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lunes, 20 de julio de 2026

Los 70: La Década de Travolta: (Teen Culture XX)

 


Los 70 fue la época en que John Travolta se convirtió en una estrella juvenil.  Comenzó en la televisión con su interpretación del estudiante flojo y enamorado de Welcome Back Kotter,  luego entraría en Hollywood por la puerta grande, primero como el ídolo de las discotecas en Fiebre de sábado por la noche y unos años después con su protagónico en Grease. ¿Cómo fue que se convirtió en un emblema de los ítalo-americanos y cómo fue que Travolta comenzó bailando Disco y en 1980 pasó a ser un representante de la música country?

Empecemos este repaso con Welcome Back Kotter que intentaba ser Room 222, pero más graciosa. Aunque vendieron Aula 222 como dramedy, nunca me reí. Lo más jocoso eran las meteduras de pata de la pobre Alice, que, como un relleno cómico “blanco”, parecía una buena compensación por décadas de Amos ’n Andy.

El Reino de los Sweat Hogs

Welcome Back Kotter si era una sitcom , y muy chistosa, pero entremedio de toda esa jocosidad tocaba temas profundos.  Lo más fascinante del proyecto que Gabriel Kaplan presentó a la NBC fue que estaba basado en casos reales. Kaplan se había graduado de una escuela de Bensonhurst (Brooklyn) donde había sido parte de una pandilla de malos estudiantes llamada “Sweat Hogs” (cerdos sudados). Inclusive había conservado los nombres reales (realmente existieron Vinnie Barbarino y Juan Epstein) dentro del libreto.



La novedad era que Kaplan interpretaría a Gabriel Kotter convertido en un hombre de bien que retorna como maestro para darles esperanza y autoestima a un grupo de alumnos estigmatizados como maleantes brutos. La NBC inició las grabaciones con mucha aprehensión. Años más tarde, John Travolta diría que firmó contrato imaginándose que el show no duraría más que unos meses.

Para el varano del ’77, Welcome Back Kotter estaba entre las 30 series más vistas en la Union Americana. La Segunda Temporada la tendría entre las 15 más populares de la nación. Su éxito residía en que por primera vez este subgénero de la secundaria se enfocaba en los alumnos y no desde la perspectiva del maestro. Los “Sweat Hogs” eran personajes de carne y hueso con historias que trascendían el salón de clases.

Por ejemplo, Arnold Horschark, era más listo que sus compañeros, podría no estar en ese tipo de aula, pero el cariño que sentía por sus camaradas le impedía abandonar a los Sweat Hogs. Freddy Percy “Boom Boom” Washington era negro y un excelente basquetbolista, pero no caía en estereotipos ni discursos políticos, ni se designaba como víctima. Era el más razonable del grupo, con ideas fuertes sobre el liderazgo y solidaridad con sus amigos. En cuanto a Juan Epstein, el judío boricua, más allá de sus chistes, era un ejemplo de la diversidad que existe tanto entre latinos como entre judíos.



Finalmente tenemos al líder de los Sweat Hogs, Vincent “Vinnie” Barbarino, un típico ejemplo de lo que por casi medio siglo había sido un grupo tremendamente despreciado en las ciudades californianas y del noreste de los Estados Unidos, los Greasers. Este apodo que no se refiere a la grasa de los italianos y latinos, sino a la vaselina/gomina que usaban para alisar el cabello, sigue siendo hoy un término despectivo y racista.

Un Teen Idol con Apellido Siciliano

Los Greasers siempre formaron su propia subcultura y los ítalo-americanos nunca habían tenido un representante bona fide en pantalla sino hasta Travolta quien nunca se cambió el apellido como Frankie Avalon, Bobby Darin o James Darren, y que se encargó de sacar de la imaginación colectiva la idea de que los ítalo-americanos eran una pandilla de mafiosos.  No que Barbarino fuera un pilar de la sociedad, pero era simpático e inofensivo.



Como buen chico italiano, adoraba a su madre, a pesar de que ella, a bofetón limpio, trataba de enderezarlo. Lo que a Barbarino le faltaba en saber académico, le sobraba en la labia con la que engatusaba a las chicas y que lo llevaba a liderar a los Sweat Hogs.

Los 70 serían el reinado de los ítalo-americanos en La Meca del Cine. El Padrino y El Padrino II habían puesto en la pasarela a galanes como Al Pacino y Robert de Niro que además eran mega actorazos. Detrás de docenas de filmes excelentes estaban directores como Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Brian de Palma y Michael Cimino. Si Sylvester Stallone se volvía un ídolo de multitudes con su saga de Rocky Balboa, Frankie Valli, con o sin los Four Seasons, llegaba al Billboard en su carrera de solista.



Lo que faltaba era un Teen Idol con apellido siciliano y Travolta lo aportó con su trabajo en Welcome Back Kotter. Barbarino se convirtió en un poster para chicas adolescentes, un rostro que en los quioscos de periódicos saludaba al transeúnte desde las portadas de revistas juveniles.



Welcome Back Kotter gustó a chicos y viejosla veíamos con nuestros padresy de todos los colores. Aun así ha recibido sus criticas en la Era Woke como que Barbarino representa a un personaje que se aprovecha de las mujeres o que el Profesor Kotter (siendo judío) es un “salvador blanco”. Es cierto que Kotter era un mártir de su profesión puesto que no solo se ocupaba de educar sus alumnos, además tenía que atender sus problemas personales.

Un motivo recurrente en la trama eran las visitas, fuera del horario escolar, de estudiantes complicados que llegaban al piso de su maestro provocando conflictos con Julie, la esposa de Kotter, que siempre acababa cocinando para los chicos. Por dos años, Welcome Back Kotter tuvo un fandom sólido, un sitial en lo más visto de la televisión y el rostro de John Travolta se convirtió en papel mural de muchas chicas a lo largo del país, pero para la tercera temporada aparecieron señales de que era hora de apagar la luz del aula.



A pesar de que se hicieron cambios como que Los Kotter recibieron gemelas (en un episodio muy jocoso), que Julie entró a trabajar en la escuela de su marido, había problemas con el elenco. Gave Kaplan anduvo en conflicto con la producción tras exigir un aumento de sueldo. Se negó a filmar episodios. Lo convirtieron en subdirector para explicar su ausencia. Por otro lado, los actores ya se veían muy maduritos para parecer adolescentes, hubo un proyecto en que Kotter conseguía empleo en una universidad cercana y que los Sweat Hogs lo seguirían, pero nunca llegó a cuajar esa idea.



El mayor problema es que su mayor atractivo, John Travolta, ya no quería estar en la serie. Su personaje había madurado, encontrado novia, empleo de camillero y se había mudado a su propio departamento. Lo mismo ocurría con su interprete. Travolta estaba dejando atrás a Barbarino. Para 1976 había participado en dos proyectos muy exitosos que le cambiaron la imagen.

Su protagónico en el telefilme The Boy in the Plastic Bubble, demostró lo buen actor que era al dar vida a un caso de la vida real, un chico nacido sin sistema de inmunidad lo que lo obligaba a vivir en una esfera plástica conectado a vario tubos. La película buscaba recrear sus intentos de llevar una vida normal.



 Este telefilme contactó a Travolta con la actriz Diana Hyland que sería su primer gran amor. El que John tuviese amores con una mujer mayor y que interpretase a un delincuente perverso en Carrie, demostraban su versatilidad actoral, pero también un lado oscuro que superaba su imagen de adolescente travieso de Welcome Back Kotter.

La guinda del pastel fue el contrato firmado para hacer dos filmes en Hollywood, interpretando una variación del personaje de Barbarino: chicos de origen italiano semi conflictivos. Antes de hablar de los hoy ya clásicos Saturday Night Fever y Grease, vale decir que aun después de volverse un ídolo, Travolta permaneció con  Welcome Back Kotter hasta su último episodio.  Desde entonces, Travolta no ha superado su rol de muga estrella.

El Galan Disco-lo

Sorprendentemente, lo que llevaría al estrellato a John Travolta seria su don para el baile. 1977 era la plenitud de la Era Disco. Se había creado una subcultura dedicada a bailes como el “Hustle”  y el “Bump”. La popularidad de este estilo de danza que revivía los pasos y reglas del baile de salón había desplazado al caótico estilo go-go de la Era Hippie en las discotecas.



De pronto, saber moverse con los nuevos ritmos se había vuelto una obligación entre los jóvenes de todas las clases sociales, incluso la trabajadora. Fue así que nacía la saga de Tony Manero, un ítalo-americano de Brooklyn que a los 19 años tiene un solo desahogo, el baile.  El filme retrata la vida ítalo-americana de la época y a los jóvenes de una clase obrera insatisfecha. Tony trabaja en una ferretería, no le gusta su empleo, vive con sus padres y hermanos, y se siente la oveja negra de su familia porque no tiene futuro.



Aun en los 70, la predominante cultura WASP (White, Anglosaxon, Protestan) estadounidense despreciaba a los que no era parte de ella. Eso incluía a los  chicanos y a los italo-americanos, que aparte de su origen étnico, solían ser católicos, otro detalle que invitaba al desprecio de la supremacía. Tonycomo Rockyiba a ser un emblema cultural para Los Greasers.

La Fiebre del sábado en la noche presagiaba a Goodfellas y Los Soprano. Sin ser criminales ni mafiosos, Tony y sus amigos representan un grupo de jóvenes que solo encontrará respeto y autoestima en un mundo en el cual sean parte de una institución ítalo-americana que puede estar fuera de la ley pero les otorga una identidad mejor que la que tienen.

Por eso el baile se convierte en metáfora de una vida mejor y legal para Tony. Es lo que le sucede al personaje de Jason Siegel en Freaks and Geeks, pero Apatow insinúa que está mal que abandone sus sueños de ser baterista de Led Zeppelin, concentrándose en ganar un concurso de baile a lo Tony Manero.



Lo cierto es que Saturday Night Fever es mucho más que una glorificación de la música Disco. Es un retrato de las dificultades de la juventud étnica de clase media baja. Los amigos de Tony no son perfectos, son machistas y belicosos. Los vemos pelear contra los Barracuda, una pandilla boricua. Un detalle bonito es que casi al final, después  que Tony gana el concurso, él se da cuenta que hubo un dúo de bailarines (de Puerto Rico) mejor que el suyo, pero que perdieron debido al racismo de los jueces. Entonces el “greaser” les entrega el trofeo.



Sin embargo, ese momento tan conmovedor va a ser destruido por sucesos que yo consideró son el lado oscuro pero realista de lo que no es un filme superficial. Estos incluyen una muerte accidental que pudo ser suicidio y un par de escenas cercanas a la violación, aunque en el espíritu de los 70 no fueron vistas como tal. Una de esas escenas involucra a Tony intentando tener sexo con su pareja de baile, Alexandra (Karen Lynn Gorney) a pesar de las protestas de ella. Sin embargo el final agridulce los tiene juntos.



El rol de Alexandra fue ofrecido a actrices más conocidas como Jessica Lange, Amy Irving y hasta a Carrie Fischer, pero lo obtuvo Karen Gorney quien tenía fama por su rol en la soap opera All My Children. Fue una buena elección ya que su química con Travolta fue evidente principalmente en las escenas de baile.

La Fiebre de… tuvo un éxito inesperado. Fue considerada una de las mejores películas de 1977 y recibió varias nominaciones, incluyendo un Oscar y un Globo de Oro para Travolta que se convirtió en el astro del momento. El filme tuvo un tremendo impacto cultural desde la banda sonora a cargo de Los Bee Gees que se llevaría múltiples premios en la entrega de los Grammys, hasta otorgarle respetabilidad a la música disco y al baile asociado a ella.



En ese entonces se decía que desde Fred Astaire que no se veía un bailarín verse varonil en la pista como ocurría con Travolta que superaba el rotulo de contorsionista, para elevar su arte casi al nivel de ballet. Tony Manero sería un ídolo de masas de adolescentes y no solo los italoamericanos. Mas allá de un poster boy, el actor se convertiría en modelo e influencer para jóvenes que no le temían a la pista de baile y que se esmeraban en copiar el vestuario y el peinado de su actor favorito.

Danny y Los Greaser de los 70

Fue durante la filmación de Fiebre de sábado… que Travolta sufrió la pérdida de su pareja, la actriz Diana Hyland,  debido a un cáncer. Su muerte afectó tanto a Travolta que hasta hubo que detener la filmación. Eso atrasó el otro proyecto, su protagónico en la versión fílmica de la famosa Grease. Cuando se contrató a Travolta para el rol de Tony Manero ya se sabía que el actor sería Danny Zucco, una versión de los 50 del bailarín de Brooklyn.



Grease, escrita por Jim Jacobs y Warren Casey, había debutado en Broadway en 1971, iniciando la locura por Los 50. Cuando el filme debutó el verano de 1978, la obra seguía llenado teatros en todo el país. La película tuvo el mismo éxito. Fue la primera vez que iba al cine sin adultos, y era la segunda vez que me había encontrado con entradas agotadas así era el delirio por ver a Travolta disfrazado del Fonz, porque esa era nuestra referencia. A mi hermana y a mí no nos importó estarnos una hora en una fila de tres cuadras bajo el sol veraniego para poder conseguir butacas.

¡Y como valió la pena ese esfuerzo! He visto la obra de teatro en español y en inglés,  pero nunca ha superado el impacto del filme, de las canciones, del vestuario. Las piezas teatrales no tenían a Dame Olivia Newton-John encarnando a una Sandy australiana. Se agregaron canciones a esta visión casi global de la vida adolescente en un pueblo estadounidense de 1958, y la escena del prom está filmada con un detalle que ni en Broadway pueden igualar.



A pesar de ser un “Greaser” como Tony Manero, Danny Zucco era más joven e ingenuo. Típico adolescente vivía cultivando una imagen de “duro” y “cool” ante sus amigos. Hay cosas que hoy pueden parecer sexistas y reprobables en la trama, pero vamos, se trata de una fábula cincuentera fabricada en Los 70. Por algo a Peacock le fue mal cuando intentó hacer una secuela,  Pink Ladies, imponiéndole sensibilidades woke.

Yo creo que lo que más me molesta , y esto es canon, es el cambio de Sandy que de Sandra Dee se vuelve Mamie van Doren.  A mí me encantó su ropa y el modo de interpretar canciones incluyendo los temas que no son del musical de Jacobs como “Hopelessly Devoted to You” que fue nominada a un Oscar, pero su transformación me parece forzada y una manera de rendirse a la imagen que Danny espera de una chica. 

Al final Sandy se convierte en una copia de Betty Rizzo lo que no es muy atractivo. El bullying que Rizzo somete a Sandy y que desaparece cuando el personaje de Stockard Channing enfrenta problemas sentimentales propios,  también me gustó mucho porque le dio una dimensión más humana a la que pasa por villana de la historia.



Un problema de Vaselina es que las personalidades de los secundarios no llegan a desarrollarse. Es como si se temiese que puedan superar a la pareja protagónica, aunque hay escenas que son totalmente Danny-Sandy.  Me refiero a momentos como la competencia del prom que demuestra lo magnifico bailarín que era Travolta aun sin música disco.

Danny Zucco fue la última interpretación de un greaser para el actor en Los 70s. Por suerte,  John Travolta se negó a ser encasillado. Su próximo gran éxito lo tendría dentro de otra tribu urbana, y otra música que ya había hecho furor en la década. Me refiero a Urban Cowboy y la música country. Hablaremos de eso la próxima semana, si D-s quiere.



BIBLIOGRAFIA

Bondi, Victor ed. American Decades: 1970-1979

Miller, Donald C. Coming of Age in Popular Culture: Teenagers, Adolescence and the Art of Growing Up

Palladino, Grace. Teenagers: An American History

Prescott , Taylor. American Pop-Pop Culture in the 1970s: How a Decade of Upheaval Created the World We Live Today.

Rollin, Lucy. Twentieth Century Teen Culture by Decades

 

viernes, 29 de noviembre de 2019

Las Grandes Miniseries Épicas del Siglo XX (I): El triunfo de lo étnico (Televisión del Ayer)



Para mi cumpleaños recibí Epic Television Miniseries de John De Vito y Frank Tropea. Como los historiadores de la televisión se han ocupado poco de este género, esperaba más del libro. Pero su manera de dividir, incluir y excluir material, además de la simplificación de sus tesis, me han desilusionado hasta el punto de intentar humildemente explicar el fenómeno de la miniserie épica y como tuvo su Edad Gloriosa a fines del Siglo XX.

Nacimiento de la Miniserie Epica
La definición de miniserie es simplísima. Es una narrativa que necesita de varios capítulos para llegar a una conclusión.  Es lo que hoy llamamos “serie limitada”, lo opuesto a una serie “continuada” que puede abarcar varias temporadas. GOT era serie continuada, “Catalina, la Grande” es serie limitada. A pesar de compartir el mismo nombre, las dos temporadas de “The Terror” son series limitadas.

Un distingo de las miniseries estadounidenses del siglo pasado es que se ofrecían los capítulos de manera continuada, en tandas de tres a siete noches. Todavía recuerdo los anuncios: “Tonight! The (astounding, exciting, rousing, thrilling… adjetivos no escaseaban) conclusión of…! “

Esa es una de las primeras diferencias con las “series limitadas” del Masterpiece Theater, que como las modernas, eran un episodio semanal. Esa es la primera diferencia con “Brideshead Revisited”,  la extraordinaria adaptación de Granada del clásico de Evelyn Waugh del que ya hablé cuando mencioné la ficción conectada con las casas de campo inglesas.

Es tan notoria la obsesión de los autores de este libro con “Brideshead” que la han puesto en la cubierta y que se esmeran en incluirla en un examen del género. No reparan que esta serie no es parte de la miniserie craze estadounidense. “Brideshead Revisited” pertenece a una tradición británica y es el resultado esperado de la evolución de las series limitadas de la BBC. Es un puente entre las adaptaciones literarias del “Masterpiece Theater” y “Downton Abbey”.

En realidad, “Brideshead” es parte de la tradición televisiva continental. Antes de yo conocer el “Masterpiece Theater”, ya a fines de los 60/comienzos de los 70 haba visto una adaptación de la RAI de David Copperfield, una versión francesa de El Caballero de la Casa Roja de Dumas, y todas las dramatizaciones de obras literarias de la RTV que les mencioné en otro post.

Magnifica, y quizás superior a sus congéneres estadounidenses, “Brideshead Revisited” sigue el esquema del “Masterpiece Theater” (a pesar de que en Inglaterra debutó en ITV y en Estados Unidos la ofreció “Great Performances”).  Es un continuado semanal. No tiene esa proximidad de anticipación de la vieja miniserie épica.

Los otros intentos de De Vito y Portes de vincular un género totalmente estadounidense con la tradición europea son menos excusables.” Imágenes de un matrimonio” de Ingmar Bergman no es ni siquiera épica y “Berlín Alexanderplatz”, con su crudeza y escenas sórdidas de sexo (que a Mi Pa escandalizaron en su día), más se asemeja a la soberbia “Babylon Berlin” que a productos del otro lado del Atlántico.

El libro tiene ciertos aciertos. Reconoce que el núcleo principal de la televisión estadounidense de fines de los 70 hasta comienzos de los 90 fueron las miniseries. Reconoce que las miniseries nacen como competencia con el producto británico y define como la primera miniserie Bona Fide a “QBVII” en 1974. Sin embargo, deja como ambiguo el final del reinado de la miniserie. Por ejemplo, dice que no puede hablar de “Band of Brothers” porque trasciende los parámetros que el libro ha establecido. No sé qué parámetros serán eso. Aparte de que no se ofreció de manera continuada, “BOB” es para mí la última gran miniserie épica. Una que bien pudo hacerse (tal vez sin los efectos especiales) en los 80 y hubiese tenido igual relevancia y buen recibimiento.

Me imaginé que el libro se referiría a parámetros cronológicos, pero luego habla de “Angels in America” hecha dos años después que BOB y que ciertamente no es una miniserie épica solo una fastuosa y profunda serie limitada del siglo XXI. La miniserie épica corresponde a una mentalidad del último tercio del siglo XX, de un mundo menos global, totalmente desprovisto de los adelantos tecnológicos a los que estamos acostumbrados.

Literatura y los Bestsellers
La miniserie épica, como su nombre indica, debe ocurrir en un mundo épico, o sea el pasado. Esa es la primera característica en común del género. La segunda es que casi todas las miniseries épicas fueron adaptaciones de libros. Eso creo es importante recordar en vista de que vivimos una era de guiones pobres que solo se salvan si se apoyan en algún solido modelo original literario.  De hecho, las miniseries épicas más débiles fueron las que no tuvieron conexiones literarias como fueron el caso de “The Manions of America” o “Marco Polo” (1982).

A diferencia del “Masterpiece Theater” británico que solo trabajaba con clásicos de la literatura universal, la miniserie estadounidense era más amplia de criterio. Tuvimos adaptaciones de clásicos universales como Los últimos días de Pompeya de Bulwer Lytton, clásicos del Siglo XX como Al este del Eden y The Sun Also Rises, pero también de bestsellers del momento como el Shogun de James Clavell y, por supuesto, las Raíces de Alex Haley.

Hubo autores como Anton Myrer y John Jakes que adquirirían fama gracias a las teleseries. Harold Robbins encontró más respeto en la televisión que en el cine para su pulp fiction. En sus comienzos las miniseries se basaron en obras de reconocidos creadores de superventas como Leon Uris (QBVII); Irwin Shaw (Hombre Rico, Hombre Pobre; James Michener (Centennial); y en los 80 llegaría Herman Wouk con su épica de la Segunda Guerra Mundial The Winds of War and War and Remembrance.

Aunque también están basadas en superventas, desligo de la categoría de épicas a esas innumerables adaptaciones de las novelas de suspenso de Sídney Sheldon, los dramas sentimentales de Judith Kranz y las sagas hollywoodenses de Jackie Collins. En cambio, sí califica como épica la adaptación de Lace de Shirley Conran. Será su contenido, sus deslumbrantes y tenebrosos espacio geográficos, o sus monumentales personajes, pero épica es esa idea en que una estrella de cine exactriz pornoreúna a tres mujeres en una suite de hotel para espetarles la épica pregunta: “¿Cuál de ustedes, perras, es mi madre?”

Sobre todo, porque los espectadores, al igual que la protagonista, no sabemos quién es la madre de Lily (Phoebe Cates) sino hasta los últimos minutos del episodio final. Son las conjeturas las que le añaden otro elemento épico a una historia que nos remonta al pasado, a un prestigioso internado suizo a fines de los 50 donde tres jovencitas (no cuatro como en la novela) sueñan con el amor, descubren el sexo y una de ellas se enfrenta con un embarazo no deseado.

De ahí viene un vertiginoso viaje hasta el presente a través del cualen Francia, Inglaterra y Estados Unidoslas colegialas madurarán y encontrarán éxito y felicidad. No así Lily quien enfrentará orfandad, miseria, abuso, hasta caer en el degradante mundo de la pornografía del que surgirá como una estrella dee cine “serio”, pero llena de rencores y preguntas.

Roots y el Lado Oscuro de Ser Minoría
Volviendo al libro, De Vito y Aspen hacen unas divisiones increíbles, por ejemplo, dividen las miniseries épicas en personajes. Hablan de la predominación de duplas “esposa-amante” en las miniseries. Aparte de que tal predominio no existió, por excelente que fuese el género, las miniseries épicas del Siglo XX no se caracterizaron por enfocarse en mujeres, ni siquiera en “los protagonistas aventureros”, otra calificación ingenua del libro.

El primer personaje que los autores destacan es “el esclavo” porque obviamente deciden que el auge de la miniserie épica nace del fenómeno “Roots”. Pero no saben cómo aplicar este personaje a otras miniseries y acaban empalmándolo de mala manera con los protagonistas de “Holocausto”. Curioso porque el gran vínculo entre “Roots” y “Holocausto” no es la esclavitud sino el elogio a la etnicidad.

La Campaña de Derechos Civiles iniciada a fines de los 50 había cambiado el modo en que la sociedad estadounidense percibía a los descendientes de esclavos. La televisión a paso de caracol los integraba a sus series y ya no en roles de sirvientes. Al mismo tiempo surgía un “poder negro” fuera de las pantallas que coloreaba la expresión de figuras mediáticas afroamericanas. Puños en altos por parte de deportistas, críticas al whitewashing de “Julia” y un lenguaje más agresivo que el del difunto Dr. Martin Luther King revisaban la historia y experiencia del afroamericano a la par de exigir justicia, reparación y un lugar en la sociedad blanca.

“Roots” es el cierre de ese capítulo.  Fue publicada el año en que Jimmy Carter llegó a la Casa Blanca con promesas de cambios en la sociedad estadounidense los que incluían mayores beneficios para su población africana. El libro, que por un año fue un superventas, en 1977 se convertía en una miniserie de ocho horas. Premios, aplausos, honores se apilaron sobre este fuerte retrato histórico de la violencia cometida contra los africanos.

En el siglo XVIII, Kunta Kinte (LeVar Barton) un joven mandingo es secuestrado por traficantes de esclavos. Tras un viaje espeluznante es vendido como esclavo en Las Carolinas; cuando intenta huir le cortan un pie; su hija Kizzy (Leslie Uggams) es violada y embarazada por su amo; Tom (George Stanford Brown), nieto de Kizzy, enfrenta discriminación y violencia aun después de la Guerra de Secesión.



A pesar de lo innegablemente estupenda que es “Roots” había mucha amargura en este cuento de abusos y brutalidad. Sin llegar a los excesos de la reprensible adaptación del 2016, donde todos los personajes blancos “buenos” o fueron eliminados o convertidos en villanos, “Roots” incomodó a mucha gente que sin ser racista no quería sentirse como verdugo de todo un pueblo.

Debido a eso, todos recibimos con cariño la llegada de “Roots: The New Generation” que debutó el verano de 1979. No es que esta continuación (estaba basada en los 7 capítulos finales del libro) no fuese cruda en mostrar la violencia del blanco. 

Por el contrario, vemos que Tom es humillado por los racistas y se ve impedido de ejercer el voto. Su yerno Will Palmer (Stan Shaw) tiene un amigo que a fines del Siglo XIX es brutalmente linchado. Simon Haley (Dorian Harewood) yerno de Will es testigo de discriminación en contra de las tropas negras durante la Gran Guerra (incluyendo ejecuciones) y su hijo Alex (James Earl Jones) debe en los 60 entrevistar al líder del Ku Klux Klan, George Lincoln Rockwell (Marlon Brando).
James Earl Jones como Alex Haley y Marlon Brando como George Lincoln Rockwell

La diferencia es que a la par de monstruos, hay maravillosos personajes caucásicos. La serie expande el concepto del racismo. Vemos racismo en reversa (Tom impide a su hija casarse con un joven de raza mixta), hasta vemos un humilde almacenero judío, amigo de los Palmer, al que el Klan quema su tienda. A diferencia de “Roots” el mensaje de denuncia va acompañado de un retrato de la evolución del afroamericano en la sociedad estadounidense y su contribución a esta.

Will Palmer, a pesar de vivir en el racista Sur, establece una prospera barraca; su hija Bertha (Irene Cara) va a la universidad y se casa con un agrónomo, Simon Haley. Tanto Simon como su hijo Alex sirven honrosamente en las fuerzas armadas durante las Guerras Mundiales. Alex se convierte en prestigioso periodista y autor exitoso. La serie acaba en un conmovedor y optimista mensaje: Alex va la aldea del rio Gambia de donde era originario Kunta Kinte y se encuentra con sus parientes africanos.

Ese mensaje universal ilustraría la corriente que adoptaría la miniserie épica estadunidense: un honrar al inmigrante (incluso al traído a la fuerza), a su herencia étnica y a su contribución al crisol de razas que era Estados Unidos. Aunque ahora mucho se desprecia el concepto del Melting Pot, en ese entonces era parte de nuestro credo y nos lo era inculcado por las miniseries épicas.

La televisión de ese entonces se pobló de sitcoms que describían la experiencia de afroamericanos de todos los estratos sociales. A cambio no se volverían a hacer miniseries sobre historia africana o esclavitud sino hasta la tristísima “Queen” (1993) que continuaba la saga de Alex Haley, Ahora sobre la familia de su padre, principalmente de su abuela Queen Jackson Haley encarnada formidablemente por Halle Barry.

A pesar de que Queen nace esclava, hija del “señorito” blanco y aunque es liberada por la Guerra de Secesión, sufrirá mucho a manos de blancos prejuiciosos incluyendo su madrastra (Ann Margret) y hasta del Ku Klux Klan que lincha al padre de su hijo. Sin embargo, la historia mantiene ese lenguaje que apela a gente al margen del mundo afroamericano. “Queen” es la historia universal de una mujer de raza mixta que intenta pasar por blanca, pero al final acepta su color y solo busca que sus hijos tengan una vida mejor.

Como mujer abusada, violada, abandonada, como madre soltera y como paciente de una institución mental, Queen es un personaje con el que pueden identificarse mujeres de todas las razas. Además, la serie si tiene personajes blancos buenos: Jane, hermanastra de Queen; el bondadoso Mr. Cherry patrón de la protagonista y el psiquiatra que le da el permiso de salir del manicomio para asistir a la graduación de su hijo.

El gánster: los Italoamericanos en Miniseries Epicas
Sin llegar a la brutalidad que realmente vivieron los afroamericanos en los Estados unidos, otras miniseries buscarían describir la experiencia y la discriminación sufrida por otros grupos de inmigrantes, principalmente los que hoy se aglomeran bajo el rubro de “blancos”. No fue la televisión la primera en esbozar lo que más tarde se conocería como multiculturalismo.

Primero vino el filme sueco “Los Emigrantes”” con Max von Sydow y Liv Ullmann. Ganadora de un Oscar, esta sería la inspiración para “The New Land” una miniserie del 1974, ambas relatarían las vivencias de emigrantes escandinavos al Medio Oeste de los Estados Unidos.

En 1972, el mundo entero gracias a Francis Ford Coppola conocería la experiencia de la inmigración italiana (y subsecuente invención del crimen organizado) en los Estados Unidos. Es triste que la vida italoamericana fuese reducida, incluso en miniseries, a una humanización de los gánsteres. Siguiendo el modelo de “El Padrino”, nacía en 1980 “The Gangster Chronicles” con hampones guapísimos y románticos y toda una glorificación y glamurizacion del bajo mundo y sus muchas raíces étnicas que culminarían en este siglo en soberbias series como “Los Sopranos” y “El imperio del contrabando.”

Las únicas excepciones en lo que respecta a la semblanza de la peregrinación italoamericana fueron “The Fortunate Pilgrim” también basada en una novela de Mario Puzo y que en 1988 marcaria el debut de la diva Sofia Loren en la televisión americana. Otro (y tristemente olvidado) ejemplo fue la adaptación de The Inmigrants (1977) la primera parte de la trilogía de Howard Fast sobre la Familia Lavetta. Stephen Macht es Dan Lavetta un inmigrante italiano que pierde a su familia en el Terremoto de San Francisco. Ayudado por un grupo de personajes étnicos, Lavetta hace fortuna, se casa con una chica de sociedad, pero solo alcanza la felicidad con Mei Ling (Amy Eccles), la hija de su socio chino.


Mas allá del Holocausto
En los relatos gansteriles también pudimos divisar la experiencia de otras etnias tal como los judíos y los irlandeses. Pero los primeros tomarían por asalto la televisión con miniseries épicas sobre el Holocausto, un género que apenas levantaba cabeza en el cine, pero que animado por el éxito de determinadas miniseries daría lo mejor de sí en los 80 para luego caer en tristes clichés.

Ya he hablado en otro sitio sobre “Holocausto” de Gerald Green y su participación en el auge del género, pero no hay que olvidar que la miniserie épica comenzó con una adaptación de una novela de Leon Uris sobre el Holocausto, QBVII.  Aunque solo se hicieron tres miniseries épicas sobre el tema “QBVII”, “Holocaust” y “War and Remembrance”, se hicieron varios filmes (algunos en dos partes) sobre el tema.

En retrospectiva, me sorprende o incomoda que, a diferencia con los afroamericanos, la experiencia judeo-americana quedase relegada a víctimas del nazismo y a gánsteres. Por suerte hubo un par de miniseries que solucionarían el problema.

Steven Keats en 1975 había protagonizado la soberbia “Hester Street”, un retrato de un matrimonio de inmigrantes judío en la Nueva York de principios del siglo XX donde la adaptación del marido a un nuevo mundo se basa en la asimilación, mientras la esposa (Carol Kane) se aferra a sus tradiciones religiosas y culturales. Siempre dentro del tema, Keats protagonizó en 1977 “Seventh Avenue”.

Basada en un superventas de Norman Bogner, la serie describe el acenso del humilde Jay Black (Keats), un judío de Brooklyn, en el mundo de la confección de ropa (lo que se conocía como “La industria de la aguja”) de Nueva York durante la Depresión. A través de seis horas vemos a Jay hacerse millonario, luchar contra el bajo mundo que quiere dominar su negocio, y decidir qué mujer le conviene la esposa con la que se casó obligado (Dori Brenner) o la diseñadora a la que ama (Jane Seymour).

Casi una década tuvo que pasar antes de que se volviese a retratar en pantalla la experiencia de los inmigrantes judíos. Evergreen el superventas de Belva Plain llegó a la televisión en 1985, obtuvo altos ratings y un Emmy gracias a las poderosas actuaciones de Lesley Anne Warren, Amand Assante e Ian McShane.

 En los 1900, Anna, una chica judía, llega a Nueva York sin dinero ni familia. acaba de criada en casa de los adinerados y muy judíos Lerner, y se enamora del “señorito” Paul (McShane). Pero Anna termina casada con Joseph Friedman (Assante), un judío ortodoxo que cree en el “sueño americano”.
 Pasan los años, los Friedman son ricos pero infelices debido a la inflexibilidad de Joseph. Su hijo se casa con una cristiana y se aleja de la familia. Joseph aliviado ve que Iris, su hija menor, se casa con un doctor vienes, sobreviviente del Holocausto. Lo que Joseph ignora es que Iris es, en realidad, hija de Paul.

Como no es muy fácil ver esta miniserie les cuento el final. Eric, el nieto de Joseph, si está interesado en ser judío, tanto que muere en la primera guerra árabe-israelí (o como nosotros la llamamos La Guerra de Independencia de Israel). Joseph tiene un infarto fatal. El mismo día en que Anna recibe la visita de la esposa de Eric que viene a presentarle a su bisnieta, también recibe una visita de Paul Lerner que nunca ha dejado de amarla. La miniserie termina como en Amor en Tiempos de Colera con dos viejitos que deciden darse una nueva oportunidad.


De los Armagh a los Kennedy
El Holocausto y el cine de gánsteres, para bien o para mal, han convertido a judíos e italoamericanos en personajes reconocibles. No ha ocurrido lo mismo con los irlandeses cuya inmensa contribución a la historia y cultura estadounidense, al igual que la discriminación sufrida por parte de la población WASP (White Anglo-Saxon Protestant) han sido opacadas por las vivencias de otros grupos étnicos.

A pesar de que le tocaría a Hollywood retratar los más brutales ejemplos de discriminación en contra de los irlandeses, me refiero al Batallón de San Patricio y a los Molly Maguires, la miniserie épica no olvidaría a los hijos de Erin. En 1977 debutaba en las pantallas de NBC la adaptación del superventas de Taylor Cadwell Capitanes y Reyes.

Richard Jordan ganó un Globo de Oro por su interpretación de Joseph Armagh un huerfanito que llega a Filadelfia en 1848 huyendo de la hambruna en Irlanda. Armagh logra hacer fortuna y a medida que asciende en la escala social, va perdiendo moral y adquiriendo ambición. Traiciona a su verdadero amor para casarse con Bernadette (un merecidísimo Emmy para Patty Duke), la hija de un senador a la que le hace cuatro hijos a la vez que con su desamor empuja al alcoholismo y a la locura.
Patty Duke como Bernadette Armagh

La gran ambición de Armagh es convertir a su hijo Rory (Perry King) en el primer presidente católico de USA. Para eso lo obliga a divorciarse de Marjorie (Jane Seymour en su primera incursión en la miniserie épica de la cual sería reina) considerándola poca cosa. Sin embargo, antes de llegar a la Casa Blanca, Rory muere en un atentado que copia hasta el último detalle del asesinato de Robert Kennedy. Bueno para todo lector y televidente “Capitanes y Reyes” era un roman a clef sobre los Kennedy.

Antes de hablar de esta familia tan importante en la historia estadounidense, debemos saltarnos 13 años después del debut de “Captains and the  Kings” cuando la ABC decidió hacer algo parecido como marco para hacer conocer al público americano a un tal Pierce Brosnan. El galán irlandés interpretaba a Rory O’Manion, huérfano, cargado con dos hermanitos que llega a Estados Unidos huyendo no solo de la mala cosecha de la papa sino también de la justicia británica. En Irlanda además de matar a un hombre Rory tuvo sus revolcones con la aristocrática inglesa Rachel Clement (Kate Mulgrew). Rachel lo sigue a Boston, consigue que su tío le dé un empleo y se casa con él.

Pasan los años, Rory es millonario, pero su vida familiar es un infierno. Rachel no puede tener hijos, un embarazo pondría en riesgo su vida. Rory se hace amante de una jovencita, Rachel lo descubre, y acaban teniendo sexo violento (a ratos parecía viloacion). Rachel queda embarazada y muere al dar a luz.  De solo acordarme de tamaña bazofia, me dan arcadas. Basta decir que (¡oh anatema!) encontré a Pierce feo y no necesité que en una entrevista Kate dijera que nunca hubo química entre ella y el irlandés.

¿Pero quién necesitaba irlandeses ficticios para miniseries épicas cuando Estados Unidos gozaba de una aristocracia celta apellidada Kennedy?  Fueron Los Kennedys los protagonistas de media docena de telefilmes y miniseries totalmente épicos. Comenzamos en 1974 con William Devane y Martin Sheen como Los Hermanos Kennedy en “Los misiles de octubre”, seguido en 1977 por “Johnnie We Hardly Knew Ye”.  Ese mismo año Peter Strauss protagonizaba el telefilme “Young Joe: The Forgotten Kennedy”.

En 1981 tuvimos a Jackie Smith interpretando a otra Jackie en “Jacqueline Bouvier Kennedy” con James Franciscus como su primer marido. En 1983 Martin Sheen protagonizaba la miniserie “Kennedy” con una estupenda Blair Brown como Jackie En 1985, Brad Davis daba vida a “Robert Kennedy y su época” otra miniserie sobre estos fascinantes irlandeses.

La miniserie épica de los 90 tampoco abandonó a los Kennedy. En 1990 tuvimos “Los Kennedy de Masaachusets” que no solo abarcó las aventuras de los famosos hermanos y sus esposas, también exploró la vida de sus padres y abuelos y el modo en que los irlandeses habían sobrevivido la discriminación y el racismo del mundo de la política. Un año mas tarde, Sarah Michelle Gellar y Roma Downey interpretaron a Mrs. John Kennedy en “A Woman Called Jackie”, con Stephen Collins como Jack Kennedy.
Joseph y Rose Kennedy


En 1993, Patrick Dempsey fue un JFK adorable en “JFK: Reckless Youth” que describía los años mozos del primer presidente católico de Estados Unidos. El ciclo de las miniseries épicas sobre los Kennedy acaboó en el 2000 con otra variación de la vida de la infatigable y glamorosa Jackie en “Jacqueline Bouvier Kennedy Onassis”. Esta vez les tocó a Emily van Camp y a Joanne Whalley dar vida la ex primera dama desde su juventud hasta su segundo matrimonio.

Vale decir que por francas que fueran estas miniseries, trataron con más respeto a los Kennedys que los esfuerzos de este siglo donde “The Kennedys”, “Jackie” y hasta “The Crown “han hecho hincapié en chismes de prensa amarillista antes de mostrar lo que esta familia representó para la comunidad irlandesa en la diáspora.

Si alguien se pregunta por qué hoy no hay miniseries, incluso limitadas, sobre el crisol de razas es porque el revisionismo moderno nos dice que nunca existió una interactuación armónica entre gente de diferentes culturas en Estados Unidos. De ahí que haya tantas series que victimizan a gente de color o promueven la segregación étnica. Únicamente “El Imperio del Contrabando” fue un homenaje al melting pot norteamericano, aunque fuese nada más que en el mundo del hampa.

En la próxima entrega veremos la verdadera miniserie épica, la que giró en torno a eventos históricos. veremos como las biopias del fin del siglo XX decantaron de figuras históricas para cifrarse en actores y millonarios y también revisaremos brevemente las carreras de actores que fueron los reyes del género.
¿Viste alguna vez alguna de estas miniseries étnicas de las que he mencionado? ¿Cuál crees que merecería un remake? ¿Por qué razón nunca ha habido una miniserie épica o no, dedicada los latinos en USA?