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jueves, 9 de mayo de 2024

Maxine a la Conquista de Palm Beach: Palm Royale en Apple TV+

 

 


¿Qué les parecería una protagonista que es la versión madura de Reese en Legalmente rubia, tan chistosa y atolondrada como Mrs. Maisel, tan escaladora social como Bertha Russell, pero cuya historia comenzó como la de Jessica Chastain en The Help? Pues den la bienvenida a Maxine Dellacorte-Simmons,  la heroína de Palm Royale, la comedia negra más popular de Apple TV+

Las Amas de Casa de Palm Beach

Estamos en 1969, Richard Nixon lleva un año en la presidencia y no parece querer acabar con la Guerra de Vietnam. La Nasa se dispone a lanzar la Apolo 11 al espacio. El pacifismo, el feminismo y los derechos civiles están transformando a la sociedad estadunidense, pero en Palm Beach, la preocupación de la alta sociedad es quien reemplazará a la Gran Dama de su círculo, Norma Dellacorte (Carol Burnett) .

Norma, tras ser víctima de una embolia, languidece en el lecho de un elegante sanatorio. Entretanto sus amigas intentan destronarla mientras se reúnen alrededor de la piscina del exclusivo club, el Palm Royale. Las candidatas son Evelyn Rollins (Alison Janney),  gran amiga de Norma, pero que mataría por ocupar su puesto. Su mayor contrincante es Mary Davidsoul (Julia Duffy), que ha cosechado fama por ser la mayor recaudadora de donaciones de Florida, un requisito para poder reinar sobre el haute monde del Palm Royale.



Solo que la juventud siempre tiene ventaja y,  aunque cuarentona, Dinah (Leslie Bibbs) ya va en su tercer matrimonio y está casada con Perry Donahue, rey de las propiedades de la Florida y que se rumora será nombrado embajador en Luxemburgo. Y que no se diga que el circulo del Palm Royale es racista porque ahí está Raquel (Claudia Ferri), la heredera de ingenios de azúcar en Cuba. Partidaria de Batista, debió huir cuando Fidel Castro llegó al poder, pero la cubana sacó sus fondos de la isla y tiene a Pinky ,  su mafioso marido que, aunque recién ha salido en libertad, posee poderosos contactos en el bajo mundo.




Un día,  las damas del Palm Royal descubren una infiltrada. Se trata de Maxine Simmons (Kristen Wiig) cuyo cerrado acento de Tennessee denota su baja clase. Solo los miembros pueden entrar al Palm Royale y cuando Maxine es escoltada hasta la calle por el camarero Robert Diaz (Ricky Martin),  se ve tan azorada y humillada como Bertha Russell cuando debió huir cruzando la cocina de la casa de Mrs. Astor en The Gilded Age.



Maxime no se amilana. Es flexible en ideas, moral y músculos. Sabe escalar muros, es tan delgadita que puede infiltrarse tras las rejas y tiene un par de aliadas: la ingenua maquillista Mitzi ( Kaia Gerber idéntica a su madre Cindy Crawford) y la propia Norma Dellacorte. Nos toma dos capítulos descubrir como una ex reina de belleza, con un auto destartalado y que vive en un motel, puede visitar diariamente a la millonaria.



Maxine descubre que para ser miembro del exclusivo Palm Royale deben avalarla tres miembros del club. Tras un poco de espionaje, Maxine escoge a Dinah. Provoca un accidente con el carro de la futura embajadora, y descubre varios secretos de la accidentada. Dinah no soporta al marido, está locamente enamorada de Eddie, su instructor de tenis. Eddie es cubano, no tiene un peso y la ha embarazado.



Maxine en el País de las Feministas

En la calle,  Maxine es abordada por la pacifista/feminista/esotérica Linda (Laura Dern) quien quiere reclutarla para sus causas. Maxine visita la librería de Linda (Our Bodies, Our Shelves, el significado se pierde en traducción) y conoce un grupo de mujeres que viven su feminidad de una manera totalmente diferente a la de la rubia arribista. Maxine, que es totalmente romántica y egocentrista,  no concibe otra forma de vida que la de ser la esposa perfecta de un hombre al que adora.

Es en ese grupo que Maxine conoce a la sarcástica y sensata afroamericana Virginia (Amber Chardae Robinson) quien le da un dato sobre una clínica clandestina donde Dinah puede abortar. Dinah convierte a Maxine en su confidente, pero también en su mucama, sin dar nada a cambio. Es tan esnob que no soporta la idea que una ex Miss Chattanooga (el gran logro de Maxine) alterne con el círculo del Palm Royal.



Dinah se ha dado cuenta que su “mascota” esconde algo. Aunque su ropa es elegante y de marca,  está pasada de moda. La sigue y descubre que vive en un hotelucho. Sin embargo, cambia su impresión cuando aparece el esposo de Maxime, un piloto de Panam, llamado Douglas Dellacorte-Simmons (Josh Lucas).

Poco a poco vamos descubriendo la historia de Maxine. Douglas es el sobrino y único heredero de Norma. Perdió su herencia y a su tía el día que se casó con la embarazada reina de belleza. Ella perdió el bebé y nunca más pudo tener hijos. Es muy feliz con Douglas, pero se siente culpable de todo lo que él perdió. Su necesidad de ingresar al Palm Royal es su manera de restaurar las cosas a su lugar correcto.



Maxine chantajea a Dinah que se convierte en su primera patrocinadora. Es un mero paso que no le abre las puertas al mundo al que perteneció su esposo. Ha estado usando el vestuario de Norma, pero es anticuado. Necesita ir donde Grayman,  el modisto estrella de Palm Beach y para eso se hace del contenido del joyero de Norma . Empeñar costosas piezas le consigue el cash necesario, para vestirse a la última moda y para hacer una generosa donación a la caritativa Mary quien se convertirá en su segunda valedora.

Invitada a participar en una rifa de la siempre filantrópica Mary, Maxine atraviesa las rejas y candados de la Mansión Dellacorte. No solo consigue una valiosa estatuilla egipcia para rifar, también encuentra a Robert squatting. Él le explica que trabajó para Norma y que ella le pidió que cuidara de su casa. Maxine se huele algo raro. Robert es el único que visita a Norma y parece quererla mucho. Según los chismosos del Palm Royale,  el pool boy y su patrona eran amantes.





A Maxine se le acaban los recursos y las joyas. Está en bancarrota, endeudada hasta las cejas y por no pagar renta, la expulsan del motel. Lo peor es que no ha conseguido un tercer aval. Todo se soluciona. Maxine se traslada vivir a la Mansión Dellacorte, aunque tendrá que compartirla con Robert ,y su tercera madrina será sorpresivamente ..¡Linda!




Maxine se entera que el verdadero nombre de su aliada es Penélope Rollins. Es la hijastra de Evelyn, a quien odia, su padre está invalido y vive en la misma residencia donde está internada Norma. A pesar de su nueva vida, Linda sigue siendo miembro del Palm Royal y ella apadrina a Maxine.

Parecería que todos los problemas se han solucionado, pero una serie de golpes inesperados derriban a la rubia. Sigue endeudada y ahora ni siquiera puede contar con la fortuna Dellacorte, puesto que Evelyn le revela que, si fallece Norma, su herencia pasará a un refugio de gatos. Douglas renuncia a su empleo en Panam y se traslada a la mansión. Evelyn no se atreve a destrozar las ilusiones de su amado esposo.

La cosa se pone peliaguda cuando Norma despierta de su coma, aunque no puede moverse y habla a punta de gruñidos. Maxine se da cuenta que su fortuna depende de que su tía política sobreviva. Solo que Robert ha ido a tribunales a exigir la tenencia de Norma. Es por ese entonces que Maxime recibe la peor sorpresa.



Linda encontró paz en el feminismo, luego que un desgraciado le rompiera el corazón el día de su boda. La horrorizada Maxine descubre que el hombre con el que Linda-Penélope iba a casarse era…Douglas Dellacorte.

Esto es lo que ocurre en los primeros tres episodios de Palm Royale y falta mucho más. ¿Como podrá Maxine pagar sus deudas? ¿Qué lazo realmente une a Robert (que es gay) con Norma? ¿Qué secretos ocultaba el rollerdex de oro de Norma con los que chantajeaba a todo Palm Beach? ¿Como podrá Maxime rescatar a Mitzi que ha caído en las redes del porcino Perry Donahue? ¿Y vale Robert todos los esfuerzos de su esposa por devolverlo a su sitio en la sociedad del Palm Royal?



Lo que una Vez se Llamó Mr. and Mrs. American Pie

La génesis de Palm Royale es casi tan atolondrada como su protagonista. Está basada en una novela de Juliet McDaniel llamada Mrs. and Mr. American Pie. El proyecto cayó en manos de Abe Sylvia que se trajo a su equipo con el que ya había creado Tammy and George y Filthy Rich.  Ahí surgió hubo un viraje total, no solo se cambió el nombre sino toda la trama.



En el libro,  Maxine es una socialite de Palm Springs (California) no Palm Beach (Florida). Cuando su marido la abandona por su secretaria, Maxine es exiliada (a vivir con otras divorciadas como ella)  a Arizona. Allá decide reinventarse volviendo a sus viejos tiempos de reina de belleza, pero el único concurso abierto para una cuarentona es “Mrs. and Mrs. American Pie” donde gana la mejor madre y esposa de las candidatas. Maxine no puede participar ya que ni tiene hijos ni hay “Mr. America”. Tendrá que ingeniárselas para inventarse un grupo familiar..

No sé ni me importa al razón para los cambios ya que Palm Royale es más profunda que esta chic lit para cuarentonas y Maxine es un personaje más tierno y a ratos más sensato que la del libro. Kristen Wiig había demostrado su talento cómico en Saturday Night Live, pero aquí supera a la comediante acercándonos al sueño de Maxine que es una manera tal vez ingenua,  de demostrar su amor conyugal.



El elenco acompaña a Wiig, comenzando con la gran comediante Carol Burnett que se las arregla para transmitir mucho a pesar de que interpreta a una parapléjica semi comatosa (ahí está el humor negro de la serie). He estado siguiendo a Josh Lucas desde Sweet Home Alabama hasta Yellowstone. Aquí sorprende con una faceta de comediante interpretando a un bobo, pero ambicioso privilegiado que nunca ha madurado hasta que le toca demostrar su amor por Maxine. Creo que el rol de Robert Diaz es el mejor trabajo actoral de Ricky Martin,  y Laura Dern está maravillosa en una Linda que a veces sobrepasa a la protagonista.

Palm Royal comparte con Lessons in Chemistry una estética que logra rellenar los baches en el argumento. Los recursos que utiliza son luz, color, vestuario y la opulencia de una sociedad de falsos oropeles. Yo detesté la moda de fines de los 60 porque tuve que usarla, pero aquí me encanta.

Desde los minivestidos de Maxine (uno verde con moño blanco que usa para abrir la bóveda de Norma lo tuve y en tres colores) hasta sus maxis, el guardarropa se vuelve parte de la estética de la serie. Interesante que Linda-Penelope vista lo que estaría de moda a fines de los 70, botas, midifaldas y mucha mezclilla. Vamos a perdonar el lapso ya que le agrega un toque original a una mujer que todavía no ha encontrado su identidad.



                    Linda onda Hippie
                           Linda en onda Country

Contenido Violento o Gory: Creo que lo más Gore seria cuando un lagarto se aparece por el campo de golf y persigue a Maxime.  Hay un suicidio asistido y un par de intentos de asesinatos. Hay violencia en el finale.

Contenido Sexual y Desnudos: Se habla mucho de sexo, pero no se ve nada gráfico. Incluso el sexo es visto como algo jocoso como en la escena en que Maxime intenta seducir al asombrado Robert.

Contenido Feminista: Lo más interesante de la serie es la yuxtaposición de diferentes agendas femeninas. ¿Quién es más empoderada? ¿Maxine, Linda o Norma? Se ha puesto de moda este espectáculo de “Las ricas también lloran” que presenta a millonarias como víctimas del patriarcado, pero aquí son víctimas de los chantajes de una matriarca, Norma.  Fin del mito de la Sisterhood.



En menor escala vemos como la sororidad que ha creado Linda también se apoya en puntos frágiles. Ella representa a un ideal hippie de libertad, justicia y hermandad que choca con la Segunda Ola del Feminismo (de la cual tanto se ha recreado en las reglas del MeToo). Vemos que cuando entra en juego el color de piel, Virginia acusará a Linda de egoísta, privilegiada e inconsciente. Ahí notamos el gran quiebre del feminismo en este siglo en que la feminista de color rechazó a su “hermana blanca”.

Maxine es a one-woman’s show. Sin embargo, sabe navegar por ese terreno pantanoso utilizando lo mejor del mundo de las ricas lloronas y de las hippies feministas, siempre enarbolando la bandera de que solo quiere hacer feliz a su esposo. Para construir una sátira social, la trama exagerará las falencias de todas estas mujeres, pero también hará aflorar su humanidad, como en esa escena estupenda en que la feminista Silvia da a luz en la bañera de la Mansión Rollins asistida por Mary Davidsoul



Factor Diversidad: La diversidad está representada por la afroamericana Virginia. Raquel y Pinky son cubanos y Robert viene de Puerto Rico. Robert es gay como también lo son el modisto Grayman y el Príncipe de Luxemburgo. Curioso el modo en que los homosexuales de Palm Beach se comunican entre sí, a través de números de teléfono que escriben en las páginas de un libro de James Baldwin que pueden encontrar en la sección de Literatura Gay de la librería de Linda.

Tenemos una visión menos cruda que en Fellow Travelers, pero honesta de los problemas de los homosexuales al final de Los 60. Desde calificativos despectivos “homo” y “momo” a las redadas policiales de bares gay. Linda aconseja a Robert a irse a Nueva York donde las cosas están cambiando debido a los disturbios del Stonewall.



En general recomiendo Palm Royale,  aunque al final comienza a patinar como todas las series modernas que acaban desastrosamente (¿Les encargaran los guiones finales a chatbot?) En último caso véanla por lo visual que es extraordinario y por su visión acida, pero humana,  del Jet Set. Sin llegar a la profundidad de Capote vs The Swans, no se debe confundir Palm Royale con algún reality show sobres amas de casa desesperadas.

Unicamente les aviso que el éxito de la serie ha motivado una segunda temporada, lo que explica el disparatado finale.

 

lunes, 1 de abril de 2024

Las Verdaderas Swans: La triste historia de las mujeres de Capote.

 


En el Siglo XX (y me temo que todavía ocurre hoy ) las mujeres creemos en ciertos mitos: un buen marido posee dinero y poder; para atrapar un buen marido hay que ser guapa; para ser poderosa una debe ser la mejor de su círculo; es preferible que te envidien a que te amen. Podría seguir, pero en la fábula que Ryan Murphy y Jon Robin Baitz han creado para la Segunda Temporada de Feud, todas estas máximas son causa de la destrucción de un grupo de mujeres cuyo mayor pecado fue ser bellas y su mayor tragedia confiar en un mal amigo. Vamos a ver quiénes fueron las mujeres de Capote.

Las Swans no son Las Housewives

Me comentaba Gato Rafa que el pitch usado por FX y Ryan ha sido vender a Las Swans como las “verdaderas Real Housewives..”  O sea, se las compara con unas escandalosas inútiles y malas amigas. Incluso compararlas con la sutil Desperate House Wives es ofensivo. A pesar de las quejas de Capote, ninguna de sus Swans eran parásitos, todas en algún momento de su vida tuvieron empleos en serio, todas aprovechaban el dinero adquirido para generar empleos y para patrocinar obras filantrópicas o artísticas.

Las Cisnes eran las Bertha Russell y Lina Astor de Los 60 y 70, siendo grandes anfitrionas, mecenas de artistas (como Capote) y deslumbrando con su elegancia que servía de publicidad para grandes modistos y de guía para que mujeres de todo el mundo aprendiesen a vestirse y a desarrollar estilos. ¿Su labor más importante? Ellas eran el rostro de una nueva elite.



La alta sociedad neoyorquina había evolucionado desde La Edad Dorada. Los descendientes de los Robber Barons eran la nueva aristocracia. Por algo Gloria Vanderbilt era una Cisne. Aunque esta nueva Café Society permitía la entrada de californianas de Hollywood como Slim Keith y de los nuevos Robber Barons, familias banqueras o petroleras como los Rockefeller, no eran tan inclusivos.

Una ex cabaretera como Anne Woodward nunca tuvo cabida, a pesar de haberse casado con Old Money. Las Bouvier solo pudieron moverse en los mejores círculos gracias a que su padrastro era un heredero petrolero llamado Auchincloss,  y ni todos los millones de Bill Paley hicieron olvidar a los descendientes de Los Knickerboker que era judío. Es interesante comparar esa sociedad con el ultimo vistazo a “La Alta”  de Manhattan a comienzos del Siglo XXI. Y quien nos la dio fue ese micro universo de ricos y malcriados llamada Gossip Girl.

Ahí teníamos a los Archibald, la familia de Nate, cuya abuelo era un “van der Vilt”. Blair era una Waldorf y Serena tenía un apellido holandés que ya la asociaba con alguien como Agnes Van Rhijn. Eso, aunque su madre—la nueva Babe Paley— era hija de rancheros de Mendocino. Pero por algo su abuela se llamaba “C.Z.” Lo mejor era ver con que tipo de socialites de la vida real se asociaban estos nenes privilegiados: judíos como Ivanka y Jared,  y asiáticos como Vera Wang . Una demostración del avance desde los días de Las Cisnes.

                                   Los Kushner visitan a Lily y a Rufus
                               Vera Wang y Blair Waldorf

Capote, Su Madre y su Rencor Social

Un detalle curioso es que Truman Capote era tan forastero como Bill Paley y ni siquiera era millonario. Entró como un bufón de la realeza y así fue aceptado convirtiéndose en una presencia indispensable. Lo que sus patrocinadores no comprendieron es que ya para su llegada a la corte de Los Paley,  el escritor cargaba un buen bagaje de rencor social. El blanco de ese bagaje eran las mujeres que habían llegado a ese mundo gracias a matrimonios ventajosos. Tal vez—y la serie juega con esa posibilidad— Truman veía reflejadas en ellas a su ambiciosa madre, su peor enemiga.

Truman Capote nació en 1920, en Monroeville, una aldea de Alabama. Su madre era una huérfana sureña, pobre, ignorante, pero con sueños más grandes que sus medios. Lillie Mae Faulk,  quien más tarde usaría el apodo de Nina, se casó con el padre de su hijo, solo porque Archulus Persons tenía un auto grande que pensó la llevaría lejos de su miseria. Los únicos viajes que Truman conocería antes de sus seis años serian a hoteluchos donde su madre lo dejaba encerrado mientras se iba de parranda o donde traía hombres. Ya Nina había descubierto que para conseguir algo en la vida tenía que venderse ella.



Cuando Truman tenía seis años, su madre lo dejó en manos de unas tías que lo criaron. Para Truman el abandono de sus padres fue un trauma total. Empeoraba el trauma el que Nina, de vez en cuando, regresaba llenado de ilusiones a su hijo para luego defraudarlo. Sus visitas no ayudaban a hacer olvidar a los vecinos la situación familiar de un niño que por ser más pequeño que los de su edad y por tener una vocecita chillona ya estaba condenado a ser objeto de burlas y humillaciones.

La situación de Truman se agravó al descubrir en su adolescencia su condición de homosexual, algo que, en Sur de la Depresión, podía ser estigmatizante y hasta peligroso. Por suerte para él, Nina había encontrado una mina de oro en un antiguo coronel de la Cuba Colonial. Don José García Capote había hecho fortuna en Wall Street, una fortuna que pretendía compartir con su nueva esposa, Nina, y el hijo de ella a quien adoptaría. Así Truman Persons, pasó a ser Truman García Capote.

                     Nina y Don José García Capote 

En 1935, Truman se trasladó a Nueva York a vivir en el mundo de privilegios de su madre, pero las cosas no eran fáciles para Nina. Podría tener dinero, pero los salones de los Vanderbilt, Los Whitney y los Rockefeller no estaban abiertos para alguien que reemplazaba el pedigrí con un pasado escabroso. Nina comenzó a beber. En medio de sus borracheras agredía a su hijo porque Truman iba a descubrir que su madre era tan homófoba como la gente de Monroeville.

En sus copas, Nina apostrofaría a su hijo con todos los epítetos que hoy consideramos parte del lenguaje de odio. Esto provocó más trastornos en la psiquis del muchacho, al punto que al presentarse al servicio militar fue rechazado por todas las ramas del ejército, debido a sus múltiples problemas psicológicos,. Capote únicamente encontraba refugio en sus escritos.

Su madre siguió bebiendo y sufriendo delirios de grandeza. La gran tragedia fue cuando a Joe Capote lo descubrieron involucrado en fraudes. La buena racha se acabó y Nina volvió a la miseria de donde solo saldría por su propia mano,  suicidándose en 1954.  Lo que debió ser una liberación para su hijo fue una carga peor. Truman, como Nina, buscaría la aprobación del mundo exterior, aprendería a vivir más allá de sus medios y, cuando las cosas se pusieran feas,  encontraría refugio en la botella.



Las Cisnes eran Malas Madres

Los insultos y desaires de su madre aumentaron su inseguridad y desarrollaron en Truman Capote cierto deprecio por las elites. No al punto de,  como dice el fantasma materno en la serie, de querer vengarla. Mi conclusión es que Capote veía reflejada en estas mujeres a la madre que lo desamparó y menospreció. Veía que muchas de ellas, en su ambición, buscaban ascender en la escala social y al hacerlo pisoteaban a sus crías.

Cuando Capote expulsa a Anne Woodward del Baile Blanco y Negro, le grita “¡Eres una mala madre!”  Esto no ocurrió en la vida real. Se cree que Anne y el escritor solo se conocieron una vez. Fue un encontronazo en un hotel en St. Moritz donde la auto viuda le gritó “¡Mariconcito!” a la cara y él le respondió “Mrs. Bang-Bang ”, pasando a ser este el apodo de Anne en boca de Capote y su círculo.



Truman Capote embelleció la historia de Anne. Cada vez que la contaba le agregaba nuevos detalles. No se sabe si era bígama y ciertamente no arrastró el cadáver del marido del baño hasta el umbral, pero otros detalles si son de dominio público. Antes de casarse, Anne, una cabaretera y actriz de radioteatro, fue amante del futuro suegro. Mr. Woodward tenía dudas sobre la masculinidad de su hijo. ¿Qué mejor remedio que meterlo en la cama de su querida? No contaba con que Anne andaba a la caza del apellido Woodward.

Varios años y dos hijos después, Los Woodward se llevaban como perros y gatos. Una noche, Anne accidentalmente mató a balazos al marido argumentando luego que lo había confundido con un ladrón. La policía le creyó, pero el público no. Lo que Truman vio en ella no solo fue una gold-digger que usaba epítetos homófobos, tal como su madre. Además, él vio a una mujer que, en vez de aceptar un discreto divorcio, prefirió dejar a sus hijos huérfanos y aplastados por un estigma social que los llevaría a ambos al suicidio.

                  Anne Woodward, nunca fue Cisne, pero si víctima de Capote

Cuanto más reviso el listado de Las Swans encuentro dos vínculos en común, lo que estaban dispuestas a hacer y soportar por seguir en lo alto del pináculo social, y lo desdichados que fueron sus hijos. Varios se suicidaron. El caso de Anne no fue único, uno de los cuatro hijos de Gloria Vanderbilt se lanzó por una ventana. La historia más triste fue la de Edoardo Agnelli.

Marella Caracciolo podría pertenecer a una antiquísima familia de la aristocracia italiana, pero al casarse con el magnate de la FIAT, Gianni Agnelli, lo hizo por una antiquísima razón: estaba embarazada. Marella,  tan bella y sagaz que pudo ver antes que otras cisnes el peligro que representaba Capote y se alejó de el bufón, no supo alejar a su hijo de la mala influencia de su marido.

El narcisista dueño de la FIAT convirtió a su único hijo varón en blanco de pullas y abusos verbales que causaron tanto daño como los de Nina a Truman. La diferencia es que a Edoardo solo le bastaron unos minutos para lanzarse al vacío. En cambio, a Capote le tomaría años autodestruirse.

                 Toby Jones e Isabella Rosellini como Capote y Marella Agnelli

La serie ha intentado encontrar una razón por la cual Truman escribió y publico ese artículo del Esquire, el único encontrado en el que hay un ataque fontal a sus amigas. Se ha dicho que lo hizo para vengar las humillaciones sufridas por su madre de parte de la High Life neoyorquina. Él dijo que su ataque era en contra de los maridos y que quería que estas mujeres reconociesen su triste realidad y abandonasen a los hombres que las hacían infelices.

Otros han sido más pragmáticos, y culpan al cerebro embotado por el alcohol y drogas del escritor que no sabía en que lio se metía. En el confuso y surrealista episodio 6, nos dicen que Truman quería denunciar a la clase alta, a su clasismo, su racismo y otros -ismos. Capote no era un revolucionario de salón, nunca militó en ninguna causa, nunca fue parte del movimiento Radical Chic como lo fueron Leonard Bernstein y Jackie O.

Mi teoría—y a ratos la serie me apoya—es que Truman castigó a las Swans por ser tan malas madres que anteponían su posición y ambición por encima de sus hijos. Tal como acusó a Anne Woodward de ser mala madre, lanzará esa acusación a Las Cisnes en pleno en el episodio 6. Eso servirá para que James Baldwin agregue que, en el mundo de los cines, las únicas familias felices son la compuestas por aves gays (WTF?)

                                   Babe y sus hijos mayores

Las Swans no eran peores madres que las reinas europeas o las actrices de Hollywood. incluso algunas tuvieron buenas relaciones con sus hijos, ahí están los casos de C.Z. Guest y Lee Radziwill. Curioso que ambas siempre apoyaron a Capote aun después del escándalo y que el escritor las despedace en el episodio 6. ¿Quién queda mal ahí? En realidad, la Princesa Radziwill pasó a ser la reemplazante de Babe Paley. Su amistad con el escritor solo acabaría cuando,  estando de visita en la casa de campo de Los Radziwill, O’Shea le plantó tal paliza a Truman que de paso destruyó el chalet de invitados de la casa.

                              Lee Radziwill y Capote

En el capítulo 6, Capote demuestra su envidia contando una gran cantidad de falsedades sobre Las Cisnes, incluyendo que todas tienen amantes escondidos. ¡Tamaña novedad! pero no es tan cierta. Los biógrafos no han encontrado esos amantes, pero si han encontrado matrimonios fracasados porque las esposas creyeron que el dinero reemplazaba al amor, el respeto y la dignidad que deben existir en una sociedad conyugal.

Slim, La Chica Californiana

Tomemos el caso de Nancy  “Slim “Cross, tan forastera como Truman, tan ambiciosa como Nina Capote, aunque su historia es menos sórdida. Nacida en Salinas, California, su padre era dueño de varias fábricas de envasados. En este espacio de novela de Steinbeck, Nancy tuvo una vida familiar casi tan infeliz como la del protagonista de Al Este del Edén. Su padre era un abusador que maltrataba a su mujer. Nancy sufrió del trauma de ver a su hermanito morir quemado ante sus ojos. El padre culpó a la madre y para sacársela de encima “sobornó” a sus hijas para que se fuesen a vivir con él y así no tener que pagar pensión alimenticia.

Nancy se negó a caer en esa trampa y permaneció junto a su madre. Desde Salinas era solo unas horas de viaje  a Hollywood y Nancy encontró ahí medios para sobrevivir. No quería ser actriz, pero tenía el físico para modelar. Con eso y algunos “regalitos” consiguió mantenerse. Se sabía guapa y muchos actores lo notaban. Uno de ellos, Melvin Douglas, la apodaría “Slim”(flaquita).

                                           Slim en sus días de modelo

La minita de oro que encontró Slim fue el director Howard Hawks. En Los 30, Hawks había conseguido un importante sitial en el mundo del cine. Sin embargo, tenía fama de mentiroso y mujeriego. Slim, por si sola,  descubrió otra falla. Hawks era mal amante, aun así, la flaquita no cejó sino hasta casarse con él.

                      Los flamantes Esposos Hawks y el padrino, Gary Cooper

Ese matrimonio sería una serie de infidelidades por parte de ambos con una tregua a mediados de Los 40. Hawks estaba empeñado en llevar a la pantalla To Have And Have Not. Slim abrazó este proyecto del marido y ambos bajaron a La Habana a convencer a Hemingway de vender los derechos de su novela.

Es interesante ver el rol que Hemingway tuvo en la vida de Las Cisnes. Slim conocería a través de Papa, a Babe y a C.Z. El jugaría un rol más dramático en la vida de la entonces Mrs. Hawks. Se dice que hasta le propuso matrimonio.  ¿Uno se pregunta si Hemingway no se hubiese volado los sesos, habría llenado el lugar de literato mascota que Truman Capote ocuparía luego?

                                 Slim pudo ser Mrs. Ernest Hemingway

Tras comprar los derechos, Los Hawks comenzaron a planear la filmación. Él protagónico iba ser de Humphrey Bogart que,  gracias a Casablanca , se había convertido en el galán del momento. Se les ocurrió que entonces el personaje debería tener un romance y se pusieron a desarrollar una protagonista aun sin rostro. Un día, hojeando Harper’s Bazaar, Slim vio en el rostro de una modelo a la heroína de su nuevo proyecto. Viajó a Nueva York y convenció a esa adolescente judía llamada Betty Joan Perske de firmar un contrato , ir a Hollywood y convertirse en Lauren Bacall.

                                Slim hasta le prestó su ropa a Lauren Bacall

Se decidió que el personaje de Bacall se llamaría “Slim” y que Bogey que en el libro se llama Harry, ahora sería “Steve”, el apodo de Howard. Los Hawks condicionaron el look de Bacall para que se pareciese a Slim.  Ella aprendió a hablar, a vestirse y a actuar como su contraparte en la vida real. Cuando en Feud—donde la ponen más malévola y toxica de lo que era—Slim se queja de que Bacall le “robó” el look, olvida que fue ella quien le enseñó a la viuda de Bogart a imitar su imagen.



To Have and Have Not fue un éxito y las cosas entre los Hawks mejoraron. Tanto así que le escribieron a la cigüeña. Fue en 1947 que Slim tuvo a su única hija, la hoy reconocida diseñadora de interiores Kitty Hawks. Sin embargo, ese intervalo romántico no duró. Howard volvió a las andadas y su mujer se divorció, ya que había encontrado el verdadero amor en el productor de teatro y cine Leland Hayward. Se conocieron en la casa de Hemingway en Cuba y se casaron en Nueva York, en la propiedad de Long Island de Los Paley. Tristemente esa historia de amor quedó trunca cuando otra Cisne se metió en la laguna de Slim.


                                             Slim y Los Paley
                           Slim y su hija Kitty junto a Truman en Los 70

Pamela, La Cortesana

Pamela Dingby no era una escaladora social. Hija de un Lord, había sido criada con todos los privilegios y mimos que las aristócratas británicas recibían, pero desde jovencita había descubierto que una buena manera de ganarse la vida era acostándose con hombres ricos e influyentes. No quería casarse,  solo que la mantuvieran. Para cuando desposó a Randolph Churchill en 1939, la precedía su aura de cortesana. Al hijo de Sir Winston, que iba camino a la guerra,  solo le preocupaba que la madre de su futuro heredero fuese sana y de buen pedigrí.

                                   Pamela y el pequeño Winston


                                     Pamela el día de su boda

Nacido el pequeño Winston, sus padres siguieron caminos separados. Pamela continúo cosechando amantes importantes hasta que conoció a Leland Hayward al que engatusó para que dejase a su esposa. Slim nunca perdonó esta traición. ni siquiera el convertirse en Lady Keith de Castleacre, al casarse con un banquero millonario,  la consoló.  Pamela se divorció de Leland y se casó con un antiguo amante, Averral Harriman.



La Fabulosa Babe Cushing

Y llegamos a la más bella, la más amada y la más traicionada de Las Cisnes de La Quinta Avenida. Barbara Cushing nació en Boston con cuchara de plata en la boca. No solo fue hija de gente de antiguo linaje (como C.Z. Guest), era también su padre un médico brillante apodado “El Padre de la Neurocirugía Estadounidense”. Barbara y sus hermanas compusieron un trio conocido como “Las Fabulosa Hermanas Cushing “, criadas por su madre para ser hermosas y tener esposos principales.

                                Las Fabulosas Hermanas Cushing

La primera en casarse, Betsey,  enganchó a James Roosevelt, hijo de FDR. Cuando llegó la hora de ser presentada en sociedad,  Barbara “Babe” lo hizo en la Casa Blanca, como parienta del Presidente Roosevelt y su familia. Ese mismo año, de vuelta de una fiesta,  Babe tuvo un accidente que le destrozó el rostro. Los mejores cirujanos plásticos reconstruyeron sus facciones dejándola más bella que antes. Sin embargo, el rostro de Babe conservo una cierta rigidez que la hacía verse un poco dura y fría. Ese nuevo look la hacía más reservada, distante,  y ocultaba su timidez e inseguridad.

NOTA: Acabo de ver el segundo capítulo de nuevo. Después de vomitar en el baño de La Cote Basque, Babe se pone su dentadura postiza. Muy poca gente—Capote entre ellos—sabía tuvo que usar una prótesis, resultado del accidente.

La belleza de Babe la llevó a modelar, pero avanzó un paso más allá del mundo del modelaje. A fines de Los 40,  era editora de moda de Vogue. Fue por entonces que se casó por primera vez. El elegido era Stanley Mortimer, reconocida figura de sociedad y de los deportes,  y heredero de la Standard Oil. Tuvieron dos hijos Stanley Jr. y Amanda. Pero el matrimonio no iba bien. Para cuando Stanley volvió de su servicio en la Segunda Guerra Mundial, sufría de una depresión tan aguda que vivir con él era insoportable.

                            Babe fotografiada por Horst P. Horst

                                 Babe y su primer vestido de novia

Su mujer seguía siendo un figura icónica de su círculo social y se rumoraba que andaba en amores con el multimillonario Bill Paley. Los Mortimer se divorciaron y Babe, en 1947 se convirtió en la segunda Mrs. Paley. Tuvieron dos hijos, pero para entender la dinámica de ese matrimonio hay que conocer los motivos para casarse de ambos. Babe buscaba seguridad emocional y económica para sus hijos y para ella. Bill era un hombre firme, vigoroso, creativo e implacable. No el tipo que cayese en depresiones como el primer marido de Babe.

En cuanto a Paley, el magnate adquirió la quintaesencia de la esposa trofeo. Babe era glamorosa, considerada la segunda mujer más elegante del mundo (solo superada por la Duquesa de Windsor), con excelentes amistades y contactos. Era también la llave para que Bill entrase en una sociedad tan exclusiva que ni todos sus millones podía hacer olvidar que era judío.



La sociedad no olvidó ese detalle, hubo fiestas a las que los Paley no fueron invitados, familias que nunca les abrieron las puertas, clubes que rechazaron aceptar a Bill como miembro. La solución de Los Paley fue crear su propio grupo social compuesto por lo mejor del mundo bohemio, de la farándula y de nuevos y viejos ricos que fuesen más tolerantes de los orígenes semitas de su anfitrión. Así Babe se convirtió en reina de un círculo de amigos con los que se codeaba en sus muchas propiedades de Long Island, New Hampshire y Jamaica. A ese círculo entró Truman Capote y ahí conoció mejor que nadie a Babe y su tragedia.

La Vida Secreta de La Cisne Perfecta

En el primer episodio, el escritor comenta que, para Bill, su esposa es otra más de sus empleados, alguien a quien exigir un determinado comportamiento. No solo Babe debía jugar su parte de la más bella y la más elegante, también debía construir un mundo perfecto para el marido en donde todo debía estar en su sitio, sino… Bill tenía un genio de los mil demonios y sus abusos verbales eran terribles. Babe le tenía terror y evitaba darle motivos para pataletas y discusiones. En una ocasión, antes de irse de vacaciones notó que una lampara de su piso estaba rota. Tan asustada estaba que desde su viaje llamó a una hermana suplicándole que fuese a su casa y cambiase la lampara para que Bill no la notara.

                                           Los Paley en Los 70

¿Se acuerdan de cómo nos reíamos de Mrs. Maisel por esa rutina de belleza en que se acostaba después y levantaba antes que su marido para que este no la viese sin maquillaje o en rizadoras? Pues Babe la practicaba. Los Baley dormían en cuartos separados y es que Bill no solo humillaba a su mujer con sus constantes infidelidades,  no la trataba como su mujer. Poco después del nacimiento de su hija menor, Los Paley dejaron de hacer vida marital. Esa fue la peor treta de Bill.

Lo extraordinario es que nadie, ni sus hijos, conocían el calvario de Babe. Como toda gran dama, ella se guardaba sus cuitas. Ni siquiera le reprochaba al marido su abandono y adulterios. La serie nos la muestra recriminando a Bill en dos ocasiones que nunca ocurrieron. La gran sorpresa fue en 1978, cuando antes de morir,  y delante de testigos, Babe rechazó el cariño que ahora le brindaba su marido y se atrevió a cubrirlo de reproches acusándolo de haberla hecho muy infeliz.

Truman Capote no solo ofendió a Babe con su cuento. En muchas ocasiones, amargado por el rechazo de su cisne fetiche, contó en público detalles de la desdichada vida de la Señora Paley. Según Capote, Babe había intentado suicidarse dos veces durante su matrimonio siendo el escritor el encargado de ocultar los hechos.

                             La Condesa Arrivabene, Capote y Babe



Parte de los disparates del Episodio Cuatro, es que Capote y Baldwin se solazan en un desagradable momento de slutshaming en el que se burlan de la disipación sexual de las Cisnes. En el caso de Babe, la serie miente. Babe no fue mujer de amantes. El mismo Capote contaría en la vida real que solo una vez se atrevió a serle infiel a Bill, pero era tanto el temor que le tenía al marido que acabó su relación con este misterioso diplomático.

¿Que obligaba a Babe a seguir con esa farsa de matrimonio que la tenía tan mal que vivía a punta de Valium y cigarrillos? Aunque nos parezca incomprensible en la libertad que gozamos las mujeres en el siglo XXI,  Babe se había casado por dinero, pero también por estatus. Perdería ambos al divorciarse.

En los 60 y 70, la mujer de sociedad seguía siendo un apéndice del marido. Cuanto más prestigio tenía este, más poderosa era su cónyuge. Al divorciarse,  una mujer lo perdía todo. Las divorciadas no tenían cabida en la alta sociedad, no eran invitadas, eran miradas con desconfianza y lastima. Babe se sentía incapaz de ser degradada a ese nivel.



Icono de la Moda, pero Pésima Madre

No veamos a Babe totalmente como una buena mujer. Capote diría de ella que su único defecto era su propia perfección. Es cierto que era un icono de la moda, pero no era perfecta. El otro día cuando amarraba mi pañoleta a mi bolso de mano recordé que Babe creó esa moda. Cuando su cabello comenzó a encanecer, Babe impuso un estilo de “elegancia gris” en vez de correr a buscar tinte de Clairol. Es la razón por la cual no me tiño las canas. Ella otorgó respetabilidad a las joyas de pedrería falsa,  poniendo de moda las creaciones de Fulco de Verdura que hoy valen miles de dólares. Solo que este arbitro de elegancia fue también una pésima madre.

Mas allá de las negligencias de las mujeres de su clase que dejaban la crianza de sus hijos en manos de nanas, institutrices e internados, Babe nunca se llevó con sus hijos, con la excepción del mayor, Stanley Jr. Su relación con Amanda fue lamentable. nunca hubo una unión entre ellas…” ý no fue por culpa mía” ha dicho la reconocida urbanóloga y ex directora de la Oficina de Planeamiento Urbano de Nueva York.

                          Amanda "Ba"Paley fotografiada por Horst P. Horst

Es un milagro que Amanda haya podido destacar en un ámbito desconocido para Las Cisnes, puesto que toda su vida Babe intentó opacarla. Peor aún, cuando Amanda entró en la adolescencia despuntó en ella una gran belleza que hizo que su madre le tuviera celo terribles… ¡A su propia hija! Se entiende que Amanda haya huido de su hogar,  casándose cuando aún estaba en la universidad.

       Amanda y sus padres el día de su boda con Carter Burden

Aquí acaba el recuento de Las Cisnes.  Se me quedaron algunas atrás, pero ya he superado las siete páginas. Dejé afuera a Gloria Guinness, de quien espero hablar en Latinas de Ayer;  a Las Hermanas Bouvier porque creo que el éxito de Feud invitará a hacer algo sobre ellas. Lo mismo digo de Marella Agnelli. Es hora de que la RAI o Disney hagan algo (nunca Netflix) sobre Los Agnelli. Gloria Vanderbilt merece también su miniserie, pero como era tan tóxica como Capote, no creo que Anderson Cooper permita que se haga algo que denigre a su madre. ¿Cual historia de estas cisnes quisieran ver en pantalla? Después de ver la serie ¿cuál es su Cisne favorita?

Las Cisnes tuvieron una tremenda influencia en la moda y la elegancia. Entretuvieron al Hoi Polloi con sus bodas y divorcios. Tal vez no fueron ángeles, pero fueron víctimas de su género en un mundo en donde la mujer no llegaba a ninguna parte sin un hombre que la representase. ¿Merecieron ser traicionadas por el amigo en quien confiaron?   Ustedes tienen la última palabra.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

Graham, Sheila, How to Marry a Millionaire. 1974

Keith, Slim: Slim: Memoirs of a Rich and Imperfect Life. 1993

Leamer, Laurence: Capote’s Women.2023

Montillo, Roseanne. Deliberate Cruelty. 2022

 

jueves, 28 de marzo de 2024

Schadenfreude y el deber del escritor: Capote vs The Swans

 


 Truman Capote fue un gran narrador de cuentos , pero cometió un error: pobló sus relatos con personas cercanas y al hacerlo reveló sus confidencias. ¿Hasta dónde puede llegar un escritor para plasmar en su obra las vivencias y secretos de otros? ¿Cuánto pueden los amigos de un escritor esperar de su discreción? ¿Por qué los amigos del chisme nos sentimos inmunes a caer en la trampa del chismoso? Todos estos temas son genialmente explorados por Ryan Murphy en la segunda entrega de su celebre antología Feud.

El Wunderkind se convierte en Gran Bufón

A pesar de lo que diga el personaje de Tom Hollander en la serie, Truman Capote no era un genio literario. Era un buen cuentista , no al nivel de un Chejov o de un Borges, pero si el segundo mejor cuentista de los Estados Unidos, solo por debajo del gran O’Henry. Debido a una infancia disfuncional (su apellido García Capote era el de su padrastro,  un coronel español)  y su homosexualidad,  siempre se consideró un paria. Eso lo convirtió en un neurótico tóxico y alimentó un rencor social que se manifiesta en su celebre duelo con “The Swans”.

                 Capote en la época en que se convirtió en bufón del Jet set

Antes de los 40 años, Capote ya era un literato reconocido, había publicado colecciones de cuentos y una novela, ganado algunos premios importantes,  y hasta puesto una obra en Broadway. Haber escrito un par de libretos de cine lo hizo codearse con personalidades de Hollywood que lo llevaron al círculo del magnate mediático Bill Paley (el Rupert Murdoch de su tiempo) y de ahí a la alta sociedad neoyorquina. Esta recibió encantada a este “niño maravilla” que amenizaba sus reuniones con comidillas muy bien cocinadas.

A pesar del rencor social que anidaba en su subconsciente, Truman era un tremendo esnob que se visualizaba como un mimado de una elite,  como ocurría con homosexuales ingleses tales como Sir Cecil Beaton y Sir Noel Coward. Eso lo empujó a cultivar amistades de la “realeza” estadounidense como Gloria Vanderbilt y Las Hermanas Bouvier (Jackie Kennedy Onassis y la Princesa Lee Radziwill) aunque su favorita era Barbara “Babe” Cushing, la segunda esposa de Bill Paley.

                                       Capote y Babe Paley

Alrededor de Truman Capote se congregó una coterie de mujeres. Todas ricas, famosas y ansiosas de contar con la amistad de un individuo tan entretenido. El las llamó The Swans (los cisnes) . El error de Las Cisnes fue no notar que si Truman Capote era el alma de las fiestas de Long Island y Palm Beach era por describir intrigas y secretos de otras personas de su mismo círculo. En algunos casos los rumores se tornaban peligrosos como lo fue crearle un aura de autoviuda a Ann Woodward.

Capote era muy mentiroso. Entre sus grandes mentiras estaba el conocer a Greta Garbo y haber tenido amores con Errol Flynn. En otras ocasiones embellecía con detalles hablillas que habría escuchado en alguna parte o magnificaba murmuraciones. Nunca sabremos si Ann Woodward le contó que había matado a su marido o fue que en  “La Alta” de Long Island se susurraba que la muerte accidental había sido un crimen pasional que la suegra tapó con sus millones.

 Los Woodward en tiempos felices y Capote, su verdugo

De todos modos, Las Swans podían burlarse de la tragedia de Ann en un alarde de schadefreunde ya que era una plebeya forastera. Pero nunca debieron considerarse inmunes al humor vitriólico del Gran Bufón. Quizás pecaron de arrogantes o quizá realmente creyeron en la leal amistad de quien era su protegido, paño de lágrimas y hasta fixer.



Los Peligros de Ser Escritor-Testigo

Desde Los 60, que Capote había dado pistas de una novela en la que trabajaba que sería su opus magna , que seguiría los pasos de Proust al retratar a esta alta sociedad que le había dado cobijo. Nadie le prestó atención hasta que un capítulo llegó al Esquire en 1975. Ahí la sociedad neoyorquina lanzó un coro de alaridos, porque el Jet Set podría ahora incluir californianas como Lady Keith y judíos como Bill Paley, pero sus reglas de discreción y lealtad eran tan cerradas como en The Gilded Age, la real y la de Julián Fellowes.

¿Se acuerdan de cuando Armstrong, doncella de Agnes van Rhijn, advierte a su ama del peligro de meter en casa a una escritora/periodista como Peggy Scott? Es que Peggy va a ser testigo de secretos familiares que luego puede ventilar como lo hizo Truman Capote.

                  Agnes contrata como secretaria a una periodista
      Armstrong advierte el peligro de tener a una periodista metida en casa

El cuento del Esquire titulado “La Cote Basque 1965” narra una cita entre Jonesy (el alter-ego de Capote) y Lady Ina, en la que todos reconocieron a Slim Keith ,entonces  casada con un noble inglés, para cenar en el famoso restaurante. Ahí se reúnen con Gloria Vanderbilt y Carole Mathau, la actriz, esposa de Walter Mathau, y que se cree fue una inspiración para Holly Golighty. Ambas están chismeando sobre la Princesa Margarita. Cercanas a las mesas están sentadas Las Hermanas Bouvier.

Para animar el almuerzo, Lady Ina cuenta un mega chisme sobre Sídney Dillon, el magnate de farmacéuticos casado con Cleo, “la esposa perfecta”. Aparentemente el hombre tuvo un affaire con la esposa del gobernador de Nueva York en la cama del Matrimonio Dillon. La amante dejó una mancha de sangre menstrual (del “tamaño de Brasil”) en las sábanas para avergonzar a Cleo. Pero el momento culminante de la comida es la presencia de Anne Harding, de quien se dice asesinó a su esposo para luego fingir que lo había confundido con un ladrón. Fue fácil para los Paley reconocerse en Los Dillon y todos supieron que Anne Harding era la infamosa Ann Woodward.



Marella Agnelli, la swan italiana, se había alejado de Capote hacia un tiempo precisamente porque había leído el cuento antes de su publicación. En esa ocasión le había preguntado al cuentista si no le temía a la reacción de sus amigos cuando leyesen el libro—que Capote ya había vendido a Random-House— y se reconociesen en esos personajes tan viles. En típico humor displicente, Capote había dicho algo como que sus Cisnes eran demasiado tontas para darse cuenta.



                    Marella y su esposo Gianni Agnelli llegan al Black and White Ball

No eran tontas, se reconocieron y su reacción fue horrible. No es que se haya cancelado al autor como se haría hoy. Nadie hizo como Ronan Farrow con su padrastro, chantajear a las editoriales para que no lo publicaran. Nadie demandó a Capote por difamación. Las Cisnes se limitaron a cerrar filas, no le volvieron a dirigir la palabra al escritor y, lo que más le dolió a Capote, no lo volvieron a invitar a sus antros de ricos y famosos.

La Gran Traición

Capote era incapaz de pedir disculpas. Primero lo tomó a broma. Le envió una tarjeta a Slim con este mensaje “Big Mama (su apodo para Lady Keith), ya te perdoné”. Como no obtuvo respuesta, llamó a Bill Paley, este le respondió de manera distante, le dijo que no había querido leer el cuento y le reveló que Babe estaba muriendo de cáncer. La serie miente al decir que Slim iba a demandar a Capote o que Bill lo insultó por teléfono.

Este fue un duro golpe para Truman porque Babe había sido su mecenas, protectora,  amiga del alma. Sin embargo, él nunca entendió la humillación que la hizo pasar justo cuando la vida de su Cisne se apagaba. (La reconciliación enfrente de Sack’s que muestra la serie también es falsa, pero qué bonita les quedó).



Para colmo, Anne Woodward se suicidó tras leer el cuento (sus hijos también se quitarían la vida). Como dijo su suegra “ella mató a mi hijo, pero Capote la asesinó”. Truman Capote fue incapaz de asumir su responsabilidad. Tal como en la serie,  se amparó en la excusa de “es solo ficción”. Imposible puesto que hasta conservó los nombres de sus Cisnes como fue el caso de Gloria Vanderbilt a la que dejó como tarada (no reconoce a su ex marido que está en el mismo restaurante). “La próxima vez que lo vea (a Capote), dijo la diseñadora  “lo escupiré en la cara”. Años más tarde,  Anderson Cooper diría “Capote le hizo mucho daño a mi madre”.

Hora es de pasar a la serie en sí. Se han escrito muchas biografías y hecho muchos filmes sobre Truman Capote, no todos cubren estos veinte últimos años, los peores en términos de salud y laborales del escritor . La serie da crédito al libro de Lawrence Leamer,  Capote’s Women, pero se trata de un texto de historia que cubre las vidas de los involucrados sin diálogos ni escenas puntuales que puedan llevarse a la pantalla.

Le quedó a Ryan Murphy y al ganador del Pulitzer Jon Robin Baitz, convertir esos datos históricos en un libreto. El primer episodio mantiene un juego cronológico que no corresponde a la realidad indicándonos que nos hallamos ante una interpretación que,  tal como el protagonista,  puede tomarse licencias y meter fantasía propia. Comenzamos en 1984, un poco antes de la muerte de Truman Capote (Tom Hollander). Lo vemos observando cisnes en una laguna.



Retrocedamos en el tiempo a 1965.  Truman ha sido convocado urgente al pent-house de Los Paley en el St. Regis . Ha surgido una crisis. Lo vemos en sus funciones de fixer dando órdenes a criados a los que llama por su nombre. Lo vemos darle dinero a la cocinera para que se lleve a los pequeños Paley al cine y a tomar helados en Serendipity.

El escritor encuentra a la Señora Paley (Naomi Watts)hecha un mar de lágrimas. Su marido (Treat Williams) ha reanudado su relación adúltera con Mary “Happy” Rockefeller, esposa del Gobernador de Nueva York. La humillación es que la ha traído a su casa familiar y han tenido sexo en la cama matrimonial donde Happy se ha vengado manchando sabanas y suelo con sangre menstrual. “Y ella sabe que tu entraste en la menopausia” le dice Capote con voz consternada. Ahí nos damos cuenta de lo toxico que puede ser, revolviendo el cuchillo en la herida.



Aun así, su consejo es pragmático. Babe Paley tiene derecho a patalear, pero no a divorciarse. Como pago de esa humillación debe exigir un van Gogh al que le ha echado el ojo. Le recuerda que no ama a Bill, es su orgullo herido el que la hace llorar. Medio dormida por el Valium, Babe admite que la peor traición seria la recibida por alguien que quiere como Truman.



De Jamaica a La Cote Basque

Otro retroceso a 1955. Tras escribir dos guiones (Beat the Devil e Indiscreción de una Esposa Americana), Capote entró en la órbita de Hollywood siendo amigo de la protagonista de ambos filmes, Jennifer Jones,  y de su esposo, el poderoso David O. Selznick. Es David quien convence a Bill de llevar a “Truman “ a su mansión en Jamaica. El pobre Paley cree que se trata del “Presidente Truman”. Es un alivio saber que es un escritor.

Capote deleita a Los Paley y a sus invitados contándoles el chisme de la auto viuda Ann Woodward. Mas tarde tiene un encuentro a solas con su anfitriona y le confirma que vio a su marido con otra mujer. “Soy un poco brujo” dice Truman, pero añade que Babe “es un hada” que hasta su manera de caminar es musical. En este trocito que editaron de la versión de FX (la encontré en el “Director’s Cut”), Babe le revela su primer secreto. Hace coser campanitas al borde de sus vestidos de noche, para que hasta su andar tenga un sonido cristalino.



De 1955 avanzamos veinte años. En 1975,  Truman Capote está pasando una mala racha. Hace casi un década que no publica nada importante. Las drogas y el alcohol están bloqueado su imaginación. Random House quiere demandarlo por incumplimiento de contrato,  y Jack Dunphy (Joe Mantello), que ha sido el compañero de su vida adulta,  está harto de verlo autodestruirse.

Capote va a un sauna donde tiene sexo con un individuo muy peculiar. John O’ Shea (Russell Tovey) lleva una doble vida. Es un alto ejecutivo de un banco de Long Island, casado y con hijos, pero gusta buscar aventurillas en los baños trucos. No se define ni como homosexual ni como bisexual. Según su psiquiatra es un psicópata sexual.

                            El verdadero John O'Shea y su interpréte

Fascinado, Truman hará a O’ Shea parte de su vida le encargará su finanzas y hasta lo presenta con sus Cisnes. Durante un almuerzo en La Cote Basque, O ’Shea se revela como un alcohólico, pedante y aburrido, lo que es un crimen para la alta sociedad. Aprovechando que ha ido al baño, Las Cisnes (Babe, Slim y C.Z. Guest) le dicen a su protegido que se acueste con quien quiera, pero que no le de poder sobre su dinero. Petulante, el escritor, les recuerda la infidelidades de sus maridos.

En eso, nota que Anne Woodward está en una mesa cercana. Ann se acerca y lo acusa de calumniarla públicamente. Truman la acusa de haberlo llamado “fag”(marica). La mujer lo corrige, “te llamé un  mariconcito venenoso” y le avienta una copa de vino a la cara. Las Cisnes los separan, Capote se ríe. El y John se marchan totalmente borrachos. En el metro, O’ Shea le aconseja escribir sobre estas mujeres.



Una mañana, las horrorizadas Cisnes ven sus secretos plasmados en las páginas del Esquire. Bill intenta convencer a su esposa que ningún lector los va a reconocer. La débil excusa provoca un aluvión de reproches por parte de Babe que revela (esto solo aparece en el Director’s Cut) que sufre de cáncer terminal.

El Castigo de Las Swans

Sinceramente, sería una ofensa a nuestra inteligencia creer que Las Cisnes no iban a actuar como cualquier plebeya con un mal amigo, que no iban a dejar de verlo y de invitarlo a sus fiestas. Aun así, la serie nos hace sentir que Slim es cruel y vengativa,  que domina a Babe quien quiere reconciliarse con el autor y que al final lo hace en un encuentro imposible en la Quinta Avenida.



Algunas Cisnes lo siguen apoyando como C.Z. Guest (porque no aparece en el cuento) y La Princesa Radziwill porque Capote habla bien de ella en “La Cote Basque”. Aunque el autor se burló de Joanne Carson en ese capítulo, ella era un alma de D-s, y su cariño por Truman superó sus pullas por la cornamenta que Johnny Carson le ponía.

Sin embargo, llegado el Dia de Acción de Gracias, C.Z. desinvita a Truman Capote . Se siente que ha sido presión de Slim, pero el sentido común dicta que si quiero pasar un día especial con una amiga moribunda no le voy a traer gente que le haya hecho daño. Indignado y desolado, Truman parte, cargando con John O ‘Shea, a la casa de Joanne en Los Angeles.

             El Thanksgiving distinguido al que Truman no fue y...

  donde acabó. Phyllis Diller en la mesa ya quita toda aura de refinamiento

Se trata de una fiesta con motivos mexicanos y New Age. Acostumbrado a espacios más refinados, Truman bebe y comienza a decir pesadeces. John , que quería pasar la fiesta con su familia, bebe de más y ataca el pavo. Cuando Truman comienza a burlarse de la familia de su amante, este le da una paliza delante de los invitados.

                          Truman desafía a  O'Shea hasta que este lo golpea

Esa en suma será la vida de Truman Capote desde entonces. Hay cosas que la serie captura magistralmente. La relación masoquista con John O ’Shea. La lealtad de Jack Dunphy y Joanne Carson. Efectivamente, Truman Capote intentó rehabilitarse sin éxito. Las drogas le comieron las neuronas y el alcohol el hígado. Se pasó los últimos años dando entrevistas y hablando de un libro que nunca llegó a materializarse.

Otras cosas son falsas. Slim no fue amante de Bill Paley; Babe y Truman no se dieron el beso de la paz en la calle; Anne Woodward nunca fue una Cisne y la traición de Truman Capote no se debió a un deseo de vengar a su madre, pero de eso hablaré en otra entrega. Ahora quiero hablar de los logros técnicos de la serie.

Lo Bueno y Lo Bello de Capote vs The Swans

Este ha sido el más bello—desde un punto de vista estético— trabajo de Ryan Murphy. Los interiores, la recreación de la Manhattan de Los 70, la iluminación, el vestuario, etc. Todo es exquisito, como lo es el tercer capítulo dedicado al “Black and White Ball”,  famoso baile de máscaras que fue el pináculo de la carrera de Truman Capote en la alta sociedad neoyorquina.



Hasta la música les ha quedado de premio. El uso en la banda sonora de temas de moda que se vuelven conmovedores como el “It’s Imposible” de Perry Como (gracias, Gato Rafa,  por recordarnos que es la versión en inglés del “Somos Novios” de Manzanero) que es el último baile que comparten Los Paley hasta las versiones Big Band que toca la orquesta en el Black and White Ball.  Mención especial a la maravillosa música incidental de Julia Newman con sus venias al impresionismo francés de Debussy y Ravel con el toque reaccionario de Saint-Saens, lo que ya le da un aire proustiano al relato.



Hemos visto tantos Capotes en los últimos veinte años, pero Tom Hollander le ha dado una dimensión que supera la parodia. Siempre he sentido debilidad por Hollander, un actor que se ha encasillado en roles de homosexual pero que transmite una calidez que atrapa aun en sus pocos roles de hetero como en Gosford Park, Taboo y en su protagonismo del Dr. Thorne. Aquí hay dejos de ternura aun en las inflexiones que agrega a la famosa voz chillona de su personaje.



Me ha sorprendido Diane Lane tan alejada de sus días del Brat Pack de la mano de Coppola. Tan alejada de la etapa Streets of Fire o Under the Sun of Tuscany. Aquí se ve implacable,  fiera, de facciones leoninas que recuerdan a Lauren Bacall que inició una carrera interpretando precisamente a Slim (más de eso cuando hable de las verdaderas Cisnes). Una delicia ver a la reina del Brat Pack ochentero, Molly Ringwald como la amiga fiel,  Joanne Carson.


                               Joanne Carson y Molly Ringwald

Aunque Demi Moore no se parece a Ann Woodward—ni se parece a Demi en esta actuación—logra un retrato conmovedor de una mujer que,  a lo mejor,  fue víctima de rumores, y calumnias nacidas del Schadenfreude de los ricos y envidiosos. Sin embargo, no me ha gustado Callista Flockhard, no ha sabido capturar la esencia de Lee Radziwill. La “no-Jackie” era una presencia semanal en mi casa en 1975. Me asaltaba desde las páginas de Vanidades, Cosmopolitan y Buenhogar. No se parecía en nada a esta maqueta que ha construido Mrs. Harrison Ford.


                             Callista no se parece a La Princesa Radziwill

He dejado para el final a los mejores actores. Esa escena del tercer episodio con Los Paley bailando será más falsa que la BBC, pero me conmovió hasta las lágrimas porque Treat Williams falleció en un trágico accidente de motocicleta, un poco después de acabada la filmación. No lo había visto hacia años. Se veía tan viejito aquí. No que yo lo quisiese eternamente joven y sexy como cuando nos deslumbrara en Prince of the City o en el noir Smooth Talk donde se veía tan exquisito que me costó aceptar que era el villano.



Creo que Gato Rafael ha visto esta serie de FX porque admira/adora a Naomi Watts y quedó un poco en shock al ver su transformación física. En vano yo trataba de explicarle que Babe Paley fue considerada la mujer más bella de su generación y que a pesar del cambio de look , Naomi (bellísima también) no se le parece. Lo que la australiana ha logrado es capturar la elegancia, la armonía, la perfección física de Mrs. Paley, lo que Capote llamaría “su único defecto”. Incluso Naomi logra domina el modo refinado de hablar de la clase alta que no consiguió Natalie Portman en Jackie.

             El baile que nunca existió

Prefiero dejar para otra nota la verdadera historia de Babe y su círculo. Entretanto, espero haberles abierto el apetito para ver esta excepcional serie que supera incluso a la primera temporada de Feud. Para los habitantes de la Unión Americana Capote vs The Swans está disponible en Hulu y en FX on Demand. Los españoles pueden verla por HBO/Max y a América Latina se la tiene prometida Star+, pero no sé para cuándo.

Contenido Violento o Gory: Las palizas de Thanksgiving que John le atiza a Capote. Lo más Gory es la exagerada hemorragia de Happy Rockefeller. Oh, y el pobre cisne sacrificado.


                                         Cuando Thanksgiving se tornó violento

Contenido Sexual y Desnudos: Increíble como Ryan Murphy puede cambiar de la obscena sordidez de su trabajo de Netflix y hacer una obra tan sobria donde se habla de sexo, pero no se ve. Lo más fuerte es el primer encuentro de Capote y John en un baño turco.

Factor Feminista: Interesante como Jon y Ryan han convertido lo que debió ser un cuento de hadas en fábula feminista con moralejas que advierte lo que no debe hacer una mujer que busca ser empoderada,  desde casarse con un millonario hasta confiar en un volátil BGF. De paso habla de los peligros y la soledad de ser esposas trofeos.



Factor Diversidad: Es cierto que el mundo de Las Swans era blanco, privilegiado, clasista y un cachito homófobo (para nuestros estándares contemporáneos). Aparte del mundo bohemio, toda la sociedad estadounidense era homófoba y racista (aun en reversa). Entonces es como redundante que el capítulo 5—el más discordante de la serie— saque a relucir estas ‘”verdades”. Que sea James Baldwin  (Chris Chalk de Perry Mason) quien enfrente a Truman con esa realidad es un poco absurdo. No eran amigos, de hecho, Capote lo consideraba aburrido. Algo que debemos decir es que Truman Capote nunca militó en ninguna de las causas de su tiempo: ni los derechos gay, ni el feminismo, ni los derechos civiles ni fue radical chic.





Mas absurdo es tener al gran Baldwin como un Magic Negro diciéndole a Trumancito que viene a consolarlo porque es hora de que los gays creen sus propios grupos de apoyo. Recordemos que Capote no tenía amigos negros, ni gays tampoco. Detestaba a Gore Vidal; a Tennessee Williams lo despedaza en un capítulo de Plegarias atendidas, y apenas toleraba a Andy Warhol. Para los que vieron Capote recordaran como el difunto Philip Seymour Hoffman se burla de la novela de Baldwin:



De pronto nos damos cuenta de que hay un propósito más oscuro para que Baldwin se vuelva babysitter del alcohólico toxico. En la mesa de La Cote Basque, en MOMA, y en el piso de Capote—entre beso y beso— le da una lección sobre la fragilidad blanca, sobre como todos los blancos son racistas y como Capote es también cómplice de este racismo/clasismo. Su única solución es hacer como Montalvo, matar a esta casta privilegiada con su pluma. Capote debe ser el pelotón de fusilamiento que acabó con los Romanov; la guillotina que decapitó a María Antonieta, la bomba de Oppenheimer (que esa bomba no haya matado blancos sino japoneses parece que no importa)

Aunque este preámbulo haya ido un sueño, Capote se levanta dispuesto a destruir a sus viejas amigas y por empezar se devora un pobre cine. Es todo tan ridículo, tan forzado. Casi tanto como oír a Slim decir que no quiere invitar a Bianca Jagger a sus fiestas porque es de piel oscura. ¿En serio? ¿No les gustaban los latinos?  ¿Y Porfirio Rubirosa? ¿Y cómo la Swan más querida por Capote, después de Babe, era la celebradísima tapatía Gloria Guinness?



Me resulta muy desagradable esta exposición del racismo de las Swans cuando no se ha mencionado en la serie un factor importantísimo en la historia de Los Paley, y una de las razones para Bill casarse con la WASP Barbara Cushing. No se ha hablado de como las puertas se le cerraron a Babe cuando se casó con un judío y como eso llevó a Los Paley a crear una micro sociedad menos inclusiva que la que los repudiaba.

En la próxima entrada intentaré contar la verdadera historia de Truman Capote y sus Cisnes.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

Graham, Sheila, How to Marry a Millionaire

Keith, Slim: Slim: Memoirs of a Rich and Imperfect Life

Leamer, Laurence: Capote’s Women

Montillo, Roseanne. Deliberate Cruelty