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lunes, 1 de enero de 2018

Las Heroínas del Period Drama: Lo Mejor del Drama de Epoca 2017


Viendo el inicio de “Vikings” le decía mi hermano que haber estado expuesta a tanta calidad, en lo que ficción histórica televisiva se refiere, me había hecho exigente con el género. Y la mejor manera de poner a trabajar esa exigencia es reconocer lo mejor y lo peor que me ofreció el 2017 en varias categorías. Para los propósitos de este listado he elegido series que se vieron en USA este año, una excepción es “The Crown” A pesar de que Netflix la lanzó al mercado en noviembre del 2016, la mayoría de sus fans, incluyendo a servidora, la vimos en el 2017.

Comencemos con las protagonistas y heroínas (que no siempre tienen que llevar el rol protagónico) del año. Y la reina la mejor, la más hembra, la más generosa, la más fuerte, fue sin duda:

Demelza Carne Poldark (Poldark)

Winston Graham solía decir que para diseñar a Demelza se había inspirado en su propia esposa. O tuvo mucha suerte el escritor o exageró al idealizar a su señora. Como su nombre, Demelza es única, es perfecta, no comete errores. El único error que su marido le achacó, con la brusquedad que lo caracteriza, fue cuando ayudó a la prima Verity a huir con su novio. Ese, no fue un error a mis ojos. Demelza tenía dos opciones, y escogió la que le pareció mejor.

Tan admirable es la protagonista de esta saga que, de rapazuela mendiga, disfrazada de chico, y con más pulgas que su perro Garrick, ha pasado a ser dama de sociedad que brilla en las mansiones de toda la región. Eleanor Tomlison ha permitido que su personaje evolucione sin que Demelza pierda ni su sabiduría ni su sagacidad innatas. La mayor virtud de Mistress Poldark es su generosidad. Es buena esposa, buena madre, buena hermana, buena patrona, buena amiga e, increíble, buena hasta con su rival Elizabeth. ¿Qué otra mujer va a cuidar a la Otra (el marido de la Otra, el hijo de La Otra y a la tía de la Otra) cuando se están muriendo de difteria?

Es tanto el altruismo de Demelza que incluso su adulterio es visto en términos de su buen corazón. Ósea, se apiadó del pobre Hugh porque se estaba quedando ciego. Y aunque parezca ironía, cuando Graham nos muestra a Demelza adultera en esta última temporada, la muestra santa, la enaltece. Su falta no es tal. Si Demelza no se hubiera acostado con el Teniente Armitage, la hubiéramos criticado, tachado de egoísta, injusta. Es increíble, ni el pecado puede ensuciarla.

Es Ross Poldark el desacreditado en esta situación. No solo por su porfía, por su inercia, por su falta de honestidad. El mayor pecado de Ross fue casi haber empujado a su esposa a los brazos de un amante y eso que el mismo le dijo que si estaba desilusionada de su marido,  se buscará otro. Y ella le respondió con la franqueza que la caracteriza “Eso voy a hacer. Y no voy a tener que buscar muy lejos”. Sin embargo, no podemos ver el affaire Demelza-Hugh como un acto revanchista de parte de ella.
Demelza fue clarísima (y se lo confeso al marido) en lo que respecta a los motivos que la llevarían a faltarle. Como contrastó el candor de la ex pinche de cocina con la incapacidad del Capitán Poldark de sincerarse con su mujer. Demelza dijo desear ser otra, una libre que, al menos por un día, podría amar a otro. Que momento desperdiciado para Ross de confesar sus sentimientos por Elizabeth, o de decir simplemente” Demelza yo no soportaría saberte con otro”, o cualquier cosa que le indicara a ella que todavía era importante para su marido. Pero no, Ross se la pasó la temporada ofendiendo a Demelza. Acusándola de ser ambiciosa, o diciéndole groserías como “No todos los hombres de Cornualles están locos por ti”. Pues bastó uno para convertirte en cornudo, Ross Poldark.

Extraordinaria la maestría de Winston Graham de enaltecer a su heroína aun a costa de su héroe y de demostrar como un hombre por soberbia, egoísmo o dejadez, puede casi perder a la mujer perfecta.

2. Charlotte-Elizabeth del Palatinado (Versalles).

 Como personaje histórico, Liselotte fue fascinante. En una época en que las crueles uniones dinásticas eran muchas veces desastrosas, ella supo sobrevivir en una corte llena de traiciones como la del Rey Sol, embarazarse tres veces de un marido homosexual, ser ella la que dijo “¡basta!”  a una intimidad que la humillaba (y también humillaba al Duque), y dejar un buen recuerdo en la historia. Aún más, su abundante correspondencia nos legó una crónica duradera sobre como era vivir en la Francia de Luis XIV.

Jessica Clark ha sabido capturar la esencia de Liselotte, una mujer más moderna de lo que convenía en esa época. La historia ha descrito a la segunda esposa de Monsieur como poco femenina y eso ha dado a pensar que tenía aspecto “hombruno” Nada de eso, lo que pasa es que como nos lo muestra la serie, Liselotte está muy lejos del ideal femenino artificial y sofisticado que representan las maiteesses oficiales de Luis XIV, La Valliere y Montespan. La alemana es gordita, un poco desgarbada, no sabe vestirse, es muy franca y honesta. Es deportista y se gana al cuñado acompañándolo de cacería.

Lo más importante es la buena influencia que tiene sobre el Duque y como consigue interesarlo en compartir su cama, pero la grandeza de Madame es que nunca se engaña. Ella sabe que en esa cama hay tres personas y su compasión abarca hasta el incorregible Chevalier de Lorena, el verdadero amor de su marido. Aunque eso no ocurrió en la vida real, la serie nos hace querer más a Liselotte por como intenta entender a Chevalier y aconsejarlo para que no pierda el cariño de Philippe. 



Al mismo tiempo, la Duquesa de Orleans lucha por elevar la autoestima de Monsieur y convertirlo en un hombre que no tenga que vivir a la saga de su hermano. Sin Liselotte, Philippe nunca hubiera aceptado fingir ser Luis ante el sultán de la India.

3. Elizabeth Mountbatten (The Crown)

 Poco importa si eres monárquico o republicano furibundo, el espectáculo de “The Crown” no te puede dejar indiferente y es casi imposible que en algún momento no sientas empatía, e incluso cariño por su protagonista, Isabel II. Al final se termina uno poniéndose de parte de la reina pesar de que Peter Morgan (que si odia la monarquía) intente falsear la historia y mostrarnos una Isabel mezquina y rencorosa que como un jefe del Yakuza envía a su sicario, Tommy Lascelles, a expulsar del reino al osado caballerizo que pretende a la hermana.

Hice las paces con Claire Foy, quien fuera mi Amy Dorrit definitiva, pero que detesté como Ana Bolena en “Wolf Hall”. Su interpretación de Isabel II desde que era una jovencita recién casada hasta esa mujer que puede lidiar con ministros díscolos, con el tío siniestro, y hasta con su propia ignorancia, pero que descubre que su talón de Aquiles está en los que mas ama,  demostró que no todas las reinas son como Cersei o Daenerys.

Entre Morgan y Foy construyeron una reina moderna que en realidad es un poco Daenerys, vulnerable pero sagaz, consiente de sus limitaciones, pero también de su sentido de deber, dispuesta a sacrificarlo todo en el Juego de Tronos. Sacrificarlo todo para descubrir que el primer sacrificio es su felicidad. Yo he llegado a aborrecer a Daenerys, pero adoro a Isabel, casi tanto como admiro a la reina que Claire Foy encarna.

4. Lorna Bow (Taboo)

Cuando apareció este personaje por primera vez en la serie, le tuve fastidio inmediato.  Sonaba a trepadora con ese cuento de ser la viuda desconocida del padre de James, el protagonista. Como si no tuviera suficientes problemas y le cae una madrastra que viene a pelearle la magra herencia. Pronto me di cuenta de que a la que le acarreaba problemas esta asociación con uno de los hombres más buscados del Londres de la Regencia era a la pobre Lorna. Por culpa de James, la han encarcelado y casi violado y, sin embargo, ella rápidamente ha encontrado su espacio en la disfuncional Liga de Malditos y se mimetiza con todos los locos que rodean al hijastro.

Jessie Buckley ha traído su experiencia de actriz shakesperiana para encarnar a una mujer compleja. Como buena irlandesa, Lorna es frágil y resuelta la vez. Puede defender su virtud cuchillo en mano, pero ha entregado su corazón al hijastro y hará de todo por protegerlo. Es intuitiva, enseguida reconoce a Robert como hijo de James, a Zilpha como algo mas que la hermana del susodicho, y al marido de Zilpha como un golpeador. 

Nos da lástima que Lorna le cierre la puerta de la casa (y la de su corazón) al genial Cholmondeley, pero ya sabemos que es devota del caníbal desde que vadeó el rio y llegó empapada a la isla para secundar a James en su duelo con el cuñado.

5. Catalina de Médici (Reign)

¿Quién dijo que para ser la heroína del año había que tener corazón de abuelita? Warner dejó claro que la última temporada de “Reign” tendría tres protagonistas. A la par de Isabel I y de Maria Estuardo, Catalina de Medici jugó un rol importante, y confesémoslo, fue lo más entretenido de la serie. Buena, buena, no la podemos acusar de serlo. Hacia muchas pillerías y hasta brujerías. Cuando no pudo ya confiar más en su grimorio, se fue a buscar una bruja mas perversa para que acabara con una nuera indeseada. Pero para ser francos, todo lo que hacía la reina de Francia era por su prole de ingratos e inútiles hijos.

¿Cómo lidiar con una hija calzón suelto como Claude? ¿Y con una rencorosa que, armada del poder de las Españas, venía a cobrarle a la madre su indiferencia? ¿O con las ambiciones de un hijo protestante y otro que usaba corsé? Y conmovedor fue ver a Catalina irse vagando cono una Deméter por la campiña francesa en busca del hijo perdido que, a ratos era necrófilo otrora parecía vampiro. Esos mismos hijos que al final se referían a ella como la “vieja” y la acusaban de borracha, nunca repararon en lo mucho que hacia la madre por ellos. Si hasta con lo ocupada que andaba se tomaba el tiempo para ir a representar a Francia en la Boda Darnley y darle buenos consejos a su ex nuera.

Megan Fellowes se lució esta última temporada. No sé cual fue mi escena favorita o cuando abrazaba a su nieto (el hijo de Lola y Francisco) o esa escena semi final en que la bruja peor la obliga a hacer un trio con Narcisse. La pobre Catalina trataba de eludir los besos lésbicos de la bruja, pero cuando se dio cuenta que su rival quería preñarse de Narcisse, cobró fuerzas y demostró que reina de Francia también puede ser poderosa hechicera.


Estas fueron las mujeres fuertes del drama de época 2017, las que sacrificaban todo para vivir de acuerdo con sus reglas y códigos morales. Las que luchaban por su felicidad, intentando no atropellar la de los seres amados, y las que muchas veces antepusieron el bienestar de los suyos a propias necesidades.

¿Concuerdan con mi elección? ¿Cuáles fueron sus heroínas favoritas del 2017? No necesariamente tienen que ser de época.

viernes, 5 de mayo de 2017

Un Juego de Tres Reinas: Reign se interna en los textos de historia.



En su temporada final, “Reign”,  ha optado por ofrecernos tres diferentes espacios geográficos, cada uno gobernado por una mujer poderosa. María  intenta reinar sobre una Escocia dividida, Catalina De Medici se niega a entregarle el poder a su hijo, el nuevo Rey de Francia;  y en Inglaterra, Isabel I se preocupa por una prima que puede robarle el trono. Pero antes de llegar a su fin, esta fantasiosa serie enfrenta su mayor desafío, uno que hasta ahora ha evitado por tres temporadas. Los libretistas tienen la cabeza enterrada en los libros de historia tratando, por primera vez, de descubrir a la verdadera Maria Estuardo, y lo que la convirtió en  leyenda.



La cuarta temporada está acabando con esta delirante, aunque entretenida, serie con una cadena de sucesos estrambóticos. ¿Catalina convertida en la consejera sentimental de Maria? ¿El Rey Carlos IX volviéndose protestante? ¿La Reina Bess probando drogas con el pirata John Hawkins? ¿David Rizzio portador de profecías? Esto estira los límites de chifladuras a los que “Reign” nos tiene acostumbrados. Sin embargo, varios de estos disparates tienen sus bases históricas.

Esta novedad puede provocar el asombro de los fans de “Reign”, los que creían que María acabaría casada con Bash y viviendo con los druidas en el bosque. ¡Que no se preocupen! El Arco Francés sigue abrazando la noble tradición de la serie, la de trabajar solo con inexactitudes históricas. ¡ Y vaya, que se están inventando cosas descabelladas esta temporada!

Primera Parada: La insípida Inglaterra
Este ha sido el arco más soso de esta temporada. Sin compañía, Isabel es un personaje insulso. Lo fascinante es el Periodo Isabelino y sus habitantes. La Reina Virgen es demasiado virgen para ser entretenida. Consiente de eso, la ficción histórica cuando toca a Isabel suele jugar con especulaciones.  A los autores les encanta teorizar cuántos amantes tuvo la Reina Virgen y si hubo por ahí algún bastardillo (s). Siguiendo esta tendencia, la temporada pasada tuvo a Isabel encinta de su gran amor, Lord Dudley.  El embarazo acabó en un aborto espontaneo debido a un veneno que Lord Cecil puso en la copa de la reina.

Triste, pero históricamente posible. El hecho de que se levante la sospecha de que el puritano y devoto Lord Cecil pueda haber experimentado sentimientos románticos por su soberana añade intriga y sabor a la subtrama. Hora de ir a escribir fanfictión sobre el tema.

El faux-accouchement de Isabel coincide con la histórica caída por las escaleras de Amy Robsart Dudley. Lord Dudley ha quedado viudo, pero tanto él cómo Isabel caen bajo oscuras sospechas. Para salvar a su amante, Bessie planea casarlo con su rival. Este es un hecho histórico, Dudley (un poco a regañadientes) cortejó a la recientemente viuda Maria Estado, pero la serie lo tiene de vuelta en la Corte inglesa ¡casado con Lettice Knollys! En la vida real, Dudley si embarazó y se casó con la prima de su Reinita, pero eso ocurriría dieciocho años más adelante.
La caida fatal de Amy Robsart

La destrozada Isabel los exilia a todos: a Dudley, a la preñada Letty yal enamorado William Cecil. La reina se queda sin novio ni consejero. ¿Quién está a mano? Lord Gideon, insulso de cara y personalidad. Esta temporada hemos tenido una Reina ni tan virgen haciendo puras inutilidades: tratando de mantener a la prima Maria soltera: entreteniendo las últimas horas de la moribunda Ágata Gideon y convenciendo a nobles despectivos que, al menos en las cacerías, Bess está la altura de su padre. ¿Es que alguien en Inglaterra echa de menos al Gordo Enrique que haya que convencerlo de que Isabel es parecida a su tirano padre?
Bess y Gideon (Showbiz.junkies.com)

Finalmente, los escritores se compadecen de la desdichada reina y le consiguen un acompañante a su altura: el corsario John Hawkins. El bandido anda huyendo den las autoridades españolas por culpa de un tesoro. Felipe II quiere que la Reina le entregue al ladrón, pero Hawkins cree que puede serle más útil a los ingleses en libertad que en una mazmorra de la Inquisicion.Despues de probar ajenjo, comer tomates y jugar con los pavos que Hawkins ha traído de América, (la reina los llama “pollos grandes”) Isabel le da venia al corsario para que saquee el Nuevo Mundo.
La Reina, El Pirata y un "pollo gigante "(spoiler.tv.com)

Estaba casi segura que Hawkins y su soberana se revolcarían en la mesa del comedor, pero ahora nos sale Bessie conque está enamorada de Gideon. ¿En serio, Isabel? ¿De Gideon? El caso es que Hawkins es un personaje real, primo de Sir Francis Drake. Si trabajó para los españoles hasta que decidió cambiar de patrón. En 1564, acababa de regresar de un viaje a Santo Domingo donde había vendido un cargo de esclavos africanos. Ese es el lado oscuro de Don Juan Aquino como le llamaban los españoles. Mejor, dejamos que “Reign” nos convenza que lo único con lo que el pirata traficaba eran aves de corral.

Segunda Parada: La Belle France
Comencemos con Claudia, el personaje más superfluo e insufrible de los tres reinos. Me doy por vencida. No hay manera de convencer al fandom de “Reign” de que la verdadera Claudia de Valois era feúcha, coja y medio jorobada. Para ese entonces, mas encima, ya estaba casada y tenía hijos. Muchos identifican a esta Claudia pizpireta con su hermana Margarita, que no aparece en la serie.
La verdadera Claude de Valois

Pero La Reina Margot, por apasionada, hermosa y promiscua que fuera, poseía más sentido común que Claudia. Comenzamos esta temporada con Claudia de luto por la temprana muerte de Leith. Hemos visto a la Princesa llorar, hacer muecas, rezar, pero como Claudia siempre será Claudia, pronto la tenemos en la cama de un hombre casado. Después que la atrapa su intransigente hermana, Claudia tiene dos opciones: o casarse o irse a un convento.
Claudia de luto (no le dura mucho)

Lord Narcisse (¡Slurp!) que acaba de regresar de Inglaterra, se saca de la manga un hijo, Luc, con el que se casará la casquivana princesita. Pero como “Reign” es antes que toda una telenovela, Leith regresa de la tumba. No estaba muerto, Narcisse lo encierra en una celda y solo lo suelta cuando el matrimonio ya se ha consumado. La verdad destroza a Claudia y Leith. El pragmático Luc ofrece una solución. El solo quiere un heredero. Si Claudia está dispuesta a permitirle que trate de embarazarla de vez en cuando, a él no le molesta que se revuelque con Leith todo lo que quiera.
Claudia y Luc (Reign.wikia.com)

A Claudia le parece bien la idea de un trio. Leith no esta tan entusiasmado como ella y se va rumbo a mundos lejanos. Claudia vuelve a hacer pucheros. Lástima que se haya acabado “Girls”, con lo inmadura y superficial que es Claudia cabría perfectamente en ese grupo (si hasta se parece a Jessa).

En otro rincón de la Corte Francesa, los Valois celebran reunión familiar. La Reina Leeza ha llegado a hacerles una intempestiva y poco bienvenida visita. Parece que su marido, Felipe II, la ha mandado de espía y está en Paris para observar como su familia combate la herejía luterana. Si nota que los esfuerzos son tibios, Leeza debe inmediatamente avisarle a Su Católica Majestad para que proceda con la fusión de ambas compañías. La filial francesa y la española.

Por supuesto que Leeza (que es más gorda, vieja y fea que la verdadera Isabel de Valois) viene acarreando un baúl lleno de rencores infantiles en contra de su Mamita Querida. Se muere de ganas de crear un incidente ente Francia y España. En eso la ayuda el hermano Carlos que desde que lo coronaron se ha vuelto una nauseabunda parodia de Joffrey Baratheon.

Primero, Carlitos nos hizo creer que le gustaba matar a las compañeras de cama para satisfacer una neurosis necrófila. Por suerte no usó a Bianca de blanco de arquería. Solo la asustó llevándola a ver un espectáculo de cadáveres y de la faz real pintada con sangre. ¿Sangre? Sí, yo ya creía que Charlie era uno de “The Originals”. Entonces comenzaron a aparecer cadáveres medio comidos de niños campesinos por los mismos lugares del bosque donde a Carlos le gusta merodear. ¿Es acaso el rey un antecesor de La Bestia de Gevaudan? Al menos eso cree el campesinado.


Por fin Catalina se las arregla para ponerle una correa a su cachorro rebelde. Carlos, muy bien portadito, le lanza un discurso al pueblo hablando de lobos feroces que ha mandado asesinar para que no se coman más niñitos. El populacho no es tonto. Los oyentes están seguros que Carlitos es caníbal, y le lanzan un balde de sangre de puerco, a lo Carrie, a la cabeza del rey.

El pobre Charlie se espanta y huye al bosque. Hasta allá lo sigue Mamá Catita que por fin se entera de lo que ocurre, El rey no ha superado el trauma de ver a su amigo Thierry quemado vivo. Solo lo alivia comer ardillas crudas y pintarse la cara con la sangre de los animalitos. Bueno, pase, si es por propósitos terapéuticos... Lo malo es que Carlos no quiere vivir en el palacio, no quiere reinar. Leeza está regocijada. Una Francia acéfala necesita de la mano fuerte de su Felipillo.

La incansable Catalina y su fiel Narcisse parten en excursión pastoril por la campiña francesa y se encuentran a Carlitos viviendo la vida bucólica con unos campesinos, cerca de Meaux. Tras tragarse una sopa de pichón, y dar las gracias a los campesinos por su hospitalidad, la comitiva real convence a Nicole, la nueva novia rustica del rey, que se venga a echarle un vistazo a la Corte. Y de paso tráete a Carlitos, ¡Niña!

Carlos y su familia vuelven a instalarse en El Louvre. Todos felices hasta que a Carlitos se le ocurre lanzar una bomba. Nadie hizo averiguaciones sobre la familia de Nicole. ¡Los muy bandidos eran Hugonotes! Ahora El Rey se ha vuelto protestante.

 La pobre Leeza queda tan apabullada que ni fuerzas tiene para rezongar. Se vuelve a España y promete no abrir la boca. Eso sí, siempre y cuando empaquen a Carlos al manicomio más cercano y convoquen al joven Enrique para que reemplace en el trono a su demente hermano. Catalina deja este asunto en manos del competente Narcisse y de Nicole (que se ha encaprichado con Narcisse) y se va de vacaciones a Escocia a consolar a su ex nuera.

Antes de irnos a Escocia donde están ocurriendo muchas cosas interesantes, repasemos les hechos en Francia.  ¿Hay alguna base real para tanta fantasía? El Rey Carlos IX estaba un poquito deschavetado, andaba de las greñas con su mamá, tuvo amores con Marie Touchet, una mujer que no era de la nobleza y puede haber tenido simpatías por los Hugonotes, pero Carlos nunca fue protestante.
Carlos IX y Nicole

Carlos IX y Marie Touchet


En 1564, Isabel de Valois, Reina de las Españas e hija favorita de Catalina de Medici vino de visita oficial a su país natal. Isabel que acababa de sufrir un aborto espontaneo, estaba deseosa de ver a su madre.  Para acompañar a su esposa, Felipe II seleccionó al Duque de Alba. El Duque tenía otra misión, dejarle en claro a Madame Serpent (el cariñoso apelativo que Felipe le había puesto a su suegra) que no permitirían que se relajara la política de mano dura en contra de los Hugonotes.
Catalina recibió a la comitiva real en Bayonne.

 Para celebrar la visita, la reina ofreció unos esplendidos festejos diseñados para impresionar a Alba y demostrarle que Francia no había perdido ni prestigio ni magnificencia y que no aguantaría ningún tipo de bullying por parte de la nación vecina. Estos son los hechos que han inspirado las extravancias galas de las que hemos sido testigos en la última temporada de “Reign”.”

Entretanto en Las Tierras Altas Escocesas…
Maria Estuardo ha regresado a su reino donde fue recibida por una facción druida. Parece que los druidas son los únicos escoceses que ven con buenos ojos a la joven reina. En tierras caledonias, Maria ha tenido que enfrentarse a todo tipo de líos: clanes rebeldes; protestantes por doquier, las intrigas de John Knox, y un atractivo, pero no tan confiable, James, Conde de Moray, el medio hermano de la reina.
Mary y su hermano James (Entertainment Weekly)

Demostrando que aprendió las lecciones maquiavélicas de su ex suegra, Maria toma decisiones drásticas. Para que pruebe su lealtad, obliga a James a decapitar a un líder de clan que cometió la imprudencia de secuestrar a la reina. Luego manda a Moray a seducir a Emily (y a sacarle información sobre las conspiraciones del marido), la joven esposa de Knox.


En ese entonces Lord Moray ya estaba casado con Agnes Keith y Knox efectivamente tenía una esposa joven llamada Margaret, no Emily, pero los libretistas se han inventado un sabroso lio pasional ahí. lo malo es que la despreciada Emily se ha tomado una terrible venganza. Maria no ha tenido más remedio que desterrar a su devoto hermano. En la vida real, Moray abandonó la Corte Escocesa como protesta por la boda de Maria con Lord Darnley.


Hablando de Darnley, este se ha convertido en un agobiante capítulo de la ya turbulenta vida amorosa de la Reina. Al igual que la verdadera Maria, Reina de los Escoses, el personaje de Adelaide Kane es enamoradizo y ligero de cascos. Comenzamos esta temporada con Maria comprometida con Lord Gideon (si, el hombre está en todas partes), planeando abdicar e irse con su marido a vivir felices para siempre en algún castillo inglés. 



Pero la razón se impuso. Maria siempre sería un peligro para Isabel, su vida siempre estaría bajo amenaza y los escoceses la necesitaban. Aunque este último punto es debatible, Maria le dio la bota a Gideon y decidió vengarse de Isabel (por la ejecución de Lola). La mejor manera es ser coronada reina de Inglaterra y Escocia. El pasaje para ese viaje se llama Henry Darnley.

María Estuardo y su rey consorte, Lord Darnley
Detengámonos un segundo para ver porque Darnley aporta legitimidad a las pretensiones reales de María. Ambos son primos y nietos de Margaret Tudor. Lady Lennox, la nueva y pesada suegra de Maria, es sobrina de Enrique VIII. Todos ellos descienden de La Princesa Blanca. Son totalmente Tudors.
(Silvertimes)

Además de tener sangre azul, Darnley esta guapetón. Maria no pierde el tiempo y se da su revolcón con él en un pasillo del Castillo de Holyrood. Un acto apresurado, porque pronto Darnley demuestra ser un patán borracho e irresponsable.  A Maria le pasan llegando misivas llenas de propaganda anti-Darnley. Todas vienen firmadas por un tal “Vigilante Leal” que resulta ser el mismísimo Conde de Bothwell.

Maria se encuentra por primera vez con James Hepburn en una taberna (¡Qué apropiado!). Desde el primer instante, ella sabe tal como nosotros, que Lord Bothwell es el único capaz de llenar las botas de Francisco, su difunto marido. Al lado de él, Darnley es un mísero gusano. Las fanáticas de “Reign” (las que saben de historia) ya alertan a gritos a la Reina. “¡Corre, Maria, corre! No te dejes seducir por su moñito ni por esa sonrisa a lo Orlando Bloom. ¡Bothwell te va a meter en un lio gordo!” Pero esta vez, serán el amor y la historia los que dirán la última palabra.
Showbiz. Junkies. Com

Mary y Bothwell encabezan mi lista de shippings históricos. Sabemos tan poco de cómo nació ese romance, que me creo todas las pamplinas que se han inventado los guionistas.  La taberna, el naufragio del bote, el paseo por el bosque; Bothwell declarándole su amor a la reina en un pasadizo oscuro en vísperas de la boda con Darnley; Bothwell contándole a Maria que le juró a su madre protegerla. Me conmovió esa referencia a Maria de Guisa, uno de los personajes que “Reign” hizo pedazos. Es apropiado entonces que se recuerde cuanto amó a su hija.


David Rizzio (que es gay como el verdadero) se le aparece, como un personaje de Tolkien, a Maria en medio del bosque y le recita una profecía druida. Podrá tener amor, o un heredero que una a Escocia e Inglaterra. Maria no sabe que ya no tiene opción. Su revolcón con Darnley tuvo consecuencias, su heredero ya crece en su útero. Debe olvidarse del amor, pero Milord Bothwell no es hombre que acepte un “no “fácilmente.















En su noche de bodas, mientras el novio borracho ronca en la cama, Maria mira por la ventana y ve a Bothwell montando guardia bajo su balcón. ¡Que románticos! ¿Pero dónde va a llevar todo esto? A Maria al cadalso y a Bothwell a morir loco, y encadenado, en una prisión danesa. Pero, espérense que esto es “Reign” Si se la han pasado cuatro años reinventando la historia ¿Por qué habrían de cambiar ahora? ¿Significa eso que Maria y Bothwell podrían ser felices para siempre? En “Reign” todo es posible.