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miércoles, 14 de octubre de 2020

La Controversia de” Cuties” y el Final de Baby: Netflix y la sexualización de menores

 


Me ha sido imposible sustraerme a la polémica provocada por “Mignonnes”, una película bajo fuego debido a la pésima campaña de mercadeo de Netflix. “Cuties” no es un producto Netflix, pero si lo es la italiana “Baby” que ha llegado a su fin en septiembre. Lo que nadie ha notado es que ambas representan una ambigüedad oportunista de la plataforma de streaming que mercadea la sobresexualización de menores, sean prostitutas adolescentes o refugiadas africanas de once años.

El Embrujo del Twerkin

Según una última encuesta en el Hollywood Reporter, la mayoría de la gente que ve el filme en Netflix es empujada por la controversia. De otro modo no la hubiera visto nunca. No que me moleste porque la obra de Maimouna Doucouré no carece de méritos, aunque si hay que señalar que la directora y libretista han pecado en algo. En su afán por mostrar la decadencia de Occidente, se han olvidado del poder de las imágenes y como estas pueden ser interpretadas según quien las vea.

Comencemos por el principio, Madame Ducouré es francesa, musulmana, hija de padres senegaleses y es parte de ese rubro de mujeres del Tercer Mundo que intenta abrirse camino en una industria manejada por blancos machistas. Inspirándose en sus propias experiencias, Doucouré narra la historia de Ami, nena de once años,  atrapada entre la represión islámica de su hogar y la puerta de libertad que ofrecen las redes sociales, sus compañeritas y el mundo del twerkin. Para quienes no sepan en que consiste este arte (obvio, los que crecieron en una era pre Britney Spears) se trata de unos bailes muy sugerentes (sobre todo si se viste poca ropa) en donde las bailarinas adoptan gestos obscenos, movimientos vulgares y posturas simulando actos sexuales.



Para muchos el filme es sobre ese tipo de baile. El que niñas tan pequeñas lo practiquen es ya una demostración de erotización de menores y  como dijo la abogado Christine Pelosi (hija de Nancy Pelosi) se trata de una “delicia para pedófilos”.  Lo último es verdad gracias a la propaganda de Netflix que lo vendió con un poster donde las niñas escasamente vestidas asumían poses provocativas. El poster corresponde a un momento en la última media hora del filme y no es representativo, pero sirve para enganchar a un público muy particular.

Doucouré ha reaccionado indignada a la mala interpretación de una obra en la que ella pretendía denunciar la hipersexualizacion de las niñas de Occidente. Netflix pidió disculpas, pero el daño ya estaba hecho. Se desencadenó una batahola mediática que devino en otra batalla de esta guerra cultural entre izquierda y derecha. Los radicales creen que se trata decomo dijeron en la NBC de un cínico complot de sus contrarios.  Eso sin percatarse de que muchos demócratas como la abogado Pilosi y la congresista Tulsi Gabbar, ex candidata a la presidencia, han criticado duramente la película y que organizaciones para nada derechistas como la argentina Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes han exigido que Netflix retire “Cuties” de su biblioteca.

Al menos en su primera hora, este filme es simpático e inofensivo. Las Mignonnes se parecen a mí y a mi grupo de amigas a esa edad. Tal como ellas, nos pintábamos, bailábamos (no al ritmo de los Beatles como creyó el Gato Rafael, sino de Los Stones, Santana y Tom Jones) y nos pasábamos el día hablando de sexo, tema del cual sabíamos tan poco como Las Mignonnes.



Al comienzo de la historia, Ami (Fathia Youssouf) es una niña de familia senegalesa musulmana. Se espera que sea una buena alumna, una hija obediente y que ayude a su madre en el cuidado de sus hermanitos menores. Yo la comparé con la Ruchami de “Shtisel”,  siendo ambas hijas de familias religiosas y tradicionales y aun así ambas rebelándose contra la sumisión de sus madres a los maridos. Ruchami no acepta que su madre reciba de vuelta al esposo que la abandonó por otra mujer. En el caso de Ami es el retorno del padre con una nueva esposa lo que la subleva. El modo en que su madre planea integrar y dar la bienvenida a una extraña que viene a robarle su puesto de esposa y ama de su casa, provoca un trauma en la niña.

La diferencia está en que Ruchami tiene catorce años y cuando su madre la reprende, la obedece. Ami es una mucosita de once años y goza de una libertad y falta de vigilancia que desconocíamos las de su edad de mi época. Es increíble como estas pendejitas que apenas saben sonarse la nariz sienten tan poco respeto por los adultos sean estos padres, maestros o guardias. 

Es eso lo que las hace tan contemporáneas. Esa rebeldía nihilista es propia de adolescentes no de la infancia. Ahí está la tesis de Maimouna D. de que en Occidente se pierde la inocencia muy rápido y es obligación de los adultos proteger esa etapa infantil.  La serie nos muestra que estas niñas aprenden todo en Internet y que aprenden mal. Incluso el twerkin lo ven en videos donde adultas semi desnudas lo practican. Por eso no es el baile ni el villano ni el catalizador de los problemas que afligen a Las Mignonne.



El concurso de twerkin es el equivalente a los concursos radiales o televisivos que aspiraban ganar los adolescentes de viejas comedias juveniles desde los días de Andy Hardy. Solo Ami lo ve como un modo de ejercer control sobre su vida, pero en su búsqueda de control desarrolla ansias de poder que acaban descontrolándola. Mucho más que a sus amigas quienes solo buscan ganar el concurso para vencer a un grupo rival de condiscípulas.

Noto que solo hay dos escenas de twerkin fuera de lugar. La final de la cual extrajeron el poster ofensivo, y una, a la mitad de la cinta, cuando Ami insiste en unirse al grupo y participar en el concurso. Es en un descampado donde las pequeñas bailarinas ensayan que se desbocan en una rutina hondamente sugerente que representa actos sexuales. Todo bajo la guía de Ami quien demuestra ser una experta en esas pantomimas desinhibidas.



Mi hermano (que no ha visto el filme) ha querido ver en esa muestra de erotismo infantil resabios de ritmos   tribales, de danzas que en aldeas de la jungla son la manera en que las niñas definen su madurez e incitan a los jóvenes a escogerlas como esposa. Me parece un argumento rebuscado. Bastante conocemos la modestia de las mujeres de la familia de Ami y su devoción a un islam que les recuerda que es más fácil para la mujer pecar que para el varón.



Entre la Ira y el Poder Sexual

En él Los Angeles Times Mary McNamara ha destacado  el choque cultural que debe ser para los parroquiales estadounidenses esta muestra de la amplitud mental de Europa y África, espacios donde nadie ve pedofilia o explotación infantil en “Cutíes”.  ¿No será porque en África, las niñas de la edad de Ami y sus amiguitas ya son vistas como casaderas? ¿O que en Francia ha costado tanto establecer una edad de consentimiento sexual que hasta hace poco que un adulto tuviese sexo con una niña de la edad de Ami no era visto cómo violación?

Aun así, es McNamara quien da en el clavo al hablar de la ira de Ami como tema de la película. Pero se habla de una “ira de mujer” sin reparar que a la edad de Ami esa ira es improcedente y peligrosa para ella. En su afán por participar en el concurso, Ami cae en un comportamiento antisocial y delictivo. Deja de importarle su familia, miente, roba y es agresiva verbal y físicamente.

Durante una pelea con la banda rival, la ropa interior de Ami (con dibujitos, típica de una niña de su edad) es expuesta. Se convierte en la hazmerreir de las redes sociales. La respuesta de Ami es robar dinero a su madre y comprar lingerie audaz para ella y sus amigas. Ami ha aprendido el poder de su sexualidad a una edad temprana, pero se le va a escapar de las manos.



El Primo Samba descubre que Ami le robó el celular. Aterrorizada ante el prospecto de perder su mayor arma, Ami decide usar la segunda y comienza a hacerle un striptease al primo quien le responde con un empellón. El último recurso de una descontrolada Ami es encerrarse en el baño y sacarse una fotografía de la vagina que luego hace publica vía Internet.



Este gesto rebelde es su canto de cisne. Con esa foto, Ami pasa a ser una más de la lista de mujeres que dentro y fuera de la pantalla, han visto cambiar sus vidas por videos escandalosos. Ami adquiere una reputación en su escuela, pero no la que desea. Lo peor es que pierde el respeto de sus amigas. Como le explican, una cosa es querer parecer adultas y otra diferente es “parecer putas”. No la quieren cerca, la reemplazan con la gordita Yasmin en el equipo de twerkin. Ami se ha convertido en una paria



Para colmo, la madre de Ami se entera. Horrorizada, la golpea mientras pregunta incesantemente “¿Quién eres tú?” Y la entiendo, el comportamiento de Ami no corresponde ni a su crianza, ni a su mundo.  Seguras de que la niña está poseída por un espíritu maligno, intentan exorcizarla. La reacción de Ami durante la ceremonia se ensayar su rutina de "perreo".

Es una escena pavorosa porque la niña que está en ropa interior asume posiciones asociadas con el coito. Esa escena la vemos a través de los ojos de las parientas de Ami y realmente recuerda el comportamiento de endemoniados que hemos visto en el cine. En las crónicas de exorcismos reales siempre se habla de cómo la endemoniada chilla obscenidades o provoca a sus exorcistas con movimientos lascivos.



De niñita desadaptada Ami se vuelve una delincuente obsesionada con ejercer un poder que nace de su erotismo prematuro, o como reza la propaganda de Netflix “de explorar su femineidad”. Eso es inadmisible en su sociedad musulmana y tradicional. Para ellos, Ami se ha convertido en un demonio.

Pequeñas Vampiresas

 Ese es el mensaje nocivo del filme que Maimouna Doucouré no supo reconocer ni evitar. Está ilustrado en una escena temprana que (y me alegré de que la Gatita Guivi concordara conmigo) por primera vez nos muestra lo peligrosas que pueden ser estas pequeñas vampiresas.

Las Mignonne son descubiertas por un guardia tras entrar en un local sin pagar. El guardia exige el teléfono de los padres de las niñas para que paguen la entrada. Angelica, la latina, intenta huir. Cuando el guardia pretende detenerla, la pequeña bochinchera aúlla “¡pervertido, ¡pervertido!” y lo acusa de intentar violarla. El griterío atrae a otro guardia. En ese momento las niñas reciben un texto de que han sido aceptadas para participar en el concurso.

Comienzan a suplicar que no llamen ni a sus padres ni a la policía porque eso les impedirá bailar en el concurso, pero es Ami quien zanjará el problema demostrando su twerkin. Es un baile muy perturbador, más sensual que los 7 Velos de Salome. La niña se ondula como si fuera una cobra y resume lubricidad. Asustados ante el cariz que ha tomado el asunto, los guardias las dejan marcharse. Ami ha descubierto que puede dominar a los hombres con su pubescente sex appeal, pero ese triunfo será el único.



Tal vez por ser Doucouré musulmana, su feminismo no incluye retratos negativos masculinos. El padre de Ami no es visto como un monstruo sino solo un hombre que aprovecha los privilegios que su religión/cultura otorgan a su género. El imán que la madre de Ami llama para exorcizar a la niña se da cuenta de que no hay demonios involucrados sino una situación familiar limite. Le dice a la madre que su ansiedad es el problema y le recuerda que tiene la opción de evitarse más humillaciones, divorciándose.



Por otro lado, la “beatificación del varón” se manifiesta en el rechazo de todos los adultos a las propuestas eróticas de esas mini femme fatales. Los guardias las quieren lejos apenas Ami les hace su bailecito; Samba la rechaza con violencia; y un chico con el que Angelica sostiene un chateo subido de tono, al darse cuenta de que se trata de una niña prepuberal, la envía a jugar “con tus muñecas”

Aunque estas actitudes son admirables, queda la impresión de que los adultos no están interesados en las niñas y que son ellas las que los acosan y seducen. ¿No es esa la repugnante excusa de todo pedófilo? “ella me buscó, ella me sedujo, a ella le gusta”.

Aunque no es culpable de la ambigüedad moral del filme, el darle una plataforma de propagación y el venderla como una galería de erotismo preadolescente convierte a Netflix en cómplice de los errores que “Cutíes” promueve. Su castigo ha sido una potente campaña para acabar con las subscripciones, exigencias a la plataforma que retire “Mignonnes” e incluso los extremistas solicitan que se acabe Netflix. El hecho es que en un mes, la compañía  ha perdido 2.5 millones de subscriptores.

En el tema “Baby”, Netflix es el único causante de las ambigüedades de esta historia de “niñas bien” que juegan a ser cortesanas. Inspirada por el caso de Baby Scquillo, alumna de una prestigiosa academia romana cuyo arresto sirvió para sacar a luz a un negocio de prostitutas menores de edad cuyos clientes eran importantes empresarios y diplomáticos, esta serie italiana cerró puertas el septiembre pasado, dejando atrás una estela de dudas.



Un Trio de Desadaptados

“Baby” tiene lugar en la escuela Collodi, una institución elite y gira en torno a tres estudiantes desadaptados. Damiano Younes (Riccardo Mandolini) es un adolescente criado en un mal barrio hasta que su padre biológico, un diplomático libanes, lo adopta, lleva a vivir en su mansión y lo enrola en Collodi. A pesar de que el padre le da todo lo que el dinero puede comprar y su madrastra Mónica (que es maestra de educación física en Collodi) le brinda cariño y comprensión, Damiano no puede adaptarse y el bullying escolar solo aumenta su enajenación, tristeza y deseos de huir lo que acaba con el muchacho vendiendo droga bajo las órdenes del siniestro Fiore (Giuseppe Maggio) y su no menos siniestro patrón Saverio (Paolo Calabresi).

En medio de este sórdido descenso moral, Damiano encuentra un momento de redención en su amor por Chiara Altieri (Bernadetta Porcaroli) , pero las mentiras de la chica impiden que Damiano logre salvarse. Es solo cuando descubre que Chiara lleva una vida de secreta de prostituta de lujo que reacciona con movidas tan desacertadas que acaba con todos en el banquillo de los acusados.



Chiara es el personaje menos querible y más ininteligible de la serie. Bella, inteligente, hija única de una acaudalada familia, está, al comienzo de la historia, a punto de irse a estudiar a Estados Unidos, es la corredora estrella de Collodi y parece tenerlo todo para triunfar, solo que Chiara se siente vacía. Será en esta temporada, durante su juicio, que Chiara explicará por qué se ha prostituido. Quería tener algo solamente suyo, y eso lo consiguió con su vida secreta.



Chiara siente que sus padres no la aprecian. La madre anda más preocupada de su carrera política y el padre con sus amores adúlteros. Cuando Chiara, bajo el alias “Emma”, seduce a sus clientes maduros y poderosos parece hacerlo como venganza por el abandono paterno.  Como Ami de “Cutíes”, Chiara resiente el modo en que su madre acepta las infidelidades del esposo.

Llevar una vida secreta siempre ha proporcionado a Chiara de un punto de apoyo a pesar de que el descubrimiento de su primer secreto tiene funestas consecuencias. Cuando Virginia y Camilla se enteran de que Chiara se acuesta con Niccolo (novio de la primera, hermano de la segunda) la repudian y la exponen ante toda la escuela. Chiara solo tiene una amiga que la acepta Ludovica “Ludo” Storti (Alicia Pagani), la otra paria de Collodi.

Ludo es el único personaje que me inspira compasión en este cuento. Tras el divorcio de sus padres, su vida se trastorna. Su padre se aleja de ella. Simonetta (Isabella Ferrari), la madre, finge ser independiente al poner una boutique, pero se la pasa con diferentes hombres que le quitan lo poco que gana. Ludo se da cuenta que sus padres no la quieren y que siempre han preferido a su hermana mayor.



Para compensar la carencia afectiva, Ludo inicia un romance con su compañero Brando (Mirko Trovato), pero como a Ami, la combinación de video y sexualidad la destruye. Brando la filma cuando Ludo le está practicando una felación y hace público el video. Apodada “bol de crema”, Ludo es despreciada por sus compañeros. Cuando Chiara cae en la misma situación, las colegialas se unen en una estrecha amistad que es lo más positivo de una historia triste, sórdida y a ratos confusa,  debido a su ambigüedad.



Será Ludo quien lleve a Chiara a una disco, propiedad de Saverio, donde conocerán a Fiore. Aunque Fiore se sienta atraído por Ludo, eso no excluye que vea en ella un posible negocio. A Ludo le agrada la atención y los regalos de Fiore, pero no quiere prostituirse. La situación cambia cuando el padre de la muchacha se niega a seguir pagando su colegiatura.



Temiendo dejar de ver a Chiara, Ludo acepta trabajar de “acompañante” (sin sexo de por medio). Ludo entrega el dinero a su madre quien se lo gasta con un amante. Es ahí que la colegiala se da cuenta que el único modo de independizarse es a través de la prostitución clandestina. A Chiara le atrae ese mundo, pero insiste en trabajar por su cuenta. Usando el seudónimo de” Emma”, y vía redes sociales, pronto se consigue un grupo de clientes exclusivos.

Para Emma y “Desirée” (el apodo de Ludo) todo es un gran juego. Con su “primer sueldo” se compran un oso de peluche gigante y otras frivolidades que ocultan en un cuarto-buhardilla en casa de Ludo.  Emma se siente amparada por su doble vida: en una es la hija perfecta y novia de Damiano, en otra una diosa adolescente que se pasea por la alta sociedad italiana seduciendo a sus miembros más respetables.






Mujeres Castigadas, Hombres Exonerados

Todo cambia una noche en que Damiano se presenta en el bar donde Chiara está con un cliente. Para proteger a su amiga, Ludo finge estar borracha. Saverio y Fiore se la llevan en un auto que es conducido por Damiano. Saverio intenta abusar de la chica. Fiore observa impertérrito. Damiano, para salvar a Ludo, provoca un accidente en el que Saverio queda gravemente herido. Al día siguiente, Fiore asesina a su jefe en el hospital haciéndolo ver como muerte provocada por las heridas del accidente.





Este ángulo argumental que cerró con tono trágico la primera temporada de “Baby”, y que explica el poder de Fiore (ahora a cargo del negocio) sobre Damiano y Ludo, es totalmente olvidado al final. Cuando Fiore públicamente acusa a Damiano y a las chicas de ser ellos quienes manejaban el negocio de la prostitución, se olvida de la muerte de Saverio.

Damiano es quien sale mejor librado de todos. Al final, se da el lujo de desdeñar a Chiara por ser prostituta y se consigue una “niña buena” de novia. Esa es una de las ambigüedades de la serie, esos finales desiguales. Damiano libre y feliz. Fiore solo acusado de tratante de blancas y nunca por asesinato. Los clientes de Chiara se ven un poco avergonzados, pero como explica su abogada, ningún italiano es castigado por pagar los servicios sexuales de “una ragazzina”.

Esa abogada es el ejemplo más irónico del doble estándar de la serie. En la tercera temporada, la todavía endiosada Emma inicia una relación con Christophe, un hombre maduro que conoce su identidad. La relación se hace continua e intensa y pareciera ser una vía de “normalización” para Emma, pero Christophe no acude a una cita. La que se aparece es la esposaabogado y amiga de la madre de Chiaraquien le explica que su marido teme a la vejez y a la impotencia. De ahí que necesite de amantes jovencitas.



La abogada se marcha, pero antes le da a Chiara su tarjeta por si necesita de sus servicios. Eventualmente se hará cargo de la defensa de la joven prostituta, pero nunca la veremos delatar a su marido. Es cierto que la serie hace hincapié en la responsabilidad de los adultos en la corrupción de sus hijos, pero siempre son las mujeres más castigadas que los varones o las instituciones.

Lo vemos en el caso de Mónica, la madrastra de Damiano, que por sostener relaciones con Niccolo debe renunciar a su empleo; la madre de Chiara que ve su carrera arruinada, y peor le va a Simonetta. La madre de Ludo descubre el cuarto de los tesoros de las muchachas, pero como le conviene recibir dinero mal habido de la hija, se queda callada.

Entremedio Simoneta encuentra la estabilidad emocional junto a Alberto Fideli, subdirector de la Collodi. Fideli y su hijo gay, Fabio (Brando Paccito), se trasladan a la casa de Simonetta. La compañía de su “nueva familia” hace que Ludo recapacite y planee abandonar la prostitución, pero el acoso de un cliente airado la hace desistir puesto que necesita de la protección de Fiore.



Cuando se desata el escándalo, Ludo huye con Fiore, rumbo a Alemania. Desesperada, Simonetta se entrega a la policía, es juzgada y condenada por complicidad en el tráfico de menores. Fideli es despedido, pero la Collodi permanece intocada.  Otro que también sale bien parado es Brando quien indirectamente ha sido el causante de la prostitución de Ludo.

Brando es un individuo repelente que oculta su homosexualidad con una agresividad homófoba en contra de Fabio Fideli que le gusta y misógina en contra de las prostitutas del Trastevere. Cuando Fiore se entera que Brando maltrató a Ludo, lo apalea. El vengativo muchacho comienza a seguir a Chiara y Ludo y filma a la primera en un encuentro con un cliente. Armado con ese video, Brando chantajea a Chiara para que sea su novia y acaba violándola. En la temporada final, Brando de motu proprio va a declarar a favor de Chiara confesando su chantaje, pero nunca la violación. Al parecer ultrajar a una prostituta no es un crimen.



Ustedes me conocen, saben que no soy feminazi ni odia hombres, pero la serie es más dura en su retrato de las hembras que de los varones involucrados en este negocio delictivo.  Digamos que eso es lo que se deduce de un sistema legal que cree que un adulto con antecedentes como es Fiore pudo ser manipulado por un par de adolescentes ingenuas. Como en “Cuties”, es el poder sexual de las niñas lo que se convierte en una amenaza para el hombre adulto.

La única vez que veo ese poder es en un caso un poco trágico donde el hombre si es castigado y repudiado. Se trata el maestro de filosofía de Ludo, Tomasso Regoli,. Cuando conocemos a Regoli es un viudo traumatizado. Para superar su luto solicita prostitutas que, aparte de proporcionar servicios sexuales, deben hacer el papel de la difunta. En uno de esos cosplay entra Ludo. Al verla tan joven Tomasso se marcha sin tocarla.



Unos días más tarde, Ludo descubre que su cliente es su maestro. Inicialmente Ludo intenta amedrentarlo con su sensualidad agresiva, pero pronto se da cuenta que Regoli realmente busca ayudarla. Una noche, tras una discusión con la madre, Ludo huye a casa de Regoli, pero este que se ha enamorado de la alumna comete el error de besarla. Ludo huye horrorizada.



Regoli hace lo correcto, renuncia a la escuela, pero decide visitar a Simonetta, contarle todo e impulsarla a ayudar a su hija. Simonetta reacciona on gran cinismo, acusándole de ser un pervertido y amenazando con denunciarlo a las autoridades. luego, va donde Ludo y le endilga un sermón moralista lleno de reproches que finaliza en un “¡Yo no te enseñe a hacer esto!” Con la voz quebrada por el llanto, Ludo le suelta una gran verdad” ¿Qué me enseñaste mamá?” Simonetta se da cuenta que su mal ejemplo ha causado la ruina de su hija. decide apoyarla, pero la situación las supera.



En la temporada dos, Fiore ha contratado un maleante para aterrorizar a las chicas. Chiara y Ludo se dan cuenta que necesitan del apoyo de Fiore quien les renta un piso para sus encuentros. En la temporada 3 Damiano, que se ha vuelto idiota, las graba en ese piso para darle el video a un detective que el chico cree llevará a la policía. El detective lo usa para chantajear a los padres de Chiara.

La policía vigila a Fiore y arrestan a una de sus jóvenes empleadas, Sofia, quien confiesa que fue otra prostituta quien la convenció de cambiar de “paponne” e ir a trabajar on Fiore. Sofia solo sabe que la chica se llama Emma y que estudia en la Collodi. Esto aparece en la prensa, todos creen que se trata de Ludo. Para empeorar las cosas, Damiano, delante de un periodista, dice que Ludo no es la única prostituta de Collodi. La policía emite una orden de arresto en contra de Ludo quien huye con Fiore.

Finalmente, Chiara hace un video donde confiesa ser Emma. La policía arresta a Fiore quien acusa a sus pupilas de ser las verdaderas proxenetas. Solo el testimonio de Natalia, una prostituta madura que trabajó para Fiore, salva a las chicas. Y el final ya lo saben. Ludo, tras dar un excelente examen de bachillerato, se va a París a estudiar arte. Damiano queda feliz con su noviecita Aurora, Brando queda feliz con su noviecito y Chiara es encerrada en una especie de reformatorio-orfanato.


                                            Ludo en Paris

El Glamur de la Prostitución

Hay quien se ha quejado de que se castigó más duramente a Chiara que a Ludo, pero lo cierto es que Ludovica fue empujada por la necesidad a hacerse prostituta y siempre intentó salirse del medio. Chiara escogió ese camino para forjarse una identidad. Hasta el final no nos queda claro si realmente está arrepentida. No me sorprendería si Chiara en el futuro, vuelve a las andadas, pero como ella siempre ha querido, como trabajadora independiente.

Esa impresión nace no solo de la falta de arrepentimiento de Chiara, pero también de una imagen un tanto glamorosa de la prostitución juvenil que nos deja la serie. Desde el principio parece una forma viable de conseguir dinero, independencia, respeto, incluso admiración de los clientes. Aparte de la agresión de Saverio la noche del accidente, ninguno de los “papponi” de las chicas las maltratan. Por eso Chiara aconseja a Sofia de dejar a su tratante y pasarse al servicio de Fiore.



Tanto Saverio como Fiore les aseguran a las chicas que es un negocio en el que entran bajo su voluntad y del que pueden salirse cuando lo deseen.   Ludo ni siquiera tiene que acostarse con su primer cliente, un dentista gordito que solo quiere ser visto en público con una chica bonita y que la trata como reina.

El primer cliente de Chiara es un chico tan guapo y que la trata tan bien que ella se niega a cobrarle. Es entonces que el fríamente le cuenta que su esposa e hijos están de vacaciones y que ha contratado a Chiara porque se siente solo, por eso debe pagarle.

Todos los clientes de las chicas son hombres atractivos, ricos, que las tratan bien y que no las hacen sentirse degradadas.  La única vez que uno se propasa con Ludo es porque Fiore lo ha enviado para atemorizarla. Aunque Ludo consume drogas a destajo, nunca cae en la drogadicción. Si quiere salirse es porque desea una vida ‘normal”. Eso la hace diferente a Chiara.



“Baby”no muestra las peores consecuencias de la prostitución, no hace un juicio moral, no evalúa los peligros que corren quienes practican la profesión más antigua del mundo ni como acaban. En el penúltimo capítulo, Chiara y Ludo se internan en el bajo mundo nocturno en busca de Natalia. Ahí ven callejeras ajadas, mal trajeadas,  atendiendo a cualquier tipo de cliente. Es ahí cuando Ludo se da cuenta que ese hubiese sido su fin, pero es solo una escena, un momento en toda una serie que hace ver que en la venta de sus cuerpos esta la libertad de estas jóvenes tan problemáticas

Tanto “Cuties” como “Baby” glorifican el poder sexual de las jovencitas y muestran que en el control de estesea en concurso de bailes o en el meretricio reside la solución a todos los conflictos familiares, a la soledad, a la falta de autoestima. Pero, la target audience de Netflix no son ellas. Concuerdo con Christine Pelosi que este tipo de programas es más disfrutado por quienes pretenden disfrutar de las menores, que por estas últimas. Para los que no lo son, estas historias son perturbadoras y alarmantes.

NOTA Con ese disclaimer invito a mis Gatitos varones a comentar estos relatos sin temor a que los acusemos de pedofilia por haberlos visto.