¡Cómo me ha
costado ver esta adaptación del superventas de Amor Towles! ¡Cómo me ha costado
escribir una reseña! No lo hubiese logrado si Don Arturo Pérez Reverte no hubiese venido a ayudarme señalándonos
uno de los mayores defectos de la serie de Paramount, pero no el más grave
Cundo llegué a USA,
descubrí que en la pensión mensual que mi hermano me había asignado había un
espacio para la compra de libros. Eso me llevó a devorarme la lista de
superventas del New York Times. En ese entonces (2017) la lista de ficción de
tapa dura era liderada por Gentleman in Moscow de un tal Amor Towles.
Pronto descubrí
que este señor había abandonado su lucrativa carrera de banquero para escribir bestsellers
del cual éste era el segundo. Aunque la descripción de la trama era fascinante,
decidí no comprarlo. Si era tan popular, cabía la posibilidad de que Hollywood adquiriese
los derechos y preferí ver la película antes que leer el libro. Me evitaba
desilusiones innecesarias.
Towles nació con cuchara
de plata en la boca en una familia de la alta sociedad neoyorquina. Ha llevado
una vida que hoy llamáramos “de privilegios”, tal como su protagonista, el Conde
Rostov. En su estadía en Ginebra notó que varios huéspedes de su hotel vivían
ahí todo el año y le pareció que ese sería un buen tema para una novela.
Cadena
Perpetua en Jaula de Oro
La trama inicia
en 1922, Alexander Ilich Rostov es llevado ante a un tribunal de la Rusia bolchevique
y acusado de ser un parasito social. Su destino es el paredón o Siberia. Lo
salva un poema que supuestamente escribiera el conde en sus años mozos y que
ensalza los valores revolucionarios. Se le condena, entonces, a cadena perpetua, pero en una original
prisión: El Metropol, el hotel más elegante de Moscú.
Rostov deberá
vivir en un cuartucho en la azotea, pero puede comer en el restaurante, beber
en el bar (todo pagado por el estado) y alternar con clientes y con los
empleados quienes lo conocen de antes y lo adoran. El único caveat es que Alexander
Ilich tiene prohibido salir de su jaula dorada. Una vez que cruce la puerta
giratoria será acribillado por los guardias.
De esa manera, el
Conde Rostov pasará los próximos treinta años de su vida encarcelado, pero en
constante contacto con el mundo exterior gracias a antiguos y nuevos amigos, además
de enemigos, algunos de los cuales se
convertirán en sus aliados. Me cuentan que el mayor encanto de la novela son
las rumiaciones de Alexander Ilich sobre filosofía, política, historia, vinos y comida ya que es un gran gourmand.
Lamentablemente eso no puede incluirse en una miniserie. O a lo mejor sí, pero
nunca lo intentaron.
Originalmente, Sir
Kenneth Branagh iba a prestarle su rostro a Rostov, pero fue reemplazado por Ewan
McGregor que funge también como productor ejecutivo al igual que Amor Towles. Así
que ni siquiera podemos conmiserarnos por el asesinato de una novela ya que el autor
también fue parte de la carnicería. ¿A ver? ¿Por dónde comienzo mi critica?
Rostov No
inspira ni Lástima ni Cariño
En un libro se puede
centrar toda la trama en un solo personaje, más cuando es el narrador. En
pantalla, solo puede lograrse si se trata de una figura fascinante, vigorosa y
carismática. No sé si alguien con el poder histriónico de Sir Kenneth hubiese podido
hacer a Rostov más digerible. Nunca le he tenido mucha admiración a Ewan
McGregor y aquí nos brinda un protagonista mezquino, ególatra y frívolo pero
que es el eje de toda la narrativa.
Por empezar, nunca sentimos lástima por él. Sobre todo, si
comparamos su desdicha con lo que sufre la otra gente de su estrato social. Es
cierto que debe abandonar su lujosa suite en el Metropol e ir a vivir en los altos,
en cama dura, sin calefacción, pero sus
aposentos evolucionan.
Para cuando la
pequeña Sofia viene a vivir con él, ya parece que sus muebles han mejorado y se
ha solucionado el problema de su calefacción. Dentro de su armario encuentra
una puerta secreta que lleva a otro cuarto más amplio. Gracias a que puede
conservar algunos muebles y enseres, Rostov expande sus aposentos
Cuando su
amiguita, la pequeña Nina le procura una llave maestra que abre todas las
puertas del hotel, el Conde adquiere libertad de movimiento y una escalera a la
azotea le da una vista panorámica de Moscú. Todas estas ventajas le otorgan un
espacio que ningún otro huésped tiene. En su momento, Alexander Ilich tomará un
empleo, maître de camareros, lo que le
permite no solo escoger las mejores viandas y vinos para el hotel, sino también
interactuar con todos los huéspedes importantes.
Rostov tiene
acceso a música, a libros, periódicos, radio y hasta filmes de Hollywood
gracias a Osip Glabnikov, un agente de la OGPU, que primero lo vigila, luego lo toma como ‘maestro
“, y acaba salvándolo en varias ocasiones. Con tanta exposición al mundo real
sorprende que Rostov (en la serie) sea tan ególatra, estrecho de mente y frívolo.
Por eso no cae simpático ni inspira lástima.
Rostov
contantemente agrede verbalmente y ofende a quienes más lo quieren; Mischa,
Nina, hasta la misma Anna Urbanova, su amante intermitente. Le toma mucho
tiempo darse cuenta de que Osip es su aliado y da la impresión de que, si
hubiese sido menos altivo con el Obispo, este también hubiese sido un enemigo menor.
El máximo ejemplo
del egocentrismo de Rostov es cuando ordena una cena de gala para homenajear la
memoria de su difunta madre. Invita a todos sus antiguos amigos, miembros de la
nobleza y clases privilegiadas. Solo aparecen Nina y Mischa. Rostov está
indignado. Cuando Nina exhibe sus nuevas ideas comunistas, la increpa y la jovencita
huye llorando.
Sera Osip el encargado
de empujar a Rostov a la realidad. nadie lleva vidas privilegiadas como el
conde. Sus invitados o están presos o viviendo en condiciones paupérrimas. Si
no han venido es porque trabajan todo el día en labores agotadoras que antes
hacían sus sirvientes. además, temen atraer la atención de la policía secreta
yendo a este insólito festejo.
La reacción de Rostov
es melodramática; sube a la azotea y contempla la posibilidad de saltar al vacío.
Cambia de idea sin una razón de peso, como todo lo que hace. Esta experiencia no
altera su manera de ser ni de pensar . Tristemente, todos los demás personajes
viven en función de Rostov por lo que los tiñe la puerilidad del conde.
Un Drama
Histórico sin Historia
Reitero, no he
leído el libro, pero me imagino que no será accidental haber escogido esa época
y ese espacio geográfico. Sin embargo, lo histórico brilla por su ausencia a lo
más aflora insubstancialmente. Sabemos que hubo una revolución que ha despojado
a Rostov y a sus amigos de sus tierras y fortunas. Sabemos que empujó a muchos
al exilio y a él lo ha encerrado en una cárcel dorada, pero la revolución nunca
es explicada.
No entendemos ni
los motivos para la revolución ni el alcance de esta. Muy someramente se pasa
por hechos históricos significativos: muerte de Lenin, auge y muerte de Stalin.
Cuando Nina y Rostov, en sus correrías por el Metropol, encuentran un cuarto
lleno de documentos de la policía secreta, no nos dicen que el gobierno ha
requisado el hotel y lo ha convertido en su centro de burocracia. Solo en Los
30, el Metropol volvió a ser un espacio para clientes con dinero.
En la serie la
vida en ese elegante establecimiento sigue igual, sin mayores cambios, a pesar
de que históricamente la Unión Soviética vivía momentos críticos. Se saltan
olímpicamente la Segunda Guerra Mundial cuando el Metropol se convirtió en
oficina de prensa extranjera y fue bombardeado en varias ocasiones. En la
ignorancia de los críticos se ha llegado a decir que el Metropol no existió
(¡!!)
Sabemos que tanto
Nina como Mischa se desilusionan con el comunismo estalinista, pero no nos explican
los motivos. Parece que sus razones están relacionadas con el Holodomor. En una
de sus apariciones fugaces, Nina le dice a Rostov que se marcha a Ucrania con
su novio, luego marido. Vuelve unos años después, muy cambiada, el marido ha
sido condenado al Gulag; Nina lo seguirá
Siberia y le encarga al conde su hija Sofia. Los que sabemos de la historia del
periodo tenemos que imaginarnos que protestaron contra la hambruna sistemática
y el esposo cayó víctima de las purgas estalinistas. ¿Costaba mucho elaborar o
tienen miedo de ofender la memoria de Stalin?
Sin personajes
que atraigan, sin un trasfondo histórico que explique los acontecimientos, el
espectador esperaría que al menos visualmente deslumbrase este relato que tiene
lugar en un ambiente tan lujoso como el Metropol. Otro chasco. Los espacios del hotel sean el bar o el
comedor son tan estrechos como la buhardilla de Rostov. La iluminación es
escasa, en términos de vestuario no hay nada digno de mencionar. Nina siempre
parece vestida por el Ejército de Salvación y Anna Urbanova tiene más escenas
de cama que en las que pueda lucir ropa de época.
Lo más
desilusionante son las vistas desde la azotea del Metropol. Es un Moscú
totalmente construido —y se nota— con CGI. Al revés de muchas producciones
actuales que intentan reconstruir la vieja Rusia en algún punto de la Europa
Oriental, esta ultra barata serie ha sido filmada en Manchester y Liverpool. ¿Qué
tendrán que ver Manchester y Liverpool con la Moscú de inicios de la primera
mitad del Siglo XX?
Contenido
Violento y Gory: La
violencia (típico en serie woke) es mencionada, pero no vista. Sabemos que
mataron al amigo violinista de Rostov porque oímos los tiros. Vemos el cadáver
de Nina ser arrojado a una fosa común, pero no sabemos cómo murió.
Contenido Sexual
y Desnudos: Mary
Elizabeth Winstead (Mrs. Ewan McGregor en la vida real) sale más desvestida que
vestida, pero muestra poco. Su esposo muestra nalgas. A estas altura no creo
que nadie quiera verle el trasero a Obi Wan.
Factor
Feminista: Reitero, todos
los personajes incluyendo los femeninos viven en torno a Rostov. La más
interesante, Nina, nos ofrece el mejor
episodio demostrando inteligencia, astucia e imaginación, pero ella desaparece
rápidamente. Reaparece fugazmente para mostrar que ahora es una buena comunista
y ya no sueña con cuentos de princesas, luego para anunciar que se ha casado y
se marcha con el marido a Ucrania, después para encargarle a Alexander Ilich su
hija anunciando que seguirá al marido al Gulag y finalmente vemos que es
arrojada a una tumba común. ¡Que desperdicio de personaje!
Se dice que Ewan
McGregor exigió que le otorgasen a su esposa un rol con más agencia. Si lo que
han hecho con el personaje de May Elizabeth es demostración de agencia, ¿cómo
será el personaje del libro?
Anna Urbanova es una actriz camino a ser
estrella, algo que logra a punta de buenos contactos, incluyendo servirle de tapadera
a un ministro gay. Solo que un día, estando ya en la cúspide, descubre que la
edad le ha jugado una mala pasada y que solo sirve para hacer de madre de
actrices más jóvenes. Fuera de la pantalla solo sirve para ser mamá adoptiva de
Sofia, la hija de Rostov de quien Anna ha sido amante intermitente por varias
décadas. El problema es que todo es descrito de manera muy imitada. Anna Urbanova
podría haber vivido en Hollywood o Londres, no hay nada en su historia que la
haga particularmente rusa o parte de la historia del cine soviético.
Factor Diversidad: Y aquí viene lo que provocó la hilaridad
de Pérez Reverte. Me resultó chocante que, en el primer episodio, el rol de Mischa,
amigo y salvador de Rostov fuese interpretado no solo por un actor negro pero
que además luce un peinado de trencitas ultramoderno.
Mi shock aumentó
al ver que la mitad del servicio del Hotel Metropol estaba compuesta por
actores de color. Rusia no tenía una población autóctona de origen africano. ¿Había
tantos trasplantados? ¿Y todos iban a
trabajar al Metropol? Fue solo cuando vi al Ministro de Cultura, negro— y gay—al
que Anna sirve de tapadera, que me di
cuenta de que en el libro todo ellos son blancos.
Nuevamente la
televisión angloparlante, en aras de la falsa diversidad, nos exige que
expandamos nuestra imaginación y aceptemos como correcto y factible tener gente
de color fingiendo ser blanca. Yo no puedo suspender mi incredulidad ni obligar
a mi visión a cegarse ante esta bobería. Si se quiere contratar actores de color,
que se les creen personajes que
expliquen su presencia y que sirvan para informar sobre su historia en
diferentes espacios geográficos. De otro modo esta última excentricidad es otro
punto en contra de una serie irredimiblemente mediocre. Si alguien quiere
verla, está en Paramount.
Por fin llego al
comienzo, al origen de mi renovado interés en el Western televisivo. Escribo
estas líneas justamente cuando se ha anunciado el abandono de Kevin Costner de
su serie icónica Yellowstone y el anuncio de sus productores de que, sin
su estrella, el rancho cierra sus puertas. Eso no significa que se acabe el universo
de Los Dutton o que Taylor Sheridan haya perdido vigencia.
Cuando mi hermano
me compartió su suscripción a Paramount + yo no sabía qué ver. Todo lo había visto
antes en Showtime o en Paramount de la cual Paramount+ es plataforma de streaming.
A pesar de ser la favorita de mi Beta Lorena, no me latía ver Yellowstone.
Los neo-western no son mi platillo predilecto.
Sin embargo,
decidí hacer una excepción con su secuela 1883. La sorpresa fue
mayúscula. Un western prístino, casi impoluto de wokismos y presentismos, una historia bien contada y actuada con
personajes memorables. Me enamoró en el primer capítulo y la recomiendo sin reparos.
Una Gema Imperfecta
Cuando recomiendo
“sin reparos” no es que afirme que lo recomendado sea perfecto. Como toda obra
humana, 1883 tiene fallas. Saber de antemano cuales son ayuda a no
llevarse chascos que hagan al espectador dejar sin terminar una joya del género
Western. Sin caer en spoilers, les aviso
que los bemoles residen en la tesis del cuento, tesis compartida por otros
westerns televisivos modernos (léase Godless yThe English) , el Oeste destruyó al blanco tal como este
destruyó al nativo. Y la destrucción
vino con la imposición de reglas y limitaciones de autoridades que no entendían
en donde se estaban metiendo.
La visión de Taylor
Sheridan abarca esta tesis, pero para probarla cae en un exagerado dramatismo y
cierto anarquismo que se magnifica en la secuela 1923. Por otro lado,
aunque sea un genio, Sheridan fracasa en
su presentación de temas que no maneja bien ( e.g. el romance). Si tienen claro
esto desde el comienzo, no habrá escollos que les impidan disfrutar de lo mejor
del Universo Yellowstone
1883 cubre la historia de los bisabuelos de John
Dutton III. Aunque James y Margaret
Dutton (interpretados por las estrellas de música country, y pareja en la vida real, Tim McGraw y Faith
Hill) han aparecido en flashbacks en Yellowstone, es sumamente
interesante verlos en su éxodo desde Tennessee hasta Las Grandes Llanuras arrastrando
con ellos a su familia compuesta por Elsa (Isobel May) , su hija adolescente
quien funge como narradora de la historia, y su hijo pequeño John que podría
ser el bisabuelo del personaje de Kevin Costner. Vienen con ellos la estirada tía
Claire, cuñada de Margaret, que enviudó recientemente
y su igualmente estirada hija, Mary Abel.
Han pasado casi
veinte años desde el final de la Guerra de Secesión que ha dejado marcas en los
protagonistas de 1883. Dutton sirvió en el ejercito Confederado y se
pasó un par de años en una prisión Yanqui casi tan horrible como Andersonville.
Un flashback, lo presenta después de la Batalla de Antietam (episodio que sirve
para un excelente cameo de Tom Hanks).
Shea Brennan (Sam
Elliott) el agente Pinkerton con el que
se alía Dutton para cruzar el Lejano Oeste, peleó por El Norte y alcanzó el
rango de capitán, título que todavía es usado por su colega el afroamericano Thomas
(LaMonica Garret) . Alan Pinkerton era tan visionario que desde el inicio (y
como muestra la serie de Crackle Los Pinkerton) contrató mujeres y
afroamericanos.
El primer
episodio no inicia con los Dutton sino con Shea quien, tras incinerar su casa y
los cuerpos de esposa e hija, víctimas
de la viruela, pretende suicidarse. Así lo encuentra Thomas que medio lo convence
de un último trabajo, servir de guía de una
caravana de vagones de inmigrantes alemanes que van rumbo a Oregón.
En el camino a
Fort Worth donde encontrarán a los inmigrantes, los agentes Pinkerton
presencian como un hombre solo se defiende, y acaba con una piara, de bandidos que pretenden robarle su
carromato. Mas tarde, en Forth Word, típica ciudad del Oeste donde no hay ley
ni D-s, los Pinkerton vuelven a ver al extraño—lo apodan ”el Granjero”—
defenderse de un carterista que una vez identificado es colgado de un árbol, puesto que la justicia en esos pueblos era rápida
para algunas cosas.
Shea y Thomas
enfrentan otro problema. Los inmigrantes son un ensayo en ingenuidad: han
venido con bueyes en vez de caballos, no portan armas, cargan un equipaje imposible de transportar al
destino que buscan y solo uno de cincuenta pasajeros habla inglés. Aunque Shea
es duro, y casi cruel, al decirles que se vuelvan de donde vinieron,
se apiada de ellos. Consigue hacer un trueque y cambiar los bueyes por caballos
y empieza a buscar más hombres para la expedición que lo ayuden a proteger a
los frágiles germanos, un grupo que incluye mujeres y niños.
Se acercan al
Granjero, que dice llamarse James Dutton, para que se una a ellos, pero Dutton tiene su
propio plan para internarse en la pradera y solo espera la llegada de su
familia para llevarlo a cabo. Vemos a los Dutton en el tren que los trae del Sur,
la más importante es Elsa, la hija
mayor. Aun sin tenerla de narradora, aun sin el hecho de que es la primera Dutton
que aparece en este relato, es Elsa quien ha dominado la escena inicial que nos
revela más de un spoiler y que indica que todo lo que sigue es un largo
flashback.
Elsa, The
Hoyden
Elsa es típica adolescente
llena de energía, con ansias de
aventura, tozuda, y que se rebela ante
convencionalismos. Al conocerla me irritó, pensé que se trataba de un cliché
presentista. Tal vez porque yo fui tan diferente. Lo cierto es que Elsa es un personaje
típico de la literatura pretérita sea del siglo XIX (Jo March) o de comienzos
del XX (Laura Ingalls), si hasta parece una Scarlett O’Hara con ese irrespeto por
las reglas de urbanidad..
Ya en el primer
episodio aparece en un vagón de primera clase devorando el paisaje por la
ventana. Atrae la atención de un hombre que se sorprende que una jovencita
viaje sola. Con voz tímida, Elsa explica que su familia está en el vagón de
segunda. Entablan conversación que es interrumpida por la madre de la chica. Margaret
agarra a paraguazos al atrevido y se lleva a Elsa de una oreja a reunirse con
el resto de la familia.
Ya en segunda
clase, Elsa recibe una serie de sopapos por parte de su tía cuando se muestra
altanera con su madre. La reacción de Elsa no es la típica de una chica de hoy.
Llora, se muestra humilde y pide perdón a Margaret. Eso no le quita el espíritu
osado que en el siglo XIX hacia que las llamasen hoydens. Me imagino que ese término estará hoy
cancelado como su sinónimo Tomboy. Eso no quita que Jo March fuese una hoyden,
también lo fue Ana de las Tejas Verdes, y hasta Scarlett O’Hara andaba ya en edad
casadera brincando cercas a pesar de sus muchos refajos.
Eso mismo hace Elsa
cuando salta de la góndola de un tren para abrazar a su padre. Según Margaret,
las rebeldías de su primogénita son culpa de los mimos de su marido. Es cierto
que Elsa es la niña de los ojos de “El Granjero”. Sin embargo, cuando James mata
a un borracho que intenta violar a su hija, son las faldas de Margaret tras las
cuales Elsa busca refugio.
Este ataque a Elsa
hace recapacitar a James. No se las va a poder solo para defender a cuatro
mujeres y un niño. Acepta la oferta de Shea Brennan, y ambos emprenden un viaje
que acabará con algunos en la Costa del Pacifico y con Los Dutton en Montana. Lo
que provoca este cambio de planes y dirección se los dejo de tarea. Ahora
prefiero enfocarme en aspectos más técnicos.
Me asombra que Taylor
Sheridan escriba todo el guion solo y que le quede tan bien, al menos en los
primeros cuatro episodios. Sus personajes son poderosos, se las arregla para crear
varios arcos sin disminuir ni opacar a ninguno, todos tienen su lugar.El tiempo de la narrativa fluye cuando podría
ser monótono como debe haber sido el verdadero viaje a Oregón, y la mayoría de los detalles históricos y
culturales son verídicos.
La America que
nos presenta 1883 es posterior a los sucesos de The Gilded Age y
sin embargo nos presenta un mundo rural y salvaje muy alejado de los adelantos
neoyorquinos de la serie de Lord Julian Fellowes. Se nota cuando James debe
cargar baldes de agua caliente para poder tomar un baño con su esposa en el
mejor Hotel de Fort Worth. Margaret
menciona haber leído que en los hoteles de Nueva York hay agua de cañerías que
llega directo al baño.
El comportamiento
de los personajes es también adecuado a la época. Aun con rebeldías, al
comienzo Elsa es obediente de sus padres y su relación con ellos es la
apropiada, lo que no le impide ser independiente y tomar decisiones propias,
algunas que van en contra de toda convención social. Sin embargo, tengo reparos
en el idioma utilizado. Aunque es mas que posible que el lenguaje de cowboys y soldados
estuviesen plagados de palabrotas, el abuso del verbo “to fuck”, en frente de damas , me parece exagerado.
Recordemos que hasta los 50 vocablos semi inocentes como “bastard” y “damn” eran
impronunciables en buena compañía.
La estética de la
serie es exquisita, el uso del paisaje del Oeste es impresionante, la
iluminación es menos sombría que en otros period pieces contemporáneos, y la banda sonora es más que adecuada. El vestuario
también corresponde a los 1880. Un solo detalle equivocado. En la escena
inicial vemos a Elsa con pantaletas hasta el tobillo. Los Windies (GWTW frikis)
recordarán cuando Rhett Butler le dice a
Scarlett (1862) que ya esas prendas han quedado obsoletas. Entre 1865 y 1920,
la ropa interior femenina llegaba hasta la rodilla. Eso incomoda a mi purista
interior más que la dentadura Pepsodent de Elsa o el mal acento sureño y pelo teñido
de Isabel May..
¿Violenta o
Sentimental?
Aunque 1883
tiene un sólido rating de 8,7 en IMDB y otro parecido en Rotten Tomatoes, no ha
gustado a todo el mundo. Hay quejas de que es muy sentimental y que enfocarse
tanto en el personaje de Elsa lo hace novela de adolescente. A pesar de que
Elsa es la protagonista femenina, la serie se enfoca en los dos lideres de la
expedición y en lo que respecta a romances, no es solo la vida amorosa de Elsa la
que refleja el amor en el viejo Oeste. Lo vemos en el corazón roto de Shea
Brennan, en el noviazgo interracial entre Thomas y la gitana Noemi, en la
devoción del alemán Josef por su mujer y, por supuesto, en el matrimonio de James y Margaret.
Otra queja es que
es este western es muy crudo y violento. ¿Se creían que el Far West era zona de
picnic familiares? No me parece menos violento que muchos clásicos, desde los de John Ford hasta el revisionismo
Peckimpah. Cuando James mata a un hombre que intenta violar a Elsa, me recordó
a Joel McCrea y Randolph Scott rescatando a Mariette Hartley en Guns of the
Afternoon de Peckinpah. La expedición a Oregón no es muy diferente, en
términos de peligros y enfrentamientos, a clásicos del tema donde Fred
McMurray, Kirk Douglas o Rod Taylor enfrentaban situaciones similares. Incluso
lo hemos visto en miniseries como Centennial, basada en el superventas
de James Michener, y en series de televisión
como The Chisholms y Wagon Train.
La diferencia no
está en la violencia que siempre ha estado presente en el Western sino en lo
grafica de la misma y en la justicia o falta de ella. Para vengar la muerte de
Mary Abel, James y Shea, capitaneados
por Billy Bob Thornton encarnando al sheriff (de la vida real) Jim Courthright,
van al Elefante Banco y matan a los perpetradores. “Los asesinamos” dice James
a su mujer de regreso al campamento. La sensación de que la magia del Oeste es
sofocada por su violencia queda expresada por las rumiaciones de Elsa de que la
exhilarante libertad que experimenta en la campiña tejana acaba cuando entra la
violencia en ella.
1883 es la crónica de un viaje. Aunque Shea,
James y su hija siguen el mismo sendero, sus objetivos y experiencias son
diferentes, tal como el modo en que reaccionan ante la belleza y violencia de
este mudo. Elsa es casi una niña, todo
le parece estupendo hasta que deja de serlo. Su padre y el Capitán Brennan son
hombres marcados por experiencias bélicas que los han dejado traumatizados y
explica su comportamiento, pero si para James este viaje es un futuro de
redención, para Shea es una última oportunidad de hacer algo bueno,.
James dice que lo
único que le importa es su familia. Shea, que ha perdido la suya, busca ayudar a otras familias a permanecer
unidas y encontrar un destino mejor. Algo difícil ,ya que aun antes de salir de
Texas, los inmigrantes experimentan ataques
de bandidos, enfermedades y otras maneras de morir en el Oeste. Elsa llega al
punto de querer preguntarle a D-s porque crea flores para ocultar serpientes
bajo de ellas.
En la tercera
entrega, vemos la pericia de Taylor Sheridan en un episodio que de pronto se
abre como un tridente en tres encuentros diferente. Elsa y Margaret cuidan el
ganado lo que le da la oportunidad a la joven de admirar la pericia de su madre
y esta de notar que su hija está coqueteando con un cowboy. Mientras Shea trata
de recobrar su liderazgo sobre los levantiscos emigrantes, James comparte un
momento, tipo John Walton-John Boy, enseñando a cazar a su hijito.
Sheridan Rompe
Reglas e Impone las Suyas
A medida que la
serie y la caravana avanzan comienzan a ocurrir cosas terribles y los
personajes comienzan a cambiar. Se ha dicho que Sheridan es melodramático por
lo que apila desdichas sobre sus personajes. Por peligroso que fuese el
trayecto, no solían ocurrir más que uno o dos de los percances descritos. Aun
así, el tremendismo sheridiano exige castigos constantes para quienes han
venido a apoderarse de un mundo que desconocen. Hay énfasis en dos cosas, la
tierra exige un precio por disfrutarla. Eso es algo que los nativos ya sabían.
El temerario que desconozca la sinergia entre tierra y hombre lo pagará caro,
tal como Elsa descubre que la sensación exhilarante de libertad de la pradera también
tiene un alto precio.
Sucede que Taylor
Sheridan, un genio autodidacta, no teme
romper reglas al narrar su saga. Aquí ha roto más de una incluso creando un
universo en el que cronología e historia desaparecen. Si1883 se hubiese
llamado 1855 o incluso 1869 se hubiese entendido ese trayecto tan
peligroso y azaroso. Para 1883, ya había trenes a Oregón. El autor nos hace un guiño
cundo Thomas le dice al cocinero al contratarlo ”Y te regresas (de Oregón) en
tren”.
Me dicen que los
inmigrantes no tenían dinero para pagarse el boleto (ya vimos que las Dutton
fueron de Tennessee a Texas en una incómoda segunda clase). Igual, las últimas
caravanas de vagones hacia la Costa del Pacifico se hacían siguiendo los rieles
porque eran más seguros. A lo largo de ese trayecto habían establecido asentamientos
para proveerse de provisiones, y la Caballería andaba cerca para proteger de
bandidos e indios levantiscos (Rogue Indians).
En cuanto al
cruce de ríos, para 1883 la mayoría de los ríos por cruzar o ya tenían puentes
o había servicio de ferry, me imagino que existían también para el cruce del Brazos,
aunque es imposible pensar por qué una caravana a Oregón, aun desde Texas, seguiría ese caprichoso sendero. Tal como es
inexplicable que Las Dutton gastasen en pasaje hasta Texas cuando desde Tennessee
era más rápido llegar a Independence, Missouri, desde donde salían los vagones
hacia Oregón. Lo que pasa es que Sheridan estaba empeñado en meter en el cuento
a Fort Worth, su ciudad adoptiva.
Lo que no tiene explicación
es el desorden cronológico que rodea la edad de Elsa. Al comienzo, la niña Dutton nos cuenta que nació un año después
de haber salido James del campo de prisioneros. Ella misma nos cuenta que su
cumpleaños cae al comienzo del trayecto a Oregón. Asumimos entonces que tiene
17 años recién cumplidos, pero pasados unos capítulos anuncia que tiene 18
años. ¿Ha pasado un año en que han estado vagando por la pradera?
Cuando Elsa
anuncia que va a casarse, Margaret le recuerda que cuando tenía su edad era ya
una matrona embarazada que manejaba sola la granja mientras su marido era
prisionero de los Yanquis. A ver, si Margaret estaba en estado cuando James fue
tomado prisionero después de la Batalla de Antietam, Elsa habría nacido en 1863
y ahora tendría 20 años.
Para colmo, cae
Sheridan en un estúpido presentismo. Cuando Elsa decide casarse con Sam le grita
a la madre que la ley la ampara ya que tiene 18 años. Aparte que casarse con un
indio no fue amparado por ninguna ley ni hasta fines del siglo XX, la mayoría
de edad para ambos sexos fue, hasta Los
Setentas, los 21 años.
Las Quejas de
Fienberg
Tanto 1883
como su secuela 1923 han tenido muy buena acogida por parte de la
prensa. Una excepción ha sido Daniel Fienberg en The Hollywood Repórter quien cataloga la serie como hecha para machos
y a Taylor Sheridan de añorar un tipo de justicia fronteriza cruel pero rápida.
Ambas aseveraciones son ciertas, pero no por las razones que el autor esgrime.
Fienberg se
interna en la contradicción de tener una protagonista hembra en un cuento de varones,
pero se va por el sendero equivocado. Soy de las pocas que ama a Elsa-narradora,
aunque la irrite el personaje. No encuentro el voice over ni banal ni
tan lleno de filigranas que confunda al espectador.
El problema de Fienberg
es que solo ha visto tres episodios, lo que no es suficiente para comprender la
serie. Así que sus quejas de que la historia comienza poniendo a los indios
como villanos (desconociendo totalmente el contexto del ataque)o que no haya suficientes mujeres escribiendo
o dirigiendo episodios de 1883, no tienen base No son esos los mayores
problemas de 1883 y ciertamente no son motivos para no ver este diamante
en bruto.
Contenido
Violento y Gory: Es una
serie ruda y brutal, pero aparte de la escena inicial con los Lakota
arrancándole la cabellera a Alina no hay mucho lujo de Gore. Consejo, no se
encariñen mucho con los personajes. Taylor Sheridan es peor que Ser George R.R.
Martin y mata sin piedad.
Contenido Sexual
y Desnudos: Los Dutton en
una tina de hotel, Elsa con un posible futuro marido y luego con un marido.
Curiosamente una escena en que nos muestran desnudos frontales femeninos no
tiene connotaciones sexuales Se trata de un examen físico efectuado por la Tía
Claire a las mujeres de la expedición para saber si tienen enfermedades
contagiosas.
Contenido Feminista: Algo en que concuerdo con Daniel Fienberg
es que es falso empoderamiento el creer que una mujer es poderosa solo porque
sabe hacer cosas de hombres. Evidentemente, Elsa Dutton es la protagonista de este
cuento, pero porque sabe montar, lacear ganado y disparar tan bien o mejor que
los hombres. Es una mujer de pantalones y la serie inicia con ella disparándole
a los indios. Pero si nos fijamos o escuchamos su narrativa, la independencia
que le da ser diferente y comportarse como los hombres, no la hace feliz. Es un ente solitario, no se
lleva con las mujeres y tampoco con los hombres al menos que sean sus amantes.
Es como si Elsa fuera
(lo vemos con Alexandra en “1923”) una fantasía de Sheridan: rubia desinhibida
que sirve de compañía al héroe. El autor ha hecho comentarios de que conocer a
Isabel May le quitó el bloqueo de escritor que sufría cuando recién escribió el
libreto. Por eso insistió en que se la contratase ya que la apariencia física
de la actriz lo inspiró a crear un western desde la perspectiva de una
adolescente inexperta. O sea, una Laura Ingalls adulta.
El problema es
que Elsa no es una mujer, no da voz a las jóvenes como ella que se internaron
en el Oeste. Es creación masculina y no solo de Taylor Sheridan. En 1883, Elsa
es la obra y espejo de James quien la ha criado como si fuera varón y es en la
pradera donde la deja suelta. Notemos que le presta el triple de atención que a
John, desoye los consejos y advertencias de su esposa y solo cuando Elsa
reacciona como mujer, es que James
intenta ponerle un freno tardío.
Elsa no es un ser
empoderado, es un monstruo de Frankenstein, ingenua y peligrosa. Posee una
energía desbocada a la que solo la naturaleza podrá imponer un trágico limite. Por
eso, yo a diferencia de otros fans de 1883 ni la idolatro ni la condeno, solo
la observo. En cambio, en su madre si reconozco el drama y empoderamiento que
vivieron las pioneras y que han dejado plasmados en cartas y diarios que son
las verdaderas crónicas del mundo domestico del Far West.
A pesar del
desprecio de Elsa, Margaret se nos va revelando como una sobreviviente nata través
de sus palabras. A los 17 años se hizo cargo de la granja del marido y de la
crianza de Elsa mientras James languidecía en una prisión en el Norte. Sirvió
de enfermera de campaña y supo tragarse su independencia para anteponer las
necesidades de sus hijos y los deseos del marido antes que sus sueños. A medida
que ve a Elsa hacer lo que le place sin medir consecuencias, Margaret hablará
de sus sueños perdidos y del último que James ha destruido, el desear una vida
mejor para su hija. Porque Elsa la de los
vestidos bonitos, la que toca a Beethoven
en el piano, no es la misma bacante que
anda por la pradera medio desnuda, matando o seduciendo hombres.
Margaret, a
diferencia de su hija, está dispuesta a ayudar , a preparar infusiones para los
inmigrantes enfermos, la que llora cuando ve mujeres ahogándose en la cruzada
del rio, la que se siente maldita cuando mata a un hombre en autodefensa.
Margaret es la que con acciones grita lo que Raiza, la esposa de Josef, cuando se ve obligada a matar a un bandido “¿A
qué lugar me has traído?” Es la que le dice a James “Nunca podré perdonarte…”y
la que le suelta un sopapo cuando se da cuenta que los sueños de su marido han
provocado la destrucción de su familia.
Espero hablar más
de esto cuando escriba sobre la representación de los veteranos confederados en
las series del Oeste, pero si se ha acusado a Taylor Sheridan de maltratar
mujeres, James Dutton es su brazo ejecutor. Desde la muerte de Mary Abel, y el
suicidio de Claire, que James con sus
delirios nacidos de su trauma bélico está arrastrando a su familia a un final
inexorable y trágico. Para quienes hayan visto los flashbacks de la cuarta
temporada de Yellowstone y el inicio de 1923 sabrán que Margaret
nunca llegó a tener la gran casa prometida por su marido.
Tampoco tuvo una
muerte digna, no más de las que tuvieron las inmigrantes que conocimos por
nombre, lo que nos lleva a hablar de…
Factor Diversidad: A ver, tenemos americanos que pelearon en diferentes
bandos de la Guerra Civil, inmigrantes alemanes, rusos y gitanos. Tenemos
cowboys y prostitutas de color, y Thomas es casi protagonista. Tenemos Lakotas,
y Elsa se casa con un Comanche. ¿Ya qué
faltan? ¿Chinos tal vez?
Sin embargo, es
en el elemento inmigrante donde surge mi mayor queja sobre la serie. Puedo
perdonar un par de presentismos, un trayecto tan truculento que pasa a ser
imposible, y hasta el empoderamiento falso de Elsa, pero me disgusta lo hecho
con los inmigrantes. La serie los convierte en una manga de inútiles, llorosos
e infantiles. ¿Se olvida que este país fue construido por inmigrantes y no
todos angloparlantes?
En el primer
episodio, Shea y Thomas se encuentran a cargo de un grupo de supuestos alemanes
donde solo uno habla inglés (después se descubre que hay más angloparlantes), que no portan armas, no saben nadar, cabalgar
ni disparar y que en vez de caballos traen bueyes para arrastrar sus
carromatos.
Apiadado de
ellos, Shea servirá de niñera de un
grupo de lastimeros e ingenuos tarados. En el camino se le morirán muchos de sus
protegidos: ahogados, de colera, de mordedura de cascabel, por balas de
bandidos, flechas de indios o aplastados por sus propios vagones. Algunos son
tan cerdos que les roban a los más débiles que no nos inspiran lástima. En cambio,
admiramos y compadecemos a Shea que se ha echado al hombro una tarea titánica e
ingrata. En su afán de elevar a Shea a altares heroicos, Sheridan deshonra y
desvaloriza al conglomerado inmigrante. Sobre todo, teniendo en cuenta que lo
hace a punta de inexactitudes.
¿Qué pasa si les
cuento que los vagones a Oregón eran tirados por bueyes y no caballos? ¿Que estos últimos eran para montar ya que
solo los niños y los viejos viajaban en los carromatos? Los demás los seguían en lomos equinos o
mulas, o simplemente caminaban. Como deberán hacerlo al final de la serie
cuando un tornado les hace añicos los vagones.
Solo un motivo más
poderoso que una promesa de tierra gratis hubiese hecho que alguien desprovisto
de montura, idioma y otros aditamentos y conocimientos obligatorios, hubiese emprendido un viaje tan azaroso. Lo
normal es que, si se tratase de inmigrantes alemanes, desembarcados en Galveston, se quedasen en
alguna parte de Texas donde ya había comunidades germanas establecidas.
Por otro lado,
parecen originarios de Ruritania más que del Imperio Prusiano. En 1883,
Alemania llevaba dos décadas de unificación y se estaba convirtiendo en el país
más progresista de Europa, con tranvías por sus calles, con un nivel alto de
vida, con profesionales y universitarios
consiguiendo grandes adelantos tecnológicos y científicos, y mucha prosperidad. Incluso el campesinado
estaba organizándose en cooperativas. No estaba prohibido para los campesinos
nadar ni aprender a hacerlo, nadie les prohibía tener armas y todos estaban obligados
a vacunarse contra la viruela.
No parece el país
que describía Josef. Luego , la ropa que viste el líder de los inmigrantes no
se ve muy germánica, parece eslava. Se me ocurrió que los inmigrantes que
arrean Shea, Thomas y James Dutton, son alemanes del Volga que llegaron a Oregón
en los 1880s. Así se entiende que entre ellos haya gitanos y gente que hable
idiomas eslavos, ”slavic languages” como
dicen las close captions. ¿No hubiese sido mejor que se explicase esa
diferencia?
¿Será porque los alemanes del Volga llegaron a Oregón en 1882 en barco desde
el Pacífico y no por la imposible pradera? ¿O porque ese grupo lo hizo tras haberse
asentado un par de años en Kansas y haber aprendido el idioma? Mi teoría acaba en el último capítulo cuando
Josef relata haber peleado en la Guerra Franco-Prusiana (1872). Al final parece
que evitar explicaciones y apoyarse en la ignorancia del publico ayuda al
propósito de Sheridan de mostrar a los inmigrantes como una manga de inútiles
una masa que solo sirve para ser masacrada.
No es único en
esa visión.En The English, tenemos un matrimonio de menonitas rusos (pero
germanoparlantes) que mueren violentamente en su trayecto a Wyoming. En la
serie de Amazon, la muerte de los menonitas es vista como un castigo y
advertencia a los europeos de no meterse en tierras robadas a los indios. Tal
como Thomas Trafford y Lady Cornelia, los menonitas están cortejando el peligro
al adentrarse en un terreno prohibido que no les pertenece.
En Godless,
vemos un par de familias noruegas expuestas a ataques de bandidos violadores.
El mismo bandido Frank Griffin recuerda que él también llegó en un vagón en un
convoy que fue asaltado por mormones que masacraron a toda su familia.
Sin embargo, es
Frank Griffin quien llega a la misma conclusión que Elsa. No tiene nada que ver
con los derechos de los indígenas ni con ínfulas colonizadoras. El bandido les revela
a sus víctimas que el mismo D-s que creó al hombre creó a la víbora ponzoñosa.
Esa contradicción divina explica la crueldad del Oeste, “A Godless Country”(un
país sin D-s). La grandeza de 1883 es mostrarnos que si con todos sus
problemas iniciales, Los Dutton siguen en Yellowstone con pie firme
dentro de Montana, es que o trajeron a D-s al Oeste, o tal vez al Diablo…
1883 puede verse en Europa y el continente
americano por Paramount + Si no hay acceso a esa plataforma, quienes tienen en
su cable el Canal Paramount podrán ver la saga completa, todos los domingos, a
partir del 18 de junio.