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jueves, 9 de enero de 2020

Bullying y Lucha de Clases en el Salón de Clases: ¿Tendrá Greta razón y es mejor no ir a la escuela?



Uno de los mensajes que Greta Thunberg ha enviado a sus huestes es que si quieren realmente militar con éxito a favor del medioambiente deben abandonar sus estudios. En el otro extremo tenemos establecimientos elite que pregonan que quien estudie en sus aulas tendrá el seguro asegurado. Sin embargo, las serie juveniles nos muestran que estas instituciones son antros de delincuencia, de acoso y de clasismo. No se necesita ser Greta-fan para no querer asistir allí. ¿Pero cuál es la verdad? ¿Por qué hay padres que todavía se endeudan para mandar a sus críos a secundarias de prestigio como Collodi, Las Encinas o Constance Billard?

La Cultura del Bullying
Fue a fines del Siglo XVIII que comenzaron a crearse escuelas para los hijos de la elite. Anteriormente la aristocracia y realeza dejaba a sus vástagos en manos de preceptores (normalmente clérigos) y encerraba a sus hijas en conventos a la espera de encontrarles maridos.

En la Inglaterra Anglicana se creó ese núcleo de planteles conocidos como public school cuyos nombres (Eton, Harrow, Winchester y otras) nos han llegado a través de la literatura y del cine. Pero históricamente fue después que se corriese el rumor de que la Batalla de Waterloo había sido ganada en “las canchas de juego de Eton”, que se vinculó a las public schools como espacios donde se formaba a los futuros generales y primeros ministros de la nación. Osea, en estos colegios se preparabancomo reza el lema de Las Encinas de “Elite”a “los líderes del mañana”.

Cuando en “The Crown”, La Queen Mum, Lord Mountbatten y hasta la Reina Isabel quieren que Carlos vaya a Eton, esgrimen como argumento que allá conocerá a la gente con la que trabajará en el futuro, sus colaboradores y consejeros. Es cierto, y esa fue la razón por la que el príncipe de Gales envió a sus hijos a ese colegio. 
Carlitos en su uniforme de Eton

Si en Eton se creaban los líderes y en Harrow a los militares, Winchester era renombrada por formar educadores e intelectuales. Hoy en día, hasta los actores asisten a estos institutos: Damian Lewis, Hugh Laurie, Tom Hiddleston y Eddie Redmayne fueron a Eton. En cambio, Benedict Cumberbatch es un Old Harrovian.

Hasta fines del siglo XX, el plan educacional de las public schools se basaba en el estudio de los clásicos y de las humanidades. Se fomentaba las practicas religiosa y los alumnos debían atender servicios de la Iglesia de Inglaterra. Había un tremendo énfasis en los deportes que creaban en el alumno la noción del fair play. A la vez existía un sistema de castas, una férrea disciplina y hasta hace poco, un uso sistemático de castigos corporales. Se creía que eso ayudaba a forjar la conciencia de individuos que algún día llevarían las riendas del “Imperio donde no se ponía el sol”.

Lo que no se decía es que en estas academias el poder era dejado por la administración en manos de un grupo privilegiado de alumnos, los prefectos, que no eran tan benévolos como los de Hogwarts. Esta casta de prefectos debía ayudar a los docentes a mantener la disciplina, incluso administraba castigos. Sin ninguna autoridad sobre ellos, el grupo de poder lo ejercía de manera sádica, injusta e inmoderada. Abajo un clip de "Another Country"en el que Colin Firth resume las fallas del sistema.


Se convertía a los “nuevos”, ergo más jóvenes, en criados de los mayores, y el abuso físico muchas veces alcanzaba el sexual. Aunque se ha hablado bastante de esa cultura homoerotica de los internados masculinos, lo cierto es que muchas veces la sexualidad incluía más violencia que erotismo. La “palabra F” viene del antiguo vocablo inglés para referirse a ramas que los alumnos debían acarrear para encender las chimeneas de sus abusadores. De ahí que faggot se convirtió en un peyorativo para calificar a homosexuales sumisos.

La ironía es que los mismos abusados se convertían en prefectos y de ahí en los mandamases del Imperio. Los padres olvidaban lo sufrido y enviaban a sus hijos a esos antros convencidos de que ese tipo de educación era la perfecta para crear líderes. En Patrick Melrose, el padre violador se consuela de haber abusado de su hijo pensando que prepara a Patrick para lo que vivirá en su internado.

Patrick Melrose es una obra del Tercer Milenio. Antes literatura y cine exaltaban esta cultura de privilegiados déspotas en libros (y adaptaciones fílmicas) como Tom Brown’s School Days y Adiós Mr. Chips. Cuando Alex Waugh (hermano mayor de Evelyn) se atrevió a publicar una velada denuncia al sistema de las public school en su The Loom of Youth (1917) el escándalo fue mayúsculo. Aunque el libro fue un superventas, la alta sociedad lo repudio y Waugh fue expulsado de la sociedad de exalumnos de su escuela.

Mas o menos lo que ocurriría medio siglo más tarde con la academia militar Leoncio Prado donde se quemaron copias de La Ciudad y los Perros que describía un régimen sádico y totalitario donde los alumnos eran maltratados, no por sus instructores, sino por una elite criminal de estudiantes. El Marqués de Vargas-Llosa retrató en esa joya literaria lo que el vio y experimentó en sus años de internado.  Se entiende porque las academias militares son conocidas por su rigor y su cultura de bullying que en los 80 se tradujo en filmes icónicos como “Taps” y “The Lords of Discipline”.  Pero no se esperaba eso de un aplaudido sistema como las public school británicas.

En 1978, Jonathan Gathorne-Hardy se atrevió a revelar estas jerarquías totalitarias en su examen del sistema en The Old School Tie. El golpe de gracia lo daría “Another Country” (1984). Basada en la pieza de tetro de Julián Mitchell, el filme esboza la teoría de que esa cultura de opresión, represión sexual, homosexualidad latente, e hipocresía no crea viriles y arrojados lideres sino traidores marxistas como Guy Bennett, una obvia alusión a Guy Burgess. De los cinco de Cambridge, tres habían ido a public schools incluyendo a Burgess, graduado de Eton.




Hoy el sistema se ha modernizado, es más abierto, el alumnado es mixto, el currículo más incluyente de ciencias que de clásicos, pero todavía se perpetua el mito de su formación de líderes. Tanta ha sido la influencia histórica del Public School System británico que cruzó el Atlántico y fundó un núcleo de exclusivos internados masculinos de la Costa Este donde se moldearían a los líderes de la nación.

Las Prep Schools
Estos sitios conocidos como prep schools (de ahí viene el calificativo preppy) incluyen lugares como Andover donde estudiaron Los Bush; Choate de donde se graduó John F. Kennedy, y la más antigua, Groton, donde se educó Franklin Delano Roosevelt. Fue en Groton, bajo la egida del Reverendo Endicott Peabody, que se instituyó una cátedra de acoso escolar.
Groton hoy día

Peabody, que se había educado en una public school británica, creía en regímenes espartanos de educación que él consideraba crearían “musculatura cristiana:. El director aconsejaba los alumnos más vigorosos golpear a los más débiles como una manera de desarrollar músculos, pero también de fortalecer a los últimos. Uno de los recipientes de este ejemplo de “musculatura cristiana” fue Franklin Delano Roosevelt.
El Reverendo Peabody

Debido a que su padre sufría del corazón, FDR nunca contó de lo sufrido en la escuela. Se creyó el cuento de que todo era para su bien. El Revendo Peabody ofició la boda de Franklin y su prima Eleanor, y el futuro presidente de los Estados Unidos envió a dos de sus hijos a Groton.

 A pesar de que filmes como “Dead Poets Society” y “Scent of a Woman” describen las falencias de estas instituciones, y que el siglo XXI esté a cada rato evidenciando casos de abusos sexuales, se sigue considerando que graduarse de una prep o de una public school inglesa es parte de la preparación de un chico para ocupar un sitio de importancia en su sociedad.

Al Pacino en "Scent of a Woman"expresando su desprecio por las preppy schools

Hasta ahora hemos hablado de internados, pero para muchos padres, que creen que estos males solo ocurren si el alumno está desamparado y lejos de su familia, existen otras opciones. Hablo de liceos privados donde el estudiante solo pasa ocho horas diario y recibe la misma (o mejor) educación que garantizará su superación futura. Pero series de diferentes países nos muestran que esa certeza está errada.

Las Mejores Secundarias Neoyorquinas, Ficticias y de la Vida Real
Acabo de revisar el listado de las 100 mejores escuelas de Nueva York (públicas y privadas) de febrero del 2019,  y me he llevado algunas sorpresas al compararlas al estatus de buenos colegios de mis años de secundaria. La primera es la cantidad de planteles públicos que ocupan los 20 primeros lugares. Hoy en día entrar a Bronx Science, Stuyvesant, Staten Island Tech y Townsend Harris es tan difícil como ser aceptado en Trinity High School, Windsor, Horace Man o Dalton, las escuelas privadas que se cuentan entre las diez mejores de la ciudad. La razón es que, aunque públicos, ósea gratis, estos institutos tienen exigencias tan altas en términos académicos que se los ha acusado de racismo ya que hay más estudiantes caucásicos y asiáticos que latinos y afroamericanos.

Me agrada ver que, a pesar de los ataques a escuelas católicas, tres siguen apareciendo entre las diez mejores, incluyendo la jesuita Regis, la segunda mejor secundaria de Nueva York. Veo que algunas escuelas judías aparecen en el listado incluyendo Ramaz en el puesto 27. Me alegra ver que mi secundaria elite (donde cursé mis primeros años de secundaria) U.N.I.S. está en el puesto 19, en cambio la que fuera su rival en mis días de estudiante, Le Lycee Français ha bajado hasta el puesto 25.
Mi segundo año en la U.N.I.S. (Tut II) en 1976. Increible, ninguna obesa!

Hasta Malena (la de falda escosesa) con panza plana. ¡Y todas nos creiamos ballenas!

Para los efectos de esta nota lo importante es que Nightingale -Bamfordla inspiración tras la Constance Billard de “Gossip Girl” está en numero 24. ¿Por qué?  Primero pensé que (al igual que Ramaz) se la penalizaba debido a que no es inclusiva. Tal como Ramaz solo admite judíos, N-B solo admite chicas. Pero St. Anne, El Convento del Sagrado Corazón y Marymount que son escuelas católicas neoyorquinas para niñas ocupan puestos más altos.



Chapín, una antigua y prestigiosa escuela de señoritas, está entre las quince mejores, pero para saber el motivo de tan alto lugar basta ver su lista de exalumnas que incluye a Jackie Kennedy, Sigourney Weaver, Ivanka Trump y Vera Wang.  Sin olvidar a Christine Todd Whitman, ex gobernadora de Nueva Jersey; Alexandra Kotur que ha sido directora de Vogue y Town and Country; y la Reina Noor de Jordania. Ni comparadas a las miserables graduadas de N-B cuya exalumna más reconocida es Cecily von Ziegesar, la autora de Gossip Girl.

N-B es un espacio carísimo para que pasen su día las hijas de la aristocracia (Gloria Vabderbilt estudió ahí) y de artistas (Billy Joel y Bette Midler enviaron a sus hijas allá) y su mejor exponente es la diseñadora de modas Shoshanna Lonstein que a los 17 años estaba viviendo con Jerry Seinfeld, veintiún años mayor que ella. ¿Fue Shoshanna una It Girl como Serena o una bully-influencer como Blair Waldorf?

Ni hablar de St. Jude, la escuela para varones hermana de Constance Billard donde estudian los chicos de “Gossip Girl”. ¿Es que en qué cabeza cabe que de un sitio así saldrán las líderes del mañana? La ironía es que ningún estudiante de Gossip Girl (chicos y chicas) sabe lo que quiere hacer en la vida. Entretanto se la pasan de juerga en juerga y aun así tienen buenas notas y aspiran ir a buenas universidades. La ironía es que los únicos que merecen ir a buenas universidades porque son talentosos, disciplinados y saben lo que quieren hacer son los humildes Humphrey.
Dan y Jenny Humphrey

Dan quiere ser escritor, pero a pesar de sus buenas notas y de los sacrificios de su padre pierde la oportunidad de estudiar en Darthmouth porque se la gana Nate Archibald que ni sabe ni leer, pero cuyo estafador y drogadicto padre se graduó de esa universidad.  Aun hoy los colegios elite y las Ivy League siguen prefiriendo hijos de exalumnos como estudiantes. Esa injusticia me hace mirar un poco en menos a las Ivy League. Por suerte en la U.N.I.S no existía esa obsesión con las Ivy League, se esperaba que uno tomara el bachillerato internacional y que hiciéramos las maletas para el Viejo Mundo. Incluso cuando los Unisites van a universidades americanas prefieren lugares como NYU, Fordham, o la canadiense McGill.

Nate y Dan son los únicos varones de St. Jude interesados (ergo por diferentes causas) en ir a una Ivy League. Chuck es más honesto, él no necesita estudiar solo heredar y dinero y ponerlo a trabajar. Al menos él no molesta a los que si quieren estudiar. Diferente es el caso de las chicas.

It Girls, Queen Bees y “Proyectos”
 A los 16 años Jenny Humphrey sabe que quiere coser, diseñar e ir a la Parsons School of Design. Pero cae en las redes de acoso de Blair Waldorf, la Queen Bee de su escuela que divide a las estudiantes en “proyectos” (posibles sucesoras de Blair) o “victimas” (las parias/ignoradas y condenadas al fracaso). En sus esfuerzos por ser un “proyecto” Jenny aparta sus sueños y adquiere hábitos antisociales y delictivos, como robarle a la madre de una compañera un vestido de marca.

Lo mejor que hace su padre es retirar a Jenny de Constance y educarla en casa. Lo peor que hace Jenny es volver a Constance Billard donde pone mayor énfasis en heredar el puesto de Queen Bully que Blair ha dejado vacante que en sacar buenas notas. Será Blair quien destroce los sueños de Jenny exiliándola para siempre de la ciudad de Nueva York. Jenny acaba sus estudios en una secundaria de provincia, se va a estudiar moda a Londres y en el último capítulo diseña el vestido (bien feo) de novia de Serena. Aun así, creo que Jenny será una mujer de influencia y eso a pesar de haber estudiado en Constance Billard.

Serena es una It Girl, totalmente lo opuesto de Jenny. Nunca sabemos que le interesa estudiar, si es que le interesan los estudios. Un flashback de sus días en un internado en Connecticut nos revela que más exploraba el mundo de los estupefacientes que el de las matemáticas.  La unica vez que la vemos estudiando es para sus SAT.  “¿Pero le interesaba a Serena realmente ir a la universidad?”


 Después de su graduación, Serena estudió un año en NYU y otro en Columbia y más se la pasó de romance con maestros y un congresista casado, que en la biblioteca. En sus seis años en “Gossip Girl”, Serena solo tuvo un empleo en el que duró más de una semana.

Finalmente llegamos al caso de Blair, la bully perfecta, que sueña con ir a Yale. Nunca sabemos por qué ni que pretende estudiar en Yale. En los libros es porque sería un escalón para alcanzar sus fantasías (trabajar para los Cuerpos de Paz y ganar un Nobel). En la serie es solo una obsesión más de Blair de ser La Mejor. Se supone que es buena alumna, aunque se la pasa en fiestas y eventos de caridad, dedica más tiempo a sus líos románticos y familiares que ha escribir monografías, y su dependencia sexual de Chuck Bass no la hace muy centrada.

Blair intenta por todos los medios llegar a Yale, aunque esto signifique aplastar a Serena, Nelly Yuki y a su maestra Rachel. El difamar a Rachel le cuesta a Blair no solo la entrada a Yale sino también una expulsión temporal de su escuela. Blair acaba en NYU donde pasa un año humillante casi tanto como el de Reese Witherspoon en Harvard en” Legally Blonde”.

 De ahí se traslada a Columbia, pero nuevamente los estudios no son su fuerte. Uno de los momentos más increíbles de la serie es cuando Eleanor Waldorf deja todo su imperio en manos de su hija de 20 años, porque Blair ha demostrado su poder a punta de intimidar, chantajear y pisotear al prójimo. ¿Aprendió eso en Constance Billard?

Reitero, lo extraordinario de estos chicos tan sabios en temas como drogas, cocteles y sexo es que no tienen intereses ni hobbies. Bueno, a Blair le gusta visitar museos, darle de comer a los patos de Central Park, ir de compras, sabe francés y mucho de moda, y con Dan (yo soy shipera de “Dair”) comparte el amor a los libros y al cine clásico. Creo que nadie más en la serie tiene intereses tan “sanos”.

Nate y Vanessa: ¿Líderes del Mañana?
Nate al menos, es deportista. Se cura las resacas y su amistad con la marihuana, a punta de jogging y lacrosse. En sus dos años en Columbia, Nate es más conocido como jugador de lacrosse que por sus méritos académicos. De pronto, a los 20 años compra un periódico que mantiene con el dinero de una dueña de un burdel y del mafioso Brat Bass. Al final de la serie, Nate de 26 años podría ser el alcalde más joven de nueva York (WTF). Bueno no puede ser peor que el que tenemos ahora.
Nate y Vanessa

Si comparamos el potencial intelectual y los méritos escolásticos de todos los chicos de “Gossip Girl”, la que sale ganando es Vanessa Abrams, la amiga de la infancia de los Humphrey. Hija de un matrimonio birracial con tendencias progresistas, Vanessa ha sido educada en casa y aunque sueña con ser directora de cine, sus padres no creen que ir a una universidad de prestigio garantice que llegue a ser una buena profesional.
Vanessa con Milo, el supuesto hijo de Dan. La única chica con sentido maternal en la serie

Vanessa, a diferencia de Serena y Blair, es franca, firme en sus opiniones y lucha por causas reales. Aparte de que, a los dieciséis años es la única que trabaja (yo comencé a trabajar a los 15 años y cuando estudiaba en una escuela elite) en la serie.  Es Nate, que se ha enamorado de ella quien la convence de tomar los SAT (exámenes para entrar a la universidad) y así Vanessa entra a NYU.

A pesar de que Vanessa es una excelente estudiante y al final vemos que es directora de una serie de televisión, el roce con gente como Blair, Nate y sus amigos la afecta. Para poder sobrevivir debe recurrir a las armas de sus contrincantes. Finalmente, como Jenny, se da cuenta que solo podrá triunfar en lo que quiere lejos de estos tóxicos preppies.

En Roma Como en Madrid
En “Baby” vemos que los problemas de las secundarias exclusivas neoyorquinas tienen sus clones italianos. Sin ser preppies, los alumnos de la Collodi también están a la deriva, no saben qué hacer con sus vidas y no tienen planes para el futuro. Chiara, que es una buena atleta, postula a un programa de intercambio con una escuela neoyorquina (¿será la Constance Billard?) pero no porque quiera estudiar sino para huir de su familia. En eso difiere de su seria y estudiosa amiga Camilla.
Chiara, Camilla y Fabio

A mí me parece tan extraordinario que a los 16 años ninguno de estos chicos que van a una institución elite sepan que quieren ser o hacer cuando tengan veinte años. Es que desde la primaria yo sabía que quería enseñar y escribir y que buscaría una carrera donde pudiese hacer ambas cosas. Mi hermano, a los ocho años, sabía que podía dibujar y pintar, a los once ya quería ser arquitecto.

En la U.N.I.S., yo conocí por primera vez a círculos de computer nerds (en días en que las computadoras no eran amistosas) y de deportistas y de gente que sabía que iba a dedicarse a la música, o a escribir. Había gente que tomaba drogas, y el 75% de la secundaria (y algunos más jóvenes) eran sexualmente activos, pero también había los que dedicaban su energía al ballet, a la fotografía, a esquiar o incluso a la política.

El lema de Las Encinas de Elite es que de ahí saldrán “los líderes del mañana”, pero ninguno de los estudiantes parece tener lo que se necesita. Son una panda de inútiles, aun gente básicamente decente como lo es Guzmán. La ironía es que una total forastera, no solo por ser racial y culturalmente diferente, además por venir de un estrato social bajo como Nadia, les da una lección en su primer día de clases cuando en perfecto inglés les anuncia que ella quiere estudiar diplomacia y en su defecto, quiere ser interprete de la ONU.

Le explican a Nadia que si es buena alumna y si practica actividades extracurriculares podrá optar a una beca a una escuela de la Florida conectada con las universidades Ivy League.  El único problema es que solo hay una beca, y solo una persona puede ser el/la mejor estudiante. Eso ya es injusto y poco práctico. ¿Pero qué se puede esperar de una institución donde todavía se usa la curva de la campana para dar notas?

Lo extraordinario es que Nadia debe competir con la villana Lucrecia que le suelta un “Yo me divierto de lo lindo, y mira soy la primera de mi clase”. “Lo eras” le dice Nadia. Y es fácil competir con Lu en materias académicas. Vemos a Nadia practicando natación, haciendo tareas, investigando en la biblioteca y hasta ayuda a sus padres en el almacén. ¿Qué hace Lu además de intrigar, follar en los baños e ir a fiestas? ¿Esas son sus actividades extracurriculares?

Al menos los estudiantes pobres de la serie son cajeros, sirven hamburguesas, venden drogas o les roban a los ricos. ¿Pero en que se la pasan Lu, Marina o Carla?  Lu anda de rogona, Marina se busca problemas y Karla solo vive para el trio sexual que se ha armado con Polo y el marginal de Christian (“tu mascota” como lo llama Guzmán). Al lado de ellos, las chicas de “Gossip Girl” que van de compras, leen, prueban nuevos restaurantes (y Blair que le gusta ir a museos y festivales de cine) son un dechado de actividad positiva.
Las "niñas pijas"de Las Encinas

Lo curioso es que en Las Encinas a nadie le molesta este status quo.  Tal como en “Baby” y en “Gossip Girl’ no es el buen estudiante el premiado; los maestros no están de parte de sus estudiantes sino de figuras de poder; y todos cierran los ojos ante el acoso escolar y otros males que pululan por sus pasillos.

Maestros Cómplices
Ha llegado el momento de hablar de los cuerpos docentes de estos espacios elitistas que deberían estar a la altura de los objetivos de esas escuelas, pero que terminan de cómplices de padres sobornadores o de estudiantes chantajistas.


A pesar de que la Constance Billard es una secundaria, nunca vemos a sus alumnos en clase. Nos los muestran deambulando por los pasillos o sentados en los icónicos escalones. Al único miembro del profesorado que conocemos es a la directora, la señora Queller. Lo que sabemos de Queller es que es una disciplinaria estricta, pero su disciplina es selectiva. Por ejemplo, acusa a Jenny con sus padres porque ha faltado a clases (Jenny está ya trabajando como modista en el atelier de Eleanor Waldorf).  Sin embargo, Queller nunca delata otros estudiantes que se van de juerga en horario de clases. Solo a los becados que no tienen grandes apellidos.
           
Todos saben que Chuck vive de las drogas, pero solo cuando lo sorprenden consumiendo en la escuela es que se toma acción en su contra. Aun así, Queller está dispuesta ceder a los ruegos de Blair y al soborno del Tío Jack, cuando Chuck anuncia que no necesita defensa ya que es más que feliz de abandonar St. Jude. El no necesita de educación ni maestros para triunfar

Queller sabe que existe la mafia del bullying que ha creado Blair, pero no levanta un dedo en contra de ella. Años más tarde, cuando Jenny intenta detener los abusos de Penélope, la nueva Queen Bee de Constance Billard, esta habilidosamente consigue que su padre ponga una denuncia en contra de Jenny… ¡por acoso escolar! Queller, aun sabiendo como son las cosas, castiga a Jenny.

La única ocasión en que Queller actúa en contra de una alumna es cuando Blair traspasa la línea y ataca a una maestra. Aunque hablaré del caso de Rachel en otra ocasión, vemos como el pasarse de la raya al inventar un falso rumor sobre Dan y su maestra, le cuesta a Blair el apoyo de su padre y de Queller. Además, Rachel se venga consiguiendo que Yale rechace la aplicación de Blair. Aun así, la diva juvenil no aprende su lección. Ya en NYU, Blair hace que Chuck seduzca un profesor para poder chantajearlo. Pero si la comparamos con Serena que tiene romances con maestros en el internado y en Columbia, no podemos juzgar tan mal a Blair.

A favor de la verdad, no creo que exclusivos planteles educacionales contraten maestros tan jovencitos como Rachel y Ben (el maestro acusado de violar a Serena en el internado Knightley) precisamente por su juventud e inexperiencia. Yo enseñé secundaria los 27 años, pero era una escuela de señoritas. 

En la U.N.I.S (y aun ahí oí rumores de maestros y alumnas) los profesores todos tenían doctorados y eran, escogidos, entrevistados y pagados por sus propios gobiernos por lo que eran mayores de treinta años y tan elite como su alumnado. En mi experiencia, el 75% valía oro y tengo buenos recuerdos de ellos y de los consejeros.

Algo que es totalmente obligatorio en las escuelas elite y que ni aparece ni en pintura en estos relatos tan despegados de la realidad, es el servicio de consejería: maestros-psicólogos cuya mayor labor es preparar al alumnado de los dos últimos años de secundaria para ir a la universidad. Mi primer patrón (y probablemente mi persona favorita en toda la U.N.I.S) el Dr. Sahraie, era uno de esos consejeros así que conocí de cerca la importancia y seriedad de su trabajo.
Equipo de guías vocacionales de U.N.I.S  a mediados de los 70

No solo los consejeros exploraban las carreras óptimas para sus encargados, buscaban las universidades ideales y los ayudaban a contactarlas. Además, se monitoreaban la labor de los alumnos en sus clases, sus actividades extracurriculares y hasta sus vidas personales, para ver donde flaqueaban, donde necesitaban apoyo y asegurarse de que estaban en top form para ir a la universidad, lo que muchas veces implicaba dejar sus hogares, vivir independientemente en otras ciudades, estados, incluso fuera del país. Nada de eso aparece en “Gossip Girl”, “Elite” o “Baby” donde los maestros están más para obstaculizar que para guiar.

 En “Gossip Girl” y en “Baby” vemos a los instructores, muchas veces recibiendo desmesurados castigo por su intimidad con alumnos. A veces se siente que maestros como el Ben de “Gossip Girl” o la Mónica de “Baby” son víctimas de estos alumnos tan ignorantes en materias escolares y tan sabios en el arte de manipular. Y esto nos lleva a Martin, el peor maestro de Las Encinas.
Mónica es manipulada tanto por Niccolo como por la novia de este.

Martin el Pelele y el Bully
En la primera temporada de “Elite” se han esmerado en mostrarnos el campus de Las Encinas por dentro y por fuera exponiendo el hermoso paisaje de la Sierra de Guadarrama que la rodea. Hemos visto las canchas de tenis donde entrena Ander, campeón juvenil (y que odia ese deporte que lo ha convertido en estrella); el gimnasio; y la piscina donde Nadia y Guzmán descubren su mutuo amor por la natación. Hemos visto la biblioteca donde los que estudian hacen callar a los que comentan su vida privada y el salón de clase. uno solo, el de Lenguaje y Lectura donde reina Martín.
Las Encinas

Bueno, reina peor que la Khaleesi que al menos tenía tres dragones. Lo del lenguaje solo sirvió para una clase donde con mucho alarde de bilingüismo (al final la única angloparlante es la “talibana “Nadia) se burlaron de los marginales recién llegados. Nuestra primera impresión de Martin es que es afable, cercano (permite que lo tuteen y lo llamen por el nombre de pila) y que es hip to the max. Pronto cambia nuestra percepción de él.

No se sabe si es opción de Martin o de Las Encinas, pero su método de evaluar a su alumnado es adherirse a la curva de la campana, un procedimiento anticuado, abusado y mal usado de medir datos. Como lo aplica Martin (que parece ser el único maestro. ¡Hasta enseña biología!) solo puede dar un diez en clase, solo puede haber un alumno en su clase con 10 “porque así funciona el mundo allá fuera”.  ¡Falsooo!
Examen de biología de Lu

Hasta ahora la “Chica 10” de la clase es la mexicanita Lucrecia. Habla muy mal del resto porque Lu, aparte de ser traicionera y mala leche, no presenta rasgos ni de poseer un IQ muy alto ni de ser un dechado de méritos académicos. Nadia, en cambio, se convierte en seria rival de Lu. Cuando Martin le otorga un 10 a Nadia, Lu monta en colera y exige que Martín le quite la buena nota a la morita.

Para eso Lu lo soborna con la promesa de un bebé sin pasar por trámites de adopción. Y Martin (hijo de madre) se deja sobornar. Le quita la buena nota a Nadia y cuando la palestina protesta la hace callar. Y es que Martin sabe con quién puede meterse.  Lo demostrará cuando atropelle a Samuel, humille a Nadia y de paso, se meta con Marina.

En la escena más desagradable de la temporada, el atarantado de Samuel esta texteando en clase. Primero, que los celulares están prohibidos en el aula. Segundo, que Samuel está comentando detalles íntimos de Marina. Martin le quita el celular, pero no acaba ahí. Para humillar al chico, hace que Nadia lea en voz alta el mensaje. Cuando Samuel protesta, Martin  o hace callar. La avergonzada Nadia lee un texto que anuncia a la clase que Marina tiene VIH.

A ver Martincillo, tu no le quitarías un celular a Ander, hijo de la directora: no obligarías a leer un mensaje privado a Carla, hija de grandes de España, ni le has dicho a la irrespetuosa (pero hija de diplomáticos mexicanos) Lucrecia que se calle cuando te soborna. Marina se venga chantajeando a Martín en su momento. Al final el maestro ciruela se lleva su merecido y ni Lu ni Nadia se ganan la cotizada beca a Florida (donde no hay escuelas elite). Creo que esa es la única lección moral que nos da “Elite”. No se valen ni las competencias desleales ni los maestros oportunistas y arribistas.

La Moraleja de “Gossip Girl”
A pesar de las muchas quejas sobre la irrealidad de “Gossip Girl” el que continuase por tres temporadas después de la salida de la secundaria de los protagonistas, nos permitió ver como se manejaron en el “mundo real”. Nadie llegó a ninguna parte gracias sus prep schools. Todos heredaron negocios de sus padres, y Nate compró un periódico con dinero de su abuelo.

El caso Blair es el más decidor, puesto que era la primera de su clase, y realmente era buena alumna. Tras perder su sueño de ir a Yale, acaba en NYU donde a pesar de sus esfuerzos es tremendamente infeliz. No tiene una corte ni impresiona ni doblega a los bohemios estudiantes. Logra ir a Columbia donde pronto se aburre y deja sus estudios para incursionar en el mundo de las revistas de moda. Después de todo ni Diana Vreeland ni Anna Wintour fueron a la universidad.

Es entonces que Blair, a sus veinte años,  descubre que para lo único que sirve es para esposa de un príncipe. Pero como se lo demuestra su futura familia política todo lo que Blair creía eran virtudes propias de alguien de su clase y estatus escolar son fallas a los ojos de la realeza monegasca. Blair se ve atrapada en intrigas palaciegas para las que no está preparada como tampoco lo estará para defenderse de un archicriminal como su futuro suegro, Bart Bass.

La gota que derrama el vaso es cuando Eleanor Waldorf deja su imperio a cargo de su inexperta hija. Viendo que su primera colección va a camino del fracaso y que está en manos de su ex víctima Nelly Yuki, (ahora cronista de modas de una importante revista) Blair toma una decisión inesperada. Recurre a la ayuda de Sage, la nueva Queen Bee de Constance Billard y del Consejo de Reinas que una vez creara Blair.

Solo que el consejo ya no es un aquelarre de chantajistas esnobs. Ahora funciona como una asociación criminal, las reinas se llaman Don como si fueran capos de mafia. El espectáculo de Blair que descubre que todo lo logrado en su etapa escolar ya no existe y que su corte de bullies no era más que un peldaño al crimen organizado es la moraleja de su fabula y la confirmación de que ir a una escuela elite no es pasaporte para el éxito.

¿Conocen a alguien que haya asistido o ensenado en una de estas instituciones de prestigio? ¿Creen que hay que ir a buenas escuelas y universidades para tener éxito en la vida? ¿Como maestros cuales son las cualidades de un estudiante que le pronostican un buen futuro? ¿Como seguidores de estas series, que tienen que se compare a la vida real?  ¿Creen que algunas personas aprenden más educándose en casa? ¿O están con Greta y piensan que las escuelas (exclusivas o no) están sobrevaloradas?

martes, 31 de diciembre de 2019

Baby, Elite y el legado de Gossip Girl: Series Juveniles en la Era de Greta



Esta serie de entradas nacen de tres inquietudes. Desde antes de venir a USA planeaba un examen de las series de televisión juveniles y como habían variado con el tiempo. Mi nueva fascinación con “Gossip Girl” me llevó al encuentro de un par de series europeas que acusan la influencia de la mencionada fabula de nene pobre y nenas ricas en la Manhattan del Tercer Milenio. Finalmente, me queda la interrogante de si quizás las rebeldías, el ausentismo escolar y la manipulación que nos ofrece Greta Thunberg son menos malos que esa cultura de drogas, alcohol, y bullying que fomentan estas series dirigidas a la juventud.

¡Pobre Greta! Ser elegida Persona del Año no le ha granjeado mucho cariño. Hasta el presidente Trump le ha tuiteado que se vaya al cine con una amiga para calmarse. Greta tiene millones de seguidores, ¿pero tendrá amigos?  Su manera de militar con mensajes entre soberbios e incoherentes, su rebeldía ante cualquier forma de autoridad y su agresivo nivel de discurso no la hacen muy simpática. Sobre todo, porque muchos jóvenes han transformado su angst adolescente en un seguimiento ciego de Greta que predica que la escuela no es necesaria, que los padres pueden ser manipulados y que los políticos (menos los de la China. Gretita nunca ataca al país que mayormente contamina el mundo) deben ser llevados al paredón de fusilamiento.

Sin embargo, si les quitamos a los jóvenes modelos como Greta, que abraza causas justas como el anti-consumismo y la protección del medio ambiente, ¿dónde van a encontrarlos?  Ciertamente no en el mundo mediático y menos en los programas supuestamente dirigidos a un público juvenil.

Los Peligros del Upper East Side
 El revuelo que ha provocado el reboot de “Gossip Girl” me llevó a verme enteras las seis temporadas. En otro sitio hablé de los méritos de la serie de Times Warner, eso no quita que su trama posea graves fallas como la fomentación del acoso escolar, la glorificación del violador, y la incentivación de conductas como la práctica desenfrenada del sexo seguro o inseguro y el consumo desmesurado de alcohol y drogas.

“Gossip Girl” ha sentado catedra. Me encuentro con esas mismas fallas (y ninguno de sus méritos) en series del otro lado del Atlántico como la española “Elite” y la italiana “Baby”. Aunque ambas son buenísimas, uno se pregunta qué mensaje pretenden impartir.

“Gossip Girl” tiene lugar en la exclusiva Constance Billard una escuela de chicas que va aparejada a la igualmente prestigiosa St. Jude donde estudian los varones de la serie. La idea es que estos centros preparen el camino de sus mejores alumnos para ir a las universidades de la Ivy League (mi escuela elite U.N.I. S. tenía un programa, el International Baccalaureate, que te permitía postular a Oxford, Cambridge  y a la Sorbona).

Es por esa razón que el rockero fracasado Rufus Humphrey (Matthew Settle) se gasta lo que no tiene para enviar a sus hijos Dan (Penn Badgley) y Jenny (Taylor Momsen) a esos espacios aventajados. Ahí Dan y Jenny conocerán el bullying y la humillación sistemáticos. Para salir del anonimato y compartir este paraíso lleno de serpientes ambos buscarán caminos tortuosos.
La Feliz Familia Humphrey

Jenny acabará siendo expulsada del paraíso por Blair Waldorf (Leighton Meester), una jovencita insegura que adquiere confianza gracias su titilo de Queen Bee que le permite sentar normas en su escuela y controlar y abusar de sus compañeras. Dan, luego que su corazón es destrozado por la confundida y promiscua It Girl, Serena van der Woodsen (y también por Blair) descubrirá un modo cruel, pero novedoso, de bajar de sus pedestales a todos estos ídolos de barro que pululan por el mundo de “Gossip Girl”.

Ídolos como el vacuo Nate Archibald (Nace Crawford), cuyo único mérito parece residir en su físico que atrae a mujeres de todas las edades; y el peligroso Chuck Bass (Ed Westwick) que, a los dieciséis años, consume con la misma velocidad y apetito tanto drogas como mujeres y que ya en el primer episodio se revela como un cuasi violador. Ni hablar de la demente Georgina (Michelle Trachtberger) que merece más ir a un psiquiátrico que a la escuela.

También conoceremos a los padres, casi tan nefarios como sus hijos. Lily van der Woodsen (Kelly Rutherford), bella, refinada pero tan implacable que ha enviado a la cárcel a un hombre inocente acusándolo de haber violado a su hija. Su exmarido, el Dr. Van der Woodsen (William Baldwin), un médico sin fronteras que inventa un cáncer para destruir el nuevo matrimonio de su exmujer.
Lily se casó con Bart. La unión de dos padres terribles

Padre de Chuck, es Bart Bass (Robert John Burke) el villano y estafador genio de la construcción y de la industria hotelera. Al lado de él, el drogadicto y estafador Capitán Archibald, padre de Nate, es un alumno de kindergarten. Y no podemos olvidar a la exigente y dominante Eleanor Waldorf (Margaret Colin) que controla a su hija con la misma mano de hierro con la que trata las modelos y modistas que conforman su imperio de la moda.

Debido a que “Gossip Girl” duró seis temporadas, la serie siguió los pasos de los alumnos después de su graduación, a través de sus breves carreras universitarias, y sus búsquedas de oficio en el mundo adulto. Baby” y “Elite”, con solo dos temporadas, se concentran en la etapa de colegialespor supuesto en acreditadas escuelas privadasde los protagonistas.

Prostitutas y Vendedores de Droga
La italiana “Baby” tiene lugar en Collodi, una afamada secundaria romana. Ahí llega Damiano Younes (Riccardo Mandolini) que, a pesar de ser hijo de un embajador de un país árabe, es tan despreciado y mirado con desconfianza como lo era Dan Humphrey en “Gossip Girl”. Es que todos saben que Damiano es ilegitimo, que se crió con su madre en un barrio pobre de Roma, y que, al morir en ella, fue reconocido y recogido por su padre biológico, un hombre que ha formado otra familia.

Damiano es antisocial, no se deja controlar por reglas escolares, y comete el gran gaffe de comenzar a vender marihuana en su clase lo que lo molesta otros vendedores de la escuela, los esnobs Niccolo (Lorenzo Zurzolo) y Brando (Mirko Trovato) que son peores que Nate y sin el cache de Chuck Bass. Damiano, cada vez más alienado de su familia, se mete en un negocio de droga mayor con Fiore (Giuseppe Maggio) y su primo Saverio (Paolo Calabresi). Es ahí que descubre que la otra paria de su scuola también trabaja para ellos, pero en el negocio de escorts/Call Girls.
Damiano

Ludovica (Alice Pagani) es el personaje que más lástima me inspira. Sus padres también creyeron, como Rufus Humphrey, que una educación elite le abriría las vías del éxito a su hija. Ludovica detesta la escuela y está la detesta ella. Como en “Gossip Girl”, su estatus de nueva/clase media la lleva a pasar humillaciones relacionadas con videos.

 Estas series nos muestran cuan fácil es practicar el bullying cibernético en eras de redes sociales. Un video de Ludo teniendo sexo oral con Brando circula por Collodi y la reputación de la chica queda arruinada. Las madres prohíben a las hijas juntarse con la paria.
Ludo y Chiara la amistad de dos Call Girls

Ludo enfrenta otros problemas. Sus padres se divorcian. El padre se casa otra vez y no quiere pagar la colegiatura de Ludovica. La madre se gasta lo poco que gana con chulos. Ludo, que por fin ha conseguido una amiga, no quiere que la expulsen por no pagar. Su única solución es dedicarse al negocio de las señoritas de alterne.

En ese negocio entra Chiara (Benedetta Porcareli), mejor amiga de Ludo, que también tiene problemas con sus padres y como Serena de “Gossip Girl”, ha caído en desgracia luego que se hizo público que se acostaba con Niccolo, novio oficial de una compañera, y hermano de Camila, la otrora mejor amiga de Chiara.

Gossip Girl a la Española
Como ven, y a pesar de que está inspirada en hechos reales, “Baby” le debe mucho en términos de libreto a “Gossip Girl” aunque carezca del humor, chic y extraordinaria escenografía de la serie de Times Warner. El caso de “Elite” es diferente, aunque se la ha llamado “Gossip Girl a la española”. Ciertamente es más oscura, más realista, más diversa, ¿más española? Juzguen ustedes.

En la San Esteban, una escuelita de barrio ocurre un derrumbe. Hay heridos, hay que evacuar a los estudiantes, un caos. Todo apunta que la culpable es la Constructora Nuniez S.A. Para sacarse de encima la investigación y el ostracismo social, a Ventura Nuniez (Ramón Esquinas) se le ocurre pagar las becas de tres alumnos de la San Esteban que les permitirá estudiar en Las Encinas, colegio de elite donde van los hijos del constructor y donde se preparan “los líderes del mañana”.

Los afortunados son el loquillo Cristian (Miguel Hernán), un irreverente y extrovertido marginal que ha venido a Las Encinas a buscar esposa rica porque ahí “¡las pibitas mean colonia!”. El otro es el esforzado y discreto Samuel (Itzan Escamilla) que podría calificar como el Dan Humphrey de Las Encinas si Dan fuese hijo de madre soltera tarotista y tuviese un hermano preso. Como Dan, Samuel le hace al camarero para poner plata en su bolsillo y se enamora de Marina Nuniez (María Pedroza), que pudo ser la “It Girl” de Las Encinas hasta que la contagiaron de SIDA. ¿No les dije que “Elite” era muy novedosa?

La última becada es la más interesante. Una Hermione Granger étnica sin más magia que su aplicación en los estudios y su capacidad de observar y reconocer las fallas de la escuela, de una clase social vacía y de Occidente. Nadia Shanaa (Mina El Hamanni) es palestina, criada en España, pero todavía reza cinco veces al día mirando hacia La Meca. Eso no quita que sea la única del trio que ve en Las Encinas una oportunidad para cumplir sus sueños de algún día trabajar para la ONU como diplomática o traductora.
Nadia

Solo que, como Doña Inés, Nadia verá su virtud, fe y valores tambalear ante Guzmán Nunies (Jaime Bernandeau), que, aunque parezca ser el Don Juan de la escuela (y el Valmont empujado a seducir a la virginal morita por su amante), tiene más decencia y corazón que todos sus compañeros, maestros y de Las Encinas.

Darío Moreno y Carlos Navarro (director de “Física o Química”) le han entrado al tropo de la escuela elite, pero para variar han combinado la fábula de “Gossip Girl” con un esquema a lo “How to Get Away with Murder”. Desde el primer episodio nos queda claro que la trama es una serie de flashbacks, que ha ocurrido un asesinato dentro de Las Encinas, que un personaje importante ha muerto y que todos los alumnos son sospechosos. Eso le aporta una oscuridad y un realismo al tema que trasciende los parámetros de la serie juvenil.



Aunque me estoy gozando estas series, casi tanto como “Gossip Girl”, mi ojo de vieja nota algunas pautas de comportamiento que parecen sentar modelos que no deberían ser emulados.  A diferencia de “Beverly Hills 90210” que fue la madre del drama juvenil, aquí no hay critica ni del bully, ni del violador, ni siquiera del uso de drogas, más bien se les glamoriza. Al final me deja pensando si tal vez no será mejor para los jóvenes enarbolar la bandera de Greta, no ir mas a la escuela, y convertirse en la voz de la conciencia de quienes destruyen el medioambiente.

En mis próximos blogs hablaremos más sobre estas series. Veremos si es verdad que ir a una escuela exclusiva ayuda a ser una persona exitosa; revisaremos los mensajes retorcidos de estas series tales como la glorificación de prostitutas adolescentes y de los vendedores de drogas; y sondearemos el concepto del poder femenino encerrado en jovencitas manipuladoras, misóginas e imitadoras de la Marquesa de Merteuil.

¿Han visto “Elite” o Baby”?  ¿Qué les parecen? ¿En que son o no son parecidas a Gossip Girl”?