Uno de los
mensajes que Greta Thunberg ha enviado a sus huestes es que si quieren
realmente militar con éxito a favor del medioambiente deben abandonar sus
estudios. En el otro extremo tenemos establecimientos elite que pregonan que quien
estudie en sus aulas tendrá el seguro asegurado. Sin embargo, las serie
juveniles nos muestran que estas instituciones son antros de delincuencia, de
acoso y de clasismo. No se necesita ser Greta-fan para no querer asistir allí. ¿Pero
cuál es la verdad? ¿Por qué hay padres que todavía se endeudan para mandar a
sus críos a secundarias de prestigio como Collodi, Las Encinas o Constance Billard?
La Cultura del
Bullying
Fue a fines del
Siglo XVIII que comenzaron a crearse escuelas para los hijos de la elite.
Anteriormente la aristocracia y realeza dejaba a sus vástagos en manos de
preceptores (normalmente clérigos) y encerraba a sus hijas en conventos a la
espera de encontrarles maridos.
En la Inglaterra
Anglicana se creó ese núcleo de planteles conocidos como public school
cuyos nombres (Eton, Harrow, Winchester y otras) nos han llegado a través de la
literatura y del cine. Pero históricamente fue después que se corriese el rumor
de que la Batalla de Waterloo había sido ganada en “las canchas de juego de
Eton”, que se vinculó a las public schools como espacios donde se formaba
a los futuros generales y primeros ministros de la nación. Osea, en estos
colegios se preparaban—como reza el lema de Las Encinas de “Elite”—a “los
líderes del mañana”.
Cuando en “The
Crown”, La Queen Mum, Lord Mountbatten y hasta la Reina Isabel quieren que
Carlos vaya a Eton, esgrimen como argumento que allá conocerá a la gente con la
que trabajará en el futuro, sus colaboradores y consejeros. Es cierto, y esa
fue la razón por la que el príncipe de Gales envió a sus hijos a ese colegio.
Si en Eton se creaban los líderes y en Harrow a los militares, Winchester era renombrada por formar educadores e intelectuales. Hoy en día, hasta los actores asisten a estos institutos: Damian Lewis, Hugh Laurie, Tom Hiddleston y Eddie Redmayne fueron a Eton. En cambio, Benedict Cumberbatch es un Old Harrovian.
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Carlitos en su uniforme de Eton |
Si en Eton se creaban los líderes y en Harrow a los militares, Winchester era renombrada por formar educadores e intelectuales. Hoy en día, hasta los actores asisten a estos institutos: Damian Lewis, Hugh Laurie, Tom Hiddleston y Eddie Redmayne fueron a Eton. En cambio, Benedict Cumberbatch es un Old Harrovian.
Hasta fines del
siglo XX, el plan educacional de las public schools se basaba en el
estudio de los clásicos y de las humanidades. Se fomentaba las practicas
religiosa y los alumnos debían atender servicios de la Iglesia de Inglaterra. Había
un tremendo énfasis en los deportes que creaban en el alumno la noción del fair
play. A la vez existía un sistema de castas, una férrea disciplina y hasta
hace poco, un uso sistemático de castigos corporales. Se creía que eso ayudaba
a forjar la conciencia de individuos que algún día llevarían las riendas del “Imperio
donde no se ponía el sol”.
Lo que no se
decía es que en estas academias el poder era dejado por la administración en
manos de un grupo privilegiado de alumnos, los prefectos, que no eran tan
benévolos como los de Hogwarts. Esta casta de prefectos debía ayudar a los
docentes a mantener la disciplina, incluso administraba castigos. Sin ninguna
autoridad sobre ellos, el grupo de poder lo ejercía de manera sádica, injusta e
inmoderada. Abajo un clip de "Another Country"en el que Colin Firth resume las fallas del sistema.
Se convertía a
los “nuevos”, ergo más jóvenes, en criados de los mayores, y el abuso físico
muchas veces alcanzaba el sexual. Aunque se ha hablado bastante de esa cultura
homoerotica de los internados masculinos, lo cierto es que muchas veces la
sexualidad incluía más violencia que erotismo. La “palabra F” viene del antiguo
vocablo inglés para referirse a ramas que los alumnos debían acarrear para
encender las chimeneas de sus abusadores. De ahí que faggot se convirtió
en un peyorativo para calificar a homosexuales sumisos.
La ironía es que
los mismos abusados se convertían en prefectos y de ahí en los mandamases del Imperio.
Los padres olvidaban lo sufrido y enviaban a sus hijos a esos antros
convencidos de que ese tipo de educación era la perfecta para crear líderes. En
Patrick Melrose, el padre violador se consuela de haber abusado de su hijo
pensando que prepara a Patrick para lo que vivirá en su internado.
Patrick
Melrose es una obra del
Tercer Milenio. Antes literatura y cine exaltaban esta cultura de privilegiados
déspotas en libros (y adaptaciones fílmicas) como Tom Brown’s School Days
y Adiós Mr. Chips. Cuando Alex Waugh (hermano mayor de Evelyn) se atrevió
a publicar una velada denuncia al sistema de las public school en su The
Loom of Youth (1917) el escándalo fue mayúsculo. Aunque el libro fue un superventas,
la alta sociedad lo repudio y Waugh fue expulsado de la sociedad de exalumnos de
su escuela.
Mas o menos lo
que ocurriría medio siglo más tarde con la academia militar Leoncio Prado donde
se quemaron copias de La Ciudad y los Perros que describía un régimen sádico
y totalitario donde los alumnos eran maltratados, no por sus instructores, sino
por una elite criminal de estudiantes. El Marqués de Vargas-Llosa retrató en
esa joya literaria lo que el vio y experimentó en sus años de internado. Se entiende porque las academias militares son
conocidas por su rigor y su cultura de bullying que en los 80 se tradujo en
filmes icónicos como “Taps” y “The Lords of Discipline”. Pero no se esperaba eso de un aplaudido
sistema como las public school británicas.
En 1978, Jonathan
Gathorne-Hardy se atrevió a revelar estas jerarquías totalitarias en su examen
del sistema en The Old School Tie. El golpe de gracia lo daría “Another
Country” (1984). Basada en la pieza de tetro de Julián Mitchell, el filme
esboza la teoría de que esa cultura de opresión, represión sexual,
homosexualidad latente, e hipocresía no crea viriles y arrojados lideres sino
traidores marxistas como Guy Bennett, una obvia alusión a Guy Burgess. De los cinco
de Cambridge, tres habían ido a public schools incluyendo a Burgess,
graduado de Eton.
Hoy el sistema se
ha modernizado, es más abierto, el alumnado es mixto, el currículo más
incluyente de ciencias que de clásicos, pero todavía se perpetua el mito de su
formación de líderes. Tanta ha sido la influencia histórica del Public
School System británico que cruzó el Atlántico y fundó un núcleo de
exclusivos internados masculinos de la Costa Este donde se moldearían a los líderes
de la nación.
Las Prep Schools
Estos sitios
conocidos como prep schools (de ahí viene el calificativo preppy)
incluyen lugares como Andover donde estudiaron Los Bush; Choate de donde se graduó
John F. Kennedy, y la más antigua, Groton, donde se educó Franklin Delano
Roosevelt. Fue en Groton, bajo la egida del Reverendo Endicott Peabody, que se instituyó
una cátedra de acoso escolar.
Peabody, que se había
educado en una public school británica, creía en regímenes espartanos de
educación que él consideraba crearían “musculatura cristiana:. El director
aconsejaba los alumnos más vigorosos golpear a los más débiles como una manera
de desarrollar músculos, pero también de fortalecer a los últimos. Uno de los
recipientes de este ejemplo de “musculatura cristiana” fue Franklin Delano
Roosevelt.
Debido a que su
padre sufría del corazón, FDR nunca contó de lo sufrido en la escuela. Se creyó
el cuento de que todo era para su bien. El Revendo Peabody ofició la boda de Franklin
y su prima Eleanor, y el futuro presidente de los Estados Unidos envió a dos de
sus hijos a Groton.
A pesar de que filmes como “Dead Poets Society”
y “Scent of a Woman” describen las falencias de estas instituciones, y que el
siglo XXI esté a cada rato evidenciando casos de abusos sexuales, se sigue
considerando que graduarse de una prep o de una public school inglesa es parte
de la preparación de un chico para ocupar un sitio de importancia en su
sociedad.
Hasta ahora hemos
hablado de internados, pero para muchos padres, que creen que estos males solo
ocurren si el alumno está desamparado y lejos de su familia, existen otras
opciones. Hablo de liceos privados donde el estudiante solo pasa ocho horas diario
y recibe la misma (o mejor) educación que garantizará su superación futura.
Pero series de diferentes países nos muestran que esa certeza está errada.
Las Mejores Secundarias
Neoyorquinas, Ficticias y de la Vida Real
Acabo de revisar el
listado de las 100 mejores escuelas de Nueva York (públicas y privadas) de
febrero del 2019, y me he llevado
algunas sorpresas al compararlas al estatus de buenos colegios de mis años de
secundaria. La primera es la cantidad de planteles públicos que ocupan los 20
primeros lugares. Hoy en día entrar a Bronx Science, Stuyvesant, Staten Island
Tech y Townsend Harris es tan difícil como ser aceptado en Trinity High School,
Windsor, Horace Man o Dalton, las escuelas privadas que se cuentan entre las
diez mejores de la ciudad. La razón es que, aunque públicos, ósea gratis, estos
institutos tienen exigencias tan altas en términos académicos que se los ha
acusado de racismo ya que hay más estudiantes caucásicos y asiáticos que
latinos y afroamericanos.
Me agrada ver que,
a pesar de los ataques a escuelas católicas, tres siguen apareciendo entre las
diez mejores, incluyendo la jesuita Regis, la segunda mejor secundaria de Nueva
York. Veo que algunas escuelas judías aparecen en el listado incluyendo Ramaz
en el puesto 27. Me alegra ver que mi secundaria elite (donde cursé mis
primeros años de secundaria) U.N.I.S. está en el puesto 19, en cambio la que
fuera su rival en mis días de estudiante, Le Lycee Français ha bajado hasta el puesto 25.
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Mi segundo año en la U.N.I.S. (Tut II) en 1976. Increible, ninguna obesa! |
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Hasta Malena (la de falda escosesa) con panza plana. ¡Y todas nos creiamos ballenas! |
Para los efectos
de esta nota lo importante es que Nightingale -Bamford—la inspiración tras la
Constance Billard de “Gossip Girl”— está en numero 24. ¿Por qué? Primero pensé que (al igual que Ramaz) se la
penalizaba debido a que no es inclusiva. Tal como Ramaz solo admite judíos, N-B
solo admite chicas. Pero St. Anne, El Convento del Sagrado Corazón y Marymount
que son escuelas católicas neoyorquinas para niñas ocupan puestos más altos.
Chapín, una
antigua y prestigiosa escuela de señoritas, está entre las quince mejores, pero
para saber el motivo de tan alto lugar basta ver su lista de exalumnas que
incluye a Jackie Kennedy, Sigourney Weaver, Ivanka Trump y Vera Wang. Sin olvidar a Christine Todd Whitman, ex
gobernadora de Nueva Jersey; Alexandra Kotur que ha sido directora de Vogue
y Town and Country; y la Reina Noor de Jordania. Ni comparadas a las
miserables graduadas de N-B cuya exalumna más reconocida es Cecily von Ziegesar,
la autora de Gossip Girl.
N-B es un espacio
carísimo para que pasen su día las hijas de la aristocracia (Gloria Vabderbilt
estudió ahí) y de artistas (Billy Joel y Bette Midler enviaron a sus hijas
allá) y su mejor exponente es la diseñadora de modas Shoshanna Lonstein que a
los 17 años estaba viviendo con Jerry Seinfeld, veintiún años mayor que ella. ¿Fue
Shoshanna una It Girl como Serena o una bully-influencer como
Blair Waldorf?
Ni hablar de St.
Jude, la escuela para varones hermana de Constance Billard donde estudian los
chicos de “Gossip Girl”. ¿Es que en qué cabeza cabe que de un sitio así saldrán
las líderes del mañana? La ironía es que ningún estudiante de Gossip Girl (chicos
y chicas) sabe lo que quiere hacer en la vida. Entretanto se la pasan de juerga
en juerga y aun así tienen buenas notas y aspiran ir a buenas universidades. La
ironía es que los únicos que merecen ir a buenas universidades porque son
talentosos, disciplinados y saben lo que quieren hacer son los humildes Humphrey.
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Dan y Jenny Humphrey |
Dan quiere ser escritor,
pero a pesar de sus buenas notas y de los sacrificios de su padre pierde la
oportunidad de estudiar en Darthmouth porque se la gana Nate Archibald que ni
sabe ni leer, pero cuyo estafador y drogadicto padre se graduó de esa
universidad. Aun hoy los colegios elite
y las Ivy League siguen prefiriendo hijos de exalumnos como estudiantes. Esa
injusticia me hace mirar un poco en menos a las Ivy League. Por suerte en la
U.N.I.S no existía esa obsesión con las Ivy League, se esperaba que uno tomara
el bachillerato internacional y que hiciéramos las maletas para el Viejo Mundo.
Incluso cuando los Unisites van a universidades americanas prefieren lugares
como NYU, Fordham, o la canadiense McGill.
Nate y Dan son
los únicos varones de St. Jude interesados (ergo por diferentes causas) en ir a
una Ivy League. Chuck es más honesto, él no necesita estudiar solo heredar y
dinero y ponerlo a trabajar. Al menos él no molesta a los que si quieren
estudiar. Diferente es el caso de las chicas.
It Girls,
Queen Bees y “Proyectos”
A los 16 años Jenny Humphrey sabe que quiere
coser, diseñar e ir a la Parsons School of Design. Pero cae en las redes de
acoso de Blair Waldorf, la Queen Bee de su escuela que divide a las estudiantes
en “proyectos” (posibles sucesoras de Blair) o “victimas” (las parias/ignoradas
y condenadas al fracaso). En sus esfuerzos por ser un “proyecto” Jenny aparta
sus sueños y adquiere hábitos antisociales y delictivos, como robarle a la
madre de una compañera un vestido de marca.
Lo mejor que hace
su padre es retirar a Jenny de Constance y educarla en casa. Lo peor que hace
Jenny es volver a Constance Billard donde pone mayor énfasis en heredar el
puesto de Queen Bully que Blair ha dejado vacante que en sacar buenas notas.
Será Blair quien destroce los sueños de Jenny exiliándola para siempre de la
ciudad de Nueva York. Jenny acaba sus estudios en una secundaria de provincia, se
va a estudiar moda a Londres y en el último capítulo diseña el vestido (bien
feo) de novia de Serena. Aun así, creo que Jenny será una mujer de influencia y
eso a pesar de haber estudiado en Constance Billard.
Serena es una It
Girl, totalmente lo opuesto de Jenny. Nunca sabemos que le interesa
estudiar, si es que le interesan los estudios. Un flashback de sus días en un
internado en Connecticut nos revela que más exploraba el mundo de los estupefacientes
que el de las matemáticas. La unica vez que la vemos estudiando es para sus SAT. “¿Pero le interesaba a Serena realmente ir a la universidad?”
Después de su graduación, Serena estudió un año
en NYU y otro en Columbia y más se la pasó de romance con maestros y un
congresista casado, que en la biblioteca. En sus seis años en “Gossip Girl”,
Serena solo tuvo un empleo en el que duró más de una semana.
Finalmente
llegamos al caso de Blair, la bully perfecta, que sueña con ir a Yale. Nunca sabemos
por qué ni que pretende estudiar en Yale. En los libros es porque sería un
escalón para alcanzar sus fantasías (trabajar para los Cuerpos de Paz y ganar
un Nobel). En la serie es solo una obsesión más de Blair de ser La Mejor. Se
supone que es buena alumna, aunque se la pasa en fiestas y eventos de caridad,
dedica más tiempo a sus líos románticos y familiares que ha escribir monografías,
y su dependencia sexual de Chuck Bass no la hace muy centrada.
Blair intenta por
todos los medios llegar a Yale, aunque esto signifique aplastar a Serena, Nelly
Yuki y a su maestra Rachel. El difamar a Rachel le cuesta a Blair no solo la
entrada a Yale sino también una expulsión temporal de su escuela. Blair acaba
en NYU donde pasa un año humillante casi tanto como el de Reese Witherspoon en
Harvard en” Legally Blonde”.
De ahí se traslada a Columbia, pero nuevamente los estudios no son su fuerte. Uno de los momentos más increíbles de la serie es cuando Eleanor Waldorf deja todo su imperio en manos de su hija de 20 años, porque Blair ha demostrado su poder a punta de intimidar, chantajear y pisotear al prójimo. ¿Aprendió eso en Constance Billard?
De ahí se traslada a Columbia, pero nuevamente los estudios no son su fuerte. Uno de los momentos más increíbles de la serie es cuando Eleanor Waldorf deja todo su imperio en manos de su hija de 20 años, porque Blair ha demostrado su poder a punta de intimidar, chantajear y pisotear al prójimo. ¿Aprendió eso en Constance Billard?
Reitero, lo
extraordinario de estos chicos tan sabios en temas como drogas, cocteles y sexo
es que no tienen intereses ni hobbies. Bueno, a Blair le gusta visitar museos,
darle de comer a los patos de Central Park, ir de compras, sabe francés y mucho
de moda, y con Dan (yo soy shipera de “Dair”) comparte el amor a los libros y
al cine clásico. Creo que nadie más en la serie tiene intereses tan “sanos”.
Nate y Vanessa:
¿Líderes del Mañana?
Nate al menos, es
deportista. Se cura las resacas y su amistad con la marihuana, a punta de
jogging y lacrosse. En sus dos años en Columbia, Nate es más conocido como
jugador de lacrosse que por sus méritos académicos. De pronto, a los 20 años
compra un periódico que mantiene con el dinero de una dueña de un burdel y del
mafioso Brat Bass. Al final de la serie, Nate de 26 años podría ser el alcalde más
joven de nueva York (WTF). Bueno no puede ser peor que el que tenemos ahora.
Si comparamos el
potencial intelectual y los méritos escolásticos de todos los chicos de “Gossip
Girl”, la que sale ganando es Vanessa Abrams, la amiga de la infancia de los
Humphrey. Hija de un matrimonio birracial con tendencias progresistas, Vanessa
ha sido educada en casa y aunque sueña con ser directora de cine, sus padres no
creen que ir a una universidad de prestigio garantice que llegue a ser una
buena profesional.
![]() |
Vanessa con Milo, el supuesto hijo de Dan. La única chica con sentido maternal en la serie |
Vanessa, a
diferencia de Serena y Blair, es franca, firme en sus opiniones y lucha por
causas reales. Aparte de que, a los dieciséis años es la única que trabaja (yo
comencé a trabajar a los 15 años y cuando estudiaba en una escuela elite) en la
serie. Es Nate, que se ha enamorado de
ella quien la convence de tomar los SAT (exámenes para entrar a la universidad)
y así Vanessa entra a NYU.
A pesar de que Vanessa
es una excelente estudiante y al final vemos que es directora de una serie de
televisión, el roce con gente como Blair, Nate y sus amigos la afecta. Para
poder sobrevivir debe recurrir a las armas de sus contrincantes. Finalmente,
como Jenny, se da cuenta que solo podrá triunfar en lo que quiere lejos de
estos tóxicos preppies.
En Roma Como
en Madrid
En “Baby” vemos que
los problemas de las secundarias exclusivas neoyorquinas tienen sus clones
italianos. Sin ser preppies, los alumnos de la Collodi también están a
la deriva, no saben qué hacer con sus vidas y no tienen planes para el futuro.
Chiara, que es una buena atleta, postula a un programa de intercambio con una
escuela neoyorquina (¿será la Constance Billard?) pero no porque quiera
estudiar sino para huir de su familia. En eso difiere de su seria y estudiosa
amiga Camilla.
![]() |
Chiara, Camilla y Fabio |
A mí me parece
tan extraordinario que a los 16 años ninguno de estos chicos que van a una institución
elite sepan que quieren ser o hacer cuando tengan veinte años. Es que desde la
primaria yo sabía que quería enseñar y escribir y que buscaría una carrera
donde pudiese hacer ambas cosas. Mi hermano, a los ocho años, sabía que podía
dibujar y pintar, a los once ya quería ser arquitecto.
En la U.N.I.S.,
yo conocí por primera vez a círculos de computer nerds (en días en que
las computadoras no eran amistosas) y de deportistas y de gente que sabía que
iba a dedicarse a la música, o a escribir. Había gente que tomaba drogas, y el
75% de la secundaria (y algunos más jóvenes) eran sexualmente activos, pero también
había los que dedicaban su energía al ballet, a la fotografía, a esquiar o
incluso a la política.
El lema de Las
Encinas de Elite es que de ahí saldrán “los líderes del mañana”, pero ninguno
de los estudiantes parece tener lo que se necesita. Son una panda de inútiles,
aun gente básicamente decente como lo es Guzmán. La ironía es que una total forastera,
no solo por ser racial y culturalmente diferente, además por venir de un
estrato social bajo como Nadia, les da una lección en su primer día de clases
cuando en perfecto inglés les anuncia que ella quiere estudiar diplomacia y en
su defecto, quiere ser interprete de la ONU.
Le explican a
Nadia que si es buena alumna y si practica actividades extracurriculares podrá
optar a una beca a una escuela de la Florida conectada con las universidades Ivy
League. El único problema es que solo
hay una beca, y solo una persona puede ser el/la mejor estudiante. Eso ya es
injusto y poco práctico. ¿Pero qué se puede esperar de una institución donde
todavía se usa la curva de la campana para dar notas?
Lo extraordinario
es que Nadia debe competir con la villana Lucrecia que le suelta un “Yo me
divierto de lo lindo, y mira soy la primera de mi clase”. “Lo eras” le dice
Nadia. Y es fácil competir con Lu en materias académicas. Vemos a Nadia
practicando natación, haciendo tareas, investigando en la biblioteca y hasta
ayuda a sus padres en el almacén. ¿Qué hace Lu además de intrigar, follar en
los baños e ir a fiestas? ¿Esas son sus actividades extracurriculares?
Al menos los estudiantes
pobres de la serie son cajeros, sirven hamburguesas, venden drogas o les roban
a los ricos. ¿Pero en que se la pasan Lu, Marina o Carla? Lu anda de rogona, Marina se busca problemas y
Karla solo vive para el trio sexual que se ha armado con Polo y el marginal de
Christian (“tu mascota” como lo llama Guzmán). Al lado de ellos, las chicas de “Gossip
Girl” que van de compras, leen, prueban nuevos restaurantes (y Blair que le
gusta ir a museos y festivales de cine) son un dechado de actividad positiva.
Lo curioso es que
en Las Encinas a nadie le molesta este status quo. Tal como en “Baby” y en “Gossip Girl’ no es
el buen estudiante el premiado; los maestros no están de parte de sus
estudiantes sino de figuras de poder; y todos cierran los ojos ante el acoso
escolar y otros males que pululan por sus pasillos.
Maestros Cómplices
Ha llegado el
momento de hablar de los cuerpos docentes de estos espacios elitistas que
deberían estar a la altura de los objetivos de esas escuelas, pero que terminan
de cómplices de padres sobornadores o de estudiantes chantajistas.
A pesar de que la
Constance Billard es una secundaria, nunca vemos a sus alumnos en clase. Nos
los muestran deambulando por los pasillos o sentados en los icónicos escalones.
Al único miembro del profesorado que conocemos es a la directora, la señora
Queller. Lo que sabemos de Queller es que es una disciplinaria estricta, pero
su disciplina es selectiva. Por ejemplo, acusa a Jenny con sus padres porque ha
faltado a clases (Jenny está ya trabajando como modista en el atelier de Eleanor
Waldorf). Sin embargo, Queller nunca
delata otros estudiantes que se van de juerga en horario de clases. Solo a los
becados que no tienen grandes apellidos.
Todos saben que Chuck
vive de las drogas, pero solo cuando lo sorprenden consumiendo en la escuela es
que se toma acción en su contra. Aun así, Queller está dispuesta ceder a los
ruegos de Blair y al soborno del Tío Jack, cuando Chuck anuncia que no necesita
defensa ya que es más que feliz de abandonar St. Jude. El no necesita de
educación ni maestros para triunfar
Queller sabe que
existe la mafia del bullying que ha creado Blair, pero no levanta un dedo en
contra de ella. Años más tarde, cuando Jenny intenta detener los abusos de Penélope,
la nueva Queen Bee de Constance Billard, esta habilidosamente consigue que su
padre ponga una denuncia en contra de Jenny… ¡por acoso escolar! Queller, aun
sabiendo como son las cosas, castiga a Jenny.
La única ocasión
en que Queller actúa en contra de una alumna es cuando Blair traspasa la línea
y ataca a una maestra. Aunque hablaré del caso de Rachel en otra ocasión, vemos
como el pasarse de la raya al inventar un falso rumor sobre Dan y su maestra,
le cuesta a Blair el apoyo de su padre y de Queller. Además, Rachel se venga
consiguiendo que Yale rechace la aplicación de Blair. Aun así, la diva juvenil
no aprende su lección. Ya en NYU, Blair hace que Chuck seduzca un profesor para
poder chantajearlo. Pero si la comparamos con Serena que tiene romances con
maestros en el internado y en Columbia, no podemos juzgar tan mal a Blair.
A favor de la
verdad, no creo que exclusivos planteles educacionales contraten maestros tan
jovencitos como Rachel y Ben (el maestro acusado de violar a Serena en el
internado Knightley) precisamente por su juventud e inexperiencia. Yo enseñé
secundaria los 27 años, pero era una escuela de señoritas.
En la U.N.I.S (y aun
ahí oí rumores de maestros y alumnas) los profesores todos tenían doctorados y
eran, escogidos, entrevistados y pagados por sus propios gobiernos por lo que
eran mayores de treinta años y tan elite como su alumnado. En mi experiencia,
el 75% valía oro y tengo buenos recuerdos de ellos y de los consejeros.
Algo que es
totalmente obligatorio en las escuelas elite y que ni aparece ni en pintura en
estos relatos tan despegados de la realidad, es el servicio de consejería:
maestros-psicólogos cuya mayor labor es preparar al alumnado de los dos últimos
años de secundaria para ir a la universidad. Mi primer patrón (y probablemente
mi persona favorita en toda la U.N.I.S) el Dr. Sahraie, era uno de esos
consejeros así que conocí de cerca la importancia y seriedad de su trabajo.
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Equipo de guías vocacionales de U.N.I.S a mediados de los 70 |
No solo los
consejeros exploraban las carreras óptimas para sus encargados, buscaban las universidades
ideales y los ayudaban a contactarlas. Además, se monitoreaban la labor de los
alumnos en sus clases, sus actividades extracurriculares y hasta sus vidas personales,
para ver donde flaqueaban, donde necesitaban apoyo y asegurarse de que estaban
en top form para ir a la universidad, lo que muchas veces implicaba
dejar sus hogares, vivir independientemente en otras ciudades, estados, incluso
fuera del país. Nada de eso aparece en “Gossip Girl”, “Elite” o “Baby” donde
los maestros están más para obstaculizar que para guiar.
En “Gossip Girl” y en “Baby” vemos a los instructores,
muchas veces recibiendo desmesurados castigo por su intimidad con alumnos. A
veces se siente que maestros como el Ben de “Gossip Girl” o la Mónica de “Baby”
son víctimas de estos alumnos tan ignorantes en materias escolares y tan sabios
en el arte de manipular. Y esto nos lleva a Martin, el peor maestro de Las
Encinas.
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Mónica es manipulada tanto por Niccolo como por la novia de este. |
Martin el Pelele
y el Bully
En la primera
temporada de “Elite” se han esmerado en mostrarnos el campus de Las Encinas por
dentro y por fuera exponiendo el hermoso paisaje de la Sierra de Guadarrama que
la rodea. Hemos visto las canchas de tenis donde entrena Ander, campeón juvenil
(y que odia ese deporte que lo ha convertido en estrella); el gimnasio; y la
piscina donde Nadia y Guzmán descubren su mutuo amor por la natación. Hemos visto
la biblioteca donde los que estudian hacen callar a los que comentan su vida
privada y el salón de clase. uno solo, el de Lenguaje y Lectura donde reina Martín.
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Las Encinas |
Bueno, reina peor
que la Khaleesi que al menos tenía tres dragones. Lo del lenguaje solo sirvió
para una clase donde con mucho alarde de bilingüismo (al final la única angloparlante
es la “talibana “Nadia) se burlaron de los marginales recién llegados. Nuestra
primera impresión de Martin es que es afable, cercano (permite que lo tuteen y
lo llamen por el nombre de pila) y que es hip to the max. Pronto cambia
nuestra percepción de él.
No se sabe si es opción
de Martin o de Las Encinas, pero su método de evaluar a su alumnado es
adherirse a la curva de la campana, un procedimiento anticuado, abusado y mal
usado de medir datos. Como lo aplica Martin (que parece ser el único maestro. ¡Hasta
enseña biología!) solo puede dar un diez en clase, solo puede haber un alumno
en su clase con 10 “porque así funciona el mundo allá fuera”. ¡Falsooo!
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Examen de biología de Lu |
Hasta ahora la “Chica
10” de la clase es la mexicanita Lucrecia. Habla muy mal del resto porque Lu,
aparte de ser traicionera y mala leche, no presenta rasgos ni de poseer un IQ
muy alto ni de ser un dechado de méritos académicos. Nadia, en cambio, se
convierte en seria rival de Lu. Cuando Martin le otorga un 10 a Nadia, Lu monta
en colera y exige que Martín le quite la buena nota a la morita.
Para eso Lu lo
soborna con la promesa de un bebé sin pasar por trámites de adopción. Y Martin
(hijo de madre) se deja sobornar. Le quita la buena nota a Nadia y cuando la
palestina protesta la hace callar. Y es que Martin sabe con quién puede
meterse. Lo demostrará cuando atropelle
a Samuel, humille a Nadia y de paso, se meta con Marina.
En la escena más
desagradable de la temporada, el atarantado de Samuel esta texteando en clase. Primero,
que los celulares están prohibidos en el aula. Segundo, que Samuel está
comentando detalles íntimos de Marina. Martin le quita el celular, pero no
acaba ahí. Para humillar al chico, hace que Nadia lea en voz alta el mensaje. Cuando
Samuel protesta, Martin o hace callar. La
avergonzada Nadia lee un texto que anuncia a la clase que Marina tiene VIH.
A ver
Martincillo, tu no le quitarías un celular a Ander, hijo de la directora: no obligarías
a leer un mensaje privado a Carla, hija de grandes de España, ni le has dicho a
la irrespetuosa (pero hija de diplomáticos mexicanos) Lucrecia que se calle cuando te soborna. Marina se venga chantajeando a Martín en su momento. Al final el
maestro ciruela se lleva su merecido y ni Lu ni Nadia se ganan la cotizada beca
a Florida (donde no hay escuelas elite). Creo que esa es la única lección moral
que nos da “Elite”. No se valen ni las competencias desleales ni los maestros
oportunistas y arribistas.
La Moraleja de
“Gossip Girl”
A pesar de las
muchas quejas sobre la irrealidad de “Gossip Girl” el que continuase por tres
temporadas después de la salida de la secundaria de los protagonistas, nos
permitió ver como se manejaron en el “mundo real”. Nadie llegó a ninguna parte
gracias sus prep schools. Todos heredaron negocios de sus padres, y Nate
compró un periódico con dinero de su abuelo.
El caso Blair es
el más decidor, puesto que era la primera de su clase, y realmente era buena
alumna. Tras perder su sueño de ir a Yale, acaba en NYU donde a pesar de sus
esfuerzos es tremendamente infeliz. No tiene una corte ni impresiona ni doblega
a los bohemios estudiantes. Logra ir a Columbia donde pronto se aburre y deja
sus estudios para incursionar en el mundo de las revistas de moda. Después de
todo ni Diana Vreeland ni Anna Wintour fueron a la universidad.
Es entonces que
Blair, a sus veinte años, descubre que
para lo único que sirve es para esposa de un príncipe. Pero como se lo
demuestra su futura familia política todo lo que Blair creía eran virtudes
propias de alguien de su clase y estatus escolar son fallas a los ojos de la
realeza monegasca. Blair se ve atrapada en intrigas palaciegas para las que no está
preparada como tampoco lo estará para defenderse de un archicriminal como su
futuro suegro, Bart Bass.
La gota que
derrama el vaso es cuando Eleanor Waldorf deja su imperio a cargo de su
inexperta hija. Viendo que su primera colección va a camino del fracaso y que está
en manos de su ex víctima Nelly Yuki, (ahora cronista de modas de una
importante revista) Blair toma una decisión inesperada. Recurre a la ayuda de Sage,
la nueva Queen Bee de Constance Billard y del Consejo de Reinas que una vez creara
Blair.
Solo que el
consejo ya no es un aquelarre de chantajistas esnobs. Ahora funciona como una
asociación criminal, las reinas se llaman Don como si fueran capos de mafia. El
espectáculo de Blair que descubre que todo lo logrado en su etapa escolar ya no
existe y que su corte de bullies no era más que un peldaño al crimen organizado
es la moraleja de su fabula y la confirmación de que ir a una escuela elite no
es pasaporte para el éxito.
¿Conocen a
alguien que haya asistido o ensenado en una de estas instituciones de
prestigio? ¿Creen que hay que ir a buenas escuelas y universidades para tener
éxito en la vida? ¿Como maestros cuales son las cualidades de un estudiante que
le pronostican un buen futuro? ¿Como seguidores de estas series, que tienen que
se compare a la vida real? ¿Creen que
algunas personas aprenden más educándose en casa? ¿O están con Greta y piensan
que las escuelas (exclusivas o no) están sobrevaloradas?