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martes, 13 de septiembre de 2022

Que Vi, Reví y Revisé en Agosto

 


Agosto es un mes difícil para los Gatos Seriefilos. Todos se van de vacaciones y los servicios de cable y streaming se conforman con reposiciones o mediocridades. Este año,  decidí enfrentarme al aburrimiento armándome de series ya vistas, pero que merecían una segunda mirada, y algún que otro filón de oro escondido,  como siempre proveniente del continente europeo. Esto es lo que vi y recomiendo.

Mi primera sorpresa me la llevé con la abundancia de material encontrado. Cuando acabé de hacer mi lista,  noté que no solo tenía tres horas diarias de TV cubiertas.  Además, me encontraba ante la posibilidad de volver a ver, incluso conocer por primera vez, series inglesas de una época en que ‘”Production- Made-in-England” era sinónimo de calidad. Otro descubrimiento fueron formulas del period drama que agregar a los esquemas que repasamos el año pasado y ver cómo han decaído y como han evolucionado algunos subgéneros.

De esa manera me he encontrado dedicando cada día de la semana a determinados subgéneros. Comencemos por el…

LUNES

Finalmente me puse las pilas y estoy viendo las tres temporadas finales de Un VIllage Française. Después de haber gozado cuatro temporadas de la mejor serie francesa de este siglo (que disfruté en Chile vía TVCinque y Europa Europa y hoy puede verse en USA en MHz Choice) , no me atrevía a terminarla. Como es mi costumbre,  me había leído todos los spoilers y era consciente de que el final iba ser muy triste y desesperanzador.



Efectivamente,  ha sido durísimo ver a Marie ahorcada. Odié a Marchetti por ser su verdugo, pero lloré cuando le llegó la hora de ser ejecutado y como su Rita, para evitarle la ignominia del paredón,  le suministró veneno. Más lloré cuando Rita fue ultimada por balas árabes durante la Guerra de Independencia de Israel.




Tampoco me gustó el cambio de los personajes. ¿Como el bonachón de Beriot iba a quemar vivo a Kurt? ¿Como el héroe de la Resistencia, Anselme, iba a convertirse en el borracho del pueblo? La visión de la posguerra es descarnada: luchas de poder entre gaullistas y comunistas; ajustes de cuentas que a veces obedecen a venganzas personales;  y la injusticia de una justicia mal llevada donde incluso los liberadores apoyan el mercado negro, violan a las liberadas, hacen negocios con los colabos y amparan a criminales de guerra.

Hay grandeza en esa sinceridad, y un mensaje pacifista.  Después de una guerra ya no hay buenos ni malos,  solo sobrevivientes. Esa visión tan honesta solo la encuentro en la fantástica Bohema.  Aunque apenas hace unos meses que la vi en Tubi, me toca revisarla nuevamente. Revisarla y gozarla, por algo mi reseña es una de las más leídas de Las Confesiones de una Gata Seriefila. Sobre todo, porque ya la está ofreciendo,  desde agosto,  el Eurochannel en América Latina.



Bohema tiene esa cualidad conmovedora y cínica la vez de enfrentarse a un pasado inconveniente,  de detallar las purgas,  a veces desmesuradas,  y la incapacidad de los purgados de reconocer la inmensidad de sus actos. Vemos como pagan justos por pecadores, como otros se la arreglan para seguir colaborando ahora con nuevos regímenes,  y como la liberación del yugo nazi solo significa cambiar de ocupantes colonizadores.

Otra serie que también reviso los lunes es la italiana El Comisario De Luca que nos muestra al poliziotto como un elemento semi autónomo de la policía fascista que, sin embargo, al llegar La Liberación cae en desgracia, bajo el estigma de haber servido al enemigo. El camino de De Luca lo lleva a tener que explicar su comportamiento a cada rato. Eso a pesar de los verdaderos fascistas siguen manejando, desde las sombras, el destino de Italia.

Se trata de un trio de series de países tan diversos que debaten el mismo dilema moral y cuya moraleja es “no hay términos medios” o parafraseando al Dante:  el peor lugar del infierno es el que aguarda a quienes no supieron elegir un bando en momentos de crisis. Aunque las tres comparten una necesidad de perdonar a quienes inconscientemente se convirtieron en esbirros de regímenes genocidas, no llega a la llorona irresponsabilidad de querer eximir de culpas y ver como victimas a quienes realmente fueron criminales de guerra que parece ser la tesis de las desagradables El Desertor y Nuestros Años Milagrosos. Ni hablar de las extravagancias histéricas de Shadowplay. La única serie alemana que se le acerca en términos de la honestidad de un Rubble Film es Tannbach

MARTES

El segundo día de la semana se lo he dejado a un entretenimiento más light o quizás no. Me refiero al drama médico de época. Estoy viendo The Royal una comedia médica que tiene el mérito de haber durado ocho temporadas (dos más que Downton Abbey) entre el 2003 y el 2010 y que puede verse gratis por Freevie. La historia tiene lugar en el ficticio hospital de St. Aidan’s en la zona rural de Yorkshire. St. Aidan’s fue fundado en el siglo XIX por la familia Middleditch que dejó dos requisitos: que el hospital se mantuviese solo de la caridad privada y que un miembro de la familia siempre estuviese a cargo.



Ahora a mediados de los Sesenta, este rol ha caído en manos de T.J. Middleditch un afable solterón, muy bueno en eso de recaudar donativos, pero los tiempos han cambiado. MIddleditch a veces se siente superado por la falta de recursos y personal médico, lo que lo deja en las manos de Ken, pillo profesional y rey del nepotismo. Ken está a cargo de las reparaciones y logísticas del hospital y sabe conseguir de todo, aunque sea de manera ilegal y el producto no sea de buena calidad. Además, ha colocado a miembros de su innumerable familia en puestos en St. Aidan’s o recurre a ellos si necesita algo.

Para colmo, las autoridades médicas no ven con buenos ojos el manejo del dispensario y buscan cerrarlo. Antes infiltran al siniestro Mr. Harper para que investigue el desorden que pasa por management. El humor de la novela se cifra en el conflicto Ken-Harper y las intromisiones de este último. El pathos lo proporciona los casos médicos, los romances del personal,  y las vidas privadas de los pacientes y sus médicos.



Sorprende el buen equilibrio entre lo serio y lo jocoso, y lo mucho que se puede hacer con poco. Gran uso del paisaje, espacios interiores reducidos, muchas veces se usa el mismo vestuario de temporada y el magnífico soundtrack está compuesto del hit parade de fines de Los Sesenta. El resultado es más optimo que en otras series de mayor presupuesto.

Estoy viendo también London Hospital (o Casualty 1906) basada en crónicas reales del hospital más antiguo de Londres. Abrimos en 1906 en lo que pasaría por ER.  Es un East End más duro que el que vemos en Call the Midwife con obreros suicidas, amas de casa muriendo a causa de abortos mal hechos, judíos anarquistas apaleados por la policía, y niños por doquier, niños con difteria, niños raquíticos, niños mordidos por ratas. El mayor problema son las infecciones en una época donde todavía no existían los antibióticos. El mayor logro: los rayos X a pesar de que la radiación ya le ha costado los dedos al radiólogo pionero Mr. Ernest Wilson  (un personaje real).



Para menos patetismo, aunque también emotiva me voy a la campiña escocesa con el Dr. Finlay (Tubi).  Recién retornado de la Segunda Guerra Mundial, Henry Finley descubre que su novia se ha enredado con un soldado yanqui, que su jefe el Dr. Cameron piensa retirarse dejándole la práctica, pero que deberá compartirla con el imberbe y odioso Dr. Neil. Aunque Finlay y su nuevo colega llegan a un término medio de tolerancia,  la inexperiencia de Neil acoplada a su actitud de que lo nuevo es lo mejor,  provocará muchos conflictos en un espacio que todavía no se recupera de las pérdidas de la guerra.


MIERCOLES

He dedicado la mitad de la semana a un género que ha decaído horriblemente. Por más de medio siglo los ingleses fueron maestros en la ficción de espionaje en la Guerra Fría, tanto en libros como cine y televisión. Pero desde hace unos cinco años, las series de espionaje británicas (las únicas que cuentan) dejan tanto que desear que es penoso verlas. Ese es el caso de Traitors (Netflix), SpyCity (AMC+ o Sundance Now)  y Summer of Rockets (Roku) que estoy siguiendo los miércoles. El tema amerita una nota más larga que prometo ( D-s mediante) para un par de semanas más.

JUEVES

Me he prometido por principio y solidaridad con el pueblo ruso, y seamos sinceros,  porque son exce-len-tes, no privarme de las series rusas. Pero por principio y solidaridad con el pueblo ucraniano, no haré reseñas individuales. Tubi ha traído este verano la primera temporada de Iván el Terrible. Ahora tienen una trilogía informal de la historia renacentista rusa con Sophia, El Terrible y las dos temporada de Godunov. Sophia es un poco aburrida, pero el blanqueamiento de Iván, uno de los ‘Monstruos” de la historia europea,  es fascinante y la serie muy bien filmada y actuada.



Parece que aprendieron de las críticas que le llovieron a Godunov que la antecedió. Lo malo es que me he quedado con ganas de saber más de la historia de Rusia por lo que me puse a ver Godunov. Realmente tiene problemas graves de producción y no el menor el desorden de las pistas de sonido. Los diálogos no concuerdan con los subtítulos ni con los movimientos de labios de los actores. Tengo que concentrarme en los subtítulos y no mirar la cara de los personajes. Espero que este problema no haya afeado la segunda temporada.



Lo extraordinario de estas sagas históricas es como entroncan con “la historia occidental”. En este año en que el Renacimiento se hace presente en el period piece con Leonardo, The Serpent Queen y Becoming Elizabeth resulta fascinante saber que Iván ya había establecido contacto con la corte del Reyecito Eduardo VI y que había aprendido inglés para comunicarse con los enviados británicos. En Godunov en cambio vemos a la corte moscovita en tratos con su equivalente isabelina.

VIERNES

El día dedicado a los misterios históricos. Espérense una nota sobre ellos. Estoy viendo de nuevo las dos temporadas de Vienna Blood, y las últimas temporadas de Miss Phryne Fischer,  pero también estoy siguiendo una serie policial WPC 56 (en Freevie) que dramatiza la trayectoria de la primera mujer policía en un pueblo cercano a Birmingham a fines de Los Cincuenta. Lo interesante no es ver como Gina Dawson lucha contra prejuicios machistas. Eso lo hemos visto en otras series. Lo fascinante en este caso, es que tras dos temporadas intentando ser parte del equipo, la policía debe pedir su traslado. La han vencido sus propias fragilidades femeninas y ya no tiene cabida en su sitio de trabajo. Es tan original que estoy pensando hacerle una nota aparte.



SABADO

Lo he dedicado a mi pasión, la Segunda Guerra Mundial. Estoy viendo por quinta vez El tiempo entre costuras, enfocándome más en Rosalinda Fox que, en Sira Quiroga. Estoy viendo por segunda vez Madame K y saboreando cada escena como si fueran viñetas, los vestidos, el decorado, la música, la belleza de las actrices, los diálogos,  todo es un homenaje a la elegancia en esta serie estoniana .Tanto que a ratos me olvido de que se trata de un prostíbulo y que son prostitutas. Cuanto más la veo más añoro que Walter Presents nos traiga la segunda temporada.

Pero la culminación de mis sábados es una excelente serie bielorrusa del 2015. Aun siendo una friki de la historia del Tercer Reich y el Holocausto se me había escapado el nombre de Wilhelm Kube (Kraube en la serie). Kube/Kraube era el Gauleiter (Gobernador) de la Bielorrusia ocupada. Kube y Reinhard Heydrich son los únicos jerarcas nazis que murieron en atentados de la resistencia.

                                   El verdadero Wilhelm Kube

 Un enigmático personaje este Kube que, en su momento,  llegó a representar un bochorno para sus colegas en la alta esfera de nazistas y la SS encabezada por el siniestro Himmler. Kube,  además de mujeriego y semi alcohólico, sentía un especial vínculo con sus “subditos” puesto que creía que fomentar el nacionalismo bielorruso los haría más dóciles a los designios nazis y rechazaba las ejecuciones de rehenes que creía solo predisponían a los habitantes locales a odiar a los alemanes y a ayudar a las guerrillas.



Para colmo,  Kube, aunque ferviente antisemita, consideraba que matar a los judos era desperdiciar una útil mano de obra esclava, y deseaba eximir del exterminio a los judíos alemanes (muchos de los cuales habían acabado en el ghetto de Minsk que estaba en territorio bajo jurisdicción del Gauleiter) Sobre todo buscaba proteger a los que habían peleado en el bando alemán durante la Gran Guerra. Como dijo Himmler al enterarse de la muerte de Kube: “Fue una bendición”. El Gauleiter de no haber muerto hubiese acabado en un campo de concentración.




Otro detalle misterioso del caso es que Kube había sobrevivido a varios atentados. La vigilancia alrededor de su casa y su familia estaba más que reforzada. Sin embargo, murió a causa de una bomba que su criada, una bielorrusa llamada Yelena Mazanik puso bajo la cama.  Muchos,  entre ellos la viuda de Kube, sospecharon que se trataba de un contubernio entre las SS y los partisanos.

                                        Yelena Mazianik en la vida real...
                            Y en la serie

Hunting the Gauleiter/ Cazando al Gauleiter se las arregla para definir esa contradictoria personalidad (muy buena actuación de Uve Jelliken) y aunque a veces caiga en la caricatura también se expresa su dimensionalidad que supera al acartonado retrato de los alemanes como cerdos villanos irredimibles. A pesar de que la serie es ambigua en la participación nazi en el atentado, deja clara la mala relación entre Kraube y su subalterno el aristocrático von Gottberg,  jefe de las SS.



La serie ha echado mano de un recurso dramático, el triángulo amoroso. Así se convierte el hecho histórico en trasfondo de la conspiración fraguada por la partisana Maria Ossipova y Mazanik (ahora llamada Galina Pomazan) y que acaba con ambas recibiendo medallas de la Unión Soviética por la ejecución de un líder fascista cuando la realidad es que el atentado se basó en intereses personales.



La serie es un placer para los sentidos. Hasta la banda sonora es emotiva e intensa. La dirección puede ser un poco torpe en los espacios urbanos, pero descuella en su retrato del paisaje bielorruso. Las actuaciones son desiguales, pero destacan en talento y belleza las protagonistas. Maria Arkhipova parece una Leticia Calderón joven,  y Anastasya Zavorotnyuk es una Hedy Lamarr con ojos oscuros.



El libreto logra sacar lo mejor de esos personajes. Contrasta Maria,  abogado, mujer instruida y ferviente comunista,  cuyo fanatismo choca con sus celos de mujer enamorada con la generosidad ingenua de Galina, una simple camarera, que se ve orillada,  por defender al hombre que ama,  a  cometer lo que para ella es un crimen.



La mayoría de los personajes están bien desarrollados. Los partisanos pueden ser despiadados fanáticos y los colaboracionistas,  gente simple que solo quiere sobrevivir. Los judíos superan su rol de víctimas buenistas,  y Kraube nos permite un atisbo de la mentalidad nazi detrás del uniforme y el manual propagandístico. Si me he detenido tanto en esta serie no es solo porque la amerita sino porque además está en YouTube con subtítulos en inglés y en castellano.

DOMINGO

El último día de la semana lo he dedicado a historias que tienen lugar en el Renacimiento. Acabada Becoming Elizabeth y en la espera de The Serpent Queen, me ha llegado Leonardo, la serie de la RAI sobre una ficticia acusación de asesinato que le cayó encima al Maestro Da Vinci.



Aunque haré una reseña, ha sido tremenda decepción y una tarea titánica verla. ¡Qué mal hecha está! Tan mal hecha que me he puesto a ver Queens, otro intento de mostrarnos la rivalidad entre María Estuardo y su prima Chabelita. A pesar de que siguen con ese juego de inventarnos encuentros nunca habidos entre esas reinas, y a pesar de que las actuaciones dejan mucho que desear, es más presentable que Leonardo.



Si hablamos de malos actores, donde se les puede apreciar más es en la magnífica—excepto en talento actoral—Carlos , Rey Emperador. Aunque no está completa, RTVE tiene clips de un cuarto de hora,  cada uno contiene lo mejor de cada episodio. ¡Qué gran historia,  que gran rey! El drama además nos permite asomarnos a la disoluta corte francesa con ese Francisco I que se la pasaba en la cama, y el desorden de los Tudor en Inglaterra, con un emotivo retrato de la pobre Bloody Mary.







Para contrarrestar,  estoy viendo un docudrama en PBS sobre Los Bolena, ya les hablaré más de ese, pero también para contrarrestar las toxinas de Leonardo, me enfilé a lo mejor que se haya hecho en este siglo sobre el siglo XV, me refiero a Los Borgia, magna opus de Neil Jordan.

No sé qué es lo que más resalta en este trabajo tan primoroso que siento que incluso supera a Los Tudor de Michael Hirst que ya es mucho decir. ¿Es el impresionante elenco? ¿La fastuosidad de vestuario y decorado?  ¿la inmensidad psicológica de sus personajes? Es todo eso y más, y me impulsa a escribir sobre esta serie y como supera a otras historias sobre las turbulencias del Renacimiento, pero en tres palabras lo mejor de Los Borgia: una cuidadosa atmosfera de época que abarca todo desde el idioma hasta la manera de pensar de los personajes; la humanidad de estos que nos inspira a quererlos a pesar de ellos mismos y la expansión del Juego de Tronos del Papado que nos permite conocer a personajes fuera de Roma como Savoranola, Caterina Sforza y Carlos VIII de Francia.



Así es como sobrevivo mis días, mis achaques,  mis crisis domésticas y conflictos existenciales. Desde que tengo uso de razón que amo los cuentos de hadas y el streaming sigue proporcionándomelos. Son mi mecanismo de sobrevivencia y me imagino que, para venir a leerme, deben tener también importancia para ustedes. Cuéntenme cuales de estas series han visto, cuales les gustaría ver.  Y mejor aún, compartan conmigo que cuentos de hadas los han entretenido este verano.

jueves, 11 de febrero de 2021

De Rusia con Amor: Dramas de época de la era post-Glasnost

 


Tubi es una verdadera feria de diversiones donde puedes encontrar lo más insólito. Mi búsqueda de “Catalinas” rusas me llevó a conocer casi toda la extensión del drama de época de la Rusia del Zar Vlad. Así he pasado de los Mad Men del espionaje a visiones del mundo de la moda soviética, de biopias de grandes novelistas decimonónicos hasta hundirme en un pasado de tribulaciones palaciegas en una Rusia medieval, periodo que solo acabaría con el arribo de Pedro el Grande. No todo me ha gustado, pero créanme, es una experiencia imperdible que nos ofrece una manera de recrear historia, atmosfera del pasado y mentalidad pre siglo XXI.

Yo no era ajena a este despertar de la serie de época post-Glasnost. Había visto en YouTube “Anna, La Detective” que, en realidad, es ucraniana. En Netflix había visto esa épica maravillosa llamada “Road to Calvary”. En Tubi he encontrado un par de series que cubren esta “Era Dr. Zhivago” de la Revolución Rusa como “The White Guard” y “El Almirante”. Aunque admiré la estética de “Road to Calvary”, me deprimió el panegírico de una revolución que devino en uno de los regímenes más totalitarios de la historia.



Por esa misma razón les huyo a los dramas sobre La Gran Guerra Patriótica que es como los soviéticos llamaban a la Segunda Guerra Mundial. Ver al pueblo ruso sacudirse el yugo nazi para seguir bajo el yugo estalinista me desalienta. Yo ando buscando en el pasado pistas de como el ser humano puede ser feliz aun en el absurdo de esta existencia limitada e imperfecta que D-s nos ha dado. Aun así, para el que le interese, hay en Tubi varias series sobre la Segunda Guerra Mundial, incluyendo una sobre mujeres pilotos, las famosas “Brujas de la noche” como las llamaban los alemanes.

Zares del Pasado

Con el Gato Juan Miguel comentábamos lo poco que se sabe— incluso nosotros los amigos de la historia—sobre la Rusia pre-Revolución. Apenas conocemos los nombres de Pedro el Grande y Catalina, La Grande, pero la historia de Rusia es mucho más. Si quieren pueden irse al Medievo (que en Rusia llegó hasta el Siglo XVII) y enterarse de como el pueblo ruso luchó contra las huestes mongolas en “The Golden Horde”, una miniserie de tres episodios, hecha en el 2018. Para mí los mongoles son como los Dothraki así que me abstengo de verlos en acción.



“Sophia” es la historia de una princesa bizantina obligada a casarse con el Zar de Rusia.  No tenía idea de la existencia de está Sofia Paleólogo ni de su marido. El Siglo XV ruso es para mí como la prehistoria y lo seguirá siéndolo porque no soporté el primer capítulo. Estoy muy exigente, precisamente porque hay tanto que ver y tanto que captura mi imaginación que, si una serie no me atrapa en los primeros veinte minutos, no estoy para perder tiempo con ella.



Un motivo para navegar por series rusas fue buscar “Godunov”. Cuando era pequeña, mi Papá me hizo escuchar la ópera de Mussorgski y me contó la triste historia del Zar Boris Godunov, del destino trágico de su familia, del Falso Dimitri, etc..  Como siempre, necesito del drama de época para entender la historia. Debido a eso, busqué en vano algún filme sobre el tema, pero para Hollywood solo existen Catalina La Grande y Anastasia, la Impostora.

Me dio mucho gusto enterarme que en el reino del Zar Vlad se habían acordado del Zar Boris. Mas gusto descubrir que el Tubiparaiso traía las dos temporadas de la serie. El primer capítulo me desilusionó totalmente. Fue fantástico ver a Boris joven llegar a la corte de Iván el Terrible para unirse al aparato represor del zar, la terrible Oprichnina. Fue fabuloso ver a los miembros de esa Gestapo medieval vestidos con sus caftanes negros con los emblemas de su organismo—la cabeza de perro y la escoba—colgando de los arneses de sus caballo. Pero no fue suficiente para cegarme a la escenografía oscura y a la falta de detalles estéticos, a los actores muy feos y mal trajeados.



Más encima, la protagonista aparece desnuda ya en el primer capítulo, en un baño público. El palacio de Iván el Terrible parece una choza. Lo peor es un problema con el sonido. Parece película de artes marciales taiwanesa. La voz sale después que el actor ya ha movido los labios. Peor aún, los subtítulos aparecen después del sonido, por lo que nunca sabes quién habla.

Tarakanova: Entre Daenerys y La Princesa Lea

Extraño que “Godunov”, siendo una serie del 2018-2019, esté tan por debajo de “Impostores” (2019), la última temporada de “Ekaterina”. Me parecía extraño que se hubiese gastado tiempo y dinero en hacer una tercera temporada que en realidad era contar lo que se había quedado en el tintero en la segunda temporada, pero a medida que engullía capítulos, la calidad de la escenografía, de la trama, de los personajes, me fue atrapando hasta tenerme al borde de la silla.

Se acabaron esos ridículos efectos de CGI con arbolitos que parecían dibujados por alumnos del Kindergarten. Fuera esa cansina imagen del oleaje digital del Nevá superpuesto sobre un antiguo grabado de Moscú que ya recordaba cortos de Méliès o a novelas mexicanas de los 60.



Aquí realmente se ha viajado, a Francia y a Italia en pos de una reina mendiga que quiere recobrar el trono que le pertenece. Tarakanova (literalmente “cucaracha”, un apodo burlesco que le encasquetó Catalina) es un personaje fascinante sobre la cual se han hecho varios filmes, pero que en esta serie es transformada en una especie de Daenerys Targaryen. Escoltada por dos nobles polacos que sinceramente la creen la hija perdida de la Emperatriz Elizaveta, Tarakanova va de reino en reino buscando quien la ayude a sacar del trono de hierro a la usurpadora.



Sin llegar a los niveles de Cersei, Ekaterina se vuelve un personaje antipático. Un personaje que se siente soso, ya muy conocido. Como no puede tener un bebé con Potemkin, se busca otro. Va donde los Orlov, pero Grigory esta como cabra (en la vida real el mayor de los Orlov perdió la razón tras la muerte de su joven esposa, cuando ya Catalina era una anciana).

Ohhh, pero ahí hay un repuesto, Alexis Orlov. ¡A la cama con el!  Sin embargo, este Orlov nos da una sorpresa. Siempre lo hemos visto ladino y ambicioso, pero al conocer a Tarakanova se convierte en Juan Nieve y esa será su tragedia porque, como el Bastardo de Invernalia, traicionará su amor.



Como siempre los escenarios son fabulosos, privilegiando los interiores y el vestuario. Hasta el guardarropa masculino es muy vistoso.  Opacan a la Emperatriz, las galas de Tarakanova y las de Natalia, la esposa de Pavel Petrovich quien aun haciendo el amor con Razumovsky no se quita sus trajes Watteau y sus robes a l’ anglaise. Natalia se nos revela como una psicópata bipolar: un segundo está ayudando a Sofiya Stepanovna a encontrarse con su hijito, al otro amenaza de muerte a su dama Nelidova. Habla de liberar a los siervos, de evitar el poder de la corona, y casi mata a golpes a su querida nodriza.



                Competencia de vestuario. ¡La ganadora es Tarakanova!

Aunque me gustó que extendieran ese episodio tan interesante (y no tan verídico) de la caída de gracia de Natalia, y encontré muy románticos los amores de Gertrudis y Blas, el cochero de Panin, introdujeron elementos que no compaginan con lo dicho en la Temporada 2.

                               Gertrudis y Blas o Simplemente te regalo una rosa

Siempre se pensó que Gertrude (que nunca supimos que murió) había confiado los secretos de su ama a Stepan Sheskovski por voluntad propia. Ahora nos la muestran torturada— y dos veces— porque el jefe de la policía secreta insiste en torturarla una segunda vez para cotejar una segunda confesión con la primera. ¡Acaba matándola!



Yo percibía a Stepan Ivánovich como un hombre astuto, contenido, inteligente, que utilizaba la tortura solo cuando la creía necesaria. Ahora se nos revela como un sádico y fanático religioso que besa iconos antes de azotar a una mujer inocente.

Se supone que debemos alegrarnos cuando Stepan Ivánovich es seguidamente regañado por la Emperatriz. No por haber asesinado a Gertrud sino por su chambonada con Tarakanova. Nuevamente vemos la ambigüedad moral de Ekaterina que, después de haber demostrado su odio por la usurpadora, se escandaliza ante la idea de que puedan vincularla con un intento de asesinato.

          La Cucaracha le va a quitar el trono y el novio a Ekaterina

En realidad, es una muestra del carácter controlador de una mujer que ven en iniciativas de otros el germen de revuelta, pero la gran muestra de ambigüedad moral de la Emperatriz es su reacción al adulterio de su nuera. Si en la Segunda Temporada la vemos irrumpir indignada en el cuarto de Natalia y pisarle el borde de la bata hasta hacer rodar a la adúltera por el suelo, ahora es muy sutil y conciliadora. Le dice a la nuera que, si tiene un enamoramiento que lo conduzca discretamente, y cita a Diderot “Las mujeres se odian entre ellas, pero siempre se apoyan” (con razón siempre me ha caído mal Diderot).


                                 Tal suegra, tal nuera

Hay una total falta de respeto por el hijo. A Ekaterina no le importa que lo sepan cornudo, no le importa que le impongan un bastardo.  Le dice a Sheshkovsky que no castigará a Natalia sino hasta que haya parido un heredero. Ni siquiera castiga a Razumovsky. Eso hace más cruel su revelación del adulterio a Pavel Petrovich, tras la muerte de Natalia.

Yo diría que no se sabe quién es peor, si Ekaterina o su nuera. Contrasta su falta de afectos con Tarakanova que al menos siente cariño por los Oginsky (que fungen como el r2d2 y el 3cpo de esta Princesa Lea) y se enamora sinceramente de Orlov. Otro contrapunto de las ambiciosas adulteras es la devota Nelidova, fiel amiga (El Zar siempre juró que su relación era platónica) de Pavel Petrovich.

                Los Oginski atienden a su princesa
                          Tarakanova se despide de los Oginski

El problema con Tarakanova es que le quita espacio a La Revuelta de Pugachev. Aunque no lo caricaturizan como en la serie de HBO, Pugachev es visto como una bestia, violador y asesino, pero eso no quita que mantuvo en jaque al imperio de la arrogante Ekaterina. Aun así, su historia aburre hasta la toma de Kazán donde realmente vemos su poderío y como lo ejerce (con gran crueldad).

                                 Pugachev y su verdadera familia

En suma, no se necesita haber visto las demás temporadas para disfrutar de esta tercera. “Impostores” funciona bien como miniserie limitada ya que a la par de los rivales de la Emperatriz por su trono de nieve, nos muestra la falsedad de su corte, la duplicidad de sus cortesanos y el egoísmo de una soberana caprichosa y voluble. Al final, uno está de acuerdo con Pavel Petrovich de que, si las mujeres van a gobernar dejando que las gobiernen sus emociones, mejor será que no gobiernen.

                                 Pavel Petrovich y su esposa

Me he quedado con las ganas de saber más de Pavel Petrovich, mi personaje favorito en toda la saga de su madre-emperatriz. Habrá que esperar. Entretanto quedan media docena de series rusas que cubren los quehaceres de los rusos antes de la Revolución, en ese periodo más favorecido por los amigos del drama de época: el siglo XIX.

 

Novelistas y Clásicos Literarios

Mas que emperadores aquí priman los escritores. Ya vimos lo que hicieron con Nikolái Gogol, convirtiéndolo en detective y exorcista. Mas terrena es “Dostoievski” que cubre la vida revolucionaria jugadora y aventurera del autor de Los Hermanos Karamazov. Como Fyodor me interesa tan poco como sus novelas, ni la toque, pero para el fan de Dostoievski, está completa en Tubi.



Del 2014 es la adaptación de Los Poseídos que en inglés se llama “Demons”. En la universidad me vi obligada a leer sobre las rivalidades entre Stavrogin y Piotr Berkhovenzki dentro de una célula revolucionaria en la Rusia decimonónica. Hoy ni quiero acordarme de ella.



Extraordinario que en esta década que nos dejó, en Italia e Inglaterra se hicieron versiones de La Guerra y la Paz, pero ninguna en Rusia. En cambio, tenemos dos versiones de Anna Karenina, muy bonitas, muy elegantes, pero muy conocidas.

Ha habido tantas versiones a lo largo de la historia del cine que creo que todos nos hemos quedado con una que es nuestra favorita. Las mías son las dos interpretaciones de Greta Garbo (seguidas no muy de cerca por la de Sophie Marceau) y no puedo ver el texto tolstoyano sin pensar en los pómulos de la esfinge sueca.



Una de las nuevas versiones es vendida bajo el título “El cuento de Vronsky” y pretende darnos la perspectiva del hombre que causó la desdicha de la heroína de Tolstoi. Comienza de manera muy interesante en un escenario muy lejano del texto original, Manchuria durante la Guerra Rusojaponesa. Sergei Karenin, médico militar, atiende las heridas del Coronel Conde Vronsky. Eso motiva una confesión por parte de Vronsky de su relación con la madre de Sergei, Anna Karenina.



Aunque la premisa sea interesante, la historia es la misma. No ofrece variaciones. La diferencia es que Vronsky pasa a ser la victima de esa Anna que aparece al final, la celosa, la agresiva, la desconfiada. El personaje nos comienza a caer tan mal que ya queremos nosotros aventarla la línea del tren.

¿Quién Dijo que no Hay Esclavos Blancos?

Debido a la extraordinaria historia rusa del siglo XIX, nos encontramos con una interesante saga que recuerda a la “Esclava Isaura”, a la colombiana “La Esclava Blanca” y la novela de Robert Penn Warren Band of Angels. Es nuestro encuentro con el fenómeno ruso de los siervos, esclavos blancos que vivirían en servitud hasta 1855.

Aunque me dicen que la más parecida a “Esclava Isaura” es la ucraniana “Amor Encadenado” que está en Amazon, Tubi nos ha traído la fascinante “Vida de una ama” cuyo verdadero título es “Volnaya Gramota”, en traducción es el documento con el que se libera a un siervo. Polina Petrovna Lebedova es la hija adoptiva del Príncipe Golovin. Muy mimada por su benefactor, Polina vive en Golovinka como dueña y señora, rodeada de privilegios, amor y paz. Sin nunca preocuparse que sus amados criados, incluyendo a Tatiana, su hermana de leche, sean esclavos. Tampoco Polina se preocupa por conocer sus orígenes. Mas curiosidad le inspira la rivalidad de Golovin con su vecino El Conde Krechetsky.



Después de haber rechazado las propuestas matrimoniales de varios jóvenes acaudalados, Polina acepta un compromiso con el oficial Nikolái, pero en la noche en que se anunciará el noviazgo, Golovin muere de un infarto, e intestado. Su fortuna cae en las manos de su sobrino borrachín quien descubre que Polina es hija de una sierva, por lo tanto, una propiedad más.

El sobrino remata todas las posesiones incluyendo a los siervos quienes caen en las manos del cruel Conde Krechetsky que rápidamente cambia las reglas, impone castigos corporales, abusos, bueno lo que hemos visto en las telenovelas brasileñas. Krechetsky se ensaña principalmente en Polina a la que degrada, maltrata y acosa sexualmente. Existe una verdad detrás de Polina, pero solo la conocemos nosotros, y un par de siniestros personajes encabezados por el notario Boris quien es el causante de la ruina de la ama/sierva.

La noche en que falleció, el Príncipe Golovin firmó dos documentos. La carta de libertad de Polina y un testamento en el que la declara su hija y heredera de toda la fortuna. Boris cambió el nombre de Polina en la carta por el de Tatiana de la cual estaba enamorado y escondió el testamento. Ese último documento rebotará de mano en mano hasta llegar donde debe. Entretanto, Boris y Tatiana huyen dejando a Polina abandonada su suerte.

                              Boris y Tatyana en San Petesburgo

La suerte de esta Cenicienta es decidida por los caprichos de Krechetsky, por el despotismo de su esposa Anna, por el rencor de campesinos que una vez la vieron como su benefactora y ahora gozan con su ruina. Se les agregan las criadas de Krechetsky con quien debe compartir cuarto y cuyo gesto más amistoso es meterle ratones en la cama a la nueva sierva.






Sin embargo, no todo es oscuridad en la vida de Polina. Todavía le quedan aliados como el pope del pueblo quien conoce la verdad de su feligresa, pero está atado por el secreto de confesión; el médico del pueblo, y Vera, quien, a pesar del esnobismo de su madre, insiste en seguir siendo amiga de Polina.



No toda la Familia Krechetsky es perversa. Ahí está el pequeño Ilya, hijo único del Conde Andrey, que en sus cortos años ya sabe más de compasión y tolerancia que sus padres. Ahí está su tío, el conde-capitán Dimitri Krechestsky, un joven e idealista oficial que se enamora de Polina. Por la libertad de la sierva, Dimitri está dispuesto a sacrificarlo todo incluso su propia libertad entrando en un matrimonio de conveniencia que le impone su hermano..



No sigo porque espero que la vean y vean la evolución de los personajes y las muchas sorpresas que nos darán. Solo me detengo en el modo en que “Life of a Mistress” trata temas, para mí, valiosos. El primero es la amistad que trasciende géneros, edades y estratos sociales. Lo vemos en la amistad de Polina y Vera, de Polina y el doctor, incluso entre Anna y su fiel gobernanta, que, aun siendo libre, insiste en seguir a su ama en su nuevo destino.

                      vera, a escodidas, visita a Polina

Lo vemos en el amor de Polina y Dimitri, un amor que construye en vez de destruir a diferencia del de Tatiana y Boris, y otras relaciones románticas de la serie. Una serie que se distingue porque los autores del caos y los empujados al crimen por debilidades de carácter son los hombres. Aunque hay hombres que auxilian a Polina, es ella y su espíritu que evoluciona a través de cien vicisitudes, los que la ayudarán a superar su desgracia.



Polina logra prevalecer sobre todo tipo de horrores, y demostrar que es la única verdadera aristócrata del cuento, siempre comportándose con dignidad y nobleza sea en un pozo de carbón, un convento o un burdel. Pero no es la única mujer fuerte de un cuento donde las tragedias femeninas son tan espeluznantes que más de una elige la vía fácil del suicidio.

                               Vera y Polina en un burdel

Hay otros personajes femeninos que también sobrepasan prejuicios, esclavitud y malos matrimonios. Aunque no nos parezca que la felicidad pueda residir en tomar hábitos religiosos, casarse con un médico maduro o acompañar al amante a un exilio siberiano, lo importante es que son decisiones que son tomadas por mujeres que por su sexo o estatus social están predeterminadas a no tener voz.



Recalco este detalle sobre “Life of a Mistress” porque en mi próxima entrada mostraré historias que tienen lugar en la Unión Soviética donde supuestamente la mujer vivía en condiciones de igualdad con el hombre. Por el contrario, las tres series que voy a reseñar (todas tienen lugar entre 1954 y 1963) describen mujeres atadas al doble estándar, condenadas a no poder sobresalir en su trabajo, y como áreas laborales como el modelaje y el atletismo eran antros de abuso/acoso sexual.

Todas estas series pueden ser encontradas en Amazon Prime o (si residen en America del Norte) en Tubi. Si conocen otras plataformas donde puedan ser encontradas, avísenme.