Si les ha gustado
el libro, amarán la serie. Aunque por
razones de tiempo y espacio se han reducido los personajes y las subtramas ( no
aparece toda la elaborada red de contrabando de Lale ni el juego de futbol con
la SS, y se abrevia el personaje de Jakub), el espíritu de la novela y el
romance están sumamente presentes. El
Problema del Tattooist of Auschwitz, es que el fanfiction obligatorio en
las adaptaciones literarias de este siglo aporta nuevos errores históricos más
reprochables que los que existen ya en el libro.
El guion ha ido
más allá del libro construyendo un marco que inicia con las entrevistas entre Heather
Morris y Ludwig “Lale” Sokolov en Melbourne. En el capítulo final han intentado
ofrecernos un vistazo de la vida del Matrimonio Sokolov en Australia en Los 60.
El primer cambio es excelente. El segundo no tanto.
Se trata de una
historia en donde luz y oscuridad juegan por partes iguales, y donde la
reconstrucción de Auschwitz es muy parecida a la de otros grandes filmes del
Holocausto (Sophie Choice, La Zona Gris, El Hijo de Saul). El
campo fue reconstruido en Eslovaquia y se filmaron escenas en la natal
Bratislava de Lale Sokolov y en Melbourne donde vivió hasta su muerte. La
música es más que adecuada (por suerte solo al final tocan el tema que Barbra
Streisand compusiera expresamente para la miniserie).
Las actuaciones
son impecables. Por fin desvinculo a Melanie Linskey de la Rose, novia eterna
de Charlie Sheen, en Two and a Half Men. Para los que se han burlado del
acento que creen imita, les cuento que es el suyo. No olvidemos que la intérprete
de Heather Morris es neozelandesa. Harvey Keitel como siempre insuperable. No
conocía a Anna Prochniak, pero la actriz polaca me ha impresionado. Por fin Jonah Hauer-King tiene un rol decente
que interpreta competentemente, pero quien lo opaca totalmente es Jonah Nay,
como el Rottenfuhrer Stefan Baretski muy lejos de sus roles en las Deutschland
y Tannbach.
Stefan Baretski
“El Pasado nos
Siguió Como un Perro Enfermo”
Si algo me ha
incomodado del “Tatuador” no tiene que ver con aspectos técnicos sino con
contenido. Entiendo,y no solo por las
entrevistas dadas por Morris, que Lale sufría del síndrome de culpabilidad de
sobreviniente (¿se dirá así?). Todos los sobrevivientes que he conocido sufrían
de esa sensación de que deberían estar muertos como sus familiares y
compañeros.
La serie va más
allá y determina cómo,cuándo y por qué
el tatuador debe sentir remordimientos. Se lo recuerdan sus fantasmas, las
imágenes congeladas de gente muerta y sus recuerdos. “El Pasado nos siguió como
un perro enfermo” es el magnífico símil que acompaña su narrativa.
Fuera de la
pantalla encuentro ensayos escritos por judíos arrogantes que acusan a Lale de
haber ayudado a los nazis puestos que sus tatuajes deshumanizaban a los que los
portaban. ¿Qué edad tienen estas voces?¿14 años? Porque es el único momento en nuestras vidas en que nos damos
baños de pureza y nos erigimos en pilares de la moralidad, sintiéndonos mejor
que los demás
¿Qué es lo que
desearían que hubiese hecho Lale? ¿Negarse a la oferta de Pepan y morir
desnutrido o en la cámara de gases? ¿Es por eso qué se admira tanto a Anne
Frank?¿Por ser mártir? ¿Porque ya no se
la puede acusar?Esta obsesión de
mostrarnos a Lale agobiado por culpas inexistentes es sádica, injusta y
absurda. casi tanto como los medios que la guionista Jacqueline Perske ha
encontrado para borrar los errores de Morris en el libro.
Pepan
Contenido
Violento y Gory: Es
Auschwitz, la violencia es tan presente que no me sorprende ver que los
guardias practicaban pruebas de tiro con prisioneros que estaban haciendo sus
necesidades. Mi madre me lo contó cuando yo era niña (lo supo por sus tíos),
esa brutalidad era estándar en el Lager,.
Sin embargo, lo más
violento no aparece en el libro, no es parte de las memorias de Lale, no es
invención de Morris, no hay documentación de que haya ocurrido y eso lo hace
muy perjudicial. Para subsanar dos errores, lo de la penicilina y la identidad
del médico que castra a León, esta serie inventa una fábula tan poco ética como
el ajedrez humano deHunters.
Para conseguir la
medicina de Gita, a Baretski se le ocurre poner a su “protegido” en contacto
con el Dr. Shumann, que tiene una clínica dentro de campo donde experimenta con
métodos de esterilización y que necesita que tatúen a unas pacientes. Incluso
la razón por la que Lale esté ahí es improbable. Solo se tatuaba al entrar al
campo.
Cuando Lale suplica ayuda, Schumann
amablemente le proporciona el medicamento. A cambio, exige que Lale lo ayude convenciendo a unas
pacientes que no desean abandonar el hospital. ¿Por qué no quieren irse? ¿Por qué
Lale, un extraño, podrá convencerlas?
Lale lo hace, lleva a varias mujeres, desnudas y con horribles cicatrices de
sus recientes histerectomías, a un patio enrejado. Ahí permanecerán hasta el
amanecer en la nieve hasta morir de hipotermia.
Schumann explica
que necesita de las camas para otras pacientes. Parece un acto de sadismo
inesperado. Lo normal sería llamar guardias que las arrastrasen a la cámara de
gases más cercana, o darles un tiro, o administrarles veneno. No había
necesidad de involucrar un prisionero ni de tener un espectáculo que para la
metódica organización de los campos de la muerte significaría pérdida de tiempo
y de orden tan preciados por los alemanes. Lo extraordinario es que ninguna
reseña se ha quejado de esta escena. Ninguna ha notado que no está en el libro
(señal de que no lo han leído)
Contenido
Sexual y Desnudos: Es
Auschwitz, desnudos por doquier. me sorprendería que alguien se excitase
sexualmente con ellos. Como en el libro, y en la vida real, Gita y Lale
consumaron su amor en un par de escenas, nada gráfico.
Factor
Feminista: Ante la
incredulidad de insensibles Millenials y Zetas, la serie, el libro y la
realidad describen la unidad entre Gita y sus amigas y como eso les permite
sobrevivir ayudándose mutuamente. Sin embargo, la guionista y productora
Jacqueline Perske al intentar reparar un error, nuevamente lo agranda. En el
libro, Cilka es una adolescente eslovaca
amiga de Gita. Un día es violada de manera clandestina por el Obersturmfuher
Johann Schwarzhuber, comandante de Birkenau.
Desde ahí será
abusada sistemáticamente. Solo Gita conoce el horror que vive su amiga.
Eventualmente, confía el secreto a Lale.
Cuando Lale va a ser ejecutado, Cilka tiene el valor de pedirle a su violador
por la vida del tatuador. Lale dice de ella “es la mujer más valerosa que he
conocido.”
Se ha dicho que
eso era imposible. Que ningún nazi tendría relaciones con una mujer racialmente
“impura”.Sin embargo, a Cilka, en la
posguerra,la acusaron los polacos de
ser “prostituta de los alemanes”. Heather Morris dice que vio los documentos para el arresto y encarcelamiento de Cilka en el
Gulag. Es la misma acusación que recibió la rescatista Irena Gut.Los abusos sexuales en los campos de
concentración y exterminio (a ambos sexos e incluso niños) era algo que se
practicaba clandestinamente, pero que existió, existió.
Foto de Cecilia "Cilka"Klein y su marido después de la guerra.
Hasta Rudolf Hoss, comandante de Auschwitz lo
practicaba. Tenemos los testimonios de Eleonore Hodys, disidente austriaca, a
la que violaba el comandante periódicamente. En un momento Hodys quedó
embarazada y su destino era la cámara de gas. Hoss se apiadó y consiguió que
Mengele le practicase un aborto clandestino a la pobre mujer, salvando así su
vida.
Pero tanta ha
sido la alharaca, que Perske intentó solucionarlo en su adaptación y acabó
empeorándolo todo. Interpretada por Yalit Topol Margalith (nieta del gran Chaim
Topol),Cilka es una especie de bitch
del comandante. La vemoscon empleo de
oficinista, cabello largo y abrigo de caracul, dedicada a oprimir a sus compañeras. Ayuda en
las selecciones para las cámaras de gas y acusa a Gita con Baretski de haber
derramado un tintero.
Gita y Cilka
Lo peor es que
mantiene una relación abierta con el comandante. Algo imposible, tanto como el
que Schwarzhuber tenga a su hijo pequeño en BIrkenau alternando con los
prisioneros. El guion se vuelve, como ocurriera con las pacientes de Schumann, más
inverosímil y ofende la memoria de todas las mujeres ultrajadas por los nazis.
Los críticos no dicen nada, porque ninguno parece haber leído libro y el Museo
de Auschwitz permanece en silencio.
Hay otro error de
la serie que afea el final. Se han quejado de que Gita es un personaje plano
puesto que solo sabemos de ella a través de Lale. En la serie nos dan más
detalles (la historia de su rescate de la Rebbetzin Hoffmann y de la chica embarazada);
se implica que fue violada por los rusos y que su vida matrimonial no fue
perfecta.
Ninguno de estos
detalles emerge ni del libro ni de declaraciones de Lale. De hecho, él le cuenta a Heather al comienzo
del capítulo final que Gita se adaptó más dedicándose a la panadería que
pusieron, a sus amigas, a su sinagoga. Esta suena como la Gita del libro y
serie, pero de pronto Lale dice “Gita siempre estaba triste”.
Los Solokov en su vejez
Luego cuando él y
su mujer discuten sobre si hay que testificar a favor de Baretski , Lale dice “siempre
estas enojada.” ¿En qué quedamos? ¿Triste
o enojada? ¿Adaptada o inadaptada? Se
nos dice que el carácter errático de Gita nace de su incapacidad de ser madre.
Lale, Gita y su hijo Gary
En un instante
regresa a Bratislava (como si hubiese sido tan fácil para un judío ir a Checoslovaquia
en los 60s) y vuelve encinta. Ya me imagino las bromas de los cínicos. En
realidad, creo que Perske se apoyó en el cliché actual de que en la ficción la
mujer cis—y en una relación hetero— siempre debe estar descontenta (y con cara
de resting bitch) con su pareja.
Factor
Diversidad: Hay judíos,
pero la mayoría son eslovacos. Han retirado a los socios polacos y rusos del
negocio de contrabando de Lale. Como en We Were the Lucky Ones, el ejército y autoridades rusas no son retratados
como muy amables. Tal como en el libro, tenemos una visión cálida de los Roma,
de cómo sufrieron a la par de los judíos y tenebrosa es la exterminación del
campo gitano de Auschwitz.
El caso de León
es otra invención de la serie. Como dijo mi hermano “es para que Lale se vea más
simpático. Amigo de los gitanos, amigos de los gay…” En el libro, Baretski
escoge a León, un joven eslovaco, para que sea el aprendiz de Lale. Poco
después, León desaparece, cuando regresa, muy macilento, le confiesa al
tatuador que un médico lo castró. Lale asume que se trata del Dr. Mengele.
Leon
En la serie se
elabora más en la biografía de León. Es Lale quien lo escoge al ver que un Kapo
lo golpea constantemente. León le confiesa que es homosexual, que tuvo amores
con un tenor en Praga, pero que fue arrestado por ser judío, no por su
orientación que ha ocultado. León es testigo de la tortura de las pacientes de Schumann.
Más adelante, el mismo León es escogido de Conejillo de Indias por un sonriente
Schumann.
El Dr. Schumann
Tal como en el
libro, este episodio sirve para informar
sobre los pavorosos experimentos conducidos en Auschwitz (y otros campos).
Convertir a León en homosexual sirve para denunciar otro aspecto poco conocido
del Holocausto: el exterminio de la población gay. Es el modo en que lo
presentan lo que parece un poco forzado y hasta risible.
Lale y Heather
pasean por el sector costero de Melbourne y, sobre el marco del Mar de Tasmania, vemos una pareja gay besándose. De regreso a
casa, el tatuador confiesa que León era homosexual. “¿Y no te molestaba eso?”
pregunta Heather. Entre risitas,el
anciano dice que la revolución sexual no es de ahora, que trabajar en negocios
de la moda lo puso en contacto con homosexuales. “Teníamos clubes, ¿me
entiendes?” Eso sonó raro como que Lale iba a esos clubes.
MI madre también
trabajaba en el circuito de la moda. De pequeña, yo sabía que tenía socios, colegas y amistades
que no gustaban de las mujeres, pero tenía clarísimo que de eso no se hablaba
porque la ley estaba en contra de ellos. “Sí mencionas que son ‘mariquitas’” me
advirtió mi madre “los van a poner presos, les van a pegar, es injusto, pero es
así.” Estas tolerancias falsas en tiempos antiguos que presentan series como El
Tatuador solo minimizan y trivializan los peligros y desdichas que han
acompañado al colectivo LGTB a través de su historia.
A pesar de los
errores cometidos en esta versión, es hermosa (algo que no solemos asociar con
filme del Holocausto), conmovedora, excelentemente actuada y entretenida.
Quiero terminar con algo que dice Gita en el filme (no en el libro) cuando Lale
confiesa haber dejado de creer en D-s. “D-s no puede ayudarnos, pero nosotros
podemos ayudarlo”. Esa ayuda consiste en demostrar al Cielo y al mundo que el
amor sigue existiendo a pesar de todo lo horrible que los rodea.
El Tatuador de
Auschwitz puede verse en
USA a través de Peacock, en España en Movistar, todavía no sé cuándo llegue a América Latina.
Extraje el título
de las palabras de Heather Morris la autora de la novela. Son su respuesta a
las muchas críticas—la mayoría injustas—que han caído sobre su superventas. Antes de hablar de la serie, aprovecharé de
corregir los motivos que han provocado indigna mala prensa en contra del libro,
la serie, la autora y el protagonista de The Tattooist of Auschwitz.
¿Cuándo se Sobrepasa
la Licencia Dramática?
Hace unos días
Gato Rafa me hizo una pregunta muy válida. ¿Puede el Centro de Investigaciones
del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau ejercer censura sobre el contenido de
una novela? Según mi criterio si puede.
El Centro que es
parte del museo no fue creado como un instrumento de censura sino como un
centro de recopilación de toda información concerniente al campo de
concentración/de exterminio (era ambos) más grande de la maquinaria nazi. La
intención de crear esta biblioteca, por llamarla así, que tanto abarcaba
documentos oficiales como memorias de sobrevivientes, era evitar errores que
diesen pie a los Negacionistas para poner en duda la veracidad del Holocausto.
A partir de este
siglo , el Centro ha elevado críticas sobre obras de ficción que, aunque
dramaticen hechos ocurridos con personajes ficticios o reales también incluyan sucesos
que nunca ocurrieron en Auschwitz. Algunas de las criticas las han recibido el
libro El niño del piyama a rayas y la serie de Amazon Hunters. El caso de “El Tatuador” es más complejo, puesto
que sus protagonistas son personas de la vida real. Aun así, me parece que el Centro,
al atacar la novela de Heather Morris ha hilado muy fino.
Edición enpastada de El Tatuador de Auschwitz
Aunque no se
valga la comparación, quería contrastar la falta de veracidad de Vuelo 61 con la de la novela de Heather Morris. Hago
hincapié en el término “”novela” puesto que la misma escritora ha colocado un disclaimer
en su relato del Holocausto basado en las experiencias de un sobreviviente. Con
esto digo que, aunque se trate de horrores y milagros vividos en Auschwitz por Ludwig
“Lale” Sokolov (cuyo verdadero apellido era Eisenberg) , habrá licencias
poéticas en la narrativa.
El problema de
historicidad de Vuelo 601 es que más de la mitad de sus personajes no
existen y que los sucesos reales están distorsionados hasta el punto de la
difamación. En cambio, si existieron Lale Sokolov, su esposa Gita Furman, y “Cilka” Klein tal como existieron sus verdugos
Stefan Baretski, Johann Schwarzhuber y el Dr. Horst Schumann. Hay documentos
encontrados en Alemania, Eslovaquia y Australia que atestiguan su realidad, así
como hay amigos y parientes que prueban que no fueron personajes de ficción.
Los Solokov en Australia
El problema es
que debido a que la investigación de Morris no fue minuciosa y que la memoria
de un anciano de 90 años le puede jugar malas pasadas, el libro presenta errores en cifras, en
nombres o el que la ruta que toma el tren que lleva a Lale a Auschwitz siga la actual
y no la de 1942. Aun así, el 95 % del libro es real (según la autora) y se siente
así. Esta es la génesis de la novela.
Todo comienza a
fines del Siglo XX en Melbourne, Australia.
La trabajadora social Heather Morris ha estado tomando cursos de redacción
literaria y asistido a talleres para escritores. Quiere escribir una memoria,
pero no sabe de quien. Un amigo le cuenta que tiene un amigo cuyo padre
sobrevivió Auschwitz. Mrs. Morris contacta a Ludwig “Lale “ Sokolov y comienza a
visitarlo en el departamento donde el anciano vive solo desde que enviudó.
“Esta es una Historia
de Amor”
Desde el comienzo,
Lale le advierte.” Esta es una historia
de amor”. Fue en el infierno del Lager donde el joven eslovaco conoció a
Gisela “Gita “Furman, el amor de su vida.
Heather sabe poco del Holocausto y queda muy impresionada ante las
reminiscencias de Lale quien sobrevivió Auschwitz gracias a su destreza para
tatuar números en los brazos de los prisioneros. Números que los identificaban
y deshumanizaban puesto que remplazaban sus nombres propios.
Por tres años,
Heather Morris condujo estas entrevistas, proceso que acabó con la muerte de
Lale en el 2006. A Mrs. Morris le pareció que el material merecía un filme y lo
convirtió en un guion que nunca fue aceptado. Convencida de que era una
historia que merecía ser oída, decidió rescribirla en formato de novela. Su
libro, que fue publicado en el 2018,
pronto alcanzaba el primer lugar de la Lista del New York Times.Fue un bestseller en más de la docena de
idiomas a los que fue traducido (400.000 volúmenes vendidos nada más que en Inglaterra).
Ha recibido elogios de la crítica y sin embargo ha sido objeto de controversia.
Memoria vs la Memoria de Lale
El ataque vino
desde Memoria, la revista del Centro de Investigaciones del Museo y
Memorial de Auschwitz. En siete páginas, Wanda Witek-Malickaseñaló
que Morris había cometido errores históricos que restaban veracidad al relato.
Voy a listar los errores más importantes:
a)El número
que Lale tatuó en el brazo de Gita corresponde a gente que llegó en 1943, ella
había llegado un año antes. En su declaración a la USC Shoah Foundation en 1996, Gita dijo que
su número era 45 62. Este error puede deberse a una transcripción errada de Morris
o a la memoria frágil de un anciano de más de 90 años.
b)Estando
Gita enferma de gravedad, Lale se las ingenia para conseguirle “penicilina”. La
penicilina no era usada comercialmente en esa época. A lo mejor, Morris intentó darle un nombre al término “medicamento”.
En su declaración , Gita habló de Prontocil, un antecesor de los antibióticos
modernos y la autora incluye este dato en su ‘fe de erratas”.
c)Lale
habla de los experimentos del Dr. Mengele para esterilizar judíos y como este
médico fue quien castró a León, amigo y aprendiz del tatuador. Lo cierto es que
Josef Mengele llegó a Auschwitz recién en 1944 y su área de experimentación
eran gemelos y enanos. Quien esterilizaba era el Dr. Horst Schumann, pero no es
como que al llegar a Auschwitz a los prisioneros los presentasen formalmente a
sus verdugos. Quizá, por años, Lale creyó que era Mengele al que conoció por
ser este el médico más infame— pero celebre—de Auschwitz.
d)Heather
Morris siguió su bestseller con otro libro llamado Cilka’s Journey. En
el relata la tragedia de Cecilia “Cilka” Stein, una joven eslovaca que fue
obligada por el Lagerfuhrer Johann Schwarzhuber a ser su amante. Cilka
aparece tanto en el libro como en la adaptación puesto que Gita solicita su
ayuda para salvar a Lale. A su llegada al campo, Cilka fue “seleccionada” por
el oficial para ser violada sistemáticamente por este individuo.
Johann Schwarzhuber en el banquillo de los acusados
En el libro, aparte del punto
de vista del protagonista, solo tenemos otro, el de Cilka. Por eso sabemos que
las violaciones ocurrían en secreto. Esta
historia también ha sido puesta en duda, sin mediar bases para el escepticismo
. Solo ese puritanismo hipócrita que ha permeado la historia del Holocausto donde,
por pudor, vergüenza o machismo, se han ocultado los abusos sexuales que sufrieron
las judías a manos de sus captores.
e)Obra falsedad
de la que han acusado al texto es de “la amistad” entre Lale y el guardia Stefan
Baretski. Nunca fue amistad. Es cierto que Baretski , en un par de ocasiones, ayudó a Lale y a Gita, pero era un individuo
tan volátil que no se podía confiar en él. Tanto daba con una mano como dañaba
con la otra. Libro como serie lo describen como un antisocial, bebedor, solitario,
desorientado, pero muy cruel. Baretski fue condenado y encarcelado después del Juicio
de los Guardias de Auschwitz en 1963. No hay evidencia que haya contactado a
Lale para pedirle referencias de conducta. ¿Como iba a saber que Lale se había
cambiado de nombre? Esa añadidura de la serie es producto del guion.
Unica foto que se conoce de Stefan Barestski
En el libro, Lale no se despidió de Baretski. Esa
declaración de “has sido como un hermano
para mí”, aparte de insólita, nunca sucedió. Únicamente sirve para añadir
confusión en el espectador sobre las razones por las cuales Lale se siente
culpable. Existieron otros guardias más
humanos que el handler del tatuador, cuya única excusa era ser despreciado por
los otros guardias y sus superiores por ser un volksdeustche rumano que
hablaba mal el alemán.
Quienes critican el libro de
Morris argumentan que era imposible que se desarrollaran relaciones entre guardias
y prisioneros, fuesen románticas,
amistosas o laborales. ¿Nunca oyeron del romance entre Helena Citronova y el guardia SS, Franz Wunsch, que hasta ha dado para una ópera? ¿No leyeron
a Primo Levi contándonos del guardia que quería hablar italiano? ¿No conocen el nombre de Victor Pestek, amigo de la infancia de Baretski, que acabó de guardia en Auschwitz y huyó junto
a Siegfried Lederer del campo en 1944? Betz, que, por amor a una chica judía,
regresó para rescatarla, fue arrestado, torturado y fusilado.
Ni hablar del respeto que Mengele
sentía por Alma Rosen, la directora de
la orquesta femenina de Auschwitz, o su relación casi cordial con la Dra.
Gisela Perl y con su asistente, el
medico húngaro Miklos Nyiszli. En Auschwitz se daban los horrores más monstruosos,
pero también los vínculos más extraños. Era un sitio tan caótico que
excepciones a la regla llegaban a ocurrir siendo un gesto de humanidad de parte
de los poderosos la proverbial aguja perdida en un pajar.
f)Leí
un comentario en IMDB donde alguien se quejaba que no creía en la solidaridad
que permea la serie, sobre todo entre las amigas de Gita. Le sorprendía que
compartiesen comida cuando los testimonios del hambre que afligía a los
prisioneros nos los muestrandeshumanizados hasta el punto de matarse por
un cacho de pan. Tristemente ese es el caso de la gran mayoría de los
prisioneros, pero se vale recordar que ciertos trabajos (Lale de tatuador; Gita
primero en “Canadá” y luego en la oficina) permitían un mínimo de más comida y
esos trabajadores eran los que compartían sus raciones o las intercambiaban por
otros productos.
Primo Levy, a pesar de su
empleo de laboratorio, sobrevivió por
las raciones que le traía su amigo Roberto.Una sobreviviente de Auschwitz me dijo una vez “las mejores amigas de mi
vida las encontré en el Lager”. El
objetivo nazi era destruir la humanidad y los códigos morales de sus víctimas,
pero muchos sobrevivieron gracias al apoyo de otros o apoyando ellos a terceros,
aun a perfectos extraños.
Dramatizar el Holocausto Siempre Conlleva Críticas
No hay memoria de
sobreviviente que no haya recibido ataques, cuanto más famosa más criticada.
Sir Elie Wiesel se lanzó en picada en contra de series de televisión como Holocausto y War and Remembrace. Las llamó “melodramas baratos y
simplistas”.Citó a Wittgestein: “De lo que no se habla, no se debe hablar”. Sin embargo, su Noche, donde narra sus
experiencias en Auschwitz y Buchenwald fue, en su día, acusada de falsear
hechos.
Schindler List también recibió fuertes censuras (por “glorificar
a un nazi”)y sin embargo la
despreciable La Vita e Bella ha sido alabada hasta por el
escritor-sobreviviente Imre Kertesz quien acusaría a la “Industria del Holocausto”
de promover kitsch, visiones de mal gusto y edulcoradas de una realidad
terrible. Nada de eso ocurre en The Tattooist of Auschwitz. donde Heather Morris incluye un disclaimer
afirmando que se trata de una novela inspirada por hechos y personajes reales.
Después de estas
aclaraciones es posible examinar la adaptación a la pantalla chica del libro.
Aunque es buenísima y muy recomendable, es triste ver que las críticas y
ataques empujaron a los adaptadores a echar mano de recursos más inverosímiles
que los criticados.
Una duda que tuve
por años fue como “War and Remembrace”, con un elenco de lujo y un presupuesto
el triple de lo que se había invertido en su precuela, pudo tener tan bajos ratings.
Ahora, viéndola subjetivamente, con tres décadas de distancia, creo entender
las razones que la hicieron inferior— al menos en el corazón de teleaudiencia— a “The
Winds of War”.
Los mejores
Cambios: Nuevo reparto y filmación en Auschwitz
Aunque fue chocante
que “Vientos de Guerra” acabase de esa manera tan abierta, no lo fue para los
lectores de War and Remembrace, la monumental secuela publicada en 1978.
Los Niños de Verano tenían la opción de ir a comprar ese mamotreto y enterarse
de las aventuras y desventuras de Henrys y Jastrows entre 1941 y 1945,
incluyendo el saber quiénes sobrevivían al conflicto. Cuatro personajes
importantes perecen, además de Hitler quien en la secuela será interpretado por
Steven Berkoff. Primer actor judío que (antes de Taika Waititi) se atrevió a
dar vida al Fuhrer.
A pesar de que la
teleaudiencia ya conocía el desenlace de la saga de Herman Wouk, era
impresionante ver un cuento en pantalla y no se escatimaron recursos para darle
al público un gran espectáculo. Dan Curtis tenía dudas sobre esta secuela. No
creía que existiesen suficientes navíos o aviones antiguos para recrear la Batalla
de Midway. Fue su esposa quien lo empujó a aceptar el proyecto. “Enloquecerá si
otro lo hace y no tú” fueron sus palabras.
El presupuesto
fue entonces el más grande nunca empleado en una serie limitada, 140.000 millones
de dólares (unos 200.000 millones de hoy en día). Con eso se pagaron sueldos de
actores, se adquirieron implementos, se contrataron extras y se costearon
viajes de locación. La filmación tuvo lugar nuevamente en los países anteriores
a los que se agregó Francia y la ciudad suiza de Berna. Se llegó a filmar en Pearl
Harbor y otros sitios de Hawái, y en las afueras de Montreal se recreó el
invierno moscovita.
El mayor logró fílmico
fue el rodaje en Polonia, siendo “Recuerdos de Guerra” el primer dramatizado en
ser filmado en el campo de Auschwitz. Branko Lustig, sobreviviente del lager
y quien ya había fungido de productor, volvería a hacerlo. Docenas de
sobrevivientes del Holocausto solicitaron trabajo como extras en las escenas de
Auschwitz. Tal vez como catarsis, tal vez como una forma de presentar
testimonio. El gobierno polaco dio los permisos necesarios para la filmación
exigiendo a cambio que en el libreto no se hiciese mención del antisemitismo
polaco.
Una de las
grandes sorpresa de esta prolongación de La Saga Henry fueron los cambios de
reparto.Curtis debe haberse sentido
aliviado cuando Jan Michael Vincent anunció que estaba ocupado con su serie “Airwolf”
y que no iba a arrastrar sus botellita al set de “War and Remembrace”. Lo reemplazó
Hart Bochner. Todos los hijos de Pug fueron reemplazados, hasta Janice a quien
ahora le daría vida una desconocida llamada Sharon Stone.
John Houseman estaba
muy delicado de salud y fue reemplazado por el más que apto Sir John Gielgud, y
Robert Morley se convirtió en “Talkey” Tudbury.El cambio más espectacular fue el de la protagonista. Ya ni Curtis podía
rebatir que una semi cincuentona como Ali McGraw no podía hacer creíble a la
esplendorosa Natalie Jastrow-Henry. Se trajo a la esplendorosa Jane Seymour que con este papel volvía a coronarse como reina
de las miniseries.
Se mantuvo a lo
mejor del reparto. Un poco más viejos retornaron Polly Bergen, Peter Graves, la
exquisita Victoria Tennant y Topol cuyo personaje de Berel Jastrow adquiere
importancia en la serie gracias a que es capturado como soldado ruso por los
alemanes. Es llevado a un campo de prisioneros rusos y polacos que Berel
reconoce como el pueblo de su infancia, Oswiecim, ahora llamado Auschwitz.
A pesar de una
conspiración demente para reemplazarlo por James Coburn, Robert Mitchum
permaneció al timón de la Northampton y de La Familia Henry. Realmente no me
imagino a otro en ese papel. por la misma razón por la que si realmente van a
refritear este espinoso (en estos tiempo) material quisiera solo a Brad o a
Clooney en ese rol.
Los Errores:
Desde los horarios hasta “La pornografía del Holocausto”
Aunque se
esperaba que el estreno fuese en 1989, se la adelantó un año antes.Había conciencia de que quienes habían amado
la serie ya habían esperado demasiado (¿Oíste Ser George R.R. Martin?). El
hecho es que el primer episodio, de casi tres horas de duración, no tuvo la sintonía
esperada. Histéricos, los productores se pusieron a tijeretear el producto con
el resultado de que algunos capítulos quedaron más largos que los otros.
Para colmo después
del primer episodio, la cadena ABC se tomó libre el lunes 14, reanudando la
serie el martes15 y continuando hasta el jueves. Luego de una inexplicable
puente que cubrió el viernes y el sábado, volvió la serie el domingo 20. Se saltaron
el lunes, regresó martes y miércoles. De ahí vino un hiatos hasta mayo del ‘89.
Es un milagro que algunos espectadores la hayamos visto completa
Aunque este
desorden cronológico afectó el sentido de continuidad de todo amante de
miniseries (algo desconocido hoy en el universo del binging), no fue la
única razón para que los espectadores se alejasen de tan cara y prometedora historia.
Muchos, como mi madre le tiraron la cadena en el segundo episodio. Las razones
tienen que ver con contenido más que con detalles técnicos, y eso que también había
problemas de audio. Muchos episodios no fueron grabados en sonido estéreo.
Herman Wouk se encargó
de escribir un libreto para las escenas tipo documental y para las reuniones de
alto mando. Dan Curtis, con la ayuda de Earl Wallace, se dedicó a la ficción, a
lo dramático, a lo romántico. Todos exageraron la nota.
En el primer
episodio, donde si cortamos los comerciales igual tenemos un espectador pegado
casi dos horas a la pantalla, dedican media hora a una batalla en las costas
filipinas, y otra media hora en reuniones de Hitler y sus generales. Media hora
para ver a los machos Henry reunirse en Pearl Harbor y luego cada uno partir a
pelear su guerra.
Pug recibe una
carta de su esposa. Alterada por la noticia del bombardeo japones, Rhoda le
suplica que olvide y perdone su infidelidad. El bobo de Pug le escribe una
carta de despedida a Pamela que por suerte nunca llega a su destino.
Entremedio, Berel es capturado y llevado a Auschwitz. Araron y Natalie, a
quienes dejamos en un buque en Nápoles, están en espera a que zarpe rumbo a Palestina.
Aparece de la
nada, Werner Beck, un ex alumno del Profesor Jastrow que les ofrece que retornen
bajo su protección a Siena a la espera de una repatriación con otros
estadounidenses. Aaron, que no tiene ni pizca de deseo de ir a Palestina, cae
bajo el hechizo del adulador Beck y parte para Toscana. En otra de sus malas
decisiones, Natalie lo acompaña, a pesar de las suplicas de sus compañeros de
viajes y de Avram Rabinovitz (Sami Frey) el agente de la Aliyah (inmigración
ilegal a Palestina) con quien ha hecho amistad.
El segundo capítulo
es aún más rocambolesco. La primera hora es ocupada por un excelente filme de
espionaje en Berna donde Leslie Slote se convierte en el protagonista de su
propio cuento, y la segunda por una muy descriptiva visita de Himmler a
Auschwitz en la cual Rudolf Hoess (Gunther Maria Helmer) debe probar la eficacia de su campo con la
ejecución de un tren cargado de prisioneros holandeses.
Mi madre estaba
casi roncando, aburrida de las estrategias de Hoess para quedar bien con su
superior, pero cuando los perros nazis comenzaron a ladrarle a una niñita
holandesa que se pone a aullar se tuvo que despertar. Lo próximo es que vemos a
las mujeres, entre ellas a la niñita, correr desnudas y en pleno día por un
prado ante los ojos de Himmler y s SS, rumbo a “las duchas”. Lo último es tener
que ver como retiran los cadáveres y los arrojan (todavía no había crematorio)
a unas zanjas.
En ese entonces
(y hoy) la televisión abierta estadounidense no mostraba gente sin ropa. Ver
desnudos frontales, pilas de cadáveres— entre ellos varones— fue muy chocante para mí.
Mas para mi madre que dijo “hasta aquí llegue”. No fue la única, a la mañana
siguiente, Sir Elie Wiesel escribió un airado editorial en The New York Times
denunciando lo que calificó como “La Pornografía del Holocausto”.
Aunque concuerdo
con su shock, a más de 30 años de distancia y tras conocer la evolución del
cine del Holocausto desde entonces, encuentro el episodio audaz y efectivo. Sabe
manejar lo visual sin caer en dramatismos innecesarios y sin restar el pathos
de la escena que incluso en un momento incomoda a Hoess quien al notar la fría
mirada de Himmler se compone.
El haber creado
la escena desde la perspectiva de los verdugos aumenta la sensación de crueldad
de parte de estos. Ayuda también la estética. Todo ocurre en un día primaveral,
los prisioneros llegan a un espacio verde, soleado, con árboles cargados de
flores. Es comprensible que los holandeses no sospechen lo que les espera y
obedezcan las ordenes tanto de los amables guardias nazis como la de otros
prisioneros que por una vez andan en uniformes limpios y no en andrajos.
El problema es
que estos episodio van seguidos, en la serie, por alguna reunión en la Casa
Blanca o una batalla naval en el Pacifico obligando al espectador a cambiar su
perspectiva y dejar atrás temas que merecen su reflexión.” War and Remembrace”
nunca supo si quería ser lección de historia, documental didáctico o saga
familiar y eso incomodó a más un televidente, que, como mi madre, apagó el
televisor.
Oda la
Infidelidad Femenina
Incluso los que habían
invertido emocionalmente en la historia de los Henry, su dinámica familiar y sus
romances, sufrieron una desilusión. Entre el libro y el guion pasaron a ser una
familia disfuncional mantenida a flote por falsas expectativas. Yo lo resumo
con un “la serie se convierte en una oda a la infidelidad femenina”.
Como dije ante, Víctor
después de Pearl Harbor decide romper con Pamela y perdonar a su esposa adúltera.
Pamela no recibe la carta y comienza un largo peregrinaje por el sur de Asia
que espera la lleve a Hawái y a su Capitán Henry. En New York vemos a Rhoda
celebrar las fiestas decembrinas en compañía de Palmer que continúa siendo su amante.
Victor en babia.
En su obsesión de
tener ojos en todos los escenarios del conflicto, Wouk convierte a Pamela en
testigo de la caída de Singapur. Con eso le hace un flaco favor a Pam, no añade
nada al libreto y realmente no debieron incluir este episodio en una serie que pide
recortes a gritos.
En The Winds
of War, el autor nos contó que ante de conocer a Víctor, Pam había tenido
un largo y tormentoso affaire con un periodista ingles llamado Philip Rule.
Comunista, infiel, bisexual y golpeador, Rule había abandonado a Pam por una bailarina
soviética. Eso explica que ella se enamore de Víctor porque es lo opuesto a Rule.
Interpretado por
Ian Shane, Rule aparece en la serie en Singapur. Los no-Lectores no están ya
advertidos de sus grandes defectos. Mas encima, Pam hace creer que lo que la
alejó de su amante fue la bisexualidad de este, no sus palizas. Rule incluso
adquiere una dimensión heroica al ser uno de los pocos ingleses conscientes de
que esa fortaleza inexpugnable está a punto de caer y por culpa de las torpezas
del alto mando.
Talky parte a Australia
dejando a su hija en la isla bajo bombas japonesas. Asustada y atrapada, Pamela
se dedica a cuidar de Rule que ha sido mordido por un escorpión. En la noche de
Año Nuevo, más por miedo y depresión que lujuria, Pam se mete en la cama con su
ex. Un momento sin importancia que sin embargo la disminuye sin necesidad.Es parte del leitmotiv de que la guerra crea
tal caos mental que afecta las relaciones sentimentales. Pero aquí se llega al
acabose.
Rhoda se entera
que Pug y Pam están enamorados, termina con Palmer y exige que Pam no vuelva a
ver a su marido. Acto seguido se enreda con un tal Coronel Harrison (Mike Connors).
Pug y Pam saben que Rhoda sigue con sus escapadas. Pam se harta y se compromete
con un tal Lord Berne-Wilkes. Pug le suplica que no se case, que algún día Rhoda le
dará el divorcio y así se la llevan de Pearl Harbor a Moscú, de Hollywood a Londres.
Sin embargo, las únicas fanfiction que he encontrado de esta serie son sobre Pam
y Pug. Supongo que por ser la gran historia de amor creada por Wouk.
La situación llega
a tener ribetes de farsa como cuando Rhoda borracha confiesa sus cuitas de amor
al pobre y aburrido Pug. O cuando este debe compartir un coche dormitorio en un
viaje en tren con el Coronel Harrison que no lo deja dormir, también lamentándose
de no poder confiar en el amor de Rhoda
Es que el autor
intenta abarcar todas las experiencias humanas que se viven durante un
conflicto de esa magnitud. En el caso de Rhoda, el de las esposas frustradas,
que no pueden estar sin un hombre. En el caso de su hija Madeleine, las
jovencitas que amparadas por la falsa libertad que ofrece una guerra meten la
pata y luego no saben cómo explicarle su error al verdadero amor de sus vidas.
El caso de Janice
Henry es el de muchas esposas jóvenes que pierden al marido y se encuentran
viudas y madres solteras antes de tiempo. Janice comete el error de involucrare
sexualmente con el mayor rufián de la marina estadounidense “Lady” Aster (Barry
Bostwick), el comandante del submarino de Byron. Un par de capítulos más
adelante, Lady se da cuenta de que Janice está enamorada de su cuñado. Byron,
por soledad y frustración, le planta un par de besos a la viuda de su hermano.
Por suerte, Janice reacciona y se aleja de estos hombres tóxicos.
Los Jastrow en
Theresienstad
Es muy difícil
saltar de estos problemas domésticos— y hasta cierto punto románticos— a las
espeluznantes escenas de campos de concentración, o la existencia llena de
horror y zozobra que llevarán Aaron y Natalie en el “ghetto modelo” de
Theresienstad. Otra grandeza de ‘War and Remembrance” es que es el único
dramatizado que retrata la existencia en este lugar tan singularmente diabólico.
Es en Theresienstad donde hay una reunión familiar de los Jastrow con Berel
(ahora parte de la resistencia checa), es donde Natalie se separa de su hijo,
donde Aaron encuentra una nueva identidad en la religión de su infancia
mientras que su sobrina la haya en el sionismo.
Ver la serie de nuevo
me hizo darme cuenta de las razones por las cuales se casó Natalie con Byron y por
qué ese matrimonio no está construido sobre una base sólida. Byron es el único
personaje que no evoluciona. A lo más, se vuelve moralista, criticando el
comportamiento de su cuñada y de Pug (cuando finalmente se divorcia).
En su breve
interludio marsellés sigue exigiendo de su esposa que sea la mujer audaz y despreocupada
que fue antes de casarse. Llorando, Natalie le responde “pero entonces no
teníamos a Louis”. Byron no nota que Natalie ha evolucionado, sobrevivido
traumas que han modificado sus prioridades. Por eso el final abierto que les da
el autor, adquiere otra connotación en la serie. No sabemos si Natalie quiere
seguir siendo Mrs. Byron Henry o irse a Israel con Avram Rabinovitz.
En “The Winds of War”,
Rabinovitz fue interpretado por el actor italiano Leonardo Brucetto, que lo
representó como un judío bajito, canoso, mal trajeado. Fue con motivos
ulteriores que lo reemplazaron por Samy Frey, ex galán del cine francés (y uno
de la famosa lista de amantes de Brigitte Bardot).
Ayer volví a ver
el final de la serie y me di cuenta en que difiere del libro. En el libro es un
final abierto, al menos en lo que se refiere a Byron y Natalie. Por largo
tiempo Wouk no supo qué hacer con la chica Jastrow. Cuando, todavía sin
terminar War and Remembrace, alguien le pregunto: “¿qué va a pasar con
Natalie?”, Wouk respondió “recen por ella”.
Wouk planeaba
matar al personaje tal como lo había hecho con Aaron. Ambos eran culpables por
sus malas decisiones, por su falta de visión, pero por sobre todo por su
arrogancia de judíos seglares de ufanarse de estar por encima de su condición
racial, cultural y religiosa. El autor solo pudo redimir al Profesor Jastrow
enviándolo a la cámara de gas. ¿Como podía redimir a Natalie? Solo haciéndola sionista, solo empacándola a
Israel. La pregunta es quién sería su compañero en ese futuro.
Entre Byron y
Rabinovitz
La novela
comienza con los Jastrow a bordo de un navío que pretende romper el bloqueo
británico y llevar su cargo de refugiados a Palestina. Es 1942 y la primera aliyah
ilegal está en auge, pero también en su etapa más peligrosa. Los hombres
que la manejan deben ser mitad agente secreto, mitad marineros, mitad contrabandistas.
Los lectores del Exodus
de Leon Uris recordarán esta etapa en la vida de su protagonista Ari Ben Canaán.
Avram Rabinovitz es su equivalente, aunque más simpático. En los día que faltan
para que el barco zarpe de la bahía de Nápoles, Natalie y Rabinovitz llegan a
un punto de amistad que les permite intercambiar confidencias.
Natalie admite su
incomodidad ante el tener que ir a Palestina. Abandonó toda vida religiosa los
12 años, no tiene ningún interés en la creación de un estado judío. Reconoce
que no le atrajeron nunca los pretendientes judíos que tuvo, abogados y médicos
que la aburrían con sus vidas grises. No eran “hombres de acción” como Byron.
Ahí nos damos
cuenta del motivo que empujó a Natalie a los brazos de Byron. Toda su vida adulta
ha sido una búsqueda de aventura y de lo exótico, y a la vez una necesidad de
vivir respetablemente sin estigmas que la separen del resto de la población. El
matrimonio con Slote ofrecía eso, pero en su momento de mayor necesidad, el diplomático
se acobardó y Byron dio la talla. Eso bastó para hacerle a Byron atractivo.
Natalie no ha reparado en que Byron es inmaduro, muy diferente a ella y que la
amable Familia Henry la ha recibido con menos alegría que los Windsor
recibieron a Meghan Markle.
Avram le muestra
a Natalie una fotografía de su esposa que fue asesinada por los árabes. Le dice
que si lleva a Louis a Palestina “tu hijo será un hombre de acción”. Lo que
nota Mrs. Henry es que Rabinovitz es un hombre de acción. No solo arriesga su
vida en una empresa peligrosa también es el único que sabe acabar con las
convulsiones de un afiebrado Louis. Avram Rabinovitz es lo que en ese momento
necesita Natalie.
Aun así, cuando
Aaron petulantemente anuncia que se acogerá al amparo del nazi Beck, Natalie lo
sigue como borrego. A punto de subirse al automóvil de Beck, Natalie le
pregunta a Avram “¿Hago lo correcto?”. “Ya está hecho” le responde él y ella se
despide besándolo en los labios.
Unas semanas más
adelante, Beck revela sus oscuras intenciones, quiere que Jastrow haga una
emisión radial tipo Ezra Pound en beneficio de los alemanes. Natalie se pone de
acuerdo con los Castelnuovo, la familia del pediatra de Louis, para abandonar Italia.
Mandan aviso a Avram quien ya ha regresado de dejar su nave y su cargo en
Tierra Santa.
Así se organiza
una huida que lleva a los Jastrow de Italia a Elba, y de ahí a Córcega. En el viaje,
la belleza de Natalie atrae a un joven pescador que es hijo de los Gaffori la
familia con la cual se hospedan. Llega Rabinovitz y toda su visita está repleta
de detalles decidores sobre el cambio de la relación de Natalie con el
rescatista, desde que se niegue a que la vea en fachas toda mojada por estar bañando
a Louis hasta que le muestre que su bebé ya puede caminar y que Louis salude al
judío con un “Daddyyy”.
El punto
culminante es cuando, con la excusa de mostrarle el paisaje, Natalie se lleva a
Avram a un paseo solitario. Con mucha coquetería le cuenta de los acosos del
joven pescador. “Temo una noche encontrármelo en mi cuarto” dice haciendo
ojitos. Para Rabinovitz esto es un contratiempo. Los Gaffori son fundamentales
en su red de rescate, no puede pelear con ellos.
Desaprensiva como
siempre, Nathalie sigue suplicando y lanzándole miradas incendiarias que el judío
reprocha. “Pero es que no temo encontrarte a ti en mi cuarto una noche”
contesta la audaz señora Henry. Es en estas escenas donde más nos alegramos de
que Ali haya sido reemplazada por una Jane Seymour que pone belleza y sensualidad
al servicio de su personaje (sin mencionar que es mejor actriz que su
predecesora).
Rabinovitz
encuentra una solución y se lleva a Los Jastrow a Marsella donde los hospedan
los Mendelson. Es en ese entono judío que Natalie recuerda que habla yiddish,
cocina patillos tradicionales y enciende las velas del Shabbath. Parte de ese encuentro
con sus orígenes es una alteración en su amistad con Avram.
En el libro, Wouk
—que es un tremendo puritano— se apresura a decirnos que, aunque
Rabinovitz gusta de la americana no tiene designios oscuros respecto de ella.
Natalie también en miradas retrospectivas se hace la inocente, pero cuando le
pide que busquen un sitio para estar a solas, se dice a si misma que no sabe por
qué lo hizo. La serie no hace caso de remilgos y para cuando Rabinovitz y
Natalie deciden encontrarse a solas en el cuarto que él renta, tenemos claro
qué tipo de cita va a ser esa
Entonces, Wouk
provoca el twist argumental más inconcebible posible. ¡Hace que aparezca Byron!
¿O sea, como se explica que Byron que está peleando en el Pacifico cruce
océanos y continentes para aparecerse en Marsella como mensajero trayéndole
unos documentos al cónsul estadounidense? A Natalie no le importa, se lanza a
los brazos de su marido y a Rabinovitz que lo parta un rayo.
Byron, el “hombre
de acción”, quiere llevarse a Natalie y al niño. El cónsul estadunidense le
recuerda que los Jastrow no tienen documentos, si los detienen los alemanes
será su fin. Natalie antepone su amor de madre a la loca idea del marido. Byron
está decepcionado. esta no es la mujer que se casó con él.
El cónsul intenta
tranquilizarlos con el viejo cuento que venimos oyendo desde “Winds of War”: “esto
se arreglará en unos días”. Efectivamente, Byron se marcha, los Aliados
desembarcan en Casablanca y los alemanes invaden la Francia de Vichy. Los
Jastrow quedan atrapados y comienzan a dar tumbos por Europa lo que los lleva
primero a Theresienstad y luego a Auschwitz.
En 1945, los
soldados de Patton encuentran a Natalie calva, andrajosa y desnutrida bajo un
vagón de tren en la estación de Buchenwald. Será Avram Rabinovitz quien les confirmará
las autoridades que se trata efectivamente de Natalie Henry, neoyorquina,
esposa de un oficial de la marina de los Estados Unidos. Y cuando Byron
consigue regresar a Europa, es Rabinovitz quien le relata la ordalía de la
mujer y las intenciones de Natalie de irse a Palestina.
Cuanto más
recuerdo el texto y veo la serie, más me queda la impresión de que Byron no entiende
ni lo vivido por su mujer ni la transformación que ella ha sufrido. Lo único
que él ha sacado en claro de la guerra, es que no le gusta ser oficial. En sus
encuentros con Natalie no hablan de lo vivido por ella (el libro es más grafico
sobre sus sufrimientos incluyendo torturas que sufrió en Auschwitz). Natalie
habla de otros haciendo hincapié en lo religioso que se puso Aaron antes de ser
ejecutado, o del cambio increíble experimentado por Leslie Slote. Es como si
hablase con un extraño no con un amigo o esposo.
Por supuesto,
Byron se anota un gol al encontrar a Louis. La escena final del libro tiene ese
encuentro entre madre e hijo en presencia de Byron y Rabinovitz. El libro nos
cuenta que el catatónico Louis despierta de su mutismo reconoce a su madre y
junto a ella entona la nana “Pasas con almendras” En ese momento, describe el
autor una luz que ciega a los hombres presentes. Se ha reconocido esa luz como
una metáfora para el poder del amor maternal. Pero para mí lo interesante es que
Wouk deja el final abierto. ¿A quién escoge Natalie? ¿Qué camino tomarán ella y su hijo?
Dan Curtis, en la
serie, nos da un final diferente. Byron se sienta al lado de su esposa e hijo y
Natalie lo besa en los labios ante la mirada de Avram Rabinovitz. Sin
embargo, yo no apostaría mucho a esa reconciliación.
Los Verdaderos
Héroes de War and Remembrance
Quiero acabar
hablando del tema del heroísmo. No hay narrativa bélica que no tenga
inesperados héroes y actos de heroísmo y “War and Remembrance”no es excepción.
Tenemos ejemplos del sacrificio máximo con la muerte del aviador Warren y del
capitán de submarinos “Lady” Áster. Byron se desempeña bien en su guerra del
Pacifico, pero Victor está apagado. No es el mismo hombre que sobrevoló Berlín
en un bombardero, ni el que recorrió un frente ruso con pamela al costado y tanques
alemanes en frente, ni el que envió al mismísimo Mariscal Göring a meterse su
soborno en el trasero.
Aunque veamos a
Victor ascender hasta almirante, perder otro navío en servicio activo y seguir
gravitando hacia frentes de guerra, su heroicidad desaparece. Tal vez sus dramas
domésticos lo han convertido en un personaje de farsa, tal vez su incapacidad
de tomar decisiones sobre su vida romántica y dejar que sean sus mujeres las
que lo hagan, le den una dimensión bufonesca. O tal vez es que Pug no llega
nunca al espacio donde realmente se forjan los héroes de esta miniserie: la
guerra en contra de los judíos que nos proporciona tres grandes héroes.
Aunque admiramos
a Aaron Jastrow quien al final de sus días recobra dignidad y coraje gracias a
su fe o a Sammy Mutterperl John (Rhys-Davies) quien harto de ver nazis matando
judíos, agarra una metralleta y mata cinco SS antes de ser ultimado, el
verdadero heroísmo es el que abarca a otros seres humanos, el que nace del
rescate, de la defensa de los más débiles.
Uno de ellos es Berel Jastrow. Vemos
al humilde panadero construir crematorios, decir un kaddish por Mutterperl,
huir de los campos, unirse a los partisanos, contrabandear filmes de
atrocidades y hasta contrabandear a Louis fuera del ghetto-modelo. La muerte de
Berel protegiendo a Louis de las balas alemanas es un acto insuperable de
heroísmo.
Sin tener que
morir en el ejercicio de su heroicidad, Avram Rabinovitz representa otro
aspecto del coraje desempeñado en el Holocausto. Los contrabandistas de
refugiados debían tener nervios de acero, reflejos rápidos y mucha astucia para
lidiar con el bloqueo inglés, con los nazi, con las autoridades de países
neutrales y con mares turbulentos y navíos que se caían a pedazos.
Como nos muestra
la serie, Rabinovitz debe saber recolectar colaboradores, judíos y gentiles,
crear redes para contrabandear su preciosa carga, y lidiar con los caprichos y
miedos de esta. Sus vidas estaban en constante peligro y sin embargo sabemos
tan poco sobre ellos. Es un mérito de la novela y serie que nos hagan conocer
este capítulo olvidado del heroísmo judío.
El ultimo
personaje ni siquiera es judío, pero da su vida por ellos. Al comienzo de “The Winds
of War”, Leslie Slote es un personaje irritante, un ejemplo del entitlement.
Diplomático de carrera, graduado de la Ivy League, hijo de familia prominente,
ama a Natalie, pero no lo suficiente para arriesgar su futuro cargando con una
esposa judía. Slote representa el antisemitismo solapado de la clase alta
estadounidense de fines de los 30.
En la Campaña de Polonia
pierde toda esa seguridad condescendiente con la que busca apabullar a Byron, cuando
pierde el coraje bajo las bombas alemanas. Aunque se redime en el episodio de las
salida de diplomáticos de la Varsovia, Slote ha perdido atractivo para Natalie.
No es el “hombre de acción” que ella busca.
Al final de “The Winds
of War”, Slote está en Moscú y recibe la visita de Berel Jastrow quien le
proporciona fotografías de las atrocidades nazis. El Departamento de Estado
estadounidense no se interesa por las fotos. Slote toma una decisión audaz y envía
el material al New York Times. El periódico lo publica en algún lugar
perdido de su inmenso caudal de páginas.
Quienes si lo
leen son los superiores de Leslie Slote quien es degradado y enviado a un
oscuro puesto en el consulado de Berna. Es en Suiza donde Slote comienza a
vivir su propio cuento al ser contactado por el millonario judío Samuel Ascher,
su enigmática hija Selma y su invitado el Padre Martin, un sacerdote germano,
miembro de la resistencia alemana.
Es el Padre
Martin quien proporciona al diplomático documentos sobre la Conferencia de Wansee
y la Solución Final. Los jefes de Slote no creen en ellos y exigen mayores
pruebas. En camino a dárselas a Slote, el sacerdote es asesinado. Los Ascher
deciden abandonar Europa y refugiarse en USA.
Entretanto, Slote
ha seguido entrevistándose con Selma. Al comienzo, se acerca ella porque le
recuerda a Natalie, pero pronto se da cuenta que son muy diferentes. Intercambian
besos, parecen estar enamorados, pero Selma le explica que va camino a Nueva York
a casarse. Siguiendo las antiguas tradiciones ha permitido que su padre le arregle
un matrimonio con un joven ortodoxo. No es lo que su corazón le dicta, pero si
su conciencia. Es lo que debe hacer una buena judía en ese momento.
Será la
influencia de estas dos mujeres las que establezcan el camino de Leslie Slote
en el futuro. Es convocado por Washington para colaborar con un “departamento”
que supuestamente se ocupará de la ‘cuestión judía”. Slote se da cuenta que se
trata de una operación decorativa y los que están a cargo son tan antisemitas
como los nazis. Renuncia a su empleo y se enrola en la OSS (Oficina de
Servicios Estratégicos) donde es entrenado para operaciones de comandos. Es
lanzado en paracaídas sobre Bretaña en 1944 y muere en una escaramuza en contra
de los alemanes.
En mi repaso por
“Recuerdos de guerra” encuentro que son los arcos de estos héroes los que más
hacen atractiva la serie. A diferencia de lo que me ocurrió con mi vistazo
“moderno” de “Vientos de Guerra”, no me enganchan ni los romances ni los
relaciones personales. En su afán de ganar una guerra y recorrer el mundo para
lograrlo, los personajes se han vuelto acartonados e incomprensibles como en el
caso de Rhoda.
Obvio que esto no
se aplica a la saga/ordalía de los Jastrow, pero reitero su historia no sería
tan pasmosa si no se entrecruzara con la de Berel, Rabinovitz y hasta con la de
Slote. Mi conclusión es que tal vez la trama funcionaria mejor si solo se
enfocara en los aspectos europeos. Aun así, para quien no la haya visto, es un
espectáculo fascinante y para los lectores de la obra de Wouk es un homenaje al
texto en su recreación total, lo que paradójicamente es la gran falla de la
serie y también su mayor mérito.
La pregunta del
millón sigue siendo cómo se la puede refritear. ¿Qué solución ofrecen ustedes y
que actores les gustaría que interpretaran a los protagonistas de esta obra?