La han llamado
una combinación de Shtisel y el Padrino. Su comienzo se parece al
inicio de Dissobedience y trata de una familia que tiene los problemas
de los Roy de Sucession sin el humor y más oscura (hasta en el vestuario).
Es Rough Diamonds, la incursión de Netflix en el mercado de diamantes
belga, que hasta hace poco era propiedad de los judíos jasídicos .
Érase una vez que
la industria del diamante en Los Países Bajos—la mayor del mundo—
estaba en manos judías. Entonces se
trataba de una comunidad sefardita (de origen portugués) que, gracias al caballero del bigote, disminuyó notablemente a mediados del siglo XX
y fue reemplazada por judíos askenazi. En este siglo inmigración e infiltración
foránea han disminuido el rol judío en el negocio.
El Retorno de
la Oveja Negra
Esta es la saga
de la Familia Wolfson, que lleva casi un siglo en el mercado de piedras preciosas,
pero que ahora enfrenta una notable
decadencia y un posible fin. Aunque Dan Wolfson “Tateh” el patriarca todavía está
involucrado en la firma, la manejan sus hijos Elí , Yanki, y Adina, la primera mujer Wolfson en participar en el
negocio. Los Wolfson son jasídicos y como tal, muy tradicionales. Otro que es parte de la
junta principal es el primo Benny quien ha ocupado el sitio vacante de Noah Wolfson
quien por decisión propia abandonó el negocio y el estilo de vida jasídico.
La historia
comienza con Yanki yendo a su trabajo matinal, robándole un revolver a un
guardia de seguridad y descerrajándose un tiro en su oficina. De ahí saltamos a
Noah intentando abordar un avión desde Londres a Amberes en compañía de Tommy, su
hijito. Hay un problema, el niño no lleva el apellido del padre, el nombre de Noah
no aparece en el certificado de nacimiento de Tommy. Es una excelente manera de
crear suspenso. ¿Los dejarán abordar el avión? ¿Le quitarán al niño?También nos refleja el tipo de vida que ha
llevado Noah, muy alejado de la estructurada vida familiar jasídica.
Noah explica
impaciente que nunca se casó con la madre de su hijo, que ni eran pareja cuando
nació Tommy. Se vino a hacer cargo del niño solo cuando la madre murió y nunca
se ha ocupado de adoptarlo legalmente. Finalmente, padre e hijo regresan al
hogar paterno donde solo Adina está feliz de verlos y les da alojamiento.
Durante la Shiva,
aparece uno de los innumerables parientes muy golpeado. Lo encontraron en la
puerta unos mafiosos a lo que Yanqui les debía una fuerte suma y amenazan con
regresar por el pago. Esto altera a los presentes, sobre todo a Gila, la viuda,
que descubrimos fue una vez novia de Noah Este visita a Sammy, un antiguo amigo,
que le cuenta que Yanqui cayó en manos
de peligrosos mafiosos puesto que era un adicto a juegos de azar. Noah visita a
uno de ellos en su taller mecánico e intenta negociar la deuda de Yanqui, pero
el mafioso se burla de sus amenazas, le dice que sabe que los Wolfson no
quisieron pagar las deudas de juego de su hermano.
Noah, enfurecido, interrumpe en la Shiva y ataca a
Eli acusándolo de haber dejado morir a su hermano. Sus padres se escandalizan
al saber que la muerte de Yanqui pudo ser evitada y aprueban que la oveja negra
de la familia se haga cargo del asunto.
Noah y Sammy, más
una carga de peso pesado, se presentan
en la oficina del corredor de apuestas. Noah le entrega el valiosísimo reloj de
Yanqui como pago de la deuda. El corredor de apuestas insiste que no es
suficiente, Noah y co. Le atizan un palizón, rompen el local, y zanjan el negocio, pero los problemas no
acaban ahí,
Cuando Noah y
Tommy —que la está pasando pipa con sus primitos jasídicos— se disponen a regresar
a Londres, Adina suelta una bomba. El vicio de Yaqui lo llevó a hacer cosas
peores, se metió y metió a la firma en negocios fraudulentos que ponen en
peligro el futuro de Diamantes Wolfson puesto que la deuda acumulada es
infinita. Ante la posibilidad del debacle, Noah decide quedarse. ¿Pero es el
indicado para rescatar a su familia?
Un Oscuro
Viaje Hacia el Crimen
La crónica del
viaje de Noah, que ocupa gran parte del
primer episodio, alterna con un arco que
solo al final se nos hace comprensible. Se trata de la saga de una procuradora
de Amberes, Jo Smet, y sus esfuerzos por desbaratar un tráfico de drogas
manejado por la mafia albanesa.
Casi todo lo que
hace Noah en el primer episodio es interrumpido por llamadas de celular desde Londres
que le recuerdan que debería estar allá , en una reunión de negocios con “gente
peligrosa “, y que lo amenazan con la ira de una tal Kerrah. Solo al final descubrimos
que Kerrah es la suegra de Noah y que ambos están metidos en el tráfico de
drogas. De ahí partirán estos tres arcos que en un momento se unen y nos
muestran el lado oscuro de la industria del diamante.
La primera
pregunta que me hacen es si realmente existe ese lado oscuro. De ahí surgen
voces que a través del periodismo judío cuestionan una serie que reafirma
estereotipos sobre la comunidad hebrea que, si los judíos son codiciosos,
tramposos en los negocios, criminales, etc..
Aunque ese es el
propósito de Netflix— una cloaca antisemita—solo el que quiere puede
asociar el comportamiento de un par deindividuos con toda una etnia. Si bien es
cierto que el negocio de los diamantes ha albergado elementos criminales—como corresponde
a un sitio donde se manejan fortunas en gemas y el poder que eso conlleva— no es
un factor tan constante que pueda estigmatizar a una industria milenaria. En
cuanto al poner judíos detrás de estos contubernios entre traficantes de drogas
y mafiosos, no me paree que sea diferente al Padrino, Power o Warrior
que nos muestran el lado criminal de otros grupos étnicos sin generalizar sobre
toda la población sea italiana, afroamericana o asiática.
Como dije, a raíz
de McMafia, yo no tengo nada en contra de describir criminales
judíos, siempre se les retrate con veracidad y sin dar pie a comentarios nocivos
sobre nosotros como cultura o religión. Una queja que he oído sobre Rough
Diamonds es que retrata a los jasídicos como hipócritas que son muy puntillosos
en algunas prácticas religiosas cuando simultáneamente son delincuentes. A diferencia de los católicos, no tenemos ni
confesión ni absolución sacerdotal. Solo sabremos si D-s nos perdonó cuando Él
nos juzgue, por lo tanto, un judío religioso que ha quebrantado uno o más
mandamientos tiene mayor obligación y urgencia de cumplir los otros.
Leí esos
comentarios sobre la hipocresía de los personajes, cuando solo llevaba visto un
capítulo y tuve la impresión de que toda la serie era sobre judíos mafiosos.
Por el contrario, al comienzo es solo Yanqui quien ha dado malos pasos. Si tenemos
en cuenta su adicción al juego y su suicidio, podemos pensar en el cómo en un
enfermo mental, no como que la criminalidad sea una característica del pueblo
judío. Es como decir que todos los cristianos son hipócritas porque la serie
nos muestra a Kerrah, la vendedora de drogas,portando una gran cruz al cuello.
En cuanto a la involucración
de la firma Wolfson con la mafia albanesa, la serie nos lo presenta como un
acto desperado y que no sucedería si no lo ofrecieran Noah y Kerrah como única
alternativa. Pensaba yo que, si hubiera visto esta serie con rabinos y mis maestras
de escuela judía, todos la calificarían de fábula cuya moraleja es lo que nos
decían siempre: el que se asimila pierde ética y moral.
A mí me cargaba
que creyesen que los valores morales solo se encuentran en el código mosaico,
pero el tiempo les ha dado la razón. Netflix no se da cuenta que su serie lo
confirma. Al huir del estrecho mundo religioso, Noah ha caído en un caos de
violencia irresponsable y de delincuencia. La mayor parte de su familia sigue
llevando una vida digna y decente. Eso lo nota el pequeño Tommy que quiere
abrazar el mundo que su padre ha despreciado.
En toda buena
historia, como en la vida misma, hay un efecto dominó. Una decisión mal tomada puede
destruir a todos los que nos rodean. Al marcharse, Noah empujó a Gila a casarse
con Yanqui. Consciente de estar casado con una mujer que amaba a otro, Yanqui
se hundió en el juego y acabó con su vida. Noah vuelve creyendo que puede arreglarlo
todo, incluso tener a Gila en sus propios términos, pero se olvida que él ahora
es parte del mundo de crimen. No tiene nada que ofrecerle a una viuda con hijos
pequeños.
A Noah no le
importa, importuna los esfuerzos de Gila para encontrar marido, se acuesta con
otra mujer a la que utiliza, se acuesta con su cuñada haciéndole promesas
vanas, pone en peligro a su amigo Sammy y arrastra a su familia y al negocio
familiar al mundo de las drogas y lavado de dinero. No encuentro duras las
palabras de su Tateh (Papá) : “Abandonaste a tu familia; abandonaste a
D-s ¿y qué encontraste? Nada de nada”. Un
hombre así concluye el patriarca, no puede liderar, solo destruir.
Otro detalle que
me encantó fue un intercambio entre la procuradora Jo y su anciano padre. Ahí
notamos que Jo siente rabia por los judíos, los culpa de haber explotado y mal pagado a su
padre cuando este era cortador de diamantes.
Aunque se refiere
de manera grosera a los jasídicos, el padre afirma no sentirse ni explotado ni
mal pagado y le advierte a Jo que los judíos son gente de “moral férrea”. No se
equivoca. En su infantil antisemitismo, es Jo la que cree que si sigue su investigación
atrapará un cabal jasídico cuando en realidad solo fue Yanqui que, al pagar una deuda de juego con diamantes en
bruto, involucró a los suyos en el
crimen organizado.
Contenido
Violento o Gory: Hay
violencia, sobre todo cuando la ejerce
Noah, pero es la típica de serie antigua, sin excesos. También se agradece que
el idioma sea menos grosero que en otras series.
Contenido
Sexual y Desnudos: Aunque
Noah y Gila tendrán su momento de cama, no hay desnudos. Bueno un par de nalgas
masculinas en el mikvah.
Contenido
Feminista: Hubo quien se
quejó de que en esta serie ninguna mujer pasaría el Test Bechdel. Lo cierto es
que casi siempre vemos a las mujeres en conversación con hombres sean
parientes, parejas o colegas. Las únicas conversaciones entre ellas las tenemos
en el segundo episodio. La conversación de las parientas de Gila sobre su
futuro matrimonial no es necesariamente sobre hombres sino sobre el status de
la mujer ortodoxa. Sin marido, sin familia (lo sabré yo) no tiene cabida en la
comunidad.
La otra
conversación refleja el poder de la Mujeres Wolfson. Me refiero a cuando Adina
y su madre discuten el futuro del negocio, y la primera recibe la aprobación
materna para hacer lo que se necesite para salvar algo que, más que una fuente de dinero es la identidad
de su familia. Más tarde tendremos esa maravillosa reunión de negocios en que
son las Mujeres Wolfson las que llevan la voz cantante.
La serie logra
erradicar falsedades sobre las esposas ortodoxas. Nadie las obliga a casarse,
los maridos les permiten tomar decisiones, heredar fortunas, ejercer carreras; y debajo de sus pelucas
tienen frondosas cabelleras. A lo mejor son ingenuas como Gila que persiste en
creer que su cuñado es el amor de su vida o Adina que deja que su amor de hermana
le impida hacerse cargo de los Diamantes Wolfson y salvar a su familia del
mundo del crimen, pero no son tontas ni toman decisiones alocadas. Entre la
criminalidad irresponsable de Noah, y la arrogancia delictiva de Eli, Adina
destaca porque, como dice su madre, “D-s te ha otorgado más inteligencia y
honestidad que a otros”.
Algo también muy
interesante es que, en comparación con mujeres devotas de sus carreras, sean policías o criminales como Jo Smet y Kerrah
McCabe, Adina tiene una vida más completa, y podría decirse que es más feliz que ellas.
Factor
Diversidad: Tenemos
belgas (valones y flamencos) , ingleses, albaneses, brasileños, un árabe de Dubái y muchos judíos. En un
momento, y en aras de la diversidad, embuten un dialogo entre Noah y la madre
de una condiscípula de Tommy . Que sea afro-belga no sorprende puesto que el país
de mi abuelo tiene una trágica herencia de colonialismo en África. Lo
sorprendente es que es la conversación es en inglés. Es fascinante como Los
Wolfson saltan de un idioma a otro (francés, inglés, flamenco y yiddish) ya que
nos hace ver la diversidad lingüística dentro de una ciudad como Amberes.
En días de Covid
19, “Unorthodox”se convirtió en el sleeper de Netflix, un éxito inesperado que
ha alcanzado al mundo hispanoparlante y creado curiosidad sobre el estilo de
vida de los jasídicos y sus rebeldes que buscan escapar del mismo. Ya les comenté
que D-s mediante este verano, estarán en el mercado las versiones en español de
los libros de Deborah Feldman, pero en lo que eso sucede ¿qué ver o leer sobre
el mismo tema?
Desde Las
Hijas de Tevye Hasta Los Elegidos
Seamos francos,
parte de la razón que “Unorthodox” tuvo tanto éxito en una sociedad, que no es
judía ni sabe mucho sobre el judaísmo, es que agarró a la gente confinada en
sus hogares, tal como la protagonista en su estrecha realidad jasídica. La
rebeldía de Esty fue un modo de rebelarnos contra el encierro, el aislamiento,
la escasez de productos y libertades. Por eso he escogido para comenzar libros— hoy
clásicos de la literatura judía—que describen chicos y chicas que, como
Esty, buscaron algo más, sea poder estudiar libros sagrados o seguir carreras
universitarias.
Aunque los judíos
han dejado atrás religión y estilo de vida desde los personajes bíblicos hasta
el filósofo Spinoza, las andanzas de los ex frum no pasaron a ser
material de esparcimiento sino hasta fines del Siglo XVIII con La Autobiografía
de Solomon Maimon. Pero como estos primeros recuentos literarios de los
renegados son pesados, latosos y difíciles de conseguir, voy a abocarme a lo que
más gustó en “Unorthodox”, los rebeldes, los que quieren saltarse las reglas y
vivir a su manera.
Así llegamos al
primer gran clásico yiddish Tevie el Lecheroy su secuela Las Hijas
de Tevie de Sholem Aleichem. Salomón Rabinowitz, el primer artífice del Yiddish
como lengua literaria, no era jasídico ni siquiera ultraortodoxo. Era hijo de
una familia acaudalada judía, una rareza en la Rusia decimonónica, cuya vida
estuvo marcada por altos y bajos económicos. Sus padres cayeron en la
bancarrota, y Salomón acabada la escuela se vio obligado a convertirse en tutor
de una heredera judía, Olga (Hodel) Loev. A pesar de la oposición del padre de
Hodel, la pareja huyó y se casó y eventualmente heredaron la fortuna de la
familia.
Este nuevo
estatus social les permitió criar a sus seis hijos y a Salomón, bajo el
seudónimo de Sholem Aleichem, escribir cuentos y novelas. En 1890, una baja de
la bolsa de valores donde había especulado volvió a sumir al escritor en la
pobreza. Desde ahí se dedicó totalmente a escribir adquiriendo fama, pero no
fortuna. Abocado al trabajo y a conferencias, Sholem Aleichem viajaba
constantemente. Los pogromos del comienzo de siglo lo llevaron a salir de Rusia.
Tras dejar a su familia en Suiza, el autor intentó conseguir visa para los Estados
Unidos, pero tanto agotamiento le provocó una tuberculosis que— mal
atendida— lo llevó a una tumba temprana.
Su obra más
reconocida son unos cuentos que ofrecen una visión semi idílica de la vida de
los judíos en los shetl s(aldeas) de la zona conocida como La Empalizada
donde los Zares habían segregado a sus súbditos hebreos. Esta serie de cuentos
que giran en torno al filosófico lechero Tevie y su familia, sirvieron de base
para la obra teatral y fílmica El violinista sobre el tejado.
Para Sholem Aleichem,
Tevie y su modo de vida le eran tan exóticos como a nosotros. Sin embargo, le
inyectó humanidad, afecto y mucho humor que ha llevado a que se le tildase El
Mark Twain Yiddish. No todo el mundo admira su trabajo. Yo tenía una maestra
que se quejaba de la admiración que inspiraba el autor… “cuando todo lo que
hace es burlarse de los judíos ortodoxos”. Tal vez eso explique la facilidad
para llenar su obra de judías rebeldes como lo son las hijas de Tevie.
Tseitzel reniega
de su compromiso con un hombre rico para casarse con su novio de la infancia.
Chava abandona el mundo judío para casarse con un cristiano (la mayor razón
para dejar el Derech en siglos pasados) Es Hodel la que más fascina. En ella,
el autor recrea su propia historia de amor dándole el nombre de su esposa.
Hodel no solo se enamora de su tutor, el revolucionario Pershik, también decide
seguirlo hasta las estepas siberianas donde ha sido desterrado. A la luz de lo
que nos interesa, las hijas el lechero se enfrentan a su sociedad religiosa
asumiendo roles activos y rebeldes, aunque eso signifique alejarse de todo lo
familiar.
Mas o menos eso
ocurre con la protagonista de “Yentl, El Chico de Yeshivá” cuento largo del
Premio Nobel Isaac Bashevis Singer que el autor, con ayuda de Leah Napolitani,
convertiría en exitosa pieza teatral. Para los efectos de este ensayo, les aconsejo
ver la versión fílmica de Barbra Streisand que además de tener un final feliz,
es más feminista que el original.
En un shetl
de la Rusia de principios del siglo XX, vive Yentl, la hija del rabino. Desde
la muerte de su hermano Anshel, el padre de Yentl ha cifrado todas sus
esperanzas en ella fomentando su interés por la lectura e instruyéndola secretamente
en el Talmud. Cuando el Rabino muere, Yentl se corta el cabello, se viste con
la ropa de su hermano y adopta la personalidad de Anshel.
Yentl-Anshel se
marcha a otro pueblo a estudiar en una prestigiosa yeshivá. Ahí conoce y se
enamora de Avigdor (Mandy Patinkin), pero él está comprometido con Hadass (Amy
Irving), una bella heredera. Cuando los padres de Hadass descubren que el
hermano de Avigdor se suicidó, rompen el compromiso y le ofrecen a su hija casarla
con Anshel. Avigdor suplica a su amigo que acepte o sin él se irá muy lejos
porque no soportaría la idea de ver a Hadass casada con un desconocido.
Temiendo perder a Avigdor, Yentl acepta, lo que la meterá en un inmenso lio.
Debido a que los
novelistas judíos de la primera mitad del siglo XX tenían temas más políticos y
alejados de la realidad ultraortodoxa (que en realidad era semi invisible), el
tema del abandono de comunidades religiosas no fue tratado ni en la literatura
ni por Hollywood. Una excepción fue “El cantor de jazz”, la primera película
hablada donde Al Johnson interpreta a un cantor de sinagoga que abandona su
comunidad para encontrar fama y fortuna en el mundo del jazz.
El primer
escritor en tratar seriamente el tema sería Chaim Potok con Los Elegidos
(1967) y Mi Nombre es Asher Lev (1971). Ambas novelas han sido
traducidas al castellano. La segunda describe las vicisitudes de un joven
jasídico que desea ser pintor profesional y como esto lo pone en conflicto con
su padre y su comunidad. Un toque interesante es que es el Rebbe, líder de la
dinastía Landover, quien otorga permiso a Asher para estudiar arte tal como
permite que Anne, la madre del pintor, vaya a la universidad como terapia para
su depresión nerviosa.
Si no pueden
encontrar Los Elegidos les recomiendo la película de 1981 que captura el
espíritu de la novela. La historia comienza en un campo de beisbol neoyorquino
en 1944. El equipo de Reuven Malter (un chico judío laico) se prepara con mucha
burla a jugar contra un grupo de chicos jasídicos. Las risas se acaban cuando
Danny Saunders (Robby Benson) demuestra su pericia dejando a Reuven (Barry
Miller) casi tuerto de un batazo.
A pesar de este
poco auspiciador comienzo, los chicos hacen amistad. Reuven es hijo de un
catedrático (Maximilien Schell) que desea para su hijo una carrera profesional,
lejos de los prejuicios del mundo ortodoxo. Danny es el heredero de una
dinastía jasídica. Su padre, el Rabino Saunders (Rod Steiger) ha creado una
relación filial de distancia emocional para preparar mejor a su hijo para su
difícil rol. A escondidas, Danny, que sueña con ser psiquiatra, va a la
biblioteca a leer libros científicos. Ahí conoce a un señor que se convierte en
su mentor y que resulta sr el padre de Reuven.
Tras muchas
aventuras y desventuras, los chicos logran sus sueños. Reuven el de poder
estudiar el Talmud y ordenarse de rabino, y Danny consigue el permiso paterno
para ir a estudiar en Columbia. El final es la despedida de los amigos. Danny,
para entonces se ha afeitado la barba y cortado los tirabuzones. El filme está completo,
pero solo en inglés en YouTube. En castellano se lo puede encontrar en Amazon
Prime.
Chaim Potok era
un rabino ortodoxo, como tal su prosa reboza respeto por el mundo tradicional,
pero a su vez, sabe reconocer la importancia del estudio seglar y el peligro
del fundamentalismo. Consciente de que el fundamentalismo también opera en
reversa, Potok escribió El Harpa de Davita, la historia de la hija de
padres comunistas, que, tras la muerte de su padre en la Guerra Civil Española,
busca consuelo en el judaísmo, la religión de su madre.
“The Chosen” tuvo
tanto éxito como el libro y es considerado el numero uno entre las 50 mejores
cintas judías del mundo. Logró borrar la mala impresión que había dejado un año
antes la adaptación del “Cantor de Jazz”. Hecha para aprovechar la fama de Neil
Diamond, se intentó hacer una película “poco judía” y el resultado fue lo
opuesto. No solo Yussel Rabinovich (Diamond) abandona su profesión de chasson
(cantor) en la sinagoga de su padre (Sir Laurence Olivier) para convertirse en
cantante pop. Además, abandona a Rivka (Catlin Addams), su esposa judía, para
tener un hijo con la típica shiksah (Lucie Arnaz).
Feministas de los
Noventas
Las películas de
los 80 dejaron el camino abierto para otras historias más complejas y que se
cifrasen en los miembros más vulnerables de la ultra ortodoxia, las mujeres. En
los 90 surgieron varias voces literarias femeninas que se enfocaban en la problemática
que acarreaba tratar de equilibrar fe, obligaciones religiosas y el derecho de
la mujer de controlar su vivir. Así llegaron los superventas de Faye Kellerman,
Allegra Goodman y Anita Diamant, pero la pionera en el Orthodexit feminista fue
Naomi Ragen que en 1989 sacaba al mercado La Hija de Jefte.
Bathsheva Haleví
es la hija mimada de un acaudalado hombre de negocio jasídico. Su vida
transcurre plácidamente entre su hogar en Los Ángeles y su internado en Brooklyn.
Entremedio, su padre le permite experimentar con intereses intelectuales poco comunes
para las mujeres de su comunidad como la fotografía, visitas a museos y una
tutora que presenta a Batsheva con libros seglares que abren su mente, pero también
fomentan sus sueños románticos.
Batsheva cree que
irá a la universidad, pero en su decimoctavo cumpleaños recibe una noticia
perturbadora. Debido a un voto que su padre hiciera durante el Holocausto, ella
deberá viajar a Jerusalén y contraer matrimonio con un desconocido. El mucho
amor que siente por su padre la obliga a aceptar ese matrimonio.
Así Batheva se
interna en un país extraño, a Mea Shearim una comunidad más cerrada que las que
conoce y un marido, Isaac Goren, que no corresponde a ninguna de sus ilusiones.
No solo Isaac es un amante desconsiderado y un marido controlador, también se
revela como un esposo brutal y violento. Para colmo, Batsheva descubre que es
un redomado hipócrita que se ha casado con ella solo para adquirir poder,
prestigio y acceso a la fortuna de los Haleví. El nacimiento del pequeño Akiva
no arregla las cosas y Bathsheva se ve atrapada, sin poder contar con su
familia.
Finalmente, logra
huir a Inglaterra donde se pone a trabajar como fotógrafa para mantener a su
hijo. Alla conoce a David, un seminarista hijo de una familia de aristócratas.
David quiere convertir a la fotógrafa, pero termina enamorándose de ella.
Batsheva se da cuenta que para ser feliz con David debe volver a Mea Shearim y
enfrentar a su marido. Aunque telenovelero y Deus ex machina, el final
feliz deja satisfecho al lector.
La idea de
jovencitas que se rebelan contra tradiciones y costumbres judías llegó hasta
nuestro mundo latino. En México, Rosa Nissan, discípula y protegida de Elena Poniatowska,
publica en 1992, Novia que te vea, una novedosa visión de la comunidad
sefardita mexicana de los 50. Vista a través de los ojos y diario de Eugenia “Oshi”
Mataraso, la historia describe su infancia y juventud, su amistad con Rebeca “Rifke”
Gorman, una chica askenazi de familia más liberal, y su lucha por convencer a
sus padres que la dejen estudiar en vez de obligarla a vivir como todas las
mujeres de su familia para ser “novia” y luego esposa y madre.
En manos de la
cineasta Guyta Schyfter, la trama toma otro cariz enfocándose ya no en diferencias
entre sefarditas y askenazi, sino en “la otredad” del judío en la sociedad
mexicana. Por eso el protagonismo recaye en Rifke (Maya Mishalska), sus
estudios universitarios y su romance con Eduardo Saavedra (Ernesto Laguardia),
un “niño bien” que juega a ser comunista.
Aun así, el
cuento de “Oshi “Claudette Maille) me resultó más interesante. Sobre todo, su
conflicto eterno con su madre Sarika (Angelica Aragón) por querer estudiar arte,
(“¿Studyar? ¿Aora sabya vas a zer”? exclama Sarika horrorizada).También su rechazo al matrimonio, una
obsesión de su madre que desde el nacimiento de su hija ha ido llenando un baúl
con el ajuar para el día que Oshi se case.
Oshi encuentra
refugio en Rifke, en Ari (Daniel Stern) otro amigo que conoce en un club
sionista, y en la pintura. Finalmente llega a un arreglo, permiso para tomar
clases de dibujo a cambio de ir a bailes y conocer muchachos. De ahí viene un
compromiso obligado con el medico León Levy, pero cuando se da cuenta que es un
controlador que no le interesa la opinión de la novia, Oshi le suplica a su
padre que la libere del compromiso., pero él no se atreve a romper con las
tradiciones de su familia.
En su desesperación,
Oshi decide huir junto a Rifke (a quien sus padres también le han puesto
limites por su relación con Saavedra). Las chicas huyen a Guadalajara a casa de
la Abuela Sol (Mercedes Pascual) y desde allá, consiguen que sus familias
acepten su derecho a decidir sobre sus vidas. El final encuentra a ambas amigas
convertidas en esposas y madres, pero también en profesionales realizadas.
En “Novia” hay
una ironía, los Groman que son más “modernos” son vistos yendo a la sinagoga,
celebrando el Shabbath, cuestionando el sionismo y Rifke, a pesar de las
protestas de Saavedra, insiste en que su hijo sea criado como judío. En casa de
los Saavedra, Rebeca enfrenta un antisemitismo sutil “los judíos son una
comunidad muy cerrada…no se integran”.
En cambio, la familia Mataraso que es
mucho más cerrada y tradicional nunca se la ve practicando su religión, hasta
el punto de que en su infancia Oshi se siente atraída por el catolicismo. Ella
termina casada con Ari que es ashkenazi y sionista.
Este filme que cosechó
cuatro Arieles (uno merecidísimo por Angelica Aragón que se pasó la cinta
hablando en Ladino) está
completo en YouTube.
La idea de seguir
usos que no son parte el dogma judío y que aparentemente solo sirven para oprimir
a la mujer siguió siendo un tema literario en Estados Unidos y así llegamos a
un libro que muchos ven como plagiado en Unorthodox y que Deborah
Feldman reconoce como inspiración: The Romance Reader de Pearl Abrahams.
Aunque encuentro
similitudes estilísticas entre ambos libros, tales como diálogos introspectivos
y vaguedades cronológicas, la historia de Rachel Levine, hija de un rabino y
habitante de un pueblo neoyorquino a fines de los 60, es diferente. Rachel es
una más de los siete hijos de un hombre débil de carácter que vive en un mundo
irreal incluso desvinculado de su familia. Tova, la madre, está más presente,
pero debido a sus problemas mentales que la llevan a varias amenazas de
suicidio es un personaje negativo. Como suele ocurrir en este tipo de
escenario, los hijos se crían solos.
Rachel y su
hermana Leah desarrollan estrategias para huir de ese mundo opresivo. La
principal es conseguirse tarjetas de biblioteca lo que las hace devorar todo
tipo de novela romántica que les deja claro como es el mundo más allá de los
confines del jasidismo. Sin embargo, Rachel tiene conciencia de que para llegar
hasta allá debe pasar por un molesto rito de pasaje, casarse. Así entra en un
matrimonio arreglado con la decisión tomada de que este no durará mucho.
Israel, el
esposo, ayuda siendo tan inepto que no pude consumar el matrimonio y Rachel
simplemente toma un bus y regresa a su hogar anunciando que hay que solicitar
una anulación. Su familia la apoya y colorín colorado. Esa es la gran
diferencia con Deborah Feldman. Para Rachel el matrimonio es un medio de escape,
para Feldman es un camino a la felicidad y cuando esta se trunca, es que toma
la decisión de salir del mundo judío.
Este feminismo de
Ragen y Abrahams debe haber influido para su libreto de “A Price Above Rubies”
que en 1998 cierra la exploración del rol femenino o su ausencia en el mundo
ultraortodoxo. Renee Zellwegger da vida a Sonia una confusa y reprimida esposa
jasídica. Frustrada en su matrimonio arreglado con Mendel (Glenn Fitzgerald),
incapaz de abocarse a la maternidad, Sonia es un polvorín a punto de estallar.
Siente que un fuego la consume por dentro. Sender (Christopher Eccleton), un
pariente del marido reconoce ese fuego al igual que reconoce el talento de Sonia
para diseñar joyas.
Sender le ofrece
un empleo que acaba con Sonia en la cama del joyero despojada de su dignidad al
igual que de sus diseños por los que su amante ni siquiera le paga. Harto de
las crisis de su esposa, Mandel la lleva ante el rabino quien intenta explicar
a Sonia su rol sumiso en su sociedad. Sonia habla de su fuego interno y con
altivez expresa su certeza de que solo D-se puede juzgarla.
Desde ese momento
Sonia pasa a ser una paria. Su cuñada Rachel (Julianna Margulies) se queda con
su hijo. Su esposo le cierra la puerta del hogar y ni familia ni amigos le dan
apoyo. Deambula por las calles y es rescatada por Ramon (Allen Payne), un
orfebre boricua que la ampara. A pesar de que pasan una noche juntos, Sonia no
busca un amante y al saber que el rabino ha muerto regresa a Brooklyn a buscar
su libertad. Se lleva una sorpresa cuando es recibida por la rebbetzin viuda (Kim
Hunter) quien le revela que su conversación tuvo gran influencia en su difunto
marido.
Al parecer el ‘fuego”
de Sonia entró en el rabino que tras anunciarle a su esposa que la amaba,
reanudó sus relaciones maritales. Fue en el medio de hacer el amor que lo pilló
un infarto, pero la rebbetzin está contenta con ese final y decide ayudar a Sonia
tanto a recuperar sus diseños, librarse de su marido, y volver a ver a su hijo.
Escrita a fines de siglo, “A Price Above Rubíes” tiene dejos de realismo
mágico. Aparte del famoso fuego interno, Sonia tiene un encuentro con Lilith y
una serie de visiones de su hermanito muerto que se le aparece para reprocharle
su proceder.
Antes y Después
de Deborah Feldman
En el Siglo 21 la
ficción del Orthodexit ha tomado nuevos vericuetos, tal como lo ha hecho con el
feminismo y la guerra anti-religion, que desde el punto de vista sociológico se
vuelve una agresión cultural. Eso no se notó en la primera década todavía influenciada
por las visiones feministas pero respetuosas de los Noventas.
Ese respeto se
manifestó en el simpático estudio de Stephanie Wellen-Levine Mystics, Mavericks
and Merrymakers, una investigación conducida por la autora entre las
alumnas de una escuela de Jabad para niñas en Brooklyn. Publicada en el 2005,
contrastaba su postura con The Unchosen (2006), el excelente trabajo (derivado
de su tesis doctoral) de Hella Winston sobre judíos que abandonan el estilo de
vida jasídico. El primero conserva cierta admiración por jovencitas que equilibran
su fe con su deseo de superación personal. El segundo es un rechazo a
comunidades tan cerradas que empujan a sus miembros, más sensibles, ambiciosos,
o intelectualmente curiosos, a exiliarse de ellas.
El año de The
Unchosen también vio en Inglaterra salir al mercado una de las grandes
novelas del Orthdoexit. Curiosamente, Naomi Alderman escribió esta novela debut
sin la intención de que se convirtiera en un exposé de su reducto
ultraortodoxo de Hemdon, ni como parte de la literatura queer. De hecho,
aunque Alderman ha declarado que el libro no es autobiográfico, ella abandonó
el mundo ortodoxo tras la publicación de la primera de una serie de novelas,
las cuales ni tratan de amores lésbicos ni de rabinos jasídicos.
Una de las
sorpresas/chascos que me he llevado al hacer esta investigación es que, aparte
de los clásicos, no se ha traducido al castellano ninguna de las novelas que
menciono y eso que las mayoría fueron superventas. Una ironía es que varias,
incluyendo Disobedience, han sido publicadas en portugués.
Debido a que no
se las puedo recomendar como libro, me enfocaré en el filme del 2017. La tesis
del film/libro está en el devar torah (sermón) que el Rabino Krushka
(Anton “Qyburn” Lesser) está escribiendo antes de morir. Su hijo adoptivo y
supuesto sucesor, Dovid (Alessandro Nivola) lo termina y lo presenta casi al
final. El tema es libre albedrio y como optamos por obedecer ciertas reglas y
otras no.
Al final Dovid ha
tenido que admitir que Esty (Rachel McAddams), su esposa, está enamorada de
Ronit Krushka (Rachel Weisz). Al aceptar esa relación, Dovid se da cuenta que
no puede obedecer las reglas y convencionalismos de su congregación y opta por
renunciar al puesto de gran rabino.
En el caso de
Ronit, ella optó por irse cuando vio que su padre rechazaba su bisexualidad. Ha
vivido todo este tiempo en Nueva York, absoluta libertad, es una mujer exitosa,
pero su desobediencia le ha costado una vida de soledad, nostalgia y muchos
remordimientos. Por eso regresa, aunque desprecia las ideas de esa comunidad, pero
al reencontrarse con Esty se da cuenta que eso es algo que ella puede todavía
recobrar. El final abierto fue uno de los aciertos de Sebastián Lelio que trató
la historia (a pesar de escenas de sexo que no están en el libro) con mucha
delicadeza.
No sé cuanta
influencia habrá tenido “Disobedience” en la literatura del Orthdoexit y en la
ola de memorias de ex jasídicos desencadenada por la publicación de Unorthodox
en el 2011. Lo cierto es que Unorthodox, y a brillante campaña de
mercadeo que la acompañó fue un punto culminante, pero a la larga vacío. Ninguno
de los libros sea novelas o memorias que la siguieron llegó ni cerca de la Lista
de Superventas del NYT (Unorthodox alcanzó el quinto puesto). Ciertamente
ninguna ha ameritado versión fílmica y su existencia pasó desapercibida.
Sin embargo, yo
tengo un ejemplo que es mi preferido, es muchísimo más honesto que Unorthodox.
Me refiero a Hush (2010) de Judy Brown, que en un vano esfuerzo por
ocultar su identidad, lo escribió bajo el seudónimo de Eishet Chayil (la mujer virtuosa
del Libro de los Proverbios). Se dice que por ser novela carece del poder de
una memoria como la de Deborah Feldman. Como les expliqué en un artículo
anterior las memorias de Feldman son bastante ficticias y Brown ha utilizado la
ficción para hablar de lo innombrable, un caso de abuso sexual que ella conoció
de cerca.
La heroína de Hush
(¡silencio!) es Gittl, una buena niña de la comunidad jasídica de Gers que cree
que el sexo y romance son patrimonio de los goyim (gentiles). La
infancia de Gittl está marcada por su amistad con Devory. Una noche en que Gittl
duerme en casa de su amiga, escucha que Shmuly el hermano mayor de Devory entra
al cuarto y se mete en la cama contigua.
Gittl no entiende
exactamente lo ocurrido, pero vincula ese extraño suceso con el carácter
retraído de Devory, sus manías suicidas y su insistencia en quedarse en casa de
su amiga cuando su hermano viene de vacaciones. La madre de Devory interroga a
Gittl quien le confiesa lo sucedido. La actitud airada e incrédula de la madre
cohíbe a Gittl quien se retracta. Poco después, Devory se ahorca en el baño de
la casa de Gittl.
Cuando la policía
la interroga, Gittl quiere contar la verdad, pero su madre se lo prohíbe. El “qué
dirán” que se ha convertido en ley religiosa entre los ortodoxos previene a
Gittl decir la verdad so pena de que “nadie quiera casarse con ella”. Así
Devory pasa ser un recuerdo desagradable, una memoria lejana.
Eventualmente,
Gittl hace un buen matrimonio. Yankel su marido viene de los círculos más
religiosos de Jerusalén…y es más bruto que todos los maridos que aparecen en
las novelas que he descrito. Unos días después de casados, descubre el
brassiere de su esposa y se horroriza ya que creía que solo las shiksas tenían
senos. Tiene que venir el Rebbe a explicarle los secretos de la anatomía
femenina. Pero no es solo Yankel el problemático.
Cuando intenta
besarla, Gittl se horroriza porque cree que esas son “prácticas de no
judíos”.De nuevo tiene que venir el
rabino. Al final yo ya le tenía lástima al pobre rabino que a cada rato tenía
que venir a arbitrar problemas domésticos de este matrimonio tan sui generis.
Pero no todo es humor en el libro.
Una noche, en
medio de una sesión de sexo, Gittl tiene un flashback de lo que pasó con Devory
y toma conciencia del ultraje del que fue testigo. Siente que debe acudir a la
policía o al menos usar el periódico yiddish local para hacer una denuncia. También
insiste en ponerle a su hija el nombre de su amiga muerta.
Su marido y su
familia ponen el grito en el cielo. Es el Rebbe de nuevo quien lleva a Yankel a
entender que se ha cometido un crimen y como afecta a su mujer La novela acaba
con Yankel apoyando a Gittl, no solo en el nombre de su hija, pero también en
su activismo.
Mucha gente en el
mundo ortodoxo se quejó de la obra, pero en comparación con Unorthodox, Hush
es una historia conmovedora y a la vez respetuosa. Eventualmente como parte de
su lucha en contra del acallamiento de los crímenes sexuales, Judi Brown salió
tanto de su anonimato como de su comunidad. Hace unos años publicó unas
memorias This Is Not a Love Story sobre lo que fue crecer junto a un
hermano autista.
Me gustaría que Hush
gozará del mismo respeto y celebridad que Unorthodox. Espero que a la
par que traduzcan los libros de La Feldman, también lo hagan con muchos de los
libros que he mencionado y que a alguien también se les ocurra adaptarlos a la
pantalla.
Antes de terminar
quería revisar “Shtisel” que se ha convertido en un punto de referencia en lo
que se refiere al mundo ultraortodoxo. ¿Como trata el tema del Orthodexit? Pues
vemos a muchas personas hacer viajes espirituales y geográficos El hermano del
rabino Shulem vive en Europa, eso hace a su hija más moderna y despierta que
sus primas. Rochelli, la otra hija de Shulem abandonó el mundo de la yeshivá
para casarse con un sefardita Jabadnik.
Cuanto más primo, más me arrimo
Su hermana Gitti
nos muestra las consecuencias del Orthodexit en las esposas abandonadas. nunca
sabremos ni los motivos ni el desarrollo de la huida de lIppa Weiss, pero si
podemos imaginarnos por el rechazo de su hija, que si Gitti no hubiese ocultado
al su familia y comunidad la huida de del marido este sería otro primo Moishe,
tratado como un paria obligado a practicar trabajos sucios para congraciarse de
nuevo con su comunidad.
Lippe abandona a su familia
De como Gitti descubre que ha pasado a ser una agunah
Eso nos lleva a
algo perturbador. ¿Está Akiva Shtisel en camino de ser un exfrum? La
pasión por la pintura, el poco apego a su empleo de maestro y cierta
fascinación por lo prohibido sobre todo en el área del romance, lo hacen un
candidato perfecto a desviarse del Derech.
El Caso de
Hester Street
Finalmente, quería
hablar de un filme considerado una de las joyas del cine judío. Se trata de “Hester
Street” (1974). Como “Unorthodox” está en yiddish, pero es la otra cara de la
moneda. Basada en una novela de Abraham Cahan, uno de los primeros novelistas
judíos de Estados Unidos, y dirigida por Joan Macklin Silver que una década después
nos daría la encantadora “Crossing Delancey”, “Hester Street” fue en su día
considerada una rareza étnica. El tiempo la ha convertido en una obra de arte.
La tímida Gittl
(Carol Kane que fue nominada a un Oscar) abandona la Rusia de fines del siglo
XIX para ir al reencuentro de su esposo Yankel en Nueva York. El shock es que Yankel
se ha afeitado la barba, cortado los tirabuzones, no se viste de negro, no es
religioso, y ahora habla inglés y se llama “Jake”. Para Jake (que anda en
amores con una corista) también es un shock y una vergüenza ver a su mujer y a
su hijo que representan un mundo retrogrado que él ha dejado atrás.
La pobre Gittl
vive humillada, sobre todo por como su esposo se burla de su peluca e insiste
en llamar a su hijo Yossi, “Joey”. Además, está atrapada en un departamentucho
en el Lower East Side que deben compartir con el Señor Bernstein, un tímido e
intelectual judío que sigue apegado a antiguas tradiciones.
A pesar de que
Gittl intenta cambiar, aprender inglés, vestirse más moderna, se da cuenta que
su matrimonio arreglado con Yankel/Jake es un fracaso. Mas importante, se da
cuenta que Bernstein se ha enamorado de ella y que él es el hombre soñado,
tradicional, gentil, discreto y hasta desea dedicarse a estudiar el Talmud.
Gittl y el Señor Bernstein
Gittl será una
judía ultraortodoxa, pero no es tonta. Se las arregla para conseguir un
divorcio, una jugosa alimonia, se casa con Bernstein y se da el gusto de
gritarle a Jake “¡Tú y tu puta polaca pueden ir a despellejarse!”. Al final
vemos a Gittl feliz con su Bernstein, y un Jake desolado con una Mamie que no
parece muy contenta con su compañía.
Hester Street es la contraparte del Orthodexit
con una mujer que es feliz en un mundo tradicional y un marido que creyó
encontrar la felicidad al otro lado del Derech y se llevó un chasco. Esa es la
queja mayor de Unorthodox, serie y libro que nunca muestra la perspectiva
contraria. ¿Por qué en “Shtisel” reservamos nuestra compasión para Gitti y sus
hijos y nuestro desprecio por Lippa? Después de todo ‘él es el equivalente a
todos los exfrum que la ficción del Orthodexit nos invita elogiar y a aplaudir.
¿Han visto
algunas de estas películas o leído estos libros? ¿Qué les parecieron? ¿Cual les
gustaría ver?