Amo los libros y extraño
las viejas librerías, sean de libros
usados o un sitio como los viejos locales de Dalton’s y Barnes &Nobles. También
me he acostumbrado a los relatos de misterios con detectives amateurs en marcos
de época. Por eso me alegra que la PBS nos haya traído un cozy que combina
todos esos elementos.
El término “Bookish”
se usa para definir a gente adicta a la lectura y conocedora de la escena
literaria al igual que receptora del conocimiento que se adquiere leyendo. En
este caso, ambas características se aplican a Gabriel Book (noten el juego de
palabras),dueño de una librería de
viejos situada en la Calle Arcangel del Londres de la posguerra.
Mark Gatiss
vuelve a emplear su agudeza en estos cuentos de su autoría y que además
protagoniza. Gabriel Book es un librero, pero su hobby es resolver misterios
policiacos y eso que él es portador de varios misterios. ¿Qué contiene esa carta
de Churchill que permite que Book se inmiscuya en el trabajo de la policía? ¿Qué
favor le hizo al Inspector Bliss que lo consulta como si fuese un experto
criminólogo? ¿Quién es el hombre con un parche en el ojo con el
que se cita en las riberas del Támesis? ¿Y qué quiere este señor del librero a
cambio de haberle encontrado algo o alguien?
Sabemos por las
descripciones de la serie que Book es gay(en una época que la homosexualidad era un crimen penado por la ley
británica) y que comparte con Trottie―su
amiga de la infancia― un “matrimonio lavanda”. Sabemos que cada vez que
Los Book anuncian una salida nocturna, en realidad cada uno parte por su lado y
a mí me intriga saber dónde van. Y por
supuesto queremos saber qué misterio une a Gabriel Book, con su nuevo
dependiente (Jack, solo, Jack) un ex presidiario.
Sin embargo, los
seis episodios (tres casos diferentes) de esta primera temporada se enfocan en
otro tipo de misterios. El primero es el supuesto suicidio del químico, vecino
de Los Book. Tras un somero examen del cadáver y su entorno, Book nota que el
muerto tiene un golpe en el cráneo que no fue causado por una caída y que hay
sangre que no proviene de ninguna herida en el cuerpo del suicida. Luego nota
que falta una pieza del valioso set de figuras de jade ¿Y por qué, un químico,
con tanto veneno mejor a su alcance, iba a escoger morir ingiriendo acido
prúsico que le proporcionaría una dolorosa agonía?
Hay varios
candidatos para el asesinato. La hija que el químico desheredó por
casarse con un mecánico/traficante de mercado negro; la criada que ha quedado de
heredera la fortuna del químico y el mismo yerno desairado. Book descubre que
fue el mecánico quien escamoteó la figura de jade, ¿pero eso lo convierte
automáticamente en sospechoso del asesinato?
Para descubrir el
robo y al ladrón, Book recluta un equipo compuesto por Nora, que tras quedar
huérfana en el Blitz, ayuda en el restaurante de su tío; el perro “Dog”; y la
propia Trottie (Polly Walker de Bridgerton) quien debe contratar los
servicios del mecánico y como no tiene vehículo debe pedir prestado el Daimler
del carnicero. Para el segundo episodio, hay sospechosos descartados y el
verdadero asesino es una sorpresa total.
Mas sorprendente
es como Gabriel Books ha estado siguiendo su pista, en silencio, desde la
primera escena. Tan sorprendente como que el descubrimiento de una fosa común
que data de la Gran Plaga de 1666, contiene un nuevo cadáver y como esto se
relaciona con el falso suicidio del químico.
Bookish es una serie simpática en la que vemos a
Book combinar sus investigaciones de Sherlock Holmes con su amor por los libros
y sus esfuerzos por organizar una serie de secretos personales que serán el
leitmotiv de la serie que ya anuncia segunda temporada. Filmada en Bélgica,
“Bookish” ha logrado recrear la atmosfera y paisaje de un barrio londinense de
1946 los antiguos barrios de Namur y otras ciudades belgas.
Sin meterme mucho
en los otros episodios, la serie se la arregla para abarcar más que crímenes de
barrio con una exploración del cine de la época gracias a una filmación en la calle
Arcangel. En el último episodio, nos adentramos en el terreno de Agatha
Christie con uno de esos hoteles elegantes de Londres, y sus clientes que
abarcan realeza destronada.
Joely Richardson y Jacob Fortune-Lloyd en cuento de cine y asesinatos
Una cita de Trottie acaba en el Walsingham y sospechosa de asesinato
Bookish tiene una cortinilla muy vistosa, buenos
actores y ha venido a llenar el espacio que dejó vacío Vienna Blood. El único defecto es en el desequilibrio
de las actuaciones. Los actores jóvenes
se ven amateurs al lado del sobrio (no confundir con serio) histrionismo de Mark
Gatiss y Polly Walker.
Me refiero
principalmente a la sobreactuación de Buket Komur(Nora) quien se esmera en hacer muecas y aspavientos
exagerados. Sin llegar a ese nivel de exageración actoral, Connor Finch (Jack)
también es dado a contorsiones faciales. Tal vez se deba a que ambos son
novatos y el tiempo los hará madurar como actores.
Contenido Violento o Gory: Aunque los
crímenes son violentos, no llegamos a ver nada muy gráfico, después de todo es
un cozy.
Contenido
Sexual y Desnudos: Es un
cozy
Factor Feminista: En una época en que las mujeres eran
hijas, esposas y madres, no vemos mucha libertad entre las féminas de estos
misterios. El caso de Trottie es el más interesante. El matrimonio le ha dado
esa libertad, tanto sexual con esas salidas nocturnas, como en el poder
compartir las actividades detectivescas del marido. Ademas es dueña de una tienda de papel mural adyacente a la librería de su esposo.
Factor Diversidad: Para sr un producto inglés, no vemos
mucha gente de color en roles importantes. A lo más, la chica que hace de Nora
es de origen turco. El Inspector Bliss es judío y el misterio final tiene como sospechosos
a realeza y plebeyos de Scutari (un disfraz de Albania).
La homosexualidad
de Gabriel Book es tratada con delicadeza. Lo vemos seguir a un hombre que le
ha hecho una invitación en la calle de noche. En la segunda historia, vemos en
un flashback, como es llevado al corte acusado de actividades homosexuales y
como es salvado por Trottie que se presenta como “su prometida”. Incluso la reacción
negativa y puritana de Jack, al enterarse del arreglo matrimonial de sus
patrones, es creíble en alguien de su tiempo y estatus social.
Bookish puede verse en PBS en Estados Unidos,
Filmin en España y en Film&Arts en America Latina
Una sorpresa este
verano fue que Acorn está gratis en mi servicio de cable. Eso me permitió ver
muchas series, entre ellas, la última adaptación de las novelas policiales que
giran en torno de Adam Dalgliesh, poeta y comandante de Scotland Yard. Eso me interesó
en su autora, cuya vida fue casi han curiosa como la de su creación.
Autoras de
Genero Policial
Los misterios salidos de la imaginación
femenina tienen un dejo muy especial, desde los icónicos detectives de Dame Agatha
Christie hasta la amarga toxicidad de Dame Patricia Highsmith. Entre ambas se encuentra
la Baronesa James, y su legendario Adam Dalgliesh.
Conocí a
Dalgliesh gracias a mi padre. En Los 80s, se volvió adicto a la adaptación de
la BBC que en los Estados Unidos presentaba el espacioMystery del Masterpiece
Theater. Intenté verla un par de veces, pero los relatos policiales no son
un género que me apetezca. Aun entonces, la serie me parecía parca, gris, sosa
a mis ojos ya acostumbrados al despliegue deBrideshead Revisited o los
personajes fascinantes que me ofrecieran Upstairs/Downstairs y La
Duquesa de Duke Street, series inglesas por las que no pasan los años.
Estando en la
Facultad de Bibliotecología, tuve una amiga que era fanática de las novelas de P.T.
James. Cuando le mencioné la serie, la menospreció diciendo que prefería
conocer las andanzas del comandante Dalgliesh en papel y no en pantalla. Me imaginé
que querría ponerle otra fisonomía al policía ya que no le gustaba el estirado
e inexpresivo Roy Marsden que por largo tiempo fue el rostro que la imaginación
popular le adjudicó a Dalgliesh.
Algo que mi amiga
me informó es que James era hembra. Gran sorpresa para mí. Supuse que si usaba
iniciales era por pudor de escribir un género masculino. Sin embargo James publicó
por vez primera a comienzos de Los 60 cuando Dame Agatha y Patricia Highsmith
no temían revelarse como autoras de novelas policiales.
De hecho mucho antes,
Dorothy L. Sayers había creado un detective muy admirado por los conocedores de
novelas negras, Lord Peter Wimsey del Club
Bellona. De hecho, el género policial moderno comienza con un relato “Lady Molly
de Scotland Yard”escrita en 1910 por la
Baronesa Orczy antes de involucrarse en las desventuras del Pimpinela Escarlata.
“La Vida Me Ha
Malcriado”
Lo que haya hecho
que la Baronesa James intentara ocultar su sexo puede tener más en común con su
retraimiento personal (que compartiría su protagonista) que con prejuicios. A
diferencia de muchas “Reinas del Crimen”, Phyllis Dorothy James no tuvo acceso
ni a comodidades ni a estudios superiores. Provenía de provincia y de un
estrato social de clase media que, en algunos momentos de su existencia, llevó el
apellido de ‘baja”.
Hija de un
empleado de Hacienda, su vida estuvo marcada por enfermedades mentales ajenas
que alteraron la propia. Cuando su madre fue internada en un sanatorio para
enfermos mentales, la futura Lady James tuvo que abandonar sus estudios para
atender casa, hermanos y ganar un sustento. Como su padre, buscó trabajo en
oficinas de impuestos internos.
Su vida mejoró
durante la Segunda Guerra Mundial cuando se casó con Connor Bantry un médico
militar que sería el padre de sus dos hijas, pero el mal hado la perseguía. Acabado
el conflicto, el Dr. Bantry comenzó a exhibir señales de fatiga bélica que
llevarían a internarlo en un hospital de enfermos mentales. Nuevamente, Phyllis
debía convertirse en el sostén económico de un hogar desintegrado. Por el resto
de su vida, Connor se la pasaría entrando y saliendo de manicomios. Sus hijas
serian criadas por los abuelos paternos.
Phyllis, con la
esperanza de ganar más, tomó cursos de administración de hospitales lo que le permitiría
trabajar para el recientemente creado Servicio Nacional de Salud. Entretanto, usό su escaso tiempo libre
para escribir ficción. Curiosamente eligió un género que generalmente se asocia
con autores varones y así se convirtió en una “Reina del Crimen” cuando publicó
en 1962, su primera novela Cover Her Face (Cubridle el rostro) en donde el
público por primera vez conocería al Comisario Adam Dalgliesh.
Lo seguiría A Mind
for Murder (1963) y Unnatural Causes (1967). Años después, Lady
James diría que no tuvo problemas para publicar, que sus libros fueron
aceptados inmediatamente, añadiendo “la vida me ha malcriado”. Eso viniendo de
quien trabajó arduamente, y sobrevivió dos veces la destrucción de su familia, demuestran
el espíritu humilde y generoso de James que siempre fue religiosa y devota
anglicana.
La viudez
encontró, y liberó, a James en 1964. Ya no tan preocupada por las finanzas
familiares, y con dos novelas a las que les había ido bien en el mercado, se atrevió
a trasladarse a otro espacio de trabajo, uno mejor remunerado y más
prestigioso. Entró a trabajar al Ministerio del Interior (Foreign Office) donde
permanecería hasta 1979. Quizás por el tipo de género que había escogido, se la
colocó en sitios donde pudiese desarrollar su conocimiento criminológico,
laborando primero en la sección de medicina forense y a partir de 1974, siendo
magistrado.
Para cuando la
Baronesa se retiró a fines de los 70s tenía una sólida reputación como
escritora de novelas policiales. Había publicado cuatro novelas de su ciclo
Dalgliesh. La tercera, Mortaja para un ruiseñor (mi favorita) se había
convertido en un superventas. Sus libros habían sido traducidos y vendidos en
el extranjero. Tenía un fandom en ambos lados del Atlántico.
“No Es Mi Idea
de Dalgliesh”
Tanta fama acarreó
que Dalgliesh mereciese una adaptación de parte de la BBC. La serie tuvo éxito
y duró desde 1983 hasta 1988. James no estaba muy contenta con el actor
principal, Roy Mardsen, admitiendo que “no es mi idea de Dalgliesh”. A pesar de
los resquemores de la autora, la serie Dalgliesh duró un par de temporadas
alcanzando para su fin en 1989, a adaptar todas las novelas publicadas.
Un dato curioso
es que no se siguió el orden de la serie. Cubridle el rostro quedó para
la segunda temporada, prefiriendo comenzar con Death of a Witness. Tal
vez porque en su primer intento de novela negra, P.D. James entró en la onda
romántica implicando a su protagonista con una de las sospechosas.
Al final de la
novela, la autora nos hacía creer que Dalgliesh y Deborah Riscoe tenían un
futuro. El tema no volvió a tocarse, Miss Riscoe no volvió a aparecer y en las
dos serie-adaptaciones de las novelas de Dalgliesh, este primer libro pasa a
ser uno más de los casos que el detective debe resolver.
A comienzos de
este siglo,Martin Shaw (Inspector
Gently) interpretó a Dalgliesh en un trio de las últimas novelas de la
saga. Yo solo he visto Death and the Holy Orders y no me impresionó ni
la adaptación niShaw―que me
ha encantado como George Gently―en el rol de Dalgliesh.
De Como una
Reina del Crimen se Volvió Baronesa
Para Los 90, la
vida de P. D. James estaba dando giros inesperados. Adam Dalgliesh le había abierto
las puertas de fama y fortuna. Se compró una mansión llamada Holland Park en su
Oxford natal. Fue esa casona la que la reina Isabel II usaría para darle un título
nobiliario a esta “reina del crimen”. Anteriormente, Agatha Christie y Ngaio
Marsh habían sido honradas con el título honorifico de “Dame”, la ex empleada
de hospitales ahora era Baronesa James de Holland Park, la primera en su rubro
en ser así honrada.
(NOTA: Lady James
sentó un precedente. En 1996, otra Reina del Crimen, Ruth Rendell, recibiría el
título de baronesa)
El titulo cambió
la vida de Lady James, además de sentarse en el parlamento y tener voz y voto
en los asuntos del reino, comenzó a hacer apariciones públicas en programas de televisión
presentando un rostro que sus fans reconociesen. En 1991, publicó un amago de
autobiografía, tres años después sacó al mercado un estudio sobre cómo escribir
misterios policiales
Aunque su última
novela de la serie “Dalgliesh” fue publicada en el 2001, antes de morir tenía
planes de continuar las aventuras del policía-poeta. En sus últimos años no
solo experimentó con la no-ficción. Además exploró otros géneros. En el 2007,
publicaba Children of Men, una novela futurista, que Alfonso Cuarón
llevaría al cine con Clive Owen y Julienne Moore.
Su último trabajo
fue una incursión en el whodunnit histórico (y literario). En Death comes to
Pemberley, Lady James obliga a Elizabeth Darcy (de soltera Bennet) y a su marido
a hacerlas de detectives para probar la inocencia de su odioso cuñado Wickham.
En el 2014, tuvimos una adaptación (puede verse en Amazon Prime) con Anna
Maxwell-Martin y Mathew Rhys como Los Darcy y el “slurpy” Matthew Goode como Wickham.
La Baronesa James
de Holland Park falleció en el 2011, víctima del cáncer. Tenía 84 años y dejó
un legado de dos hijas, cinco nietos y una obra literaria que solo con la serie
de Dalgliesh abarcaba un fandom en cinco continentes.
El Retorno de
Dalgliesh
Mas de una década
después de la muerte de su creadora, Adam Dalgliesh volvió a pasear su
sagacidad criminológica por las pantallas de televisión. Después de ver a tres Dalgliesh, me quedo con
el ultimo, los motivos son que encuentro a Bertie Carvel más efectivo que Roy
Mardsen y Martin Shaw, que los nuevos libretos hacen más hincapié en la vida
personal del detective que en las adaptaciones anteriores, y que el situar los
misterios en Los 70sconvierten esta
serie en un drama de época, o drama retro.
La Baronesa James
creó un detective muy particular que tiene un alter ego que es poeta publicado
y galardonado. Eso hace de Dalgliesh un hombre instruido y sensible. La muerte
de su esposa y(y del bebé) en el parto han marcado su psiquis y lo hacen taciturno
y lacónico, aunque nunca inhumano. Todos estos datos biográficos fueron nada más
que detalles en la primera versión. En esta de Acorn juegan un rol importantísimo
en la relación de Dalgliesh con los sospechosos y sus subalternos, además de
hacerlo ver los crímenes desde un punto de vista personal.
Yo conocía a Carvel
como el protagonista de Jonathan Strange y Mr. Norrell y no me cayó
bien, Como todas las fans de la novela de Susanna Clark había soñado
con Damian Lewis dando vida al mago Strange. Carvel ni siquiera era pelirrojo y
le faltaba carisma y sex-appeal. Ahora esas fallas desaparecen ante
características que lo hacen perfecto para el rol. Su cara de palo asaltada a
veces por una especie de sonrisa que es más un rictus sarcástico, se funde con
su aura de soledad, su compasivo sentido justiciero, y su capacidad de entender
las debilidades humanas.
Un detalle
curioso de ambas adaptaciones es que no siguen el orden cronológico de los
libros. Cubridle la cara ha sido relegada a la Tercera Temporada tal vez
por las debilidades de ser un trabajo de principiante, Quizás porque, el alma romántica
de Lady James ya le encajaba un posible amorío a su protagonista. Eso no
conviene a esta nueva adaptación donde se juega mucho con el trauma que la
viudez ha impuesto a Dalgliesh.
Incluso se han
deshecho del personaje de Deborah Riscoe, convirtiéndola en la viuda hindú Devi
Langridge que trata a Dalgliesh con gran desprecio. Entremedio, para que los
lectores no se confundan, vuelve a aflorar el nombre de Emma Levenham, el
segundo gran amor que la Baronesa James le inventó a su comisario, luego
comandante Dalgliesh.
Mortaja para
Un Ruiseñor
Comenzamos
entonces esta adaptación con mi favorita “Mortaja para un ruiseñor”. En la
versión Roy Mardsen fue la tercera y no me gustó. En el libro, la acción tiene
lugar en una escuela de enfermeras en las afueras de Londres donde una
estudiante muere envenenada durante una demostración de lavado de estómago.
Mientras Dalgliesh investiga, muere otra estudiante, una treintañera de vida un
poco disipada (para la época). La investigación descubre affaires, chantajes y
hasta una criminal nazi.
En la versión
Mardsen escogieron comenzar enfocándose en la segunda víctima, Jo Fallon. Es más
joven que en el libro y en los primeros diez minutos le confiesa a una compañera
que está embarazada y que planea abortar. Nada de eso está en el libro y no sé por
qué decidieron iniciar ahí la historia.
Jo Fallon en la primera adaptación Mas joven que en el libro.
En la versión
Carvel, se pasan cinco minutos presentándonos a las alumnas antes del ensayo médico
que es una prueba que será presenciada por el medico en jefe (y único varón del
plantel). En ese mínimo de tiempo nos quedan claro la personalidad de cada
estudiante: las gemelas que hacen todo al unisonó; la gordita que es la mejor
alumna pero planea abandonar la enfermería para casarse; la descocada Julia,Heather Pearce, la bully fanática religiosa;
y la tímida Dakers, su víctima.
Las enfermeras al desayuno
De ahí pasamos a
la prueba que es interrumpida cuando la leche que es usada como lavativa oral
se descubre como un ácido que envenena a Pearce. En un momento de caos y
suspenso en que nadie sabe qué hacer y Dakers solo grita histérica. Vemos
llegar a Dalgliesh solo e iniciar una investigación que lo lleva conocer a
otros personajes, a descubrir secretos insólitos incluso a ser atacado en el
bosque.
La prueba fatal
El personaje de Jo
Fallon es completamente diferente al del libro y al de la primera versión. Está
en el hospital por una intoxicación alimenticia. Es joven, bonita, agradable,
pero un poco misteriosa. Cuando Dalgliesh la interroga en el hospital descubre
que se trata de una admiradora. El amor por la poesía crea un vínculo entre
ambos y al inspector lo impresiona más cuando parece que Jo murió por su propia
mano. En realidad también fue asesinada.
El Entorno de
Dalgliesh
La construcción
del episodio establece ciertas características en común de la serie. A la Baronesa
le gustaba situar sus misterios en espacios cerrados, fuera una escuela de
enfermeras, un culto en la campiña, un laboratorio o un museo. También le gustaba
salir de Londres para ir a investigar crímenes en zonas rurales. En esta serie
se ha viajado por varias partes de Inglaterra convirtiendo el paisaje sea la costa
(The Black Tower) o el campo, en un punto importante de la estética ,
haciendo hincapié en la belleza de bosques y acantilados, y jugando visualmente
con la naturalezadiurna y nocturna.
Otra característica
es la vinculación de Dalgliesh con personajes femeninos que luego son víctimas
de crímenes. Es como una reafirmación de su tragedia personal. En The Dark
Tower, que tiene lugar en un culto en la zona costera de Norfolk, Dalgliesh
vuelve a hacer amistad con dos mujeres que acaban siendo ultimadas por el
asesino. Mas importante, el inspector conoce y es auxiliado por una joven
sargento de la policía local, Kate Miskin, a quien convence de seguirlo a Scotland
Yard.
Miskin se
convierte así en una de los auxiliares de Adam Dalgliesh. En los libros lo
sigue hasta el final. En esta última adaptación la han hecho más importante. Aparte
de hacerla de raza mixta, lo que repercute en su personalidad, la
vulnerabilidad y sagacidad femenina de Miskin contrastan con el pragmatismo y
serenidad de su jefe. Aun así ambos son retraídos y a la vez necesitan de apoyo
emocional.
En esta última adaptación, el libreto llega más
al fondo de la sinergia entre la policía y el comandante Dalgliesh. Es obvio
que Kate se ha enamorado del detective poeta y eso explica que desaparezca de
la serie para dar paso a la experta en arte Emma Levenham, el romance canon que
Lady James regaló a su protagonista. Ente nos, la Profesora Levenham tiene cero
química con Dalgliesh y hubiese sido mucho mejor que él correspondiese a los
sentimientos de su subalterna.
Debido a que Cover
her Face y A Mind to Murder son relegadas a la Tercera Temporada, es
solo entonces que Dalgliesh será escoltado por el arrogante detective
Massingham. En cambio, en su primer caso (en esta adaptación) conocemos al odioso
Charles Masterson interpretado por un Jeremy Irvine muy alejado del Henry Beauchamp
de Blood of My Blood. No es solo el bigote lo que los
diferencia. Masterson es insoportable, fatuo, inoportuno y perezoso. Un gusto
que sea reemplazado por Piers Torran,t que en la serie se llama Daniel, y que a
pesar de que se vanagloria de sus estudios en Cambridge, admira a Dalgliesh y
busca aprender de él.
Aun así,
Masterson es necesario para presentarnos a Dalgliesh y sus circunstancias. Es
quien le chismea la viudez del “jefe” a otros. Como lo hace sin compasión, casi
en tono jocoso, ya establece que el protagonista es una figura trágica y
Masterson es un rufián. En los siguientes episodios, Masterson se convierte en
un relleno cómico por su torpeza, su falta de moral (se da un revolcón con una potencial
sospechosa) y el racismo con el que impregna su torpe cortejo de Kate. Es un
gusto cuando desaparece, pero preferiríamos que su expulsión fuese más estruendosa.
Contenido
Violento y Gory: A pesar
de los muchos crímenes y de abundancia de cadáveres, no es una serie grafica
Contenido
Sexual y Desnudos: Aunque
el sexo juega un rol importante en muchos crímenes, y las relaciones
clandestinas abundan, no hay desnudos.
Factor Feminista: A pesar de que el protagonismo recae en Dalgliesh,
Lady James no escatima personajes femeninos, buenos y malos, victimas y
criminales. Dalgliesh a diferencia del detective típico de novela negra no es
ni mujeriego ni machista y eso se nota en su relación con Kate Miskin que es más
acentuada en la serie.
Factor Diversidad: En sus libros, la Baronesa no se mostró
ciega a la diversidad del mundo británico llegando hasta ponerle a Dalgliesh un
asistente indio. La serie va más allá sin caer en una diversidad forzada. Por
ejemplo el que en Mortaja para un ruiseñor, Dakers sea negra ayuda a
hacer a su personaje más patético y sumiso en un espacio donde todas sus
compañeras son blancas. En Cover her Face, transformar a los Riscoe en
los Metha, una familia angloíndia, permite introducir notas exóticas,
prejuicios y hasta racismo de grupos supremacistas. Y hacer a Kate Miskin de
raza mixta, le añade otra dimensión al personaje.
Al final del
primer episodio de Dept. Q, encontré una especie de leitmotiv: los
espacios cerrados como jaulas que sirven para ocultar víctimas de secuestro por
años, pero también son sitios para que se cree un equipo de rescate para la víctima.
Eso hace que esta serie de Netflix se asemeje más a Las Azules que a Slow Horses con la cual se la ha comparado. Por otro
lado, hay jaulas invisibles en las que se encierran los personajes para
defenderse del mundo y que acaban siendo su prisión.
Fieras Enjauladas
Si no me creen,
aun antes de comenzar, puedo indicar que si a Carl Morck (Matthew Goode) su jefa
enjaula en un sótano para mantenerlo alejado de los demás policías, él se ha
creado una coraza para protegerse del mundo exterior y que al final le impide
comunicarse con este. En ese sentido se parece a Merritt Lingard, la victima de
secuestro que lleva cuatro años enjaulada en una cámara descompresora. No me ha
sorprendido que el titulo original en danés se traduzca como La mujer en la jaula.
En español también el titulo La mujer que arañaba las paredes crea
una impresión de encierro.
Sin embargo,
antes de su secuestro, Merritt se había confeccionado una celda interior que
encerraba sus secretos del pasado, su angustia del presente y sus constantes
remordimientos. Mas encima, vivía en una casa en un páramo donde tenía
escondido a su hermano que era la encarnación de su culpa. Eventualmente su
pasado vino a enjaularla en una prisión real como castigo, ya que sus
secuestradores la veían como una alimaña dañina.
Los Q encontraron
a William enjaulado en un elegante manicomio, pero el pobre chico ya vivía en
una prisión, privado del habla y de la facultad para escribir. En su lecho de
hospital, Hardy, está enjaulado por su paraplejia. Carl lo saca de esa jaula
demostrándole que mentalmente puede ser
libre y útil.
Jasper se queja
que su padrastro se aísla de él, pero el chico también se construye una mazmorra
en su cuarto, incluso ocultando su rostro con una máscara. Otros personajes
están enjaulados por sus complejos, sus prejuicios y sus miedos. Quizás por
eso, la gran queja que he oído de una seriees lo odioso de los personajes.
Departamento Q
vs Slow Horses
Me aburre y hasta
fastidia la comparación constante entre estas dos series. Es cierto que ambas
se basan en exitosas series de novelas, que están pobladas por personajes
desubicados, con problemas mentales y que son despreciados por su gremio. Ahí
paran las similitudes.
La serie de Jussi
Adler-Olssen pertenece al género policial, en cambio las novelas de Mick Herron
se mueven en el mundo del espionaje. Físicamente, Carl Morck es mucho más
atractivo que Jackson Lamb, pero el personaje de Sir Gary Oldman no tiene
trabas mentales y es, a pesar de su lengua sarcástica, devoto del bienestar de
sus “protegidos”. Tampoco podemos comparar a Morck con el idealista e ingenuo
River Cartwright que es el héroe (Lamb es el antihéroe) de Slow Horses.
Jackson Lamb vs Carl Morck
Mas importante es que al final de la Temporada 1 de los Caballos
Lentos yo ya tenía mis personajes
favoritos: la dulce y devota Catherine, el romántico dúo compuesto por Min y
Louisa, y por supuesto, River. Los demás me hacían reír y me caían bien. Tenía
claro que los Buenos eran los de Slough House, no los siniestros burócratas de
MI5.
En cambio, llevaba
veinte o más minutos de ver el primer episodio de Dept. Q y estaba
llegando a una conclusión: no había personaje querible ni con quien me identificase
y solo la estaba viendo por Matthew Goode. Pensaba si podría aguantar siete
capítulos más (después de todo no me interesan los misterios policiales a menos
que sean históricos) cuando ocurrió el milagro. Apareció un personaje que me interesó (y no
por que posea la galanura de MG) y en los últimos diez minutos la trama dio una
voltereta que me la hizo super interesante.
La Tragedia de
Ser Carl Morck
La acción tiene
lugar en Edimburgo, y el primer episodio consiste en viñetas semi corales que
nos presentan a los personajes. Comenzamos con el detective Morck y su
compañero―y tal vez su único amigo― Hardy (Jamie Sives, mi queridísimo Ser
Jory Cassel), paseando por las calles de Edimburgo cuando se encuentran con una
patrulla policial ante la puerta abierta de una casa.
El ultimo paseo de Carl y Hardy
Contraviniendo el
manual que indica como deben comportarse en una escena de crimen, los policías
se entrometen y encuentran un cadáver con un cuchillo incrustado en el cráneo y
un patrullero novato llamado Anderson custodiándolo. Morck se complace en
humillar a Anderson, señalándole todos los errores que ha cometido. En medio de
eso, emerge de la cocina un sospechoso cubierto con un pasamontaña que les
dispara al trio.
Corte a los
créditos y para cuando regresamos han pasado cuatro meses. El pobre Anderson
murió en la balacera, Hardy está paralizado en un lecho de hospital. Morck
recibió una herida en la cara que cubre con barba más espesa (lo que hace a MG
triple slurp), pero lo que no salta a la vista es que está triple
traumatizado.
Aun así la
policía le ordena que se someta a una terapia a manos de una psicóloga
que…errrr…es el único personaje que me complica en Departamento Q y eso
que lo interpreta mi querida Kelly McDonald. Hablaré más de ella cuando me
toque repasar el feminismo en la serie.
Morck intenta
reincorporarse a la fuerza policiaca donde nadie está contento de verlo. Da la
impresión que la tragedia―de la que lo culpan―es la última gota de un
vaso que él ha llenado con su sarcasmo y soberbia. Visitar a Hardy en el
hospital es poca ayuda. El único amigo de Morck es presa de pensamientos
suicidas y no está para escuchar cuitas ajenas.
Morck quisiera
ocuparse de la investigación de su caso y descubrir la identidad de su
atacante, pero esto ha quedado en manos de un trio de ineptos que comparten el
mismo mal gusto en peinado yno son muy
ocurrentes. Para colmo, el detective tiene problemas personales.
Divorciado, ha
quedado con la custodia de un hijastro adolescente, un arreglo que disgusta a
ambos. El chico es típico Z inútil que se la pasa escuchando música estridente
con audífonos y una máscara, tipo Darth Vadar, tras la cual se oculta del
mundo. Cuando ya Jasper no sabe cómo irritar a su padrastro y a Martín (a quien
Morck renta un cuarto en su casa) aporta un nuevo cambio, saltarse días de
escuela y pasárselos en casa encamado con una compañerita.
Jasper en la puerta de su jaula
Un Baño-Oficina: Ni que fuera Betty La Fea
Morck no sabe qué
hacer con Jasper y su jefa (Karen “Lisa Arryn” Dickie) no sabe qué hacer con Morck.
La solución la traen sus superiores. Se ha descubierto que su comisaria tiene
un récord de casos no resueltos. Quieren instalar un departamento―ellos
pondrán el dinero―para que trabajen en esos cold cases y así
satisfacer a la quejosa prensa.
Moira se pasa de
lista, crea el Departamento Q, y pone a Carl Morck a cargo. El solito con su
propia oficina en el subterráneo donde una vez estuvieron los baños compartidos.
Todavía hay orinales adosados a la pared. Ni a Betty, La Fea le dieron una
covacha tan hedionda.
Esto me ha
recordado a Las Azules cuando les instalaron su oficina en el sótano. De
nuevo tenemos una comisaría que no sabe qué hacer con un/unas indeseables, pero
que no puede quitarse el bulto de encima. Para eso sirven estas jaulas para
escondrijos de los elementos incomodos.
La guarida del Departamento Q
Como ocurriera
con Las Azules, Morck y su equipo (del que hablaré en un segundo) limpian,
arreglan, humanizan el subterráneo, y emprenden desde ahí una campaña para
resolver su primer cold case. Eso, sin ayuda, de los de arriba donde Moira
ha revertido los fondos que la ciudad le ha dado para el Departamento Q a sus Caballeros
del Valle que ahora gozan de computadores nuevos.
No todo el mundo
es oportunista y ratero en la superficie. Ahí tenemos a Rose (Leah Byrne), la recepcionista,
quien una vez fuera policía, pero ha sido degradada ya que, como Carl, también está
un poco cucú. Aunque a ratos es exasperante, y su peinado es mitad Bozo, el
Payaso y Larry, el de los Tres Chiflados, me cae bien. Es gordita, le gustan
los pastelillos y tiene buen corazón e intuición.
Intuye que Akram
(Alexei Manvelov), un tímido refugiado sirio que ha venido en busca de empleo, puede ser útil en el precinto y lo envía donde
Moira. Justo ese día Carl anda berreando porque necesita alguien que archive y
organice el centenar de cajas de casos no resueltos. Moira le manda a Akram
Salim.
Resulta que el
refugiado fue detective en su país antes que la situación política lo empujase
a huir con su familia. Morck nota que es avispado, organizado y muy intuitivo, así
que lo convierte en su asistente en la investigación. Akram es cortes,
compasivo y quiere hacer las cosas según el manual, algo difícil con Morck, Sin
embargo, Akram es bueno para saltarse las reglas y literalmente se salta
vallas. El mejor momento es cuando visita una casa abandonada y se enfrenta a
una banda de delincuentes-ocupa a los que reduce solo con las manos.
Será Akram
quien, satisfaga a Moira consiguiendo un caso cerrado: la desaparición hace
cuatro años de la fiscal Merritt Lingard. Con eso Moira convoca a una
conferencia de prensa y coloca a un Carl ,sin ninguna preparación, a cargo de
esta. Todo va bien hasta que un periodista se le ocurre cambiar el tema e interrogar
a Carl sobre su caso que ha dejado un muerto, un invalido y un traumatizado policía.
Ni una corbata puede esconder el trauma de Carl Morck
Morck se
descompone, sufre un ataque de pánico y huye de la conferencia. Nuevamente es
Akram quien acude en su ayuda. A pesar de que para todos los presentes y hasta
quienes lo vieron por televisión, es obvio que el detective no está bien, Morck
sigue con la investigación y logra componer un equipo confiable compuesto por Akram,
Rose y Hardy que, desde su cama de hospital y vía laptop, contribuye a resolver
el misterio de Merritt Lingard.
Hardy desde su jaula-cama de hospital
¿Dónde está Merritt?
Después de haber leído
el libro de Jussi Adler Olsen (en ingles se llama The Keeper of Lost Causes;
en castellano es La mujer que arañaba las paredes) en la que han basado
la serie, es evidente que Scott Frank ha
cambiado bastante el argumento. Es
interesante como ha navegado/conservado los saltos cronológicos del original.
El primer episodio es una presentación de los dramatis personae, pero
hay un personaje con el que Morck y su equipo nunca se entrecruzan.
Nos pasamos el
tiempo esperando que este personaje y su historia paralela se unan a la línea argumental.
Esto solo ocurre al final cuando descubrimos que la mujer que hemos visto es la
misma del caso que Akram ha escogido para que debute el flamante Departamento
Q. Todo lo que hemos visto de Merritt son flashbacks que llevan a su misteriosa
desaparición de un ferry camino a la isla de Mohr que la fiscal, y su hermano,
William, tomaron de regreso al hogar paterno.
Gracias a los
flashbacks descubrimos que Merritt era una planta espinosa, brillante pero
arrogante, audaz pero imprudente. Acababa de arruinar un caso importante y
conseguido la indeseada libertad de un millonario que había asesinado a su
esposa. Sin embargo, no fue el presente lo que precipitó el secuestro de la
mujer. Eso es lo que descubrirá el Departamento Q.
Merrit amonestada por su superior
A pesar de los
esfuerzos de Frank por mejorar, agilizar y hacer más interesante la trama, Departamento
Q ofrece muy poco para atraparme y confieso haberla visto solo por Matthew
G. Quizás sea porque no soy connoisseur del género, tal vez porque su
énfasis en lo woke―sobre todo el aura semi feminista― me
cohíben, pero la serie no me es atractiva.
Recalcoque los personajes, con la excepción de Akram
y Rose (y tal vez Clare ),son detestables, llegando al punto que le tengo
lastima a Morck por estar rodeado de tarados insensibles. Las actuaciones son
desiguales. Solo Matthew está magnifico. Deja atrás esa aura de niño bonito que
cultivó desde sus días de Brideshead Revisited y ofrece la mejor
actuación de su vida (aparte de su Bob Evans en The Offer)
Matthew como Bob Evans
Mathew en Dept. Q y en Discovery of Witches. Noten el cambio
Estéticamente la
serie no brinda mucho. Es difícil recordar que está situada en la Edimburgo de
María Estuardo y de Robert Louis Stevenson, a pesar de que hay escenas en zonas
antiguas. Como todo lo de Netflix, es deprimentemente oscura y los personajes―
además de antipáticos― están empeñados en verse feos y desaliñados.
Sobrevive Mathew G. por qué ...aceptémoslo, es Matthew Goode.
Contenido
Violento o Gory: Se
supondría que un Noir debe tener su buena cuota de violencia, pero por primera
vez veo como el wokismo trata el tema. La violencia es casi toda verbal, se
describen hechos violentos (El asalto que dejó a William impedido de sus
facultades; el ataque que mató a Anderson y dejó malheridos a Hardy y Morck, etc.).
La tortura que sufre Merritt en su bóveda es física, pero más afecta su psiquis
que su cuerpo.
Por supuesto que
eso va cambiando al final. Tenemos gore galore cuando a la mujer
enjaulada se le infecta un molar y sus captores le proporcionan un alicate para
que se lo extirpe por si sola. El episodio final ve asesinatos, balaceras, etc.
Antes, Akram tortura a un maleante en una escena casi cómica y Carl golpea a un
gánster que amenazó a Jasper.
Sin embargo, hay
en toda la serie un terror a la violencia. Las reacciones bruscas de Morck, que
pueden catalogarse de impulsivas o inusitadas, alteran a quienes lo rodean, tal
como ciertas palabras son vistas con tanto miedo como si quien las usa apuntara
con un arma.
El caso más patético
y desagradable es cuando Akram se encuentra con la pandilla de ocupas que
inmediatamente se le enfrentan, sin haber agresión por parte del policía. Una
incluso grita que el sirio no está armado. Ella lo sabe porque su padre era
patrullero. Akram rápidamente demuestra que no necesita de armas para dominar a
bullies cobardes.
¿Qué consigue con eso? Que él ocupa al que controló
lo demande y Jacobson le endilgue un sermón a la persona más serena de la
serie. Dos factores emergen de este encuentro. El primero es el casi racista
recordatorio de Moira de que en Europa no se hacen las cosas como en el Medio
Oriente. El otro, la evidencia de la nulidad de un departamento de detectives
que no portan armas, ni siquiera un taser.
Ya bastante ridículo
es que, en Londres, los Bobbies ,deban
defenderse de manifestantes y terroristas con un misero bastoncito, pero ¿dónde
se ha visto que detectives en un espacio peligroso no tengan con que
defenderse?Más encima reciben regaños
de sus superiores por usar ciertas palabras o darle un empujoncito a un
periodista que invade su espacio. ¿Qué es esto? ¿Un internado de señoritas?
Contenido
Sexual y Desnudos: Casi
0, lo normal en una serie donde amor y ternura son los grandes ausentes. Martin
y Carl se impresionan ante la actividad sexual de Jasper. En un flashback vemos
que Merritt tuvo una relación pasajera con un periodista y el actor que lo interpreta
muestra nalgas. Luego los vemos desnudos de perfil, pero no son escenas
eróticas. Como tampoco lo es la de Moira secuestrada, masturbándose ante la
mirada de su secuestradora.
Factor
Diversidad: Para ser una
serie británica, no hay mucha diversidad. La ex asistente de Merritt es de
origen africano; Martin y el personal médico que atiende a Hardy parecen venir
del subcontinente indio.
El mayor
exponente de un mundo “exótico” es Akram Selim que irónicamente es interpretado
por un actor ruso de origen kurdo. Como saben, Akram es un personaje canon
aunque en el libro se llama Assad. En la serie es mayor que en el libro y más
misterioso, pero conserva tres características, su humanidad que a ratos choca
con el cinismo de Morck; los enigmas de su pasado; y una cualidad que me
recuerda a un arquetipo dieciochesco.
A ratos pareciera
que viésemos la vileza y absurdísimo de nuestro Occidente a través de los
sorprendidos ojos de Akram quién representa un sentido común y una compasión
perdida por nuestro mundo. En ese sentido nos lo acerca a los protagonistas de Les
Lettres Persiennes de Montesquieu y Las Cartas Marruecas de Jose
Cadalso
Un poco extraño
que en una serie de Netflix haya poca diversidad sexual. Apenas un policía gay
que Rose conoce en la Isla Mohr. Por otro lado tenemos minusválidos y gente en
el Espectro por doquier. Como también tenemos un pésimo retrato de las
psiquiatras modernas, pero de eso― que es parte del pésimo retrato que Scott
Frank ha confeccionado de la “mujer empoderada”―hablaré, D-s mediante, en mi próxima entrada