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lunes, 28 de diciembre de 2020

Los Diarios de la Princesa: The Crown 4x3




Cuando le preguntaron a Emma Corrin por que la boda no había sido parte de la Cuarta Temporada, ella respondió que Morgan solo filmaba “lo que avanzaba la trama” (¿?) Yo sospecho que siendo que la mayoría de los Crownies hemos visto alguna vez filmes del evento, prefirió Don Peter saltárselo ya que no podía alterarlo a su conveniencia como lo hace con otros episodios de estos “Princess Diaries”. Vamos a ver que ha hecho en esta tercera entrega.

Hay mucho de verdad aquí: el horrible “lo que pasa por amor” de Carlitos (¿en qué cabeza cabe decir tal burrada?), el más horrible almuerzo con Camilla, Carlos sin llamar por semanas (aunque en la vida real si intercambiaron cartas); la soledad de la futura princesa, la bulimia, y el brazalete de Fred y Gladis. Es el marco o contexto donde a ratos se siente todo tan falso.

Por Qué Lady Di no es Mia Thermopolis

Una escena ridícula fue esa entrada al salón del palacio, interrumpiendo una anécdota de la Princesa Margarita, no solo no haciéndole una reverencia, sino incluso retirándole el saludo. Morgan que probablemente come con las patasquiere convencer a una audiencia que percibe tan sin modales como él, que estas obligaciones de hacer reverencias y saber a quién hacerlas son las que desequilibran a Diana empujándola de cabeza adentro del inodoro.



Lo cierto es que después de casada, Diana se convirtió en la reina de las reverencias, haciéndoselas incluso a reyes destronados como Constantino de Grecia, pero ese primer gafe es tan WTF. Como una chica tan educada haría lo que sería descortesía incluso entre plebeyos. Yo hubiera hecho eso de entrar de manera tan imprudente y mi madre me hubiese dado con un florero en la cabeza y mi padre me hubiera gruñido “sale y vuelve a entrar como una dama”.

Entendamos algo, Lady Di no era Anne Hathaway en “The Princess Diaries”. Era la hija de un conde, sino aprendió reglas de precedencia y a quien hacer reverencias en su casa, lo aprendería en el internado suizo. Si realmente creía que iba casarse con un hombre importante (un embajador como decía su padre) tendría que haber conocido todas las normas de protocolo y precedencia ya que como anfitriona tendría que disponer quien se sentaba con quien en su mesa. Además, llevaba años yendo de visita a casas de la realeza. ¿O me van a decir que en Balmoral no hizo genuflexiones?

La misma Princesa contó que la bulimia comenzó cuando Carlos (que es genial para meter la pata) le dijo que estaba “gordita”. Algo que empujaría a cualquier jovencita a la bulimia, a la anorexia, a agotarse con saunas y bicicleta estática. Pero según testigos, Diana ya había manifestado señales de sufrir trastornos alimenticios antes de conocer a Carlos.



Yo pienso en la Reina Máxima de Holanda y la Gran Duquesa Maria Teresa de Luxemburgo que tuvieron que aprender más reglas y se encontraron más desorientadas que Diana ante todo el protocolo, y ahí están felices con sus maridos después de décadas de matrimonio. Si Lady Fermoy, que no estaba casada con un príncipe, se aprendió todas esas pautas de etiqueta, ¿por qué pensar que su nieta perdió salud mental y física ante esas lecciones? A ratos, pareciera que, en su esfuerzo por victimizar a Diana, Peter Morgan la convirtiera en limitadita de sesera y muy perezosa.

Pero en la vida real, Diana jamás se quejó de estas “lecciones” ni las mencionó. Biógrafas como Penny Junor cree que nunca tuvieron lugar y que la única guía que Diana tuvo antes de su boda fue de parte de Michael Collbone, uno de los asistentes del Príncipe de Gales.



Vamos a tener que apuntar con el dedo a Collborne por ser el idiota que dejó que Diana abriera el paquetito donde estaba el brazalete de despedida de “Gladis”. Ohhh ¿y Michael sería quien informó a la Princesa de que la joya (no un dibujo como muestra la serie) era para Camilla?  ¿Porque si no como Diana supo que G y F eran su novio y la amante? Hay discrepancia entre biógrafos que dicen que el almuerzo en Menage a Trois ocurrió después de la boda.

Lo del almuerzo con Camilla fue pesadísimo. Tan Liaisons Dangereuses. Algo que la Parker-Bowles dejó en claro es que Lady Di sabia 0 sobre el hombre del que creía estar enamorada, Sin embargo, hay algo que no explica la serie.



Después de la boda de Camilla, ella y Carlos volvieron a ser abiertamente amigos, de hecho, fueron compadres. Volvieron a verse en público. Los Parker Bowles fueron readmitidos en el palacio e incluidos en sus fiestas. Se convirtieron en parte importante del circulo social de Carlos.

Desde el comienzo del romance, Diana había conocido a ese círculo y obviamente sabia lo importante que eran los Parker Bowles para el Príncipe de Gales. No sé si había rumores de infidelidad. Era dominio público que Andrew le era infiel Camilla, pero Carlos tenía tantas mujeres que puede haberse aceptado la versión de que el Príncipe y Mrs. Parker Bolwes eran solo buenos amigos.



Por eso es por lo que sonó tan extraño eso de “Tu ex” que le suelta Diana a su prometido en el aeropuerto. Primero que Camilla nunca fue “una enamorada oficial” de Carlos como lo fueron Lady Jane Wellesley, Davina y hasta Anna Wallace. Segundo que es algo que pasó hace diez años. Muy torpe seria Diana en recordarle a Carlos un romance con una mujer que ahora pasa por digna esposa y madre.

Diana, la Huerfanita

La obsesión de Morgan por representar a Diana como aislada, ignorada y solitaria en Clarence House es tan repelentemente falsa como esa obsesión de Pablo Larraín de mostrar a “Jackie” deambulando por una Casa Blanca vacía, cuando antes del funeral de JFK no cabía un alfiler en esa mansión.

Diana en sus casetes dice que no daba más con el acoso de la prensa tras el anuncio de su compromiso y que nadie la ayudó con eso en su futura familia política. ¡Qué raro! Porque el traslado a Clarence House fue precisamente para proteger su privacidad.



Diana no era una prisionera, podía salir cuando quisiera. ¿Sino como se explica que fuese a comer con Camilla? Ella misma ha contado que iba a visitar a sus hermanas. Además de Lady Fermoy, en el palacio tenía otra conocida, Lady Susan Hussey, dama de honor de la Reina y hoy madrina del Duque de Cambridge. Michael Colborne colocó en su oficina un escritorio para que Diana revisase su correspondencia y para responder cualquier pregunta que la novia de Carlos tuviese. Ella, en cambio, se dedicó a hurguetear en los paquetes que sabía no eran para ella.

En la serie Diana desesperadamente intenta comunicarse con la Reina. Si bien es cierto que Su Majestad no tenía tiempo para su futura nuera, había otros miembros de la familia cerca de Diana. Sus amigos de la infancia, Andrés y Eduardo la visitaban a menudo. Fue en ese entonces que Diana entabló amistad con los hijos de Margarita. Por otro lado, se hizo amiga de la hija del encargado de los caballos de polo, una tal Sarah Ferguson. Por último, un mes antes de la boda, Diana acompañó a la Familia Real a Ascot. Ahí pudo haberse sincerado con la Reina tal como lo haría durante la crisis de su matrimonio.

Otra cosa que ha sorprendido es la ausencia de la familia de Diana. No han aparecido ni el Conde Spencer, ni su hijo, ni su segunda esposa. Cuando Diana escogió su anillo de compromiso dijo que se parecía al de su madre. Dio la impresión de que Frances Shand estaba muerta.

De las hermanas, solo ha aparecido Sarah y causó muy mala impresión. Lo cierto es que las hermanas de Diana tuvieron un rol importante en su vida antes y después del compromiso. Fueron ellas quienes la ayudaron a vestirse el día de la boda, y si le creemos a Peter Fearon, las que impidieron que Diana (como Charlene de Mónaco) huyese del palacio dejando no una zapatilla de cristal tras de ella sino una estela de dudas y escándalos.



Según La Princesa de Gales, lo que la hizo plantearse la posibilidad de no casarse fue el brazalete de Camilla. Nao fue el almuerzo con su rival, sino ver la joya lo que la descontroló. Michael Colborne contaría que, estando Diana, como siempre, en su oficina llegaron varios paquetes que Charles había adquirido para regalar a antiguas amigas en agradecimiento por sus consejos matrimoniales. Colborne se ausentó un momento, y al regresar vio a Diana salir enfurecida de la oficina y comprendió que había encontrado el regalo para Camilla.

La versión de Diana es diferente y muy vaga como casi todo lo que cuenta en sus grabaciones. Dice que “alguien de la oficina de Carlos” le contó que el Príncipe había comprado un regalo para Mrs. Parker Bowles.  Eso significa que ya tenía dudas y que las estaba comentando con la gente del Palacio.

Que fue a la oficina “de este hombre”. Alto, esa era su oficina también ¿y tan poco importante era Colborne que no recordó su nombre? Según ella, Colborne le suplicó que no abriera el paquete, pero que ella lo hizo (¿abriría los otros?) Acto seguido acribilló a Colborne con preguntas que él se rehusó a responder.

Desde ese momento Diana se convirtió en un mar de lágrimas. Se la vio llorando en Ascot y en su penúltima noche de soltera tuvo que abandonar un coctel porque no aguantó el llanto. Tal como muestra ‘The Crown”, Diana enfrentó a su prometido y él le aseguró que era un regalo de despedida total y que no existía nada entre él y Camilla. Solo que Carlos en su irresponsable egoísmo no se daba cuenta del impacto que los celos podían tener en alguien tan joven e insegura.



Diana finalmente decidió no casarse y se lo hizo saber a sus hermanas que habían venido a quedarse con ella en Clarence House. Tan fuerte fue la discusión que se le avisó a la Reina. Según Peter Fearon en Buckingham Babylon, Isabel primero le pidió a Carlos que no interviniese, consciente que iba a empeorar las cosas y segundo le mandó un mensaje a Diana. Iban a posponer la boda un día, al cabo del cual si Lady Di seguía sin deseos de casarse era libre de no hacerlo.



Les tomó a las Spencer 24 horas convencer a la “duquesa”. Ahí es donde le dijeron esa frase famosa de que era un poco más tarde para echarse para atrás puesto que ‘tu rostro ya está en las toallas”.  Era una alusión al negociado surgido alrededor de la pareja en el Reino Unido con objetos conmemorando la boda (toallas, tazones, etc.).

Es extraordinario que después de esta tragedia griega, Diana estuviese tan contenta al día siguiente. En “Diana: In Her Own Words” cae en contradicciones. Dice en un segmento “fue el peor día de mi vida” y en otro se considera la mujer más afortunada del mundo, feliz de haberse casado con el hombre que amaba.



Lo más triste es como se refiere a su padre. Se burla de la desorientación del Conde Spencer y se queja que tuvo que “arrastrarlo” y que al final todo se redujo a sus esfuerzos de poder llevarlo hasta la Catedral de Westminster. Lo que Diana no revela (y que sus jóvenes fans desconocen) es que Lord Spencer estaba convaleciente.

En 1978, el Conde sufrió un infarto que lo dejó en coma por ocho meses. La recuperación fue muy lenta. Tres años más tarde seguía teniendo problemas para hablar y caminar. Aun así, insistió en escoltar a su hija al altar. A mí me conmovió mucho verlo moverse tan torpe que los caritativos programas cómicos de la televisión estadounidense (hasta en “El Show de Chucho Avellanet”) lo remedaron burlescamente. Pero más cruel es que su hija lo recuerde como un lastre, como alguien que con su atolondramiento le impedía ser a ella el centro de la atención.



Mi madre, refranera y deslenguada como siempre, dijo de Lord Spencer “Ese caballero está tan orgulloso que no le cabe un garbanzo por el culo” Sin embargo, leía en su obituario en  The Washington Post que Johnny Spencer les había comentado a sus íntimos “preferiría que (Diana) se hubiera casado con un tipo común y corriente así los tendría viviendo junto a mí en Althorp”

Eso en respuesta a quienes creen que fueron los parientes de Diana quienes la empujaron a esa boda. Lady Fermoy negó al Tatler que hubiese maquinado esa unión y Charles Hodgson dice en su Charles: The Man who Would be King que Lady Fermoy advirtió a su nieta que lo pensase bien porque el estilo de vida y humor de Los Windsor era diferente de los de Lady Di.



Diana, en sus grabaciones, también recuerda esa cita. Nos cuenta que, por no haber incluido a su abuela en los preparativos de la boda, Lady Fermoy se resintió con ella. También que peleó con su madre y que por cuatro años no le dirigió la palabra. Si les creemos a Diana, a su familia y a su mayordomo, toda la vida matrimonial de la Princesa estuvo marcada con peleas y reconciliaciones con sus parientes.

Margarita Cupido y El falso romance de la Reina Mary

Otro toque insólito de este episodio ha ido el discurso de Margaret sobre el amor y como en la Familia Real Británica los matrimonios obligados han sido fuente de desdicha. ¿Será así? Porque yo solo veo matrimonios por amor desde la tatarabuela Victoria. La Reina Madre se casó por amor, Isabel se casó por amor. Yo no vi que a Margarita la obligaron a casarse con Lord Snowdon. Y todos estas uniones románticas no han impedido que muchas parejas (isabel y Felipe, por ejemplo) sufran tremendas crisis.

En cambio, el Rey Eduardo se casó con la princesa más bonita de Europa, le hizo cinco hijos, y se fue con sus amantes. La Reina Alejandra hizo su vida al margen del marido, fue feliz a su modo, y ella y el rey mantuvieron una amigable relación llena de respeto mutuo. Algo diferente ocurrió con la Reina Maria y Jorge V, los abuelos de Isabel. Eran tan pragmáticos que tuvieron un magnífico matrimonio sin preocuparse de tonterías como el amor, los celos, etc..



Es cierto lo que cuenta Isabel a Carlos. Maria de Teck se casó con el hermano de su difunto prometido, pero ni ella ni el muerto estaban enamorados. El Duque de Clarence, era un tipo estrafalario (muchos creen que él era Jack el Destripador) y le metieron a Maria por las narices para alejarlo de sus prostitutas y de su amor prohibido por la princesa Helena de Orleans. Debe haber sido un alivio para Maria “enviudar” antes de la boda y poder casarse con un hombre más tranquilo y hogareño como era el Rey Jorge.

Este capítulo es exageradamente dramático haciendo hincapié en lo que no existió cuando la historia reboza de drama. También me confirma la poca seguridad de que lo que aparece en los casetes corresponda a la realidad. Diana tiene un hábito en ellos de caer en recuerdos “proustianos” de cómo le gustaría creer que ocurrieron las cosas.

 Por ejemplo, habla de que Carlos nunca le envió flores, algo que Michael Colborne (acérrimo defensor de la Princesa) asegura que no es cierto. Luego Diana, cae en contradicción al hablar de un misero ramo enviado por alguien de la oficina del Príncipe. ¿Por qué iban a gastar en mandarle un ramo? En criminología se habla de “unrliable witnesses” y en literatura de “unreliable narrator”. Diana nos demuestra que como testigo y voz narradora no es totalmente confiable.

 


jueves, 10 de diciembre de 2020

Cuando Carlitos conoció a Lady Di: The Crown 4x1

 


Se me hizo tan difícil comenzar a verla. Los clips me mostraban escenas paródicas de eventos y momentos que conocía tan bien, yo, la Diana friki por excelencia, que sentía vergüenza ajena. Entiendo que el propósito de Peter Morgan este año es asestarle la estocada mortal a la realeza, dejar tan mal al futuro rey que la monarquía misma se sienta sin futuro. ¿Lo logrará?

Diana era un Árbol Loco

Este primer episodio no fue tan malo como esperaba. De hecho, hubo cosas que me gustaron, aun cuando son inventos, como ese primer encuentro con Diana disfrazada de árbol (Mad Tree). Estuvo muy bonito y romántico. Sobre todo, si se piensa en que Diana tenía 16 años y Carlos 29. Pero hablaré de eso más adelante.

Lo otro que me gustó es la serie de montajes de la Familia Real (incluyendo a Lord Mountbatten) asesinando algún animalito antes del atentado. Me conmovió que Dickie devuelva al mar una langosta con huevitos y que lo haga con sus nietos, como enseñándoles a los niños a respetar la vida justo cuando la de ellos es irrespetada.



Como todo en esta serie, las interpretaciones son ambiguas. ¿De qué lado está Peter Morgan?  ¿Del ERI o de las familias de las víctimas? Nunca oímos a la Familia Real manifestarse sobre ese punto. En la vida real, unos meses más tarde la Princesa Margarita estuvo en Chicago, y al hablar con la Alcaldesa Jane Byrne, se refirió a los irlandeses como “cerdos”.

La llamada de pésame de Margaret Thatcher fue tan rimbombante que pensé que la Reina le iba colgar diciéndole que no se entrometiese en asuntos familiares, pero lo que la futura Baronesa le recuerda es que simultaneo al atentado que cobró la vida del Tío Dickie, su nieto y su consuegra, hubo otro atentado en el que murieron 18 policías británicos.



 Lo sucedido va más allá de una tragedia familiar. Yo he sido pan-celta toda la vida y mi deseo es ver una Irlanda unida, pero condeno el terrorismo como una manera (ya probada como inútil) de conseguir ese propósito.  Sobre todo, cuando se cobra la vida de un anciano octogenario y su nieto de catorce años.

Lo que no me gustó

El Bajo Perfil de Ana

Siguen opacando a la Princesa Real. Muestran al marido, pero no nos cuentan quién es, cómo lo conoció, ni nos muestran la boda (ni el precioso vestido). Únicamente que está casada y no es feliz. En 1979, Ana inició su infamoso romance con su guardaespaldas Peter Cross.  Ni siquiera nos han dicho que ya hizo abuelos a Isabel y a Felipe.



Tampoco nos presentan las competencias que ganó, ni su participación en las Olimpiadas de Montreal, la primera vez que un miembro de una familia real lo hacía. En cambio, nos la ofrecen asustada y con dudas de fracasar en su próxima competencia. ¡Como le gusta a Morgan exhibir a los Windsor como fracasados disfuncionales!



Los Celos de Felipe

Mostrárnoslo borracho, en el peor humor de bully, lleno de rencor contra su hijo por haberle quitado el afecto de Tío Dickie es otra manera de arrastrar por el lodo a la familia. Es cierto que Lord Mountbatten fue padre y abuelo para Carlos, pero también fue una figura paterna para Felipe y solo dejó de serlo cuando vio a su sobrino bien encaminado y a Carlitos a la deriva sin alguien que le sirviese de guía.



Nunca había oído que Felipe se sintiese desairado porque Mountbatten quisiese que fuese Carlos quien leyera su elogio funerario. Un momento tan conmovedor y tiene que meter Morgan sus neurosis y rencores personales, porque sabido es que un motivo de su divorcio es que les tenía celos a sus hijos y acusó a su esposa de darles a ellos más comida que a él (WTF?) Oye Morgan, no todos son tan patanes o malos padres como tú.

La Ausencia de Amanda Knatchbull

Cuanto más me interno en el laberinto construido por las pesadillas de Peter Morgan y la cacofonía de voces clamando por relatar “la verdadera historia de los Príncipes de Gales” me sorprende que se pueda obviar una importante pieza de ajedrez como lo fue Lady Amanda Knatchbull. Me asombraría que ningún historiador o biógrafo que se haya interesado en Carlos y Diana no haya buscado la opinión de Mrs. Charles Ellingworth, aunque Amanda lo haya despedido cortésmente porque su dignidad, respeto por su familia y por la institución de La Corona sellan sus labios.

                             Lady Amanda de pequeña

Pero yo le suplicaría que escribiese su versión y la hiciese sellar en los Archivos Reales con órdenes de abrirse tras su muerte, porque solo ella y Carlos conocen los detalles de una relación que si hubiese llegado al altar hubiese cambiado la vida de Diana, tal vez mejorado la del Príncipe, y ciertamente le habrían evitado muchos dolores de cabeza a la Reina Isabel. Aun así, Amanda fue, sin quererlo, una manzana de la discordia, la última página de ese duelo que desde la Abdicación existía entre la Reina Madre y Dickie Mountbatten.

Tal como Mountbatten había orquestado el matrimonio de La Reina y su sobrino, ahora quería ver coronada a su nieta Amanda. Consciente de este deseo de quien veía como su padre-abuelo, Carlos desde 1974 se había acercado a quien consideraba la más bonita de sus primas, Amanda de 16 años. Aunque Lady Patricia, su madrina y madre de la cortejada, le había aconsejado al Príncipe que esperase a que Amanda saliese de la escuela, Carlos, siempre impetuoso, se había acercado a su prima con la que llegaría tener una amistad muy íntima basada en confianza y respeto mutuos. Exactamente lo que no existía entre Carlos y Diana.

                            Lord Mountbatten en el Caribe, con su nieta y Carlos

No quiero repetir lo que ya he dicho en otra entrada. El viaje a la India en el que en un momento se planeó que Amanda acompañara al Príncipe; la compra de la mansión Chevigny donde Charles planeaba vivir con Amanda una vez casados; la propuesta de matrimonio hecha poco después del asesinato de Lord Mountbatten, etc..

Lo importante es que después que su prima le dio la bota, Carlos quedó al garete. Tan desorientado que rápidamente se enredó con la bochinchera Anna Wallace ¡a la que le propuso matrimonio dos veces! Por suerte, ella lo rechazó dos veces, aunque siguieron un romance loco que acabó en marzo de ese año, cuando en el cumpleaños de la Queen Mom, Carlos abandonó a Anna para bailar toda la noche con Camilla. En un despliegue del famoso mal genio que le había ameritado el mote de “látigo”, Anna le aulló a Carlos que no quería verlo nunca más.




Esto es interesante, porque Carlos anunció al mundo en 1996 que hacía diez años que era amante de Camilla. Su biógrafa Penny Juror asegura que los hoy Duques de Cornualles reiniciaron su romance en 1978, tras el nacimiento de la hija de Camilla, y el incidente Wallace demuestra que para marzo del 80 la pareja ya había vuelto a las andadas.

En el primer episodio, vemos una cena familiar en palacio. Están todo, menos Carlos, y la conversación parece el chismoseo de la cocina de Downton Abbey. Todos repasan la lista de amantes/novias del ausente e incluyen las que no existieron (nunca hubo una Christabel Borgia) o las que todavía no llegan (Anna Wallace). De pronto dirigen su irritación contra el pobre Mountbatten, muy calladito, ocupado con su sopa, acusándolo de haber convertido a Carlitos en un Casanova. Él se hace el de las chacras y todo se olvida cuando mencionan a Lady Sarah Spencer, a quien la familia en pleno parece aprobar.



A ver, entonces estamos en 1977. Carlos y Amanda, ahora en la universidad, siguen pasando tiempo juntos. Hay fotos de ambos en las Bahamas junto a Dickie Mountbatten. Su Señoría no puede estar más contento cuando su nieto adoptivo le escribe alabando a Amanda “cariñosa y leal” …y dotada de “un glorioso sentido del humor”.

Según se rumora, Felipe no está descontento con tener otra Mountbatten en la familia, pero callan porque saben que la mayor enemiga de esa unión será la Reina Madre que sigue viendo a los Battenberg como advenedizos y peor aún, alemanes. Carlos adora a su abuela y ella tiene una gran influencia sobre el Príncipe.

Sin embargo, la Reina Madre no es tonta y tiene más “pajaritos” que Varys para informarla. De acuerdo con Buckingham Babylon de Peter Feardon, la madre de la reina ha confiado en su dama y amiga, Lady Fermoy, quien ha postulado a dos de sus nietas como futuras consortes. Es por eso por lo que en la serie todos los parientes de Carlos parecen encantados con el prospecto que Lady Sarah Spencer (“Johnny’s Girl”) sea parte de la familia.



Es obvio que nadie (quizás ni Lady Fermoy) saben que Sarah es lo que entonces se conocía como “promiscua”; anoréxica y alcohólica. Todo lo que importa es que es de pedigrí aristocrático, descendiente de Carlos II, y no es una Battenberg.

Diana Obsesionada, Traumatizada y Manipuladora

La serie entonces salta a ese primer encuentro tan de novela rosa. No me malinterpreten, me encantó, pero precisamente porque lo he visto en una docena de filmes, leído en docena de novelas sentimentales e incluso yo misma he escrito escenas parecidas. La colegiala, todavía no presentada en sociedad, tiene ese encuentro imprevisto con un hombre maduro importante del que se enamora a primera vista.



Sarah le explica a Carlos que el encuentro no ha sido accidental, que Diana “estaba obsesionada” con conocer al Heredero de la Corona. Ahí revela algo interesante. Peter Morgan parece estar del lado de Diana. No es así. Él está del lado de todo lo que desprestigie a la monarquía. Y lo que hace al final de la escena es retratar a Diana como manipuladora. Alguien que lo ha orquestado todo, esa aparición impromptu  sin preocuparle que Carlos pretenda a su hermana

El segundo encuentro entre ambos también es un poco ficticio. De regreso de Badminton, Carlos se encuentra con Diana que se le cruza ante el carro y lo saluda. ¿Qué hace Lady Di ahí?  Es casi un descampado donde han instalado un tiovivo. ¿Trabaja en esa feria? ¿Va a comprar el pan? ¿Anda de stalker? ¿O acaso vende flores a la vera del camino?  Para Carlos es un hada que le tae palabras de consuelo por el fallecimiento de tío Dickie



Otra escena, que jamás sucedió es la de Charles llamando a Sarah, a punto ella de casarse, para pedir detalles sobre su hermanita. Esto después de un extraño encuentro (que nunca tuvo lugar) en la carretera. Me gusta esta escena porque Carlos es un villano total. Solo le falta atusarse el bigote.

Hay cincuenta personas a las que el príncipe puede consultar sobre hábitos y vida de Lady Diana Spencer. Llamar a la ex es solo para refregarle en la cara lo que desperdició y ahora será de su hermanita. Sarah cae en la trampa, llena de celos le cuenta que Diana coquetea con los padres de los alumnos, que la tiene limpiando su inodoro, y que siempre se ha creído destinada a un destino grandioso por eso en casa la apodan “Duquesa”.



Para Carlos la llamada es un éxito. saber a Diana considerada atractiva por otros hombres lo enorgullece, nota que es Cenicienta maltratada por sus hermanas mayores, eso lo hace sentirse protector y lo de “Duquesa” presagia que Diana puede llegar a ser reina.  Es triste que no haya ocurrido tal escena, porque si Carlos hubiese sido más protector, se hubiese sentido más orgulloso de su mujer, otro gallo cantaría. Diana sufría de muchos trastornos, traía un bagaje de traumas infantiles y, en sus propias palabras, era muy inmadura. Pero Carlos también tuvo mucha culpa en el fracaso de su matrimonio.

Después de la visión de Morgan, vale la de la Princesa misma contada en esos casetes que grabó en 1992 y que han servido de base para el documental “Diana: In Her Own Words”.  Puesto que sus dos abuelas eran damas de la Reina Madre, los Niños Spencer hacían visitas anuales a la Residencia Real de Sandringham. Diana recuerda que odiaba esas visitas porque siempre los hacían ver el mismo filme “Chitty Chitty Bang Bang” de Disney. Debido a la diferencia de edad, Diana nunca conoció a Carlos, en cambio jugaba con Andrés y Eduardo.


     Lady Diana Spencer en su infancia

Su primer encuentro fue en 1977, cuando Sarah llevó a Carlos a pasar uno de esos famosos country house weekends en Althorp, la residencia de los Spencer. Se vieron por primera vez en una cacería. Siendo Diana una colegiala no tena mucho que aportar al Huésped Real, pero ocurrió algo especial. Después de la cena, Carlos le pidió a la más pequeña de las Spencer que le diera un tour por la galería pictórica de la mansión.

Años más tarde, en una entrevista a la BBC, Carlos recordaría que Diana lo impresionó por ser “una chica alegre y llena de vida”. En cambio, Diana lo recordaría como un hombre “triste”. Puesto que Carlos andaba de romance con Sarah parece contradictorio que se viese “triste” y puede ser una apreciación típica de la imaginación soñadora de Diana. Sarah no hacía feliz al Príncipe, solo Diana podía hacerlo.

Esto coincide con lo dicho por Tina Brown en The Diana Chronicles que, en una excursión de esquí en los Alpes, Diana les anunció a sus amigas que algún día se casaría con Carlos (¡!!) porque “es el único hombre en Inglaterra que no puede divorciarse de mi”.  Aquí entra en juego el trauma infantil de Diana provocado por el divorcio de sus padres. La madre de Diana, al irse con otro hombre, perdió custodia de sus hijos. Diana siempre vio esos hechos como un abandono por parte de su madre. Cuando su padre se casó con una mujer que Diana detestaba, la futura princesa de nuevo se sintió abandonada.

 Lady Di leyendo las novelas de su "abuelastra"Barbara Cartland.

Una obsesión de Diana era que no se repitiese en ella la historia de sus padres. Mas allá de sentirse poco importante o inadecuada, estaba el terror de ser rechazada por su marido. Diana nunca quiso un divorcio. Ella misma dice en sus grabaciones que quería una separación amigable, que Carlos se fuese con “su dama” (Camilla), y la dejase a ella con el título de Princesa de Gales y con la custodia de Guillermo. Diana quería encargarse personalmente de la educación del heredero al trono. La ironía es que ella misma precipitó ese divorcio.

Después de ese fin de semana y del aparatoso rompimiento de Carlos y Sarah, Diana no tuvo más oportunidades de ver a su futuro marido. Sin embargo, tanto Sarah como Diana fueron invitadas al trigésimo cumpleaños del Príncipe Carlos “¿Por qué Diana?” preguntó Sarah. La respuesta es que las abuelas conspiradoras ya estaban intentando poner a Lady Di en el camino del Príncipe.


Lady Di en la epoca de su primer encuentro con el Príncipe Carlos

La Versión de la Princesa

Es posible que ellas estuviesen también detrás de la invitación de Diana al fin de semana en la mansión de los De Plass. Según Diana, Philip de Plass la llamó y le pidió que viniera “para alegrar al Príncipe”. Aparentemente Carlos andaba triste en esos días. Diana cuenta que estando a solas, él le habló de lo doloroso que había sido para él la pérdida de “su amigo Mountbatten” y el rompimiento “con su novia”. Dos aseveraciones que se prestan a ser interpretadas. ¿Por “novia” Carlos se refería a Anna Wallace o a la Prima Amanda?

Pregunto, porque Diana nunca pudo pasar a Amanda y cuando la nieta de Mountbatten se casó en 1987, Diana se rehusó a acompañar a su marido. ¿Sería porque pensaba que ver a Amanda le recordaría Carlos la posibilidad de haberse casado con una mujer “más adecuada” (léase más centrada, paciente, menos conflictiva)?

Lo de “su amigo Mountbatten” también me descolocó es imposible que Diana no supiese que Dickie era tío abuelo de Carlos y la figura paterna más importante en la vida del Príncipe de Gales. Ese es un punto en contra de las grabaciones. Primero que dan un visión subjetiva.

  Lady Di en 1980, cuando comenzó a salir con el Príncipe de Gales

Segundo, que no es una entrevista formal. El propósito principal de las cintas era que el instructor de Diana, Peter Settelen, lo consideraba un buen ejercicio para que la Princesa mejorase su expresión vocal pública. Tercero, Diana recuerda de manera descuidada sucesos que ocurrieron hace una década y que ella percibe a través de un cristal opacado por rencor, tristeza y humillación. Por tal razón, ella se contradice contantemente y se refiere a su marido y todo lo relacionado con el de manera tan displicente.

La reacción de Carlos (según Dian) a sus muestras de simpatía también fue estrambótica. Aparéntemente,  el futuro rey se abalanzó sobre la adolescente y comenzó a besarla con pasión. Gesto que, en vez de agradar a Diana, la hizo sentirse incomoda. En sus propias palabras, ella nunca había tenido novio ni enamorado formal o informal (se estaba guardando para ese hombre importante que había idealizado en su mente) y no sabía cómo manejar las cosas. El hecho es que juiciosamente se rehusó a acompañarlo a su residencia de Buckingham Palace.

Sin embargo, aceptó ir al yate privado de la Familia Real para la Semana de Cowes (agosto 1980) porque habría otras personas. Diana fue muy juiciosa en sus encuentros con el príncipe antes del compromiso, 13 según su memoria (el resto fueron charlas telefónicas). Siempre se encontraban en sitios públicos o donde habían otros presente. Nunca hicieron nada que pusiese en peligro su reputación.



Contrasta este comportamiento maduro y discreto con las decisiones impulsivas, torpes e insensatas que tomaría una década más tarde. Asombra ver lo cuidadosa que era la futura princesa que en sus propias palabras ya estaba enamoradísima. Claramente quería evitar los errores de su hermana y de otras “novias” de Carlitos. Tampoco es que fuese calculadora.  Simplemente es como nos educaban a las “niñas bien” de entonces (La Princesa era dos años menor que Servidora). Diana tenía muy claro su objetivo en la vida, casarse con el hombre soñado y, en ese momento, ese individuo se llamaba Charlie Windsor.

Suena extraño cuando amigos, e incluso parientes definen a Lady Di como “una mujer determinada”. Choca esa imagen con la que ella se construyó de “la virgen sacrificada” y “el corderito rumbo al matadero”. Inclusive en el punto en que Diana se sintió atrapada, superada, incapaz de hallar soluciones a sus problemas, fue perfectamente capaz de tomar decisiones, aunque fuesen las peores. Algo para tener en mente cuando se observa este mamarracho que ha construido Peter Morgan. Diana Spencer era un ser fascinante, muy compleja, no esté espantapájaros que Emma Corrin insiste en interpretar y que es nada más que la última carta de los anti monarquistas.



jueves, 16 de enero de 2020

La verdadera historia de Carlos y Camilla Shand: The Crown 3x07 y 3x09



Ahora nos toca hablar de Camilla Shand, de la verdadera, no del invento de Peter Morgan. ¿Estaba enamorada de Carlos al comienzo de su relación? ¿O solo fue un interludio en medio de su gran pasión por Andrew Parker-Bowles? ¿La obligaron a casarse? Sabemos que los presentó Lucía Santa Cruz, ¿pero quien era Camilla Shand antes y después de conocer al Príncipe de Gales?

Uno de los errores de “The Crown” es decir que Camilla fue despreciada por no ser princesa. Lady Di no era princesa. En los 70 no había muchas princesas casaderas, en Europa, que no fuesen católicas. Se sabía que el matrimonio de Carlos no sería unión dinástica. Solo se le pedía que se casara con una chica de buena familia, buenos modales y linaje aristocrático. Camilla entraba en todos esos parámetros.

El Pedigrí de Camilla
Su padre, el Mayor Shand, era de clase media acomodada, pero su madre Rosalind Cubbit (Debutante del Año en 1939) era hija del Barón Ashbourne. La madre de Rosalind, Sonia Keppel era hija de Mrs. Keppel, la y última y más célebres de las maitresses royales de Eduardo VI. El padre de Sonia, el Honorable George Keppel, era hijo del Conde de Albermarele, cuya familia descendía tanto del gran Cromwell como de Carlos II, lo que hace a Camilla una Estuardo.
Sonia Cubbit y su hija Rosalind

Camilla creció en un hogar adinerado-su padre se había dedicado al negocio de los vinos- tranquilo, rodeada de mascotas y caballos, y dedicada a sus hobbies, la lectura y la equitación. Fue a escuelas de niñas de renombre como Queen’s Gates, en Kensington, de la cual saldría a los 16 años para ir a un internado de señoritas en Suiza donde acabaría su educación.
Camilla de pequeña

A los 18 años, Camilla pasaría seis meses en Francia estudiando el idioma y la literatura del país. Para los estándares de su clase social y época, Camilla Shand era una chica educada y preparada para la gran meta de las mujeres de la alta sociedad: un buen matrimonio. El próximo paso de los Shand era presentar en sociedad a su hija y presentarle a ella buenos partidos.  Para eso ofrecieron una gran fiesta, en la que Camilla lucía un vestido de chiffon negro. En esa fiesta la futura Duquesa de Cornualles conocería a dos hombres importantes en su vida.
Camilla y su madre en su debut

El primero fue Kevin Burke. Recién graduado de Eton, hijo de Sir Aubrey Burke, el diseñador de aviones, Kevin de 19 años es importante en este cuento porque sería con quien Camilla perdería su virginidad.  El otro hombre seria Andrew Parker-Bowles con quien ella perdería mucho más.

Me detengo un momento para describir las fuentes de información que estoy usando. Por supuesto siempre comienzo por un clásico Príncipe de Gales publicada por Jonathan Dimbleby en 1994. Sigo con la biografía de Sally Bedell Smith, Prince Charles: Passions and Paradoxes of an Improbable Life (2017), pero tambien estoy leyendo The Windsor Knot: Charles, Camilla and the Legacy of Diana de Christopher Wilson (2003). Wilson es otro de esos flojonazos que viven de la investigación ajena. Se basa en las columnas del legendario chismógrafo, Nigel Dempster, quien fue quien entrevistó a los amigos y “hombres “de nuestra Duquesa de C.

Volviendo a nuestro cuento, la relación Shand-Burke duró poco. Aparte de iniciar a Camilla en la actividad sexual hay un par de comentarios de Burke que son importantes para definir la carrera futura de la debutante. El primero es que Kevin (entrevistado en los Noventas) la recordaba como muy simpática, alegre, pero no particularmente guapa. En otro sitio donde notaban los impedimentos para que Camilla Shand fuese Princesa de Gales se decía que era “poco fotogénica”. Ahí se evidencia la superficialidad de los tiempos modernos que privilegian lo físico aun a la hora de elegirle esposa al heredero del trono británico.

Si no iba a haber princesa de cuentos, al menos se esperaba que la consorte real fuera glamorosa y espectacular (como lo fue Diana). Quien solicitaba eso era la prensa. Vale recordar que es la prensa la que decide estas cosas, se las mete en la cabeza sus lectores y se la presenta a La Corona como “es lo que pide el pueblo”. Algo extraordinario, es que la prensa tuvo muy poco interés en Camilla en el año en que fue compañera de Carlos (1972-1973). Mas preocupaba la Princesa Ana que se casaría en 1973, suceso ignorado por “The Crown” y del que hablaremos en otro momento.

Mirando las fotos de la época, Camilla se ve desastrada, despeinada. Se sabe que es desordenada. En su libro Charles & Camilla: Portrait of a Love Affair Gyles Brandeth entrevistó a Virginia Carrington, compañera de cuarto de Camilla quien relató que su amiga les tenía terror a los colgadores de ropa, todo lo tiraba en el suelo y tampoco limpiaba el baño: “Les tenía aversión a los fluidos de limpieza. Tendrías que ver como dejaba el baño después de usarlo”.

Suzanna de Vries, en su libro Royal Marriages, describe una anecdota sobre lo desastrada que era Camilla, aun despues de ser amante  Estando en casa de su abuela Lady Ashbourne, y a la espera del Príncipe de Gales, a Camilla se le rompió el zipper de sus jeans. Rapidamente, y ante el pasmo de su abuela, se plantó un alfiler de gancho para sujetarse los pantalones.

Siete Años de Humillación
Pero volvamos a la Camilla de 1966. Como la mayoría de las debutantes, su vida estaba planeada en espera a que llegase a ella su futuro marido. En lo que eso sucedía algunas trabajaban, otras estudiaban, pero en los liberales 60, lo prioridad era independizarse de los padres. Así Camilla Shand, a los 19 años, se fue a vivir en un piso de Belgravia, con dos amigas de igual pedigrí. Todo pagado por los padres. Para ser más independiente, Camilla se consiguió empleo de recepcionista en la afamada firma de decoradores de Sybil Colefax&John Fowler, de la cual sería despedida por no llegar a la hora.

Es que Camilla se la pasaba en fiestas y dormía hasta tarde. Kevin Burke era cosa del pasado. Ahora Camilla tenía un nuevo acompañante, Rupert Hembro, de una importante familia de banqueros. Aun para la época, era un poco escandaloso que Camilla fuese tan abierta on el hecho de que ella y Rupert eran amantes. Eso no importó mucho, puesto que, en un baile en Escocia, Camilla se reencontró con Andrew Parker-Bowles, y Rupert pasó a segundo plano.
Camilla y Rupert

Parker-Bowles tenía 27 años, era capitán de dragones y había sido ayudante del Gobernador de Nueva Zelandia. Todo esto lo hacía más glamoroso que la mayoría de los jóvenes que formaban el circulo de Camila. Además, tenía reputación de mujeriego y se le conocía como “el mejor amante de Londres”. Esa aura de peligro cautivó a Camilla tanto como las famosas dotes amatorias de su nuevo amante. Ni siquiera le importó a la chica que, en la primera etapa del romance, Andrew siguiese viéndose con su otra novia Lady Carolyn Percy, hija del Conde de Northumberland.

Siete años duraría la relación Andrew-Camilla. Siete años de humillación, de saberse constantemente traicionada. Camilla se había enamorado locamente del Capitán Parker-Bowles y no podía acabar con él. incluso intentó volver con Rupert Hambro, pero fue en vano. Ni siquiera que Andrew la engañase con sus amigas o que iniciase un romance público con la princesa Ana, la hacían olvidarlo. Sobre todo, porque Parker-Bowles constantemente volvía buscarla.

Esta relación era la comidilla de Londres. Camilla se ponía en evidencia, interrogaba a cada mujer que conocía si andaba en amores con su novio. Harta de tanta pregunta, Lady Carolyn le respondió “cuando me canse de él, te lo devuelvo”. Una noche, Camilla vio el auto de su novio estacionado enfrente de la casa de su nueva conquista. Incapaz de contenerse, la futura Duquesa de Cornualles, escribió un insultante mensaje con su lápiz labial en la ventana del vehículo para, acto seguido, reventarle los neumáticos.

Cuando Lucia Santa Cruz decidió presentarle a su amiga-vecina al Príncipe de Gales, no andaba de casamentera. Solo quería que Camilla recobrase su autoestima. Tal vez, un affaire con alguien tan importante como el futuro rey de Gran Bretaña, alejase a Andrew.

Esposa Pesa más que Amante
Carlos y Camilla simpatizaron inmediatamente. Aprovechando la ausencia del ahora Mayor Parker-Bowles, quien estaba de servicio en Irlanda y Chipre, el heredero al trono y su nueva amiguita pasaban mucho tiempo juntos. Camilla tenía una personalidad extrovertida y alegre, un sentido del humor extraordinario y sabía escuchar. Carlos se sentía importante al lado de esta mujer tan vivaz yalgo que Camilla había aprendido con Andrew tan experta en la alcoba.

“The Crown” y muchas biografías lacrimógenas nos han querido vender el cuento de la historia de amor del siglo. No niego que exista amor hoy entre los Duques de Cornualles, pero dudo mucho que ese sentimiento estuviese presente en la primera etapa de su relación. Lo que existía en Carlos era una tremenda dependencia sexual y emocional, pero, aunque Camilla le tuviera cariño, eso no era suficiente para liberarla de la dependencia sexual y emocional que la ataba a Parker-Bowles.

Algo que sorprende a muchos es que Camilla no deseaba ser reina. Su rol de “amante real” le parecía estupendo ya que la acercaba a su ídolo, Mrs. Keppel. Tanto Kevin Burke, como compañeras de escuela de Camilla, han comentado sobre la obsesión de ella de ser como su bisabuela. Ese era el rol que le asignaba a Carlos, ser su rey-amante. Pero para marido, Camilla solo tenía un candidato y ese era Andrew.
Mrs. Alice Keppel

Para ser francos, Carlos tampoco quería casarse con ella. No era tan tonto como nos lo muestran en la tele. Aunque Camilla pasase a ser parte de su vida, no reunía las condiciones que La Corona exigía de la futura reina. Mas allá de pedigrí, belleza o falta de virginidad, el problema más grave de Camilla es que tenía un pasado, peor aún tenía un presente bochornoso del cual ella no quería desprenderse.

Por eso es por lo que toda esa pataleta de Carlos en “The Crown”, gritándole a la reina Isabel que no permitirá que le hagan lo que, a su tío y a su tía, es ridícula y nunca tuvo lugar. Nadie obligó a Carlos a irse de maniobras al Caribe. No hubo nada de extraño en su asignación a un puesto en el extranjero.
Se dice que antes de embarcarse, el príncipe rompió con Camilla por lo que ella no tuvo que solicitar su permiso para casarse. Eso sí, le escribió dándole la noticia. Carlos tomó muy mal lo de la boda, le escribió a Camilla suplicándole que no se casara, pero no le ofreció matrimonio.

Toda esa faramalla que inventó Morgan sobre una conspiración en contra de Carlos y Camilla es mentira. Nunca hubo un complot fraguado entre Lord Mountbatten y la Queen Mom, por la sencilla razón de que se detestaban y no iban a planear nada en conjunto. La Reina Madre no convocó a los padres de Camilla y los de Andrew, ni los hizo pararse ante ella como el staff de Downton Abbey ni les ladró ordenes como un Mr. Carson cualquiera.

¿Por qué la reina viuda iba a ofender así a sus amigos los Parker-Bowles? ¿Por qué iba a exigirles que casaran a sus hijos cuando tanto los Shand como los padres de Andrew deseaban ese matrimonio?  Esa escena es casi tan grotesca e improbable como que la reina Isabel y su madre avergonzasen a Ana obligándola a contar detalles de su vida íntima delante de su padre y tío. A propósito, el romance de Ana y Parker-Bowles fue totalmente público. No fue ninguna sorpresa para la familia, pero ya hablaremos de eso en su momento.

Fue entonces que Andrew regresó de su tour militar y, por supuesto, volvió a buscar a su novia. Ningún principito le iba a quitar una mujer. Esto acabó con la paciencia del Mayor Shand que estaba harto de ver lo bajo que había caído su hija.  Junto con el padre de Andrew, que también quería que su hijo sentara cabeza, fue al Times, en marzo de 1973. Ahí ambos anunciaron el compromiso de Camilla y su galán y solicitaron que la noticia se publicase.

El Mayor Parker-Bowles fue el primer sorprendido con el anuncio, pero no podía hacer nada. Retractarse lo pondría en posición de que la Familia Shand lo llevase a tribunal. Romper un compromiso era todavía causal de demanda y arruinaría la carrera de Andrew. Se encogió de hombros y aceptó casarse.Camilla se convirtió en Mrs. Andrew Parker-Bowles un 4 de julio. 

Fue una ceremonia católica muy lujosa. La novia lucía un precioso vestido de verano diseñado por Beverllee Sassoon. En “The Crown” se ve a Emerald Fennell con cara cariacontecida. En las fotos reales, Camilla se ve muy contenta Se la llamó la boda del año con 800 invitados entre los que se contaban la Reina Isabel, su madre y su hermana. Hasta la Princesa Ana estuvo ahí. El único ausente, por razones de buen gusto, fue Carlos.

Solo volvería hacer acto de presencia en la vida de su ex, cuando fuera padrino de Tom, el primogénito de los Parker Bowles. Para entonces Camilla tenía claro que su marido nunca le seria fiel ni nunca la respetaría. De acuerdo con declaraciones tanto del Príncipe Carlos como de su duquesa, ellos comenzaron su affaire en 1979 tras el nacimiento de Laura, segunda y última hija de los Parker Bowles.
Los Parker-Bowles y sus hijos

Hay historiadores y chismógrafos que dicen que esos amores datan de antes, de 1976. Lo cierto es que para entonces ya había otras mujeres en la vida del príncipe de Gales. Según las estadísticas, entre la boda de Camilla y la boda de Carlos con Diana, ¡él tuvo 25 mujeres! Algunas fueron aventuras pasajeras, otras relaciones clandestinas prohibidas (léase con mujeres casadas), pero también hubo varias que pudieron haber sido Princesas de Gales. En mi próxima entrada dedicada a “The Crown”, hablaré de las novias de Carlitos.

martes, 14 de enero de 2020

Antes de Camilla….Hubo una Chilena: Lo que la Tercera Temporada de The Crown No Nos Contó



Iba a escribir algo sobre la Princesa Ana, pero tras ver los episodios “Dangling Man” e “Imbroglio”, la que quedó con la cabeza embrollada fui yo. Así que me puse las pilas para hablar de los amores del Príncipe Carlos, porque solo conociéndolos lo conoces a él.  Y si quieres comenzar por el principio hay que sacar a la palestra una dama a la que Peter Morgan dejó engavetada. Me refiero a mi ilustre compatriota, la Señora Lucía Santa Cruz Sutil.

He oído a tanta gente que compone baladas sobre los amores de Carlos y Camila. ¡Amigos, gran amor el de Felipe e Isabel que llevan más de 70 años aguantándose y apoyándose mutuamente! Lo de Carlos y Camila se volvió importante en los 80. Al principio, ni la prensa se interesaba en ellos. Por eso es que hay pocas fotografías de ese entonces con ellos juntos.

Aunque muchas de las cosas que escribiré aquí las he sabido desde el momento en que fueron noticia, la mayor parte de lo que digo puede ser cotejada en Prince Charles: The Passions and Paradoxes of an Improbable LIfe de Sally Bedell Smith. Hay algunas cosas en que discrepo de ella, pero en general sabe de lo que habla.

Por muchos siglos, las monarquías se mantuvieron firmes gracias a alianzas matrimoniales con otras dinastías. Para la época en que Carlos llegó a la mayoría de edad, quedaban pocos reinos de donde sacar consortes, pero los shiperos dinásticos igual se esmeraban en encontrar chicas casaderas para ponerlas de reinas del Reino Unido.

Tanto Elizabeth como su madre deseaban que Carlos se casase con una inglesa, Felipe prefería a la hija de algún pariente o amigo con sangre real. De acuerdo con las leyes matrimoniales, Carlitos podría casarse con quien quisiera, inclusive con una plebeya, siempre y cuando no fuese ni católica, ni divorciada, ni tuviese un pasado escandaloso.

En 1969, Carlos es coronado Príncipe de Gales, la revista chilena Paula le dedica dos páginas con fotografías. Lo mismo harán revistas de corazón alrededor del mundo. Se ha vuelto un soltero cotizado. En el verano de 1970, Paula hará una lista de posibles novias reales.


Lo curioso (aparte que la foto de Carolina de Mónaco ni se parece, en ese entonces Carolina era una niñita de 11 años) es que incluyan a la princesa monegasca que, al igual que Nora de Liechtenstein, es católica. Se establece en las leyes matrimoniales.  (y ni David Cameron pudo cambiar eso) que el Rey del Reino Unido no puede casarse con católica puesto que la Iglesia de Roma permite el matrimonio con gente de otras denominaciones previa exigencia de que los hijos han de criarse dentro de la fe. Como cabeza de la Iglesia Anglicana, el soberano (y sus hijos) deben profesar esa religión.

La segunda foto corresponde a Margarita, Princesa Heredera de Rumania. Tanto ella como sus cuatro hermanas pudieron ser una oferta “real”. Margarita, que era prima de Carlos fue su amiga desde la infancia. Vivió en Gran Bretaña e incluso se graduó de la Universidad de Edimburgo, pero él nunca la vio como mujer.
Carlos y Margarita, siempre amigos.

Así que solo la última de las cuatro fotografías que acompañan la nota, la Cenicienta, mi compatriota tuvo una oportunidad de ceñirse la corona. Que me perdone Doña Lucía, pero yo creo que si hubiese habido una oportunidad (y amor de ambas partes) hubiese hecho como Meghan Markle y se hubiera convertido. Así tendríamos Princesa de Gales santiaguina y Camila nunca hubiese entrado en el cuadro. ¡Ayyy me apetece escribir un relato de historia alternativa!

Sé que hay chilenos que desprecian a Doña Lucia debido a su rol de “Musa de la Derecha” (mote que no le gusta), pero yo la admiro desde chica precisamente por cosas admirables que en la cultura “anti-matea chilensis” no se admiran.  Así que voy a hacer una breve semblanza.

El árbol familiar de Lucía Santa Cruz está plagado de apellidos importantes (Prieto, Vicuña Mackenna, Urmeneta, Aldunate y Alcalde descendiendo ella de un noble colonial el Conde de Quinta Alegre.). Su padre, Víctor Santa Cruz, diplomático de carrera, fue nombrado Embajador en la Corte de St. James por el entonces presidente de la Republica, Don Jorge Alessandri. Así Don Víctor trasladó a su familia, incluyendo su hija quinceañera, a Londres. Desempeñó tan buena labor, que el siguiente presidente, Don Eduardo Frei, lo dejó en su puesto.

Al momento de trasladarse a Europa, Lucía era una super buena estudiante de las Monjas Francesas con reputación de “matea” (estudiosa, aplicada) lo que entonces era visto con sospecha por compañeros y alumnos. Para suerte de esa mente privilegiada, la jovencita acabó sus estudios en a Gran Bretaña aun cuando llegó allá sin saber inglés.

No solo acabó la secundaria, además sacó un Masters de Filosofía en Oxford y otro en Historia. ¿Ahora entienden por qué la admiro? En una época en que las “niñas high” chilenas solo aspiraban, además de casarse bien, a ser Reinas de la Primavera, ella era el equivalente a un Rhodes Scholar, lo que yo, desde que supe de su existencia, quise ser.

A los periodistas (que ya sabemos se leen un artículo de un colega y copian todos los datos. Ese es su nivel de researchers) les gusta decir que Lucía y Carlitos se conocieron cuando ambos estudiaban en Cambridge. El Príncipe era estudiante, la Niña Santa Cruz ya tenía su título y trabajaba como asistente del catedrático Lord Richard “Rab” Butler ayudándolo a componer sus memorias.

Fue Butler quien los presentó en una cena familiar.  Su intención era que Lucia ayudase al príncipe con sus estudios. Y es que algo que no nos cuenta Peter Morgan es que Carlos era mal alumno. Tanto en Gordonstoun como en Cambridge le “regalaban” las buenas notas y lo pasaban de curso aduciendo que él no tenía tiempo de estudiar debido a “sus deberes oficiales”.

Rab Butler le contó al biógrafo Anthony Holden que Lucía había iniciado a Carlos en el sexo, que el príncipe le había solicitado la llave de su chalet para estar más en privado con su tutora. Al saber lo dicho, Carlos se indignó y le dijo a su biógrafo Jonathan Dimbleby que Butler nunca había sido su “mentor” y que sus insinuaciones eran “preposteras”. Tras la muerte de Butler, su viuda Lady Molly volvió a tocar el tema diciendo vulgarmente que Carlos “se había afilado los dientes” con la chilena.

A pesar de las protestas del príncipe, Jonathan Dimbleby incluiría estas insinuaciones en su Prince Charles: A Biography. Al rato, los abogados de Doña Lucia le presentaban un ultimátum, o desmentía sus aseveraciones o lo azotaban con una demanda por difamación.  Dimbleby tuvo que pedir una disculpa pública en el Sunday Times.

Nadie dice que el romance Gales-Santa Cruz no haya sido físico. Los dos eran más que mayores de edad y vivían en una era de liberación sexual y post-pildora anticonceptiva. Lady Elizabeth Anson, prima de Carlos y amiga de Lucia, ha dicho que la chilena fue el primer amor de su primo y que la relación era tan intensa que alcanzó a la alcoba. Lo que desagrada es que conviertan a mi compatriota en una especie de cortesana.

Según Lady Anson, poco después de conocer a Lucía, Carlos, que sufría de timidez crónica, se la encontró en el baile del Conde de Northumberland. Fue un alivio para él ver un rostro conocido y bailaron toda la noche. Desde ese momento fueron inseparables y salían públicamente. Yo estaba segura de que se casarían. Se ha dicho que fue la religión las que la separó, pero creo que la verdadera razón es que Lucía tenía sus metas muy definidas y ser reina consorte no era una de ellas.
1970, una de las ultimas salidas juntos

Víctor Santa Cruz dejó de ser embajador en el Reino Unido a la subida de Allende, volviendo a Chile el 71. Lucía permaneció en Londres en un departamento en Chelsea. Su vecina era una “tal Camilla Shand”de quien se hizo amiga. Fue la Niña Santa Cruz quien presentó a Camilla con el Príncipe de Gales advirtiéndoles con “¡cuidadito!” y recordándoles que los abuelos de ambos habían sido amantes.

Doña Lucía regresó a Chile en 1974 durante el Gobierno Militar. Su impresionante currículo le consiguió un puesto en la Pontificia Universidad Católica. Para entonces ya estaba casada con el abogado Juan Luis Ossa. A fines de la década, la Profesora Santa Cruz había colaborado en el libro Tres ensayos sobre la mujer chilena (1978), un estudio de la participación femenina en nuestra historia.

Tras la muerte de su primogénita, Doña Lucía tuvo tres hijos varones a los que crio sin nunca dejar de trabajar. Aunque se retiró de la Universidad Católica en 1982, ejerció muchos otros cargos como directora y consejera, además de ser editorialista de El Mercurio hasta 1994, y entrevistadora del programa “Cara Cara” entre 1987 y 1989.

Durante su presidencia, y aun sabiéndola de Renovación Nacional, Ricardo Lagos la nombró directora del TVN, la televisión nacional chilena. Aparte de ser miembro de muchas juntas, Doña Lucia ha publicado dos libros muy dispares entre sí. En el 2018 publicaba su tratado de filosofía histórica La Igualdad Liberal. Veinte años antes había publicado La Buena Mano, un libro de recetas de cocina, demostrando así que ser doctora universitaria (en el 2010, el King’s College de la Universidad de Londres la titulo Doctora Honoris Causa) no impide ser buena cocinera.

Doña Lucía ha continuado siendo amiga de los Duques de Cornualles. Fue a Londres para la boda. La pobre Camilla amaneció el día del matrimonio con un fuerte catarro y ahí estaba su amiga chilena preparándole un caldito de ave. Cuando los Duques de Cornualles visitaron Chile, por supuesto que fueron a tomar té con quien los había presentado.
Viejas amigas: Doña Lucía yl a Duquesa Camilla

La historiadora, aunque no niega su amistad con la realeza (tiene una foto autografiada de los duques en su living), jamás ha dado una entrevista sobre su relación con el Príncipe de Gales. Cuando repasamos el listado de sinvergüenzas que han vendido al mejor postor secretos e intimidades de los Windsor, es de admirar la discreción de quien, a mi juicio, debió ser reina de Inglaterra.