“Enola Holmes” ha
sido una sorpresa. Mas allá de las desviaciones del libro que la inspira y del
canon creado por Sir Arthur Conan Doyle, resulta ser entretenida, refrescante e
incluso nos da una lección sobre la moda de la época y sus efectos en la
psiquis femenina. Pero en aras del Faux Feminismo, las aventuras de la
hermanita más lista de Sherlock Holmes cae en viejos mitos sobre corsés, ropa
masculina y sombreros.
¿En Qué Año
Estamos?
“Enola Holmes,”
basada en la serie de misterios juveniles de Nancy Springer, ha dado que hablar
desde que los herederos de Sir Arthur Conan Doyle han demandado a la producción
por modificar el personaje de Sherlock Holmes hasta el agudo ángulo feminista
que la producción le ha impreso a la obra. Un ángulo que poco tiene que ver con
la trama original.
Eso no quiere
decir que Lady Eudoria Holmes (no sé por qué le quitaron el título en el filme)
no sea librepensadora, sufragista y partidaria de la reforma victoriana del
vestuario de la mujer. La ropa es un tema importante en las novelas de
Springer. Ya en el segundo capítulo, junto con Enola, revisamos el armario de
Eudoria con lupa en una descripción que recuerda a la de Scarlett revisando su
guardarropa en Lo que el viento se llevó.
Pero es en la
serie donde la ropa adquiere importancia como parte de la personalidad e
incluso la labor detectivesca de la protagonista. Al comienzo no lo noté,
confundida por un problema cronológico de la serie. En el libro, Springer es
muy clara, la acción tiene lugar en 1888. En la serie yo creí que había
trasladado la acción a 1900. Lo que explicaría la presencia del automóvil de la
odiosa Miss Harrison (¿porque siempre le dan esos roles a la Tía Petunia?) y el
retrato del movimiento sufragista como un grupo de militancia violenta.
Mis razones para
creer eso radican en los primeros 20 minutos del filme. Comenzamos con Enola
laboriosamente avanzando en bicicleta hacia una estación de tren donde espera
encontrarse con Sherlock y Mycroft, sus hermanos mayores. Usando la narrativa
en segunda persona (lo que en ingles se conoce como “breaking the fourth wall)
Enola nos interpela y se pregunta por dónde comenzar su historia.
Acto seguido en
la pantalla vemos la ilustración de un bebé llorando precedido por la cifra “1884”.
Inocente de mi yo creí que la historia comenzaba con el nacimiento de Enola en
1884. Solo al leer artículos sobre la serie y su génesis fui que caí que esta
tiene lugar en 1884. Lo que explicaría la urgencia de que Lord Tewksbury votase
a favor del Reform Bill de ese año.
Así es que el automóvil es un anacronismo, como lo es el retratar a las sufragistas de entonces como las guerrilleras arpías en que se convertirían a partir de 1906 bajo el liderazgo de Emmeline Pankhurst. En 1884, Mrs. Pankhurst estaba pariendo a su tercer bebé.
A pesar de que las sufragistas (y el término se inventó a
comienzos del siglo XX) existían desde que John Stuart Mills propuso el voto femenino
en 1867, y para 1884 era un movimiento amplio y reconocido en Gran Bretaña, esa
imagen de organización semi terrorista de incendiarias, destructoras de la
propiedad pública, lanza bombas, no nacería sino hasta 1910. En el filme, Eudoria
ha abandonado a su hija para proseguir con su activismo en la clandestinidad. ¡En
el libro lo ha hecho para vivir con los gitanos!
Para los efectos
de este blog, lo importante es que el filme tiene lugar en 1884 y los
personajes siguen la moda de aquel entonces. Una moda cuyo mayor característica
era el infame polizón. Una almohada de crin que las mujeres ajustaban sobre su derrier
y bajo su vestido para enfatizar una figura en la cual el punto más llamativo
era la cola.
En el libro,
cuando Enola busca en el cuarto de su madre pistas del posible paradero de Eudoria,
encuentra la almohadilla de crin. Enola necesita que le expliquen el propósito
del objeto. Sin embargo, en el resto de la obra, Enola adopta vestuario de
mujer adulta, elegante, a la moda y lleno de intrincadas prendas que antes
repudiaba.
De Vestirse de
Chico a Vestirse de Dama
¿Cómo puede andar
tan cómoda con polizones y armazones de alambre si nunca los ha usado? ¿Cómo puede decir “el corsé es un martirio
para quien está obligada a usarlo” y luego no solo amarrarse como matambre con
uno que no le impide luchar contra el vilano? Obvio que Enola ha recibido
lecciones de autodefensa, ¿pero embutida en un corsé de ballenas?
Tanto libro como cinta
nos cuentan que a Enola su madre la ha criado para vestir de acuerdo con las
reglas del reforma estética del vestuario impuestas por John Ruskin. La serie
nos lo muestra en la escena en que Eudoria enseña a su hija a boxear y. Enola
luce una túnica sobre una blusa de algodón. Las líneas son simples inspiradas
por túnicas medievales y confeccionadas con telas ligeras y naturales como el
lino y el algodón.
De ese estilo es
el vestido azul con el que Enola abre su narrativa y el blanco con dibujos Art
Nouveau con el que la cierra. Son vestidos muy bonitos, aun para nuestros
estándares del Tercer Milenio, y se ven muy cómodos, pero no son muy diferentes
al despreciado uniforme que Enola Holmes es obligada a usar en el internado. La
única diferencia, aparte del color, es que el uniforme lleva un inmenso cuello
de pique blanco que lo hace ver como un hábito monacal.
Como esa estadía
en el internado no es canon, podemos decir que ha sido una idea de Consolata
Boyle, la diseñadora cargo del guardarropa de la hermana de Sherlock Holmes. De
hecho, el vestido es de mezclilla, un material que en la época no se usaba para
ropa de mujer. Según Boyle, la idea era crear una imagen reprimida y
confinada. No me sorprende. Así es como siempre me he sentido en jeans, pero vemos
esa contradicción entre como un material es constrictivo en vestido y no en
pantalones.
En el libro,
Enola dice que, para andar en bicicleta, usa la ropa que su hermano Sherlock
dejó al irse a Londres. En la serie, solo se pone el traje de pana azul marino
cuando decide huir de sus hermanos. Otra peculiaridad de la reforma del
vestuario fue la creación de las faldas-pantalón conocidas como “Bloomers” usadas,
primero, para montar velocípedos y luego bicicletas. Pero en el libro, Enola
prefiere hacerlo en la ropa de Sherlock.
Por eso es
interesante cuando Boyle comenta que vestirse de chico es parte de la
personalidad de Enola que opera como maestra del disfraz. No es que le guste
vestirse de chico, como en el libro, sino que necesita de ese subterfugio para hacer
su trabajo. Se entiende ya que, a diferencia del libro, la serie necesita
enfatizar la sensualidad adolescente de Millie Bobby Brown y su condición
femenina.
Aunque en su
disfraz masculino, Enola se venda el busto y Miss Harrison la acusa de tener el
pecho plano, apenas conoce a Tewksbury se “feminiza”. Se quita el gorro enseñando
su largo cabello y, por muy vendados que los tenga, los pechos empujan su
camisa y chaleco. Por algo les han subido la edad a ambos personajes. Ahora
tienen 16 años, pero en el libro la protagonista tiene 14 años y el Marqués es
un nene de doce años.
Desmitificando
el Corsé
Siguiendo con el
busto de la chica. ella que se negaba a ir al internado porque la obligarían a
usar corsé no tiene reparos en embutirse en varillas para ponerse el atuendo más
“teatral” (así lo ha descrito Consolata Boyle) de la serie, el “powder puff” de
raso rojo. Este vestido con polizón y pannieres, luce además un escote hasta el
ombligo y debajo Enola lleva oculto su dinero en el polizón, en la armazón de
alambre y las ballenas del corsé.
Lo más
extraordinario es que no tiene dificultades para caminar como una dama (en
tacones) enjaulada en prendas interiores que parecen instrumentos de tortura y exhibiendo
un pecho maduro para su edad. Yo nunca he usado ballenas, pero como toda hembra
en la Era de Oro de Madonna, usé esos corpiños hasta la cintura con armazón de
alambre. Tras cuatro años con ellos, tenía las costillas magulladas, pero nunca
he caminado más derecha en mi vida, ni mi busto se ha visto más airoso.
Enola seguirá
luciendo escote y corsé para el dos piezas color rosa viejo con el que se
reencuentra con el Marqués y también para el vestido de luto con el que se
presenta ante los parientes de este. Mas importante es que encorsetada, Enola
corre por las calles de Londres, arrastra muebles, escala árboles y lucha y
vence a un malhechor.
Es cierto que
vemos, al comienzo, a Enola y Eudora practicando esgrima y jiujitsu en ropas
normales, lo que me parece muy práctico, pero no están incomodadas con las
varillas de un corsé o cinco refajos o un semi miriñaque de alambre. ¿Es
posible para una mujer poder desenvolverse libremente y practicar actividades
físicas y violentas a pesar de las ballenas?
La respuesta está
en que el corsé era una prenda unisex. Pocos saben que los airosos húsares
germanos, ingleses y del Imperio de Francisco José llevaban bajo la guerrera
ajustados corsés que no se quitaban ni para sus duelos con espada. La razón era
más pragmática que estética. El corsé permitía adquirir una figura erguida y
gallarda, a la par de impedir (en una época en que una cena consistía en seis
platillos) que se desarrollaran llantitas y panzas.
El problema del corsé
es que mucha gente lo ajustaba para crearse figuras imposibles como las cinturas
de avispa. Por vanidad, las mujeres se cinchaban de manera tan exagerada que impedían
la respiración de quien lo usaba. Algo muy peligroso principalmente para las
embarazadas. Ese es el verdadero riesgo de un corsé. Quien ha descubierto que
uno de esos aditamentos, bien llevado, no dificulta las tareas cotidiana es
Karolina Zebroskwa.
No sé si conocen
a esta polaca divina cuyo canal en YouTube está dedicado a las modas antiguas. Además
de haber comentado el vestuario de “Enola Homes” Zebrowska nos ayuda a experimentar
lo que es ponerse un corsé por un día. Si no tienen tiempo les resumo sus
descubrimientos. La prenda no le impidió llevar un día normal, No se le
rompieron huesos ni se desgarró un pulmón, ni se desmayó como dice el mito
popular. El único problema era cuando se agachaba. Eso porque incluso sentada,
el corsé obliga a quien lo usa a mantenerse derecha. También, al estar ceñida,
Karolina consumió menos comida que lo acostumbrado. Yo diría que una prenda que
te ayuda hacer dieta y mejora tu postura es buena: ¿O no?
Antes de que se pongan
a chillar sobre los horrores que el patriarcado ha impuesto sobre cómo deben vestirse
las mujeres, les cuento que hace unos años vi en un programa de Megyn Kelly a
una diseñadora de ropa de infantes que vendía jeans para bebes. Si,
exactamente, blue jeans para criaturas de un año o menores.
Tales prendas se
caracterizaban por la estrecha sección del estómago que la vendedora prometía a
los padres que evitaría el crecimiento de una antiestética barriga. ¡Y eso
debían usarlos bebitos cuyos órganos todavía no estaban desarrollados! Quienes
los compraban eran tan desequilibrados como las/los que se encogían la cintura
y abdomen con corsés mal usados.
¿Es el Sombrero
un Símbolo de Estatus?
Un detalle que
comparten serie y libros es el repudio de la protagonista por los sombreros. Según
Enola le provocan comezón. irónicamente la cubierta de la primera edición tiene
a la heroína con sombrero. Cuando se disfraza de varón, Enola usa un gorro de
visera. Los gorros no le causan comezón tal como no le incomoda usar tocas de
viuda.
El problema de
esa referencia cultural que pasa por feminismo es que ha declarado a corsés,
sombreros y guantes como instrumentos de opresión patriarcal. El corsé ya hemos
visto es una prenda que sirve para mejorar postura y apariencia física de ambos
sexos, los guantes entonces y hoy son medidas de protección. Evitaban daños en
la piel, callosidades, y protegían del clima tal como hoy protegen de los
gérmenes.
El radicalismo ve
el sombrero como símbolo de estatus social. Lo asocian con el repudiado
concepto de “dama”, pero fue creado para proteger a quien lo usa del sol, del
frio, del polvo del camino. ¿Acaso creemos que un sombrero de cowboy refina y
feminiza al que lo porta, o que un casco protector es un símbolo de estatus
social?
“Enola Homes” nos
demuestra la existencia de muchos bulos feministas respecto al vestuario de la
mujer que incluso son aplicables hoy en día donde todavía hay quejas sobre
modas sexistas, liberación del uso del sujetador y otras prendas interiores, e
ideas clasistas sobre sombreros y guantes. Justamente hoy cuando los guantes ya
son parte del uniforme pandémico; los sombreros nos protegen de la radiación ultravioleta
y los peligros del cáncer de piel; y mucha gente con problemas lumbares haya
alivio en unas especies de corsé.
El Estigma del Bordado
La Gatita
Genezaret ha notado otra contradicción que obedece a otro prejuicio del falso
feminismo. Al comienzo, Enola alardea que su madre le ha enseñado cosas útiles
no a “pintar conchitas o bordar”. Conchitas y bordado. He ahí la manía clasista
en reversa de ver esas actividades como símbolos de estatus y patriarcado.
Con mi mala vista
sería incapaz de pintar algo tan pequeño como una conchita, así que me parece
admirable el ejercicio tal como cualquier forma de arte miniaturista. Las Holmes
no rechazan toda arte pictórico puesto que Eudoria pinta flores. ¿Cuál es la
diferencia entre pintar florecitas y pintar conchitas?
En cuanto al
bordado, me apena decir que una gran carencia existencial mía es mi incapacidad
para coser, tejer (solo me he tejido bufandas), bordar y hacer crochet. Sobre todo,
porque eran labores en las que descollaban mi madre y mi abuela. Me siento como traidora a mi linaje, aun mas
porque son tareas tan útiles, tan estéticas, un arte.
Mucho burlarse
del bordado, pero una serie feminista debía tener en cuenta que en la Era
Victoriana un camino a la independencia femenina lo proporcionaban estas
despreciadas actividades. Fuese como costurera de clientas encopetadas o
fabricando encajes y bordados que compraban fábricas y almacenes, la mujer de
esa época podía traer dinero a la casa y sentirse útil y trabajadora. Con suerte
luego ponía tiendas de ropa o sombrererías lo que le daba aún más independencia
económica.
Muchos ven mi
interés por la moda como frívolo o elitista. Por el contrario, yo la percibo
como expresión femenina y como una labor que sacó a la mujer de su hogar y la
hizo contribuir a su sociedad e historia. Los encargados de la serie reconocen
la importancia del vestuario en el desarrollo y evolución de su personaje. También
deberían saber que quienes fabricaban corsés y sombreros y bordaban vestidos
como el ultimo que luce Enola, eran pioneras de otro aspecto del feminismo.