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viernes, 15 de febrero de 2019

Drogas y el Misterioso Hombre Moreno (Louisa May Alcott, III)




Dan Keane de Los Muchachos de Jo no es el único ejemplo en la obra de Louisa May Alcott, de  un individuo de piel oscura visto como  símbolo sexual. Desde el esclavo birracial Bob de “My Contraband”, hasta el tío Alec de Ocho Primos, hay un elogio a la perfección física masculina que va asociado a la piel morena. Incluso Laurie es descrito como poseyendo el cabello oscuro y la belleza bruna del pueblo mediterráneo. ¿Pero de donde salió este arquetipo de Louisa May?

Ya mencioné que al trazar a Dan y a Bess, Alcott describe minuciosamente la belleza física de sus personajes, pero en el caso de Dan llega a erotizarlo. Eso es patente en la escena en que Nan lo hace modelar su cuerpo para que los otros chicos de Plumfield vean” lo que es un hombre”. Además de crear envidias y rivalidades, la doctorcita, con la excusa de ofrecer una lección de anatomía, pellizca, manosea y casi babea, sobre los músculos de su modelo.
“―No creo que te costara romperlos porque debes tener una fuerza colosal. ¿Permites que te toque el brazo? A ver… ¿No decía yo? ¡Eso son bíceps! ¡Mirad, mirad, muchachos, qué dureza y qué desarrollo!”

La descripción del cuerpo de Dan me trajo a la memoria otros textos de Alcott. Hace unos años, cuando, en un círculo de lectura,  leímos Ocho Primos noté que la descripción del tío Alec Campbell era casi de novela rosa.

 Un hombre moreno, vivaz, de chaqueta azul y sin sombrero en la cabeza de cabello rizado, que sacudía de vez en cuando como un perro de aguas; de hombros anchos, movimiento inquieto y un aire general de fuerza …

Olvidándose que se supone que debemos verlo a través de la mirada infantil de su sobrina-pupila, la autora se entromete y nos describe la fortaleza cuerpo del médico naval quien trepa por columnas y entra por ventanas como El Zorro.

Alec es un torbellino en el mundo femenino y ordenado de Rose Campbell. Es un hombre de acción vehemente y casi violento. Arroja por la ventana las medicinas de Rose, riega las plantas con el café del desayuno y viene a transformar la vida de su sobrina como si fuera su pareja. El decidirá como medicarla y como debe vestirse.  Tal como Dan, Alec se siente fuera de lugar en el mundo civilizado compuesto por sus cuñadas y sus tías. Es un objeto exótico y como tal deseable.

El Esclavo como Símbolo Sexual
Aunque Tío Alec es blanco, se nos enfatiza que su piel esta curtida por el sol (“azul y castaño” lo describen sus sobrinos) y cae dentro de ese estereotipo alcottiano del salvaje de piel oscura. Mas descriptiva y especifica es esa imagen en el relato “My Contraband” que Louisa incluirá en su segunda edición de Hospital Sketches. “Contrabando” es como el ejercito Yanqui llamaba a los esclavos fugitivos que conseguían cruzar las líneas del ejército Rebelde.

Faith Dean, una enfermera en un hospital de campaña, recibe de “regalo” un esclavo fugitivo llamado Robert. Faith convierte a “Bob” en su ordenanza. Aunque la enfermera se siente atraída por el esclavo, al que describe minuciosamente, también la repele su humildad propia de un espíritu sometido a la fuerza. A Faith le han encargado el cuidado de un herido sureño. Aunque como buena cristiana quiere perdonar al enemigo ni ella ni Bob aguantan al enfermo.

Es fascinante como en este breve cuento, la puritana Louisa establece un tono de violencia sexual y describe lo erótico que puede ser un cuerpo masculino. Robert es producto de la violencia. Es hijo del amo blanco violador. El herido es su medio hermano "Master Ned" . De la familia paterna Bob solo conoce abuso. Lo vendieron, separandolo de  su esposa Lucy quien fue violada por  Ned lo que la empujó al suicidio.
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 Faith debe usar toda su labia para impedir que Robert mate al herido. En el proceso  comienza a mirarlo como hombre, alguien a quien puede respetar y ver como un igual.  En el episodio cuando debe encerrarlo para impedir un crimen, notamos que la pasión tras sus exhortaciones nace del miedo de convertirse en blanco de la violencia del ex esclavo, pero también de lo admirada que está por la sensualidad que exuda un Bob furioso.

Finalmente lo convence y  le da dinero para que huya. Intercambian cartas, Bob ahora es soldado en el 54th de Massachussets, el famoso batallón de ex esclavos que vimos retratado en “Glory”.  Ha adoptado el apellido de su benefactora. Ned también ha huido y se ha reintegrado a su ejército. Ambos mueren  en batalla.

Mas allá de las ideas abolicionistas de Louisa May Alcott aquí tenemos un personaje recurrente. Antes de Mujercitas, Louisa escribe otro relato simplemente titulado “M.L.”, la historia del romance entre una millonaria blanca y un musico de color. De nuevo esa necesidad de convertir al afroamericano en un objeto sexual.

 ¿De dónde salió este personaje? ¿Conoció a un “contrabando” en su experiencia como enfermera de campaña? En algún ensayo o diario leí un recuerdo de Alcott que una vez, en su infancia, se cayó a un rio y fue rescatada por un muchacho negro. Entremedio de su gratitud, Louisa notó el cuerpo atlético de su benefactor, pero eso no es suficiente.

Sa sabe que Los Alcott convirtieron su casa en una de las paradas del Underground Railroad, la línea de rescate que debían seguir los eslavos fugados. En una ocasión entre ellos y Thoreau, ocultaron a un fugitivo, un acto que no solo atraía oprobio de vecinos sino también, era penado por la ley. En el Norte, aunque la esclavitud estaba prohibida, el racismo era rampante, y aún más después de la guerra.

La carrera de docente de Branson Alcott acabó cuando cerraron su escuela por insistir en integrar a una pequeña afroamericana a su clase. Durante la guerra, una enfermera se escandalizó al ver a Louisa cargar un bebé de color en brazos y la tildó de ‘Fanática”. Para la segunda edición de Hospital Sketches, los editores le rogaron a Louisa que redujese sus quejas sobre los Confederados y otros temas controversiales, porque deseaban vender esa obra en el Sur.

Louisa trató socialmente a varios afroamericanos influyentes. Se sabe que conoció a Harriet Tubman y que Robert Douglas y su esposa eran amigos de Los Alcott. Louisa compartió banco con Los Douglas en el funeral de Wendell Phillips y es más que posible que en Roma haya alternado con la famosa escultora afroamericana, Edmonia Lewis, que se movía en los círculos que Alcott frecuentaba. Sin embargo, otra autocensura de Louisa May es no tratar personajes ‘étnicos” en su obra.
Edmonia Lewis

Puede escribir sobre alemanes, o a crear un retrato un poco estereotipado del chinito Fung Shee en Ocho Primos y Rosa en Flor, pero no incluye personajes ‘oscuros” ni nativos, ni mediterráneos. Los protagonistas de cuentos como “An Hour” (donde relata el romance entre un blanco y su esclava); “Mi Contrabando”, Y “ML” serán excepciones. En sus novelas subsiguientes solo aparecerán como personajes terciarios como Hepsey en Works y la Tía Asia en Hombrecitos.
Lillian Randolph como la T'ia Asia en Hombrecitos

La Fantasía del Marido Español
Durante su enfermedad, el mercurio provocó terribles pesadillas a la escritora. Louisa nos cuenta que se veía como bruja ahorcada por los puritanos, arrastrada por una multitud por las calles de Baltimore, lapidada, visitando Cielo e Infierno, adorando al Diablo y aquí viene la peor pesadilla.
 Louisa sueña que está casada con un español villano y lascivo que la acecha sin darle paz. Ella intenta huir, intenta cerrarle la puerta, pero él entra por la ventana (como el Tío Alec), se le aparece por los rincones. No se necesita ser siquiatra freudiano para ver las connotaciones sexuales de este sueño. ¿Pero de donde sacaba Louisa, que no había viajado más allá de Boston, a este personaje? 

En su primer viaje a Europa, Louisa no llega a conocer el mundo mediterráneo, pero en su lúgubre estadía en Niza describe el hotel como lleno de huéspedes italianos, españoles, judíos (y un nativo de las Islas Sándwich). En Mujercitas, Louisa incorpora al español de sus pesadillas en al villano Hugo en la obra de teatro que, montan las March. En “My Contraband” describiendo el rostro de Bob, Faith  dice que tiene rasgos anglosajones y españoles.
June Allyson disfrazada de Hugo en Mujercitas (1949)

Acabo de notar que la descripción física de Laurie no corresponde a la de Laddie (esta se la otorgó la autora al violinista Nat de Hombrecitos) Se dice que Laddie es moreno, de cabello ensortijado. Esto y su carácter rebelde, lo ha heredado de su madre, una pianista italiana.

 Cuatro años después de publicada Mujercitas, Louisa se embarca para Europa por segunda vez. En Roma se queda casi medio año, rentando un piso de seis habitaciones. Se puede decir que para su regreso tiene bastante experiencia con italianos y hombres de tez tostada. En 1878 emprende su último viaje a Europa y comenta que el hotel suizo está colmado de conspiradores españoles (eran los días de la Primera República y de la Restauración). ¿Qué momento de estas experiencias, inspirará a Louisa a diseñar su arquetipo del salvaje sexy pero peligroso, de piel oscura?

En su introducción a Alternative Alcott, Susan Showalter nos da algunas pistas al interpretar las pesadillas de Louisa. A pesar de que cae en la trampa de creer en teorías sobre la ambivalencia sexual, la fijación edípica en el padre y la supuesta relación homoerótica con Marmee (¡Oy Veh Zmir!) de la escritora, Showalter nos lleva al retrato físico de Louisa, a su piel olivácea y cabello oscuro (heredados de Abba). Curiosamente, aunque vemos esa belleza morena en un daguerrotipo de Louisa a sus veintitantos años, los retratos futuros la muestran casi rubia. ¿Se teñiría el cabello?

Aparentemente, Louisa estaba incomoda con su propio look moruno. Esto se debe a que Branson Alcott consideraba que la gente de cabello oscuro y piel morena era “peligrosa”.  Ahora entendemos la relación ambivalente de Louisa con pueblos de piel cetrina.

También Showalter nos cuenta que la idea de ser apedreada por las buenas gentes de Baltimore es un eco del recibimiento, a piedrazo limpio, que les dieron al 54th de Massachussets cuando las tropas negras pasaron por Maryland. Louisa siempre se consideró “una bruja”, Algo común en mujeres transgresoras y que eligen vidas alternativas. En cuanto al satanismo es un tema que aparece en sus novelas clandestinas. Tanto la heroína de A Long Fatal Chase como el faustiano protagonista de A Modern Mefistófeles han pasado por un tipo de entrega de sus almas al diablo.

Louisa Drogadicta
Cuanto más leo a Louisa May Alcotta pesar de que hay paralelos con mi vida me considero afortunada. ¡Qué persona tan desdichada!  La fama y la fortuna le llegaron cuando estaba enferma y avejentada. Su familia, principalmente el padre, estuvo colgada de ella toda su vida. Se vio forzada a escribir una literatura que despreciaba para mantener un tren de vida que la alejase de las miserias que sufrió en su infancia y juventud. Hizo de la autocensura un modo de vida. Vivió envidiosa de su hermana May que atropelló convencionalismos y vivió como quiso (a costa de Louisa).

Pocos saben que Alcott antes de morir fue presa de problemas digestivos tan fuertes que expertos han especulado que pudo tratarse de cáncer estomacal. Se sabe que no podía consumir carne, en realidad no podía tragarla. Le traían el asado cortado chiquito, y mascaba y chupaba los trocitos para luego escupirlos. Se entiende que con tantas dolencias haya recurrido a paliativos que hoy reconocemos como drogas adictivas.

En la época de Louisa May Alcott el hachís o cannabis era considerado un producto inofensivo. Al igual que la cocaína, podía mercarse en cualquier farmacia. Los más exóticos lo aspiraban a través de hookas, esas largas pipas orientales, pero normalmente era consumido en forma de bombones (¡!!) Esta drogadicción social aparece en algunas obras clandestinas de Louisa May como un hábito placentero.

“¡Bendito sea el hachís!” exclama un personaje. La planta de cáñamo, aparentemente (a mí la mariguana solo me provocó vómitos y diarrea cuando la probé) causaba euforia, accesos de energía y otros efectos positivos. En Un Mefistófeles moderno, Gladys que ha sido drogada en contra de su voluntad, es descrita como más bonita después de la experiencia. ¡Vaya si Louisa no estaba promoviendo una cultura de la droga antes de La Revolución Hippie!

Diferente era el caso con el opio que, ya a mediados del Siglo XIX, era reconocido como adictivo y nocivo, pero los médicos no tenían otro analgésico para el dolor. Louisa consumió láudano en el último cuarto de su vida para combatir su insomnio crónico.  Desde Roma, en 1870, le escribe a su padre que por fin ha podido dormir sin opio, pero sabemos que el láudano fue su compañía hasta la tumba.
Hasta los beb'es se les daba laudano para dormir.

 Con todos estos factores es comprensible que el carácter de la escritora se agriase, que cayese en contradicciones como el que ella, que en su obra tanto criticase los castigos corporales, le diese sus azotes a Lulú (que más tarde confesaría ser una niña infernal). Con todo el cariño que sentía por su hija, Louisa ya no tenía paciencia para tratar con niños.

Otra ironía es que llena de tristeza por su juventud malgastada, por las oportunidades que la vida le ofrecía cuando ya no podía disfrutarlas, y, sobre todo, por las paparruchas morales que debería escribir, Louisa se volvió un árbitro de la moral pública. Se sabe que era abogada de la Temperancia, una causa subordinada al feminismo estadounidense decimonónico. Aunque promovía el cannabis en su obra, y consumía láudano en privado, Louisa lanzaba diatribas contra el alcohol y los establecimientos que lo servían.

También Alcott fue propulsora de la idea de boicotear Las Aventuras de Hukcleberry Finn. En ese entonces la novela de Mark Twain no era criticada por su racismo, como hoy día, sino por su lenguaje, tildado de obsceno, y porque en las palabras de Alcott las aventuras del pícaro Huck, muchas fuera de la ley, podían corromper "las puras mentes de nuestros niños y niñas”.

Es en este marco que debemos contemplar el significado de Jo’s Boys iniciada con tanta energía (estimulada por el hachís supongo) y esperanzas, que presenta tantas ideas, tantos géneros, tantas posibilidades, solo para que su creadora descubriera que la misma personalidad que se había forjado la obligaba a darle un final “moral” apropiado. Esta obra es el mejor ejemplo de la tragedia de Louisa May Alcott.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Los Muchachos de Jo: El poder de la autocensura (Louisa May Alcott II)



En otro blog mencioné la desilusión provocada por mi primera lectura de Jo’s Boys, el ultimo capítulo de la saga de La Familia March, pero después de investigar vida y obra de la autora, he descubierto que es un texto muy interesante donde Louisa May Alcott elabora su interés por el arte de escribir. Es en este texto donde Jo March-Baher recobra el uso de la pluma, pero también es una obra que transmite el dilema de la autora entre escribir cuentos moralistas para chicos y su afición por los” inmorales” esquemas sensacionalistas.

Casi 20 años pasaron entre Mujercitas y Jo’s Boys. Toda una generación había madurado esperando el capitulo final. El libro fue un bestseller de ventas, pero con el tiempo, los fans de Alcott hemos aprendido a verlo como un esfuerzo baldío, una obra menor. La misma autora nos revela en su última página el ennui que le provoca alcanzar una conclusión. Gime que quisiera inventarse un terremoto que sepultara a Plumfield y a sus habitantes. ¿Tan mal le caían sus personajes?

Una Novela Feminista
Tras muchas relecturas y viendo el estado de Louisa al escribir esta obra puedo afirmar que la escribió con la intención de redimir a Jo y de esbozar en papel las ideas feministas que ocupaban su mente. Como una visión del feminismo estadounidense de fines del siglo XIX, Jo’s Boys es un documento importante.

Los Chicos de Jo tiene lugar en el Massachussets de los 1880. Plumfield ahora se ha convertido en Laurence College, una universidad (salida del bolsillo de Laurie) tan aventajada que hasta tiene una facultad de medicina donde estudia Nan y donde la ha seguido su devoto enamorado, Tom Banks. Nan es un epitome de la feminista y “New Woman”; devota de su carrera; llena de conciencia social y de preocupaciones relacionadas como higiene, nutrición y vida sana; y que aborrece el matrimonio. Todos los que la rodean la apoyan, menos Tommy por supuesto. ¡Cuando finalmente este anuncia su compromiso, Jo aúlla “¡nunca perdonaré a Nan por rendirse!” Pero Tom se ha comprometido con otra chica.

Louisa May Alcott que pudo casarse varias veces, nunca lo deseó. Su mayor razón fue el terrible ejemplo de matrimonio que vio en sus padres. Al menos en su caso, ella sentía que marido e hijos no eran compatibles con su trabajo. La ironía es que Louisa tuvo un “marido” hasta dos días antes de su muerte: su padre, Branson Alcott, quien en sus últimos años sufrió de parálisis y de la perdida de otras facultades. También, ocho años antes de morir, Louisa adoptó a su sobrina Lulú a la que crió como una hija.

En su obra, Louisa May crea una Jo reina del multitasking, sobre todo en Hombrecitos, pero la priva de su oficio, algo que repara en Los Muchachos de Jo. Plumfield pasa por una mala racha. Para poder recaudar fondos, Mrs. Baher recuerda que sabe escribir. A la carrera, redacta una novela que se convierte en un bestseller. De pronto Jo March-Baher es rica y famosa. Docenas de fans y periodistas descienden sobre su escuela para entrevistarla.
T'ia Jo (Elye Cushie para la Colección Robin Hood)

Esto es un reflejo de lo que Alcott había experimentado por décadas. La diferencia es que Jo ha logrado compaginar familia, matrimonio, docencia y literatura. En realidad, Jo ha elegido sus prioridades. Pospuso su arte al casarse para dedicarse a otras labores tan admirables y necesarias como las letras. Louisa se sentía incapaz de dejar de escribir, porque ahí se le iba el sustento de su familia.

En Jo’s Boys, aparece el personaje de Alice. Como la mejor alumna del plantel, se esperaría que eligiese una profesión, pero Alice tiene un padre enfermo. Para colmo, a MedioBrooke (ahora llamado “John”) se le ocurre pedirle en matrimonio. Alice escucha a Daisy y Jo hablar sobre ese compromiso. Jo cree que Alice es capaz de elegir sus prioridades, y posponer algunas, pero que al final podrá alcanzar todas sus metas.
Alice y MedioBrook (Elye Cushie)

Además de la perspectiva feminista de su tiempo que convierte al libro en un texto respetable, Louisa May Alcott se sentía atraída por tendencias que iban más allá de sus ideas y plataformas políticas. En Los Muchachos, la autora intenta combinar géneros de una manera coherente, pero al tropezarse con su obligación de dar una lección moral (que era parte de la militancia feminista de su mundo) a sus lectores se siente trabada en su proceso creador.

En el cuento de Josie, Alcott, intenta recuperar su inclinación hacia las artes dramáticas; al enviar a Nat a Europa, explora el mito del “americano ingenuo” atrapado en la red de malevolencia continental, tema ya explorado por Henry James (quien apodaría a Louisa May Alcott “La Trollope de la sala-cuna). En el naufragio de Emil, la autora recala en la novela náutica y con el episodio de Danlo más interesante de la novela inventa la literatura del Oeste que en ese entonces no pasaba de los Penny Dreadful.

Ese es el conflicto de Louisa May. ¿Puede jugar con el pulp fiction cuando se espera que sea lo que siempre ha sido, una escritora didáctica y moralista? ¿Puede combinar otros géneros con el juvenil? Eso la mortifica y la lleva a darles finales torpes a sus cuatro experimentos. Comencemos con Josie.

Josie y El Peligroso Mundo de las Tablas
Josephine “Josie” Brooks, es la hija menor de Meg March. A sus quince años es muy parecida a su tía-tocaya a esa misma edad. Solo que la obsesión de Josie es el teatro. Sabemos que Louisa amó ese mundo, hizo amistades en él, y jugó a ser dramaturgo, pero también soñaba con emular a su ídolo, Fanny Kemble, la actriz mas famosa de su juventud.


Fanny Kemble

Otro ídolo de Alcott, a quien conoció en su interludio romano, fue Charlotte Cushman, famosa tanto por su talento como una breeches (pantalones) así se llamaba a las actrices que se vestían de varón e interpretaban roles masculinos como por sus affaires lésbicos. En Jo’s Boys, Alcott crea un personaje, “Miss Cameron”, que es un compendio de Kemble-Cushman.
Charlotte Cushman

Josie es apasionada, feminista, y determinada a aparecer en el escenario. En un balneario, en compañía de su prima Bess, se entera que su ídolo Miss Cameron ha tomado una casa veraniega cercana. Su oportunidad de conocerla llega cuando rescata del mar el brazalete de la actriz. La agradecida Cameron se digna a darle una entrevista.

Durante la entrevista, Josie, que es una conocedora del teatro shakesperiano, recita una escena de Porcia de El Mercader de Venecia, el monologo de Ofelia, en Hamlet, y acaba con su mayor orgullo, el lamento de Julieta en la cripta. Aunque Miss Cameron ha quedado complacida con el comienzo, la escena de Julieta la mata de la risa. Le dice a Josie que ese no es un rol para su edad y que una chicuela de quince años no sabe nada del amor. Ahí escuchamos la voz de la autocensura y el sermón ineludible.

Para comenzar, Julieta tenía catorce años, y aunque ese rol fuese representado hasta hace poco por actrices veteranas, el teatro de entonces estaba colmado de actrices adolescentes. Susan, la hermana de Cushman, se había casado a los catorce años. Abandonada por su marido, a la edad de Josie, Susan se adentró en las tablas como pareja de su hermana precisamente en Romeo y Julieta.
Las Hermanas Cushman en Romeo y Julieta

Aquí también nos enfrentamos con un desagradable prurito de Alcott de exigir que sus personajes, de entre catorce y dieciséis años, sean eternas niñas. Eso en un mundo donde las chicas se casaban jóvenes, tenían hijos en la adolescencia y trabajaban ya a esa edad.

He llegado a reconocer en esa ambigua y controvertida frase “niñas de las que me he enamorado” que Louisa se refiere a sus personajes a los que ella desearía preservar del dolor y obligaciones del amor y la maternidad. Para lograrlo deben permanecer siempre en un estado infantil. A eso se debe la existencia de personajes Peter Pan como como Jo, Polly Milton de Una Chica a la Antigua y la protagonista de “El Secreto de Sofia” que a sus dieciséis años todavía se considera una niña.
Polly,  de catorce años,  es retratada como una nena de nueve

Miss Cameron aconseja a Josie que haga de la obediencia a sus mayores y de sus estudios su prioridad, y que ya habrá tiempo para el teatro. ¿Queee? Esto es peor que Baher coartando el espíritu literario de Jo. La destrucción de las legítimas aspiraciones de una jovencita talentosa es muy desmoralizante.

Alcott bien pudo haber llevado a Josie a vivir la aventura de buscar empleo como actriz. Ella conocía ese mundo, pero no se atrevió. Por un lado, a pesar de que el teatro shakesperiano era un espectáculo respetable, no lo era el estilo de vida de los actores. Alcott no podía mandar a un miembro de La Familia March a ese antro de perdición. Su opción es un final rebuscado.

Entra Jo, la que hace milagros, escribe una obra, pone a Josie de protagonista e invita a Miss Cameron a la puesta en escena. La actriz admirada, le da clases a Josie y la convierte en su amiga (como si lucirse en escena hiciese madurar a la novel actriz). La autora nos asegura que Josie hará una brillante carrera y “un buen matrimonio”. Como si Josie alguna vez hubiese mostrado interés en casarse.
Josie persigue a Teddy (ilustración de la edición de 1949)

¿No hubiese sido más interesante ver a Josie buscar suerte en diversos géneros, convertirse en alguien como Lilian Russell, o una Josephine Marcus que se llevó su teatro al Oeste y terminó casada con Wyatt Earp? En un momento de la novela, cuando hablan de la mítica comunidad que Dan planea construir en el Oeste, Josie exige su propio teatro.

Lillian Russell (1903)

Siguiendo con los prejuicios, Miss Cameron aprovecha de felicitar a Jo por no escribir opereta buffa y “dramas de sociedad”. Ahí surge el prejuicio contra el teatro moderno. Un año antes de la publicación de Los Muchachos, Gilbert&Sullivan habían puesto en escena The Mikado, hoy considerada una joya entre las operetas. El desprecio de Alcott alcanza al drama de sociedad del joven Oscar Wilde que había visitado Estados Unidos en 1882, y el de Ibsen cuya Casa de Muñecas ya había abierto en suelo americano ¡y nada menos que en Milwaukee!
                                Three Little Maids de The Mikado
El Americano Ingenuo
No es solo con Josie que la autora pierde una oportunidad de contar algo novedoso. En Hombrecitos conocimos a Nat Blake, el violinista que Laurie recoge de la calle y que encuentra su hogar en Plumfield. Desde entonces Nat y Daisy Brooke desarrollan una amistad que se convierte en amor. 
Daisy y Nat en la versión animé de Hombrecitos

Pero al camino les sale Meg que se ha vuelto mamá de telenovela y quiere que su hija mayor se case con un millonario. Laurie acude en ayuda del chico, ofrece pagarle los estudios en Europa y cuando sea un famoso violinista pueda volver a buscar a Daisy.

Si recuerdan a Nat era un chico frágil, ingenuo, y, como vimos en Hombrecitos, dado a las mentirijillas. Tía Jo lo siente débil y no confía mucho en su talento. Desembarcado en Leipzig, con los bolsillos llenos de dinero Laurence, Nat no le demuestra que se equivoca. Se ve rodeado de aduladores y estafadores que creen que todo lo que viene de America está forrado en oro.

Nat comienza a gastar a manos llenas, y a fingir ser un potentado.  Una señora que quiere un yerno millonario lo empareja con su hija MInna. Nat hasta se olvida de Daisy. Todo acaba cuando acaba el dinero. Minna, aunque se ha enamorado, debe decirle adiós. 
Minna se despide de Nat (Elye Cushie)

El avergonzado Nat acaba tocando el violín en tugurios y dando clases de inglés. Pero aparece una oferta milagrosa para ser primer violín de una orquesta en Londres. Nat vuelve a casa, convertido en un triunfador, y hasta Meg lo acepta como parte de la familia.

Henry James ya había publicado Daisy Miller y El retrato de una dama que Alcott seguramente había leído. Se nota un intento de mostrar los peligros que Europa representa para la moral y el bolsillo del turista ingenuo, pero nuevamente se obliga a darle a su fabula un final de cuento de hada. Yo creo que hubiese preferido casar a Nat con Minna o hacer que Daisy se fugase de la casa de muñecas y se fuese a Europa a buscar al novio.

Emil, El Naufrago
Emil y la Tía Jo (Elye Cushie)

Mas compleja es la historia de Emil Baher, el sobrino de Fritz a quien Jo ha criado. Fiel a su sueño infantil, Emil se hace a la mar como contramaestre de un barco. El lenguaje de Emil, y la descripción de su viaje y naufragio, demuestran que Louisa May tenía familiaridad con la ficción marítima. 
Obvio que había leído a Herman Melville y al Capitán Marryat, pero también puede haber leído La Isla del Tesoro publicada en 1881, y El naufragio de la Grosvenor de William Clark Russell.
Mary durante el naufragio (Elye Cushie)

Lo mas fascinante del naufragio de Emil es que comparte su ordalía con la hija del capitán. Después de su rescate, Mary y Emil se casan. De visita en Plumfield, Mary es firme en su decisión de seguir sus correrías náuticas, ahora en compañía de su marido. Ahí tenemos para cien aventuras más…que Alcott no nos cuenta.

Dan, El Noble Salvaje
Dan en el animé de Hombrecitos

El caso más frustrante es el de Dan, el mejor personaje masculino de Louisa May (aparte de Laurie).  En Hombrecitos conocimos a Dan Kean, un chico de la calle, medio delincuente, que protege a Nat en sus días de orfandad y acaba en Plumfield, a pesar de los reparos del profesor Baher. Tras varios pecadillos, el fin de la estadía de Dan ocurre cuando es acusado (injustamente) de robo. Después que Dan huye, se descubre al verdadero ladrón. Un año más tarde, un cojo y hambriento Dan es ‘recuperado” por Jo que lo convierte en un hijo más.
Dan es atendido por los Baher. 

Dan aparece casi intempestivamente en Jo’s Boys. La criada intenta expulsarlo, Jo no lo reconoce. Parece que, en dos años de ausencia, no solo ha crecido, también se ha oscurecido. Lo mas chocante para nuestra sensibilidad moderna es cuantas veces alude la autora al color de piel de Dan culminando en la exclamación de Josie: “¡eres grande y negro como los villanos del teatro!” 

NOTA: Veo que las traducciones modernas han bajado el tono de esa frase. Pero la original, que todabia se puede leer en Gutemberg dice asi . "You look about thirty, and as big and black as a villain in a play. "

La llegada de Dan provoca un alboroto, sobre todo entre las chicas. Con sus historias y presencia opaca a Emil. Si el marinero ha traído collares de coral y conchitas para las primas, Dan les trae trajes de indias y pieles de animales que ha cazado. El motivo indígena es importante en relación al viajero. Jo siempre ha sospechado que Dan tiene sangre india y eso explicaría su piel cobriza, pero además en su libro, Alcott hace lo impensable: una defensa del nativo americano.

A solo dos años de la publicación de Ramona de Helen Hunt Jackson, Alcott sigue la línea indigenista de esa obra al poner en boca de Dan un panegírico del indio norteamericano, principalmente de tribus pacificas como las que él denomina” Indios Montana” (no existe tal tribu probablemente se refiere a los Cheyenne). Si pensamos que había pasado menos de una década desde la muerte del General Custer en la Batalla de LittleBighorn; que Gerónimo en ese momento tenía a los Apache en pie de guerra en Arizona; y que para muchos blancos el único indio bueno era un indio muerto, este elogio a los Primeros Americanos es totalmente radical.

 Dan nos relata cosas que Alcott no puede haber leído en las novelitas de diez centavos tales como la corrupción entre los Indian Agents (blancos a cargo de servir de enlace con la tribu y vigilar que estas recibiesen los beneficios que el gobierno les aseguraba a cambio de dejar que les robasen su tierra y su libertad). Cuando Dan expresa su deseo de convertirse en agente indio, el Profesor Baher le aconseja no hacerlo, un agente honesto entre corruptos no tiene ninguna oportunidad de hacer el bien.
Caricatura de un Indian Agent enriqueciendose a costa de los indios

El libro nos da información sobre la vida de los Indios de la Pradera que Alcott tiene que haber sacado de otras fuentes que los Penny Dreadful. Hasta donde sabemos, nunca estuvo en el Oeste ni se entrevistó con nativos. Pero, cuando Dan se queja que los encargados de asuntos indígenas privilegian a los Sioux porque les temen (esto escrito cinco años antes de la Masacre de Wounded Knee) y no a los Montana a los que ven como humildes y pacíficos, uno se imagina que es algo que la autora tuvo que oír de boca de algún conocedor del tema.

Dan no solo ha vivido con los indios. A juzgar por el traje de charro que luce en las fiestas, ha estado en México. Ha criado ovejas en Australia y bscado oro en California, especulado con las ganancias y hasta probado las mesas de juego de la Barbary Coast. Como nos dicen a cada rato, es un aventurero, un hombre, no un niño como los demás “Muchachos” de Jo.

Aunque Jo (y por extensión Louisa) ama a Dan como a un hijo, tiene claro que es demasiado salvaje para vivir en un mundo urbano. Lo anima a regresar al Oeste, inclusive a casarse con una squaw. Uno siente que lo ve como al monstruo de “The Shape in the Wáter” y teme que se coma a la gata Pandora. En este caso la gata se llama Bess.

Tal como en su infancia, Bess sigue causando un efecto benéfico sobre los que la rodean y deslumbrando con una belleza exquisita. En el caso de La Niña Laurence, Louisa por primera vez describe a un personaje femenino como un epitome de perfección física, y eso que se trata de una chicuela de quince años. Si con Josie, la autora retoma su leitmotiv de que las quinceañeras son niñas, lo abandona con Bess. La retrata como madura, sensible, tan perfecta que provoca una guerra de celos entre Amy y Laurie quienes se disputan la atención y compañía de su única hija.
Josie, Dan y Bess (Elye Cushie)

Alcott nos presenta a Bess encerrada en su estudio de escultura, devota de su arte, olvidada del mundo, como Rapuncel en su torre. Tiene que venir la tía Jo a insistir que tome aire, que comparta la música del padre (además de su talento por las artes platicas, Bess posee una voz privilegiada). Según Jo y Laurie, Bess pertenece al mundo, pero tenemos la impresión de que alguien tan perfecto debe mantenerse alejada de la luz, que se puede quemar o quemar a otros. Eso ocurre cuando Dan la ve. Queda impactado.

Lamentablemente, Alcott recae en ese tropo estadounidense que hemos heredado en el mundo occidental tras presenciarlo en mil comedias románticas hollywoodenses. Una pareja debe comenzar discutiendo, arranchándose en sus posturas y expresando su simpatía con sarcasmo.  La “guerra de los sexos” de Dan y su rubia es provocada por las burlas de él hacia el arte de Bess y sus sueños de ir a Europa a ilustrarse con lo clásico. Aunque Bess es demasiado dama, y muestra interés en ir al Oeste a explorar las posibilidades artísticas del paisaje, denota su molestia en cierta cortes frialdad.  “Amoscada” es como describe el traductor su incomodidad con quien irrespeta sus objetivos y sueños.

Sin embargo, Dan y Bess pasan mucho tiempo juntos. Tanto que en una ocasión en que Bess escucha transfigurada las aventuras del salvaje, Laurie los apoda “Otelo y Desdémona’ sin comprender las repercusiones de su comparación. Jo es mas astuta y se alegra que Dan se ponga en camino a Kansas.

En el Oeste, Dan, por defender a un amigo, mata a un hombre. El temor de Jo, se hace realidad, su muchacho cae en la cárcel. A pesar de que el juez solo le da un año, debido a que fue muerte accidental y en autodefensa, estar encerrado una ordalía para Dan, un espíritu libre. Alcott retrata brevemente como eran las cárceles de entonces. Dan sobrevive avergonzado, pero se esmera en ocultar su desdicha a la gente que lo espera en Plumfield.
Dan en la cárcel (Elye Cushie)

Al salir, busca empleo en una mina. Durante una inundación se convierte en un héroe al rescatar a sus compañeros. Finalmente, estas noticias llegan a los Baher. Laurie y Teddy parten a buscar a Dan que ha quedado malherido. En el hospital, Laurie, a juzgar por los delirios de Dan, llega a la conclusión de que ha pasado por experiencias terribles, pero no se imagina cuáles.

Dan es llevado a convalecer a Plumfield donde Bess se convierte en palabras de la autora en “la enfermerita más encantadora del mundo”. La Niña Laurence se la pasa con Dan leyéndole lo más granado de la poesía romántica alemana incluyendo El Caballero de Aslauga de Fouque. La sagaz Tía Jo se da cuenta que para Dan, Bess es Aslauga.

 Dan termina confesándole a su benefactora su estadía en la cárcel y su amor por Bess y como en su celda la recordaba como “una estrella’ que guiaría su camino. Si, muy romántico, pero esta Aslauga está a punto de ser escondida en un estuche de arpa. NOTA: para quienes no sepan quien es esta reina de saga nórdica, es la Aslaug de “Vikings”.
Alyssa Sutherland como Aslaug

Aquí entra lo que me hace chirriar los dientes. Jo vehementemente intenta disuadir a Dan de cualquier idea romántica con Bess. Se va corriendo donde Amy, le cuenta lo que ocurre, incluyendo el prontuario criminal de Dan. Amy agarra a su cría y huyen a Washington. Bess apenas alcanza a despedirse de Dan. Ella cree que volverán a verse, él sabe que no.

Dan le planta unos besos que la hacen sospechar sus sentimientos, pero Jo la convence que el enfermo está de duelo por un amor perdido y así la distrae. Para cuando Bess regresa, Dan ya se ha ido. Por segunda vez, los prejuicios lo han expulsado del “mundo civilizado”.
Dan se despide de Bess (Elye Cushie)

Así llegamos a ese final que la misma autora repudia: un final donde todos reciben castigo y recompensa. Stuffy, por tragón, muere joven.; el travieso Teddy termina de pastor de almas; Bess hace “un buen matrimonio”.  ¿Esa es su recompensa? Y Dan cae en batalla con la caballería defendiendo a los indios. Cursilísima, esa imagen final de él agonizando en un bosque con” el rizo de Aslauga” en la mano. Con razón, Louisa se enfermó del estómago después de escribir tanta patraña.

Obviamente cuando comenzó la novela Alcott deseaba enviar a Dan a cabalgar hacia el horizonte, dispuesto a convertirse en el nuevo “Baila con Lobos”, con Bess en la grupa lista para ir a pintar (antes que Jessica Chastain) a Toro Sentado. ¿Hubiese estado bonito no?  pero esa obligación de escribir fabulas con moraleja la detuvo.

¡Pobre Louisa! Toda la vida fue presa de esa manía de Branson de que sus hijas no solo debían ser ejemplos de moral, sino también ser felices por serlo. Ella nunca fue feliz, su desdichada dualidad se plasmó en Jo’s Boys. Es triste que nuestro último recuerdo de Las Hermanas March sea como mujeres entrometidas, preocupadas de las apariencias, clasistas y hasta racistas.



jueves, 7 de febrero de 2019

Tras la Pista de la Verdadera Jo y del Verdadero Laurie: Louisa May Alcott (I)



En el 2016 tuvimos una versión “moderna” de Mujercitas, este año llega una nueva versión fílmica, y el año pasado sufrimos la adaptación inferior que Heidi Thomas hizo para la BBC. Mujercitas no cansa de surgir en la cultura popular aun en este Tercer Milenio. Nos encanta saber que existió una familia, Los Alcott, en la que se inspiró la mas ilustre de sus hijas para crear a Los March. ¿Pero fueron Los Alcott una familia ideal? ¿Tuvo Louisa una infancia y juventud idílica como Jo March? ¿Como fue la relación de Alcott con el enigmático Ladislas Wisniewski, el supuesto modelo para Laurie Laurence?
Primera foto de la nueva versión de "Little Women"

En la primeraparte de este blog sobre Louisa May Alcott les narré mi experiencia al ser una Niña Latina del Ayer devota de Louisa May Alcott, les mostré que ediciones se habían hecho en castellano de la autora de Mujercitas y también les hablé de su evolución en la imaginación popular. Ahora me gustaría comentar el contenido d sus novelas y ver como lo que ella más despreciaba, su literatura juvenil sigue siendo vigente y amada por precisamente haber sido adelantada para su época.

Algo que todo fan sabe es que Mujercitas (que sigue siendo la obra más reconocida de Louisa May) es autobiográfica y está basada en vivencias de la familia de la autora. Aunque eso, en principio, sea cierto, también es cierto que hay mucho de fantasía en la creación de Los March, mucho de lo que Louisa hubiese deseado ver en su propio núcleo familiar.

 Los Disfuncionales Alcott
Comencemos con la madre.  Abigail May era totalmente Marmee, mayor merito puesto que tuvo que enfrentar tragedias y pruebas dolorosas que jamás tocaron a Mrs. March. Hija de una familia acomodada y antigua, descendiente de los puritanos de Salem, Abigail (apodada “Abba”) se casó en 1828 con el filosofo y educador Bronson Alcott.
Abigail "Abba"May Alcott

 Abba pudo hacer un mejor matrimonio, pero estaba enamorada de la erudición y altruismo de su marido. Lamentablemente, Alcott era un genio, pero también un soñador nato. Sus muchos intentos por crear comunidades utópicas lo llevarían a arrastrar a su mujer y a sus hijas a la miseria, la vergüenza y casi la inanición.
Amos Branson Alcott

Abba fue una esposa fiel y una madre abnegada que trató de ser un puente entre su marido y sus hijas, sin ser desleal a ningún bando. La única vez que se vio obligada a frenar las excentricidades maritales fue cuando Branson, bajo la influencia de su socio Charles Lane, comenzó a repensar (y a rechazar) la idea del matrimonio y de la familia nuclear.
Los Alcott

Louisa May, tal como Jo, fue la segunda de una familia de cuatro hermanas. Siempre estuvo muy unida al padre con el que compartía el mismo cumpleaños y que moriría solo dos días antes que su hija, pero Branson Alcott era muy diferente al Reverendo March. Era un crítico exigente y sarcástico sobre todo con sus hijas. eso provocó que LMA en Mujercitas recurriera al síndrome del padre ausente. Y cuando en su obra mas conocida, presente padres idéales como Fritz Baher o el Tío Alec Campbell de Ocho Primos ella estará retratando a los hombres que más amó, Ralph Waldo Emerson y Henry David Thoreau. Sobre todo, Emerson cuya familia unida Louisa siempre envidió sin maldad.

Si hacemos un repaso de la obra de Alcott entre 1868 y 1888, el año de su muerte, las familias perfectas como Los March, y por extensión, Los Baher, no existen. Tenemos kilos de huérfanos, y figuras paternas maternas o paternas que deben criarlos (Ben Brown y Miss Celia en Bajo las Lilas; Rose y el Tío Alec en Ocho Primos, los muchos alumnos de la Escuela Plumfield en Hombrecitos). 

Kay Francis como Jo en "Little Men"(1940)

Cuando vuelve a mencionar una familia idealizada, la de Polly Milton en Una chica a la antigua, Alcott nunca nos los presenta. No nos son cercanos y reales como los disfuncionales Shaw que juegan tan gran papel en la vida de la heroína. Lo mismo ocurre con los Ocho Primos que están sometidos a padres desobligados y/o ausentes y a madres frívolas, posesivas o muy severas.

Sin embargo, Louisa como alguien que sobrevivió sus muchas desdichas gracias a la unidad familiar, era creyente ferviente en la familia, aunque estuviese compuesta por gente a la que no unían lazos de sangre. Tras la muerte de su hermana May (Amy) en 1878, Alcott adoptó a su sobrina y tocaya, Lulú y por casi una década supo lo que era ser madre.
Lulu

A pesar de ser una adelantada a su época, una sufragista y abolicionista, Louisa May rechazaba mucho de la era moderna, sobre todo el ataque a la familia. Lo vemos en el dolor que Polly siente al ver lo desapegados que son los Shaw y como han marginado a la abuela. Lo vemos en “El secreto de Sofia” cuando una jovencita suiza, de visita en el Cabo Cod, se horroriza al ver como los hijos tratan a los padres en America.

Louisa y el Mundo Laboral
Para la adolescencia de Louisa May cuando ya había sobrevivido las comunas utópicas de su padre y recibido una educación excéntricaergo soberbia de parte de sus padres, Thoreau y Emerson, la familia Alcott estaba casi en la miseria. Abba y sus hijas crearon un taller de costura para subsistir, pero Louisa, la más decidida de todas, salió al mundo a buscar trabajo.  Por más de una década se desempeñó como maestra, institutriz, dama de compañía y sirvienta.

 Alcott relatará algunas de sus aventuras en el mundo laboral en Trabajo (1873). Lo cierto es que ella nunca se vio como una mujer independiente ni consideró una carrera. Para ella, el trabajo era una obligación y una necesidad. Sus empleos la llevaron a situaciones de humillación y frustración (muchas veces no recibió paga prometida) y en un caso en que sirvió como acompañante de una invalida, los apremios románticos del hermano de su patrona bordearon en acoso sexual.

Sin embargo, la mayor desdicha para Louisa May Alcott era no tener empleo, puesto que se había convertido en el sostén de su excéntrica familia. A los 24 años, agobiada por no encontrar trabajo, contempló saltar de un puente. Esta experiencia que compartió en cartas a sus parientes quedó retratada en Work cuando la protagonista, Christy Devon, también planea lanzarse a un rio. En Una chica la antigua, una conocida de Polly trata de quitarse la vida cuando no puede pagar la renta. No es precisamente un tema que esperaríamos de una autora de libros infantiles.

Quien rescataría a Louisa May de su depresión fue el ministro unitario Theodor Parker. No solo le consiguió un empleo de institutriz, pero también se preocupó de reparar su espíritu. Gracias a él, Louisa volvió a escribir (a pesar de las críticas y de los editores); contempló una carrera como dramaturgo; y se relacionó con gente del mundo teatral de Boston, sin dejar de asistir a charlas en casa de Parker y a sus sermones. Biógrafos de la autora como John Matheson en Eden’s Outcasts: Louisa May Alcott and her Father, han visto connotaciones románticas en la amistad de Louisa y Parker que estaba casado.
Theodore Parker

La relación acabó cuando, tras la muerte de su hermana Lizzie y el matrimonio de su hermana Anna, Louisa regresó a Concord con su familia. Branson Alcott hizo instalar un escritorio solo para que Louisa escribiera. Ahí ella comenzó a crear esas historias góticas que pondrían pan en su mesa a pesar de tener que publicarlas bajo un seudónimo.

Louisa se Va a la Guerra
En 1861 estallaba la Guerra de Secesión, Louisa, ferviente abolicionista, deseaba servir de alguna manera más trascendental que tejer calcetas o enrollar vendas. Al saber que Dorothea Dix había creado un cuerpo de enfermeras que atendían los hospitales de campaña, Alcott se enroló en el servicio. Para eso, usó la amistad de su familia con Dix para que obviaran, en su caso, la cláusula que solo podían servir cincuentonas o matronas casadas.

Louisa partió para Georgetown, en Washington esperando, al menos, pasarse unos tres meses atendiendo heridos, pero solo duró seis semanas. De esa época, quedan sus recuerdos en Escenas de un Hospital (1863). Aunque su protagonista Tribulation Periwinkle, esté basada en ella y sus experiencias, hay mucho que Alcott vio y no quiso revelar públicamente.

 Aparte de la corrupción y el caos promovido por las mismas autoridades medicas y militares, Louisa presenció escenas dantescas, heridas espeluznantes y la presencia constante de la muerte. Nada la había preparado para tanto horror y menos el tener (recordemos que era una virgen puritana de treinta años) que atender y ver hombres desnudos.
Hospital Militar de Georgetown donde Louisa trabajó

No fue una flaqueza emocional sino la enfermedad la que la venció. Primero contrajo tifoidea que luego se combinó con neumonía. Los médicos la atendieron con el único remedio conocido, la panacea del calomel, un preparado de mercurio. Hoy sabemos que el mercurio es altamente toxico. Aunque Alcott se recuperó de sus enfermedades su organismo quedaría   envenenado. Hasta su muerte sufriría de horrendas jaquecas, ataques de vértigo, debilidad muscular, pesadillas y alucinaciones.
Elizabeth Marvel en "The Woman Behind Little Women"

Intentó curarse usando métodos alternativos. Uno de ellos fue correr, LMA fue una pionera del jogging, y como realmente le hacía bien, aconsejó a otras jóvenes hacer ejercicio para conservar la salud. Por otro lado, se sabe que se automedicaba con láudano, y que muchas de sus alucinaciones pueden haber sido producto del opio. También se sabe que experimentó con hashish. Esas experiencias aparecen en sus novelas prohibidas. En Un Mefistófeles moderno, la heroína es drogada con cannabis y en “Un viaje peligroso”, una pareja experimenta con la droga.

Hoy se cree que además de la intoxicación la autora de Mujercitas pudo sufrir una enfermedad mayor como el lupus. Como esa es una enfermedad degenerativa, se entiende que solo en la última etapa de su vida, Louisa se haya sentido realmente incapacitada. Sin embargo, tal como Beth (y Lizzie su contraparte real) tras la escarlatina, Louisa nunca más volvería a sentirse totalmente sana.

Un Romance Europeo
Los años de la guerra de Secesión y la posguerra inmediata tienen a Louisa May Alcott imposibilitada de trabajar fuera de casa. Debe seguir cosiendo para otros y escribiendo. Aunque Hospital Sketches es todo un éxito, Moods su novela siguiente no lo es tanto. Para complementar su costura, Alcott comienza a publicar (bajo el seudónimo de A.R. Barnard) esos polémicos relatos góticos.

En 1867, los amigos de Louisa, viéndola tan apesadumbrada, le ofrecen una vía de escape. Conocen a una joven millonaria, Anna Weld, que es invalida y necesita de una enfermera que la acompañe a Europa a tomar las aguas y a hacer turismo. La paga es buena y el bono es ese viaje a Europa con el que la escritora ha soñado desde su infancia. A pesar de que es ella quien necesita una enfermera, Louisa se embarca con su paciente en el China.

De ese viaje tenemos documentación errática. Muchas de las cartas intercambiadas entre Luisa y parientes y amigos fueron destruidas (por pedido de la autora), existe un diario de viaje impreciso porque la autora tachó muchas líneas y hay una página rota. También existe un mini ensayo “Mi Chico Polaco” que ella incluyó en un ensayo escrito ya cercana la muerte titulado “Mis Chicos” que es un examen de su amistad con muchachos a lo largo de su vida.

Hay quien ha hablado del lesbianismo de Alcott basándose en una frase descuidada e imprecisa de que nunca se casó “porque me he enamorado de muchas niñas bonitas, pero nunca, ni por asomo, de un hombre”. Tal frase revela que, como Jo, la autora hablaba sin pensar. Aparte de sus hermanas, nunca tuvo una amistad femenina intima así que no sabemos a qué “niñas bonitas” se referiría. Las mujeres con las que se relacionó ya mayor fueron colegas o seguidoras de sus muchas causas, mujeres de su edad y no muy bonitas.

 En cambio, siempre se apoyó en amistades profundas, muchas con connotaciones románticas, con jóvenes, aun cuando ella ya no lo era. No se la puede acusar de una incipiente efebofilia puesto que su vida uy obra estuvo marcada por su enamoramiento de Henry David Thoreau (al que le llevaba flores como un cortejo adolescente) y con Emerson. Años después ella misma le confesó a Ralph Waldo que de jovencita había estado enamorada de él. En su biografía Alcott: A Personal Biography, Suzanne Cheever se ha referido a ambos literatos como los” Íconos eróticos” de Louisa May Alcott.
Thoreau y Emerson

Pero vamos al encuentro con el romance mas interesante de la vida de Louisa May Alcott. El viaje comienza bien, y Louisa goza de la primera etapa en Londres, pero tras cruzar el Canal de La Mancha, y de sufrir un aparatoso ataque de mal de mer, el ánimo de la escritora se agria. Ya en el Continente comienza a tomarle fastidio a Anna. Su diario esta lleno de quejas debidas al “egoísmo’ y los ‘caprichos” de su paciente. Años más tarde cuando Louisa se convierta en una invalida, se dará cuenta de lo difícil que es llevarse con la gente sana, pero en el momento del viaje Anna le es insoportable. Alcott llega a acusarla de no ser “una dama”.
Louisa y Anna en "The Woman Behind Little Women"

Casi de la greña, ambas mujeres llegan a Vevey en Suiza. Están no solo en guerra entre ellas, sino que les molesta todo, desde el clima hasta las compañías en los hoteles. Les incomodan los extranjeros, aun los de habla inglesa. Todo cambia con la llegada de un joven musico polaco llamado Ladislas Wisniewsky. Así lo describe Louisa “Alto, de rostro delgado, mirada inteligente y los encantadores buenos modales de los extranjeros”.

 No hay retratos del polaco, pero creo que este se le parece.

La autora contará que siendo todas las mujeres y mayores que el joven lo consentirán como si fueran sus madres, pero hay mucho que leer entre líneas sobre esta relación donde LMA, tan puritana y meticulosa, y viviendo en una sociedad victoriana, no habrá querido revelar. Con la excusa de enseñarle inglés a quien ella lama “Mi Laddie” o “Mi niño” Alcott pasará mucho tiempo con el musico. En largos paseos y charlas nocturnas, él le contará que peleó en la Revolución Polaca de 1863 que lo perdió todo fortuna, familia y salud. Ha venido a Suiza a curar sus pulmones.

Louisa, que es una romántica, adora todo este background aventurero de su joven amigo. La pensión se le hace mas llevadera. Cuenta que en la noche hay bailes en el salón y que hasta fuman (de joven, Louisa había mascado tabaco a escondidas). Laddie le trae un ramo de rosas todas las noches. Para su cumpleaños, le ofrece un concierto de piano privado. Acabada de cumplir 33 años, Louisa May escribe que se siente joven: “mi corazón aun es joven”. A ver, yo he tenido amores con hombres jóvenes y gozo de la amistad de jóvenes a los que veo como hijos. Ambas son relaciones muy diferente. El sentirse joven, audaz, llena de expectativas no nace de una relación maternal.

En un momento, alarmada ante lo que podrán leer en su diario (como escritora sabia que nada de sus escritos seria privado siempre) intenta inventar un romance entre Anna y Laddie. Luego lo tacha, pero biógrafas como Martha Saxton se han creído que LMA “se ápropio”de un romance ajeno para hacerse la interesante.
Louise D. Wheeler como Laddie en "The Woman Behind Little Women"

Por romántica y soñadora que fuera, LMA siempre fue muy honesta, y aunque hay contradicciones en su relación con Laddie, y obviamente se esmeró en ocultar la verdadera naturaleza de esta, no iba a robarle algo a otra persona. Saxton cree también que Alcott puede haber intentado proteger la reputación de su paciente. Con el fastidio que le había tomado a Anna, LMA no iba a estar con miramientos además nada de lo que nos cuenta de antes y después del interludio suizo indica que existiera un romance entre su patrona y el polaco.

En diciembre, Anna decide que irán a Niza (en ese tiempo se creía que la Costa Azul era muy saludable). Laddie se despide de LMA besándole la mano. Está desconsolado, promete reencontrarse con ella en París, en mayo. Pero ninguno de los dos parece muy convencido. Laddie siente que la muerte lo acecha, Louisa cree que el polaco la olvidará.

Niza es una pesadilla, las fiestas son un martirio. Alcott escribe en su diario como recuerdan a Laddie en la triste fiesta de Año Nuevo. Ya no soporta a Anna, y le dice que en la primavera se volverá sola a USA. Eso no es cierto.

En mayo, Louisa viaja sola a Paris. “Laddie me estaba esperando en la estación “escribe en su diario. Años más tarde en “Mi chico polaco “dirá que fue “toda una sorpresa” encontrarlo en la estación. Ahí vemos a la solterona puritana tratando de velar por su reputación. El diario, más inmediato y honesto, implica que ambos han mantenido contacto y han planeado este encuentro.

Alcott pasará dos semanas en Paris. No sabe francés y Laddie es su interprete. Van juntos de compras. Louisa está desesperada por renovar su vestuario, cambiar su apariencia. Siempre pensamos en ella como Jo, una mujer de apariencia descuidada. Louisa May Alcott era vanidosilla, amaba la buena ropa y como modista, sabía mucho de modas.
Louisa en la 'epoca de su viaje a Europa

Por discreción, no van a lugares públicos ni a la ópera, pero recorren museos, comparten almuerzos campestres, y se pasan las noches en el salón del hotel de Alcott charlando. Ella relata que bajan la luz de las lámparas. Para los conocedores de novelas decimonónicas esto se hacía cuando una pareja estaba de romance, para ofrecer mayor intimidad. También Louisa confiesa haber visitado el cuartucho donde Laddie vivía. De nuevo, en novelas victorianas, esto hubiese sido muy mal visto.

 En “Mi Chico Polaco” Louisa se apresura en decir que todo lo que hicieron en París fue posible solo porque los creían madre e hijo. Primero, solo tenía 13 años más que el musico, segundo se sentía joven, estaba vestida a la última moda parisina. No creo que haya parecido una matrona severa. El matrimonio o relaciones entre mujeres mayores y jóvenes no era desconocido. Las Cougars no son invención del Siglo XXI. La hermana menor de Louisa se casó con un hombre veinte años más joven.

En “My Polish Boy” la escritora cuenta que Laddie le enseñó un poco de su idioma, incluyendo un apodo para llamarlo a él. Una noche en que están en compañía de amigos de Laddie, estos se sorprenden al oír a Louisa usar esta expresión, un vocablo cariñoso que en Polonia se usa para las parejas. A Alcott le molesta mucho lo que considera una burla de su amigo, pero creo que ese fue el momento en que se da cuenta de que su relación con Laddie está tomando otro cariz.

En su diario de viaje, Louisa escribirá “un pequeño romance con Laddie” a lo que seguirá un párrafo que eliminará más tarde con tanta violencia que rasgará la página. Al pie todavía se puede leer “esto no puede ser”.

Por más de un siglo, fans y biógrafos (incluso Julian Hawthorne (otro de los “chicos” de Louisa) han especulado sobre el contenido de ese párrafo. Hay tres posibilidades.
A)      Laddie le propuso matrimonio a su amiga. Sabemos que Alcott era muy contraria a contraer nupcias. El ejemplo de su madre le bastaba. Podemos imaginarnos una situación parecida a la que vive Jo cuando Laurie le propone matrimonio.
B)      Que Laddie le haya propuesto ser amantes y vivir la vida bohemia parisina. El puritanismo de LMA no hubiera soportado esa situación.
C)      Realmente hubo una escapada sexual, tras la cual la autora se dio cuenta que con Laddie no había posibilidad de ninguna relación a largo plazo y haya decidido cortar por lo sano.

En “Mi Chico Polaco” Louisa May Alcott narra su despedida en una estación de tren. Laddie le ha traído un ultimo regalo, un frasquito de perfume, La autora cuenta que, a pesar de la presencia de transeúntes, se besan apasionadamente. Luego, ella se echa a llorar y corre a ocultar su pena en su vagón.

Lo curioso es que Louisa y Laddie mantuvieron correspondencia por cinco años. Tras la publicación de Mujercitas, Alcott anuncia públicamente que Laurie está basado en su romance polaco. En 1872, Laddie, ya casado y con hijas, se aparece en Nueva York. Louisa confiesa en una carta a Maggie Lukens, que teme verlo convertido en “un papá panzón”.  No sabemos si se llegaron a encontrar.

En su libro, Louisa May Alcott: The Woman Behind Little Women, Harriet Reisner cuenta que Laddie se queda sin dinero en America, y que, en octubre de 1873, Louisa hace que sus editores, Los Hermanos Roberts, le entreguen un cheque por $400 (una fortuna entonces) a su amigo polaco. La excusa para tal suma,  con la que los Wisnieswki pueden regresar a Europa, es que Laddie había servido de modelo para Laurie.

Unos años más tarde, Louisa emprenderá otro viaje a Europa, esta vez en compañía de su hermana May. Su estadía en Suiza, donde May (tal como Amy en Mujercitas) encontrará marido, estará empapada de recuerdos de Laddie. La importancia de esta relación radica en el empeño de Louisa de destruir todo recuerdo del muchacho. No solo quema su correspondencia, también solicita que otros hagan lo mismo con la propia, ya vimos como intentó adulterar y semi destruir su diario de viaje. Esto abre las puertas de la imaginación.

Me atrevo entonces a dar mi opinión. No creo que Louisa haya tenido una relación pecaminosa con Laurie. Algo evidente en su obra y su vida es que era una mujer aparentemente puritana, pero que reprimió su sexualidad. Eso lo exploraré en otro blog. Yo creo que Laddie le pidió matrimonio y los reparos en contra de la institución de Louisa la obligaron a rechazar la oferta.

Tras esta llorosa despedida, Louisa se va a Londres donde goza de su libertad, visita gente, va a la ópera, asiste a charlas de Charles Dickens. Regresa a America sin saber que la fama la espera.

El Fenómeno Mujercitas
La génesis de Mujercitas es archiconocida. Alcott quería convencer a su editor Thomas Niles de publicar un tratado filosófico de su padre. Niles quería que ella escribiera un libro para niñas. Alcott, sintiéndose extorsionada, tuvo que hacerlo. Como sabía poco de niñas (ya mencioné que hasta su madurez no tuvo amigas) se limitó a recordar episodios de su infancia y la de sus hermanas.
Versión original de Mujercitas

Little Women es una novela singularmente autobiografía. Jo es Louisa. Sus experimentos literarios están copiados de las propias experiencias de la autora, inclusive la venta del cabello fue algo que Louisa May planificó yendo hasta una peluquería para saber cuánto le darían. La enfermedad y muerte de Beth es idéntica a lo acaecido a Lizzie Alcott. El schock de Jo al ver casarse a Meg es equiparable al que sintió Louisa cuando se hermana Anna se casó, y la rivalidad Jo-Amy esta copiada de la existente entre Louisa y May.

El éxito de la novela nos es familiar en este siglo donde cada año trae una nueva adaptación de Mujercitas sea filme, miniserie incluso opera, pero ni nos podemos imaginar el furor que causó en su día. Un critico determinó que Mujercitas era lectura para gente entre seis y sesenta años, dándole ya el poder de verdadera literatura a algo que parecía un simple texto infantil.



Como sabemos, las demandas del publico obligaron a Louisa May Alcott a escribir una secuela publicada apenas un año más tarde. Louisa obedeció a los deseos de sus fans en casi todo, pero se negó a casar a Jo y Laurie. Ya le había escrito a Alf Whitman, otro de sus “chicos” que Laurie era una combinación de él y Laddie, y Louisa no iba crear una ficción que se opusiese a la realidad. En cambio, se inventó un tal Fritz Baher que era un compuesto entre Thoreau y Emerson con acento alemán. Good Wives fue un éxito aun mayor que Mujercitas.

Estos libros cambiarían la vida de la autora en dos aspectos. El primero es que ya no necesitaría trabajar y pronto no solo no pasaría hambre, sino que podría darse muchos lujos. El otro fue que los fans comenzaron a acercársele. En días pre-Internet, esto significaba recibir cartas de todos los estados de la Unión.

Las que más le impresionaron fueron las de Maggie Lukens que, con sus hermanas, estaban publicando una gaceta similar a la del Club Pickwick. Esto motivó una larga correspondencia entre Louisa y Maggie que nos muestra el estado de animo de la autora en esos días, a la vez que expresa sus ideas sobre el oficio de escribir.
Caerta de Louisa a Maggie


Polly, la Predicadora

En 1870 Louisa publica Una chica la antigua. En otro blog comenté lo difícil que me había sido leerlo. Ahora entiendo el motivo. Es una de las novelas juveniles más sermoneadoras (peor que el Diario de Ana Maria) que haya leído en mi vida. Polly Milton, de catorce años, deja su granja familiar, para ir a visitar a su amiga Fanny Shaw en Boston. A sus dieciséis años, Fanny se comporta ya como una mujercita y vive preocupada de la moda, de las diversiones y de su circulo social. Polly reprueba las tres grandes preocupaciones de su amiga y se lo hace saber de manera que yo tildaría de descortés.
Toda la primera parte que corresponde a una larguísima visita de Polly a los Shaw, es una eterna prédica. Polly desaprueba todo lo que es y hace Fanny: sus amistades, su familia, su comportamiento hacia su familia, la frivolidad d sus amigas, de sus lecturas y casi se desmaya cuando la llevan a un espectáculo de vaudeville donde ve bailarinas semidesnudas, y oye chistes de doble sentido y música “negra”.  Tras meses de quejas y censuras, Polly termina delatando un romance de Fanny a su padre. Yo no sé cómo Fanny no la saca a patadas de su casa.

Es solo conociendo la biografía de la autora que podemos leer entre líneas. Cuando una amiga de Fanny confiesa amar las novelas de Ouida y Polly recalca que ella prefiere las novelas históricas de la alemana Luise Mulbach, está (como toda la sociedad victoriana) criticando la temática atrevida y sensacionalista de Ouida. Solo que clandestinamente, Louisa escribía y publicaba ese mismo tipo de novelas. Como amiga del teatro, a lo mejor también apreciaba ese espectáculo que escandalizó a Polly. Aunque como toda escritora seria debía ser critica de una clase alta y frívola, sabemos que le gustaban las fiestas, que era consumista y vivía pendiente de la moda.
Gloria Jean como Polly y  Frances Rafferty como Fanny en "An Old Fahioned Girl"(1949)

La novela pega un salto de seis años, y una Polly más discreta, más sabia, pero llena de energía y objetivos regresa a Boston ahora dar clases de música (para pagar la universidad de su hermano).  Fanny a sus 22 años vive en terror de convertirse en una solterona y se la pasa en fiestas. Tom, el hermano de Fanny, a quien Polly ama en secreto, se ha comprometido con Trixie, la más coqueta de las amigas de su hermana.

La novela se convierte en un retrato de dos mundos: el monótono y superficial de Fanny y el de Polly quien vive en una casa de huéspedes, junto a una gata y un canario, con piano y sofá-cama. y se rodea de artistas, escritoras y otros ejemplos de la ‘” Nueva Mujer”, chicas independientes que persiguen carreras y vocaciones. Esta descripción me fue tan moderna que yo me juré vivir así cuando cumpliera 20 años. Ni tengo que decirles que no lo hice. A pesar de que me pasé 14 años durmiendo en un sofá.

Louisa nunca llegó a compartir ese mundo, pero su hermana May (a quien Louisa le estaba pagando sus estudios de arte) si compartió cuarto y amistad con mujeres parecidas a las nuevas amigas de Polly.  A propósito, entre las amigas hay hasta una pareja de escultoras que son más que amigas, lo que demuestra que Alcott si conocía la existencia de “matrimonios bostonianos” (así se llamaba a las relaciones homosexuales) en los círculos de artistas de entonces.

Un detalle realista, es que la autora nos cuenta que Polly no es realmente feliz, que se aburre de la monotonía de sus jornadas, que la cansa ser pobre, y que muchas veces se siente sola y ahí escuchamos la verdadera voz de Louisa. O cuando cuenta las noches de insomnio de su heroína oyendo los carruajes pasar imaginándose a las chicas bien vestidas ir camino a la ópera o a algún baile.

La noche oscura del alma le llega a la maestra de música cuando después de haber caído en una poza de agua, se encuentra con Tom y Trixie en la calle y ambos la ignoran. Ese desprecio es curado por la llegada de Arthur Sídney. Cuando Polly era adolescente, el señor Sídney fue el único del círculo de Fanny en tratarla como gente. Ahora Sídney, es una rareza, un millonario que trabaja.

Pronto todos comienzan a sospechar que Sídney está interesado en Polly. Lo que pone celosos a los hermanos Shaw (Fanny está enamorada de Arthur). Lo más serio es que Polly comienza a contemplar la idea de convertirse en la Señora Sídney, algo que no le es desagradable.

Pero Louisa May le encuentra una solución sentimental. Los Shaw quedan en la ruina, Trixie rompe su compromiso, Sídney se casa con Fanny y salva a su familia. Tom se ha ido a buscar fortuna en el Oeste y regresa convertido en otro hombre, uno digno de Polly. Colorín Colorado.
Las felices parejas: Polly y Tom; Fanny y Arthur

Mas de La Familia March
Al Año siguiente, Louisa May regresa con Los March puesto que hay un público más obsesionado con esa familia, que los que hoy exigen saber sobre Lannister y Stark. Hombrecitos no se parece a sus libros anteriores. Las March han cambiado.
Shirley Temple y Fernando Lamas como Los Baher en "Shirley Temple's Storybook" (1960)

A Marmee solo la mencionan sus nietos. Meg, ahora que Jo se ha encargado de sus hijos mayores, se las arregla para tener otro bebé y quedar viuda en el proceso de la narrativa. A Amy, Alcott, la tiene de soberana de una mansión apodada “El Parnaso” donde puede vivir llena de lujos y dedicada a explorar su arte. Laurie se las arregla para dejarse caer en Plumfield, el hogar-escuela de los Baher a arreglar entuertos o a traer alumnos. Los Laurence tienen una hija, Bess, demasiado pequeña para ir a la escuela, pero tan hermosa que la apodan “princesa” y causa revuelo cuando aparece en Plumfield. Es como si Louisa, siete años antes del nacimiento de Lulú, ya visualizase a la hija de May.
Chris Sarandon y Mariel Hemingway como Los Baher en "Little Men"(1998)

Es difícil reconocer a la traviesa y rebelde Jo en la matrona Baher ocupada en dar clases, atender la granja-escuela y ser figura materna de sus hijos, Rob y Ted, de sus cuatro sobrinos (Daisy, John apodado Medio Brooke, Emil y Franz) además de todo el alumnado. Como se trata de una novela sobre varonesDaisy y Nan son personajes periféricos la novela es más dinámica y humorística que otros relatos de Alcott.
Versión original

En Plumfield, la autora esboza sus ideas sobre educación basadas en las filosofías pedagógicas de su padre y lo aprendido en su tiempo de docente en el kindergarten de Elizabeth Palmer Peabody. Un detalle interesante es la diversidad en la escuela, no racial puesto que solo los criados son negros.
Sin embargo, para la época era novedad que en una escuela hubiera ejemplos de todo tipo de minorías desde el gordito Stuffy hasta Billy que sufría de un retraso mental. También hay un jorobadito, y un tartamudo, un par de niños de la calle, el violinista Nat y su rebelde amigo Dan.

Los niños no son ángeles. Tenemos al travieso Tommy Banks, al cobarde Ned que tortura animales, al ladrón Jack que deja que acusen injustamente a Dan por su robo, y hasta el serio y bien portado Mediobrooke se le ocurre un juego monstruoso en el queman sus juguetes.

El libro fue otro bestseller que aumentó la fama de Louisa May Alcott. Por un momento dejó de escribir sobre niños y volvió a su propia historia. En 1873 publico Works en la que narraba parte de su experiencia laboral. Digo parte porque la sufragista y amiga de la autora, María Porter contaría que era muy difícil que Alcott se abriese sobre ese periodo de su juventud y que siempre acababa alterada y llorando.

Sobre ricos y famosos
En 1875, Louisa May Alcott publica otro de sus libros más famosos, Ocho Primos. Su vida ha cambiado, ya actúa como los ricos y famosos y eso le permite enfocarse en Rose Campbell, su primera protagonista de la alta sociedad. A sus 13 años, Rose es huérfana, millonaria, vive con unas tías muy viejas y muy consentidoras, pero el tedio la está empujando a la hipocondría y a la autocompasión. La rescatan 8 primos escoceses, una criadita irlandesa la que Rose “adopta” y el Tío Alec, hermano del padre de la heredera, y que una vez amó a la madre de esta.

Un año más tarde llega Rose in Bloom, como siempre con Alcott la secuela es mejor. Tras viajar por el mundo, Rose se prepara para escoger cual de sus primos tendrá el privilegio de casarse con ella y compartir su inmensa fortuna. Después de una desdichada experiencia con el disipado Charlie, Rose se casa con el más aburrido, pero también el mas formal de sus primos, el médico Mac.

En 1877, Louisa parte por última vez a Europa. La acompaña May quien encontrará marido en Suiza. Louisa antes ha publicado anónimamente Un Mefistófeles moderno, su último intento de escribir su amado genero gótico. A su regreso debe aceptar que su salud empeora. Un año más tarde le llega otro golpe, May ha muerto de fiebre puerperal. Louisa adoptará a su sobrina y tocaya y se dedicará escribir nada más que libros infantiles y cuentos para su “Lulú”.

Sin embargo, en 1886 dos años antes de su muerte, Louisa ay Alcott cierra el capitulo de la Familia March con Los muchachos de Jo, una novela que debe ser examinada con lupa. En ella encontramos muchos factores significativos, desde la preocupación de la autora por la faceta de escritora de Jo hasta los límites de su autocensura. Desde sus ideas sobre el celibato y la mujer independiente hasta su obsesión con la belleza del hombre moreno, una fantasía recurrente tanto en la literatura como en las alucinaciones que Louisa May Alcott experimentó por muchos años. De esto hablaremos la próxima vez.