Dan Keane de Los Muchachos de Jo no es el único
ejemplo en la obra de Louisa May Alcott, deun individuo de piel oscura visto como símbolo sexual. Desde el esclavo birracial Bob
de “My Contraband”, hasta el tío Alec de Ocho
Primos, hay un elogio a la perfección física masculina que va asociado a la
piel morena. Incluso Laurie es descrito como poseyendo el cabello oscuro y la
belleza bruna del pueblo mediterráneo. ¿Pero de donde salió este arquetipo de Louisa
May?
Ya mencioné que
al trazar a Dan y a Bess, Alcott describe minuciosamente la belleza física de
sus personajes, pero en el caso de Dan llega a erotizarlo. Eso es patente en la
escena en que Nan lo hace modelar su cuerpo para que los otros chicos de
Plumfield vean” lo que es un hombre”. Además de crear envidias y rivalidades,
la doctorcita, con la excusa de ofrecer una lección de anatomía, pellizca,
manosea y casi babea, sobre los músculos de su modelo.
“―No creo que te costara romperlos porque debes
tener una fuerza colosal. ¿Permites que te toque el brazo? A ver… ¿No decía yo?
¡Eso son bíceps! ¡Mirad, mirad, muchachos, qué dureza y qué desarrollo!”
La descripción
del cuerpo de Dan me trajo a la memoria otros textos de Alcott. Hace unos años,
cuando, en un círculo de lectura, leímos
Ocho Primos noté que la descripción
del tío Alec Campbell era casi de novela rosa.
Un hombre moreno, vivaz, de chaqueta azul y
sin sombrero en la cabeza de cabello rizado, que sacudía de vez en cuando como
un perro de aguas; de hombros anchos, movimiento inquieto y un aire general de
fuerza …
Olvidándose que
se supone que debemos verlo a través de la mirada infantil de su
sobrina-pupila, la autora se entromete y nos describe la fortaleza cuerpo del médico
naval quien trepa por columnas y entra por ventanas como El Zorro.
Alec es un
torbellino en el mundo femenino y ordenado de Rose Campbell. Es un hombre de
acción vehemente y casi violento. Arroja por la ventana las medicinas de Rose,
riega las plantas con el café del desayuno y viene a transformar la vida de su sobrina
como si fuera su pareja. El decidirá como medicarla y como debe vestirse. Tal como Dan, Alec se siente fuera de lugar en
el mundo civilizado compuesto por sus cuñadas y sus tías. Es un objeto exótico
y como tal deseable.
El Esclavo como Símbolo Sexual
Aunque Tío Alec
es blanco, se nos enfatiza que su piel esta curtida por el sol (“azul y castaño”
lo describen sus sobrinos) y cae dentro de ese estereotipo alcottiano del
salvaje de piel oscura. Mas descriptiva y especifica es esa imagen en el relato
“My Contraband” que Louisa incluirá en su segunda edición de Hospital Sketches. “Contrabando” es como
el ejercito Yanqui llamaba a los esclavos fugitivos que conseguían cruzar las
líneas del ejército Rebelde.
Faith Dean, una
enfermera en un hospital de campaña, recibe de “regalo” un esclavo fugitivo
llamado Robert. Faith convierte a “Bob” en su ordenanza. Aunque la enfermera se
siente atraída por el esclavo, al que describe minuciosamente, también la
repele su humildad propia de un espíritu sometido a la fuerza. A Faith le han
encargado el cuidado de un herido sureño. Aunque como buena cristiana quiere
perdonar al enemigo ni ella ni Bob aguantan al enfermo.
Es fascinante
como en este breve cuento, la puritana Louisa establece un tono de violencia
sexual y describe lo erótico que puede ser un cuerpo masculino. Robert es producto
de la violencia. Es hijo del amo blanco violador. El herido es su medio
hermano "Master Ned" . De la familia paterna Bob solo conoce abuso. Lo vendieron, separandolo de su esposa Lucy quien fue violada por Ned lo que la empujó al suicidio. .
Faith debe usar toda su labia para impedir que Robert mate al herido. En el proceso comienza a mirarlo como hombre,
alguien a quien puede respetar y ver como un igual.En el episodio cuando debe encerrarlo para
impedir un crimen, notamos que la pasión tras sus exhortaciones nace del miedo
de convertirse en blanco de la violencia del ex esclavo, pero también de lo
admirada que está por la sensualidad que exuda un Bob furioso.
Finalmente lo
convence y le da dinero para que huya. Intercambian cartas, Bob ahora
es soldado en el 54th de Massachussets, el famoso batallón de ex esclavos que
vimos retratado en “Glory”. Ha adoptado
el apellido de su benefactora. Ned también ha huido y se ha reintegrado
a su ejército. Ambos mueren en batalla.
Mas allá de las
ideas abolicionistas de Louisa May Alcott aquí tenemos un personaje recurrente.
Antes de Mujercitas, Louisa escribe
otro relato simplemente titulado “M.L.”, la historia del romance entre una
millonaria blanca y un musico de color. De nuevo esa necesidad de convertir al
afroamericano en un objeto sexual.
¿De dónde salió este personaje? ¿Conoció a un
“contrabando” en su experiencia como enfermera de campaña? En algún ensayo o
diario leí un recuerdo de Alcott que una vez, en su infancia, se cayó a un rio
y fue rescatada por un muchacho negro. Entremedio de su gratitud, Louisa notó
el cuerpo atlético de su benefactor, pero eso no es suficiente.
Sa sabe que Los
Alcott convirtieron su casa en una de las paradas del Underground Railroad, la
línea de rescate que debían seguir los eslavos fugados. En una ocasión entre
ellos y Thoreau, ocultaron a un fugitivo, un acto que no solo atraía oprobio de
vecinos sino también, era penado por la ley. En el Norte, aunque la esclavitud
estaba prohibida, el racismo era rampante, y aún más después de la guerra.
La carrera de
docente de Branson Alcott acabó cuando cerraron su escuela por insistir en
integrar a una pequeña afroamericana a su clase. Durante la guerra, una
enfermera se escandalizó al ver a Louisa cargar un bebé de color en brazos y la
tildó de ‘Fanática”. Para la segunda edición de Hospital Sketches, los editores le rogaron a Louisa que redujese
sus quejas sobre los Confederados y otros temas controversiales, porque
deseaban vender esa obra en el Sur.
Louisa trató
socialmente a varios afroamericanos influyentes. Se sabe que conoció a Harriet
Tubman y que Robert Douglas y su esposa eran amigos de Los Alcott.
Louisa compartió banco con Los Douglas en el funeral de Wendell Phillips y es más
que posible que en Roma haya alternado con la famosa escultora afroamericana,
Edmonia Lewis, que se movía en los círculos que Alcott frecuentaba. Sin
embargo, otra autocensura de Louisa May es no tratar personajes ‘étnicos” en su
obra.
Edmonia Lewis
Puede escribir
sobre alemanes, o a crear un retrato un poco estereotipado del chinito Fung Shee
en Ocho Primos y Rosa en Flor, pero no incluye personajes ‘oscuros” ni nativos, ni
mediterráneos. Los protagonistas de cuentos como “An Hour” (donde relata el
romance entre un blanco y su esclava); “Mi Contrabando”, Y “ML” serán
excepciones. En sus novelas subsiguientes solo aparecerán como personajes
terciarios como Hepsey en Works y la
Tía Asia en Hombrecitos.
Lillian Randolph como la T'ia Asia en Hombrecitos
La Fantasía del Marido Español
Durante su
enfermedad, el mercurio provocó terribles pesadillas a la escritora. Louisa nos
cuenta que se veía como bruja ahorcada por los puritanos, arrastrada por una
multitud por las calles de Baltimore, lapidada, visitando Cielo e Infierno,
adorando al Diablo y aquí viene la peor pesadilla.
Louisa sueña que está casada con un español
villano y lascivo que la acecha sin darle paz. Ella intenta huir, intenta
cerrarle la puerta, pero él entra por la ventana (como el Tío Alec), se le
aparece por los rincones. No se necesita ser siquiatra freudiano para ver las
connotaciones sexuales de este sueño. ¿Pero de donde sacaba Louisa, que no
había viajado más allá de Boston, a este personaje?
En su primer
viaje a Europa, Louisa no llega a conocer el mundo mediterráneo, pero en su
lúgubre estadía en Niza describe el hotel como lleno de huéspedes italianos,
españoles, judíos (y un nativo de las Islas Sándwich). En Mujercitas, Louisa incorpora al español de sus pesadillas en al
villano Hugo en la obra de teatro que, montan las March. En “My Contraband”
describiendo el rostro de Bob, Faith dice que tiene rasgos anglosajones y
españoles.
June Allyson disfrazada de Hugo en Mujercitas (1949)
Acabo de notar
que la descripción física de Laurie no corresponde a la de Laddie (esta se la
otorgó la autora al violinista Nat de Hombrecitos)
Se dice que Laddie es moreno, de cabello ensortijado. Esto y su carácter rebelde,
lo ha heredado de su madre, una pianista italiana.
Cuatro años después de publicada Mujercitas, Louisa se embarca para
Europa por segunda vez. En Roma se queda casi medio año, rentando un piso de
seis habitaciones. Se puede decir que para su regreso tiene bastante
experiencia con italianos y hombres de tez tostada. En 1878 emprende su último
viaje a Europa y comenta que el hotel suizo está colmado de conspiradores
españoles (eran los días de la Primera República y de la Restauración). ¿Qué
momento de estas experiencias, inspirará a Louisa a diseñar su arquetipo del
salvaje sexy pero peligroso, de piel oscura?
En su
introducción a Alternative Alcott,
Susan Showalter nos da algunas pistas al interpretar las pesadillas de Louisa.
A pesar de que cae en la trampa de creer en teorías sobre la ambivalencia
sexual, la fijación edípica en el padre y la supuesta relación homoerótica con
Marmee (¡Oy Veh Zmir!) de la escritora, Showalter nos lleva al retrato físico de
Louisa, a su piel olivácea y cabello oscuro (heredados de Abba). Curiosamente,
aunque vemos esa belleza morena en un daguerrotipo de Louisa a sus veintitantos
años, los retratos futuros la muestran casi rubia. ¿Se teñiría el cabello?
Aparentemente,
Louisa estaba incomoda con su propio look moruno. Esto se debe a que Branson
Alcott consideraba que la gente de cabello oscuro y piel morena era
“peligrosa”.Ahora entendemos la
relación ambivalente de Louisa con pueblos de piel cetrina.
También Showalter
nos cuenta que la idea de ser apedreada por las buenas gentes de Baltimore es
un eco del recibimiento, a piedrazo limpio, que les dieron al 54th de Massachussets
cuando las tropas negras pasaron por Maryland. Louisa siempre se consideró “una
bruja”, Algo común en mujeres transgresoras y que eligen vidas alternativas. En
cuanto al satanismo es un tema que aparece en sus novelas clandestinas. Tanto
la heroína de A Long Fatal Chase como
el faustiano protagonista de A Modern Mefistófeles
han pasado por un tipo de entrega de sus almas al diablo.
Louisa Drogadicta
Cuanto más leo a
Louisa May Alcott—a pesar de que hay paralelos con mi vida— me
considero afortunada. ¡Qué persona tan desdichada! La fama y la fortuna le llegaron cuando estaba
enferma y avejentada. Su familia, principalmente el padre, estuvo colgada de
ella toda su vida. Se vio forzada a escribir una literatura que despreciaba
para mantener un tren de vida que la alejase de las miserias que sufrió en su
infancia y juventud. Hizo de la autocensura un modo de vida. Vivió envidiosa de
su hermana May que atropelló convencionalismos y vivió como quiso (a costa de
Louisa).
Pocos saben que
Alcott antes de morir fue presa de problemas digestivos tan fuertes que expertos
han especulado que pudo tratarse de cáncer estomacal. Se sabe que no podía
consumir carne, en realidad no podía tragarla. Le traían el asado cortado
chiquito, y mascaba y chupaba los trocitos para luego escupirlos. Se entiende
que con tantas dolencias haya recurrido a paliativos que hoy reconocemos como
drogas adictivas.
En la época de
Louisa May Alcott el hachís o cannabis era considerado un producto inofensivo.
Al igual que la cocaína, podía mercarse en cualquier farmacia. Los más exóticos
lo aspiraban a través de hookas, esas largas pipas orientales, pero normalmente
era consumido en forma de bombones (¡!!) Esta drogadicción social aparece en
algunas obras clandestinas de Louisa May como un hábito placentero.
“¡Bendito sea el
hachís!” exclama un personaje. La planta de cáñamo, aparentemente (a mí la
mariguana solo me provocó vómitos y diarrea cuando la probé) causaba euforia,
accesos de energía y otros efectos positivos. En Un Mefistófeles moderno, Gladys que ha sido drogada en contra de su
voluntad, es descrita como más bonita después de la experiencia. ¡Vaya si
Louisa no estaba promoviendo una cultura de la droga antes de La Revolución
Hippie!
Diferente era el
caso con el opio que, ya a mediados del Siglo XIX, era reconocido como adictivo
y nocivo, pero los médicos no tenían otro analgésico para el dolor. Louisa
consumió láudano en el último cuarto de su vida para combatir su insomnio
crónico.Desde Roma, en 1870, le escribe
a su padre que por fin ha podido dormir sin opio, pero sabemos que el láudano
fue su compañía hasta la tumba.
Hasta los beb'es se les daba laudano para dormir.
Con todos estos factores es comprensible que
el carácter de la escritora se agriase, que cayese en contradicciones como el
que ella, que en su obra tanto criticase los castigos corporales, le diese sus
azotes a Lulú (que más tarde confesaría ser una niña infernal). Con todo el
cariño que sentía por su hija, Louisa ya no tenía paciencia para tratar con
niños.
Otra ironía es
que llena de tristeza por su juventud malgastada, por las oportunidades que la
vida le ofrecía cuando ya no podía disfrutarlas, y, sobre todo, por las
paparruchas morales que debería escribir, Louisa se volvió un árbitro de la
moral pública. Se sabe que era abogada de la Temperancia, una causa subordinada
al feminismo estadounidense decimonónico. Aunque promovía el cannabis en su
obra, y consumía láudano en privado, Louisa lanzaba diatribas contra el alcohol
y los establecimientos que lo servían.
También Alcott
fue propulsora de la idea de boicotear Las
Aventuras de Hukcleberry Finn. En ese entonces la novela de Mark Twain no
era criticada por su racismo, como hoy día, sino por su lenguaje, tildado de
obsceno, y porque en las palabras de Alcott las aventuras del pícaro Huck,
muchas fuera de la ley, podían corromper "las puras mentes de nuestros niños y
niñas”.
Es en este marco
que debemos contemplar el significado de Jo’s
Boys iniciada con tanta energía (estimulada por el hachís supongo) y
esperanzas, que presenta tantas ideas, tantos géneros, tantas posibilidades,
solo para que su creadora descubriera que la misma personalidad que se había
forjado la obligaba a darle un final “moral” apropiado. Esta obra es el mejor
ejemplo de la tragedia de Louisa May Alcott.
En otro blog mencioné
la desilusión provocada por mi primera lectura de Jo’s Boys, el ultimo capítulo de la saga de La Familia March, pero después
de investigar vida y obra de la autora, he descubierto que es un texto muy
interesante donde Louisa May Alcott elabora su interés por el arte de escribir.
Es en este texto donde Jo March-Baher recobra el uso de la pluma, pero también
es una obra que transmite el dilema de la autora entre escribir cuentos
moralistas para chicos y su afición por los” inmorales” esquemas
sensacionalistas.
Casi 20 años
pasaron entre Mujercitas y Jo’s Boys. Toda una generación había
madurado esperando el capitulo final. El libro fue un bestseller de ventas,
pero con el tiempo, los fans de Alcott hemos aprendido a verlo como un esfuerzo
baldío, una obra menor. La misma autora nos revela en su última página el ennui que le provoca alcanzar una
conclusión. Gime que quisiera inventarse un terremoto que sepultara a Plumfield
y a sus habitantes. ¿Tan mal le caían sus personajes?
Una Novela Feminista
Tras muchas relecturas
y viendo el estado de Louisa al escribir esta obra puedo afirmar que la
escribió con la intención de redimir a Jo y de esbozar en papel las ideas
feministas que ocupaban su mente. Como una visión del feminismo estadounidense
de fines del siglo XIX, Jo’s Boys es
un documento importante.
Los Chicos de Jo tiene lugar en el Massachussets de los 1880.
Plumfield ahora se ha convertido en Laurence College, una universidad (salida
del bolsillo de Laurie) tan aventajada que hasta tiene una facultad de medicina
donde estudia Nan y donde la ha seguido su devoto enamorado, Tom Banks. Nan es
un epitome de la feminista y “New Woman”; devota de su carrera; llena de
conciencia social y de preocupaciones relacionadas como higiene, nutrición y
vida sana; y que aborrece el matrimonio. Todos los que la rodean la apoyan,
menos Tommy por supuesto. ¡Cuando finalmente este anuncia su compromiso, Jo
aúlla “¡nunca perdonaré a Nan por rendirse!” Pero Tom se ha comprometido con
otra chica.
Louisa May Alcott
que pudo casarse varias veces, nunca lo deseó. Su mayor razón fue el terrible
ejemplo de matrimonio que vio en sus padres. Al menos en su caso, ella sentía
que marido e hijos no eran compatibles con su trabajo. La ironía es que Louisa
tuvo un “marido” hasta dos días antes de su muerte: su padre, Branson Alcott,
quien en sus últimos años sufrió de parálisis y de la perdida de otras
facultades. También, ocho años antes de morir, Louisa adoptó a su sobrina Lulú
a la que crió como una hija.
En su obra,
Louisa May crea una Jo reina del multitasking, sobre todo en Hombrecitos, pero la priva de su oficio,
algo que repara en Los Muchachos de Jo.
Plumfield pasa por una mala racha. Para poder recaudar fondos, Mrs. Baher
recuerda que sabe escribir. A la carrera, redacta una novela que se convierte
en un bestseller. De pronto Jo March-Baher es rica y famosa. Docenas de fans y
periodistas descienden sobre su escuela para entrevistarla.
T'ia Jo (Elye Cushie para la Colección Robin Hood)
Esto es un
reflejo de lo que Alcott había experimentado por décadas. La diferencia es que Jo
ha logrado compaginar familia, matrimonio, docencia y literatura. En realidad,
Jo ha elegido sus prioridades. Pospuso su arte al casarse para dedicarse a
otras labores tan admirables y necesarias como las letras. Louisa se sentía
incapaz de dejar de escribir, porque ahí se le iba el sustento de su familia.
En Jo’s Boys, aparece el personaje de Alice.
Como la mejor alumna del plantel, se esperaría que eligiese una profesión, pero
Alice tiene un padre enfermo. Para colmo, a MedioBrooke (ahora llamado “John”)
se le ocurre pedirle en matrimonio. Alice escucha a Daisy y Jo hablar sobre ese
compromiso. Jo cree que Alice es capaz de elegir sus prioridades, y posponer
algunas, pero que al final podrá alcanzar todas sus metas.
Alice y MedioBrook (Elye Cushie)
Además de la
perspectiva feminista de su tiempo que convierte al libro en un texto respetable,
Louisa May Alcott se sentía atraída por tendencias que iban más allá de sus
ideas y plataformas políticas. En Los
Muchachos, la autora intenta combinar géneros de una manera coherente, pero
al tropezarse con su obligación de dar una lección moral (que era parte de la militancia
feminista de su mundo) a sus lectores se siente trabada en su proceso creador.
En el cuento de
Josie, Alcott, intenta recuperar su inclinación hacia las artes dramáticas; al
enviar a Nat a Europa, explora el mito del “americano ingenuo” atrapado en la
red de malevolencia continental, tema ya explorado por Henry James (quien
apodaría a Louisa May Alcott “La Trollope de la sala-cuna). En el naufragio de Emil,
la autora recala en la novela náutica y con el episodio de Dan—lo más
interesante de la novela— inventa la literatura del Oeste que en ese
entonces no pasaba de los Penny Dreadful.
Ese es el conflicto
de Louisa May. ¿Puede jugar con el pulp
fiction cuando se espera que sea lo que siempre ha sido, una escritora didáctica
y moralista? ¿Puede combinar otros géneros con el juvenil? Eso la mortifica y
la lleva a darles finales torpes a sus cuatro experimentos. Comencemos con
Josie.
Josie y El Peligroso Mundo de las Tablas
Josephine “Josie”
Brooks, es la hija menor de Meg March. A sus quince años es muy parecida a su
tía-tocaya a esa misma edad. Solo que la obsesión de Josie es el teatro.
Sabemos que Louisa amó ese mundo, hizo amistades en él, y jugó a ser
dramaturgo, pero también soñaba con emular a su ídolo, Fanny Kemble, la actriz
mas famosa de su juventud.
Fanny Kemble
Otro ídolo de
Alcott, a quien conoció en su interludio romano, fue Charlotte Cushman, famosa
tanto por su talento como una breeches
(pantalones)— así se llamaba a las actrices que se vestían de
varón e interpretaban roles masculinos— como por sus affaires lésbicos. En Jo’s Boys, Alcott crea un personaje, “Miss
Cameron”, que es un compendio de Kemble-Cushman.
Charlotte Cushman
Josie es
apasionada, feminista, y determinada a aparecer en el escenario. En un balneario,
en compañía de su prima Bess, se entera que su ídolo Miss Cameron ha tomado una
casa veraniega cercana. Su oportunidad de conocerla llega cuando rescata del
mar el brazalete de la actriz. La agradecida Cameron se digna a darle una
entrevista.
Durante la
entrevista, Josie, que es una conocedora del teatro shakesperiano, recita una
escena de Porcia de El Mercader de
Venecia, el monologo de Ofelia, en Hamlet,
y acaba con su mayor orgullo, el lamento de Julieta en la cripta. Aunque Miss
Cameron ha quedado complacida con el comienzo, la escena de Julieta la mata de
la risa. Le dice a Josie que ese no es un rol para su edad y que una chicuela
de quince años no sabe nada del amor. Ahí escuchamos la voz de la autocensura y
el sermón ineludible.
Para comenzar,
Julieta tenía catorce años, y aunque ese rol fuese representado hasta hace poco
por actrices veteranas, el teatro de entonces estaba colmado de actrices
adolescentes. Susan, la hermana de Cushman, se había casado a los catorce años.
Abandonada por su marido, a la edad de Josie, Susan se adentró en las tablas
como pareja de su hermana precisamente en
Romeo y Julieta.
Las Hermanas Cushman en Romeo y Julieta
Aquí también nos enfrentamos
con un desagradable prurito de Alcott de exigir que sus personajes, de entre
catorce y dieciséis años, sean eternas niñas. Eso en un mundo donde las chicas
se casaban jóvenes, tenían hijos en la adolescencia y trabajaban ya a esa edad.
He llegado a
reconocer en esa ambigua y controvertida frase “niñas de las que me he enamorado”
que Louisa se refiere a sus personajes a los que ella desearía preservar del
dolor y obligaciones del amor y la maternidad. Para lograrlo deben permanecer
siempre en un estado infantil. A eso se debe la existencia de personajes Peter
Pan como como Jo, Polly Milton de Una
Chica a la Antigua y la protagonista de “El Secreto de Sofia” que a sus
dieciséis años todavía se considera una niña.
Polly, de catorce años, es retratada como una nena de nueve
Miss Cameron aconseja
a Josie que haga de la obediencia a sus mayores y de sus estudios su prioridad,
y que ya habrá tiempo para el teatro. ¿Queee? Esto es peor que Baher coartando
el espíritu literario de Jo. La destrucción de las legítimas aspiraciones de
una jovencita talentosa es muy desmoralizante.
Alcott bien pudo
haber llevado a Josie a vivir la aventura de buscar empleo como actriz. Ella conocía
ese mundo, pero no se atrevió. Por un lado, a pesar de que el teatro shakesperiano
era un espectáculo respetable, no lo era el estilo de vida de los actores.
Alcott no podía mandar a un miembro de La Familia March a ese antro de
perdición. Su opción es un final rebuscado.
Entra Jo, la que
hace milagros, escribe una obra, pone a Josie de protagonista e invita a Miss
Cameron a la puesta en escena. La actriz admirada, le da clases a Josie y la
convierte en su amiga (como si lucirse en escena hiciese madurar a la novel
actriz). La autora nos asegura que Josie hará una brillante carrera y “un buen
matrimonio”. Como si Josie alguna vez hubiese mostrado interés en casarse.
Josie persigue a Teddy (ilustración de la edición de 1949)
¿No hubiese sido
más interesante ver a Josie buscar suerte en diversos géneros, convertirse en
alguien como Lilian Russell, o una Josephine Marcus que se llevó su teatro al
Oeste y terminó casada con Wyatt Earp? En un momento de la novela, cuando
hablan de la mítica comunidad que Dan planea construir en el Oeste, Josie exige
su propio teatro.
Lillian Russell (1903)
Siguiendo con los
prejuicios, Miss Cameron aprovecha de felicitar a Jo por no escribir opereta buffa y “dramas de sociedad”.
Ahí surge el prejuicio contra el teatro moderno. Un año antes de la publicación
de Los Muchachos,
Gilbert&Sullivan habían puesto en escena The Mikado, hoy considerada una joya entre las operetas. El
desprecio de Alcott alcanza al drama de sociedad del joven Oscar Wilde que
había visitado Estados Unidos en 1882, y el de Ibsen cuya Casa de Muñecas ya había abierto en suelo americano ¡y nada menos
que en Milwaukee!
Three Little Maids de The Mikado
El Americano Ingenuo
No es solo con
Josie que la autora pierde una oportunidad de contar algo novedoso. En Hombrecitos conocimos a Nat Blake, el
violinista que Laurie recoge de la calle y que encuentra su hogar en Plumfield.
Desde entonces Nat y Daisy Brooke desarrollan una amistad que se convierte en
amor.
Daisy y Nat en la versión animé de Hombrecitos
Pero al camino les sale Meg que se ha vuelto mamá de telenovela y quiere
que su hija mayor se case con un millonario. Laurie acude en ayuda del chico,
ofrece pagarle los estudios en Europa y cuando sea un famoso violinista pueda
volver a buscar a Daisy.
Si recuerdan a
Nat era un chico frágil, ingenuo, y, como vimos en Hombrecitos, dado a las mentirijillas. Tía Jo lo siente débil y no
confía mucho en su talento. Desembarcado en Leipzig, con los bolsillos llenos
de dinero Laurence, Nat no le demuestra que se equivoca. Se ve rodeado de
aduladores y estafadores que creen que todo lo que viene de America está forrado
en oro.
Nat comienza a
gastar a manos llenas, y a fingir ser un potentado. Una señora que quiere un yerno millonario lo
empareja con su hija MInna. Nat hasta se olvida de Daisy. Todo acaba cuando
acaba el dinero. Minna, aunque se ha enamorado, debe decirle adiós.
Minna se despide de Nat (Elye Cushie)
El
avergonzado Nat acaba tocando el violín en tugurios y dando clases de inglés. Pero
aparece una oferta milagrosa para ser primer violín de una orquesta en Londres.
Nat vuelve a casa, convertido en un triunfador, y hasta Meg lo acepta como parte
de la familia.
Henry James ya
había publicado Daisy Miller y El retrato de una dama que Alcott
seguramente había leído. Se nota un intento de mostrar los peligros que Europa
representa para la moral y el bolsillo del turista ingenuo, pero nuevamente se
obliga a darle a su fabula un final de cuento de hada. Yo creo que hubiese
preferido casar a Nat con Minna o hacer que Daisy se fugase de la casa de muñecas
y se fuese a Europa a buscar al novio.
Emil, El Naufrago
Emil y la Tía Jo (Elye Cushie)
Mas compleja es
la historia de Emil Baher, el sobrino de Fritz a quien Jo ha criado. Fiel a su
sueño infantil, Emil se hace a la mar como contramaestre de un barco. El
lenguaje de Emil, y la descripción de su viaje y naufragio, demuestran que Louisa
May tenía familiaridad con la ficción marítima. Obvio que había leído a Herman
Melville y al Capitán Marryat, pero también puede haber leído La Isla del Tesoro publicada en 1881, y El naufragio de la Grosvenor de William
Clark Russell.
Mary durante el naufragio (Elye Cushie)
Lo mas fascinante
del naufragio de Emil es que comparte su ordalía con la hija del capitán.
Después de su rescate, Mary y Emil se casan. De visita en Plumfield, Mary es
firme en su decisión de seguir sus correrías náuticas, ahora en compañía de su
marido. Ahí tenemos para cien aventuras más…que Alcott no nos cuenta.
Dan, El Noble Salvaje
Dan en el animé de Hombrecitos
El caso más
frustrante es el de Dan, el mejor personaje masculino de Louisa May (aparte de
Laurie).En Hombrecitos conocimos a Dan Kean, un chico de la calle, medio delincuente,
que protege a Nat en sus días de orfandad y acaba en Plumfield, a pesar de los
reparos del profesor Baher. Tras varios pecadillos, el fin de la estadía de Dan
ocurre cuando es acusado (injustamente) de robo. Después que Dan huye, se
descubre al verdadero ladrón. Un año más tarde, un cojo y hambriento Dan es ‘recuperado”
por Jo que lo convierte en un hijo más.
Dan es atendido por los Baher.
Dan aparece casi intempestivamente
en Jo’s Boys. La criada intenta expulsarlo,
Jo no lo reconoce. Parece que, en dos años de ausencia, no solo ha crecido, también
se ha oscurecido. Lo mas chocante para nuestra sensibilidad moderna es cuantas
veces alude la autora al color de piel de Dan culminando en la exclamación de
Josie: “¡eres grande y negro como los villanos del teatro!” NOTA: Veo que las traducciones modernas han bajado el tono de esa frase. Pero la original, que todabia se puede leer en Gutemberg dice asi . "You look about thirty, and as big and black as a villain in a play. "
La llegada de Dan
provoca un alboroto, sobre todo entre las chicas. Con sus historias y presencia
opaca a Emil. Si el marinero ha traído collares de coral y conchitas para las
primas, Dan les trae trajes de indias y pieles de animales que ha cazado. El
motivo indígena es importante en relación al viajero. Jo siempre ha sospechado
que Dan tiene sangre india y eso explicaría su piel cobriza, pero además en su
libro, Alcott hace lo impensable: una defensa del nativo americano.
A solo dos años
de la publicación de Ramona de Helen
Hunt Jackson, Alcott sigue la línea indigenista de esa obra al poner en boca de
Dan un panegírico del indio norteamericano, principalmente de tribus pacificas
como las que él denomina” Indios Montana” (no existe tal tribu probablemente se
refiere a los Cheyenne). Si pensamos que había pasado menos de una década desde
la muerte del General Custer en la Batalla de LittleBighorn; que Gerónimo en
ese momento tenía a los Apache en pie de guerra en Arizona; y que para muchos
blancos el único indio bueno era un indio muerto, este elogio a los Primeros
Americanos es totalmente radical.
Dan nos relata cosas que Alcott no puede haber
leído en las novelitas de diez centavos tales como la corrupción entre los Indian Agents (blancos a cargo de servir
de enlace con la tribu y vigilar que estas recibiesen los beneficios que el
gobierno les aseguraba a cambio de dejar que les robasen su tierra y su
libertad). Cuando Dan expresa su deseo de convertirse en agente indio, el
Profesor Baher le aconseja no hacerlo, un agente honesto entre corruptos no
tiene ninguna oportunidad de hacer el bien.
Caricatura de un Indian Agent enriqueciendose a costa de los indios
El libro nos da
información sobre la vida de los Indios de la Pradera que Alcott tiene que
haber sacado de otras fuentes que los Penny Dreadful. Hasta donde sabemos,
nunca estuvo en el Oeste ni se entrevistó con nativos. Pero, cuando Dan se
queja que los encargados de asuntos indígenas privilegian a los Sioux porque
les temen (esto escrito cinco años antes de la Masacre de Wounded Knee) y no a
los Montana a los que ven como humildes y pacíficos, uno se imagina que es algo
que la autora tuvo que oír de boca de algún conocedor del tema.
Dan no solo ha
vivido con los indios. A juzgar por el traje de charro que luce en las fiestas,
ha estado en México. Ha criado ovejas en Australia y bscado oro en California, especulado con
las ganancias y hasta probado las mesas de juego de la Barbary Coast. Como nos
dicen a cada rato, es un aventurero, un hombre, no un niño como los demás “Muchachos”
de Jo.
Aunque Jo (y por
extensión Louisa) ama a Dan como a un hijo, tiene claro que es demasiado
salvaje para vivir en un mundo urbano. Lo anima a regresar al Oeste, inclusive
a casarse con una squaw. Uno siente
que lo ve como al monstruo de “The Shape in the Wáter” y teme que se coma a la
gata Pandora. En este caso la gata se llama Bess.
Tal como en su
infancia, Bess sigue causando un efecto benéfico sobre los que la rodean y
deslumbrando con una belleza exquisita. En el caso de La Niña Laurence, Louisa
por primera vez describe a un personaje femenino como un epitome de perfección
física, y eso que se trata de una chicuela de quince años. Si con Josie, la
autora retoma su leitmotiv de que las
quinceañeras son niñas, lo abandona con Bess. La retrata como madura, sensible,
tan perfecta que provoca una guerra de celos entre Amy y Laurie quienes se
disputan la atención y compañía de su única hija.
Josie, Dan y Bess (Elye Cushie)
Alcott nos
presenta a Bess encerrada en su estudio de escultura, devota de su arte,
olvidada del mundo, como Rapuncel en su torre. Tiene que venir la tía Jo a
insistir que tome aire, que comparta la música del padre (además de su talento por
las artes platicas, Bess posee una voz privilegiada). Según Jo y Laurie, Bess
pertenece al mundo, pero tenemos la impresión de que alguien tan perfecto debe
mantenerse alejada de la luz, que se puede quemar o quemar a otros. Eso ocurre
cuando Dan la ve. Queda impactado.
Lamentablemente,
Alcott recae en ese tropo estadounidense que hemos heredado en el mundo
occidental tras presenciarlo en mil comedias románticas hollywoodenses. Una
pareja debe comenzar discutiendo, arranchándose en sus posturas y expresando su
simpatía con sarcasmo. La “guerra de los
sexos” de Dan y su rubia es provocada por las burlas de él hacia el arte de Bess
y sus sueños de ir a Europa a ilustrarse con lo clásico. Aunque Bess es
demasiado dama, y muestra interés en ir al Oeste a explorar las posibilidades artísticas
del paisaje, denota su molestia en cierta cortes frialdad.“Amoscada” es como describe el traductor su
incomodidad con quien irrespeta sus objetivos y sueños.
Sin embargo, Dan
y Bess pasan mucho tiempo juntos. Tanto que en una ocasión en que Bess escucha
transfigurada las aventuras del salvaje, Laurie los apoda “Otelo y Desdémona’ sin
comprender las repercusiones de su comparación. Jo es mas astuta y se alegra
que Dan se ponga en camino a Kansas.
En el Oeste, Dan,
por defender a un amigo, mata a un hombre. El temor de Jo, se hace realidad, su
muchacho cae en la cárcel. A pesar de que el juez solo le da un año, debido a
que fue muerte accidental y en autodefensa, estar encerrado una ordalía para Dan,
un espíritu libre. Alcott retrata brevemente como eran las cárceles de
entonces. Dan sobrevive avergonzado, pero se esmera en ocultar su desdicha a la
gente que lo espera en Plumfield.
Dan en la cárcel (Elye Cushie)
Al salir, busca
empleo en una mina. Durante una inundación se convierte en un héroe al rescatar
a sus compañeros. Finalmente, estas noticias llegan a los Baher. Laurie y Teddy
parten a buscar a Dan que ha quedado malherido. En el hospital, Laurie, a
juzgar por los delirios de Dan, llega a la conclusión de que ha pasado por
experiencias terribles, pero no se imagina cuáles.
Dan es llevado a
convalecer a Plumfield donde Bess se convierte en palabras de la autora en “la
enfermerita más encantadora del mundo”. La Niña Laurence se la pasa con Dan
leyéndole lo más granado de la poesía romántica alemana incluyendo El Caballero de Aslauga de Fouque. La sagaz
Tía Jo se da cuenta que para Dan, Bess es Aslauga.
Dan termina confesándole a su benefactora su
estadía en la cárcel y su amor por Bess y como en su celda la recordaba como “una
estrella’ que guiaría su camino. Si, muy romántico, pero esta Aslauga está a
punto de ser escondida en un estuche de arpa. NOTA: para quienes no sepan quien
es esta reina de saga nórdica, es la Aslaug de “Vikings”.
Alyssa Sutherland como Aslaug
Aquí entra lo que
me hace chirriar los dientes. Jo vehementemente intenta disuadir a Dan de
cualquier idea romántica con Bess. Se va corriendo donde Amy, le cuenta lo que
ocurre, incluyendo el prontuario criminal de Dan. Amy agarra a su cría y huyen
a Washington. Bess apenas alcanza a despedirse de Dan. Ella cree que volverán a
verse, él sabe que no.
Dan le planta
unos besos que la hacen sospechar sus sentimientos, pero Jo la convence que el
enfermo está de duelo por un amor perdido y así la distrae. Para cuando Bess
regresa, Dan ya se ha ido. Por segunda vez, los prejuicios lo han expulsado del
“mundo civilizado”.
Dan se despide de Bess (Elye Cushie)
Así llegamos a
ese final que la misma autora repudia: un final donde todos reciben castigo y
recompensa. Stuffy, por tragón, muere joven.; el travieso Teddy termina de pastor
de almas; Bess hace “un buen matrimonio”. ¿Esa es su recompensa? Y Dan cae en batalla
con la caballería defendiendo a los indios. Cursilísima, esa imagen final de él
agonizando en un bosque con” el rizo de Aslauga” en la mano. Con razón, Louisa
se enfermó del estómago después de escribir tanta patraña.
Obviamente cuando
comenzó la novela Alcott deseaba enviar a Dan a cabalgar hacia el horizonte,
dispuesto a convertirse en el nuevo “Baila con Lobos”, con Bess en la grupa
lista para ir a pintar (antes que Jessica Chastain) a Toro Sentado. ¿Hubiese
estado bonito no? pero esa obligación de
escribir fabulas con moraleja la detuvo.
¡Pobre Louisa! Toda
la vida fue presa de esa manía de Branson de que sus hijas no solo debían ser
ejemplos de moral, sino también ser felices por serlo. Ella nunca fue feliz, su
desdichada dualidad se plasmó en Jo’s
Boys. Es triste que nuestro último recuerdo de Las Hermanas March sea como
mujeres entrometidas, preocupadas de las apariencias, clasistas y hasta racistas.
En el 2016
tuvimos una versión “moderna” de Mujercitas,
este año llega una nueva versión fílmica, y el año pasado sufrimos la
adaptación inferior que Heidi Thomas hizo para la BBC. Mujercitas no cansa de surgir en la cultura popular aun en este
Tercer Milenio. Nos encanta saber que existió una familia, Los Alcott, en la
que se inspiró la mas ilustre de sus hijas para crear a Los March. ¿Pero fueron
Los Alcott una familia ideal? ¿Tuvo Louisa una infancia y juventud idílica como
Jo March? ¿Como fue la relación de Alcott con el enigmático Ladislas
Wisniewski, el supuesto modelo para Laurie Laurence?
Primera foto de la nueva versión de "Little Women"
En la primeraparte de este blog sobre Louisa May Alcott les narré mi experiencia al ser una Niña
Latina del Ayer devota de Louisa May Alcott, les mostré que ediciones se habían
hecho en castellano de la autora de Mujercitas
y también les hablé de su evolución en la imaginación popular. Ahora me
gustaría comentar el contenido d sus novelas y ver como lo que ella más
despreciaba, su literatura juvenil sigue siendo vigente y amada por
precisamente haber sido adelantada para su época.
Algo que todo fan
sabe es que Mujercitas (que sigue
siendo la obra más reconocida de Louisa May) es autobiográfica y está basada en
vivencias de la familia de la autora. Aunque eso, en principio, sea cierto, también
es cierto que hay mucho de fantasía en la creación de Los March, mucho de lo
que Louisa hubiese deseado ver en su propio núcleo familiar.
Los Disfuncionales
Alcott
Comencemos con la
madre. Abigail May era totalmente
Marmee, mayor merito puesto que tuvo que enfrentar tragedias y pruebas
dolorosas que jamás tocaron a Mrs. March. Hija de una familia acomodada y
antigua, descendiente de los puritanos de Salem, Abigail (apodada “Abba”) se
casó en 1828 con el filosofo y educador Bronson Alcott.
Abigail "Abba"May Alcott
Abba pudo hacer un mejor matrimonio, pero
estaba enamorada de la erudición y altruismo de su marido. Lamentablemente, Alcott
era un genio, pero también un soñador nato. Sus muchos intentos por crear
comunidades utópicas lo llevarían a arrastrar a su mujer y a sus hijas a la
miseria, la vergüenza y casi la inanición.
Amos Branson Alcott
Abba fue una
esposa fiel y una madre abnegada que trató de ser un puente entre su marido y
sus hijas, sin ser desleal a ningún bando. La única vez que se vio obligada a
frenar las excentricidades maritales fue cuando Branson, bajo la influencia de
su socio Charles Lane, comenzó a repensar (y a rechazar) la idea del matrimonio
y de la familia nuclear.
Los Alcott
Louisa May, tal
como Jo, fue la segunda de una familia de cuatro hermanas. Siempre estuvo muy
unida al padre con el que compartía el mismo cumpleaños y que moriría solo dos
días antes que su hija, pero Branson Alcott era muy diferente al Reverendo March.
Era un crítico exigente y sarcástico sobre todo con sus hijas. eso provocó que
LMA en Mujercitas recurriera al
síndrome del padre ausente. Y cuando en su obra mas conocida, presente padres idéales
como Fritz Baher o el Tío Alec Campbell de
Ocho Primos ella estará retratando a los hombres que más amó, Ralph Waldo
Emerson y Henry David Thoreau. Sobre todo, Emerson cuya familia unida Louisa
siempre envidió sin maldad.
Si hacemos un
repaso de la obra de Alcott entre 1868 y 1888, el año de su muerte, las
familias perfectas como Los March, y por extensión, Los Baher, no existen.
Tenemos kilos de huérfanos, y figuras paternas maternas o paternas que deben
criarlos (Ben Brown y Miss Celia en Bajo
las Lilas; Rose y el Tío Alec en Ocho
Primos, los muchos alumnos de la Escuela Plumfield en Hombrecitos).
Kay Francis como Jo en "Little Men"(1940)
Cuando vuelve a mencionar una familia idealizada, la
de Polly Milton en Una chica a la antigua,
Alcott nunca nos los presenta. No nos son cercanos y reales como los disfuncionales
Shaw que juegan tan gran papel en la vida de la heroína. Lo mismo ocurre con
los Ocho Primos que están sometidos a
padres desobligados y/o ausentes y a madres frívolas, posesivas o muy severas.
Sin embargo,
Louisa como alguien que sobrevivió sus muchas desdichas gracias a la unidad
familiar, era creyente ferviente en la familia, aunque estuviese compuesta por
gente a la que no unían lazos de sangre. Tras la muerte de su hermana May (Amy)
en 1878, Alcott adoptó a su sobrina y tocaya, Lulú y por casi una década supo
lo que era ser madre.
Lulu
A pesar de ser
una adelantada a su época, una sufragista y abolicionista, Louisa May rechazaba
mucho de la era moderna, sobre todo el ataque a la familia. Lo vemos en el
dolor que Polly siente al ver lo desapegados que son los Shaw y como han
marginado a la abuela. Lo vemos en “El secreto de Sofia” cuando una jovencita suiza,
de visita en el Cabo Cod, se horroriza al ver como los hijos tratan a los
padres en America.
Louisa y el Mundo Laboral
Para la
adolescencia de Louisa May cuando ya había sobrevivido las comunas utópicas de
su padre y recibido una educación excéntrica—ergo soberbia— de
parte de sus padres, Thoreau y Emerson, la familia Alcott estaba casi en la
miseria. Abba y sus hijas crearon un taller de costura para subsistir, pero Louisa,
la más decidida de todas, salió al mundo a buscar trabajo.Por más de una década se desempeñó como
maestra, institutriz, dama de compañía y sirvienta.
Alcott relatará algunas de sus aventuras en el
mundo laboral en Trabajo (1873). Lo
cierto es que ella nunca se vio como una mujer independiente ni consideró una
carrera. Para ella, el trabajo era una obligación y una necesidad. Sus empleos
la llevaron a situaciones de humillación y frustración (muchas veces no recibió
paga prometida) y en un caso en que sirvió como acompañante de una invalida,
los apremios románticos del hermano de su patrona bordearon en acoso sexual.
Sin embargo, la
mayor desdicha para Louisa May Alcott era no tener empleo, puesto que se había
convertido en el sostén de su excéntrica familia. A los 24 años, agobiada por
no encontrar trabajo, contempló saltar de un puente. Esta experiencia que
compartió en cartas a sus parientes quedó retratada en Work cuando la protagonista, Christy Devon, también planea
lanzarse a un rio. En Una chica la antigua,
una conocida de Polly trata de quitarse la vida cuando no puede pagar la renta.
No es precisamente un tema que esperaríamos de una autora de libros infantiles.
Quien rescataría
a Louisa May de su depresión fue el ministro unitario Theodor Parker. No solo
le consiguió un empleo de institutriz, pero también se preocupó de reparar su
espíritu. Gracias a él, Louisa volvió a escribir (a pesar de las críticas y de
los editores); contempló una carrera como dramaturgo; y se relacionó con gente
del mundo teatral de Boston, sin dejar de asistir a charlas en casa de Parker y
a sus sermones. Biógrafos de la autora como John Matheson en Eden’s Outcasts: Louisa May Alcott and her
Father, han visto connotaciones románticas en la amistad de Louisa y Parker
que estaba casado.
Theodore Parker
La relación acabó
cuando, tras la muerte de su hermana Lizzie y el matrimonio de su hermana Anna,
Louisa regresó a Concord con su familia. Branson Alcott hizo instalar un
escritorio solo para que Louisa escribiera. Ahí ella comenzó a crear esas
historias góticas que pondrían pan en su mesa a pesar de tener que publicarlas
bajo un seudónimo.
Louisa se Va a la Guerra
En 1861 estallaba
la Guerra de Secesión, Louisa, ferviente abolicionista, deseaba servir de
alguna manera más trascendental que tejer calcetas o enrollar vendas. Al saber
que Dorothea Dix había creado un cuerpo de enfermeras que atendían los hospitales
de campaña, Alcott se enroló en el servicio. Para eso, usó la amistad de su
familia con Dix para que obviaran, en su caso, la cláusula que solo podían
servir cincuentonas o matronas casadas.
Louisa partió para
Georgetown, en Washington esperando, al menos, pasarse unos tres meses
atendiendo heridos, pero solo duró seis semanas. De esa época, quedan sus
recuerdos en Escenas de un Hospital (1863).
Aunque su protagonista Tribulation Periwinkle, esté basada en ella y sus
experiencias, hay mucho que Alcott vio y no quiso revelar públicamente.
Aparte de la corrupción y el caos promovido
por las mismas autoridades medicas y militares, Louisa presenció escenas
dantescas, heridas espeluznantes y la presencia constante de la muerte. Nada la
había preparado para tanto horror y menos el tener (recordemos que era una virgen
puritana de treinta años) que atender y ver hombres desnudos.
Hospital Militar de Georgetown donde Louisa trabajó
No fue una
flaqueza emocional sino la enfermedad la que la venció. Primero contrajo tifoidea
que luego se combinó con neumonía. Los médicos la atendieron con el único remedio
conocido, la panacea del calomel, un preparado de mercurio. Hoy sabemos que el
mercurio es altamente toxico. Aunque Alcott se recuperó de sus enfermedades su
organismo quedaríaenvenenado. Hasta su muerte sufriría de
horrendas jaquecas, ataques de vértigo, debilidad muscular, pesadillas y
alucinaciones.
Elizabeth Marvel en "The Woman Behind Little Women"
Intentó curarse
usando métodos alternativos. Uno de ellos fue correr, LMA fue una pionera del
jogging, y como realmente le hacía bien, aconsejó a otras jóvenes hacer ejercicio
para conservar la salud. Por otro lado, se sabe que se automedicaba con
láudano, y que muchas de sus alucinaciones pueden haber sido producto del opio.
También se sabe que experimentó con hashish. Esas experiencias aparecen en sus
novelas prohibidas. En Un Mefistófeles
moderno, la heroína es drogada con cannabis y en “Un viaje peligroso”, una
pareja experimenta con la droga.
Hoy se cree que
además de la intoxicación la autora de Mujercitas
pudo sufrir una enfermedad mayor como el lupus. Como esa es una enfermedad
degenerativa, se entiende que solo en la última etapa de su vida, Louisa se
haya sentido realmente incapacitada. Sin embargo, tal como Beth (y Lizzie su contraparte
real) tras la escarlatina, Louisa nunca más volvería a sentirse totalmente
sana.
Un Romance Europeo
Los años de la
guerra de Secesión y la posguerra inmediata tienen a Louisa May Alcott
imposibilitada de trabajar fuera de casa. Debe seguir cosiendo para otros y
escribiendo. Aunque Hospital Sketches
es todo un éxito, Moods su novela
siguiente no lo es tanto. Para complementar su costura, Alcott comienza a publicar
(bajo el seudónimo de A.R. Barnard) esos polémicos relatos góticos.
En 1867, los
amigos de Louisa, viéndola tan apesadumbrada, le ofrecen una vía de escape.
Conocen a una joven millonaria, Anna Weld, que es invalida y necesita de una enfermera
que la acompañe a Europa a tomar las aguas y a hacer turismo. La paga es buena
y el bono es ese viaje a Europa con el que la escritora ha soñado desde su
infancia. A pesar de que es ella quien necesita una enfermera, Louisa se
embarca con su paciente en el China.
De ese viaje
tenemos documentación errática. Muchas de las cartas intercambiadas entre Luisa
y parientes y amigos fueron destruidas (por pedido de la autora), existe un
diario de viaje impreciso porque la autora tachó muchas líneas y hay una página
rota. También existe un mini ensayo “Mi Chico Polaco” que ella incluyó en un
ensayo escrito ya cercana la muerte titulado “Mis Chicos” que es un examen de
su amistad con muchachos a lo largo de su vida.
Hay quien ha
hablado del lesbianismo de Alcott basándose en una frase descuidada e imprecisa
de que nunca se casó “porque me he enamorado de muchas niñas bonitas, pero
nunca, ni por asomo, de un hombre”. Tal frase revela que, como Jo, la autora
hablaba sin pensar. Aparte de sus hermanas, nunca tuvo una amistad femenina
intima así que no sabemos a qué “niñas bonitas” se referiría. Las mujeres con
las que se relacionó ya mayor fueron colegas o seguidoras de sus muchas causas,
mujeres de su edad y no muy bonitas.
En cambio, siempre se apoyó en amistades
profundas, muchas con connotaciones románticas, con jóvenes, aun cuando ella ya
no lo era. No se la puede acusar de una incipiente efebofilia puesto que su
vida uy obra estuvo marcada por su enamoramiento de Henry David Thoreau (al que
le llevaba flores como un cortejo adolescente) y con Emerson. Años después ella
misma le confesó a Ralph Waldo que de jovencita había estado enamorada de él.
En su biografía Alcott: A Personal
Biography, Suzanne Cheever se ha referido a ambos literatos como los”
Íconos eróticos” de Louisa May Alcott.
Thoreau y Emerson
Pero vamos al
encuentro con el romance mas interesante de la vida de Louisa May Alcott. El
viaje comienza bien, y Louisa goza de la primera etapa en Londres, pero tras
cruzar el Canal de La Mancha, y de sufrir un aparatoso ataque de mal de mer, el ánimo de la escritora se
agria. Ya en el Continente comienza a tomarle fastidio a Anna. Su diario esta
lleno de quejas debidas al “egoísmo’ y los ‘caprichos” de su paciente. Años más
tarde cuando Louisa se convierta en una invalida, se dará cuenta de lo difícil
que es llevarse con la gente sana, pero en el momento del viaje Anna le es
insoportable. Alcott llega a acusarla de no ser “una dama”.
Louisa y Anna en "The Woman Behind Little Women"
Casi de la greña,
ambas mujeres llegan a Vevey en Suiza. Están no solo en guerra entre ellas,
sino que les molesta todo, desde el clima hasta las compañías en los hoteles. Les
incomodan los extranjeros, aun los de habla inglesa. Todo cambia con la llegada
de un joven musico polaco llamado Ladislas Wisniewsky. Así lo describe Louisa
“Alto, de rostro delgado, mirada inteligente y los encantadores buenos modales
de los extranjeros”.
No hay retratos del polaco, pero creo que este
se le parece.
La autora contará
que siendo todas las mujeres y mayores que el joven lo consentirán como si
fueran sus madres, pero hay mucho que leer entre líneas sobre esta relación
donde LMA, tan puritana y meticulosa, y viviendo en una sociedad victoriana, no
habrá querido revelar. Con la excusa de enseñarle inglés a quien ella lama “Mi
Laddie” o “Mi niño” Alcott pasará mucho tiempo con el musico. En largos paseos
y charlas nocturnas, él le contará que peleó en la Revolución Polaca de 1863 que
lo perdió todo fortuna, familia y salud. Ha venido a Suiza a curar sus
pulmones.
Louisa, que es
una romántica, adora todo este background
aventurero de su joven amigo. La pensión se le hace mas llevadera. Cuenta que
en la noche hay bailes en el salón y que hasta fuman (de joven, Louisa había
mascado tabaco a escondidas). Laddie le trae un ramo de rosas todas las noches.
Para su cumpleaños, le ofrece un concierto de piano privado. Acabada de cumplir
33 años, Louisa May escribe que se siente joven: “mi corazón aun es joven”. A ver,
yo he tenido amores con hombres jóvenes y gozo de la amistad de jóvenes a los que
veo como hijos. Ambas son relaciones muy diferente. El sentirse joven, audaz,
llena de expectativas no nace de una relación maternal.
En un momento,
alarmada ante lo que podrán leer en su diario (como escritora sabia que nada de
sus escritos seria privado siempre) intenta inventar un romance entre Anna y
Laddie. Luego lo tacha, pero biógrafas como Martha Saxton se han creído que LMA
“se ápropio”de un romance ajeno para hacerse la interesante.
Louise D. Wheeler como Laddie en "The Woman Behind Little Women"
Por romántica y
soñadora que fuera, LMA siempre fue muy honesta, y aunque hay contradicciones
en su relación con Laddie, y obviamente se esmeró en ocultar la verdadera
naturaleza de esta, no iba a robarle algo a otra persona. Saxton cree también
que Alcott puede haber intentado proteger la reputación de su paciente. Con el
fastidio que le había tomado a Anna, LMA no iba a estar con miramientos además
nada de lo que nos cuenta de antes y después del interludio suizo indica que
existiera un romance entre su patrona y el polaco.
En diciembre,
Anna decide que irán a Niza (en ese tiempo se creía que la Costa Azul era muy
saludable). Laddie se despide de LMA besándole la mano. Está desconsolado,
promete reencontrarse con ella en París, en mayo. Pero ninguno de los dos
parece muy convencido. Laddie siente que la muerte lo acecha, Louisa cree que
el polaco la olvidará.
Niza es una
pesadilla, las fiestas son un martirio. Alcott escribe en su diario como
recuerdan a Laddie en la triste fiesta de Año Nuevo. Ya no soporta a Anna, y le
dice que en la primavera se volverá sola a USA. Eso no es cierto.
En mayo, Louisa
viaja sola a Paris. “Laddie me estaba esperando en la estación “escribe en su
diario. Años más tarde en “Mi chico polaco “dirá que fue “toda una sorpresa”
encontrarlo en la estación. Ahí vemos a la solterona puritana tratando de velar
por su reputación. El diario, más inmediato y honesto, implica que ambos han
mantenido contacto y han planeado este encuentro.
Alcott pasará dos
semanas en Paris. No sabe francés y Laddie es su interprete. Van juntos de
compras. Louisa está desesperada por renovar su vestuario, cambiar su
apariencia. Siempre pensamos en ella como Jo, una mujer de apariencia
descuidada. Louisa May Alcott era vanidosilla, amaba la buena ropa y como
modista, sabía mucho de modas.
Louisa en la 'epoca de su viaje a Europa
Por discreción,
no van a lugares públicos ni a la ópera, pero recorren museos, comparten
almuerzos campestres, y se pasan las noches en el salón del hotel de Alcott charlando.
Ella relata que bajan la luz de las lámparas. Para los conocedores de novelas decimonónicas
esto se hacía cuando una pareja estaba de romance, para ofrecer mayor
intimidad. También Louisa confiesa haber visitado el cuartucho donde Laddie
vivía. De nuevo, en novelas victorianas, esto hubiese sido muy mal visto.
En “Mi Chico Polaco” Louisa se apresura en
decir que todo lo que hicieron en París fue posible solo porque los creían
madre e hijo. Primero, solo tenía 13 años más que el musico, segundo se sentía
joven, estaba vestida a la última moda parisina. No creo que haya parecido una
matrona severa. El matrimonio o relaciones entre mujeres mayores y jóvenes no
era desconocido. Las Cougars no son invención del Siglo XXI. La hermana menor
de Louisa se casó con un hombre veinte años más joven.
En “My Polish
Boy” la escritora cuenta que Laddie le enseñó un poco de su idioma, incluyendo
un apodo para llamarlo a él. Una noche en que están en compañía de amigos de
Laddie, estos se sorprenden al oír a Louisa usar esta expresión, un vocablo cariñoso
que en Polonia se usa para las parejas. A Alcott le molesta mucho lo que considera
una burla de su amigo, pero creo que ese fue el momento en que se da cuenta de
que su relación con Laddie está tomando otro cariz.
En su diario de
viaje, Louisa escribirá “un pequeño romance con Laddie” a lo que seguirá un párrafo
que eliminará más tarde con tanta violencia que rasgará la página. Al pie
todavía se puede leer “esto no puede ser”.
Por más de un
siglo, fans y biógrafos (incluso Julian Hawthorne (otro de los “chicos” de Louisa)
han especulado sobre el contenido de ese párrafo. Hay tres posibilidades.
A)Laddie
le propuso matrimonio a su amiga. Sabemos que Alcott era muy contraria a
contraer nupcias. El ejemplo de su madre le bastaba. Podemos imaginarnos una
situación parecida a la que vive Jo cuando Laurie le propone matrimonio.
B)Que
Laddie le haya propuesto ser amantes y vivir la vida bohemia parisina. El
puritanismo de LMA no hubiera soportado esa situación.
C)Realmente
hubo una escapada sexual, tras la cual la autora se dio cuenta que con Laddie
no había posibilidad de ninguna relación a largo plazo y haya decidido cortar
por lo sano.
En “Mi Chico
Polaco” Louisa May Alcott narra su despedida en una estación de tren. Laddie le
ha traído un ultimo regalo, un frasquito de perfume, La autora cuenta que, a
pesar de la presencia de transeúntes, se besan apasionadamente. Luego, ella se
echa a llorar y corre a ocultar su pena en su vagón.
Lo curioso es que
Louisa y Laddie mantuvieron correspondencia por cinco años. Tras la publicación
de Mujercitas, Alcott anuncia
públicamente que Laurie está basado en su romance polaco. En 1872, Laddie, ya
casado y con hijas, se aparece en Nueva York. Louisa confiesa en una carta a
Maggie Lukens, que teme verlo convertido en “un papá panzón”. No sabemos si se llegaron a encontrar.
En su libro, Louisa May Alcott: The Woman Behind Little
Women, Harriet Reisner cuenta que Laddie se queda sin dinero en America, y que,
en octubre de 1873, Louisa hace que sus editores, Los Hermanos Roberts, le entreguen
un cheque por $400 (una fortuna entonces) a su amigo polaco. La excusa para tal
suma, con la que los Wisnieswki pueden regresar a Europa, es que Laddie había
servido de modelo para Laurie.
Unos años más
tarde, Louisa emprenderá otro viaje a Europa, esta vez en compañía de su
hermana May. Su estadía en Suiza, donde May (tal como Amy en Mujercitas) encontrará marido, estará
empapada de recuerdos de Laddie. La importancia de esta relación radica en el
empeño de Louisa de destruir todo recuerdo del muchacho. No solo quema su correspondencia,
también solicita que otros hagan lo mismo con la propia, ya vimos como intentó adulterar
y semi destruir su diario de viaje. Esto abre las puertas de la imaginación.
Me atrevo
entonces a dar mi opinión. No creo que Louisa haya tenido una relación
pecaminosa con Laurie. Algo evidente en su obra y su vida es que era una mujer
aparentemente puritana, pero que reprimió su sexualidad. Eso lo exploraré en
otro blog. Yo creo que Laddie le pidió matrimonio y los reparos en contra de la
institución de Louisa la obligaron a rechazar la oferta.
Tras esta llorosa
despedida, Louisa se va a Londres donde goza de su libertad, visita gente, va a
la ópera, asiste a charlas de Charles Dickens. Regresa a America sin saber que
la fama la espera.
El Fenómeno Mujercitas
La génesis de Mujercitas es archiconocida. Alcott
quería convencer a su editor Thomas Niles de publicar un tratado filosófico de
su padre. Niles quería que ella escribiera un libro para niñas. Alcott,
sintiéndose extorsionada, tuvo que hacerlo. Como sabía poco de niñas (ya mencioné
que hasta su madurez no tuvo amigas) se limitó a recordar episodios de su
infancia y la de sus hermanas.
Versión original de Mujercitas
Little Women es una novela singularmente autobiografía.
Jo es Louisa. Sus experimentos literarios están copiados de las propias
experiencias de la autora, inclusive la venta del cabello fue algo que Louisa
May planificó yendo hasta una peluquería para saber cuánto le darían. La
enfermedad y muerte de Beth es idéntica a lo acaecido a Lizzie Alcott. El schock
de Jo al ver casarse a Meg es equiparable al que sintió Louisa cuando se
hermana Anna se casó, y la rivalidad Jo-Amy esta copiada de la existente entre
Louisa y May.
El éxito de la novela nos es familiar en este siglo donde cada año trae una
nueva adaptación de Mujercitas sea
filme, miniserie incluso opera, pero ni nos podemos imaginar el furor que causó
en su día. Un critico determinó que Mujercitas
era lectura para gente entre seis y sesenta años, dándole ya el poder de
verdadera literatura a algo que parecía un simple texto infantil.
Como sabemos, las demandas del publico obligaron a Louisa May Alcott a
escribir una secuela publicada apenas un año más tarde. Louisa obedeció a los
deseos de sus fans en casi todo, pero se negó a casar a Jo y Laurie. Ya le
había escrito a Alf Whitman, otro de sus “chicos” que Laurie era una
combinación de él y Laddie, y Louisa no iba crear una ficción que se opusiese a
la realidad. En cambio, se inventó un tal Fritz Baher que era un compuesto
entre Thoreau y Emerson con acento alemán. Good
Wives fue un éxito aun mayor que Mujercitas.
Estos libros cambiarían la vida de la autora en dos aspectos. El primero es
que ya no necesitaría trabajar y pronto no solo no pasaría hambre, sino que
podría darse muchos lujos. El otro fue que los fans comenzaron a acercársele.
En días pre-Internet, esto significaba recibir cartas de todos los estados de
la Unión.
Las que más le impresionaron fueron las de Maggie Lukens que, con sus hermanas,
estaban publicando una gaceta similar a la del Club Pickwick. Esto motivó una
larga correspondencia entre Louisa y Maggie que nos muestra el estado de animo
de la autora en esos días, a la vez que expresa sus ideas sobre el oficio de
escribir.
Caerta de Louisa a Maggie
Polly, la Predicadora
En 1870 Louisa publica Una chica la antigua.
En otro blog comenté lo difícil que me había sido leerlo. Ahora entiendo el motivo.
Es una de las novelas juveniles más sermoneadoras (peor que el Diario de Ana Maria) que haya leído en
mi vida. Polly Milton, de catorce años, deja su granja familiar, para ir a
visitar a su amiga Fanny Shaw en Boston. A sus dieciséis años, Fanny se comporta
ya como una mujercita y vive preocupada de la moda, de las diversiones y de su
circulo social. Polly reprueba las tres grandes preocupaciones de su amiga y se
lo hace saber de manera que yo tildaría de descortés.
Toda la primera parte que corresponde a una larguísima visita de Polly a
los Shaw, es una eterna prédica. Polly desaprueba todo lo que es y hace Fanny:
sus amistades, su familia, su comportamiento hacia su familia, la frivolidad d
sus amigas, de sus lecturas y casi se desmaya cuando la llevan a un espectáculo
de vaudeville donde ve bailarinas semidesnudas, y oye chistes de doble sentido
y música “negra”. Tras meses de quejas y
censuras, Polly termina delatando un romance de Fanny a su padre. Yo no sé cómo
Fanny no la saca a patadas de su casa.
Es solo conociendo la biografía de la autora que podemos leer entre líneas.
Cuando una amiga de Fanny confiesa amar las novelas de Ouida y Polly recalca
que ella prefiere las novelas históricas de la alemana Luise Mulbach, está
(como toda la sociedad victoriana) criticando la temática atrevida y
sensacionalista de Ouida. Solo que clandestinamente, Louisa escribía y
publicaba ese mismo tipo de novelas. Como amiga del teatro, a lo mejor también
apreciaba ese espectáculo que escandalizó a Polly. Aunque como toda escritora
seria debía ser critica de una clase alta y frívola, sabemos que le gustaban
las fiestas, que era consumista y vivía pendiente de la moda.
Gloria Jean como Polly y Frances Rafferty como Fanny en "An Old Fahioned Girl"(1949)
La novela pega un salto de seis años, y una Polly más discreta, más sabia,
pero llena de energía y objetivos regresa a Boston ahora dar clases de música (para
pagar la universidad de su hermano). Fanny a sus 22 años vive en terror de
convertirse en una solterona y se la pasa en fiestas. Tom, el hermano de Fanny,
a quien Polly ama en secreto, se ha comprometido con Trixie, la más coqueta de
las amigas de su hermana.
La novela se convierte en un retrato de dos mundos: el monótono y superficial
de Fanny y el de Polly quien vive en una casa de huéspedes, junto a una gata y
un canario, con piano y sofá-cama. y se rodea de artistas, escritoras y otros
ejemplos de la ‘” Nueva Mujer”, chicas independientes que persiguen carreras y
vocaciones. Esta descripción me fue tan moderna que yo me juré vivir así cuando
cumpliera 20 años. Ni tengo que decirles que no lo hice. A pesar de que me pasé
14 años durmiendo en un sofá.
Louisa nunca llegó a compartir ese mundo, pero su hermana May (a quien
Louisa le estaba pagando sus estudios de arte) si compartió cuarto y amistad
con mujeres parecidas a las nuevas amigas de Polly. A propósito, entre las amigas hay hasta una
pareja de escultoras que son más que amigas, lo que demuestra que Alcott si
conocía la existencia de “matrimonios bostonianos” (así se llamaba a las relaciones
homosexuales) en los círculos de artistas de entonces.
Un detalle realista, es que la autora nos cuenta que Polly no es realmente
feliz, que se aburre de la monotonía de sus jornadas, que la cansa ser pobre, y
que muchas veces se siente sola y ahí escuchamos la verdadera voz de Louisa. O
cuando cuenta las noches de insomnio de su heroína oyendo los carruajes pasar imaginándose
a las chicas bien vestidas ir camino a la ópera o a algún baile.
La noche oscura del alma le llega a la maestra de música cuando después de
haber caído en una poza de agua, se encuentra con Tom y Trixie en la calle y
ambos la ignoran. Ese desprecio es curado por la llegada de Arthur Sídney. Cuando
Polly era adolescente, el señor Sídney fue el único del círculo de Fanny en
tratarla como gente. Ahora Sídney, es una rareza, un millonario que trabaja.
Pronto todos comienzan a sospechar que Sídney está interesado en Polly. Lo
que pone celosos a los hermanos Shaw (Fanny está enamorada de Arthur). Lo más serio
es que Polly comienza a contemplar la idea de convertirse en la Señora Sídney,
algo que no le es desagradable.
Pero Louisa May le encuentra una solución sentimental. Los Shaw quedan en
la ruina, Trixie rompe su compromiso, Sídney se casa con Fanny y salva a su
familia. Tom se ha ido a buscar fortuna en el Oeste y regresa convertido en
otro hombre, uno digno de Polly. Colorín Colorado.
Las felices parejas: Polly y Tom; Fanny y Arthur
Mas de La Familia March
Al Año siguiente, Louisa May regresa con Los March puesto que hay un público
más obsesionado con esa familia, que los que hoy exigen saber sobre Lannister y
Stark. Hombrecitos no se parece a sus
libros anteriores. Las March han cambiado.
Shirley Temple y Fernando Lamas como Los Baher en "Shirley Temple's Storybook" (1960)
A Marmee solo la mencionan sus nietos. Meg, ahora que Jo se ha encargado de
sus hijos mayores, se las arregla para tener otro bebé y quedar viuda en el
proceso de la narrativa. A Amy, Alcott, la tiene de soberana de una mansión
apodada “El Parnaso” donde puede vivir llena de lujos y dedicada a explorar su
arte. Laurie se las arregla para dejarse caer en Plumfield, el hogar-escuela de
los Baher a arreglar entuertos o a traer alumnos. Los Laurence tienen una hija,
Bess, demasiado pequeña para ir a la escuela, pero tan hermosa que la apodan “princesa”
y causa revuelo cuando aparece en Plumfield. Es como si Louisa, siete años antes
del nacimiento de Lulú, ya visualizase a la hija de May.
Chris Sarandon y Mariel Hemingway como Los Baher en "Little Men"(1998)
Es difícil reconocer a la traviesa y rebelde Jo en la matrona Baher ocupada
en dar clases, atender la granja-escuela y ser figura materna de sus hijos, Rob
y Ted, de sus cuatro sobrinos (Daisy, John apodado Medio Brooke, Emil y Franz)
además de todo el alumnado. Como se trata de una novela sobre varones—Daisy
y Nan son personajes periféricos— la novela es más dinámica y humorística
que otros relatos de Alcott.
Versión original
En Plumfield, la autora esboza sus ideas sobre educación basadas en las filosofías
pedagógicas de su padre y lo aprendido en su tiempo de docente en el
kindergarten de Elizabeth Palmer Peabody. Un detalle interesante es la
diversidad en la escuela, no racial puesto que solo los criados son negros.
Sin embargo, para la época era novedad que en una escuela hubiera ejemplos
de todo tipo de minorías desde el gordito Stuffy hasta Billy que sufría de un
retraso mental. También hay un jorobadito, y un tartamudo, un par de niños de
la calle, el violinista Nat y su rebelde amigo Dan.
Los niños no son ángeles. Tenemos al travieso Tommy Banks, al cobarde Ned
que tortura animales, al ladrón Jack que deja que acusen injustamente a Dan por
su robo, y hasta el serio y bien portado Mediobrooke se le ocurre un juego monstruoso
en el queman sus juguetes.
El libro fue otro bestseller que aumentó la fama de Louisa May Alcott. Por
un momento dejó de escribir sobre niños y volvió a su propia historia. En 1873
publico Works en la que narraba parte
de su experiencia laboral. Digo parte porque la sufragista y amiga de la
autora, María Porter contaría que era muy difícil que Alcott se abriese sobre
ese periodo de su juventud y que siempre acababa alterada y llorando.
Sobre ricos y famosos
En 1875, Louisa May Alcott publica otro de sus libros más famosos, Ocho Primos. Su vida ha cambiado, ya
actúa como los ricos y famosos y eso le permite enfocarse en Rose Campbell, su
primera protagonista de la alta sociedad. A sus 13 años, Rose es huérfana,
millonaria, vive con unas tías muy viejas y muy consentidoras, pero el tedio la
está empujando a la hipocondría y a la autocompasión. La rescatan 8 primos escoceses,
una criadita irlandesa la que Rose “adopta” y el Tío Alec, hermano del padre de
la heredera, y que una vez amó a la madre de esta.
Un año más tarde llega Rose in Bloom,
como siempre con Alcott la secuela es mejor. Tras viajar por el mundo, Rose
se prepara para escoger cual de sus primos tendrá el privilegio de casarse con
ella y compartir su inmensa fortuna. Después de una desdichada experiencia con
el disipado Charlie, Rose se casa con el más aburrido, pero también el mas
formal de sus primos, el médico Mac.
En 1877, Louisa parte por última vez a Europa. La acompaña May quien
encontrará marido en Suiza. Louisa antes ha publicado anónimamente Un Mefistófeles moderno, su último
intento de escribir su amado genero gótico. A su regreso debe aceptar que su
salud empeora. Un año más tarde le llega otro golpe, May ha muerto de fiebre
puerperal. Louisa adoptará a su sobrina y tocaya y se dedicará escribir nada más
que libros infantiles y cuentos para su “Lulú”.
Sin embargo, en 1886 dos años antes de su muerte, Louisa ay Alcott cierra
el capitulo de la Familia March con Los muchachos
de Jo, una novela que debe ser examinada con lupa. En ella encontramos
muchos factores significativos, desde la preocupación de la autora por la
faceta de escritora de Jo hasta los límites de su autocensura. Desde sus ideas
sobre el celibato y la mujer independiente hasta su obsesión con la belleza del
hombre moreno, una fantasía recurrente tanto en la literatura como en las
alucinaciones que Louisa May Alcott experimentó por muchos años. De esto
hablaremos la próxima vez.