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lunes, 13 de septiembre de 2021

Desde las Ruinas de Berlín : “The Defeated” (o Shadowplay)



Fue un placer encontrar en Netflix, este agosto,  el drama germano-canadiense “Shadowplay” o “The Defeated” como se le ha llamado en los Estados Unidos. Se trata de una especie de Noir que tiene lugar en un territorio fascinante, pero desaprovechado: el Berlín de la postguerra. Una lástima que no se le ha hecho más propaganda. A pesar de eso tiene un sólido rating de 7.0 en IMDB. Su problema es el mismo que en el pasado he señalado en otras series alemanas , agreguémosle un héroe anacrónico…Más allá de esas fallas, es muy recomendable.

Un “Rubble Film” Hecho Serie

Shadowplay significa “sombras chinescas” y es también el título de una pieza inédita de Bach cuya partitura es entregada por una de las víctimas de Moritz McLaughlin  (Logan Marshall-Green) como soborno para que este deje de torturarlo. Me parece un título más llamativo que “Los Derrotados” ’que además de soso,  conlleva esa creencia de que el único pecado de los alemanes fue haber sido vencidos.

A primera vista, “Shadowplay” parece una imitación de “Close to the Enemy” la enigmática, por darle un nombre educado, miniserie de Stephen Poliakoff. Taylor Kitsch es un detective de Brooklyn que ha venido a Berlín con una misión, establecer el orden. Para eso tiene que crear un escuadrón de policia, derrotar a un archiriminal y encontrar a su hermano mayor que,  tras sufrir un colapso nervioso,  ha desertado del ejército.





Recordarán los infortunados que vieron “Close to the Enemy” que se trataba de un oficial británico (Jim Sturgess de Los Tudors) que debía convencer a un científico alemán  (August Diehl de Bauhaus) ) de pasarse al lado de los Aliados, y de paso,  encontrar a su hermanito (Freddie Highmore de The Good Doctor) que había perdido la chaveta a causa de atrocidades vistas en el campo de batalla.



Ahí para todo parecido,  “Shadowplay” pertenece al ciclo de filmes del Berlín de la postguerra, “Rubble Films” (Cine de Ruinas)  como “Los asesinos están entre nosotros” y “Alemania, Año Cero” de Rosellini, sin olvidar la joya de Carol Reed,  “El Tercer Hombre”(a pesar de que esta tenga lugar en Viena). Tenemos la misma cantidad de personajes oscuros, de gente desplazada (DP los llamaban las autoridades Aliadas) , de policía que no puede contra criminales que quieren vengar u ocultar su pasado. Mas o menos lo que Joseph Kanon empaquetó en las páginas de su The Good German y que Steve Soderbergh trajo a la pantalla con ofensivos cambios.






Vemos una ciudad despedazada donde niños psicópatas juegan con bombas sin estallar y asaltan a los transeúntes, donde las mujeres o se prostituyen o son violadas,  y donde el que no roba, mata. Es ahí donde Max McLoughlin (Kitsch)  se encontrará con el desafío de crear un departamento de policía.  Para eso tendrá la ayuda de Elsie Garten (Nina Hoss) , una ex catedrática de semánticas que ahora dirige una comisaría instalada en un viejo banco, sin más armas que patas de silla que operan como garrotes, con el teléfono más cercano en la compañía de bomberos a una cuadra de distancia y con un abigarrado equipo formado por ancianos, amas de casa y un adolescente judío llamado Gad (Maximilian Ehrenreich) que es el único sobreviviente de su familia.



Max no haya mucha ayuda en Tom Franklin (Michael C. “Dexter” Hall), un diplomático estadounidense que parece saber mucho, pero comparte poco . Franklin tiene una esposa inglesa llamada Claire (Tuppence Middleton)  que es una especie de barracuda alcohólica que ataca al policía hasta en el ascensor. Max no anda en busca de romances,  tiene tres poderosos contrincantes a los que debe vencer.



Los Tres Desafíos de Max McLaughlin

El primero es el hampón Hermann Gladow (Sebastian Koch) , un médico que ha creado un imperio gansteril gracias a sus abortos clandestinos a mujeres violadas (la especie más abundante en esa ciudad en 1946) para luego obligarlas a convertirse en prostitutas y asesinas. El asesinato de dos soldados estadounidenses pone a Max en la ruta del Engelmacher, el “fabricante de ángeles”, apodo de Gladlow, pero no es el peor enemigo del policía.



Al menos Engelmacher es alguien a quien Max y su equipo pueden perseguir abiertamente y recibir ayuda de las autoridades para atraparlo. Pero Max no sabe que la fiera más peligrosa suelta en Berlín es Izosimov (Alexander G’Vera) , el comandante del sector soviético que opera silenciosamente, incluso utilizando al equipo de Max, para cumplir sus propósitos.



Ha habido quejas por parte de la teleaudiencia de que los rusos son descritos como bestias y villanos totales. Para quienes,  como yo,  hayamos visto un par de series alemanas ambientadas en esa época, ya nos es común ver estos retratos ultra negativos de las tropas soviéticas, tal como las series rusas pintan a todo soldado alemán como nazi fanático dotado de garras y colmillos.

Mi problema no es con la brutalidad y maldad de Izosimov, sino con sus motivos que no nos son explicados. ¿Acaso las últimas palabras de Heinlein , el comandante de la policía berlinesa, antes de ser ultimado por el ruso, de que no quieren ‘gente buena” en Berlín sea cierto?  Izosimov tortura a Gad y chantajea a Elsie,  los únicos personajes realmente buenos de la serie.



Mas complejo es el tercer enemigo, el Sargento Moritz McLaughlin. Aparentemente, el hermano mayor de Max es un esquizofrénico diagnosticado y la duda es como el ejército no lo notó al reclutarlo. El General Wright le dice a Max que su gran remordimiento es haber enviado a alguien con los problemas psiquiátricos de Moritz al campo de batalla.

Bajo las órdenes del General Wright, Moritz es uno de los primeros soldados estadounidenses en entrar en Dachau. Lo que ve ahí es lo que los psiquiatras han advertido será el detonador necesario para liberar la violencia que lleva adentro. Tras ejecutar sin juicio a los guardias del campo (un episodio real,  solo que no fue llevado a cabo por un solo soldado)  el Sargento McLaughlin deserta.



El ejército no se molesta en buscarlo. Moritz,  suelto en una ciudad sin ley,  se dedica a rastrear a ex nazis para torturarlos antes de matarlos. Cuando se entera de que su hermano está en Berlín ,Moritz lo pone a cargo de deshacerse de los cadáveres. Este es el tercer criminal del que Max debe encargarse, pero el policía acaba convirtiéndose en cómplice.

Paralela a la historia de Max es la de Karin (Mala Emden de Charite at War) . una paciente del Engelmacher que consigue un bono, la posibilidad de matar a palos a sus violadores. Solo que Elsie la descubre. Karin tiene un solo camino,  seguir trabajando para su benefactor, ahora como sicaria.



Karin no es un personaje que me inspire lástima. Tal vez porque sepamos poco de ella antes de su ataque. ¿Como fue su vida durante el nazismo? ¿Fue participante activa o pasiva? Hay una impresión , como con Moritz, que se trata de una psicópata sanguinaria que ha encontrado una salida a su violencia.



Un Polizonte Malhablado y Anacrónico

Han habido quejas de que los estadounidenses son retratados como héroes, no es algo que yo perciba. Nos describen a los americanos como violadores,  sádicos, esposos golpeadores y traficantes de obras de arte. Vale recordar que la serie no es un producto de USA.  Se trata de una coproducción germano-canadiense e incluso el personaje de Max tiene poco de heroico.

Para mí es lo peor de la serie y,  no es como se quejan los espectadores,  porque Taylor sea mal actor o que su acento de Brooklyn sea tan falso como las buenas intenciones del Engelmacher.  Es que es totalmente anacrónico. Su modus operandi, su look desaliñado y ese idioma de hip hopero del Siglo 21… Nadie más usa tantas palabrotas como él, en la serie y por mal hablado que fuese un rudo polizonte no soltaría tantos ternos delante de las damas. No en esa época.



Aparte de lo increíble del personaje,  también es inconcebible que para adiestrar a la policía berlinesa se trajese un detective de poca monta, sin conocimientos de historia contemporánea, que no ha servido en el ejército, que no sabe tratar a sus superiores y que ni siquiera habla el idioma del país.

Hay intentos de imitar a “Babylon Berlín” con este inspector novato que llega a una urbe cuya dinámica desconoce. El l Engelmacher recuerda a otro médico metido a criminal, el Dr. Schmidt. Solo que él sí tenía motivos para huir del mundo normal y vengarse. También la escena en que Izosimov tortura a Gad recuerda una escena similar de los soviéticos torturando a un trotskista en “Babylon Berlin”. Pero existen dos diferencias. La violencia en BB nunca es gratuita y el Berlín de Gereon Rath y los sucesos históricos que experimenta el policía de Colonia o de los cuales es testigos, son fidedignos. No así en ‘The Defeated” que alterna innecesarias escenas de gran lentitud con el gore de las proezas de Moritz y Karin en el ejercicio de su ira contenida.

Hora es de hablar de la historicidad del argumento. Como les ocurrirá a ustedes, hay mucho que no sé del periodo de postguerra . Debido a lo cual estoy creando un espacio en mi biblioteca para ese tema. Gracias a esoy también al sentido común veo cientos de disparates que entorpecen el seguimiento del libreto. Paso entonces a darles un curso acelerado de la Alemania de 1946.

Policía Alemana: Antes y Después del Tercer Reich

En 1936, la policía alemana desapareció. Pasó a formar parte del aparato del Reich bajo el comando de Heinrich Himmler. Toda la Ordnungspolizei o policía uniformada,  que incluía gendarmes, bomberos, guardacostas y defensa civil, se volvió parte de la SS, lo que conllevó que sus miembros fuesen activos participantes en el programa de genocidio.

En el verano del ’46, los policías germanos o estaban siendo sometidos a juicio o pasando por un proceso de desnazificación. Todos eran personas non grata par la administración aliada. Nadie quería miembros de esas organizaciones en cargos públicos.



Acabada la guerra, Alemania fue dividida en cuatro sectores. Cada uno bajo la jurisdicción de la autoridad militar de un poder aliado. A su vez,  la capital , Berlín, que estaba en territorio soviético,  fue repartida entre estadounidenses, franceses , británicos y soviéticos. Toda actividad criminal era investigada por la policía militar. A los delincuentes se les juzgaba en tribunales militares y se les encarcelaba en prisiones militares.



La ironía es que el sector ruso, que en la serie se ve tan reprimido, fue donde se creó en 1946 una policía alemana. La Volkpolizei (policía del pueblo) compuesta por alemanes veteranos de las Brigadas Internacionales y soldados comunistas de la Wehrmacht. La intención soviética era crear una Alemania marxista, simpatizante de los ideales estalinistas.  Para eso había que rehabilitar a nazis tibios y promocionar la actividad de alemanes comunistas. Esa fue la diferencia entre la ocupación soviética y la de los aliados angloparlantes.

Aun así, en las otras zonas de Berlín, el auge del crimen obligaba a veces a buscar apoyo en personal autóctono. Este no debía estar vinculado con ninguna organización del Tercer Reich y debía seguir un programa de adiestramiento proporcionado por la misma policía militar del ejército de ocupación.  Aquí vemos un video de este personal auxiliar siendo entrenado por policías militares británicos en la zona de Hamburgo.



“The Defeated” no miente cuando señala que los mayores crímenes de la época eran asesinatos y violaciones, seguidos por robo, trata de blancas y contrabando/mercado negro. Con esos prejuicios de almaceneros de los anglos se partió de la base que todo el contrabando y mercado negro estaba en manos de los sobrevivientes de campos de exterminio que ahora estaban hacinados en los mismos espacios donde los habían encerrado los nazis.  Aunque si existía, por necesidad, contrabando dentro de esos espacios, los grandes señores del matute trabajaban en libertad y en zonas urbanas.

Los Aliados angloparlantes comenzaron a reclutar alemanes para que los ayudaran en la investigación del mercado negro. Obvio que era más fácil lanzarse contra los judíos que estaban desarmados y amontonados en un solo espacio. En la zona de Hamburgo se acusó de contrabandista a Josef Rosensaft que era también el líder de los refugiados de Bergen Belsen.

 Según Ben Shepard narra en The Long Road Home (El largo camino a casa) en febrero de 1948, se presentaron policía militar británica y sus auxiliares teutónicos a inspeccionar el campo. Rosensaft se sentó a deliberar on los británicos y tras acordar que ningún alemán entrase en Belsen, se procedió al allanamiento. Se encontraron algunos cartones de cigarrillos y una vaquita. Todo acabó en disculpas y fue hecho en buena forma.

                                               Josef Rosensaft en el medio

La razón para tanta diplomacia es que existía un precedente que nadie quería repetir. Dos años antes, en Stuttgart, como cuenta Ruth Gay en Safe among Germans (A salvo entre los alemanes),  la policía militar estadounidense armó a sus auxiliares alemanes y les permitió allanar un campo de detenidos. Los auxiliares entraron,  acompañados de perros policiales,  dando gritos y tiros al aire,  con la sutileza germana que los caracteriza. Esta vez sus víctimas no iban a ser pasivas. Los DP comenzaron a lanzarles proyectiles que los auxiliares respondieron a balazos matando a un sobreviviente de Auschwitz llamado Samuel Danzinger.  El único contrabando que encontraron fue un par de cajas de huevos.

Como era de esperarse este desafortunado incidente causó gran revuelo en la prensa y de ahí ya no se volvió a armar a los auxiliares, ni se les permitió actuar sino bajo supervisión de la policía militar Aliada. Por lo tanto, ya la premisa de “Shadowplay” está errada. No existía un  “jefe de la policía de Berlín”( y menos de uniforme). como Heinlein. Ninguna autoridad aliada occidental pretendía crear una fuerza de policía autóctona y menos traer a un civil de Brooklyn para organizarla. NI cuando se reconstruyó la policía en la Alemania Federal,  en 1950,  se hizo algo parecido.

El primer y evidente error de “Shadowplay” es la llegada de alguien tan neófito, ignorante y mal preparado para el trabajo como es Max. Si ya había un historial de problemas con los auxiliares, se necesitaba de alguien muy bien informado para adiestrarlos. Además, la misión de Max es muy ambigua, No se sabe quién lo reclutó, ni quien le da ordenes, ni a quien le rinde cuentas.



Max le dice a Izosimov que lo enviaron del Departamento de Estado, una institución que no tenía nada que decir sobre los manejos de la ocupación Estadounidense.  Es imposible que su superior sea un diplomático como Tom Franklin. No había ni diplomáticos ni civiles involucrados en la administración de Berlín sino hasta 1948.



Max no viene con un plan de adiestramiento, su relación con sus subalternos es mínima y nunca parece estar donde se le necesita. Por último, el tipo de agentes de policía que se reclutaría de entre la población civil no corresponde al perfil de “los espantapájaros” de Elsie Garten: un adolescente, un ama de casa y ex ballerina, una catedrática. Carecen de la energía, la voluntad, la sagacidad y sobre todo la fortaleza que debe caracterizar a un funcionario de la ley.

Como vemos estas personas, llenas de buenas intenciones, acaban siendo chantajeadas y torturadas por los rusos y los mismos criminales. Esto nos lleva a hablar del reino de delincuencia que era Alemania en ese entonces.

El Reino del Crimen en Europa

Para 1946, Berlín era la capital del crimen, pero todo el país era un hervidero de delincuentes. Asesinatos, violaciones, robos, contrabando y mercado negro eran pan de cada día y en estos ámbitos del hampa, los enemigos de ayer colaboraban con sus víctimas del pasado. Hasta los lobos se volvieron malandrines. Durante el frio invierno del 1945-1946, manadas de lobos entraron en la Berlín destrozada y atacaron a la gente. Es un espectáculo casi medieval que merecería un filme. Pero también había lobos humanos como nos relata Douglas Botting en su From the Ruins of The Reich (Desde las ruinas del Reich) sobre una carnicería berlinesa clandestina que comerciaba con carne humana

Si lo de los lobos delincuentes es de la Edad Media, del Lejano Oeste es lo que nos recuerda otra manifestación de criminalidad en esa Alemania de posguerra: los asaltos a los trenes. Había un sinnúmero de bandas de maleantes compuestas no solo por DP, pero también por delincuentes comunes y desertores, incluso de los del ejército estadounidense. Una de las más famosas,  la Banda de la Lehrter Banhof estaba compuesta por alemanes y desertores rusos. En 1946 se dedicaba al asalto de convoyes de comida.

Aunque pronto los actos delictivos se localizaron en bandas que conformarían el mundo del hampa, la mayor parte de los delincuentes tenían menos de 18 años y como nos muestra “The Defeated” hasta los niños delinquían para sobrevivir. En ese ambiente es casi posible que floreciese una banda de prostitutas vengadoras y de pacientes agradecidos como la que lidera el Dr. Glastow. ¿Existió tal personaje?



El verdadero “Doctor” Glastow se llamó Werner, nació en 1931 y comenzó su carrera criminal en 1946 cuando apenas tenía quince años. Tras un rato en la cárcel for sus actividades de mercado negro, formó su propia pandilla modelándola al estilo de los gánsteres que veía en el cine. Vestidos elegantemente como Al Capone, al comienzo fueron vistos como Robin Hood. Gladow se hacía llamar ‘Doktor” porque aseguraba haber estudiado un año en la facultad de medicina. Pronto hasta el pueblo lo consideró como un criminal peligroso y un asesino. Fue juzgado y ejecutado en e1950 cuando todavía no cumplía 19 años.



Los Aliados consideraban como crimen todo tipo de venganza personal. Aun así, no solo los judíos, sino también los polacos, las grandes víctimas del nazismo,  estaban empeñados en vendettas contra sus antiguos verdugos. El método utilizado por los Aliados fue  “encarcelar” literalmente a los sobrevivientes en los antiguos campos de concentración, pero la medida,  aparte de censurable,  resultó infructuosa en lo que se refiere a venganzas.

Gad, Nakam y los Judíos

Las series alemanas sobre la Segunda Guerra Mundial suelen ser muy imprecisas en lo que se refiere tanto a las atrocidades cometidas en contra de los judíos como en la descripción de estos últimos. En “Shadowpay” tenemos un token Jew,  el adolescente Gad,  parte de la nueva policía.



Elsie le cuenta a Max que Gad pertenece a una familia que por generaciones ha servido en la fuerza policiaca berlinesa hasta que los nazis tomaron el poder. Toda su familia fue deportada , él es el único sobreviviente. Aparentemente, Gad representa a los judíos que buscan reconstruir una nueva Alemania, pero no todo es positivo respecto a él.

En busca de información sobre Elsie, Izosimov rapta a Gad y lo tortura. Después que le han arrancado dos uñas, Gad le cuenta al soviético que Elise anda buscando a su marido, Leopold Garten. Esta no es una información privada y bien pudo Gad haberla presentado sin perder las uñas, pero la serie nos trata de decir que a)  Izosimov es un sáfico y b) los alemanes no pueden confiar en los judíos puesto que apenas le aprietan un dedo los traicionan. Es cierto que tanto Elsie como una de sus colaboradoras pasarán informaciónuna a Izosimov, la otra al Engelmacherpero lo harán a cambio de proteger a sus seres queridos.





En la búsqueda de su hermano, Max descubre un vínculo ente Moritz y “Nakam” un grupo de judíos que quieren vengar el Holocausto matando alemanes. Efectivamente, Nakam (”venganza” en hebreo)  existió. Fue fundada en Lublin, en 1945, por Abba Kovner poeta sionista, ex comandante partisano y sobreviviente del ghetto de Vilna. Al final de la guerra, desquiciados ante la masacre cometida contra su gente, Kovner y otros compañeros decidieron que solo la Ley del Talión podía compensar lo ocurrido.



Su mayor hazaña ( y Gad se la cuenta a Max)  fue envenenar, con pan con arsénico,  a dos mil SS que estaban en un campo de prisioneros en Nuremberg. Solo 200 envenenados tuvieron que ser hospitalizados y no hubo muertos. A comienzos de este siglo, el aparato legal de la Alemania reunificada buscó extraditar y juzgar a los sobrevivientes de Nakam.  Eventualmente, los cargos fueron olvidados debido a “circunstancia atenuantes” y a que no hubo víctimas fatales.

Para contactar a Nakam, Gad lleva a Max al Hospital Judío en Iranischstrasse y el chico habla con un rabino que está presidiendo un ensayo de Bat MItzvah. Todos se ven muy sanos y felices como si no fueran sobrevivientes de horrores.  El rabino se altera al oír el nombre de “Nakam” y le dice a Gad que tiene dos opciones:  emigrar a Palestina o quedarse en Alemania, pero que abandone cualquier plan de venganza. “No puedes tener paz y venganza también”.

Hay varias cosas en esta escenario que no corresponden. Efectivamente, la sinagoga del Hospital Judío volvió a funcionar para el 46. El líder espiritual con el que charla Gad es el Rabino Kahane,  un rabino ortodoxo de Polonia que había llegado en 1945 con las fuerzas soviéticas. Lo discordante es la incredulidad de Max al ver una institución judía que nunca dejó de funcionar bajo Hitler y la inhabilidad de Gad para aplicar el motivo por el que los Nazis no la cerraron. Lo que dice Max que pareciera que el Holocausto nunca ocurrió es peligrosa en una serie de un país que, si pudiera hacerlo, convertiría el Negacionismo en política de estado.

                                    El Hospital Judío de Berlín hoy en dia

Esta es la verdadera historia de Hospital Judío construido en el siglo XVIII y que por más de un centenar de años atendió a pacientes de origen hebreo y arios. El hospital era gigante, albergaba una sinagoga y una residencia de enfermeras,  a la par de laboratorios y otras facilidades. A mediados de los 30, se prohibió a los arios atenderse en hospitales judíos. pronto los médicos y trabajadores de salud judíos enfrentaron la prohibición de servir en instituciones arias. Un sitio donde podían practicar su profesión era el Hospital Judío.

La ironía es que no escaseaban pacientes. Cuando se ponía en peligro la vida de algún prisionero importante en los campos de concentración,  que se fundaban a diario en el Tercer Reich, se les enviaba ahí hasta que se ponían bien y debían ser regresados a sus prisiones. A medida que se expulsaba a pacientes judíos de otras instituciones, estas eran trasladas al Hospital Judío. Así se crearon alas para enfermos contagiosos, secciones para los enfermos mentales y hasta un orfanato.

El hospital se mantenía solamente a base de donaciones de su misma comunidad. A partir de 1942, el sitio adquirió otra función, muy siniestra y que explica el que no se le clausurara. La implementación de la Solución Final convirtió al hospital en una especie de mini ghetto, además de ser una estación de paso para los que eran enviados a los campos de la muerte. Así fueron exterminados los que sufrían enfermedades infecciosas, los huerfanitos y los pacientes mentales. Estos últimos fueron fusilados en masa en un bosque cercano al campo de Saschenhausen.



Hasta el final de la guerra, el hospital fue dirigido por Walter Lustig. Casado con una mujer aria, Lustig estaba exento a ser deportado. En su posición de mandamás, él era quien organizaba las listas de deportados para los Nazis. Acabada la guerra, los soviéticos reconvirtieron el hospital en un sitio de salud y vida. Al Dr. Lustig le dieron otra posición elevada como “Víctima del Fascismo”. Esto duró hasta que llegaron a las autoridades soviéticas relatos sobre la colaboración de Lustig en el Holocausto. Rápidos para despachar estos asuntos, los soviéticos lo ejecutaron sin juicio. ¿Porque nada de esto se menciona en “shadowplay”?

La Eterna Victimización Germana

Tengo un gran problema con esta serie, cuya segunda parte está en progreso de filmación. Es algo endémico de la series germanas de la Segunda Guerra Mundial, el retratar a los alemanes como sobrevivientes victimizados cuando la realidad es que los verdaderos sobrevivientes eran las víctimas de los alemanes nazis. Para conseguir esa imagen de víctimas deben mostrarnos a los Aliados como asesinos, violadores, torturadores sin mostrar lo que los alemanes hicieron con los rusos, los judíos, y su mismo pueblo.

Sin embargo,  casi no vemos nazis. Las víctimas de Moritz o están muertas o nos dan lastimas las torturas a las que las somete el psicópata. Por eso se pierde la acusación de Moritz a la achicharrada Bertha Spiel de que ella colaboró en los experimentos médicos de Ravensbruck.  No entendemos realmente porque hubo judíos como los de Nakam que creían su deber sagrado vengar a los muertos (sin el sadismo de Moritz obviamente)  Por eso La frase “ninguno es inocente” que Franklin aplica a los berlineses suena a prejuicio. Hasta las escenas en Dachau parecen difusas como si se tratase de cinco flacuchentos en el patio de una prisión.

Incluso los alemanes “buenos” no nos cuentan que hicieron durante la docena de años en que los nazis controlaban la vida de todos los habitantes del Reich. Elsie le dice a Claire “no todos fuimos miembros del Partido”, pero está mintiendo. Si ella no hubiese tenido tarjeta no hubiese podido enseñar en la universidad.Cuando Elsie le dice a Gad que “D-s se olvidó de Berlín” está hablando de las desgracias que cayeron sobre esa ciudad al final de la guerra, no sobre los horrores que los nazis cometieron por más de una década,  y no todos en contra de judíos.



El que desconoce la historia verá solo pobres alemanes víctimas de bombardeos y de atropellos aliados. Se imaginará que antes Berlín era un paraíso idílico donde Trude bailaba ballet, Marianne tenía un hijo vivo, Elsie acompañaba al trabajo a su esposo y Karin, toda sonrisas, servía steins de cerveza al eminente ginecólogo Hermann Gladow. ¿Y los judíos? Ah pues como se iban a quejar si los nazis les dejaban un inmenso hospital, hasta con sinagoga. ¿Crímenes nazis? Invenciones de dementes como Moritz y rencorosos como los de Nakam.

Escuchando los comentarios del Gato Rafa , a raíz del primer episodio de “Shadowplay” me doy cuenta de que consiguieron su propósito de retratar a los alemanes como mártires de una guerra en la que parece no tomaron parte.  Nunca he creído en culpas colectivas, pero la realidad es que,  con pocas excepciones el pueblo alemán no estaba compuesto de víctimas circunstanciales sino de personas que en su momento habían sido testigos-cómplices de los crímenes del nazismo.

El hecho de que en la serie ni un solo personaje denuncie el régimen de Hitler es muy significativo. Tal como hasta hoy la resistencia alemana, viniese de comunistas, grupos religiosos o las fuerzas militares, es un tema que incomoda a los alemanes que o pretenden no saber nada sobre su existencia o consideran a sus miembros como traidores.

Shadowplay no está exenta de méritos. El mayor es su soberbia atmosfera histórica. A diferencia de otros trabajos recientes sobre el tema como El Desertor, no se cifra en CGI. Encontraron una refinería de azúcar abandonada que data de la ocupación rusa. En este amplio terreno crearon un Berlín en ruinas.



El vestuario también es muy adecuado sobre todo en el contraste de la ultima moda de Claire con los cuasi harapos con que cubren sus carnes las berlinesas.  Tal como el vestido que Elsie usa para visitar a su esposo en la cárcel que parece hecho con un mantel y es que en una ciudad sin telas , las mujeres hacían sus vestidos con cobijas viejas, servilletas y cortinas. Penar que Goebbels quería convertir a Berlín en la capital de la moda europea.


                                         Max y Elsie con su vestido de mantel

 Yo recomiendo esta serie, pero véanla como lo que es:  una historia alternativa que a ratos puede sentirse confusa sobre todo para quienes saben poco del periodo. Oh y les aviso, no es woke. Ni un personaje gay o de color.