Desde que comencé
a seguir el period drama alemán (2018) he conocido a varias actrices jóvenes,
algunas muy talentosas, pero a las que les basta un mal rol para destruir su
aura histriónica. Solo una ha ido evolucionando hasta ser un agasajo actoral
cada vez que aparece en miniseries. Me refiero a Elisa Schlott.
Liv Lisa Fries:
Lo que Pudo Ser
Hasta hace poco,
mi actriz germana favorita había sido Liv Lisa Fries que se ha hecho de un
nombre en los dramas de época de su país, principalmente en la exitosa Babylon
Berlin. Liv Lisa también ha aparecido en filmes como el noir austriaco Hinterland,
donde da vida a una forense en la Viena de entreguerras. A pesar de ser policía
, es un personaje muy poco parecido a la detective Flapper Charlotte Ritter.
Liv Lisa en Hinterland
También participó
junto a Jannis Niewohner, en una
adaptación del clásico de Hermann Hesse Las Confesiones de Felix Krull y
en el desastroso Múnich de Netflix. Recientemente la vi junto a Sir Anthony
Hopkins y Matthew Goode en La última sesión de Freud donde da vida a Anna,
la hija del famoso psiquiatra, y es lo único bueno de un filme ininteligible.
Mi admiración por
Fries retornó al verla en el rol de la resistente y escritora checa Milena
Jesenska en la miniserie Kafka. Como uno de los grandes amores del
cuentista, Fries nos ofrece un tour de force, aunque solo aparece en dos
episodios, tiempo suficiente para explicar su relación con Kafka.
Como demostración
de su amistad con los dramas de época, al menos los que cubren la primera mitad
del siglo XX, Liv Lisa también ha estrenado en los cines De Hilde, con amor.
en donde encarna a la heroína de la resistencia anti hitleriana, Hilde Coppi. Sin embargo, siento que Liv Lisa
ya pertenece al pasado. Según IMDB el único proyecto futuro es la quinta
temporada de Babylon Berlin que se sabe será la final. ¿Será este
también el final de una carrera que pudo ser gloriosa?
Actrices Destruidas
por el Cross Over:
Leonie Benesch
La primera
temporada de Babylon Berlin puso en contacto al público angloparlante
con Leonie Benesch. Conocida mundialmente por su trabajo en El Lazo Blanco,
Leonie ya había recibido un galardón como la actriz más prometedora de Alemania.
Su rol de la desdichada madre soltera, mendiga y luego criada-asesina, Greta Orveck en BB, le ameritó un premio como Mejor Actriz Secundaria
del Año.
Benesch siguió
impresionándome como Hildegarde , la oficinista que rescata del comunismo a
Jannis Niewohner en El Desertor. Y se hizo conocida a los televidentes del mundo
en su breve rol de La Princesa Cecilia de Hesse, hermana del Duque de Edimburgo,
en The Crown.
Leonie en El desertor
Leonie en The Crown
El talento de Leonie
Benesch la llevó a ser contratada por productoras inglesas. Su papel de la
secretaria que chantaje a Dominic Cooper para poder huir de la Alemania del
Este fue lo único bueno de la funesta SpyCity. Sin embargo, el golpe
bajo a mi admiración lo consiguió Leonie Benesch como la odiosa Abigail Fix, la
periodista feminista de la última versión de La Vuelta al Mundo en 80 Días.
Un personaje insoportable que Julio Verne jamás hubiese imaginado. Aunque
Leonie ha vuelto a ser galardonada en el cine por su rol en El Salon de
Clases, mi consejo es que se quede en Alemania y no haga más series de época.
Alicia von Rittberg
Mi segundo
encuentro con las series de época germanas fue —siempre en Netflix—con Charité. Aunque como todo lo bueno de Netflix ha sido
desterrado, este drama médico-histórico puede verse en Estados Unidos en PBS Amazon
y en América Latina por Europa Europa.
En su primera
temporada, situada a fines del Siglo XIX, Charité tuvo a Alicia von Rittberg
como su encantadora protagonista. En 1889, la adolescente Ida, para pagar su operación del apéndice, debe convertirse en enfermera del más antiguo
y más celebre hospital de Alemania. Por
esa actuación, la Condesa von Rittberg recibió un Bambi (el equivalente al Emmy
en Alemania) como Mejor Actriz.
Aunque Alicia ya había
estado incursionando en el cine angloparlante en pequeños roles, su gran
oportunidad de entrar en la televisión internacional fue en la producción de Lionsgate,
Becoming Elizabeth. Lamentablemente, la serie fue su canto
del cine.Se la canceló a fines de la
primera temporada.
La culpa no la
tuvo Alicia. Su interpretación de Isabel Tudor en su adolescencia fue muy
convincente. El problema es que en esta incursión al universo Tudormaníaco, la serie
de Starz se enfocó en el abuso sexual cometido por el Almirante Seymour contra
su hijastra. Para colmo, el guion a ratos quería vendernos una historia de amor
en la que Seymour e Isabel eran víctimas de intrigas políticas. El confundido
televidente prefería apagar el televisor.
Emilia Schule
Volviendo a Charité,
hubo otra actuación femenina que me encantó. Fue ahí que conocí a Emilia Schule
cuya cara de muñeca la hacía perfecta para el rol de Hedwig, la actriz
adolescente que enloqueció al médico alemán más celebre de su época, Robert
Koch.
Mi ingreso a PBS
Amazon en el 2021 me permitió acceder a maravillosas series europeas de época,
una de ellas es Ku’Damm (en inglés Berlin Dance School) donde la actriz
de origen ruso interpreta a Eva, la más ambiciosa de las Hermanas Schollack.
Como hermana del medio, se esperaría que la vida de Eva, durante las tres temporadas
de la serie girase en torno a sus hermanas, pero entre 1956 y1963 hemos visto a
la enfermerita ser amante de un futbolista comunista y casado con una de las
pacientes de ella. La hemos visto casarse con su jefe, el manipulador psiquiatra Fassbender, abandonarlo,
dedicarse a la prostitución, chantajear
al marido para que costee su galería de arte y acabar tras las rejas al
convertirse en auto viuda.
En medio de las
temporadas de Ku’Damm, Emilia estuvo en el filme multiestelar , basado
en la novela de Hermann Hesse, Narciso y Golmundo. En este relato homoerótico
y cargado de tonos edípicos, Emilia fue Lydia, la hija de un conde que recibe
en su castillo a Golmundo (Jannis Niewohner) cuando este abandona el monasterio
donde está haciendo un noviciado. Golmundo busca internarse en un mundo donde conocerá bien los
pecados de la carne, iniciándose con la
susodicha. Esto dio pie para que la prensa ligara sentimentalmente a Jannis y a
Schule.
El currículo de
Emilia Schule fue suficiente para interesar al mundo anglo parante .
Lamentablemente ocurrió como con Alicia von Rittberg. Se partió de la base que por
ser extranjera podía interpretar a una reina de antaño. La BBC y el canal francés
+ (responsable por Versalles) contrataron a Emilia para dar vida a María
Antonieta.
El problema es
que la producción era mediocre en términos visuales y de contenido. El guion se
cifró en los esfuerzos antimonárquicos de la televisión woke aunados a intentos
de sexualizar a una reina que no tenía (al menos entonces) mucho interés en el
amor físico. El resultado fue que Emilia acabó como una tarada que ni sabía lo
que era la menstruación y que dejaba que la utilizasen sus enemigos. El que le
vayan a hacer una segunda temporada a semejante basura me quitó todo respeto
por Emilia Schule.
Elisa Schlott,
La Mas Prometedora
Sé que hago mucha
propaganda a las series de época germanas, eso no significa que sean todas buenas o que
me gusten por igual. Con algunas me he llevado tremenda desilusión como conUnsere Wundebaren Jahre que se puede traducir como Nuestros Años
Milagrosos. Basada en la insípida novela de Peter Prange, la historia de
tres hermanas de la posguerra la hace parecida a Ku’Damm solo que la
acción tiene lugar antes (1947-1952) y no en Berlín, sino en un pueblo cerca de
Frankfurt.
El parecido acaba
ahí.Esta serie carece del vibrante
dinamismo de Ku’Damm, sus personajes son poco atractivos, algunos francamente
desagradables. Pueden leer mis impresiones en mi reseña, pero reitero el
personaje más antipático es el más cercano a ser el protagónico; Ulla, la menor
de las Hermanas Wolff. Rebelde e indecisa a la vez, Ulla acaba haciéndole daño
a todos los que la aman. Culpé a Elisa Schlott de hacer más antipático el personaje,
pero creo que fui injusta.
Aun así, sentía
poca predilección por la actriz y me molestó mucho saber que se integraba a la
Tercera Temporada de Das Boot. A pesar de las dificultades que yo y el público
estadounidense hemos tenido para poder seguirla, dos temporadas de esta fantástica
serie alemana la habían convertido en mi favorita.
Mi personaje
predilecto era el Oberleutnant Robert Ehremberg (Franz Dinda) ,
ingeniero constructor de submarinos que, debido a la horrible muerte de su
familia en un bombardeo de Kiel, vivía traumatizado intentando dominar su
alcoholismo. Esto lo llevaba a maniobras desperadas desde amotinarse contra un
capitán de submarino hasta asesinar a otro.
Solo su pericia
en la construcción de submarinos evitaba que Ehremberg acabase en un paredón,
pero destino peor me parecía ponerle a La Schlott de interés romántico. Sin embargo,
Greta Nussmeier cambio mi perspectiva del rango actoral de Elisa. Con un marido
gravemente herido en el Frente Oriental, Frau Nussmeier está sacando adelante sola
a su hija y a la óptica que le legó su padre. Un encuentro con Ehremberg despierta
en ambos el deseo de volver a amar y vivir. Solo que olvidan en qué país han
decidido renacer como pareja.
Las leyes del Tercer
Reich condenan a Nussmeier a la eutanasia. Para salvar al padre de su hija, Greta
debe comprometerse a rehabilitarlo. Eso conlleva el seguir casada y acabar con
su romance, lo que empuja a Ehremberg de regreso a la botella. Yo esperaba que,
en la Cuarta Temporada, encontrasen una solución a ese dilema, pero como optaron
por acabar la serie con un listado de cadáveres, no dejaron espacio para
romance.
{NOTA: He tratado
de encontrar videos de cada actriz para que las vean actuar. No he podido
encontrar nada de Elisa, solo estede Das
Boot, aunque está doblado al ruso con subtítulos en inglés pueden ver su
lenguaje corporal y sus expresiones faciales}
Me enojó saber
que Elisa Schlott no estaba disponible para ese final de serie puesto que había
caído en las garras de Netflix y ni siquiera para un protagónico. Los
subscriptores de esa plataforma la conocieron por esa bazofia llamadaLa Emperatriz, otro añadido a la destrucción del Mito
Sisi.
En el cuento de brujas
de Isabel de Baviera siempre he sentido lástima por su hermana Helena, la
candidata despreciada. Pues aquí apareció Elisa Schlott interpretándola y
creando un personaje más simpático y humano (a pesar de su anacrónico corte de
cabello) que el de Sisi que quedó en manos de Devrim Lignau.
Una lástima que fuera
esta serie mediocre la que la haya hecho conocida. Es una suerte para los
habitantes de USA, que PBS Amazon/Walter
Presents ahora les ofrezca el protagónico que realmente hizo a Elisa celebre en
su país. En Saludos desde America (Ein Hauch von Amerika)tenemos
una temática parecida a Nuestros Años Maravillosos ya que tiene lugar a inicios
de los 50, en un pueblecito, esta vez en
Baviera.
La diferencia es
que en vez de mostrar como una familia lidia con su pasado nazi y como se
reinventa en un mundo moderno, en Saludos… el tema es la mala influencia
que tienen los ocupantes estadounidenses sobre su enemigo de ayer,
especialmente sobre las jovencitas. Como dice el párroco (más nazi que Hitler)
los americanos “no son buenos cristianos”.
Elisa es Marie, una
joven campesina que comete el error de enamorarse de un soldado negro y ve como
todo el mundo les vuelve la espalda con la excepción del tabernero judío y una
gringa comunista. Vemos como bajo la influencia de esta última, Marie mejora su
inglés, aprende a amar a Jack London y a admirar la pintura de Franz Mark, pero
también a apreciar la libertad y a despreciar el racimo y discriminación. En suma, y lo que me gusta de los personajes de Elisa Schlott,
Marie es una heroína inteligente y lo demostrará cuando su mejor amiga acuse a
su amantede violación.
Saludos, aunada a Nuestros Años… y a Das
Boot, confirmó la imagen de Elisa como un símbolo de la mujer alemana
durante y después del Tercer Reich. Un poco como lo había sido Hannah Schygulla
a fines del Siglo XX, y Nina Hoss en la primera
década de este siglo.
Schlott ha
destacado más en el cine donde ha cosechado premios, aunque siempre en
escenarios contemporáneos. Una excepción fue la ya mencionada Narciso yGolmundo
donde interpretó a Julia, hermana de Emilia Schule y también seducida por el ex
monje interpretado por Jannis Niewohner.
En este momento,
Elisa está en Italia filmando bajo las órdenes de Silvio Soldini una adaptación
de La Catadora( At the Wolf’s Table en inglés) una novela de Rosella Postorino. Vuelve
Fraulein Schlott al siniestro mundo del Tercer Reich dando vida una joven que
es reclutada por la SS en 1943 para probar la comida y bebida de nada menos que
el Fuhrer. Aunque había oído hablar de la obsesión de Hitler con un posible
envenenamiento, no conocía esta
“profesión”. Espero podamos pronto ver a Elisa Schlott en este filme y otros
proyectos.
Conocen a estas
actrices? Tienen alguna favorita? Alguna que no he mencionado, pero qué merezca
estar al nivel de estrellas alemanas del pasado como Maria Schell, Hildegarde
Kneff o Romy Schneider.
Vi dos películas (en
Tubi) sobre el Holocausto esta semana. Buenísimas, ambas alemanas. ¿Por qué es
que solo en Alemania hoy se pueden hacer dramas sobre la Segunda Guerra Mundial
y el Tercer Reich que se alejen de la formula, que se enfoquen en diferentes
ángulos, hasta se atrevan a incluir el humor sin olvidar el respeto o el pathos
que el tema merece? No solo el cine, también la televisión sigue esa corriente
donde no entran la falsa corrección política, el miedo a la cancelación o los
remilgos de una Generación de Ofendidos. Sin embargo, los críticos (incluso los
germanos) han notado en series como “Babylon Berlin” y “Das Boot” un cierto
esquivar de culpas y blanqueamiento del pueblo alemán en su etapa más oscura.
El Drama de
Época Alemán en el Siglo XXI
La última década
nos ha puesto en contacto con la televisión alemana y nos ha presentado
sorpresas como la exitosa “Dark”, una combinación de viajes en el tiempo y
drama adolescente que se convirtió en uno de los grandes éxitos de Netflix.
Otro sorpresivo éxito fue “The Barbarians", un relato revisionista de luchas
entre tribus teutónicas y conquistadores romanos. La serie fue vista como una
denuncia del colonialismo/imperialismo a pesar de su exaltación de Arminius una
figura muy admirada en el Tercer Reich.
Netflix se
convirtió en el escaparate del nuevo drama televisivo alemán destacando series
de época, desde la torpísima “Oktoberfest” hasta la magnífica “Charité”, pero mi exploración del period drama germano me
ha llevado más lejos de las fronteras de Netflix. En MHz he encontrado
miniseries sobre el nacimiento del luteranismo en el Sacro Imperio Germano como
“Catalina Lutero” y “La Reforma”.
En Starz pude ver
la fantástica “Maximilien” que en realidad es un retrato de su esposa, Maria de
Borgoña. Sin embargo, donde dan que hablar la televisión /streaming germanos es
con series que tratan de un tópico por años verboten en Alemania: La
vida en el Tercer Reich. Aunque el cine alemán, a partir de los 80, se lanzó
valientemente a tratar el tema desde la épica de los U-Boat “Das Boot” hasta la
aclamada “Der Untertang”—un fidedigno retrato de los últimos días de Adolf
Hitler—la televisión había preferido mantenerse al margen de tan espinoso tema.
Recordemos que la
más famosa serie de televisión alemana de fines del Siglo XX, “El Inspector Derrick”,
provocó escándalo cuando, tras veinte temporadas, revelaron que Derrick había servido
en las Waffen-SS. Obviamente el público alemán no estaba listo para tales
revelaciones.
De Dresden a
Hijos del Tercer Reich
Por eso se
comenzó de manera sutil. ¿Qué tal un cuento donde los alemanes son las víctimas?
¿Y qué mejor que recrear el infernal bombardeo de Desdén como marco de un
romance impromptu e inconcebible entre una enfermera alemana y un aviador
inglés? Amor Vincit Omnia ¿no?
Pero igual yo no me enamoraría de un extraño que acaba de colaborar en hacer
añicos mi ciudad. Aunque la serie es muy equilibrada en ese aspecto. Anna se enamora de Robert porque está harta
del nazismo cuyos representantes más cercanos son su novio y familia que están
preparando un robo para huir a Suiza. ¡Que patriotas!
La serie trata de
mostrarnos un aspecto amable de los alemanes, presentándonos una mujer que ha
escondido al esposo judío. No importa mucho, porque las bombas aliadas no
discriminan y ambos perecen en el bombardeo. “Dresden” no me dejó con ganas de
seguir viendo series alemanas.
” Los Hijos del
Tercer l Reich” (2014) tendría más éxito, más exposición y más críticas,
comenzando con las mías. Nunca la he tragado, pero no puedo negar su
influencia. Su título en alemán fue “Nuestros padres y nuestras madres “aludiendo
a la premisa de que las jóvenes generaciones deben mirar al pasado para poder
vivir el presente. La ironía es que, de los cinco protagonistas—tres
que sobreviven al fin de la guerra— ninguno hace un amago de tener un bebé al
que narrarles sus experiencias. De hecho, la única embarazada es ejecutada
antes de que nazca su hijo. En fin…
La historia comienza en 1941 y sigue las andanzas de cinco amigos. Wilhelm (Volker Bruch, el Gereon
Rath de “Babylon Berlin”) es joven e idealista, vuelve al campo de batalla
seguro del triunfo de Alemania. Lo acompaña su hermano menor Friedhelen, un soñador
intelectual. Antes de partir al Frente Oriental los hermanos se despiden de sus
amigos: Katharina, una enfermera enamorada
en secreto de Wilhelm; su amiga Charlotte, una aspirante a actriz; y Viktor el
novio judío de esta. Todos muy amigos sin idea de lo que se avecina.
En el frente
ruso, Wilhelm se enfrenta a los horrores de la guerra y se desilusiona con el nazismo.
Acaba en un batallón de castigo. Su hermano muere. Katharina también es enviada
al frente, pero al revés de Wilhelm, se vuelve más fanática. En Berlín,
Charlotte está empeñada salvar a Viktor, para ello se entrega a un oficial de
la Gestapo quien la traiciona deportando al judío.
Aquí surgen las
mayores críticas (por parte de la prensa germana) a la miniserie
por su retrato retorcido del Holocausto. Viktor logra huir de un tren rumbo a Auschwitz.
Se une a unos partisanos polacos, pero debe ocultar sus orígenes puesto que sus
camaradas son más antisemitas que los alemanes. En varias escaramuzas, se
enfrenta a tropas alemanas y a sus antiguos amigos. Finalmente, los polacos
descubren que Viktor es judío y lo expulsan de sus filas.
Esta imagen de Viktor
como traidor a su patria y los polacos como peores que los nazis, exasperó a la
crítica germana. En cambio, a mi si me gustó el final en el que Viktor retorna
a Berlín y encuentra que no puede recuperar sus propiedades, que Charlotte fue
ahorcada y que su amante-verdugo ahora trabaja para los Aliados. Que la serie
acabe en ese son realista indica que mal que mal había un intento de iniciar
otra manera de enfocar el rol alemán en su peor guerra.
Babylon Berlin:
La Precuela del Nazismo
A pesar de las fuertes
críticas de la prensa alemana yextranjera (y una protesta oficial de parte del
gobierno polaco, más un juicio en Cracovia) “Los Hijos…” arrasó con las premiaciones
de la televisión germana y ganó un Emmy Internacional por mejor serie extranjera.
Tres años más tarde, todavía gozando de a gloria de su rol de Wilhelm, V. Bruch
fue escogido para interpretar al detective Gereon Rath en la adaptación
televisiva de las series de misterios de Volker Kutscher.
Titulada “Babylon
Berlin” y dirigida por Tom Twyker (“Run, Lola, Run”) la acción tiene lugar en
el Berlín de Weimar en 1928. Es ahí donde llega Gereon Rath, joven inspector de
provincia, hijo de un jefe de policía de Colonia y sobreviviente de los campos
de Flandes. Aunque viene en una misión especial para recuperar un material que
compromete a un importante político, pronto Gereon se verá involucrado en un
ambiente cargado de corrupción y de intrigas políticas.
La intención de Twyker
era no mostrar a los nazis sino hasta la segunda temporada para concentrarse en
una visión de una sociedad vibrante, pero desahuciada. La serie nos muestra a los
comunistas luchando en las calles, a los soviéticos y trotskistas matándose en
la clandestinidad, y a un cabal de militares monárquicos que quieren hacerse
del poder.
En medio tenemos una
nueva versión de Rath, ahora un hombre dominado por culpas, secretos y traumas
de ex soldado que los combate con morfina. Como compañera ideal, convirtieron a
la tímida estudiante de leyes Charlotte Ritter (Liv Lisa Friels) en una
jovencita que ambiciona ser detective, pero que debe mantener a su proletaria
familia con el escaso sueldo de estenógrafa ayudado por su incursión nocturna en
la profesión más antigua del mundo.
Lo glorioso de “Babylon
Berlin es su exploración de las noches de Weimar con sus gánsteres sus
travestis, sus clubes de música de jazz y hasta su floreciente industria de la
pornografía. Este mundo ofrece un tablado donde se representará el drama del
nazismo.
Fue en la segunda
temporada donde Twyker presentó a los Camisas Pardas que primero se infiltraban
disfrazados de comunistas en la vida de Greta (Leonie Bensch), la criadita del
consejero Benda, jefe de la policía berlinesa. Manipulaban a la pobre chica que
los ayudaba a volar en pedazos a Benda (odiado por ser judío) y a su hijita. Solo
al final en una manifestación nazi, Greta reconocía a su novio y descubría que
había caído en una trampa en la que también caería el pueblo alemán.
Das Boot: Solo
el Título Quedó del Filme
El mismo año del
inicio de “Babylon Berlin”, y probablemente debido al éxito de las dos
temporadas (filmadas simultáneamente y presentadas ambas en el 2018) debutaba “Das
Boot” cuyo mayor error fue conservar el nombre de la legendaria película
alemana de 1981. No voy a agregar más de lo dicho en mi reseña, pero, aunque “Das Boot. Die Serie” tuvo éxito en
su Alemania natal, no lo obtuvo tanto en el extranjero. Mas que nada fue rechazado
por los puristas indignados ante la ausencia de vínculos con la original y
confusos ante la inclusión de mujeres (y lesbianas) en una subtrama terrestre.
A mí me encanta la
subtrama terrestre, y desde “Band of Brothers” que no me gustaba tanto un
espacio (hablo del submarino) donde no hay mujeres, pero comprendo que el público
norteamericano haya estado molesto con un cuento donde los alemanes son
atractivos antihéroes y donde los estadounidenses o son especuladores
arrogantes o resistentes comunachas y drogadictas,
De alguna manera,
“Babylon Berlin” y “Das Boot” mostraban una Alemania forzada a caer en el
nazismo Luego ya adentro debía intentar sobrevivir. Esa fue una falla que los
críticos notaron en “Das Boot”. Pareciera no haber nazis convencidos en este
cuento. No notaron que, a pesar de sus gustos refinados y admiración por las
ideas freudianas, Hagen Forster (Tom “Jaqen” Wlaschiha) si es un nazi bona
fide. Y algo que hermana a marineros, oficiales del submarino con Forster, e
incluso con Simone Strasser (Vicky Krieps), es su repulsión por los judíos.
Forster y Simone tenían en comun un sentimiento anti-judio
Antes de salir al
aire, “Das Boot” había sido vendida a cien países. En USA, Hulu adquirió los
derechos exclusivos, pero solo ha mostrado la primera parte. A pesar de que en
Rotten Tomatoes los críticos le dieron 84% de aprobación, el públicono pudo con una historia que como dijo el
historiador alemán Sven Felix Kelldorff, relativiza las responsabilidad alemana
con el nazismo, echándole la culpa de la guerra a los especuladores
estadounidenses. Y eso que no han visto la segunda parte donde el tema es casi
exagerado.
En Reddit se
quejaban de que el lenguaje (de los tripulantes del submarino) era machista y
racista. De lo mismo se han quejado críticos desde Decider hasta el New Republic. Sera porque yo vengo de un puerto que puedo ser
más tolerante con la cultura marinera, ¿o será porque los cristalitos (léase
miembros de la Generación de Cristal) se ofenden cuando los toca una
pluma?Duh! ¡Sorpresaaa! Estos son
marineros del Tercer Reich, sirven a un gobierno machista y racista, son parte
de una cultura machista y racista.
Langericht: Redemption
Road
Coincidiendo con
estas visiones revisionistas de un pasado con el que los alemanes todavía no pueden
ponerse de acuerdo vino, en el 2017, la adaptación de Landgericht
(justica de estado) la galardonada novela de Úrsula Krechell. Inspirada en el
caso real del juez berlines Robert Michaelis, la novela narra la saga del juez
de Frankfurt Richard Kornitzer y su familia. En la vida real, Michaelis tuvo
que exiliarse en Shanghái. Su esposa aria permaneció en Alemania, los hijos
fueron enviados a Inglaterra en el Kindertransport.
Al final de la guerra
hubo una reunión familiar agridulce. los hijos ya se habían acostumbrado a sus
padres y patria adoptivos y no quisieron regresar a Alemania. En Berlín, encontró
Michaels que el statu quo era conservado estrictamente, los nazis
seguían en puestos altos y a los judíos retornados de los campos no se les hacía
mucha justicia. Su labor— ardua e ingrata— por tratar de mejorar
las cosas llegó a afectar su salud.
inspirándose en
este relato, Úrsula Krechell creó una historia que trasladada a la pantalla se
detiene menos en las injusticias de la posguerra, el nazismo y la tragedia judía
que, en relaciones familiares deterioradas, masculinidad toxica, y la victimización
de una mujer aria. Aunque la historia es narrada de una manera tan conmovedora
que me hizo llorar, no la consideraría un aporte para el cine del Holocausto.
La historia abre
en 1933, Richard y Claire Kornitzer forman un matrimonio bien avenido y
exitoso.El acaba de ser nombrado juez
de la corte de Frankfurt, ella tiene un negocio que hace posters para el cine.
La pareja tiene un hijo y espera un segundo bebé. Cinco años más tarde la situación
es muy diferente. Kornitzer ha sido expulsado de su puesto y apenas puede
practicar la abogacía.
Claire es aria,
pero al rehusar divorciarse de su esposo judío, pierde su negocio. Después de
Kristallnacht, los Kornitzer hacen su prioridad el salvar a sus hijos
enviándolos a Inglaterra en el Kindertransport. El consulado cubano, les otorga
una sola visa. Creyendo que, por ser aria, su mujer está exenta de peligro, Richard
se marcha a La Habana.
Richard en La Habana
Los pequeños Kornitzer,
que realmente son muy niños para emprender ese viaje solos (Selma solo tiene cinco
años) acaban en una zona rural inglesa en casa de un bondadoso pastor cuya demente
esposa abusa de ellos verbalmente. Los niños huyen a Londres y prefieren vivir
de la caridad de los transeúntes antes que volver con el pastor. Las cosas
cambian cuando los acoge una generosa granjera que les da un verdadero hogar.
Entretanto, en Frankfurt,
Claire descubre que, aunque no esté expuesta a la deportación, su vida es un
infierno debido a su matrimonio con un judío. Se ve obligada a tomar trabajos
miserables. Es abusada, golpeada, robada y finalmente violada por un agente de
la Gestapo. Su salvación reside en irse a una zona rural donde una cofradía de
mujeres, cuyos esposos están en el frente, le ofrecen refugio y apoyo.
El que mejor la
pasa es Richard. Aunque al comienzo debe batallar el calor habanero y la
nostalgia por su familia, pronto se consuela con un trabajo en un bufete y un
romance con Caridad, una maestra afrocubana. Richard inicia una nueva familia
con Caridad y tienen una hija, Amanda.Su vida idílica es interrumpida al acabar la guerra y recibir cartas de Claire
que todavía sueña con una reunión familiar.
Richard conoce a Caridad
Kornitzer abandona
a su familia cubaba y retorna a Alemania. No le cuenta a Claire de su
infidelidad, pero tampoco se interesa en conocer las desventuras de su Esposa
#1. Solo desea ejercer la abogacía en su país y hacer justicia. Ahí se encontrará
con terribles escollos. No hay justicia para los judíos alemanes, ni siquiera
se les devuelve lo robado y las cortes están manejadas por antiguos nazis.
Mientras su marido
lleva adelante su cruzada, Claire se encarga de descubrir el paradero de sus
hijos. Será ella quien deba viajar a Inglaterra en busca de ellos. La amarga
sorpresa es que sus hijos son sanos y felices, pero totalmente arraigados a su
nueva tierra y familia. Rechazan a sus padres biológicos a quienes acusan de
haberlos abandonado Claire, desolada, regresa a Alemania con las manos vacías.
A su marido solo
se le ocurre utilizar la ley para obligar a la hija, que es menor de edad, a
vivir con ellos. Ni siquiera tiene una casa para recibir a Selma. Claire se la
debe llevar al campo. Allá Selma intenta envenenar a su madre con hongos tóxicos.
Destrozada, Claire la regresa a Inglaterra a pesar de las protestas de Richard
que no entiende el calvario de su esposa.
Selma no quiere volver con sus padres
Pasa el tiempo.
Richard se hace de una buena práctica legal, tienen dinero y viven bien, pero ninguno
es feliz. Richard insiste en estrellarse contra un sistema en busca de justicia
para sí mismo. Cuando reclama compensación por sus inmuebles robados, lo acusan
de haberlos “abandonado” al marcharse al extranjero. Los esfuerzos de Richard
por recuperar lo perdido son mal vistos por sus superiores.
Claire vive una
existencia de apéndice de Richard. Su relación es mas de patrón y ama de llaves
que de pareja. Cuando ella encuentra una razón para vivir, la refacción de un
viejo teatro descubre que el banco exige la firma del marido para otorgarle un
préstamo. Richard se niega. No tiene razones de peso, solo su egoísmo.
Indignada, su esposa se atreve a contarle de su tragedia (incluyendo la violación)
ocurrida mientras él tomaba el sol en las playas de Varadero.
La reacción de Richard
es típica. En vez de consolarla y arrepentirse de su indiferencia, corre a su
oficina a hacer una denuncia legal por el ataque sufrido por su mujer. Una
denuncia que no llega a ninguna parte. Y aquí viene la última ironía. Richard
sufre de mala salud, graves problemas cardiacos y presión alta, pero es Claire
quien muere de un infarto. El médico le explica al viudo que si hubiese sido
atendida a tiempo el infarto no hubiese sido fatal. Si Richard hubiese estado
con ella, en vez de metido en sus desquiciadas empresas, su mujer estaría viva.
Curiosamente, la
obra tiene un final feliz para Richard. Tras la Revolución Castrista del ’59,
logra sacar a Amanda de Cuba. La serie acaba en el aeropuerto con Richard y su
hija abrazados. Yo lloré a mares con esta miniserie, pero no soy ciega al hecho
de que es un mal ejemplo tanto de la tragedia judía como de la tragedia alemana
bajo el nazismo.
Sé que el libro
es más específico en su crítica de esos aspectos, tanto que fue fuertemente
denunciado en Alemania por dar” imágenes falsas” de la postguerra germana. ignorando
que son hechos documentados. Los lectores negaban que muchos nazis continuaron
en puestos importantes o que no se hubiese hecho justicia inmediata y generalizada
a las victimas alemanas del Holocausto.
Los jueces de la nueva Alemania. Todos ex funcionarios nazis
Tanta alharaca
provocaba esos puntos que nadie notó que un problema de la novela es que la
mayor víctima es una mujer aria. Aunque aplaudo este enfoque novedoso, y no
niego que ser una esposa de judío (y rehusar divorciarse) haya sido una
tragedia, en filmes como “Rossenstrase” el sufrimiento de la esposa es
equilibrado por el del marido. En “Landgericht” pareciera que Claire es la
única que sufre. Su esposo e hijos, tras un periodo de adaptación, forman otras
familias. Cuando se produce en reencuentro, tanto Richard como los hijos,
excluyen por completo los padecimientos de Claire.
En el libro, la
autora hace un conmovedor retrato de la vida en exilio de los judíos en Cuba
que ha sido ignorado por la serie. Tal como se ha minimizado el retrato de los
judíos que reclaman reparaciones en la posguerra. Al final, el único personaje
judío importante es Richard y es mega negativo. Hasta dan ganas de aconsejar a Claire
que se divorcie de ese energúmeno. Así al menos, ella y sus hijos hubiesen
tenido una oportunidad de sobrevivir sin dolorosas separaciones.
“Landgericht” es
uno de los pocos retratos de ficción del Kindertransport, un esfuerzo desesperado
de parte de grupos judíos e ingleses por rescatar niños de la Alemania nazi.
Sin dejar de elogiar ese esfuerzo, la falta de recursos llevó a colocar a los
niños con familias o en instituciones en suelo británico que no eran las
mejores. Solo en este siglo se ha venido a hablar de experiencias espeluznantes
de los pequeños rescatados que incluyen abusos físicos y hasta sexuales.
Lo que me molesta
de la serie es que haya un énfasis en la crueldad a la que son sometidos los
chicos, pero no se denuncie el gobierno que los obligó a huir. En toda la
miniserie no hay más que una visión abstracta de la negatividad del nazismo.
Como si fuese una oportunidad para que envidiosos como un colega de Richard, o
codiciosos corruptos como el agente que viola a Claire, puedan satisfacer sus ambiciones
y apetitos. No hay ejemplos de cómo se perpetró el Holocausto. Las victimas a
las que Kornizker pretende ayudar parecen más interesadas en recobrar objetos
de valor que exigir justicia por los crímenes cometidos por el nazismo.
Una ironía de la
serie es que todo lo malo lo cometen los hombres. Las mujeres, con la excepción
de la esposa del pastor, son entes positivos que apoyan a Claire. Extraño
cuando fue la población femenina de Alemania la más devota del Fuhrer y sus
medidas contra los judíos. En su afán por mostrar la victimización de una
esposa,, Landgericht acaba trivializando el Holocausto y perdiendo una
oportunidad de narrar la tragedia del pueblo alemán bajo el nazismo.
Charité at War
Algo parecido
ocurrió con “Charite at War”. Fue un vuelco fascinante el situar la segunda
temporada de las experiencias en el mejor hospital de Berlín en medio de la Segunda
Guerra Mundial. Aparte de recomendar mi reseña, solo me falta agregar que fue toda una novedad conocer como el nazismo afectó las filosofías y éticas de la medicina alemana
sobre todo de la psiquiatría.
Otro vuelco
interesante es tener como protagonista a una pequeña furibunda nazi que es
privilegiada y mimada por su buena labor viviendo e imponiendo las teorías
raciales del Tercer Reich. Como privilegio se le permite estudiar psicología
aun cuando como esposa y futura madre germana, su deber seria atender su casa.
Todo cambia
cuando Annie da a luz una hija hidrocéfala. Al resistirse a sacrificar a su bebé,
Annie se convierte en un problema para su maestros y sus colegas, pero sobre todo
para su amado esposo. Es todo un shock para Annie descubrir que— a sus
espaldas— su maridito ha regalado sus espermatozoides para crear nuevos y sanos bebés
alemanes. Además, Arthur, para no ser enviado al frente de batalla, colabora espléndidamente
en un programa pediátrico de experimentos de niños arios y está más que
dispuesto a dejar que eutanasien a su hija.
Aunque llena de suspenso,
información y material para pensar, “Charite at War” cometió de un error común en
este tipo de series alemanas. Es muy abigarrada, intenta abarcar muchos temas.
Para blanquear la ambigua figura de, Ferdinand Sauerbruch, un traumatólogo estrella
del Tercer Reich lo hacen cómplice de varios focos de resistencia: el establecido por el médico-prisionero
alsaciano, el grupo de Hans von Dohnanny, el complot de von Stauffenberg y
hasta nos lo presenta ayudando a Fritz Kolbe, espía de los Aliados. Debido a
que Alemania todavía no tiene una postura especifica hacia la resistencia
anti-Hitler y muchos todavía ven a los resistentes como traidores, “Charité” se
enreda en su representación de esas diversas corrientes.
Nuevas
Temporadas, Nuevos Errores
Hablando de
abigarrada, así les quedo la Tercera Temporada de “Babylon Berlin:. A
diferencia de las primeras dos que fueron rodadas simultáneamente, la tercera—en un
esfuerzo por atraer a todo tipo de espectador—mezclaba el auge del
nazismo con peleas de gánsteres, cine impresionista y falsas conspiraciones que
explicaban la caída de Wall Street.
No sé qué me
resultaba menos interesante, si los conflictos maritales del Armenio, si los líos
de la filmación de la película que él auspiciaba o los problemas románticos de
un Gereon Rath apagado. Convertido en un títere, Gereon era parte de la
estrambótica venganza de su hermano que al final resultó ser una especia de Dr.
Mabuse, un archicriminal. Algo totalmente innecesario porque la serie estaba
repleta de estos personajes caricaturescos y megalomaníacos que presagiaban a
Hitler.
Ahí teníamos a Nyssen
empeñado en provocar una ruina bursátil. Ahí teníamos al humilde forense que
ponía en jaque a criminales y a la industria cinematográfica.Pero quien fungió como gran titiritero que
maneja tanto al General Seeger y a su apolillada claque de oficiales
monarquistas como a los nazis cuyo poder creía controlar, fue el Oberst Wendt. Él
fue quien mandó al cadalso a la inocente Greta, y en un claro caso de licencia histórica,
provocó la muerte de Gustav Stressmann presidente de la republica
Greta obligada a declararse culpable
Babylon Berlin 3
fue otro caso de ambigüedad en su retrato de los nazis. A ratos daba pena como Wendt
los eliminaba. Incluso algunos fueron exaltados a rango heroico como ocurrió
con el ingenuo y bien intencionado Horst Wessel.
Y así llegamos a
la segunda temporada de “Das Boot”. Vista en Europa, incluyendo España y en
America Latina, no ha sido vista en USA. Hulu no la ha comprado, pero tampoco ha
dado una explicación a espectadores estadounidenses que todavía la esperan La
razón mayor para no seguirle la pista los U-boats de la serie. la comprendí
hace unos días al ver un filme menor que no veía desde mi infancia. Me refiero
a “Morituri” que fue un fracaso de taquilla en 1965, a pesar de llevar de
protagonistas a dos astros de Hollywood como lo eran Marlon Brando y Yul
Brynner.
Sucede que esta
historia de un pacifista alemán (Brando) refugiado en la India, que es obligado
por los ingleses a sabotear un barco mercante alemanes que viene desde Asia con
cargamento de caucho., resultó incomprensible para el público estadounidense de
entonces. Sus mayores fallas, que reaparecen en “Das Boot”, son una visión negativa
de los americanos y una sensación de que los nazis son indestructibles.
En “Morituri” los
americanos aparecen como cobardes, antisemitas y hasta violadores. En “Das Boot”
son caracterizados como fanáticos, drogadictos, oportunistas poco patriotas y
bandoleros ambiciosos que buscan sacar ventaja económica de la guerra. En la segunda
temporada quedan peor ya que la trama bifurca en tres arcos. Lo que ocurre en
los nuevos submarinos, lo que ocurre en La Rochelle, y las aventuras del pobre
Hoffman, perdido en Manhattan tratando de encontrar un Mago de Oz que lo regrese
al Reich.
La lista de Malos en Estados Unidos es larga y cada cual más chambón y traidor a las Stars and Stripes.
Tenemos a Greenwood Sr. que ahora quiere ser senador, pero solapadamente sigue
con sus negocios con el Tercer Reich. Tenemos a Michael McEllhatton
interpretando a un jefe de policía neoyorquino con vínculos con el Ejército
Republicano Irlandés, y los nazis y cuyo saludo a Hoffmann es “Nos hemos (los
estadounidenses) equivocado de enemigo”. Sam Greenwood presenta a Hoffman— al
que ha convertido en una especie de mascota— con el abogado Berger
(el omnipresente Thomas Kretschmann). Aunque finge ser Menonita, Berger es un
nazi bona fide con una radio secreta que lo comunica con Berlín.
Entremedio de
tanto individuo sórdido, Hoffman, que nunca ha dejado de creer en der Vaterland,
se siente perdido. Su única ayuda es Casandra Lloyd, una cantante de color, de
quien se enamora. Este tipo de retrato no solo disminuye a Hoffman, sino que también
irrita al espectador estadounidense que solo le gusta el antiamericanismo cuando
lo vende Hollywood.
Otra tema que
irrita es sentir que los nazis son invencibles. Como en “Morituri” los judíos
mueren y los intentos de resistirse a los esbirros de Hitler son vistos como
fútiles. A pesar de que ahora los resistentes son rescatistas de judíos, sus
planes son siempre aplastados por traidores franceses y por un Hagen Forster
que poco a poco va comenzando a tener dudas de si su servicio al Fuhrer deba
incluir el asesinato de niños.
Finalmente
llegamos al cuento del submarino que sigue siendo un gran relato de piratas. En
la segunda temporada tenemos capitanes renegados, hundimiento de un navío,
rescate de náufragos y dos motines. El mismo Hoffman es un Robinson Crusoe
varado en la isla de Manhattan. De hecho, Casandra lo apoda “Robinson”.Pero es en este cuento donde vemos una
división entre marinos nazis y los que no lo son.
Clemens Schick
interpreta a Johannes von Reinhartz, un héroe de la Kriegsmarine que, cansado
de hundir barcos llenos de pasajeros inocentes, decide desertar aprovechando
una misión que lo llevará a las costas de Maine. Como todos los que intentan
luchar contra los nazis es extremadamente descuidado. Escribe una carta a su
esposa contándole sus planes. La horrorizada mujer se suicida, la carta es
encontrada por la Gestapo.
La deserción de
von Reinhartz no solo implica los secretos militares que pueda revelarle a los Aliados,
además pone en peligro la misión de los espías nazis que transporta el
submarino. Se envía un submarino comandado por el demente Wrangel a cazar a von
Steinhartz. Pareciera que se trata de una lucha entre nazis y antinazis, pero
no lo es. Wrangel, solo busca la gloria, von Steinhartz estará harto de servir
a un sistema que lo obliga a asesinar, pero quienes lo acompañarán en su
intento de deserción lo harán por motivos personales. Como ha
dicho el libretista Colin
Teeven “El submarino (Das Boot) no va de líderes políticos haciendo grandes
gestos sino de gente normal tomando decisiones”.
Wrangel es rescatado por von Reinhartz
No encontramos en
“Das Boot ni una denuncia del nazismo ni un mensaje pacifista como el filme
original, pero ese es el vínculo en común con todas estas series germanas sobre
la Segunda Guerra Mundial. Lo han notado incluso periodistas alemanes como en
esta crítica del Frankfurter Allegemeineque comenta que la culpa de Alemania se ha ido al fondo del mar con el U-Boat.
A pesar de que
esa aseveración encapsula la tesis detrás de todos estos enfoques germanos de
la Segunda Guerra Mundial, no resta el interés ni la calidad de las series mencionadas. Es una lástima que no estén más al alcance del publico extranjero.
“Los Hijos del
Tercer Reich” fue vista en America Latina a través del canal Europa Europa. Hoy
puede ser vista en America del Norte por Tubi, totalmente gratis, pero en inglés.
Esta en alemán y en ingles en YT donde también tienen el primer episodio con
subtítulos en castellano..
Bajo el título de
“Redemption Road” se puede ver “Landgericht” con subtítulos en inglés por MHz.
“Charité at War” está
en Netflix. No sé si en el Netflix para America Latina.
“Babylon Berlin”
ha estado desde el 2018 en el catálogo de Netflix de Estados Unidos.
Recientemente se ha podido ver por televisión en cable en America Latina
gracias a Europa Europa y Film&Arts.
“Das Boot” es más
complicado. AMC la presentó en España. Hulu en Estados Unidos, pero no ha
comprado la segunda temporada. Mi consejo para los Gatos Seriefilos en Europa y
America Latina es subscribirse a Starz Play que trae ambas temporadas con
subtítulos en español y que es más que probable que pase la tercera. Alguien la
subió con subtítulos a YT, pero se las borró un centro antipiratería. ¡Si ni
siquiera pasaban avisos!
Para la segunda
temporada de esta serie alemana, los productores pudieron elegir cualquier
periodo entre el Siglo XVIII y el XXI, pero prefirieron irse a lo más riesgoso,
lo vivido en La Charité durante el Tercer Reich. “Charité at War” explora los
horrores de la medicina y psiquiatría Nazi a la vez que nos muestra el mundo
clandestino de la resistencia alemana. Pero este periodo de la historia y estos
temas son todavía tabú en la sociedad germana, algo que lamentablemente acaba por
teñir la serie con tonos de superficialidad, sentimentalismo barato y datos
falsos.
Ha pasado medio
siglo desde que Ida Lentze abandonara La Charité para estudiar medicina en
Suiza. Ahora hay mujeres médicos, enfermeras tituladas, hasta estudiantes de psiquiatría.
Las mujeres usan faldas cortas o pantalones, hay teléfonos, automóviles, y
aviones que lanzan bombas. El nacionalismo, que simbolizara el joven Kaiser en
la primera temporada, ha dado como resultado dos guerras mundiales. El antisemitismo
que vimos en los días de Paul Ehrlich se ha convertido en política del estado. Alemania
es un país sin judíos (aparece uno clandestino al casi final de la temporada).
¿Sauerbruch,
Villano o Héroe?
Volvemos a los
personajes reales. Importantísimo en su día era el jefe del departamento
quirúrgico, Ferdinand Sauerbruch (Ulrich Noethen). Antes de Hitler, Sauerbruch
era ya famoso por sus innovaciones en la cirugía torácica. Entre sus clientes
se contaban Lenin, el presidente Hindenburg y Kemal Ataturk, “El Padre de la
Turquía Moderna”. A pesar de que después de la subida de Hitler al poder, siguió
tratando judíos como amigos y pacientes y públicamente condenó el programa de
eutanasia nazi, Sauerbruch era tan importante en el extranjero que Goebbels lo protegió
hasta el final de la ira del Fuhrer.
Sauerbrauch, Otto y Stauffenberg
Sauerbruch nunca
fue un resistente como lo fueron su hijo y sus pacientes Claus von Stauffenberg
(Pierre Kiwitt) y Hans von Dohnanyi (Max von Pufendorf). Ambos aparecen en esta
temporada de “Charité”. Sauerbruch amparará
a von Dohnanyi que debido a las torturas ha quedado semi paralitico.
La segunda
esposa de Sauerbruch, la Dra. Margot (Luise Wolfram) reprocha a su marido su
ambigüedad política, pero es esta ambigüedad la que le permite moverse entre
dos mundos y ayudar a resistentes. ¡Y vaya que hay resistentes en la Charité!
El tema ha sido tratado por el joven
historiador alemán Christian Hardinhaus (lamentablemente su obra no ha sido
traducida todavía) en su biografía Ferdinand Sauerbruch. Su novela El
espía de la Charité nos muestra el hospital como un foco de resistencia.
Von Stauffenberg era amigo de Peter Sauerbruch y paciente de su padre. En casa
de Sauerbruch hubo reuniones de los generales que complotaron contra Hitler. Ya
he mencionado que Sauerbruch tuvo a Hans von Dohnanny en su clínica. Maria
Fritsch (Sarah Bauerett), secretaria de Sauerbruch, era amante y colaboradora
de Fritz Kolbe (Marek Harloff), el diplomático que trabajaba para los Aliados.
La misma Margot Sauerbruch llevó papeles secretos a Suiza por pedido de Kolbe.
Kolbe y María
Sin embargo, tras
la guerra, Ferdinand Sauerbruch, y a pesar de todo su prestigio y todas sus
amistades antinazis, tuvo que ser desnazificado por las autoridades de la
Ocupación. Hablo de americanos, ingleses y franceses. Los soviéticos estaban
entusiasmados con este prestigioso médico que una vez extrajo un molar cariado
del mismísimo Vladimir Ilich y que tenía una experiencia extraordinaria con
prótesis y miembros artificiales, tristemente tan necesarios después de una
guerra.
El problema con
Sauerbruch,lo que lo convierte en un
personaje controversial, es que él apoyó el uso de prisioneros como conejillos
de Indias. Personalmente endorsó los experimentos que se hicieron en
prisioneros del campo de concentración alsaciano Natzweiler.
Fue precisamente
el medico alsaciano Adolphe Jung (Hans Lowe) quien ayudaría exonerar a su
antiguo jefe. Cuando Alsacia fue anexada al Reich, Jung se negó a considerarse
alemán. En castigo, los nazis lo
llevaron a Berlín a trabajar en La Charité en calidad de “esclavo”. Allá el
medico colaboró con el espionaje de Kolbe y también recolectó información para
la Resistencia Francesa. Según Jung, Sauerbruch sabia de estos movimientos y
nunca lo delató.
El Dr. Jung
Los Monstruos
de La Charité
De todos modos,
la serie (que no menciona para nada los experimentos) tiene villanos más
grandes que mostrarnos como el siniestro Max de Crinis (Lukas Miko), el
psiquiatra más importante de la Alemania Nazi y un gran coagente del programa
de eutanasia forzada.
Gracias a las cátedras
de este psiquiatra austriaco (que a veces las da en flamante uniforme de las SS
de la cual era miembro) alcanzamos a entender en qué consistía la psiquiatría
nazi. Según De Crinis hay dos tipos de paciente afectados por la fatiga de
combate. Unos, “los actores”, solo fingen y para ellos hay un único destino, el
paredón. Los otros, “los histéricos”, se curan a punta de electroshocks y
trabajos forzados (WTF?).
Mas interesantes
son sus diatribas en contra de los homosexuales: enfermos, pervertidos,
antipatriotas, indignos de ser considerados alemanes o servir al Reich. Max de
Crinis acaba su homófobo discurso con un chiste ordinario asegurando a sus
alumnos, muchos de los cuales son soldados con permiso o recuperándose de
heridas de guerra, que “mientras ustedes estén en el frente, nosotros protegemos
su retaguardia.”
Por supuesto que
la maldad de De Crinis no se reduce a sus clases. Lo vemos hacer ejecutar a un
soldado que el psiquiatra cree perdió una pierna a propósito para no volver a
pelear; hace arrestar a la pareja gay de la serie; lanza al suelo a Hans von
Dohnanyi convencido de que finge estar invalido e implanta una espía en la sección
de Sauerbruch, la toxica y fanática Enfermera Christel (Frida Lovisa-Hamann).
Max de Crinis evadió
la justicia, suicidándose junto a su esposa en vísperas de la Caída de Berlín,
pero no es el único monstruo de la Charité. El Profesor Georg Bessau (Peter
Cremer) también se libró de la justicia falleciendo de cáncer un tiempo antes
de acabar la guerra.
Hasta el 2005, el
área de cuidados intensivos de la sección de pediatría del Hospital de Geissen
llevaba el nombre de este reconocido pediatra. Hoy se sabe, y se agradece a “Charité
at War” informarnos, que Bessau estuvo involucrado no solo en los asesinatos de
niños considerados indignos de seguir viviendo, ósea discapacitados física o
mentalmente. Además, Bessau dirigió un programa de dolorosos experimentos a los
que sometió a estas criaturitas.
LaPareja Perfecta Nazi
Bessau y De Crinis
son los “padrinos” de la pareja protagónica de esta historia; Arthur (Artjom Gitz)
y Anni (Mala Emden) Waldhausen, la “Pareja Perfecta Nazi”. Arthur es el segundo
en comando de Bessau en la sección de pediatría de La Charité. Esta posición le
evita tener que ir a pelear al frente ruso, así que el oportunista medico se ensaña
con estos niños que antes de morir sufrieron dolores inmensos.
Su esposa Anni es
el ejemplo de la Nazi más fanática, y la esposa y madre que el Tercer Reich quiere.
“Sí es un niño le pondremos Adolf” dice del bebé que espera. Anni es tan
fantásticamente devota de los ideales nazis que se le permite lo impermisible.
A pesar de estar casada y en el sexto mes de embarazo, puede seguir yendo a
clases y preparar su tesis de psiquiatría bajo el admirado ojo de de Crinis.
Es que la tesis
de Anni gira en torno a soldados que se han auto herido para huir del campo de
batalla. Eso la pone en contacto con Paul,quien ha perdido una pierna en el frente de Stalingrado. Anni es
instrumental en conseguir que se ejecute al soldado. Tanto ella como su marido
no tienen respeto por la vida humana.
Los Waldhausen son
arrogantes, egoístas y aprovechados. Mucho patriotismo, pero ambos están
encantados de saber que el trabajo de Arthur le evita ir a la guerra. Cuando
Otto (Jannick Schumann) el hermano menor de Anni, retorna del frente ruso, ella
no quiere oír noticias “derrotistas” sobre lo mal que lo están pasando la
Werhmacht y sus soldados.
La situación
cambia cuando Anni da a luz a una niña que sufre de hidrocefalia, condición que
la condena a muerte en ese país donde solo sobreviven los niños arios y
perfectos. Ahí los Waldhausen enloquecen, exigen silencio y ayuda de los mismos
que ellos consideran poco patriotas como los Sauerbruch y Otto. Y se asombran
cuando son delatados por una jefa de enfermeras que creían su amiga. No reparan
en que ellos mismos han delatado inocentes, su egocentrismo los hace creerse
privilegiados.
Las cosas se
complican. La pequeña Karin no reacciona ni a cirugías ni a tratamientos.
Arthur comienza a preocuparse que va a perder la oportunidad de reemplazar a su
jefe cuando este fallezca. El mismo Bessau le aconseja enviar a Karin a un
hospital que ambos saben es el castillo-de irás-y-no-volverás. Mas encima el
perverso viejo le aconseja “hacerle otro hijo” a su esposa “para consolarla”.
Anni comienza a
darse cuenta de que no vive en un paraíso, que sus amigos no son sus
protectores. Otro temor es que no la dejen embarazarse de nuevo puesto que en
algunos casos la hidrocefalia es hereditaria. Arthur le asegura que ella seria
la portadora de genes defectuosos puesto que él ya tiene otros hijos muy sanitos.
¿Qué otros hijos? Un poco cortado, un
poco jactancioso, Arthur revela que ha sido voluntario del nefasto programa de Lebensborn
El pediatra le
cuenta a Anni una paparrucha de que se ha hecho todo con inseminación
artificial. Ni Anni ni nosotros le creemos. Los bebés del Lebensborn se hacían
en un cuarto de hotel con una cama gigante y participaban un garañón de la SS y
una nena con ganas de parirle hijos al Reich. Por supuesto, ambos debidamente certificados
como arios y sanos.
Anni comienza a
desconfiar de su marido y aún más cuando se entera de los pavorosos
experimentos que Arthur práctica. Vamos viendo como la “ Pareja Perfecta Nazi ”
se descalabra. Algo que me ha gustado de la serie es que ninguno se arrepiente,
parten de la base que son “victimas”. Eso si se acusan mutuamente.
“¡No soy un
monstruo!” gime Arthur. “¡Nooo, solo
matas hijos ajenos!” ‘le lanza su mujercita la cara. Al final, en un bunker esperando la llegada de los rusos,
Arthur harto acusa a su mujer de no ser una blanca paloma y haber llevado a un
hombre ante un pelotón de fusilamiento. Lo curioso es que se culpan mutuamente,
pero nunca culpan al régimen que los convirtió en ogros.
Amor Entre las
Ruinas
Ya que este
matrimonio es una farsa, que el de los Sauerbruch es más amistad y complicidad
que romance, el toque romántico lo ponen aquí Otto y Martin (Jakob Matschens)
que también son los personajes más positivos de esta fábula. Martin es un
oficial condecorado quien ha perdido una pierna en Rusia. Después que Sauerbruch
le implanta una de sus famosas prótesis, Martín se convierte en enfermero en La
Charité donde dispensa compasión y socorro a todo el que lo necesite sea von
Dohnanny, Jung, un niño que casi ha explotado con una bomba, hasta ayuda a la
ruin Anni a esconder a Karin.
Otto, al comienzo, nos engaña a todos incluso a la fanática Christel
haciéndonos creer que le gustan las chicas. Un día impulsivamente besa a Martin
quien le da tremendo empujón. No es que el enfermero sea homófobo, su problema
es mayor. En el Tercer Reich la homosexualidad es castigada con la muerte,
precedida por todo tipo de abusos y experimentos en campos de concentración. Él
ya tiene un prontuario. Otra caída y acaba en un campo y Otto con él.
“Charité at War”
refleja lo más opresivo, cruel y monstruoso de la sociedad Nazi; la persecución
de los homosexuales, aunque como dice Martin “los rusos también encarcelan a
los gays”; y una niñez que no existe. Los niños pierden a los padres, estallan
cuando recogen bombas, son quemados en bombardeos y cuando no son perfectos,
son sacrificados. Aun peor, al final de la guerra vemos bandas de niños asesinos,
obligados a matar o ser muertos en nombre de un régimen ya colapsado.
Es una sociedad
sin ternura, sin compasión, una sociedad de delatores y cómplices. Cuando Sauerbruch
habla de que “la medicina debe ser amor” parece estar predicándole a marcianos.
Lo que más separa esta sociedad de la de la Primera Temporada es la ausencia de
religión. No vemos servicios religiosos, ni capellanes, incluso el villancico “Noche
de Paz” recibe un tratamiento “nazificante” en que las imágenes religiosas son
reemplazadas por loas al Fuhrer y al Partido.
Solo al final, en
ese bunker donde los Waldshausen esperan el asalto soviético, la matrona que delató
a Karin se acuerda de un Ave Maria. En un rincón, el Token Jew (aunque
aquí ya deberíamos hablar del “Gran Salvador Judío” solo que a mí me encanta
ese cliché) se atreve por primera vez en años a entonar públicamente plegarias
en hebreo.
Las Mujeres de
la Alemania Nazi
Algo muy bien
retratado en la serie es la condición de las mujeres. Existen contrastes entre Margot
Sauerbruch, mujer de pantalones, que fuma, usa maquillaje y está más que dispuesta
a practicarle un aborto a Maria Fritsch, con Christel y Anni de caras lavadas,
y faldas aun en el gélido invierno. Anni pregona que quiere tener muchos hijos,
pero no porque le gusten los niños sino porque quiere darle soldados a la Vaterland.
Aun así, existe
una mujer en este mundo que nos presenta el otro lado del sexismo nazista.
Cuando Anni tiene a su bebé, la colocan en la misma suite que Magda Goebbels
(Katharina Heyers), Primera Dama del Reich. Efectivamente, en 1942, la esposa
del Ministro de Propaganda sufrió un aborto espontaneo. La pérdida le provocó
una depresión que la empujó a un intento de suicidio.
Se nota la
diferencia entre Anni en basto camisón, pero con bebé en brazos y rodeada de
mimos por parte de su marido con Frau Goebbels, pintada, en negliges de seda, fumando,
bebiendo champaña, pero totalmente sola. En medio de su depresión, y bastante
borracha, Magda lanza unas críticas al régimen que asombran a Anni. Antes de
marcharse, Magda envuelta en pieles, le aconseja a Anni olvidar todo lo oído y
hace una apología del Nazismo y alaba a su compañera de cuarto como ejemplo de
la madre y esposa alemana.
Es una ironía
porque pronto Anni caerá de ese pedestal y Magda en toda su soledad representa a
la mujer refinada, sexy y atractiva que los hipócritas lideres Nazis preferían.
Todos, desde Goebbels hasta el Fuhrer, sentían debilidad por las actrices antes que por
las muchas Anni y Christel tan devotas del partido. Anni lo comprende así y
cuando va a ver a de Crinis (que estaba casado con una actriz) para abogar por Martin,
se pone su vestido más llamativo y se
maquilla comprendiendo por fin donde reside el poder de la mujer sobre estos
“superhombres”.
También vemos
como la burocracia Nazi regulaba la vida de la mujer en el Tercer Reich y como
abundaba la corrupción. Cuando Magda Goebbels pide un artículo de lujo y le
recuerdan que está racionado, ordena que se lo descuenten de sus “cupones de
enfermera”. ¿Cuándo atendió un enfermo la bruja infanticida? Antes de casarse,
Anni hubo de ofrecer pruebas de sus orígenes arios, de su buena salud y de la
de sus ancestros.
La matrona
delatora convence a Christel de atrapar a Otto al que han enviado al frente de batalla,
para heredar su pensión. Y le recuerda un subterfugio aparentemente muy usado
entonces que, si se comprometen informalmente ante un grupo de testigos, será
como si estuvieran casados. Solo que Otto no cae en la trampa, rechaza la
proposición matrimonial de la enfermera. Indignada, Cristel los acusa a él y a Martín
a la Gestapo de ser amantes.
Bombas, Judíos
y Resistentes
A pesar de que “Charité
at War” abarca tantos tópicos e intenta dar una visión global, se siente que
hay cierta liviandad en el modo que se trata el tema de Berlín bajo las bombas y
el de los crímenes Nazis. Es cierto que nos cuentan que los bombardeos separan
familias, queman niños, destruyen casas, y que Berlín no era Desdén, pero todo
es visto como casos aislados, como que las bombas no son tan mortíferas.
Contrasta con los
filmes sobre el Blitz, la descripción de pesadilla de los bombardeos narrada
por la princesa Wassiltchikoff en sus Diarios de Berlín. Incluso
recuerdo como más intensas las descripciones de las noches bajo las bombas
descritas por Albert Speer en Inside the Third Reich.
Aunque me parece
sano y lógico que no hablen de los judíos todo el tiempo (como ocurre con otras
series en ese mismo contexto histórico) puesto que para 1943 Alemania ya era
casi totalmente Judenrein, hay desequilibrios en este cuento. Cuando
Fritz intenta convencer a Sauerbruch de lo importante que es su espionaje le
dice que los papeles que Margot contrabandeará a Suiza traen importante
información sobre Auschwitz y la Solución Final. Y nadie pestañea cuando se
menciona Auschwitz ni preguntan qué es la Solución Fina. ¿No que no se sabía
nada de esto en Alemania hasta la derrota?
En todas las
escenas urbanas de la serie se ven grupos de hombres vestidos con uniforme
oscuro con una “Z” pintada en la espalda, recogiendo escombros. Son prisioneros
de los lagers que eran llevados a Berlín a recoger los destrozos
provocados por los bombardeos. La gente pasa por su lado sin mirarlos ni
comentar su presencia. Es como si no existiesen.
Hay mucho terror
a los campos de concentración. Von Dohnanny prefiere morir antes que ir a uno
de ellos. Otto y Martin contemplan con desesperación la posibilidad de acabar
en un campo. Hasta el Token Jew que aparece en el capítulo final habla
con pavor que a su mujer la han llevado a uno de esos lugares, pero nadie
explica qué pasa en un campo de concentración.
Cada vez que
hablo con algún alemán de menos de 40 años, me dice que este periodo no es enseñado
en las escuelas de su país. Si una serie es tan discreta o lo describe con
medias palabras. ¿Dónde el público alemán se entera de lo que ocurrió en el Tercer
Reich? ¿En series de televisión americanas?
La serie guarda
silencio sobre los horrores que realmente ocurrieron en la Alemania Nazi, desde
el Holocausto hasta la descripción de las horribles suertes corridas por
disidentes. Nadie habla de torturas ni abusos. Von Dohnanyi llega en un estado
físico deplorable a la Charité. Es obvio que algo le tuvieron que hacer para
llegar a ese estado, pero nadie habla de ello.
Incluso la muerte
es un tema que se evita. Aparte del fusilamiento del sodado que se auto disparó,
y de los niños eutanasiados, no hay otras víctimas. No se nos cuenta que von
Dohnanyi fue acusado de complotar para asesinar a Hitler y colgado en el campo
de concentración de Saschenhausen.
Tampoco se nos
cuenta que von Stauffenberg fue fusilado unas horas después de fracasada su
conspiración. Su muerte fue rápida, los otros conspiradores, después de vergonzosos
juicios, fueron estrangulados lentamente con alambres de piano (sus ejecuciones
fueron filmadas para entretener al Fuhrer) y sus cadáveres fueron encontrados
por los rusos, conservados en hielo en
los subterráneos de La Charité. En cambio, la serie nos muestra al chofer de Sauerbruch
encontrando cadáveres (con balazos en la nuca) en un bosque. ¿A qué se debió el
cambio?
Otra
superficialidad grave de “Charité at War” es que nos dan atisbos de la
existencia en Alemania de núcleos (separados) de resistencia antinazi, pero
todo es tan vago que nunca conocemos sus motivos ni para quien trabajan. Aun
peor, el grupo de von Stauffenberg es descrito como soldados que quieren acabar
con Hitler porque ven la guerra perdida. Así se perpetua la opinión de muchos
alemanes de que la resistencia estaba en manos de derrotistas, traidores y
oportunistas.
Una Idílica
Visión de la Invasión Rusa
Pero el acabose
es la llegada de las tropas soviéticas y su ‘civilizada” entrada en la Charité.
Es cierto que la fama internacional de Sauerbruch hizo que los rusos lo
protegieran, ¿pero que un oficial ruso se impresione al oir el nombre del medico
como si se encontrase ante Daenerys y sus dragones? Triple WTF.
Que Sauerbruch y
quizás su familia fuesen apartados de la carnicería invasora es posible, ¿pero
todo el personal de La Charité? Lo dudo. ¿Por qué Margot Sauerbruch que había nacido en
Bielorrusia andaba con un diccionario para aprender ruso?
La fanática Christel
ataca a un soviético con un escalpelo y su único castigo es que la saque una
mujer soldado al patio como si fuera una colegiala traviesa ¿Y que una
lagartija desnutrida como lo era la enfermera pudiese reducir a su fornida
captora? Eso es exigir demasiado de la suspensión de credibilidad.
Son esos errores
los que descalifican, debilitan y estropean una serie que pudo ser grandiosa.
Aconsejo ver “Charité at War” pero solo como un preludio a la búsqueda de
información más fidedigna sobre el periodo.