce J. Ismay director de la línea naviera White Star que construyó el Titanic y quien sobreviviera el naufragio provocando controversia, crítica social y rumores sobre cómo había sobrevivido a pesar de que muchos otros pasajeros murieron por no tener un espacio en el bote.

En la película nazi, Ismay es un especulador que por una apuesta obliga a al capitán Smith a acelerar la llegada a Nueva York en un tiempo récord a pesar de lo poco aconsejable de hacerlo de noche y en un mar salpicado de icebergs. Eso pone a Ismay en colisión con el oficial primero Jorgesen (alemán, por supuesto). Durante el desastre vemos a Ismay suplicando por un puesto en los botes. Petersen se lo da, pero nada más para que Ismay responda por su crimen. Tal como en la vida real, la investigación conducida por el Senado de Estados Unidos exonera a Ismay. No así la prensa de la vida real ni las posteriores versiones de la pérdida de su barco estrella.

En el filme nazi la codicia de ismay es comparable solo con la del arrogante y esnob John Jacob Astor con quien hace apuestas sin importarles como afecten tanto al navío como sus pasajeros. Astor muere ahogado, pero después que le niegan un puesto en los botes ya que estos están reservados para mujeres y niños. En la vida real Astor solicitó un puesto para poder acompañar y auxiliar a su esposa que estaba en el sexto mes del embarazo, pero al saber que los hombres no tenían prioridad, no insistió aceptando su destino con gran dignidad.



En el filme, Mrs. Astor es una esposa trofeo de estrecha cintura a la que su esposo descuida casi criminalmente ya que la cree teniendo un affaire con un tal Lord Douglas. Solo monta en colera cuando cree que una famosa joya que le ha regalado a su esposa ha caído en manos de Douglas. En realidad, la joya (precursora del diamante azul de la versión Cameron) ha sido sustraída por el ladrón de guante blanco, Tomás Mendoza. Aquí por primera vez entra este personaje que puede ser un criminal que se inmiscuye entre la elite o simplemente alguien que no pertenece al mundo de los pasajeros de Primera Clase.


                       Los Astor según el cine nazi

Otra pauta que impuso el Titanic nazi fue convertir la catástrofe en un filme romántico, y vaya que hay romances. El primero es el romance bajo cubierta entre miembros menos privilegiados como lo son Heidi, la manicurista, y Franz,  el violinista. Ella se salva. El.. ya sabemos lo que pasó con los músicos del Titanic.

A pesar de que, en la vida real, Ismay era casado y padre de familia, para hacerlo más repelente lo hacen viajar con su amante Gloria la que le tiene prometido bodorrio apenas pisen Nueva York.  En el medio del viaje, Ismay descubre que han caído sus acciones. Motivo que lo hace apuntar proa a otra cama, la de la mujer más rica del barco, la baronesa báltica Sigrid Olinsky. Esto convierte a Ismay en rival de amores de Petersen, que en el pasado amó a la Olinsky que le rompió el corazón.



interpretada por Sybille Schmitz, una de las estrellas de Babelsberg (el Hollywood nazi), Sigrid luce una melena retinta y posee el nivel de discurso de mujer mundana y ajada que tipifica la femme fatale, pero es la única persona decente del filme. Ama a Petersen, pero sabe que son de mundos diferentes. Petersen tiene una premonición que el llevar el barco a la velocidad exigida por Ismay invita a un accidente. Suplica/exige a Sigrid que acepte los requerimientos de ismay para convencerlo de olvidar su apuesta. Incluso añade cínicamente que si los encantos de la baronesa no bastan que lo “ compre”. Como héroe el Petersen se me cayó totalmente.





A pesar de que Sigrid también recibe un telegrama (los llamaban Marconi) que la informa de que su esposo ha sido enviado a Siberia y que el Zar ha confiscado su fortuna, intenta disuadir en vano a Ismay de su atolondrada apuesta. Al final, cuando está ayudando a mujeres y niños a subir al bote, Sigrid se atreve a confesarle su amor a Petersen: “soy tan pobre como tú’. Solo ahí el patán le encuentra sitio en un bote.

No me sorprende que un héroe nazi sea tan machista, tal como no me sorprende que mientan sobre John Jacob Astor y su matrimonio. Los Nazis no eran amigos de la verdad. Incluso su visión de la Tercera Clase corresponde a un régimen totalitario y racista. Siempre nos dan pena los pobrecitos irlandeses e italianos que fueron los primeros en ahogarse, pero aquí esa multitud de individuos con rasgos eslavos o mediterráneos son visto como una turba de maleantes indisciplinados.

Sigrid Olinski lucirá como una femme fatale, pero es una Magdalena arrepentida. En cambio, en Tercera tenemos una especie de sensual gitana que ejecuta una danza mitad tango, mitad flamenco, mitad    fox- trot y que provoca una riña entre amigos que se la pelean.  Uno de ellos es encerrado en una cabina. Al final, el amigo libre se da cuenta que la amistad está por encima de gitanas curvilíneas y va, chapoteando por pasillos (ecos de Rose rescatando a Jack) a salvar a su amigo preso.

                   La gitana voluptuosa

El Titanic nazi realmente hizo escuela con sus imágenes de botes que se voltean, niños abandonados que aúllan “¡mamaaaa!” y oficiales disparándole a los proletarios para impedirles que alcancen los botes. Recientemente vi esta película completa, y coloreada y quedé impresionada. No es tan mala como parece y si se superan las ideas y mentiras nazis, es hasta entretenida. Los decorados lujosísimos, igual que el vestuario, si se parecen a las fotografías del interior del trasatlántico. Se gastó el equivalente de quince millones de dólares de hoy día, la mayor cantidad gastada entonces en un filme alemán y tomó dos años acabarla, pero el rodaje estuvo plagado de problemas.

Filmada a bordo del barco Cap Arcona, parte de la filmación se produjo en Gotenhafen (hoy Gdynia) en el  Báltico y se contrataron como extras a soldados de la Wehrmacht y la Kriegsmarine. Felices de alejarse del frente, los bravos militares se emborracharon y comenzaron a hacer destrozos y a perseguir a las extras. Esto provocó la ira del director Herbert Selpin que se expresó de manera insultante de las fuerzas armadas. Goebbels lo hizo arrestar y como Selpin no se retractó, al día siguiente lo encontraron en su celda ahorcado. O como se decía entonces “fue suicidado por la Gestapo”.



Con nuevo director, el filme por fin estuvo listo para presentarse al público, pero el horno no estaba para bollos. En 1943, la victoria alemana ya no parecía tan fácil. Las ciudades alemanas vivían bajo bombardeos Aliados, en Rusia, el ejército soviético andaba correteando a las tropas alemanas. Los Aliados habían desembarcado en Sicilia. El filme ya no solo era una fábula en contra del capitalismo Anglo, sino sobre gente huyendo aterrorizada hasta el punto de no poder confiar en la autoridad. A Goebbels se le ocurrió que esta película era muy deprimente y que un personaje como Petersen tan dispuesto a enfrentarse a los poderosos para proteger al pueblo podía ser un modelo peligroso. “Titanic” nunca fue presentada en Alemania, aunque si se la vio, con moderado éxito, en Paris y Praga.



El Titanic nazi tuvo un triste epilogo con el hundimiento del barco donde se filmó el desastre. En la primavera del ’45, el Cap Arcona comenzó a ser utilizado para evacuar gente de campos de concentración para evitar que fuesen liberados por los rusos y los ingleses que ya estaban en Alemania. A fines de abril, se cargó el barco con cinco mil prisioneros de diferentes nacionalidades. El Cap Arcona junto a otros barcos en la Bahía de Lubeck tenían un propósito cumplir las órdenes de Himmler de no dejar a ningún prisionero vivo.

Los prisioneros fueron mantenidos ahí por días sin alimento ni atención médica. Una lancha venia diariamente a repartir agua y retirar muertos. Cansados los SS que manejaban el barco esperaban que hubiese un final más rápido y se creía que vendría la Luftwaffe a hundir los barcos. los que llegaron fueron los cazas de la RAF. Los SS les dispararon para luego subirse en sus botecitos y huir. Los cazas lanzaron bombas incendiarias. Sin botes ni chalecos salvavidas, los detenidos murieron sofocados, achicharrados o de balazos de la SS cuando intentaban nadar hacia la playa. Solo 50 sobrevivieron. Esta historia merece un filme propio, pero de eso hablaré la próxima semana.

                El Cap Arcona

Las Soap Operas de los 50

Pasarían diez años de la no-premieres del Titanic nazi antes que Hollywood se interesase en el desastre marítimo. Después de una cruenta guerra mundial salpicada de naufragios y pérdidas de vida, el cine de los 50 no estaba para fabulas morales donde los privilegiados eran castigados por codicia e irresponsabilidad.

“Titanic” (1953) entonces se convirtió en una soap opera escapista donde la tragedia marítima es mero telón de fondo para una cursi soap opera. Esta versión de 1953 que enfurecería a los sobrevivientes del Titanic echó manos de las pautas impuestas por la versión nazi desde la combinación de personajes reales con náufragos ficticios hasta robarse un par de clips de la blockbuster de Goebbels. Después de todo el filme alemán descollaba en lo que se refiere a efectos especiales.



Julia Sturges (Barbara Stanwyck) cansada de ser la esposa-trofeo de Richard Sturges (Clifton Webb) intenta huir en el Titanic con sus dos hijos. Su esposo la sigue al barco y aunque le da su libertad insiste en llevarse a los niños, la adolescente Annette y Norman de 10 años. Julia le revela que Norman es hijo de un amante que tomó hastiada de la indiferencia de Richard.



Durante el viaje Anentte inicia un romance con el tenista Giff (Robert Wagner). Llega el iceberg y Julia y Richard se reconcilian, pero él caballerosamente pone a su familia a salvo. Giff ve que el bote donde va Annette está a punto de caer al mar de punta, al intentar repararlo, el tenista también cae al agua y es rescatado por un bote salvavidas. Norman cede su asiento a una anciana y va en busca del hombre que cree su padre. Ambos perecen en el naufragio.

                        Annette (audrey Dalton) y Giff

Aunque ganó un Oscar por mejor libreto, este Titanic no es muy memorable. Se hizo más que nada para demostrar que Clifton Webb podía hacer roles serios, pero la historia era demasiado melodramática opacando la realidad a pesar de incluir personajes reales como los Astor, Henry Widener y a Molly Brown a la que por alguna razón le pusieron Maud.

                     Los Sturges se ponen sus chalecos salvavidas

Dos años después del debut de “Titanic”, Walter Lord publicó A Night to Remember. Siendo el primero en escribir sobre el tema Lord no esperó convertirse en autor de superventas, pero la fidelidad histórica  y su investigación que lo llevó a entrevistar a los sobrevivientes atrajo al público lector. En 1958, los ingleses llevaron el libro a la pantalla.



Fue el primer filme que vi sobre el Titanic y no recuerdo nada. Solo los efectos especiales, pero no quedó en mi mente ningún personaje ni ficticio ni histórico. Del reparto solo recuerdo a Sir Kenneth More a quien ya conocía por “La saga de los Forsyth”.  Pero no recuerdo haberme interesado en Benjamin Guggenheim, o en la devoción del matrimonio Strauss ni en la codicia de Ismay al que no mencionan por nombre solo como “the Chairman” ni de Lord and Lady Richard que en realidad eran los Duff Gordon, pero a los que se les cambió de nombre por temor a una demanda.

A Night to Remember” destaca por efectos especiales, por la pulcritud del detalle técnico, pero falla en el argumento. Fue un éxito entre críticos y un fracaso de taquilla. Su estilo, que hoy calificaríamos como de “docudrama”, entonces era desconocido y no gustó. Sin embargo, James Cameron le haría el mejor homenaje, copiando muchas de sus escenas en su epopeya de 1997.



En “Titanic” del ’53, Thelma Ritter había dado vida a Molly Brown, bajo el nombre de Maud Young. En “A Night to Remember” Tucker McGuire es conocida como “Molly Brown” nueva rica, pionera del Viejo Oste cuyo marido hizo su multimillonaria fortuna en las minas de Nevada. Este personaje es el más celebre de todos los habitantes del universo del Titanic,. En la década de los 60, Tammy Grimes ganará un Grammy por interpretarla en “The Unsinkable Molly Brown, y Debbie Reynolds, en 1964, será nominada para un Oscar por el retrato de esta valerosa dama que, a pesar de sus millones, se la pasó ayudando, durante y después del naufragio, a los menos privilegiados del barco.



Los Años de la Poseidón

La Era de los 70 tuvo un vago interés en el trasatlántico hundido debido al auge de filmes de desastre como “La Aventura del Poseidón” basada en una novela de Paul Gallico. Esta historia no relataba un naufragio sino la zozobra de un grupo de gente a la que un tsunami deja atrapada en un navío de crucero que ha volteado.



Otro motivo para recordar el naufragio era una fascinación con todo lo relacionado con la era Eduardiana. Fue así como, en 1971, el nombre del Titanic entró en Eaton Place al mundo de” Upstairs Downstairs”. La Tercera Temporada de la aclamada serie inició con el episodio “Miss Forrest”. Lady Marjorie está preparando un viaje a Nueva York para visitar a su hija Elizabeth. La acompañará su hermano Hugo. Aprovechando que será el viaje debut del célebre Titanic, Hugo decide convertirlo en luna de miel para él y su nueva esposa (la madre de Georgina Worsley).

                             Lady Marjorie se dispone a zarpar en el Titanic

Ocupada con los preparativos, Lady Marjorie enfrenta otro problema. Su esposo Richard ha contratado una secretaria llamada Miss Hazel Forrest. Los criados están incomodos porque no saben cómo tratar a Miss Forrest que no es criada, pero tampoco una dama. Mas problemático es que James, el mujeriego hijo de los Bellamy, ya le ha echado el ojo a la guapa secretaria. Marjorie le exige a su marido que despida a la Forrest. Richard se niega y Los Bellamy se separan enojados. Al final del episodio, Richard recibe un telegrama que le avisa del hundimiento del navío.

                 Miss Forrest es la manzana de la discordia

El próximo episodio titulado “A Divided House’ tiene un pandemonio en Eaton Place ya que Lady Marjorie no aparece en la lista de sobrevivientes ni tampoco aparece su cadáver. Quien aparece en la entrada de servicio es Miss Roberts, la doncella de Lady Marjorie quien viajaba junto a su ama. Roberts está catatónica, no se le puede sacar palabra como tampoco quitarle el joyero que su señora le confió.

                         Miss Roberts, la sobreviviente

Le toca a Hazel Forrest ganarse la confianza de la doncella, y con ello la de toda la casa. Aparentemente, Lady Marjorie y Roberts estaban a punto de ingresar a un bote cuando apareció la proverbial niñita llamando a su madre. Lady Marjorie acomodó a su doncella en el bote y fue en busca de la madre. Fue la última vez que se la vio.

                      Miss Forrest convence a Roberts que abran el cofre rescatado de las aguas

La muerte de Lady Maryorie y su hermano tuvieron repercusiones en toda la serie. James heredó la casa lo que lo puso en conflicto con su padre. La muerte de su madre permitió a James cortejar y casarse con Miss Forrest para hacerla infeliz para siempre. El hundimiento del Titanic dejó a Georgina huérfana lo que la llevó a la chica formar parte de la Familia Bellamy y dio la libertad a Richard de casarse (años más adelante) con la viuda Virginia, que siempre me pareció mejor esposa que Lady Marjorie.

                   La merte de su madre permitió a James casarse con la secretaria

Fue al final de esa década de desastres en pantalla que fueron éxitos de taquilla que a NBC produjo un telefilme que después de la versión Cameron, es para mí lo mejor del subgénero Titanic. En septiembre de 1979 yo vi el debut de “S.O.S Titanic”. La grandeza de esta gema olvidada no yace ni en sus efectos especiales, ni en  teorías que expliquen esta catástrofe ni siquiera en sus actuaciones y eso que en un filme donde coactuan David Warner, Sir Ian Holm, y Dame Helen Mirren (años antes de hacerse famosa) si se puede hablar de buenas actuaciones. El único desacierto fue Cloris Leachman que hizo un mal trabajo actoral en su interpretación de Molly Brown.

                    Cloris Leachman como Molly Brown

La grandeza de este telefilme está en su contenido romántico, confirmando lo que había impuesto a versión nazi de que lo realmente importante es como el amor nace o se reafirma al borde del abismo. El filme se enfoca en las tres clases sociales del trasatlántico, pero no para darnos una denuncia sobre el arribismo del Titanic que llevó a salvar a los ricos sacrificando a los pobres, sino para mostrarnos como hay algo en un viaje por mar que invita al romance (recordemos que estos son los años en que “El Crucero del Amor” hace furor en la televisión)

Los irlandés de Tercera Clase no se ven como gente hambrienta y miserable. por el contrario, son alegres osados y muy dados al amor. El gran romance es entre el soñador James Farrell y una joven de largos cabellos que aparece y desaparece como un fantasma o un hada. Hasta que la vemos en un bote salvavidas no sabemos que es un ser de carne y hueso.



En Segunda Clase tenemos un amorío de viaje entre dos educadores. Ellos son el Profesor Lawrence, Beesley, personaje real interpretado por David Warner y la maestra solterona americana Leigh Goodwin. Este personaje ficticio fue interpretado por Susan St. James. El romance es muy inglés, muy intelectual, la pareja funge de testigo y observadores sociales. Mas que darse besos se la pasan discutiendo el sistema inglés de estrictas clases sociales y cuan valedero es en el mundo moderno. En un momento deciden llevar su amor de cubierta a la alcoba, pero ella lo detiene con la sensata observación de que los romances a bordo acaban llegado a puerto.

                       Un romance de maestros en la cubierta del Titanic

Curiosamente, en una de las escenas editadas de la versión original, ambos se reúnen en la cubierta del Carpathia y comentan el survivor guilt de Beesley quien se compara con Ismay que acaba de huir del naufragio, pero a quien los remordimientos han provocado un colapso nervioso. Leigh insiste en que el que su compañero haya sobrevivido fue accidental y en nada se compara a la cobardía del director de la línea naviera. Beassley volvería a aparecer en la versión Cameron, pero sin interés romántico tal como aparece David Warner como el siniestro Spicer Lovejoy, mayordomo y sicario del siniestro millonario Caledon (Billy Zane).

                   Rescatados por el Carpathia

Ismay retratado por Ian Holm es visto en “S.O.S. Titanic” tal como en la versión nazi como un especulador irresponsable que contrasta con el cabal y comprometido Thomas Andrews (Geoffrey Whitehead) diseñador del buque. Creo que es la primera vez que aparece este personaje en el género y memorable es su escena (casi idéntica la versión de Cameron) en que contrito por los errores cometidos en la construcción del Titanic se niega a salvarse a pesar de los ruegos de la jefa de camareras, Mary interpretada por una jovencísima Helen Mirren. Será Mary quien lance una mirada de reproche sobre el cobarde Ismay cuando este se escabulla del naufragio escondiéndose en el bote donde viaja la camarera.


                             Mirada de reproche al cobarde Ismay

Hubiese sido interesante inventarle un romance a Andrews con Mary, pero si algo abunda en este relato son los romance. Eso hace más emotiva la frase de un personaje ficticio) de que hay tanto amor en el aire que desearía que el viaje nunca acabase.

Fue en ese domingo de septiembre que por primera vez conocí la historia de amor de Los Astor, que nada tiene que ver con las calumnias del filme nazi. David Jansen le aporta dignidad y ternura al rol del Coronel John Astor, veterano de la guerra del ’98 e hijo de una de las familias más aristocráticas y antiguas de Estados Unidos. Tras años de matrimonio y varios hijos, Astor escandalizó a la sociedad neoyorquina divorciándose y casándose con Madeleine Talmadge de buena familia, pero de solo 18 años (casi 30 menos que su marido).

                         Los enamorados Astor

Los recién casados huyeron a Europa para alejarse de los chismes, pero el embarazo de Madeleine los hizo regresar ya que esperaban que el nacimiento del niño en suelo americano acallase las habladurías.  David Jansen tenía la edad de su personaje cuando murió, pero se le vio un poco avejentado y cansado (solo le quedaba un año de vida) lo que le otorgó su personaje un aire de desorientación ante los cambios que afectaban su existencia a pesar de la felicidad que le aportaba su mujer, Beverly Ross, que realmente parecía una adolescente enamorada.



Aunque la muerte de Astor y la desolación de su esposa que lo sobreviven nunca fue tan bien capturada como en esta versión, mi pareja favorita sigue siendo la de Ida y Nathan Strauss. Acabo de descubrir que Los Strauss aparecieron por primera vez en la versión alemana de 1912, posiblemente porque ambos eran alemanes. No aparecieron en la versión nazi porque para el Tercer Reich ellos ya no eran alemanes.

Isidor Strauss era congresista por Nueva York y el fundador y dueño de la tienda de departamentos Macy’s. Aun así, tenía tiempo para dedicarle a su esposa y a sus siete hijos. Los Strauss regresaban a Estados Unidos después de haber acompañado a su nieta que iba a estudiar en Alemania. Cuando ocurrió el naufragio, la anciana Ida fue escoltada al bote por su marido y su doncella Ellen. Al llegar a este, ida se quitó su capa de pieles, envolvió en ella a Ellen y la acomodó en el bote. Acto seguido regresó al lado del marido y como atestiguaron los que la vieron, le comunicó a Isidor que no pensaba abandonarlo.



Aunque los Strauss han pasado a la historia como ejemplo de amor conyugal, y aparecieron en los filmes de los 50, es en “S.O.S Titanic” donde adquieren mayor exposición y relevancia. La última imagen que ve Ellen de sus patrones es de ellos en cubierta abrazados (Cameron los hizo morir en su lecho del camarote).

Fin de Siecle

Es una lástima que “S.O.S Titanic” sea hoy una joya olvidada, opacada por las versiones más célebres que se hicieron acercándose el aniversario #90 de hundimiento y el centenario. Es vergonzoso que sea más recordada la infame miniserie de 1996. Esta “Titanic” ha sido criticada por sus malas actuaciones aun de actores competentes como George C. Scott, Catherine Zeta-Jones y Tim Curry que en lo villanesco parece estar haciendo de Pennywise sin el maquillaje de payaso.



Sin embargo, hay algo peor que las actuaciones. Se trata del argumento tan condimentado con clichés que ya indigesta. Tenemos a isabella (Zeta-Jones) esposa de un millonario que retorna a su familia tras haber asistido en Inglaterra al funeral de su tía. En el barco viaja el millonario Wynn Parker (Peter Gallaher) al que todas as mamás de sociedad le echan un ojo para sus hijas. Sucede que Wynnn e Isabella fueron amantes una vez y él es el padre de la hija que ella ha hecho pasar por hija de su marido. Aquí tenemos el romance del reencuentro como en la versión nazi y un twist de la revelación de” tu hijo no es tu hijo” de la versión de 1953. El romance es cursilísimo y acaba, por suerte, cuando Wynn se ahoga.



Otra subtrama conocida es el cuento del ladrón de joyas que se combina con el lugar común del intruso entre ricos. Jamie no es tan idealista y honesto como Jack Dawson. Es un ladronzuelo de cuarta que le roba el pasaje del Titanic a un borracho. Ya en la primera noche se introduce en el bar de primera case y le sustrae la cartera a John Jacob Astor.

                     Doonan aconseja a Jamie

Jamie cae bajo la influencia mefistofélica de Doonan (Curry), jefe de camareros que lo hace regresar la cartera y le explica que mejor combinen energías para dar un gran golpe en un viaje donde lo que abundan son millonarias y sus millonarias joyas. Jamie cae también bajo la influencia de a virtuosa y religiosa Aase, una inmigrante escandinava. Se establece una lucha por el alma del ladrón que Doonan cree ganar violando a Aase. Al final el ladrón y su vikinga huyen en un bote y alguien tiene el buen tino de darle con un remo en la cabeza a Doonan hundiéndolo en el mar.



Aparte de ser el primer dramatizado en mostrar como el Titanic se partió en dos antes de hundirse la miniserie no aportó nada nuevo. Hay personajes reales, pero mal interpretados como Roger Rees encarnando a un exagerado Ismay o Marilou Henner que nunca fue actriz, tratando de ser Molly Brown. Mi escena más despreciada, es, cuando tras el choque con el iceberg, a Molly se le ocurre jugar hockey con los trozos de hielo en cubierta. Ea imagen de privilegio millonario no va con una mujer tan llana y filántropa como lo fue la verdadera Margaret Brown.

                   Marilu Henner, la peor Molly Brown de la historia

Otra novedad de esta horrorosa confección fue la introducción de Alice Cleaver (Felicity Waterman), la niñera demente e infanticida que con su semi secuestro del pequeño Trevor provocó la muerte de sus patrones Los Ellison. Esta fascinante historia se perdió debido a una pésima actriz que con cada palabra hacia más antipático su personaje de Alice e invitaba lanzarla por la borda.

                  La demente niñera

Y así llegamos al blockbuster Cameron.  Una mega maravilla debido a sus efectos especiales, a la recreación histórica, al glamur. No tengo quejas de las actuaciones, Kathy Bates es mi Molly Brown favorita, pero el argumento pide prestado de todas las versiones. El intruso en primera case, el robo de joyas, el romance que trasciende clases sociales, un personaje que debe correr por pasadizos inundados en busca de otro que está prisionero. Todo eso lo vimos ya en la versión nazi. Ya les mostré que Cameron hasta imitó escenas de Ä Night to Remember”. Su grandeza está en el balance de su combinación de clichés y tecnología moderna. por eso la mejor parte del filme es la del hundimiento que toma casi una hora.



El Titanic según Lord Julian Fellowes

No ha habido otra épica que supere la de Cameron, pero eso no significa que el tema haya muerto. En la segunda década del Siglo XXI, le tocaría a ese artista del glamur eduardiano atreverse con el tema. Hace unos días volví a ver el primer episodio de “Downton Abbey” y es extraordinario como todo gira alrededor del hundimiento que se convierte en una metáfora para el fin de una era y una clase social.

Comienza el episodio en el pueblo donde en el correo al alba, en un Marconi le comunican a Robert Crowley, Conde de Grantham que su sobrino y heredero se ahogó en el Ártico. El comedido cartero dice que mejor no despertar a Milord que se lo enviaran más tarde. De ahí pasamos a la cocina de Downton Abbey donde la mayor queja es el retraso de los periódicos. Pasan las horas y el lacayo William es quien primero se entera de la tragedia (y motivo del retraso) cuando llegan los periódicos. Le comunica a noticia a Mr. Carson, el mayordomo que informa al resto de los crados.

Los señores, por dormilones, solo se enteran a la hora del desayuno. Primero las niñas Crawley se preguntan si se han ahogado conocidos de ellos. Ahí llega el telegrama, Robert se levanta precipitadamente y va a la recamara de su esposa Lady Cora. Ahí comentan la muerte de Patrick. Cora le dice a su marido que “Mary debe saber la noticia por ti, no puede venirle de nadie más”.



En la cocina los cuchicheos de los sirvientes no informan que al no tener Robert heredero varón, todo su palacio y fortuna pasarían a manos de su sobrino Patrick y que su hija mayor, lady Mary, para no perder lo que siempre vio como suyo estaba semi comprometida con su primo. Mary ya nos cae mal porque, además de ambiciosa, no derrama ninguna lágrima por el muertito y solo pregunta si debe guardar luto. Su hermana Edith es la que más llora porque si estaba enamorada de Patrick. Lo importante es que ahora los Crawley tendrán que buscar hasta por debajo de las piedras otro heredero. Así es como llega a la Abadía el abogado Matthew Crawley y el resto es historia.

Debido al modo en que trató el tema lord Julian Fellowes fue contratado para hacer la miniserie homenaje del centenario del desastre. Llamada simplemente” Titanic”, la serie de cuatro episodios debutó en la BBC en el 2012. Verla me ha dejado con sentimientos encontrados. Por un lado, tiene el innegable toque Fellowes de glamur, ejemplarizado por los protagonistas ficticios, el Conde y Condesa de Manton interpretados por a siempre excelente Geraldine Sommerville y Linus Roach, un año antes de convertirse en Egbert, rey de los sajones en “Vikingos”. Agreguémosles que su pareja contraparte en segunda clase es una combinación de Maria Doyle Kennedy y Toby Jones y ya sabemos que tenemos un reparto más que competente.

Cierra el elenco un James Wilby lo suficientemente arrogante como Ismay y Stephen Campbell lo suficientemente sensible como Thomas Andrews. Mención aparte Jenna Coleman (entones conocida o desconocida como Jenna Louisa Coleman) que interpreta una pizpireta, pero generosa jefa de camareras. El problema es que no todos los actores están a la altura. Celia Imrie está un poco odiosa como una nueva rica que es despreciada por los linajudos. Yo he venido observado a Perdita Weeks desde” Los Tudors” hasta “Penny Dreadful” y sigo sin tragarla. Aquí como Lady Georgiana, la hija sufragista de Los Manton me es insoportable.

                         Paolo pone a Mary en un bote

Lord Fellowes ha rescatado a personajes olvidados del Titanic; la actriz Dorothy Gibson y su dipsomaniaca madre, los Widener y su bibliófilo hijo Henry, cuya muerte anunciada añade patetismo a su romance con Georgiana. Aunque es un gusto ver a lady Duff-Randolph quien fuese, bajo el nombre de “Madame Lucille” la primera diseñadora de modas en ganar celebridad en el Reino Unido, pero el personaje es tan gruñón y esnob que no consigue interesarnos. El problema de la serie es que con la excepción de los Wiedener y Lord Manton, la clase poderosa es repelente.

                         Dorothy Gibson y su borracha madre

No que los de abajo sean muy simpáticos. A mí nunca me cayó bien Lindsay Marshall como Cleopatra en “Roma”, ahora como la llorosa doncella de Lady Manton que se roba las joyas de la condesa me cayó peor, ya quería que se cayera al mar. Glen Blackhall es como el compendio de los estereotipos sobre italianos La cabose del romance proletario, sin embargo, es una pareja de plañideros irlandés con sus críos.

Para hacer su serie más diversa Lord Fellowes introduce en el trasatlántico un criminal buscado por la policía que es también un anarquista eslavo. El momento en que la esposa le pone los ojos encima, se le caen a ella los calzones y los sesos, pero ni eso hace al libreto interesante. uno se ha pasa contando los minutos para que llegue el iceberg. A propósito, la escena en que el barco se cruza con la punta del iceberg con Toby Jones como único testigo es impagable y vería la serie solo por ella.



Toby suele hacer dos tipos de personaje:  repugnante o patético. Aquí es un poco lo último, un abogado de ricos (labor que no lo ha enriquecido) casado con una arpía. A Fellowes le quedó gustando poner a Doyle Kennedy como la villana Mrs. Bates en Downton. Así que le dio el rol de Muriel Batley acertadamente notando que solo ella podría enfrentarse a la torre de esnobismo que es Lady Manton.



Cuando el conde descubre que su abogado viaja en el mismo barco le parece una maravillosa coincidencia. Su esposa piensa lo contrario, tal como se rehúsa salvarse en un bote para no compartirlo con la actriz y su madre borrach. Para Louisa es una afrenta viajar en el Titanic con estos pobretones. Su ingenuo marido cree limar las asperezas imitando a los Batley a tomar él te en primera case. Craso error, las esposas ni se dirigen la palabra.



 Sin embargo, Muriel tendrá la palabra final. Entre los papeles de su marido descubre que Manton tiene una hija ilegítima. En cubierta, en medio de un naufragio, le lanza esta verdad en a cara Lady Louisa que le responde con suprema indiferencia. La mayor sorpresa se la lleva el espectador cuando Louisa se niega a abandonar a su marido. Le dice que siempre lo ha sabido infiel, que eso no le ha impedido amarlo. Cuesta mucho convencerla de subir a un bote (con gente de su clase obviamente) y su despedida es una promesa de cuidar de las dos hijas del marido, la legitima y la ilegitima.

                       Despedida de Los Manton

Un error de la serie que se creyó sería un acierto fue contarla atropellando la cronología. Está compuesta de flashbacks y cliffhangers, estos últimos deben cerrar los tres primeros capítulos. En el primer episodio acabamos con Los Manton en cubierta; el segundo que gira en torno a las experiencias del soporífero triangulo proletario de los Mahoney y el anarquista, nos devuelve al día anterior y al desagradable té compartido por Louisa, Muriel y sus esposos. Acaba con los personajes más interesantes, Lord Manton su valet, los Batley, Harry Widener y el camarero Paolo intentando voltear un bote para poder salvarse. Ya Louisa se ha marchado.

El tercer episodio es el relato de Paolo, como consiguió empleo de camero, su romance con la camarera Annie y el racismo que persigue a los italianos. Un detalle exagerado y falso es que Ismay haga encerrar a los camareros italianos y que los deje para que se ahoguen. Esto sirve para la obligada escena de un personaje vadeando pasillos inundados para rescatar a alguien aprisionado.

                              Romance de camareros del Titanic

Este Titanic, que no tuvo buenas críticas, cerro la página de los dramatizados obre el naufragio. No se ha hecho nada en casi diez años. Se dice que todo se ha dicho incluso en términos de documentales. Se han hecho historias sobre la construcción del barco como la coproducción de la RAI “Titanic: Blod and Steel” y hasta ha servido de marco para un relato erótico como “La camarera del Titanic” de Bigas Luna.



Sin embargo, hay algo que decir todavía.  Tal vez no tanto sobre los aspectos técnicos del hundimiento, pero si sobre los pasajeros. Los críticos del libreto de julien Fellowes notaron que su historia carecía de emoción y como dijo Brad Oswald en The Winnipeg Free Press, la serie erra en lo que se refiere “al caos emocional y organizativo de la tragedia” Es que lo importante del Titanic son las emociones que despiertan en nosotros los personajes y como sufrimos viéndolos perecer o salvarse al último minuto.

Titanic en La Era de la Diversidad

Eso significa que el 2022, en un nuevo aniversario, se podría relatar este cuento desde otro ángulo, contándonos sobre personajes reales que nunca han ameritado y como estamos en la era de la diversidad racial ¿qué tal irse por ese camino? Ya hemos visto que muchos filmes le dieron a la denuncia social en su retrato de los habitantes étnicos de Tercera Clase y su postergación, fueran los Untermenchen de la versión nazi, los irlandeses, los italianos y hasta un ruso en la versión Fellowes. ¿Pero acaso no hubo gente de color en el Titanic? La Wikipedia en inglés nos dice que no y que los afroamericanos siempre han visto esa tragedia como un castigo para la elite blanca, pero en la versión en español si recuerdan un pasajero de origen africano. El ingeniero haitiano Joseph Laroche quien viajaba con su familia de regreso a su patria, cansado del racismo de los franceses (¿y no que en Francia nunca hubo racismo? ¡O LaLa!).

Aunque hay una ópera sobre Laroche, su vida antes y durante el viaje merecen un dramatizado. Su esposa Juliette, que era blanca y estaba embarazada, sobrevivió el hundimiento junto a sus hijitas. También sería interesante alguna miniserie que nos contase que ocurrió con los sobrevivientes, sobre todo estas embarazadas como Madame Laroche y Madeleine Astor.

                  La Familia Laroche

Recientemente John Oliver nos informaba de un grupo de chinitos que viajaba en el Titanic y que, aunque rescatados, al ser ilegales, fueron empacados inmediatamente por la ‘migra” al Celeste Imperio. También es conocida—aunque nunca dramatizada— la triste historia de Masabumi Hosono quien logró salvarse, pero sufrió de ostracismo social al retorno al Japón. Se le considero indigno de pertenecer a la casta samurái al haber sobrevivido cuando a su alrededor se ahogaban mujeres y niños

Y la pregunta del millón. Hubo hispanoparlantes en el Titanic Pues tenemos la romántica historia de los millonarios españoles Víctor Peñasco y su esposa, María Josefa. La esposa y su criada Fermina Oliva sobrevivieron el naufragio, Peñasco no. Mas suerte tuvo el chofer catalán Julián Padrón quien encontró el amor en la cubierta del trasatlántico con su coterránea Florentina Durant. Ambos sobrevivieron el naufragio, se casaron y se establecieron en Cuba.



Acabo de enterarme de que Violet Jessop, la jefa de camareras era nacida y criada en Bahía Blanca (Argentina) además fue sobreviviente de dos naufragios, ya que también sobrevivió al hundimiento del Brittanic. Argentino también era el cordobés Edgard Andrews quien al pasar su chaleco salvavidas a una dama selló su fatal destino.





En el 2008 estando Carla Estrada a cargo de los dramas de época de Televisa, se rumoró que planeaba hacer una versión mexicana del Titanic llevando como protagonista a su actor fetiche Fernando Colunga. ¿Iba PapiFer a interpretar a Manuel Uruchurtu Rámirez, el único mexicano que murió en el naufragio?  de familia principal, miembro de la oligarquía porfiriana, el Licenciado Uruchurtu se había exiliado junto con Don Porfirio en Francia. Regresaba tras tres años y de ausencia a su patria cuando lo sorprendió el desastre. Caballerosamente, Don Manuel le cedió su puesto en el bote a una dama y encontró su tumba en el mar.



Ya ven que hay mucho que contar y que todavía se desconoce sobre el más famoso naufragio de la historia. He ahí que surge una pregunta. ¿Por qué el Titanic ha capturado la imaginación de cineastas cuando ha habido otros hundimientos con más repercusiones como el del Lusitania o con más víctimas como el del Wilhelm Gustloff? ¿Por qué empeñarnos en oír la moraleja de que el privilegio siempre es castigado cuando hay historias de hundimientos de navíos que son seguidos por heroicos y solidarios salvamientos como ocurrió con el Laconia?  De eso hablaremos la próxima vez

 

jueves, 17 de junio de 2021

Bauhaus: Las Me Too Cancelan a Walter Gropius.

 


Junto con Frank Lloyd Wright y Le Corbusier, Walter Gropius es considerado el padre de la arquitectura moderna. Parte de su fama fue la creación de la Escuela Bauhaus en Weimar que sería acompañada de un movimiento artístico del mismo nombre. En el 2019, para celebrar el aniversario de la Bauhaus, se filmó una película y se hizo una miniserie. Curiosamente, ambas se preocupan más de desacreditar a Gropius que de celebrar su obra. ¡En típica onda mitutera se le acusa de silenciar el arte de las alumnas de su escuela e incluso de seducirlas!

Nunca me ha interesado mucho la arquitectura moderna, pero con un hermano arquitecto me ha sido imposible sustraerme a ella. Aun así, Bauhaus para mi es un nombre asociado con muebles funcionales como esas mesitas que se encajan como muñecas matushkas, una debajo de la otra, y esas sillas tan incomodas que, según la leyenda familiar, provocaron aparatosa caída de mi padre en un bar de un hotel de Montevideo. De ahí que el pobre le tomara odio al estilo Bauhaus.

                                     Una de las famosas sillas Bauhaus

Años más tarde cuando estudié historia del arte y tomé un curso de historia del mobiliario descubrí el impacto social y artístico de la Bauhaus que manejaron grandes como Gropius y Mies van der Roe y donde enseñaron otros grandes como Paul Klee y Kandinsky.  Lo básico que hay que saber es que, acabada la Gran Guerra, Gropius fue puesto a cargo de lo que había sido la Escuela de Artes y Oficios del Reino de Sajonia.

Como nos muestra la serie “Die Neue Zie “(La Nueva Era llamada en inglés simplemente “Bauhaus”), Gropius, interpretado por August Diehl (inglrious Bastards, Salt, A Hidden Life) busca cambiar la escuela para empezar a cambiar la sociedad y de ahí cambiar el mundo. Su lema es ¡fuera con lo antiguo! que solo quede lo nuevo. ¿Como que suena conocido, ¿no? Solo que el arquitecto no planea derribar estatuas ni deformar el idioma, sino implantar cosas más simples como vida bohemia, el amor libre, los baños desnudos de ambos sexos en sitios públicos,los bailes de cross dressing etc..

              


Mas importante, Gropius abrió las puertas de su clases a gente que otras escuelas consideraban indeseables. Léase judíos, extranjeros, comunistas, mujeres. Por lo que resulta extraño que no haya nombres femeninos asociados con el movimiento. Si estos “homenajes” pretendían sacar a la luz a estas artistas desconocidas hace un trabajo paupérrimo, aunque dejan caer por aquí y acullá nombres que me han permitido hacer mi propia investigación.

Lotte en Weimar

La primera obra es un telefilme llamado “Lotte en Bauhaus”. Alicia Ritter (Charité, Becoming Elizabeth) encarna a Lotte, hija de un humilde carpintero. Ella quiere seguir la profesión de su padre, él la quiere casada. Lotte huye hacia la seguridad de la Bauhaus y de un estudiante en ese centro llamado Robert Seligmann (el chileno-germano Noe Washington) que se convierte en su pareja.



Para frustración de Lotte, la ponen a trabajar en la hilandería, sitio obligatorio de las estudiantes del Bauhaus. Logra salir de ahí y ponerse a tallar juguetes de madera que pronto adquieren fama. Sin embargo, Lotte comete un error que la separa de la comunidad bohemia del Bauhaus. Se casa con Robert y tienen una hija. Con eso pierde el apoyo de Gropius y casi pierde al marido que es seducido por una vampiresa local llamada Dorte Helm (recuerden ese nombre). Por suerte todo se arregla y los Seligman se marchan a decorar casas en Tel-Aviv y dejan atrás los peligros del Bauhaus.

El filme fue recibido con mucho recelo por parte de los críticos ya que además de su mala prensa en contra del conglomerado Gropius, “Lotte en Bauhaus” pretendía narrar la experiencia de una mujer real, la diseñadora Alma Siedhoff-Buscher cuyo final no fue tan feliz como el de Lotte.

                       La verdadera Alma Siedhoff

Alma Buscher fue una estudiante del Bauhaus. Efectivamente cayo en los telares, pero también tuvo como maestros a grandes como Paul Klee y Kandinsky. Tanto destacó que se le permitió seguir cursos de escultura en madera. Para 1923 se la admiraba por su diseño de juguetes y muebles para niños.


                              Juguetes diseñados por Alma

A pesar de su fama, Alma nunca se llevó bien con Gropius quien no quería que su academia fuese reconocida por algo tan prosaico como un taller de fabricación de juguetes. Aun así, Alma se graduó. Su matrimonio con el actor-bailarín Werner Siedhoff acabó con su carrera. Se dedicó a su casa e hijos hasta que, en 1944, una bomba aliada acabó con su vida.

Hannah Pilarczyk en la edición online de Der Spiegel tuvo palabras duras para “Lotte en Bauhaus” a la que califico de kitsch combinado con ‘seudofeminismo”. Su conclusión es que como monumento a las mujeres de la Bauhaus el filme había fracasado.




Dorte en Weimar

Si “Lotte en Bauhaus” fue un pésimo modo de sacar al elemento femenino del Bauhaus de la oscuridad, el siguiente paso, la miniserie “Bauhaus”, les quedó peor. Comenzamos en 1919 con la llegada de Dorothea “Dorte” Helm (Anna Maria Muche) a Weimar. De la pelirroja femme fatale de “Lotte en Bauhaus” Helm ha pasado a ser una rubiecita de mirada ingenua y sonrisa de oreja a oreja que llega a la Bauhaus acompañada de su padre, el famoso filólogo Rudolf Helm, porque ella es toda una hija de familia.

El Profesor Helm está pagando la carrera de su hija porque sueña con verla convertida en ilustradora de cuentos infantiles. Dorte sueña con ser pintora, pero acepta el dinero del padre sin revelarle que ha abrazado con gusto el estilo de vida bohemio de la Bauhaus y ya tiene un amante, lo que no le impide ponerle ojos de borrego al gran Gropius cada vez que lo ve, a pesar de él estar casado con la incorregible Alma Mahler (Brigit Minichmayr).

En el primer capítulo se establece la idolatría que sienten los estudiantes por Gropius solo comparable a la alarma y desprecio que sienten sus enemigos entre los que se cuentan antiguos estudiantes de la academia y elementos reaccionarios encabezados por benefactores del proyecto como la Baronesa von Freytag (Corinna Kirchhoff), que en su trabajo periodístico se opondrá a lo que representa la Bauhaus.

                          Sophie von Freytag

Hubiese hecho a la obra más feminista el poner como contrapunto de las jóvenes artistas de la Bauhaus a mujeres de la generación anterior como Alma Mahler y la Baronesa. En su búsqueda de expresión artística ellas abrieron una brecha en el tejado de cristal sin llegar a irrespetar del todo las convenciones sociales como lo harán las alumnas de Gropius.

Gropius en la Picota

En cambio, la serie quiere mostrarnos cuan inapropiado es el comportamiento del arquitecto al seducir a una alumna. Un hecho totalmente inventado y confirmado como leyenda por los descendientes de Dorte Helm. Lo irónico es que la serie es una especie de juicio en contra de Gropius y su escuela. Por eso comienza en 1963, con Gropius en la cúspide de su carrera concediéndole una entrevista una amiga periodista (con amigas como esa quien quiere enemigos) de Vanity Fair.

La tal Stine Branderup (personaje inventado tal como la entrevista) ha escrito un libro denunciando el ambiente de la Bauhaus como tóxico y opresivo para el alumnado femenino. Ahora más que entrevistadora es inquisidora. Advierte a Gropius que acaba de hablar con la hija de Helm quien le ha hecho revelaciones controversiales sobre la relación de su madre y el arquitecto. Al final descubrimos que eso no es cierto.

                               Bauhaus y Stine

Gropius responde muy bien que Cornelia no puede haber hecho tal puesto que tenía cinco años al morir la madre y su nacimiento ocurrió años después del cierre de la Bauhaus y de que Dorte y Gropius se distanciaran. Stine continua con la mirada zumbona que busca ocultar con gafas de sol, pero esa ceja que alza más que Zapatero y esas muecas no esconden su incredulidad ante el relato de Gropius. En un momento se quita las gafas y expone un ojo en compota.  Por ser víctima de un amante golpeador, Stine quiere castigar a todo el género masculino.

Es cierto que la Bauhaus si impuso límites a sus alumnas, a pesar de que Gropius hizo declaraciones que habría una total igualdad de sexos en su academia. Sin ser el misógino que ahora acusan las mituteras, tenia (él y sus colegas) un concepto rarísimo de la perspectiva femenina como incapaz de percibir la tridimensionalidad. Al estar las mujeres (según Gropius) determinadas a enfocar el mundo desde una perspectiva bidimensional, no eran aptas para la práctica de la pintura, escultura y arquitectura y se les prohibió el acceso a cursos en esas disciplinas.



En la entrevista, Gropius intenta excusar el sexismo de su programa de estudios aludiendo a los ataques recibidos por elementos foráneos escandalizados con el liberalismo de su programa de estudios y como esto afectaba las decisiones del sector auspiciador cuyas contribuciones eran urgentes para el mantenimiento de la academia. Cuando Johannes Itten (Sven Schelker), maestro estrella de la Bauhaus, reprocha a su jefe que no quiera promover ideas políticas, Gropius le responde que la prioridad es que no le cierren su escuelita. Irónico que nos muestren al esotérico Itten preocupado por la política cuando nunca se interesó en ella.

Otra ironía es que Gropius, al rechazar ‘lo viejo””, ya adoptaba una postura política.  Durante la Revolución de noviembre de 1918, el arquitecto animó a destruir monumentos a los caídos en la Gran Guerra. Mm, suena conocido. Pero el mayor desacierto de Gropius es, al tomar el mando, de la academia, insistir que los antiguos estudiantes (que ya llevaban años de carrera) deberían comenzar desde cero en la Bauhaus.

 Capitaneados por Hans Gross (Julius Feidmeier que no se pierde serie de época), los estudiantes antiguos protestan lo que lleva a una fractura del estudiantado y a la creación de dos academias. Aunque eventualmente Gross se convertirá en un favorito de los nazis, concuerdo en que las ideas de Gropius eran bien locas. Aunque ni se compara con Johannes Itten, al menos el retrato poco favorecedor que hace la serie del artista suizo.

                        Itten muy amigo de Hans Gross

Itten, el Fanático Religioso

Itten era un maestro poco convencional como todos los de la Bauhaus, pero a diferencia de sus colegas, sus excentricidades abarcaban la religión. Seguidor de una secta llamada Maznazdan, vagamente conectada con la religión parsi, Itten era también un maestro que se preocupaba mucho del bienestar de sus alumnos. Traía unas ideas pedagógicas progresistas de que en vez de criticar a un alumno en particular delante de la clase, el maestro anotase errores comunes en varios de los estudiantes y con el resto de la clase buscase maneras de corregirlos

Otro detalle que Itten trajo a la Bauhaus fue una maestra para que adiestrara a los alumnos en yoga y gimnasia para ayudarlos a relajarse, todo en pos de desarrollar; a creatividad individual. Debido a que Itten era carismático y se llevaba bien con sus pupilos, muchos se sintieron atraídos por las ideas religiosas del maestro. Esto llevo a muchos a practicar las filosofías de esta secta que iban desde ejercicios de respiración hasta la abstinencia sexual.

                           Dorte y Gunta haciendo yoga

Su aspecto más oscuro era una obsesión con la limpieza del colon que incluía laxantes y una dieta estrictamente vegetariana que contenía como ingredientes violetas y sopas de ajo. Alma Mahler decía que se sabía quiénes seguían el Mazdazdan porque apestaban a ajo.

La peor manifestación de esta obsesión de limpiar el organismo (detoxificar como la llamaríamos hoy) era una maquinita que parecía prestada por el Marqués de Sade. Su propósito era agujerear la epidermis que luego era frotada con los mismos líquidos laxantes hasta crear unas pústulas horribles y dolorosas que según los gurúes del Maznazdan ayudaban a expulsar toxinas del cuerpo.

Nos parecerá aberrante, pero no tanto si la comparamos con tratamientos de belleza y para adelgazar de entonces (y hoy). La medicina holística siempre ha sido acompañada de experimentos bárbaros que acaban enfermando a los pacientes. El problema es que la serie en su afán de contar mentiras hace que, en la utilización de la perforadora, Itten someta a Dorte a casi un ritual satánico lleno de connotaciones sexuales y que reafirma la relación sadomasoquista que existe entre ambos.

                                     Dorte con su guru Itten

Algo repelente y sorprendente es que tanto los libretistas como la odiosa Stine condenan a Gropius por su supuesto affaire con una alumna, pero nadie critica el bullying sádico que Itten practica contra Dorte desde el momento en que ella pisa su clase. A diferencia del verdadero Bauhaus, Dorte no recibe ningún límite y puede tomar los cursos que desean. En uno de grabado en madera, su maestro la elogia diciendo que su nivel artístico es igual al de ‘el.

Itten se entera y burlonamente y en frente de toda la clase acusa a Dorte de ser una vulgar “copiona”.  Sus insultos continúan en la clase y fuera de ella, llegando a criticar aspectos que no le conciernen como el vestuario de su alumna. Gropius se entera, pero es incapaz de evitar el acoso. La serie nos presenta un Gropius muy ineficiente en lo que se refiere a controlar o ejercer autoridad. Difícilmente lo podemos ver como un violador de virginales ingenuas (algo que Dorte no es) como quieren hacernos creer.

Itten el Sádico

El clímax de la persecución de Itten ocurre con un “experimento” que propone a su clase. Hay que meter la mano en un saco y pintar de acuerdo con lo que se sienta. Yo ni loca me prestaría para eso. Capaz que en el saco me encuentre con una tarántula o caca de perro, pero los alumnos no necesitan ofrecerse de voluntarios ya que el tendencioso calvo escoge a Dorte. Ella mete la mano y lanza un grito. El saco está lleno de cardos que le rompen la piel. Itten, con cara de loco, le impide sacar la mano.


                          El saco de cardos

Cuando Dorte llorando logra liberarse, Itten se burla de ella diciéndole a la clase que “Mademoiselle” se rehúsa a aceptar el dolor que es un regalo para un artista (¿WTF?) Cuando Dorte huye de la clase con su mano sangrando, Itten la persigue expulsándola de la academia (¿con que autoridad?). Dorte empaca, pero su amiga Gunta Stolzl (Valerie Pachner) la convence de quedarse. Dorte lo hace, pero se vuelve totalmente sumisa de Itten entrando a formar parte de su círculo de adeptos, adoptando la dieta vegetariana y otras costumbres del Mazdaznan. incluso, la alumna exige ser iniciada con el ritual “perforador” aunque Itten le advierte que no está preparada puesto que es un proceso doloroso.



Dorte se enferma. Gunta le suplica que abandone esa vida ya que muchos alumnos se han enfermado con esas prácticas raras. Son los padres de Dorte quienes tienen la última palabra. Cuando la ven llegar a Rostock con el pelo corto, incapaz de comerse una albóndiga, y pregonando que hay que acabar con lo viejo, deciden que mejor le encuentran un marido y no la devuelven a Weimar.

Sin embargo, el Profesor Helm siempre ha respetado el intelecto de su hija e intenta convencerla con argumentos. Es ahí que la chica aprovecha esa brecha para convencer a su padre no que Aristóteles está equivocado al creer que la mujer debía someterse al hombre, pero sí que Dorte es una excepción a la regla. De esa manera, la artista retorna a Weimar y a la Bauhaus en 1920. Al final de su clase, Dorte se atreve a contradecir a Itten. Como Gropius muy orondo le cuenta a Stine” la Bauhaus la liberó”. Se equivoca, caballero, lo que liberó a Dorte (en la serie) fue el poder convencer a su padre que era una figura de mayor autoridad en su vida que el gurú Itten.

                           Dorte y su padre

Todo esto es muy ridículo porque nunca ocurrió. Dorte no comenzó a tomar clases con Itten sino hasta 1921. Es cierto que pasó un periodo en Rostock, pero no por ser seguidora del Mazdaznan. Aunque Itten si tuvo una tremenda influencia sobre el estudiantado, no era un monstruo sádico como lo describe la serie (aunque de su esposa Hildegarde, Gunta Stolzl escribió que era ún vampiro”).

Entre Dorte y Alma

Resulta extraño que la serie no mencione los verdaderos primeros pasos de Dorte Helm en la Bauhaus. No cuenta que participó en la revista de la escuela, que ganó un tercer lugar en una competencia artística o que en sus vacaciones en Rostock abrió su primera exposición de su obra. Eso demuestra que su familia siempre apoyó su arte. Es tan irritante que no nos cuenten los logros reales de Dorte como ese hincapié en un affaire que nunca tuvo lugar.

Tanto Cornelia Heise, hija de Dorte, como su hijo han aprobado la serie como un medio para hacer conocer la obra de la artista, pero son enfáticos en un punto, su parienta nunca tuvo amores con Walter Gropius. Y realmente viendo la serie o recorriendo la biografía del arquitecto, no encontramos un espacio en el que se pueda haber dado tal romance. Walter Gropius se casó en 1915 con Alma Mahler. Los biógrafos de Alma concuerdan que este enlace fue un error de ambos contrayentes y que en el caso de ella corresponde a un periodo de desorientación de la augusta dama.

                     Gropius y Alma en la ficción

Alma Mahler sostuvo toda su vida una lucha entre su gran apetito sexual y su apego a las convenciones sociales, sobre todo en su urgencia de verse siempre como una gran dama. Se sentía rebajada al estar casada con Gropius. Sentía que ella, la viuda del gran Gustav Mahler merecía algo mejor que este esposo de ambiciones estrechas y que no la satisfacía sexualmente. Aunque fue amiga de los artistas de la Bauhaus, nunca se interesó en el manejo de la escuela y despreció a Gropius en su faceta de educador. Ni el nacimiento de una hija, Manon, consiguió que el matrimonio funcionase.

                       Los Gropius y Manon en la vida real

En 1916, estando Walter Gropius en el frente, Alma comenzó un affaire con el escritor judío (y eso que ella nació y murió antisemita) Franz Werfel. En 1917, Alma dio a luz a un hijo Martin que estaba segura era de Werfel, pero que descaradamente se lo encajó al marido. Fue al escuchar una conversación telefónica entre Alma y Werfel que Gropius se enteró del engaño. El pequeño Martin, que había nacido hidrocéfalo, falleció en 1919.

                        Alma y Franz Werfel

A raíz del descubrimiento de la infidelidad de su mujer, Gropius buscó consuelo en los brazos de una amante, la artista judía Lily Hildebrandt. Esta relación perduraría hasta 1922 cuando Gropius conoció a Ise Frank que sería su segunda esposa. Lily y él continuarían una amistad hasta la muerte del arquitecto. A juzgar por sus relaciones (exceptuando a Alma que era una bestia) con mujeres, Gropius no era un mal hombre. La misma Stine comenta los años de amistad que comparten.

Como ven la vida amorosa de Gropius era tan convulsa en el periodo en que Dorte fue alumna de la Bauhaus que no deja espacio para otro affaire. Aun así, una leyenda urbana dice que, en 1919, Gropius tuvo una relación pasajera con una alumna que era una viuda de guerra. Ni Dorte Helm era viuda, ni la serie nos la muestra teniendo amores con Gropius para esas fechas.

Para el tercer capítulo, Dorte y Gropius no han compartido más que un Charleston, sin embargo, tanto Alma como Stine los creen amantes. Para el cuarto episodio, Dorte ha sido expulsada, reinstituida a la Bauhaus donde se vuelve la revoltosa de marca mayor que no solo no es castigada por Gropius, sino que es privilegiada.



No sucedió porque Dorte nunca fue expulsada del Bauhaus, solo suspendida por el semestre de verano, en el otoño ya estaba de regreso. Nunca se fue a vivir a la granja de su ex Johannes Auerbach ni tuvo que dormir en un establo ni levantarse de madrugada a ordeñar vacas. Debido a que Auerbach, entre sus muchas mujeres, no contó a Dorte Helm nunca le escribió una carta confesando su mentira (pobre Helm, siempre víctima de machos traidores) de que Gropius quería expulsarla. Nunca Gunta Stolzl tuvo que ir donde Herr Director para que fuese a buscar a Dorte y la trajese de vuelta al rebaño. Nunca Gropius le prometió a Dorte un puesto en su equipo docente.

Gunta, la Cómplice del Patriarcado

Lo que más me enfurece de la serie es que además de desacreditar a Gropius y a Itten, busca ensuciar la memoria de la única mujer cuyo nombre sobresale entre los varones de la Bauhaus. Cuando le comenté a mi hermano de la serie y de sus quejas sobre el silenciamiento y limitaciones de las mujeres en la Bauhaus, saltó con la pregunta “¿Y Gunta Stolzl?” Inmediatamente recordé los hermosos tapices que admiré en MOMA y en el MET.

                               Tapiz de Gunta Stolzl en el Met


Aldegunde “Gunta” Stolzl es la figura femenina más importante de la Bauhaus. A pesar de venir de un hogar de clase media acomodada, Gunta era independiente y segura de sí misma de una manera que Dorte nunca fue. Cuando Dorte estaba dando clases de dibujo a niñas burguesas, Gunta abandonaba sus estudios del arte en Múnich para servir como enfermera en los hospitales de campaña. Según sus hijas, Gunta no solo era vigorosa e infatigable. Trataba de tú a tu a los médicos y no permitía que ni el sexo ni el rango militar la apabullase. Era un personaje apasionante, por un lado, era una experta alpinista, por otro amaba la hilandería y los tejidos.

                 Gunta y Dorte se matriculan en la Bauhaus

Hora es de hablar del ‘departamento femenino” de la Bauhaus y del famoso telar.  Lo inexcusable de Gropius fue abrir su escuela con una famosa declaración de “igualdad” de trato del estudiantado femenino. Si Gropius creía que la mujer era incapaz de pintar, esculpir, o diseñar edificios (los ejemplos de Artemia Gentileschi de Camille Claudel y Julia Morgan parece que no lo convencieron) ¿por qué aceptar estudiantes y prometerles una falsa igualdad?  La respuesta está en la cantidad de chicas que se matricularon en la Bauhaus. Gropius esperaba una veintena de estudiantes, pero siendo la Bauhaus una de las primeras instituciones de estudios superiores en admitir alumnas estas sobrepasaron al centenar..



Este ejercito femenino alarmó a Gropius, a su machista equipo de docentes y a los posibles benefactores de la escuela. Algo cierto que nos muestra la serie es que Herr Direktor siempre tuvo problemas económicos que amenazaban con el cierre de la Bauhus. Para tranquilizar a los inversionistas, Gropius y co.  optaron por prohibirles a las mujeres cursos “masculinos” como pintura y escultura y empujarlas al curso de tejidos.

Como hemos visto, muchas mujeres se rebelaron y consiguieron huirle al telar. Alma Siedohhf logró su sueño de hacer juguetes de madera, Marianne Albert el de trabajar con metales, Dorte inexplicablemente consiguió entrar en las clases prohibidas, pero para Gunta Stolzl el telar era la oportunidad de practicar y experimentar con una artesanía que amaba.

Gropius había colocado el telar bajo la vigilancia de Georg Muche y de la Profesora Helen Borner. Para Muche eso era “cosas de mujeres” y Borner era poco creativa e ineficiente. El sitio era un desorden total y fue Gunta quien lo organizó. Entre 1920 y 1927, Gunta elaboró un programa de estudios para las hilanderas, tomó cursos fuera del Bauhaus para mejorar la artesanía, experimentó con diferentes materiales, aplicó a su trabajo las mismas técnicas pictóricas que Klee y Kandinsky enseñaban en los cursos prohibidos a las hembras, elevó una artesanía a nivel de arte y creó una nueva carrera para las mujeres, el diseño textil.



Como si fuera poco, preparó a un centenar de alumnas entre ellas Annie Elbers, el otro nombre femenino que aflora cuando hablamos de la Bauhaus. Se puede decir que Gunta y el telar rescataron a la academia, puesto que fue el único taller que generó fuertes ingresos. Esto también gracias a Fraulein Stolzl a quien, con astuto ojo comercial, se le ocurrió vender los productos del telar a damas germanas pudientes.  Lo único que cuenta la serie de esa época es que Gunta colaboró con Marcel Breuer en el diseño de la “Silla Africana”. Efectivamente, Breuer antes de casarse fue amante de Gunta quien tapizó un par de sus famosas sillas.



                               Las sillas de Marcel Breuer tapizadas por Gunta

Ha sido un shock y una desilusión descubrir que revisionistas y mituteros hoy consideran a Gunta Stolzl una secuaz del patriarcado. La serie se adhiere a esa aberrante idea. Nos muestran a Dorte retornando al Bauhaus (gracias a la ayuda de Gunta) y escandalizándose ante la obligación de Gropius de relegar a las mujeres a manualidades femeninas. Sin embargo, cuando Helm se entera que Herr Direktor ha sido comisionado para construir y decorar una casa para el millonario Sommerfeld exige a Gropius que la integre al trabajo, pro pronto cambia de idea.

Una mentira risible que propaga la serie es que además de tenerlas haciendo crochet, Gropius puso a las estudiantes a cargo de la cocina y de la huerta. Agotada con tantas obligaciones, Gunta se cae de un telar Jacquard y se rompe un brazo. Breuer se queda dormido en clase y recibe un regaño antisemita por parte del director del taller de carpintería que es apoyado por Itten quien odia los tejidos.

Indignada, Dorte irrumpe en la oficia de Gropius y lo acusa de estar abusando del estudiantado sobre todo del femenino. Es ahí que se entera que Gunta solicitó (falso) la creación del taller de tejidos. Dorte irrumpe, ahora, en el cuarto de su amiga que convalece con el brazo en cabestrillo, y la acusa de haber traicionado a su género. Gunta le suplica que la deje en paz.



Implacable, Dorte continua con sus acusaciones cuando Annie también suplica respeto por el dolor de Gunta, Dorte la llama “una cacatúa”. Lo próximo es que Dorte escribe una furibunda acusación a la misoginia de la escuela que es publicada por la revista de la Bauhaus. Gunta, como las niñas chiquitas, ya no quiere sentirse en clase con Dorte y prefiere ser amiguita de Annie (que no llegaría al Bauhaus sino hasta un año después).

                       Gunta y Annie Albers

¿Porque todo esto es imposible? Se supone que todo ocurre en 1921, el articulo lo escribió Dorte en 1919, Gunta no pudo caerse de un telar de Jacquard porque estos llegaron a la Bauhaus a fines de los Años 20; Marcel no pudo ser regañado por el Director del Taller de Carpintería porque Él era el director del Taller de Carpintería. No solo Dorte colaboró entusiastamente con el proyecto de la casa Sommerfeld. No solo diseño una cortinaje que todavía es recordado, Gropius, que obviamente respetaba su criterio, la hizo su asesora en lo referente a decoración. Es imposible que Itten haya sido enemigo del taller de tejido. En 1924, cuando abandonó la Bauhaus y regresó a su Suiza natal, se llevó con él a Gunta Stolzl … ¡para poner un telar en Zúrich!

Y así llegamos al episodio más grotesco e inconcebible de la serie: “La Corte de Honor”. Según los afiebrados libretistas, los desplantes de Dorte, su actitud confianzuda con Gropius y el que el director la privilegie en todo crean sospechas entre el cuerpo docente de que son amantes. Esto llega a oídos del Ministerio de Educación que instituye un tribunal para juzgar a los descarados imponiendo a Itten en el cargo de gran inquisidor.

Los acusados no encuentran mejor momento para declararse su amor y darse un gran revolcón. Luego, Gropius le regala un anillo de compromiso, parte a Rostock a pedirle al Profesor Helm la mano de su hija. La madre de Dorte está preparando el vestido de novia.. ¿y que hace la chica?  Justo el día del juicio le devuelve a Gropius su anillo y le escribe una carta grotesca rompiendo el compromiso. Su argumento es que nunca se “someterá “a la voluntad del marido y esa fue la causa del divorcio con Alma.



A ver ¿De dónde sale esto? ¿Acaso Alma fue infiel y le hizo un Mia Farrow de encajarle un hijo ajeno al marido porque no quería someterse?  Si no fuera que esa agusanada feminista Simone De Beauvoir dijera una vez que la única libertad de la casada es el adulterio, no aceptaría ni aun del feminazismo más extremo tal máxima.

Gropius, comprensiblemente, dolido, humillado y desorientado, le toma fastidio a la muchacha. Se pasan dos años haciéndose zancadillas y en vísperas del traslado de la Bauhaus a Dessau, a Dorte le baja el amor y le pide a Gropius que se case con ella. Y como las mituteras solo sirven para escribir telenovelas baratas, el libreto nos muestra que ese mismo día, Dorte descubre que su Walter va a casarse con una tal Ise Frank. La última venganza de Herr Direktor es impedir que Dorte sea maestra provocando que ella regrese a casa de sus padres con su carrera arruinada.

Colorín Colorado y este cuento se ha acabado. Hora es de enfrentar la realidad con una cronología de lo que realmente sucedió con Gropius sus alumnas y su escuela. Para eso vamos a ir primero a la página de Dorte Helm mantenida por su nieto, Philip Heise. Lo primero que asalta nuestra vista es el autorretrato de la artista y lo poco que se parece a la visión de la serie. Philip ha dicho que los productores le solicitaron permiso para ‘teñir” el cabello de la mujer del retrato y así no hacer tan diferentes a la verdadera Dorte de la imagen en pantalla. Él se negó y agrega que la diferencia física ya debería hacerle entender al espectador que no está viendo algo real.

                                       Dorte Helm Autoretrato

La Verdadera Dorte Helm

Según la time table de vida y obra de Dorte en 1921 cuando la serie nos la tiene durmiendo sobre heno en el “kibutz” de su ex Auerbach, Helm había ilustrado su primera obra, un libro de poesías escritas por su padre. ¿Por qué no mostrar esto? Los años siguientes que nos la describen en la ficción militando en contra de todas las medidas de Gropius. En la vida real ella estaba tomando cursos, sacando su certificado y colaborando con Herr Director en el decorado de varias casas.

No hubo “Corte de Honor” en 1923 ni romance ni compromiso, por la sencilla razón de que Gropius había conocido a Ise Frank en 1922 y se casó con ella unos meses más tarde. Fue un matrimonio feliz que duró hasta la muerte de ella. Las implicaciones de que Gropius se casó con ella por dinero y conexiones son totalmente falsas. Ise fue una colaboradora devota y tenaz de todas las empresas de su esposo.

                         ise Franks y Gropius

En 1924, Helm se desligó del Bauhaus posiblemente porque quería crecer como artista independiente y ya tenía conciencia (la inscripción de mujeres en el alumnado había bajado drásticamente) de que la Buhaus no era un buen sitio para el desarrollo de las artistas.  No necesitamos buscar razones melodramáticas como lo han hecho los libretistas ni inferir que Dorte regresó a Rostock derrotada. Desde el momento en que vuelve a su ciudad, vemos a una Dorte Helm muy activa, formando parte de varias organizaciones artísticas, montando exhibiciones de su obra anualmente hasta en 1931, tanto en Rostock como en Berlín.

Como decoradora profesional la vemos involucrarse en varios proyectos muy diversos: vitrales para mansiones particulares, murales para la cafetería de la Universidad de Rostock, diseño de escenografías para una obra de teatro. No parece el currículo de una artista fracasada. Es en 1933, cuando Dorte está en Hamburgo ya casada con el periodista Heinrich Heise que le cortarán las alas y no fue Gropius sino los nazis quienes lo hacen.

Su condición de “mischlinge” la hace indigna de exhibir o crear arte en el Tercer Reich. Hasta su muerte en 1941 de una infección pulmonar, Dorte Helms solo podrá escribir y muchas veces bajo seudónimo. Ese es su periodo de silencio forzado y represión artística. Sin embargo, la serie que sufre de una miopía político-histórica casi criminal dice que, si Gropius hubiese permitido que Dorte fuese maestra, como lo fue Gunta Stolzl, su carrera hubiese sido diferente. Vamos a ver cuánto le sirvió a Gunta ser maestra.



Bauhaus y Los Nazis

En la serie antes de abandonar la Bauhaus, Dorte le dice a Gropius que quiere ser catedrática tal como Gunta. Curioso, porque entonces Gunta ni siquiera estaba en el país y solo se convirtió en la primera docente de la academia en 1927 cuando Gropius ya había renunciado a su puesto y había abierto su firma privada en Berlín (se llevó con él a Marcel Breuer y a la diseñadora Marianne Brandt). Entre 1927 y 1930, Bauhaus estuvo en manos del furibundo marxista Hannes Mayer que si se acostaba con sus alumnas a pesar de estar casado. Mayers fue reemplazado en 1930 por el arquitecto Ludwig Mes van der Roe.

Gunta continúo trabajando tal como antes de recibir su puesto, dedicada totalmente a la elevación de la artesanía del telar al nivel de arte visual. En eso se apoyó en sus mejores alumnas Annie Albers y la croata Otti Berger. Ellas de hecho estuvieron a cargo de la dirección del taller de tejido en 1930 cuando Gunta se retiró con un permiso maternal.

En 1928, Gunta, ya una flamante maestra, conoció a un alumno de arquitectura. Nacido en Polonia en una familia judía, Ludwig Kurzmann había hecho aliyah a Tierra Santa donde había hebraizado su nombre a Arieh Sharon. El sueño de Sharon era estudiar arquitectura en la Bauhaus y así conoció a la profesora Stolzl con la que se casó.  En 1930 nacía su hija Yael. Este matrimonio iba a tener repercusiones insospechadas, pero no por considerarse un escándalo sexual que, como vemos, era parte del mundo bohemio de la Bauhaus.

                          Arieh Sharon y Gunta en Venecia

Debido a las nacionalistas leyes de inmigración germanas, Gunta perdió la nacionalidad alemana al casarse con un extranjero. Debido a que, tres años antes de subir al poder ya los nazis permeaban la sociedad alemana, Gunta comenzó a sufrir persecución de parte de sus propias alumnas lideradas por Margaretha Reichardt (quien se convertiría en artista mimada del Tercer Reich).

La persecución llegó al punto de que aparecieron suásticas pintadas en la puerta de la profesora Stolzl. Los nazis no perdonaban que una mujer aria se hubiese casado con un judío. Mies van der Roe que le tenía terror a los Camisas Pardas, le suplicó a Gunta que renunciara a su puesto. Como ven el ser catedrática no ayudó para nada a su carrera.

Gunta y su familia abandonaron Alemania en 1931. Arieh Sharon regresó a Tel Aviv donde se convertiría en un renombrado arquitecto y promotor del “estilo internacional” mejor conocido como” el estilo Bauhaus de Tel Aviv”. Gunta y su hija se fueron a Suiza, donde, tras un comienzo difícil, fue comisionada por un cine de Zúrich para hacerse cargo del decorado. Tanto gustó su arte que una revista suiza, “Der Werk”, escribió un artículo sobre ella. Pronto Stolzl estaba recibiendo más pedidos de trabajo. En 1936 se divorció de Sharon y decidíó establecerse permanentemente en Suiza donde abriría su propio negocio, “Studio Flora”. Su trabajo era tan reconocido que diseñó el pabellón suizo para la Exhibición de París en 1937.



En 1942 (ya se había divorciado de Sharon) Gunta se casó con el periodista Willy Stadler, tuvo otra hija Mónika Agnes y se hizo ciudadana suiza. Para fines de los 40, su nuevo país la había reconocido como gran artista, pero también se la reconoció al otro lado del Atlántico. Para 1963, los tejidos de Gunta Stozlt eran parte de la colección de museos en Harvard y del MOMA (Museo de Arte Moderno) de Nueva York.

                         Tapiz de Gunta Stolzl en el Victoria and Albert Museum

En 1967, ya celebré Gunta disolvió su negocio y se dedicó a trabajar solo para ella. Por ese entonces el Museo Victoria y Alberto de Londres había adquirido algunas de sus obras. En los 70, se abrieron en Suiza y en la Alemania natal de la artista exhibiciones dedicadas nada más que a sus y tejidos y tapices.  Hoy su obra puede verse en museos desde Detroit hasta Tokio. Yo he visto sus tejidos en el Metropolitan y en 1990 tuve el gusto de asistir en MOMA a una exhibición dedicada a la obra de Gunta Stolzl y su más aventajada alumna, Annie Albers.

Los Albers y los Gropius inmigraron en 1933 por la misma razón. Annie e Ise Frank eran judías. Los Albers consiguieron empleo en una universidad en Carolina del Norte. En su tiempo libre viajaron por Cuba y México. Annie permitió que las influencias latinas entraran en sus tejidos, creando una mixtura muy original que haría famosa a su autora.

                            Influencia de los tejidos de Annie Albers en la moda

Annie y Gunta son ejemplos de artistas que aprovecharon lo que Bauhaus les ofrecía para romper el mismo tejado de cristal que les habían impuesto. Se ha especulado que ambas pudieron ser famosas por otras manifestaciones artísticas, pero lo cierto es que sin ellas los tejidos nunca hubiesen llegado a ser apreciados y admirados como arte. ¿Cuántas mujeres que hoy tienen la oportunidad de tomar clases en lo que Gropius consideraba “poco femeninas” podrán alcanzar el nivel de celebridad de Annie y Gunta que tienen calles que llevan su nombre en la misma Alemania que las exilió?

                              Tapiz de Annie Albers
                                    Tapiz de Gunta Stolzl

La serie quiere hacernos creer que Walter Gropius silenció, reprimió y limitó a sus alumnas, pero él no pintó suásticas en la puerta de Gunta, no exilió a Annie, no le impidió a Dorte continuar con su carrera de decoración, no empujó a la cámara de gas a Otti Berger, otra estrella del alumnado de Gunta y a Friedl Dicker -Brandéis, otra alumna que llegó a ser maestra en la Bauhaus. Fueron los nazis los que en 1933 finalmente cerraron las puertas de la Bauhaus a alumnos de todos los géneros.

 “Bauhaus “comete el error de las series alemanas contemporáneas de negar y desconocer la historia de su país. La serie no menciona ni acepta la influencia que el nazismo tuvo incluso en la atmosfera social que precedió al auge del Tercer Reich y como afectó al manejo de la Bauhaus, el mundo artístico de la República de Weimar y el trato a sus mujeres.

Bauhaus puede verse en MHZ y en Amazon Prime. Hay un rumor de que esta con subtítulos en español en el HBOGo de Latinoamérica. Díganme si es fake news.