Me había prometido
no ver nada mas de Netflix, cuando mi Beta Lorena me convenció de ver El
secuestro del Vuelo 601. Aparte de la vergüenza, rabia y tedio de ver como Netflix
se aprovecha de las agendas políticas de determinados países latinos para
esparcir su wokismo y su infame pobreza cinemática, sentí una gran lástima por
todas las personas que en el globo terráqueo siguen pagándole a esta infernal
plataforma. No reparan en que aparte de adoctrinarlos y desinformarlos, les
ofrecen la misma “ olla de mier..” que
en la serie el Ministro Esquerra ofrece a Pirateque.
Cuando Los
Secuestros Eran Aventuras
Tengo un vago
recuerdo de lo ocurrido con este vuelo, a pesar de que, en mayo de 1973, los chilenos
teníamos otras preocupaciones. Lo que recuerdo es que fue un poco bochornoso. Lo
primero que se supo fue que un par de guerrilleros armados habían secuestrado,
en Colombia, un vuelo de una aerolínea local.
El suceso no
causaba mucha sorpresa porque ocurría cada rato y lo más que se perdía era
tiempo y dinero. En mi anterior nota hablé de las peculiaridades del famoso
viaje forzado a Cuba y que, aunque en Chile había ocurrido un incidente de
sangre en 1970, la gente todavía lo veía como un circo y una oportunidad
imperdible.
Aquí les coloco
un recuento de un capitán de la LAN (Amaro Bamón) que nos narra de sus experiencias con piratería
aérea y especialmente un caso jocoso. Una mamá chilena secuestrada recibió la
oferta de bajar en Coquimbo antes del vuelo forzado al Caribe. La señora
preguntó si podía encargarle a su bebé a su madre y volver al avión. ¡No quería
perderse la experiencia de vivir la aventura del secuestro!
No todo era diversión.
Leí también comentarios en YT de una secuestrada en un avión de Panam que, debido al susto, perdió él bebé que esperaba. Sin embargo, en comparación
con los secuestrados por terroristas islámicos, el viaje a Cuba no parecía muy
peligroso.
Un Secuestro
Sui Generis
Desde el comienzo,
este viaje del 601 presentó aspectos muy
raros. Los piratas que se robaron el vuelo que iba rumbo a Cali, abordaron el
avión en una parada en Pereira. El avión llevaba casi un centenar de pasajeros
que incluían hombres, mujeres, niños, un equipo de ciclistas y hasta monjitas.
Lo que no había era una embarazada de verdad o falsa. Esa fue una invención de
la serie.
Los aeropiratas exigieron
la liberación de una cierta cantidad de estudiantes prisioneros en El Socorro, arrestados durante los disturbios
universitarios de ’72. Luego pidieron una fuerte cantidad ($200.000) y en vez
de Cuba, querían pasaje gratis a Aruba, en
Las Antillas Holandesas. Antes hubo que descender en Medellín para cargar
gasolina.
Una vez en Aruba,
la situación se complicó. Aunque durante todo el secuestro los piratas
estuvieron encapuchados, había algo en ellos que no cuadraba. El destino del
viaje y la fuerte suma de dinero no eran ingredientes de los vuelos raptados a Cuba.
El modo de hablar de los individuos no era colombiano, no parecían ser miembros de ninguna militancia,
y, a pesar de decir que eran miembros
del ELN (Ejército de Liberación Nacional), esta entidad no los reconocía.
En vista de esos
factores, el gobierno de Misael Pastrana se desvinculó del asunto anunciando
que no negociaban con terroristas. Ahora quedaba en manos de la aerolínea SAM (Sociedad
Aérea de Medellín) la libertad de 84
pasajeros más siete miembros de la tripulación que incluían una auxiliar de
vuelo llamada Nancy Ramírez (que no era “nuevona” ni histérica como la Marisol
de la serie).
En Aruba
comenzaron a soltar gente: una mamá con un bebé, unas monjitas y unas viejitas.
Un vivo se colgó del brazo de una abuelita diciendo “Es
mi mamá y no puedo dejarla sola”. Lo dejaron bajar sin problemas. Los ciclistas les lloraron a los
secuestradores que si no bajaban no iban a poder participar en una importante
carrera. Al parecer un secuestrador reconoció al portavoz del grupo y los dejó
libres. Entre tanto desbarajuste, más de una docena de pasajeros se fugaron por
una escotilla del avión.
La situación
dentro de la nave era caótica. El calor era insoportable. No habían comido más
que unos bocadillos enviados por las autoridades de Aruba que ahora exigían que
se largaran porque necesitaban el aeropuerto para sus propios aviones.
Obligado por los
secuestradores, el Capitán Lucena enfiló rumbo a varios países centroamericanos,
ninguno de los cuales les dio venia para aterriza. Debido a un desperfecto, el
avión volvió a Aruba. Para entonces el abogado de SAM, Dr. Ignacio Mustafá se había
apersonado em el aeropuerto Princesa Beatriz y comenzaron las negociaciones.
Llevaban 32 horas
desde su salida de Colombia y todos, incluyendo a los secuestradores, estaban agotados.
Mustafá consiguió que los piratas aceptasen dos condiciones: una rebaja en el
rescate y que la tripulación fuese cambiada por otra refrescada y sin tensiones
que los llevase a cometer algún error en la navegación.
Relevo y
Rescate
A 38 horas del
secuestro, se relevó a la tripulación , soltaron a nueve pasajeros más y
subieron a bordo el Capitán Hugo Molina, su copiloto Pedro Ramírez, el
ingeniero de vuelo Alfredo Shaffer y tres azafatas. El Capitán Molina cargaba
un bolsón con $50.000 que procedieron los secuestradores a repartirse. Las nuevas
azafatas eran Edilma “Edi” Pérez, Maria
Eugenia (que en la serie se llama Bárbara) Gallo y Magola González.
Edi era madre
soltera de cinco hijos y solo aceptó ir a un avión secuestrado porque le
prometieron un aumento de sueldo. Dejó a sus hijos en manos de su hermana. El
caso de María Eugenia refleja el poco temor que había hacia estos actos de
piratería aérea. El año anterior otro avión de la SAM había sido desviado a Cuba
sin grandes percances y la joven aeromoza quería vivir esa experiencia.
Finalmente, el
avión dejó Aruba y partió hacia Sudamérica. Primero aterrizaron en Guayaquil,
donde se aprovisionaron de comida y fuselaje, pero las autoridades ecuatorianas
exigieron que siguieran vuelo. Para entonces la idea de liberar presos
políticos se había disipado. Con dinero, los piratas estaban más relajados,
aunque le enfadó leer en un periódico que los acusaban de ser violentos con los
rehenes. Nunca lo fueron ni usaron el lenguaje soez que los caracteriza en la
serie.
Tampoco nunca se
les pasó por la cabeza regresar a Colombia. Su intención era acabar en algún
país Sudamericano. Querían aterrizar en Antofagasta, pero la pista era muy
pequeña por lo que optaron irse al Perú. En Lima se le dejó aterrizar. Ahí se
bajaron catorce pasajeros, los peruanos recibieron amigablemente el vuelo, les
permitieron abastecerse de combustible y les llevaron comida, la primera cena
formal que tuvieron, pero acabado el postre les solicitaron las autoridades
peruanas que se marcharan.
Se fueron a Argentina. En Mendoza
desembarcaron los últimos pasajeros. De ahí el avión llegó al aeropuerto de Ezeiza,
en Buenos Aires. Entonces hubo tamaña sorpresa. Del avión desembarcó solo la
tripulación, completa e ilesa; ¡los piratas aéreos habían desaparecido! Tras
varias horas de interrogatorio se supo que un secuestrador había desembarcado
un secuestrador en el aeropuerto de Resistencia y al otro lo desembarcaron en Asunción.
Según el Capitán
Molina hubo un acuerdo “entre caballeros” con los secuestradores quienes
querían llevarse a las auxiliares de vuelo como rehenes. A cambio, Molina ofreció desembarcarlos clandestinamente
en ciudades distintas (Borja en Resistencia y Toro en su natal Asunción) y
guardar silencio por un par de día sobre sus destinos y así darles la
oportunidad de evadir captura.
En el caso de las
azafatas, el silencio fue más complicado. A pesar de las presiones de la
policía y los medios, ni Edie ni Maria Eugenia contarían nada sobre el
secuestro sino hasta este siglo donde relatarían que juraron callar a los
secuestradores luego que estos amenazaran con matar a sus familias. Entretanto la colaboración de un periodista (ni
parecido al Flaco Marulanda) la policía colombiana y la misma comunidad
paraguaya de Pereira, había dado con la
identidad de los secuestradores. Así fue más fácil encontrar a Francisco
Solano.
A Toro lo
encontraron rapidito en Paraguay. No regalando dinero como dice la serie, sino comprando propiedades con billetes grandes
de dólar. Se le extraditó a Colombia, sirvió seis años de prisión y tras salir
siguió delinquiendo muriendo en un asalto a un banco en Argentina. Eusebio Borja,
su compañero, nunca más ha sido encontrado.
Lo Condenados
del Aire
Por décadas, este secuestro fue parte de los anales de la
piratería aérea por dos razones: el haber sido uno de los más largos que se
recuerde (60 horas) y por lo sui generis, incluyendo el que uno de los piratas
huyese y jamás hubiese sido encontrado. En eso se asemeja al legendario D.B.
Cooper, el primer asaltante aéreo quien se lanzó en paracaídas cargando el
dinero del rescate y nunca fue capturado. Como esto ocurrió en 1971, se puede
pensar que la operación de los paraguayos, dos años más tarde, es un copycat del asalto de Cooper.
En este siglo, el
periodista italiano Massimo Di Ricco publicó su libro Los condenados del
aire. Di Ricco, que enseña en la Universidad de Barranquilla, estaba
haciendo una investigación sobre la piratería aérea cundo descubrió que nadie
había hecho un trabajo exhaustivo sobre el Vuelo 601. Tras entrevistar a los
sobrevivientes, Di Ricco escribió un libro que atraería el interés de Netflix.
Yo leí el primer capítulo
(está en-línea) y es una crónica novelada contada desde diferentes perspectivas,
pero que se atiene a los hechos reales. En cambio, Netflix ha hecho un
fanfiction en el que deforma los sucesos, deja afuera toda veracidad, ofende tanto a la verdadera tripulación como a
los pasajeros y de paso, propaga calumnias
infames sobre el gobierno de Misael Pastrana y hasta de la hermana nación de Perú.
Todo para satisfacer la agenda política de la plataforma y la del gobierno de
Gustavo Petro.
Netflix ha
encontrado una gran salida creando material original en América Latina. Por eso
vive produciendo allá con historias y talento local. Es más barato y como está
la política en el continente, más fácil incluir en los guiones los cuasi
valores que abrazan tanto la nueva izquierda como Netflix. Di Ricco vendió los
derechos de una novela de la cual solo sobrevive el título.
Más Machista
que Woke
Netflix ha creado
un guion anárquico en el cual ni el tono se entiende. A ratos es comedia, a
ratos es drama, a ratos es teatro del absurdo. Lo único claro es una denuncia
casi incoherente al clasismo, racismo y sexismo de la sociedad colombiana de
entonces. No niego que tales lacras existieron y siguen existiendo en el mundo hispano
parlante, pero la manera de presentarlas parece a ratos burlesca. La mofa no va
en contra del perpetrador sino de la víctima, sobre todo cuando esta es mujer,
porque hasta los secuestradores son machistas.
Sucesivamente
vemos a los aeropiratas insultar verbalmente a las sobrecargos, gritarlas,
ofenderlas , sacudirlas, y amenazarlas con sus armas. Eusebio casi le rompe la
mano a Edi y Toro, en Perú pone un cuchillo en el cuello a Barbara (Maria
Eugenia) y amenaza con degollarla. Eso es violencia de genero casi tanto como
cuando Pirateque (el gerente ficticio de la línea aérea) le dice a Edi que no
discute “con mujeres que están menstruando” está agrediéndola verbalmente.
La historia sin
embargo finge ser feminista y enfocarse, al menos en los primeros tres episodios en
Edilma Ëdi” Pérez . A mí me sorprende que la verdadera Edi no haya demandado a Netflix
por usar su nombre para crear un personaje tan diferente al ella.
Interpretada por Mónica Lopera—una actriz guapa y capaz— Edi es una madre soltera de tres, desbordada por sus obligaciones familiares que le impiden cumplir con su trabajo, donde le pagan poco. Lleva una carga de violencia adentro que la hermana con la frustración brutal de los secuestradores. Lo único consistente en la serie es la violencia que aflora en los personajes más tranquilos y en los momentos más inesperados.
En Edi la
violencia inicia en el primer cuarto de hora cuando accidentalmente le rompe un
diente a su hijo menor y sigue hasta que apuñala la pierna de su superior, acto
irresponsable puesto que es el único que puede pilotear el avión, pero ya para
ese episodio (cinco) el capitán Wilches es malo, los secuestradores son buenos
y Edi es la heroína que a todos salva. No solo no corresponde a hechos reales,
sino que es imposible que hubiesen sobrevivido a tantas metidas de pata sobre
todo las de la auxiliar de vuelo.
La primera entelequia
de la serie es tener a la tripulación encerrada en ese avión durante las sesenta
horas del secuestro. Hubiesen enloquecido. Si todo salió sin víctimas fue por
el cambio de la tripulación que retirados los agotados (tras 38 horas de ordalía) fueron reemplazados
por refuerzos frescos y descansados. Vale decir que no hubo jamás quejas del
comportamiento de ninguno y menos de los capitanes Jorge Lucena y Hugo Molina.
En la serie solo
hay un capitán, Richard Wilkes, un
copiloto Lequerica y debido al retraso de Edi solo hay una azafata, en su
primer vuelo. Marisol , apodada la “nuevona” (que es una contracción entre “nueva”
y “huevona”, que pretende ser jocosa) se
desmaya de susto y los pasajeros quedan sin atención. Otra vez se trata esta
crisis como algo cómico. No sé ustedes, pero a mí no me da risa. Es debido a
eso que, en Medellín, a pedido de
Wilches, suben Edi y Barbara cuando el
secuestro solo lleva unas horas.
La “nuevona” sigue
causando estragos en el vuelo hasta que la bajan en Aruba con la única liberación
de rehenes que ocurre en la serie. En la vida real hubo varias liberaciones, más
una fuga. Estos cambios alivianaban la tensión. En Vuelo 601, han
escogido convertir al avión en una camisa de fuerza gigante, una prisión
invariable donde todos van enloqueciendo.
Escatología,
Los Ricos y un Falso Retrato del Gobierno de Misael Pastrana
Es comprensible que
la tensión, el cansancio el calor y el hambre provoquen una situación límite en
la que aflore lo peor de todos. Aun así, las que retrata Vuelo 601, no
ocurrieron en ningún vuelo. Son el colmo del absurdo. La escena más grotesca de
una serie ya grotesca ocurre por los baños. Solo hay dos en el avión y uno está
ocupado por una histérica que (por consejo irracional de Edi) finge estar
embarazada.
Los ciclista se comieron un tamal que les ha
sentado mal. Uno de ellos tiene diarrea e intenta ir al baño de Primera Clase.
La ricachona (¡que vieja está Patricia Ercole!) en un alarde de clasismo, se lo impide. Se arma una pelea entre ricos y
pobres, el ciclista defeca en los pantalones y Bárbara aprovecha de cachetear a
la ricachona. Hasta los secuestradores están asombrados. ¿Quién escribió esta
burrada? ¿Emilio Larrossa?
De nuevo entra el
juego la confusión de tonos de la historia. En una escena tenemos denuncia al
clasismo combinada con violencia entre mujeres y escatología. Estos son recursos
chuscos. Es como el discurso del Ministro Esquerra (que nunca existió)
salpicado de amenazantes alusiones a violaciones anales. ¿Quieren dar a
entender que la psiquis imperante se equilibra entre la homofobia y el homoerotismo? ¿O que los sectores de poder usan la
violencia sexual para amedrentar al pueblo?
Es inconcebible que
intenten vendernos a los piratas aéreos como víctimas del sistema y que para
lograrlo culpen al gobierno de Misael Pastrana Borrero. Pastrana (cuyo hijo también
seria presidente) no fue un gran mandatario, pero tampoco fue malo. Ciertamente
fue mejor que su contrincante en las elecciones, el General Rojas Pinilla, uno
de los dictadores más sanguinarios de Colombia. Por eso, cuando Pirateque y el
secuestrador Ulises acusan a Pastrana de haberse robado las elecciones, están
usando un argumento de la clase conservadora.
Si bien es cierto
que el gobierno de Pastrana tuvo problemas con revueltas estudiantiles y que
las castigó con mano fuerte, no fue dictatorial ni corrupto. En el caso del Vuelo
601 se lavó las manos porque ya estaba hartos de negociar con revolucionarios
y porque era obvio que esta pareja de aeropiratas no lo era. El hecho de pedir
dinero, de identificarse como miembros de un grupo de guerrilleros (algo que la
verdadera guerrilla jamás hacia) y esos acentos que denotaban no ser
colombianos ya olían a gato encerrado que el gobierno no planeaba soltar.
El gobierno nunca
prohibió que SAM negociara con los secuestradores. por eso Pirateque
encarcelado es una incongruencia. Nunca envió a un ministro para ejercer
presiones gansteriles sobre la gerencia de SAM y la tripulación. Esta fue
interrogada hasta el agotamiento, pero por la policía, no por autoridades
mayores. Y nunca el ejército colombiano preparó un operativo que pretendía
llevarse por delante a todo el que viniera en el avión. Todos esos embustes provienen
del odio de Gustavo Petro, actual presidente de Colombia, por las fuerza
armadas que lo torturaron en sus días de guerrillero.
Ese odio abarca
hasta el pobre Capitán Wilches (muy bien interpretado por Christian Tappan de
Ël Patrón del Mal”)quien al principio es un hombre muy entero, muy responsable y
muy deseoso de proteger a su tripulación y al que los secuestradores desean
humillar para que no se convierta en una figura de autoridad . Esto vira en el
tercer episodio cuando Wilches, en un alarde de arrogancia, agrede a Ulises desbaratando un intento de
negociación.
De ahí lo retratarán
como un individuo machista, clasista (sobre todo en su trato con el copiloto
que es costeño y de color) y todo porque el pobre Wilches dijo que antes de
trabajar para SAM estuvo en la fuerza aérea colombiana. ¡Anatema! Pero la peor
parte la tiene la Guardia Civil peruana.
¿Y Qué les Hizo
El Perú?
Resulta que uno
de los pocos países que recibió al Vuelo 601 fue Perú. En Lima se les proporcionó
gasolina, comida y permiso para que se bajaran nueve rehenes junto con la
basura que se había acumulado y que incluía los cadáveres de los pollitos (si,
esa parte es verdad).
En cambio, Netflix
describe un recibimiento violento en que un grupo de uniformados dementes, feroces
y nacionalistas (“Lo hice por el Perú” es la excusa de Quispe quien inicia la
balacera) comienzan a dispararles a los secuestradores —que valerosamente se
escudan con las azafatas— y hieren a Toro. ¿De dónde nace esta infame calumnia? Pues de que
hoy el Perú—-uno de los pocos países conservadores de America Latina— no se
lleva con el gobierno de Gustavo Petro.
Si solo fuera la
política la que rige este desastre, pero ni el guion tiene pies ni cabeza. Las
críticas recibidas se deben a que el espectador no entiende si es comedia o
drama, a que los personajes actúan como si fueran bipolares, y a que hasta los subtítulos sufren. En el
blog EscribiendoCine, Juan Pablo Russo ha hablado de como este “desafortunado intento
de fusionar el thriller con la telenovela” desconcierta al espectador . Agreguémosle
que como se les ocurrió la brillante idea de que el dialogo lo conformase un
90% de groserías (muchos localismos colombianos) no hay manera de traducirlo.
La mayor queja es
por el capítulo cuatro, un flashback donde se intenta “limpiar” la imagen de
los aeropiratas y acaba en un caldo de sordidez casi tan escatológico como toda
la serie. Ahí descubrimos detalles que demuestran que los secuestradores tocan
fondo cuando acaban sus sueños de ser estrellas de futbol y caen en manos de Pacho,
dueño de un equipo de quinta en Pereira
que solo los explota.
Pacho ofrece
encontrarle un lugar a Toro (el mejor futbolista del par) en un equipo de primera,
pero exige dinero. Para ayudar a su amigo, Eusebio “Ulises” Borja se prostituye
y cae en la cama de un tal Checho, apodado El Profe, otro maleante que abusa de
él, y le mete drogas e ideas revolucionarias en la cabeza.
El flashback
fracasa en su intento de hacernos a los piratas más cercanos o queribles. Asombran
su ignorancia, su falta de visión y su incapacidad de tomar buenas decisiones.
En eso son muy parecidos a Edi. Eso
explicaría el que, a partir del quinto
episodio, la “Çabinera” se vuelva
cómplice de los delincuentes y totalmente en contra de Wilches al que no solo hiere,
sino que entrega a los secuestradores para que hagan con el capitán lo que
quieran.
La ironía es que
al final es Wilches quien la salva, pero debemos creer que él es el villano, esbirro de los mecanismos de poder, y que ella es una valerosa guerrillera. Ese es
el mensaje de Netflix para bobos. La verdadera moraleja de esa fabula
maloliente es que el rencor social y la falta de criterio te empujan a
delinquir, a cometer errores, y a
ponerte en peligro a la vez que te vuelves un peligro para los demás.
Al final, estas series de Netflix solo denotan deprecio
por America Latina donde ricos y pobres son igualmente malos y brutales, donde
no hay nada rescatable. Yo diría que Netflix nos está explotando, tal vez “colonizando”,
con este material tan poco elevado y
esta imagen de sociedades inútiles que necesitan de la mano fuerte del Hemisferio
Norte. ¿Qué opinan?
NOTA: He leído y
visto docenas de artículos y videos sobre este hecho. Las discordancias son
demasiado grandes para poder crear una bibliografía fidedigna y útil. El mismo
Massimo Di Ricco ha dicho que los periódicos de la época se contradecían o
daban información que no era verídica. Sin embargo, he encontrado la mayor y
mejor cantidad de datos en esta transcripción de un programa radial colombiano.