La semana pasada recordábamos
el aniversario de “Julia “y la campaña de criticas que sufriera el show y su
protagonista, Diahann Carroll. En este 2018, también se celebran cuarenta años
de otro hito de la televisión de los 70s, la miniserie “Holocausto”. A pesar de que está considerada pasada de moda y se la culpa
de iniciar una serie de clichés que hoy se asocian al tema, me sorprendió saber
que las criticas la acompañaron desde la noche de su nacimiento, y que su máximo detractor fuera un judío, Sir Elie Wiesel.
Cada vez que disputo sobre la representación del Holocausto en
ficción, sea con negacionistas, neo nazis, pro-causa palestina o simplemente
gente aburrida con tanto filme parecido, sacan a relucir a “La Industria del Holocausto”
y la obra que mayor critica recibe es la miniserie “Holocausto”. Los reproches
se resumen en “¡qué mala es y tan llena de clichés!” Eso me causa risa porque
los clichés nacieron después. “Holocausto” (versión en
inglés), que debutará en la televisión en abril de 1978, los inventó.
Es difícil para
los nacidos después de 1980 imaginarse que a fines de los Setentas no había tal
cosa como “Industria del Holocausto”. Los sobrevivientes cargaban sus recuerdos
en silencio y con vergüenza, no existía un punto de referencia para hablar del
exterminio nazi o de los campos de concentración. Les recomiendo un excelente
documental “Imaginary Witness: Hollywood and the Holocaust”(Testigo imaginario:
Hollywood y el Holocausto) que describe, en orden cronológico, la evolución del tema en cine y televisión.
Aunque había filmes ( “The Juggler”, ”The Pawnbroker”y
hasta un episodio de “La galería nocturna”) que giraban en torno a sobrevivientes
de campos de concentración, la realidad de los lagers era algo que solo se podía leer en textos de historia o
memorias como la trilogía de Primo Levi o la Noche de Elie Wiesel. Fue precisamente Sir Elie quien usaría el
lenguaje más fuerte en contra de “Holocausto” acusándola de ser “untrue,
offensive, and cheap” (falsa, ofensiva y de poco valor). Tengo que
hacer un esfuerzo para acercarme a su
postura, y la de otros sobrevivientes, y darme cuenta del shock de ver su tragedia enmarcada en la pantalla de su televisor. Era impensable
porque se trataba de algo no visto hasta entonces.
Yo creo que todo
actor histórico que ve su experiencia en pantalla (por ejemplo los mineros ante
“Los 100”) se siente mal representado y desprestigiado. La experiencia de
Auschwitz había sido parte del cine europeo desde que Wanda Jakuwoska, recién liberada,
dirigiera “La última etapa” (Polonia, 1945). Para 1978, existían algunas joyas
del género como la tristísima “Kapo” (1960), una coproducción ítalo-yugoeslava que narraba
la necesidad de una sobreviviente (Susan Strasberg) de ocultar su pasado como
guardia de sus compañeros de cautiverio. Aunque la academia galardonaba esas
cintas, muy pocos estadounidense (aun los judíos) las veían puesto que solo circulaban en cines especializados y por poco tiempo en
cartelera.
Aun cuando yo
había visto filmes sobre criminales de guerra (“El Juicio de Nuremberg”, la
miniserie “QB VII “, The Man in the Glass Booth”) y sobre la persecución de los
judíos (El Viaje de los Malditos y El Diario de Ana Frank), la vida en los lagers era algo que conocía solo de
libros o de testimonios personales de los sobrevivientes. Aparté de documentales,
los únicos ejemplos de dramatización de los campos de concentración en mi memoria
eran de un filme de Spencer Tracy “La Séptima Cruz” (1944) y las “7 Bellezas”” de Lina Wermuller (Italia, 1976).
Curiosamente, ninguna
de estas películas se enfocaban en la
experiencia judía. “Holocausto”
(versión en español) por primera vez me puso cara cara con lo que me podría haber pasado de haber vivido
en ese tiempo, con lo que les había pasado a las tías de mi madre (tres míticas benefactoras que
velaron sobre mi cuna y que como Las Parcas, respondían solo a nombres de pila:
Elvira, Sasha, y Flora).
Lo que Elie
Wiesel no notaba es que para 1978, la
ausencia de datos históricos , de rostros humanos, de aspectos tangibles que
respetar o sacralizar, estaban generando
un cine
peligroso. Teníamos parodias de la vida en campos de concentración (“7
Bellezas”): filmes de horror (“Los niños
de Brasil”): erótica (“El portero de la noche”) y un tipo de pornografía que
usaba los crímenes del Nazismo para excitar sexualmente. Conocida como Nazixplotation nos brindó títulos como “Ilsa,
La Loba de la SS”(1974) y “La Ultima Orgia de la Gestapo” (1977).
Lo primero que
hay que agradecer a “Holocausto”, es que al examinar ese periodo desde una perspectiva de
cultura popular, nos permitió a muchos judíos salir del closet otorgándonos un vínculo
en común. Hasta 1976, yo no había practicado
la religión judía, hasta 1970 yo ni sabía que era judía. Mi interés por el
Holocausto fue una manera de crearme una identidad cultural.
Cuando llegue a
mi escuela, Ezra Academy of Queens, en
1976, no sabía leer en hebreo, no conocía ninguna oración judaica, pero podía
debatir el tema del Holocausto con compañeros y maestros cuyos padres habían
huido de la persecución nazi, o eran sobrevivientes de Auschwitz.
Lo que hoy
llamaríamos “iniciar una conversación sobre el tema” estaba flotando en el zeitgeist de los 70. “Holocausto” llegó
en el momento indicado. En esa década se
había despertado un interés por sagas “étnicas”. Las minorías estaban
buscando sus raíces culturales dentro del cine y la televisión: Los Italianos
con “El Padrino”; los irlandeses con “Capitanes y Reyes” y luego “Los Manions
de América”: y por supuesto, ya existía
la épica de la tragedia afro-americana “Raíces”. Sin “Roots” no hubiese existido “Holocausto”.
Los productores
quisieron establecer un lazo entre
ambas. Tal como “Roots” lleva como subtitulo “La historia de una familia americana”,
“Holocausto” fue subtitulada “La
historia de La Familia Weiss”. Eso
también provocó la ira de Sir Elie Weisel. “Holocausto” era la tercera serie en
la historia de la televisión en retratar el exterminio nazi. La primera fue una
versión de El Diario de Ana Frank
(1963),siendo la segunda la adaptación
de QB
VII de Leon Uris (1974). Solo que Los Frank eran seres de carne y hueso,
Otto Frank todavía estaba vivo, tal como
mucha gente que había conocido a su familia.
“QB VII” estaba
basada en la demanda legal que había impuesto el Dr. Wirth en contra de Uris. Había
una base real para esa visión fílmica de los experimentos médicos nazis. Amen
que ninguna de las mencionadas describía
visualmente el martirio de los judíos fuera o dentro de un lager. En cambio, ahora, tanto Sir Elie como otros sobrevivientes, tenían que sufrir la ignominia de ver su
horror, desplegado como un retablo de marionetas, en la pantalla chica.
La narrativa imaginaria
era el mayor punto de disputa. Se podía revivir el pasado doloroso dentro de un
marco de documental, pero esta telenovela, con romances, escenas de cama y
peleas domésticas, ofendía la
sensibilidad de las víctimas. Como diría el escritor inglés Dennis Potter , en The Sunday Times, ” el pecado de “Holocausto”
fue “ser una telenovela demasiado buena”. Un temor de Sir Elie era que los
negacionistas se aferrasen a esta nueva forma de ficción como prueba de la irrealidad
del Holocausto. O que futuras generaciones (y no estaba muy descaminado) se
desensibilizaran del tema viéndolo como otro relato artificioso basado en un
granito de verdad.
Molly Haskell
iría mas lejos “¿Como pueden, como se atreven, los actores a imaginar que
pueden hacernos sentir como era..? ” y sigue en la misma vena de Sir Elie
Wiesel, hablando de sacrilegio y acusando al reparto de ”Holocausto “de transgredir la prohibición judaica de
reproducir imágenes(citado en While América
Watches: Televizing the Holocaust de Jeffrey Shandler Dorot). Si fuera por
eso, debió haberse protestado en contra de las épicas bíblicas de Cecil B De
Mille.
No quiero ser
burlesca. Me doy cuenta del shock que debe haber experimentado una generación
para la cual el Holocausto fue una realidad diaria. Aun así, el formato de Soap Opera nos permitía darle un rostro
humano y acercarnos más a un pasado trágico.
Algo más tangible en la recepción del publico gentil, puesto que para muchos lo que veían constituía
una total novedad. Por eso se ha hablado que Gerald Greene, el libretista, escribió un minicurso sobre el tema. Mas
adelante, Green publicaría su libreto en formato de novela donde agregaría más contenido a la trama.
Hora de dar una
breve sinopsis a quienes nunca vieron las ocho horas (cuatro noches) que
componen la miniserie. El primer capítulo abre en Berlín 1935, dos años después
de la ascensión de Hitler al poder , pero todavía antes de las promulgación de
las Leyes de Nuremberg. Eso permite la boda del pintor judío Karl Weiss (James
Woods) con la alemana aria Inga Helms (una entonces desconocida Meryl Streep).
Presentes están los parientes, los Helms
nada contentos con ese matrimonio, y los
Weiss.
Karl es el hijo mayor del Dr. Joseph Weiss
(Fritz Weaver), un inmigrante polaco que ha hecho fortuna en Berlín, y de su esposa Berta Palitz Weiss (Rosemary
Harris) una dama de sociedad, pianista, descendiente de varias generaciones de judíos
alemanes. Sus otros hijos son Rudi (Joseph Bottoms), un estudiante más interesado en el futbol que
en los libros, y su hermanita Anna
(Blanche Baker), la consentida de la
familia.
La serie va desarrollando
los eventos que llevan a la exterminación de los judíos. Los Weiss sobreviven
el Ghetto de Varsovia, pero ambos perecerán en Auschwitz. Joseph saltará de
campo en campo, de Buchenwald a Theresienstad; de Theresienstad a Auschwitz
donde muere horas antes de la liberación, Inga, que lo ha acompañado hasta Theresienstad ,
sobrevive junto con su bebé. Anna, tras ser violada por Nazis borrachos, pierde
la razón y es víctima de la campaña de exterminio de los enfermos mentales del
Tercer Reich.
Rudi, el único de
la familia que cree en resistir, huye a Praga, se casa con una judía checa
(Tovah Feldshuh), y se unen a los partisanos. Pero en el bosque, los alemanes matan a su esposa y Rudi es
llevado a Sobibor de donde escapa durante la revuelta. Es el único de los hijos
del Doctor Weiss que sobrevive el Holocausto, y acaba la miniserie con él a punto de viajar a Palestina.
Esta es la soap
opera que muchos críticos definieron
como una trivialización de la tragedia, pero parafraseando al gran Paddy Chayesvky: “televisión” y “trivialización” se escriben
con las mismas letras. Del momento que el exterminio Nazi pasaba a la cultura
televisiva se convertía en algo trivial. Sin embargo, eso no implicaba que no fuera
efectivo o necesario.
Como explicó Tom
Shales en el
Washington Post: “La
televisión tiene la capacidad, pocas veces usada, de convertir lo abstracto, aun lo inimaginable, en algo personal y
particular”. Sin embargo para el critico
de cine John O’Connor, escribiendo en el New
York Times, resultaba repugnante ver tanta masacre en la televisión abierta
y más encima ser interrumpido por spots comerciales. ¡Sobre todo porque uno de
los patrocinadores era el mata gérmenes Lysol! (mata gérmenes =mata judíos).
Aun así, el
intervalo comercial era bienvenido por muchas familias que usaban ese momento
para calmarse e iniciar una conversación sobre lo visto. Yo recuerdo que en
casa, durante comerciales, hubo carreras
al baño, mi mamá pidió un vaso de agua para calmar los nervios, y yo me fui a
la cocina a llorar a oscuras en un rincón.
En Alemania Democrática donde la miniserie se pasó en
mayo del ‘78, no había comerciales en ese entonces, pero la cadena que
presentaba “Holocausto” se vio colapsada con llamadas telefónicas. Como
previsión habían invitado a tres historiadores para responder las consultas de
la audiencia y no se daban abasto. Para jóvenes alemanes que hasta hoy casi no
reciben información sobre el nazismo y el Tercer Reich en la escuela, esto era
una novedad pavorosa. Sus preguntas iniciaban siempre con un “¿es esto real?”, “¿pasó en Alemania?”
La conmoción
provocada por “Holocausto” fue tal que en Coblenza, los neonazis cortaron los cables eléctricos
dejando a miles casas sin televisión por una hora. Aun así, la maniobra no impidió el interés en el show
ni el debate que se inició en Alemania a raíz de la miniserie. Una de las reacciones fue que no se aprobara la ley que pedía que el
estatuto sobre crímenes nazis en Alemania expirara a partir de diciembre de
1979.
Parte de ese
impacto nacía del hecho de que los Weiss eran alemanes, y que la mayoría de los
hechos ocurría en suelo alemán. Otro motivo de critica que recibió la miniserie
fue crear el drama en torno a judíos alemanes totalmente asimilados y
patrióticos. Tanta molestia provocó a una comunidad judía de Connecticut, compuesta por sobrevivientes de la Europa
Oriental , que escribieron cada uno su propia experiencia durante la Shoah (así
se llama al Holocausto en hebreo) y lo llevaron a la Universidad de Yale que
creó una sección en su biblioteca para conservar esas memorias. Me parece muy legítimo.
Si lo puedes hacer mejor, hazlo, pero esos testigos no hubiesen rendido
testimonio si no hubiesen sido fustigados por “Holocausto”.
La razón para
situar la acción en Alemania se debe a que en ese país se originó la
persecución. Si se quería mostrar como afectaban a los Weiss eventos tales como
las Leyes de Nuremberg en 1935; Kristalnachnt en 1938 (creo que es el único ejemplo
de una dramatización de ese evento); Buchenwald, uno de los primeros campos alemanes donde va a
parar Karl; la expulsión de los judíos polacos que separa al Dr. Weiss de su familia; y la eutanasia en
el Tercer Reich, la acción debía trasladarse
a suelo germano.
Existía otra
razón para hacer a los Weiss una familia alemana. Su grado de asimilación los
hacia identificables a cualquier espectador occidental. Por último, era
necesario que los Weiss fueran berlineses para crearles algún vínculo con Erik
Dorf (Michael Moriarty( y su familia. Dorf, que según mi padre y muchos era el
personaje mas interesante de la historia, también es un punto de controversia.
Gerald Green crea
a este abogado ario, totalmente apolítico, para mostrar el rostro humano del nazismo. Empujado
por la necesidad, y en busca de un empleo, Dorf se une a la SS. Reinhard
Heidrich (David Warner), jefe de la organización, reconoce los méritos
administrativos y legales de Dorf y lo convierte en su mano derecha. Dorf
emplea sus conocimientos de abogado para trazar La Solución Final, el
exterminio de los judíos, la creación de los campos de la muerte y los
subterfugios que pueden legalizar toda esa maquinaria.
Para muchos, era escandaloso ver a un hombre urbano, gentil y
atractivo, hablar y dictar medida sobre
un asesinato en masa. Fue un modo muy efectivo de mostrar que no todos los
Nazis eran monstruos psicópatas sino gente común y corriente. La queja de Sir
Elie Weisel es que Dorf parecía representar a todos los involucrados en la
guerra contra los judíos, y que se le
daba demasiada importancia a un personaje ficticio.
En realidad no
tan ficticio. Green basó a Dorf en Otto Ohlendorf, abogado, economista y alto
jerarca de la SS, que fue juzgado en
Nuremberg por crímenes en contra de la humanidad. El personaje de Dorf aunque
importante, no es el único nazi presente. Otros jerarcas como Heydrich, Himmler
y Eichmann también hacen acto de presencia.
Uno de los
grandes méritos de Holocausto como
novela, es que en ella Greene usa como fuentes de autoridad los recuerdos de
los sobrevivientes de la Familia Weiss, Rudi e Inga; cartas dejadas por los Weiss; y el diario
secreto de Dorf que ha caído en manos de Rudi, en sus esfuerzos por recabar datos
sobre su familia. En el diario hay mucha más información sobre el trabajo de
Dorf, su filosofía que explica su participación en el exterminio, y su
descripción de la Conferencia de Wansee a la que asiste. Esta conferencia,
donde se le dio luz verde a la Solución Final, también aparece en la serie.
Viendo ahora “Holocausto”
es difícil imaginarse el nivel de importancia que tuvo en su momento como
inicio de una discusión que todavía no tiene punto final. La miniserie llegó en
el momento exacto para romper silencios y tabúes, para informar y para cambiar percepciones.
Los Setenta habían iniciado con el boicot árabe
del petróleo en 1972, lo que suscitó alzas y escases de combustible en
Occidente. El ciudadano medio culpaba a Israel y de ahí a un surgimiento del antisemitismo
había solo un paso.Ese mismo año tenía lugar la masacre de los atletas israelies en las Olimpiadas de Munich. En 1975, la ONU declaraba al sionismo como una forma de
racismo. En el mismo Israel había un sentimiento de temor hacía nuevas formas
de antisemitismo. En 1973, La Guerra de Yom Kippur en la que nueve países
árabes( + Cuba) atacaron intempestivamente
a Israel en el día más sagrado del calendario judío, demostró cuan vulnerable
era la nación judía.
En 1976, después de la incursión al aeropuerto
de Entebbe, en Uganda, para rescatar a 103 viajeros israelíes y judíos no-israelíes
(más la tripulación del avión de Air
France que no quiso abandonar a los secuestrados) se descubrió que entre los secuestradores
había dos terroristas alemanes, Wilfried Bose y Brigitte Kuhlmann. Como le
dijera a Bose, Yitzhak David , uno de los rehenes y sobreviviente de Auschwitz, “Alemania
no ha cambiado”.
![]() |
Daniel Bruhl como Bose y Rosemond Pike como Kuhlmann en "7 Días en Entebbe" |
Ni Alemania, ni los nazis, ni la tolerancia del
mundo con el antisemitismo. En 1977, el
Partido Nazi Americano (National Socialist Party of America) decidió usar el
pueblito de Skokie, en Illinois, como espacio para una marcha y un rally. No
era coincidencia que el 40% de los habitantes de Skokie fueran judíos, la
mayoría sobrevivientes del Holocausto. Las autoridades prohibieron la marcha,
los nazis llevaron el caso a tribunales. Con el apoyo de la Unión de Libertades
Civiles de America, ganaron el caso puesto que se demostró que aunque la
suástica podía ser considerada ofensiva, ni el uniforme nazi, ni los panfletos,
ni el propósito del rally o del partido lo eran. Finalmente, el evento tuvo
lugar , no en Skokie, pero en el gran Chicago.
![]() |
Rally Nazi en Chicago (1972) |
![]() |
Nazis amparandose en el derecho a la libertad de expresión |
Todo estos
sucesos nos tenían a los judíos, y no
solo la generación del Holocausto, nerviosos. La miniserie con todos sus bemoles
fue catártica e instrumental para establecer un dialogo necesario entre judíos
y gentiles, y entre los mismos judíos. Ahora no solo lo textos de historia y
documentos podían ser usados como instrumentos didácticos.
Los filmes del Holocausto
que seguirían a la miniserie no se basarían en ficción (a menos que fueran
adaptaciones de novelas premiadas como
Sophie’s Choice de William Styron; o
The Winds of War y War and Remembrace de Herman Wouk).
![]() |
Jane Seymour en "War and Remembrance" y Meryl Streep en "Sophie's Choice" |
Revisando las
listas de dramatizaciones del Holocausto de los 80s tanto cine como televisión
se abocan a memorias como “”Playing for Time” (1980)basada en los recuerdos de
Fania Fenelon de sus días de miembro de la orquesta de Auschwitz;
”Escape From Sobibor”
(1987) basada en los testimonios de los sobrevientes del escape masivo más
grande de un campo de exterminio;
“Triumph of the Spirit”
(¡989)la historia real de las experiencias en Auschwitz del campeón de boxeo
griego Salamo Arouch (Willem Dafoe), uno de los pocos ejemplos de narrar la
experiencia sefardita en la Shoah, y por
supuesto, “ Schindler List” (1994).
Puedo casi
apostar que es cuando se inventan situaciones y personajes y se decae en “La Fórmula”
(Léase victimismo, personajes estereotipados
y dramatismo sentimentaloide y exagerado) cuando el nivel del relato pierde
fuerza y mérito. Pero incluso en este
siglo, “La Fórmula” ha atrapado historias basadas en hechos reales. Por eso tanto “El Pianista”(2002) como “The Zookeper’s Wife”(2016)me han dejado
fría. También porque no muestran nada novedoso.
Siento más
respeto por los Bastardos de Tarantino. Primero, porque el bandido de Tarantino siempre está
parodiando géneros ya existentes de pulp
fiction. Segundo porque la novedad de su Fabula/ Fantasía judía (baleamos a
Hitler, matamos a palos a los Nazis, mutilamos a los que quieren exterminarnos)
me parece más legitima que otras entelequias lacrimógenas, melindrosas y sin
sustancia como “ El niño del piyama a
rayas”, “El tren de la alegría “y la
repulsiva “La Vita e Bella” Al menos nadie puede acusar a Tarentino de
perpetuar un lugar común que Sir Elie encontró en “Holocausto”: la pasividad judía ante la agresión Nazi.
“Holocausto” originó
muchas preguntas. La primera es cómo llegaron
Hitler y sus Nazis al poder. Para eso es bueno ver una serie como “Babylon Berlin” que
muestra el estado de la Alemania
pre-hitleriana, sumida en crisis económica y violencia política. La segunda es cómo
Occidente permitió que llegaran las cosas hasta tal punto. Uff, para eso hay
literatura a grane y una larga lista de motivos.
La ultima pregunta y la más exasperante es “¿por qué los judíos no se defendieron?. Es como cuestionar por qué una mujer abusada (o un niño o un viejo) deja que lo golpeen. Aparte de simplona, la mera pregunta implica responsabilidad de la víctima en el abuso.
La ultima pregunta y la más exasperante es “¿por qué los judíos no se defendieron?. Es como cuestionar por qué una mujer abusada (o un niño o un viejo) deja que lo golpeen. Aparte de simplona, la mera pregunta implica responsabilidad de la víctima en el abuso.
Pero volviendo al
tema puntual de “Holocausto”, otra novedad que impuso la miniserie fue mostrar
la resistencia judía: el alzamiento del Ghetto de Varsovia, los partisanos, la
revuelta y escape masivo de Sobibor. De
hecho la serie está dedicada a “those who fought back”. Eso también motivó la crítica
de Sir Elie puesto que presuponía que los únicos sobrevivientes dignos de
admiración eran los resistentes.
Ni tanto. Rudy Weiss
sobrevive porque desde que se lía a golpes con Hitlerjugends
en las calles berlinesas, es el “peleador” de la familia. Pero su esposa Elena,
tan partisana como él, muere en un enfrentamiento con soldados. Rudi escapa de Sobibor, pero de los 300 judíos
que huyeron de ese campo solo sobrevivieron 58 (y a uno de ellos, Leon
Feldheimer, lo mataron los polacos en el pogromo de Lublin después de la
guerra). Rebelarse no es sinónimo de sobrevivir.
Sin embargo para
Sir Elie Wiesel ese fue un punto de crítica, lo que él llamaba “”el tema obsesivo de la
resignación judía”. “¿Seremos de nuevo sujetos
al debate del pasividad judía versus heroísmo judío? fue su pregunta.
Lamentablemente es un tema que siempre se pondrá en la mesa y que se origina en
la ignorancia de las circunstancias en que se dieron esos ejemplos de “pasividad”
y de “heroísmo” . Por otro lado hay quienes ven en la resistencia judía una excusa
para que los alemanes se “defendieran” de la agresión de esos untermenchen.
Deberíamos ver
que otras formas de resistir encontraron las víctimas. Holocausto nos lo
muestra en el personaje de Karl Weiss (James Wood), el más maltratado de su
familia. Karl es arrestado después de la Noche de los Cristales Rotos. No hay
cargos contra el (todo es una faramalla de un Nazi que quiere acostarse con la
mujer del pintor).
Karl es llevado a
Buchenwald. Allá se le piden los datos. Hay un preso antes que el pintor en la
fila . “Nombre de la puta que te parió” es la primera pregunta. “Mi mamá no era puta”es la respuesta.
Enseguida al preso se le golpea hasta hacerle perder el conocimiento. Llega el
turno de Karl. Comienza rechazando la soez pregunta . “Mi madre no es puta” "¡Todas las judías son putas!" "Pero mi madre..." Un palo
Aprendida la lección, da el nombre de su madre, pero cuando la sigue “nombre
del cafiche que la violó”Karl
rápidamente se da cuenta que no se puede resistir en este espacio y responde
“Joseph Weiss” sin pestañear.
Resistir significa a veces seguir las reglas
del juego. Más adelante, Karl es castigado (no recuerdo el motivo) y es
colgado de los brazos de un poste por varios días. A punto de sucumbir, es revivido por un compañero de martirio que
le recuerda que la vida es todo lo que tiene, lo mas valioso. De nuevo, otra
manera de resistir.
Inga (M. Streep)
la esposa de Karl se acuesta con el nazi para conseguir que al marido lo
trasladen al supuesto campo “modelo “de Terezin (Theresienstad) en Checoeslovaquia, y decide acompañarlo. En la
fortaleza de Terezin, está prohibido guardar récords de la vida cuotidiana, no
pueden los presos ni sacar fotografía, ni mantener diarios, ni hacer dibujos. Karl se une a un grupo de
artistas (esto también es real) que clandestinamente mantienen un registro de
los sufrimientos y privaciones de los internados en la fortaleza. Karl es descubierto
y horriblemente torturado. Le quiebran las manos y lo envían a Auschwitz.
Milagrosamente,
Karl sobrevive, pero ya no puede dibujar. Un día consigue un trozo de carbón y
comienza a trazar figuras. Aunque su arte no es lo que fue, se reconocen en sus
dibujos las imágenes de pesadilla del lager.
Karl muere, pero un compañero salva esos últimos bosquejos y se los hace llegar
a Inga.
Antes de
terminar, quiero hacer un resumen de los logros de una serie que tuvo muchos
errores (geográficos, las descripciones de la vida religiosa judía, etc.), pero
que fue una puerta que se abrió para
permitir que el Holocausto se convirtiese en parte de la imaginación popular
norteamericana (y tal vez Occidental). 120 millones de personas vieron “Holocausto”
en Estados Unidos. Uno de ellos fue el Presidente Jimmy Carter. Un mes después
de la trasmisión de la miniserie, Carter firmó un permiso para la creación de
La Comisión del Holocausto que devendría en la construcción del Museo del Holocausto
en Washington.
Las sustanciales críticas
de Sir Elie Wiesel no cayeron en saco roto. En base a ellas, los “guardianes de
la memoria “, ósea universidades y bibliotecas crearon proyectos de cultura
oral que permitieron a miles de sobrevivientes narrar su historia para luego estas ser guardadas en colecciones especiales.
En 1979, Fortunoff creaba un archivo de
video dedicado totalmente a recaudar testimonios de sobrevivientes. Joanne
Rudoff , una de las entrevistadoras, explicó el motivo del archivo: “Se les ha quitado todo (a los sobrevivientes).
Ahora la televisión también pretende
quitarles sus historias”.
Hoy en día me da
un poco de pudor pedir a quien nunca haya visto “Holocausto “que la vea. Hay
escenas cuya calidad estética llega al borde del kitsch. Otras son obras de
arte. Todavía nadie ha encontrado fallas en la soberbia actuación de M. Streep
y para mí la escena en que corre tras el camión que se lleva a su marido a
Auschwitz es equivalente a la de Ana Magnani en “Roma Citta Aperta”.
Sin embargo,
encuentro ese mismo exagerado melodrama o ese mal gusto en casi todo filme del
Holocausto de este siglo. Es como si realmente llegáramos al punto de lo
trivial, de la caricatura que temía Sir Elie. Lo peor es que todo es tan
conocido, tan cliché. Se han creado veinte imágenes de la Shoah que se repiten
hasta la náusea, y gente que todavía no entiende el significado o magnitud se ríe a mandíbula batiente o se aleja bostezando.
Lo extraordinario
es que hay mucho sobre el Holocausto y el periodo nazi que mostrar. Aunque a
muchos judíos les moleste, en los lagers
murió gente que no era judía y eso es importante en esta era de
neo-antisemitismo, recordar que en un universo totalitario, donde la lógica y
la sensibilidad humanas pierden relevancia, todos estamos en peligro