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lunes, 8 de julio de 2019

Bandidos, Bioseries y Bestsellers: El Drama de Época Español



Superada la Transición, España iba en camino a ser una democracia-ergo- monárquica. Irónicamente este periodo de libertad acabó con los excelentes dramas de época que caracterizaban a RTVE. En cambio, se abocaron a fórmulas que perduran hasta nuestros días y que a pesar de los adelantos técnicos y de los mensajes sociopolíticos, han degenerado en copias de copias afectadas por presentismos, personajes planos y mucha propaganda.

Antes de hacer un recorrido cronológico como lo hice con la primera etapa del drama de época made-in-Spain, habría que ver que fórmulas exitosas se usarían hasta la náusea, sobre todo del espectador. Curro Jiménez dejaría la puerta abierta para justicieros fuera de la ley; las adaptaciones literarias seguirían, ya no cifrándose en los clásicos, sino en bestsellers; las bioseries están con nosotros desde los 80; y la piedra filosofal de este siglo (tanto en RTVE como en Antena 3) es la fórmula del espacio pequeño, íntimo, un pueblito, una calle, un barrio donde la opresión, tanto política como patriarcal, se sienten mejor.

Enmascarados, Encapuchados y una Bandolera
Comenzaremos con el pobre Sancho Gracia al que le tomaría una década sacudirse de encima a Curro Jiménez. Yo no sé porque no siguieron con la serie si daba para tanto. En cambio, se la pasaban tratando de recuperar el cuento del héroe justiciero. Primero querían que Sancho fuese El Coyote, personaje del comic (no confundir con el del Correcaminos), pero hubo problemas de derecho de autor.

Entonces se les ocurrió inventarse un Zorro a la española. Así nació Don Carlos de Zarate, el de “La Máscara Negra”. Como el Zorro, este era un personaje que vivía una doble vida, de día era afrancesado, de noche andaba despachando a los soldados de Napoleón que habían invadido la Península.

La serie era de un altísimo presupuesto y contó con excelentes invitados como Paco Rabal, Marisa Paredes, el licántropo español Paul Naschy, y hasta El Algarrobo aparecía en un episodio haciendo de turco. Lamentablemente la serie no dio para más de once capítulos. Creo que la pasó SIN por allá por el ‘84 cuando yo iba a clases de noche. Mi Ma la vio y me dijo “Es Curro Jiménez, solo que ahora sabe leer y dice que es amigo de Benjamin Franklin”.

Un año más tarde y Sancho Gracia aparecía en una miniserie sobre las Guerras Napoleónicas, “Los Desastres de la Guerra”. Es increíble que un tema tan fascinante pudiera ser tratado de una manera tan soporífera. Sancho daba vida a Juan Martin “El Empecinado” y tras un par de capítulos, mi madre sentenció “otra vez, Curro Jiménez”. Aunque lujosa, la serie no tenía un buen argumento y por eso se apegaba a la fórmula y naufragaba.

Ya mencioné en mi blog anterior que en RTVE no escarmentaban y que en 1994 desempolvaron los arcabuces e intentaron revivir, con poco éxito, a Curro Jiménez. No duró mucho ese intento. Pasarían treinta años desde que el bandido justiciero dejara la televisión para que, en el 2009, RTVE echase mano al cuento nuevamente.

Así nacía otro vengador fuera de la ley que llevaba una doble vida para corregir (bajo una capucha, entuertos e injusticias. David Janer era Gonzalo, un maestro viudo que en el Madrid (entonces un pueblito) de Felipe IV debía intentar criar un hijo de día, pero en las noches se convertía en el legendario “Águila Roja”, un héroe de Marvel en la España Barroca.

Gonzalo, quien además de sus empresas quijotescas, buscaba al asesino de su esposa y a sus verdaderos padres, tenía la particularidad de haber vivido en el Lejano Oriente donde había aprendido misteriosas artes y se había traído un arsenal de flechas y katanas que eran las armas usadas por el héroe. Esto variaba la fórmula y atraía los amigos de videojuegos, de los comics, de las artes marciales y del Wuxia.

Por nueve temporadas “Águila Roja” combatió a todo tipo de maleantes, muchos aristócratas y portadores de corona. Hasta vampiros llegaron a la Villa. El Águila Roja era casi inmortal, domaba a las fieras, eludía balas y siempre se libraba de las trampas de su némesis, El Comisario Hernán (Francis Lorenzo) que fue el último en enterarse que Gonzalo era su hermano.

La lucha entre Hernán y el héroe era también una rivalidad por el amor de la perversa y casquivana Lucrecia, Marquesa de Santillana (Myriam Gallegos), una plebeya metida a noble que estaba encaprichada con Gonzalo quien muy lentamente se estaba enamorando de su cuñada Margarita (Inma Cuesta).

¿Suena bien en papel verdad? Pues en realidad era un cuento sin pies ni cabeza, con buenos muy brutos o muy pesados, y malos irredimibles. La historia era siempre accidental, lo único claro es que Felipe IV (verdadero padre de Gonzalo y Hernán) era un pésimo rey.

Entremedio estaba el omnipresente presentismo que es la cruz que carga el nuevo drama de época y que permitía a los guionistas embutir cuentos basados en éxito cinematográficos fuera “El Club de la Pelea” o “Crepúsculo”.  Había piratas del Caribe, asesinos en serie, se buscaba el Santo Grial, Lucrecia tomaba drogas y tenía hijos por todos lados. Hasta se acostaba con uno de ellos, Hernán se acostaba con su hermana, los disparates abundaban y la serie tenía un éxito colosal. ¡Más encima cosechaba premios!

El desorden afectaba también las temporadas, algunas eran más largas que otras. La séptima duró 18 episodios y la sexta solo seis. En dos ocasiones se dividieron las temporadas en dos partes. Se dijo que esto se debía a que el gobierno de Rajoy castigaba a RTVE negándole fondos.

Supuestamente era una serie de alto presupuesto. Nunca supe por qué. La acción tenía lugar en la Villa, que era solo una callejuela, o en interiores; todos andaban con la misma ropa (menos Lucrecia que se la quitaba); no había tantos efectos especiales solo los brincos del encapuchado. En quien ciertamente no gastaban era en guionistas que vivían reciclando clichés de capítulos anteriores.



Lo cierto es que, para la quinta temporada, el rating se desplomó. De 29 puntos fue bajando hasta 12 en la penúltima entrega. Repuntó a 15 en la última y fue con alivio que la vi partir. Era una aberración sin sentido que yo seguí porque esperaba en vano la redención de Hernán. Nunca se me dio.

Lo curioso es que, para la segunda temporada de “Águila Roja”, Antena 3 que era la rival de RTVE rescató la fórmula del bandido y también tuvo un héroe que llevaba una doble vida en pos de la justicia. La diferencia es que la “Bandolera” usaba faldas.

Sara Reeves (Marta Haza) es una dama inglesa de familia acomodada y una de las primeras mujeres en ser admitidas en Oxford. Pero Sara está harta de su mundo privilegiado y sueña con las aventuras que lee en libros como Carmen de Prosper Merimee. En unas vacaciones se va a Andalucía buscar a los últimos bandoleros. Pero es 1881, el bandolerismo ya casi ha sido erradicado por la Guardia Civil.

Andalucía está sometida a los abusos de los caciques, pero ya surgen entre los abusados adherentes al anarquismo y al socialismo. Sara descubre que todavía quedan algunas partidas de bandoleros perdidos en la Sierra Morena. Varios sucesos obligan a Sara permanecer en Andalucía, donde abrirá un periódico para hacer denuncia social. Eso de día, ya que, de noche, y a pesar de sus amores con un oficial de la Guardia Civil, Sara se convierte en la líder de una cuadrilla de bandoleros.

A pesar del buen rating, “Bandolera” nunca pasó de ser una serie de sobremesa y tras dos temporadas tuvo que marcharse y ceder el lugar a “Amar es para siempre”.  Ahí murió la fórmula del héroe (heroína) bandolero.
De Santa Teresa a La Jurado
Volviendo a la España de Felipe González, RTVE descubrió otra manera de usar el pasado como forma de entretenimiento, la biografía de personajes históricos. Ya a fines de la Transición se había instaurado esta costumbre televisiva. En 1981, Julián Mateos fue un más que respetable “Cervantes”. Al año siguiente tuvimos a Adolfo Marsillach encarnando al Primer Premio Nobel español en “Ramón y Cajal: historia de una voluntad”. Me temo que “Charité” ha sabido otorgarle mayor fascinación al tema de la medicina histórica.

No importó, porque en 1984 se estrenaba la para mí mejor expresión de este subgénero: “Santa Teresa de Jesús” interpretada de manera sublime por Concha Velasco. Aunque la serie se obstinó en no mostrar muy poco de lo  místico o milagroso alrededor de la Doctora de la Iglesia, el respeto con que se trató a la santa sin restarle mi un ápice de humanidad, pero subrayando su grandeza, hacen de esta miniserie una joya.

Tristemente “Santa Teresa” fue una excepción, las bioseries desde entonces o son tediosas como la del autor de Los 4 Jinetes del Apocalipsis, “Blasco Ibáñez”, hecha en 1996 o estrepitosas como la que en este siglo nos ha regalado sobre cantantes y otras figuras. Hemos tenido semblanzas de artistas ya fallecidos como Rocío Dúrcal, Roció Jurado, y Lola Flores, y también de quienes todavía gozan de ese mundo como Raphael y Marisol. La moda de la bioserie es tan arraigada que, más que calidad y veracidad, prima en ella el momento oportuno de sacar trapitos al sol. Acababan de clavar el ataúd de Dona Cayetana y ya Antena 3 armaba “La Duquesa”.  

No sé cuan exitosas sean estas biopias, ni cuan históricas, pero me quedo con el dato de que “El Rey”, un retrato de la vida de Don Juan Carlos I fue opacado por “Velvet”. Obviamente no supieron darle el toque exacto de romance y chisme que a “The Crown”.  Por suerte nunca me tocó ver esa aberración llamada “Alfonso, El Príncipe Maldito” donde más encima pusieron un feo haciendo de mi muy llorado Duque de Cádiz.

Al hablar de estos esfuerzos por mostrar pasados históricos o cronificar la nostalgia, creo haber dejado claro que ha habido un descenso de calidad en el period piece ibero. Podríase decir entonces que el buen drama de época español se salvaba porque sus bases estaban en la obra de grandes literatos. Sería fácil irme por ese lado, pero hay señales de que incluso la adaptación puede resbalar.

De los Clásicos a los Bestsellers
En 1986, Charo López condenada a ser parte del period piece ibero es una Sabel arrogante y contraparte de Victoria Abril como la frágil Nucha en una competente adaptación de Los Pasos de Ulloa de La Condesa de Pardo-Bazán. A mí me dejó fría, pensé que era porque doña Emilia no es una de mis escritoras favoritas.

 Pero algo estaba ocurriendo con el drama de época ibero, parecía haber perdido rumbo y alma. Tanto así que la lujosa adaptación de La Regenta de Clarín (1995), a pesar de las eficaces actuaciones de Aitana Sánchez-Gijón como Ana de Ozores y de JL Galiardo como Álvaro Mesía me resultó indiferente.

Mucho más interesante fue la adaptación de la autobiográfica trilogía de Arturo Barea La forja de un rebelde. Esta miniserie de 1990, hasta hoy la más cara producida en España, es para mí el inicio de la Memoria Histórica en la ficción televisiva. Aún más que “Los Gozos y las Sombras” o “El Olivar de Atocha” (1989) que llegaban a las vísperas de la Guerra Civil o de “El Mundo de Juan Lobón” (1989) que trataba de entrarle a la realidad de la posguerra. A propósito, todas estas series estaban basadas en novelas. Lo fascinante de “La Forja” es que su protagonista y autor va madurando y evolucionando a través de la caída de la monarquía, de la Segunda República y la Guerra Civil.

La llegada del Siglo XX acabó con la tradición de la buena adaptación literaria. La Memoria Histórica parecía ser la única vía posible para explorar el pasado en la ficción televisiva. La adaptación de Arroz y Tartana de Blasco Ibáñez en el 2003 pasó sin pena ni gloria y eso que la protagonizó una grande como es Carmen Maura. Seria en el apogeo de la memoria histórica y de los descaminados presentismos de “Águila Roja” que volveríamos a apreciar como una novela se traslada a la pantalla chica.

El principio de siglo había coincidido con un interés en el mundo anglo de la nueva novela española. El caso más emblemático es el de Carlos Ruiz Zafón y su saga de El Cementerio de los Libros Olvidados que, aunque ha ameritado premios desde Noruega hasta Holanda no ha merecido una versión fílmica ni televisiva.

En eso no se parece a Arturo Pérez Reverte quien ha visto con éxito su Reina del Sur convertida en serie de televisión de Telemundo y Alatriste vivir aventuras en el filme de Viggo Mortensen. Una lástima que se intentó de llevar al Capitán Alatriste a la pantalla chica. La serie del 2015 fue vergonzosa: Pérez Reverte la acusó de falta de asesoría histórica y los críticos se quejaron de las pobres actuaciones, esto último es un fenómeno que está afeando mucho las series de televisión españolas. Algo impensado hace treinta años.

Sira, La Costurera
Pero sería un superventas sorpresa el que cambiaría la impresión del drama de época del Siglo 21. En el 2010 una catedrática escalaba las listas de los más vendidos con su historia de una modistilla metida a espía en el Madrid de la Segunda Guerra Mundial. Pronto El tiempo entre costuras se convirtió en un bestseller en otros idiomas y María Dueñas parecía condenada a ser la nueva estrella de las letras españolas.

No fue sorpresa que se la quisiese adaptar como miniserie. La sorpresa fue que la iba a adaptar Antena 3. ¿Cómo así? ¿Esa cadena que hacía ridiculeces como “Bandolera” y esas bioseries tan ordinarias? Pues la producción de Boomerang (que se conoce por bodrios) les cerró la boca todos, haciendo de “El Tiempo” la serie del 2013. Para mí, después de “Isabel”, es lo mejor que ha hecho España en términos de serie en lo que va del siglo. Si me empujan, el mejor drama de época desde “Los Gozos y las Sombras”.

No me voy a poner a repetir lo que he dicho en otros artículos, solo agregar que los cambios que se han hecho a la obra de María Dueñas (con la excepción del desarticulado capítulo final) han mejorado la trama. “El Tiempo entre costuras” es bellísima, sus paisajes, sus vestuarios, sus actores y hasta sus personajes. Bellísima es la amistad de Sira y Rosalinda; de Sira y Félix; de Sira y Candelaria; de Sira y su criada Jamila.

Sira nos muestra que para ser una buena espía hay que tender puentes, buscar aliados y nunca abandonar a los amigos. Es lo que la hace un personaje tan divino y Adriana Ugarte la encarna de manera exquisita. Otra cosa muy refrescante, después de una década de memoria histérica, fue encontrarse con una serie que cubre los últimos años de la Republica, la Guerra Civil y la influencia alemana sobre España durante la Segunda Guerra Mundial, en la que los “buenos” no tenían necesariamente que ser marxistas furibundos.

Lo vemos en los estupendos retratos de Rosalinda Fox (Hannah New) y su amante Juan Luis Beigbeder (Tristán Ulloa), pero también en personajes menores como el Comisario Vásquez (Francesc Garrido) y sobre todo en Ignacio (Raúl Arévalo). Cuando Sira, bajo el nombre de Arish Agoriuq, regresa a Madrid descubre que la policía la vigila. Una noche encuentra a Ignacio, su exnovio, en su piso.

 Ignacio es ahora policía y vigila a Sira creyéndola amante de Beigbeder. Finalmente, Ignacio descubre que a quien solapa la modista es a Paquita (Pepa Rus), una antigua amiga de ambos. A pesar de ser Paquita viuda de un Rojo, y candidata perfecta las prisiones franquistas, Ignacio se apiada de ella y le consigue papeles falsos.


“El Tiempo entre Costuras” dejó la vara alta y yo esperaba un aluvión de series de televisión que cubriesen temas parecidos. después de todo, un gobierno de Derechas permitía establecer cierta distancia objetiva alejándose del estilo panfletario de los años de Zapatero. Ya en el primer año del gobierno de Rajoy, RTVE había ofrecido el telefilme “El ángel de Budapest” con Francis Lorenzo como Ángel Sanz-Brill el diplomático español que salvó miles de judíos húngaros de los Nazis. Yo pensé que el tópico estaba abierto. Equivocada estaba.


Yo ya me veía en pantalla grandes historias de espionaje en suelo ibero como el Papa Spy de Jimmy Burns o las aventuras de la Condesa de Romanones, en sus días de agente de los Servicios Especiales Aliados que ella narrara en The Spy Wore Red. O alguna miniserie sobre Juan Pujol el famoso doble agente catalán. O tal vez algo sobre los planes de la SS de raptar al Duque de Windsor en su paso por Madrid o Himmler buscando el Santo Grial en Cataluña.

Humanizando al Cuñadísimo
Sin embargo, en el 2016, y también basándose en la novela Nieves Herrero una de las más leídas en España, aparece en la 5 “Lo que escondían sus ojos” que como diría Salvador Calvo su productor era un intento de ver cómo vivían los vencedores. Se aplaude el intento, pero la serie fue una anomalía destinada al fracaso. Una lástima porque lo tenía todo para ser un éxito. Me refiero al argumento.

Carmen Diez de Icaza es conocida hoy como una política del postfranquismo, a quien Francisco Umbral apodaría “La Musa de la Transición”. Su vida ha aparecido en varios libros, desde sus memoras dictadas a Ana Romero cuando Carmen agonizaba de cáncer hasta “Dejé de pronunciar tu nombre” que Luis Herrero publicaba en el 2017. En todos, un leitmotiv trágico es el detonante de la tragedia de esta señora, lo que marcara su existencia, que fue enterarse a los 17 años de que su amigo de la infancia y novio desde que ella tenía 13 años, Ramon Suñer Polo, no podía ser su marido ya que era su medio hermano.

Resulta que Carmen, hija de los Marqueses de Llanzol, descubrió que su verdadero padre era nada menos que El Cuñadísimo, Ramon Serrano Suñer. Esta es una historia tristísima que para mayor remate ni siquiera le fue revelada a la víctima por su madre-verdugo. Sonsoles de Icaza cobardemente relegó esa tarea en su hermana. Carmen casi perdió la razón con esta revelación. Se la pasó un par de años en curas de sueño, luego intentó ser monja de clausura, terminó yéndose de cooperante a África, antes de meterse en la política. Carmen nunca se casó ni nunca se reconcilió con su madre.

Esta tristísima historia es descrita en los cuatro capítulos de los que consta la miniserie, pero es opacada por los protagonistas que pasan a ser el epitome del amour fou y una especie de Amantes de Teruel, solo que las que mueren aquí son la confianza y felicidad de sus hijos. La gente protestó por la serie, pero como siempre por razones políticas. Se habló de falta de rigor histórico y de poco respeto por la memoria de la familia de La marquesa. La izquierda chillaba que se le hacía propaganda al régimen y que se minimizaba con esta historia de amor los crímenes del franquismo.

Es cierto que los protagonistas son glamurizados, principalmente Serrano Suñer. Yo no soy de izquierdas, pero Serrano Suñer es uno de los miembros más repugnantes de la Corte Franquista. Aun así, no me importa que se le humanice. Rubén Cortada dijo que para interpretarlo tuvo que librarse de prejuicios. Lo aplaudo. El problema surge de que el actor se parece a su personaje tan poco como Rubén sabe de actuación.

Blanca Suarez, tan guapa como Isabel de Portugal en “Carlos Rey y Emperador”, aquí se ve grotesca tal como grotesco es su nivel histriónico. Estamos hablando de Sonsoles de Icaza, considerada la mujer más distinguida de España de la época, la Musa de Balenciaga. de hecho, Javier Rey como el modisto es lo mejor de la miniserie. Dicen que han copiado los modelos de Balenciaga, pero “actualizándolos”.  Creo que San Cristóbal, mi ídolo, debe estar brincando en la tumba.

Y es que Blanca Suarez, aparte de mala actriz, se ve ordinaria, como un cruce entre Kim Kardashian y Sofia Vergara y eso ya me jodió la serie. Aún más que el que muestren a los Rojos de “malos” porque quieren hacer volar a Serrano Suñer con una bomba, o que nos digan que al Cuñadísimo le preocupaban los pobres. Aunque que nos muestren a esta pareja como "víctimas del Franquismo"es dificil de digerir.


Los Reyes de Cataluña
El próximo bestseller que fue convertido en drama de época televisivo les quedó más hediondo que el pobre Theon Greyjoy, pero por razones diferentes. Aquí la culpa fue el libro de Idelfonso Falcones lo que ya condenaba a La Catedral del Mar a ser tendenciosa, unilateral con su retrato de ricos perversos y pobres apaleados en la España medieval. En pantalla el culto de la violencia (sobre todo la que recae en las mujeres) de la novela se nos restregó por la cara en una historia sin optimismo, sin humanidad, sin personajes complejos o interesantes.

Y ya, desde el momento que nos meten la papa de que Pedro de Aragón era Rey de Cataluña que es hora de desconectarse de Netflix. Ya esto parecía “Knightfall”. “La Catedral del Mar” nos ha dejado claros que en un mundo donde los intereses creados del presente regulan el retrato del pasado, aun novelas menos folletinescas y panfletarias que La Catedral del Mar no tendrán gran calidad al ser convertidas en series.

¿Aun así, existe algún clásico de la literatura española o algún superventas histórico reciente que les gustaría ver en pantalla?  Me acuso de querer ver la serie de Falcó de Pérez Reverte convertida en miniserie.  También siento que a la obra de Blasco Ibáñez (aparte de sus Novelas Valencianas) tampoco se le ha hecho justicia.

 En cuanto a las bioseries me gustaría una sobre Celia Gámez, tuvo una vida muy movida, y como todos los personajes están muertos se puede contar. También algo sobre la Malibrán, la primera mujer diva de la ópera. ¿Y ustedes? ¿Que bioseries sobre grandes artistas y españoles les gustaría ver?


jueves, 4 de julio de 2019

El Drama de Época Español: La fórmula de las glorias literarias (1968-1982)



Lo más chocante de “Alta Mar”, la miniserie española que Netflix estrenó hace algunas semanas, no son sus muchas fallas argumentales y técnicas, sino el repudio que ha sufrido por parte de críticos y blogueros. Me recordó el silencio mediático que acompañó el debut de “La Otra Mirada”.  Ambas son period pieces. Ambas representan una fórmula que está siguiendo al género desde “Gran Hotel”. Según los expertos la formula ya ha caducado. ¿Será? ¿O es que el drama de época español, que antaño gozara de merecidísima fama, solo descuella si está apoyado en bases literarias?

“Alta Mar” es la tercera producción ibera de Netflix y la segunda de época. Sin embargo, ya se habla de que es “el primer tropiezo” de Netflix. ¿La razón? Se ha abusado de un estilo que gobierna ahora el drama de época español. Se busca construir un argumento alrededor de historias corales sea en una tienda de modas (“Velvet”), o el “Gran Hotel”, o la central telefónica de “Las Chicas del Cable”.  Ahora en este cuento de misterios y asesinatos en un trasatlántico, no parecen lucirse y da la impresión de que la formula se ha vuelto claustrofóbica.

Diferentes son los cuentos de barrios o pueblos chicos donde el pasar de los años y la salida y entrada de personajes crean un ambiente más dinámico. Esos han sido los casos de “Cuéntame cómo pasó” “Amar en tiempos revueltos” y “El secreto de Puente Viejo” Pero soy de otra opinión.  Como fanática del period piece y como criticona profesional yo diría que lo mejor de época (hecho en lo que va del siglo en suelo español) es o una buena ficción histórica como lo fue la insuperable “Isabel”, o una historia cuya trama ya venga de libro como fue el caso de “El tiempo entre costuras” que al final superó a la novela de Maria Dueñas.

Mi visión subjetiva es que la ficción histórica española sufre de varios problemas: la preponderancia de una memoria histórica o (histérica) que impide revisar los hechos de manera objetiva; falta de ambientación y atmosfera de época; presentismo, anacronismos y poca complejidad tanto en la historia como en los personajes. Incluso puede pasar como en la adaptación de La catedral del mar de Idelfonso Falcones que dejó todo que desear puesto que el material original era panfletario y mediocre.

No pretendo ser una experta en el género de época o de su sitial en la televisión española, pero debido a que mi amor por la ficción histórica televisiva nació de grandes series ibéricas, y porque vi como el tema evolucionaba a través de seis décadas, me permito compartir con ustedes mis impresiones.

Los Pioneros
No sé cuándo comenzaron los dramas de época en la televisión de España. He oído de una serie del ‘66 llamada “Diego de Acevedo” sobre las guerras napoleónicas, pero la primera que vi y amé fue una serie titulada simplemente “Cuentos y Leyendas”. Se hizo entre 1968 y 1969 y llegó a Chile el ‘71. Se trataba de un programa que serializaba grandes historias de la literatura universal.

Gracias a estos seriados que duraban cinco capítulos (de lunes a viernes) conocí escritores como Henry James y O’ Henry, lloré con la Eugenia Grandet de Balzac y vi la mejor versión de Los Miserables con Pepe Calvo como Jean Valjean. Aunque me dicen que esta versión no era de “Cuentos y Leyendas” sino del programa “Novela” o Telenovela “que a comienzos de los 70 adaptaba grandes novelas. A propósito, toda la miniserie está en YouTube y con ese comienzo tan característico con la suite de Romeo y Julieta de Prokofieff.

Lo mejor de estas series es que me motivaba (en una era pre-Wikipedia, Internet y ordenadores) a ir a un Manual de la Literatura Universal que tenía mi padre en su biblioteca. Así descubrí que Fernán Caballero, quien había escrito Elia, era una señora llamada Cecilia Bohl de Faber.

“Cuentos y Leyendas” era presentada por el Canal Nacional, pero el 4 de Valparaíso comenzó a dar una noche de la semana, el “Teatro de Siempre” ahí me di el placer de ver en escena obras que antes solo había leído como Un marido ideal de Oscar Wilde y El Rey Lear de Shakespeare. Otras obras me empujaron a la biblioteca nuevamente.

El Tío Vania me tuvo leyendo a Chejov; El Pato Salvaje me tuvo zampándome el grueso volumen de las Obras Completas de Ibsen (Edición Aguilar); y una obrita llamada Gerona me abrió la puerta a la apetitosa experiencia de conocer la literatura galdosiana. Hasta había actores que se hacían conocidos como Maria Massip que se especializaba en lo ruso y tanto era Elena en El Tío Vania como la Maslova en la Resurrección de León Tolstoi.
Maria Massip en El Tio Vania

María Massip en Resurrección

La última que vi de estas series fue en 1973, El Niño de la Bola con Maribel Martin como Soledad. Lo que no sé es a qué serie perteneció el Rocambole, basado en el folletín de Ponson du Terrail que protagonizó precisamente el marido de Maribel Martin, Julián Mateos.

Todas estas series tenían un bajo presupuesto para nuestros estándares modernos. Eran en blanco y negro, filmadas en interiores, sin efectos especiales, pero las actuaciones eran ejemplares y gracias a los vestuarios comencé a distinguir la diferencia de las modas decimonónicas por década. Así entendí que la Leonora de Don Álvaro o la fuerza del sino no podía vestirse como la Nora de Casa de muñecas.
Don Alvaro o la fuerza del sino

Las Noches de “El Quinto Jinete”
Mi viaje a USA cortó mi aprendizaje en modas y literatura, aunque mi pasión por los clásicos no mermó. En mis primeros años en Nueva York no tuve cercanía con ningún producto español descontando uno que otro comercial de Varón Dandy o Remy Martin. Pero en el otoño de1976, Telemundo comenzó a transmitir los viernes por la noche una serie llamada “El quinto Jinete”. 

Se trataba de una seriado en que cada unitario (eran catorce) estaba basado en algún famoso cuento de terror. A propósito, hay quien dice que son solo trece, pero se olvidan de una estupenda adaptación de El Estudiante de Salamanca de Espronceda.

La mayoría de los cuentos los conocía yo por la antología Narraciones Terroríficas que todavía conserva mi padre en su casa y que nos leía de pequeños. Era un placer ver esos cuentos en pantalla a todo color, con cinematografía espectacular sobre todo en exteriores.

Dirigidos con mucho primor por José Antonio Paramo, los cuentos tenían además la peculiaridad de sus ambientaciones. Por ejemplo “La Mujer del Sueño” de Wilkie Collins era trasladada al Viejo Oeste americano; “El Misterio” de Leonid Andreiev se situaba en la España pre Guerra Civil y “La Renta Espectral” de Henry James tenía lugar en el Londres de Los Años 20.
Eusebio Poncela en "La renta espectral"

A veces el traslado de época crea un enfoque diferente que renovaba el cuento. “El Demonio”, un cuento menor de Maupassant adquiere dimensiones sociopolíticas al trasladarse a la Francia de la posguerra. La Rapet, que en el cuento es una simple campesina, ahora se ve como una mujer de edad mediana, coquetona y ambiciosa que representa toda la codicia, corrupción y deshumanización que es el legado de la Ocupación Alemana. Por si nos queda duda, la radio que es el trasfondo de la primera parte, nos informa sobre el fusilamiento de colaboracionistas y los crímenes del Dr. Petiot.

Por otro lado, cambiar de época el relato de Merimee “Loki”ahora llamado “el Aullido”ayuda a crear una atmosfera aún más terrorífica. ¿Qué importa que el protagonista sea un español de la Transición si al hogar que regresa queda en la lejana y mística Galicia con sus tradiciones de meigas y lobisones? Les dejo como ejemplo la primera escena para que vean cómo se siente ya espeluznante el cuento y como el ambiente era favorecido por la cortina de la serie con su música retumbante.

El Drama de Época en La Transición
Lamentablente se trató de una serie limitada, pero a fines de los 70 ocurrió un evento que me permitiría asistir a nuevos enfoques iberos del period piece. En 1977 se restauraron las relaciones diplomáticas entre México y España. El tratado fue sellado no solo con una visita del presidente de México a la corte madrileña sino también la de los Reyes a México, primera ocasión en que un monarca español ponía pie en el Nuevo Mundo. Este reinicio de relaciones tuvo su repercusión en el área cultural y no solo en el hecho de que Carlos Fuentes fuese nombrado embajador en España.

Incluso la cultura popular salió beneficiada. Televisa envió a Silvia Pinal a hacer varios programas en la televisión íbera y varios actores españoles como JL Galiardo y Victoria Vera, entre otros, siguieron el sendero hasta San Ángel y sus telenovelas.

 En 1997, Amparito Rivelles buscó por última vez un hijo perdido en “Pasiones Encendidas” y volvió a la patria de la cual se había exiliado, rompiendo el corazón de telenoveleros como mi padre que la había seguido fielmente. Reapareció en RTVE con una resurrección de su acento castizo. “¡Qué andaluza se ha puesto!” comentó mi padre.


Amparo Rivelles y Alberto Closas en Rosas de Otoño

Madame Rivelles se volvería un rostro reconocible en el drama de época de la Transición fuera en Rosas de Otoño de Jacinto Benavente o en la incomparable adaptación de Los gozos y las sombras de Gonzalo Torrente Ballester. El period piece ibero siguió siendo inspirado por la literatura universal. “El Teatro de Siempre” continuó presentándonos obras de Pirandello, Wilde y Bernard Shaw, ahora con fastuosos vestuarios y a todo color. En el caso de obras españolas como Fuenteovejuna y El Alcalde de Zalamea (1975 con Paco y Teresa Rabal) se iba más lejos filmando en exteriores y escapándose de las limitaciones de un escenario.
Paco Rabal como El Alcalde de Zalamea

Por otro lado, la adaptación de novelas adquirió tintes cinematográficos comenzando con un desentierro de las Novelas Valencianas de Vicente Blasco Ibáñez. Y así pudimos conocer La Barraca con Álvaro de Luna y una jovencísima Victoria Abril, y a Victoria Vera como la Neleta de Cañas y Barro. Ambas filmadas en escenarios naturales de Valencia, donde el paisaje pasaba a ser un actor más.

En términos de unitarios se conservaba la misma diversidad y el primor de las puestas de escena. En el programa “Libros” se vieron adaptaciones tanto de los cuentos de Bocaccio como del Martin Fierro, de El Libro del Buen Amor como de la Niebla de Unamuno. Pero también se hicieron fastuosas producciones de otras obras como de la ya mencionada Los Gozos y las Sombras, de Los Pasos de Ulloa de la Condesa de Pardo y Bazán y la mejor, la que yo considero todavía insuperada, Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós.

Entre Galdós y Torrente Ballester
Una suerte que “FyJ” esté completa en YouTube (aunque el audio no es perfecto) para que hoy se pueda apreciar lo que se hacía en España en 1980 (y que no se ha vuelto a hacer). La recreación del Madrid decimonónicosiempre personaje importante en la obra galdosianala banda sonora, melancólica y alegre a la vez, creación de Antón García Abril y sobre todo las actuaciones hacen de este un clásico imperdible.

¿Qué se puede decir de una miniserie que cuenta con las actuaciones de Francisco Rabal, Fernando Fernán Gómez, Mary Carrillo?  Es todo el elenco el que lleva el peso de la historia de dos mujeres (una historia de casadas fue el subtítulo de Galdós) de clases y temperamentos diferentes que cometen el error de enamorarse del mismo hombre y de buscar desesperadamente un hijo que las una más a él. Todo esto con un trasfondo de revoluciones Guerras Carlistas,  Reinado de Amadeo I, Primera República y Restauración Alfonsina.

Yo conocía a Maribel Martin por haberla visto como Isabel la Católica en “La Espada Negra” y como Viv en “La Profesión de la Señora Warren”. Aquí es una Jacinta intensa, una mujer que casa con su primo y enfrenta su esterilidad empeñándose en encontrar y adoptar al supuesto hijo que su marido ha tenido con otra, aunque esto la lleve a incursionar en los bajos fondos madrileños.

Ana Belén a la que conocía como cantante, esposa de Víctor Manuel e icono del Destape, me asombró. Primero por su belleza enfundada en ese vestuario de ensueño que delinea la evolución de Fortunata de chula de pueblo, a pupila de un convento-reformatorio, a esposa de un hombre de clase media, pero que nunca puede huir del imán que es para ella su primer amante, Juanito Santa Cruz. 
Segundo con su vigor actoral que me hizo querer y entender a Fortunata, a la que odiaba en el libro.

Aunque reitero que FyJ no ha sido superada, el próximo esfuerzo de RTVE les llegó a los talones.  Se trata de la adaptación de Los gozos y las sombras de Gonzalo Torrente Ballester. Charo López quien enseñara escote y colmillos como la Sdenka de “La Familia Vourdalak” en “El Quinto Jinete”, quien protagonizase Maribel y la extraña familia en “teatro de Siempre” y quien retratase (tal cual la describe Galdós) a la prostituta y madre soltera Mauricia, La Dura en “Fortunata y Jacinta iba a convertirse en la reina no oficial del drama de época de la Transición.

Así se la sentía cuando fue elegida para interpretar a Clara Aldán la heroína-víctima de este cuento de conflictos entre el pasado y el presente de una aldea gallega en vísperas de la Guerra Civil.

Cuando el psicólogo Carlos Deza (Eusebio Poncela), a mediados de los Treinta, abandona Viena, donde ha sido discípulo de Freud, para regresar a la tierra de sus ancestros no se espera encontrar tantas sorpresas. La primera es descubrir que la antigua nobleza de la cual desciende ha caído en desgracia y más que venida menos se ha vuelto una caricatura de sí misma.

 Los parientes del Dr. Deza son la matriarca Mariana (Amparo Rivelles) que, aunque conserva su caserón y cierto poder, es despreciada por los aldeanos por haber tenido un hijo sin casarse. En cambio, Los Aldán, primos de Carlos presentan otra imagen de decaimiento.
Charo López y Amparo Rivelles en "Los gozos y las sombras"

Juan (Santiago Ramos) un excomunista sigue su carrera de agitador social empujado por un secreto resentimiento de que el ser hijo ilegitimo de un conde no le permite ser aceptado por la clase de su padre. Su hermana Inés (Isabel Mestres) es una beata que vive en un mundo propio y sueña con entrar a un convento. 

Clara, la menor e irónicamente la única legitima, por lo tanto, la única heredera del título del padre es también la única de la familia que ha aceptado su realidad. Lucha por salir adelante como cualquier mujer de pueblo a pesar de que la persigue un injusto estigma de ser una desvergonzada.

Carlos Larrañaga, hermano de Amparo Rivelles en la vida real, es un villano muy interesante. Cayetano Salgado es hijo de un pescador que ha surgido en la vida hasta convertirse en un industrial millonario y dueño de los astilleros y fábrica de conservas que dan empleo a muchos aldeanos. El poder económico le otorga a Cayetano un aura de señor feudal que hasta solicita “derechos de pernada”. El conflicto entre Cayetano y los nobles”” churruchaos”, ahora aliados con les pescadores, adquiere otro cariz cuando el cacique se enamora de Clara quien ama sin esperanzas a su primo Carlos. Esto escalará hasta llegar a un final violento y agridulce.

 Esta galardonada producción, que llegó a recibir dos premios ACE, cerró con broche de oro la era de las grandes adaptaciones literarias de La Transición. Sin embargo, queda la pregunta ¿No había dramas de época españoles que no tuvieran libros como base?  Curiosamente una de las series más populares de los 70 seria también uno de los primeros period pieces originales de la televisión española. Me refiero a “Curro Jiménez”.

Los Años de Curro Jiménez
Esta serie del emblemático bandolero andaluz puede calificarse de histórica al tener lugar en la Andalucía de los primeros años del Siglo XIX, de continuar a través de La Guerra de la Independencia y acabar en los años de la Restauración Fernandina. El protagonista está inspirado en un personaje real, un bandido apodado “El Barquero de Cantillana” cuyo verdadero nombre era Andrés Francisco López Jiménez. Como Curro, El Barquero se había “hecho al monte” tras matar al novio de la mujer que amaba, y a sus cómplices.

El único problema es que El Barquero operó en la Andalucía del tiempo de las primera Guerra Carlista, siendo abatido en 1844 por la recién organizada Guardia Civil. No hay modo de que anduviese peleando contra los franceses. Además, no era tan generoso ni justiciero como el personaje de Sancho Gracia. Lo que nos lleva a pensar que Curro Jiménez era una amalgama entre El Barquero y José Maria “El Tempranillo”, el epitome del bandido generoso.
La omnipresente Charo López tampoco se perdió de estar junto a Curro Jiménez

El caso es que Curro Jiménez, y su Merry Band of Men, El Algarrobo (Álvaro de Luna), El Estudiante (José Sancho), El Fraile (Francisco Algora) y El Gitano (Eduardo Garcia)  se convirtieron en los favoritos de la teleaudiencia de fines de los 70. A pesar de que en su momento tuvo sus detractores o gente que se burlaba del intento de crear un western a la española. No caían en cuenta de que lo que veían era totalmente castizo.

 Cuando la Cadena SIN la pasó entre 1978 y 1979, yo (aparte de enamorarme perdidamente del delincuente) me fui a la Biblioteca Central de Nueva York y del sótano hice que me subieran los dos tomos de El Bandolerismo: estudio social y memorias históricas de Julián Zugasti que me devoré en tres sesiones.Me di cuenta, antes que lo historiadores de la televisión, de que la serie era una denuncia social al caciquismo y un himno a la libertad, temas impensados en la televisión del Franquismo. Las revistas políticas podían hacer befa del bandolero llamándolo” una especie de Adolfo Suarez” pero “Curro Jiménez” realmente representó a la televisión de la Transición.

Tras tres temporadas, “Curro Jiménez” cerró las puertas, aunque hubo una película ese mismo año y se intentó recuperar la fama con una secuela “El regreso de Curro Jiménez” en 1995. Pero los tiempos habían cambiado y no tuvo suerte.

Sin embargo, sin Curro Jiménez no tendríamos” Bandolera” ni “Águila Roja”. Parecía que la televisión española por primera vez encontraba una fórmula para hacer dramas de época sin tener que inspirarse en la literatura. El problema es que, en las próximas décadas, las fórmulas se han ido abusando hasta el punto de la mediocridad.

Si D-s quiere, eso veremos en mis próximas entradas que exploraran el drama de época ibero desde los 80 hasta nuestros días. ¿Habían visto u oido de hablar e algunas de las series que repasé?