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jueves, 23 de mayo de 2019

Muchacha Española Viene a Casarse: The Spanish Princess en Starz



En esta década, la Tudormania se ha mantenido gracias a precuelas de la saga de Enrique VIII y su harem. En España, en la magnífica “Isabel”, presenciamos el nacimiento de Catalina de Aragón, pieza clave en el ajedrez de Los Tudor. En Inglaterra se apoyaron en las novelas históricas de Philippa Gregory para mostrarnos el origen de la dinastía: primero con “La Reina Blanca”, luego “La Princesa Blanca” y ahora con” La Princesa Española”. SPOILERS de los primeros tres capítulos.

Lo cierto es que de los libros de Doña Pippa solo se han quedado con los títulos y Gregory, de por sí ya no era muy histórica. Como dijo la Gatita Bah Dom, las novelas son fanfic y Emma Frost ha hecho fanfic de las novelas ¿Y la historia? Que siga su camino, muchas gracias. Pero nosotros tenemos la obligación de recordarla.

Tal como vimos en “Isabel”, Catalina fue la menor de las hijas de los Reyes Católicos. Se crió con sus padres en Granada y como nos muestra la serie “the Spanish Princess” fue muy querida y consentida. Isabel y Fernando tras cimentar su imperio y la unificación de la península Ibérica comenzaron a buscar aliados para defenderse de Francia. Gracias a los matrimonios de sus hijos se aliaron con Portugal y el Imperio Habsburgo. Inglaterra era otro país con quien les interesaba establecer vínculos, sobre todo porque Francia era un enemigo común. Así en 1488 cuando Catalina tenía tres años la comprometieron con Arturo, el Príncipe de Gales.

Recordarán ese vergonzoso capítulo de “La Princesa Blanca” donde los Tudor van como mendigos a la corte española. Vergonzoso porque, además de falso, fue disparatado. Los Tudor nunca viajaron a España, nunca Catalina bailó para ellos, todo se arregló por medio de embajadores. Sin embargo, es cierto que los Reyes Católicos exigieron que antes que su hija viajase, los Tudor deberían probar que estaban firmes en el trono. Después de todo eran una dinastía nacida en un campo de batalla. No tenían realmente la sangre real ni el derecho divino que se creía entonces necesarios para ocupar un trono.

Irónicamente, Catalina si tenía esa sangre real puesto que por parte de su abuela materna era una Lancaster, descendiente de Juan de Gante y de los Plantagenet. Además de la dote, de emparentar con la poderosa dinastía de los Trastámara y de tener un aliado en contra de Francia, para Enrique VII era imperativo tener a Catalina de reina ya que ella apuntalaba la legitimidad de los Tudor como reyes de Gran Bretaña.

Por eso, en la vida real, Henry Tudor decidió dar un golpe maestro para convencer a sus consuegros de lo firme que estaba su bamboleante trono: mandó ejecutar al Perkins Waebeck que andaba diciendo era uno de los Príncipes de la Torre, y también al Conde de Warwick (Teddy para los amigos) un niño medio loco que llevaba años encerrado en la Torre de Londres ya que era el último Plantagenet.

Es posible que Henry los hubiese ajusticiado aun sin existir esa exigencia de los Reyes Católicos, pero cuando se enteró Catalina se sintió muy culpable. Años más tarde llegaría a creer que su desdicha se debía a haber sido parte de un complot para derramar sangre real que en ese entonces era el peor de los crímenes.

En “The White Princess” Philippa Gregory usa como voz narrativa la de la Reina Elizabeth “Lizzie”de York y deja claro tres factores: las ejecuciones son ordenadas por el Rey, Lizzie no esta segura que Perkin no sea un impostor; la tragedia no destruye su amistad con su prima Margaret “Maggie” Pole, hermana de Teddy.

Como recordaran Emma Frost se inventa su propio cuento para resaltar la agenda y lo badass que es su heroína, interpretada por Jodie Comer. Sin consultar al marido, Lizzie (ayudada por el futuro cardenal Wolsey) le tiende una trampa a Teddy cuya mente es frágil y lo hace firmar una confesión de estar complotando con Perkin. Lizzie ordena una ejecución secreta aun sabiendo que Perkin es su hermano y amenaza a Maggie. No la ha mandado decapitar solo porque Sir Richard Pole, esposo de Maggie, ha suplicado por la vida de su mujer.

La Princesa Española continua en esa línea. Han pasado doce años dsde ese viaje a Andalucia. Lizzie (ahora interpretada por Alexandra Moen) se ha vuelto un personaje gris sin gran poder que se la pasa rezando y teniendo visiones de la muerte de su hermano. Aun así, tiene el corazón duro y amargado sobre todo en lo que le recuerda su crimen; léase Maggie Pole y la Princesa Española.
Henry y Lizzie, 12 años más tarde

Un placer ver a Laura Carmichael, nuestra querida Lady Edith de “Downton Abbey”, encarnando a Maggie. Aparte de que existe un parecido físico entre ambas actrices, Laura ha copiado gestos y expresiones faciales de Rebecca Benson por lo que es muy fácil verla como Maggie madura. Tal como en la vida real, Los Pole están encargados de la educación y cuidado de Arturo, el primogénito de los Tudor.

Aunque para Maggie, El Príncipe de Gales es como un hijo, eso no la hace perdonar a Lizzie, Cuando la reina le pide a su prima que la acompañe en sus últimos meses de embarazo, Maggie se rehúsa argumentado que está ocupada atendiendo a Arthur y a su nueva esposa. Esto provoca un ataque de ira paranoica en Lizzie quien acusa su prima de complotar en contra de los Tudor y de predisponerla con su hijo. La irracionalidad de esas acusaciones no tiene validez y son contraproducentes para cualquier esfuerzo de reconciliación con Maggie.

Lizzie obtiene los mismos resultados con Arthur quien no entiende porque su madre cree que la Tía Maggie, a quien el adora, quiera hacerle daño a su familia. Es en este estado de disfuncionalidad que Catalina conocerá a los Tudor, y será uno más de los muchos shocks que la Infanta encontrará en Inglaterra.

En 1501, Catalina que todavía no cumplía los dieciséis años viajó a Inglaterra a conocer a quien ya era su marido por poderes. Arturo, de quince años, había estado intercambiando cartas con su prometida por un largo tiempo y ansiaba conocerla. Debido a que tenían que manejar un reino, Los Reyes Católicos no acompañaron a su hija, pero no se la envió sola sino con una comitiva de sesenta personas capitaneadas por la formidable Doña Elvira Manuel quien había sido el ama (la “dueña) de la Infanta desde que Catalina era niña.

Elvira gozaba de toda la confianza de Isabel (aunque detestaba a Fernando) e iba con las ordenes de su reina de hacerse cargo de todo lo referente a la nueva Princesa de Gales que por su juventud e inexperiencia era incapaz de tomar decisiones importantes. Además de Doña Elvira iban varias damas principales como Doña Maria de Salinas, que tristemente no han incluido en ninguna serie (si aparece en el libro The Constant Princess) y Doña Catalina de Cardones (o Cárdenas) que era de familia aristocrática y … ¡blanca!

Este fragmento de información puede hacernos pensar que otra vez la televisión se esmera en convertir a personajes caucásicos en africanos, pero por una vez el caso es especial. Al parecer desde fines del Siglo XIX que ha habido una confusión histórica en la que Catalina de Cardones se ha fusionada con otra mujer del mismo nombre que también fue parte del sequito de la Princesa Española. 

Se trata de una esclava mora de tez oscura que al ser bautizada tomó el nombre de su señora. Se sabe hoy que mucha impresión causó en Inglaterra que Catalina trajera en su cortejo a varias personas de raza negra. Los ingleses comenzaron a llamarles blackamoors para diferenciarlos de otros moros de piel más clara. Santo Tomas Moro en su repaso de la comitiva de la Infanta los llama “etíopes”.

Una de esas etíopes era una esclava mora de Granada. En el inventario de la Infanta está escrito que esta Catalina de Motril estaba a cargo del lecho de su tocaya. No solo hacia la cama, también cambiaba las sabanas. Algo que la haría importante más adelante.

Al enviudar, la Princesa de Gales pasó años de penuria económica. Su sequito disminuyó por no poder mantenerlo. Como en Inglaterra no había esclavitud. Catalina, la mora de Motril, quedó libre. Se casó con otro moro, un arquero llamado Oviedo, y apodado el “hace ballestas”, así que este personaje también es real.

Los Oviedo volvieron a España y se instalaron en Granada. Años mas tarde, en la época del Gran Asunto del Rey, agentes de la corona española visitaron a la exesclava para saber si realmente el matrimonio de los Príncipes de Gales había sido consumado. Como encargada de las sabanas, Lina era quien mejor conocería la respuesta a una pregunta que se hacían en todas las cortes de Europa. Tristemente no hay récords de tal respuesta lo que ha hecho a muchos historiadores y Tudormaniacos creer que Catalina de Aragón mintió sobre su virginidad.

Por lo menos tanto Philippa Gregory como Emma Frost creen que Catalina mintió al jurar ser viuda virgen. En el libro es Arturo quien, en su lecho de muerte convence a su mujer que mienta para poder casarse con su hermano y quedarse en Inglaterra. Lo cierto es que Catalina viuda virgen o no fue mantenida secuestrada por el suegro para obligar a Fernando a pagarle la dote, pero de no ser así hubiese vuelto a España y hubiese sido usada por su padre o su cuñado, tal como vimos en “Carlos, Rey Emperador” para cimentar alianzas.
Los felices esposos

Yo si creo que el primer matrimonio de Catalina no fue consumado. Catalina, a diferencia de la de la serie y la del libro tan inclinada hacia lo moro y hacia el islam (WTF?), era una mujer sumamente religiosa, católica ortodoxa, incapaz de mentir en algo tan serio. Además, algo que muchos creadores de ficción histórica parecen no saber ni entender, el lazo entre cuñados era igual al de hermanos. Su matrimonio estaba prohibido por considerárselo incestuoso.

The Spanish Princess es descrita como una joven ambiciosa cuyo sueño es ser Reina de Inglaterra. La verdadera Catalina era mujer de temperamento fuerte y decidida, pero nunca le dio por el juego de tronos. ¿Así que por qué motivo iba a arriesgar su alma inmortal?  Si se casó con su cuñado es porque estaba segura de que su primer matrimonio (al no ser consumado) nunca existió.

En la serie todos dan por contado que el matrimonio se consumó, Maggie escucha tras la puerta los retozos de la pareja; Mi Señora la Madre del Rey recibe un cuervo anunciando que ya la pareja tuvo sexo y Enrique VII en el funeral de su hijo habla de un posible embarazo de la viuda. ¿Como van a creerse entonces lo de la virginidad de Catalina?

En la vida real fue diferente puesto que no era tan obvio que el matrimonio se hubiera consumado. La costumbre de examinar la sábana de la novia parece que era continental. La noche de bodas tuvo testigos de que los novios durmieron juntos, pero nada más. Catalina y Arturo no compartían cama. A través del medio año que duró su matrimonio, una vez al mes, los cortesanos escoltaban a la Princesa de Gales a los aposentos del marido, pero lo que ocurría ahí solo lo sabía la pareja.

Aparte que Catalina era muy ignorante en cuestiones de cama. Ni ella ni Arturo sabrían como hacer las cosas. En cambio, La Princesa Española parece terapeuta sexual y ya comienza metiéndole la mano en la entrepierna al marido que reacciona con justa sorpresa. Para colmo, Catalina ha estado escribiendo cartas atrevidas a Arturo y recibiendo misivas similares, sin saber que con quien se cartea es con su cuñado Harry.

He aquí el cambio mayor que la serie de Emma Frost hace con el libro. En la vida real, apenas llegada a la corte inglesa, la princesa española hizo amistad inmediata con sus cuñados Margarita, de doce años, y Enrique de diez. Estuvo especialmente unida a Enrique después de la muerte de Lizzie, pero como una hermana mayor.

En la serie se han traído para interpretar a Enrique a un irlandés veinteañero y pelirrojo llamado Ruari O’Connor que es un dechado de testosterona y arrogancia. Lo muestran lleno de envidia hacia su hermano, algo imposible en la vida real donde había bastante diferencia de edad entre ambos. En la serie, a pesar de que nos dicen que es menor que el quinceañero Arturo (por lo que Harry como lo apodaban no puede tener más de catorce años) se ve experto en todo, hasta en el terreno sexual y bastante inescrupuloso.

Para fastidiar al hermano le escribe a Catalina una carta de amor que ella cree viene del Príncipe de Gales. Según nos cuentan, desde hace un par de años que Catalina le ha escrito apasionadas (y gráficas) cartas a Arturo. Misivas leídas y respondidas por un Harry entusiasmado ante la precocidad sexual de su cuñadita. Por muchas y evidentes razones este episodio no solo es históricamente falso, es además imposible.

Aunque Catita se enoja y escandaliza al saber la verdad, sigue caliente con el cuñado y se la pasa lanzándole miraditas incendiarias incluso cuando ya se ha consumado su matrimonio con Arturo. De todos los personajes de la serie (y ninguno es muy simpático) Harry es el mas repelente, aun para los Tudormaniacos que sabemos que se trata de un psicópata con sangre real.

El problema es que O’Connor lo interpreta como si fuera un chico moderno tanto en actitud como en lenguaje. Me recuerda a Billy, el bully de “Las Escalofriantes Aventuras de Sabrina”.  Y es que es un típico colegial deportista y machista que dice “¡whoa!” a cada rato, anda a empujones con el hermano y manosea a la cuñada y todo a vista y paciencia de su consentidor padre.

Hora es de hablar de Charlotte Hope as quien solo conociera yo como Miranda de GOT y una prostituta que interpretó en “Endeavour”. Aunque físicamente se acerca bastante a la verdadera Catalina, sus desesperados intentos de parecer española la hacen verse poco natural. Algo caricaturesco es que a ratos fuerza el acento y en otros se olvida que interpreta a una extranjera.

La actriz ha hecho declaraciones de que intenta acercar a su personaje al de Scarlet O’Hara. Ok, pero es que es una Scarlett un poco moderna: una especie de Chica Almodóvar con los modales de la Infanta Leonor. Aunque lo que me provoca acidez es un prurito pro-islam totalmente fuera de época y contexto. Esto viene del libro, pero Frost ha elegido continuarlo puesto que representa algo cercano a la sensibilidad británica moderna.

En libro y serie, Catalina afirma que en su corazón tiene un gran respeto por islam, que la corte española sigue costumbres moras, que hay médicos y músicos moros cercanos a sus padres. ¿De qué siglo habla?  Esto fue cierto en la España medieval, pero no en 1501, un año antes de la expulsión de los moriscos del territorio, cuando la corte castellana estaba empeñada en una campaña de conversión forzosa, los textos sagrados del islam eran condenados a la hoguera, y las costumbres moras eran repudiadas viéndoselas como una manera de perpetuar una cultura y religión que no entraban en el programa de homogenización de los Reyes Católicos.

Además, si recordamos “Isabel”, una razón por la que el pueblo no confiaba en Enrique de Castilla era precisamente por su afición a costumbres árabes y a tener moros en la corte. Si algo aprendió Isabel fue a no cometer los errores de su hermano. Como nos mostró la serie, la corte de los Reyes Católicos estuvo colmada de judíos y luego de conversos, pero no vimos ningún morisco por ahí, aparte de la renegada Isabel de Solís.

Debido a eso es risible que el sequito de damas de Catalina esté compuesto por una mora y una gitana. Los gitanos habían llegado a España en el siglo XV y aunque algunos habían servido en el ejercito de Fernando, eran nómadas (se los conocía como “peregrinos”) No se entiende por qué Isabela iba escoger a una de esa etnia para servir a su hija. Sobre todo, porque la tal Rosa de Vargas, además de atolondrada es bastante inútil y casquivana, lo que pone en entredicho a la mujer gitana que hasta hoy debe presentar la sabana manchada ante la tribu como prueba de virginidad.

Entiendo que se quiera mostrar la cultura ibera como superior a la inglesa, es posible que lo sea, pero se cae en situaciones un poco exageradas como presentar a los Trastámara como gente tolerante y sofisticada. La historia comienza on Catalina en marcha a Inglaterra. La acompaña su madre que va disfrazada de Juana de Arco. Aunque Alicia Borrachero no tiene ningún parecido físico con Isabel, la Reina católica si llevaba armadura completa para protegerse en el campo de batalla.
Espada de Isabel la Católica

Armadura de Isabel la Católica

Bueno, a mitad de camino aparecen unos moros levantiscos e Isabel se despide de su hija y se va a decapitar infieles. No nos explican, pero la España Cristiana estaba entonces ante la primera Rebelión de las Alpujarras que acabó ese año de la boda de Catita. Esta revuelta de moriscos fue castigada duramente, pueblos enteros fueron arrasados, los hombres pasados por la espada y las mujeres y los niños vendidos como esclavos. Los moros de piel oscura que viajaron con Catalina eran esclavos, era la única manera de permitirles estar cerca de la Infanta.

Así que lo de mostrar (y esto es invención de Frost) a toda la comitiva española bajo las ordenes de una mora es tan absurdo como que la Reina Madre hubiese enviado, en plena guerra mundial, a sus hijas de viaje con una nana nazi. Entiendo que Frost busca empoderar a un personaje de piel negra, pero es falso desde una óptica histórica.

Eso no quita que Lina (Stephanie John-Levi) no sea un gran personaje. Es quien apoya a su señora durante un viaje horrible por un mar tormentoso tal como fuera el verdadero viaje. Vomitada, mareada y agotada Catalina se rehúsa a desembarcar en Southampton donde la espera Margaret Beaufort. Desembarca en una caleta de pescadores y emprende el camino a pie por un país desconocido. Por suerte, Catita y sus chicas super-poderosas son angloparlante (¡falso! En el libro se comunicaba en francés. En la vida real en latín que no creo ningún pescador entendería)

Así es como se encuentran con Edward Stafford, Duque de Buckingham (al que vimos perder la cabeza en “Los Tudors”) que les da un aventón. Stafford, entonces joven, guapetón, y muy casado, es espía de Mi Señora la Madre del Rey y rápidamente nota que Rosa, la gitana, es alocada y calentona. Le hace ojitos y en el segundo capítulo ya la está follando en el pasillo.  Lina, en cambio, es orgullosa, virtuosa y se cree el cuento de que la Infanta le conseguirá un marido en la corte. Por eso trata con desprecio a Oviedo que la salva de un violador y la cuida cuando Lina enferma de la aterradora sweating sickness que dejará viuda a la otra Catalina.

Las Catalinas no les caen bien a los ingleses. La Infanta exige dormir su siesta y antes darse un baño, que el Rey y el pueblo se esperen. Lina se pone al brinco con la escandalizada Margaret Beaufort exigiendo que los soldados españoles sean hospedados en algo mejor que el pesebre asignado, puesto que nadie quiere que “huelan a caca”.


¿Como fueron las cosas en la vida real? Catalina y su sequito fueron recibidos en Southampton por el Obispo de Bath. Luego, la Infanta fue escoltada al Castillo de Dogmersfield donde conoció a Arturo. El único inconveniente es que los novios encontraron que no se entendían porque hablaban latín con acentos distintos. No hubo tiempo para siestas, porque había mucha fiesta.

Se han escrito volúmenes sobre la entrada de la Infanta a Londres, de lo admirados que quedaron los ingleses con la princesa española y su cortejo. La boda fue fastuosa, pero aquí todo es reducido a) para mostrar el pobre recibimiento en términos de recurso y de afecto que acoge a la nueva Princesa de Gales y b) El estado de animo de Catalina que ha quedado turulata al enterarse que sus fantasías sexuales son conocidas por el cuñadito acosador.



Quería detenerme en lo más risible del intento de exagerar la superioridad española sobre Inglaterra: la higiene. Ni los españoles eran tan poco aseados como nos cuenta La Leyenda Negra ni de baño diario como nos quieren hacer creer Gregory-Frost. La aristocracia y la nobleza se bañaban una vez al mes, tanto en el Reino Unido como en el Continente. La gente pobre que no tenia acceso a agua caliente, y menos a agua potable se bañaba con menos frecuencia.

La idea de Catalina de Aragón dándose chapuzones constantes (y desnuda) y usando hierbas aromáticas y perfumes es un anacronismo total. En el siglo XV y XVI el jabón no existía, el uso de perfumes para cubrir malos olores corporales solo aparece en las cortes europeas con Catalina de Medici, bien avanzado los 1500s. Lina habla de perfumar el baño de su señora con vainilla. ¡Ups! Faltan 24 años para que Hernán Cortes sea el primer europeo en oler vainilla en la corte azteca.

Más allá de anacronismos, la serie continua su retrato de Lizzie como una mujer odiosa y ahora mas paranoica que el marido. En la vida real, Catalina se llevaba bien con su suegra y sabemos que pasaron juntas el día antes de la boda de la primera. ¿Habrán hablado de la muerte del Conde de Warwick? A lo mejor. Sabemos que era algo que pesaba en la conciencia Tudor. Cuando, tras la muerte de su padre, Enrique VIII devolvió títulos y tierras a la tía Maggie exigió que ella públicamente exonerara a su familia del crimen cometido en la persona de Teddy.

Debido a que Lizzie nunca ha sido un personaje simpático en el imaginario de esta saga y ya ni siquiera es interpretada por la fantástica Jodie Comer, es la que peor me cae. Alexandra Moen parece un fantasma albino y la secundan dos damas tan siniestras y lúgubres como ellas. Las damas serán quienes escolten a Catalina a su primera reunión con la suegra. A pesar de que Catita se muestra humilde y amable (le trae un piropo de parte de su madre), la suegra es un puercoespín que inmediatamente culpa a los Trastámara de convertirla en una asesina.

A ver, no necesitamos del síndrome Weiss&Benioff de personajes amnésicos, ya tenemos bastante con Richard Pole que se olvidó que tenía un brazo inútil. Lizzie hizo decapitar a primo y hermano porque temía que se hiciesen del trono y mataran a su esposo e hijos.

Con justa razón, Catalina se niega a cargar con esa culpa. Esto enfurece a Lizzie que, sin motivo aparente pasa de la agresión verbal a la física. Parece creer que Catalina viene a hacerle daño a su hijo. “Yo haría lo que fuera por mis hijos” ruge clavando sus uñas en el rostro de la niña. Señora, si ni siquiera ha criado a sus hijos, no los conoce, no sabe que Harry y Arturo se odian.

Además de retorcerle la boca con las garras, Lizzie le escupe en el rostro “¡no te interpongas en mi camino!’ para acabar plantándole un beso en la trompa a la nuera. Mas allá de cualquier desubicada interpretación lésbica, el beso es lo que parece ser, una agresión y una humillación. Yo que Catalina tomo el primer barco de regreso a España, pero la serie nos cuenta que como Maergery Tyrrell, Catalina quiere, por sobre todas las cosas, ser reina.

Es extraño que, en la serie, Lizzie le cobre tanto odio a la nuera, cuando Maggie que tiene mayores motivos para resentir la presencia de la Infanta se muestre amable con ella. Margaret Pole es un personaje importantísimo en esta historia, debido a que la trama está basada en dos novelas “gregorianas”, The Constant Princess y The King’s Curse que es uno de los pocos intentos de examinar la vida de la beata mártir. Como Maggie fue mi personaje favorito en “The White Princess” y Beata Margarita Pole es uno de mis actores predilectos en el drama Tudor esa es mi mayor razón para ver y recomendar “The Spanish Princess”

Otros méritos están en el vestuario espectacular y en la escenografía que presenta mayor iluminación que las oscuras precuelas “The White Queen” y “The White Princess”. A pesar de algunos errores anacrónicos como que Meg Tudor había estado semi comprometida con Jacobo de Escocia desde su infancia y que 'el no era un viejo decrepito (solo tenia 30 años cuando se casaron, claro 16 más que la novia) o que Arturo recuerde a Teddy, que fuera encerrado en La Torre antes de que el Príncipe de Gales naciese, existe la suficiente atmosfera de época para desarrollar este intricado juego de tronos.
Maggie no puede evitar que se lleven a Teddy

Charlotte Hope todavía no da la talla, y creo que será mas recordada por sus escenas de cama, pero también hay destellos de talento histriónico, como en mi escena favorita, en que, agradecida a Maggie por haberla salvado de un bochorno, se arroja a sus pies y suplica el perdón de Lady Pole por la participación de su familia en el asesinato de Lord Warwick.

Tudormaniacos, esta es una serie que no pueden perderse. Eso no significa que no tengamos la obligación de criticarla objetivamente




lunes, 9 de julio de 2018

Borgoña: Juego de Tronos a la Alemana



Ni el TVGuide ni ninguna publicación relacionada con la programación televisiva,   anunciaron que Starz estaba ofreciendo “Maximilian”con subtítulos en inglés, este verano. Como Maximiliano es el personaje menos interesante, me referiré a la serie como “Borgoña” que es el nombre que le han dado para ofrecerla en español. En resumen, trata  del matrimonio entre Maximiliano de Habsburgo y Maria de Borgoña, unión que cambiaría la historia europea, cuando su hijo Felipe, el Hermoso se convirtiera en el padre de Carlos el Emperador. Sin ser la octava maravilla del mundo, es el tipo de serie  que necesitamos los troneros y los Tudormaniacos.

Primero fue Michael Hirst con sus Tudores, luego Neil Jordan con sus Borgias. Y entonces llegaron HBO, Weiss&Benioff,  y la saga de Ser George R.R. Martin. De pronto todos querían cuentos de intrigas palaciegas, bastardos reales, y  princesas obligadas a casarse. Vino” Reign”, vinieron los Vikingos, “Wolf Hall”, Reinas y Princesas Blancas, Versalles, hasta la Reina Victoria fue desempolvada y se le inventaron nuevos detalles para hacerla atractiva al público que clamaba por relatos históricos.

No solo la moda alcanzaba al mundo angloparlante. En España hubo una “ Isabel,” y luego “Carlos,  Emperador”. En Turquía, “El Sultán” nos presentó a Solimán y su corte. En Rusia hicieron “Velikaia”, sobre la juventud de Catalina, la Grande , y ahora HBO pretende contar la historia de la Emperatriz en su ocaso.  Los alemanes no se han quedado atrás. El 2013 tuvieron “Carlomagno”,  y el año pasado en una producción austrohúngara, llevaron a la pantalla “Maria Theresia”sobre mi emperatriz favorita. Tristemente, estas series no son fáciles de conseguir, por eso casi di un brinco cuando accidentalmente descubrí que Starz estaba dando “Borgoña”, que creo que ya ha sido vista en España.

“Borgoña” nos traslada a  Europa en el siglo XV. La historia comienza en 1477, y para los que nos hemos acostumbrado a las visiones comparativas de sucesos históricos, déjenme darles una idea de lo que estaba ocurriendo. En Florencia reina Lorenzo el Magnifico: en Roma, Cesar Borgia acaba de cumplir un año; en Castilla, Isabel y Fernando celebran su séptimo aniversario de bodas; La Guerra de las Rosas dividió Inglaterra, pero Eduardo y su Reina Blanca ya se apoderaron del trono.

Ahora lo que no sabemos. Los Turcos Otomanos, no contentos con zamparse el Imperio Bizantino, ahora han llegado hasta el Kosovo. El Sacro Imperio Germánico no es lo que fuera en días de Carlomagno. Reina Federico de los Habsburgo (Tobias Moretti), un hombre muy sagaz pero (como no se cansa de decirlo su hijo)  muy timorato. Federico tiene problemas con Martias Corvino (Mark Zak), rey de Hungría,  quien es el único baluarte en Europa contra la horda turca, pero que a cambio se ha quedado con grandes pedazos del imperio.

A Federico se le ocurre darle a Matías,  cuarentón y que ya ha enterrado a dos esposas, su hija Cunegunda (Constanza) de doce años. Por suerte Martias quien le asegura a Federico que sus voivodas (entre ellos un tal Vlad Tepes) mantienen a los turcos a raya empalándolos, no desea aceptar los términos del emperador, y prefiere casarse con Beatriz de Nápoles. Te salvaste,  Cunegunda.

El otro problema del Emperador, uno que comparte con el rey Luis de Francia (Jean Hughes Langlade), es el tremendo auge del Ducado de Borgoña. Los que saben de Juana de Arco, recordarán que los borgoñones eran los malos del cuento, aliados de los ingleses ellos le entregaron a la Doncella de Orleans. Bien, ha pasado el tiempo y bajo el reinado de Carlos, el Temerario,  Borgoña se ha vuelto un reino gigantesco, que va desde la frontera suiza hasta el Mar del Norte, y abarca, la actual Borgoña, el Franco Condado, todo el Noreste de Francia y los Países Bajos. Carlos no solo es millonario en tierra, también en fortuna. Lo que hoy es Bélgica es una bullente sociedad de comerciantes, fabricantes y mercaderes. Su única hija Maria (Christa Theret) es apodada “María, la Rica”. Pero la suerte se voltea.

Carlos va a la guerra con Francia. En un esfuerzo por anexar Alsacia, la Nochebuena de 1776, Carlos muere en batalla en Nancy. Maria,  de diecinueve años,  queda sola en su reino, rodeada de buitres, con el único apoyo de su aya Johanna van Hallewyn (Miriam Fussenegger), y de su querida madrastra, Margarita de York (Alix Poisson). ¡Pero si a esta la conocemos!  Es la cuñis de la Reina Blanca, la tía de Lizzie y Maggie. Entonces también conocimos a Maria, vimos su triste muerte que arruinó las posibilidades de Margarita de casarse con Jasper Tudor, romance producto de esa febril imaginación de Doña Pippa Gregory.
Johanna, María y Margarita
Joanne Whalley como Margarita de York en The White Princess (Starz)

La pobre Maria llama a reunión de consejo, tranquiliza a sus ministros, no va a despedir a nadie, pero planea  gobernar sin marido. Ejem, Nena, este es el Siglo XV. Eso no se puede.  El más descontento es un individuo llamado Egmont (Fritz Karl), que ahora es Duque de Güeldres, porque mató al padre para quedarse con el titulo. Individuo poco recomendable, pero María y madrastra le dejan claro que, en las inmortales palabras de Kiko,  “¡No me simpatizas!”
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A otro que no le parece que Borgoña no tenga príncipe consorte es al Emperador que planea casar a la duquesa con su único hijo, Maximiliano (Jannis Niewhonner). A Maxi no le parece, porque  “soy rebelde, cuando no sigo a los demás…” única razón,  para despreciar a la mujer más guapa y más adinerada de Europa.

Maxi,  a sus 18 años,  es insoportable porque abarca todos los clichés de nenes mimados y mal educados de la creación. Le grita a su padre que es un perezoso, que le teme hasta moverse del sillón. Para probar que su hijo no miente, sin moverse del sillón, Federico le hace un gesto a un cortesano que abofetea al príncipe. ¡Qué gran empleo ese!

Maxi tiene amores con Rosina (Lily Epply), dama de su hermana, pero como ella le dice , ella puede andar con quien quiera, en cambio él tiene que verla en secreto. A veces, Maxi se pone una armadura azul (¿también se la regaló el Matarreyes? ) y vence a algún incauto. Pero como le dice Polhein (Stefan Pohl), su chambelán (que parece tener la misma edad que Maxi) el príncipe heredero tiene mucho hocico, pero no hace nada útil.

Otro descontento es el Rey de Francia que quiere casar a Maria con su hijo Carlos (Max Baisette de Malglaive), una especie de Robalito, de seis años y escasos sesos que, para caerle bien a la novia, se cubre con el casco arrancado al cadáver del Temerario. Ah también conocemos a este Carlos, un poco más viejo, más gordo, fue ese rey francés que invadió Italia y fue burlado por “Los Borgia”.

Hijo estupido. Carlitos VIII
Carlos, más viejo, recibe un beso de Lucre Borgia (Showtime)

Para evitar que le hagan sombra a su nene, Luis envía sicarios a despachar a Maximiliano. El Emperador le ordena a su hijo no salir de palacio, ya que han puesto precio a su cabeza. Maxi, tozudo como burro, se escapa de noche en compañía de Polhein y ayudados por un pobre mozo de cuadras (y de paso le pisan la cola a un gato. Este Maxi no puede caerme menos simpático).
Polhein y Maximiliano

Los jóvenes se internan en un bosque que parece albergue de Caminantes Blancos. Yo creí que irían en busca del burdel de LIttlefinger, a que les leyera la suerte la bruja del bosque, o a rendir pleitesía al Rey de la Noche. Nada,  se sientan ahí en una cueva hacer tertulia. Llegan unos bandidos que creen son húngaros y los atacan. Maxi deja a Pohlein por muerto y se lanza al Danubio.

Llega todo mojado a su castillo donde el Emperador lo regaña en frente de la corte, se acusan mutuamente, Maxi recibe bofetada, pero el peor castigo se lo lleva el pobre palafrenero que lo ayudó. Es desterrado y sus bienes con confiscados. Bienes incluyen zapatos y ropa interior, con solo la camiseta, y más encima un cepo, el pobre hombre descalzo debe abandonar el reino.

El emperador presenta a Maxi con el mercader Fugger (Martin Wuttke). Este le dice al díscolo príncipe que ya se les acaba la lana cuyo monopolio está en manos de los hilanderos flamencos,  vasallos de Borgoña. Si los borgoñones no les venden lana, pronto no habrá con que vestirse en el Sacro Imperio. 
Fugger

Maxi se encoge de hombros y sin preocuparle como se vista su gente, o adonde irá el pobre descalzo desterrado, se va a acusar a Rosina de haberlo traicionado avisado a sus asesinos. Luego se va a acusar a Polhein  (que a propósito se llama Wolfgang, pero le dicen Wolf)de lo mismo. ¡Que inútil!  Entretanto, Federico manda a Fugger a Borgoña a pedir la mano de Maria.

Dos cosas. Me doy cuenta de que la importancia de los telares belgas viene de lejos y llegó hasta el siglo pasado. Por algo mi abuelo cruzó el charco para hacer fortuna como intermediario entre las textilerías belgas y las estancias bovinas de la Patagonia.

Lo otro, el Fugger, que todo el mundo desprecia como mercachifle, fue el fundador de una dinastía de banqueros. Hoy sus descendientes portan el título de Príncipes Fugger von Babenhausen.En días del Emperador Carlos, los Fugger trasladaron sus negocios a España donde les cambiaron el nombre por Fúcar, y hasta el siglo XIX se decía de algún millonario,  “Rico como un Fúcar”.

Louis XI y su mujer Carlota de Saboya (Sylvie Testaud), tendrán facha de verduleros, pero no son tontos. Luis manda a su hombre de confianza Philippe de Commines (Nicolas Wanczyki) a Flandes a socavar el reinado de Maria y evitar su matrimonio con Maximiliano. Es una lástima que Commines, el Maquiavelo galo y primer historiador francés, no sea el héroe de esta historia porque fue un personaje fascinante. Una especie de Meñique, el gran fixer de la corte de Luis XI.
Fugger y Philippe de Commines

Commines es un experto en interceptar cuervos, en abrir cartas lacradas para lacrarlas luego de leerlas. Lo sabe todo,  sobre todo a quien hay que sobornar. Llega a Gante y convence  al concejo de burgueses que ellos son el pulmón de Borgoña y no deben dejarse manipular por una mocosa. La Ley Sálica de los francos exige que ninguna mujer reine a menos que esté casada.

Los flamencos visitan a Maria le recuerdan la Ley Sálica y le exigen que les firme El Gran Privilegio que les permitirá mandar a ellos y mandarla a ella. Maria los despide. No quiere casarse con el principito francés, porque culpa  a Luis de la muerte de Carlos, el padre de ella. Pero menos quiere casarse con Maxi . Maria cree que los austriacos son unos puercos hediondos, que comen carne cruda y teme que Maxi exija sus derechos conyugales a cada rato. “Yo soy delicada” le dice a su madrastra. Yeeh, Maria, al fin una princesa que no vive en celo.

Egmont se le aparece a María. Le dice que tiene 300 hombres, una señal de ella y decapitarán a los burgueses levantiscos. “¿Que pediréis a cambio? “pregunta recelosa la Duquesa. Egmont dice que se contenta con una sonrisa de ella. Maria monta en cólera, le ordena en el mejor tono de Daenerys,  que se largue y no vuelva presentarse ante ella. Egmont se va rumiando y no para hasta llegar a la casa de Commines quien justo preguntaba si el Duque era sobornable. 

Ya apropiadamente sobornado, Egmont lidera a los burgueses en un asalto al Palacio. Interrumpen justo cuando María se entrevista con Fugger. Uno le clava la espada al pobre Obispo Hugonet (André Penvern) que se desploma en una silla (parece que solo lo pinchó porque se queda ahí con cara apesadumbrada durante toda la escena).

Los amotinados acusan a la Duquesa de traidora por andar en entrevistas secretas con sus enemigos y la obligan a firmar “El Gran Privilegio”. La aterrorizada Maria ruega a su aya Johanna que vaya a Austria y se entreviste con Maxi. Si certifica que es presentable, se casara con él. Johanna parte. Me imagino que Commines ya se habrá enterado de su empresa, mas puesto que él y Johanna eran primos.

Johanna llega sin problemas a la corte imperial (que mas parece establo). Olfatea a Maxi bien olfateado, descubre que se baña, que es guapetón y que comparte con Maria una afición a los autores clásicos. Maxi observa el camafeo con el retrato de la Duquesa (que aún para nuestros estándares era bonita), escucha a Johanna cantar loas sobre las virtudes de Maria y le escribe a su futura una carta muy filosófica aunque poco romántica. En ella le dice que la gente comete actos que siente errados no por maldad sino por evitar males mayores. Quiere que así perciba su matrimonio. A Maria la impresiona gratamente la carta. Se considera comprometida. Maxi pone en marcha su comitiva hacia Flandes en busca de su nueva esposa.
Egmont manoseando a la Duquesa

Solo que mientras la comitiva germánica avanza a paso de tortuga y Maxi sigue haciendo tonterías (se cae en un pantano, se enferma) su novia tiene que atender a los refugiados picardos, aguantar ofensas de los burgueses y manotazos del acosador Egmont quien le declara su amor. Maria termina degollándolo cuando el simpático intenta violarla. El verdadero Egmont murió en batalla, pero esto sirve para una escena tipo “Downton Abbey” donde Maria, su madrastra  y  Johanna deben arrastrar el cadáver por los pasillos hasta la torre y luego arrojarlo al canal.

Esto han sido los tres primeros episodios de una miniserie de seis partes. Tiene sus virtudes a  pesar de ser muy cliché, y de que sus personajes también lo son. Sabemos mucho de Maria, pero Maxi es totalmente acartonado,  un cruce entre el Fernando de Rodolfo Sancho  y el Rey Arturo de “Las Aventuras del Joven Merlín”. 

El mérito de “Borgoña” es que nos presenta un episodio histórico para muchos  desconocido. Las licencias no son graves. Maria si estuvo presionada para casarse, tuvo problemas para gobernar, su matrimonio de conveniencia devino en romance que acabó con su trágica muerte de la cual fuimos testigos en “La Princesa Blanca”.

Los actores, bueno es difícil encontrar conocidos en obras europeas continentales.   Christa Theret ha hecho bastante cine y televisión. Yo tuve el placer de verla como protagonista en una adaptación de El Matrimonio de Chiffon de Gyp, parte de ese excelente ciclo de dramatizados que hizo la televisión francesa llamado “El Siglo de Maupassant”.
Le Mariage de Chiffon (Tv-5)

Apenas vi a Margarita reconocí a Alix Poisson , la pobre calumniada Charlotte de “The Collection”. Egmont me sonaba también conocido, pero mas joven. Me costó reconocer  en Fritz al Conde Andrassy de la versión italiana de “Sissi, Emperatriz” (2009). A Tobias Moretti lo recuerdo como Ferdinand Marian en “El Judío Suss”.
The Collection (Amazon)
Sissi, Imperatrice (RAI)





















Jud Suss Film Ohne Gewissen

Se nota la influencia de “Juego de Tronos” y no solo en los desnudos que al ser “Borgoña” alemana son frontales (femeninos y masculinos), pero también en el uso de la iluminación, o ausencia de ella y en el shabby chic de las cortes. El castillo del Emperador parece Harrenhaal, Viena parece Villa Topo, Gante se ve un poquito mejor. Además de la estética tronera, hay mucho que admirar en este intento por contar una historia con cierto esmero, y atención a pequeños detalles que otras series con mas renombre, olvidan. Se las recomiendo.