Me ha sido
imposible sustraerme a la polémica provocada por “Mignonnes”, una película bajo
fuego debido a la pésima campaña de mercadeo de Netflix. “Cuties” no es un
producto Netflix, pero si lo es la italiana “Baby” que ha llegado a su fin en
septiembre. Lo que nadie ha notado es que ambas representan una ambigüedad oportunista
de la plataforma de streaming que mercadea la sobresexualización de menores,
sean prostitutas adolescentes o refugiadas africanas de once años.
El Embrujo del
Twerkin
Según una última encuesta
en el Hollywood Reporter, la mayoría de la gente que ve el filme
en Netflix es empujada por la controversia. De otro modo no la hubiera visto
nunca. No que me moleste porque la obra de Maimouna Doucouré no carece de
méritos, aunque si hay que señalar que la directora y libretista han pecado en
algo. En su afán por mostrar la decadencia de Occidente, se han olvidado del
poder de las imágenes y como estas pueden ser interpretadas según quien las vea.
Comencemos por el
principio, Madame Ducouré es francesa, musulmana, hija de padres senegaleses y
es parte de ese rubro de mujeres del Tercer Mundo que intenta abrirse camino en
una industria manejada por blancos machistas. Inspirándose en sus propias
experiencias, Doucouré narra la historia de Ami, nena de once años, atrapada entre la represión islámica de su hogar
y la puerta de libertad que ofrecen las redes sociales, sus compañeritas y el
mundo del twerkin. Para quienes no sepan en que consiste este arte (obvio,
los que crecieron en una era pre Britney Spears) se trata de unos bailes muy
sugerentes (sobre todo si se viste poca ropa) en donde las bailarinas adoptan
gestos obscenos, movimientos vulgares y posturas simulando actos sexuales.
Para muchos el
filme es sobre ese tipo de baile. El que niñas tan pequeñas lo practiquen es ya
una demostración de erotización de menores y
como dijo la abogado Christine Pelosi (hija de Nancy Pelosi) se trata de una “delicia
para pedófilos”. Lo último es verdad
gracias a la propaganda de Netflix que lo vendió con un poster donde las niñas escasamente
vestidas asumían poses provocativas. El poster corresponde a un momento en la última
media hora del filme y no es representativo, pero sirve para enganchar a un público
muy particular.
Doucouré ha
reaccionado indignada a la mala interpretación de una obra en la que ella
pretendía denunciar la hipersexualizacion de las niñas de Occidente. Netflix
pidió disculpas, pero el daño ya estaba hecho. Se desencadenó una batahola mediática
que devino en otra batalla de esta guerra cultural entre izquierda y derecha.
Los radicales creen que se trata de—como dijeron en la NBC— de un cínico complot de
sus contrarios. Eso sin percatarse de
que muchos demócratas como la abogado Pilosi y la congresista Tulsi Gabbar, ex
candidata a la presidencia, han criticado duramente la película y que
organizaciones para nada derechistas como la argentina Consejo de Derechos
de Niños, Niñas y Adolescentes han exigido que Netflix retire “Cuties” de
su biblioteca.
Al menos en su
primera hora, este filme es simpático e inofensivo. Las Mignonnes se parecen a mí
y a mi grupo de amigas a esa edad. Tal como ellas, nos pintábamos, bailábamos
(no al ritmo de los Beatles como creyó el Gato Rafael, sino de Los Stones,
Santana y Tom Jones) y nos pasábamos el día hablando de sexo, tema del cual
sabíamos tan poco como Las Mignonnes.
Al comienzo de la
historia, Ami (Fathia Youssouf) es una niña de familia senegalesa musulmana. Se
espera que sea una buena alumna, una hija obediente y que ayude a su madre en
el cuidado de sus hermanitos menores. Yo la comparé con la Ruchami de “Shtisel”,
siendo ambas hijas de familias
religiosas y tradicionales y aun así ambas rebelándose contra la sumisión de
sus madres a los maridos. Ruchami no acepta que su madre reciba de vuelta al
esposo que la abandonó por otra mujer. En el caso de Ami es el retorno del
padre con una nueva esposa lo que la subleva. El modo en que su madre planea
integrar y dar la bienvenida a una extraña que viene a robarle su puesto de
esposa y ama de su casa, provoca un trauma en la niña.
La diferencia está
en que Ruchami tiene catorce años y cuando su madre la reprende, la obedece.
Ami es una mucosita de once años y goza de una libertad y falta de vigilancia
que desconocíamos las de su edad de mi época. Es increíble como estas
pendejitas que apenas saben sonarse la nariz sienten tan poco respeto por los adultos
sean estos padres, maestros o guardias.
Es eso lo que las
hace tan contemporáneas. Esa rebeldía nihilista es propia de adolescentes no de
la infancia. Ahí está la tesis de Maimouna D. de que en Occidente se pierde la
inocencia muy rápido y es obligación de los adultos proteger esa etapa infantil. La serie nos muestra que estas niñas aprenden
todo en Internet y que aprenden mal. Incluso el twerkin lo ven en videos donde
adultas semi desnudas lo practican. Por eso no es el baile ni el villano ni el
catalizador de los problemas que afligen a Las Mignonne.
El concurso de twerkin es el equivalente a los concursos radiales o televisivos que aspiraban ganar los adolescentes de viejas comedias juveniles desde los días de Andy Hardy. Solo Ami lo ve como un modo de ejercer control sobre su vida, pero en su búsqueda de control desarrolla ansias de poder que acaban descontrolándola. Mucho más que a sus amigas quienes solo buscan ganar el concurso para vencer a un grupo rival de condiscípulas.
Noto que solo hay
dos escenas de twerkin fuera de lugar. La final de la cual extrajeron el poster
ofensivo, y una, a la mitad de la cinta, cuando Ami insiste en unirse al grupo
y participar en el concurso. Es en un descampado donde las pequeñas bailarinas
ensayan que se desbocan en una rutina hondamente sugerente que representa actos
sexuales. Todo bajo la guía de Ami quien demuestra ser una experta en esas pantomimas
desinhibidas.
Mi hermano (que no ha visto el filme) ha
querido ver en esa muestra de erotismo infantil resabios de ritmos tribales, de danzas que en aldeas de la jungla
son la manera en que las niñas definen su madurez e incitan a los jóvenes a escogerlas
como esposa. Me parece un argumento rebuscado. Bastante conocemos la modestia de
las mujeres de la familia de Ami y su devoción a un islam que les recuerda que
es más fácil para la mujer pecar que para el varón.
Entre la Ira y
el Poder Sexual
En él Los Angeles Times Mary McNamara ha destacado el choque cultural que debe ser para los
parroquiales estadounidenses esta muestra de la amplitud mental de Europa y
África, espacios donde nadie ve pedofilia o explotación infantil en “Cutíes”. ¿No será porque en África, las niñas de la
edad de Ami y sus amiguitas ya son vistas como casaderas? ¿O que en Francia ha
costado tanto establecer una edad de consentimiento sexual que hasta hace poco
que un adulto tuviese sexo con una niña de la edad de Ami no era visto cómo
violación?
Aun así, es McNamara
quien da en el clavo al hablar de la ira de Ami como tema de la película. Pero
se habla de una “ira de mujer” sin reparar que a la edad de Ami esa ira es improcedente
y peligrosa para ella. En su afán por participar en el concurso, Ami cae en un
comportamiento antisocial y delictivo. Deja de importarle su familia, miente,
roba y es agresiva verbal y físicamente.
Durante una pelea
con la banda rival, la ropa interior de Ami (con dibujitos, típica de una niña
de su edad) es expuesta. Se convierte en la hazmerreir de las redes sociales.
La respuesta de Ami es robar dinero a su madre y comprar lingerie audaz para
ella y sus amigas. Ami ha aprendido el poder de su sexualidad a una edad
temprana, pero se le va a escapar de las manos.
El Primo Samba
descubre que Ami le robó el celular. Aterrorizada ante el prospecto de perder
su mayor arma, Ami decide usar la segunda y comienza a hacerle un striptease al
primo quien le responde con un empellón. El último recurso de una descontrolada
Ami es encerrarse en el baño y sacarse una fotografía de la vagina que luego
hace publica vía Internet.
Este gesto
rebelde es su canto de cisne. Con esa foto, Ami pasa a ser una más de la lista
de mujeres que dentro y fuera de la pantalla, han visto cambiar sus vidas por
videos escandalosos. Ami adquiere una reputación en su escuela, pero no la que
desea. Lo peor es que pierde el respeto de sus amigas. Como le explican, una
cosa es querer parecer adultas y otra diferente es “parecer putas”. No la
quieren cerca, la reemplazan con la gordita Yasmin en el equipo de twerkin. Ami
se ha convertido en una paria
Para colmo, la
madre de Ami se entera. Horrorizada, la golpea mientras pregunta incesantemente
“¿Quién eres tú?” Y la entiendo, el comportamiento de Ami no corresponde ni a
su crianza, ni a su mundo. Seguras de que
la niña está poseída por un espíritu maligno, intentan exorcizarla. La reacción
de Ami durante la ceremonia se ensayar su rutina de "perreo".
Es una escena
pavorosa porque la niña— que está en ropa interior— asume posiciones
asociadas con el coito. Esa escena la vemos a través de los ojos de las parientas
de Ami y realmente recuerda el comportamiento de endemoniados que hemos visto
en el cine. En las crónicas de exorcismos reales siempre se habla de cómo la endemoniada
chilla obscenidades o provoca a sus exorcistas con movimientos lascivos.
De niñita desadaptada
Ami se vuelve una delincuente obsesionada con ejercer un poder que nace de su erotismo
prematuro, o como reza la propaganda de Netflix “de explorar su femineidad”.
Eso es inadmisible en su sociedad musulmana y tradicional. Para ellos, Ami se
ha convertido en un demonio.
Pequeñas
Vampiresas
Ese es el mensaje nocivo del filme que
Maimouna Doucouré no supo reconocer ni evitar. Está ilustrado en una escena
temprana que (y me alegré de que la Gatita Guivi concordara conmigo) por
primera vez nos muestra lo peligrosas que pueden ser estas pequeñas vampiresas.
Las Mignonne son
descubiertas por un guardia tras entrar en un local sin pagar. El guardia exige
el teléfono de los padres de las niñas para que paguen la entrada. Angelica, la
latina, intenta huir. Cuando el guardia pretende detenerla, la pequeña
bochinchera aúlla “¡pervertido, ¡pervertido!” y lo acusa de intentar violarla.
El griterío atrae a otro guardia. En ese momento las niñas reciben un texto de
que han sido aceptadas para participar en el concurso.
Comienzan a
suplicar que no llamen ni a sus padres ni a la policía porque eso les impedirá
bailar en el concurso, pero es Ami quien zanjará el problema demostrando su twerkin.
Es un baile muy perturbador, más sensual que los 7 Velos de Salome. La niña se
ondula como si fuera una cobra y resume lubricidad. Asustados ante el cariz que
ha tomado el asunto, los guardias las dejan marcharse. Ami ha descubierto que
puede dominar a los hombres con su pubescente sex appeal, pero ese triunfo será
el único.
Tal vez por ser
Doucouré musulmana, su feminismo no incluye retratos negativos masculinos. El
padre de Ami no es visto como un monstruo sino solo un hombre que aprovecha los
privilegios que su religión/cultura otorgan a su género. El imán que la madre de
Ami llama para exorcizar a la niña se da cuenta de que no hay demonios
involucrados sino una situación familiar limite. Le dice a la madre que su ansiedad
es el problema y le recuerda que tiene la opción de evitarse más humillaciones,
divorciándose.
Por otro lado, la
“beatificación del varón” se manifiesta en el rechazo de todos los adultos a
las propuestas eróticas de esas mini femme fatales. Los guardias las
quieren lejos apenas Ami les hace su bailecito; Samba la rechaza con violencia;
y un chico con el que Angelica sostiene un chateo subido de tono, al darse
cuenta de que se trata de una niña prepuberal, la envía a jugar “con tus
muñecas”
Aunque estas
actitudes son admirables, queda la impresión de que los adultos no están
interesados en las niñas y que son ellas las que los acosan y seducen. ¿No es
esa la repugnante excusa de todo pedófilo? “ella me buscó, ella me sedujo, a
ella le gusta”.
Aunque no es
culpable de la ambigüedad moral del filme, el darle una plataforma de
propagación y el venderla como una galería de erotismo preadolescente convierte
a Netflix en cómplice de los errores que “Cutíes” promueve. Su castigo ha sido
una potente campaña para acabar con las subscripciones, exigencias a la
plataforma que retire “Mignonnes” e incluso los extremistas solicitan que se
acabe Netflix. El hecho es que en un mes, la compañía ha perdido 2.5 millones de subscriptores.
En el tema “Baby”,
Netflix es el único causante de las ambigüedades de esta historia de “niñas
bien” que juegan a ser cortesanas. Inspirada por el caso de Baby Scquillo,
alumna de una prestigiosa academia romana cuyo arresto sirvió para sacar a luz
a un negocio de prostitutas menores de edad cuyos clientes eran importantes
empresarios y diplomáticos, esta serie italiana cerró puertas el septiembre
pasado, dejando atrás una estela de dudas.
Un Trio de
Desadaptados
“Baby” tiene
lugar en la escuela Collodi, una institución elite y gira en torno a tres
estudiantes desadaptados. Damiano Younes (Riccardo Mandolini) es un adolescente
criado en un mal barrio hasta que su padre biológico, un diplomático libanes,
lo adopta, lleva a vivir en su mansión y lo enrola en Collodi. A pesar de que
el padre le da todo lo que el dinero puede comprar y su madrastra Mónica (que
es maestra de educación física en Collodi) le brinda cariño y comprensión, Damiano
no puede adaptarse y el bullying escolar solo aumenta su enajenación, tristeza
y deseos de huir lo que acaba con el muchacho vendiendo droga bajo las órdenes
del siniestro Fiore (Giuseppe Maggio) y su no menos siniestro patrón Saverio
(Paolo Calabresi).
En medio de este sórdido
descenso moral, Damiano encuentra un momento de redención en su amor por Chiara
Altieri (Bernadetta Porcaroli) , pero las mentiras de la chica impiden que Damiano
logre salvarse. Es solo cuando descubre que Chiara lleva una vida de secreta de
prostituta de lujo que reacciona con movidas tan desacertadas que acaba con
todos en el banquillo de los acusados.
Chiara es el
personaje menos querible y más ininteligible de la serie. Bella, inteligente,
hija única de una acaudalada familia, está, al comienzo de la historia, a punto
de irse a estudiar a Estados Unidos, es la corredora estrella de Collodi y
parece tenerlo todo para triunfar, solo que Chiara se siente vacía. Será en
esta temporada, durante su juicio, que Chiara explicará por qué se ha prostituido.
Quería tener algo solamente suyo, y eso lo consiguió con su vida secreta.
Chiara siente que
sus padres no la aprecian. La madre anda más preocupada de su carrera política
y el padre con sus amores adúlteros. Cuando Chiara, bajo el alias “Emma”,
seduce a sus clientes maduros y poderosos parece hacerlo como venganza por el
abandono paterno. Como Ami de “Cutíes”,
Chiara resiente el modo en que su madre acepta las infidelidades del esposo.
Llevar una vida
secreta siempre ha proporcionado a Chiara de un punto de apoyo a pesar de que
el descubrimiento de su primer secreto tiene funestas consecuencias. Cuando Virginia
y Camilla se enteran de que Chiara se acuesta con Niccolo (novio de la primera,
hermano de la segunda) la repudian y la exponen ante toda la escuela. Chiara
solo tiene una amiga que la acepta Ludovica “Ludo” Storti (Alicia Pagani), la
otra paria de Collodi.
Ludo es el único
personaje que me inspira compasión en este cuento. Tras el divorcio de sus padres,
su vida se trastorna. Su padre se aleja de ella. Simonetta (Isabella Ferrari),
la madre, finge ser independiente al poner una boutique, pero se la pasa con
diferentes hombres que le quitan lo poco que gana. Ludo se da cuenta que sus
padres no la quieren y que siempre han preferido a su hermana mayor.
Para compensar la
carencia afectiva, Ludo inicia un romance con su compañero Brando (Mirko
Trovato), pero como a Ami, la combinación de video y sexualidad la destruye. Brando
la filma cuando Ludo le está practicando una felación y hace público el video.
Apodada “bol de crema”, Ludo es despreciada por sus compañeros. Cuando Chiara
cae en la misma situación, las colegialas se unen en una estrecha amistad que
es lo más positivo de una historia triste, sórdida y a ratos confusa, debido a su ambigüedad.
Será Ludo quien
lleve a Chiara a una disco, propiedad de Saverio, donde conocerán a Fiore.
Aunque Fiore se sienta atraído por Ludo, eso no excluye que vea en ella un posible
negocio. A Ludo le agrada la atención y los regalos de Fiore, pero no quiere
prostituirse. La situación cambia cuando el padre de la muchacha se niega a seguir
pagando su colegiatura.
Temiendo dejar de
ver a Chiara, Ludo acepta trabajar de “acompañante” (sin sexo de por medio). Ludo
entrega el dinero a su madre quien se lo gasta con un amante. Es ahí que la
colegiala se da cuenta que el único modo de independizarse es a través de la
prostitución clandestina. A Chiara le atrae ese mundo, pero insiste en trabajar
por su cuenta. Usando el seudónimo de” Emma”, y vía redes sociales, pronto se
consigue un grupo de clientes exclusivos.
Para Emma y “Desirée” (el apodo de Ludo) todo es un gran juego. Con su “primer sueldo” se compran un oso de peluche gigante y otras frivolidades que ocultan en un cuarto-buhardilla en casa de Ludo. Emma se siente amparada por su doble vida: en una es la hija perfecta y novia de Damiano, en otra una diosa adolescente que se pasea por la alta sociedad italiana seduciendo a sus miembros más respetables.
Mujeres
Castigadas, Hombres Exonerados
Todo cambia una
noche en que Damiano se presenta en el bar donde Chiara está con un cliente.
Para proteger a su amiga, Ludo finge estar borracha. Saverio y Fiore se la
llevan en un auto que es conducido por Damiano. Saverio intenta abusar de la
chica. Fiore observa impertérrito. Damiano, para salvar a Ludo, provoca un
accidente en el que Saverio queda gravemente herido. Al día siguiente, Fiore
asesina a su jefe en el hospital haciéndolo ver como muerte provocada por las
heridas del accidente.
Este ángulo
argumental que cerró con tono trágico la primera temporada de “Baby”, y que explica
el poder de Fiore (ahora a cargo del negocio) sobre Damiano y Ludo, es totalmente
olvidado al final. Cuando Fiore públicamente acusa a Damiano y a las chicas de
ser ellos quienes manejaban el negocio de la prostitución, se olvida de la
muerte de Saverio.
Damiano es quien
sale mejor librado de todos. Al final, se da el lujo de desdeñar a Chiara por
ser prostituta y se consigue una “niña buena” de novia. Esa es una de las ambigüedades
de la serie, esos finales desiguales. Damiano libre y feliz. Fiore solo acusado
de tratante de blancas y nunca por asesinato. Los clientes de Chiara se ven un
poco avergonzados, pero como explica su abogada, ningún italiano es castigado
por pagar los servicios sexuales de “una ragazzina”.
Esa abogada es el
ejemplo más irónico del doble estándar de la serie. En la tercera temporada, la
todavía endiosada Emma inicia una relación con Christophe, un hombre maduro que
conoce su identidad. La relación se hace continua e intensa y pareciera ser una
vía de “normalización” para Emma, pero Christophe no acude a una cita. La que
se aparece es la esposa—abogado y amiga de la madre de Chiara—quien
le explica que su marido teme a la vejez y a la impotencia. De ahí que necesite
de amantes jovencitas.
La abogada se
marcha, pero antes le da a Chiara su tarjeta por si necesita de sus servicios. Eventualmente
se hará cargo de la defensa de la joven prostituta, pero nunca la veremos
delatar a su marido. Es cierto que la serie hace hincapié en la responsabilidad
de los adultos en la corrupción de sus hijos, pero siempre son las mujeres más castigadas
que los varones o las instituciones.
Lo vemos en el
caso de Mónica, la madrastra de Damiano, que por sostener relaciones con Niccolo
debe renunciar a su empleo; la madre de Chiara que ve su carrera arruinada, y
peor le va a Simonetta. La madre de Ludo descubre el cuarto de los tesoros de
las muchachas, pero como le conviene recibir dinero mal habido de la hija, se
queda callada.
Entremedio Simoneta
encuentra la estabilidad emocional junto a Alberto Fideli, subdirector de la Collodi.
Fideli y su hijo gay, Fabio (Brando Paccito), se trasladan a la casa de
Simonetta. La compañía de su “nueva familia” hace que Ludo recapacite y planee
abandonar la prostitución, pero el acoso de un cliente airado la hace desistir
puesto que necesita de la protección de Fiore.
Cuando se desata
el escándalo, Ludo huye con Fiore, rumbo a Alemania. Desesperada, Simonetta se
entrega a la policía, es juzgada y condenada por complicidad en el tráfico de
menores. Fideli es despedido, pero la Collodi permanece intocada. Otro que también sale bien parado es Brando
quien indirectamente ha sido el causante de la prostitución de Ludo.
Brando es un
individuo repelente que oculta su homosexualidad con una agresividad homófoba
en contra de Fabio Fideli que le gusta y misógina en contra de las prostitutas
del Trastevere. Cuando Fiore se entera que Brando maltrató a Ludo, lo apalea. El vengativo muchacho comienza a seguir a Chiara y Ludo y filma a la
primera en un encuentro con un cliente. Armado con ese video, Brando chantajea
a Chiara para que sea su novia y acaba violándola. En la temporada final, Brando
de motu proprio va a declarar a favor de Chiara confesando su chantaje,
pero nunca la violación. Al parecer ultrajar a una prostituta no es un crimen.
Ustedes me conocen,
saben que no soy feminazi ni odia hombres, pero la serie es más dura en su
retrato de las hembras que de los varones involucrados en este negocio
delictivo. Digamos que eso es lo que se
deduce de un sistema legal que cree que un adulto con antecedentes como es Fiore
pudo ser manipulado por un par de adolescentes ingenuas. Como en “Cuties”, es
el poder sexual de las niñas lo que se convierte en una amenaza para el hombre
adulto.
La única vez que
veo ese poder es en un caso un poco trágico donde el hombre si es castigado y
repudiado. Se trata el maestro de filosofía de Ludo, Tomasso Regoli,. Cuando
conocemos a Regoli es un viudo traumatizado. Para superar su luto solicita
prostitutas que, aparte de proporcionar servicios sexuales, deben hacer el
papel de la difunta. En uno de esos cosplay entra Ludo. Al verla tan joven
Tomasso se marcha sin tocarla.
Unos días más
tarde, Ludo descubre que su cliente es su maestro. Inicialmente Ludo intenta
amedrentarlo con su sensualidad agresiva, pero pronto se da cuenta que Regoli realmente
busca ayudarla. Una noche, tras una discusión con la madre, Ludo huye a casa de
Regoli, pero este que se ha enamorado de la alumna comete el error de besarla.
Ludo huye horrorizada.
Regoli hace lo
correcto, renuncia a la escuela, pero decide visitar a Simonetta, contarle todo
e impulsarla a ayudar a su hija. Simonetta reacciona on gran cinismo,
acusándole de ser un pervertido y amenazando con denunciarlo a las autoridades.
luego, va donde Ludo y le endilga un sermón moralista lleno de reproches que
finaliza en un “¡Yo no te enseñe a hacer esto!” Con la voz quebrada por el
llanto, Ludo le suelta una gran verdad” ¿Qué me enseñaste mamá?” Simonetta se
da cuenta que su mal ejemplo ha causado la ruina de su hija. decide apoyarla,
pero la situación las supera.
En la temporada
dos, Fiore ha contratado un maleante para aterrorizar a las chicas. Chiara y Ludo
se dan cuenta que necesitan del apoyo de Fiore quien les renta un piso para sus
encuentros. En la temporada 3 Damiano, que se ha vuelto idiota, las graba en
ese piso para darle el video a un detective que el chico cree llevará a la
policía. El detective lo usa para chantajear a los padres de Chiara.
La policía vigila
a Fiore y arrestan a una de sus jóvenes empleadas, Sofia, quien confiesa que
fue otra prostituta quien la convenció de cambiar de “paponne” e ir a trabajar
on Fiore. Sofia solo sabe que la chica se llama Emma y que estudia en la
Collodi. Esto aparece en la prensa, todos creen que se trata de Ludo. Para
empeorar las cosas, Damiano, delante de un periodista, dice que Ludo no es la
única prostituta de Collodi. La policía emite una orden de arresto en contra de
Ludo quien huye con Fiore.
Finalmente,
Chiara hace un video donde confiesa ser Emma. La policía arresta a Fiore quien
acusa a sus pupilas de ser las verdaderas proxenetas. Solo el testimonio de
Natalia, una prostituta madura que trabajó para Fiore, salva a las chicas. Y el
final ya lo saben. Ludo, tras dar un excelente examen de bachillerato, se va a París
a estudiar arte. Damiano queda feliz con su noviecita Aurora, Brando queda feliz
con su noviecito y Chiara es encerrada en una especie de reformatorio-orfanato.
Ludo en Paris
El Glamur de la Prostitución
Hay quien se ha quejado de que se castigó más duramente a Chiara que a Ludo, pero lo cierto es que Ludovica fue empujada por la necesidad a hacerse prostituta y siempre intentó salirse del medio. Chiara escogió ese camino para forjarse una identidad. Hasta el final no nos queda claro si realmente está arrepentida. No me sorprendería si Chiara en el futuro, vuelve a las andadas, pero como ella siempre ha querido, como trabajadora independiente.
Esa impresión
nace no solo de la falta de arrepentimiento de Chiara, pero también de una
imagen un tanto glamorosa de la prostitución juvenil que nos deja la serie.
Desde el principio parece una forma viable de conseguir dinero, independencia, respeto,
incluso admiración de los clientes. Aparte de la agresión de Saverio la noche
del accidente, ninguno de los “papponi” de las chicas las maltratan. Por eso
Chiara aconseja a Sofia de dejar a su tratante y pasarse al servicio de Fiore.
Tanto Saverio
como Fiore les aseguran a las chicas que es un negocio en el que entran bajo su
voluntad y del que pueden salirse cuando lo deseen. Ludo
ni siquiera tiene que acostarse con su primer cliente, un dentista gordito que
solo quiere ser visto en público con una chica bonita y que la trata como
reina.
El primer cliente
de Chiara es un chico tan guapo y que la trata tan bien que ella se niega a cobrarle.
Es entonces que el fríamente le cuenta que su esposa e hijos están de
vacaciones y que ha contratado a Chiara porque se siente solo, por eso debe
pagarle.
Todos los
clientes de las chicas son hombres atractivos, ricos, que las tratan bien y que
no las hacen sentirse degradadas. La
única vez que uno se propasa con Ludo es porque Fiore lo ha enviado para
atemorizarla. Aunque Ludo consume drogas a destajo, nunca cae en la
drogadicción. Si quiere salirse es porque desea una vida ‘normal”. Eso la hace
diferente a Chiara.
“Baby”no muestra
las peores consecuencias de la prostitución, no hace un juicio moral, no evalúa
los peligros que corren quienes practican la profesión más antigua del mundo ni
como acaban. En el penúltimo capítulo, Chiara y Ludo se internan en el bajo
mundo nocturno en busca de Natalia. Ahí ven callejeras ajadas, mal trajeadas, atendiendo a cualquier tipo de cliente. Es ahí
cuando Ludo se da cuenta que ese hubiese sido su fin, pero es solo una escena,
un momento en toda una serie que hace ver que en la venta de sus cuerpos esta
la libertad de estas jóvenes tan problemáticas
Tanto “Cuties”
como “Baby” glorifican el poder sexual de las jovencitas y muestran que en el control
de este—sea en concurso de bailes o en el meretricio— reside la solución a
todos los conflictos familiares, a la soledad, a la falta de autoestima. Pero,
la target audience de Netflix no son ellas. Concuerdo con Christine
Pelosi que este tipo de programas es más disfrutado por quienes pretenden
disfrutar de las menores, que por estas últimas. Para los que no lo son, estas historias son perturbadoras y alarmantes.
NOTA Con ese disclaimer invito a mis Gatitos varones a comentar estos relatos sin temor a que los acusemos de pedofilia por haberlos visto.