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jueves, 12 de febrero de 2026

Victoria-Eugenia de Cenicienta a Enfermera: Ena en RTVE

 


Hace un par de años tuvimos un torrente de miniseries sobre reinas y otras damas de sangre azul. Me sorprendió que la televisión española no se sumase a esa moda. Ignoraba que habían hecho una serie sobre la Reina Victoria Eugenia, la bisabuela del actual rey Felipe. Ahora, dos años después de ser engavetada, se puede ver Ena por TVE y la señal internacional de RTVE. ¿Pero cómo se trata a esta mujer fascinante y desdichada en el pedrosanchismo?

La Reina Desconocida

De pequeña sabía que los reyes y reinas no eran cosa de cuentos de hadas. Las revistas de mi madre me confirmaban la existencia de emperatrices como Farah Diba, princesas como Grace de Mónaco y reinas como Isabel II de Inglaterra a la que mi escuela británica me llevó a conocer con motivo de la visita de la soberana a Chile en noviembre de 1968.

Fue ese año, que en  (creo) Vanidades encontré un artículo de varias páginas dedicado a una ancianita que aparecía en las fotos con un bebé en brazos. La identificaban como la Reina Victoria Eugenia y el nene era su nieto Felipe (el actual Felipe VI). La lectura me informó que vivía en Suiza, y que era su primer viaje a España luego de la abdicación de su esposo, Alfonso XIII.

                  La Reina Victoria Eugenia fue madrina del actual Rey de España 

De reyes de España yo solo conocía a los Reyes Católicos. A mis nueve años ya sabía que quien mandaba en España era El Caudillo. Ahí no había reyes. Con el tiempo me fui enterando de detalles sobre esta abuelita, que era nieta de la reina Victoria y de los Mountbatten (Battenberg en ese entonces). La reina Vicky había permitido esa boda desigual entre su hija menor y el hijo de un matrimonio morganático, exigiendo, a cambio,  que los novios viviesen siempre con ella.

También me enteré que el día de su boda, a Victoria Eugenia o Ena como se la conocía en familia,  un anarquista le había lanzado una bomba. ¡Vaya regalo de bienvenida! Hace un par de años, y a raíz de Tiempos de Guerra, que vine a conocer las desventuras de la Reina Ena, un matrimonio por amor que se volvió de dolor gracias a suegra controladora, cortesanos desleales, hijos enfermos y un marido infiel. Se parecía un poco a la historia de su prima María de Rumania, pero en vez de echarse amantes y de promocionar productos de belleza como Missie, Doña Ena se había encargado de cambiar el sistema de salud de su pueblo.

“La Reina Enfermera” la apodaron por su fundación de hospitales, por su reforma de la Cruz Roja española, y por crear una organización que preparó profesionalmente a enfermeras que sirvieron en España y en Marruecos. No voy a agregar más de lo que ya expuse en las bio-entradas sobre Su Majestad y su compinche la Duquesa de la Victoria, prefiero revisar lo que la serie nos cuenta y lo que falsea.

                               La Duquesa de la Victoria pasea con su reina.

¿Era Ena una Cenicienta de Segunda Fila?

Comenzamos con el primer encuentro, romance y compromiso entre el Rey de España y la nieta de la Reina Victoria. Aunque no es cierto que Patricia de Connaught (que terminó casándose con un plebeyo) haya ilusionado a Alfonso XIII para darle calabazas en medio de un baile, es verdad que Victoria Eugenia era un poco “Cenicienta”. El rey si coqueteó con Patsy Connaught y con Bee de Sajonia, pero prefirió a la prima de ambas, a pesar de no tener ella tanto pedigrí.

También es cierto que ABC se inventó ese concurso de buscar a la futura reina consorte entre varias candidatas y que los lectores eligieron a Victoria Eugenia de Battenberg. En cuanto a la intromisión de la emperatriz Eugenia, no creo que haya sido tan fundamental. Me sorprende que después de décadas de exiliada en Inglaterra (e hija de irlandesa) Eugenia de Montijo no hablase inglés. Tal como me sorprende que Ena y su pretendiente se cartearan en francés, cuando Alfonso, que había estudiado en Ampleworth, el famoso internado jesuita en Oxford, debería hablar inglés.



Sin embargo, donde más ha exagerado (licencia dramática) el guion es el hincapié en la falta de dote y estatus de “segunda fila” de Ena. Aunque es cierto que Patsy Connaught, por línea materna, estaba emparentada con el Kaiser, y Bee era nieta del Zar de Rusia (y hermana de la Reina de Rumania), es falso un encabezado de periódico ingles que muestra la serie que dice que Ena “no tiene sangre real”. Su madre era princesa, hija de una reina y un príncipe, y su padre descendía de la casa real de Hesse.

Se dice en la serie que la razón por la cual los reinos europeos solo enviaron parientes segundones a la boda es porque la novia no era de la realeza y porque el Rey de Inglaterra se oponía a la boda. Si bien fue histórica la ausencia de reyes y príncipes herederos entre los invitados, más se debía a que Españaa menos de una década de su derrota ante Estados Unidosya no era considerada una potencia. Vemos que Patsy Connought se niega a ser reina de “un país de bárbaros ”. En su sermón a su sobrina, Eduardo VII le recuerda que España es un país atrasado.

Por otro lado, el rey inglés le concedió a su sobrina un título de “Alteza Peal”, antes de la boda, para colocarla al nivel de su nuevo marido. Quien me ha dado pena es la princesa Beatriz de Battenberg que es ninguneada por todos comenzando por la serie. Para empezar solo tenía 48 años cuando su hija se comprometió, pero la retrata una actriz anciana. Tan viejita que a ratos yo la confundía con Miss Cochrane.



Cuando la ex Emperatriz de los Franceses lleva a la ahijada para que la fotografíen para el concurso (ABC utilizó ilustraciones, no fotos), la madre de la concursante es empujada a un costado junto a Miss Cochrane como si fuese una criada y no una princesa real con más pedigrí que Eugenia de Montijo. El acabose es cuando en Biarritz, para el compromiso, Alfonso primero la ignora y luego le hace un gesto como el que se le hace a una mascota para que se retire y lo deje a solas con su novia.

En cuanto a Miss Cochrane, por más que la he buscado no existió. Ena fue muy amiga de Lady Jean Cochrane, una aristócrata escocesa, pero ni ella viajo a España con su amiga ni era una anciana. Para acabar, María Cristina (apodada Doña Virtudes), la Reina Madre, que vivió casi todos los desaires y momentos amargos de su nuera, deseaba por nuera una Habsburgo, pero su gran reparo con Ena fue la religión y la hemofilia.

                                           La ficticia Mss Cochrane

Victoria Eugenia se convirtió, sin hacer aspavientos, al catolicismo, pero no pudo evitar que dos de sus hijos sufriesen la enfermedad que dos hijas de la Reina Victoria, Alicia y Beatriz, más una nieta, la Zarina Alexandra, traspasasen a algunos de sus hijos.

La Verdadera Historia de Mateo Morral

Aunque sabido es que el reinado de Victoria Eugenia comenzó con el pie izquierdo debido a un atentado, hay detalles en los que la serie me ha ilustrado o empujado a investigar para saber si son ciertos. Yo no sabía que Mateo era hijo de un industrial y que el fanatismo religioso de su madre lo convirtió en ateo. Tampoco que sus esfuerzos por concientizar a sus obreros hicieron que su padre lo desheredase.

Hambriento de justicia social, (y de un plato de comida) Morral se apareció en Barcelona a entrevistarse con Fransec Ferrer, fundador de la Escuela Moderna, quien le dio empleo de bibliotecario. Tras el atentado, se trató de vincular al asesino con Ferrer quecomo muestra la serieacabó fusilado durante la Semana Trágica de 1909.



Hasta su muerte, Ferrer negó haber sabido de los planes de Mateo Morral. Solo que el hombre había tenido un cambio tras enamorarse de una de las maestras, Soledad Villafranca . La reconocida anarquista era profesora en la Escuela Moderna y amante de Ferrer. Obvio que rechazó las pretensiones de Morral orillándolo a una depresión que acabaría en su intento de regicidio.

                               Francisco Ferrer y Soledad Villafranca

En la serie, culpan ese acto y el anarquismo violento del cuasi regicida a  Norah, una bibliotecaria revolucionaria y única sobreviviente de Bandera Negra, una célula anarquista rusa. Efectivamente, Mateo (que era guapetón) tuvo amores con una nihilista rusa, pero no fue la única revoltosa con la que mantuvo cercanía.

En la serie, Norah pone en contacto a su amante con Nicolas Estébanez,  ex Ministro de Guerra de la Primera República. Lo cierto es que Morral admiraba a Estébanez desde hacía tiempo. se cartearon y  se entrevistaron. Si le creemos a Pio Baroja, fue Estébanez quien  trajo a España la bomba Orsini que Morral obsequió a les reales novios.

En la serie, Estébanez recomienda a Mateo solicitar la ayuda del periodista Nekens quien pone al joven anarquista en contacto con un tal “Dinamita”,  un individuo de baja calaña que le da un entrenamiento chapucero para atentar contra la vida de Alfonso y su consorte. Será Dinamita también quien mate a Mateo Morral para que no delate a sus ayudantes.

                                  Dinamita despacha a Mateo

En la vida real, Nekens fue relacionado con el atentado y arrestado. El juró que solo conoció a Mateo después del fracasado regicidio y que solo le dio albergue por una noche. “Dinamita” es una invención de los guionistas. En cuanto al asesinato, se basa en un reporte médicoescondido por un tiempo que afirmaba que el tiro fatal no pudo salir ni del muerto ni de su revolver.

               Romanones exige que se oculte la causa de la muerte de Mateo Morral

A pesar de que el personaje de Morral pretende inspirar un poco de lastima, a mí me la da poca. ¿Al final para qué mató a 24 personas inocentes? Ni hablar de los caballos cuya sangre empapó el vestido de la novia. Se dice que creía que el regicidio provocaría una revolución y con esta el fin de la monarquía. Errado estaba, puesto que su hazaña cayó tan mal en la gente, que fue fácil para unos pueblerinos reconocerlo y entregarlo a las autoridades. O sea no estaban con ánimos de revolución o de celebrar la muerte de su rey.





Además, muerto Alfonso había una galería de posibles regentes, encabezados con quien ya tenía experiencia en el cargo, la Reina Madre. Eso, si el heredero aceptado fuese el sobrino de Alfonso, el Duque de Calabria. Pero también el trono pudo haber pasado a manos de María Teresa de Baviera, hermana del rey

¿Fue la Reina tan Poco Querida?

Siempre se ha dicho que los españoles fueron injustos con la “Reina Enfermera”, que no la supieron apreciar y la despreciaron “por extranjera”. Se la ha comparado con su prima la Zarina Alejandra, que tuvo de los rusos un recibimiento (y una despedida) peor.

Lo cierto es que el pueblo español recibió a Ena con las mismas pullas que recibiese antes a María Cristina, que si no hablaba bien español, que si era extranjera, que si era impávida, etc. Se le agrega a Victoria Eugenia el considerársela frívola y esa culpa tan injusta, que también compartiera su prima Alix, de parir hijos enfermos.



Quienes compartieron con Ena su cruzada para reformar el sistema sanitario, quienes vieron sus esfuerzos por los más vulnerables, quienes sintieron su buena influencia, la percibieron de otra manera. Además cabe preguntarse qué querían los españoles. ¿Una “reina castiza” como la Isabel II a la que echaron a patadas o una adolescente tísica como María Mercedes? Ellas hablaban bien español y eran más expresivas, pero se necesitan mayores virtudes para ser una buena consorte.

Lo cierto es que el pueblo llano y la burguesía recibía su información “desde arriba” y los peores enemigos de la reina (aparte del marido) fueron su suegra y sus cortesanos encabezados por el reptílico Marqués de Viana. Aunque la suegra , en la serie, parece apiadarse de Ena y tomarle cariño, en la realidad siempre la ningunea e hizo lo increíble, prefirió a los nietos bastardos antes que a los legítimos.

Es cierto que Ena trajo costumbres extranjeras y modernasmás que el pastel de bodas a España. Fumaba, conducía su automóvil, bailaba los ritmos del momento y se vestía muy chic. Ya en 1914 se habla de que Balenciaga le diseñaba ropas. En ese entonces el Maestro tenía su atelier en San Sebastián. Lo que no me creo es que Ena y su prima patinasen, semi desnudas, por las salas del palacio. Eso es una alusión a la costumbre de Diana de Gales de patinar (vestida) por los pasillos de Buckingham y es un cliché moderno el comparar a todas las reinas desdichadas con Lady Di .

                     Ena presenta a Bee con su primo político, Alfonso "Ali" de Orleans


Lo que el pueblo si encontraba reprochable es que su reina no gustase de la comida española y de la fiesta taurina. También molestó su “impavidez” ante el atentado. Eso es pura mala leche y un culpar a la víctima. La reina estaba en shock y es un milagro que haya podido contener sus nervios. Lo que pasa es que la serie le pone color y es que quieren tratar de mostrar lo mejor de Alfonso. Entonces quieren indicar que fue él quien tomó la iniciativa de mostrarse sonriendo al pueblo. Ni siquiera muestran que Ena salió al balcón con un vestido manchado con sangre.



Por otro lado, la serie miente al decir que no se cancelaron las festividades. Si se canceló el baile oficial y el banquete fue muy discreto. Lo que no se cancelaron fueron las festividades publicas programadas para el pueblo y que tuvieron lugar días después de la bomba.

En realidad, no fue el pueblo el enemigo de Victoria Eugenia, sino su suegra, una camarilla de chupamedias oportunistas yprincipalmentesu marido.



El Rey Infiel

Pilar Eyre lo ha llamado “depredador sexual” y algunos historiadores han hablado de Alfonso XIII como un adicto al sexo. No reparan, pobres plebeyos, que la sexualidad de los reyes es más desmesurada que la de los meros mortales. El esposo de Victoria Eugenia traía esa desmesura en los genes.

Su abuela y tatarabuela paternas eran tan promiscuas que nunca se sabía quién era el padre de sus hijos. El abuelo Fernando VII tenía un miembro viril tan grande (y lo usaba en consecuencia) que una de sus esposas, al verlo desnudo en su noche de bodas, se orinó. El mismo Alfonso XII se las arregló, a pesar de su tuberculosis, para preñar a su esposa y a su amante.

Antes de su boda, ya Alfonsito XIII traía cuento y un hijo fuera del matrimonio al haber sido padre del futuro horticultor y Justo entre las Naciones, Roger de Vilmorin. Ya casado, Alfonso no cesó de perseguir mujeres, incluso en su propia casa, preñando a dos nanas de sus hijos. De una no se le sabe el nombre, solo que abandonó el fruto de su pecado en los peldaños de una iglesia. Más documentado está el nacimiento de Juana Alfonsa, producto de los amores del monarca con Beatrice Noon, la institutriz escocesa de los príncipes.



 Los más famosos bastardos reales son María Teresa y Leandro Alfonso, hijos de la actriz Carmen Ruiz Moragas. A pesar del mucho bombo que se les da en la serie. A pesar de que en la vida real, Doña Virtudes les hizo muchos mimos y hasta pensó en que llegasen al trono,  no pasaron de ser chocheces de abuela vieja. Alfonso nunca los reconoció y Leandro tuvo que apelar a los tribunales, décadas después de muerto su padre, para poder usar el apellido “Borbón”. Según documentos de la policía secreta de Mussolini, el Rey Alfonso tuvo otra hija, Carmencita, cuya madre fue la actriz Carmen de Navascués.




No fueron las infidelidades las que separaron a Ena y Alfonso. Ella tampoco venía de una familia muy puritana. Su tía Luisa, de soltera, se embarazó del preceptor de su hermano. La abuela Vicky mucho dio que hablar con su cercanía al excuses John Brown y del Tio Eduardo... mejor ni hablar. Por algo Henry James le colgó el sobrenombre de “Eduardo, El Acariciador”. Lo que mató el amor de Ena fue el modo descarado en que Alfonso condujo sus conquistas y el ninguneo con el que trató a su real cónyuge.

El comportamiento del rey fue copiado por los cortesanos y eso fue la gota que llenó el vaso de la reina. De parte de esa camarilla llegaban al pueblo los chismes ,todos culpando a Victoria Eugenia. Se decía que la sangre ardiente del rey español exigía más de lo que podía dar una inglesa fría y flemática. Si, tan fría que en siete años parió siete hijos. Así no hay cuerpo que aguante.

                                 Ena y Fernando, su hijo muerto

Mas grave aún para los españoles era que la reina solo alumbraba hijos enfermos incapaces de reinar. Grave mentira. Ena tuvo (como dice el cuplé) siete hijos en siete años. Con la falta de conocimientos ginecológicos y tecnología médica de su tiempo, lo normal es que dos se perdieran al nacer. De los otros cinco, el mayor, Alfonso y Gonzalo el más pequeño, heredaron la hemofilia. Los otro cuatro nacieron perfectamente sanos.




Algo que serie y vox populi parecen olvidar es que Don Jaime nació normal. A los cuatro años, sufrió de una grave infección auditiva. Le practicaron una cirugía chambona que lo dejó sordo y solo por eso se le desgració la vida y se le arrebató el derecho al trono a él y a sus descendientes. Aun así Don Juan ,Conde de Barcelona y las hijas salieron sanas. Ni Doña Beatriz ni Doña Cristina tuvieron hijos hemofílicos así que fue una crueldad y cobardía acusar a la reina de no dar un heredero al trono cuando aportó cuatro.

La serie, aparte de convertir a Ena en victima (lo fue) y feminista (no lo fue), es ambigua con el rey. Nos lo describe como un sátiro, mal marido, mal padre y más encima inventor de la industria porno en España, pero también nos lo muestran preocupado por el pueblo y todo el episodio de la Oficina Pro-Cautivos fue idea suya lo que evidencia su gestión humanitaria y preocupación por otros.

Ena está bien actuada. Me han gustado mucho la pareja principal, a la anglo-danesa Kimberly Tell solo la vi en un rol menor en Operación Barrio Ingles.  Nunca había visto a Joan Amargo. Me ha impresionado Elvira Minguez (la madre de Sira en Tiempo entre costuras).



Desde un punto de vista estético, la serie es una preciosidad que goza de la iluminación y el tono rosa sepia de las antiguas producciones de época españolas lo que permite apreciar los decorados y los palacios. Mención aparte el vestuario de la reina que cubre las modas de cuatro épocas y es exquisito.

Contenido Violento y Gory: El primer episodio tiene las escenas sangrientas del atentado y eventual asesinato de Mateo Morral. Lo más Gory es la cabeza de un moro que le presentan a la Duquesa de la Victoria a su llegada a Marruecos

Contenido Sexual y Desnudos: A pesar de mucho cotorrear sobre el “cine erótico” y las conquistas del rey, no hay nada gráfico. A lo más una imagen de los reyes en su luna de miel semi cubiertos con una sábana.



Factor Feminista: Serie de RTVE-en-tiempos-del-pedrosanchismo debe traer un mensaje del más rancio mituterismo monterino. Pues no creo que Doña Ena se haya explayado ante la prensa diciendo que “las mujeres servimos para algo más que parir” Aparte de ser palabras impropias de una reina, el ponerse a la altura de todas las mujeres no hubiese quedado bien en la percepción de entonces de la monarquía y menos hablar de partos de parte de una madre estigmatizada por las enfermedades de sus hijos.

El feminismo de Victoria Eugenia se manifestó en sus reformas de la salud y en darles a las españolas la oportunidad de estudiar enfermería, de especializarse en métodos modernos y en llevarlos a otros puntos del mundo como la zona de conflicto marroquí. Eso en una época en que era mal visto que una mujer saliese de casa sin compañía aunque fuera a hacer compras.



Factor Diversidad: Aparte de la cabeza de moro que le obsequian a la Duquesa de la Victoria a su llegada a Tetuan, no vemos más que personajes caucásicos. Eso sí, se presenta ese conflicto omnipresente entre anglosajones y pueblos mediterráneos. Los españoles no quieren por reina una que exhibe flema británica y los ingleses no quieren que su princesa se vaya reinar sobre “barbaros y salvajes”.


                                               La opinion del Tío Eduardo


En cuanto otro tipo de diversidad, me ha molestado como manejan el tema de las enfermedades de los hijos de Ena. A Jaime lo ponen como retrasado. El perder el oído no vuelve a un ser humano  un débil mental. A Alfonso lo llevan en silla de ruedas y también actúan como si la hemofilia le hubiese devorado las neuronas. En realidad, Alfonso fue bastante funcional, un playboy que se casó dos veces y murió en un accidente automovilístico.

jueves, 22 de febrero de 2018

Felipe “El Huno” y la Casa de Battenberg: Lo que aprendimos con "The Crown"



En el Siglo XIX, en los reinos de Italia, Alemania y Rusia apareció un nuevo fenómeno, los matrimonios entre plebeyas y príncipes de sangre real. Vale decir que cualquier mujer que no fuese princesa o duquesa era tildada de plebeya. Los soberanos no tenían más remedio que encasquetarles un título de nobleza y mandarlos a otros lados para que no los abochornasen. Uno de esos casos fue el de la Casa de Battemberg de la cual saldría Felipe de Grecia, otro sería la familia de Teck de la cual vendría Isabel II. Por todos lados, los genes alemanes forman un vínculo entre los Esposos Mountbatten.

Los Teck provienen de la unión irregular de un hijo del Duque de Wurtemberg y de una condesa húngara, Claudine de Rhedy, muy aristócrata ella, pero no lo suficiente para un príncipe. Primero, el Duque les dio el título de Condes de Hohenstein. Con ese título tan pobrete, el primogénito Francisco no podía aspirar a la mano de ninguna princesa. Sin embargo, el chico era avispado. 

Se fue a Inglaterra a cortejar a la Princesa Adelaida, hija del Duque de Cambridge, uno de los muchos tíos de la reina Vicky. Adelaida era treintañera, solterona y obesa. Le encantó ser cortejada por este guapo teutón. Se casaron y el admirado abuelo Wurtemberg los nombró Duques de Teck.
Princesa Adelaida

La pareja tuvo cuatro hijos y a todos les fue bien. El mayor recibió un título inglés, Marqués de Cambridge, y se casó con Lady Margaret Grosvenor, la hija del millonario Duque de Westminster. Su hermano Francis lo pasó mejor, se le inventó un título para él solito, Conde de Athlone, cuando se casó con la princesa Alicia, una nieta de la reina Victoria, pero a la que si le fue de maravilla fue a Mary, la única hija mujer de los Teck.
Los Duques de Teck con su hija mayor, María

Como la Rina Victoria vivió hasta casi los cien años, tuvo mucho tiempo para organizar los matrimonios de sus hijos y de sus nietos. De esos los más importantes fueron las uniones de los hijos de su heredero, el Príncipe de Gales. El mayor se llamaba Albert Victor, lo apodaban "Eddy",  y alrededor de él se han tejido mil leyendas, como que era el verdadero Jack el Destripador. Lo que no es leyenda es que Eddy, quien portaba el título de Duque de Clarence, moría de amor por Helena de Orleans. Hija del pretendiente a la corona francesa, Helena era muy linda y linajuda, pero era católica.

Helena estaba tan enamorada que ofreció hacerse protestante. Conmovida ante esta muestra de cariño, Victoria apoyó a la pareja, pero les salió oposición férrea al camino. Primero el Marques de Salisbury (nunca confíen en un Cecil) que como primer ministro hizo varias cosas nefastas en contra de la unión. Luego el Conde de Paris, padre de Helena, negó su permiso.  Por último, el Papa les negó una dispensa para un matrimonio en el cual pudiesen conservar sus respectivas religiones. Esta es una historia más triste que la de la alocada Margarita y Peter Townsend.
Helena de Orleans

Helena terminó casada con el Duque de Aosta. Eddy  nunca se consoló, pero aceptó casarse con una novia que su familia y Salisbury aprobaran, una buena princesa anglo-germana, Maria de Teck. El Duque de Clarence tuvo la última palabra sucumbiendo a una gripe antes de la boda. A la pobre Maria no le dieron tiempo de vestirse de luto. Rápidamente la comprometieron con el que iba ser su cuñado, el nuevo príncipe heredero y futuro Jorge V. Esa es la historia de la Reina Mary.
Boda del príncipe Jorge y María de Teck

“The Crown” nos muestra las raíces alemanas de la Reina Viuda en la escena en que el Duque de Hanover llega corriendo a escandalizarla a ella y al Duque de Windsor con el cuento que Dickie Mountbatten planea ser la sombra tras el trono e instalar una nueva dinastía gracias a su sobrino. 

Morgan hace que en la escena todos hablen en alemán, que la reina Mary no rechace ni sus raíces ni su parentesco con casas reales alemanas. Incluso podemos entender la simpatía que el Duque de Windsor tenga por el país de sus antepasados.



Lo que no entiendo, y encuentro totalmente hipócrita, es el miedo a los Mountbatten y al modo en que esa familia pueda dominar a la corona. Es como si estuvieran hablando de perros mestizos cruzándose con perros de raza. Los Mountbatten son tan alemanes, tan refugiados y tan advenedizos como los Teck. Para entender a los Mountbatten hay que ir a su origen, una chica polaca llamada Julia Haucke.
Julia Haucke

Julia era hija de un gran militar polaco al que, en sus postrimerías, el ultimo reino polaco hizo conde. Despué, s el Zar de Rusia ratificó el título nobiliario gracias a los servicios del General Haucke al imperio en sus esfuerzos por afanarse una buena parte de Polonia. Los revolucionarios rusos le vieron cara de reaccionario y mataron al conde enfrente de sus hijas.
Julia en 1840

Julia y su familia quedaron en la miseria. Caterina, la hermana mayor se las apañó haciéndose amante del Duque de Mecklemburgo. Para no ser menos, Julia hizo lo suyo con el Príncipe Alejandro de Hesse, hermano de la Zarina. Pero algo ocurrió ahí. Cuando Julia entró en el sexto mes de embarazo, al Príncipe le entraron las ganas de matrimoniarse. Para cuando Marie nació, Julia y Alejandro se habían casado y convertido, cortesía del Duque de Hesse, en Condes de Battenberg.

Los recién casados iniciaron un peregrinaje por Europa, primero Austria, luego Milán y Verona, finalmente Suiza. Su vida nómada les tomó años y sus cuatro hijos nacieron en diversas partes del continente. El más pequeño Enrique nació en Suiza. 

Eventualmente, Enriquito gravitó hacia Inglaterra y se enamoró de Beatriz, la hija menor de la Reina Victoria.  Vicky que era tirana y mala madre, le había exigido a Beatriz (y eso que era su favorita) no casarse y vivir con ella para siempre. En un dilema, la enamorada princesa y su Enrique se atrevieron a apelar la a naturaleza romántica de la reina.

Victoria reaccionó encantada. Enrique no tenía donde caerse muerto, no tenía país al que le debiera lealtades y era un buen chico alemán como el “querido Alberto”.  Previa promesa de que los esposos acompañarían a la soberana hasta que esta yaciera en el féretro, Beatriz y Enrique recibieron permiso real y se casaron. Así gracias a la caridad de Victoria, España tiene rey hoy día.
Vicky, y su familia cautiva, los Battenberg y sus hijos. La bebé en los brazos de Enrique es la futura reina de España

Pero el más importante de los hijos de Julia Haucke fue Luís. A pesar de su estilo nomádico de vida, los Battemberg realizaban periódicas visitas a Darmstadt donde residían los Duques de Hesse. Ahí el pequeño Luís creció muy unido a la familia de su primo casado con Alicia de Inglaterra. Si, esa beba llorona que en la serie Victoria presenta a Sir Robert Peel.

Alicia le embutió al sobrinito un gran amor por Albión y cuando Luís tenía catorce años postuló para ser cadete en la prestigiosa Academia Naval de Darthmouth. Alicia le escribió a la madre, y Victoria usó su influencia para que lo aceptaran. Pronto Luís estaba haciendo carrera en la marina británica.

Cuando le llegó el turno de casarse, Luís eligió por esposa a su prima Victoria Alberta, hija de Alicia. Los recién casados se instalaron en Inglaterra. Para cuando a Victoria le llegaron los dolores del parto, su abuela la hizo venir al palacio. En presencia de la reina, la ahora Princesa de Battenberg alumbró a su primogénita, Victoria Alicia quien en 1905 se casaría con Andrés de Grecia. Ósea de ahí viene Felipe. Además, el hermano menor de Victoria Alicia fue “Dickie” Mountbatten. Ya nos internamos en terreno conocido.
Principes Battenberg con sus cuatro hijos: Alicia, Luisa, Jorge y Dickie

Me he pasado dos entradas contando como la familia real británica proviene de cepa totalmente teutónica; como Felipe, por muy alemanes que fueran sus padres, posee solidas conexiones con la Reina Victoria; y como a partir de la influencia del despreciado Alberto, la sociedad inglesa se volvió filo germánico. ¿En qué momento cambiaron las cosas al punto de que un príncipe griego fuese menospreciado por cortesanos y una reina de origen plebeyo? Pues la respuesta yace en las dos guerras mundiales.

En 1914 estalla la cruenta Gran Guerra que les costaría millones de muertos a ambos bandos. En Gran Bretaña surge una paranoia anti germana que llega a extremos calamitosos tales como los de destripar a perros salchichas. El ejército alemán es visto en términos sobrenaturales como una entidad diabólica. A los soldados se les conoce como “The Huns” (los Hunos) para deshumanizarlos asociándolos con los salvajes barbaros de las hordas de Atila. Pero La Familia Real está poblada de Hunos.

Aconsejado por sus ministros, Jorge V decide cambiar el nombre de su dinastía. Adiós a los Saxe-Coburgo y Hannover. El humilde apellido Wettin se transforma en el artificial Windsor. Cuando llega la noticia a Berlín, el Kaiser, muerto de la risa, pregunta si habrá que cambiar el nombre a la pieza shakesperiana “Las alegres comadres de Windsor, y si ahora pasarán a ser “Las alegres comadres de Saxe-Coburgo-Gotha”.

En Inglaterra nadie se ríe, los cambios de apellidos se vuelven primordiales. Los Teck se convierten en “Cambridge” y los Battenberg traducen su apellido (que significa Monte Batten) al más anglo “Mountbatten”. Las cosas se llevaron más lejos en el esfuerzo de hacer a los Battenberg más británicos. El hijo mayor de la Princesa Beatriz se convirtió en el Marqués de Carisbrooke. 

Aunque la Princesa Alicia nunca cambió su apellido a Mountbatten, su padre, quien había alcanzado el puesto de Primer Lord del Almirantazgo, pasó a ser Marqués de Milford Haven, título que heredaría su hijo George. En cuanto a Dickie, de príncipe pasó a ser simplemente Lord Louis Mountbatten (hasta su elevación, en 1947, a Conde Mountbatten de Birmania).
Los Battemberg pasaron a ser Mountbatten

Ni el fin de la guerra trajo paz a los nuevos Windsor. Conscientes de que sus orígenes siempre los perseguirían, los reyes motivaron a sus hijos a casarse con ingleses, aunque no fueran de la realeza, y miraron siempre con desconfianza a los Mountbatten. A pesar del cambio de nombre, los ex Battenberg seguían apegados a feas costumbres continentales como extravagantes estilos de vida, hábitos bohemios en lo que respecta a su vida sexual, y apego a liberalismos intelectualoides.

La germanofobia británica se tomó una tregua en los años 30s con el auge del pacifismo, las políticas de apaciguamiento, y el interés por parte de diversos sectores de la sociedad angla por La Unión de Fascistas Británicos. El hecho de que el Príncipe de Gales, por breve tiempo Eduardo VII, fuera pro Alemania también ayudó.

Todo cambió tras la abdicación. El nuevo rey y su formidable consorte representaban un estilo de vida doméstico, pero autóctono. Antes de que la Lutwaffe bombardeara el palacio de Buckingham, ya la Reina Madre odiaba a los alemanes. No se la puede culpar, perdió a un hermano en la Gran Guerra, otro fue prisionero. En el Castillo de Glamis que su padre había habilitado como hospital, la otra Elizabeth atendió cientos de soldados heridos por armas germanas. De ahí su fastidio por el yerno. Yo entiendo esa mentalidad (que también es la de Tommy Lascelles, un veterano del Somme, cuyo único hijo varón había resultado herido de gravedad en la Segunda Guerra Mundial), pero hay ciertos detalles un poco mezquinos sobre este fastidio que suscita Felipe.

Aunque es cierto que una encuesta indicó que el 40% de los ingleses estaban en contra de la boda, no creo que fuera por el origen genético del príncipe. Hasta el día de hoy, hay octogenarios británicos  que se refieren al Duque como “Phil, el griego”. así que no es lo alemán lo que les molestaba. Pero a la Reina Madre sí. ¿No sería porque temía que un matrimonio con un príncipe de origen teutónico recordase al pueblo que Isabel, por parte de padre, era alemana? ¿El temor a las hermanas Nazi de Felipe no nacería del miedo a que ese informe ultra archivado que delataba las conexiones de los Duques de Windsor con El Tercer Reich saliese a la luz?

La Queen Mum se llenaba la boca, bombardeando (a sus espaldas) a su yerno con epítetos como” El Huno” o “Johnny Kraut”, pero en realidad su desconfianza iba dirigida hacia la gente que había formado a Felipe. Los Mountbatten en su día habían sido amigos del Rey Eduardo, a quien su cuñada odiaba.  Es que es un poco absurdo hablar de Felipe, cuyo distinguidísimo récord militar claramente indicaba su adhesión a la causa aliada, como un alemán siendo que nunca habló bien esa lengua, ni vivió más de un año en Alemania.

Otra mezquindad es que la Reina Madre (y Margarita, siempre tan esnob) se burlen en “The Crown” de la familia de Felipe, mirándolos en menos. El Príncipe Andrés de Grecia venia de una antiquísima familia real que gobernó Dinamarca desde el siglo XVI hasta hoy en día, y la princesa Alicia compartía la misma herencia de Isabel. Felipe y su prometida descendían de los mismos Saxe-Coburgo, Hanover, Estuardo, Tudor, Plantagenet etc. hasta llegar a Rollo, el Vikingo.

Con todo respeto, pero Elizabeth Bowes-Lyon no tenía un pedigrí tan ilustre como el de su yerno. Así que cuando en su diario Sir Alan mordazmente se pregunta “¿de dónde viene realmente?” (Felipe), habría que recordarle que el nuevo Duque de Edimburgo es tan descendiente de Rollito como el mismo Tommy Lascelles.  (Mmm, por ser contreras, agrego que Sir Alan les ganaba a todos en antigüedad de pedigrí ya que descendía del legendario rey de Irlanda, ‘Conn, el de las Cien Batallas”) .

Y para terminar con la contradicción, controversia e hipocresía que se generó en torno a la germanidad del Duque de Edimburgo, voy a hablar sobre dos casos parecidos que tuvieron lugar casi simultáneamente a la Boda Real y que se solucionaron sin tanto bullicio ni incomodidad para los novios.

 El primero se refiere al “Primo Ernst”, conocido en la historia como Ernesto Augusto de Hanover.  Lo vimos en el capítulo “Smoke and Mirrors” gozando de la champaña de Dickie para luego ir a delatar a su anfitrión con la Tía Mary y el primo, Duque de Windsor, de que existía toda una “Conspiración Mountbatten”.

Los seguidores de “Victoria” sabemos que el reino de Hanover era como un spinoff de la corona británica, que ahí reinaban el tío Cumberland y sus descendientes. Aun después de Hanover pasar a ser parte del Alemania unida, siguió teniendo lazos con el Reino Unido. Algo que aprendimos en “The Crown”” es sobre la engorrosa Acta Matrimonial de 1772. Bajo las cláusulas de esa acta todos los matrimonios entre la realeza de Hannover deberían tener permiso de la Corona Británica antes de efectuarse.

Cuando en 1946, la Princesa Sofia de Hesse (hermana del Duque de Edimburgo) solicitó permiso del Rey Jorge VI para contraer nupcias con Georg de Hannover, hermano de Ernesto, se le negó, por el pasado nazi de la novia, un detalle que nada tenía que ver con las estipulaciones del acta. En 1951, cuando Ernesto Augusto solicitó la venia del mismo rey para casarse con Ortrud de Schleswig-Holstein (otra vez ese apellido) se le otorgó. Mas encima se le invitó al funeral del Rey Jorge. Y eso que Ernesto era nieto del Kaiser, había peleado en el frente ruso como parte de la Werhmacht y (de acuerdo con el tabloide Bildzeitung y el más prestigioso Der Spiegel) su abuelo se había hecho de una fortuna con propiedades requisadas a los judíos.
Ernesto y Ortrud

Es cierto que tras ser expulsado del ejércitouna maniobra hitleriana para neutralizar a la nobleza germana de la que desconfiaba el Fuhrer Ernesto gravitó hacia a los círculos que complotaban en contra de Hitler. Tras el atentado Stauffenberg, Ernesto fue arrestado e interrogado por la Gestapo quien lo tuvo bajo custodia por casi dos meses antes de liberarlo. Curioso, porque es casi la misma trayectoria del Príncipe Gottfried zu Hohenlohe, otro cuñado del Príncipe Felipe. Y, sin embargo, Gottfried está en la lista de los “parientes Nazis” del Duque de Edimburgo.

El otro caso concierne al Príncipe Federico de Prusia, nieto del Kaiser. Como su hermana Cecilia, Federico era muy anglófilo, vivía en Inglaterra y la Segunda Guerra Mundial lo encontró estudiando en Cambridge, bajo un nombre falso. Fue arrestado, como casi todos los alemanes residentes en el Reino Unido, y deportado a un campo de prisioneros en Canadá. En 1941 fue liberado gracias a la influencia de la Reina Mary que le tenía cariño a Fritzl (el Rey Jorge era el padrino del príncipe).

De regreso a Inglaterra, Fritzl primero sirvió en el Pioneer Corps y luego bajo el alias de “George Mansfield”, trabajó en una granja. Cuando tuvo un accidente en su tractor, fue atendido por una enfermera llamada Lady Brigid Guinness. Brigid era hija del Conde de Iveagh y una de las herederas de la fortuna nacida de la famosa cerveza. 

En 1945, Fritzy y Lady Brigid se casaron. A pesar de que intentaron que su boda fuera discreta, la prensa se enteró y hubo mucha publicidad. Sin embargo, nadie impidió ese enlace, ni les tiraron piedras a los novios, ni los criticaron, ni la familia Guinness llamó al nuevo pariente “Él Huno”, ni le escupió otros epítetos que el pobre Felipe tendría que cargar años después de casado.




lunes, 30 de octubre de 2017

La Reina Enfermera: Personajes reales de Tiempos de Guerra


La sexta entrega de “Tiempos de Guerra” ha sido titulada “La Reina Enfermera” y ha contado con una aparición especial de Cuca Escribano en su rol de Victoria Eugenia de Battenberg, Reina de España. Ha sido un gusto ver a un personaje olvidado, a veces malinterpretado, de la historia ibérica. Se ha expandido su rol en esta serie sobre La Guerra de Marruecos, pero como ha dicho el guionista Carlos López, Doña Ena merece una serie para ella sola.

Los historiadores no han sido del todo justos con Doña Victoria Eugenia. Ahora que acabo de terminar Los años del miedo de Juan Eslava Galán me he sentido incomoda y con un poco de vergüenza ajena por el modo burlesco, casi chulesco, con el que el autor se refiere a la familia real española de esos años. Pase con Don Alfonso que fue un mal rey, pero burlarse de la reina que tanto sufrió y tanto quiso a un país que la recibió a bombazo limpio, me parece poco caballeroso.

En la imaginación popular, la pobre reina Ena ha quedado como una pobre inútil, frívola y cornuda. Se la retrata como perdida en una tierra cuya lengua nunca pudo aprender bien y cuyo rey pronto dejó de quererla. Peor aún,  se le acusa de haber sido portadora del temido gen de la hemofilia.

Aida Flix dio vida a la reina en "Gran Hotel":

Hija de la Princesa Beatriz de Battenberg, a su vez hija menor y la más cercana a la Reina Victoria, Victoria Eugenia nunca esperó ser reina. Sin embargo, desde su infancia tuvo cercanía con España. Fue ahijada de la andaluza Eugenia de Montijo, Emperatriz de los Franceses; sostuvo amistad infantil con el Duque de Alba; y un solo encuentro con el ya rey de España fue el principio de una profunda, aunque breve historia de amor. A Alfonso XIII que era tozudo no le importó (pero solo por un momento) que Ena, como la apodaban, fuera protestante, no perteneciera la realeza y fuese portadora de la hemofilia.

A pesar de la oposición de la Reina Maria Cristina, madre del rey, Alfonso se casó en 1906 con Victoria Eugenia (ya convertida al catolicismo). Regresando de Los Jerónimos tuvieron un mal encuentro con el anarquista Mateo Morral que, en típico humor anarquista, les lanzó una poderosa bomba oculta en un ramo de flores. Aunque la pareja de recién casados resultó ilesa, murieron muchos integrantes del sequito real y varios transeúntes.  Incluso la explosión voló balcones matando a la Marquesa de Tolosa que se había asomado a ver pasar a los novios. La nueva reina, de solo dieciocho años, se portó con gran entereza y recibió a sus invitados en su vestido de novia ensangrentado. Sin embargo, es comprensible pensar que ese recibimiento no presagiaba una buena relación entre España y su nueva soberana.
Atentado de Mateo Morral 

Entre 1907 y 1914, Alfonso y Ena tuvieron siete hijos. Lo que superficialmente indicaría un matrimonio bien avenido, en realidad era una demostración de la necesidad del rey de tener un heredero sano. De los siete hijos de la pareja, solo tres eran saludables y dos de ellos eran hembras. De los cinco varones, Fernando nació muerto, Alfonso, el primogénito, y Gonzalo el menor, sufrieron de hemofilia. Don Jaime, a los cuatro años quedó sordomudo culpa de una mastoiditis y una operación chambona, El Rey culpó a su esposa por esta familia enfermiza. Buscó hijos con otras mujeres, inclusive liándose con la institutriz de los principitos.
Victoria Eugenia y sus hijos en 1917 (Foto de Campua padre)

La reina sufría en silencio. No tenía ningún apoyo en su suegra, que la odiaba, ni en cortesanos hipócritas. Buscó consuelo en obras de caridad. La enfermedad de su primogénito la llevó a crear hogares para niños abandonados y delincuentes juveniles. En recuerdo del suegro que no llegó a conocer, la reina fomentó campañas contra la tuberculosis. Pero su proyecto más grandioso sería la reorganización de La Cruz Roja Española. Fue ella quien impuso nuevos y más modernos reglamentos y uniformes. Su mayor logro fue la creación de un cuerpo de “damas enfermeras” quienes tenían que cumplir con un riguroso programa de entrenamiento antes de recibir su diploma. En toda esta empresa, la reina contó con la ayuda de Carmen Angoloti, Duquesa de la Victoria, amiga y dama de honor de Su Majestad.
La Reina en uniforme de la Cruz Roja

Sería la Guerra de Marruecos el escenario donde se desplegaría la importante labor de la Cruz Roja Española. Tras recibir la noticia del Desastre de Anual, Victoria Eugenia envía a la Duquesa de la Victoria y un contingente de Damas Enfermeras a Melilla. Esa es la base de la trama de “Tiempos de Guerra”.

La serie nos muestra los choques que tiene el ejercito con Doña Carmen y sus enfermeras quienes traen otras ideas sobre la atención de herido y que superan los métodos anticuados de los equipos de sanidad militar. La famosa frase “con la Reina o contra la Reina” que Alicia Borrachero espeta al comandante Márquez es histórica. La Reina representaba La Cruz Roja y la Cruz Roja traía cambios revolucionarios en lo que se refiere a métodos antisépticos y otras maneras de atender heridos.  

Durante el Conflicto en África, La Duquesa viajó a menudo, a Madrid a conferenciar con su jefa y soberana sobre el tema de los soldados, hospitales y enfermeras. En la serie vemos a Carmen acudiendo a Doña Ena para impedir exitosamente un fusilamiento injusto. No sorprendería que, dado el caso, Su Majestad hubiese intervenido. Tenía buen corazón y mucho arrojo en las causas que emprendía.


Gracias al material de soporte de “Tiempos de Guerra “ he descubierto que, aunque la única visita oficial de la pareja real a África tuvo lugar en 1927, la soberana viajó de manera informal y casi secreta en varias ocasiones a Melilla. En este sexto capítulo vemos a la Reina llegar al hospital en busca de Carmen a quien quiere llevar a convalecer a Madrid. A pesar de ser una visita privada, se la homenajea con una recepción en la cual Fidel aprovecha de pedir la mano de Susana. Después que la Reina es convencida por su Duquesa amiga de que debe dejarla en el Protectorado, Doña Ena se embarca en planes de construir hospitales en todo Marruecos, algo que realizaría La Cruz Roja antes de acabar La Guerra del Rif.

Contrasta el cariño con que la serie ve al personaje histórico, con el poco afecto que Victoria Eugenia se granjeó entre sus súbditos. Parece mentira, pero esta mujer tan altruista y progresista fue percibida como un ente frívolo y ameritó casi los mismos recelos y odios que otra famosa reina: Maria Antonieta. Siempre se la vio como una extranjera con costumbres que chocaban con la severa cultura española, sobre todo en lo que respecta al comportamiento femenino. Se la acusaba de gastar en vestidos y joyas, de ser amiga de las fiestas, y tan moderna que hasta fumaba con boquilla.

Es cierto que su español siempre fue marcado por pronunciado acento. Su nieto Juan Carlos seria, décadas más tarde, quien acabaría corregir la mala pronunciación de la abuela. Doña Ena no soportaba el espectáculo taurino (para ser sinceros, tampoco yo) y aparte del gazpacho, no gustaba de la comida española. Sin embargo, ella tan culta, amiga de la ópera y música clásica, tenía afición por las coplas y por tonadilleras de moda como Raquel Meller.

Philip de Lazlo la retrató con mantilla española, pero Victoria Eugenia fue siempre muy inglesa

Como ocurriera con Maria Antonieta, los peores enemigos de Victoria Eugenia fueron representantes de la nobleza. Existió una camarilla que pretendía reemplazarla con la amante del rey, Carmen “Nenuca” Ruiz de Moraga. Increíble, pero había nobles que preferían de reina a una actriz divorciada en vez de una mujer noble en todos los sentidos de la palabra. La misma Reina Maria Cristina demostraba más interés por los bastardos de Nenuca que por sus nietos legítimos. Sabedora de que el impulsador de la idea de reemplazarla era el Marqués de Viana, Doña Ena lo mandó a llamar. En una acalorada discusión, la reina terminó emplazándolo diciéndole que D-s habría de juzgarlo. Esa misma noche, el Marques caía fulminado por un infarto. Muchos acusaron a Victoria Eugenia de haber propiciado esa muerte con sus reclamos.

Mas crueles fueron otros rumores. En España, Victoria Eugenia tuvo pocas amistades, pero sus más devotos seguidores fueron los Duques de Lécera. Como a Maria Antonieta, se le levantaron a la reina calumnias espantosas. Se decía que Doña Ena tenía amores no solo con el Duque sino también con la Duquesa. Ningún historiador serio ha encontrado pruebas de esa falsa acusación. Solo un rufián como Paul Preston puede hoy en día seguir propagando ese chisme sin fundamento.

En 1931, Alfonso XIII era derrocado. Huiría de España como un cobarde, dejando atrás a su esposa y a sus hijos, algunos de ellos enfermos. Como Maria Antonieta, la reina pasó una noche de terror ante el temor de ser víctima de una turba revolucionaria que afuera del palacio gritaba insultos y obscenidades. Las asustadas Infantas, esa noche la pasaron junto a su madre. Al día siguiente abandonaron España.  Dicen que las últimas palabras de Su Majestad, al dejar suelo español fueron “¡Cuidad de mi Cruz Roja!”
La reina descansa en ruta al exilio (ABC)
La reina llega al Savoy

La Familia Real Española se reunió en Fontainebleau, en un hotel de cuarta llamado el Savoy. En el lobby fue donde Victoria Eugenia se encontró con Alfonso de quien llevaba un tiempo separada. Al exilio los habían acompañado algunos nobles leales como los Duques de la Victoria, y por supuesto, los Duques de Lécera. No se sabe si porque creyese rumores, o simplemente por fastidiar, Alfonso le exigió a su cónyugue que despidiera a los Lécera. “O ellos o yo “dijo el infantil ex monarca. Doña Ena eligió a sus amigos y le espetó al marido infiel: “I don’t want to see your ugly face again!” (¡No quiero volver a ver tu fea cara nunca más!) Es cierto, Alfonso que se creía Don Juan (y como lo describiera Pilar Eyre era todo un “depredador sexual”) era feo y más encima halitoso.


La Reina se separó de facto de su marido, dejando atrás, por un tiempo, a sus hijos que ya eran adultos, Se fue a vivir a Inglaterra con su madre. Mas tarde se iría a Italia donde varios de sus hijos residían y donde sus hijas se casarían con nobles de ese país. En 1941, fallecía en Roma el Rey Alfonso XIII. Basándonos en el recuento que Juan Eslava Galán da en Los Años del Miedo, la reina no estuvo al lado de su marido en las últimas horas del soberano. Alfonso no la quiso cerca a pesar de estar ella en Roma. El rey con gritos de “¡Fuera, Fuera!” la ahuyentó, prefiriendo la compañía de la Duquesa de la Victoria.

El gobierno de Mussolini terminó por expulsar a Victoria Eugenia de Italia. No la veían con buenos ojos creyéndola espía de los británicos. El inepto de Anthony Eden le escribió a la reina diciéndole que se olvidase de volver a Inglaterra ya que no podía prometerle protección de los simpatizantes de la Republica. Victoria Eugenia entonces compró una villa en Lausana y se instaló en Suiza donde pasaría sus últimos años.


El mayor problema de la reina nacía de su mayor defecto. Era manirrota, y además de costear sus cosas y sus sirvientes se hizo cargo de los hijos de su hijo Don Jaime, por eso siempre andaba corta de dinero. Victoria Eugenia nunca se metió en políticas españolas, solo lo concerniente a la sucesión al trono de su hijo Juan. A diferencia de su marido que aportó ayuda monetaria al Movimiento Nacional, la reina nunca se pronunció por ningún bando, aunque obviamente esperaba una restauración de la monarquía. Solo se sabe que apoyó al Conde de Barcelona cuando este rompió con el Franquismo en su Manifiesto de Lausana (1945). Por algo, Don Juan hizo su pronunciamiento desde la ciudad suiza donde residía su madre.

Curiosamente, El Caudillo no le guardó rencor a quien había sido madrina de su matrimonio. En 1955, le asignó a Doña Ena una pensión vitalicia de 255.000 pesetas anuales que la Reina, siempre apuradilla, mucho necesitaba. En 1968, la anciana reina volvía a pisar suelo español con motivo del bautizo de su bisnieto, el actual Rey de España. Recuerdo los artículos con fotografías en Vanidades y otras publicaciones de ese histórico bautizo del Príncipe de Asturias. Un año más tarde, Doña Ena fallecía en Lausana. En 1985, su nieto el Rey Juan Carlos I, hizo trasladar los restos de su abuela a Madrid.
La reina en el bautizo de su bisnieto.

La Reina Victoria Eugenia es un personaje histórico olvidado y cuando se la recuerda es por motivos nefastos: haber sido la pobre esposa abochornada y la culpable de la enfermedad de sus hijos. Se la asocia con una monarquía desastrosa o es pasto para la insidia de los chismógrafos. ¡Si hasta le inventaron un romance con su compadre, el Duque de Alba!

“Tiempos de Guerra” nos ofrece un retrato más fidedigno de Doña Ena y de las aportaciones que hizo a España. La Reina Victoria Eugenia fue quien reorganizó y modernizó la Cruz Roja española, expandiendo sus servicios por toda la Península y hasta el Protectorado. Sin sus desvelos, no hubiesen estado las medidas de higiene y medicina moderna al alcance de los heridos de La Guerra de Marruecos. Ella fundó los cuerpos de "Damas Enfermeras” al que pertenecen Julia, Pilar y Magdalena. Ella misma sirvió en sus hospitales contagiando con su ejemplo a damas de la realeza y la de la nobleza. Ella fue “La Reina Enfermera” y sin ella no tendríamos “Tiempos de Guerra”.