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miércoles, 9 de septiembre de 2020

Oscuro Deseo: Mas Allá de las Pechugas de Maite Perroni

 


Cada vez que le menciono a alguien que estoy viendo “Oscuro Deseo”lo nuevo de Argos-vía-Netflix me salen con la preguntadera: “¿Y Maite sale encuerada?”, “¿En serio?”, “¿Enseña las tetas?”.  Si señores, Maite Perroni Beorlegui muestra senos, muestra pezones, muestra cola…Ya superado esto… ¿podemos hablar de la serie?

La Dra. Alma Solares es una catedrática de Derecho Penal. Tiene como 40 años, lleva veinte de casada con el Juez Leonardo Solares (Jorge Poza), y tiene una hija universitaria. Su ordenada y controlada vida es interrumpida por la certeza de que el marido la engaña. Va a consolarse a Cuernavaca con Brenda (Maria Fernanda Yepes), su amiga de la infancia.

Lo que la abogada espera sean unos días de reflexión acaba cuando acepta el desafío de Brenda (¿también, quién quiere pasarse el fin de semana con Rosario Tijeras?) de irse a una disco y “cogerse” a un desconocido. “Es solo sexo” insiste Brenda. Así Alma termina en la cama con Darío (Alejandro Speitzer), un joven de 25 años.



Al día siguiente, Alma cree que lo arregla todo expulsándolo de su casa y de su vida y que ha protegido su identidad fingiendo ser “Brenda”, una corredora de propiedades. Solo descubre su error cuando, al comienzo del año universitario, la Dra. Solares (¿por qué no Licenciada?) se encuentra a Darío entre sus nuevos alumnos.

La trama se complica con el suicidio de Brendasuicidio que pudo ser asesinatoy la investigación llevada cabo por Enrique Solares (Erick Hayser), el cuñado de Alma que era amante de la difunta. Pronto Alma está de regreso en la cama con Darío. Pronto más y más personas se enteran de su affaire y nos vamos enterando de verdades que nadie quiere que se sepan.



Una Abundancia de Pistolas de Chejov

 Lo único seguro es que en cada capítulo tendremos a Alma arriba, abajo, al costado de Darío (y de su esposo también) y que lo que creímos una pista en el capítulo anterior fue una pistola de Chejov. Los falsos McGuffin ( como los videos de la camara de vigilancia de Brenda) no escasean y hasta el final andamos sospechando de supuestos asesinos de Brenda.

El error está en el crimen que les adjudicamos no en la desconfianza que nos inspiran puesto que nadie es bueno o libre de pecado en esta fábula de la cual no llegamos a conocer la moraleja. ¿Que ningún matrimonio es perfecto? ¿Que los que crees tus amigos no lo son? ¿Qué un polvo o cien pueden salirte caros? O tal vez esa barbaridad que musita Alma a su clase en el penúltimo episodio, de que es la sociedad la que nos obliga a enamorarnos (WTF?)

A lo mejor es que la serie es demasiado larga (18 episodios), y como tenemos escena sexual en cada capítulo, se nos olvida todo y cuando volvemos a la trama “seria” nos confundimos más. Lo que sí, es que ya al comienzo yo me olí que esto iba devenir en una fórmula viejita, pero muy apreciada por el público mexicano. O sea que, en una de esas, harto de los melindres de Alma, Darío se iba a encamar con Zoé (Regina Pavón), la hija de ella.



Parece ser un tropo de cine mexicano de fines del Siglo XX, se me ocurren varias películas, desde el triángulo Amparito Rivelles-Susana Dosamantes-Carlos Piñar en “Remolino de Pasiones” (1970) a Sonia Infante-Humberto Zurita-Angela Alatriste en “Los PlaceresOcultos” (1989). Hasta Inés Rodena escribió un libreto de telenovelas que giraba alrededor del tema y la última versión de “Amada Enemiga” (1997) tuvo final feliz cuando Susana Dosamantes le regalaba a la hija (Dominika Paleta) y al yerno-amante (Enrique Ibáñez) su vientre para tener un nieto.






Pero más cercano aun,  hemos visto esa fórmula en otra producción de Argos. En “Capadocia” (2008), Dolores Heredia tenía amores con su estudiante de un curso de Leyes. Cuando terminaba con él, el chico vengativo seducía a la hija de su maestra. Aquí han tratado de matizar el tema con:  SPOILERS la hija resulta ser gay y la revancha viene desde el comienzo ya que Darío se las tiene jurada al Juez Solares que al final resulta ser un buen cerdo.

¿Erótica o Soft Porn?

Yo sé que esto es un thriller erótico y como tal es lo que pide la gente en sus encierros pandémicos, pero como las 50 sombras y todas sus secuelas, me deja fría. Es que yo no puedo excitarme viendo a Speitzer encuerado (¡pero si es mi Rayito de Luz!) y Maite… por primera vez no me puedo meter en su pellejo y conste que lo he podido hacer hasta cuando se disfrazó de vaca en “Antes Muerta que Lichita”.







La Vaca Lichita


Yo soy muy particular en lo que respecta al erotismo en cine y televisión. Será porque siempre me calienta más el sexo en papel. Antes de tragarme el primer episodio de “Oscuro Deseo”, yo acababa de ver “Vértigo” y estaba en el mood perfecto. Yo sé que X, Millenials y Z se preguntarán que cómo puedo encontrar erótica una película donde nadie muestra piel y no pasan de besos (¡pero que besos, Señor mío).




“Oscuro Deseo” y “Vértigo” comparten los temas de mentiras del pasado, trampas de hoy, misterio, suspenso, y obsesión sexual.  Solo que “Oscuro Deseo” no llega al nivel de un filme de Hitchcock. No descuella ni como thriller ni como pornografía. Está más cerca de caer al nivel de obras de la erótica italiana más camp de los 80 como” Il Piacere” o “Il Miele del Diavolo”.




Como esas películas, “Oscuro Deseo” no muestra desnudos frontales masculinos, sus escenas de sexo (sin ser descuidadas) son obviamente trucadas, y se precia de encajarlas en una trama enmarañada. Me temo que los argumentos del soft porn italiano eran más creíbles y sus protagonistas personajes más coherentes.

Maite Perroni ha hecho declaraciones que quiere dejar atrás su imagen de niña buena de las telenovelas y adentrarse por otros caminos. Sorprende que en plena Era Me Too, estos otros caminos la lleven a quitarse la ropa, a aparecer en escenas subidas de tono, y a interpretar a una mujer tan descontrolada que es fácilmente manipulada por los hombres.

Desde Lucero que la telenovela mexicana no había tenido tan buena protagonista como Maite. Su talento quedó en evidencia en “Mi Pecado” (2010), la última gran novela de Televisa. Hubiese esperado de ella mejores papeles, un rumbo que la elevase, pero desgraciadamente, en su entorno esto es lo que hay. Argos ha aprovechado de cambiar la imagen ingenua de Maite Perroni y a la vez de satisfacer las fantasías de quienes se obsesionaron con ella al verla como Marichuy, Maria Desamparada, y Esmeralda, La Gata, sus roles icónicos.








Marichuy


Alma, La Incomprensible

De todos los personajes de la serie, Alma es la más incomprensible. Se supone que su revolcón con Darío fue producto (al menos así se lo presenta a su cuñado) de su frustración al saberse cornuda. Cuando se convence que su marido no le es infiel, vuelve a ser feliz con él.

 ¡Epa!  ¿No era que el sexo marital le resultaba tan soso que tenía que andar cargando su vibrador a todas partes? Pues se olvidaron de eso, porque ya sabiendo que el único adulterio en su familia lo había cometido ella, Alma se daba su hartazgo de Leonardo en su aniversario de bodas y noches siguientes. Sin embargo, seguía preocupada por Darío.

Aun antes de que Darío se convirtiera en stalker/voyeur, Alma desconfiaba de él, pero a ratos pareciera depender sexual incluso emocionalmente, del chiquillo. ¿Por qué? ¿Porque a la edad de Darío se tiene más energía sexual que a la de Leonardo? ¿O porque la conmovía el modo en que el mecánico/abogado le leía poemas de Cortázar?



Incluso cuando descubre los verdaderos motivos de Darío para seducirla, sigue comportándose como tarada. Le chilla a su psiquiatra (casi tan inútil como el vibrador de la abogada) que la apena ser una doctora y experta en violencia de género y haber caído redonda en las manipulaciones de un jovencito. A ver, a mi lo que me da vergüenza ajena es que una abogada/catedrática tan fácilmente se olvide un laptop en el mismo cuarto en donde está quien precisamente no debe ver lo que carga.

El problema con Alma es que es tonta, es que se descontrola fácilmente y que es muy egoísta. No puedo empatizar con ella. No como simpatizo con Zoé. En cuanto a Darío nunca podemos ni entenderlo ni compenetrarnos con él como personaje. Ni cuando visita a su madre en el manicomio ni cuando rememora el suicidio del padre, y lo que hace con Zoé es imperdonable.



No voy a hacer control de diversidad, porque al tratarse de una serie mexicana que tiene lugar en México, sigue parámetros diferentes. Basta decir que no muestra nada que no hayamos visto en una telenovela de Emilio Larrosa: jueces corruptos; ricos que usan el dinero para joder a los pobres; mujeres que lo tienen todo y todo lo arriesgan por un revolcón. Uno de los momentos que me dio risa es cuando Alma rechaza las caricias de su esposo con un “solo piensas en coger”. ¡Muchacha, si la que necesita sexo constante parece que eres tú!

Revisando las reseñas de IMDB, aun los pocos que han gustado de la serie admiten que el contenido sexual es excesivo e innecesario, pero francamente no es de mal gusto. Por otro lado, hay mucha violencia, dos escenas graficas de suicidio, un par de torturas, y un flashback a una mujer que ahoga a su bebé (aunque nunca vemos a la criatura).



Lo Rescatable

Como nunca acabo una reseña negativa sin poner algo bueno de lo que crítico, me estrujo el cerebro y salgo con que lo mejor de la serie es Maite Perroni. Siempre hermosa y talentosa, ¡qué pesar que el papel no estuviera a su altura! Me ha gustado mucho su vestuario que es lo que creo que debería usar una catedrática que es también mujer de clase alta.




Otra cosa que me gustó en el despatarrado libreto fue la desfloración de Zoé. Me tienen chata las pérdidas de virginidad de la ficción en que las nenas inexpertas se ven ávidas de sexo como vampiros de plasma, que el acto no les duele, que no sangran, y que al rato ya quieren más.

El caso de Zoé es diferente y por ende más patético. Se va de excursión con Diario sin esperar que en la primera cita él le exija la prueba de amor. Cuando él le mete mano, dice “no” como tres veces antes de rendirse. Cuando acaban, y ya en el auto, él se vuelve a poner cariñoso y ella lo detiene con un “me duele todavía”. Su madre encuentra en la escena del picnic el mantel manchado de sangre y esa noche al ducharse, Zoé vuelve a sangrar.

Zoé y sus reacciones son lo único lógico en un script irracional (escrito por tres mujeres) donde a cada rato nos meten escenas inconexas que resultan ser pesadillas, flashbacks y alucinaciones de los personajes. Eso nos deja en un limbo ininteligible en que nos distinguimos realidad de fantasía. Mas encima los personajes se olvidan de lo que han dicho o se han propuesto o peor, de pronto se vuelven listos y adivinan o deducen lo insospechable.



El final de la serie es tan desmadrado que han tenido que explicárselo a los espectadores en diversas publicaciones. No me sorprende. Nos habían llevado por tantos senderos falsos que no nos quedaba imaginación para aceptar que el twist final fuera más inconcebible que descubrir que Dan Humphrey era “Gossip Girl”.

Por eso no les pongo el enlace al “final explicado” porque si los leen sea en El Heraldo, El Excelsior, o Newsweek verán que cada “explicación” es diferente. ¿Sera porque los mismos reseñadores no entendieron qué ocurrió? El problema es que “Oscuro Deseo” no es ni thriller ni erótica, es simplemente una telenovela porno, mal escrita, producida por amateurs, y cuya única virtud parecen ser…las pechugas de Maite Perroni.

 

domingo, 15 de junio de 2014

Cenicienta, Mugrosita y Condesa de Montecristo: ¿Por qué La Gata siempre engancha?


Que “Lo que la vida me robó”, con su heroína promiscua y violada, sea el nuevo hit de Televisa, no me sorprende. La pasan en horario peak y tiene una pareja idola conformada por  la muñeca gala Angelique Boyer y Sebastián (Slurp!) Rulli.  Pero que “La Gata” con su argumento recontra visto, casi increíble para la mentalidad contemporánea y en el peor horario haya alcanzado una sintonía de 19.7 puntos es remarcable y sorprendente. Me tuve que sentar a revisar la historia para darme cuenta por qué ese cuento de Inés Rodena siempre gozará del cariño del público.



Yo fui niña sin televisión. La gente todavía se asombra de que haya pasado mi octavo cumpleaños sin ser esclava de la tele. No era por falta de dinero, simplemente a mis padres no les atraía el medio. Eran cinéfilos, gustaban de obras de teatro, opera, y otros espectáculos de música clásica. Compaginaban su vida social con lecturas, y mi hermano y yo salimos lectores voraces. De vez en cuando nos preguntábamos que tal sería ser seguidores de “Batman” o “Rin tintín” como nuestros condiscípulos, pero no  extrañábamos un televisor que solo vinimos a conoce en 1968. Teníamos nuestros amigos, nuestros juegos, nuestros libros y comics, y teníamos radio.

La radio estaba en la inmensa cocina, en lo que entonces se conocía como “repostero” y hoy como “comedor de diario”. Ahí almorzábamos con el servicio,  y hacíamos las tareas escolares, todo al son de la radio que presentaba, a la par de música, programas dramatizados desde el terrorífico Doctor Mortis hasta radioteatros, los que los chilenos elitistas denominaban despectivamente “comedias” y eso que no tenían nada de cómico.

Como desde niña fui romántica empedernida, yo gozaba con estos predecesores de la telenovela, principalmente con uno de sobremesa que comenzaba con unos acordes de piano seguido por una voz que anunciaba dramáticamente: “¡Esmeralda, La Hija del Rio!” Qué sabía yo entonces  que se trataba del primer radioteatro escrito por una enfermera cubana llamada Inés Rodena.

Por muchos años creí que era obra del mejor guionista de Chile, Arturo Moya Grau (“Colorina”, “La Madrastra”). En realidad, Don Arturo se había limitado a trasladar la historia a las riberas de nuestro criollo Mapocho. Por mucho tiempo, al mirar por la ventana del auto a los niños mendigos del Mapocho, creía reconocer en ellos a La Esmeralda, alias “La Gata”, la heroína de este cuento.


Fue a fines de 1973, que TVN comenzó a pasar una historia llamada “La Gata”. Me bastó un solo capítulo para reconocer mi viejo y querido radioteatro. “La Gata” no fue la primera versión televisada de este dramón. Se la hizo primero en Venezuela, en 1968, luego en la Argentina donde se llamó “Ella, La Gata”.
En México la han filmado cinco veces: “La Gata (1970); “La Fiera “(1983); “Por un Beso” (2000) y ahora “La Gata” de Nathalie Lartilleux. Una versión libre se hizo hace poco en TV Azteca llamada “Pobre Diabla” que no tenía nada que ver con la historia homónima de Delia Fiallo, sino con una niña mendiga apodada “Diabla”...y ya conocen el relato.


En Venezuela se han hecho dos versiones, “Cara Sucia”  y  “Muñeca de Trapo”. Carla Regina se encargó de darle  vida a  la salvajita en “Seus Olhos”,  la versión brasileña. Es una historia inmortal y a La Gata, o La Fiera o La Diabla la han interpretado Victoria Ruffo, Natalia Esperón, Sonya Smith y ahora, Maite Perroni.
Sonya Smith y Guillermo Davila


En “La Gata” del 70, Esmeralda se llamó Renata Santa Cruz,  y le dio vida la española Maria Rivas (fallecida el año pasado) quien ya había sido la estrella mimada de las telenovelas de los 60’s protagonizando grandes éxitos como “Rosario”, “El Derecho de Nacer” y “Maximiliano y Carlota”. Mi único problema con la catalana era que se le notaban sus 39 años y que se veía bastante mayor que su pareja, Juan Ferrara  que por aquel entonces solo contaba con 27 años de edad. Pero el poder de la historia, el talento de Maria Rivas, y el placer de por fin ponerles rostros a personajes tan queridos, me atraparon.

Televisa entonces se llamaba Teleprogramas Acapulco y gozaba de un caudal actoral inmejorable, con lo mas granado del cine y las tablas mexicanos a su disposición. Asi pude apreciar talentos tan diversos como el de Doña Emma Roldán interpretando a Doña Tila (Rita en esta versión); Magda Guzmán como la amiga prostituta de la Gata, que en Chile se llamaba “La Gringa” y ahí era “La Jarocha. Mi compatriota Eduardo Arcaraz era “El Francés” y Norma Lazareno era la odiosa prima Mónica, rival de La Gata El recientemente desaparecido Sergio Bustamante daba vida a Mariano, el pedante hermano de Pablo, el protagonista. Y dos grandes de la actuación como lo fueron José Gálvez y Ofelia Guilmain (madre, en la vida real, de Juan Ferrara) encarnaban a los malévolos y arribistas Martínez Negrete, los suegros (a regañadientes) de La Gata.

Esa adaptación de “La Gata” era bastante fiel al radioteatro con algunos cambios que mejoraban la historia. Por ejemplo, había una serie de flashbacks que informaban al espectador de los orígenes de Renata, mostrándonos a su madre la cupletista Blanquita (interpretada por la misma Maria Rivas) en su romance y matrimonio con Femando, Marqués de Santa Cruz (Antonio Raxel) al que años más tarde conoceríamos como “El Silencioso” , ex presidiario y protector de La Gata. También veíamos como Las Martínez Negrete destruían la felicidad de la pareja, provocaban el encarcelamiento de Fernando y la muerte de Blanca.


Otra detalle que me pareció novedoso fue el romance entre Mariano y La Jarocha que redimía al soberbio cuñado de La Gata (en la comedia, él se casaba con la descartada Mónica). Debido a que era telenovela, la historia se alargó con  nuevas desdichas para la protagonista: le robaban a uno de sus gemelos, tenía un accidente, quedaba ciega, Pablo era acusado de asesinato, etc. En fin todos esos sucesos que solemos asociar con el culebrón fueron añadidos por la adaptadora, que recien me entero, era la misma Estela Calderón, autora de “Gutierritos” y “Pobre Clara”. Les quedó tan largo el cuento que no terminé de verla.

La versión más famosa de “La Gata”, que incluso eclipsaría a refritos posteriores fue “La Fiera” de 1983. Eso porque la protagonizaron VictoriaRuffo y Guillermo Capetillo, jovencitos y lindos como muñequitos de pastel de bodas. Fue en “La Fiera” donde mejor se distinguían los tres elementos que la han vuelto un clásico y que han inspirado a otros libretistas a imitarla.
Guillermo Capetillo y Vicky Ruffo


Sin “La Gata”, Inés Rodena no hubiese creado a otras mugrositas como “Maria la del Barrio” o “Marimar”. Sin La Gata, Carlos Romero no hubiera imaginado las tramas de “Rosa Salvaje” y de “Rubí Rebelde” cuyo argumento ha sido incorporado a esta versión actual. En la original, Doña Rita no tenía nieta ni Pablo tenía una hermana ciega. Un detalle novedoso de esta producción de Nathalie Lartilleux es la incorporación de la madre de La Gata que vive con ella en el jaral, solo que Esmerada ni se imagina que la loca Fela (Erika Buenfil) sea quien le dio el ser.
Fela y Esmeralda


Pero vamos a los tres factores que cimentan el éxito de la trama. Posee todos los atributos de un cuento de hadas; describe un amor muy puro y romántico, y por ultimo está la historia de venganza, de ese personaje émulo del Conde de Montecristo, el padre de La Gata. A todo esto se le añade un buen elenco, porque no ha habido versión que carezca de un excelente reparto de actores.

Dentro de la telenovela existen muchos subgéneros, pero el más popular siempre será el cuento de Cenicienta, la niña pobre que consigue casarse con el Príncipe Azul. En este caso entra una variante: Esmeralda es Cenicienta, peo también es la princesa heredera despojada de su reino.

Aun dentro del subgénero Cenicienta, existe una diversidad. Hay cenicientas criadas, obreras, campesinas y la mas popular “La Mugrosita”. Esmeralda fue creada por su autora como una mendiga desarrapada. Una de las causas de que “Por un Beso” no fuese tan popular, es que Natalia Esperón interpretaba a una chica limpia y menos primitiva. La Gata solo funciona siendo salvaje y puerca.
Natalia Esperón en "Por un Beso"


Para muchos críticos de la telenovela, es ofensivo tener, en estos tiempos, una heroína tan poco presentable. Es poco creíble que un “niño bien” se enamore de una cochinita que seguramente ha de oler mal. También se ve a estas Mugrositas, que ya existían en el cine de la Era de Oro y en el radioteatro, como una glorificación de la miseria de nuestra América Latina.

En realidad La Mugrosita tiene una vasta carrera literaria en idioma español. La vemos como Marisela en Doña Bárbara de Rómulo Gallegos y en la Marianela de Galdós. No la inventaron ni Inés Rodena, ni Yolanda Vargas Dulche en “Ladronzuela”, ni Delia Fiallo en Esmeralda”. En realidad, nace en el mundo anglo en la novela victoriana.  Esmeralda acusa un fuerte parecido con los huérfanos de Dickens.



Otra gran virtud de la historia es el romance. En la telenovela casi siempre el protagonista revela un comportamiento anti heroico, principalmente si es rico. Suele ser prepotente, machista y busca seducir ala a heroína. No es el caso de Pablo (Daniel Arenas) quien ama a Esmeralda con un amor inocente precisamente porque nace en la infancia.


Desde chico, Pablo es un héroe ideal, muy diferente a su esnob familia. Desconoce los prejuicios sociales, ve a La Gata como su igual, la protege de las ofensas de su hermano, se enfrenta a su madre empeñado en continuar su amistad con la pordiosera,  y hasta le enseña a Esmeralda a leer y escribir. Pablo acepta lo que los demás rechazan, quiere pulir a Esmeralda, pero no cambiarla totalmente.


A pesar del entorno materialista de Pablo, a pesar de las miserias que vive Esmeralda, ambos son puros e ingenuos Me atrevo a aventurar que  son vírgenes. De hecho, hacen el amor solo después de casados, un matrimonio que los padres de Pablo rápidamente anulan. Por su misma ingenuidad es que Pablo es tan fácil de manipular. Cuando regresa del extranjero, no pone en duda que Esmeralda se casó con “El Italiano” (Carlos Bonavides) y  que es amante de "El Silencioso".

Finalmente llegamos a este personaje, el más complejo en un cuento de personajes-tipo. Don Fernando de La Santa Cruz, como Edmond Dantes, lo perdió todo: buen nombre, familia, fortuna y libertad. A medida que desaparece en el laberinto carcelario, donde pierde su identidad llegando  a ser conocido nada más que por el apodo “El Silencioso”, sus enemigos, Los Martínez Negrete, se apoderan de todo lo suyo incluyendo su prestigio social.

Años más tarde, El Silencioso sale en libertad y se entera que su familia ha desaparecido, pero por otro lado, una herencia imprevista le da las armas para vengarse. La venganza de este Conde de Montecristo moderno no es sanguinaria como la de la Emily Thorne de “Revenge”. Quiere la justicia más básica: limpiar su nombre, y desenmascarar a los que provocaron su desgracia. Para vigilarlos, se compra una casa enfrente de Los Martínez Negrete.
El Silencoso se enfrenta a Agustín Martinez Negrete


Don Fernando conoce a La Gata, se conduele de su desdicha y la ampara, motivando todo tipo de rumores maliciosos. Cuando descubre que Esmeralda ha sido también victima de la insidia de sus enemigos, la integra a su plan de venganza que debería ser compartido por la ex mendiga, pero no es asi y ahí viene mi único reparo con el personaje.

Esmeralda es muy buena y eso la hace aburrida. No es una Marimar, ni una Betty, La Fea.  Con ella no van las venganzas y la justicia la deja en las manos divinas. Eventualmente, el personaje reprochará su padre su rencor y pasará a ser el punto débil de Femando, por donde Lorenza intentará debilitar a su enemigo. Bueno, eso en versiones anteriores, aquí siempre puede haber cambios.

Una ultima palabra sobre el más que apropiado elenco. Daniel Arenas sigue siendo el galán de las tardes mexicanas, con un rol un poco diferente al que hizo en “Corazón Indomable”. Erika Buenfil parece estar repitiendo papel, su “Fela” está muy similar a la loquita que interpretó en “Mar de Amor”. Destacan en el elenco, Manuel Ojeda y  Pilar Pellicer como Doña Rita. No asi Carlos Bonavides que ha hecho toda una caricatura (hasta la nacionalidad le cambiaron) de “El Francés”, un villano bastante oscuro.
Pilar Pellicer


A Laura Zapata le queda como anillo al dedo el rol de Lorenza simplemente porque se ha encasillado en ese papel. Siempre se la verá como la encarnación de la soberbia, parada al pie de una larga escalera de utilería, rechinando los dientes, escupiendo su odio contra “La Salvaje” llámese ésta Rosa, Maria Mercedes, Marichuy o Esmeralda.


Para el final dejo a Maite Perroni. Mi actriz favorita es incapaz de hacer un mal papel, pero hubiese deseado que le hubieran dado un hueso con más carne. Cualquiera puede dar vida a Esmeralda, no es un personaje multifacético. Y tras un par de telenovelas-fracaso como “Cachito de Cielo” y “El Triunfo del Amor” desearía volver a ver a Maite en roles con más enjundia y recovecos como los de Marichuy o la Lucrecia de “Mi Pecado”.


Para quienes la vimos en “Mujeres Asesinas”, está claro que Maite todavía no ha enseñado en telenovela toda su faceta histriónica. Por eso deseo verla pronto (aun en horario de sobremesa) con roles más complejos como el de “Simplemente Maria” o “Muchacha Italiana viene a casarse”.

Con todo lo dicho se entiende que una historia que en su momento fue seminal, pero que hoy puede ser vista como  anacrónica,  inverosimil, y elemental (por no llamarla trivial) atrape al público y llegue a tener un rating digno de telenovelas del primetime

viernes, 2 de mayo de 2014

Fantasías de violación: Un extraño fenómeno de la televisión de fin de siglo (II Parte)


El héroe-violador no fue un invento latinoamericano. Las soap operas estadounidense también lo dieron a conocer. Tal individuo  sigue existiendo, aunque bajo antifaz,  en la ficción femenina porque el auge de Christian y Anastasia de 50 Shades of Grey es el equivalente al furor desatado en los 80’s por Luke y Laura de “General Hospital”.

 “General Hospital”, invierno de 1979. A sus dieciocho años, Laura Weber es todo un personaje. A los catorce huyó de casa para vivir en una secta; a los 15 perdió su virginidad con Scottie Baldwin, y mas encima lo impulsó a robarse la Master Card del padrastro para pagar el motel; a los 16 años es acusada de homicidio luego que accidentalmente mata a su amante, un hombre mayor. Sus padres respiran aliviados cuando, en el verano de 1978, Laura se casa con Scottie y se inscribe en la universidad de Port Charles.
Scottie y Laura(oocities.org)


Pero Laura pronto se siente frustrada en su rol de esposa de un pobre abogadito. Para ayudar con los gastos de la casa busca empleo como camarera en la discoteca del campus de su universidad.
La disco es propiedad del enigmático Luke Spencer. Luke tiene vínculos con el crimen organizado y está locamente enamorado de Laura. Ciega a los sentimientos de su patrón, la chica  confía en él, le cuenta sus cuitas y termina viéndolo como su mejor amigo. La mafia llega a cobrarle los favores que Luke le debe y exige que mate a Mitch Williams, un político local. Luke no es un asesino, pero tampoco puede discutir las órdenes de la mafia. Sabe que  lo matarán los mafiosos o los guardaespaldas de Williams.

Luke vuelve de la reunión con los mafiosos a su disco y comienza a beber. Entonces nota que Laura está sentada en una de las mesas. Está alterada porque es tarde y su marido no vino a buscarla. Comienza con sus quejas plañideras. Luke la manda de paseo, esa noche no está para jugar al confidente. Le grita que en un mes, su vida se habrá acabado. Estará muerto.

Laura, preocupada,  cambia de actitud. Como amiga se siente obligada a acompañarlo y a interrogarlo sobre sus extrañas palabras. La respuesta del patrón es confesarle su amor. La sorprendida Laura intenta irse, pero Luke pone música (hasta hoy asocio “Rise” de Herp Alpert con esa escena) y la lleva a la pista de baile. El baile acaba con Laura en el suelo y Luke arriba de ella. Corte comercial.


La próxima escena muestra a Laura llorando con la ropa desordenada, y la blusa hecha jirones. Se las arregla para huir, pero se desploma en un parque cercano. Para cuando la encuentra la policía, resulta obvio que ha sido victima de un agresor sexual. Un examen en General Hospital, donde trabajan los padres de Laura, confirma el ataque.

Inicialmente,  Laura finge estar amnésica, luego reconoce haber sido atacada por un desconocido en el parque. Los próximos meses tienen a Laura fingiendo ante familia, marido, policía y psiquiatras, mientras se empeña en proteger a su atacante. Muchos (comenzando por Scottie) sospechan que oculta algo. Entretanto, Laura sigue trabajando para Luke y están constantemente en contacto.

 La relación es ambigua. Luke se muestra arrepentido y se siente culpable, pero lo descoloca la actitud de su victima. Laura alterna entre el rechazo y el afecto por su violador. Lo insulta, lo acusa, amenaza con delatarlo, pero también hay resabios de su cariño y amistad pasadas y a la legua se ve que quiere protégelo. De hecho la noche en que Luke debe ir a matar al político, Laura lo lleva a un descampado y arroja las llaves del auto por un acantilado.

En esos días en que todavía no se conocía el termino de “Síndrome de Estocolmo”, la actitud de Laura era inexplicable para sus fans y provocaba ,aun en una era pre Internet, una gran polémica. En las aulas o la cafetería de mi universidad, nos reuníamos a tratar de encontrar una respuesta a la actitud de Laura. Las hipótesis  volaban: “Laura se siente culpable. Cree que ella atrajo ese ataque”; “Ella quería con Luke”; “Laura se siente culpable porque llegó al orgasmo”; “Laura se ha enamorado de Luke”; “Laura siempre estuvo enamorada de Luke” Etc.


De vuelta en “General Hospital”, Mr. Smith, jefe del crimen organizado, perdona la rebeldía de Luke, pero exige que a cambio se case con su bella hija Jennifer. Luke acepta encantado. La que no está encantada es Laura, pero se niega a confesarle a Luke que lo ama. Opta por contarle la verdad al marido el mismo día de la boda. Scottie, furioso, se aparece en el yate donde se celebra la ceremonia, golpea al violador y lo arroja por la borda. Cuando no encuentran el cuerpo, lo creen muerto. En realidad, Luke y Laura se han dado a la fuga y han emprendido un road trip que les tomará todo el verano del ‘79 y los convertirá en lo que en jerga de soap opera se conoce como “Supercouple” (súper pareja).

A fines del verano, cuando la súper pareja retorna a Port Charles a desenmascarar a la mafia, ya nadie los ve como violador y victima. Si ya hasta han hecho el amor en un establo. Sin embargo, Tony Geary, interprete de Luke, que se ha convertido en una especie de símbolo sexual cuenta como las mujeres lo persiguieron en una ocasión en un mall gritándole “¡Viólame Luke!”.


La famosa violación tiene repercusiones excelentes para la serie. “General Hospital” se vuelve la soap opera mas popular de Estados Unidos. El género adquiere respetabilidad gracias a Luke y Laura. Se descubre que no solo lo siguen amas de casas aburridas, sino profesionales y universitarios que se identifican con la extraña pareja. La boda de Luke y Laura, en el otoño de 1981, alcanza un record de sintonía, el más alto alcanzado por un programa de sobremesa. Desde entonces Tony y Genie Francis han acumulado una serie de Emmys. Hasta hoy, Tony Geary lleva el record de ser el actor con más Emmys a su haber (7 en total). Y Luke y Laura siguen siendo una leyenda del Daytime.


Luke no fue el único héroe violador de las soap-operas, los hubo antes y los hubo después. El público no se cansaba de ellos. En los 90’s tuvimos a Jack Deveraux en “Days of Our Lives”.El pobre Jack parecía  estar predestinado a ser violador. Su padre biológico había violado a su hermana. Por suerte para el  almita esnob de Jack, él creía ser hijo del poderoso senador Harper Deveraux y ni se imaginaba que era adoptado y que su verdadera familia eran los miserables Johnson.


 Jack ama a Kayla, su enfermera. Kayla ama a Steve Johnson (apodado “Patch” debido a un parche que cubre su ojo derecho). Steve descubre que Jack es su hermanito perdido, el que dieron en adopción cuando su familia se descalabró. Patch obliga a Kayla a casarse con Jack porque quiere hacerlo feliz. Eventualmente, Kayla y Patch vuelven a ser amantes. Jack los descubre e iracundo viola a Kayla y comienza una campaña para destruir a Steve. Eso se detiene cuando Jack descubre que él es un Johnson. Ahí inicia su campaña de “rehabilitación”.


Es entonces que Jennifer Rose, la niña bonita de Llanview, miembro del respetable Clan Horton, y la virgen más cotizada del pueblo, se encapricha con Jack. A pesar de que todos le advierten que es un violador, estafador, etc., etc. la enamorada chica lo persigue hasta finalmente entregarle su virginidad en una isla desierta después de un naufragio.



Jack y Jennifer iban camino a ser Supercouple, cuando de  la teleaudiencia se elevaron voces de protesta. ¡”Ya basta de glorificar a los violadores!” Los productores no sabían que hacer y al final encontraron una solución casi tan grotesca como la glamurizacion del violador. Hicieron que otro villano violara a Jennifer. Solo entrando en la piel de la victima podía Jennifer comprender la magnitud del crimen cometido por su amante. Jennifer rechazaba a Jack, lo golpeaba,  le gritaba “sucio violador” y se separaban…pero no por mucho tiempo. Jennifer y Jack se casaron, tuvieron una hija y siguieron juntos intermitentemente hasta el 2012, cuando él finalmente murió.



Lo asombroso de este caso es que los guionistas de “Days of Our Lives” optaron por  convertir la violación en un castigo. Jennifer debía se castigada por inconsciente al no darse cuenta de que su hombre era un criminal, y Jack debía ser castigado con el rechazo de la mujer que amaba. ¿Con eso se arregla todo?

Así fue el fenómeno del “héroe-violador” en la cultura femenina de fines del Siglo XX ¿Pero cómo están las cosas en nuestro civilizado y progresista siglo XXI? Or empezar, el héroe-violador desapareció totalmente de las telenovelas. El curioso caso de “Cuidado con el ángel” lo ilustra. La última consumación forzada ocurrió en “Amor Real” (2003) y ocasionó un debate en la comunidad telenovelera equiparable al provocado entre “troneros” por la violación de Cersei en “Juego de Tronos”. Los devotos de Fernando Colunga, intérprete del Dr. Fuentes Guerra, juraban que no era ultraje puesto que a la esposa le había gustado el “sexo rudo” y eso que la pobre Matilde (Adela Noriega) lloró y suplicó antes y después del hecho.

El "cariñoso" Dr. Fuentes Guerra


A pesar de que ya no se celebra el ultraje sexual en las telenovelas, sigue utilizándose como cliché sensacionalista que a veces causa tanto daño como la glorificación, ya que denigra a la victima y desestima el delito. Solo tres telenovelas, a mi parecer, han sabido retratar de manera justa y respetuosa el  tormento de una mujer violada. Esas son “La Jaula de Oro” (1999) de María Zarattini; “El Manantial” (2002) y “Mi Pecado” (2010). Las dos últimas escritas por la dupla Cuauhtémoc Blanco-Maricarmen Peña.

En la primera vemos como una niñita victima de abuso en su infancia se convierte en una mujer (Edith González) encerrada en un mundo de fantasía. En “El Manantial”, la heroína (otra vez Adela Noriega) es violada en su adolescencia por el padre del novio. Años más tarde regresa a su pueblo, no por venganza sino para enfrentar sus miedos y recobrar lo suyo, incluyendo el derecho a ser feliz en el amor. En la última, Lucrecia (Maite Perroni) vive perseguida por el inexplicable odio de Rosario, su madre (Daniela Castro). Cuando Lucrecia, ya casada, es violada por su marido, se sorprende al ver que Rosario la apoya por primera vez en su vida.

Madre-hija, pero también hermanas
En el penúltimo capitulo, Lucrecia se atreve a preguntarle a su madre los motivos de su odio “Yo soy tu hija” le dice. “Además de ser mi hija” responde Rosario,  “¡Eres mi hermana!” La verdad que  ha ocultado toda su vida es que su hija es producto de un abuso y del incesto. La confesión traumatiza más a Rosario que acaba por suicidarse.

En estas tras historias se ven las terribles secuelas (demencia, frigidez, incapacidad de ser feliz o hacer felices a los demás,) de un ultraje. Los violadores no son figuras románticas sino hombres déspotas y psicópatas. Se describe claramente la vergüenza, los sentimientos de culpa,  y el estigma que cae sobre una violada.

En las soap operas tampoco han surgido mas héroes violadores y la gran sorpresa fue que a comienzos del Siglo XXI, “General Hospital” un poco tardíamente, decidió encarar la violación de Laura y dejar de llamarla “seducción”. Durante una de las periódicas separaciones de la pareja, un cincuentón Luke le cuenta a Lucky, su hijo mayor, como empezó su romance con su madre.


Al regreso de Laura, Lucky la enfrenta. La acusa de muchas cosas; de ser mentirosa, de haberse casado con su violador, y termina diciendo burlonamente que a Laura le gusta que Luke haya comprado un club porque así revivirán su fantasía de violación.


La escena fue sumamente desagradable. Siendo que Luke y Laura siempre han estado a lado de sus hijos y dado a la impresión de que, a pesar de sus diferencias, se aman, resulta absurdo e impertinente que Lucky se inmiscuya en algo que es parte dela intimidad de sus padres. Como ocurrió en “Days of Our Lives, la torpe solución  acaba por hacer lo que siempre ocurre en estos casos, encajarle la culpa a la victima.

El presentar sexo no consensual y disfrazarlo de otra cosa sigue siendo parte de la televisión primetime y va acompañado de otra fantasía: el incentivo de meterse con un hombre peligroso. Después de todo,  eso es o que se oculta detrás los romances con vampiros y otras criaturas paranormales. La idea de jugar con fuego resulta sexy en estos días de  sexo aventurero. Y como vimos en Crepúsculo, puede ser un poco doloroso acostarse  con un vampiro.

La imagen erótica del sexo peligroso  puede verse en “Buffy, Cazadora de Vampiros” cuando Spike casi viola a la protagonista al salir de ella de la ducha. El que Spike sea un vampiro presenta una excusa a su comportamiento y no lo desmedra como figura romántica. En cambio, la ausencia de reproches por parte de Buffy y el encubrimiento del incidente, vuelven a  la cazadora de vampiros en cómplice de Spike.

Los vampiros no solo apetecen sangre


El estrafalario Adam, gran amor de la protagonista de “Girls” ni siquiera tenía la excusa de ser vampiro cuando protagonizó (la temporada pasada) un incidente que muchos vimos como agresión sexual. Tratando de olvidar a Hannah, Adam entra en una relación con Natalia, hija de una compañera de Alcohólicos Anónimos. La relación parece perfecta. Ambos se gustan y Adam hasta comienza a parecer “normal”. Sin embargo, hay señales de peligro que Natalia no reconoce.

 A pesar de ser hija de una alcohólica, Natalia vive la cultura de los bares y le insinúa al novio que le incomoda que él no pueda beber y divertirse con ella. Adam hace un esfuerzo y la acompaña a un bar. Esa misma noche se reencuentra con Hannah y descubre que la gordita todavía le importa. Entra en el bar y frustrado comienza a beber. Natalia, en vez de detenerlo o mandarlo a casa en un taxi, acepta regresar con él al departamento de Adam (hasta ahora siempre han hecho el amor en casa de ella).
Adam borracho


Natalia se sorprende (y con razón) ante lo sucio y desordenado del departamento y  lo comenta en voz alta. La reacción de Adam es inesperada. Le ordena ponerse en cuatro patas  y gatear por el inmundo (y lleno de astillas) parquet hasta el dormitorio. Lo más extraordinario es que Natalia obedece. En medio de su ingrato trayecto, Adam  alza a Natalia del suelo y como si fuera un saco de papas la lanza  sobre la cama. Acto seguido tienen un sexo bizarro y bochornoso para ella (no voy a entrar en detalles, pero este es el individuo que encontraba sexy orinarse sobre Hannah en la ducha).



Aunque el publicó sabe que Natalia no disfruta y no quiere esa relación, ella es incapaz de rechazarla. Solo usa excusas fútiles (“No me duché hoy”) o le pide a Adam que no eyacule sobre el vestido. A finalizar, Natalia dice “no me gustó nada esto” y la reacción de Adam es “¿Quieres terminar conmigo?”. La impresión que me quedó es que Adam buscó finalizar  un rmance que le era pesado. Solo que en vez de hablar las cosas con Natalia, prefirió castigarla con humillación sexual.

Poco después,  Adam regresa con Hannah y Natalia desaparece sin que nadie levante la voz por ella. El modo en que la ha presentado la serie es que se “lo buscó” por andar con un hombre poco confiable, por ir a su departamento cuando estaba ebrio, por no hablar claramente. De nuevo, la mujer es la culpable, algo que no me sorprende de “Girls”, un show que bajo su aparente mensaje feminista, oculta una profunda misoginia.

Según las estadísticas, el 57% de las mujeres sigue disfrutando de fantasías de violación y las vive a través de juegos de alcoba. Aunque haya quien no crea que una fantasía deba ser vivida,  o que a todas las mujeres les guste incluir “un poquito” de sumisión y dolor en su vida sexual, se sigue creyendo que el sexo forzado en la ficción es caso diferente ¿No? ¿Al final que son las 50 Sombras de Grey sino fantasías de violación consentidas? ¿La ingenua (por no llamarla idiota) de Anastasia, al firmarle un papelito a Christian Grey que le da poder sobre su vida, su cuerpo y su sexualidad, no está actuando un poco un poco como Clarissa Harlowe al confiar su persona al violador potencial Lovelace?



Mientras hacia mi investigación descubrí que existe un subgénero literario llamado “Dark Erotica” que frecuentemente abarca la  violación de la protagonista. Con lo dicho arriba no es de sorprender que tenga un gran público y que se puedan comprar en cualquier librería. En un artículo, una autora de ese tipo de literatura se refería a su obra como “inocente”, agregando “no le hago daño a nadie”. No puedo opinar puesto que desconozco el subgénero, pero como fan en el pasado de otras obras de ficción que glorifican al violador, debo preguntarme cuán nocivas son estas imágenes idealizadas o distorsionadas de un delito criminal.

De acuerdo a la National Health and Social Life Survey, solo el 4% de las mujeres violadas en los Estados Unidos son atacadas por extraños. El 96% de las violaciones son perpetradas por gente que la violada conoce, y el 46% de los atacantes son alguien que la victima una vez amó. Estas alarmantes  estadísticas, parecen indicar que nuestras parejas son todas violadores en potencia. ¿Tendrá la industria del entretenimiento  y sus retorcidas visiones del sexo algo que ver con esas cifras?