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miércoles, 29 de julio de 2020

Anne Frank en la Era del Hashtag: Algo que agradecerle a Netflix



Terminado de ver el documental #Anne Frank: Parallel Stories”, me encontraba ante un dilema. ¿Debía recomendarlo? ¿Era un buen momento histórico para verlo? La respuesta me vino en un sueño. Me di cuenta de que el documental me había hecho bien, que era lo que necesitaba, pero que no tenía que recomendarlo. Eso sí, debía hacerle una crítica objetiva y a la vez hacer un relato subjetivo de lo que ha significado para mí, porque este blog no es solo de ustedes, también es mi último diario de vida.

Modernizando el Diario de Anne Frank
Inicialmente, me acerqué al documental casi en puntillas. ¿Otra versión de la recauchada fórmula del Holocausto? Una fórmula que únicamente sirve para ofender a las víctimas y crear más antisemitismo. ¿Y Anne Frank? ¿No que los del Lazio se burlaron de ella en un estadio el año pasado? ¡En Italia, el país menos antisemita de la tierra! Y más encima el documental lo presentaba la sororidad antisemita de Netflix. Pero, alerta, no es producido por Netflix. Es un documental italiano del 2019.

Precisamente por ser italiana (Vite Paralelle es su nombre real) y por no ser un producto Netflix es que presenta lo trillado dentro de un ángulo diferente. La productora ejecutiva Veronica Bottanelli tomó la decisión de dividir la historia en cuatro escenarios que se alternan, a veces de manera abrupta y confusa. Dos están en inglés, dos en las lenguas de quienes atestiguan. Son estos últimos segmentos los más impactantes. A juzgar por los comentarios y criticas también son los preferidos del público.

El Teatro Piccolo de Milán ha recreado uno de los cuartitos del Anexo donde Anne Marie Frank pasó los últimos tres años de su vida ocultándose de los nazis. Es ahí donde Dame Helen Mirren, con su dicción perfecta y talento histriónico, nos brinda una lectura de los fragmentos más significativos del diario. Oírlos en voz alta les da una dimensión vivida que nos saca del ámbito íntimo y personal en el que hemos conocido el famoso diario. La descripción de los primeros besos intercambiados con Peter es tan intensa que me hizo correr a mi viejo diario de 1975 a leer la descripción de mi primer beso.


Es innegable que El Diario de Anne Frank siempre ha tenido mayor acogida entre los jóvenes. Por más de medio siglo, a millones de chicas y niñas (yo lo leí por primera vez unos meses antes de mi decimo cumpleaños) nos ha motivado a llevar diarios de vida. ¿Pero qué pasa hoy en día en que ya no existen los diarios? Los Millenials y algún que otro dinosaurio baby boomer como Servidora, usamos nuestros blogs como breviarios, ¿pero y los Z? Su mayor medio de expresión son las redes sociales y ese ha sido el gancho que el documental ha utilizado para “pescar” pececitos Z.

El hilo conductor del documental es una quinceañera llamada Katerina Kat (Martina Gotti) que comienza un viaje en reversa por el último año de vida de Anne. Lo inicia en Bergen Belsen; sigue en Auschwitz; continua en Westerbork, el campo de tránsito holandés donde Los Frank fueron llevados tras ser arrestados por la Gestapo; y acaba en el Anexo.

Contrasta el estado de Bergen Belsen, un campo ralo, húmedo de lluvia salpicado por falsas tumbas-monumentos (uno de los cuales honra la memoria de Las Hermanas Frank), con el cuidado con el que se han conservado las ruinas de Auschwitz o el Anexo que una vez cobijase a Los Frank. También me ha sorprendido las imágenes actuales de Terezin y Drancy, casi intactos.

En esta era iconoclasta que nos ha tocado vivir tiemblo (y voces hay) que aparezca algún movimiento exigiendo se borre todo vestigio del Holocausto para dar gusto a nuestros enemigos, y no solo hablo de negacionistas. Si un judío mamerto en The Forward exigió la destrucción del Arco de Tito, y todavía no sabemos si era irónico o hablaba en serio, ¿qué podemos esperar?

A través de esa trayectoria, Katerina comenta sus impresiones que cuelga en su página de Instagram. Ese se supone es su diario y ella es la imagen de una Anne Frank moderna. Este recurso artístico ha causado controversia y molestia entre críticos y espectadores que sienten que KK es demasiado moderna.  “Parece una emo” dijo uno en IMDB refiriéndose a su cabellos azules y a la argolla en la nariz. Otros dicen que es un modo superficial de “modernizar” al personaje histórico y que acaba trivializando su tragedia.

Aunque no me molesta la aparición de Kat, si me pareció un poco cursi (“¿Hubiéramos sido amigas”? le pregunta a Anne en el más allá). Es cierto que su inclusión simplifica algo que todavía no puede digerirse en toda su magnitud. Su cháchara ligera contrasta con la profundidad de Anne que, en su encierro y en su miedo cotidiano a ser descubierta y asesinada, desarrolló esa “precocidad monstruosa” como la definiría Daniel Rops en el prefacio a la edición francesa (yo leí el diario en traducción de esa edición).

Cinco Niñas de Auschwitz
Esa precocidad de Anne y esa simpleza de Kat se hacen más evidentes cuando las contrastamos con el tercer y más importante segmento del documental: las entrevistas con cinco sobrevivientes del Holocausto. Para crear estas “vidas paralelas” a la de Anne se ha buscado a cinco mujeres que una vez fueron niñas y quinceañeras y que sobrevivieron Auschwitz.

Tenemos a la checa Helga Weiss, que fue llevada junto a sus padres al ghetto-modelo de Terezin. Ahí tendría su primer romance, pasaría de niña a mujer para luego ser deportada a Polonia y liberadaen Mauthausen. Tenemos a la simpática Sarah Lichtsztejn-Montard quien con su madre lograra huir del Vel d’Hiv en 1942 tras la redada más grande de judíos en territorio francés. Eventualmente, en 1944, la adolescente Sarah fue arrestada, llevada a Drancy, y luego deportada a Pitchipoi (el nombre con el que los niños del campo daban a su destino desconocido en Polonia). En Bergen Belsen, Sarah tendría un breve encuentro con Anne Frank.
Helga Weiss

Tenemos a las hermanas croatas Andra y Tatiana Bucci que sobrevivieron Auschwitz solo porque el Dr. Mengele las confundió con mellizas y las Integró a su zoológico de conejillos de indias. Por último, tenemos a Arianna Szoranyl hija de padre judío y madre cristiana, bautizada junto a sus cinco hermanas lo que no impidió su deportación después que su Italia natal fuese invadida. Cada experiencia es un relato diferente, con el vínculo común de que son voces de sobrevivientes que narran una juventud muy diferente a la de los espectadores, pero que tienen en común con Anne Frank la experiencia de saberse en constante peligro, de saberse rechazadas por la sociedad en que viven.
Andra y Tatiana Bucci

Alternando con las voces de Dame Helen, de KK, y de las sobrevivientes, entran las voces objetivas de historiadores y custodios de centros dedicados a preservar la memoria del Holocausto. Las voces de las sobrevivientes ahogan los textos de KK e incluso la lectura de Dame Helen, Solo se ven equilibradas por los comentarios de los expertos que aportan información que ellas entonces y hoy no saben.

 Ahí tenemos al historiador italiano Marcello Pezzetti que ha colaborado con los testimonios de algunas de estas mujeres y es autor (entre otros libros) de Il Album di Auschwitz y Il Libro della Shoah Italiana. Me gustó ver entre los expertos al vehemente Rabino Michael Berenbaum (graduado como yo de Queens College) autor de El mundo lo debe saber y productor y asesor de galardonados filmes y documentales sobre la Shoah. Es el quien explica por qué el Holocausto es diferente a otros genocidios.

Consciente de que hoy en día el termino "genocidio" es aplicado de manera baladí a cualquier masacre, Berenbaum establece tres puntos de diferencia. A) el Holocausto fue ideado y perpetrado por los habitantes del país más liberal, progresista y humanista del mundo. B) Los nazis mantuvieron cientos de archivos de documentos y fotografías. Es el genocidio mejor documentado de la historia. C) Los nazis no solo querían exterminar a los judíos del Reich. Su propósito era acabar con los judíos (y los gitanos y eslavos) de toda Europa y de toda la tierra.

En otra onda ,Ronald  Leopold que está a cargo del Museo Anne Frank recuerda que los holandeses fueron el primer pueblo de Europa en intentar detener a los alemanes. En 1941, tras las primeras deportaciones de judíos, el partido comunista holandés convocó a una huelga en febrero que duró un mes. Aunque no se detuvo la deportación, queda como récord de que no todos observaron con indiferencia la labor de los nazis.

No sé si esta protesta galvanizó a los muchos que ocultaron judíos durante la guerra en Holanda. Gente que arriesgaron sus vidas como los que ocultaron a Los Frank. Tampoco sé si esta protesta incentivó medidas masivas como la de los daneses que lograron enviar al 90% de su población judía al refugio de la neutral Suecia,  o si provocó  las protestas con las que el pueblo y autoridades búlgaras consiguieron evitar la deportación de sus judíos; o inspiró la única protesta contra las deportaciones que tuvo lugar en Alemania, cuando en 1943,  en la Rosenstrasse (la Calle de las Rosas) de Berlín,  las esposas arias exigieron la devolución de sus esposos judíos que iban ya camino a Polonia. Lo extraordinario es que, tal como las protestas búlgaras, si tuvieron efecto sus exigencias. Los maridos fueron retornados.

Mecanismos de Sobrevivencia
Sin embargo, ninguna de estas heroicas medidas afectó el destino de Anne Frank y de sus congéneres. Dos  de ellas acabaron en Bergen-Belsen, tras haber evadido peor destino en otros campos de exterminio. La diferencia es que ellas sobrevivieron y Anne no. La diferencia es que ellas se casaron y tuvieron hijos, Anne no. Anne hubiese complido 90 años este año, sus compañeras o los cumplieron o van a cumplirlos. La grandeza de los testimonios reside en los diversos modos de estas mujeres de seguir sobreviviendo. La liberación no necesariamente significó el fin de la experiencia del lager. Como dice la hija de Arianna, su madre dejó parte de sí misma en el campo.

Las cuatro han escrito sobre su pasado. Helga, como Anne Frank, llevó un diario que publicó recientemente. Lo mismo han hecho las Bucci y Arianna. Sarah tiene un texto, Chazzes les papillons noirs (Alejen las mariposas negras) que usa para dar sus clases sobre la Shoah. Las cuatro están abiertas a dar entrevistas y aparecer en documentales, pero como a muchos sobrevivientes, les ha costado décadas asimilar lo ocurrido y poder articularlo públicamente sea en palabras o por escrito.

Otra virtud que aleja “Historias Paralelas” de la infame fórmula es que cada historia comienza de manera distinta, en países diferentes, con experiencias diferentes. Las Hermanas Bucci tenían un padre cristiano, Arianna es católica, y sin embargo acaban todas convertidas en seres sin más identidad que un número, incluso Anne Frank. Por eso el ponerle un hashtag también la deshumaniza tal como sin darnos cuenta permitimos que las redes sociales nos deshumanicen.

Uno de los momentos desordenados del documental es la presentación de Fanny Hoschbaum quien no es parte del grupo de testigos. A los cuatro años vivió oculta cerca de Grenoble, y así sobrevivió La Ocupación. Hoy es ciudadana israelí, pero ha retornado a Francia a recordar a sus muertos junto con tres de sus diez nietos.  Su historia demuestra la importancia del relato individual antes que la visión global de masas de cadáveres anónimos. Lo dice una de las nietas de Fanny Hoschbaum cuando comenta que ya no se trata de seis millones anónimos, que la experiencia se vuelve personal cuando se reduce a su abuela y a su familia.

Otro nieto es Omer, un ex soldado de Tzahal. Su abuela lo cuenta orgullosa recordando que la acompañó a su última vista a Auschwitz. Para Fanny un motivo de orgullo es que portaron una bandera israelí. Ver ese símbolo dentro de ese campo donde un millón de judíos fueron exterminados como parte de un plan de destruir al mundo hebreo, es un gesto poderoso, una señal de triunfo

Para muchos de mis gatitos lectores, la bandera israelí es un símbolo negativo. No lo es para mí, aunque tenga mis disputas con las políticas de diversos gobiernos israelís, pero oír a Fanny contar la anécdota y visualizarla emocionó hasta el último hueso de mi viejo cuerpo judío. No sabemos qué relación tendrán las otras sobrevivientes con el sionismo. Anne Frank nunca lo menciona en su diario. Pero sabemos que, para Fanny, Israel es un mecanismo de sobrevivencia, como lo ha sido para millones de sobrevivientes y sus descendiente por más de medio siglo.

Pero el gran mecanismo de sobrevivencia, y la serie hace hincapié en ello, es el mandamiento bíblico “creced y multiplicaos”.  Algo que se ha mencionado en los estudios de sobrevivientesreligiosos o no— fue lo imperativo de formar familias.Lo mencionan tanto Ben Shepherd en The Long Road Home como Ian Buruma en Año Cero.  Consciente o inconscientemente se ha buscado derrotar con la fertilidad judía, el plan nazista de exterminio. Como dice Sarah, haber formado una familia “es mi venganza”.

Ese parece ser el sentir de sus compañeras quienes perdieron a todos sus parientes en la Shoah. Nada más Helga y Sarah salieron de Belsen con sus madres. A las Hermanitas Bucci sus padres solo lograron recuperarlas años tras ser separados por los Nazis. De la familia con la que Arianna ingresó a Auschwitz únicamente sobrevivieron ella y uno de sus hermanos. Sus padres, tres hermanas y un hermano acabaron en los hornos. Ella misma pasó años en un orfanato.

Se entiende una necesidad de formar una familia, pero como explica su hija Laura, Arianna también tenía miedo de tener hijos o hablar con ellos de lo ocurrido en los campos con ellos. Le ha sido más fácil hacerlo con los nietos y es interesante como ellos, Francesa y Lorenzo, han reaccionado al legado de la abuela.

Francesca confiesa haber sufrido mucho al enterarse del Holocausto (en la escuela) y luego al saber el rol jugado por su abuela en esos años. Algo curioso, ni Arianna ni Laura se casaron con judíos, pero Francesca se considera como tal. “Sono ebrea, la mia mamma e ebrea, mentre il mio padre e catolico” afirma con seguridad.

Su hermano Lorenzo tiene otra manera de solidarizar con la nonna. Tras leer el libro de Arianna, se tatuó en el antebrazo el número que en Auschwitz asignaron a su abuela. En una entrevista a La Stampa, Tatiana Bucci declaró que no le parecía ese trend de nietos de sobrevivientes tatuándose los números de los abuelos. El mismo Lorenzo comenta que su abuela no aprobó inicialmente su iniciativa. “Hay tanta gente loca por ahí” dijo la anciana. Y sabe de lo que habla.


En febrero, solo unos meses despues que “#Anne Frank: Vite Paralelle” debutara en los cines italianos, una enorme suástica apareció pintada en la puerta y muro de la casa de Arianna. A pesar de las muestras de solidaridad de parte de los amigos y vecinos, hay conciencia entre las sobrevivientes y los historiadores de un auge de antisemitismo em todo el mundo.


En Donde se Equivocó Deborah Feldman
Volviendo al tema de los hijos como una manera de perpetuar las familias perdidas, hubo un momento, cuando Sarah lo mencionaba como su modo de burlarse de los nazis, que me sentí incomoda. Luego reparé en que se trataba de un resabio del “adoctrinamiento” que sufrimos todos los que vimos “Unorthodox”. Una tesis de esa porquería era que todas las desdichas de la pobrecita Ettie nacían de ese empeño de sus mayores de convertirla en una máquina de hacer bebés solo para satisfacer su obsesión morbosa con parientes muertos. Se dice en la miniserie que toda la perversidad del estilo de vida Satmar reside en esa ofuscación neurótica con el pasado.

Cuando el Primo Moishe le recuerda a Ettie la historia del panadero del barrio que perdió a toda su familia en la Shoah, ella burlona le recuerda que el hombre está lleno de nietos. La actitud entre aburrida y burlesca de Ettietal como la de Yael, la israelídemuestran el desprecio por el Holocausto y sus víctimas que existe en gente como Deborah Feldman.

Sin embargo, la Feldman, zorra oportunista que es, escribió un libro Exodus en el que lloriquea sobre la Shoah y se va de peregrinación por diferentes países europeos siguiendo la ruta que cruzó su abuela durante el Holocausto. El libro no tuvo éxito porque se siente totalmente falso y porque la actitud de Feldman es tan infantil que en el Chicago Tribune llamaron su estilo “chick lit”.

Uno de los momentos más risibles de su narrativa es cuando, al retornar de su visita a Auschwitz, se enfurece porque el conductor del tranvía le mira la cola. Lo vergonzoso es que dijo que en ese momento sintió el poder del Holocausto. Que esta mula crea que el Holocausto se basó en nazis mirándole el culo a las judías…. Con eso se entiende su repudio a la obligación de recordar y honrar a los muertos, repudio que lamentablemente se ha colado en la manera de pensar de muchos judíos modernos.

Aunque el tema central de “Parallel Stories”se base en los relatos individuales y singulares de Anne y de las cinco sobrevivientes, la serie acaba con una generalización,  por una vez necesaria. Al hablar del exterminio de toda una generación de niños judíos, dice el Rabino Berenbaum” imagínense el talento que Alemania destruyó al destruir a todos esos niños judíos. Cuando destruyes niños, estás destruyendo posibilidades infinitas”.

En este último año, los niños y jóvenes han vuelto a ser tema de conversación, sea por ser víctimas de brutalidad o negligencia policial, o por andar tumbando estatuas, o por ser una molestia para padres al convertirse en una presencia intolerable en casa, o para sus maestros por su falta de interés en los burdos intentos de establecer un homeschooling universal.

Todo esto en una época en que el radicalismo feminista ha eliminado la existencia de sentimientos maternales y rechazado cualquier intento por empujar a la mujer a ser madre o experimentar afecto por los más pequeños y débiles. Me pregunto si todavía se entiende la vergüenza que debería embargarnos a los adultos ante la muerte de criaturas, o siquiera si podemos comprender el sufrimientos de niños separados de sus madres y viceversa.

La relación madre-hija adquiere preponderancia en estas “vidas paralelas”. Todos conocemos por las páginas del diario de los problemas de Anne con su madre. Muchas nos hemos identificado con ese conflicto que marca tantas adolescencias femeninas, pero el documental nos recuerda como Edith Frank se dejó morir de hambre al ser separada de sus hijas. ¿Podemos dudar de su amor por Anne y Margot? 
Edith Frank y sus hijas

Las otras chicas también descubren un vínculo nuevo que las une a quienes les dieron vida. Al llegar a Auschwitz, Helga miente sobre la edad de su madre y de la propia, rescatándolas a ambas de la cámara de gas; Sarah y su madre huyen del Vel d’Hiv, viven ocultas, sobreviven Auschwitz siempre juntas, son socias y compañeras a la par de hija y mamá.

En cambio, para las Hermanas Bucci, los escasos encuentros con la madre en el lager van separándolas. Son muy pequeñas y esa mujer flaca y envejecida prematuramente se les vuelve una extraña. Sin embargo, será su madre quien luchará en la posguerra para encontrarlas y recuperarlas. Ellas contarán que han sido impulsadas a escribir su historia en recuerdo de una madre silenciosa, incapaz de poner en palabras el calvario sufrido.
Mira y Giovanni Bucci

Entre el Antisemitismo y el Victimismo
En un momento en que hay tantos de diversas ideologías, credos y colores cuya felicidad y paz reside en la destrucción no solo del judío sino también de su cultura, el recordar que una vez casi se consiguió tal propósito, o al menos se lo consiguió a medias, es importante. Nos ayuda a los judíos a poner en perspectiva nuestra posición en el mundo.

Este tipo de documentales solo se manufactura en países que donde los judíos no han caído en la apatía, conformismo y cobardía que nos caracteriza a tantos. Por eso debería ser visto tanto por los judíos que militamos en este último bando como por los que, por lucirse en arenas políticas, faranduleras o financieras se olvidan de que en la Shoah no solo murieron los pobres, desconocidos y religiosos.

Vivimos, incluso en este país, un auge de antisemitismo que ya ni es solapado. Los únicos que intentan ocultarlo son los judíos liberales ateos y oportunistas, que les gusta colgarse de cualquier carro que crean los llevará al Desfile de la Victoria.  Es vergonzoso que el gran Kareem Abdul Jabbar, gloria del deporte mundial ( negro, musulmán e hijo de policía),  sea quien haya tenido que rechazar públicamente el auge del antisemitismo en los medios de comunicación y en los deportes. Es vergonzoso cuando hasta judías como la comediante Chelsea Handler, por ignorancia o tozudez, son parte de esa desenfada judeofobia.


Dije al comienzo que no iba recomendar #Anne Frank. Por años me he sentido incomoda con la repetición de clichés que “la industria del Holocausto” ha imprimido a sus productos. El Dr. Ernesto Medalla me comentó una vez que ese tipo de producto era un culto al victimismo “hasta tiene música de víctimas”. El victimismo puede producir en el espectador una reacción contraria de la que se desea lograr. En vez de compasión y solidaridad puede provocar una sensación de alejamiento de la tragedia acompañado de un desagrado por las víctimas.

Por eso es por lo que aconsejaría a otros grupos étnicos que no caigan en ese error. “Nous sommes les victimes de les victimes” dijo Mahmoud Abbas abrazando a Sir Elie Wiesel en su primer encuentro. A mí me dio risa y luego vergüenza ajena, porque Abbas, gordito y próspero, era una imagen muy alejada la del escritor en sus días de ‘victime” tras ser liberado de Buchenwald cuando no tenía fuerzas ni para alzarse del camastro. El mérito de “Vite Paralelle” es que ni Anne en su diario ni las otras cinco sobrevivientes en sus libros y entrevistas se hacen las víctimas. De su conversación resuma revancha, miedo al auge de la judeofobia, tristeza ante lo perdido, pero no hay autocompasión.


Arianna nos cuenta que los alemanes golpearon sus piernas con porras de goma con fierro adentro. No nos dice que esas torturas le costarían meses en el hospital tras la liberación. Nos cuenta de la marcha forzada desde Auschwitz a Belsen en medio de nieve, pero no nos dice que sus dedos se congelaron y hubo que amputarle algunos. Tampoco que fue un guardia de la SS el que se apiadó de ella y la puso en un vagón. De otro modo ella no hubiese sobrevivido.
Arianna a los 11 años cuando llegó a Auschwitz

Las obras más contundentes sobre la Shoah son las que muestran algo original, las que se enfocan en experiencias singulares, las que aportan una luz en medio de la oscuridad. Algo que me impresionó de las historias fue como Las Bucci eludieron los pavorosos experimentos de Mengele.

En el documental mencionan que “una mujer” las aconsejó no ofrecerse de voluntarias para ir al campo de Neuengamme (donde moriría su primito Sergio) celebre por ser un centro de exterminio de conejillos de india infantiles conmemorado hoy por un jardín de rosas. Lo que no dicen (en el libro, pero si en otras entrevistas) es que esa mujer era la boklova, la guardia polaca, ladrona en la vida civil, pero todavía dotada de compasión.
Las Bucci y su primo Sergio

El propósito de todo documental es interesar al espectador a expandir sus conocimientos buscando más material sobre el tema. Tal vez por eso es qué #Anne Frank escatime información. Después de todo, las cinco testigos han escrito sobre su experiencia de la Shoah. El problema es que aparte de Helga’s Diary (traducido al castellano como El Diario de Helga) ninguno de esos libros, ha sido traducido ni al inglés ni al español. Los libros de Arianna y de las Bucci están en Amazon, pero en italiano.

Aunque a cada rato se escriben historias y testimonios del Holocausto en diversos países europeos raramente se traducen, a menos que sean los que siguen estándares conocidos y ocurran en la Europa Oriental. De ahí que el diario de Helga haya sido traducido al alemán, al portugués, hasta el chino.
En cambio, lo que se hace en italiano rara vez encuentra traductor sea novela, testimonio o texto de historia. Por eso terminé por comprarme Gli Soldati Ebrei di Mussolini en el original. A mí me interesa el material italiano, no solo porque me toca personalmente, sino porque es tan especial y exótico, sobre todo para la gente que está harta de leer fórmula.

Acabo de hacer una búsqueda en Amazon.com usando como buscadores “Jewish Holocaust History” e “Italy”, el resultado es el de siempre: De Felice, Michele Sarfatti, Susan Zucotti y mucho Primo.  Lo nuevo, paparruchadas como The Italian Executioners de Simon Levis Sullam que busca desmitificar la narrativa de los italianos como rescatistas natos. Le ha ido tan mal con el esfuerzo que apenas le ha alcanzado para 200 páginas.  Veinte dólares muy mal invertidos por mí al haberlo comprado. Mas dinero invirtió la editorial de Princeton que lo ha publicado.

En cambio, sí pongo “Italia” o “Ebrei” como buscador me salen docenas de textos apetitosos. Por eso tengo que considerar que es una suerte encontrar material en traducción y por una vez le agradezco a Netflix algo, el haber comprado #Anne Frank: Vite Parallele”.
Jeannette y Andra

La dedicatoria del libro


ADDENDUM: Una sorpresa ha sido descubrir que nuestra Gatita Honoraria Jeannette  Kravetz Stoletzka ha conocido a Andra Bucci quien le ha autografiado una copia de su libro. Ese ha sido un hallazgo y la Dra. Kravetz nos ha dado permiso de publicar las fotograf'ías


jueves, 4 de junio de 2020

La Literatura del Orthodexit: Para ver o leer después de Unorthodox



En días de Covid 19, “Unorthodox”se convirtió en el sleeper de Netflix, un éxito inesperado que ha alcanzado al mundo hispanoparlante y creado curiosidad sobre el estilo de vida de los jasídicos y sus rebeldes que buscan escapar del mismo. Ya les comenté que D-s mediante este verano, estarán en el mercado las versiones en español de los libros de Deborah Feldman, pero en lo que eso sucede ¿qué ver o leer sobre el mismo tema?

Desde Las Hijas de Tevye Hasta Los Elegidos
Seamos francos, parte de la razón que “Unorthodox” tuvo tanto éxito en una sociedad, que no es judía ni sabe mucho sobre el judaísmo, es que agarró a la gente confinada en sus hogares, tal como la protagonista en su estrecha realidad jasídica. La rebeldía de Esty fue un modo de rebelarnos contra el encierro, el aislamiento, la escasez de productos y libertades. Por eso he escogido para comenzar libros hoy clásicos de la literatura judíaque describen chicos y chicas que, como Esty, buscaron algo más, sea poder estudiar libros sagrados o seguir carreras universitarias.

Aunque los judíos han dejado atrás religión y estilo de vida desde los personajes bíblicos hasta el filósofo Spinoza, las andanzas de los ex frum no pasaron a ser material de esparcimiento sino hasta fines del Siglo XVIII con La Autobiografía de Solomon Maimon. Pero como estos primeros recuentos literarios de los renegados son pesados, latosos y difíciles de conseguir, voy a abocarme a lo que más gustó en “Unorthodox”, los rebeldes, los que quieren saltarse las reglas y vivir a su manera.

Así llegamos al primer gran clásico yiddish Tevie el Lechero y su secuela Las Hijas de Tevie de Sholem Aleichem. Salomón Rabinowitz, el primer artífice del Yiddish como lengua literaria, no era jasídico ni siquiera ultraortodoxo. Era hijo de una familia acaudalada judía, una rareza en la Rusia decimonónica, cuya vida estuvo marcada por altos y bajos económicos. Sus padres cayeron en la bancarrota, y Salomón acabada la escuela se vio obligado a convertirse en tutor de una heredera judía, Olga (Hodel) Loev. A pesar de la oposición del padre de Hodel, la pareja huyó y se casó y eventualmente heredaron la fortuna de la familia.

Este nuevo estatus social les permitió criar a sus seis hijos y a Salomón, bajo el seudónimo de Sholem Aleichem, escribir cuentos y novelas. En 1890, una baja de la bolsa de valores donde había especulado volvió a sumir al escritor en la pobreza. Desde ahí se dedicó totalmente a escribir adquiriendo fama, pero no fortuna. Abocado al trabajo y a conferencias, Sholem Aleichem viajaba constantemente. Los pogromos del comienzo de siglo lo llevaron a salir de Rusia. Tras dejar a su familia en Suiza, el autor intentó conseguir visa para los Estados Unidos, pero tanto agotamiento le provocó una tuberculosis que mal atendida lo llevó a una tumba temprana.

Su obra más reconocida son unos cuentos que ofrecen una visión semi idílica de la vida de los judíos en los shetl s(aldeas) de la zona conocida como La Empalizada donde los Zares habían segregado a sus súbditos hebreos. Esta serie de cuentos que giran en torno al filosófico lechero Tevie y su familia, sirvieron de base para la obra teatral y fílmica El violinista sobre el tejado.

Para Sholem Aleichem, Tevie y su modo de vida le eran tan exóticos como a nosotros. Sin embargo, le inyectó humanidad, afecto y mucho humor que ha llevado a que se le tildase El Mark Twain Yiddish. No todo el mundo admira su trabajo. Yo tenía una maestra que se quejaba de la admiración que inspiraba el autor… “cuando todo lo que hace es burlarse de los judíos ortodoxos”. Tal vez eso explique la facilidad para llenar su obra de judías rebeldes como lo son las hijas de Tevie.

Tseitzel reniega de su compromiso con un hombre rico para casarse con su novio de la infancia. Chava abandona el mundo judío para casarse con un cristiano (la mayor razón para dejar el Derech en siglos pasados) Es Hodel la que más fascina. En ella, el autor recrea su propia historia de amor dándole el nombre de su esposa. Hodel no solo se enamora de su tutor, el revolucionario Pershik, también decide seguirlo hasta las estepas siberianas donde ha sido desterrado. A la luz de lo que nos interesa, las hijas el lechero se enfrentan a su sociedad religiosa asumiendo roles activos y rebeldes, aunque eso signifique alejarse de todo lo familiar.

Mas o menos eso ocurre con la protagonista de “Yentl, El Chico de Yeshivá” cuento largo del Premio Nobel Isaac Bashevis Singer que el autor, con ayuda de Leah Napolitani, convertiría en exitosa pieza teatral. Para los efectos de este ensayo, les aconsejo ver la versión fílmica de Barbra Streisand que además de tener un final feliz, es más feminista que el original.

En un shetl de la Rusia de principios del siglo XX, vive Yentl, la hija del rabino. Desde la muerte de su hermano Anshel, el padre de Yentl ha cifrado todas sus esperanzas en ella fomentando su interés por la lectura e instruyéndola secretamente en el Talmud. Cuando el Rabino muere, Yentl se corta el cabello, se viste con la ropa de su hermano y adopta la personalidad de Anshel.

Yentl-Anshel se marcha a otro pueblo a estudiar en una prestigiosa yeshivá. Ahí conoce y se enamora de Avigdor (Mandy Patinkin), pero él está comprometido con Hadass (Amy Irving), una bella heredera. Cuando los padres de Hadass descubren que el hermano de Avigdor se suicidó, rompen el compromiso y le ofrecen a su hija casarla con Anshel. Avigdor suplica a su amigo que acepte o sin él se irá muy lejos porque no soportaría la idea de ver a Hadass casada con un desconocido. Temiendo perder a Avigdor, Yentl acepta, lo que la meterá en un inmenso lio.

Debido a que los novelistas judíos de la primera mitad del siglo XX tenían temas más políticos y alejados de la realidad ultraortodoxa (que en realidad era semi invisible), el tema del abandono de comunidades religiosas no fue tratado ni en la literatura ni por Hollywood. Una excepción fue “El cantor de jazz”, la primera película hablada donde Al Johnson interpreta a un cantor de sinagoga que abandona su comunidad para encontrar fama y fortuna en el mundo del jazz.



El primer escritor en tratar seriamente el tema sería Chaim Potok con Los Elegidos (1967) y Mi Nombre es Asher Lev (1971). Ambas novelas han sido traducidas al castellano. La segunda describe las vicisitudes de un joven jasídico que desea ser pintor profesional y como esto lo pone en conflicto con su padre y su comunidad. Un toque interesante es que es el Rebbe, líder de la dinastía Landover, quien otorga permiso a Asher para estudiar arte tal como permite que Anne, la madre del pintor, vaya a la universidad como terapia para su depresión nerviosa.

Si no pueden encontrar Los Elegidos les recomiendo la película de 1981 que captura el espíritu de la novela. La historia comienza en un campo de beisbol neoyorquino en 1944. El equipo de Reuven Malter (un chico judío laico) se prepara con mucha burla a jugar contra un grupo de chicos jasídicos. Las risas se acaban cuando Danny Saunders (Robby Benson) demuestra su pericia dejando a Reuven (Barry Miller) casi tuerto de un batazo.

A pesar de este poco auspiciador comienzo, los chicos hacen amistad. Reuven es hijo de un catedrático (Maximilien Schell) que desea para su hijo una carrera profesional, lejos de los prejuicios del mundo ortodoxo. Danny es el heredero de una dinastía jasídica. Su padre, el Rabino Saunders (Rod Steiger) ha creado una relación filial de distancia emocional para preparar mejor a su hijo para su difícil rol. A escondidas, Danny, que sueña con ser psiquiatra, va a la biblioteca a leer libros científicos. Ahí conoce a un señor que se convierte en su mentor y que resulta sr el padre de Reuven.

Tras muchas aventuras y desventuras, los chicos logran sus sueños. Reuven el de poder estudiar el Talmud y ordenarse de rabino, y Danny consigue el permiso paterno para ir a estudiar en Columbia. El final es la despedida de los amigos. Danny, para entonces se ha afeitado la barba y cortado los tirabuzones. El filme está completo, pero solo en inglés en YouTube. En castellano se lo puede encontrar en Amazon Prime.

Chaim Potok era un rabino ortodoxo, como tal su prosa reboza respeto por el mundo tradicional, pero a su vez, sabe reconocer la importancia del estudio seglar y el peligro del fundamentalismo. Consciente de que el fundamentalismo también opera en reversa, Potok escribió El Harpa de Davita, la historia de la hija de padres comunistas, que, tras la muerte de su padre en la Guerra Civil Española, busca consuelo en el judaísmo, la religión de su madre.

“The Chosen” tuvo tanto éxito como el libro y es considerado el numero uno entre las 50 mejores cintas judías del mundo. Logró borrar la mala impresión que había dejado un año antes la adaptación del “Cantor de Jazz”. Hecha para aprovechar la fama de Neil Diamond, se intentó hacer una película “poco judía” y el resultado fue lo opuesto. No solo Yussel Rabinovich (Diamond) abandona su profesión de chasson (cantor) en la sinagoga de su padre (Sir Laurence Olivier) para convertirse en cantante pop. Además, abandona a Rivka (Catlin Addams), su esposa judía, para tener un hijo con la típica shiksah (Lucie Arnaz).

Feministas de los Noventas
Las películas de los 80 dejaron el camino abierto para otras historias más complejas y que se cifrasen en los miembros más vulnerables de la ultra ortodoxia, las mujeres. En los 90 surgieron varias voces literarias femeninas que se enfocaban en la problemática que acarreaba tratar de equilibrar fe, obligaciones religiosas y el derecho de la mujer de controlar su vivir. Así llegaron los superventas de Faye Kellerman, Allegra Goodman y Anita Diamant, pero la pionera en el Orthodexit feminista fue Naomi Ragen que en 1989 sacaba al mercado La Hija de Jefte.


Bathsheva Haleví es la hija mimada de un acaudalado hombre de negocio jasídico. Su vida transcurre plácidamente entre su hogar en Los Ángeles y su internado en Brooklyn. Entremedio, su padre le permite experimentar con intereses intelectuales poco comunes para las mujeres de su comunidad como la fotografía, visitas a museos y una tutora que presenta a Batsheva con libros seglares que abren su mente, pero también fomentan sus sueños románticos.

Batsheva cree que irá a la universidad, pero en su decimoctavo cumpleaños recibe una noticia perturbadora. Debido a un voto que su padre hiciera durante el Holocausto, ella deberá viajar a Jerusalén y contraer matrimonio con un desconocido. El mucho amor que siente por su padre la obliga a aceptar ese matrimonio.

Así Batheva se interna en un país extraño, a Mea Shearim una comunidad más cerrada que las que conoce y un marido, Isaac Goren, que no corresponde a ninguna de sus ilusiones. No solo Isaac es un amante desconsiderado y un marido controlador, también se revela como un esposo brutal y violento. Para colmo, Batsheva descubre que es un redomado hipócrita que se ha casado con ella solo para adquirir poder, prestigio y acceso a la fortuna de los Haleví. El nacimiento del pequeño Akiva no arregla las cosas y Bathsheva se ve atrapada, sin poder contar con su familia.

Finalmente, logra huir a Inglaterra donde se pone a trabajar como fotógrafa para mantener a su hijo. Alla conoce a David, un seminarista hijo de una familia de aristócratas. David quiere convertir a la fotógrafa, pero termina enamorándose de ella. Batsheva se da cuenta que para ser feliz con David debe volver a Mea Shearim y enfrentar a su marido. Aunque telenovelero y Deus ex machina, el final feliz deja satisfecho al lector.

La idea de jovencitas que se rebelan contra tradiciones y costumbres judías llegó hasta nuestro mundo latino. En México, Rosa Nissan, discípula y protegida de Elena Poniatowska, publica en 1992, Novia que te vea, una novedosa visión de la comunidad sefardita mexicana de los 50. Vista a través de los ojos y diario de Eugenia “Oshi” Mataraso, la historia describe su infancia y juventud, su amistad con Rebeca “Rifke” Gorman, una chica askenazi de familia más liberal, y su lucha por convencer a sus padres que la dejen estudiar en vez de obligarla a vivir como todas las mujeres de su familia para ser “novia” y luego esposa y madre.

En manos de la cineasta Guyta Schyfter, la trama toma otro cariz enfocándose ya no en diferencias entre sefarditas y askenazi, sino en “la otredad” del judío en la sociedad mexicana. Por eso el protagonismo recaye en Rifke (Maya Mishalska), sus estudios universitarios y su romance con Eduardo Saavedra (Ernesto Laguardia), un “niño bien” que juega a ser comunista.

Aun así, el cuento de “Oshi “Claudette Maille) me resultó más interesante. Sobre todo, su conflicto eterno con su madre Sarika (Angelica Aragón) por querer estudiar arte, (“¿Studyar? ¿Aora sabya vas a zer”? exclama Sarika horrorizada).  También su rechazo al matrimonio, una obsesión de su madre que desde el nacimiento de su hija ha ido llenando un baúl con el ajuar para el día que Oshi se case.

Oshi encuentra refugio en Rifke, en Ari (Daniel Stern) otro amigo que conoce en un club sionista, y en la pintura. Finalmente llega a un arreglo, permiso para tomar clases de dibujo a cambio de ir a bailes y conocer muchachos. De ahí viene un compromiso obligado con el medico León Levy, pero cuando se da cuenta que es un controlador que no le interesa la opinión de la novia, Oshi le suplica a su padre que la libere del compromiso., pero él no se atreve a romper con las tradiciones de su familia.

En su desesperación, Oshi decide huir junto a Rifke (a quien sus padres también le han puesto limites por su relación con Saavedra). Las chicas huyen a Guadalajara a casa de la Abuela Sol (Mercedes Pascual) y desde allá, consiguen que sus familias acepten su derecho a decidir sobre sus vidas. El final encuentra a ambas amigas convertidas en esposas y madres, pero también en profesionales realizadas.

En “Novia” hay una ironía, los Groman que son más “modernos” son vistos yendo a la sinagoga, celebrando el Shabbath, cuestionando el sionismo y Rifke, a pesar de las protestas de Saavedra, insiste en que su hijo sea criado como judío. En casa de los Saavedra, Rebeca enfrenta un antisemitismo sutil “los judíos son una comunidad muy cerrada…no se integran”. 


En cambio, la familia Mataraso que es mucho más cerrada y tradicional nunca se la ve practicando su religión, hasta el punto de que en su infancia Oshi se siente atraída por el catolicismo. Ella termina casada con Ari que es ashkenazi y sionista.

Este filme que cosechó cuatro Arieles (uno merecidísimo por Angelica Aragón que se pasó la cinta hablando en Ladino) está completo en YouTube.

La idea de seguir usos que no son parte el dogma judío y que aparentemente solo sirven para oprimir a la mujer siguió siendo un tema literario en Estados Unidos y así llegamos a un libro que muchos ven como plagiado en Unorthodox y que Deborah Feldman reconoce como inspiración: The Romance Reader de Pearl Abrahams.

Aunque encuentro similitudes estilísticas entre ambos libros, tales como diálogos introspectivos y vaguedades cronológicas, la historia de Rachel Levine, hija de un rabino y habitante de un pueblo neoyorquino a fines de los 60, es diferente. Rachel es una más de los siete hijos de un hombre débil de carácter que vive en un mundo irreal incluso desvinculado de su familia. Tova, la madre, está más presente, pero debido a sus problemas mentales que la llevan a varias amenazas de suicidio es un personaje negativo. Como suele ocurrir en este tipo de escenario, los hijos se crían solos.

Rachel y su hermana Leah desarrollan estrategias para huir de ese mundo opresivo. La principal es conseguirse tarjetas de biblioteca lo que las hace devorar todo tipo de novela romántica que les deja claro como es el mundo más allá de los confines del jasidismo. Sin embargo, Rachel tiene conciencia de que para llegar hasta allá debe pasar por un molesto rito de pasaje, casarse. Así entra en un matrimonio arreglado con la decisión tomada de que este no durará mucho.

Israel, el esposo, ayuda siendo tan inepto que no pude consumar el matrimonio y Rachel simplemente toma un bus y regresa a su hogar anunciando que hay que solicitar una anulación. Su familia la apoya y colorín colorado. Esa es la gran diferencia con Deborah Feldman. Para Rachel el matrimonio es un medio de escape, para Feldman es un camino a la felicidad y cuando esta se trunca, es que toma la decisión de salir del mundo judío.

Este feminismo de Ragen y Abrahams debe haber influido para su libreto de “A Price Above Rubies” que en 1998 cierra la exploración del rol femenino o su ausencia en el mundo ultraortodoxo. Renee Zellwegger da vida a Sonia una confusa y reprimida esposa jasídica. Frustrada en su matrimonio arreglado con Mendel (Glenn Fitzgerald), incapaz de abocarse a la maternidad, Sonia es un polvorín a punto de estallar. Siente que un fuego la consume por dentro. Sender (Christopher Eccleton), un pariente del marido reconoce ese fuego al igual que reconoce el talento de Sonia para diseñar joyas.

Sender le ofrece un empleo que acaba con Sonia en la cama del joyero despojada de su dignidad al igual que de sus diseños por los que su amante ni siquiera le paga. Harto de las crisis de su esposa, Mandel la lleva ante el rabino quien intenta explicar a Sonia su rol sumiso en su sociedad. Sonia habla de su fuego interno y con altivez expresa su certeza de que solo D-se puede juzgarla.

Desde ese momento Sonia pasa a ser una paria. Su cuñada Rachel (Julianna Margulies) se queda con su hijo. Su esposo le cierra la puerta del hogar y ni familia ni amigos le dan apoyo. Deambula por las calles y es rescatada por Ramon (Allen Payne), un orfebre boricua que la ampara. A pesar de que pasan una noche juntos, Sonia no busca un amante y al saber que el rabino ha muerto regresa a Brooklyn a buscar su libertad. Se lleva una sorpresa cuando es recibida por la rebbetzin viuda (Kim Hunter) quien le revela que su conversación tuvo gran influencia en su difunto marido.

Al parecer el ‘fuego” de Sonia entró en el rabino que tras anunciarle a su esposa que la amaba, reanudó sus relaciones maritales. Fue en el medio de hacer el amor que lo pilló un infarto, pero la rebbetzin está contenta con ese final y decide ayudar a Sonia tanto a recuperar sus diseños, librarse de su marido, y volver a ver a su hijo. Escrita a fines de siglo, “A Price Above Rubíes” tiene dejos de realismo mágico. Aparte del famoso fuego interno, Sonia tiene un encuentro con Lilith y una serie de visiones de su hermanito muerto que se le aparece para reprocharle su proceder.

Antes y Después de Deborah Feldman
En el Siglo 21 la ficción del Orthodexit ha tomado nuevos vericuetos, tal como lo ha hecho con el feminismo y la guerra anti-religion, que desde el punto de vista sociológico se vuelve una agresión cultural. Eso no se notó en la primera década todavía influenciada por las visiones feministas pero respetuosas de los Noventas.

Ese respeto se manifestó en el simpático estudio de Stephanie Wellen-Levine Mystics, Mavericks and Merrymakers, una investigación conducida por la autora entre las alumnas de una escuela de Jabad para niñas en Brooklyn. Publicada en el 2005, contrastaba su postura con The Unchosen (2006), el excelente trabajo (derivado de su tesis doctoral) de Hella Winston sobre judíos que abandonan el estilo de vida jasídico. El primero conserva cierta admiración por jovencitas que equilibran su fe con su deseo de superación personal. El segundo es un rechazo a comunidades tan cerradas que empujan a sus miembros, más sensibles, ambiciosos, o intelectualmente curiosos, a exiliarse de ellas.


El año de The Unchosen también vio en Inglaterra salir al mercado una de las grandes novelas del Orthdoexit. Curiosamente, Naomi Alderman escribió esta novela debut sin la intención de que se convirtiera en un exposé de su reducto ultraortodoxo de Hemdon, ni como parte de la literatura queer. De hecho, aunque Alderman ha declarado que el libro no es autobiográfico, ella abandonó el mundo ortodoxo tras la publicación de la primera de una serie de novelas, las cuales ni tratan de amores lésbicos ni de rabinos jasídicos.

Una de las sorpresas/chascos que me he llevado al hacer esta investigación es que, aparte de los clásicos, no se ha traducido al castellano ninguna de las novelas que menciono y eso que las mayoría fueron superventas. Una ironía es que varias, incluyendo Disobedience, han sido publicadas en portugués.

Debido a que no se las puedo recomendar como libro, me enfocaré en el filme del 2017. La tesis del film/libro está en el devar torah (sermón) que el Rabino Krushka (Anton “Qyburn” Lesser) está escribiendo antes de morir. Su hijo adoptivo y supuesto sucesor, Dovid (Alessandro Nivola) lo termina y lo presenta casi al final. El tema es libre albedrio y como optamos por obedecer ciertas reglas y otras no.

Al final Dovid ha tenido que admitir que Esty (Rachel McAddams), su esposa, está enamorada de Ronit Krushka (Rachel Weisz). Al aceptar esa relación, Dovid se da cuenta que no puede obedecer las reglas y convencionalismos de su congregación y opta por renunciar al puesto de gran rabino.

En el caso de Ronit, ella optó por irse cuando vio que su padre rechazaba su bisexualidad. Ha vivido todo este tiempo en Nueva York, absoluta libertad, es una mujer exitosa, pero su desobediencia le ha costado una vida de soledad, nostalgia y muchos remordimientos. Por eso regresa, aunque desprecia las ideas de esa comunidad, pero al reencontrarse con Esty se da cuenta que eso es algo que ella puede todavía recobrar. El final abierto fue uno de los aciertos de Sebastián Lelio que trató la historia (a pesar de escenas de sexo que no están en el libro) con mucha delicadeza.

No sé cuanta influencia habrá tenido “Disobedience” en la literatura del Orthdoexit y en la ola de memorias de ex jasídicos desencadenada por la publicación de Unorthodox en el 2011. Lo cierto es que Unorthodox, y a brillante campaña de mercadeo que la acompañó fue un punto culminante, pero a la larga vacío. Ninguno de los libros sea novelas o memorias que la siguieron llegó ni cerca de la Lista de Superventas del NYT (Unorthodox alcanzó el quinto puesto). Ciertamente ninguna ha ameritado versión fílmica y su existencia pasó desapercibida.

Sin embargo, yo tengo un ejemplo que es mi preferido, es muchísimo más honesto que Unorthodox. Me refiero a Hush (2010) de Judy Brown, que en un vano esfuerzo por ocultar su identidad, lo escribió bajo el seudónimo de Eishet Chayil (la mujer virtuosa del Libro de los Proverbios). Se dice que por ser novela carece del poder de una memoria como la de Deborah Feldman. Como les expliqué en un artículo anterior las memorias de Feldman son bastante ficticias y Brown ha utilizado la ficción para hablar de lo innombrable, un caso de abuso sexual que ella conoció de cerca.

La heroína de Hush (¡silencio!) es Gittl, una buena niña de la comunidad jasídica de Gers que cree que el sexo y romance son patrimonio de los goyim (gentiles). La infancia de Gittl está marcada por su amistad con Devory. Una noche en que Gittl duerme en casa de su amiga, escucha que Shmuly el hermano mayor de Devory entra al cuarto y se mete en la cama contigua.

Gittl no entiende exactamente lo ocurrido, pero vincula ese extraño suceso con el carácter retraído de Devory, sus manías suicidas y su insistencia en quedarse en casa de su amiga cuando su hermano viene de vacaciones. La madre de Devory interroga a Gittl quien le confiesa lo sucedido. La actitud airada e incrédula de la madre cohíbe a Gittl quien se retracta. Poco después, Devory se ahorca en el baño de la casa de Gittl.

Cuando la policía la interroga, Gittl quiere contar la verdad, pero su madre se lo prohíbe. El “qué dirán” que se ha convertido en ley religiosa entre los ortodoxos previene a Gittl decir la verdad so pena de que “nadie quiera casarse con ella”. Así Devory pasa ser un recuerdo desagradable, una memoria lejana.

Eventualmente, Gittl hace un buen matrimonio. Yankel su marido viene de los círculos más religiosos de Jerusalén…y es más bruto que todos los maridos que aparecen en las novelas que he descrito. Unos días después de casados, descubre el brassiere de su esposa y se horroriza ya que creía que solo las shiksas tenían senos. Tiene que venir el Rebbe a explicarle los secretos de la anatomía femenina. Pero no es solo Yankel el problemático.

Cuando intenta besarla, Gittl se horroriza porque cree que esas son “prácticas de no judíos”.  De nuevo tiene que venir el rabino. Al final yo ya le tenía lástima al pobre rabino que a cada rato tenía que venir a arbitrar problemas domésticos de este matrimonio tan sui generis. Pero no todo es humor en el libro.

Una noche, en medio de una sesión de sexo, Gittl tiene un flashback de lo que pasó con Devory y toma conciencia del ultraje del que fue testigo. Siente que debe acudir a la policía o al menos usar el periódico yiddish local para hacer una denuncia. También insiste en ponerle a su hija el nombre de su amiga muerta.

Su marido y su familia ponen el grito en el cielo. Es el Rebbe de nuevo quien lleva a Yankel a entender que se ha cometido un crimen y como afecta a su mujer La novela acaba con Yankel apoyando a Gittl, no solo en el nombre de su hija, pero también en su activismo.

Mucha gente en el mundo ortodoxo se quejó de la obra, pero en comparación con Unorthodox, Hush es una historia conmovedora y a la vez respetuosa. Eventualmente como parte de su lucha en contra del acallamiento de los crímenes sexuales, Judi Brown salió tanto de su anonimato como de su comunidad. Hace unos años publicó unas memorias This Is Not a Love Story sobre lo que fue crecer junto a un hermano autista.

Me gustaría que Hush gozará del mismo respeto y celebridad que Unorthodox. Espero que a la par que traduzcan los libros de La Feldman, también lo hagan con muchos de los libros que he mencionado y que a alguien también se les ocurra adaptarlos a la pantalla.

Antes de terminar quería revisar “Shtisel” que se ha convertido en un punto de referencia en lo que se refiere al mundo ultraortodoxo. ¿Como trata el tema del Orthodexit? Pues vemos a muchas personas hacer viajes espirituales y geográficos El hermano del rabino Shulem vive en Europa, eso hace a su hija más moderna y despierta que sus primas. Rochelli, la otra hija de Shulem abandonó el mundo de la yeshivá para casarse con un sefardita Jabadnik.
Cuanto más primo, más me arrimo

Su hermana Gitti nos muestra las consecuencias del Orthodexit en las esposas abandonadas. nunca sabremos ni los motivos ni el desarrollo de la huida de lIppa Weiss, pero si podemos imaginarnos por el rechazo de su hija, que si Gitti no hubiese ocultado al su familia y comunidad la huida de del marido este sería otro primo Moishe, tratado como un paria obligado a practicar trabajos sucios para congraciarse de nuevo con su comunidad.
Lippe abandona a su familia


De como Gitti descubre que ha pasado a ser una agunah

Eso nos lleva a algo perturbador. ¿Está Akiva Shtisel en camino de ser un exfrum? La pasión por la pintura, el poco apego a su empleo de maestro y cierta fascinación por lo prohibido sobre todo en el área del romance, lo hacen un candidato perfecto a desviarse del Derech.


El Caso de Hester Street
Finalmente, quería hablar de un filme considerado una de las joyas del cine judío. Se trata de “Hester Street” (1974). Como “Unorthodox” está en yiddish, pero es la otra cara de la moneda. Basada en una novela de Abraham Cahan, uno de los primeros novelistas judíos de Estados Unidos, y dirigida por Joan Macklin Silver que una década después nos daría la encantadora “Crossing Delancey”, “Hester Street” fue en su día considerada una rareza étnica. El tiempo la ha convertido en una obra de arte.

La tímida Gittl (Carol Kane que fue nominada a un Oscar) abandona la Rusia de fines del siglo XIX para ir al reencuentro de su esposo Yankel en Nueva York. El shock es que Yankel se ha afeitado la barba, cortado los tirabuzones, no se viste de negro, no es religioso, y ahora habla inglés y se llama “Jake”. Para Jake (que anda en amores con una corista) también es un shock y una vergüenza ver a su mujer y a su hijo que representan un mundo retrogrado que él ha dejado atrás.

La pobre Gittl vive humillada, sobre todo por como su esposo se burla de su peluca e insiste en llamar a su hijo Yossi, “Joey”. Además, está atrapada en un departamentucho en el Lower East Side que deben compartir con el Señor Bernstein, un tímido e intelectual judío que sigue apegado a antiguas tradiciones.

A pesar de que Gittl intenta cambiar, aprender inglés, vestirse más moderna, se da cuenta que su matrimonio arreglado con Yankel/Jake es un fracaso. Mas importante, se da cuenta que Bernstein se ha enamorado de ella y que él es el hombre soñado, tradicional, gentil, discreto y hasta desea dedicarse a estudiar el Talmud.
Gittl y el Señor Bernstein

Gittl será una judía ultraortodoxa, pero no es tonta. Se las arregla para conseguir un divorcio, una jugosa alimonia, se casa con Bernstein y se da el gusto de gritarle a Jake “¡Tú y tu puta polaca pueden ir a despellejarse!”. Al final vemos a Gittl feliz con su Bernstein, y un Jake desolado con una Mamie que no parece muy contenta con su compañía.

 Hester Street es la contraparte del Orthodexit con una mujer que es feliz en un mundo tradicional y un marido que creyó encontrar la felicidad al otro lado del Derech y se llevó un chasco. Esa es la queja mayor de Unorthodox, serie y libro que nunca muestra la perspectiva contraria. ¿Por qué en “Shtisel” reservamos nuestra compasión para Gitti y sus hijos y nuestro desprecio por Lippa? Después de todo ‘él es el equivalente a todos los exfrum que la ficción del Orthodexit nos invita elogiar y a aplaudir.

¿Han visto algunas de estas películas o leído estos libros? ¿Qué les parecieron? ¿Cual les gustaría ver?