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miércoles, 25 de noviembre de 2020

Todo lo que Vi en Octubre y no Tuve Tiempo de Reseñar

 


Pasó algo insólito. En octubre, Netflix lanzó una cascada de dramas de época, cual peor que el otro, pero en HBO se mandaron un par de series excelentes y visualmente más intensas que ningún period piece. En la sexta temporada de “Fargo”, Los Hermanos Coen se fueron a la Kansas City de los 50 y no dejaron nada que desear. Tristemente la segunda temporada de “The Spanish Princess” estuvo peor que la primera. Vamos a ver como estuvo esta vendimia otoñal.

Final de Lovecraft Country (HBO)

No se puede hablar de HBO, y de dramas de época de este otoño pandémico, sin mencionar “Lovecraft Country”. Yo ya he habado en público y privado de mi desaliento ante esta adaptación de la novela de Matt Ruff. Ahora me concentraré en el final.



¿Qué se puede decir de una serie donde TODOS los blancos son malos?  ¿Peor aún, donde la policía de Chicago está compuesta por hechiceros?  Al final los negros recobraron su magia y despojaron a los blancos de la suya. Nada mejor podía esperarse cuando un jefe de policía hechiza a una niñita negra, pero no puede entrar en la casa de Leti ya que un hechizo vudú (confeccionado con la sangre de una cabrita sacrificada en el porche) se lo impide.

Matt Ruff, en el fondo,  debe sentirse triste al ver como despedazaron su libro, en el cual no morían ni Tic, ni Christina (que se llamaba Caleb) ni siquiera el tío George, pero como dijeron en The Ringer la historia está mal contada comenzando por cables sueltos que nunca llegan a amarrarse. ¿Por qué los monstruos a los que Christina cuidaba y ayudaba a nacer iban a pasarse al lado de Diana y devorarse a su benefactora? ¿Por qué toda la brutalidad de Montrose como padre fue perdonada una vez que Tic supo lo que había sufrido por ser homosexual?  ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?



Ni hablar de Yahima (hasta nombre tenía) la shemale venezolana que fue asesinada alevosamente por Montrose, sin que nunca supiéramos las razones detrás del crimen.  Cuando,  en  Twitter la productora Misha Green, fue interrogada respecto a la muerte de Yahima, respondió crípticamente que era ün punto digno de explorar, “pero que había fracasado en el modo que escogió hacerlo”.  Da gusto ver lo responsables que son los encargados con sus personajes. Y así se la alaba como si fuera la Capilla Sixtina de las series. En realidad, la pobre Yahima es una señal más de que este mito de que negros y latinos bailamos juntos no es al mismo compas.



The Third Day (HBO)

Muy diferente fue el caso de “The Third Day” que presentó HBO entre septiembre y octubre. Producida por HBO y Sky, se trata de una miniserie de seis episodios que aparenta ser sobrenatural, pero es más horror que terror. El tema principal no es el conflicto entre tradición ni progreso, ni como la religión degenera en luchas de poder, sino como los traumas y miedos pueden destruir familias y comunidades.



Al comienzo pensamos que se trata de una variación de ‘Folk Horror” cuyo mayor exponente es la fabulosa “The Wicker Man” (la versión del 71).  Sam (Jude Law), un hombre agobiado por problemas personales que no ha podido superar el asesinato de su hijo mayor, llega a la isla de Osea acompañando a una jovencita a la que ha salvado de un intento de suicidio.

Osea es un antiguo santuario de los celtas cuyos habitantes siguen conservando tradiciones ancestrales, aprovechando el aislamiento de la comunidad. Aislamiento que se hace más patente cuando el único sendero que comunica la isla con Inglaterra queda cortado por subidas de marea toda la noche y parte del día.

Sam queda atrapado en un mundo lleno de misterios y mentiras, sufre de espeluznantes visiones, pero nos damos cuenta de que no quiere irse de Osea. Se olvida de la familia que abandonó y tiene un affaire con Jess (Katherine Waterston), otra forastera que también ha hallado en la isla un refugio para sus cuitas domésticas. Eventualmente, Sam descubrirá verdades que lo obliguen a permanecer en Osea.



La segunda parte, trae otra visita a la isla. Helen (Naomei Harris), la esposa abandonada por Sam llega a Osea a investigar qué pasó con su marido. No sigo contando porque tienen que verla. Se trata de una historia con muchas capas, que a ratos puede irritar o perturbar, pero que impresiona tanto por sus actuaciones como por su ambientación.





Osea existe, se trata de una isla fluvial localizada en el Rio Blackwater en Essex y su paisaje es personaje importante en la trama. El impacto visual de los primeros capítulos grabados en verano con un sol tibio y una vegetación frondosa contrastan con los últimos episodios en donde la isla parece sumergirse en brumas grises invernales. Ayuda al efecto la competente banda sonora del compositor chileno-canadiense Cristóbal Tapia de Veer.



Respecto a actuaciones, todos sabíamos que Jude Law era más que una cara bonita, pero la voz cantante en términos actorales la llevará en la segunda parte Naomie Harris, que a pesar de su que su personaje no es querible, posee unas fantásticas expresiones faciales que contrarrestan con su hosquedad. Entre los secundarios destacan Paddy Considine y Emily Watson como los dueños de la única posada de la isla que comienzan como raisonneurs, pronto se revelan como cómplices, y acaban siendo víctimas.



The Undoing (HBO)

Aunque aún no ha terminado, recomiendo esta serie estupenda sobre como un crimen obliga a una mujer a enfrentarse al hecho de que todo en su vida es falso y que su esposo es un desconocido. Es argumento parecido al de “Oscuro Deseo” sin ese sexo tan rebuscado, y dotada de un glamur que recuerda a “Gossip Girl” porque transcurre en el mundo del Upper East Side que una década más tarde sigue siendo tan privilegiado y blanco como en la serie de WB.

Nicole Kidman (quien es también una de las productoras) y Hugh Grant son los Doctores Fraser, Grace una psiquiatra experta en terapias de pareja, Jonathan un pediatra/oncólogo. Los Fraser llevan quince años de casados, se adoran en la cama y en todas partes, son exitosos en su trabajo y en la crianza de un único hijo al que tienen en una escuela elite que les cuesta cincuenta mil dólares al año. Son hermosos, simpáticos, un ornamento para su vasto círculo social.



Además de sus labores domésticas y su desgastante práctica médica, Grace toma parte activa en una agrupación de madres y apoderadas. Es a ese ambiente donde entra un elemento foráneo, Elena Alves (Matilde de Angelis), latina, pobre, casada con un afrolatino, y cuyo hijo, Miguel, ha sido aceptado por la escuela Reardon gracias a una beca.

En su primer encuentro con Elena, durante una de sus reuniones de madres, Grace es la única en interesarse en ella y su bebé Teresa. Las demás la ignoran, a lo que Elena reacciona amamantando a su hija en público. Lo que para mí sería un gesto normal, siendo que está en una casa privada y Elena está rodeada de madres, es mal recibido por las demás mujeres.



Para Grace, Elena está enviando un desafiante mensaje de como ella si es una madre de verdad. Según su amiga Silvia, Elena quería apantallarlas con su magnífico busto, fuera para provocar envidia o excitación sexual. Y para mí lo más extraordinario (siendo que he visto mujeres de todas las edades, colores y clases sociales dando pecho en público) es como el esnobismo y clasismo pueden en un segundo borrar todo ese mito de la Hermandad Femenina. ¡Toma MeToo!

Grace y Elena vuelven a encontrarse esta vez en un gimnasio. Nuevamente, Elena usa su cuerpo como arma. Totalmente desnuda, se acerca a Grace y comienza una especie de seducción de la psiquiatra con susurros, toqueteos y arrimos. Yo ya esperaba que le hiciera una lapdacing. Lo chistoso es que todo este comportamiento—que con razón hace a la psiquiatra sentirse invadida— va acompañado de un dialogo perfectamente normal, el típico intercambio entre madres cuyos hijos van a la misma escuela.



Aunque muchos encontrarán esa escena muy sexy, yo la encontré perturbadora sobre todo porque Elena parece una stalker. ¿Como se explica que una madre de bajos recursos que vive en el Spanish Harlem, sea clienta de un gimnasio del Upper East Side que debe costar un ojo de la cara?

El tercer encuentro es en una gala para recaudar fondos para la escuela. Aunque Grace va más escotada que Elena, es esta ultima la que atrae la indeseada atención de una jauría de invitados. Esto no alegra a la Alves ya que Grace la encontrara llorando en el baño.  Mas tarde, en el elevador, Elena besa a Grace en la boca tras agradecerle su interés por ella.

Todo esto pasa a segundo término cuando el pequeño Miguel encuentra el cadáver de su madre en su estudio. El brutal asesinato de Elena sacude a la comunidad de madres. Entran los policías al cuento que tal vez por ser detectives, y no patrulleros con rodillas asesinas, o tal vez porque el detective a cargo es latino, son retratados como buenas personas.

Aunque todas las madres son interrogadas, es Grace la que más se les hace sospechosa a los detectives. La psiquiatra tiene sus propios problemas. Su esposo ha desaparecido dejando atrás su celular. En el hotel donde se hospedaba no lo conocen, la supuesta conferencia médica a la que asistía no existe, y cuando Grace va al hospital donde Jonathan trabaja, descubre que hace rato que lo despidieron.



Será el Detective Mendoza (Edgard Ramirez) quien acabe de informarla de malas noticias. Miguel era paciente de Jonathan. Elena acusó al oncólogo de haberse propasado con ella, pero retiró los cargos. Jonathan y Elena eran amantes. Es posible que él sea el padre de Teresa y ciertamente es el mayor sospechoso del asesinato.

Grace descubre que todo su prestigio profesional y social desaparece ante estos factores y acusaciones.  Ni refugiándose en su casa en la playa, puede huir de sus realidades: su matrimonio tenía bases falsas, su marido es un desconocido y ella también pasa a ser sospechosa del asesinato de su rival.

La serie es intrincada, dura, llena de pistas falsas y de descubrimientos pavorosos. Está muy bien actuada y estéticamente es una belleza desde el departamento de Park Avenue de los Fraser hasta Nicole que parece haberse quitado diez años de encima y cuya presencia ilumina la pantalla con esos cabellos largos, eso abrigos de brocado que la hacen parecer escapada de un retrato prerrafaelista



The Spanish Princess (Starz)

La segunda temporada de la serie de Emma Frost me ha entretenido en algunos aspectos, hasta el punto de que perdono las licencias históricas y a la insufrible protagonista. Charlotte Hope no es buena actriz, tiene una cara rara con venas protuberantes, ojos saltones y labios temblorosos, y es antipática. Eso no ayuda a que los Tudormaniacos queramos a un personaje que poco tiene de Catalina de Aragón.

Efectivamente la reina se fue a la frontera escocesa y ganó la Batalla de Flodden. Efectivamente se mandó fabricar una armadura que le acomodase la panza, ¿pero ¿qué es eso de andar dando mandobles por el campo de batalla y en estado interesante? Yaaa, solo las locas  pondrían en peligro sus embarazos y mi Doña Catita no era ninguna loca.





Tampoco me la imagino desnuda, de rodillas, intentando despertar la virilidad dormida del Enrique. Es que todo lo que amamos de Catalina, su dignidad, su compasión, su sabiduría y sobre todo su piedad, ha sido eliminado del personaje porque Emma Frost la quiere acercar a un ideal mitutero.

Eso queda en evidencia en esa carta que le envía a su cuñada Margarita de Escocia diciéndole que su piedad es fingida. ¿Queee? Si lo más valioso de Catalina fue su fe y aquí nos dicen que nunca existió. ¿Con que pruebas con que fundamentos?  Llevo un tiempo tratando de explicarle a un amigo que la licencia histórica debe usarse solo cuando se es necesario y nunca abusarse. Este es un ejemplo del abuso.

En cambio, no me molesta que Henry deje tuerto al pobre Buckingham, si después igual le va a quitar la cabeza. Efectivamente, Úrsula Pole fue nuera de Buckingham y de ella descienden los Barones Strafford. Pobre William Compton, ya no saben que inventarle. En “Los Tudors” lo hicieron tener un affaire con Thomas Tallis y ahora lo tienen babeando por Beata Margarita Pole.



No he encontrado indicio de que Enrique VIII quisiese casar a su amigo Compton con la Tía Maggie. Pero si ya al Compton lo pusieron de gay en “Los Tudors”, ¿qué importa levantarle otro falso? Es lo que en Chile llamamos un tonto útil. Ohhh y la Ann Hastings es la misma Anne Buckingham que se revolcaba con Charlie Brandon en la serie de Showtime. En cuanto a ese interludio en medio de la epidemia en que Maggie y Tom More casi confiesan estar enamorados me pareció una licencia romántica aceptable, aunque se tratase de dos santos de calendario. Me recordó los amores de santos que el Cardenal Wiseman nos narrase en Fabiola.





Al menos aquí conocemos la verdadera historia de Maria Tudor, Reina de Francia (no de Portugal como en “Los Tudors”) y su amistad desde la infancia con el futuro Duque de Suffolk.  Vemos que su relación no estivo basada en lujuria como en “Los Tudors” sino en un amor de años que ninguno se atrevía a confesar. ¿Pero por qué no nos cuentan de sus hijos de quienes desciende La Familia Real Británica?



Y conocemos a la verdadera Margaret Tudor, bisabuela de Maria Estuardo, y vaya que interesante y patética es su historia.  Me encantó su relación un poco violenta con su esposo, el Rey de Escocia. Su torpe enamoramiento de Angus Douglas con quien se casó perdiendo el apoyo de su hermano. Lo único que obviaron aquí fue la hija que Meg tuvo con Angus que eventualmente seria la suegra de Maria Estuardo y abuela de Jaime, el primer rey de Gran Bretaña



Las princesas Tudor me caen mejor y me inspiran más lástima que esta parodia de Catalina de Aragón que me la han puesto caprichosa, egoísta, hormonal, mala amiga y…y…y me tiemblan los dedos escribirlo… ¡mala madre! No solo le han quitado a devoción y la erudición a Catalina sino también su intensa relación con su única hija sobreviviente. Y todo porque Emma Frost le tiene inquina a Catalina porque no corresponde a una imagen de lo que debe ser una hembra en la Era Me Too.


Lástima que Emma decida recordar la devoción de Catalina para combinarla con esa obsesión británica de La Leyenda Negra. El séptimo episodio es un vergonzoso salmagundi en el que se mezcla la ejecución de Buckingham (¡que está enamorado de la Rina!); una quema de libros instigada por Catalina y el enfriamiento del amor de Maggie por Tomasito More cuando descubre que al lado de su despacho el futuro santo tiene una cámara de tortura.

Veamos la historia.  Buckingham fue decapitado siete años antes que se comenzase a perseguir herejes, nunca tuvo amistad con protestantes. Catalina jamás abogó ni por la quema de herejes ni sus libros y lo de la cámara de torturas, aparte de ser una invención nunca probada, según los calumniadores More la tuvo cuando ya era canciller (mucho después de los hechos narrados en este episodio) y estaba en el sótano.

Fargo (FX)

Para su sexta temporada, los Hermanos Coen han escogido un escenario de época, Kansas City en 1950 donde se desarrolla una guerra de gánsteres que alcanza niveles de ópera y no siempre buffa. Retrocedemos em el tiempo, cuando la familia mafiosa irlandesa Milligan decide hacer una tregua con sus rivales, los judíos Moskowitz. Para cimentar la paz hacen un intercambio de rehenes como en las guerras tribales de la antigüedad. Así el pequeño Patrick Milligan es obligado a vivir con extraños.



 Años más tarde, Patrick traicionará a Los Moskowitz para favorecer a sus parientes de sangre. La historia se repetirá cuando los Milligan se enfrenten a los recién llegados, los italianos Fadda, y vuelva a ocurrir un trueque de hijos,. Patrick, tal vez por lealtad a su familia adoptiva, tal vez por rabia a como se le usa como simple peán, apoyará a Los Fadda y matará a su propio padre.



Cuando la serie comienza, tenemos a Patrick (Ben Winshaw) -—ahora apodado “El Rabino”—sirviendo a los Fadda, que en esta década batallan contra los Cannon, gánsteres afroamericanos. Cuando ocurre un nuevo intercambio de niños, se le encarga a Milligan ocuparse del pequeño Satchel (Rodney L. Jones III). Sea por lástima, cariño, sentimientos de culpa, o por ser el único personaje de este cuento con un compás moral, Rabbi Milligan se ocupará de proteger al pequeño de estas familias criminales que no les importa la inocencia de un niño.



He hecho hincapié en este ángulo de la historia porque el resto es incidental, las batallas entre gánsteres, a lo Peaky Blinders- Boardwalk Empire, no son más que un telón de fondo; el conflicto entre los hermanos Fadda el embrutecido Gaetano (Salvatore Esposito) y el ladino Justo (Jason Scwartzmann) nunca llegan a ser el centro del cuento. Y si hay obviamente un elemento relacionado con el tema del racismo. Los Cannon capitaneado por Lloyd (Chris Rock), han encontrado respeto y dignidad en el estilo de vida mafiosa que se les ha negado en la sociedad de blancos respetables.

Cuándo alguien le pregunta a Lloyd si peleó en la guerra, él se mofa: “¿Por qué pelear por un país que quiere verme muerto?” Y cuando le pregunta a un policía si sabe “lo que se siente el ser propiedad de otro” se responde a sí mismo “nosotros (los afroamericanos) hemos sido propiedad de otros por 400 años”.

Mas fuerte, efectivo y conmovedor será el tema del racismo cuando Rabbi Milligan y Satchel deban emprender su propio viaje de regreso a Kansas. En esta road movie donde no se sabe quién es Toto y quien es Dorothy, y donde un tornado literalmente se lleva gente, Satchel descubrirá que aun los niños deben pagar un precio por tener la piel oscura.



Otra razón por la que el conflicto gansteril pasa a segundo plano es la riqueza de personajes, cada uno protagonista de una historia casi paralela. Ahí tenemos a Jessie Buckley como Orietta Mayflower una divertida enfermera que también es una asesina serial; Timothy Oliphant como Dickie “el Sordo” Wickware un agudo detective mormón que ha venido a KC a buscar una pareja de lesbianas fugadas de la cárcel, y Jack Huston como un veterano cuyo trauma se manifiesta en tics nerviosos, actos compulsivos y el mal hábito de venderse al mejor postor.



¿Cuál de todas estas series has visto?  ¿Cuál te ha gustado más? ¿Cuál te gustaría ver?

 

 

 



lunes, 1 de junio de 2020

Un Verano de Pandemia: Dramas de Epoca del 2020



La primavera televisiva estuvo colmada de ofertas históricas o seudo-historicas (cual de todas más mediocre), pero esta abundancia acabó. En unas semanas viene el primer verano de pandemia. Aunque nos llegue un respiro, lo cierto es que comenzará a sentirse la escasez de series y filmes, cuyos rodajes fueron cortados por cuarentenas y distancias sociales. Aun así, antes de que tomáramos conciencia de los peligros del coronavirus ya se habían preparado series, inclusive dramas de época.

Mayo
A finales de mayo, National Geographic, por alguna misteriosa razón, decidió que no iba a lanzar en la fecha anunciada su serie “Genius”, este año dedicada a la reina del soul: Aretha Franklin. En cambio, nos trajeron “Barkskins”.

Basada en la inmensa novela épica de la autora canadiense Annie Proulx (“Brokeback Mountain”) narra las desventuras de dos vagabundos franceses que, a fines del Siglo XVIII, son deportados a la Nueva Francia (hoy Canadá) como siervos para trabajar en los aserraderos. Charles Duquesne (James Broor) logra huir y unirse a los cazadores de pieles, pero René Sel (Christian Cooke) permanecerá en esa frontera colmada de nativos peligrosos, colonos brutales, comerciantes ambiciosos sus siervos y sus filles de roi (chicas pobres también deportadas para casarse con los colonos). 

Ya llevamos cuatro episodios y merece una nota aparte, pero se las recomiendo. Hacía tiempo que no veía una historia tan novedosa, tan cautivante, con personajes diversos y una rareza total, personajes femeninos realmente vigorosos e inteligentes.

Junio
Por fin, y a partir del domingo 14 de junio, podrá verse en su totalidad “Beecham House” en la PBS. Este cuento de un aventurero ingles en la India de comienzos del siglo XIX durará hasta fines del mes de julio.

HBO vuelve a jugarnos una mala pasada a los estadounidenses. A principios de año estrenaron la segunda parte de “My Brilliant Friend” en España. Pues ahora lo harán con” Las Luminarias”. La adaptación de la novela de Eleanor Catton se verá primero en España antes que en el mundo angloparlante.

El 20 de junio inicia esta pieza de época que narra el viaje de una joven inglesa, Anna Wetherell (Eve Hewson), a Nueva Zelandia a mediados del siglo XIX. En medio de un mundo fronterizo y primitivo atrapado por la Fiebre del Oro, Anna se verá involucrada en un triángulo amoroso con el encantador Emery Staines (Himesh Patel) y la manipuladora vampiresa y adivina Lydia Wells (Eva Greene).



El 21 de junio comienza en HBO la nueva versión de Perry Mason. Parece que “City of Angels” ha dejado un apetito por Los Ángeles, por Noirs de los Treinta y por evangelistas colmadas de sex apeal. En esta versión Matthew Rhys es el icónico abogado-detective creado por Earl Stanley Gardner.



Mason es contratado por John Lithgow, un millonario que necesita un investigador discreto para esclarecer un secuestro. Tatiana Maslany (“Orphan Black”) es una evangelista platinada que envolverá con su fervor erótico al pobre Perry, y Julieta Rylance reaparece ahora como Della Rees, la fiel secretaria de Mason.

Julio
El 26 inicia la Segunda Temporada de “The Alienist”. Aunque se la planeó como serie limitada, su éxito ha suscitado la adaptación de otra novela de Caleb Carr, El Ángel de la Oscuridad. En vísperas de la Guerra del 98, Sarah (Dakota Fanning), quien ahora maneja su propia agencia de detectives, solicita la ayuda de Lazlo Kreisler (Daniel Bruhl) para esclarecer el secuestro de Ana Linares, la hijita del cónsul español.

Ya sé que vomité ranas y sapitos en contra de esta serie, que la encontré gory, oscura y casi tan truculenta como “The Knick”, pero descubrí que a mis espaldas mi hermano había terminado de verla. Peor, mi hermana y mis sobrinos gatos también son fanáticos. Eso me obliga a compartirla con ellos y otros fans. Ojalá no me defraude.

Agosto
Dejamos atrás el caluroso julio y nos internamos en agosto. A principios de mes (Agosto 9) llega la séptima temporada de “Endeavour” en Mystery de la PBS. Estamos en 1970, siguen los conflictos raciales en Oxford y el departamento de Policía del Támesis investiga los asesinatos de varias jovencitas, pero Morse acarrea unos problemas personales. Un reencuentro en Oxford con Violetta, la italiana con la que ha sostenido un tórrido romance el verano pasado en Venecia. Morse enamorado es siempre un fascinante enigma. ¿Habrá olvidado a Joan Thursday?


Esa misma noche inicia por Showtime una adaptación del superventas de James McBride Good Lord Bird. Confieso que siento aprehensión (el libro ni lo conocía) hacia esta combinación de sátira a lo Mark Twain con road movie sobre el dispar emparejamiento del abolicionista John Brown (Ethan Hawke) y un pequeño esclavo negro, apodado Onion (cebolla) e interpretado por Joshua Caleb Johnson-Lionel, que por alguna razón se la pasa la serie vestido de mujer.

Camino al malhadado ataque de Harper Ferry que costaría la vida al controversial Brown, él y su compañero de viaje se encuentran con personajes históricos como Frederick Douglas y el General Jeb Stuart y, como dijo un crítico, lo mejor de la serie es dar la oportunidad a Hawks de hablar a gritos. No creo que la vea.

Finalmente, lo más esperado del verano. El 21 de agosto inicia en HBO la adaptación de la novela de Matt Ruff Lovecraft Country. La serie, creación de J.J. Abrams, sigue a Atticus (Jonathan Majors), un veterano del ejercito quien hace un viaje de Chicago a Nueva Inglaterra en busca de su padre Montrose Freeman (Michael K. Williams, el Chalkie White de “Boardwalk Empire”) que ha desaparecido misteriosamente.

Acompañan a Atticus, Leti Dandridge (Jumee Smallet-Bell), su amiga de la infancia, y su tío George (Courtney B. Vance) quien ha publicado una especie de “libro verde”, una guía para proteger al viajero de color. La guía no dice mucho de Lovecraft Country, el racista espacio donde hallan a Morgan secuestrado por un extraño cabal que opera en la mansión de los Braitwhite, cuyos ancestros eran dueños de la familia de Atticus. Como si fuese poco, al cabal se unen también unos monstros escapados del Cthulhu.

¿Que se salvó de la pandemia?
Se dice que el 80% de la producción fílmica y televisiva mundial está en hiatos debido al coronavirus. Eso significa que no podemos esperar nuevas temporadas de nuestros programas favoritos. De esos sabemos oficialmente que “Peaky Blinders” y “Call the Midwife” han detenido sus filmaciones indefinidamente. Para suerte de los Crownies, la Cuarta Temporada de “The Crown” está completa y lista para ser transmitida vía Netflix a fines de este año.

Dicen que “Bridgerton” la adaptación de los bodice-ripper de Julia Quinn también está terminada y la veremos, en Netflix, este otoño.  Hasta ahora, solo hay fotografías. Todavía no se conocen Teasers.
En Hollywood Spy, el Gatito Dezmond ha asegurado que también han alcanzado a acabar los rodajes de series limitadas como “Black Narcissus” y “The Singapore Grip”. De la adaptación de la novela de Rumer Godden, sobre una comunidad de monjas en el Himalaya, solo hay este still de Gemma Atherton.

En cuanto a la adaptación de la trilogía de J.G. Farrell sobre Malasia antes y después de la invasión japonesa ni siquiera eso hay. No quiero poner en duda la palabra de un bloguero, pero por mucho que desee ver estas series, no hay señales de que las tengamos cerca.

Diferente es el caso de “Leonardo” que Aidan Turner ha filmado para la RAI. Un teaser con subtítulos nos confirma que pronto podremos ver las aventuras de Da Vinci interpretado por el Capitán Poldark..

Esa es la situación de nuestro entretenimiento futuro.  Entretenimiento que ha cobrado importancia debido a nuestro encierro forzoso. ¿Cuál de estas series atrae su atención?