Tras dos
capítulos de esta segunda entrega, no sabía qué era más laborioso, si engancharme
con una trama caótica o impedir que mi hermano se quedara dormido de
aburrimiento. Con excelente reparto y una respetable atmosfera de época, Perry
Mason sufre de un mal contagioso: libreto chapucero. Al menos ya para el
segundo episodio, se sabe de qué se va a tratar este caso que el bufete Mason-Street
ha tomado: el asesinato de un importante empresario del que acusan a los
Hermanos Gallardo, un par de mexicanos marginales. El error es que el argumento
se enfoca más en las vivencias personales de los personajes principales, que en lo que ocurre en tribunales, llegando a olvidarse que este es un noir
legal.
Gato Rafa decía
que tal vez el problema con esta serie, lenta e inconexa, es que se demoraron mucho en traernos una
segunda parte y se perdió el hype que suscitara la Primera Temporada. Yo prefiero
culpar a un libreto mediocre en donde se privilegia la diversidad antes que un cuento
bien narrado.
Ya vemos eso en
el primer episodio. Un Paul Drake desempleado celebra su fiesta de cumpleaños
en la casa de su cuñado donde están de allegados Los Drake. Aparece Perry Mason
que, cortésmente, se queda en la calle
como temeroso de acercarse a una festividad donde sería el único blanco. Clara
le pregunta al marido porque no ha invitado a su ex jefe, pero Paul Drake es un
personaje que representa los ideales de la nueva militancia BLM: no se Junta con
los blancos, no recibe nada de los blancos, los deprecia. Finalmente, va a la acera e interpela al abogado. Aquejado
de lo que en wokismo se conoce como White Guilt (sentimiento blanco de culpa),
el abogado intenta hacerle un préstamo que el ex policía rechaza.
Perry entonces le
consigue un trabajo como espía y fotógrafo de Pete que ahora trabaja para el
fiscal Hamilton Burger. Pete sigue
siendo mi personaje favorito porque, aunque oscuro, es genuino. Necesita que Paul ingrese en un
hotel de Perkins, un importante empresario afroamericano, y documente con fotografías las actividades
irregulares de este señor . Pues Drake descube que el empresario es un
prestamista y traficante de licor (estamos en el último año de La Prohibición),
pero agrega que es buena persona ya que
su dinero es empleado para ayudar a la gente de su comunidad.
Esto no impide
que la Fiscalía arreste al empresario. Paul Drake monta en colera : acusa a
Pete, acusa a Perry (que ni sabia en qué consistía el trabajo) acusa al Establishment blanco de haberlo
traicionado forzándolo a delatar a “uno de los míos”. . ¿A ver, Paul Drake tiene ocho años?
Cuando aceptó el
trabajo conocía las posibles consecuencias. ¿Acaso creyó que convencería a
Petede no arrestar al empresario por
ser este un pilar de la sociedad afroamericana? ¿Acaso se tomó en cuenta todo
lo que Bill Cosby había hecho por su comunidad cuando lo declararon culpable?
Si Perkins fuera una blanca paloma nadie lo hubiese arrestado. Por supuesto que
era/es más fácil arrestar a una persona de color que a un blanco prominente y
poderoso, pero eso no lo exonera de sus actividades delictivas.
Cuando Mason y
Della solicitan los servicios de Drake este dice que no puede confiar en ellos
y Perry humildemente concuerda en que no son dignos de confianza. Esto es tan
estúpido como increíble. En medio de esa terrible Depresión, nadie iba rechazar
un empleo legal y regular por militancias que desaparecen cuando no hay comida
en la mesa familiar.
No sé qué sea más
irritante si la acusaciones de Drake o los remordimientos de Mason. No solo es
lo que ha hecho con Drake loque lo atormenta. Emily , su clienta de la primera
temporada, se ha suicidado y Perry carga esa culpa innecesaria sobre sus
hombros. El primer episodio lo trae borracho cayéndose de una motocicleta y
yendo a llorarle a Lupe porque ha convertido la casa de sus padres en un bar. No puedo tenerle lástima.Le remuerde la conciencia debido a culpas que
no le corresponden, pero no tiene empacho para envenenar innecesariamente a un
inocente perro.
El
detective-abogado llega sucio y sin afeitar a la corte y gana un caso de la
manera más truculenta y aplastante, irritando a Della quien se ha pasado noches
enteras preparando un alegato menos implacable, pero que no hubiese beneficiado
a su cliente. Y es que, durante este periodo, que trae a Mason en un purgatorio personal, es
Della quien se ha hecho cargo del bufete. Ella es quien ha contratado una
secretaria (china, por supuesto) quien
consigue clientes y los entrevista. Para ser francos, Della Street es la
protagonista esta temporada, y posiblemente el personaje más interesante y
mejor logrado.
Sabemos que es
importante, porque se cambia cuatro veces de vestuario en cada episodio. La humilde
secretaria del comienzo se ha vuelto una experta diplomática y mujer de
sociedad porque consigue clientes, e información sin dejar de ser una dama. Es
refinada tanto en una velada musical a la que acompaña a Hamilton Burger, como
en un match de boxeo donde la lleva Anita, su nueva conquista. Increíblemente elegante
es su primer encuentro con este espíritu libre inspirado por Anita Loos y eso
que tiene lugar en un tocador de señoras. Aunque un estándar de la ficción gay son
estos encuentros clandestinos en baños, aquí se la arreglan para hacerlo
glamoroso y sensual sin que intercambien ni un apretón de manos.
Si me detengo en
esta descripción porque es lo más claro en una oscurísima trama y tal vez lo
único agradable,. A pesar de que hay comentarios del público que desaprueban
que la recta Della le ponga los cuernos a Hazel. La famosa escena resultó un
reverso del cliché, no solo porque la tensión sexual fue intensa haciendo
innecesario un contacto físico, pero también porque como todo con el personaje de
Juliet Rylance, fue elegante. La ropa, la conversación llena de doublé
entendres y hasta la iluminación de las lamparitas del tocador con sus
pantallas rosadas.
Eso aporta másatmosfera de época que la banda sonora de
jazz callejero o las visiones de una Los Ángeles poco atractiva y oscura aun a
la luz del día. El problema de iluminación nos recuerda aCity of Àngels con la que también comparte otra similitud:
el mal uso del tema latino.
Curioso porque
Tim van Patten se ha desligado de la dirección que ha caído en manos latinas:
la Latinx Nina López Corrado, productora de El Mentalista, el brasileño
Fernando Coímbra y mi compatriota Marily Rivas. Sin embargo, uno de los grandes
problemas de esta temporada está en el libreto que ha caído en manos de Jack
Amiel, autor de la infame The Knick.
Amiel y su equipo
han llevado a la pantalla latinos miserables, incapaces de hablar el idioma y
victimas del sistema. Aunque si bien es cierto que California tiene, hasta hoy,
un récord de abusos en contra de la población hispanoparlante (que estaba ahí
antes que los Anglos) cansa esta imagen de vagabundos siempre al borde de la
delincuencia. Si hasta en Wednesday se describe a la Abuela Addams como una
estafadora y a Tío Fester como un forajido fuera de la ley.
No soy la única
descontenta con el rumbo que ha tomado la serie. Gato Rafa anunció que, si no
se ponía mejor, más clara y específica, para el cuarto capitulo, la dejaba de ver. Mi hermano señaló que el
gran problema está en un argumento incoherente cuya primera misión parece ser
el espacio que ocupa cada actor en pantalla. Eso convierte a Perry Mason en una serie de viñetas, muchas
totalmente innecesarias que nos presentan personajes nuevos sin explicarnos su
importancia.
Para el tercer episodio sigo sin saber quién es Miss
Lawson o porque le reventaron la cabeza a Harry Goldstein. Lo único invariable de
este narración es que los ricos son sádicos perversos, que uno de ellos puede
haber matado a McCutcheon, y que los pobres son oprimidos y patéticos, el más
patético es , como siempre Perry Mason.
Contenido
Violento o Gory: Un factor
constante de la serie es que en cada episodio tendremos gore, sea un cadáver
con un balazo en el ojo al final del primero; Harry Goldstein con la cabeza prensada como
una uva en el siguiente; y en el
tercero, Lidell McCutcheon le rebana la cara a un imprudente que vino a
cobrarle una deuda .
Contenido
Sexual y Desnudos: Curiosamente
la woke Perry Mason tiene algo en común con las conservadoras series del
Oeste de Taylor Sheridan. No hay sexo gráfico y muy pocos desnudos. Cuando Catherine
Waterston, la nueva pareja de Perry va a su departamento por primera vez no los
vemos ni besarse. Tenemos que adivinar (como en una novela victoriana) que han
tenido un match en el ring de cuatro patas. En el próximo episodio los vemos en
paños menores, escena muy poco atractiva. A Della y Anita las vemos besarse—vestidas— con
las colinas angelinas de fondo y luego Juliet Rylance se levanta totalmente
desnuda de una cama para ir a encontrarse con su amante (ambas en bata) que
hace Huevos Rancheros en la cocina.
Factor
Feminista:Toda la serie se centra en Della, en su sentido común, su sentido de justicia,
su lado practico y el diplomático que le permite conseguir clientes y tratar
con ellos. Vemos también mujeres que surgen de la nada. Lupe que maneja su
propio negocio y que es la contraparte de las vulnerables mujeres Gallardo.
Anita, espíritu libre que supera convencionalismos
y tabúes para dedicarse a lo que le gusta, y la millonaria Camilla Nyrgard que ha llegado
alto sin necesidad de los hombres y que le señala a Della que no debería cargar
a un lastre como lo es el temperamental Perry Mason.
Factor
Diversidad: Mexicanos,
negros, lesbianas, sus historias ocupan mucho tiempo en pantalla ¿pero avanzan
realmente la trama? Hay una secretaria china que está ahí nada más que para
llenar la cuota de asiáticos en la serie.
Al ser una
producción de la HBO, Julia debía, por fuerza, adherirse a las reglas de la Era Woke. Me
interesaba ver como las manejaría Daniel Goldfarb quien ha estado involucrado
en la popular serie The Marvelous Mrs. Maisel. Aunque ahí el mal uso de
la diversidad tiene como mayor culpable a Amy Sherman Palladino, en Julia Goldfarb es quien lleva la
batuta y la lleva mal. En lo que se refiere a rumores tales como la homofobia
de los Child o el supuesto lesbianismo de la chef, Danielito vuelve a hacer de
las suyas respondiendo dudas con mentirijillas dignas de Weiss&Benioff.
¿Fue Julia
Injusta y Racista con Alice?
Comenzaremos con
el tema de la diversidad racial. Tal como era Cambridge en ese entonces, la
serie es inmaculadamente blanca, con la excepción/inserción del personaje de
Alice Neman, graduada de Oberlin, franco parlante, y que, como Julia Child, ¡ha
estado en Paree!
Alice es el gran
apoyo de Julia en la WGBH. Ella representa un arquetipo de estos dramas
culinarios, el personaje que impulsa a la cocinera mágica a crear y termina convirtiendo
la gastronomía en una religión de la cual la chef es la gran sacerdotisa. El
problema, y ya se han elevado críticas, es que Alice es una mujer afroamericana
y no lo parece.
Su condición femenina la hace objetivo de machismo accidental e
intencional, algo que entienden Julia y sus seguidoras, pero su color pasa
desapercibido.Lo cual es irreal en el
Estados Unidos, de comienzos de los 60, enfrascado en la batalla de los
Derechos Civiles.
Sin embargo, en
el quinto episodio (el peor de la serie) ocurre algo inaudito en esta Era Woke,
de Black Lives Matter y ataques contra la “Fragilidad Blanca”.The French Chef ha recibido un alza de
presupuesto y Alice una mínima promoción que le otorga un poco de poder. Su
primer paso es contratar ayudantes profesionales que reemplacen a señoras de
buena voluntad como Avis y Dorothy. Recordemos que, en el mismo episodio,
Dorothy abandona el plató y Mrs. De Soto, que detesta las mollejas, se las
encaja a la productora para que las lave. Alice tiene sobrada razón para buscar
auxiliares más responsable, pero Avis resiente la medida y va a quejarse con
Julia.
Avis le hace asco a las mollejas
Esta se aparece
en la oficina de Alice y,con la
sutileza de un mastodonte,le lanza un
regaño que hace llorar a Miss Naman, recordándole quien es la puta ama ahí y
como la productora se está tomando atribuciones que no le pertenecen. Solo
faltó que le gritara “¡Ya negra atrevida, vuélvete a tu fogón!”. Que Julia
(cuyo corazón era de mantequilla) acabe consolando a su productora, y en un
gesto de “Gran Salvadora Blanca” le otorgue a Alice el puesto que otros le
niegan,no borra esa imperdonable
escena. Es extraño que Alice Burton, en su recap de Vulture note el racismo de un carnicero que atiende a las
blancas ante que, a Alice, pero no repara en este intercambio Child vs Naman.
El carnicero atiende a las blancas e ignora a Alice
Julia en el
País de los Gays
En el cuarto
episodio, promoviendo su libro y programa en San Francisco, Julia se encuentra
con su gran amigo y colega, el famoso James Beard. Se van de parranda y acaban
en un bar gay donde Julia, un poco incomoda, conoce a Coco Van, un
transformista que la idolatra hasta el punto de imitarla. La noche acaba con
Julia, bastante achispada, en el escenario cantando a dúo con Coco.
¿Cuál es la verdadera Julia Child?
Se ha hablado
mucho de si tal suceso ocurrió o pudo ocurrir. Julia Child era un producto de
su época, sabia de la existencia de los homosexuales, pero no era un tema que
le interesase discutir ni en público ni en privado. Aunque consciente de que
Beard era gay nunca lo reconoció ante el chef.
Debido a eso, es
casi imposible que la hubiese llevado a ese tipo de bar, no por ser un sitio
impúdico, sino porque (algo que pocos saben o recuerdan) la actividad homosexual en Los 60 estaba
legalmente prohibida tanto en USA como en el resto del mundo. Estos bares
clandestinos eran solo conocidos por sus clientes exclusivos y se tenía mucho
cuidado sobre quienes sabían de su existencia y de qué tipo de gente venía a
ellos.
Hablando de la
heterosexualidad de la cocinera,su
tamaño, aspecto masculino y el haber perdido su virginidad después de los
treinta años, hizo que los prejuicios de su época especulasen sobre su orientación sexual. Vale decir que las acusaciones de
lesbianismo (y entonces eran acusaciones difamatorias)siempre vinieron de sus contrarios homófobos.
La serie, sin embargo, saca a relucir un suceso inventado.
La problemática Iris
En una reunión en
Smith con ex condiscípulas, Julia se encuentra con una compañera la que le
cuesta identificar. A solas, Iris admite ser lesbiana y agradece a Julia
haberla ayudado a salir del closet. Julia está estupefacta y aún más cuando la
amiga le recuerda una noche en su adolescencia y que estando borrachas, se lanzaron al rio desnudas. Como Julia ha
bloqueado totalmente la experiencia, y como Iris es muy imprecisa sobre lo que
pasó, no sabemos exactamente cuál fue la participación de la chef en este
despertar sexual de su ex compañera.
En esta época en
que todos parecen (menos Servidora) haber tenido alguna experiencia homosexual,
no veo esta invención intercalada como difamación. Por el contrario, creo que
este episodio fue embutido para borrar la imagen de Los Child como “homófobos” que han adquirido gracias a entrevistas con
amigos y libros y documentales.
Lo cierto es que si bien (como casi todos los
de su generación) el matrimonio no consideraba la homosexualidad un tema de
conversación prioritario, el gran cambio ocurrió a mediados de los 80. Tras
perder un amigo cercano debido al flagelo del SIDA, Julia Child se embarcó en
una militancia que buscaba soluciones, cura y dar información sobre el HIV. En
esa militancia abogaba también por los derechos de la Comunidad Gay.
El Club de La
Misandria
He dejado para el
final este tema puesto que es complicado asociar a vida de Julia con un
feminismo militante, y la serie no nos ayuda. Por un lado, tenemos esa
“Confederación de Mujeres” que intenta proteger a Julia, pero que a ratos se ve
como una combinación de autoayuda con una adoración condicional de un ídolo que
todas creen de su propiedad. Esta competencia lleva a la “red de estrógeno” a
ser rivales entre ellas, y (¡horror!) ver a Paul como un rival que hay que
sacar del camino.
Vemos a Avis
gruñirle a Paul en cada encuentro, a Alice ponerle caras, y hasta Judith se indigna al saber que tendrá
que pasarse las vacaciones en la cocina con el marido de su amiga. En realidad,
fueron Julia y Paul quienes efectuaron los experimentos para hornear pan.
Judith no tuvo nada que ver. Irónicamente, ella escribió un libro de cocina The
Book of Bread y—doble ironía—lo escribió con su esposo (¡!!)
Paul y Judith intentan hornear baguettes
Por décadas he
oído a machistas decir que “las amigas de una novia/esposa solo sirven para
separar parejas”. Esta serie no desmiente ese prejuicio. Es una suerte que
estos eventos no ocurrieron en la vida real porque no creo que ni un matrimonio
tan bien avenido como el de Los Child hubiese soportado esos celos negativos.
A Judith no le gustó la idea de cocinar con Paul
Para ser francos,
Julia no está dirigida ni a un público feminista ni a un público joven.
No hay nada en ella para atraer a Millenials y Zetas. Entonces hay que aceptar
que su público somos nosotros, los que crecimos con Julia Child en pantalla de
viejos televisores, los que aprendimos a cocinar con ella, los que nos reímos
de ella y con ella, y al final aprendimos a admirarla. En ese marco,
reconozcamos que el argumento tiene pantanos de mentiras y absurdos. Evitemos
caer en ellos.
¿Fue Julia
Child un Obstáculo para el Movimiento Feminista?
No podría
terminar de hablar sobre el ángulo feminista de Julia sin meterme en el penúltimo
episodio. Disculpen los spoilers. En
este capítulo titulado “Foie Gras”, Julia viaja a Nueva York como invitada de
honor de una cena de gala en el Waldorf Astoria para honrar a los achievers
de la PBS
Antes la chef
tiene un cena en Lutece con Judith y Blanche Knopf. Este es el primer round de
la cocinera con un tipo de mujer de carrera, ejecutiva/empresaria, que no la ve con buenos ojos.Blanche, molesta con la lentitud del libro de Julia y
con el tiempo que Judith le dedica, aprovecha de humillar a su clienta dándole
cocotazos donde más le duele: su cocina, su comida, su exuberante personalidad.
Como si el bullying judío no fuese suficiente, llega el chef André y medio en
broma, medio en serio suplica a Julia que no estimule a las mujeres a ser
maestras de cocina ya que les quitarán el empleo a los hombres, además, la mujer
francesa nunca llegará a ser chef.
Tenso almuerzo en Lutece
Blache compara el foie gras con el higado picado que su madre preparaba para Pesaj
Con esto en
mente, en la gala, Julia hace un discurso en el que afirma no cocinar para los
maestros de la Haute Cuisine, sino para amas de casa. Su meta es
liberarlas llevándolas a un viaje de conocimiento que expandirá sus horizontes.
Aunque todos aplauden, a Julia le llega un baldazo de agua de parte de nada
menos que Betty Friedan. Aunque este es otro encuentro inventado, sabido es que
esa ola de feminismo, semi fundada por Friedan
y sus cómplices, odiaban la cocina
viéndola como parte de la esclavitud a la que se sometía las mujeres.
Eso es lo que
expresa la autora de The Feminine Mystique , quien con la famosa estridencia
Friedan (Oy cuando las judías nos ponemos histéricas ...) acusa a Julia de sabotear al movimiento
feminista encarcelando a las mujeres en sus propias cocinas. Aunque tanto Paul
como Russ defienden a la chef,Julia, al
borde de las lágrimas, se refugia en el
lobby donde es consolada por el mismísimo Mr. Rogers.
Russ Morash defiende a Julia
Y Mr. Rogers la consuela
No hay un récord
histórico de que este encuentro haya tenido lugar, pero sabemos que Friedan
detestaba tres cosas: lo burgués, el glamur (de ahí su eterna rivalidad con
Gloria Steinen) y cosas de chicas (“girlish thngs”) . Julia Child representaba las tres cosas. En
otras palabra lo que hoy llamarían “privilegio de mujer blanca”; una actitud
frívola hacia la opresión que sufrían las mujeres que carecían de padres millonarios,
maridos comprensivos y redes de apoyo..
Friedan al borde del ataque de nervios
En la miopía
propia del faux feminismo, mujeres como Betty Friedan no tuvieron la visión
para ver el alcance de la contribución de Julia Child. Una contribución
francamente feminista. Aunque este artículo de Sadie Stein para Jezebel lo explica muy bien, hay cosas que quedaron en el tintero y merecen ser
estresadas:
A)Gracias
a Julia Child, muchos (incluso las que odiamos el trabajo doméstico)
encontramos terapia y empoderamiento en nuestros fogones. Hoy en día, pocas
mujeres cocinan por obligación o porque deben alimentar a sus familias. Hoy
cocinamos para amigos o para nosotras mísmas. Es una manera decrear nuestro propio “arte” como quería la gran
chef.
B)Friedan,
ocupada en escuchar su propia voz
estruendosa, no repara que, para ser
1963, Julia Child es una pionera en la creación de programas femeninos, enfocados
desde una óptica femenina y que generan empleo para otras mujeres, incluso de
color como Alice . Algo que me gustó mucho fue cuando Russ se conecta con una
documentalista sureña, la mujer (que es afroamericana) admite admirar a Julia y
preparar sus platillos. Ese fue otro logro del Master Chef, superar las
vallas de color que dividían al país e interesar a todas las mujeres (y a
algunos hombres) en aprender a hacer estos platillos complicados, pero
sabrosos. Además, tal como dice la chef, cocinar es una experiencia que nos adentra
en otras culturas…
C)Mrs. Child también inauguró caminos para
nuevas profesiones en las que descollarían las mujeres desde abrir sus propios restaurantes
hasta hacer carrera de nutricionistas; desde el catering hasta los programas de
televisión, los libro de cocina, lo blogs como el de Amy Addams en Julie y
Julia. Por sobre todo demostró que la gastronomía también es una arena
donde pueden luchar las mujeres. Sin Julia Child no existirían Nigella, ni
Padma, ni Martha Stewart, ni muchas otras famosas chefs.
D)Betty
Friedan siempre entró en conflicto con Gloria Steinen acusándola de ser una
feminista “glamorosa”. Hizo declaraciones de haber sido apantallada por Gloria
porque la Steinen era más guapa y lucia mejor en las portadas. ¿Entonces
porque no reparó en que Julia, grande, torpe y cincuentona, era totalmente lo
opuesto a las sexy y curvilíneas estrellas de televisión de la época?Otro tabú que Julia Child destruyó fue ese.
Su show abrió a puerta a programas presentados por mujeres mayores y que no
representaban los cánones de belleza imperantes. Julia lo dice en su primera
reunión con los ejecutivos de la WGBH: “sé cómo luzco. Me miro al espejo todas
las mañanas”, pero agrega “la ventaja de lucir como yo es que desde temprana
edad aprendí a no aceptar un ‘no’ como respuesta”.
Recuerdo haber
visto desde mi ventana pasar a Betty Friedan. Ella tenía una amiga que vivía en
Parkway VIllage, la comunidad donde yo crecí.
Un día mi hermano me dijo “esa es Betty Friedan”. Yo la miré, avejentada, feúcha, mal arreglada y
arrastrando las patas, y le dije a mi
gata Reyna que estaba fisgoneando como yo “no quiero ser como ella”.Es cierto, en cambio sí me hubiese gustado
ser como Julia Child.
Betty Friedan en su vejez
¿Antes de esta
serie, habías oído hablar de Julia Child? ¿Cuál ha sido tu programa favorito de
esta gran chef? ¿Qué aprendiste a cocinar con ella? Yo hasta hoy día hago un
muy buen Boeuf Bourgognon (sin tocino) y un tarta de peras que descubrí
en su show.
La cuarta
temporada de “In Treatment” y el reboot de “Gossip Girl” tienen un vínculo en común. Ambas se adhieren
a la tendencia de moda de la inclusión de personajes diversos—sea en
color u orientación sexual—y la introducción en las tramas de
problemas que afectan a esas personas. Será mi “sentimiento de culpa blanco” o
el racismo sistémico que existe en mi raza (la de gatas semitas cuyos ancestros
eran judíos andaluces de piel cetrina), pero su famoso wokeness no me ha
hecho admirar más ambas series a las que considero bien mediocres.
En la primera
década del Siglo XXI debutaba en HBO “In Treatment”, la claustrofóbica
descripción de una serie de sesiones de terapia. Basada en un programa israelí,
“in Treatment” tenía como protagonista a Gabriel Byrne en el rol de Paul
Weston, prestigioso psiquiatra que seis noches a la semana nos llevaba en un
tour de su tratamiento de un paciente en particular. Para completar la historia
también veíamos a Weston convertido en paciente en sesiones con su terapeuta (Dianne
Weist).
“In Treatment”
fue muy aclamada por los críticos, aunque a mí me aburrió soberanamente. Después
de tres temporadas, cerró en el 2010. El año pasado, HBO anunció una cuarta
temporada. Parecía la idea perfecta para pandemia, una historia que ocurre solo
dentro de un consultorio, y HBO supo aderezarla bien. Para empezar, el Weston
de Byrne no es parte de este proyecto. Se menciona que está muy ocupado en
Washington asesorando sobre la salud mental de los americanos en la Era del
COVID.
Psicóloga
Hembra y Afroamericana
Esta temporada
tenemos psicóloga hembra y afroamericana interpretada por la actriz de origen
nigeriano Uzu Aduba (Orange is the New Black) El único eslabón en común con la
serie anterior es que la Dra. Brooke Taylor fue discípula de Weston, que lo
considera su mentor, pero que ha estado evitándolo desde hace un tiempo. En un episodio
se refiere a él con amargura como “un hombre blanco privilegiado” y, como veremos, Brooke tiene un problema con esa especie,
aunque ese sea el menor de sus problemas.
Ocurrió algo muy
curioso. Yo no hubiese visto esta serie si mi hermano no fuera fan y me diera
una oportunidad de compartir algo con él que no sean preocupaciones y
discusiones fútiles. Comenzamos viéndola los domingos e íbamos por la cuarta
semana cuando nos dimos cuenta de que en vez de dos capítulos de media hora, la
serie ofrecía semanalmente cuatro. La jornada dominical que cubría dos
pacientes, era seguida por una tercera sesión el lunes acompañada de un
episodio dedicado nada más que a Brooke que a ratos parecía más trastornada que
sus clientes.
Decidimos seguir
viéndola solo los domingos y dejar la otra mitad para cuando acabase la
temporada. Hicimos bien. Del modo en que conocimos a Brooke se veía como una
persona vulnerable, pero profesional. De otro modo, no la hubiésemos aguantado.
Como no puedo aconsejarles ese experimento voy a reseñar la serie tal como fue
construida.
Brooke Taylor, 42
años, es una psicóloga reconocida (algo poco común en ese campo tratándose de
una afroamericana). Debido a la pandemia decide recibir pacientes en su casa en
las colinas de Los Ángeles. Una bellísima casa que pronto descubrimos fue diseñada
por el padre de la Dra. Taylor y es su legado. Este arquitecto que superó la
barrera de los prejuicios raciales acaba de fallecer, razón por la cual su
única hija ha regresado a California y a la casa, llena de fantasmas, donde transcurrieron
su infancia y adolescencia.
Eladio vs Los
Blancos
Brooke tiene tres pacientes, dos varones y una
hembra. Solo uno es heterosexual, solo uno es blanco. Uno de ellos tiene
sesiones típicas de cuarentena, vía zoom. Se trata de Eladio Restrepo, un veinteañero
gay que, a pesar de haber ido a la universidad, sería una especie de vagabundo si
no lo hubiese rescatado una pareja de clientes de un restaurante tailandés
donde trabajaba. Los Di Marco son millonarios que contratan a Eladio para que
cuide de Jeremy, su hijo parapléjico.
Por un lado, es
una tremenda responsabilidad. Eladio no es un profesional, aunque anteriormente
trabajó en un hogar de ancianos. Cuando Eladio (que les ha ocultado a sus
patrones que es bipolar diagnosticado) comienza a experimentar insomnio
continuo, los di Marco pagan las exorbitantes sumas que exige Brooke para que
ella lo cure.
A través de
encuentros vía zoom, Eladio y Brooke comienzan a establecer vínculos y el chico
va abriéndole su intimidad. Le cuenta de su difícil relación con su madre que
aun el haber sufrido de Covid no los ha acercado, de su reciente desengaño
amoroso, su escasez de amigos y su relación con Jeremy y los padres de quien
Eladio considera su amigo. Sin embargo, aunque Eladio está agradecido y siente,
por primera vez, que “Los Blancos” lo tratan como a un igual, también tiene dudas
sobre esa relación. ¿Es Jeremy realmente su amigo? ¿Es Eladio parte de la
familia o un sirviente? También se queja de que le pagan menos que lo que le
pagarían a un profesional y que lo hacen hacer cosas que no están en su
descripción de trabajo como limpiar la piscina.
Yo entiendo a
Eladio por qué es lo que nos ocurre a todos, aun a los profesionales, cuando
trabajamos para alguien. ¿En qué momento la amistad choca con la relación
laboral? ¿En qué punto acaba uno de ser
amigo y pasa a ser empleado (o patrón, porque también lo he sido)? Debido a que Eladio es percibido como servicio
doméstico, la relación cae dentro de luchas de clases, los pobres vs los ricos,
pero me parece incorrecto que el cuento del privilegio tenga que venir teñido
de racismo.
Por el apellido deducimos
que los Di Marco son italoamericanos. Posiblemente sus ancestros fueron
inmigrantes del Sur de Italia. Si Eladio fuese al sur de la península italiana
vería que la gente físicamente no es diferente a él, con piel de tono cappuccino,
ojos claros y cabello ensortijado. Ese empeño en hacernos a los latinos ser
gente de color es a veces un poco forzado.
Al no rebatir esa
acepción de que los di Marco son patrones abusadores debido a su privilegio, Brooke
comete un error y no es el único ya que ha permitido que Eladio al llamarla
fuera de horario de trabajo sobrepase los límites impuestos por relación
terapeuta-paciente. La respuesta está en el capítulo semanal que la serie
dedica a la vida personal de Brooke.
El Pasado de
Brooke
En el primero de
esos, la Dra. Taylor recibe la visita de Rita, (al parecer) su única amiga. Ahí
descubrimos que ambas son parte de Alcohólicos Anónimos y que la psicóloga ha
abandonado su programa de rehabilitación. Brooke confiesa que ha sido
traumático tanto la muerte del padre como el haber heredado esta casa que le
recuerda a la madre alcohólica que murió cuando la Dra. Taylor tenía diecisiete
años. La casa también le recuerda su difícil relación con un padre que cifró
todas sus ilusiones en su única hija. Ilusiones que acabaron cuando Brooke fue
madre soltera los quince años.
Aparte de forzarla
a entregar a su hijo en adopción, el padre nunca volvió a tratar a su hija con
respeto, ni siquiera cuando ella se graduó con honores de Stanford. El volver
al hogar paterno obligó a Brooke a enfrentar el hecho de que había existido un
distanciamiento total con su padre tanto que ella desconocía cambios en la vida
del arquitecto desde su afición a programas de cocina hasta la pareja que
compartió los últimos años de su vida.
Irritada y
desolada, Brooke siente que su instinto maternal despierta y se pone a buscar
al hijo perdido. Los fracasos en esa empresa la empujan más a la botella y a ampliar
su relación con Eladio. Adam, su pareja esporádica de décadas, cree que la
solución está en escribirle a la cigüeña, pero Brooke no quiere un bebé. Quiere
un hijo adulto, o el perdido alrededor del cual inventa fantasías, o Eladio.
Para Rita el gran problema está en que Brooke no quiere rehabilitarse. La Dra.
Taylor se miente a si misma creyendo que puede dominar su alcoholismo.
Un día, Eladio
aparece en la puerta de Brooke. Está feliz, ha mandado al carajo a los di
Marco. Está desempleado, durmiendo en un sofá de una amiga, y viviendo de sus
magros ahorros, pero muy agradecido con su “mamita” que le aconsejó dar ese
paso. En vez de enviarlo de regreso con los di Marco para negociar mejores
condiciones o al menos despedirse como gente, Brooke reacciona escandalizada
asegurando que jamás aconsejó al paciente abandonar su empleo..
Ese es un rasgo
desagradable de la Dra. Taylor, su incapacidad de aceptar responsabilidad por
sus actos. Hace creer a Rita que es Adam quien la hace beber, cuando él mismo
dice “nunca te he servido una copa que no me hayas pedido”. Por conversaciones
con Rita, y el mismo Adam, descubrimos que lo que está pasando no es nuevo. En
el pasado, la psicóloga tuvo recaídas que acaban en sexo con extraños, y
accidentes automovilísticos.
En el pasado,
muchas veces Brooke ha abandonado a Adam para luego ser ella quien le pide que
regrese, algo que él siempre hace. Desde mi punto de vista, es Adam quien está
en una relación toxica, no ella quien puede usarlo de compañero de cama y bar,
sin sentirse ni comprometida ni amenazada. Mas importante, él no la hace
sentirse inferior ni cuestionada como lo hacía su padre o Paul Weston a quien Brooks
ha estado evitando. La extraña manera de la Dra. Taylor de relacionarse con el
sexo opuesto queda en evidencia con Colin, su segundo paciente.
El Tóxico
Encanto de un Blanco Privilegiado
Un embaucador
profesional, Colin ha sido condenado a un año de cárcel por estafas tecnológicas.
En prisión descubre que su labia no lo protege y tras unas peleas con otros
presidiarios su sentencia es alargada dos años más. Eso lo hace sentirse una víctima.
Aunque está en libertad bajo palabra, la corte no está segura de que el bandido
no represente un peligro para la sociedad y para sí mismo. Será Brooke la que
tenga la misión de decidir el destino de Colin a través de un determinado número
de sesiones.
Sabiendo que ella
tiene su futuro en sus manos, Colin intenta congraciarse con Brooke. Le cuenta
que es un liberal que se crió en una comuna de hippies y que está horrorizado
con lo ocurrido con George Floyd. Pronto Brooke se da cuenta que Colin es un
narcisista y un mentiroso patológico. Cuando lo expone como tal, el paciente
reacciona atacándola con comentarios sexistas y racistas. No se sabe cuándo es más
insoportable el pobre Colin.
A pesar de la mala
opinión que tiene de las mujeres, Colin admite seguir enamorado de su ex esposa
y Brooke lo anima a contactarla. En su próxima sesión, Colin se ve
transformado. Su esposa respondió su email, acepta verlo, él quiere que lo acompañe
a la próxima sesión. Aunque Brooke tiene sus dudas, acepta. El día indicado
llega un Colin entusiasmado, insiste en esperar a Hannah, se pone nervioso con
su tardanza. Finalmente sale a la calle. Rompe el corazón ver su desolación.
Vemos que Brooke está conmovida. Hannah nunca llega.
Ya adentro estalla
la bomba, tras un interrogatorio, Coín confiesa. Su mujer no vendrá. No quiere nada
con él. Ha vuelto a casarse y tiene lo que más desea, espera un hijo. Brooke se
sorprende. ¿Por qué Hannah no tuvo un
hijo con Colin? Aquí llega la guinda del pastel. Colin tuvo una vasectomía en
su juventud y no tuvo la delicadeza de contárselo a su mujer que se casó llena
de esperanzas de ser madre. Él le siguió la corriente en cuanto tratamiento médico
o holístico intentó su esposa. Dejó que se llenara de ilusiones, que se sintiese
humillada por creerse estéril. Con razón, al descubrir la verdad, lo abandonó.
Brooke está boquiabierta y nosotros también. No hay palabras
para cerrar esta confesión. Sin embargo, la terapeuta acepta volver a ver a
este paciente tan reprobable. Solo que Colin regresa antes. Una noche en que Brooke
está allí con su traguito nocturno, aparece Colin en la puerta. Paseaba por
ahí… ¿Como va a andar paseando de noche por un lugar aislado de las colinas
angelinas? ¿Quiere que se lo coma un coyote?
El caso es que Colin
necesita un baño. Lo primero que nos aconsejan cuando nos vamos a vivir solas
es a no caer en el cuento de “necesito un baño”, pero Brooke peca de ingenua y
deja entrar a este delincuente poco recomendable. Después de dejar hediondo el baño,
Colin sale y anuncia que se quedará ahí hasta que llegue un Uber que —pronto
descubrimos-—nunca ha llamado-. Brooke insiste en que espere afuera.
Colin insiste en quedarse.
Comienzo a
ponerme nerviosa. La Dra. Taylor comienza a ponerse nerviosa. Y entonces…¡Aparece
el Chapulín colorado! Entra Adam (con su llave) cargando bolsas del mercado. La
reacción sensata seria que Brooke presente a Adam como su pareja y a Colin como
“este es Colin, ya se iba”. Pero no, las exigencias combinadas de Mituteras y BLM
es que ningún hombre blanco debe defender a una mujer de color, ni siquiera de
los acosos de otros blancos.
Por eso la psicóloga
le ordena al novio que se vaya al cuarto como un niño regañado. Acto seguido,
hace que Colin llame un Uber, lo instala en un sofá, le sirve una copa, ¡ella
se sirve otra y se le acurruca al lado! Guau! pero yo he hecho eso y es un
preludio para meternos entre las sabanas. Colin lo entiende así, se toma su
tiempo, se instala a sus anchas y comienza a contar su vida, las oportunidades
perdidas, su deseo de reforma.
Brooke lo
interrumpe con ronroneo de gata alcohólica y dice que no hable de oportunidades
perdidas. Él es un HOMBRE BLANCO HETEROSEXUAL PRIVILEGIADO, “El mundo fue
construido para ti…sin obstáculos. ..solo tu pereza e inseguridad”. Todas las
oportunidades son suyas si no las ha aprovechado es porque es tonto. Ella
quiere derribar todas las estatuas de hombres blancos porque su “filantropía es
un modo de lavar la sangre de sus millones”.
Este magnífico
discurso woke casi hace llorar a Colin. Lo salva la llegada del Uber. Adam sale
del cuarto y confronta a Brooke sobre el modo en que lo ha tratado. Su amante
se burla acusándolo de estar celoso. Brooke está eufórica. En una sola noche ha
humillado a dos hombres blancos. ¿Es esa la venganza de la mujer de color? Pues
no me parece ni muy humana ni muy profesional.
Colin regresa a
la semana siguiente y Brooke lo recibe contenta y con disculpas. Algo que es
común en la Dra. Taylor. Caerle a la gente con patadas de elefante para luego
pedir excusas que suenan falsas. Colin ni se acuerda , está muy contento. Ha
conseguido un nuevo proyecto, nuevos inversionistas. hasta le ofrece un empleo
a Brooke. Y como entendió todo como yo lo hubiera entendido, trata de besarla. Entendió
que Adam no es importante para ella, la Dra. Taylor necesita un hombre como él.
Brooke reacciona escandalizada. Colin la
insulta y, aun así, Brrooke está dispuesta a seguir atendiéndolo como requisito
para declararlo cuerdo. La actitud de Brooke está abierta a muchas
interpretaciones, ninguna muy buena, pero los críticos, embobados con este
retrato de poder negro, lo ven como “un desafío profesional” para la psicóloga.
¿Perdón? En psiquiatría ningún paciente puede verse como desafío. Además de
inhumano, es poco ético.
Lo que pasa es que,
si Eladio es el hijo perdido, Colin es como un reflejo de la dificultad de Brooke
de enfrentar realidad y ser honesta consigo misma. Incluso en sus relaciones,
ella es tan marrullera como el delincuente. Toda la temporada se la ha pasado
haciéndole creer a Adam que van a encargar un bebé, incluso pidiéndole que no
use métodos anticonceptivos. Pero como le lanza en la cara en el último
episodio, está tomando la píldora del día después.. ¿Acaso no es lo mismo que
Colin hizo con su mujer?
Laila, la
Princesita Victima
La única vez que
siento lástima por la Dra. Taylor es cuando le toca atender a la odiosa Laila
una “princesa de ébano” de 18 años llena de actitudes de privilegiada (basta
ver su vestuario que eclipsa a la nueva versión de “Gossip Girl”), de actitudes
burlescas y de acusaciones de militante woke. La trae su abuela que ha fungido
como figura materna desde que la madre de la chica abandonó a la familia para
irse con un blanco.
Rhonda, (la abuela)
la presenta de esta manera “mi nieta ha elegido ser lesbiana”. Aunque Brooke
estúpidamente cree que Rhonda quiere aplicar terapia de conversión a Laila, yo
escuché claramente cuando la abuela expresaba un deseode que
la terapeuta “armara” a la nieta con algunas tácticas con las que sobrevivir el
vivir sola ya que Laila va camino a la universidad.
Ciertamente, las
chicas gays sobreprotegidas pueden ser objeto de acoso y cosas peores en los
dorms, pero también las mocosas antisociales como Laila que admitirá que es una
inútil. Eso va desde no saber cocinar hasta no saber manejar su dinero y su
vida,
Laila comienza
agrediendo a Brooke: “debes tener como
70 años. ¿No?” luego le rebaja la edad a 50. Brooke muy paciente confiesa tener
42 años. Laila despectivamente dice saber que hay algo oscuro en el pasado de
su psiquiatra. Brooke le cuenta sobre su hijo, pero Laila no demuestra
compasión. Cuando se vive como víctima no hay espacio para sentir lástima por
otros.
Finalmente, Laila
sale con el discurso de Greta de que Brooke y su generación han destruido el
medioambiente e invitado a calamidades mundiales. Me ha sorprendido que Brooke
no la reprenda cuando a otros pacientes lo has regañado y gritoneado.
Yo estoy harta de
estos mocosos ignorantes. Tal vez Brooke se sienta culpable, yo no. Desde 1990 que reciclo, no recuerdo
desde cuando milito a favor de los animales. dejé de usar aerosoles, por años fabriqué mis propios cosméticos y
mientras tuve dinero, doné a no sé cuántas
causa ambientalista conociera desde “Salven al Amazonas” hasta “¡No maten a las focas!”
Incluso en los
80s mi madre cultivaba sus propios vegetales para evitar químicos insalubres.
En los 60, los hippies nos hicieron tomar
conciencia de una vida más sana y natural. No quiero seguir porque vamos a
llegar a toda la preocupación nazi por el medio ambiente. Me irrita que la
militancia medioambientalista juvenil sea—como en todo—agresiva sin necesidad.
Que se base o se enfoque en cosas equivocadas, en vez de revisar la historia
del movimiento y ver donde se falló y que estrategias hay que descartar.
Pero lo que me
ofende (y aunque tenga 62 años si puedo ofenderme) es que esta cría ignorante,
hostil y maleducada se defienda atacando a otros. Pronto descubrimos que Laila ,
además de embustera profesional , es una delincuente que alardea de su intensa
vida sexual con una quinceañera (ilegal en California) que pretende llevársela a
los altos de Machu Pichu (lo que sería considerado secuestro siendo la novia
menor de edad). Brooke se pasa de diplomática y con eso parece aprobar el
comportamiento de su paciente.
La excepción ocurre
cuando los lamentos de Lailala llevan a
pensar que contempla suicidarse. Le pregunta y la reacción de Laila es apoteósica.Le lanza un “How dare you (¿Como te atreves?)
sacado de la boca de Greta Thurnberg (si los adolescentes supieran lo ofensiva
que es esa pregunta…). Sin embargo, lo próximo es que Rhonda se aparece en la
puerta de Brooke. Laila ha desaparecido,
antes rompió con su noviecita porque a pesar de su corta edad, esta es más
madura y vive en el mundo real.
Brooke vuelve a
caer en la trampa de Laila. Hace que la abuela llame a la policía, que busquen
a la chica que posiblemente se ha aventado de alguna colina. Brooke insiste en
culpar a Rhonda (y sus castigos corporales) por los problemas de su nieta,
cuando ella misma ha hecho caer a su paciente en el rol de victima-ya-asignada
por ser hembra y negra (Si, con un Bentley del año).
Es entonces que
la psiquiatra recibe una llamada de Laila. Esta en Perú (Perú, Indiana probablemente). Brooke está extasiada. Laila se ha atrevido a hacer lo que
la psicóloga no hizo a su edad. El que Laila esté en un país con un desbocado
índice de COVID, con una situación política muy frágil , y que ni siquiera sepa
el idioma, carece de importancia. Tal como Brooke vive de sueños (su hijo la
amará apenas la conozca, puede dejar de
beber en cuanto quiera,jamás ha
coqueteado con Colin, etc..) lo de Laila no pasa ser una fantasía.
Como diría mi
madre: “cuidado con seguir consejos. Las
consecuencias nunca las paga quien aconseja”, Brooke se las ha arreglado para
que Eladio pierda el empleo, Laila esté perdida en Sudamérica y, sin embargo,
ha firmado papeles para que Colin siga libre y estafando al prójimo. Como que
no me gustaría que fuese mi terapeuta. Cuando la abuela de Brooke comenta que
la razón por la cual hay pocos sicólogos afroamericanos es porque su propia
gente no confía en ellos, yo les doy la razón.
Esa noche, Adam
hace un chiste de que Laila como la Dra. Taylor “abandona cosas”. Brooke se molesta
como suele hacerlo cuando le dicen la verdad. Le espeta al amante una pregunta
tendenciosa “¿que ves cuando me miras? “ Incomodo, Adam responde “tristeza”.
Temeroso de haberla molestado, intenta arreglarlo
con un pésimo chiste sobre como espera que su hijo no herede esa tristeza.
Furiosa, la
psiquiatra le escupe en el rostro que no habrá hijo. “ni tu ni yo podemos tener
uno” y le revela lo de la píldora del día después. Acto seguido huye a su cuarto
tal como se ocultó en el baño cuando la conversación con Eladio la incomodó. ¿Qué
tipo de terapeuta es esta que se oculta de sus pacientes?
Adam lava los platos, pero necesita hablar de
lo ocurrido. Brooke finge tener sueño, pero él la obliga a escucharlo. Es ella
quien lo ha abandonado muchas veces para luego buscarlo. No lo ha hecho ni por amor
ni porque él sea un buen compañero de copas. Lo que pasa es que es el hombre perfecto para Brooke
porque es menos que ella, gana menos, es menos inteligente y eso la hace
sentirse poderosa.
Brooke insiste en
que no es cierto, hacen el amor, pero a la mañana siguiente, ella empaca las
cosas de Adam. Se supone que es un signo de empoderamiento: la mujer de color
se desliga del hombre blanco, ¿pero cuánto tiempo durara esa separación? Ya
sabemos que estas estas expulsiones periódicas son un patrón de comportamiento en la Dra. Taylor.
Tal como cuando llama a Rita para regresar a Alcohólicos Anónimos, no sabemos cuánto
tiempo durará ese deseo de rehabilitarse.
La serie me ha
dejado muy mal sabor de boca.No me
gusta que pongan personajes étnicos negativos, menos si estamos en una era de reconocimiento
de logros y aportes de gente de color. Brooke Taylor es retratada no solo como
una persona inconexa y extraviada. También como una mala profesional, al menos
sin mucha ética. He visto psicólogas criticar en línea su comportamiento.
En Jung at Heart hasta han notado que cuando cita a Jung lo hace mal. Es parte del cuadro de la personalidad
de Brooke que quiere aparecer culta, que sueña con descubrir que su hijo es novelista,
que lee a Bolaños, y que comenta con Eladio como la conmovió la Cándida
Erendira. Bitch, Please!
Meditaba sobre el
objeto de una serie que no logra hacernos simpatizar con la protagonista cuando
encontré este artículo que lo explica todo . En Refinery 29, Kathleen
Newman-Bremang demuestra que el personaje de Uzo Aduba se aleja del estereotipo
de la ‘terapeuta negra” que está ahí para ayudar y “Salvar” blancos.Con ella se elimina esa idea de que los médicos
negros deben rescatar a blancos. Newman-Bremang rechaza este estereotipo ligado
al de “la amiga negra” y lo asocia con el odiado trope del “negro mágico” que
nos lleva al viejo cliché de la Mammy.
Por un lado, me
horrorizan estas teorías segregacionistas. ¿Qué pasaría si ningún blanco
quisiese atenderse con un profesional de color? ¿O si volviéramos a los tiempos
en que médicos blancos se negaban a atender a negros? Por otro, es una ironía
que la cultura woke insista en integrar al colectivo afroamericano a la
sociedad “blanca” demostrando que los estereotipos de pobreza, ignorancia y delincuencia
no son la norma que defina a la gente de color. Todo para que su misma gente se
lo impida exigiendo distanciamientos sociales entre las razas.
HBO creyó “modernizarse
‘y “modernizar” una serie que trataba sobre las trampas, peligros, pero también
méritos, de la psiquiatría. El embutirle
mensajitos contradictorios que solo sirvieron para confundir al público, termina en un resquemor de poner nuestras
vidas en manos de profesionales que necesitan de terapia o que anteponen sus
complejos raciales antes que las necesidades del paciente.