Este noviembre, HBO y la RAI nos han traído la adaptación de My Brilliant Friend (La amiga estupenda) la primera de las Novelas Napolitanas de Elena Ferrante. Considerando
que esta saga ha sido todo un éxito, tanto en italiano, como en traducción,
mucho se espera de esta versión de la “amistad” entre dos niñas en la Nápoles
de la posguerra. Puse “amistad” entre comillas, porque esa relación, marcada
por traiciones, rivalidades y celos, se parece más a la de Joan Crawford y
Bette Davies en “Feud” que a un cariño verdadero. “My Brilliant Friend” puede
verse por HBO, tanto en el continente americano como en España.
El primer libro que
saqué de la biblioteca al regresar a USA fue la segunda Novela Napolitana de la Ferrante: Un mal nombre. Al terminar la ‘última página estaba estupefacta. ¿Qué
hacía de este relato un éxito internacional? La competencia/amistad entre dos
chicas tan poco simpáticas, no me podía ser más indigesta. La Gatita Lorena me
dijo que el problema era que no había comenzado por el principio, que tenía que
leer La amiga estupenda. No le hice
caso, no tengo edad para perder el tiempo leyendo sobre personajes que no me atraen.
Decidí hacerme la
loca cuando “My Brilliant Friend” fue anunciada, pero de nuevo los bombos y
platillos de los críticos me estaban dejando sorda, así es que le eché una
mirada a un capítulo y al otro y al otro. No he visto más porque recién estamos
en el quinto de los ocho episodios que componen la primera temporada. Sinceramente,
es una magnifica adaptación, una historia fascinante, pero yo que soy character- oriented, no me identifico con
nadie y no siento más que una lástima impaciente por las protagonistas.
La serie sigue
las mismas líneas que el libro. Cuando se supo que la dirigiría un hombre, hubo
un grito de indignación de parte de la jungla mitutera encabezada por Julie
Kozin de Harper’s Bazaar que
especuló que un director no podría entender la sensibilidad femenina de las
protagonistas. Qué pena, pero ha sido la propia autora quien escogió a Saverio
Costanzo para dirigir un guion sobre el cual ella tiene dominio.
La Ferrante, de
la cual solo podemos estar seguros de que es hembra y que nació en Nápoles en
1944 (Elena Ferrante es un seudónimo), no querrá hacer conocer su identidad o
su rostro, pero se comunica con el pobre director a través de poderosos correos
electrónicos cargados de órdenes secas y contundentes, eso dicho por ‘el propio
Costanzo. Eso explica que la serie sea tan apegada al texto original
Las novelas son
relatadas en primera persona por Elena “Lenú” Greco (Elisa del Genio y
Margherita Mazucco) quien nos cuenta su vida y la de su vecina Rafaella “Lila”
Cerrullo (Ludovica Nasti y Gaia Girace). Ellas estarán unidas por una camaradería
que nace en la infancia y abarcará varias décadas, desde 1950 hasta finales del
Siglo 20. La serie es un racconto que
inicia en este siglo con Elena—sesentona y escritora famosa— quien
recibe una llamada de Rino Caracci, el hijo de Lila. Su madre ha
desaparecido. Elena le responde, de mala
manera, que eso no es asunto de ella. Cuelga y se pone a escribir la historia
de su amistad para exorcizar el recuerdo de Lila.
Así viajamos a la
Nápoles de los 50, al Rione, un
barrio humilde, aunque no miserable. Si bien se dice que Ferrante se inspiró en
el Rione Luzatti, la producción ha preferido crear su propia versión, en
Caserta cerca de Nápoles. Ahí han colocado este conjunto de casas cuadradas, de
cuatro pisos, sin ascensor, de esas que se construyeron en el periodo fascista
para albergar familias de clase media baja.
Una queja de los
devotos de las novelas es que en la serie ha reducido el tiempo y espacio dedicados
a la veintena de habitantes del Rione que Lenú nos presenta. Como compensación,
el dotar de rostros a muchos de estos personajes nos da una mirada introspectiva
a sus personalidades que Lenú, describiéndolos a través de sus ojos infantiles
y adolescentes, no puede percibir. La media sonrisa socarrona de Imma Solara (Imma
Villa), la matriarca de una familia de mafiosos, al ver como arrestan a un hombre,
o su mirada astuta cuando el hijo paga el pastel de Lenú nos dice todo sobre ella.
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La Solara complacida por el arresto de Peluso |
Los habitantes
del Rione van desde artesanos como el carpintero Peluso (Gennaro Canonico) y el
zapatero Cerrullo (Antonio Buonanno), padre de Lila, a empleados de ferrocarril
como Donato Sarratore (Emannuele Valenti) y porteros de la municipalidad como
Vittorio (Luca Gallone), el padre de Lenú. Sus esposas o son amas de casa o
ayudan en los negocios del marido. Una excepción es Melina (Pina Di Gennaro),
la barrendera, enamorada de Donato, que vive en el piso de arriba. En su
demencia, Melina vive en una trifulca constante con Lidia (Fabrizia Sacchi), la
esposa de Donato. Estas peleas son la comidilla del rione.
Una particularidad
de la vida de Lenú y Lila es lo público de la tragicomedia urbana de sus
vecinos que intercambian chismes y opiniones desde los balcones o en las escalinatas.
Es ahí donde nos damos cuenta de la violencia que es la identidad de ese mundo.
Cuando el carpintero Peluso habla mal del prestamista local, Don Achille Caracci
(Antonio Penarella), éste no duda en sacarlo a rastras de la iglesia y darle
una paliza delante de la esposa y los hijos de la víctima.
Lidia lanza a
Melina escala abajo, pero cuando Donato y su familia abandonan el barrio, la
barrendera expresa su dolor lanzando su propia vajilla y maceteros por la
ventana. El sufrimiento y la rabia se articulan con vehemente violencia, y no
es patrimonio masculino. Antes de que hagan amistad, Lenu sabe que Lila es “mala”
porque es mal hablada, porque es de origen más bajo que los Greco, y porque
anda a golpes con los varones. Lila es una criatura agresiva, tanto verbal como
físicamente.
He preferido
comenzar hablando la violencia y la furia reprimida de las mujeres porque creo
que es el tema principal de la saga/serie. La misma Lenú lo expresa en un
párrafo genial que es incluido en “My Brilliant Friend”. Nos cuenta que, si bien
la ira de los hombres se calma, la de las mujeres se vuelve infinita e
ilimitada. “a rage that has no end”.
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Lila y Marcello Solara: un romance violento |
Un juego de la autora es hacer creer que la
atracción que Lila ejerce sobre Lenú está basada en un deseo de ser transgresora
como ella. Aunque la serie traduce “cattiva” como “rebelde”, Lenu dice que Lila
tiene reputación de “mala” y eso la asusta y le impide hacer amistad con la
hija del zapatero. Es solo cuando la ve como su rival, que Lenu se atreve a
acercársele.
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Lila provocando la admiración de la Maestra Oliviero |
Hasta que la
Maestra Oliviero (Dora Romano) descubre que Lila es la única en primer grado
que sabe leer y escribir y que es autodidacta, Lenú ha sido la mejor alumna del
curso. Es ahí que se crea una competencia implícita (en el libro es fomentada
por la maestra) que deviene en camaradería, pero para ambas niñas la otra será siempre
una adversaria. Para Lila, Lenú es quien siempre tendrá mas oportunidades que
ella. Para Elena, Lila es quien puede demostrar que ella no es tan inteligente
como parece. Su relación y su existencia estarán cifradas en la sensación de
que Lila la sobrepasa en todo.
Esta rivalidad se manifiesta ya en el primer capítulo,
en el episodio de las muñecas. En un acto de inexplicable crueldad, Lila arroja
la muñeca de su nueva amiga a un sótano. La respuesta de Lenu es hacer lo mismo
con la muñeca de Lila. Acompaña el acto con el grito de “¡Lo que tu hagas, yo también
lo puedo hacer!” Es un desafío que Lila acepta en silencio y que las tendrá a ambas
siempre en guardia y recelosas.
Concuerdo con Lisa
Allardice en su artículo en
The Guardian, en que lo que hace radical al cuarteto de Ferrante es la rivalidad
académica entre jovencitas, pero la contienda de las protagonistas va más allá
de sus estudios, está basada en envidias que desde tiempos ancestrales nos
separan a las mujeres. Lila envidia que los padres de Elena puedan costearle
sus estudios. Lenu envidia la belleza de su amiga que la llevará a la rivalidad
mas antigua del mundo, a competir ambas por el amor de un mismo hombre.
Lenú escribirá
que Lila y ella se las arreglan para competir, pero también para ser
indispensables la una para la otra. Eso se debe a que ambas se ven reflejadas
como en un espejo. Para Lenu, Lila es su doppelganger.
Cuando están separadas, la dependencia se vuelve más intensa. Lenú no puede
desarrollarse plenamente, es como si le faltase algo. Para Lila, Lenú es la que
vive lo que ella debió vivir, la que puede estudiar, ir a la universidad, ser
sexualmente activa sin compromisos, y convertirse en escritora publicada. En cambio,
lo poco que Lila consigue será siempre a costa de grandes esfuerzos y
sacrificios.
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La rivalidad siempre acaba con la amistad |
Es triste que Lenú
en su dependencia/rechazo de Lila, sea incapaz de verla como un ser humano o de
reconocer la tragedia que marca la vida de su compañera. Su respuesta a la
desaparición de Lila es “Como siempre Lila se pasa” y revierte a la competencia
“veremos quien se sale con la suya”. No
se da cuenta que la exageración es una manifestación de la lucha vital de Lila
por alcanzar algún nivel de progreso.
Ya en su
juventud, Lenú no advierte que Lila está buscando una salida, sea autoenseñándose
lenguas clásicas, diseñando calzado o aprendiendo política e historia de Pasquale
Peluso (Edoardo Scarpetta). En cambio, a Lenú la motiva solo el deseo de
derrotar a su “mejor amiga” sea sacando buenas notas en la secundaria o aceptando
ser novia del hijo del farmacéutico, que está por encima de los pretendientes
proletarios de Lila.
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Lenú no tiene vida si esta no gira alrededor de su amiga |
Encuentro irresponsablemente superficial que
Allardice diga que “todas quisiéramos ser Lila”. SPOILER: ¿Quién quiere ser una
chica a la que el padre arroja por la ventana, el marido viola y a la que le roban
una hija? Lila es quien merece compasión en este cuento, mucho mas puesto que
su “brillante amiga” se la niega.
Agradezco a la
serie que me haya permitido entender a Lila, pero no la puedo querer. No como
quiero a su hermano Rino (Gennaro de Stefano) o a Enzo (Giovanni Buselli). Me
ha tranquilizado este excelente artículo de VOX
en donde Anna North dice que las
protagonistas del cuarteto napolitano son ejemplos de la tendencia de crear
personajes femeninos un poco antipáticos y que hasta tenemos el derecho de
odiarlas.
Hacia la mitad de
la temporada, puntualmente en el cuarto capítulo, la historia toma un giro y se
torna compleja e interesante. Para quien se aburra en las entregas anteriores,
aconsejo paciencia hasta este año de 1958 que tantos cambios traerá a las
jovencitas. ¿Quiere esto decir que no hay nada de valor en lo que precede a la
primera regla de Lenú, a su ingreso en la secundaria, a la fiesta de los Spagnuolo?
Yo diría que lo más importante en la infancia de Lenú es la bifurcación que envía a una por el camino de los estudios y a la otra por el del trabajo. Es el segundo episodio “El Dinero “el que nos revela las diferencias entre Cerrullos y Grecos.
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Lila ya no quiere bailar con Marcello |
Yo diría que lo más importante en la infancia de Lenú es la bifurcación que envía a una por el camino de los estudios y a la otra por el del trabajo. Es el segundo episodio “El Dinero “el que nos revela las diferencias entre Cerrullos y Grecos.
Lila y Lenu están a punto de acabar la
primaria (en la Italia de los 50 solo constaba de cuatro cursos). La Maestra Oliviero
tiene claro que, de todas sus alumnas, Lena y Lenú son las candidatas optimas a
continuar sus estudios. Pero para ingresar a la secundaria se requiere de un
difícil examen de admisión. Oliviero está dispuesta a preparar a las niñas en
el estudio de latín, a cambio de un precio.
Así le explica Lenú
a sus padres. A pesar de que el padre, Vittorio, parece interesado, Immacolata
(Annarita Vitollo), la madre (que es quien manda en esa casa), firmemente
declara que no hay dinero para esos caprichos. La tímida Lenú estalla y anuncia
que si tomará el examen y huye del cuarto. Cuando regresa, el padre le dice que
no sabe cómo conseguirá el dinero, pero le pagará las clases. La madre,
conteniendo la rabia, dice que no está de acuerdo.
El caso de Lila
toma un camino diferente. En casa de los Cerullo, las mujeres no tienen voz. Le
toca a Rino, el hermano mayor de la niña, exponer el caso al padre. Lo hace en
un idioma que este comprenda. Rino es aprendiz de zapatero, quiere que su padre
le pague un sueldo, a cambio él pagará las lecciones de Lila. Cerullo está estupefacto,
no sabe qué le parece más incoherente, una hija en la escuela, o un sueldo para
su hijo. Golpea a Rino y dice su última palabra: no habrá sueldo ni habrá
lecciones.
La Maestra Oliviero
intenta convencer a Nunzia Cerullo (Valentina Acca). Le muestra los dibujos de Lila,
le habla de la promesa literaria de la niña. Pero la madre le da una
explicación impaciente. El zapatero se mata trabajando para mantener, no solo a
su mujer y a sus cinco hijos, también a sus padres ancianos, a sus suegros y a
sus hermanas solteras. Nunzia no cometería la imprudencia de decirle al marido
que deben trabajar él y sus hijos para que Lila estudie como si fuera “una
señora” Así es como ven en esa casa los sueños de Lila, como un capricho
vanidoso propio de alguien que se cree mejor que su familia.
Es entonces que a
Lila se le ocurre un extraño plan. Faltar a la escuela e ir a ver el mar. Lenú,
que es de carácter débil, acepta. En medio del trayecto, súbitamente Lila
cambia de idea y exige que se regresen. Las niñas vuelven y son atrapadas por
la lluvia. Peor aún, Lenú es atrapada por la madre quien—no es su costumbre— ha
venido a buscarla con un paraguas para guarecerla de la lluvia (Jaa, eso me
pasaba siempre cuando me escapaba de la escuela). El paraguas termina en la cabeza de Lenú, que
ha tenido el buen juicio de aconsejar a su amiga que se esconda y pueda escapar
del castigo.
Para cuando
Vittorio regresa a casa, Inmacolata se las ha arreglado para darle tremenda
golpiza a la niña. Aun así, quiere que Vittorio la golpee. ¿Qué es esto, el
Club de la Pelea? Incluso lo desafía, le dice que es tan poco hombre que no
puede pegarle a su hija (WTF gigantesco). Es una escena grotesca, que en el
libro es tragicómica. Vittorio cachetea a su mujer, va al cuarto de Lenu, le da
tras bofetones y sale. La escena es terrible, peor que en el libro donde Lenú
sucintamente dice “me dio una paliza”. Aquí la pequeña actriz lucirá magulladuras
faciales por varias semanas.
Lo mejor es que
cuando Vittorio acaba, Inmaculada triunfante dice que ahora no habrá lecciones
particulares y el esposo la detiene. Nada ha cambiado, su hija seguirá
estudiando. Ahí comprendí que Lenú y Lila solo tienen el apoyo de hombres para estudiar.
Rino con Lila y Lenú por parte del padre.
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Los Greco celebran a Lenú |
Cuando Lenú pasa
los exámenes con las notas mas altas del barrio, Vittorio la celebra junto a
sus hijos, y a pesar de la mala cara de su mujer, se ufana de que su hija ha
salido lista como él y que se va a dar de tono con sus compañeros de lo
inteligente que es la niña. Totalmente diferente la actitud del zapatero que
cuando Lila se empeña en seguir estudiando, la arroja por una ventana. La niña
sobrevive, pero con un brazo quebrado. La violencia paterna es exagerada de
manera casi risible para ejemplarizar el drama de las niñas.
Lo triste de Lila
es que no recibe apoyo por parte de su género. Cuando Lila es defenestrada, las
mujeres de su familia corren a auxiliarla (por primera vez, vemos que alguien
le demuestra afecto), pero ninguna reprocha al padre.
Incluso la Maestra
Oliviero pierde interés en Lila y comienza a tratarla mal. Cuando Lenú le
cuenta que Lila, a escondidas, sigue estudiando y preparándose para el examen, la
maestra en vez de ayudar a la hija del zapatero le dice a su alumna que los
Cerrulo son “plebe”. Si Elena quiere llegar a alto debe alejarse de su compañera.
Aunque me repugna su clasismo, hay algo de razón en su consejo. Lila nunca le
traerá felicidad a su amiga y Lenú ya ha descubierto que la escapada fue una
estratagema de la hija del zapatero para que los padres castigaran a su rival
privándola de las ansiadas lecciones.
Ahora quisiera
hablar un poco del “fenómeno Ferrante” que va muy ligado a esta saga. A
comienzos de los 90, la escritora irrumpió en el mundo literario italiano con
varias novelas cortas (de menos de 200 páginas) con temas que resucitan en su teratología.
Mujeres insatisfechas, mujeres disgustadas, mujeres expuestas a violencia,
mujeres que se ven obligadas a examinar sus relaciones familiares. La
literatura femenina siempre tiene lectoras y Ferrante pronto se vio incluida en
las listas de los más vendidos.
Lo mas
extraordinario es que nadie conocía (solo sus editores) a esta misteriosa mujer
cuyo nombre bien podría no ser “Elena Ferrante”. Su única información
biográfica es que había nacido en 1944 en Nápoles. Efectivamente, Nápoles es
importante en su obra, pero las novelas napolitanas se convierten en un
universo aparte. Un mundo secreto como creado solo para poder desplegar sobre
el este cuento de mujeres iracundas y machismos patriarcales que las vuelven
casi un remedo de sus verdugos.
Por eso siento
que es un espacio artificial. El verdadero Nápoles y el Rione Luzatti están colmados
de olores, colores y sonidos. En el Rione prefabricado todo es gris. Hasta la
ropa de las niñas cubre esa gama del gris perla al gris humo, pasando por verde
grisáceo, y gris azulado. Está muy lejos de ese Nápoles de postal, enmarcado
por el Vesubio y la bahía sobre el Tirreno con Capri al fondo. Ese Nápoles que Lenú
descubrirá a los catorce años, cuando ingrese a la secundaria.
Nadie niega que Nápoles
sea la ciudad de la Camorra, de un machismo casi ibérico (fue parte del imperio
español hasta comienzos del siglo XIX), de esposos golpeadores y mujeres enojadas.
Pero también es un mundo de humor, ternura, romanticismo. Tres factores
totalmente ausentes de esta historia, donde todos parecen más rudos que un Khalassar
Dothraki. Donde todos viven para aserrucharse el piso mutuamente. Como dice Lenú,
en el Rione se aprende pronto que es mejor fastidiar a otros antes que los
fastidien a uno.
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Del Rione al verdadero Napoles |
Una contradicción
es que, si es un mundo tan cruel ¿por qué las niñas viven en la calle sin que
nadie les vigile? Aparte de la escuela,
el mundo compartido por las amigas brillantes es externo. Aunque nunca salgan
del Rione (con la excepción de la escapada al mar), no las vemos en un entorno doméstico.
A pesar de que
ambas madres se quejan de que necesitan a sus hijas para que las ayuden en
casa, nunca vemos a las niñas cuidando a los hermanos menores, barriendo o en
la cocina. Yo que me crié siempre dentro de casas, envidio esa libertad para ir
a dialogar con Don Acchile, comprar libros, vagar por subterráneos o agarrarse
a piedrazos con futuras parejas. Lo que
hace a ese mundo un espacio monótono y claustrofóbico no es un encierro físico
sino la estrechez mental que Lila busca derrotar con su imaginación.
No puedo evitar
comparar la estética de “My Brilliant Friend” con todas las apelaciones a los
sentidos del cine de Tornatore que también transcurre en ese Sur italiano
tradicional y donde son los niños los testigos de los errores y delitos de los adultos. Este no es el Nápoles de las comedias de Vittorio de Sica, y ninguna
de las mujeres, ni Lila adolescente, posee la exuberancia y el carácter de la contrabandista
Adelina que Sophia Loren interpreta en el segmento napolitano de “Ayer, Hoy y Mañana”.
Un critico se
quejó de la música plañidera de Max Richter que acompaña a la serie. No me
había dado cuenta de que existía una banda sonora. Para mí la historia
transcurría en un marco de silencio, donde la música era el equivalente al
silbar del viento sardo en la tristísima “Padre, Padrone”de los Hermanos
Taviani donde el oprimido protagonista también es obligado, como Lila, a
sacrificar sus sueños de libertad. Ese es el tipo de historia a la que puedo
comparar “My Brilliant Friend”.
Ahí radica la
importancia de los capítulos 3 y 4, ahí es donde la Italia de fines de los 50
irrumpe en la serie. La Italia del boom económico (que permite que los Caracci
y los Solara se enriquezcan); la Italia donde se escucha a Little Richard a la
par del "Nessuno"de Mina. Es entonces cuando conocemos el otro Nápoles donde Lenú ve el mar;
se entera que, fuera del Rione, su padre tiene amigos; se pone vestidos bonitos;
y descubre el poder que su cuerpo ejerce sobre los hombres. ¡Hasta se gana diez
liras mostrando las pechugas a unos compañeros!
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Hasta en el baile Lila sobresale |
Lila también atrae hombres, se ve sexi
bailando el rock en la fiesta de los Spagnuolo, hasta comparte un paninni con Lenú
y la abraza. Es como si en una hora viviéramos la gama sensual de la
experiencia italiana, los colores, los olores, las imágenes y hasta el contacto
físico, y eso que seguimos viendo la violencia ahora encarnada en los siniestros
Hermanos Solara. Y por supuesto, la rivalidad entre Lenú y Lila crece junto con sus
bustos y caderas.
Alguien me decía
que esta era una obra perfecta para la Era MeToo. Para nada, Ferrante es magnífica
describiendo un mundo de mujeres como un espacio de traiciones, celos,
desprecio y agresividad, pero aquí no hay ni un asomo de la solidaridad que las
feministas modernas esperan de nuestro sexo.
Ni siquiera siento que la autora quiera a sus heroínas, su descripción de ambas es muy rala y hasta distante. Lila es un personaje seco y duro. De pequeña, rara vez sonríe. De mayor, también es hosca. Si fuera por culpa de su entorno, su amiga Carmela Peluso (Francesca Pezella) sería igual. después de todo es hija de un presidiario. Sin embargo, vemos calidez humana en Carmela cuando tranquiliza a Lenú explicándole la llegada de su primea regla o “La Marchese” como la llaman en argot.
Ni siquiera siento que la autora quiera a sus heroínas, su descripción de ambas es muy rala y hasta distante. Lila es un personaje seco y duro. De pequeña, rara vez sonríe. De mayor, también es hosca. Si fuera por culpa de su entorno, su amiga Carmela Peluso (Francesca Pezella) sería igual. después de todo es hija de un presidiario. Sin embargo, vemos calidez humana en Carmela cuando tranquiliza a Lenú explicándole la llegada de su primea regla o “La Marchese” como la llaman en argot.
En el episodio en
que los Solara secuestran a Ada (Ulrike Migliaresi) hija de Melina, sus amigas,
que son testigos del plagio, tienen diversas reacciones. Lenú no comprende lo
que ve; Carmela lo ve como algo natural y sin mayores problemas; Gigliola (Rosaria
Lngellotto) con un poco de envidia.
Solo Lila levanta la voz en un discurso apasionado en el que se combinan la imagen del hombre como un peligroso depredador con una visión del rapto como un ejemplo de lucha de clases. Pero cuando Ada regresa (en el libro) Ferrante no nos la muestra como una víctima ni siquiera está muy molesta. Eso cambia en la serie, y me parece que es una concesión a las sensibilidades contemporáneas.
Solo Lila levanta la voz en un discurso apasionado en el que se combinan la imagen del hombre como un peligroso depredador con una visión del rapto como un ejemplo de lucha de clases. Pero cuando Ada regresa (en el libro) Ferrante no nos la muestra como una víctima ni siquiera está muy molesta. Eso cambia en la serie, y me parece que es una concesión a las sensibilidades contemporáneas.
Ferrante es firme
en su condena del mundo de violencia, criminalidad y machismo que se evidencia,
a través de su cuarteto, en hombres (de diversas clases sociales y no todos
napolitanos), pero no es crítica de las mujeres, ni de su rabia, ni de como la descargan.
Incluso, en su última novela, Lenu hace las paces con su madre (después que la
primera intenta matarla con un cenicero y la hija finalmente tiene el valor de
arrojar a Inmacolata al suelo). Inmacolata confiesa que su hija ha sido siempre
su favorita y Lenú comienza a comprenderla. Ese tipo de reconciliación (muy
común en las telenovelas) nos hace chirriar los dientes a los hijos de padres
golpeadores. Es tan falsa.
La misma autora, cuando un crítico le preguntó
porque en su obra las heroínas son maltratadas por las madres o ellas mismas se
convierten en madres bruscas y abusivas, lo refirió a Madame Bovary. Puntualmente a una escena en que Emma golpea su
hija hasta hacerla sangrar, para luego autoconvecenserse de que no ha hecho mal y
que después de todo Berta, “es una niña fea”.
Según Ferrante,
Flaubert se atreve a poner en boca de su anti-heroína, palabras que las
escritoras temen incluir en su descripción de sus protagonistas madres. He oído
mucho aplauso de esa “valentía” de Ferrante de retratar como realmente ven las mujeres
a sus hijos.
Para mí eso es un
error criminal. No todas las madres sienten fastidio por sus hijos, no todas
las hijas odian a las madres. Lo mismo
me ocurre con lectoras y críticas que describen el binomio Lila-Lenú como un
ejemplo de amistad perfecta entre mujeres. Me dan pena. Se nota que nunca han tenido
la suerte de contar on una verdadera amiga, brillante o no.
No les recomiendo
la novela, pero si la serie, por el esfuerzo de Severio Costanzo de dirigir a
actores en este mundo tan peripatético como fascinante, y también para apreciar
la excelente actuación de las novatas actrices que interpretan a Lenú y Lila, y
para ver un mundo y una cultura tan diferente a la que nos presenta la ficción
moderna angloparlante.
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Las cuatro protagonistas |