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martes, 6 de agosto de 2024

Las Actrices del Drama de Época Alemán: Por qué Elisa Schlott es la más prometedora

 


Desde que comencé a seguir el period drama alemán (2018) he conocido a varias actrices jóvenes, algunas muy talentosas, pero a las que les basta un mal rol para destruir su aura histriónica. Solo una ha ido evolucionando hasta ser un agasajo actoral cada vez que aparece en miniseries. Me refiero a Elisa Schlott.

Liv Lisa Fries:  Lo que Pudo Ser

Hasta hace poco, mi actriz germana favorita había sido Liv Lisa Fries que se ha hecho de un nombre en los dramas de época de su país, principalmente en la exitosa Babylon Berlin. Liv Lisa también ha aparecido en filmes como el noir austriaco Hinterland, donde da vida a una forense en la Viena de entreguerras. A pesar de ser policía , es un personaje muy poco parecido a la detective Flapper Charlotte Ritter.




                                 Liv Lisa en Hinterland

También participó junto a Jannis Niewohner,  en una adaptación del clásico de Hermann Hesse Las Confesiones de Felix Krull y en el desastroso Múnich de Netflix.  Recientemente la vi junto a Sir Anthony Hopkins y Matthew Goode en La última sesión de Freud donde da vida a Anna,  la hija del famoso psiquiatra,  y es lo único bueno de un filme ininteligible.

Mi admiración por Fries retornó al verla en el rol de la resistente y escritora checa Milena Jesenska en la miniserie Kafka. Como uno de los grandes amores del cuentista, Fries nos ofrece un tour de force, aunque solo aparece en dos episodios, tiempo suficiente para explicar su relación con Kafka.



Como demostración de su amistad con los dramas de época, al menos los que cubren la primera mitad del siglo XX, Liv Lisa también ha estrenado en los cines De Hilde, con amor. en donde encarna a la heroína de la resistencia anti hitleriana,  Hilde Coppi. Sin embargo, siento que Liv Lisa ya pertenece al pasado. Según IMDB el único proyecto futuro es la quinta temporada de Babylon Berlin que se sabe será la final. ¿Será este también el final de una carrera que pudo ser gloriosa?

Actrices Destruidas por el Cross Over:

 Leonie Benesch

La primera temporada de Babylon Berlin puso en contacto al público angloparlante con Leonie Benesch. Conocida mundialmente por su trabajo en El Lazo Blanco, Leonie ya había recibido un galardón como la actriz más prometedora de Alemania. Su rol de la desdichada madre soltera, mendiga y luego criada-asesina,  Greta Orveck en BB,  le ameritó un premio como Mejor Actriz Secundaria del Año.



Benesch siguió impresionándome como Hildegarde , la oficinista que rescata del comunismo a Jannis Niewohner en El Desertor. Y se hizo conocida a los televidentes del mundo en su breve rol de La Princesa Cecilia de Hesse, hermana del Duque de Edimburgo,  en The Crown.

                          Leonie en El desertor
                                     Leonie en The Crown

El talento de Leonie Benesch la llevó a ser contratada por productoras inglesas. Su papel de la secretaria que chantaje a Dominic Cooper para poder huir de la Alemania del Este fue lo único bueno de la funesta SpyCity. Sin embargo, el golpe bajo a mi admiración lo consiguió Leonie Benesch como la odiosa Abigail Fix, la periodista feminista de la última versión de La Vuelta al Mundo en 80 Días. Un personaje insoportable que Julio Verne jamás hubiese imaginado. Aunque Leonie ha vuelto a ser galardonada en el cine por su rol en El Salon de Clases, mi consejo es que se quede en Alemania y no haga más series de época.



Alicia von Rittberg

Mi segundo encuentro con las series de época germanas fue —siempre en Netflix—con Charité. Aunque como todo lo bueno de Netflix ha sido desterrado, este drama médico-histórico puede verse en Estados Unidos en PBS Amazon y en América Latina por Europa Europa.

En su primera temporada, situada a fines del Siglo XIX, Charité tuvo a Alicia von Rittberg como su encantadora protagonista. En 1889,  la adolescente Ida,  para pagar su operación del apéndice,  debe convertirse en enfermera del más antiguo y más celebre hospital de Alemania.  Por esa actuación, la Condesa von Rittberg recibió un Bambi (el equivalente al Emmy en Alemania) como Mejor Actriz.



Aunque Alicia ya había estado incursionando en el cine angloparlante en pequeños roles, su gran oportunidad de entrar en la televisión internacional fue en la producción de Lionsgate,  Becoming Elizabeth. Lamentablemente, la serie fue su canto del cine.  Se la canceló a fines de la primera temporada.

La culpa no la tuvo Alicia. Su interpretación de Isabel Tudor en su adolescencia fue muy convincente. El problema es que en esta incursión al universo Tudormaníaco, la serie de Starz se enfocó en el abuso sexual cometido por el Almirante Seymour contra su hijastra. Para colmo, el guion a ratos quería vendernos una historia de amor en la que Seymour e Isabel eran víctimas de intrigas políticas. El confundido televidente prefería apagar el televisor.




Emilia Schule

Volviendo a Charité, hubo otra actuación femenina que me encantó. Fue ahí que conocí a Emilia Schule cuya cara de muñeca la hacía perfecta para el rol de Hedwig, la actriz adolescente que enloqueció al médico alemán más celebre de su época, Robert Koch.



Mi ingreso a PBS Amazon en el 2021 me permitió acceder a maravillosas series europeas de época, una de ellas es Ku’Damm (en inglés Berlin Dance School) donde la actriz de origen ruso interpreta a Eva, la más ambiciosa de las Hermanas Schollack. Como hermana del medio, se esperaría que la vida de Eva, durante las tres temporadas de la serie girase en torno a sus hermanas, pero entre 1956 y1963 hemos visto a la enfermerita ser amante de un futbolista comunista y casado con una de las pacientes de ella. La hemos visto casarse con su jefe,  el manipulador psiquiatra Fassbender, abandonarlo, dedicarse a la prostitución,  chantajear al marido para que costee su galería de arte y acabar tras las rejas al convertirse en auto viuda.



En medio de las temporadas de Ku’Damm, Emilia estuvo en el filme multiestelar , basado en la novela de Hermann Hesse, Narciso y Golmundo. En este relato homoerótico y cargado de tonos edípicos, Emilia fue Lydia, la hija de un conde que recibe en su castillo a Golmundo (Jannis Niewohner) cuando este abandona el monasterio donde está haciendo un noviciado. Golmundo busca  internarse en un mundo donde conocerá bien los pecados de la carne,  iniciándose con la susodicha. Esto dio pie para que la prensa ligara sentimentalmente a Jannis y a Schule.



El currículo de Emilia Schule fue suficiente para interesar al mundo anglo parante . Lamentablemente ocurrió como con Alicia von Rittberg. Se partió de la base que por ser extranjera podía interpretar a una reina de antaño. La BBC y el canal francés + (responsable por Versalles) contrataron a Emilia para dar vida a María Antonieta.



El problema es que la producción era mediocre en términos visuales y de contenido. El guion se cifró en los esfuerzos antimonárquicos de la televisión woke aunados a intentos de sexualizar a una reina que no tenía (al menos entonces) mucho interés en el amor físico. El resultado fue que Emilia acabó como una tarada que ni sabía lo que era la menstruación y que dejaba que la utilizasen sus enemigos. El que le vayan a hacer una segunda temporada a semejante basura me quitó todo respeto por Emilia Schule.



Elisa Schlott, La Mas Prometedora

Sé que hago mucha propaganda a las series de época germanas,  eso no significa que sean todas buenas o que me gusten por igual. Con algunas me he llevado tremenda desilusión como con Unsere Wundebaren Jahre que se puede traducir como Nuestros Años Milagrosos. Basada en la insípida novela de Peter Prange, la historia de tres hermanas de la posguerra la hace parecida a Ku’Damm solo que la acción tiene lugar antes (1947-1952) y no en Berlín, sino en un pueblo cerca de Frankfurt.

El parecido acaba ahí.  Esta serie carece del vibrante dinamismo de Ku’Damm, sus personajes son poco atractivos, algunos francamente desagradables. Pueden leer mis impresiones en mi reseña, pero reitero el personaje más antipático es el más cercano a ser el protagónico; Ulla, la menor de las Hermanas Wolff. Rebelde e indecisa a la vez, Ulla acaba haciéndole daño a todos los que la aman. Culpé a Elisa Schlott de hacer más antipático el personaje, pero creo que fui injusta.



Aun así, sentía poca predilección por la actriz y me molestó mucho saber que se integraba a la Tercera Temporada de Das Boot. A pesar de las dificultades que yo y el público estadounidense hemos tenido para poder seguirla, dos temporadas de esta fantástica serie alemana la habían convertido en mi favorita.

Mi personaje predilecto era el Oberleutnant Robert Ehremberg (Franz Dinda) , ingeniero constructor de submarinos que, debido a la horrible muerte de su familia en un bombardeo de Kiel, vivía traumatizado intentando dominar su alcoholismo. Esto lo llevaba a maniobras desperadas desde amotinarse contra un capitán de submarino hasta asesinar a otro.



Solo su pericia en la construcción de submarinos evitaba que Ehremberg acabase en un paredón, pero destino peor me parecía ponerle a La Schlott de interés romántico. Sin embargo, Greta Nussmeier cambio mi perspectiva del rango actoral de Elisa. Con un marido gravemente herido en el Frente Oriental, Frau Nussmeier está sacando adelante sola a su hija y a la óptica que le legó su padre. Un encuentro con Ehremberg despierta en ambos el deseo de volver a amar y vivir. Solo que olvidan en qué país han decidido renacer como pareja.

Las leyes del Tercer Reich condenan a Nussmeier a la eutanasia. Para salvar al padre de su hija, Greta debe comprometerse a rehabilitarlo. Eso conlleva el seguir casada y acabar con su romance, lo que empuja a Ehremberg de regreso a la botella. Yo esperaba que, en la Cuarta Temporada, encontrasen una solución a ese dilema, pero como optaron por acabar la serie con un listado de cadáveres, no dejaron espacio para romance.

{NOTA: He tratado de encontrar videos de cada actriz para que las vean actuar. No he podido encontrar nada de Elisa, solo este  de Das Boot, aunque está doblado al ruso  con subtítulos en inglés pueden ver su lenguaje corporal y sus expresiones faciales}



Me enojó saber que Elisa Schlott no estaba disponible para ese final de serie puesto que había caído en las garras de Netflix y ni siquiera para un protagónico. Los subscriptores de esa plataforma la conocieron por esa bazofia llamada La Emperatriz, otro añadido a la destrucción del Mito Sisi.

En el cuento de brujas de Isabel de Baviera siempre he sentido lástima por su hermana Helena, la candidata despreciada. Pues aquí apareció Elisa Schlott interpretándola y creando un personaje más simpático y humano (a pesar de su anacrónico corte de cabello) que el de Sisi que quedó en manos de Devrim Lignau.



Una lástima que fuera esta serie mediocre la que la haya hecho conocida. Es una suerte para los habitantes de USA,  que PBS Amazon/Walter Presents ahora les ofrezca el protagónico que realmente hizo a Elisa celebre en su país. En Saludos desde America (Ein Hauch von Amerika)tenemos una temática parecida a Nuestros Años Maravillosos ya que tiene lugar a inicios de los 50,  en un pueblecito, esta vez en Baviera.



La diferencia es que en vez de mostrar como una familia lidia con su pasado nazi y como se reinventa en un mundo moderno, en Saludos… el tema es la mala influencia que tienen los ocupantes estadounidenses sobre su enemigo de ayer, especialmente sobre las jovencitas. Como dice el párroco (más nazi que Hitler) los americanos “no son buenos cristianos”.

Elisa es Marie, una joven campesina que comete el error de enamorarse de un soldado negro y ve como todo el mundo les vuelve la espalda con la excepción del tabernero judío y una gringa comunista. Vemos como bajo la influencia de esta última, Marie mejora su inglés, aprende a amar a Jack London y a admirar la pintura de Franz Mark, pero también a apreciar la libertad y a despreciar el racimo y discriminación.  En suma,  y lo que me gusta de los personajes de Elisa Schlott, Marie es una heroína inteligente y lo demostrará cuando su mejor amiga acuse a su amante  de violación.



Saludos, aunada a Nuestros Años… y a Das Boot, confirmó la imagen de Elisa como un símbolo de la mujer alemana durante y después del Tercer Reich. Un poco como lo había sido Hannah Schygulla a fines del Siglo XX,  y Nina Hoss en la primera década de este siglo.

Schlott ha destacado más en el cine donde ha cosechado premios, aunque siempre en escenarios contemporáneos. Una excepción fue la ya mencionada Narciso y Golmundo donde interpretó a Julia, hermana de Emilia Schule y también seducida por el ex monje interpretado por Jannis Niewohner.



En este momento, Elisa está en Italia filmando bajo las órdenes de Silvio Soldini una adaptación de La Catadora( At the Wolf’s Table en inglés)  una novela de Rosella Postorino. Vuelve Fraulein Schlott al siniestro mundo del Tercer Reich dando vida una joven que es reclutada por la SS en 1943 para probar la comida y bebida de nada menos que el Fuhrer. Aunque había oído hablar de la obsesión de Hitler con un posible envenenamiento,  no conocía esta “profesión”. Espero podamos pronto ver a Elisa Schlott en este filme y otros proyectos.




Conocen a estas actrices? Tienen alguna favorita? Alguna que no he mencionado, pero qué merezca estar al nivel de estrellas alemanas del pasado como Maria Schell, Hildegarde Kneff o Romy Schneider.

 

jueves, 3 de junio de 2021

El Ambiguo Retrato del Tercer Reich en las Series Alemanas (Drama de Época Continental III)

 


Vi dos películas (en Tubi) sobre el Holocausto esta semana. Buenísimas, ambas alemanas. ¿Por qué es que solo en Alemania hoy se pueden hacer dramas sobre la Segunda Guerra Mundial y el Tercer Reich que se alejen de la formula, que se enfoquen en diferentes ángulos, hasta se atrevan a incluir el humor sin olvidar el respeto o el pathos que el tema merece? No solo el cine, también la televisión sigue esa corriente donde no entran la falsa corrección política, el miedo a la cancelación o los remilgos de una Generación de Ofendidos. Sin embargo, los críticos (incluso los germanos) han notado en series como “Babylon Berlin” y “Das Boot” un cierto esquivar de culpas y blanqueamiento del pueblo alemán en su etapa más oscura.

El Drama de Época Alemán en el Siglo XXI

La última década nos ha puesto en contacto con la televisión alemana y nos ha presentado sorpresas como la exitosa “Dark”, una combinación de viajes en el tiempo y drama adolescente que se convirtió en uno de los grandes éxitos de Netflix. Otro sorpresivo éxito fue “The Barbarians", un relato revisionista de luchas entre tribus teutónicas y conquistadores romanos. La serie fue vista como una denuncia del colonialismo/imperialismo a pesar de su exaltación de Arminius una figura muy admirada en el Tercer Reich.

Netflix se convirtió en el escaparate del nuevo drama televisivo alemán destacando series de época, desde la torpísima “Oktoberfest” hasta la magnífica “Charité”, pero mi exploración del period drama germano me ha llevado más lejos de las fronteras de Netflix. En MHz he encontrado miniseries sobre el nacimiento del luteranismo en el Sacro Imperio Germano como “Catalina Lutero” y “La Reforma”.



En Starz pude ver la fantástica “Maximilien” que en realidad es un retrato de su esposa, Maria de Borgoña. Sin embargo, donde dan que hablar la televisión /streaming germanos es con series que tratan de un tópico por años verboten en Alemania: La vida en el Tercer Reich. Aunque el cine alemán, a partir de los 80, se lanzó valientemente a tratar el tema desde la épica de los U-Boat “Das Boot” hasta la aclamada “Der Untertang”un fidedigno retrato de los últimos días de Adolf Hitlerla televisión había preferido mantenerse al margen de tan espinoso tema.

Recordemos que la más famosa serie de televisión alemana de fines del Siglo XX, “El Inspector Derrick”, provocó escándalo cuando, tras veinte temporadas, revelaron que Derrick había servido en las Waffen-SS. Obviamente el público alemán no estaba listo para tales revelaciones.

De Dresden a Hijos del Tercer Reich

Por eso se comenzó de manera sutil. ¿Qué tal un cuento donde los alemanes son las víctimas? ¿Y qué mejor que recrear el infernal bombardeo de Desdén como marco de un romance impromptu e inconcebible entre una enfermera alemana y un aviador inglés?  Amor Vincit Omnia ¿no? Pero igual yo no me enamoraría de un extraño que acaba de colaborar en hacer añicos mi ciudad. Aunque la serie es muy equilibrada en ese aspecto.  Anna se enamora de Robert porque está harta del nazismo cuyos representantes más cercanos son su novio y familia que están preparando un robo para huir a Suiza. ¡Que patriotas!



La serie trata de mostrarnos un aspecto amable de los alemanes, presentándonos una mujer que ha escondido al esposo judío. No importa mucho, porque las bombas aliadas no discriminan y ambos perecen en el bombardeo. “Dresden” no me dejó con ganas de seguir viendo series alemanas.

” Los Hijos del Tercer l Reich” (2014) tendría más éxito, más exposición y más críticas, comenzando con las mías. Nunca la he tragado, pero no puedo negar su influencia. Su título en alemán fue “Nuestros padres y nuestras madres “aludiendo a la premisa de que las jóvenes generaciones deben mirar al pasado para poder vivir el presente. La ironía es que, de los cinco protagonistastres que sobreviven al fin de la guerra ninguno hace un amago de tener un bebé al que narrarles sus experiencias. De hecho, la única embarazada es ejecutada antes de que nazca su hijo. En fin…

La historia comienza en 1941 y sigue las andanzas de cinco amigos. Wilhelm (Volker Bruch, el Gereon Rath de “Babylon Berlin”) es joven e idealista, vuelve al campo de batalla seguro del triunfo de Alemania. Lo acompaña su hermano menor Friedhelen, un soñador intelectual. Antes de partir al Frente Oriental los hermanos se despiden de sus amigos:  Katharina, una enfermera enamorada en secreto de Wilhelm; su amiga Charlotte, una aspirante a actriz; y Viktor el novio judío de esta. Todos muy amigos sin idea de lo que se avecina.



En el frente ruso, Wilhelm se enfrenta a los horrores de la guerra y se desilusiona con el nazismo. Acaba en un batallón de castigo. Su hermano muere. Katharina también es enviada al frente, pero al revés de Wilhelm, se vuelve más fanática. En Berlín, Charlotte está empeñada salvar a Viktor, para ello se entrega a un oficial de la Gestapo quien la traiciona deportando al judío.

Aquí surgen las mayores críticas (por parte de la prensa germana) a la miniserie por su retrato retorcido del Holocausto. Viktor logra huir de un tren rumbo a Auschwitz. Se une a unos partisanos polacos, pero debe ocultar sus orígenes puesto que sus camaradas son más antisemitas que los alemanes. En varias escaramuzas, se enfrenta a tropas alemanas y a sus antiguos amigos. Finalmente, los polacos descubren que Viktor es judío y lo expulsan de sus filas.

Esta imagen de Viktor como traidor a su patria y los polacos como peores que los nazis, exasperó a la crítica germana. En cambio, a mi si me gustó el final en el que Viktor retorna a Berlín y encuentra que no puede recuperar sus propiedades, que Charlotte fue ahorcada y que su amante-verdugo ahora trabaja para los Aliados. Que la serie acabe en ese son realista indica que mal que mal había un intento de iniciar otra manera de enfocar el rol alemán en su peor guerra.



Babylon Berlin: La Precuela del Nazismo

A pesar de las fuertes críticas de la prensa alemana y extranjera (y una protesta oficial de parte del gobierno polaco, más un juicio en Cracovia) “Los Hijos…” arrasó con las premiaciones de la televisión germana y ganó un Emmy Internacional por mejor serie extranjera. Tres años más tarde, todavía gozando de a gloria de su rol de Wilhelm, V. Bruch fue escogido para interpretar al detective Gereon Rath en la adaptación televisiva de las series de misterios de Volker Kutscher.



Titulada “Babylon Berlin” y dirigida por Tom Twyker (“Run, Lola, Run”) la acción tiene lugar en el Berlín de Weimar en 1928. Es ahí donde llega Gereon Rath, joven inspector de provincia, hijo de un jefe de policía de Colonia y sobreviviente de los campos de Flandes. Aunque viene en una misión especial para recuperar un material que compromete a un importante político, pronto Gereon se verá involucrado en un ambiente cargado de corrupción y de intrigas políticas.

La intención de Twyker era no mostrar a los nazis sino hasta la segunda temporada para concentrarse en una visión de una sociedad vibrante, pero desahuciada. La serie nos muestra a los comunistas luchando en las calles, a los soviéticos y trotskistas matándose en la clandestinidad, y a un cabal de militares monárquicos que quieren hacerse del poder.







En medio tenemos una nueva versión de Rath, ahora un hombre dominado por culpas, secretos y traumas de ex soldado que los combate con morfina. Como compañera ideal, convirtieron a la tímida estudiante de leyes Charlotte Ritter (Liv Lisa Friels) en una jovencita que ambiciona ser detective, pero que debe mantener a su proletaria familia con el escaso sueldo de estenógrafa ayudado por su incursión nocturna en la profesión más antigua del mundo.

Lo glorioso de “Babylon Berlin es su exploración de las noches de Weimar con sus gánsteres sus travestis, sus clubes de música de jazz y hasta su floreciente industria de la pornografía. Este mundo ofrece un tablado donde se representará el drama del nazismo.

Fue en la segunda temporada donde Twyker presentó a los Camisas Pardas que primero se infiltraban disfrazados de comunistas en la vida de Greta (Leonie Bensch), la criadita del consejero Benda, jefe de la policía berlinesa. Manipulaban a la pobre chica que los ayudaba a volar en pedazos a Benda (odiado por ser judío) y a su hijita. Solo al final en una manifestación nazi, Greta reconocía a su novio y descubría que había caído en una trampa en la que también caería el pueblo alemán.



Das Boot: Solo el Título Quedó del Filme

El mismo año del inicio de “Babylon Berlin”, y probablemente debido al éxito de las dos temporadas (filmadas simultáneamente y presentadas ambas en el 2018) debutaba “Das Boot” cuyo mayor error fue conservar el nombre de la legendaria película alemana de 1981. No voy a agregar más de lo dicho en mi reseña, pero, aunque “Das Boot. Die Serie” tuvo éxito en su Alemania natal, no lo obtuvo tanto en el extranjero. Mas que nada fue rechazado por los puristas indignados ante la ausencia de vínculos con la original y confusos ante la inclusión de mujeres (y lesbianas) en una subtrama terrestre.

A mí me encanta la subtrama terrestre,  y desde “Band of Brothers” que no me gustaba tanto un espacio (hablo del submarino) donde no hay mujeres, pero comprendo que el público norteamericano haya estado molesto con un cuento donde los alemanes son atractivos antihéroes y donde los estadounidenses o son especuladores arrogantes o resistentes comunachas y drogadictas,

De alguna manera, “Babylon Berlin” y “Das Boot” mostraban una Alemania forzada a caer en el nazismo Luego ya adentro debía intentar sobrevivir. Esa fue una falla que los críticos notaron en “Das Boot”. Pareciera no haber nazis convencidos en este cuento. No notaron que, a pesar de sus gustos refinados y admiración por las ideas freudianas, Hagen Forster (Tom “Jaqen” Wlaschiha) si es un nazi bona fide. Y algo que hermana a marineros, oficiales del submarino con Forster, e incluso con Simone Strasser (Vicky Krieps), es su repulsión por los judíos.

                                 Forster y Simone tenían en comun un sentimiento anti-judio

Antes de salir al aire, “Das Boot” había sido vendida a cien países. En USA, Hulu adquirió los derechos exclusivos, pero solo ha mostrado la primera parte. A pesar de que en Rotten Tomatoes los críticos le dieron 84% de aprobación, el público  no pudo con una historia que como dijo el historiador alemán Sven Felix Kelldorff, relativiza las responsabilidad alemana con el nazismo, echándole la culpa de la guerra a los especuladores estadounidenses. Y eso que no han visto la segunda parte donde el tema es casi exagerado.

En Reddit se quejaban de que el lenguaje (de los tripulantes del submarino) era machista y racista. De lo mismo se han quejado críticos desde Decider hasta el New Republic. Sera porque yo vengo de un puerto que puedo ser más tolerante con la cultura marinera, ¿o será porque los cristalitos (léase miembros de la Generación de Cristal) se ofenden cuando los toca una pluma?  Duh! ¡Sorpresaaa! Estos son marineros del Tercer Reich, sirven a un gobierno machista y racista, son parte de una cultura machista y racista.

Langericht: Redemption Road

Coincidiendo con estas visiones revisionistas de un pasado con el que los alemanes todavía no pueden ponerse de acuerdo vino, en el 2017, la adaptación de Landgericht (justica de estado) la galardonada novela de Úrsula Krechell. Inspirada en el caso real del juez berlines Robert Michaelis, la novela narra la saga del juez de Frankfurt Richard Kornitzer y su familia. En la vida real, Michaelis tuvo que exiliarse en Shanghái. Su esposa aria permaneció en Alemania, los hijos fueron enviados a Inglaterra en el Kindertransport.



Al final de la guerra hubo una reunión familiar agridulce. los hijos ya se habían acostumbrado a sus padres y patria adoptivos y no quisieron regresar a Alemania. En Berlín, encontró Michaels que el statu quo era conservado estrictamente, los nazis seguían en puestos altos y a los judíos retornados de los campos no se les hacía mucha justicia. Su labor ardua e ingrata por tratar de mejorar las cosas llegó a afectar su salud.

inspirándose en este relato, Úrsula Krechell creó una historia que trasladada a la pantalla se detiene menos en las injusticias de la posguerra, el nazismo y la tragedia judía que, en relaciones familiares deterioradas, masculinidad toxica, y la victimización de una mujer aria. Aunque la historia es narrada de una manera tan conmovedora que me hizo llorar, no la consideraría un aporte para el cine del Holocausto.

La historia abre en 1933, Richard y Claire Kornitzer forman un matrimonio bien avenido y exitoso.  El acaba de ser nombrado juez de la corte de Frankfurt, ella tiene un negocio que hace posters para el cine. La pareja tiene un hijo y espera un segundo bebé. Cinco años más tarde la situación es muy diferente. Kornitzer ha sido expulsado de su puesto y apenas puede practicar la abogacía.

Claire es aria, pero al rehusar divorciarse de su esposo judío, pierde su negocio. Después de Kristallnacht, los Kornitzer hacen su prioridad el salvar a sus hijos enviándolos a Inglaterra en el Kindertransport. El consulado cubano, les otorga una sola visa. Creyendo que, por ser aria, su mujer está exenta de peligro, Richard se marcha a La Habana.

                                     Richard en La Habana

Los pequeños Kornitzer, que realmente son muy niños para emprender ese viaje solos (Selma solo tiene cinco años) acaban en una zona rural inglesa en casa de un bondadoso pastor cuya demente esposa abusa de ellos verbalmente. Los niños huyen a Londres y prefieren vivir de la caridad de los transeúntes antes que volver con el pastor. Las cosas cambian cuando los acoge una generosa granjera que les da un verdadero hogar.





Entretanto, en Frankfurt, Claire descubre que, aunque no esté expuesta a la deportación, su vida es un infierno debido a su matrimonio con un judío. Se ve obligada a tomar trabajos miserables. Es abusada, golpeada, robada y finalmente violada por un agente de la Gestapo. Su salvación reside en irse a una zona rural donde una cofradía de mujeres, cuyos esposos están en el frente, le ofrecen refugio y apoyo.

El que mejor la pasa es Richard. Aunque al comienzo debe batallar el calor habanero y la nostalgia por su familia, pronto se consuela con un trabajo en un bufete y un romance con Caridad, una maestra afrocubana. Richard inicia una nueva familia con Caridad y tienen una hija, Amanda.  Su vida idílica es interrumpida al acabar la guerra y recibir cartas de Claire que todavía sueña con una reunión familiar.

                                    Richard conoce a Caridad

Kornitzer abandona a su familia cubaba y retorna a Alemania. No le cuenta a Claire de su infidelidad, pero tampoco se interesa en conocer las desventuras de su Esposa #1. Solo desea ejercer la abogacía en su país y hacer justicia. Ahí se encontrará con terribles escollos. No hay justicia para los judíos alemanes, ni siquiera se les devuelve lo robado y las cortes están manejadas por antiguos nazis.

Mientras su marido lleva adelante su cruzada, Claire se encarga de descubrir el paradero de sus hijos. Será ella quien deba viajar a Inglaterra en busca de ellos. La amarga sorpresa es que sus hijos son sanos y felices, pero totalmente arraigados a su nueva tierra y familia. Rechazan a sus padres biológicos a quienes acusan de haberlos abandonado Claire, desolada, regresa a Alemania con las manos vacías.

A su marido solo se le ocurre utilizar la ley para obligar a la hija, que es menor de edad, a vivir con ellos. Ni siquiera tiene una casa para recibir a Selma. Claire se la debe llevar al campo. Allá Selma intenta envenenar a su madre con hongos tóxicos. Destrozada, Claire la regresa a Inglaterra a pesar de las protestas de Richard que no entiende el calvario de su esposa.

                                Selma no quiere volver con sus padres

Pasa el tiempo. Richard se hace de una buena práctica legal, tienen dinero y viven bien, pero ninguno es feliz. Richard insiste en estrellarse contra un sistema en busca de justicia para sí mismo. Cuando reclama compensación por sus inmuebles robados, lo acusan de haberlos “abandonado” al marcharse al extranjero. Los esfuerzos de Richard por recuperar lo perdido son mal vistos por sus superiores.

Claire vive una existencia de apéndice de Richard. Su relación es mas de patrón y ama de llaves que de pareja. Cuando ella encuentra una razón para vivir, la refacción de un viejo teatro descubre que el banco exige la firma del marido para otorgarle un préstamo. Richard se niega. No tiene razones de peso, solo su egoísmo. Indignada, su esposa se atreve a contarle de su tragedia (incluyendo la violación) ocurrida mientras él tomaba el sol en las playas de Varadero.



La reacción de Richard es típica. En vez de consolarla y arrepentirse de su indiferencia, corre a su oficina a hacer una denuncia legal por el ataque sufrido por su mujer. Una denuncia que no llega a ninguna parte. Y aquí viene la última ironía. Richard sufre de mala salud, graves problemas cardiacos y presión alta, pero es Claire quien muere de un infarto. El médico le explica al viudo que si hubiese sido atendida a tiempo el infarto no hubiese sido fatal. Si Richard hubiese estado con ella, en vez de metido en sus desquiciadas empresas, su mujer estaría viva.

Curiosamente, la obra tiene un final feliz para Richard. Tras la Revolución Castrista del ’59, logra sacar a Amanda de Cuba. La serie acaba en el aeropuerto con Richard y su hija abrazados. Yo lloré a mares con esta miniserie, pero no soy ciega al hecho de que es un mal ejemplo tanto de la tragedia judía como de la tragedia alemana bajo el nazismo.

Sé que el libro es más específico en su crítica de esos aspectos, tanto que fue fuertemente denunciado en Alemania por dar” imágenes falsas” de la postguerra germana. ignorando que son hechos documentados. Los lectores negaban que muchos nazis continuaron en puestos importantes o que no se hubiese hecho justicia inmediata y generalizada a las victimas alemanas del Holocausto.

                     Los jueces de la nueva Alemania. Todos ex funcionarios nazis

Tanta alharaca provocaba esos puntos que nadie notó que un problema de la novela es que la mayor víctima es una mujer aria. Aunque aplaudo este enfoque novedoso, y no niego que ser una esposa de judío (y rehusar divorciarse) haya sido una tragedia, en filmes como “Rossenstrase” el sufrimiento de la esposa es equilibrado por el del marido. En “Landgericht” pareciera que Claire es la única que sufre. Su esposo e hijos, tras un periodo de adaptación, forman otras familias. Cuando se produce en reencuentro, tanto Richard como los hijos, excluyen por completo los padecimientos de Claire.

En el libro, la autora hace un conmovedor retrato de la vida en exilio de los judíos en Cuba que ha sido ignorado por la serie. Tal como se ha minimizado el retrato de los judíos que reclaman reparaciones en la posguerra. Al final, el único personaje judío importante es Richard y es mega negativo. Hasta dan ganas de aconsejar a Claire que se divorcie de ese energúmeno. Así al menos, ella y sus hijos hubiesen tenido una oportunidad de sobrevivir sin dolorosas separaciones.

“Landgericht” es uno de los pocos retratos de ficción del Kindertransport, un esfuerzo desesperado de parte de grupos judíos e ingleses por rescatar niños de la Alemania nazi. Sin dejar de elogiar ese esfuerzo, la falta de recursos llevó a colocar a los niños con familias o en instituciones en suelo británico que no eran las mejores. Solo en este siglo se ha venido a hablar de experiencias espeluznantes de los pequeños rescatados que incluyen abusos físicos y hasta sexuales.



Lo que me molesta de la serie es que haya un énfasis en la crueldad a la que son sometidos los chicos, pero no se denuncie el gobierno que los obligó a huir. En toda la miniserie no hay más que una visión abstracta de la negatividad del nazismo. Como si fuese una oportunidad para que envidiosos como un colega de Richard, o codiciosos corruptos como el agente que viola a Claire, puedan satisfacer sus ambiciones y apetitos. No hay ejemplos de cómo se perpetró el Holocausto. Las victimas a las que Kornizker pretende ayudar parecen más interesadas en recobrar objetos de valor que exigir justicia por los crímenes cometidos por el nazismo.

Una ironía de la serie es que todo lo malo lo cometen los hombres. Las mujeres, con la excepción de la esposa del pastor, son entes positivos que apoyan a Claire. Extraño cuando fue la población femenina de Alemania la más devota del Fuhrer y sus medidas contra los judíos. En su afán por mostrar la victimización de una esposa,, Landgericht acaba trivializando el Holocausto y perdiendo una oportunidad de narrar la tragedia del pueblo alemán bajo el nazismo.

Charité at War

Algo parecido ocurrió con “Charite at War”. Fue un vuelco fascinante el situar la segunda temporada de las experiencias en el mejor hospital de Berlín en medio de la Segunda Guerra Mundial. Aparte de recomendar mi reseña, solo me falta agregar que fue toda una novedad conocer como el nazismo afectó las filosofías y éticas de la medicina alemana sobre todo de la psiquiatría.



Otro vuelco interesante es tener como protagonista a una pequeña furibunda nazi que es privilegiada y mimada por su buena labor viviendo e imponiendo las teorías raciales del Tercer Reich. Como privilegio se le permite estudiar psicología aun cuando como esposa y futura madre germana, su deber seria atender su casa.



Todo cambia cuando Annie da a luz una hija hidrocéfala. Al resistirse a sacrificar a su bebé, Annie se convierte en un problema para su maestros y sus colegas, pero sobre todo para su amado esposo. Es todo un shock para Annie descubrir que a sus espaldas su maridito ha regalado sus espermatozoides para crear nuevos y sanos bebés alemanes. Además, Arthur, para no ser enviado al frente de batalla, colabora espléndidamente en un programa pediátrico de experimentos de niños arios y está más que dispuesto a dejar que eutanasien a su hija.



Aunque llena de suspenso, información y material para pensar, “Charite at War” cometió de un error común en este tipo de series alemanas. Es muy abigarrada, intenta abarcar muchos temas. Para blanquear la ambigua figura de, Ferdinand Sauerbruch, un traumatólogo estrella del Tercer Reich lo hacen cómplice de varios focos de resistencia:  el establecido por el médico-prisionero alsaciano, el grupo de Hans von Dohnanny, el complot de von Stauffenberg y hasta nos lo presenta ayudando a Fritz Kolbe, espía de los Aliados. Debido a que Alemania todavía no tiene una postura especifica hacia la resistencia anti-Hitler y muchos todavía ven a los resistentes como traidores, “Charité” se enreda en su representación de esas diversas corrientes.



Nuevas Temporadas, Nuevos Errores

Hablando de abigarrada, así les quedo la Tercera Temporada de “Babylon Berlin:. A diferencia de las primeras dos que fueron rodadas simultáneamente, la terceraen un esfuerzo por atraer a todo tipo de espectadormezclaba el auge del nazismo con peleas de gánsteres, cine impresionista y falsas conspiraciones que explicaban la caída de Wall Street.

No sé qué me resultaba menos interesante, si los conflictos maritales del Armenio, si los líos de la filmación de la película que él auspiciaba o los problemas románticos de un Gereon Rath apagado. Convertido en un títere, Gereon era parte de la estrambótica venganza de su hermano que al final resultó ser una especia de Dr. Mabuse, un archicriminal. Algo totalmente innecesario porque la serie estaba repleta de estos personajes caricaturescos y megalomaníacos que presagiaban a Hitler.

Ahí teníamos a Nyssen empeñado en provocar una ruina bursátil. Ahí teníamos al humilde forense que ponía en jaque a criminales y a la industria cinematográfica.  Pero quien fungió como gran titiritero que maneja tanto al General Seeger y a su apolillada claque de oficiales monarquistas como a los nazis cuyo poder creía controlar, fue el Oberst Wendt. Él fue quien mandó al cadalso a la inocente Greta, y en un claro caso de licencia histórica, provocó la muerte de Gustav Stressmann presidente de la republica

                              Greta obligada a declararse culpable

Babylon Berlin 3 fue otro caso de ambigüedad en su retrato de los nazis. A ratos daba pena como Wendt los eliminaba. Incluso algunos fueron exaltados a rango heroico como ocurrió con el ingenuo y bien intencionado Horst Wessel.

Y así llegamos a la segunda temporada de “Das Boot”. Vista en Europa, incluyendo España y en America Latina, no ha sido vista en USA. Hulu no la ha comprado, pero tampoco ha dado una explicación a espectadores estadounidenses que todavía la esperan La razón mayor para no seguirle la pista los U-boats de la serie. la comprendí hace unos días al ver un filme menor que no veía desde mi infancia. Me refiero a “Morituri” que fue un fracaso de taquilla en 1965, a pesar de llevar de protagonistas a dos astros de Hollywood como lo eran Marlon Brando y Yul Brynner.

Sucede que esta historia de un pacifista alemán (Brando) refugiado en la India, que es obligado por los ingleses a sabotear un barco mercante alemanes que viene desde Asia con cargamento de caucho., resultó incomprensible para el público estadounidense de entonces. Sus mayores fallas, que reaparecen en “Das Boot”, son una visión negativa de los americanos y una sensación de que los nazis son indestructibles.



En “Morituri” los americanos aparecen como cobardes, antisemitas y hasta violadores. En “Das Boot” son caracterizados como fanáticos, drogadictos, oportunistas poco patriotas y bandoleros ambiciosos que buscan sacar ventaja económica de la guerra. En la segunda temporada quedan peor ya que la trama bifurca en tres arcos. Lo que ocurre en los nuevos submarinos, lo que ocurre en La Rochelle,  y las aventuras del pobre Hoffman,  perdido en Manhattan tratando de encontrar un Mago de Oz que lo regrese al Reich.

La lista de Malos en Estados Unidos es larga y cada cual más chambón y traidor a las Stars and Stripes. Tenemos a Greenwood Sr. que ahora quiere ser senador, pero solapadamente sigue con sus negocios con el Tercer Reich. Tenemos a Michael McEllhatton interpretando a un jefe de policía neoyorquino con vínculos con el Ejército Republicano Irlandés, y los nazis y cuyo saludo a Hoffmann es “Nos hemos (los estadounidenses) equivocado de enemigo”.  Sam Greenwood presenta a Hoffman al que ha convertido en una especie de mascota con el abogado Berger (el omnipresente Thomas Kretschmann). Aunque finge ser Menonita, Berger es un nazi bona fide con una radio secreta que lo comunica con Berlín.

Entremedio de tanto individuo sórdido, Hoffman, que nunca ha dejado de creer en der Vaterland, se siente perdido. Su única ayuda es Casandra Lloyd, una cantante de color, de quien se enamora. Este tipo de retrato no solo disminuye a Hoffman, sino que también irrita al espectador estadounidense que solo le gusta el antiamericanismo cuando lo vende Hollywood.



Otra tema que irrita es sentir que los nazis son invencibles. Como en “Morituri” los judíos mueren y los intentos de resistirse a los esbirros de Hitler son vistos como fútiles. A pesar de que ahora los resistentes son rescatistas de judíos, sus planes son siempre aplastados por traidores franceses y por un Hagen Forster que poco a poco va comenzando a tener dudas de si su servicio al Fuhrer deba incluir el asesinato de niños.

Finalmente llegamos al cuento del submarino que sigue siendo un gran relato de piratas. En la segunda temporada tenemos capitanes renegados, hundimiento de un navío, rescate de náufragos y dos motines. El mismo Hoffman es un Robinson Crusoe varado en la isla de Manhattan. De hecho, Casandra lo apoda “Robinson”.  Pero es en este cuento donde vemos una división entre marinos nazis y los que no lo son.

Clemens Schick interpreta a Johannes von Reinhartz, un héroe de la Kriegsmarine que, cansado de hundir barcos llenos de pasajeros inocentes, decide desertar aprovechando una misión que lo llevará a las costas de Maine. Como todos los que intentan luchar contra los nazis es extremadamente descuidado. Escribe una carta a su esposa contándole sus planes. La horrorizada mujer se suicida, la carta es encontrada por la Gestapo.



La deserción de von Reinhartz no solo implica los secretos militares que pueda revelarle a los Aliados, además pone en peligro la misión de los espías nazis que transporta el submarino. Se envía un submarino comandado por el demente Wrangel a cazar a von Steinhartz. Pareciera que se trata de una lucha entre nazis y antinazis, pero no lo es. Wrangel, solo busca la gloria, von Steinhartz estará harto de servir a un sistema que lo obliga a asesinar, pero quienes lo acompañarán en su intento de deserción lo harán por motivos personales.  Como  ha dicho el libretista Colin Teeven “El submarino (Das Boot) no va de líderes políticos haciendo grandes gestos sino de gente normal tomando decisiones”.

                                 Wrangel es rescatado por von Reinhartz

No encontramos en “Das Boot ni una denuncia del nazismo ni un mensaje pacifista como el filme original, pero ese es el vínculo en común con todas estas series germanas sobre la Segunda Guerra Mundial. Lo han notado incluso periodistas alemanes como en esta crítica del Frankfurter Allegemeine  que comenta que la culpa de Alemania se ha ido al fondo del mar con el U-Boat.

A pesar de que esa aseveración encapsula la tesis detrás de todos estos enfoques germanos de la Segunda Guerra Mundial, no resta el interés ni la calidad de las series mencionadas. Es una lástima que no estén más al alcance del publico extranjero.

“Los Hijos del Tercer Reich” fue vista en America Latina a través del canal Europa Europa. Hoy puede ser vista en America del Norte por Tubi, totalmente gratis, pero en inglés. Esta en alemán y en ingles en YT donde también tienen el primer episodio con subtítulos en castellano..

Bajo el título de “Redemption Road” se puede ver “Landgericht” con subtítulos en inglés por MHz.

“Charité at War” está en Netflix. No sé si en el Netflix para America Latina.

“Babylon Berlin” ha estado desde el 2018 en el catálogo de Netflix de Estados Unidos. Recientemente se ha podido ver por televisión en cable en America Latina gracias a Europa Europa y Film&Arts.

“Das Boot” es más complicado. AMC la presentó en España. Hulu en Estados Unidos, pero no ha comprado la segunda temporada. Mi consejo para los Gatos Seriefilos en Europa y America Latina es subscribirse a Starz Play que trae ambas temporadas con subtítulos en español y que es más que probable que pase la tercera. Alguien la subió con subtítulos a YT, pero se las borró un centro antipiratería. ¡Si ni siquiera pasaban avisos!

 

 

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Charité at War: Un vistazo a la medicina nazi



Para la segunda temporada de esta serie alemana, los productores pudieron elegir cualquier periodo entre el Siglo XVIII y el XXI, pero prefirieron irse a lo más riesgoso, lo vivido en La Charité durante el Tercer Reich. “Charité at War” explora los horrores de la medicina y psiquiatría Nazi a la vez que nos muestra el mundo clandestino de la resistencia alemana. Pero este periodo de la historia y estos temas son todavía tabú en la sociedad germana, algo que lamentablemente acaba por teñir la serie con tonos de superficialidad, sentimentalismo barato y datos falsos.

Ha pasado medio siglo desde que Ida Lentze abandonara La Charité para estudiar medicina en Suiza. Ahora hay mujeres médicos, enfermeras tituladas, hasta estudiantes de psiquiatría. Las mujeres usan faldas cortas o pantalones, hay teléfonos, automóviles, y aviones que lanzan bombas. El nacionalismo, que simbolizara el joven Kaiser en la primera temporada, ha dado como resultado dos guerras mundiales. El antisemitismo que vimos en los días de Paul Ehrlich se ha convertido en política del estado. Alemania es un país sin judíos (aparece uno clandestino al casi final de la temporada).

¿Sauerbruch, Villano o Héroe?
Volvemos a los personajes reales. Importantísimo en su día era el jefe del departamento quirúrgico, Ferdinand Sauerbruch (Ulrich Noethen). Antes de Hitler, Sauerbruch era ya famoso por sus innovaciones en la cirugía torácica. Entre sus clientes se contaban Lenin, el presidente Hindenburg y Kemal Ataturk, “El Padre de la Turquía Moderna”. A pesar de que después de la subida de Hitler al poder, siguió tratando judíos como amigos y pacientes y públicamente condenó el programa de eutanasia nazi, Sauerbruch era tan importante en el extranjero que Goebbels lo protegió hasta el final de la ira del Fuhrer.
Sauerbrauch, Otto y Stauffenberg

Sauerbruch nunca fue un resistente como lo fueron su hijo y sus pacientes Claus von Stauffenberg (Pierre Kiwitt) y Hans von Dohnanyi (Max von Pufendorf). Ambos aparecen en esta temporada de “Charité”.  Sauerbruch amparará a von Dohnanyi que debido a las torturas ha quedado semi paralitico. 

La segunda esposa de Sauerbruch, la Dra. Margot (Luise Wolfram) reprocha a su marido su ambigüedad política, pero es esta ambigüedad la que le permite moverse entre dos mundos y ayudar a resistentes. ¡Y vaya que hay resistentes en la Charité!

 El tema ha sido tratado por el joven historiador alemán Christian Hardinhaus (lamentablemente su obra no ha sido traducida todavía) en su biografía Ferdinand Sauerbruch. Su novela El espía de la Charité nos muestra el hospital como un foco de resistencia. Von Stauffenberg era amigo de Peter Sauerbruch y paciente de su padre. En casa de Sauerbruch hubo reuniones de los generales que complotaron contra Hitler. 

Ya he mencionado que Sauerbruch tuvo a Hans von Dohnanny en su clínica. Maria Fritsch (Sarah Bauerett), secretaria de Sauerbruch, era amante y colaboradora de Fritz Kolbe (Marek Harloff), el diplomático que trabajaba para los Aliados. La misma Margot Sauerbruch llevó papeles secretos a Suiza por pedido de Kolbe.
Kolbe y María

Sin embargo, tras la guerra, Ferdinand Sauerbruch, y a pesar de todo su prestigio y todas sus amistades antinazis, tuvo que ser desnazificado por las autoridades de la Ocupación. Hablo de americanos, ingleses y franceses. Los soviéticos estaban entusiasmados con este prestigioso médico que una vez extrajo un molar cariado del mismísimo Vladimir Ilich y que tenía una experiencia extraordinaria con prótesis y miembros artificiales, tristemente tan necesarios después de una guerra.

El problema con Sauerbruch,  lo que lo convierte en un personaje controversial, es que él apoyó el uso de prisioneros como conejillos de Indias. Personalmente endorsó los experimentos que se hicieron en prisioneros del campo de concentración alsaciano Natzweiler.

Fue precisamente el medico alsaciano Adolphe Jung (Hans Lowe) quien ayudaría exonerar a su antiguo jefe. Cuando Alsacia fue anexada al Reich, Jung se negó a considerarse alemán. En castigo,  los nazis lo llevaron a Berlín a trabajar en La Charité en calidad de “esclavo”. Allá el medico colaboró con el espionaje de Kolbe y también recolectó información para la Resistencia Francesa. Según Jung, Sauerbruch sabia de estos movimientos y nunca lo delató.
El Dr. Jung

Los Monstruos de La Charité
De todos modos, la serie (que no menciona para nada los experimentos) tiene villanos más grandes que mostrarnos como el siniestro Max de Crinis (Lukas Miko), el psiquiatra más importante de la Alemania Nazi y un gran coagente del programa de eutanasia forzada.

Gracias a las cátedras de este psiquiatra austriaco (que a veces las da en flamante uniforme de las SS de la cual era miembro) alcanzamos a entender en qué consistía la psiquiatría nazi. Según De Crinis hay dos tipos de paciente afectados por la fatiga de combate. Unos, “los actores”, solo fingen y para ellos hay un único destino, el paredón. Los otros, “los histéricos”, se curan a punta de electroshocks y trabajos forzados (WTF?).

Mas interesantes son sus diatribas en contra de los homosexuales: enfermos, pervertidos, antipatriotas, indignos de ser considerados alemanes o servir al Reich. Max de Crinis acaba su homófobo discurso con un chiste ordinario asegurando a sus alumnos, muchos de los cuales son soldados con permiso o recuperándose de heridas de guerra, que “mientras ustedes estén en el frente, nosotros protegemos su retaguardia.”

Por supuesto que la maldad de De Crinis no se reduce a sus clases. Lo vemos hacer ejecutar a un soldado que el psiquiatra cree perdió una pierna a propósito para no volver a pelear; hace arrestar a la pareja gay de la serie; lanza al suelo a Hans von Dohnanyi convencido de que finge estar invalido e implanta una espía en la sección de Sauerbruch, la toxica y fanática Enfermera Christel (Frida Lovisa-Hamann).

Max de Crinis evadió la justicia, suicidándose junto a su esposa en vísperas de la Caída de Berlín, pero no es el único monstruo de la Charité. El Profesor Georg Bessau (Peter Cremer) también se libró de la justicia falleciendo de cáncer un tiempo antes de acabar la guerra.

Hasta el 2005, el área de cuidados intensivos de la sección de pediatría del Hospital de Geissen llevaba el nombre de este reconocido pediatra. Hoy se sabe, y se agradece a “Charité at War” informarnos, que Bessau estuvo involucrado no solo en los asesinatos de niños considerados indignos de seguir viviendo, ósea discapacitados física o mentalmente. Además, Bessau dirigió un programa de dolorosos experimentos a los que sometió a estas criaturitas.

La  Pareja Perfecta Nazi
Bessau y De Crinis son los “padrinos” de la pareja protagónica de esta historia; Arthur (Artjom Gitz) y Anni (Mala Emden) Waldhausen, la “Pareja Perfecta Nazi”. Arthur es el segundo en comando de Bessau en la sección de pediatría de La Charité. Esta posición le evita tener que ir a pelear al frente ruso, así que el oportunista medico se ensaña con estos niños que antes de morir sufrieron dolores inmensos.

Su esposa Anni es el ejemplo de la Nazi más fanática, y la esposa y madre que el Tercer Reich quiere. “Sí es un niño le pondremos Adolf” dice del bebé que espera. Anni es tan fantásticamente devota de los ideales nazis que se le permite lo impermisible. A pesar de estar casada y en el sexto mes de embarazo, puede seguir yendo a clases y preparar su tesis de psiquiatría bajo el admirado ojo de de Crinis.

Es que la tesis de Anni gira en torno a soldados que se han auto herido para huir del campo de batalla. Eso la pone en contacto con Paul,  quien ha perdido una pierna en el frente de Stalingrado. Anni es instrumental en conseguir que se ejecute al soldado. Tanto ella como su marido no tienen respeto por la vida humana.

Los Waldhausen son arrogantes, egoístas y aprovechados. Mucho patriotismo, pero ambos están encantados de saber que el trabajo de Arthur le evita ir a la guerra. Cuando Otto (Jannick Schumann) el hermano menor de Anni, retorna del frente ruso, ella no quiere oír noticias “derrotistas” sobre lo mal que lo están pasando la Werhmacht y sus soldados.

La situación cambia cuando Anni da a luz a una niña que sufre de hidrocefalia, condición que la condena a muerte en ese país donde solo sobreviven los niños arios y perfectos. Ahí los Waldhausen enloquecen, exigen silencio y ayuda de los mismos que ellos consideran poco patriotas como los Sauerbruch y Otto. Y se asombran cuando son delatados por una jefa de enfermeras que creían su amiga. No reparan en que ellos mismos han delatado inocentes, su egocentrismo los hace creerse privilegiados.

Las cosas se complican. La pequeña Karin no reacciona ni a cirugías ni a tratamientos. Arthur comienza a preocuparse que va a perder la oportunidad de reemplazar a su jefe cuando este fallezca. El mismo Bessau le aconseja enviar a Karin a un hospital que ambos saben es el castillo-de irás-y-no-volverás. Mas encima el perverso viejo le aconseja “hacerle otro hijo” a su esposa “para consolarla”.

Anni comienza a darse cuenta de que no vive en un paraíso, que sus amigos no son sus protectores. Otro temor es que no la dejen embarazarse de nuevo puesto que en algunos casos la hidrocefalia es hereditaria. Arthur le asegura que ella seria la portadora de genes defectuosos puesto que él ya tiene otros hijos muy sanitos. ¿Qué otros hijos?  Un poco cortado, un poco jactancioso, Arthur revela que ha sido voluntario del nefasto programa de Lebensborn

El pediatra le cuenta a Anni una paparrucha de que se ha hecho todo con inseminación artificial. Ni Anni ni nosotros le creemos. Los bebés del Lebensborn se hacían en un cuarto de hotel con una cama gigante y participaban un garañón de la SS y una nena con ganas de parirle hijos al Reich. Por supuesto, ambos debidamente certificados como arios y sanos.

Anni comienza a desconfiar de su marido y aún más cuando se entera de los pavorosos experimentos que Arthur práctica. Vamos viendo como la “ Pareja Perfecta Nazi ” se descalabra. Algo que me ha gustado de la serie es que ninguno se arrepiente, parten de la base que son “victimas”. Eso si se acusan mutuamente.



“¡No soy un monstruo!” gime Arthur.  “¡Nooo, solo matas hijos ajenos!” ‘le lanza su mujercita la cara. Al final,  en un bunker esperando la llegada de los rusos, Arthur harto acusa a su mujer de no ser una blanca paloma y haber llevado a un hombre ante un pelotón de fusilamiento. Lo curioso es que se culpan mutuamente, pero nunca culpan al régimen que los convirtió en ogros.

Amor Entre las Ruinas
Ya que este matrimonio es una farsa, que el de los Sauerbruch es más amistad y complicidad que romance, el toque romántico lo ponen aquí Otto y Martin (Jakob Matschens) que también son los personajes más positivos de esta fábula. Martin es un oficial condecorado quien ha perdido una pierna en Rusia. Después que Sauerbruch le implanta una de sus famosas prótesis, Martín se convierte en enfermero en La Charité donde dispensa compasión y socorro a todo el que lo necesite sea von Dohnanny, Jung, un niño que casi ha explotado con una bomba, hasta ayuda a la ruin Anni a esconder a Karin.

Otto,  al comienzo,  nos engaña a todos incluso a la fanática Christel haciéndonos creer que le gustan las chicas. Un día impulsivamente besa a Martin quien le da tremendo empujón. No es que el enfermero sea homófobo, su problema es mayor. En el Tercer Reich la homosexualidad es castigada con la muerte, precedida por todo tipo de abusos y experimentos en campos de concentración. Él ya tiene un prontuario. Otra caída y acaba en un campo y Otto con él.

“Charité at War” refleja lo más opresivo, cruel y monstruoso de la sociedad Nazi; la persecución de los homosexuales, aunque como dice Martin “los rusos también encarcelan a los gays”; y una niñez que no existe. Los niños pierden a los padres, estallan cuando recogen bombas, son quemados en bombardeos y cuando no son perfectos, son sacrificados. Aun peor, al final de la guerra vemos bandas de niños asesinos, obligados a matar o ser muertos en nombre de un régimen ya colapsado.

Es una sociedad sin ternura, sin compasión, una sociedad de delatores y cómplices. Cuando Sauerbruch habla de que “la medicina debe ser amor” parece estar predicándole a marcianos. Lo que más separa esta sociedad de la de la Primera Temporada es la ausencia de religión. No vemos servicios religiosos, ni capellanes, incluso el villancico “Noche de Paz” recibe un tratamiento “nazificante” en que las imágenes religiosas son reemplazadas por loas al Fuhrer y al Partido.

Solo al final, en ese bunker donde los Waldshausen esperan el asalto soviético, la matrona que delató a Karin se acuerda de un Ave Maria. En un rincón, el Token Jew (aunque aquí ya deberíamos hablar del “Gran Salvador Judío” solo que a mí me encanta ese cliché) se atreve por primera vez en años a entonar públicamente plegarias en hebreo.


Las Mujeres de la Alemania Nazi
Algo muy bien retratado en la serie es la condición de las mujeres. Existen contrastes entre Margot Sauerbruch, mujer de pantalones, que fuma, usa maquillaje y está más que dispuesta a practicarle un aborto a Maria Fritsch, con Christel y Anni de caras lavadas, y faldas aun en el gélido invierno. Anni pregona que quiere tener muchos hijos, pero no porque le gusten los niños sino porque quiere darle soldados a la Vaterland.

Aun así, existe una mujer en este mundo que nos presenta el otro lado del sexismo nazista. Cuando Anni tiene a su bebé, la colocan en la misma suite que Magda Goebbels (Katharina Heyers), Primera Dama del Reich. Efectivamente, en 1942, la esposa del Ministro de Propaganda sufrió un aborto espontaneo. La pérdida le provocó una depresión que la empujó a un intento de suicidio.

Se nota la diferencia entre Anni en basto camisón, pero con bebé en brazos y rodeada de mimos por parte de su marido con Frau Goebbels, pintada, en negliges de seda, fumando, bebiendo champaña, pero totalmente sola. En medio de su depresión, y bastante borracha, Magda lanza unas críticas al régimen que asombran a Anni. Antes de marcharse, Magda envuelta en pieles, le aconseja a Anni olvidar todo lo oído y hace una apología del Nazismo y alaba a su compañera de cuarto como ejemplo de la madre y esposa alemana.

Es una ironía porque pronto Anni caerá de ese pedestal y Magda en toda su soledad representa a la mujer refinada, sexy y atractiva que los hipócritas lideres Nazis preferían. Todos,  desde Goebbels hasta el Fuhrer,  sentían debilidad por las actrices antes que por las muchas Anni y Christel tan devotas del partido. Anni lo comprende así y cuando va a ver a de Crinis (que estaba casado con una actriz) para abogar por Martin,  se pone su vestido más llamativo y se maquilla comprendiendo por fin donde reside el poder de la mujer sobre estos “superhombres”.

También vemos como la burocracia Nazi regulaba la vida de la mujer en el Tercer Reich y como abundaba la corrupción. Cuando Magda Goebbels pide un artículo de lujo y le recuerdan que está racionado, ordena que se lo descuenten de sus “cupones de enfermera”. ¿Cuándo atendió un enfermo la bruja infanticida? Antes de casarse, Anni hubo de ofrecer pruebas de sus orígenes arios, de su buena salud y de la de sus ancestros.

La matrona delatora convence a Christel de atrapar a Otto al que han enviado al frente de batalla, para heredar su pensión. Y le recuerda un subterfugio aparentemente muy usado entonces que, si se comprometen informalmente ante un grupo de testigos, será como si estuvieran casados. Solo que Otto no cae en la trampa, rechaza la proposición matrimonial de la enfermera. Indignada, Cristel los acusa a él y a Martín a la Gestapo de ser amantes.

Bombas, Judíos y Resistentes
A pesar de que “Charité at War” abarca tantos tópicos e intenta dar una visión global, se siente que hay cierta liviandad en el modo que se trata el tema de Berlín bajo las bombas y el de los crímenes Nazis. Es cierto que nos cuentan que los bombardeos separan familias, queman niños, destruyen casas, y que Berlín no era Desdén, pero todo es visto como casos aislados, como que las bombas no son tan mortíferas.

Contrasta con los filmes sobre el Blitz, la descripción de pesadilla de los bombardeos narrada por la princesa Wassiltchikoff en sus Diarios de Berlín. Incluso recuerdo como más intensas las descripciones de las noches bajo las bombas descritas por Albert Speer en Inside the Third Reich.

Aunque me parece sano y lógico que no hablen de los judíos todo el tiempo (como ocurre con otras series en ese mismo contexto histórico) puesto que para 1943 Alemania ya era casi totalmente Judenrein, hay desequilibrios en este cuento. Cuando Fritz intenta convencer a Sauerbruch de lo importante que es su espionaje le dice que los papeles que Margot contrabandeará a Suiza traen importante información sobre Auschwitz y la Solución Final. Y nadie pestañea cuando se menciona Auschwitz ni preguntan qué es la Solución Fina. ¿No que no se sabía nada de esto en Alemania hasta la derrota?

En todas las escenas urbanas de la serie se ven grupos de hombres vestidos con uniforme oscuro con una “Z” pintada en la espalda, recogiendo escombros. Son prisioneros de los lagers que eran llevados a Berlín a recoger los destrozos provocados por los bombardeos. La gente pasa por su lado sin mirarlos ni comentar su presencia. Es como si no existiesen.

Hay mucho terror a los campos de concentración. Von Dohnanny prefiere morir antes que ir a uno de ellos. Otto y Martin contemplan con desesperación la posibilidad de acabar en un campo. Hasta el Token Jew que aparece en el capítulo final habla con pavor que a su mujer la han llevado a uno de esos lugares, pero nadie explica qué pasa en un campo de concentración.

Cada vez que hablo con algún alemán de menos de 40 años, me dice que este periodo no es enseñado en las escuelas de su país. Si una serie es tan discreta o lo describe con medias palabras. ¿Dónde el público alemán se entera de lo que ocurrió en el Tercer Reich? ¿En series de televisión americanas?

La serie guarda silencio sobre los horrores que realmente ocurrieron en la Alemania Nazi, desde el Holocausto hasta la descripción de las horribles suertes corridas por disidentes. Nadie habla de torturas ni abusos. Von Dohnanyi llega en un estado físico deplorable a la Charité. Es obvio que algo le tuvieron que hacer para llegar a ese estado, pero nadie habla de ello.

Incluso la muerte es un tema que se evita. Aparte del fusilamiento del sodado que se auto disparó, y de los niños eutanasiados, no hay otras víctimas. No se nos cuenta que von Dohnanyi fue acusado de complotar para asesinar a Hitler y colgado en el campo de concentración de Saschenhausen.

Tampoco se nos cuenta que von Stauffenberg fue fusilado unas horas después de fracasada su conspiración. Su muerte fue rápida, los otros conspiradores, después de vergonzosos juicios, fueron estrangulados lentamente con alambres de piano (sus ejecuciones fueron filmadas para entretener al Fuhrer) y sus cadáveres fueron encontrados por los rusos,  conservados en hielo en los subterráneos de La Charité. En cambio, la serie nos muestra al chofer de Sauerbruch encontrando cadáveres (con balazos en la nuca) en un bosque. ¿A qué se debió el cambio?

Otra superficialidad grave de “Charité at War” es que nos dan atisbos de la existencia en Alemania de núcleos (separados) de resistencia antinazi, pero todo es tan vago que nunca conocemos sus motivos ni para quien trabajan. Aun peor, el grupo de von Stauffenberg es descrito como soldados que quieren acabar con Hitler porque ven la guerra perdida. Así se perpetua la opinión de muchos alemanes de que la resistencia estaba en manos de derrotistas, traidores y oportunistas.

Una Idílica Visión de la Invasión Rusa
Pero el acabose es la llegada de las tropas soviéticas y su ‘civilizada” entrada en la Charité. Es cierto que la fama internacional de Sauerbruch hizo que los rusos lo protegieran, ¿pero que un oficial ruso se impresione al oir el nombre del medico como si se encontrase ante Daenerys y sus dragones? Triple WTF.

Que Sauerbruch y quizás su familia fuesen apartados de la carnicería invasora es posible, ¿pero todo el personal de La Charité? Lo dudo.  ¿Por qué Margot Sauerbruch que había nacido en Bielorrusia andaba con un diccionario para aprender ruso?  

La fanática Christel ataca a un soviético con un escalpelo y su único castigo es que la saque una mujer soldado al patio como si fuera una colegiala traviesa ¿Y que una lagartija desnutrida como lo era la enfermera pudiese reducir a su fornida captora? Eso es exigir demasiado de la suspensión de credibilidad.

Son esos errores los que descalifican, debilitan y estropean una serie que pudo ser grandiosa. Aconsejo ver “Charité at War” pero solo como un preludio a la búsqueda de información más fidedigna sobre el periodo.