El primer capítulo
fue una desilusión total: Feo, oscuro, confuso. ¿Es este un show sobre lo más
bello que se ha creado en moda? Me esperaba malabarismos cronológicos , pero no
una apología de Chanel. Eso que la han puesto más cerda que Porky y de paso, han ensuciado y distorsionado a otros
personajes como Lucien Lelong, Hervé de la Charbonnerie, y a toda la Resistencia Francesa. Tanta
desinformación histórica amerita una visión más justa de una historia de la
moda parisina bajo La Ocupación. Y es lo que me permitiré hacer.
Aun así, me da un
poco de pena que The New Look no sea un éxito. Puntos de vista tan
diferentes como el de Lucy Mangan en The Guardian y Mira Fox en Forward se han quejado de lo mismo: una presentación
incompleta de La Ocupación Alemana, blanqueamiento de Coco Chanel,
falsificación y ausencia de datos necesarios para comprender el comportamiento
tanto de la modista como el de su colega Christian Dior durante esa época.
La Estetica No
Es el Fuerte de Apple
No voy a ponerme a berrear en contra del punto
de vista estético. Ya veo que no es el fuerte de Apple, a pesar de que algo que
le admiré a Lessons of Chemistry fue el vestuario de la protagonista y
las iluminaciones de exteriores. Se veía más atractiva y luminosa que la última
temporada de Julia. En cambio, en competencia con HBO en drama decimonónico,
The Gilded Age vence con knockout a Las Bucaneras con sus ropas
horripilante, sus tonos sombríos, su mal uso del paisaje. Hasta The Knick le ganaba en términos visuales.
Aun así, yo
esperaba más de The New Look donde hasta los diseños de Dior lucen poco
elegantes. pórtenlos maniquís o personajes. Se siente tan inferior a Capote vs The Swans o a The Gilded Age en su retrato
de un mundo de privilegiados sean nazis o mujeres del jet set para quienes Dior
crea los vestidos más bellos del mundo. Lo cierto es que la mitad de la serie
tiene a Chanel en pantalones y a Catherine Dior en harapos. Mucho hablar de
como los modistos visten a las mujeres y amantes de nazis y sus simpatizantes,
pero no se ven estas creaciones.
Me temo que Todd Kessler
no tiene la capacidad camaleónica de Ryan Murphy (y eso que también rodó por la
colina de lo sórdido en Halston) . A Kessler le quedan bien los noirs y
cuentos de gánsteres como Los Soprano, pero se ha enredado al tratar de
mostrar un momento en que la moda chocó con la ideología. Su panel de guionistas,
con mucha menos experiencia que él, serán muy diversos, pero no ayudan.
El problema es
que Christian Dior deja muy pronto de ser importante en la trama. Es opacado
por su hermana y por su némesis. Lo triste es que ninguna está bien caracterizada.
Al crear a Chanel, Kessler quiere
combinar a Carmela Soprano con su Patty de Damages, pero Catherine Dior
no tiene equivalente en su mundo de femmes fatales y por eso resulta un
personaje vacío. Las dos le quedaron grandes. y merecen notas aparte.
Entretanto, veamos que nos cuenta el
primer capítulo.
Comenzamos en
1955, La Sorbona se prepara por primera vez a homenajear a un diseñador de
moda. Para eso han invitado a cientos de estudiantes de diseño de todo el país
para que interroguen al homenajeado: Christian Dior. Vemos a Dior acompañado de
Madame Delahaye, su tarotista. Nos lo presentan como un hombre tímido, supersticioso,
aquejado de pánico escénico. Deben comenzar con un desfile de los trajes de
noche antes de que su creador se atreva a asomar la nariz y enfrentar a sus
inquisidores.
Las preguntas
parecen estar cifradas en el retorno de Coco Chanel y como planea Dior desafiar
a su rival. Corte a un salón donde Coco (Juliette Binoche) está dando una
conferencia de prensa en la que habla de cómo Dior ha destruido la moda francesa
y como ella ha venido a recuperarla. Vemos los malabarismos cronológicos.
Chanel volvió a Paris y a las pasarelas en 1954, esa entrevista (se reconoce
por el traje) tuvo lugar a fines de los 50, pero se entiende la necesidad de
aglomerar tres episodios históricos en uno para mayor efecto.
Simplificando
a La Resistencia
Dior responde con
una ambigüedad. Detrás de toda verdad hay otra verdad. Saltamos a 1943 y nos
dicen que hace tres años que Francia sufre bajo el yugo de la ocupación
alemana. ¿Por qué son malos los alemanes? A ver, a través del capítulo
descubrimos que son malos porque a) violan francesas b) casi matan al sobrino
de Chanel (nunca supimos por qué) c) torturan y matan a los que se les oponen
d)prostituyen a las francesas o las convierten en espías c) quieren llevarse la
industria de la moda afrancesa a Alemania y d) quieren despojar a los judíos de
todos sus bienes. Con razón existe una resistencia.
En esa
resistencia trabaja la hermana de Dior, Catherine (Maisie “Arya” Williams) a la
que vemos sirviendo de cebo para que sus colegas maten a dos soldados alemanes.
Esta idea de que los grupos de resistencia solo se dedicaban a asesinar
alemanes y de que las resistentes debían portarse como putas, es descabellada,
falsa e imita la horrible visión de la resistencia polaca que nos mostró la
insufrible World on Fire.
Tanto
descripciones fidedignas de los lados más oscuros de las resistencias europeas
sean francesas (Un Village Francaise y Das Boot), polaca (Wartime Girls), checa (Bohema) y hasta
danesa (Badehotellet) nos han hablado de que matar gente sin ton ni
son solo invitaba a represalias tremendas por parte del invasor. Para 1943, la Resistencia
Francesa estaba unida. La fea costumbre de las ejecuciones gansteriles de los
comunistas , que tantas muertes inocentes habían provocado, había sido
prohibida por el General de Gaulle. ¿Entonces por qué denigrar a Catherine y a
su grupo, del cual hablaré en otra ocasión, cuyos miembros jamás anduvieron de sicarios despachando
gente en callejones?
La chica Dior
mete a los resistentes, que incluyen a
su pareja Hervé, en el piso de su
hermano. Me costó reconocer a Hugo Becker en el rol de Hervé. Como que engordó
y encogió. ¿Dónde quedó el Príncipe Azul de Blair Waldorf? Llega el dueño de casa, no quiere que los
resistentes se queden ahí, no quiere que Catherine sea parte de la Resistencia.
Al final se ablanda. Hervé lo insulta, acusándolo de trabajar para Lucien
Lelong que viste a las mujeres de “los nazis”.
Aun así, acepta el sobre abultado que Dior le entrega y que es su sueldo,
más comisiones, regalo del despreciable Lelong.
Esa noche, Dior se reúne con su peña nocturna en un
barucho cuyo dueño, Jacques, es su amante. La peña la componen el amargado
Pierre Balmain, que es colega de Dior, pero se siente ninguneado por el patrón.
Eso lo hace enojarse con Lelong por hacerles vestidos a las mujeres de los
nazis. El tercero en la mesa es Cristóbal Balenciaga que funge de Pepe Grillo.
Les recuerda que algún día la guerra acabará y que tendrán que rendir cuentas.
Dior balbucea que en teoría ellos no saben para quienes hacen los vestidos.
Balenciaga le explica que de esa manera Lelong busca proteger a sus modistos. Ohhh,
entonces Lelong no es tan despreciable.
El Cobarde
Lelong
Lo que es Lelong parece
ser es un cobarde. Se presenta una noche tiritando en el piso Dior (donde hay resistentes
escondidos hasta debajo de la mesa) y suplica a su modisto estrella que vaya al
Hotel Ritz a reparar un fashion disaster de la amiguita de un SS. Dior
llega a la suite de ese gran hotel que durante la guerra solo fue habitado por colabos,
nazis, el ejercito germano y…Chanel. Ahí descubre que la clienta ha roto el
vestido a propósito.
Se trata de una
antigua condiscípula de Catherine y quiere que el modisto alerte a su hermana.
La Gestapo sabe de su existencia y está tras sus pasos. Ohhh las amiguitas de
los Nazis no son tan malas. Trastabillando, Dior sale del hotel , pero antes se
encuentra en medio de una fiestoca y divisa a Chanel carcajeándose con sus
amigotes nazis. Dior corre a su piso, pero es demasiado tarde, Catherine ha
salido a cumplir con un encargo de la resistencia.
En esta entrada
me concentraré en los modistos. En general no han ocultado mucho de Dior. Todo
lo que aparece es cierto como su gran cariño por su hermana y sus esfuerzos por
rescatarla. En cambio, me ha dado rabia lo hecho con Lucien Lelong. La serie
nos lo muestra como un buen hombre, pero los otros personajes se encargan en un
alarde de exposition, de echarle mugre encima. Es vergonzoso,(casi tanto
como el acento de Malkovich) que se
blanquee a Chanel y se enlode a Lelong que salvó la industria de la moda
francesa.
Cuando Chanel está
cenando con Himmler, se burla de Lelong diciendo que no es un verdadero couturier,
que se da crédito por la obra de sus empleados. Algo de verdad hay en eso. Lelong
no era modisto, pero creó un imperio de la moda. Formó lo que hoy llamaríamos
un Brand, dando trabajo a más de mil operarios en varios talleres y
reconociendo y utilizando el talento de famosos diseñadores como Dior, Pierre
Balmain y hasta Givenchy que pasó en la firma un tiempo después de la guerra.
Lo malo era que la
clientela no conocía el nombre de estos genios.
También es cierto es que todos debían ceñirse a un ”estilo Lelong”, por
lo que tampoco podrían haberse dado crédito por los diseños que seguían un
esquema impuesto por el patrón. Lelong
era un gran empresario cuya firma incluía también una delicada perfumería cuyos
productos hoy son imposibles de conseguir o recrear. En el periodo de entre
guerras, decir “Lelong” era decir elegancia. Entre sus clientas se contaban
Garbo, Dietrich y Colette.
Malkovich ha
creado un Lelong ambiguo, de gestos furtivos ¡y ese terrible acento! En realidad,
era un señor muy elegante, oficial condecorado, de buena familia y que gustaba
de las mujeres. Se casó tres veces. Un error de la serie fue decir que su
esposa era amiga de la mujer del jefe de policía. Para 1943, Lelong se había
divorciado de su esposa, una princesa rusa emparentada con Los Romanov.
Es divertido ver
que Lelong y Jean Cocteau trabajan juntos en El Teatro de la Moda sin rencores
y eso que ambos tenían su historia pasada. Natalia Paley, la esposa de Lelong
era mujer de escándalos. Conoció a Cocteau y, aunque el dramaturgo era abiertamente homosexual, tuvieron un affaire. La princesa se encontró
embarazada y se tuvo que divorciar. El niño murió antes de nacer, posiblemente
por la adicción a las drogas de la madre.
Natalia Paley había
sido modelo de su esposo. Uno de los detalles que caracterizaban a la Casa Lelong
era que las modelos pertenecían todas a la clase alta. Otras características
eran la fluidez de sus diseños y el uso de telas, como los crepes y la viscosa,
que permitiesen ese look casi líquido. Tan famosos como sus diseños eran sus perfumes
con nombres exóticos como Sirocco y Balalaika que venían en ánforas de cuello largo
diseñadas por Lalique.
En 1940 cuando Lelong
regresó del frente decidió no cerrar su tienda. Tenía más de mil operarios y no
quería dejarlos desempleados en un momento tan crítico. Lelong siguió generando
empleos y eso que los alemanes desde el primer día comenzaron a fastidiar con
la idea de cerrar las casas de moda y llevarse la industria del vestido
parisino a Berlín.
Apenas un mes después
del Armisticio, agentes de la Gestapo se presentaron en Maison Lelong, dizque
que para una inspección. Unos días más tarde regresaron y se llevaron los archivos.
Lelong hizo una protesta formal ante el general Otto Abetz , el mandamás alemán
en Paris. Los archivos fueron recuperados, pero la cosas siguieron su curso.
La serie nos
muestra un Lelong cobarde, sumiso, que teme desairar a los alemanes. Este “cobarde”
en la vida real protestó varias veces y finalmente se atrevió a emprender un
viaje del cual muchos podrían no volver. En su calidad de presidente de la Cámara
Sindical de la Alta Costura de Francia viajó solo y sin invitación a Berlín
donde se entrevistó con los altos jerarcas explicándoles que un traslado de la
industria parisina a Alemania era costoso e inviable. Así fue como “el cobarde Lelong”
salvó a la moda francesa y a todos sus operario, incluyendo a sus modistos.
Después de la
guerra, en esa etapa revanchista que nos muestra la serie, Lucien Lelong fue
enjuiciado. Solo se le encontró un ejemplo de colaboración formal. En una
ocasión había solicitado de las autoridades ocupantes una gran cantidad de
pases para que su equipo y sus modelos pudiesen montar una exhibición en la
Zona Libre.
Las Clientas
de Lelong
Da risa y rabia
que gente que, si colaboró activamente con el invasor como Marcel Rochas, Jacques Fath y Maggy Rouff, nunca fueron a juicio. Luego está ese absurdo
libelo de “vestir a las mujeres de los nazis”. Antes de la guerra, la Casa Lelong vestía a las actrices, a las
aristócratas, a las esposas de los empresarios y a las amantes de los
aristócratas y empresarios. En 1940 comenzó a diseñar para las actrices, las aristócratas,
las mujeres de los empresarios y las amantes de los aristócratas y empresarios.
Solo que durante la guerra toda esa clientela pasó a ser parte del universo colabo.
Un traje de Maison Lelong (1942)
Las actrices,
incluso, tenían permisos especiales de las autoridades para hacerse ropa. La serie
no miente, las telas finas eran tan escasas que valían oro. Los alemanes las
racionaban y cerraban casas de moda donde se adquirían géneros de forma clandestina
(eso pasó con Balenciaga). En 1943 se les prohibió a las francesas hacerse
vestidos largos para a noche. Las únicas a las que se les otorgaba una libreta
especial para gastar más en sus vestidos de fiesta eran las actrices.
Es cierto que
entre todas las clientas antiguas de Leong habría alguna esposa alemana o
francesa. Se sabe que Lelong diseñó ropa para Suzanne Abetz, la esposa francesa
del General Abetz. ¿Pero puede considerarse eso una traición a la patria?
He oído, pero no
he podido confirmar leyendas de que Lelong ayudó a la Resistencia pasándole
información adquirida en su trato con los poderosos del momento. He oído que
ayudó a judíos a huir. Se dice que Madame Gres se salvó gracias a él. Todo lo
que muestran del apoyo que recibe Dior de su jefe durante el arresto de Catherine,
es verdad. Entonces que se dejen de llamarlo “traidor”.
El juicio que
coincidió con la estupenda idea de Lelong del Teatro de la Moda fue un golpe
tremendo para el modisto. Aunque fue exculpado, el estrés de los años de luchar
contra los alemanes y la humillación de ser acusado de colaboracionista eran
demasiado. Otro golpe fue el abandono de Dior (y de Balmain) para abrir su
propia casa.
A fines de Los 40,
Lucien Lelong cerró su empresa y renunció
al título de presidente de la Cámara Sindical. Como cortesía, los miembros de
la Cámara lo nombraron presidente honorario. Lelong se mudó a Biarritz. Allá, en 1954,
volvería a casarse, tendría otra hija y moriría cuatro años más tarde. Francia,
la Alta Costura y los amigos de la moda estarían siempre en deuda con él.
Mal Elenco y
Poca Luz
A pesar del atroz
acento, me ha gustado lo que Malcovich ha hecho con el personaje de Lucien Lelong.
No puedo decir lo mismo de Ben Mendelssohn. El australiano interpreta al gran
modisto como si estuviese o borracho o despertando de una curda. Se bambolea
desorientado, siempre parece a punto de caer. Habla como disculpándose o
suplicando.
En la vida real, Christian Dior era muy tímido, pero no era
inseguro. Era supersticioso y creía en las clarividencias de Madame Delahaye,
pero no vivía de profecía en profecía. En la serie ni siquiera parece un hombre
responsable, capaz de crear un imperio e imponer un Look.
El elenco es otra
falla de la serie. Hugo Becker está totalmente perdido. Lo mismo se puede decir
de Jannis Niewohner. Walter Schellenberg era muchas cosas , pero no este
duendecillo retorcido lleno de muecas y gestos furtivos. Maisie Williams cumple
su rol de pesonaje-simbolo, pero Emily Mortimer es tan mala como actriz como de guionista. Creo que los
únicos que destacan son Juliette Binoche y Claes Bang que, aunque feo, tiene la magnífica figura (casi tan perfecta
como la de Pierce Brosnan) para interpretar a un gallardo playboy que esconde
su oscura personalidad de espía bajo modales cortesanos.
¿Recomiendo la
serie? Si, pero siempre y cuando conozcan los hechos verdaderos y se entienda que
en su afán de convertir la historia en ficción se hayan guardado los detalles más
jugosos de este momento tan importante de la moda y de la historia francesa.
¿Hay algo bueno? La actuación de Juliet Binoche, la preciosa
entrada y una escena que me encantó . La entrada es engañosa puesto que promete
lo que la serie no da; mucha luz y música adecuada. Aunque la musicalización
corresponde a la época, el equipo Kessler escogió temas anglos para abrir cada
episodio.
Con el caudal de música
que se compuso e interpretó en el país ocupado, que vio nacer a Edith Piaf y donde seguía
rasgueando la guitarra el gran gitano Django Reinhartd, pudo incluirse media docena de canciones
representativas del momento. Solo en los últimos episodios escuchamos a
cantantes de entonces Piaf y Tino Rossi. Hice una lista de reproducción en YT de las mejores piezas de esa época
que hubiesen quedado bien en la serie.
Mi escena
favorita de la serie es cuando Christian Dior va a La Gare d’Este a recibir a
Catherine que regresa del cautiverio. Vemos al modisto en un tumulto de
parientes de prisioneros. Tremendo juego de cámaras que los lleva por galerías
y escalinatas hasta la sala de recepción. La iluminación que se enfoca en los
ramilletes de lilas blancas que portan Dior y los otros (un detalle real) pone
un toque de esperanza y optimismo en medio de tanta tragedia. Qué pena que no haya
más escenas parecidas de las cuales hablar. (SPOILER: El desfile del capítulo
final también es una gran escena).
Contenido
Violento y Gory: Me
imagino que las escenas de tortura de Catherine y las he visto peores. Después
de todo la dejaron imposibilitada de tener hijos y no creo que fuese por culpa
del baignoir. En cuanto a Ravensbruck…parece película de Los 40 cuando
Hollywood todavía no sabía la realidad de los campos de exterminio.
Contenido Sexual
y Desnudos. Escenas de cama de Chanel y su alemán y de Catherine y Hervé. Dior y Jacques
intercambian un par de besos. Un topless de tres segundos de Maisie Williams.
Contenido
Feminista: Faux feminismo.
Mucho discurso “chaneliano” de cómo se sufre por ser mujer cuando Coco toda la
vida usó la cama como escalón. Hasta su máxima de que su moda “liberó” a las mujeres
es cuestionable. En realidad, la moda nunca ha sido feminista. La serie sufre
de un sutil slutshaming y de un temor a la sexualidad femenina desde la
cincuentonas Chanel y Lombardi discutiendo qué pueden sacarles a los hombres a
cambio de favores sexuales, hasta Catherine seduciendo alemanes para que los
maten sus amigos resistentes.
Factor Diversidad: A pesar de lo diversa que era la
sociedad parisina de Los 40, se ha escogido
mostrar solo personajes blancos sean alemanes o franceses. Los únicos judíos que
aparecen son los Hermanos Wertheimer que son retratados, uno como bobo y el otro como codicioso. La
serie nunca explica bien que la sociedad era legal y la única que pecó de atolondrada
fue Chanel al aceptar 10% de un negocio en el que solo tuvo que poner su nombre.
A pesar de que en
La Familia Dior hay problemas mentales, se ha optado por no especificar las
razones por la cual Bernard está en un asilo o Raymond intentó suicidarse. La
idea es que la única víctima aquí sea Chanel.
La homosexualidad de Dior es un tema terciatio, a pesar de que es parte de una peña gay de modistos. No se menciona que Vaufreland era gay ni la posible bisexualidad de Chanel.
Momento cariñoso entre Jacques y DiorBIBLIOGRAFIA CONSULTADA
Chaney, Lisa. Coco Chanel: An Intimate Life: 2012
De Courcy, Anne: Chanel’s Riviera: Glamour, Decadence and
Survival in Peace and War 1930-1944.2020
Fiemeyer, Isabelle: Chanel, The Enigma. 2016
Frame, Alan: Toto Koopman &Coco Chanel: Spies, Seduction
and the Fight for Survival.2020
Picardie, Justine: Coco Chanel, New Edition: The Legend and the Life.2023
Riding, Alan: And the Show Went On: Cultural Life in
Nazi-Occupied Paris. 2011
Sebbas, Anne: Les Parisiennes: How the Women of Paris Lived,
Loved and Died Under the Nazis. 2016
Vaughn, Hal: Sleeping with the Enemy: Coco Chanel’s
Secret War. 2011











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