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jueves, 18 de julio de 2019

Drama de Época Español: La Fórmula del Juego de Tronos



Más allá de memorias históricas, España se puede enorgullecer de un rico y vetusto pasado que pocas veces se retrata en pantalla. En medio de su experimentación con variadas fórmulas, el period piece ibero no fue ajeno a la influencia de la serie-fenómeno de esta década: “Juego de Tronos”. En vez de dragones, se prefirió apostar a intrigas cortesanas de la historia española. Algunas resultaron obras de arte, otras se quedaron en la estacada.

Moros, Hunos y Cristianos
No fue la saga de HBO la que impulsó por primera vez el interés de la televisión ibérica por lo más recóndito de su historia. En mi recorrido ya he mencionado todas las series que giran alrededor de la Guerra de la Independencia (¿por qué ninguna sobre las Guerras Carlistas?) y a fines de los 70, satisfaciendo ese gusto por unitarios, surgió “El juglar y la reina” una serie de dramatizados sobre la España medieval.

En los 90 hubo dos experimentos muy curiosos. Uno fue la coproducción con la RAI llamada “Réquiem por Granada” que yo creí era algo sobre Federico, pero resultó ser la historia de Boabdil. Mas interesante les quedó el cuento en “Isabel”.

El otro experimentoesta vez una producción franco-españolafue la adaptación de Le revoltes des nonnes (La revuelta de las monjas) de Regine Desforges que se convirtió en la miniserie “La hija de los lobos” (1991). Yo la vi a trompicones, estando ya en Chile y más que nada porque reconocí a mi querida Marisa Berenson.

En la Galia del Siglo VI, una familia de hunos es diezmada por los lobos. Solo sobrevive Vanda (Laure Marsac) que es criada por los lobos con quien establece un extraño vinculo. Vanda es rescatada por Romulfo y su frágil hermano Albino (Edouard Hastings) y llevada al Convento de la Santa Cruz en Poitiers.  La fundadora del convento, Santa Radegunda (Berenson) adopta a Vanda que crece entre monjas sin desear ser una de ellas. Pasan todos los clichés de películas medievales: hay pestes, hay guerras, hay matanzas de judíos, a Vanda la acusan de bruja, etc. Albino estudia medicina con el judío Moisés y se enamora de Vanda.

Cuando Radegunda muere, las monjas se rebelan negándose a aceptar una abadesa impuesta por un hombre (San Gregorio de Tours y este fue un hecho histórico). Finalmente, Vanda y Albino se declaran su amor y se van con Moisés a España. Ese fue el único nexo con España de toda la serie que de todos modos tuvo la gracia de mostrarnos como se vivía en el reino de los francos (cuatro siglos antes de Rollo y Gisela) en la Edad de las Tinieblas.

De Viriato a Alfonso el Sabio
Como ya les he contado, la primera década del Tercer Milenio fue dedicada, en España, a la memoria histórica ósea al Siglo XX. “Águila Roja” sería el primer intento (mal hecho) de viajar al pasado y ver como se podía ser un héroe de comic en el Siglo XVII. Seria en la Tercera Temporada que Antena 3, rival de RTVE, decidió intrincarse por senderos históricos aun no hollados por pies de camarógrafos. Así nació “Hispania: La Leyenda”.

En Bambú, una productora que apenas llevaba cuatro años de fundada, se les ocurrió construir una serie alrededor de Viriato, el mítico líder lusitano que al vencer a los romanos creó un proto héroe español. Solo Antena 3 (que comenzó negándose) aceptó el proyecto. La sorpresa es que tuvo un rating bastante alto. Los motivos fueron los siguientes. Nadie sabía nada de Viriato (Roberto Enríquez) así que el público feliz creía que aprendía historia mirando la pantalla.

Pronto los espectadores se enteraron de que no era así cuando comenzaron a surgir críticas por el poco rigor histórico que afectaba a la serie. La producción apuntaba a un catedrático al que supuestamente pagaban para que asesorara a los guionistas. El pobre hombre admitió públicamente que en un relato de ficción no había mucho espacio para la realidad.
Otra causa de la popularidad de la serie era que los parlamentos de los alzados, y que eran el presentismo mismo, sonaban mitad panfleto anarquista mitad discurso del PSOE, y que Viriato y sus compañeros parecían guerrilleros modernos. No es culpa de ellos, ya en su día Alfonso Sastre comparó a Viriato con El Che Guevara.

A mí, aparte de lo anacrónica y poco histórica que eraa muchos les daba risa que los lusitanos se llamaran “Héctor” y “Darío” me irritaba “Hispania” porque sufría de la misma falla de “Spartacus: Blood and Sand” (a la que imitaba desvergonzadamente). Los romanos, sin excepción de sexo ni clase, eran deleznables. Así no se puede ver algo de manera objetiva.

Ya para la tercera temporada el público se estaba cansando y prefirió irse a ver “The Walking Dead” obligando a clausurar la producción. Pero en Bambú no escarmentaban. El 2012 sacaban un spinoff llamado “Imperium”. Querían usar al villano Galba de” Hispania” y crear una nueva “Roma”. Sus ambiciones no cuajaron y esta espantosa secuela acabó al sexto capitulo.

Ese mismo año, Boomerang que pronto daría una sorpresa con “El tiempo entre costuras” lanza a la pantalla (y realmente fue un impacto por lo mala) “Toledo Cruce de Destinos”. No es una coincidencia que aparezca tras el debut de “Juego de Tronos” y el de” Isabel”.  Es momento de ver como se juega a la intriga en una corte española. Escogieron la de Alfonso X en Toledo y trataron de crear una corte como la de los Baratheon con un magistrado tipo Ned Stark, Rodrigo Pérez de Ayala (Eduardo Farelo) con hija boba e hijo rebelde que se enamoraba de quien no debía (una mora)

Había príncipes a lo Joffrey y a lo Rhaegar ósea megas irresponsables. Mas irresponsables fueron los guionistas que se pasaban la historia por la ingle. Alfonso (Juan Diego) parecía Churchill, más preocupado de ocultar un infarto que de ser “Sabio”. Había estado casado antes, sus nueve hijos se redujeron a dos que alternaban edades y derechos de primogenitura. Y el mayor pecado de Alfonso era … ¡el adulterio! Really? ¿En el siglo XIII? Esto ya no era Cruce de Destinos sino Cruce de Desatinos. 

Pero el mayor error como siempre fueron los anacronismos, comenzando por falsas tolerancias y estereotipados e irreales judíos y musulmanes. Martin (Maxi Iglesias) hijo del Magistrado se enamora de Fátima (Paula Rego) su compañera de aula. ¿Ósea de cuando una doncella musulmana iba a clases en una escuela cristiana en el siglo XIII?  

Espérense que Abraham (Alex Angulo) andaba comiendo en casa de Rodrigo sin importarle los jamones que había en la mesa y las licencias históricas llegaban al punto de decir que la Orden del Temple ya era extinta. ¿Como y a quienes quemaría Felipe el Bello cincuenta años más tarde?

Luego intentaron inventarse un misterio a El nombre de la rosa. Unos insolubles asesinatos en una Escuela de Traductores que señalaban como sospechosos a (¡oh, sorpresa!) a los judíos. Por suerte este enredo solo duró una temporada. Lástima, más merecía Alfonso el Sabio que este cuento que más se parecía a “Águila Roja” y a las” Aventuras del Joven Merlín” que a” Juego de Tronos” o a “Los Tudor”.

Juego de Tronos a la española
Las que si se parecía a estas series iba salir a la luz pública en septiembre del 2012. Creada por Diagonal Tv, la misma de “Amar en Tiempos Revueltos” y “La Señora”,” Isabel” vino a llenar un espacio necesario y a cambiar la percepción de la ficción histórica televisiva. No es que Isabel la Católica no hubiese sido un personaje más de ese género, pero ahora ya no era un apéndice del cuento de Colon y las Indias, ahora era la protagonista de su propia historia.

No es que antes no hubiera historias que tratasen los problemas de la monarquía. Ya vimos el descalabrado retrato de Alfonso El Sabio en “Toledo”, la descripción del rufianesco Felipe IV en “Águila Roja”, y en “La Princesa de Éboli” (2010) vimos un Felipe II bulímico, celoso de una Belén Rueda que solo estaba ahí para quitarse la ropa.

En “Isabel” teníamos un retrato honesto y objetivo de quien la historia santifica a la par de demonizarla. Michelle Jenner me sorprendió, Rodolfo Sancho me quitó todos los prejuicios que tuve contra él anteriormente, la serie me enamoró. Ya he escrito mucho sobre ella, incluso sobre lo que me disgustó, léase lo que hicieron con La Beltraneja. Sin embargo, sigo pensando que fue un acierto genial. Que esas tres temporadas acabaron de convencerme de que en España se puede hacer ficción histórica de categoría.

Debo decir, y esto no es en denuesto de “Isabel”, que esta serie le debe bastante a “Juego de Tronos”, sobre todo en la primera temporada donde Isabel es Reina Mendiga, mitad Sansa, mitad Daenerys, donde Enrique de Castilla pasa a ser Renly, donde se siente la importancia del juego de ajedrez que los reyes practican con piezas humanas. Ya en otras temporadas seguíamos viendo como el juego se ampliaba, la relación de Isabel con sus manos de la Reina, con sus Caminantes Blancos (los moros) y no tendría dragones, pero sus hijos causaban más entuertos que Viserion, Drogón y Rhaegal juntos.

A Isabel la siguió la estupenda “Carlos, Rey y Emperador”. Estupenda porque expandió el Juego de Teonos por Europa, porque lleno el espacio dejado por “Los Tudor” porque nos habló de diferentes reinos, hasta nos fuimos con Hernán Cortes a la Nueva España, pero lamentablemente como ya he dicho en otros posts, en esta gran serie la metida de pata se debió a la pobreza histriónica de algunos actores.

En los últimos años, la serie histórica ha cundido en la televisión española, pero los intentos de darle un rostro autóctono han fracasado. Se involucraron con la BBC para hacer una miniserie sobre Isabel I y Maria Estuardo: “Reinas”. Doblada al inglés, mal actuada, con errores históricos…digamos que “Reign” era mejor.

“Al Final del Camino” quiso desligarse del esquema de “Juego de Tronos” enfocándose en el hoi polloi que construyó la Catedral de Santiago de Compostela. Ósea, querían hacer su propia “Catedral del Mar”. Mejor les hubiera ido si se hubieran enfocado en los juegos de tronos de Alfonso VI y de su hija Urraca de León, un personaje fascinante.

Al parecer el Juego de Tronos se queda en manos de productores anglosajones o alemanes (“Maximilien” fue un buen ejemplo).  Eso si Michelle Jenner dejó la puerta abierta para que otras actrices hiciesen de Isabel la católica. Ahí tuvimos a Alicia Borrachero enlatada en su armadura en “The Spanish Princesss” y Aitana Sánchez Gijón también ciñó corona en “Conquistadores” la miniserie de Movistar que pretendía en ocho capítulos, narrar la epopeya de la Conquista de las Indias.

Movistar es incorregible y el año pasado ya sacó otra parodia de drama de época. Se trata de “La Peste” un cuento de prostitutas y protestantes que batallan inquisidores y la bubónica en la Sevilla del Siglo XVI. Por lo que he visto es un veritable “Lecho de Pulgas” no solo porque los personajes parecen fugitivos de Flea Bottom sino por las pulgas que portan inocentes ratas.  Y esta nueva temporada se enfocan en el hampa sevillana y su mafia “La Garduña”.  Es que el juego de tronos también se practica en las bajas esferas

Yo creo que la televisión española ya ha quedado curada de espantos con eso de jugar a los tronos con piezas sacadas de la verdadera historia peninsular. Por ahora prefiere concentrarse en los period pieces más simples tipo “la Otra Mirada” o el longevo “Secreto de Puerto Viejo”. También creo que en días de Pedro Sánchez no habrá nada parecido a “Isabel”, pero si alguna vez   se llega cambiar de gobierno, les contaría que hay muchos recovecos de la historia española, mucha intriga cortesana que merecen ser convertidos en programa de televisión.

Mis Juegos de Tronos Favoritos
Mi querido Gatito George nos preguntaba por qué no se hace nada sobre El Cid. Pues porque como personaje histórico, Rodrigo Diaz de Vivar, es muy aburrido. En cambio, el del romance, el legendario, ese si merece serie con todos esos mitos que han perpetuado el arte, la literatura clásica y hasta Hollywood: el duelo con el suegro, la Jura de Santa Gadea, los Infantes de Carrión.

Ahí tenemos luchas fratricidas, muchos reyes, muchos juegos de tronos. De Doña Urraca de León se decía que tenía amores con su hermano Alfonso. Ahí tenemos a Cersei. El Cid no peleaba con dragones, pero si con leones que todavía los había en la España del Siglo XII.

Pero si realmente queremos corte, intriga, y reyes que se tambalean en sus tronos o se aferran a ellos., Hace rato que Carlos Hechizado necesita de una reivindicación. Me encantaría conocer su saga, la de sus esposas, su madre, su corte, etc.


Pero el mejor de los juegos de tronos se dio en el Siglo XIX y duró más de cincuenta años. Imagínense una serie que cubra desde la muerte de Fernando VII hasta la Restauración Alfonsina. Ver los escándalos de Isabel II, las Guerras Carlistas, la Primera República y hasta el reinado de don Amadeo que ni castellano sabía. Y si se teme que no haya guionista capaz de dar la talla, agárrense el Ruedo Ibérico de Valle Inclán o los Episodios Nacionales de Galdós. Con esas bases literarias no pueden quedar mal.

¿Y ustedes, qué periodo de la historia de España quieren ver en formato de miniserie?

lunes, 8 de octubre de 2018

Carlos, Rey Emperador: De tal abuela, tal nieto



“Carlos, Rey Emperador”  no es “ Isabel”,  no esperes encontrar en ella lo que encontraste en la serie anterior, aunque si lo encontrarás. ¿Suena a contradicción? Es que la vida de este rey fue todo una contradicción como lo fue su época. Prepárate a entrar en un mundo que es un caleidoscopio de colores, de vestuarios, de nombres históricos,  de villanos y santos. ¿ Qué se puede decir de un relato que salta de la Inglaterra Tudor al México de Cortes?  En donde Francisco I(Alfonso Bassave) juega a los tronos entre lascivia y mendacidad, donde San Francisco de Borja (Víctor Clavijo)ama en silencio a una emperatriz, donde las reinas se embarazan de sus hijastros,  y los emperadores preñan a sus abuelastras.

Interpretado por un excelente Álvaro Cervantes, Carlos aparece primero como un adolescente desgarbado y desorientado, que habla español con fuerte acento alemán y que llega a Castilla a enfrentarse a una corte intrigante y a un país hostil. Lo peor será un encuentro con una madre demente (Laia Marull)cuyo desamor ha marcado su psiquis hasta el punto de que el joven rey teme casarse para no tener un matrimonio como el de sus padres.

Puede que la situación de Carlitos nos recuerde a su abuelita llegada a Segovia dejando atrás una madre orate en Arévalo. La diferencia es que la enfermedad mental unió más a las Isabeles, y la futura reina católica no tenía poder alguno. Carlos tiene todo el Power. El no es Sansa, él es Daenerys y como tal aplasta levantamientos como el de los Comuneros. ¿No es magnífico que una Pacheco sea la lideresa de esos guerrilleros? Pasan los siglos y Los Pacheco siguen picaneando a Los Trastámara-Austria.

En su rol de tirano, Carlos dispone matrimonios a diestra y siniestra principalmente el de su hermana Leonor (Marina Salas) a la que ha separado de su verdadero amor, Federico del Palatinado, para casarla con su tío político el anciano rey de Portugal, Manuel,  el Afortunado (Joan Crosas). Leonor encuentra un poco de felicidad en amores con su hijastro, el futuro rey Juan III (Tamar Novas). Al morir Manuel, Juan hace una oferta formal a Carlos por la mano de Leonor a la que ha embarazado. Pero el rey-emperador ya contempla usar a su hermana como cuerda para amarrar al vejete traidor del Condestable de Borbón (Alberto San Juan).

Aunque tal matrimonio no se lleva a cabo, Leonor dejará en Portugal a su única hija a la que solo podrá recuperar en su vejez. Para mayor oprobio, Carlos casa a su hermanita menor, Catalina (Guiomar Puertas) , con el hombre que ama Leonor. A esta le tiene reservado  un futuro más negro, casándola con su archienemigo, Francisco de Francia, quien cubrirá  a Leonor de humillaciones e indiferencia.

Es admirable que los hermanos de Carlos le tengan tanta lealtad a un tirano que dispone de sus vidas, y la de sus hijos como si fueran marionetas o como si fuera el Tommy Shelby de “Peaky Blinders”. También es admirable del actor que no nos haga odiarlo por esas arbitrariedades. Sobre todo porque él no practica lo que predica. Carlos que llega mozalbete  a Castilla, ya dejó una hija bastarda en Flandes, y a poco de asentarse en su reino,  tiene entre las sabanas a nada menos que a Germana de Foix (Natalie Poza), la viuda de su abuelo.

A pesar de que llegué a  shipear a ese par a rabiar ( a mí me encantan las parejas disparejas) no tenían ninguna oportunidad de ser felices, y eso que tuvieron una hija, Isabel. Yo no tenía ni idea.¡ Las cosas que me vengo a enterar gracias a “Carlos”!

Sin embargo, Carlos casará a su amante-abuela con otro señor y más encima la pondrá de casamentera para que le haga propaganda y reciba a su mujer. Es que a pesar de sus remilgos, Carlos ha de casarse y termina haciéndolo con Isabel de Portugal (Blanca Suarez). Aquí sí que tenemos romance.


Carlos enloquecerá de amor por la primita y le será fiel , en eso es mejor marido que el Abuelito Fer, lo que se traduce en muchos embarazos. Si juzgamos por el retrato que pintó de ella El Tiziano, la Reina-Emperatriz era bellísima. Blanca Suarez no desmerece el papel demostrándonos que Isabel además de guapa, era inteligente, capaz y gentil. La vemos ser una buena regente en ausencia del marido, apoyar los esfuerzos de Fray Bartolomé de las Casas(Oscar Rabadán) por ayudar a los nativos americanos, y hasta provocar la declaración de amor de un santo.

Víctor Clavijo  que tan bien me cayera en “La Señora”, es un San Francisco de Borja adorable. Caballerizo de la reina, se convierte en su más devoto siervo, compañero y consejero y quien la apoya en momentos difícilesel emperador solo viene a hacerle hijoscomo cuando muere el pequeño Fernando.

En la vida real,  San Francisco estaba casado precisamente con una dama de Isabel, pero siempre le tuvo un gran cariño a su reina. Tras verla en el ataúd hizo voto de ingresar a una orden religiosa si enviudadaba. Doña Leonor convenientemente estiró la pata, y tras despedirse de sus ocho hijos, el bisnieto del Papa Borgia ingresó a la Compañía de Jesús. De ahí saldría para la tumba y para luego ser encumbrado en los altares.

Isabel era mujer frágil, anémica, sufría de tercianas y un mal parto se la llevó. Enloquecido de dolor, Carlos decide no casarse nunca más. Aun así, sigue casando hermanas y después hijos. A una hermana la casa con un rey de Dinamarca y no vuelve a verla, a otra la manda a Portugal, a Leonor la tiene como pelota de Castilla a Portugal de Portugal a Castilla, de Castilla a Francia.

A la leal María (Laia Costa)  la manda a Hungría donde pierde un esposo en el campo de batalla y pierde un país. Se aparece en Castilla con los turcos pisándole los talones. ¿Y qué hace Carlos? Ni pasado el luto y ya la quiere hacer reina de Escocia. Si Maria hubiese aceptado ella seria la madre de Maria Estuardo y otro gallo cantaría, pero la reina viuda de Hungría se negó a contraer nupcias de nuevo.

En cambio sí acepta ser regente de los Países Bajos. Una tarea ingrata que cien veces intenta abandonar, pero Carlos, no es tonto, sabe que puede confiar en esa hermana y en su juicio. Carlos usa a sus hermanos como si fueran esponjas de cocina para limpiar todo lo que ve sucio. Su trato del pobre Fernando  alterna humillaciones con desconfianzas y acusaciones, la mayoría falsas. Que los hermanos de Carlos le hayan sido tan leales asombra sobre todo cuando miramos a las cortes de hoy en día donde reina la deslealtad.

Hablando de cortes, Carlos tiene un mapa más grande que el de sus abuelos para esparcir a sus novias reales. Los Reyes Católicos estaban construyendo un reino. Carlos es soberano de un imperio que llega a otras costas y otros continente. A ratos me marea porque de ver a Hernán Cortés peleando con la Malinche pasamos a  Londres donde vemos descrita de manera condensada la tragedia de Catalina de Aragón (Melida Molina) traicionada por su marido, por su hermano, por un Wolsey que parece un tonel forrado en paño carmesí (¿dónde quedaron el esbelto Gorrión Pryce y mi Sam Neill?)

Carlos visita a su tía en Londres, después a tía Margarita (Mónica López) en  los Países Bajos. La conmovedora viuda del Príncipe Juan en “Isabel” y  la comprensiva cuñada de Juana la Loca en  “La Corona Partida” ahora rige lo que  es Holanda y Bélgica, en una corte famosa por su erudición (ahí se educó Ana Bolena) que luego heredará su sobrina Maria.  Margarita además le hace a la política y junto a Luisa de Saboya traen paz que sus alborotados parientes insisten en quebrar.

Luisa de Saboya, hermosamente interpretada por  Susy Sánchez, es quien nos guía por los recovecos de la corte francesa donde manda su hijo Francisco I. En “Los Tudors” y “Wolf Hall” Francisco era un traicionero y manilargo truhan. Aquí es más o menos lo mismo, lo vemos cambiar de amante y esposa, ser mecenas de Leonardo,  y complotar y traicionar a granel.

El pobre Carlos ya no sabe quién es su peor enemigo: ¿El rey francés, el turco o los hombres que ha enviado a conquistar unas Indias que no lo son?  Finalmente reconoce que no se la puede con el imperio, se lo deja a Fernando, (Eric Balbas) su hermano antes que agobiar a su inexperto hijo con responsabilidades imposibles de cumplir.

Lo mejor de “Carlos” es que no solo nos quedamos con esa imagen de un rey cansado, harto de su empleo, jubilándose al monasterio de Yuste a seguir sufriendo de una gota que le impide caminar (aun así siguió consumiendo alimentos a los que era adicto como el arenque y las anchoas, ricos en sodio). No, también vemos la juventud de su hijo, el otro gran rey de ese siglo.

A Felipe II (Marcel Borras)lo hemos conocido como un gran villano en todas esas sagas isabelinas. Hace una década,  lo pusieron como un memo manejado por el secretario, y obsesionado con Belén Rueda en “La Princesa de Éboli”.  Digamos que Felipe era eso y mucho más. Lo vemos atrevido cantándole las cuarenta al padre, y delante de los cortesanos, cuando el emperador lo conmina a abandonar a su amante,  Isabel Osorio.

Como le recuerda Felipe a su padre el desciende de una larga dinastía de hombres ojialegres y adúlteros. Lo de Isabel durará hasta el tercer matrimonio de Felipe , esta vez con Isabel de Valois (que para nada se parecía a la Leeza de “Reign”), pero eso no alcanzamos a verlo. Si conocemos ese primer matrimonio obligado de Felipe con su prima Maria Manuela de Portugal (Itxaso Arana), a la que ni en el lecho de muerte podrá tratar sino con frio respeto.

 Luego, Felipe se convierte en Rey de Inglaterra cuando se casa con su tía Maria Tudor. Los Tudormaniacos estamos de placem. Sin llegar al panegírico que Michael Hirst hiciera de nuestra Lady Mary, “Carlos” trata con respeto, objetividad y veracidad, sin caer en caricaturas, a la pobre Bloody Mary (Angela Cremonte)y a su relación con su esposo.

Felipe, indirectamente, provocará preocupaciones a su padre sobre la sucesión. Oficialmente, el heredero es su único hijo varón Carlos (Marc Abella), pero este chiquillo es una bestia, loco, enfermizo y maleducado. Se atreve a acusar al abuelo de cobarde y es altanero con Francisco de Borja.

Tanto el santo como el emperador no pueden evitar compararlo con el noble y comedido Don Juan de Austria (Marcel Villaespesa), el hijo ilegitimo de Carlos. La idea de legitimar al bastardo y hacerlo rey rondó la cabeza del emperador y también la de muchos hasta que Felipe II solucionó el asunto casándose dos veces más procreando una tracalada de hijas y finalmente al futuro Felipe III. Pero eso no ocurrirá en esta serie que acaba con la muerte de Carlos en 1548.

En comparación con “Isabel”, la saga de  un nieto le gana en fastuosidad, escenografía y vestuario. Es realmente dinámica en ese saltar de reino en reino, continente a continente. A muchos les mareará tanto cambio y confieso que a mi me interesaba mas el juego de tonos europeo que la visión de la Conquista. Hay una sola cosa que afea a “Carlos, Rey Emperador”,  la desigualdad actoral.

 En “Isabel”, todos desplegaron unas dotes histriónicas soberbias. A mí me ganó Rodolfo Sancho, al que hasta entonces había despreciado como actor. No ocurre lo mismo en “Carlos”. No tengo quejas de Álvaro Cervantes, ni de Blanca Suarez que se ve mejor actriz que en “Las Chicas del Cable”, pero el rey francés que anda dando saltitos como bailarín de ballet y el pobre Eric Balba. Amo a Fernando, ¡ pero que actor tan infame! Cada vez que abre la boca parece un nene declamando una poesía el día del cumpleaños del director de su escuela.

Aun así, esos son bemoles superables, en cambio perderse esta serie de lujo es pecado para los amantes del genero histórico, del period piece y para todo Tudormaniaco que se respete. Ahora tienen la oportunidad , los de la unión americana, de verla por UnivisionNow.