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martes, 13 de septiembre de 2022

Que Vi, Reví y Revisé en Agosto

 


Agosto es un mes difícil para los Gatos Seriefilos. Todos se van de vacaciones y los servicios de cable y streaming se conforman con reposiciones o mediocridades. Este año,  decidí enfrentarme al aburrimiento armándome de series ya vistas, pero que merecían una segunda mirada, y algún que otro filón de oro escondido,  como siempre proveniente del continente europeo. Esto es lo que vi y recomiendo.

Mi primera sorpresa me la llevé con la abundancia de material encontrado. Cuando acabé de hacer mi lista,  noté que no solo tenía tres horas diarias de TV cubiertas.  Además, me encontraba ante la posibilidad de volver a ver, incluso conocer por primera vez, series inglesas de una época en que ‘”Production- Made-in-England” era sinónimo de calidad. Otro descubrimiento fueron formulas del period drama que agregar a los esquemas que repasamos el año pasado y ver cómo han decaído y como han evolucionado algunos subgéneros.

De esa manera me he encontrado dedicando cada día de la semana a determinados subgéneros. Comencemos por el…

LUNES

Finalmente me puse las pilas y estoy viendo las tres temporadas finales de Un VIllage Française. Después de haber gozado cuatro temporadas de la mejor serie francesa de este siglo (que disfruté en Chile vía TVCinque y Europa Europa y hoy puede verse en USA en MHz Choice) , no me atrevía a terminarla. Como es mi costumbre,  me había leído todos los spoilers y era consciente de que el final iba ser muy triste y desesperanzador.



Efectivamente,  ha sido durísimo ver a Marie ahorcada. Odié a Marchetti por ser su verdugo, pero lloré cuando le llegó la hora de ser ejecutado y como su Rita, para evitarle la ignominia del paredón,  le suministró veneno. Más lloré cuando Rita fue ultimada por balas árabes durante la Guerra de Independencia de Israel.




Tampoco me gustó el cambio de los personajes. ¿Como el bonachón de Beriot iba a quemar vivo a Kurt? ¿Como el héroe de la Resistencia, Anselme, iba a convertirse en el borracho del pueblo? La visión de la posguerra es descarnada: luchas de poder entre gaullistas y comunistas; ajustes de cuentas que a veces obedecen a venganzas personales;  y la injusticia de una justicia mal llevada donde incluso los liberadores apoyan el mercado negro, violan a las liberadas, hacen negocios con los colabos y amparan a criminales de guerra.

Hay grandeza en esa sinceridad, y un mensaje pacifista.  Después de una guerra ya no hay buenos ni malos,  solo sobrevivientes. Esa visión tan honesta solo la encuentro en la fantástica Bohema.  Aunque apenas hace unos meses que la vi en Tubi, me toca revisarla nuevamente. Revisarla y gozarla, por algo mi reseña es una de las más leídas de Las Confesiones de una Gata Seriefila. Sobre todo, porque ya la está ofreciendo,  desde agosto,  el Eurochannel en América Latina.



Bohema tiene esa cualidad conmovedora y cínica la vez de enfrentarse a un pasado inconveniente,  de detallar las purgas,  a veces desmesuradas,  y la incapacidad de los purgados de reconocer la inmensidad de sus actos. Vemos como pagan justos por pecadores, como otros se la arreglan para seguir colaborando ahora con nuevos regímenes,  y como la liberación del yugo nazi solo significa cambiar de ocupantes colonizadores.

Otra serie que también reviso los lunes es la italiana El Comisario De Luca que nos muestra al poliziotto como un elemento semi autónomo de la policía fascista que, sin embargo, al llegar La Liberación cae en desgracia, bajo el estigma de haber servido al enemigo. El camino de De Luca lo lleva a tener que explicar su comportamiento a cada rato. Eso a pesar de los verdaderos fascistas siguen manejando, desde las sombras, el destino de Italia.

Se trata de un trio de series de países tan diversos que debaten el mismo dilema moral y cuya moraleja es “no hay términos medios” o parafraseando al Dante:  el peor lugar del infierno es el que aguarda a quienes no supieron elegir un bando en momentos de crisis. Aunque las tres comparten una necesidad de perdonar a quienes inconscientemente se convirtieron en esbirros de regímenes genocidas, no llega a la llorona irresponsabilidad de querer eximir de culpas y ver como victimas a quienes realmente fueron criminales de guerra que parece ser la tesis de las desagradables El Desertor y Nuestros Años Milagrosos. Ni hablar de las extravagancias histéricas de Shadowplay. La única serie alemana que se le acerca en términos de la honestidad de un Rubble Film es Tannbach

MARTES

El segundo día de la semana se lo he dejado a un entretenimiento más light o quizás no. Me refiero al drama médico de época. Estoy viendo The Royal una comedia médica que tiene el mérito de haber durado ocho temporadas (dos más que Downton Abbey) entre el 2003 y el 2010 y que puede verse gratis por Freevie. La historia tiene lugar en el ficticio hospital de St. Aidan’s en la zona rural de Yorkshire. St. Aidan’s fue fundado en el siglo XIX por la familia Middleditch que dejó dos requisitos: que el hospital se mantuviese solo de la caridad privada y que un miembro de la familia siempre estuviese a cargo.



Ahora a mediados de los Sesenta, este rol ha caído en manos de T.J. Middleditch un afable solterón, muy bueno en eso de recaudar donativos, pero los tiempos han cambiado. MIddleditch a veces se siente superado por la falta de recursos y personal médico, lo que lo deja en las manos de Ken, pillo profesional y rey del nepotismo. Ken está a cargo de las reparaciones y logísticas del hospital y sabe conseguir de todo, aunque sea de manera ilegal y el producto no sea de buena calidad. Además, ha colocado a miembros de su innumerable familia en puestos en St. Aidan’s o recurre a ellos si necesita algo.

Para colmo, las autoridades médicas no ven con buenos ojos el manejo del dispensario y buscan cerrarlo. Antes infiltran al siniestro Mr. Harper para que investigue el desorden que pasa por management. El humor de la novela se cifra en el conflicto Ken-Harper y las intromisiones de este último. El pathos lo proporciona los casos médicos, los romances del personal,  y las vidas privadas de los pacientes y sus médicos.



Sorprende el buen equilibrio entre lo serio y lo jocoso, y lo mucho que se puede hacer con poco. Gran uso del paisaje, espacios interiores reducidos, muchas veces se usa el mismo vestuario de temporada y el magnífico soundtrack está compuesto del hit parade de fines de Los Sesenta. El resultado es más optimo que en otras series de mayor presupuesto.

Estoy viendo también London Hospital (o Casualty 1906) basada en crónicas reales del hospital más antiguo de Londres. Abrimos en 1906 en lo que pasaría por ER.  Es un East End más duro que el que vemos en Call the Midwife con obreros suicidas, amas de casa muriendo a causa de abortos mal hechos, judíos anarquistas apaleados por la policía, y niños por doquier, niños con difteria, niños raquíticos, niños mordidos por ratas. El mayor problema son las infecciones en una época donde todavía no existían los antibióticos. El mayor logro: los rayos X a pesar de que la radiación ya le ha costado los dedos al radiólogo pionero Mr. Ernest Wilson  (un personaje real).



Para menos patetismo, aunque también emotiva me voy a la campiña escocesa con el Dr. Finlay (Tubi).  Recién retornado de la Segunda Guerra Mundial, Henry Finley descubre que su novia se ha enredado con un soldado yanqui, que su jefe el Dr. Cameron piensa retirarse dejándole la práctica, pero que deberá compartirla con el imberbe y odioso Dr. Neil. Aunque Finlay y su nuevo colega llegan a un término medio de tolerancia,  la inexperiencia de Neil acoplada a su actitud de que lo nuevo es lo mejor,  provocará muchos conflictos en un espacio que todavía no se recupera de las pérdidas de la guerra.


MIERCOLES

He dedicado la mitad de la semana a un género que ha decaído horriblemente. Por más de medio siglo los ingleses fueron maestros en la ficción de espionaje en la Guerra Fría, tanto en libros como cine y televisión. Pero desde hace unos cinco años, las series de espionaje británicas (las únicas que cuentan) dejan tanto que desear que es penoso verlas. Ese es el caso de Traitors (Netflix), SpyCity (AMC+ o Sundance Now)  y Summer of Rockets (Roku) que estoy siguiendo los miércoles. El tema amerita una nota más larga que prometo ( D-s mediante) para un par de semanas más.

JUEVES

Me he prometido por principio y solidaridad con el pueblo ruso, y seamos sinceros,  porque son exce-len-tes, no privarme de las series rusas. Pero por principio y solidaridad con el pueblo ucraniano, no haré reseñas individuales. Tubi ha traído este verano la primera temporada de Iván el Terrible. Ahora tienen una trilogía informal de la historia renacentista rusa con Sophia, El Terrible y las dos temporada de Godunov. Sophia es un poco aburrida, pero el blanqueamiento de Iván, uno de los ‘Monstruos” de la historia europea,  es fascinante y la serie muy bien filmada y actuada.



Parece que aprendieron de las críticas que le llovieron a Godunov que la antecedió. Lo malo es que me he quedado con ganas de saber más de la historia de Rusia por lo que me puse a ver Godunov. Realmente tiene problemas graves de producción y no el menor el desorden de las pistas de sonido. Los diálogos no concuerdan con los subtítulos ni con los movimientos de labios de los actores. Tengo que concentrarme en los subtítulos y no mirar la cara de los personajes. Espero que este problema no haya afeado la segunda temporada.



Lo extraordinario de estas sagas históricas es como entroncan con “la historia occidental”. En este año en que el Renacimiento se hace presente en el period piece con Leonardo, The Serpent Queen y Becoming Elizabeth resulta fascinante saber que Iván ya había establecido contacto con la corte del Reyecito Eduardo VI y que había aprendido inglés para comunicarse con los enviados británicos. En Godunov en cambio vemos a la corte moscovita en tratos con su equivalente isabelina.

VIERNES

El día dedicado a los misterios históricos. Espérense una nota sobre ellos. Estoy viendo de nuevo las dos temporadas de Vienna Blood, y las últimas temporadas de Miss Phryne Fischer,  pero también estoy siguiendo una serie policial WPC 56 (en Freevie) que dramatiza la trayectoria de la primera mujer policía en un pueblo cercano a Birmingham a fines de Los Cincuenta. Lo interesante no es ver como Gina Dawson lucha contra prejuicios machistas. Eso lo hemos visto en otras series. Lo fascinante en este caso, es que tras dos temporadas intentando ser parte del equipo, la policía debe pedir su traslado. La han vencido sus propias fragilidades femeninas y ya no tiene cabida en su sitio de trabajo. Es tan original que estoy pensando hacerle una nota aparte.



SABADO

Lo he dedicado a mi pasión, la Segunda Guerra Mundial. Estoy viendo por quinta vez El tiempo entre costuras, enfocándome más en Rosalinda Fox que, en Sira Quiroga. Estoy viendo por segunda vez Madame K y saboreando cada escena como si fueran viñetas, los vestidos, el decorado, la música, la belleza de las actrices, los diálogos,  todo es un homenaje a la elegancia en esta serie estoniana .Tanto que a ratos me olvido de que se trata de un prostíbulo y que son prostitutas. Cuanto más la veo más añoro que Walter Presents nos traiga la segunda temporada.

Pero la culminación de mis sábados es una excelente serie bielorrusa del 2015. Aun siendo una friki de la historia del Tercer Reich y el Holocausto se me había escapado el nombre de Wilhelm Kube (Kraube en la serie). Kube/Kraube era el Gauleiter (Gobernador) de la Bielorrusia ocupada. Kube y Reinhard Heydrich son los únicos jerarcas nazis que murieron en atentados de la resistencia.

                                   El verdadero Wilhelm Kube

 Un enigmático personaje este Kube que, en su momento,  llegó a representar un bochorno para sus colegas en la alta esfera de nazistas y la SS encabezada por el siniestro Himmler. Kube,  además de mujeriego y semi alcohólico, sentía un especial vínculo con sus “subditos” puesto que creía que fomentar el nacionalismo bielorruso los haría más dóciles a los designios nazis y rechazaba las ejecuciones de rehenes que creía solo predisponían a los habitantes locales a odiar a los alemanes y a ayudar a las guerrillas.



Para colmo,  Kube, aunque ferviente antisemita, consideraba que matar a los judos era desperdiciar una útil mano de obra esclava, y deseaba eximir del exterminio a los judíos alemanes (muchos de los cuales habían acabado en el ghetto de Minsk que estaba en territorio bajo jurisdicción del Gauleiter) Sobre todo buscaba proteger a los que habían peleado en el bando alemán durante la Gran Guerra. Como dijo Himmler al enterarse de la muerte de Kube: “Fue una bendición”. El Gauleiter de no haber muerto hubiese acabado en un campo de concentración.




Otro detalle misterioso del caso es que Kube había sobrevivido a varios atentados. La vigilancia alrededor de su casa y su familia estaba más que reforzada. Sin embargo, murió a causa de una bomba que su criada, una bielorrusa llamada Yelena Mazanik puso bajo la cama.  Muchos,  entre ellos la viuda de Kube, sospecharon que se trataba de un contubernio entre las SS y los partisanos.

                                        Yelena Mazianik en la vida real...
                            Y en la serie

Hunting the Gauleiter/ Cazando al Gauleiter se las arregla para definir esa contradictoria personalidad (muy buena actuación de Uve Jelliken) y aunque a veces caiga en la caricatura también se expresa su dimensionalidad que supera al acartonado retrato de los alemanes como cerdos villanos irredimibles. A pesar de que la serie es ambigua en la participación nazi en el atentado, deja clara la mala relación entre Kraube y su subalterno el aristocrático von Gottberg,  jefe de las SS.



La serie ha echado mano de un recurso dramático, el triángulo amoroso. Así se convierte el hecho histórico en trasfondo de la conspiración fraguada por la partisana Maria Ossipova y Mazanik (ahora llamada Galina Pomazan) y que acaba con ambas recibiendo medallas de la Unión Soviética por la ejecución de un líder fascista cuando la realidad es que el atentado se basó en intereses personales.



La serie es un placer para los sentidos. Hasta la banda sonora es emotiva e intensa. La dirección puede ser un poco torpe en los espacios urbanos, pero descuella en su retrato del paisaje bielorruso. Las actuaciones son desiguales, pero destacan en talento y belleza las protagonistas. Maria Arkhipova parece una Leticia Calderón joven,  y Anastasya Zavorotnyuk es una Hedy Lamarr con ojos oscuros.



El libreto logra sacar lo mejor de esos personajes. Contrasta Maria,  abogado, mujer instruida y ferviente comunista,  cuyo fanatismo choca con sus celos de mujer enamorada con la generosidad ingenua de Galina, una simple camarera, que se ve orillada,  por defender al hombre que ama,  a  cometer lo que para ella es un crimen.



La mayoría de los personajes están bien desarrollados. Los partisanos pueden ser despiadados fanáticos y los colaboracionistas,  gente simple que solo quiere sobrevivir. Los judíos superan su rol de víctimas buenistas,  y Kraube nos permite un atisbo de la mentalidad nazi detrás del uniforme y el manual propagandístico. Si me he detenido tanto en esta serie no es solo porque la amerita sino porque además está en YouTube con subtítulos en inglés y en castellano.

DOMINGO

El último día de la semana lo he dedicado a historias que tienen lugar en el Renacimiento. Acabada Becoming Elizabeth y en la espera de The Serpent Queen, me ha llegado Leonardo, la serie de la RAI sobre una ficticia acusación de asesinato que le cayó encima al Maestro Da Vinci.



Aunque haré una reseña, ha sido tremenda decepción y una tarea titánica verla. ¡Qué mal hecha está! Tan mal hecha que me he puesto a ver Queens, otro intento de mostrarnos la rivalidad entre María Estuardo y su prima Chabelita. A pesar de que siguen con ese juego de inventarnos encuentros nunca habidos entre esas reinas, y a pesar de que las actuaciones dejan mucho que desear, es más presentable que Leonardo.



Si hablamos de malos actores, donde se les puede apreciar más es en la magníficaexcepto en talento actoralCarlos , Rey Emperador. Aunque no está completa, RTVE tiene clips de un cuarto de hora,  cada uno contiene lo mejor de cada episodio. ¡Qué gran historia,  que gran rey! El drama además nos permite asomarnos a la disoluta corte francesa con ese Francisco I que se la pasaba en la cama, y el desorden de los Tudor en Inglaterra, con un emotivo retrato de la pobre Bloody Mary.







Para contrarrestar,  estoy viendo un docudrama en PBS sobre Los Bolena, ya les hablaré más de ese, pero también para contrarrestar las toxinas de Leonardo, me enfilé a lo mejor que se haya hecho en este siglo sobre el siglo XV, me refiero a Los Borgia, magna opus de Neil Jordan.

No sé qué es lo que más resalta en este trabajo tan primoroso que siento que incluso supera a Los Tudor de Michael Hirst que ya es mucho decir. ¿Es el impresionante elenco? ¿La fastuosidad de vestuario y decorado?  ¿la inmensidad psicológica de sus personajes? Es todo eso y más, y me impulsa a escribir sobre esta serie y como supera a otras historias sobre las turbulencias del Renacimiento, pero en tres palabras lo mejor de Los Borgia: una cuidadosa atmosfera de época que abarca todo desde el idioma hasta la manera de pensar de los personajes; la humanidad de estos que nos inspira a quererlos a pesar de ellos mismos y la expansión del Juego de Tronos del Papado que nos permite conocer a personajes fuera de Roma como Savoranola, Caterina Sforza y Carlos VIII de Francia.



Así es como sobrevivo mis días, mis achaques,  mis crisis domésticas y conflictos existenciales. Desde que tengo uso de razón que amo los cuentos de hadas y el streaming sigue proporcionándomelos. Son mi mecanismo de sobrevivencia y me imagino que, para venir a leerme, deben tener también importancia para ustedes. Cuéntenme cuales de estas series han visto, cuales les gustaría ver.  Y mejor aún, compartan conmigo que cuentos de hadas los han entretenido este verano.

lunes, 13 de diciembre de 2021

Entre Occidente y el Comunismo: La Línea de separación de Tannbach

 


El año pasado,  cuando la presentó la PBS,  no quise ver Línea de Separación (o Tannbach, su título en alemán). Mi temor es que fuera muy deprimente. Efectivamente, este drama de la posguerra alemana cabe entre el tremendismo absurdista de Shadowplay y la desilusión infantil de El Desertor. Los alemanes son únicos para la auto fustigación y lo que esta brillante serie nos muestra es que, más que culpar a ideologías, la responsabilidad yace en como el individuo las enfrenta, muchas veces permitiendo que primen el egoísmo y una exagerada necesidad de sobrevivir.

Nazis Fanaticos, Arrepentidos y Oportunistas

Inspirada en la historia del pueblo de Modlareuth, Tannbach es una aldea ficticia en Turingia, en el borde de Baviera, que por vaivenes históricos es invadida primero por los americanos, luego por los rusos. Es finalmente dividida en dos sectores,  uno que queda en la Alemania Federal y el otro en la “democrática”, su equivalente comunista. La serie muestra la tragedia de familias separadas por un rio y por ideas políticas. Pero su tesis es que los personajes ya vienen predestinados por el modo en que se comportaron en el Tercer Reich.

Tannbach es mucho más cruda y realista que la famosa Heimat que la televisión alemana presentara en los 80. Parte de la base que, con pocas excepciones, los alemanes fueron nazis o colaboraron de manera activa o pasiva con un régimen asesino. “Todos fueron nazis” dice uno de mis personajes favoritos, Hilde Vockler,  “hasta yo”.  La serie nos presenta nazis arrepentidos,  nazis oportunistas y nazis fanáticos. De estos últimos pocos sobreviven, los otros se reinventan sirviendo tanto a rusos como a americanos.

                           

La historia comienza en mayo de 1945. Los americanos se acercan a Tannbach y unos pocos fanáticos se preparan para defender el pueblo. Entre ellos, Walter, un joven miembro de los HItlerjugend, hijo de la tabernera Cilly. En las afueras de la villa, en la propiedad ancestral de los Condes von Sietrow, la adolescente Anna (Henriette Confurius de Tribus de Europa)  se prueba un vestido de su madre y hace piruetas ante el espejo,



Entra la Condesa Caroline, le recuerda a su hija que debe ayudarla en la cocina, que se quite el vestido. No están los tiempos para vanidades. “Ni yo me arreglo ya” dice con tristeza. “¿Y quién te quiere mirar a ti?’ le responde la deslenguada muchacha. La insolencia de Anna recibe un merecido bofetón. Indignada, la chica escapa de su casa, coge su caballo y parte al bosque.

Alla la sorprenden unos desertores que le roban el caballo e intentan violarla. Desde la arboleda emerge el Mayor-Conde Georg von Sietrow, padre de Anna, quien la rescata. Anna se da cuenta que su padre ha desertado y está escondido. Aun así, le ruega que la acompañe de regreso a la casa. Ahora tiene miedo después del zafarrancho que ha armado.

Su trayecto es observado por Franz Schober, uno de los tres grandes villanos de esta historia, Schober es el Gaulaiter del pueblo. Aparenta ser un devoto nazi, pero es un oportunista que mientras ve cómo sacar ventaja de la situación, azuza a inocentes y culpables a una última e inútil batalla.



En el camino, aparece un automóvil conducido por Horst Vockler, ,oficial de las SS e hijo ilegitimo de Schober. Lleva a Hilde, su madre, a refugiarse en casa de unos parientes. Schober le ordena ir al castillo y prender al desertor. Vockler obedece y acaba fusilando a Caroline cuando esta se niega a revelar el escondite de su esposo.



La ejecución es presenciada por Georg y Anna. Al comienzo,  Anna culpa a su padre, pero eventualmente se culpa ella por haberlo hecho acompañarla de regreso al castillo. Nunca reparará en que todo comenzó con su inapropiada reacción contra una madre que parece haber amado.

La reacción de Anna, las últimas palabras intercambiadas con Caroline son un reflejo de como el nazismo destruyó el espíritu familiar, permitiendo y motivando una desaparición de la autoridad paterna. Los jóvenes no tenían más progenitores que el estado y podían desobedecer, ofender y hasta delatar a sus padres biológicos. Anna es un producto del nazismo a pesar de que su madre se oponga al régimen de Hitler. Georg y los abuelos maternos de Anna (que aparecen en un momento para convencerla, en vano, que huya a Buenos Aires, con ellos) son nazis convencidos.



No sabemos realmente como Anna reaccionó al nazismo, pero si como abrazará el comunismo hasta volverse más roja que Stalin. Parte este cambio viene con el amor. Antes de morir, Caroline ha ofrecido en el castillo asilo a refugiados de Berlín. Entre ellos, Christa, mi personaje favorito. Una humilde costurera, Christa desprecia las ideologías que la han dejado viuda, luego que su esposo comunista fuese asesinado en el campo de concentración de Sacheshausen.

Christa se siente cómplice de la tragedia acaecida a sus vecinos judíos, a pesar de que ha adoptado a Lothar (Ludwig Trepte de Los Hijos del Tercer Reich, Deutschland 83 y Bauhaus) un joven judío al que cría y considera como su hijo. Christa quiere impedir, en vano,  que su hijo biológico, Friedrich (Jonas Nay de Deutschland 83) , siga los pasos del padre.



Friedrich es un comunista soñador quien inculca sus sueños a Anna a la que enamora, hace su amante, esposa y madre de sus hijos. Tan buen trabajo hace que, para la segunda temporada, Friedrich se ha desilusionado con el proyecto comunista, pero Anna se ha convertido en la estrella del Partido.

Entre Americanos y Soviéticos

En cinco años, Tannbach pasará por cuatro invasiones que la irán reconstruyendo y destruyendo paulatinamente, los personajes pasarán por el mismo proceso. La primera y más humana invasión es la de los Americanos. Pronto el oportunista Schober está trabajando para los nuevos amos.

En cambio, el Conde Georg y Horst Vockler son enviados a campos de prisioneros. Cuando Georg le reclama al jefe aliado (llamado simplemente “El Coronel”) que emplee a Schober que fue el autor intelectual de la ejecución de la Condesa Caroline, El Coronel le explica que para Los Aliados todos los alemanes son nazis, todos merecen castigo, solo que algunos, como Schober, pueden ser útiles.



Anna queda sola en su castillo, pero Georg se la ha encargado a Christa. Lothar ha partido a Berlín a ver que sucedió con sus padres,  dejando un espacio en el corazón maternal de la costurera, quien, además,  de tanto zurcirle la ropa al Conde,  se ha enamorado de él.

La segunda invasión es la soviética. Los Americanos se retiran y el Ejército Rojo entra en Tannbach como un espíritu de venganza, matando, robando y violando mujeres,  entre ellas a Hilde. Ocurre una masacre en la granja de la familia de Hilde y solo sobrevive la bebé Helene. Los rusos se la encajan a Christa que es la Madre Coraje de este cuento.



Los rusos planean una ocupación temporal y con ellos llegan los comunistas alemanes que pretenden crear una nueva nación . Los lidera el idealista Konrad (Ronald Zehrfeld que no se pierde serie de época alemana) que se convierte en el mentor de Friedrich, pero con él llega también el repulsivo Hoffman.

Un ex nazi, Hoffman se bebió el Cool Aid marxista y ahora quiere imponer sobre sus compatriotas,  menos oportunistas que él,  un estado policía. Una sociedad deshumanizante donde todos deben actuar como robot,  donde los hijos delatan a los padres y viceversa,  y donde vemos que las políticas de cancelación no las inventaron las redes sociales. Solo que en el mundo de Hoffman el cancelado comienza a ser paria social para luego ser exiliado, encarcelado,  incluso ejecutado.



Los rusos expropian las tierras de los “capitalistas nazis” y el siguiente paso es el destierro de estos al gulag. Ese es el destino para Anna. Aunque Christa se ha conseguido un puesto en la nueva sociedad cosiendo los uniformes de los soldados rusos, no puede ampararla, pero Anna tiene la suerte de siempre conseguirse protectores.

Hilde, que se siente culpable de la muerte de la Condesa Caroline, oculta a Anna en su casa, pero es descubierta por Konrad que está enamorado de Hilde. Konrad e Hilde se hacen amantes. El protege a Anna que se casa con Friedrich. Este consigue que le otorguen (como hijo de una víctima del fascismo) un trozo de la propiedad de Anna para construir una casa para su familia.

El problema es Hoffman. Verde de envidia ante el éxito del Camarada Konrad,  trata de hacerle daño atacando a sus protegidos. Acusa a Christa de proyectos “capitalistas” (diseñar y hacer vestidos para venderlos) . Aprovechado a que Lothar, tras descubrir que sus padres fueron gaseados en Auschwitz, ha regresado, lo acusa a él y a su madre adoptiva de usar documentos falsos, fingiendo ser parientes. Por suerte, el coronel ruso acaba con esta farsa, pero Christa ya está harta. Les dice a sus hijos que se sofoca en ese ambiente y quiere marcharse. Friedrich y Lothar se niegan a seguirla.



Georg regresa del campo de prisioneros y descubre que ha perdido sus tierras y que su hija se ha casado con un comunista. Aunque tiene un romántico revolcón con Christa, no sabe qué hacer con su futuro. La decisión la toma la historia en un inesperado twist argumental.



Un Pueblo Dividido

Los americanos regresan, han revisado sus mapas y descubierto que el rio Tannbach es una división natural entre su zona y la soviética, pero como el rio cruza el pueblo este quedará partido en dos. Ahí comienza la verdadera historia que abarcará veinte años, en que los lugareños vivirán separados de sus seres queridos, primero por un puente,  luego por alambradas de espino, finalmente por muros de madera y piedra.

Las líneas divisorias crearán paranoias, nacidas de la certeza de que el paraíso marxista no existe. Cada vez habrá más gente dispuesta a huir del lado soviético. El contrabando humano y de suministrosel desabastecimiento es endémico en la Alemania comunista tendrá curiosos lideres:  Lothar y la sumisa esposa de Franz Schober cuya granja ha quedado en la Alemania Federal.



Veremos cómo los cambios sociales e históricos,  incluyendo la Primavera de Praga,  van moldeando las conciencias de los personajes. Schober se escapa de la ley en ambos lados del Tannbach, pero el castigo divino le llegará al final. Georg establece un negocio y vuelve a ser rico. Se casará dos veces y tendrá otro hijo, pero su corazón siempre estará con Anna y sus nietos al otro lado del puente. Georg y el asesino de su esposa, Horst Vockler, trabajarán clandestinamente para la NATO ahora involucrada en una Guerra Fría igual de letal que las guerras en caliente.

Nacerán nuevos niños en ambos lados del pueblo y esos niños se volverán adultos. Veremos como Anna debe lidiar con hijos rebeldes que la educación marxista vuelve en contra de la autoridad materna. Sin embargo, Anna es más comunista que Stalin, incluso más que su propio marido. Tanto Friederich como Konrad han quedado desilusionados con el rumbo que han tomado su ideales izquierdistas.



Cuando Konrad finalmente es superado por el taimado Hoffman, Hilde queda desamparada. Es exiliada a Berlín donde se la pone a trabajar en una fábrica de ropa que, irónicamente, es vendida al Occidente. Ahí vivirá nuevas desventuras que nos muestran los errores, las contradicciones y las mentiras con las que se buscó gobernar la Alemania supuestamente “democrática”.

Tannbach es una crónica vital e histórica que recuerda a las temporadas finales de Un Village Francaise en esa visión desoladora y sin esperanzas de la posguerra. Aquí hay menos hincapié en la mala gestión de los Aliados que en otras series parecidas como Shadowplay. Se acepta la culpa nacional poniendo como ejemplo la facilidad con la que los nazis escapan castigo cambiando de bando y volviendo a oprimir a las mismas victimas

La tesis es que después de Hitler no hay perdón, olvido o reconstrucción posible. Todos están condenados y su salvación reside en estrategias para sobrevivir ¡Y vaya que sobreviven estos personajes! Lo que no sobrevive es su conciencia y humanidad. Christa huye a Nueva York y regresa en 1951 para el bautizo de su primer nieto. Lo que presencia en términos de muertes físicas y emocionales la hace huir nuevamente para nunca regresar. Se entiende que el dividir a los alemanes ha dividido su espíritu como nación y como individuos.



Magníficamente actuada, con personajes que se nos meten hasta los huesos y que amamos u odiamos,  Tannbach no parece tener desperdicio. Eso no la hace exenta de errores. El final es abrupto, los únicos que parecen tener clausura son los miembros de la Familia Schober. Los saltos de épocaesto es más notorio en la segunda temporada permiten la desaparición de personajes, y la aparición de nuevos rostros y arcos sin dar mayor explicaciones, pero en general es una historia atrapante y perturbadora.

Antes de acabar de ver Tannbach, tuve la oportunidad de volver a ver Sophie’s Choice, la que siempre he considerado uno de las tres mejores filmes sobre el Holocausto. Cual sería mi sorpresa al descubrir que no es un filme del Holocausto, a pesar del gran rol que la Shoah ocupa en la historia. Es una historia que tiene muchos temas desde el autocastigo hasta las obsesiones nacidas en mentes enfermas.

Sin embargo, el tema principal,  y que la acerca a Tannbach,  es la capacidad de decidir y los remordimientos. Como un sentimiento de culpa puede desarrollarse a raíz de la toma de una mala decisión o por no haber tomado ninguna, dejando que el ritmo histórico nos arrastre. ¿Qué hubiese pasado en Tannbach si los Aliados hubiesen pagado los $18.000 que exigían los soviéticos para desalojar el pueblo?  ¿Qué hubiese pasado so Horst Vockler hubiese desoído la orden de su padre y hubiese seguido su camino?  ¿Qué hubiese ocurrido si la familia Erler hubiese decidido abandonar el lado soviético?



En estos tiempos estamos expuestos a nuevas formas de totalitarismo. Muchas veces preferimos ignorarlas o hacernos cómplices de ellas, sea por moda, por quedar bien con nuestro entorno social, o por necesitar de falsos idealismos para forjar nuestra identidad. Por eso es bueno ver estas historias que nos muestran el horror que puede acaecernos simplemente por ignorar las fluctuaciones históricas o por dejarnos llevar por ellas.

Bajo el título de Tannbach: el destino de una nación fue presentada en el 2019 a America Latina vía Europa, Europa. Si la vieron,  coménteme su opinión. No sé si la habrán dado en España. En Estados Unidos puede verse a través de dos sistemas: el streaming Thirteenth Passport y PBS Masterpiece. Se puede acceder a este último vía Amazon Prime Video.



Contenido de violencia y gore: Una batalla, suicidios, riñas, ejecuciones. Los rusos masacran una familia. Un niño muere por jugar con una bomba, pero nada es gráfico. No muestran la violación de Hilde, pero si cuando es golpeada por una guardia de la Stasi.

Contenido sexual: Muchas situaciones sexuales, pero no hay desnudos ni sexo gráfico.

Contenido feminista: Vemos que la mujer gozaba de mayor libertad en el lado comunista. En la Alemania Federal debían pedirle al marido permiso para trabajar o tener su propio negocio.

Diversidad: Cero diversidad cultural o racial. Hay una pareja de homosexuales y uno es arrestado y encarcelado.

lunes, 17 de mayo de 2021

La Francia de los 60: Drama de época continental (I)

 


Desde que Ruhami llegó a mi vida, el hastío que me perseguía debido a las condiciones del drama de época actual se evaporó. A través de diversas plataformas y servicios de streaming he descubierto que en la Vieja Europa se siguen haciendo cosas de calidad y mérito artístico y que no están obligadas a sujetarse a las fórmulas establecidas por la cultura angloparlante. Hora es de hablar de ello y comenzamos como siempre por la capital de la cultura europea: Francia.

En la primera década del Tercer Milenio, Francia se anotó dos goles en el área del custom drama. La primera fue la adaptación de las andanzas de Nicholas Le Floch, un detective aristócrata en la Francia de Louis XIV. La siguió, la extraordinaria” Un Village Français” un descarnado retrato de la vida cotidiana bajo la Ocupación alemana de un pueblito del Franco Condado.



A pesar de la fama cosechada con ambos seriados, la televisión francesa no ha probado suerte en ninguna de esas áreas. De historia antigua tenemos el dramatizado “El cardenal y la reina” que he encontrado en Vudu: una visión de los amores de Ana de Austria con el Cardenal Mazarino. Es como una precuela a “Versalles”, pero esta última serie tuvo un definitivo sello anglo.

Lo mismo ocurre con el proyecto actual de Isabelle Adjani, “Diana de Poitiers”, que será un dramatizado en dos partes. La mejor parte del cuento de la amante de Enrique II quedará en manos de Starz que ya tiene contratada a Samantha Morton para dar vida a la rival de Diane, Catalina de Médicis en “The Serpent Queen”.

                                             Adjani como Diane de Poitiers



La televisión francesa no muestra interés por el drama de época y lo deja en manos de Netflix que crea proyectos de escaso mérito y nula historicidad como “Le Bazar de la Charite” y la fantasía histórica ‘La Revolution”.  Sin embargo, hay en las productoras galas un espacio de tiempo que los vuelve nostálgicos. Son el comienzo de Los 60.

Agatha Christie a la Francesa

En mi sondeo del drama de época continental he visto que abundan los whodunnit históricos. Francia no ha sido la excepción. Aparte de Nicholas Floch y el más moderno Maigret, la televisión gala se embarcó en unas series de adaptaciones de Agatha Christie conocidas como “Les Peites Meurtres” (los pequeños asesinatos). Para no chocar con la sensibilidad purista de los fans de Dame Agatha, se han reversionado sus mejores misterios y se ha trasladado la acción a la Francia antigua, prescindiendo de los geniales detectives Poirot y Miss Marple.



La primera temporada tuvo lugar en os Años 30 y su única notabilidad fue que uno de los detectives era gay. Mas éxito tuvo la segunda ola con siete temporadas que van desde el 2013 hasta el 2019. El largo de la serie es clara evidencia de que el público la apoya. No sé por qué. La acción tiene lugar en Lille y trata de crímenes locales que debe resolver el insoportable inspector Swan Laurence cuyo mayor mérito parece ser el desprecio con el que trata a sus principales colaboradoras su secretaria Marlene, y Abril, una joven periodista.

El vestuario es glamoroso, las actuaciones pasables. Aparte de eso no veo el motivo que haya gustado tanto una serie donde su protagonista es antipático, soberbio y casi misógino en el trato de sus ayudantes. Marlene andará disfrazada de rubia tonta, pero es obvio que está enamorada del Laurence y por eso le es devota y sumisa, aunque ya solo falta que el policía la use de alfombra.

El caso de Abril es más triste. A sus veinticinco años ha acumulado desdichas causadas por su condición femenina. Ahora intenta salir adelante en el mundo de periodismo, a pesar del acoso de un editor y las pullas hirientes y desubicadas de Laurence. Debido a la naturaleza inquisitiva de Abril y a un hábito de meterse en sitios peligrosos, los caminos de la periodista y del comisario se entrecruzan constantemente.





Laurence no pierde oportunidad de humillarla y amedrentarla, usualmente usando como base de su ataque la desesperada necesidad de Abril de superar un género que la debilita ante los hombres. Así hay burlas por su vestuario (jeans que entonces no eran vistos como prendas de trabajo para la mujer) o su puritanismo a pesar de ser mujer divorciada.

Esta serie que puede verse en Amazon, Acorn Tv, y creo que hasta estuvo en Netflix, me provocó sorpresa puesto que ha sido confeccionada antes y después del MeToo, pero entiendo que a pesar del eslogan de las mituteras francesas Chacun son Porc (un puerco por cada una) todavía se considere atractivo un porc como Swan Laurence. Tal vez el que la acción tenga lugar a fines de los 50/comienzos de los 60, permita esa actitud tan reprensiblemente sexista que supera en creces el machismo del Don Draper de “Mad Men”.



El Cuento del Stalker

Otra serie que glamuriza los 60, es “Romance”en inglés “Wonderland”una fantasía romántica hecha justo antes de la pandemia.  En el 2019, Jeremie, un ex estudiante de medicina se ha convertido en un loser total. Vive de arrimado en casa de una hermana divorciada a cambio de ser baby sitter de los sobrinos, mal se gana la vida con un empleo de vendedor de vinilos en una tienda de música y cuando se tropieza con una ex novia, descubrimos que es mitómano y que ella lo dejó por su costumbre de andar con cuentos nacidos de una imaginación tan fértil como la de Walter Mitty.

La noche de Año Nuevo, unos amigos llevan a Jeremie a una disco muy original. Se trata del Wonderland, un antro dedicado al rock de comienzos de los 60. Jeremie tiene un encontronazo con el dueño, pero lo atrapa una fotografía que ve en la pared. La foto representa una mujer, de espaldas a la cámara, entrando en el mar. Aun sin ver su rostro, Jeremie enloquece por ella.



 Indaga con las camareras y descubre que el Wonderland original estaba en Biarritz en 1959. Era propiedad del padre del actual dueño. Tony ha revivido el Wonderland como una manera de conectarse.  con el padre que murió en un accidente cuando él era muy pequeño.

Totalmente obsesionado, Jeremie abandona su empleo y consigue otro como camarero del Wonderland. Incluso comienza a stalkear a   Tony. Se le, mete en la suite del hotel donde vive en un esfuerzo por descubrir la identidad de la desconocida que lo ha hecho perder la cabeza.

Finalmente, una tarde a solas en el bar, Jeremie coloca un disco de Odetta. Al final de la canción el ensimismado Jeremie nota que su entorno ha cambiado, sale del bar y descubre que está en Biarritz en 1960. Desorientado deambula hacia una playa donde un grupo de jóvenes están reunidos. Ahí ve a la mujer de sus sueños. Ella se vuelve hacia él…un solo vistazo a la bella Olga Kyrylenlo y Jeremie se obsesiona más.



Valeria, la hermanita de Chris Desforges, novio de Alice (Kurylenko), casi se ahoga. Jeremie anuncia que es médico cardiólogo, le da respiración boca a boca y cae tan bien en la familia de los Desforges que se lo llevan a su villa. Jeremie les hace un cuento chino de que es Pierre Foucher (el maestro que más odió en la facultad) y que le robaron el auto y los documentos.

Aunque el cuento tiene muchos agujeros, los Desforges son tan despreocupados como hedonistas, Jeremie/Pierre se ve envuelto en un torbellino de fiestas y asiste a la apertura del “Wonderland” original. Ahí conoce al padre de Tony y a Margaret, su amor imposible, una escritora canadiense atada sentimentalmente al novio que murió en la guerra.

Aunque existe un Papa Desforges, que es el del dinero, su presencia no se materializa y los Desforges se acostumbran al “médico”. Jeremie descubre un modo de volver al presente, pero prefiere seguir cerca de la enigmática Alice. La historia se vuelve un noir, tipo novela de Patricia Highsmith, con Jeremie convertido en un Tom Ripley. Solo que su obsesión es una femme fatale que ya le ha costado la vida la ex prometida de su novio y que según Chris miente sobre su pasado.

                          Alice, Chris Desforges y El Talentoso Dr. Foucher

Jeremie sigue a Alice hasta una granja en la campiña vasca. Además de espiarla desnuda en el baño, registra sus maletas y encuentra un cartucho de municiones. Jeremie sigue con su fisgoneo rastreando a Alice hasta Paris donde terminan haciendo el amor. Allá, gracias a un casillero privado y el diario que encuentra adentro, se entera que Alice es judía. Sus padres murieron en los campos nazis y quien los delató (para quedarse con su apartamento) fue Desforges Pere.  No es casualidad que Alice y Chris sean novios, es parte de un plan de venganza.

Lo que en papel suena muy interesante, un maridaje de misterio y viaje en el tiempo no funciona en pantalla. Wonderland se apega a formulas añejas sin renovarlas. La historia de un desadaptado que solo es feliz en el pasado tiene ecos del “Midnight in Paris” de Woody Allen. La obsesión del protagonista con una mujer de otra época evoca a la romántica “Somewhere in Time”, pero la falta de química de los protagonistas evita las similitudes positivas.  

A Jeremie/Pierre le falta la determinación y ambición de un Tom Ripley. Su única motivación es poseer a una mujer a la que nunca llega comprender del todo. Los temas de venganza, drama familiar y mentiras pasadas y presentes son demasiado serios para un protagonista que parece estar jugando a ser héroe de comedia romántica, pero que se comporta peor que el Joe Goldberg de” You”. El ritmo de la serie también es forzado con momentos de dudoso humor dando paso a otros de increíble violencia, y el final es un sinsentido total



En su loca aventura, Jeremie roba dinero, llaves y autos. Se infiltra en casas ajenas, rompe pisos, fisgonea mujeres denudas y hasta secuestra a un niño. A diferencia de Penn Badgley en “You” se supone que debemos admirarlo y comprenderlo. Digamos que la combinación de musical de Jaques Demy y “Au Plein Soleil” no le cuadra. Le falta el carisma actoral y la belleza física de Alain Delon para hacernos olvidar que es un Stalker/delincuente/posiblemente un enfermo mental. Eso según los estándares del Tercer Milenio, pero “Wonderland” nos deja saber que las reglas mituteras podrán controlar Hollywood, pero no la televisión francesa.

La Mujer en la Televisión Gala de los 60

Mi última selección es mi favorita, “Speakerine” del 2017. La historia tiene lugar en Paris en 1962. Christine Beauval es el rostro más admirado de Francia, y eso que no es ni actriz, ni cantante, ni modelo, solo una humilde speakerine, (la persona que anuncia el siguiente programa en televisión). Parece una tarea tan humilde, pero casi no hay mujeres en el rubro. La otra spkearine del canal no es tan atractiva como Madame Beauval y está ahí solo por ser la “amiguita” de un ministro.

A sus 42 años, Christine es una estrella, la esperan sus admiradores a la puerta del canal, recibe kilos de cartas elogiándola y una cantidad de Hate mail que Michelle, su fiel asistente, procura ocultar. Algunas cartas vienen de gente que cree que Christie debería estar en casa cuidando de sus hijos, pero otras parecen venir de un desquiciado que las acompaña con imágenes amenazadoras y finalmente con una estatua de cera de la speakerine cubierta de sangre.



Michelle debe contarles a los Beauval (Christine y su esposo Pierre) de la existencia de esta persona y la lista de enemigos de la pareja es larga. Incluye a la “amiguita” que fue enviada a su casa y culpa a su colega; a un utilero al que Christine hizo despedir; y sobre ellos al envidioso Darnet, director del canal. Sucede que una revista popular ha entrevistado a Christine y a su familia. Durante la entrevista, la anunciadora ha revelado que pronto conducirá un programa dirigido a la población femenina.

Este anuncio de un proyecto nunca discutido con Darnet, pone lívido al director. Su ira es fustigada aún más cuando Pierre Beauval es puesto a cargo de Mundovisión, un proyecto en conjunto con televisoras norteamericanas. Según Darnet-que ansiaba ese puestoBeauval solo lo ha conseguido por Eric Jauffret, Ministro del Interior, amigo de la infancia de Christine y compañero de armas de Pierre en Las Fuerzas Francesas Libres.

Charles de Gaulle está de regreso en el Eliseo y Eric y Pierre, sus antiguos soldados, son sus protegidos. Eric le asegura a Pierre que es cuestión de meses antes que reemplace a Darnet como director del canal. Pierre le pide a su mujer que posponga su proyecto hasta entonces. A Christine no le parece y comienza a sospechar que debe poner al padre de sus hijos en su lista de enemigos.

                              Los Exitosos Beauval

En la Francia de la OAS

Hora es de hablar de los hijos de los Beauval que pondrán los peores escollos en el camino de las ambiciones de sus padres. Antes debo mencionar un poco del contexto histórico que también es importante y ni es explicado en la serie. Tal vez los niños franceses lo aprenderán en la escuela.

A mediados de los 50, el imperio colonial francés comenzó a desintegrarse. Junto con la Guerra de Indochina hubo levantamientos de la población autóctona en Argelia, la colonia más grande del país galo.  En Argelia se creó un movimiento llamado FLN (Frente de Liberación Nacional) que comenzó una campaña en contra del poder colonial.

Aunque esto fue lo acostumbrado en todas las colonias, el escenario aquí cambió debido a que los ataques iban dirigidos a dos grupos completamente asentados en el territorio argelino. Los ataques que devinieron en masacres estaban marcados por una barbarie brutal de violaciones, mutilaciones y torturas que precedían las muertes de víctimas fueran mujeres, niños o ancianos.



Los principales blancos del FLN no eran las fuerzas militares ni las autoridades coloniales sino los colonos franceses que residían en Argelia desde hacía cien años, y la comunidad judeo-sefardí que llevaba en esa tierra desde su expulsión de España em el Siglo XV. Las peores torturas y brutalidad (hay casos tan fuertes que ni puedo describir) se las reservaba para los judíos.

Es posible que hubiese ahí un elemento de envidia. La Ley Cremieux de 1874 les había otorgado a los judíos argelinos, la ciudadanía francesa. Aunque el gobierno de Vichy derogó esa ley durante la Segunda Guerra Mundial, De Gaulle se la devolvió tras la liberación, pero los argelinos de origen árabe nunca la tuvieron.

Es cierto que, en el momento de su creación, el FLN se aproximó a la población judía ofreciéndoles que luchasen juntos contra el opresor galo, pero los judíos se sentían franceses y escogieron unirse a los Pied-Noir (pies negros) que así se apodaba a los colonos franceses. Para ser francos, la verdadera razón detrás de la actitud judía es que no había confianza en los árabes argelinos quienes habían organizado ataques y matanzas recientes en contra de la población sefardita.

                                   Niños judíos aregelinos en 1962

El caso es que la violencia en contra de colonos, judíos, y hasta árabes moderados, escaló de tal manera que el ejército francés respondió con la misma moneda, con torturas brutales y llegando a ejecutar sospechosos sin previo juicio.  Como solución, Francia sacó del retiro al General De Gaulle en 1959, pero la situación era desesperada.

La opinión mundial estaba en contra de la presencia militar francesa en el Norte de África. Los intelectuales de izquierda encabezados por Sartre y su De Beauvoir azuzaron a la opinión pública a repudiar lo que ocurría en Argelia. Una excepción fue Albert Camus, que, nacido en Argelia, apoyó a los PIed-Noir.

                              Camus el Pied-Noir

En 1960, las Naciones Unidas reconocía la independencia argelina. Dos años más tarde De Gaulle se rindió, Francia abandonó el país y las fuerzas francesas se retiraron dejando atrás casi 200.000 Harkis, auxiliares de origen argelino. El nuevo gobierno había jurado perdonarles la vida, pero pronto comenzó a masacrarlos.

Se cree que 60.000 fueron asesinados con muertes horribles acompañadas de torturas. 90.000 lograron refugiarse en Francia, ayudados por oficiales franceses que desobedecieron órdenes para hacerlo. A esta inmigración forzada se agregaron los 900.000 Pied Noirs entre los que vino la comunidad judía. Esto creó un problema inmenso de inmigración del que Francia todavía no se recupera.

                             Familia de Pied Noirs abandonando Argelia

Muchos se sentían defraudados y traicionados por el gobierno galo. Eso dio paso a la creación en Madrid, en 1962, de la OAS, una organización terrorista fundada y compuesta por ex oficiales. Su mayor actividad consistió en poner bombas que estallaban en diferentes partes de Paris y atentar en contra de simpatizantes del FLN como lo era Sartre. Aunque su mayor blanco era De Gaulle a quien se intentó asesinar en varias ocasiones, siendo la más recordada la retratada por Frederick Forsyth en El Dia del Chacal.

Es en este marco histórico donde se desarrollan los hechos marrados en “Speakerine”. Jean Claude, el hijo mayor de los Beauval estaba para hacer el servicio militar obligatorio. Sabiendo que lo enviarían a Argelia, Christine suplicó a Pierre que usase de sus influencias para impedirlo. Jean Claude se quedó en Francia, mientras sus amigos partían a África. Dos de ellos no regresaron. Se les dio por “desaparecidos” (algo que hacia el ejercito cuando los cadáveres estaban muy mutilados).



En pos de la verdad, Jean Claude cae en una célula de la OAS. Por luchar contra el gaullismo, que el joven asocia con un padre al que odia, Jean Claude se une a los terroristas sin que su familia jamás se entere de un episodio que marcará su vida. Uno de los cabos sueltos del final de Speakerine.

Colette y un Romance Políticamente Incorrecto

Mas compleja es la historia de Colette, la menor de los Beauval. A sus 18 años, Madeimoselle Colette cursa el tercer año de secundaria en un colegio de monjas. La razón de que todavía esté en la escuela es que en la Francia de entonces (y Chile también) un mal estudiante era obligado a repetir cursos las veces que fuese necesario.

Colette es pésima estudiante lo que desespera a su madre quien la sueña una profesional autovalente. Para eso le consigue trabajo, gracias a su amigo Eric, en el Ministerio de informaciones. Tan bien se desempeña Colette que acaba en la cama con su jefe.



La mejor amiga de Colette es la despercudida Marilou quien a sus 16 años ya tiene su proyecto de vida, ser actriz famosa. Eric les consigue a las chicas entradas para el debut de “Cartouche”. Junto a Belmondo y Lollobrigida, las niñas conocen a un productor que le pronostica un brillante futuro a Marilou.

El productor invita a Marilou a una fiesta privada, y ofrece pagarle por si asistencia. Con reparos, Colette se emperifolla y acompaña a su amiga a un palacete en Saint Cloud. Ahí está feliz sacando fotografías, cuando nota que no hay nadie conocido y que las parejas andan manoseándose por los rincones.

Colette quiere marcharse, pero Marilou, medio borracha, lo está pasando bien, le alcanza dinero para el taxi. A la salida, Colette se tropieza con su amante. Eric le asegura (y es cierto) que ha caído en una trampa y que no sabía que era ese tipo de fiesta. El ministro le pide a Colette que lo espere mientras convence a Marilou de que deben salir de ahí. No lo consigue y cuando vuelve a buscar a Colette esta ha huido después de ser acosada por un par de invitados.

                                   Colette y Eric en una fiesta peligrosa

 Al día siguiente, un joven argelino en Nanterre (donde se han instalado los refugiados de África) descubre en una zanja el cadáver de Marilou. Antes de ser asesinada, fue violada. La asustada Colette revela la verdad a su madre (sin contar lo de Eric). Colette va al Ministerio a buscar consejo de su amante, pero la pareja es descubierta por Christine.

La reacción de Madame Beauval es la esperada. Acusa a su amigo de ser un degenerado. “La conoces desde que era una nena. ¡Estuviste en su bautizo!” Exige que no se vuelvan a ver, so pena de hacer públicas las fotos que Colette tomó de Eric en la fiesta. A solas, Christine recrimina a su hija. Después de todo lo que ha hecho para que Colette estudie y se prepare. Todo lo que ha querido es hacerla un ser autovalente que no dependa de un hombre.

                                 Christine enfrenta al seductor de su nena

Sabemos que Christine siempre se ha arrepentido de haber dejado la universidad para criar a sus hijos. ¿Acaso no está obligando a Colette a llevar la vida que ella no vivió? Esa parece ser la opinión de Colette quien tiene otras metas. Y ahí es donde vemos el tema de las opciones femeninas tratado de una manera que sería inconcebible en una serie americana. Colette se niega a cumplir los sueños de su madre. Ama a Eric y está segura de que él le corresponde, van a casarse y tendrán muchos bebés.

Aunque sus palabras nos horroricen a las sofisticadas hembras del Tercer Milenio, ¿era un sueño tan descabellado en 1962? ¿Por qué el objetivo de Colette es menos legítimo que el de su madre?  Christine no se plantea esta interrogante. Barre a Eric y Colette debajo de la alfombra y sigue intentando reparar todas las grietas que se han abierto en su vida.



Eric va a ver al Ministro del Interior y le revela la existencia de estas fiestas tipo Jeffrey Epstein, y de los políticos importantes que avistó la noche que fue a Saint Cloud. El cree que el asesino de Marilou estaba en la fiesta. ¡Pobre Eric,! A veces es tan ingenuo como su joven amante. El Ministro está metido hasta la nariz en el asunto y también Darnet. Este aprieta las tuercas de un inspector de policía corrupto para que le cuelguen el asesinato al jovencito que encontró el cadáver.

Mohamed “Momo” Attoun es un adolescente autista, argelino obligado a refugiarse en Francia (su padre fue asesinado por el FLN, su madre es judía). A pesar de ser golpeado bárbaramente por la policía, Momo insiste en que vio a los conductores de un Renault rojo (propiedad de Darnet) arrojar el cadáver a una zanja. Nadie lo escucha, es enjuiciado y condenado a la guillotina. Lucette Attoun, su desesperada madre, suplica a Christine que la ayude, y Madame Beauval, como si no tuviera suficientes problemas, se embarca en esa cruzada acompañada del periodista Philippe Lefevre que se convierte en su amante. Muy encomiable todo, pero tal vez a Christine le conviniese velar un poco por sus hijos.

                             Christine y Philippe su colaborador-amante

El Aborto como Opción y No Solución Obligatoria

Tal vez el sueño de Colette de casarse sea una quimera, pero lo de los bebés…Christine, ocupada con sus cosas, no nota que su hija se la pasa vomitando en el baño. Colette llama a Eric y este no le devuelve las llamadas, le escribe una carta que el ministro rompe, visita su departamento, pero ‘él no le abre la puerta. Es en esa escena con Colette llorando apoyada en la puerta y la pantalla dividida que nos muestra a Eric también llorando apoyado en la misma puerta, que nos hace caer en cuenta que la quiere y no es un mero pasatiempo.

Es Jean Claude, cada vez más involucrado con la OAS, quien reconoce los síntomas de su hermana y le consigue una cita para un aborto (hasta 1975 el procedimiento fue ilegal en Francia) pero Colette se arrepiente en la sala de espera. Entretanto, Christine comete la imprudencia de advertir a Darnet de que tiene pruebas que lo vinculan al asesinato de Marilou. Esto provoca un descalabro en el gobierno y la cabeza que rueda es la de Eric Jauffret.



                           Jean Claude aconseja a su hermana

El ex Ministro de Comunicaciones, al ver su carrera política acabada, decide que no va a perder a Collete también. Va a buscarla, le dice que la ama y quiere casarse con ella. El anuncio del embarazo añade urgencia al asunto. Eric llama a Christine y la cita en un cervecería. Quiere convencerla de dar su permiso para la boda, pero ignora que ese sitio, frecuentado por políticos, es blanco de la OAS. Precisamente, es Jean Claude quien coloca una bomba que mata a Eric y casi alcanza a Christine.

                                    Ultimo abrazo de Eric y Colette

Colette esta desolada y confiesa su embarazo a su madre. Ya Christine no puede seguir ocultando la verdad a su marido. Los Beauval celebran una reunión de emergencia en la que la más interesada, Colette, no está presente, no tiene voz ni voto. Su padre insiste en que debe ser enviada un convento para madres solteras y regresar sin él bebé. Christine es más drástica, quiere un aborto. Ambos cónyuges desean una solución express que les permita zanjar el asunto y volver a cosas más importantes.





Pierre se niega a lo que considera “un asesinato”, pero insiste en referirse a su nieto como “el bastardo” Colette se da cuenta de que no puede contar con sus padres. No les importan sus sentimientos, ni siquiera recuerdan que Eric fue un amigo que ambos quisieron y que, por su memoria, deberían velar por su único hijo. Nadie repara que desde el momento en que Eric planeó casarse con Colette legitimó su relación. Que la pareja compartía un proyecto en común y que lo único que le queda a la joven de ese proyecto es ese hijo

Christine lleva a su hija al médico de la familia quien, antes de examinar a la joven, ya les está pasando la tarjeta con el nombre de alguien que le puede ayudar a abortar. Horrorizada, Colette se marcha de su casa. Es extraordinario como en un país donde el aborto es ilegal, todos estén tan dispuestos a aconsejar a la chica a deshacerse de su hijo.

El caso más chocante es el de Michelle, amiga de confianza y asistente de Christine. Cuando se entera de la situación de la joven se sorprende que Christine tenga dudas de cómo actuar. Como madre tiene el deber de obligar a su hija a interrumpir el embarazo. Colette es menor de edad, no tiene poder de decidir sobre su vida.

                            Christine y Michelle

No debería escandalizarme. Así se vivía el feminismo francés de los 60. Ese es el mundo donde Simone de Beauvoir predicaba que no debía ser una opción femenina el ser amas de casa, que había que forzar a las mujeres a ser independientes y no planear ser madres de familia.

Colette tiene 18 años. Sin ser la más madura del mundo, hoy día ella tendría el poder de votar, beber alcohol y casarse sin permiso de los padres. No es como si fuera una niña, o enferma mental que necesite que su madre decida por ella. No hay razón médica para que aborte. Su embarazo no es ni producto de una violación ni de una relación tan poco trascendente que pueda considerarse accidental. Tampoco es como si Colette tuviese objetivos que lograr que estorbase un hijo.  Al no existir una causa de fuerza mayor, el aborto deja de ser una única opción.

Para las mujeres sudamericanas de países donde el aborto legal es algo nuevo, e incluso donde todavía no está legalizado, el mensaje de “Speakerine” resulta peligroso, pero en Francia donde es un procedimiento generalizado y aceptado se pueden examinar otras opciones para la madre soltera y eso hace a la serie interesante. Aunque el capítulo final es rocambolesco y deja muchas subtramas inconclusas, la de Colette tiene un final feliz precisamente porque los Beauval comprenden que tener una madre soltera en la familia no acarrea un estigma tan grande.



Termino este repaso por la visión de los 60 en la televisión francesa recalcando que “Emily in Paris” tenía razón, los franceses no se adhieren a la visión progresista angloparlante. Al menos en su ficción de los 60 aprovechan de crear personajes que serían imposibles aun en el drama de época de la BBC.

¿Se imaginan como cancelarían en Twitter el lenguaje y actitudes machistas del Comisario Laurence? ¿O la glorificación del Stalker en “Wonderland”? Aunque tengo sentimientos encontrados con los stalkers como Jeremie/Pierre de “Wonderland”, el público “woke” está clarísimo de que alguien como Joe Goldberg de “You” puede ser fascinante, pero que se trata un psicópata y ninguna mujer se podría sentir segura con quien tenga tan poco respeto por su privacidad.

Sin embargo, “Speakerine” es el caso más significativo, porque si tal historia fuese hecha por la televisión estadounidense no tendría final feliz (veamos el descarnado retrato de una madre soltera adolescente en “Mare of Easttown”) porque las adolescentes con críos no solo arruinan sus vidas sino también al estado que debe mantenerlas a ellas y a los hijos. En cuanto al romance Eric-Colette…les llegarían más piedras progres que al de Woody Allen y Soon Yi.



Aun así, me encanta saber que en Francia todavía se pueden tocar temas que en su contexto histórico no eran chocantes como lo ha hecho” Speakerine”. Después de todo, es el país con una Primera Dama que en sus días de maestra sedujo a un alumno adolescente que hasta hoy es su marido.

¿Les parecen atrevidos o inapropiados estos resabios de culturas patriarcales en series modernas?  ¿O el hecho de que solo ocurran en period dramas los hacen más aceptables?

Les Petites Meurtes” pueden verse (en USA) por Amazon Prime y MHZ Choice y en AcornTv (USA y America Latina). Wonderland” creo que ya apareció en TV5 y está en USA en MHz Choice. “Speakerine” está en USA en MHz y ha sido vista en el 2018 en la señal internacional de TV5, pero en octubre del 2020 fue parte de la programación de Europa Europa. Así que atentos Gatos Latinos que ese canal puede repetirla.