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miércoles, 29 de julio de 2020

Anne Frank en la Era del Hashtag: Algo que agradecerle a Netflix



Terminado de ver el documental #Anne Frank: Parallel Stories”, me encontraba ante un dilema. ¿Debía recomendarlo? ¿Era un buen momento histórico para verlo? La respuesta me vino en un sueño. Me di cuenta de que el documental me había hecho bien, que era lo que necesitaba, pero que no tenía que recomendarlo. Eso sí, debía hacerle una crítica objetiva y a la vez hacer un relato subjetivo de lo que ha significado para mí, porque este blog no es solo de ustedes, también es mi último diario de vida.

Modernizando el Diario de Anne Frank
Inicialmente, me acerqué al documental casi en puntillas. ¿Otra versión de la recauchada fórmula del Holocausto? Una fórmula que únicamente sirve para ofender a las víctimas y crear más antisemitismo. ¿Y Anne Frank? ¿No que los del Lazio se burlaron de ella en un estadio el año pasado? ¡En Italia, el país menos antisemita de la tierra! Y más encima el documental lo presentaba la sororidad antisemita de Netflix. Pero, alerta, no es producido por Netflix. Es un documental italiano del 2019.

Precisamente por ser italiana (Vite Paralelle es su nombre real) y por no ser un producto Netflix es que presenta lo trillado dentro de un ángulo diferente. La productora ejecutiva Veronica Bottanelli tomó la decisión de dividir la historia en cuatro escenarios que se alternan, a veces de manera abrupta y confusa. Dos están en inglés, dos en las lenguas de quienes atestiguan. Son estos últimos segmentos los más impactantes. A juzgar por los comentarios y criticas también son los preferidos del público.

El Teatro Piccolo de Milán ha recreado uno de los cuartitos del Anexo donde Anne Marie Frank pasó los últimos tres años de su vida ocultándose de los nazis. Es ahí donde Dame Helen Mirren, con su dicción perfecta y talento histriónico, nos brinda una lectura de los fragmentos más significativos del diario. Oírlos en voz alta les da una dimensión vivida que nos saca del ámbito íntimo y personal en el que hemos conocido el famoso diario. La descripción de los primeros besos intercambiados con Peter es tan intensa que me hizo correr a mi viejo diario de 1975 a leer la descripción de mi primer beso.


Es innegable que El Diario de Anne Frank siempre ha tenido mayor acogida entre los jóvenes. Por más de medio siglo, a millones de chicas y niñas (yo lo leí por primera vez unos meses antes de mi decimo cumpleaños) nos ha motivado a llevar diarios de vida. ¿Pero qué pasa hoy en día en que ya no existen los diarios? Los Millenials y algún que otro dinosaurio baby boomer como Servidora, usamos nuestros blogs como breviarios, ¿pero y los Z? Su mayor medio de expresión son las redes sociales y ese ha sido el gancho que el documental ha utilizado para “pescar” pececitos Z.

El hilo conductor del documental es una quinceañera llamada Katerina Kat (Martina Gotti) que comienza un viaje en reversa por el último año de vida de Anne. Lo inicia en Bergen Belsen; sigue en Auschwitz; continua en Westerbork, el campo de tránsito holandés donde Los Frank fueron llevados tras ser arrestados por la Gestapo; y acaba en el Anexo.

Contrasta el estado de Bergen Belsen, un campo ralo, húmedo de lluvia salpicado por falsas tumbas-monumentos (uno de los cuales honra la memoria de Las Hermanas Frank), con el cuidado con el que se han conservado las ruinas de Auschwitz o el Anexo que una vez cobijase a Los Frank. También me ha sorprendido las imágenes actuales de Terezin y Drancy, casi intactos.

En esta era iconoclasta que nos ha tocado vivir tiemblo (y voces hay) que aparezca algún movimiento exigiendo se borre todo vestigio del Holocausto para dar gusto a nuestros enemigos, y no solo hablo de negacionistas. Si un judío mamerto en The Forward exigió la destrucción del Arco de Tito, y todavía no sabemos si era irónico o hablaba en serio, ¿qué podemos esperar?

A través de esa trayectoria, Katerina comenta sus impresiones que cuelga en su página de Instagram. Ese se supone es su diario y ella es la imagen de una Anne Frank moderna. Este recurso artístico ha causado controversia y molestia entre críticos y espectadores que sienten que KK es demasiado moderna.  “Parece una emo” dijo uno en IMDB refiriéndose a su cabellos azules y a la argolla en la nariz. Otros dicen que es un modo superficial de “modernizar” al personaje histórico y que acaba trivializando su tragedia.

Aunque no me molesta la aparición de Kat, si me pareció un poco cursi (“¿Hubiéramos sido amigas”? le pregunta a Anne en el más allá). Es cierto que su inclusión simplifica algo que todavía no puede digerirse en toda su magnitud. Su cháchara ligera contrasta con la profundidad de Anne que, en su encierro y en su miedo cotidiano a ser descubierta y asesinada, desarrolló esa “precocidad monstruosa” como la definiría Daniel Rops en el prefacio a la edición francesa (yo leí el diario en traducción de esa edición).

Cinco Niñas de Auschwitz
Esa precocidad de Anne y esa simpleza de Kat se hacen más evidentes cuando las contrastamos con el tercer y más importante segmento del documental: las entrevistas con cinco sobrevivientes del Holocausto. Para crear estas “vidas paralelas” a la de Anne se ha buscado a cinco mujeres que una vez fueron niñas y quinceañeras y que sobrevivieron Auschwitz.

Tenemos a la checa Helga Weiss, que fue llevada junto a sus padres al ghetto-modelo de Terezin. Ahí tendría su primer romance, pasaría de niña a mujer para luego ser deportada a Polonia y liberadaen Mauthausen. Tenemos a la simpática Sarah Lichtsztejn-Montard quien con su madre lograra huir del Vel d’Hiv en 1942 tras la redada más grande de judíos en territorio francés. Eventualmente, en 1944, la adolescente Sarah fue arrestada, llevada a Drancy, y luego deportada a Pitchipoi (el nombre con el que los niños del campo daban a su destino desconocido en Polonia). En Bergen Belsen, Sarah tendría un breve encuentro con Anne Frank.
Helga Weiss

Tenemos a las hermanas croatas Andra y Tatiana Bucci que sobrevivieron Auschwitz solo porque el Dr. Mengele las confundió con mellizas y las Integró a su zoológico de conejillos de indias. Por último, tenemos a Arianna Szoranyl hija de padre judío y madre cristiana, bautizada junto a sus cinco hermanas lo que no impidió su deportación después que su Italia natal fuese invadida. Cada experiencia es un relato diferente, con el vínculo común de que son voces de sobrevivientes que narran una juventud muy diferente a la de los espectadores, pero que tienen en común con Anne Frank la experiencia de saberse en constante peligro, de saberse rechazadas por la sociedad en que viven.
Andra y Tatiana Bucci

Alternando con las voces de Dame Helen, de KK, y de las sobrevivientes, entran las voces objetivas de historiadores y custodios de centros dedicados a preservar la memoria del Holocausto. Las voces de las sobrevivientes ahogan los textos de KK e incluso la lectura de Dame Helen, Solo se ven equilibradas por los comentarios de los expertos que aportan información que ellas entonces y hoy no saben.

 Ahí tenemos al historiador italiano Marcello Pezzetti que ha colaborado con los testimonios de algunas de estas mujeres y es autor (entre otros libros) de Il Album di Auschwitz y Il Libro della Shoah Italiana. Me gustó ver entre los expertos al vehemente Rabino Michael Berenbaum (graduado como yo de Queens College) autor de El mundo lo debe saber y productor y asesor de galardonados filmes y documentales sobre la Shoah. Es el quien explica por qué el Holocausto es diferente a otros genocidios.

Consciente de que hoy en día el termino "genocidio" es aplicado de manera baladí a cualquier masacre, Berenbaum establece tres puntos de diferencia. A) el Holocausto fue ideado y perpetrado por los habitantes del país más liberal, progresista y humanista del mundo. B) Los nazis mantuvieron cientos de archivos de documentos y fotografías. Es el genocidio mejor documentado de la historia. C) Los nazis no solo querían exterminar a los judíos del Reich. Su propósito era acabar con los judíos (y los gitanos y eslavos) de toda Europa y de toda la tierra.

En otra onda ,Ronald  Leopold que está a cargo del Museo Anne Frank recuerda que los holandeses fueron el primer pueblo de Europa en intentar detener a los alemanes. En 1941, tras las primeras deportaciones de judíos, el partido comunista holandés convocó a una huelga en febrero que duró un mes. Aunque no se detuvo la deportación, queda como récord de que no todos observaron con indiferencia la labor de los nazis.

No sé si esta protesta galvanizó a los muchos que ocultaron judíos durante la guerra en Holanda. Gente que arriesgaron sus vidas como los que ocultaron a Los Frank. Tampoco sé si esta protesta incentivó medidas masivas como la de los daneses que lograron enviar al 90% de su población judía al refugio de la neutral Suecia,  o si provocó  las protestas con las que el pueblo y autoridades búlgaras consiguieron evitar la deportación de sus judíos; o inspiró la única protesta contra las deportaciones que tuvo lugar en Alemania, cuando en 1943,  en la Rosenstrasse (la Calle de las Rosas) de Berlín,  las esposas arias exigieron la devolución de sus esposos judíos que iban ya camino a Polonia. Lo extraordinario es que, tal como las protestas búlgaras, si tuvieron efecto sus exigencias. Los maridos fueron retornados.

Mecanismos de Sobrevivencia
Sin embargo, ninguna de estas heroicas medidas afectó el destino de Anne Frank y de sus congéneres. Dos  de ellas acabaron en Bergen-Belsen, tras haber evadido peor destino en otros campos de exterminio. La diferencia es que ellas sobrevivieron y Anne no. La diferencia es que ellas se casaron y tuvieron hijos, Anne no. Anne hubiese complido 90 años este año, sus compañeras o los cumplieron o van a cumplirlos. La grandeza de los testimonios reside en los diversos modos de estas mujeres de seguir sobreviviendo. La liberación no necesariamente significó el fin de la experiencia del lager. Como dice la hija de Arianna, su madre dejó parte de sí misma en el campo.

Las cuatro han escrito sobre su pasado. Helga, como Anne Frank, llevó un diario que publicó recientemente. Lo mismo han hecho las Bucci y Arianna. Sarah tiene un texto, Chazzes les papillons noirs (Alejen las mariposas negras) que usa para dar sus clases sobre la Shoah. Las cuatro están abiertas a dar entrevistas y aparecer en documentales, pero como a muchos sobrevivientes, les ha costado décadas asimilar lo ocurrido y poder articularlo públicamente sea en palabras o por escrito.

Otra virtud que aleja “Historias Paralelas” de la infame fórmula es que cada historia comienza de manera distinta, en países diferentes, con experiencias diferentes. Las Hermanas Bucci tenían un padre cristiano, Arianna es católica, y sin embargo acaban todas convertidas en seres sin más identidad que un número, incluso Anne Frank. Por eso el ponerle un hashtag también la deshumaniza tal como sin darnos cuenta permitimos que las redes sociales nos deshumanicen.

Uno de los momentos desordenados del documental es la presentación de Fanny Hoschbaum quien no es parte del grupo de testigos. A los cuatro años vivió oculta cerca de Grenoble, y así sobrevivió La Ocupación. Hoy es ciudadana israelí, pero ha retornado a Francia a recordar a sus muertos junto con tres de sus diez nietos.  Su historia demuestra la importancia del relato individual antes que la visión global de masas de cadáveres anónimos. Lo dice una de las nietas de Fanny Hoschbaum cuando comenta que ya no se trata de seis millones anónimos, que la experiencia se vuelve personal cuando se reduce a su abuela y a su familia.

Otro nieto es Omer, un ex soldado de Tzahal. Su abuela lo cuenta orgullosa recordando que la acompañó a su última vista a Auschwitz. Para Fanny un motivo de orgullo es que portaron una bandera israelí. Ver ese símbolo dentro de ese campo donde un millón de judíos fueron exterminados como parte de un plan de destruir al mundo hebreo, es un gesto poderoso, una señal de triunfo

Para muchos de mis gatitos lectores, la bandera israelí es un símbolo negativo. No lo es para mí, aunque tenga mis disputas con las políticas de diversos gobiernos israelís, pero oír a Fanny contar la anécdota y visualizarla emocionó hasta el último hueso de mi viejo cuerpo judío. No sabemos qué relación tendrán las otras sobrevivientes con el sionismo. Anne Frank nunca lo menciona en su diario. Pero sabemos que, para Fanny, Israel es un mecanismo de sobrevivencia, como lo ha sido para millones de sobrevivientes y sus descendiente por más de medio siglo.

Pero el gran mecanismo de sobrevivencia, y la serie hace hincapié en ello, es el mandamiento bíblico “creced y multiplicaos”.  Algo que se ha mencionado en los estudios de sobrevivientesreligiosos o no— fue lo imperativo de formar familias.Lo mencionan tanto Ben Shepherd en The Long Road Home como Ian Buruma en Año Cero.  Consciente o inconscientemente se ha buscado derrotar con la fertilidad judía, el plan nazista de exterminio. Como dice Sarah, haber formado una familia “es mi venganza”.

Ese parece ser el sentir de sus compañeras quienes perdieron a todos sus parientes en la Shoah. Nada más Helga y Sarah salieron de Belsen con sus madres. A las Hermanitas Bucci sus padres solo lograron recuperarlas años tras ser separados por los Nazis. De la familia con la que Arianna ingresó a Auschwitz únicamente sobrevivieron ella y uno de sus hermanos. Sus padres, tres hermanas y un hermano acabaron en los hornos. Ella misma pasó años en un orfanato.

Se entiende una necesidad de formar una familia, pero como explica su hija Laura, Arianna también tenía miedo de tener hijos o hablar con ellos de lo ocurrido en los campos con ellos. Le ha sido más fácil hacerlo con los nietos y es interesante como ellos, Francesa y Lorenzo, han reaccionado al legado de la abuela.

Francesca confiesa haber sufrido mucho al enterarse del Holocausto (en la escuela) y luego al saber el rol jugado por su abuela en esos años. Algo curioso, ni Arianna ni Laura se casaron con judíos, pero Francesca se considera como tal. “Sono ebrea, la mia mamma e ebrea, mentre il mio padre e catolico” afirma con seguridad.

Su hermano Lorenzo tiene otra manera de solidarizar con la nonna. Tras leer el libro de Arianna, se tatuó en el antebrazo el número que en Auschwitz asignaron a su abuela. En una entrevista a La Stampa, Tatiana Bucci declaró que no le parecía ese trend de nietos de sobrevivientes tatuándose los números de los abuelos. El mismo Lorenzo comenta que su abuela no aprobó inicialmente su iniciativa. “Hay tanta gente loca por ahí” dijo la anciana. Y sabe de lo que habla.


En febrero, solo unos meses despues que “#Anne Frank: Vite Paralelle” debutara en los cines italianos, una enorme suástica apareció pintada en la puerta y muro de la casa de Arianna. A pesar de las muestras de solidaridad de parte de los amigos y vecinos, hay conciencia entre las sobrevivientes y los historiadores de un auge de antisemitismo em todo el mundo.


En Donde se Equivocó Deborah Feldman
Volviendo al tema de los hijos como una manera de perpetuar las familias perdidas, hubo un momento, cuando Sarah lo mencionaba como su modo de burlarse de los nazis, que me sentí incomoda. Luego reparé en que se trataba de un resabio del “adoctrinamiento” que sufrimos todos los que vimos “Unorthodox”. Una tesis de esa porquería era que todas las desdichas de la pobrecita Ettie nacían de ese empeño de sus mayores de convertirla en una máquina de hacer bebés solo para satisfacer su obsesión morbosa con parientes muertos. Se dice en la miniserie que toda la perversidad del estilo de vida Satmar reside en esa ofuscación neurótica con el pasado.

Cuando el Primo Moishe le recuerda a Ettie la historia del panadero del barrio que perdió a toda su familia en la Shoah, ella burlona le recuerda que el hombre está lleno de nietos. La actitud entre aburrida y burlesca de Ettietal como la de Yael, la israelídemuestran el desprecio por el Holocausto y sus víctimas que existe en gente como Deborah Feldman.

Sin embargo, la Feldman, zorra oportunista que es, escribió un libro Exodus en el que lloriquea sobre la Shoah y se va de peregrinación por diferentes países europeos siguiendo la ruta que cruzó su abuela durante el Holocausto. El libro no tuvo éxito porque se siente totalmente falso y porque la actitud de Feldman es tan infantil que en el Chicago Tribune llamaron su estilo “chick lit”.

Uno de los momentos más risibles de su narrativa es cuando, al retornar de su visita a Auschwitz, se enfurece porque el conductor del tranvía le mira la cola. Lo vergonzoso es que dijo que en ese momento sintió el poder del Holocausto. Que esta mula crea que el Holocausto se basó en nazis mirándole el culo a las judías…. Con eso se entiende su repudio a la obligación de recordar y honrar a los muertos, repudio que lamentablemente se ha colado en la manera de pensar de muchos judíos modernos.

Aunque el tema central de “Parallel Stories”se base en los relatos individuales y singulares de Anne y de las cinco sobrevivientes, la serie acaba con una generalización,  por una vez necesaria. Al hablar del exterminio de toda una generación de niños judíos, dice el Rabino Berenbaum” imagínense el talento que Alemania destruyó al destruir a todos esos niños judíos. Cuando destruyes niños, estás destruyendo posibilidades infinitas”.

En este último año, los niños y jóvenes han vuelto a ser tema de conversación, sea por ser víctimas de brutalidad o negligencia policial, o por andar tumbando estatuas, o por ser una molestia para padres al convertirse en una presencia intolerable en casa, o para sus maestros por su falta de interés en los burdos intentos de establecer un homeschooling universal.

Todo esto en una época en que el radicalismo feminista ha eliminado la existencia de sentimientos maternales y rechazado cualquier intento por empujar a la mujer a ser madre o experimentar afecto por los más pequeños y débiles. Me pregunto si todavía se entiende la vergüenza que debería embargarnos a los adultos ante la muerte de criaturas, o siquiera si podemos comprender el sufrimientos de niños separados de sus madres y viceversa.

La relación madre-hija adquiere preponderancia en estas “vidas paralelas”. Todos conocemos por las páginas del diario de los problemas de Anne con su madre. Muchas nos hemos identificado con ese conflicto que marca tantas adolescencias femeninas, pero el documental nos recuerda como Edith Frank se dejó morir de hambre al ser separada de sus hijas. ¿Podemos dudar de su amor por Anne y Margot? 
Edith Frank y sus hijas

Las otras chicas también descubren un vínculo nuevo que las une a quienes les dieron vida. Al llegar a Auschwitz, Helga miente sobre la edad de su madre y de la propia, rescatándolas a ambas de la cámara de gas; Sarah y su madre huyen del Vel d’Hiv, viven ocultas, sobreviven Auschwitz siempre juntas, son socias y compañeras a la par de hija y mamá.

En cambio, para las Hermanas Bucci, los escasos encuentros con la madre en el lager van separándolas. Son muy pequeñas y esa mujer flaca y envejecida prematuramente se les vuelve una extraña. Sin embargo, será su madre quien luchará en la posguerra para encontrarlas y recuperarlas. Ellas contarán que han sido impulsadas a escribir su historia en recuerdo de una madre silenciosa, incapaz de poner en palabras el calvario sufrido.
Mira y Giovanni Bucci

Entre el Antisemitismo y el Victimismo
En un momento en que hay tantos de diversas ideologías, credos y colores cuya felicidad y paz reside en la destrucción no solo del judío sino también de su cultura, el recordar que una vez casi se consiguió tal propósito, o al menos se lo consiguió a medias, es importante. Nos ayuda a los judíos a poner en perspectiva nuestra posición en el mundo.

Este tipo de documentales solo se manufactura en países que donde los judíos no han caído en la apatía, conformismo y cobardía que nos caracteriza a tantos. Por eso debería ser visto tanto por los judíos que militamos en este último bando como por los que, por lucirse en arenas políticas, faranduleras o financieras se olvidan de que en la Shoah no solo murieron los pobres, desconocidos y religiosos.

Vivimos, incluso en este país, un auge de antisemitismo que ya ni es solapado. Los únicos que intentan ocultarlo son los judíos liberales ateos y oportunistas, que les gusta colgarse de cualquier carro que crean los llevará al Desfile de la Victoria.  Es vergonzoso que el gran Kareem Abdul Jabbar, gloria del deporte mundial ( negro, musulmán e hijo de policía),  sea quien haya tenido que rechazar públicamente el auge del antisemitismo en los medios de comunicación y en los deportes. Es vergonzoso cuando hasta judías como la comediante Chelsea Handler, por ignorancia o tozudez, son parte de esa desenfada judeofobia.


Dije al comienzo que no iba recomendar #Anne Frank. Por años me he sentido incomoda con la repetición de clichés que “la industria del Holocausto” ha imprimido a sus productos. El Dr. Ernesto Medalla me comentó una vez que ese tipo de producto era un culto al victimismo “hasta tiene música de víctimas”. El victimismo puede producir en el espectador una reacción contraria de la que se desea lograr. En vez de compasión y solidaridad puede provocar una sensación de alejamiento de la tragedia acompañado de un desagrado por las víctimas.

Por eso es por lo que aconsejaría a otros grupos étnicos que no caigan en ese error. “Nous sommes les victimes de les victimes” dijo Mahmoud Abbas abrazando a Sir Elie Wiesel en su primer encuentro. A mí me dio risa y luego vergüenza ajena, porque Abbas, gordito y próspero, era una imagen muy alejada la del escritor en sus días de ‘victime” tras ser liberado de Buchenwald cuando no tenía fuerzas ni para alzarse del camastro. El mérito de “Vite Paralelle” es que ni Anne en su diario ni las otras cinco sobrevivientes en sus libros y entrevistas se hacen las víctimas. De su conversación resuma revancha, miedo al auge de la judeofobia, tristeza ante lo perdido, pero no hay autocompasión.


Arianna nos cuenta que los alemanes golpearon sus piernas con porras de goma con fierro adentro. No nos dice que esas torturas le costarían meses en el hospital tras la liberación. Nos cuenta de la marcha forzada desde Auschwitz a Belsen en medio de nieve, pero no nos dice que sus dedos se congelaron y hubo que amputarle algunos. Tampoco que fue un guardia de la SS el que se apiadó de ella y la puso en un vagón. De otro modo ella no hubiese sobrevivido.
Arianna a los 11 años cuando llegó a Auschwitz

Las obras más contundentes sobre la Shoah son las que muestran algo original, las que se enfocan en experiencias singulares, las que aportan una luz en medio de la oscuridad. Algo que me impresionó de las historias fue como Las Bucci eludieron los pavorosos experimentos de Mengele.

En el documental mencionan que “una mujer” las aconsejó no ofrecerse de voluntarias para ir al campo de Neuengamme (donde moriría su primito Sergio) celebre por ser un centro de exterminio de conejillos de india infantiles conmemorado hoy por un jardín de rosas. Lo que no dicen (en el libro, pero si en otras entrevistas) es que esa mujer era la boklova, la guardia polaca, ladrona en la vida civil, pero todavía dotada de compasión.
Las Bucci y su primo Sergio

El propósito de todo documental es interesar al espectador a expandir sus conocimientos buscando más material sobre el tema. Tal vez por eso es qué #Anne Frank escatime información. Después de todo, las cinco testigos han escrito sobre su experiencia de la Shoah. El problema es que aparte de Helga’s Diary (traducido al castellano como El Diario de Helga) ninguno de esos libros, ha sido traducido ni al inglés ni al español. Los libros de Arianna y de las Bucci están en Amazon, pero en italiano.

Aunque a cada rato se escriben historias y testimonios del Holocausto en diversos países europeos raramente se traducen, a menos que sean los que siguen estándares conocidos y ocurran en la Europa Oriental. De ahí que el diario de Helga haya sido traducido al alemán, al portugués, hasta el chino.
En cambio, lo que se hace en italiano rara vez encuentra traductor sea novela, testimonio o texto de historia. Por eso terminé por comprarme Gli Soldati Ebrei di Mussolini en el original. A mí me interesa el material italiano, no solo porque me toca personalmente, sino porque es tan especial y exótico, sobre todo para la gente que está harta de leer fórmula.

Acabo de hacer una búsqueda en Amazon.com usando como buscadores “Jewish Holocaust History” e “Italy”, el resultado es el de siempre: De Felice, Michele Sarfatti, Susan Zucotti y mucho Primo.  Lo nuevo, paparruchadas como The Italian Executioners de Simon Levis Sullam que busca desmitificar la narrativa de los italianos como rescatistas natos. Le ha ido tan mal con el esfuerzo que apenas le ha alcanzado para 200 páginas.  Veinte dólares muy mal invertidos por mí al haberlo comprado. Mas dinero invirtió la editorial de Princeton que lo ha publicado.

En cambio, sí pongo “Italia” o “Ebrei” como buscador me salen docenas de textos apetitosos. Por eso tengo que considerar que es una suerte encontrar material en traducción y por una vez le agradezco a Netflix algo, el haber comprado #Anne Frank: Vite Parallele”.
Jeannette y Andra

La dedicatoria del libro


ADDENDUM: Una sorpresa ha sido descubrir que nuestra Gatita Honoraria Jeannette  Kravetz Stoletzka ha conocido a Andra Bucci quien le ha autografiado una copia de su libro. Ese ha sido un hallazgo y la Dra. Kravetz nos ha dado permiso de publicar las fotograf'ías