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jueves, 21 de mayo de 2020

Mujeres Rapadas/Esposas Frustradas: Unorthodox vs Judaísmo



Tras cuatro horas de “Unorthodox”, nos queda la impresión de que Esty es víctima de un culto que la obliga a raparse, casarse con un desconocido y sufrir una vida sexual de pesadilla. Tragedias evitables si hubiese poseído más experiencia o se hubiese casado por amor. Como la experiencia sexual no nos evita tropiezos en esa zona, como casarse por amor no implica una vida sexual plena, y como el judaísmo (contrario a lo que nos presenta la serie) no es anti placer físico, es hora de completar la inconclusa y torpe lección que la serie nos ofrece sobre el romance, sexo y la vida íntima de los ultraortodoxos.

El Sex Appeal de la Mujer Calva
Voy a comenzar con lo que más shock ha provocado en una audiencia para quienes los Satmar se han convertido en Caminantes Blancos, entes ayer desconocidos, hoy vistos como peligrosos para la sociedad. Me refiero a la tradición de rapar a la novia antes de la noche de bodas. Creo que un motivo para el escándalo es que, a través del proceso, Esty llora como magdalena.

Esto ha provocado la molestia de mujeres Satmar (las que tienen acceso a la miniserie) y de ex Satmar, puesto que se trata de un rito de pasaje al que todas las chicas de la comunidad se someten e incluso acogen con entusiasmo porque las convierte en ‘señoras casadas”, en adultas que merecen más reconocimiento que las solteras. Algo así como los chicos musulmanes que han esperado siempre a su doceavo cumpleaños para pasar por una circuncisión que les da el estatus de un adulto.

¿Si una chica vive en una sociedad donde todas las mujeres se rapan, por qué va a llorar el día que le toque a ella? Esa es una pregunta que debemos hacernos, y la respuesta es que Esty es diferente, tal como lo era Deborah Feldman que al segundo año de casada dejó de afeitarse el cráneo. Pero yo quiero volver a la ira hipócrita de un público que se olvida de en qué mundo vive. Para mí, que crecí con imágenes del movimiento punk, de Sinead O’Connor, de “Alíen Nation”, una mujer rapada solo indica que está siguiendo una moda.
Sinead O'Connor

Hace dos años, me alejé de Twitter, harta de mensajes militantes que me eran ofensivos. El último y más molesto era un montaje de mujeres calvas con un cartelón que decía “Las mujeres verdaderas se rapan”. Después me explicaron que era un anuncio en apoyo a la humillación que significa para las pacientes de quimioterapia perder su pelo. Sin embargo, y lo demuestran estos videos de este año, el trend de la cabeza rapada femenina continua y entre mujeres de todas las nacionalidades incluso las latinas.

Esto me recuerda esa escena icónica de Viola Davis en “How to Get Away with Murder” donde, como parte de su rutina de belleza nocturna, se quita la peluca y vemos que no tiene cabello. Esta imagen ha sido descrita e interpretada de muchas maneras desde que es un ejemplo de sensualidad hasta que se trata de un rechazo de conceptos eurocentristas de la belleza femenina. Tener el cabello largo, o simplemente tener cabello se convierte en un ejemplo de adhesión a cánones de belleza patriarcales y caucásicos, además de ayudar a discriminar a las que no poseen melenas largas y frondosas.

Creo que todas las bellezas de Hollywood en este siglo se habrán rapado para algún que otro rol. En los últimos Oscares la moda fueron cabellos muy cortos, en estilo pixie, que se consideran más sanos y económicos ya que para mantener el pelo largo hay que invertir en una cantidad de productos de belleza caros y nocivos para el medio ambiente. Les dejo una escena de Natalie Portman en “New York, I Love You” para demostrar mi tesis de que la mujer calva puede convertirse en un objeto erótico.

¿Es obligación raparse el cabello?
A propósito, el personaje de Nat dice que ha preferido raparse antes de la boda y no al final de esta. Eso es posible puesto que no es un mandamiento religioso sino una costumbre que se “sacralizó” convirtiéndola en parte del ritual matrimonial de las mujeres Satmar. ¿De dónde nace esta costumbre?

Hay muchas interpretaciones, un profe de antropología me dijo que era posible que en ghettos y shetls (aldeas judías) de la vieja Europa, al no haber condiciones muy higiénicas, muchas mujeres desarrollaban tiña y hasta piojos, así que el rapado era una necesidad. En estos tiempos yo he oído desde que es más fácil mantener el cabello cortísimo, que es más fácil encasquetarse una peluca cuando el cráneo está liso, y, mi favorita, que es más útil para el Mikvah, el baño ritual del cual hablaré en un momento.

El rapado se ha vuelto una costumbre semi obligatoria para toda novia Satmar, pero sabemos que no lo es para esposas ultraortodoxas. Lo sabemos porque vimos el cabello (albeit corto) de Rachel McAdams al quitarse la peluca en “Disobedience””. Y porque vimos a Elisheva despojarse de la peluca en ‘Shtisel”.
Esty (McAdams) con  su amante, con su marido y con peluca

Esty sin peluca

En una escena cargada de erotismo (y en una serie donde hay total ausencia de sexo) Elisheva se quita su sheitel (peluca)para mostrarle a Akiva su canas y disuadirlo de casarse con ella. Para Akiva es como si le hubiese mostrado un seno, enardece aún más su pasión obsesiva por la viuda. La escena sirve para reafirmar el cabello como icono erótico (y mágico) en la imaginación judía, pero también demostrarnos que no todas las mujeres ortodoxas se rapan.


Luego tenemos una escena de los Weiss a punto de acostarse. Ante el espejo, Gitti se quita la peluca y vemos que su cabello es tan largo que lo usa recogido en un chignon. Pero inmediatamente se encaja uno esos horribles gorros de fieltro (“gorra de pitufo” los llamaba mi ex cuñada) para meterse en la cama. Y yo quedé boquiabierta porque esa costumbre (recordemos los turbantes de Esty) demuestran la exageración del cumplimiento de una ley hasta el punto de tergiversarla.
Gitti con peluca

Lo que esconde su peluca

La Mishnah (ley judía) especifica que algo tan bello y erótico como cabello debe ser guardado solo para ser exhibido en la intimidad, a familia y marido. Entonces es un absurdo cubrirse la cabeza en los momentos íntimos. ¿Por otro lado, si se ve el cabello como algo “impúdico”, cómo se explica que las chicas solteras no se cubran?  En “Shtisel” hemos visto una variedad de jovencitas ir por la calle luciendo su lindo cabello sin que nadie se escandalice. La misma Esty tenía el cabello largo y rizado antes de casarse.
Akivah y sus novias de largos cabellos: Batiah

Esty Gottlieb

La Prima Libby

Es difícil separar ahí costumbre de ley. Sabemos que en la Biblia las mujeres cubrían su cabeza, pero así lo hacían todas las mujeres en el mundo antiguo antes de salir de su casa. Aquí un artículo en español de Jabad.org que explica el tema.

Hasta los Años 50, la mujer occidental respetable se ponía sombrero para salir a la calle y no sé en qué momento dejaron las cristianas de usar velo para ir a misa, así que a nadie le sorprendía que, públicamente y para cumplir con deberes religiosos, las judías se cubrieran la cabeza. Tal como hoy ortodoxas modernas se ponen sombrero para rezar. Aquí vemos a Ivanka con sombrerito rezando ante el Muro de los Lamentos.

Lo de la peluca es otro cuento. En tiempos bíblicos ninguna judía hubiese osado raparse y ponerse peluca porque eso lo hacían las egipcias, muy mal miradas en el mundo hebreo. La idea de usar peluca se puso de moda entre las judías europeas en el siglo XVII, y fue muy perseguida por los rabinos porque la veían como una forma de “modernismo” y de adoptar costumbres de gentiles.

Hasta hoy muchos rabinos jasídicos miran feo lo de las pelucas porque lo ven como una forma de vanidad. Eso se debe a que en el mundo ultraortodoxo muchas mujeres se han convertido en exitosas empresarias gracias al negocio de la fabricación de pelucas, y vale decir que hay pelucas en el mercado ultraortodoxo que de verlas ya se antoja raparse y ponérselas. Como las que nos muestra Sarah Mintz (a la que un día conocimos como Maritza Rodriguez)
                                         
En mi época, todavía no existían estas pelucas tan atractivas. Donde las judías casadas desahogaban su vanidad era en los sombreros. Ir a la sinagoga en sábado o días de fiesta para mí era una ocasión de devorar con la vista los desfiles de moda sombrerera que se daban en la sección femenina. Aunque para algunas más modernas el sombrero bastaba, otras combinaban sombreros con peluca. Algo que veo todavía se conserva en las comunidades europeas como vemos en esta boda de jasídicos belgas.

El Baño Ritual no es un Acto de Aseo
Dejando establecido que no es obligación para una judía religiosa ni raparse, ni usar peluca, pasemos al otro punto espinoso que nos muestra “Unorthodox” sobre las novias/esposas judías: el baño ritual o Mikvah, el concepto de impureza asociado con la sangre femenina y los días tabú para no tener sexo. Aqui dejo un clip de una serie de videos que Ophra Winphrey filmó durante una exploración del mundo jasídico.


En tres palabras, el baño ritual consiste en que la mujer (estando completamente desprovista de toda “barrera “desde esmalte de uñas hasta dentadura postiza) se sumerge totalmente, hasta la raíz del cabello, tres veces en una piscina de agua pura y luego dice una braja (bendición). Eso es todo.

Por eso quítense de la cabeza la idea de que el Mikvah es un acto de aseo personal, que gente sucia (el Mikvah es obligatorio para hombres y mujeres solo que los motivos varían) se “limpia” en esa piscinita. El Mikvah es un acto espiritual que no tiene que ver ni con cochambre ni con hediondez.

El Mikvah es parte de lo que se conoce en el judaísmo como Leyes de Taharat Ha Mishpahha (Pureza familiar) y leyes de Niddah que vienen de tiempos antiquísimos. En el Antiguo Testamento hay descripciones de mujeres sumergiéndose en ríos o en piscinas de jardín (El Libro de Judit, El Libro de Susana) para cumplir con el ritual, y el rey David se encaprichó con Betsabé al verla en su Mikvah privado en el tejado de su casa.

Hay arqueólogos que cuestionan la antigüedad del Mikvah porque no lo han encontrado en las ruinas de edificios antes del primer siglo pre era cristiana.  Eso es como si un arqueólogo del futuro determinase que la gente del siglo XX era analfabeta porque no tenía Kindle. Desde que el Levítico nos ordena a hombres y mujeres someternos a abluciones rituales que se usaban mikvoth naturales: ríos, manantiales, lagos y el mar. Los adinerados tendrían pozos para reservar agua de lluvia en sus jardines y gozarían de baños privados.
                                            Mikvah natural en Ecuador

Para el nacimiento de Cristo, existían en toda Judea mikvoth públicos.  Cuando los católicos celebran la Candelaria están celebrando el final de la cuarentena de la Virgen Maria marcado por su inmersión en un baño ritual. Aun después de la destrucción del templo, aun en la Diáspora, la purificación ritual siguió siendo primordial para los judíos. El Mikvah más antiguo de Europa es el de Siracusa en Sicilia y data del siglo VII. El más antiguo de America es el de Baltimore construido antes de la Guerra Civil y en 1998 se descubrió en el sector histórico de Salvador en Bahía, un Mikvah clandestino del siglo XVII que demuestra la existencia de cristianos nuevos judaizantes en el Brasil Colonial.
Mikvah clandestino del Brasil Colonial

Es esa continuidad, esa importancia, esa cadena histórica lo que me acerca al Mikvah. Para los varones la inmersión ritual es uno más de los muchos mandamientos que deben cumplir, para nosotras es una de las tres obligaciones femeninas (junto con el encendido de velas y la quema del diezmo) que nos ordena la Torá.

Conscientes del inmenso trabajo que engendra ser esposa, madre y pilar del hogar, los rabinos talmudistas liberaron a las mujeres de muchos mitzvoth. Es por eso por lo que el judío diariamente reza una oración donde agradece no ser mujer, porque a) tiene más mandamientos que cumplir y b) no tienen esas obligaciones tan pesadas que recaen en la mujer como custodia de la armonía doméstica y creadora/criadora de los hijos.

Abstinencia y Leyes de Niddah
Es por eso por lo que, aunque nunca me he casado, he mantenido las leyes de la pureza familiar dentro de mi vida sexual e incluso he ido al Mikvah (aquí, no en Chile donde solo hay tres y están solo en Santiago). Sin embargo, cuando estaba en la escuela le tenía terror al cuento del rapado (hasta que me explicaron que eso era solo para las Satmar) y el baño ritual. Curiosamente, nunca se me hizo difícil la idea de que tendría que pasarme dos semanas al mes en abstinencia sexual.

Ni en el libro ni en la serie “Unorthodox”, a las protagonistas parecen preocuparles la abstinencia, debido a que le temen más al torpe y doloroso coito que le imponen los maridos. En su libro, Deborah Feldman cuenta lo feliz que está su marido al saberla encinta porque ahora si no tienen que preocuparse de Niddah, pueden tener todo el sexo que deseen. Algo que no pone muy contenta a Deborah y, sin embargo, es precisamente la imposición para no tener sexo durante el periodo menstrual de la mujer lo que indigna y escandaliza a los contrarios al judaísmo. A proposito muchos terapeutas sexuales y sicólogos encuentran que la abstinencia sexual por un determinado tiempo es un gran afrodisíaco.

Según el Levítico, la esposa debe guardarse de tener relaciones sexuales durante los siete días en que dura su menstruación, tras lo cual debe someterse a un baño ritual antes de reanudar su vida de pareja. Sucede que los sabios del Talmud descubrieron que había mujeres cuyas reglas duraban más que una semana, por lo que instituyeron cinco días extras. He ahí la castidad forzada de los doce días mensuales. Esto se aplica nada más que a la mujer fértil casada, pero no significa que las solteras por vírgenes que sean no cualifiquen como Niddah y de eso deriva el “Neguia”, la distancia social entre sexos que impera en el judaísmo ultraortodoxo.

Unos días antes del matrimonio, la novia va al Mikvah que ahora ocupa un edificio especial dentro de la comunidad. Después de la zambullida, ella ya no es Niddah y puede tener relaciones sexuales. De ahí en adelante ella irá todos los meses acabado su periodo menstrual. El Mikvah también es utilizado después de la cuarentena post parto y nuevamente marca la reanudación de la vida sexual de una pareja.

No todos los motivos para usar el Mikvah son fisiológicos. El baño ritual es un requisito para convertirse al judaísmo y se aplica a ambos sexos. Lo mismo ocurre con la ida al Mikvah antes de Yom Kippur algo que hacen hombres y mujeres. En “A Place to Call Home”, la heroína usa un rio australiano como Mikvah antes de Yom Kippur, provocando el escándalo del pueblito donde vive.
Un rio australiano como mikvah natural

Lo que necesita Sarah Addams en Yom Kippur

Inicialmente, las ramas liberales del judaísmo, Reformismo y Conservatismo despreciaron tanto Niddah como el Mikvah considerándolos resabios de una religión anticuada, superfluos y sexistas. Por suerte, en este siglo han recapacitado y visto todo ese conjunto de leyes como dotado de una gran carga espiritual al igual que han notado su mérito en la práctica femenina del judaísmo.

Hoy tanto las rabinas como sus feligresas usan el Mikvah como un rito de pasaje para un sinnúmero de eventos, algunos asociados con causas fisiológicas (menopausia, aborto espontaneo, cura de cáncer) otros con traumas (violación, aborto provocado, divorcio). Las parejas lésbicas van al Mikvah y es usado para marcar un nuevo principio para los que han cambiado de sexo. Esta nueva importancia del ritual aleja esas erradas connotaciones de “suciedad” que han sido vinculadas por la imaginación popular (y no solo la judía) a las reglas femeninas.

Cuando en “Unorthodox”, Yanki pregunta a Esty “si ya estás limpia” (léase fue al Mikvah) está demostrando una ignorancia heredada posiblemente de su madre. Muchas mujeres son las propagadoras de esa imagen de mujer menstruante como sucia. Mi madre tenía un problema atroz con sus periodos y peor con los míos. Ella me decía que “yo estaba sucia” pero el baño ritual no higieniza puesto que debe llevarse a cabo cuando la mujer está totalmente limpia de cualquier impureza física, o sea mugre y sangre.


El Mikvah-Spa
Una se pasa más tiempo aseándose en preparación del baño que en este. La preparación comienza en casa, a pesar de que es obligación bañarse en el mismo edificio del Mikvah, pero para evitar pérdidas de tiempo mejor adelantar en aspectos como rasurado o depilación. Se aconseja ir sin maquillaje y sin esmalte de uñas. Agreguémosle con uñas cortitas. Mi primera Dama del Lago (así llamaba la Rebbetsin Blu Greenberg a las mujeres que atienden a las bañistas en los mikvoth) armó una pataleta por el largo de las mías.

Ya limpia (o creyéndose limpia) llegas al edificio y tras una breve espera pasas a un baño privado con tina y ducha, lavamanos y todo tipo de cosas útiles. Mi método de evaluación de un Mikvah era el nivel “spa” del lugar. Un buen local provee de batas o toallas albas y de buen olor (una puede llevar las propias), zapatillas desechables, pasta de diente cepillo, peineta, shampoo, acondicionador, jabón líquido, cepillo, lima de uñas, e hilo dental. Todo nuevo, todo te lo puedes llevar. Ya con eso una se jabona, se refriega, se saca la cera de los oídos, las lagañas de los ojos y se quita todo:  joyas, pupilentes, dentadura postiza hasta parche curitas.

Con el cabello lavado y desenredado, y en bata, tocas un timbre. Viene la dama del lago, y te revisa para asegurarse que estas lista, te escolta hasta otro cuarto que es la piscina, y te espera con tu bata en mano hasta que te zambulles asegurándose que lo hiciste bien y que no dejaste ni un bucle sin remojar. Después te acompaña de nuevo al otro baño para que te vistas y te seques el cabello. Yo estuve en un sitio tan VIP una vez que hasta ofrecían (pagados) servicios de peluquería y una manicurista.
El mikvah en Unorthodox

Yo nunca fui al Mikvah en condición de kala (novia). Mis amigas ortodoxas me rogaron que fingiera ser “casada vieja” y que me abstuviera de ir a vecindarios ortodoxos donde pudiera ser reconocida, además donde las damas del lago se toman atribuciones con jovencitas inexpertas (como la que describe Feldman en “Unorthodox”) y terminaban bañándolas. Eso vimos en “A Price Above Rubies” donde Renee Zellweger recibe un baño a lo Cleopatra.


¿Si entonces una entra al Mikvah super mega limpia qué impurezas se desvanecen con el baño ritual? No voy a meterme a explicar antropológicamente los tabúes de la sangre menstrual que han existido no solo en pueblos primitivos sino en toda sociedad y hasta hoy en muchas religiones. La Iglesia Ortodoxa Rusa todavía prohíbe a las feligresas comulgar estando en sus días, las mujeres hindúes y budistas también cuidan su mes y se abstienen de actividades religiosas y domésticas durante ese tiempo. En el Islam se permite a la mujer ir a la mezquita, pero si se la exime de ayuno.

El miedo o respeto que ha provocado la menstruación en el mundo desde la antigüedad no tiene que ver con que en esos días la mujer esté más cochina o maloliente. Por el contrario, se la ve como peligrosa, como poderosa, como mágica. Eso es lo que intentó hacernos ver “Freud” con esa vinculación del resurgimiento del poder de la Taltos Fleur cuando está menstruando.

Si se habla de impureza es porque la mujer no está en su estado normal. El hombre según el judaísmo debe ir al Mikvah porque esta impuro por pecados, por contacto con muertos, por enfermedades, incluso por eyaculación involuntaria. En la mujer es diferente porque la pérdida de sangre la hace distinta, la convierte en una fuerza viva natural, la fuente de la vida.

Sexo Kosher
De ahí viene la abstinencia sexual durante la menstruación (que estudios médicos han asociado con la baja tasa de cáncer cervical entre judías ultraortodoxas). Pero fuera de ella, el sexo es algo que el judaísmo celebra. A raíz de” Unorthodox” han surgido expertos que salen conque el sexo entre los judíos observantes es tan puritano como lo muestra la serie. Incluso he oído rebuznos de que entre los ultraortodoxos solo se permite la postura misionera y el sexo está circunscrito a la noche del viernes. Oy, Oy, Oy!

Aunque se considera un mItzvah hacerlo en Shabbath, el sexo puede practicarse todos los días de la semana (con excepción de Yom Kippur, Tisha b’Av y otros días de ayuno) en cualquier horario. No hay límites para posiciones, si se es ágil se pueden explorar todas las posturas del Kama Sutra. Con excepción de prácticas muy exóticas (léase tríos, zoofilia, lluvias doradas) se puede hacer de todo en la cama. Y hasta hay tiendas en Israel para vender juguetes sexuales a parejas ultraortodoxas. ¡Verdad de D-s!

Sin embargo, hay veces que el sexo está vedado y que no tiene que ver ni con fechas de calendario, es cuando la mujer no quiere. Aunque el que alguno de los esposos se niegue a proveer satisfacción sexual como manipulación es causal de divorcio en el judaísmo, está prohibido obligar a la esposa a cumplir con su deberes conyugales si está cansada, enojada, borracha o simplemente no le apetece.
Mayor razón en el caso de Esty puesto que le es doloroso. Si no me creen vean lo que dice este rabino jasídico y como en el Talmud se llama “Hijos de Violación “a los engendrados a regañadientes.


El Talmud es muy claro, el placer de la mujer viene antes que el del hombre. Los médicos victorianos heredaron de los talmudistas la idea errada que era imposible la concepción sin existir de por medio el orgasmo femenino. Si quieren enterarse de la importancia del placer sexual en el judaísmo leánse los libros del Rabino Shmuley Boteach, o alguno de los muchos artículos sobre el tema en Jabad.org o si desean algo más intelectual léanse La epístola sagrada de Nahmanides uno de los grandes talmudistas medievales. Se cree que el filósofo catalán lo escribió para ayudar a su hijo en la noche de bodas de este.


¿Entonces cómo se explica la desastrosa vía sexual de Esty y Yanki en “Unorthodox”?  Por un lado, el absurdo puritanismo que parece regir en el mundo ultraortodoxo y que trasciende las reglas del recato y privacidad que el buen gusto exige para tratar temas sexuales en el mundo judaico. No puedo decir que sea la ausencia de clases de educación sexual puesto que hay un auge de disfuncionalidad sexual en todo Occidente y no lo podemos culpar ni en comunidades cerradas ni en religiones represoras. 

La mayoría de las chicas ortodoxas aprenden sobre sexo de sus madres, abuelas, tías, primas y compañeras. En un mundo en el que los embarazos y partos son pan de cada día, es imposible no enterarse de temas fisiológicos y sexuales. Nuevamente, entra en juego la orfandad de Esty, su falta de apoyo familiar.

En el caso de Yanki no sé qué decir. He conocido tantos chicos y hombres como él y no necesariamente judíos ortodoxos. Se les encuentra en el mundo evangélico, católico, en nuestras comunidades latinas e incluso en la islámica. Recordemos que en el libro el vaginismo de Deborah es exacerbado por la incapacidad de su marido de mantener una erección. Ahí existe un problema en ambos cónyuges.

El conflicto yace no solo en la ausencia de información sino también en la desinformación. Quienes deben guiar a los futuros esposos, los famosos maestros de Kalas y de Josón (novio) son tan ineptos y crípticos como la que aparece en “Unorthodox”. A juzgar por la alta fertilidad de las jasídicas, no todos los guías son tan torpes, y casos como el de los Shapiro son poco comunes. Aun así, debería haber más preparación de parejas, menos intromisión de grupos controladores y represores que aun los detractores de “Unorthodox” reconocen.

Una Jasidica que lo Tiene Todo
Michal Lashansky en The Times of Israel ha confeccionado una lista para las maestras de kallot, partiendo de la base de que son ellas quienes deben evitar que la consumación de un matrimonio se convierta en una pesadilla como ocurrió con Esty/Deborah. Por otro lado, la jueza Ruchie Freiberg ha hablado de “grupúsculos de extremistas fanáticos” que controlan a una comunidad de gente “benévola, compasiva y  cariñosa”. Cundo escribió esa crítica del libro de Deborah Feldman, Freier era abogado. Desde el 2016 es jueza de la Corte de Brooklyn. La primera jueza jasídica de la historia de Estados Unidos y posiblemente la primera jasídica en ocupar un cargo público.

Hace unas semanas, la Reina Estelwen me preguntaba qué tipo de mujer puede ser feliz dentro del mundo de reclusión y segregación de los jasídicos. ¿Realmente puede una mujer ser feliz en un mundo que la obliga a usar peluca, que regula su vida sexual? Hoy puedo presentarle un ejemplo puntual.

Rachel “Ruchie” Freier nació en una familia jasídica de Borough Park (Brooklyn). Tuvo una infancia totalmente típica de chica ultraortodoxa, a pesar de que dice que la dejaban leer. Confiesa hacer sido fan de Louisa May Alcott y Jane Austen, tal como Deborah Feldman. Esto puede deberse a que Ruchie estudió en la progresiva escuela para niñas judías Bais Yakov (tal como Feldman, aunque ahora pretenda no recordarlo).

Fue en su último año en la academia que Ruchie comenzó a tomar cursos de estenografía y decidió prepararse para ser una secretaria legal. Actividad que desempañaría por más de una década. A los 19 años se casó (matrimonio arreglado, por supuesto) con David Freier un jasídico de la secta Bovor. Como David quería dedicarse a estudiar los textos sagrados, fue Ruchie la que mantuvo la familia saliendo a trabajar y atendiendo la casa y a sus tres hijos.

Cuando David acabó sus estudios rabínicos decidió que quería ir a la universidad para poder dar a su familia un mejor pasar. Cuatro años más tarde, luego que David obtuviera un título en contaduría, los Freier sorprendieron a sus familias con el anuncio de que Ruchie se había inscrito en la universidad judía de Touro.  De ahí saldría con un título en ciencias políticas Durante sus cuatro años de estudio Ruchie aumentó la familia con un nuevo bebé.

Ahí no terminaron los estudios de Ruchie que se enroló casi inmediatamente en la Facultad de Derecho de Brooklyn College. A pesar de que, conocidos, amigos y hasta parientes no creían que una jasídica fuese a tener clientes, con el apoyo de su esposo e hijos (a los que se agregarían otros dos más) Ruchie se graduó en el 2005, hizo su práctica en el bufete de Hilary Clinton (La jueza es demócrata como la mayoría de los jasídicos) y en el 2006 pasó su examen de la barra de abogados.

Irónicamente, sus primeros clientes fueron judíos Satmar que necesitaban de un abogado que hablase yiddish y que sirviese de embajador diplomático ante los tribunales seglares. Ruchie ha sido un puente humano, explicado al mundo legal las “excentricidades” de la comunidad y asesorando a los Satmar sobre el sistema de leyes estadounidense.

Aun antes de su nombramiento a la Corte Criminal, Ruchie había estado militando en otras causas que benefician a la comunidad jasídica. En el 2005 fundó Chasdei Devorah, una organización para ayudar a familias jasídicas de bajos recursos. Preocupada por el alto número de suicidios entre adolescentes de la comunidad, en el 2011 creó B’Derech, una fundación para ayudar a jóvenes con problemas y de familias disfuncionales. Esto la ha hecho entender a gente como Deborah Felman y otros que quieren alejarse de este mundo que los hace infelices. También ha sido elocuente en su denuncia a la poca ayuda que reciben las víctimas de abuso sexual dentro de la comunidad.

Su mayor logro fue la organización del servicio de ambulancias y paramédicas Ezrah Nashim. Esto como respuesta a la política de Hatzolah, el servicio de ambulancias que atiende a pacientes judíos de no contratar mujeres. Para Ruchie era escandaloso e iba en contras de las reglas de modestia judías que accidentadas, parturientas y otras pacientes fuesen manoseadas y atendidas por varones. Ella misma cursó un programa de entrenamiento para certificarse como paramédico.

Es fascinante que esta abuela de 55 años y que mide apenas un metro sesenta centímetros de estatura, pueda equilibrar el llevar un hogar tradicional y ortodoxo, la crianza de seis hijos (dos de los cuales ya se casaron) su puesto de jueza y todas estas otras actividades. Pero lo más fascinante es que Ruchie (que no se considera feminista) lo hace todo sin salirse del marco de reglas que gobiernan a las mujeres jasídicas y a las ultraortodoxas y eso incluye su peluca, y su adhesión a las Leyes de Pureza Familiar.



domingo, 3 de agosto de 2014

Los hombres que no amaban a las mujeres: Los protagonistas de “Masters of Sex” y “Mad Men”


Lo mejor de la cosecha televisiva del 2013 lo pusieron “Sleepy Hollow”; “Ray Donovan”, y “Masters of Sex”. La última ha iniciado una segunda temporada en los Estados Unidos que debutará en HBO Latinoamérica este mes. “Masters of Sex” es una cajita de sorpresas y virtudes insospechadas. El que tenga lugar a fines de la década de los Cincuentas, la acerca un poco al gran éxito de la AMC, “Mad Men”, pero las similitudes no acaban ahí. Ambas series tienen protagonistas  bastante arbitrarios con lo que entonces se conocía como “sexo débil”.

La primera temporada de “Masters of Sex” sorprendió a más de un espectador, incluyendo a Servidora, por presentar de manera comedida, interesante y hasta sensible, un tema que invitaba a la chabacanería. Se  trata de una adaptación muy libre del libro de Thomas Meier sobre el célebre equipo de sexólogos Masters y Johnson. La serie describe el encuentro entre quienes se convertirán, ya en la primera temporada, en colaboradores y amantes.

En la St. Louis de 1959, el eminente médico William Masters (Michael Sheen) contrata como secretaria a Ginny (Lizzy Caplan), divorciada y madre de dos hijos. Poco a poco, la inteligente, audaz e independiente Mrs. Johnson irá involucrándose y haciendo suyo el atrevido, e inconcebible, proyecto del ginecólogo-obstetra que busca develar los motivos y reglas que gobiernan el comportamiento sexual humano.


El hecho de que esto ocurra a fines de los puritanos Años 50, y que Masters utilice la observación (y filmación) de sus conejillos de Indias en plena faena, otorga un toque picante y arriesgado a un experimento que la comunidad científica no verá con buenos ojos El punto máximo del espíritu aventurero de los investigadores llega cuando médico y secretaria comienzan un affaire, a la vez que estudian y  documentan sus tórridas sesiones eróticas. Eso a pesar de que Masters es casado, y Virginia mantiene un romance con otro médico de la misma Washington University  donde trabajan los amantes.



Las dos corrientes que  dominan la sociedad occidental del Siglo XXI son el sexo y el consumismo. Con eso ya tenemos un puente entre “Masters of Sex” y  el apasionante retrato de los inicios del mundo publicitario llamado “Mad Men”. Ambas series comienzan en 1959, el final de una década donde el sexo todavía era tabú, donde los géneros estaban  encasillados, y donde visionarios, a veces poco escrupulosos, parecían dispuestos a revolucionar el mundo fuera a través de la medicina o de la publicidad.

Ambas series grafican la desigualdad entre los sexos en la mitad del Siglo XX, pero sus personajes femeninos no se quedan en clichés de victimas silenciosas.  Peggy Olsen (Elisabeth Moss) de “Mad Men” y Virginia Johnson son ejemplos de féminas capaces de tomar decisiones, romper esquemas y vivir sus ambiciones aunque esto  conlleve sufrir desilusiones y humillaciones.

Peggy y Ginny, hembras de cuidado


Por otro lado, aunque vemos esposas tradicionales con Libby Masters (Caitlin Fitzgerald) y Margaret Scully (Alisson Jenney), ninguna es una mártir sin derecho a voz. En cuanto a Betty, ex de Draper (January Jones), de “Mad Men, su capacidad para la manipulación la convierte en una sobreviviente nata que ya bordea en villana.
Betty no es ninguna víctima


El problema de ambas series, por excelentes que sean, reside en sus protagonistas que más allá de meros anti-héroes, son semi patológicos en su inmadurez emocional, sobre todo en su relación con el sexo opuesto. A pesar de que Bill Masters está lejos de ser un mujeriego empedernido como lo es Don Draper, también le es infiel a su esposa perfecta. Don  y Bill provienen de hogares disfuncionales, son hijos de padres abusadores y han tenido una relación oscura con sus figuras maternas. Ambos son ambiciosos e implacables cuando se trata de conseguir lo que quieren. En su capacidad de esconder lo que sienten y desean, llegan a ser manipuladores.

Lo más siniestro de sus perfiles es la dicotomía Madonna-Prostituta que aplican a las mujeres de su vida. Sus expectativas respecto a como deben comportarse sus esposas son casi tan exageradas e irreales como lo que esperan de sus amantes y empleadas. A las primeras, las mantienen en altares, siempre y cuando cumplan con todas sus reglas. Con  la  segunda categoría trapean el piso.
"La Otra" y La Esposa


Lo triste es que no se dan cuenta de lo poco satisfactorios que son como parejas, dentro y fuera del matrimonio. Esa capacidad de engañarse los hace proclives a mentirle a sus esposas, mentiras que van más allá de sus infidelidades. Don Draper le ocultó su verdadera identidad a  Betty por más de diez años de casados. Bill le ocultó a Libby que el problema para engendrar hijos lo tenía él.

Jon Hamm ha convertido a Don  Draper en un símbolo sexual televisivo y el ya probado talento de Michael Sheen  salva a Masters de ser un personaje antipático, pero ambos portan una carga de negatividad que me haría huir de ellos como compañeros románticos, a pesar de lo buenos que sean en la cama. No es que sean brutales. Ni siquiera son Don Juanes despiadados como otros personajes de esas series (Roger Stirling en “Mad Men” y Austin Langham en “Masters of Sex”). Lo triste en ellos es su desaprensión hacia a las mujeres. No pueden verlas como compañeras, como iguales, ni siquiera como seres de carne y hueso

Don tiene alardes caballerosos como cuando rescata a Peggy del sanatorio donde está internada o cuando se opone a vender los favores sexuales de Joan (Christina Kendricks), su voluptuosa empleada, a un cliente. Bill demuestra generosidad cuando le practica, a espaldas del marido, una histerectomía a una emigrante polaca, ya agotada por sucesivas maternidades. Aun asi, las mujeres para ello son entidades, objetos para ser salvados o utilizados.

En la primera temporada resulta aberrante el que Bill Masters le niegue el  crédito a Ginny por todo su aporte a su investigación. Se atreve a presentar ante el plantel de su hospital un video de Virginia masturbándose, pero únicamente en el episodio final  llega a reconocerla como su colaboradora principal.


En la relación Draper-Olson, se puede admirar el que Don no haya hecho de su subalterna un objeto sexual, pero el modo en que se ha aprovechado del talento creativo de Peggy es equivalente a una violación mental. Muy similar a lo que el Dr. Masters ha hecho con su asistente que, al final, ha trabajado tanto o más que él en su controversial proyecto.



Lo que ambas series pretenden demostrar es que Don Draper y Bill Masters son producto de una sociedad machista que  programa su mentalidad retrograda en lo que se refiere al sexo opuesto. La  tesis es que los hombres de entonces (como lo evidencian los personajes masculinos de “Mad Men”, todos infieles y divorciados) eran incapaces de vivir en pareja a menos que sus mujeres se conformaran con un rol sumiso.

En “Masters of Sex” tenemos en un mismo hospital a un Casanova como Langham (Teddy Sears) y a un homosexual de closet como Burton Scully (Beau Bridges) que por años le ha ocultado su verdad a su esposa sumiéndola en inseguridades que afectan su autoestima. Hasta el buen Ethan Haas (Nicholas D'Agosto)  fue capaz de golpear a Ginny. Y estamos hablando de miembros de una profesión altruista. ¿Cómo serían los hombres de clases menos privilegiadas?
Margaret enfrenta la homosexualidad de su marido


Aun más triste es como estos programas retratan la corrupción mental de las mujeres de entonces que no sabían reconocer los valores de una pareja más comprensiva y respetuosa. Virginia Johnson se pasa toda la primera temporada modelando a Ethan para que sea el marido y padre perfecto, pero al final, lo deja marchar a California, prefiriendo seguir como amante clandestina de su jefe.
De nada valió el cambio de Ethan. Virginia no lo quiso


En “Mad Men”, Betty se divorcia de Don Draper y se casa con el político Henry Francis, un buen padrastro para sus hijos y un marido honesto y considerado. Aun asi, hasta hoy, Betty sigue pendiente de su ex y trata a Megan, la nueva esposa de Don, como si fuera su rival.
Miradita de odio de Betty hacia Megan


Nuestra mentalidad moderna las ve como predestinadas para ser maltratadas. ¿Pero la culpa tiene que ver nada más  con su época? ¿Se han superado esas actitudes y maneras de pensar? A juzgar por comedias exitosas de los últimos tiempos como “Two and a Half Men” y “How I Met your Mother”, entre otras,  parecería existir en la imaginación popular del Siglo 21 una nostalgia por esa mentalidad machista de la década de los 50.

La Segunda Temporada de “Masters of Sex” inicia en HBO Latinoamérica este viernes, 8 de agosto.