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lunes, 7 de enero de 2019

Drama de Época 2018: Lo Malo, Lo Feo y Lo Ofensivo



Por triste que parezca, Lo Mejor debe ser seguido por Lo Peor. El 2018 no escatimó en malos y amargos momentos en lo que se refiere a actuaciones, adaptaciones y guines de dramas de época. Algunas eran barbaridades anunciadas, precedidas por novelas incomodas como The Alienist, La Catedral del Mar y The Little Drummer Girl, pero otras series comenzaron muy bien y acabaron en desastres.

Peor serie:” La Otra Mirada”.

Este intento de combinar un escenario de época con sensibilidades modernas y (peor aún) oportunistas recreaciones de tragedias del Siglo XXI en un marco de la Sevilla de 1920, les quedó a RTVE en un producto ofensivamente petardista.


 Todos los amigos del period piece nos sentimos estafados con una visión tan falsa del mundo andaluz de la ‘época y con personajes femeninos que parecían trompeteras del “Me Too”. Eso en un tiempo en que las mujeres, incluso las promotoras del feminismo no hubiesen osado pensar, actuar o expresar disparates como los que ofreció la trama. El hecho de que ni en España tuvo éxito es ya muy significativo. Y aun as'i la han renovado.

Peor Personaje Femenino Charlie de “The Little Drummer Girl”.

No culpo a John Le Crre, que es socialista y anti sionista. Aparte que ha dicho que basó el personaje en su hermana, otra ingenua en lo que se refiere a política. En el pésimo filme de los 80, la gran Diane Keaton interpretó a Charlie como una bobita lanza-mensajes panfletarios, pero había algo genuinamente lastimero en ella.

 Florence Pugh convirtió al personaje en una mocosa insoportable, malcriada y con cara de malas pulgas. Sus discursos hedían a egolatría y arrogancia. Nunca pareció realmente ser simpatizante de ninguna causa. Además de ser una mentirosa compulsiva, resultó no ser buena actriz. No puedo creer que en la Mossad estuvieran tan necesitados como para contratarla.

Peor Personaje Masculino Príncipe Alberto de “Victoria”

Por segundo año consecutivo Albert (Tom Hughes) gana un premio por Odioso del Año. ¿Qué puedo decir si ya en el primer episodio de la segunda temporada le dijo “estúpida” a su mujer?  Su confabulación con los ministros y sus intentos por reprimir el poco poder de Vicky los excuso como compresibles en un hombre de su época, y que como príncipe se veía ninguneado, pero su crueldad es inexplicable.

Sus esfuerzos por separar a Victoria de gente que ella amaba como la Baronesa Lehzen o la ahijadita negra fueron casi tan insensibles como su falta de interés por la pobre Irlanda muriendo de la inanición. Victoria lo apoyó cuando él supo la verdad de sus orígenes, y sin embargo,  Alberto se puso del lado de la suegra en contra de su esposa. ¿Dónde se ha visto? Y esa obsesión con recordar una familia feliz que, como le señaló su hermano, nunca existió, trocaba los esfuerzos de Alberto por crear la perfecta familia alemana en patéticos y risibles.

Peor Actriz:  Maya Hawke de “Little Women”.

Yo sé que el concepto de belleza es relativo, pero de todas las actrices que han interpretado a Jo March, Maya es la memos agraciada. Noten que hablar de “gracia” no se refiere ni a sus curvas ni a sus facciones sino a la verdadera belleza. La hija de Uma Thurman carece de carisma y no irradia simpatía como su madre.

Lo que no es culpa de la actriz es que, en esta pésima adaptación, la hayan traído vestida de payasa-pordiosera. Sin embargo, yo creo que una buena actriz hubiese superado todas esas fallas y logrado proyectar algo positivo con un personaje tan enjundioso como el alter-ego de Louisa May Alcott. Esta Jo parecía militar en partidos que el personaje nunca apoyo, y terminó sonando panfletista.

Peor Actor: Alexander Ludwig de “Vikings”

A mí nunca me molestó el intérprete de Bjorn. Tal vez porque nunca tuvo mucho que hacer, o cuando lo tuvo (vengar la muerte del padre, su viaje al Magreb) no lo hizo mal, pero a medida que la serie se deteriora y vamos perdiendo personajes o porque mueren o porque aburren, la poca pericia actoral de Ludwig comienza a notarse.  

Donde más se percibió fue en su encuentro con Papi Rollo y con su "hermano" Magnus, pero ha ido en crescendo, sobre todo en el modo en que sus parlamentos se desparraman en tono átono, o el modo en que ataca a la gente al dirigirse a ella pinchándolos con su frente que cada vez está más hinchada lo que ha hecho a mi hermano apodarlo “El Delfín”.

La diferencia es que sos peces son simpáticos o inteligentes. En cambio, el pobre Bjorn se ha convertido en un ente estólido, una especie de bisonte siempre embistiendo al mundo, y eso no lo puede remediar el actor. ¿Y qué onda con que se acueste con todas?  Ni que fuera tan bonito.

Peor Pareja: Charlie y Becker de “The Little Drummer Girl”

 Es increíble imaginarse a un hombre tan lindo como Alex Skarsgard careciendo de química con una compañera, pero así ocurrió en esta deplorable adaptación de la novela de Le Carré. Desde las comedias de Rock Hudson-Doris Day que se ha considerado erótico tener a la pareja protagónica siempre de la greña, pero una esperaría que ese cliché se superase rápidamente en una historia que no es comedia romántica.

Sin embargo, a través de los seis capítulos vimos a una Pugh hinchando los carillos con furia mal contenida y quejándose cada vez que abría la boca. No se vio muy sexy, en cuanto a Alex, el personaje de Becker era demasiado enigmático. Tomó mucho tiempo descubrir su pasado, lo que hizo que muchos telespectadores cambiaran de canal antes de tal revelación.


Peor Final: “The Terror”

Fue una decisión caprichosa de parte del equipo de “The Terror” la de no seguir el libro en lo que respecta a Silna, apodada por los ingleses “La Dama Silencio”, la protagonista femenina del cuento. La obra se enfocó en los marinos y sus oficiales, por lo que no hubo mayor critica de que Silna, la niña esquimal sin lengua del libro pasara a ser un personaje secundario incluso terciario. Sin embargo, al llegar al final, los guionistas entraron en pánico al descubrir que el desdibujarla impedía un final coherente.

¿Cómo explicar muchas cosas que el Capitán Crozier, en la crónica de Dan Simmons, sabe gracias a las visitas astrales de Silna?  Borrar la historia de amor entre ambos obligó a los escritores a borrar las cualidades paranormales de Crozier. El resultado fue ese final tan extraño y lleno de dudas. (¿cómo es que Hickey sabía que el monstruoso Tuunbaq requería de una ofenda de lenguas?)

 Si tildé de caprichosos a los motivos para no seguir la trama original es que la productora (Y tenían que mandar una mujer delante para decir burradas) expresó que su deseo era dar mayor agencia a la Dama Silencio, que ahora era muy parlanchina. Veamos en que consiste esta agencia.

En el libro, Silna es una joven Inuit que, al ser asesinado su padre, se convierte en la guardiana del Tuunbaq, un monstruoso oso polar. Al entrar en contacto con los miembros de la Expedición Franklin, Silna reconoce en Crozier al hombre que los dioses le tienen predestinado de pareja y que compartirá su misión chamánica.

A pesar de que Silna es genuinamente mudasacrificó su lengua para poder mantener contacto con el oso en visitas astrales si se comunica con su futuro marido, al que rescata al final (y no de esa situación tan rebuscada en que lo encuentra en la serie. En el libro, el capitán no pierde ninguna mano). Es ella quien enseña a Crozier a sobrevivir en la tundra, y ambos conforman una familia que vive entre el poblado esquimal y los yermos helados donde habitan los espíritus. De esa manera se convierten en chamanes y protectores de los inuit. En el libro ella no protege al Tuunback. Ella lo controla.

 En la serie, Silna es un personaje enigmático, al que los marineros temencreen que es bruja o desean. Eventualmente amputa la mano de Crozier y lo rescata, pero su propia gente la repudia por haber dejado morir al Tuunbaq y es desterrada a los hielos a morir de inanición.  ¿A eso lo llaman agencia? En el libro su poder chamánico nunca es cuestionado por los Inuit ya que, al revés de la serie, Silna no le teme a su deber solo busca un compañero que la ayude.

Lo que pasa es que la producción cayó en un humor tipo “Club de Toby’ y decidió que ho había espacio para romance en este cuento de machos. Además, de acuerdo a su sensibilidad moderna, les pareció repugnante que Jared Harris (que se ve casi sesentón) tuviera amores con una veinteañera. En eso están dando la razón a los lectores de Simmons que odian con ferocidad la inclusión del romance. Incluso en las threads en Reddit algunos exigen que no se hable de “shippings” y acusan a los que ven connotaciones románticas en la amistad Goodsir-Silna de “ser muy jóvenes”. Reitero, fuimos invadidos por el Club de Toby y eso afeó el final de una magnifica serie.

Peor Traición de Personaje: Philippe de Orleans de “Versalles”

Entiendo que se odie a Madame de Maintenon, un personaje que confunde a historiadores y que en nuestra época representa lo más deleznable, una fanática religiosa. Es comprensible que la coloquen en el rol de villana como lo ha hecho “Versalles”, pero lo hecho con Philippe es inexplicable.

El año pasado, el Duque de Orleans ganó en mis ternas de héroe y de pareja (o trio) romántica, pero en la tercera temporada los nuevos escritores, al parecer, no sabían cómo era el personaje encarnado por Alexander Vlahos. No solo lo hicieron renunciar a su condición homosexual y repudiar a su gran amor el Chevalier de Lorraine, además lo desligaron de su mujer, y amiga, Lieselotte.

Nos lo tuvieron por casi toda la temporada convertido en detective investigando el misterio del Hombre de la Máscara de Hierro. Muy interesante, pero parecía historia aparte. Era como si el mundo de Versalles no tocará a Philippe, tan obsesionado con un secreto cuya resolución fue anticlimática.

Para colmo, Philippe que no estaba interesado en la lucha entre Maintenon y su Duquesa que acabó con la separación de la ultima de su hijo, ni sabía que tenía una hija de su primer matrimonio. Y diez minutos después que se la presentaban ya le estaba cayendo a golpes a la niña. La excusa es que el Duque estaba traumatizado por sus experiencias en el campo de batalla. Primero que ese aspecto de la psiquis del príncipe fue muy mal explorado. Segundo, en la Era MeToo esa excusa ya no vale.

Y luego al final (un final grotesco donde no se entiende nada) Philippe anuncia a su mujer y a Chevalier que ha vuelto a ser el mismo. “Soy solo Philippe”. Y todos contentos. ¿Que nos toman por tontos a los “versallescos”?
Peor Vestuario:  The Little Drummer Girl

Este galardón va más allá de las anacrónicas minifaldas. El vestuario que luce Charlie (Florence Pugh) es chillón, fuera de época y francamente feo. La tienen o con mini o con maxi, estilos que ya no se usaban en el ’79, pero incluso con una midi, la hechura no parece de entonces.

Por otro lado, el director Pak Chan Wook se ha ufanado en que ha vestido a Charlie de colores vibrantes. Efectivamente cuando no lleva medio cuerpo enfundado de negro anda con maxis amarillo pollito o verde lima o con buzos azul prusiano. Esas tenidas son un puño en el ojo, pero no eran colores de fin de los 70 cuando la onda disco, se fusionaba con la country y la retro, y el énfasis era en negro, blanco o tonos pasteles.

Para ser justa, decidí seguir el primer paso obligado de los encargados del vestuario. Hice un Google con los términos “fashion” y “1979”. El resultado no muestra ni minis ni maxis, con la excepción de páginas específicamente rotuladas “fashion 1970-1979”. ¿Sera que los investigadores enviados fueron tan perezoso o ignorantes que eligieron cualquier estilo entre esos años?  Porque ese vestuario recuerda el de a fines de los 60 o comienzos de los 70.

Mi incomodidad no es la de una fashion-purist sino la de una persona que teme que, si algo tan simple de cotejar como la moda es ya tergiversado, entonces la visión histórica del argumento (léase conflicto árabe-israelí) será igualmente tergiversada.

¿Cuál fue el peor drama de época del 2018 y por qué?

lunes, 30 de abril de 2018

Victoria vs Downton Abbey ¿Cuál es la mejor?



No fue accidental que, en el otoño del 2016, Netflix sacase al aire “The Crown” y que unos meses después la BBC hiciese lo mismo con “Victoria”.  Ambas series describían los longevos reinados de reinas inglesas, ambas casadas con príncipes de origen alemán que nadie deseaba cerca del trono, y ambas soberanas luchaban por conjugar su labor de gobernantes con su vida familiar. Para darle un toque original y distanciarla de la obra de Peter Morgan, Daisy Goodwin decidió integrar a su historia la vida y perspectiva del servicio doméstico de la reina Vicky. Al hacerlo acercó “Victoria” al modelo Downton, ¿pero ha estado a la altura del magno opus de Lord Fellowes.?

En enero del 2017, era la premier de ‘Victoria” en Masterpiece. La diminuta reina que, hasta su tataranieta Isabel, tendría el más largo reinado de la historia era un personaje conocido incluso en su faceta juvenil. Julian Fellowes el creador de “Downton Abbey” ya en el 2009 había capturado la imaginación popular con su “La joven Victoria”. ¿Qué podía aportar Goodwin de nuevo al viejo cuento de la reina adolescente?  Comenzó tomándose algunas licencias históricas.

Primero, ese singular romance con Lord Melbourne (Rufus Seawell), luego inventarnos que a Vicky (Jenna Coleman) y al primo Alberto (Tom Hughes) les tomó su tiempo enamorarse y, por supuesto, mostrarnos el mundo de los bajos fondos del palacio de Buckingham, y no hablo solo de los ratones. En ese aspecto, Goodwin intentó atraer a la teleaudiencia de “Downton Abbey”, pero le ha tomado tiempo conseguirlo porque ni arriba se parecen a los Crawley, ni abajo se parecen al staff de la Abadía.

La familia de la reina, incluyendo su seudo padrastro el codicioso y manipulador Sir John Conroy (Paul Rhys), es prácticamente infernal. Unos quieren manejarla como una muñeca, otros matarla, otros encerrarla en el manicomio más cercano. Con su matrimonio, Vicky se consigue unos parientes un poquito menos malos (tío metiche, cuñado sifilítico). Debido a esa carencia de apoyo familiar, la reina insiste en rodearse de gente en la que puede confiar, damas, secretarios, y el infaltable y sexy Lord Melbourne. Ciertamente esto no es como en Downton donde la familia se quería y se apoyaba mutuamente.

La persona en quien Victoria más confía es su institutriz, y gran figura materna, la Baronesa Lehzen (Daniela Holtz). Lehzen es un desdichado personaje de la vida real, quien dedicó su vida a Victoria, convirtiéndose en su ama de llaves tras la Coronación. Luego fue puesta cargo de la nursery palaciega. 

Alberto, que por falta de empleo se encargó de los asuntos domésticos del palacio, nunca quiso a Lehzen y el fastidio fue mutuo. Finalmente, Alberto puso a su mujer entre la espada y la pared: o la Baronesa o yo.

Victoria que dependía (en la serie y vida real) sexualmente del marido, tuvo que separarse de la que, para todos los efectos, era su madre. Me rompió el corazón verla marcharse, pero más ver a Victoria necesitarla y no encontrar un reemplazo, solo burlas por parte de su madre biológica e ira de parte del marido. Es como si a Lady Mary la hubiesen separado simultáneamente de Carson, de Anna y de su abuela. Así se debe haber sentido la pobre Vicky privada totalmente de su único punto de apoyo.



No puedo imaginarme a Lord Grantham haciéndole una exigencia parecida a Lady Cora. Recuerdo como ella se encabritó cuando su marido le exigió que abandonara una cena porque la cocinera era una prostituta. Lo chistoso es que Alberto cuando descubre que Skerret (Nell Hudson), la doncella de su mujer antes trabajaba en un burdel, urge a Victoria para que la perdone.

A él no le importa Skerret, la que provocaba sus celos y repulsión era Lehzen. Antes de pensar en que Alberto es tolerante recordemos que en Downton se cobijaba a criados cojos, lacayos gays, hasta a una mujer con pasado delictivo como Phyllis Baxter, la doncella de Lady Cora.

El resto del servicio de “Victoria” es abigarrado y francamente poco honesto. Penge (Adrian Schiller), el mayordomo, haría sonrojar a Carson con sus hábitos de revender las velas del palacio. A propósito, grandes almacenes londinenses como Fortnum&Mason comenzaron su negocio comprando pabilos usados a sirvientes de casas nobles. Cuando Lehzen intenta detener este tráfico de cirios, Penge se venga instalando candelas de sebo en un importante baile. Las velas no solo apestan, además chorrean cubriendo los uniformes de gala y los hombros desnudos de las damas con capas de grasa.
Penge y Lehzen peleando por las velas

Lady Emma Portman víctima de una vela sebosa (ITV)

Penge que puede ser realmente malévoloél es el cerebro criminal detrás de la invasión de ratas en el cumpleaños de Vicky como cuando maltrata a una criada irlandesa solo por ser católica, se ha humanizado.  En esta segunda temporada descubrimos que una vez se enamoró de una doncella alemana, lo vemos llorar al perder sus ahorros, y fue el único en despedir a la Baronesa Lehzen, regalándole para el camino una botella de buen vino (robada de las cavas reales. ¡Este Penge!)

Hubo una Marianne Skerret que trabajó toda su vida para Victoria, pero no creo que hubiese sido pupila de un burdel y tampoco tuvo amores con el pastelero. Charles Elmé  Francatelli (Ferdinand Kingsley) efectivamente existió y trabajó en las reposterías palaciegas, pero se fue tras un fuerte altercado con otro criado, no por tener amores con Skerret.
Este romance de debajo de las escaleras nunca existio

Tal como en “Downton Abbey”, los problemas personales del servicio muchas veces afectan las acciones de Victoria, y al ser ella reina también afectan sus decisiones políticas. El que Mrs. Jenkins (Eve Myles) , la vestidora, tuviera un sobrino entre los Cartistas, hizo que la reina exigiera que se les conmutara la pena de muerte a esos agitadores. La criadita irlandesa obliga a Victoria a interesarse en la hambruna que afecta Irlanda. En la vida real, Victoria no se interesó por ninguna de esas causas. Tuvo criados que influyeron mucho en su vida, como nos lo han mostrado filmes tales como “Mrs. Brown” y “Victoria y Abdul”, pero no en sus ideas políticas.



Victoria, en su rol de soberana, es una exaltada representación de la aristocracia. Sus palacios son versiones exageradas de casas señoriales como Downton Abbey. Tal como Lady Mary lucha por mantener su propiedad a flote, Victoria intenta proteger su hogar y estilo de vida, porque francamente, lo último que vemos hacer a la reina es gobernar. Más se la pasa peleando con su marido y familia, o teniendo, y muy a regañadientes, una cantidad de bebés que es lo que se espera de ella. Los ministros gobiernan, y Alberto está a cargo del frente doméstico, Victoria esta con las piernas abiertas, preñándose o pariendo.

Por suerte, la soberana también puede dar fiestas donde puede bailar (le encantaba bailar) o cenas donde puede comer (le encantaba la buena mesa y el buen vino) o si se aburre mucho puede viajar. Este año vimos a Vicky caerle de visita a Luis Felipe, Rey de los Franceses y aprender el arte del maquillaje.
Vicky y el Rey-Ciudadano

Pero Victoria era famosa, antes de construirse sus propias casas solariegas como Balmoral en Escocia y Osborne House en Cowes, por sus visitas reales a las casas de campo de sus súbditos. Ya mencioné en otra entrada lo que les costó a los Cecil atender a su soberana en Hatfield Hall, pero a juzgar por la serie, las visitas de la realeza eran onerosas no solo económicamente.

Los Crawley, a pesar del incesante flujo de visitantes a su Abadía, también, en ocasiones, se fueron con criados y todo, a pasarela con otras personas. Cuando Lady Mary estaba casi en su ultimo mes de embarazo se le ocurrió a su familia llevársela a pescar a Escocia a la propiedad de sus primos los Flintshire. Después tuvimos ese gran viaje a Londres para presentarle al Rey a Lady Rose. Mas adelante, Los Crawley aceptaron la invitación de Lord Sindenby que serviría para que Lady Edith y Lady Mary conocieran a sus futuros maridos. Y finalmente, los Crawley acompañaron a Edith a un fin de semana con su futura suegra, en Northumberland.
Los Crawley y los Sindeby y sus criados

Si los ficticios Crawley, teniendo tremendo castillo, andaban pernoctando en morada ajena, mayor razón para que Victoria Regina les alegrase la vida a sus súbditos con su presencia. En la primera temporada, la embarazada reina debe conseguir permiso del Parlamento para nombrar al marido como regente en caso de Vicky fallecer en el parto. Ya la razón del permiso es bastante lúgubre, mas macabro es que los parlamentarios están en contra de cualquier cosa que le de poder al Príncipe Salchichas.

Victoria decide, y eso que anda con nauseas, caerle de visita Sir Piers Guilford (James Whelby, que no se pierde estas Horse& Manor) uno de los mas recalcitrantes parlamentarios. Como ni Victoria ni su consorte conocen el don del tacto y Sir Piers es un esnob, la visita es un martirio para todos. Hasta Lochlein, el valet alemán del Príncipe es humillado por los sirvientes de la Manor Guilford.
Lochlein fue objeto de las burlas de los criados

 Alberto con esa actitud de enfermo de Asperger es quien mas se adapta, ya que ignora las molestias que causa. Acepta encantado la oportunidad de andar matando pajaritos que le ofrece su anfitrión a pesar de que escandaliza a sir Piers con su hábito de disparar a lo Far West, de cuclillas y desde la cadera.
Alberto y su curioso estilo de disparar

Para más remate, Sir Robert Peel (Nigel Lindsay) llega de visita. A Alberto le encanta compartir ideas ‘progresistas’ con el Primer Ministro lo que le provoca mayores nauseas a su augusta esposas Alberto desaparece y se va a pasear en trencito con Peele. Vicky que anda con antojo de nabo casi le mete uno en la cola al marido, hasta que esté la convence de lo divertido que es andar en chucuchucu (léase locomotora no se trata de otra postura sexual).

En la segunda temporada y luego de otro atentado (para ser una petisa rolliza insignificante la Vicky tenía muchos enemigos), la reina y su marido deciden ir a descansar a Escocia. Este viaje, obviamente de placer, fue mas elaborado, y aunque Vicky solo se llevó a dos doncellas, Skerret y la irlandesita, si se trajo a toda su panda de compinches: la Duquesa de Buccleuch (Dame Diana Rigg) y su sobrina Whilmina Coke (Bebe Cave), la Duquesa de Sutherland (Margaret Clunie) , el cuñado Ernesto (David Oakes), Lord Alfred Paget (Jordan Waller) y hasta a Drummond (Leo Sutter), el secretario del Primer Ministro.
Comitiva real en Escocia

Toda esta manada, sus caballos, criados y equipajes le caen al pobre Duque de Atholl (Dennis Lawson) en el Castillo Blair en Pertshire. Para entretener a sus Altezas Reales, el pobre Atholl inventa excursiones de pesca (no es temporada de caza) para el día, y en la noche les ofrece sesiones de poesía recitada de manera muy monótona por el médico de la familia. Hasta la escocesa Duquesa de Buccleuch se queda dormida.

El Duque de Atholl recibe a los soberanos (ITV)

Los Crawley llegan a Duneagle Castle (ITV)

Esto es muy diferente al interludio escoses de Downton, cuando los Crawley fueron agasajados por los Flintshire. Aparte de tener que presenciar un par de peleas domesticas de sus anfitriones, los Crawley lo pasaron magnifico y eso que Mary y Matthew intentaron entrometerse en el romance de Edith y su jefe Michael Gregson que milagrosamente apareció en la región con la excusa de que venía a pescar.

Volviendo a Victoria, la reina y su marido ya no aguantan más. Alberto detesta las gaitas que le recuerdan el lamento de un ciervo moribundo. A Victoria la excitan sexualmente (No se necesita mucho para excitar a esa enana caliente) pero no se la pueden pasar en la cama.

En una excursión deciden fugarse. El pobre Duque les suplica que tengan cuidado, pero el arrogante Alberto cree que es una brújula ambulante. ¿Resultado? Se pierden, pasan hambre, pasan frio, Vicky casi se cae al rio. Mientras todos en Blair Castle están de cabeza buscando a su soberana (“¿cómo pueden perder una reina?” Exclama indignada la Duquesa de Buccleuch) los Saxe-Coburgo encuentran una casita y adentro, no una bruja con un calderón humeante, sino una pareja de ancianitos que tienen que darle su cama, su comida y hasta darle a Vicky unas lecciones de costura.

Nada de eso es cierto, pero nos entretuvo bastante. los que si la pasaron bien fueron las criadas. Skerret hasta se consiguió un pretendiente escoces que le enseñó a bailar un Highland Ji. Le quedó  mucho mejor que al pobre Mr. Molesley (Kevin Doyle) que en "Downton Abbey" hizo el oso en una fiesta similar.
Molesley trata de hacerle al baile escoses

Y Skerret lo consigue con más gracia
Ni hablar de Alfred y Drummond

Hay algo en el aire de las Tierras Altas que predispone a las relaciones ilícitas. Fue en Duneagle Castle, donde Edith contempló la posibilidad de ser la amante de un hombre casado y es en los alrededores de Blair Castle, en “Victoria”, que Lord Alfred y Drummond intercambiaron su único beso de amor.

Si “Victoria” no les parece suficientemente downtoniana, ya estoy preparándoles una lista de series que de seguro aplacaran su nostalgia por la Abadía.


lunes, 19 de febrero de 2018

Alberto y Felipe: Cuando Nadie en Inglaterra Quería Príncipes Consortes Alemanes



En la primera temporada de “The Crown”, vimos a cortesanos y miembros de la familia real desconfiar del origen alemán del prometido de la princesa Isabel. ¿Coincidencia? Porque en la primera temporada de “Victoria”, pueblo y clase política demostraron su molestia ante un enlace de su soberana con un príncipe alemán. ¿Es lógico ese repudio cuando hace más de tres siglos que los reyes de la Gran Bretaña son de la más pura cepa teutónica?

A dos meses de salir al mercado, la segunda entrega de” The Crown” ha elevado controversia, confusiones y dudas, sobre todo en lo que respecta al personaje del Duque de Edimburgo, núcleo de esta temporada. Pero desde la Primera Temporada que se ha dicho que el origen germano del Príncipe Felipe puede haber jugado en su contra al momento de casarse.  Este es uno de los pocos hechos verídicos en este descuartizamiento de la vida y aventuras de Felipe de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glucksburg.
Felipe en brazos de su madre Alicia de Battemberg

El primero es que, aunque nació   príncipe de Grecia y su bisabuelo era el rey de Dinamarca, su mismo apellido lo delata como de origen germano.  Todos sus ancestros inmediatos son miembros de casas principales de Alemania. Incluso su abuela la Gran Duquesa Olga Feodorovna era hija de Alejandra de Saxe-Altenburgo y nieta de la Princesa Carlota de Prusia.

Sin embargo, si revisamos (y lo vamos a hacer) el árbol genealógico de Isabel II encontraremos también (aparte de su madre) una preponderancia de sangre alemana con algunas gotas de plasma danés. Y la familia real danesa moderna desciende de la casa alemana de Oldemburgo. ¿Entonces de donde deriva ese sentimiento de asco por la sangre germana?  Las razones son político- históricas y van más allá de las guerras mundiales que enfrentaron a soldados británicos con soldados alemanes.

Una particularidad del pueblo inglés es su insularidad que en ocasiones puede derivar en xenofobia. Los motivos son que a lo largo de su existencia (y antes de que les bajara el prurito colonialista y se pusieran a invadir otras tierras) la Gran Bretaña fue muchas veces invadida o amenazada con alguna invasión.

Primero la invadieron los romanos, luego los sajones (tribu germánica) finalmente los vikingos. Pero la peor invasión, la que derrocó y destruyó a los reyes sajones fue una invasión de vikingos francoparlantes. Guillermo, El Conquistador impuso la cultura normanda y a través de su bisnieto Enrique, una dinastía normanda en suelo inglés, la Casa de los Plantagenet que reinaría hasta el siglo XV.
Las tropas de Guillermo, el Conquistador, en el Tapiz de Bayeux

Los Plantagenet tomaron por costumbre casarse con francesas, lo que no impidió que tuviesen con la nación gala una guerra que duró un siglo. Al cabo de la cual, y como todavía les quedaban ganas de pelear, estalló una guerra civil entre el rey Enrique de Lancaster, casado con francesa, y su primo Eduardo de York, de una rama Plantagenet menor, pero más inglesa. Todo ese lio acabó, como sabemos los adictos a reinas y princesas blancas, con el codicioso y paranoico Enrique Tudor haciéndose del trono.

En su momento se pensó que Enrique fundaba una casa real totalmente inglesa, incluso celta, pero tampoco era así. Era hijo de Margaret Beaufort, y Mi Señora, La Madre del Rey era bisnieta de Juan de Gante, lo que la hacia una Plantagenet. La abuela de Enrique era Catalina de Valois, que puede no haber sido hija del rey loco, Carlos VI de Francia (así de casquivana era la madre que dudas sobre la paternidad de su prole siguen hasta hoy), pero que de Isabel de Baviera heredó los desquiciados genes de los Wittelsbach y la sangre de los Visconti, Doria y Della Scala. Cuando uno mira los excesos Tudorianos hay que pensar en ese melange genético.

Saltémonos a los Tudors que eran muy locos y muy estériles y pasemos a los Estuardo. El rey Jacobo a pesar de públicamente repudiar esa cultura franco-católica que heredó de su madre, siempre se mostró proclive a refinamientos continentales e incluso flirteó con la idea de levantar las leyes anticatólicas que más allá de la religión, cerraban las puertas al acceso a conocimiento y artes desarrolladas en los países mediterráneos. Su mujer, Ana de Dinamarca, era católica enclosetada. Su hijo Carlos I se casó con una princesa francesa y católica.
Ana, la primera consorte británica con sangre danesa

Ante estos hechos que afectaban a la Iglesia Anglicana, la clase dominante inglesa cortó por lo sano cortándole la cabeza al rey e impuso una dictadura puritana, pero la muerte de Cromwell trajo de regreso a los Estuardo, más católicos y más francófilos que nunca. Hubo guerras y revoluciones. SE impusieron las nietas de Carlos I, ambas señoras anglicanas, una casada con Guillermo de Holanda, la otra con Jorge de Dinamarca. Como ninguna tuvo hijos que llegasen a edad de gobernar, se buscó urgentemente en las cortes luteranas del continente a algún descendiente de los Estuardo que tuviera pedigrí, pero también fuese un buen protestante.
De Elector de Hanover, Jorge pasó a ser rey del Reino Unido

Fue así como en Hanover encontraron a Jorge I. Casi sin hablar inglés, el rey cincuentón llegó a Albión acompañado de su amante germana, la Condesa von der Schulemburg.  Jorgito dejó a la Reina Sofía-Dorotea, su consorte, bien encerrada en Alemania como castigo por sus malos pasos. El nuevo rey no tendría reina, pero tenía un hijo varón que sería Jorge II. Así la Inglaterra dieciochesca viviría cuatro reyes, todos llamados Jorge, todos alemanes, todos casados con princesas alemanas.

Cuando muere Prinny (Jorge IV) y lo sigue su hija Carlota (hija de Carolina de Brunswick) el trono pasa a Alejandrina Victoria, hija del Duque de Kent y su esposa Victoria de Saxe-Coburgo. La serie nos lo deja claro. La reina Victoria es alemana por los cuatro costados, con su madre habla en alemán, su aspecto físico es germano, hasta su institutriz es alemana. Sin embargo, cuando pide en matrimonio a su primo hermano, Alberto de Saxe Coburgo, se alzan voces en contra de la unión. El mismo Melbourne aconseja a la reina repensar su decisión. Los ingleses no quieren un rey alemán.

Una cosa es tener reinas germanas en una época en que las consortes vivían escondidas en sus palacios, y otra tener un teutón bárbaro que, si algo le pasa a Victoria, reinará en su lugar. La prensa critica y caricaturiza a Alberto, pintándolo como una salchicha de Frankfurt. 

No se entiende este rechazo, si hace cien años, los mismos ingleses se fueron a mendigar a Hanover por un rey. Es que los tiempos han cambiado. Ya no se trata de reyezuelos en principados del porte de un pañuelo. Ahora Europa habla alemán. Prusia se perfila como el gran imperio, el poder que puede agrupar a todos esos condados, ducados y principados en un solo reino.

Las guerras napoleónicas han provocado un desequilibrio de poder. Francia intenta reinventarse bajo un “rey-ciudadano”, España es una sombra de su imperio, Italia una serie de reinos y ducados que todavía no saben cómo unirse ni sacudirse el yugo austriaco que los oprime. Donde no manda Prusia, rige el Imperio Austrohúngaro, también germano parlante. Austria no solo domina la Europa del Este también es dueña de Lombardía, Toscana y El Véneto. Solo Rusia gobierna más territorio y el imperio de los zares se proyecta hacia Asia, no Europa.


Cuando en “Victoria” Luis Felipe se queja de que los príncipes Coburgo se andan ‘robando” a todas las princesas europeas, no miente. Alberto es ahora consorte en la Gran Bretaña. Otro Coburgo se ha casado con la Reina Maria de la Gloria y juntos administran Portugal. Hasta de Brasil mandan venir Coburgos para sus princesas. Lo que Luis Felipe se guarda es que tres de sus hijos están casados con Coburgos, incluyendo a Luisa Maria, la mayor, casada con el Tío Leopoldo, Rey de los Belgas.


Y es que en Europa están apareciendo nuevas naciones y para gobernarlas sobran los príncipes alemanes. Bélgica ha elegido que la reine Leopoldo de Saxe-Coburgo. Su sobrino Fernando será rey de Bulgaria. En el trono de Rumania se instalarán los Hohenzollern y Grecia, luego que se sacuda a los turcos de encima, probará suerte con un rey Wittelsbach para luego reemplazarlo con un príncipe danés. Así la familia real griega se apellidará Schleswig-Holstein.

Pero volviendo a Victoria y Alberto. Ahí no existe problema con el apellido de los hijos. La reina enamorada está feliz de llamar a su prole Saxe-Coburgo, aunque el verdadero apellido (y les tomará cincuenta años recordarlo) es Wettin. El pueblo inglés comienza a ver con buenos ojos al consorte. Se publicitan (como se ve en “Victoria”) las mejores virtudes del príncipe tales como su interés en las ciencias y su afán de implantar medidas higiénicas tanto en el palacio como en su pueblo.

Gracias a Alberto la familia inglesa desarrolla gustos por el ejercicio, la vida sana, la higiene. El príncipe es un buen administrador que recorta los gastos superfluos, sube los sueldos de los sirvientes, pero también es más exigente con ellos. Por otro lado, Alberto crea la idea de la privacidad de la familia Real, de hacer reglas para que el populacho no se inmiscuya en su entorno familiar. La Reina Victoria comienza a tener trato más breve con ministros, a no ser tan cercana a la aristocracia (que nunca aceptó a Alberto) y a ser más moderada en lenguaje, conducta y vestuario. El habilidoso Alberto consigue lo que los Hanover nunca hicieron, imponer su cultura en Inglaterra. Si hasta se trae el árbol de Navidad para integrarlo a las tradiciones decembrinas inglesas.
Las navidades de Victoria y Albertio

La clase media adopta las costumbres palaciegas. Y así tenemos ese perfil de la cultura victoriana: doméstica, pero puritana; reprimida pero amiga del ejercicio y de la naturaleza. Esas imágenes literarias de la familia victoriana con niños bien portados, y padres benévolos, pero dictatoriales, rodeando el árbol navideño,  son en realidad réplicas de familias alemanas.

Victoria está tan encantada con su marido alemán y su estilo de vida que fomenta en sus hijos matrimonios germanos. De sus nueve hijos, seis se casan con alemanes. Su hija mayor, Vicky, será la primera emperatriz de una Alemania unida. El príncipe heredero no tuvo una alianza teutónica, pero se casa con la princesa más bonita de Europa, Alejandra de Dinamarca y ya sabemos que la Familia Real Danesa es Schleswig-Holstein, etc.
Alejandra de Dinamarca

La admiración de los ingleses por Alemania no se queda en árboles navideños y no acaba con el fallecimiento de Alberto, Para fines del reinado de Victoria existe una conciencia en el mundo académico inglés de que Alemania posee la superioridad mundial en la música, filosofía, medicina y ciencias en general. Los médicos iban a especializarse en Alemania, las hijas de familias pudientes inglesas estudiaban en internados alemanes.

De igual manera los alemanes se establecían en Inglaterra, como las ficticias hermanas Schlegel de Howard’s End, o se traían esposas germanas como hace el filólogo Ernest Weekly. En 1899 se trae de Alemania a la baronesa Frieda von Richtofen. Todo para que se la robe su más aventajado alumno, un tal D.H. Lawrence, acto que inspirará las páginas más candentes de la literatura inglesa.

La nobleza germana tampoco es ajena al encanto anglo. El Kaiser Guillermo, nieto predilecto de Victoria, se la pasaba de cacería en las tierras escocesas de su amigo el Duque de Sutherland, y a la corte de Victoria llegaron refugiados nobles de Alemania, los productos de una nueva moda, la nobleza morganática.

Sobre esta nobleza, y especialmente sobre La Casa de Battemberg, hablaré en mi próxima entrada. Es posible que el mal recibimiento de Felipe de Grecia por sus parientes políticos no se debiera tanto a su sangre germana, a pesar de que el fantasma de la Gran Guerra teñiría la visión de muchos allegados que se convertirían en sus enemigos (léase la Reina Madre y Sir Alan Lascelles).

Mi teoría es que pesaba más su parentesco con la Familia Mountbatten y la posible influencia de esa familia en la casa de Windsor. Sabido es que esa fue la razón por la que se privó al Duque de Edimburgo por muchos años de un derecho de todo padre de darle su apellido a sus hijos.