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lunes, 12 de febrero de 2018

Los Romances del Period Piece: Lo Mejor del Drama de Epoca del 2017



Para clausurar mi balance de un año dedicado totalmente a la ficción histórica, y también para que coincidiera con la semana de San Valentín, he escogido hablar de lo romántico y lo pasional en los period pieces. Para mí, estos fueron los romances más románticos del 2017. No son parejas protagónicas (en un caso se trata de un romance periférico de la protagonista) pero a mis ojos evidencian la fortaleza, flexibilidad y profundidad del verdadero amor.

El Menage a Trois Versallesco (Versalles)

Al hablar de héroes y heroínas de este año mencioné, por separado, a los Duques de Orleans, pero más allá de sus virtudes como seres humanos está el fuerte lazo de lealtad, cariño y respeto que se ha creado entre ambos. Un afecto tan intenso como aquel demuestra que la buena voluntad puede a veces superar la sordidez de un matrimonio arreglado. Pero sería injusto y poco realista hablar de esa relación sin mencionar al verdadero amor de Monsieur, el incomparable, pero incorregible, Caballero de Lorena y de la tolerancia y compasión con la que Lieselotte ha añadido a Chevalier a su matrimonio.

Desde ese primer encuentro entre Philippe y la nueva esposa que su hermano le ha conseguido, que sabemos que la Princesa Palatina no se parece en nada a la artificial, vana y traicionera Henriette, su predecesora en la cama del Duque. Sin un asomo de timidez o de vergüenza de que su marido la haya sorprendido orinando, Lieselotte se revela como una mujer sana, franca y cariñosa. ¡Es la única en la serie que recuerda que Philippe tiene dos hijas y se preocupa por ellas!

La relación de Lieselotte y su marido es desarrollada a través de la Segunda Temporada. Vemos como Madame consigue acomodarse a la corte y el modo en que logra consumar su matrimonio, y seguimos a la pareja hasta la anunciación del deseado embarazo. Sin embargo, y a pesar del afecto que Philippe cobra por su segunda mujer basta recordar su ira y desesperación al creerla envenenada, su corazón sigue perteneciéndole a MonChevy.


El Caballero de Lorena tuvo también una temporada borrascosa que comenzó cuando su amante se quejó del modo en que MonChevy despilfarraba la fortuna de Orleans. Esa crítica acabó en una pelea de machos que pudo devenir en un hecho de sangre si no fuese por la interrupción de Liselotte. A pesar de que Madame intentó calmar a Chevalier y le ofreció compartir al marido, los celos de su rival tanto por Liselotte como por el historiador Tomas Beaumont, lo empujaron a la droga y a la autocompasión.

Por suerte, Chevalier se sobrepuso, mató a Beaumont y fue recompensado por su rey por haber acabado con un peligro para Francia. Aun así, al final tanto Lieselotte como MonChevy debieron despedirse del hombre que aman cuando el duque partió a su espacio favorito: el campo de batalla. Tiernísima esa última escena, cuando la desolada Madame coge de la mano a su rival, consciente de que él también sufre.

La Reina y su Ministro (Victoria)

Sabido es que el gran apoyo que tuvo Victoria en los inicios de su reinado fue William Lamb, Conde de Melbourne, y que esa ayuda devino en una escandalosa amistad. Tan grande era esa dependencia que se llegó a rumorar que la reina y su primer ministro eran amantes. En momentos en que la soberana cayó en desgracia con público, aristocracia y partidos políticos enemigos de Melbourne, se la llamó a sus espaldas y se la abucheó en la calle con el epíteto de “Señora Melbourne”. Entonces, tan descaminada no anda Daisy Goodwin con esta historia tan romántica que nos ha presentado en “Victoria”.

A pesar de sus detractores, este ha sido un romance muy intenso y mucho más emotivo que los insulsos amores de Vicky y su controlador primo. Es cierto que en la serie y en la vida real, Victoria acabó casada con Alberto de Saxe Coburgo, y que además de preñarla nueve veces, el príncipe consorte buscó dominarla en todos los aspectos de su vida privada. Muchas veces, Victoria habrá comparado la cargante imposición de voluntad a la que la sometía el marido con la sutil y deferente manipulación que conoció con el romántico Melbourne. El que Rufus Sewell interprete a Lord M.  también ayuda a crear esa distinción entre cortesano y consorte.

La serie nos ha mostrado una reina adolescente marcada por una infancia tan vigilada que solo ansiaba libertad. Es por eso por lo que el primer encuentro entre Vicky y Melbourne fue en realidad un “encontronazo”. Él estaba cansado de gobernar, y tal vez, de vivir. Ella, a pesar de su juventud, había desarrollado una desconfianza por el género humano y rechazó indignada la oferta de Melbourne de convertirse en su secretario.

Poco después, la intuición nata de Victoria la hace reconocer el valor de Melbourne. No solo lo convierte en su secretario, también lo hace su mentor, su confidente, su mejor amigo y el favorito de su corte. En ella, Lord M. (como lo apoda Vicky) encuentra una inspiración para moverse en la arena política y una renovada vitalidad. La serie no miente cuando habla de que ambos pasan la mayor parte de tiempo juntos. Melbourne cenaba casi a diario en el Palacio de Buckingham y cabalgaba todas las mañanas con Victoria.

Sin ser pesado ni didáctico, Melbourne ayuda a Victoria rellenar los vacíos que su deficiente educación ha dejado en el intelecto de la novata reina. ¡Vicky hasta le muestra los croquis que hace de su perrito! La soberana, aunque defiere muchas veces al consejo del ministro, también se atreve a debatir con él. No solo hablan de política, sino también de otros temas vitales como el amor. Victoria llega a interrogar a su consejero sobre su vida matrimonial, como cuando le pregunta sobre su reacción al ser abandonado por su esposa (la célebre Caroline Lamb que huyó con Lord Byron).

Lo que al principio se ve como extravagancia de adolescente se convierte en causa política. Melbourne es reemplazado por el parlamento por Sir Robert Peel. Ya no puede pasarse el día con su joven soberana. Para mayor agravio, Victoria debe prescindir de sus damas, incluyendo sus mejores amigas Lady Emma Portman y la Duquesa de Sutherland, porque ellas representan un espectro político diferente al ahora en el poder.


Ahí tiene lugar un episodio histórico, Victoria simplemente se rehúsa a prescindir de sus damas. Sir Robert, sintiendo que carece de la confianza de su monarca, renuncia. Melbourne regresa, pero el costo es alto. La reputación de Victoria se ve mancillada. En la serie hasta los criados reconocen que la soberana llora cuando su ministro no está cerca. La desubicada Lady Flora le cuenta a Vicky que ya la apodan “Mrs. Melbourne”.  La Duquesa de Kent le suplica a su hija que no le entregue su corazón a un hombre como Melbourne que tiene reputación de libertino.

Victoria no se inmuta. Es posible que la reina haya en algún momento experimentado algún tipo de sentimiento romántico por su primer ministro, a pesar de que la historia nos cuenta que su primer gran amor fue el Gran Duque Alejandro (que también aparece en “Victoria”). Sin embargo, en la serie, el personaje de Jenna Coleman da rienda suelta a su corazón para ir poco a poco enamorándose de Melbourne. ¿Pero es correspondida?

Daisy Goodwin es muy sutil en este aspecto. Cuando Sir John Conroy confronta a Melbourne acusándolo de querer aprovecharse de Victoria, el ministro le responde con gran dignidad. Pero a solas se mira en un espejo con expresión atormentada como escrudiñando su subconsciente. Mas tarde, cuando el Duque de Sutherland le recuerda que pronto perderá a Victoria ya que la soberana debe casarse, vemos la tristeza dibujarse en el rostro de Melbourne.



No hay que pensar solo en romance y cuchi cuchi entre ambos. La belleza de esa relación es que es muy humana y realista y va salpicada de peleas como corresponde al choque entre dos voluntades fuertes. Victoria es porfiada, se ofende fácilmente. A ratos, Melbourne tiene que gritarle, pero cuando ella lo necesita, él siempre vuelve. Tras la muerte de Lady Flora, Vicky toca fondo y el único que la eleva a la superficie es Melbourne, compartiendo con ella su propia noche oscura del alma, la depresión que sufrió tras la muerte de su hijo.



Aunque Victoria comienza a visualizarse como Isabel I, una mujer sin hombre, pero que se apoya en “compañeros”, y en el Baile Tudor, Melbourne se viste de Robert Dudley (gran amor de la Reina Virgen), el tiempo se les acorta. La familia de la reina la presiona para que contraiga matrimonio. De Hanover le traen al primo Alberto, estirado, puritano y con cara de perro, pero joven y de buen cuerpo (algo que la verdadera Victoria se apura en anotar en su diario). Confundida, la reina se decide a jugárselas todas y se va a Brocket Hall, hogar ancestral de Lord M., y se le declara.

Tuve que poner el video porque me es casi imposible describir el momento que para mí ha sido la escena mejor actuada de la Primera Temporada. Aunque vaya de incognito, es una osadía de parte de la reina el visitar a Melbourne em su retiro. Primero, tenemos la presentación de ambos personajes, ella que se supone solo revela su identidad a último minuto, él que aparece como un poco escondido detrás de una estatua. Luego el modo en que Vicky, con toda la sinceridad y torpeza de una adolescente, declara que no quiere a otro hombre en su vida y jura que jamás lo abandonaría como lo hizo Caroline.

Ahí vemos todo el cansancio y la tristeza que aquejan a Melbourne al tener que rechazarla.  Dice que él es como los pájaros que ampara en Brocket Hall, condenado a solo tener un amor. Ni él, ni yo, ni ningún shipero del Vicbourne, le cree. Mas que humillada, Victoria esta desolada, pero Lord M. aparece en el Baile Tudor vestido de Dudley y le pide un vals durante el cual deja en claro que tal como Isabel I y su favorito tuvieron que sacrificar sus sentimientos, ellos deben hacer a un lado su amor.

Victoria descubre una curiosa aliada en su madre. La Duquesa de Kent está destrozada. El interesado Conroy la ha vendido por mil libras anuales y se ha marchado a molestar a los irlandeses. Llorando, Vicky abraza a su madre diciéndole que no cree que pueda alcanzar la felicidad.  Por una vez, la Duquesa de Kent sirve de algo y le dice a Vicky que Melbourne la ha rechazado por caballerosidad, anteponiendo su deber antes que sus sentimientos.

Por falsa que sea esta historia, respeto y admiro a Daisy G. por incluirla, y también a Rufus y a Jenna por actuarla con tanto candor y realismo. La relación Victoria-Melbourne, no acaba ahí, Antes de partir en su luna de miel, Vicky comparte un momento a solas con Lord M.  y le deja claro que él todavía ocupa su corazón.


Amor Pirata (Black Sails)

Un curioso detalle del final de “Black Sails” es que llenaron este cuento de rudos piratas con historias sentimentales. Por amor, Long John Silver sacrificó el sueño de su Madi. El pobre Flint tuvo el consuelo de compartir prisión con su amado Thomas Hamilton. Vimos que Woodes Rogers podía derramar lágrimas por la muerte de su esposa y el público crucificó a Eleanor por haber traicionado a “su verdadero amor”, Charles Vane (¿WTF?). Lo más curioso es que de pronto a Max le bajó el amor (que creíamos pertenencia únicamente a los doblones de oro) por Anne Bonny.

La Gatita Valentina Moreyra me hizo dudar un poco del final de la relación Max y Anne y una investigación en las redes me hizo ver que muchos shjoperos también creían que habían quedado como pareja. Eso no es así. Para cuando TV Insider entrevista a los guionistas está claro que Max y Anne se han reconciliado, pero la pirata eligió seguir con Jack sin desoír a su naturaleza bisexual. Por algo los escritores presentaron al final a Mark (Mary) Read como manera de entroncarla al   verdadero destino romántico de Anne Bonny.

Cuando Anne se acostó con Max en me dio la impresión de que era su primera vez con una mujer. Lo que no quita que no le gustara la experiencia o que no quisiera repetirla, pero, aunque le tenía cariño a la ex esclava, no creo que la amara como amaba a Jack. La historia sentimental de Anne era desastrosa. A los trece años, su marido James Bonny la golpeaba y la vendía al mejor postor. De ese suplicio la salvó Jack Rackham y la agradecida pirata nunca olvidó, pero su relación estaba basada en más que en gratitud.

Parecerá extraño porque Calicó Jack era el menos pirata de los piratas, el menos aguerrido y brutal. Sin embargo, y tal vez Anne se sentía un poco protectora de su compañero, a ella le gustaba como hombre. Fue Anne quien invitó a Jack a compartir cama con ella y Max. Cuando Jack privilegió su relación comercial con Max, y dejó a Anne en tierra, la pirata se sintió dolida y celosa.

La traición de Max, que casi le cuesta la vida a Jack, fue un tiro de gracia para la relación entre las dos mujeres. La pirata quería matar a la dueña del burdel, y le tomó tiempo sacarse esa idea de la cabeza. Se lo comentó a Jack. Como todos los personajes de la serie, Anne estaba un poco harta de tanta violencia:
Anne Bonny: Me dijo que si entregaba el dinero estarías a salvo. No es solo la mentira… intentó alejarte de mí. Cuando dejé esa isla… lo único en lo que podía pensar era en maneras de vengarme de ella, por lo que había hecho. Y ahora que estamos aquí, sería tan fácil… y no quiero hacerlo. No quiero vivir con las consecuencias. Con la visión de verla sufrir de esa manera. Simplemente no quiero. Esta puta isla… te hace hacer cosas que no quieres hacer… ¿cómo no nos hemos dado cuenta hasta ahora? ¿Qué demonios hacemos aquí otra vez Jack?






Para muchos, el breve discurso que Anne le hizo a Jack donde dice que nunca será su esposa (final Temporada 2), pero siempre estarán juntos, sonó a una resistencia a la idea de una relación romántica. Yo lo interpreté de otra manera.  Anne está repudiando la idea de ser una esposa tradicional, como Eleanor bordando en un rincón, pero no excluye más bien afianza el lazo erótico-sentimental que la une a Rackham. La misma Lady Clara Paget, hablando de su personaje,  declaró que Jack representaba todos los matices emocionales en la vida de Anne Bonny.

En la temporada final, Max a pesar de su traición, es recibida en el barco con Jack. Parte a Filadelfia con ellos, pero luego que la malherida Anne la manda al diablo, Rackham exige a la ex esclava que se aleje de su mujer. Max consigue que Marion Guthrie financie una expedición a Nassau, pero le cuenta a Anne que ha rechazado una oferta de matrimonio, por amor a ella.

 Luego, Idelle le recuerda a Anne como Max la salvó de ser acusada de asesinato. Esa combinación de factores lleva a Anne a perdonar a Max, un perdón que no involucra un reinicio de su actividad sexual. Los guionistas han dicho que el capítulo 8 representó un final de la relación de Max y Anne y por eso no les dieron una escena juntas en el episodio 9.

La última escena de Max y Anne interactuando las tiene sentadas bajo la nieve luego de haber arreglado sus asuntos. Las vemos asidas de la mano, símbolo de perdón, pero el regreso de Jack de Nassau es diferente. 

Anne sale de la casa, ya curada, envuelta en una manta y se abalanza a abrazar a su compañero. Es un gesto más apasionado que un simple tomarse de las manos. Es casi tan intenso como esa llegada a Filadelfia con Jack cambiándole los vendajes a Anne y dándole un beso de despedida. En la última escena del trio, la cámara enfoca a Max y la expresión en el rostro de Jessica Parker Kennedy deja claro que sabe que en esto ella es la perdedora.


Para mí la confirmación de que el amor entre Jack y Anne (y reitero no excluye un trio con Mary Read) era respetado por la producción es el que fueron los únicos personajes que tuvieron un final feliz en este cuento de piratas. porque la felicidad de los otros personajes queda en un ‘veremos” ambiguo. Stevenson nos contó la desdichado muerte de Flint, Max es muy capaz de arruinar su fortuna de nuevo.  ¿Podrá Madi realmente perdonar a Long John? ¿No será que el resto de sus vidas ella lo amargará con reproches?  

En cambio, nos queda clarísimo que Anne y Jack siguen juntos y compenetrados. Eso solo acaba con una Anne encinta y lamentándose al pie del cadalso donde cuelga Jack tal como ocurrió en la vida real.

Lo que Magdalena Encontró en el Rif (Tiempos de Guerra)

En blog anteriores puntualicé que el mayor aporte de “Tiempos de Guerra” era situar lugares comunes y estereotipos de los dramas médico-militares en terreno virgen, en este caso La Guerra de Marruecos. Sin embargo, noté que había algo totalmente inexplorado en estos relatos de enfermeras “bélicas”:  el romance interracial de Magdalena y Larbi.

Aunque los amores interraciales han sido parte de la ficción (incluso de la histórica) desde El Quijote, desconocía ejemplos que pudiesen sentarles pautas al romance entre la enfermera rubia y de clase alta y el camillero moro que nos ofrecieron Ana Moliner y Daniel Lundh. Precisamente por ser tan novedoso es que ese romance pudo fracasar, pudo no gustar, pudo parecernos inverosímil. Aplausos a los guionistas no solo por darles un final feliz, sino también por hacernos quererlos y creer que merecían una oportunidad, cuando ni la Reina Victoria Eugenia dio dos duros por ellos.



No tengo que repetir que Magdalena fue mi “Dama Enfermera” favorita. Lo he dicho en notas anteriores, y la razón fue por ser la única del grupo en interesarse su entorno. Aunque lo que empuja a Magdalena a interesarse en Marruecos es Larbi, el camillero cuya apostura física la ha conquistado, es esa capacidad de desligarse de su mundo, de un Madrid de la alta sociedad donde la espera un novio y una casa llena de sirvientes, lo que la diferencia de sus amigas.

Del trio protagónico, Magdalena es la más adinerada, pero también la más generosa. Es la más inocente, pero es también la más práctica (basta ver su equipaje de vestidos bonitos, coñac francés, bombones) y es, al menos ante su espejo, la menos guapa por lo que arriesgar su compromiso con un gran partido la hace heroica.

Larbi tampoco cabe en clichés. No es el revolucionario que desprecia a los representantes del colonialismo, ni tampoco es el morito bobo que mira humildemente a la señorita rubia que llegó de España. Él tiene mucha dignidad y confianza en sí mismo. Se convierte en una especie de guía de estas niñas perdidas en Marruecos. Le enseña a Magdalena a moverse en el Zoco; ayuda a riesgo de perder trabajo y libertad, a escapar a Pedro; y es quien recupera la morfina del hospital. De pronto, Larbi se vuelve el fixer-héroe de esta historia, alguien digno de Magdalena.

A pesar de que es obvio que se simpatizan, es solo cuando Magdalena visita la casa del rifeño, que ambos toman conciencia de que su relación puede tomar otro cariz. La golosa de Magdalena se deleita con los dulces hechos por la madre de Larbi, él le envuelve la cabeza con una bufanda de seda, pero a punto de darse un beso, la formal enfermera le explica que está comprometida. El desolado camillero murmura que Daniel es muy afortunado. De ahí que Magdalena comienza a cuestionar su compromiso. ¿No sería ella más afortunada comiendo mazapanes en Melilla que de gran señora en Madrid?

A pesar de que Magdalena lucha en contra de sus sentimientos, su subconsciente la traiciona, primero en un sueño erótico que tiene con Larbi. Luego, en su delirio provocado por la fiebre, se le declara. A pesar de que Pilar, por separado, intenta hacerles ver a Larbi y Magdalena que ese amor no tiene futuro, el personaje de Ana Moliner comienza a tomar decisiones. Le escribe a Daniel rompiendo el compromiso y luego casi se agarra de las greñas con Susana por el racismo y clasismo de su amiga. En el discurso de Magdalena son evidentes la tolerancia y humanidad que ha adquirido en su profesión, pero también el respeto y consideración que siente por los marroquíes.

Presionada por su madre y por la Reina, Magdalena se rinde. Desde Madrid le escribe a Larbi despidiéndose para siempre. Fue muy conmovedor que Pilar tuviese que leerle la carta al camillero por ser este iletrado. 





Sin embargo, Magdalena se arrepiente de su decisión y se regresa a Melilla, así sin dinero, ni grupo de apoyo, una paria en todos los aspectos, sin siquiera la oportunidad de volver a ser enfermera. La misma Susana, asombrada ante la grandeza del sacrificio de su amiga, apoya la decisión de Magdalena. Hasta le da permiso para que vaya a su boda con Larbi.

Yo sé que el final feliz de este romance interracial puede parecer inverosímil, pero hubo dos cosas que me dieron esperanza: primero que Magdalena recobró su trabajo y su sueldo. Segundo, que dijo estar dispuesta a convertirse al islam. Al menos esos escollos están superados, porque no sé cómo Magdalena va a lidiar con el hecho de vivir sin vestidos bonitos y con un marido que hay que enviar a la escuela de párvulos. ¿Y como Larbi va a poder explicar su familia que su mujer trabaja fuera de casa?  pero casos parecidos han acabado en relaciones estables y duraderas.

¿Hubo algún otro romance tan intenso como estos en el drama de época del 2017?

miércoles, 1 de marzo de 2017

Entre Stevenson y Los Piratas del Caribe ¿Cuál será el final de Black Sails?


Acercándose el final de la cuarta temporada, que también es la última, entra la interrogante ¿cuál será el destino de los personajes de “Black Sails”? Es el momento de recordar que este cuento de piratas es una precuela de la famosa Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson. ¿Tendrá el final algo que ver con la novela? ¿Significará esto que tanto Flint (Toby Stephens) como su lugarteniente John Long Silver (Luke Arnold) sobrevivirán?

Hace casi cuatro años que “Black Sails” es mi placer culpable. Como “Spartacus”, es un muestrario de misoginia (todas las mujeres son malas, complicadas o provocan la desdicha de los hombres) y de violencia machista, pero sus excelentes actores han logrado retratar personajes profundos que nos conquistan a pesar de sus pecados y defectos. De ahí  la preocupación por saber quiénes quedarán vivos, quienes al menos tendrán un final semi” feliz.”

“Black Sails” sufre de esa falla trágica de “Juego de Tronos”.  Todos los hombres mueren, aunque sean héroes, aunque sean simpáticos, aunque sean bonitos.  O como nos recuerda Ileane Rudolphs en su nota para TV Insider “, En el último viaje de Black Sails “Nadie es intocable


El Valar Marghulies se aplica también a la escasa presencia femenina. Todavía no sabemos si Anne (Lady Clara Paget. Si es una "lady"real, hija del Marqués de Anglesey) murió desangrada.  ¡Imposible! Anne Bonny, una de las pocas damas  que incluyen los anales de piratería, murió anciana y con ocho hijos.   Su marido, Calicó Jack (Toby Schmitz) fue colgado antes que Charles Vane (Zach McGowan) subiera al cadalso y Barbanegra (Ray Stevenson) tuvo un noble final en batalla (o sobrevivió como nos quisieron hacer creer los productores de “Crossbones”). En cambio, en “Black Sails” recibe una ejecución brutal e ignominiosa a manos del Gobernador Rogers (Luke Roberts).
El verdadero Woodes Rogers y familia.


El verdadero Woodes Rogers pasó un tiempo en prisión por deudor moroso, escribió un bestseller, regresó al Caribe como gobernador por segundo término, y acabó sus días con tanta celebridad, que en Nassau hay estatuas y calles con su nombre.  A pesar de los antecedentes históricos, no le auguro un buen fin al Gobernador. Su tortura y asesinato de Barbanegra no serán perdonados por los hombres de este último, tal como nadie le perdonará a Eleanor (Hannah News) la ejecución de Charles Vane.

 Debo ser la única fan  que quiere a Eleanor, por eso no creo que  ni haberla embarazado en la serie le salvará la vida.  Sobre todo porque ni es un personaje real ni la inventó Robert Louis Stevenson. Y eso provoca otra pregunta. ¿Sera el final de “Black Sails” un puente que nos lleve al comienzo de La Isla del Tesoro? El guionista Jonathan Steinberg, en la ya mencionada nota del TV Insider, ha dicho que “le guiñará un ojo “al relato de Stevenson.  Eso me da mala espina.

A mí nunca me preocupó la suerte de mi otro personaje favorito: El Capitán Flint. Siempre supuse que tanto él cómo Long John Silver sobrevivirían para reaparecer en La Isla del Tesoro, junto a Israel Hands, Billy Bones y la mujer “de color”, esposa de Long John. Por mucho tiempo sospechamos que Max (Jessica Parker Kennedy), sería la enigmática Mrs. Silver que en la novela el cocinero/pirata deja a cargo de sus negocios mientras él va en busca del deseado tesoro del Capitán Flint. Ahora, sin embargo, sabemos que esa mujer, que Silver espera reencontrar luego se convierta en millonario, podría ser la valerosa guerrillera Madi (Zethu Dlomo).


Leí la novela de Stevenson a los nueve años. Me la dieron cuando el sarampión, me mandó a la cama. No sabían que hacer para tenerme las manos ocupadas y evitar que me rascara. A una chica del servicio se le ocurrió comprarme una edición rustica que vendían en el almacén de la esquina. Recuerdo que me dijo como excusándose, “Dicen que es lectura para niños hombres”. ¡ Niños hombres, indeed! Me olvidé de la comezón apenas comencé a leerla. No la pude soltar sino hasta ese final donde Jim Hawkins, el protagonista, nos cuenta lo que ocurrió con los sobrevivientes de la expedición para recobrar el tesoro de Flint, que ahora sabemos es el cargo de la Urca de Lima.

El relato de Stevenson despertó en mi un apetito insaciable por el género pirata y por las muchas versiones fílmicas y televisivas de La Isla del Tesoro, la última de las cuales se llama “Black Sails”. Aunque Flint (llamado Jonathan, no James como en la serie) es una figura omnipresente y fundamental en el relato, el pirata lleva casi una década muerto. Sucumbió, alcohólico, a una cirrosis y al deliriuns tremens en un cuartucho de Savannah. Antes de morir, cuentan Silver y otros, Flint compuso la famosa canción esa que habla de los quince hombres en el baúl del muerto y entregó el mapa de su tesoro a Billy Bones.

Los que amamos la novela, sabemos que Flint en algún momento enterró su tesoro en La Isla del Esqueleto, por eso no puede morir en la serie. Es como si muriera Billy Bones.  ¿Entonces a quién, veinte años más tarde, Jim Hawkins le robaría el mapa del tesoro? Es como si muriera John Silver.  ¿Quién regentaría la Taberna del Catalejo antes de servir de cocinero en la expedición del Caballero Trelawney?

Sin embargo, hay señales de que el final de” Black Sails” no necesariamente dejará un escenario idóneo para que ocurran los sucesos que Stevenson describe en su novela. Me refiero específicamente a Flint. Desde el comienzo de esta historia, el personaje de Toby Stephens está tan obsesionado con su tragedia interior que actúa impulsivamente y muchas veces en contra de los intereses de su tripulación por lo que los desconfiados marineros prefieren el liderazgo del más sensato Billy Bones (Tom Hopper).

En esta temporada los papeles se han trocado. Billy Bones ha perdido la confianza de los esclavos y de John Silver quien ahora es totalmente devoto de Flint. La alianza Flint-Silver es muy frágil y no hay nadie fuera o dentro de la pantalla que no lo sepa. Eso suscita un fascinante Juego de Tronos bucanero en los que Billy e Israel Hands (David Wilmot) juegan a ser Meñique y susurran respectivamente en los oídos de Long John y el Capitán que no deben confiar en la lealtad de su nuevo amigo. Hasta Madi entra en el juego, aconsejándole a su amante que descarte a Billy de su lista de amistades.

Stevenson cuenta que Flint era temido por su tripulación, pero que el Capitán le temía a Long John. ¿Qué puede ocurrir en estos seis capítulos que faltan para que el respeto y confianza de Flint se conviertan en temor? Tal vez algo relacionado con Madi, el gran amor del pirata de la pata de palo. Espero que no, Madi puede ser la futura Señora Silver. Un personaje femenino en una novela donde no hay mujeres (una exigencia que el hijastro de Stevenson le hiciera al escritor) pero cuya presencia es un constante en los labios de su esposo.

En el episodio 4 de la serie, Silver se entera, por boca de Max, de la existencia en las Doce Colonias de campos donde las familias aristocráticas inglesas destierran a sus parientes indeseables. Inmediatamente se le ocurre (sin nunca decirlo, todo está en la expresión de Luke Arnold) que ahí puede estar Thomas Hamilton. Aunque los románticos suspiramos por un reencuentro entre Flint y su gran amor, esto podría acabar, como con la reaparición de Miranda, en otro velorio. Ya es sabido que todos los que Flint ama tienen un mal final. He ahí también la preocupación de Silver de que su amistad con el ex James McGraw lo pueda llevar a la tumba.

Y para rematar, tenemos los famosos spoilers sobre el final. Toby Stephens en una entrevista telefónica con Collider contó que un personaje, hasta ahora secundario, será quien demuestre su lealtad a Flint y lo acompañe en ese trágico descenso que lo puede llevar a una muerte que no tenga lugar en un camastro de Savannah, o tal vez a esa escaramuza en La Isla del Esqueleto. Stephens ha dejado claro en todas sus entrevistas que el final de Flint será trágico porque su sueño de crear una república pirata en el Caribe nunca se logrará y porque su relación con Silver llegará a un quiebre fatal.

Esos factores, un último sueño fracasado y una última amistad perdida,  pueden desencadenar muchas cosas. Aún más si reaparece Thomas solo para un último adiós. Con tanta tragedia, no me sorprendería que Flint se dedicara a ahogarse en la proverbial botella de ron. No necesariamente tenemos que verlo muerto, al menos que la serie nos lleve a su cabecera cuando agónico le entregue el mapa a Billy Bones. El mismo Steinberg ha dicho que, aunque nuestros personajes favoritos estén a salvo siempre hay suertes peores que la muerte.


¿Saben lo que me gustaría? Que dedicaran un par de capítulos a empalmar el final con el comienzo de The Treasure Island. Que viéramos a Billy Bones en La Posada del Almirante Benbow, montando vigilia como Burt Lancaster en “The Killers”; que viéramos al sacristán ciego llevándole la mota negra y sobre todo,  me gustaría ver a un Luke Arnold envejecido y doméstico junto a su mujer, su loro y sus parroquianos de la Taberna del Catalejo. A propósito, el loro se llama Capitán Flint, así que tan mal recuerdo no dejó el trágico pirata en Long John Silver.
 
 Long John Silver (Charlton Heston) y el Capitán Flint 
Preguntas para los fans de “Back Sails. ¿Qué esperan ocurra al final de la serie?  ¿Quién creen que sobrevivirá esta última batalla en New Providence? ¿Qué dudas desean que se resuelvan al final?  La mía sigue siendo la identidad de la futura Mrs. Silver. Todo me hace creer que se trata de Madi, pero también podría ser Max.  La otra es sobre ese personaje que acompañara a Flint hasta el final. No sé porque creo que se trata de Mrs. Hudson, la criada de Eleanor. Tal vez porque la interpreta Anna Louise Plowman, esposa de Toby Stephen en la vida real.




domingo, 16 de febrero de 2014

Piratas, Brujas y Rebeldes : La América Colonial está de moda


Un atractivo de “Sleepy Hollow” son los flashbacks que constantemente nos llevan hasta la Guerra de Independencia de Estados Unidos. Tanto interés ha generado ese periodo histórico que ya se prepara una serie sobre ella. Pero el Siglo XVIII en la América del Norte y el Caribe ha motivado, en el 2014,  la aparición de dos shows sobre piratas. Y como si ya no se tuviera bastante, Fox nos trae este abril una serie sobre las brujas de Salem. Al parecer la Era Colonial está muy “in”.

Lo que se conoce como The American Colonial Period es muy diferente a nuestra Colonia. Por empezar, comienza más tarde. Como aprendimos con “Sleepy Hollow”, el primer intento de crear un espacio angloparlante en el Continente americano, la colonia de Roanoke en Virginia, tuvo un trágico fracaso.

Colonos de Roanoke según "Sleepy Hollow" (tv.com)


A comienzos del siglo XVII, lo que hoy constituye los Estados Unidos pertenecía a varios países. Holanda (y Suecia) ocupaba casi todo lo que conocemos como Nueva Inglaterra. Nueva York recién pasó a manos inglesas en 1684. La Nueva Francia (la moderna Canadá) abarcaba Los Grandes Lagos, la colonia de Luisiana y parte de lo que ahora es Alabama. España era dueña de todo lo que hoy definimos como el Oeste, además de la península de la Florida.

Los primeros establecimientos ingleses en América son Jamestown en Virginia y otro en la isla caribeña de Bermuda. En 1663 se funda Charleston en Carolina del Sur.  Estos espacios dependían y mantenían amplio contacto con las comunidades inglesas caribeñas en las Bahamas y Jamaica.  Sin embargo, en el Este estadounidense comienzan a fundarse poblaciones angloparlantes semi- independientes de la Gran Bretaña. Así llegan los peregrinos del Mayflower a Massachusetts y los cuáqueros de Wiliam Penn a Pensilvania. Este breve esbozo histórico es para explicar las diferentes experiencias de los colonos anglos en lo que mas tarde seria USA.

La Nueva York colonial es el escenario de los flashbacks de “Sleepy Hollow” que recuerdan el pasado de Ichabod Crane y su esposa Katrina, durante la Guerra de Independencia. Para quienes sigan interesados en ese periodo histórico, la AMC (American Movie Classics) les trae este abril “Turn”. Basada en la obra de Alexander Rose, Washington' Spies, pinta las aventuras de un grupo de espías rebeldes apodados The Culper Ring (El círculo Culper) que operaban en la zona de Nueva York en 1778.Es una sorpresa escoger ese periodo histórico porque en el pasado la única serie de televisión en retratarlo fue la longeva y exitosa “Daniel Boone”, pero este show cubría mucho mas que La Independencia de las 13 Colonias.



El  otro programa en tratar el tema fue “The Young Rebels” (1970), uno de esos experimentos de Aaron Spelling sobre las aventuras de unos jovencitos involucrados en la lucha patriótica por liberarse del yugo británico. El experimento no superó los 15 episodios. Por supuesto no podemos olvidar la excelente miniserie “John Adams” y otros retratos televisivos de próceres estadounidenses.
Jovenes Rebeldes (epguides.com)


Los interesados en historia estadounidense previa a su independencia, pueden ver “Salem”, la nueva fantasía histórica de Fox que relata los hechos detrás de la gran masacre de brujas en Massachusetts del siglo XVII.


La fiebre “colonialista” se ha apoderado también de los ingleses. Este año, la BBC planea presentar “New Worlds” una miniserie que tendrá lugar en dos espacios: la Inglaterra de La Restauración y la nueva colonia  de Massachusetts fundada por los peregrinos del Mayflower. Como la acción tiene lugar a fines del Siglo XVII, se verá a los británicos infelices por el retorno de una monarquía tiránica, y a colonos también infelices que ya sospechan seria una buena idea librarse del dominio inglés.



Los protagonistas son Jamie Dornan (que se pondrá los pantalones después de estelarizar “50 sombras de Grey)” y nuestro Joe “Gendry” Dempsey. Por eso no lo veremos en “Juego de Tronos". A propósito, esta miniserie debería llamarse “Juego de Tronos 2” porque el elenco reunirá rostros conocidos para los troneros. En ella volveremos a ver a James Cosmo (Lord Mormont), Ralph Ineson (Dagmar), Donald Sumter (Maestre Lwin), Patrick Malhaide (Balon Greyjoy) y, para placer de la Reina Guivi, el rol de padre de Ned Hawkins (el personaje de Joe Dempsey) será interpretado por Michael “Lord Bolton” McElhatton.

(moviepilot.de)


Con lo dicho ya no parece tan casual que la televisión estadounidense se haya involucrado en dos proyectos de piratas. Starz ha lanzado a la mar océano a sus bucaneros de “Black Sails”. Situada en 1715, tiene lugar en New Providence (Las Bahamas) que a fines de la era dorada de la piratería, se convirtió en la nueva Tortuga, el refugio de los “perros de mar”.



“Black Sails” se ha inspirado en La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson y pretende contarnos los sucesos tras el misterioso botín del Capitán Flint. Toby Stephens  (“Jane Eyre”) interpreta a un Flint urbano, inteligente y simpático, pero que tiene la mala costumbre de mentirle a su tripulación por lo que ésta anda a punto de amotinarse.



También aparecen otros personajes de la novela de Stevenson como Billy Bones y un Long John Silver joven, todavía sin pata de palo. Con ellos interactúan personajes reales como Charles Vane, el más perverso pirata de la época. Si les gusta Hannah New como Rosalinda  en “El tiempo entre costuras”, la podrán ver, desnuda y en escenas lésbicas, en su rol de Eleanor Guthrie.

A fines de año, la NBC pretende traernos “Crossbones” en la cual el mismísimo John Malkovich dará vida al legendario pirata Edward Teach, alias “Barbanegra”. Como Barbanegra tenia de teatro de operaciones las costas de las Carolinas (en una ocasión,  el muy bandido, capturó el puerto de Charleston) veremos otros aspectos de la América Colonial. Eso podría otorgarle cierto interés a esta serie que, a diferencia de Starz, no puede apoyarse en sexo y violencia.



El género pirata, a pesar de su éxito en el cine, no es un tema televisivo. La última serie sobre perros de mar fue “Los Bucaneros” por allá por 1956. EI el exitazo de la franquicia “Piratas del Caribe” no inspiró a  ningún productor a hacerse un show sobre piratas. Lo más cercano fue “Pasión” (2007), telenovela de Televisa, donde Fernando Colunga daba vida a un criollo fugitivo de una isla caribeña que navegaba bajo las órdenes de un corsario inglés.

Fernando Colunga como "El Antillano" (Televisa)



Con ese precedente lo único que puede explicar que la televisión se interese en el género es porque tiene lugar en la América Colonial definitivamente de moda. ¿Cuál de estas series les interesaría ver?