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martes, 24 de diciembre de 2019

Felipe en la Edad del Climaterio: The Crown 3x05 y 3x07



En mi entrada anterior señalé el fastidio que Peter Morgan siente por los Battenberg, pero de todos ellos el que más detesta es el Príncipe Consorte. En la primera temporada de “The Crown”, nos lo mostró como un vividor infiel; en la segunda,  Felipe, fue un padre brutal; y ahora nos presenta un fardo inútil que frenéticamente busca encontrarle relevancia a su rol.

La Conspiración de Morgan contra el Duque de Edimburgo
Después de la publicación de su libro The Crown Dissected, Hugo Vickers se ha atrevido a atacar el programa frontalmente en este artículo en The Daily Mirror. La preocupación del experto en realeza y semi oficial biógrafo de la Familia Real es que el programa presente velados mensajes antimonárquicos. Ni tan velados, Don Hugo.

Vickers nota la agenda republicana en dos factores, uno es la cantidad de patrañas que incluye el programa. Alarmante es que, según el biógrafo, han aparecido nuevos documentales que se apoyan en “The Crown” como fuente de autoridad. Mayor razón para desconfiar de los documentalistas cuya pereza mental con esto queda confirmada.

El otro factor es que, en la serie, aparte de Isabel, no parece haber en la Familia Real nadie competente ni digno de confianza. Como dice Vickers,  queda la impresión que una vez muerta la reina, nadie podrá llenar sus zapatos y será hora de proclamar la república. Como saben, hace rato que me quejo del anti-monarquismo y de las engañifas de Morgan, pero donde más claro se nota su siniestro plan es en lo que respecta Felipe.

Tras exponerlo como mal marido, mal padre y un inútil descontento con todo, ahora ya en su vejez nos lo presentan como alguien que necesita un empleo, un hobby, algo que no lo haga sentir tan anónimo. Por eso en “Bubbikins” lo vemos enfrascado en un documental sobre la Familia Real. Toda la génesis de documental “Familia Real” (Royal Family) es descrita como grotesca.

Según “The Crown”, en 1967, el Duque de Edimburgo hace el loco en “Meet the Press”, un programa de televisión estadounidense. Esto se entrecruza con la negativa del gobierno laborista de subirle la mesada a los Windsor-Mountbatten. A Felipe se le ocurre la brillante idea de que si pueden demostrar lo arduamente que trabajan se vería con buenos ojos lo del aumento de sueldo.

La idea del Duque es filmar un documental sobre la familia real así en famille, sin tapujos, como si fuera un reality show. El único que cree que es una gran idea es el pobre Príncipe Consorte. Su mayor crítica es Ana, su hija predilecta. No sabemos lo que opinan los otros hijos porque no aparecen en el documental.

Felipe está tan obsesionado con el documental que se niega a rescatar a su madre en peligro de la Junta de Coroneles que ha tomado el poder en Grecia. Por supuesto que el documental es un fracaso. La prensa lo hace pedazos, sobre todo John Armstrong un joven periodista de The Gurdián (¿cuándo no?) Interpretado por Colin “Merlín” Morgan, Armstrong ha estado escribiendo lapidarios reportes sobre Los Royals desde que Felipe metiera la pata em “Meet the Press”.

El Duque toma una medida desesperada y concierta una entrevista entre Armstrong y Ana, la más “normal” de la familia. Como si fuera una comedia romántica, Ana envía en su lugar a su sorda y anciana abuela. Alicia se gana a Armstrong con su saga de ovarios achicharrados (cierto) y electroshocks (falso). Conmovido por el artículo, Felipe tiene una epifanía y se acerca a su madre a pedirle perdón. La reina exige que se oculte el documental para que nunca más abochorne a la familia.

El Royal Reality
¿Ok, cual es la verdad?  Felipe estuvo presente en “Meet the Press”, pero eso ocurrió en noviembre de 1969, cinco meses después del debut de “Royal Family” en la BBC. Nunca se planeó usar el documental para demostrar lo trabajadores que eran en esa familia.

La idea no vino de Felipe sino de su primo político, Lord Brabourne (yerno de Dickie Mountbatten. Morgan perdió una excelente oportunidad de convertir esto en otro complot Mountbatten) quien planeó el proyecto junto con William Heseltine, el nuevo secretario de prensa de la casa Real

El plan era  que, en ese mundo radical, contestatario, hippie de 1969, el público viese el lado humano de la Reina Isabel y su familia. A Felipe le encantó la idea, a la reina no tanto, a la Princess Royal no le pareció para nada. Sin embargo, Isabel finalmente aceptó. Se contrató a Richard Cawston para dirigirlo, a Michael Flanders para narrarlo y fue un esfuerzo conjunto de la BBC y la ITV.

El documental cubre los quehaceres de la Familia Real en su vida oficial y en su intimidad, incluyendo el viaje a Chile en noviembre de 1968. En este programa aparecen la soberana, su marido y todos sus hijos, al igual que Margarita y su familia. La Princesa Alicia llevaba más de un año viviendo en casa de su nuera y no apareció porque estaba ya muy delicada de salud.

Se esperaba que el documental fuese un acompañamiento para la investidura del nuevo Príncipe de Gales (que en este capítulo no aparece ni en pintura). La reina vio y aprobó el programa un mes antes de este salir al aire. Ella y su marido solo tuvieron un reparo, una escena en que accidentalmente Carlos golpea a su hermanito con la cuerda de su cello, pero finalmente la incluyeron.

“Royal Family” debutó en las pantallas de la BBC, en versión blanco y negro, el 21 de junio de 1969.  Su sintonía fue altísima al igual que la de su repetición una semana más tarde por ITV (en colores). De ahí pasó a ser transmitida en Australia y en la America angloparlante.

Debido a que fue ofrecida un sábado, The Guardian no se interesó en reseñarla. John Armstrong nunca escribió ningún artículo porque John Armstrong nunca existió. Los pocos periódicos que reseñaron el documental tuvieron reacciones mixtas. The Times lo elogió, pero el crítico de cine, entonces empleado de la BBC, Milton Shulman se quejó de que este programa trivializaba a La Corona.

 En privado, Sir David Attenborough le dio su visión de antropólogo a Richard Cawston:  “Toda la institución depende de su mística y del jefe tribal en su tienda. Si algún miembro de la tribu husmea dentro de la tienda, entonces se daña todo el sistema de liderazgo tribal y la tribu se desintegra”.

El público tuvo reacciones igualmente diferentes. Hubo quienes odiaron el quiebre del protocolo y la desaparición del velo del misterio que envuelve a la realeza (como el Doctor Ernesto Medalla que se horrorizó al descubrir que la reina usa Tupperware).  Otros gozaron con la cercanía a ese mundo privado. Para quienes vimos “Victoria” es parecido a la reacción del pueblo cuando se “liquean” bosquejos que muestran a la reina bañando a sus hijos.

La serie nos dice que todas las reacciones fuero negativas y que la reina ordenó retirar el reality de circulación. Por el contrario, el documental fue tan exhibido que ese año Isabel lo usó como mensaje navideño. “Royal Family” siguió mostrándose completo hasta 1972 en que la reina consideró juicioso guardarlo. Había tenido su momento y había cumplido su propósito. En el futuro habría otras maneras mediáticas para que la Familia Real llegase a su pueblo. A propósito, yo vi varios clips en 1981, cuando para celebrar la boda de Carlos y Lady Di, la PBS los pasó, también una pantomima escrita, actuada y dirigida por El Príncipe de Gales.

Mostrar el documental a) como un fracaso total y b) como un proyecto desatinado que solo puede salir de la afiebrada mente de un Felipe empeñado en demostrar su relevancia es totalmente falso.

Felipe al Borde del Ataque de Nervios
Sin embargo, esa desesperación es un leitmotiv de esta temporada. En “Coup” vemos a Felipe lleno de celos e inseguridades por un viaje de su mujer y Porchey. Como les he dicho, ese viaje no tuvo lugar por lo que me horroriza que haya reseñadores que leen entre líneas y creen que la serie insinúa que el viaje fue una excusa para que Isabel y su caballerizo se revolcaran en el pasto azul de Kentucky. ¿En una serie que nos muestra gente desnuda y encamada, creen que serían tan sutiles para hacernos creer que hay un affaire entre un par de amigos que se la pasan viendo caballos y comiendo?

El caso es que Felipe si lo cree porque según Morgan en ese tiempo Felipe era presa de inseguridades, y tuvo una crisis típica de los que alcanzan el climaterio en que cuestionaba su vida, logros y decisiones. Según la historiadora y biógrafa de la realeza Sally Bedell Smith , dicha en una entrevista telefónica con  la NBC, eso es imposible. “Él siempre ha sido seguro y dotado de confianza en sí mismo”.

 Felipe por entonces no solo tenía muchos hobbies y proyectos, además en 1969 acababa de meterse en uno nuevo en contra de la contaminación ambiental. Estaba demasiado ocupado para andar inmerso en problemas metafísicos. Puede que se haya interesado desde el punto científico-tecnológico en el alunizaje, pero de ahí a volverse un fanboy idolatra…es que dio vergüenza ajena.

Un hombre que peleó una guerra mundial en dos frentes, que desde la infancia conoció gente importante y poderosa, y que ha visitado las junglas de Nueva Guinea y los hielos de la Antártica no puede caer en esas extravagancias de colegiala o groupie. Ni menos creer que el trio de astronautas—dos de ellos militares de carrera—se hubieran metamorfoseado en dioses nada más que por caminar en la luna.

Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins fueron de visita a Buckingham Palace. Estaban acatarrados, Armstrong tosió en la cara de la reina, Collins se cayó por las escaleras, pero no hubo reunión privada para que Felipe se desilusionara con sus ídolos. Si la hubiese habido, Aldrin le hubiese contado que es el único hombre en el universo que ha comulgado en tierras selenitas. Un presbiteriano devoto, el Coronel Aldrin solicitó permiso de su pastor para portar una hostia al espacio y tomó la comunión una vez que había pisado la luna.
La reina y los astronautas

Todo el episodio fue grotesco desde Felipe arriesgando su vida y la de su copiloto para jugar con su avioncito hasta la arrogancia insolente con la que el Duque se dirige al grupo de clérigos amparados por el Deán Woods. Como dicen los créditos finales, el Príncipe Felipe y el Deán fueron amigos de toda la vida y fundaron juntos La Casa St. George,  un espacio de retiro para pastores en crisis. Solo que tanto la fundación de St. George como la amistad entre ambos individuos data de 1966. Entonces no había necesidad de mostrar que Felipe también sufría de una crisis espiritual nacida de la muerte de su madre y del envejecimiento.
La reina y Robin Woods

Curiosamente hubo un momento en que Felipe tuvo sus problemas con la Iglesia de Inglaterra de la cual su esposa es cabeza. En 1964, tuvo lugar la confirmación del príncipe Carlos. Felipe consideraba que Carlos, de 16 años, era demasiado joven. Carlos no opinaba lo mismo. Por una vez su madre lo apoyó y en su auxilio vino el arzobispo de Canterbury. Para demostrar su descontento, durante la ceremonia, el Duque sostuvo el libro de oraciones en alto como escudándolo de un espectáculo que lo disgustaba. ¿Y después se preguntan de donde Andrés salió tan payaso y Carlos tan teatrero?

Fue Robin Woods, que en ese año había sido nombrado Deán de la Catedral de Windsor,  quien se encargó de ofrecer apoyo espiritual al Príncipe Consorte. Cuando Woods le habló de su proyecto de ofrecer asistencia espiritual a clérigos cansados, Felipe lo vio como parte de un hogar físico. El mismo ayudó a renovar y reconstruir algunos edificios antiguos que todavía existían en total abandono en Windsor. Así se creó la Casa San Jorge. Felipe recaudó fondos para su creación y dio el discurso inaugural en 1966, que género un debate sobre el tema “¿qué espera la nación de sus iglesias?”.

A través de su vida madura, Felipe ha sido guiado por esta fe renovada. Escribió un libro en 1982 sobre el tema (A Question of Balance). En 1986 convocó a un simposio de clérigos de diferentes religiones para reunirse en Asís, bajo la egida de San Francisco, para debatir sobre los vínculos ente la fe y el medioambiente. Las campañas ecológicas emprendidas por el Duque de Edimburgo también nacen de su lado espiritual.

Este aspecto del Príncipe Consorte siempre me ha parecido fantástico, admirable y hasta atractivo, pero entiendo que en el 2019 no se puede incluir en un programa de Netflix. Por eso Morgan, que de espiritual tiene menos que una lombriz solitaria, convierte esta búsqueda de aliento religioso en una manifestación de alguien que ya necesita de Viagra.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Alicia de Battenberg (II): The Crown 3x04



En mi primera entrada los llevé a conocer a la princesa Alicia de Battemberg desde su cuna hasta sus exiliados 45 años. La dejamos colapsada por tanta experiencia traumática y en manos de sus peores verdugos, la orden inquisitorial de médicos psiquiatras. Ahora conoceremos su ordalía, veremos el largo camino para recuperar su cordura y a su familia y la alabaremos como una benefactora del prójimo.

Taquicardias y Ataques de Pánico
Estando encerrada en Bellevue, un manicomio suizo, a Alicia se le ocurrió redactar un par de documentos. Uno fue una nueva constitución para Grecia. El otro un artículo sobe su vida en el sanatorio que envió al Daily News y que su madre, Victoria, alcanzó a detener. Lo curioso es que ambos trabajos denotaban haber sido redactados por una mente organizada y lógica.

Fue en mayo 1931 que ocurrió un incidente que representó un retroceso en la curación de la paciente. Desde su cirugía, Alicia sufría de fuertes taquicardias. Se le había ocurrido que tenía una seria aflicción cardiaca y que estaba cercana a la muerte. Comenzó a regalar sus posesiones y a expresarse de manera mórbida sobre su cercano final. A pesar de ese comportamiento, se le otorgó permiso para pasar unos días en un hotel de Lucerna con acompañantes.

Estando allá la princesa presentó un cuadro agitado, se puso histérica e intentó lanzarse por un balcón. Esa fue la versión de los hechos que le llegó al Dr. Binswanger. Combinado con la reciente obsesión con la muerte de Alicia, se dedujo que sufría de manías suicidas. Yo no lo veo así.

Alicia fue presa de un ataque de pánico. Yo los he sufrido desde mi menopausia. Mi Ma los sufrió por años después de su histerectomía. El ataque de pánico suele ser provocado por taquicardias y estas por algo tan simple como gases estomacales. Los gases, taquicardias, y ataques de pánico son comunes durante la menopausia y en las mujeres que, como mi madre y Alicia, han sufrido histerectomías. El peor aspecto de un ataque de pánico es que si no se le ataja puede devenir en un ataque similar al asmático cuando los músculos de la garganta se cierran. Yo lo he sufrido y recuerdo a mi madre ante una ventana arañándose la nariz para poder respirar mejor.

Desconociendo estos síntomas, las enfermeras pueden haber aumentado el ataque con sus esfuerzos por calmarlo. El que Alicia hubiese buscado aire en el balcón pudo ser malinterpretado por un intento de suicidio. El hecho es que se le quitaron privilegios, se la vigiló más de cerca y se la creyó más loca que lo que estaba.

Para colmo, ante las exigencias de la princesa de ser dada de alta, el exasperado Binswanger le dijo la verdad. Aunque los médicos la considerasen cuerda no podían darla de alta. Al haber sido internada por su madre, solo Victoria podía liberarla. Este fue un golpe terrible para Alicia quien nunca perdonaría la traición de su madre.

Huida y Liberación
Desde ese momento, Alicia comenzó a tener una relación más reservada con su familia y se instaló en su cabeza un plan de huida. Cuando se le prohibió ir a pasar una temporada con su hija Dolla en Baden y cuando Victoria interceptó una carta de Alicia dirigida al cónsul británico solicitando su ayuda, la princesa decidió cortar por lo sano.

Una noche, simplemente saltó desde su ventana, cayó en un amasijo de flores y emprendió el camino hasta la estación más cercana. Su huida fue impedida cuando estaba a punto de abordar un tren. El Dr. Binswargen que pasaba por una racha de mala salud, se dio por vencido. Le comunicó a Victoria que no se sentía capaz de controlar a una mujer tan intrépida.

Médicos y parientes cercanos a Victoria le aconsejaron encerrar a Alicia en otro manicomio de lujo, en Nyon, donde estuviera internada Zelda Fitzgerald. Por una vez Victoria confió en sus instintos de madre. Tras consultar con la Reina de Italia, envió a su hija a Merano, en el Tirol italiano. El nuevo sitio era muy diferente a Bellevue. No había médicos ni enfermeras de uniforme y Alicia gozaba de mucha más libertad.

No hay que pensar que Alicia era una paciente perfecta o que era cuerda los siete días de la semana. En sus horas más oscuras llegó a abofetear a Binswargen y a hacer trizas las fotos de su nieto mayor. Aun en su periodo de recuperación golpeó a una camarera y había días en que lloraba o se aislaba de la gente. Pero era obvio que, aunque excéntrica, Alicia estaba casi curada. Había que pensar donde se instalaría y con quien.

Alicia tenía respuestas para ambas interrogantes. Tras dos años y medio de encierro, sabía que su familia, avergonzada de ella, la había abandonado. Aunque volvió a ver a sus hijos—para entonces Felipe era un extraño para ella y viceversa— decidió que nunca más les acarrearía una vergüenza. Como dice Hugo Vickers, Alicia “renunció a su derecho a ser madre”.

Alicia se volvió una princesa errante gravitando de Italia a Suiza (Basilea) y luego a Alemania. A falta de familia tenía nuevos y leales amigos. El Conde von Hardenberg, tesorero de la Familia de Hesse, se convirtió en su administrador financiero y amigo. En Alemania, Alicia hizo amistad con Reinhold Markowitz y su familia. Los Markowitz eran antinazis y algo influyeron en la psiquis de Alicia para convertirla, a diferencia de sus hijas y otros parientes, en alguien que no veía con buenos ojos lo que ocurría en Alemania.

Los 30 fueron una serie de tragedias para la princesa que ante la sorpresa de todos supo sobreponerse a ellas y dar muestras de su entereza y sensatez. La primera fue la terrible muerte de Cecilia y sus hijos en 1935. En otro lado he hablado de las viles mentiras que “The Crown” inventa alrededor de ese hecho. Lo único cierto es que el entierro fue la oportunidad para Alicia de encontrarse con su marido tras casi seis años de separación, solo para constatar que no había ninguna posibilidad de reconciliación.
Andres, Dickie y Alicia segun Morgan

En la serie nos muestran una Alicia confusa que no reconoce a Felipe. Totalmente ridículo, por ese entonces Felipe pasaba mucho tiempo con su madre. En cuanto a la confusión, ante el asombro de su familia, la muerte de Cecilia “curó” a Alicia. Los médicos hablarían de que el shock de perder a su hija y nietos había esclarecido la mente de la paciente.  Además, en Alemania encontró un médico que al tratar sus gases acabó con sus taquicardias y ataques de pánico
En "The Crown" Alicia no reconoce a sus hijo

Nunca más Alicia volvió a mostrar síntomas de desequilibrio. Ni ante la muerte de su hermano, el Marques de Milford Haven ocurrida en 1936, ni por el fallecimiento, provocado por una meningitis, de la pequeña Johanna, la única hija sobreviviente de Cecilia. 

A fines de Los 30, Alicia tenía un objetivo:  retornar a Grecia y ocuparse de que Felipe comenzase a portarse como un príncipe griego. En 1938, Alicia tomó un departamento en Atenas y le escribió a su hijo manifestándole el deseo de que viniese a vivir con ella. Fue Dickie Mountbatten, quien ahora estaba a cargo de su sobrino, el que negó el permiso. Su deseo era que Felipe estudiase en la Academia Naval de Darthmouth.

Aun así, Felipe fue a pasar sus vacaciones de verano con su madre en 1939. Ahí lo encontró la invasión de Polonia y subsecuente declaración de guerra del Reino Unido. Felipe encaraba un dilema. ¿Debía quedarse en la corte griega de la cual era miembro o volver a Inglaterra? La solución le llegó con una orden del Rey Jorge VI de Inglaterra quien le exigió que se incorporara la matina británica en la cual Felipe servía como cadete. Esto implicó otra separación de años entre madre e hijo.

En la Atenas Ocupada
En 1941, Alemania invadió Grecia. La Familia Real huyó a Sudáfrica. Las únicas en permanecer en Atenas fueron Elena, viuda del Príncipe Nicolas de Grecia, y Alicia. Elena, nacida Romanov, no tenía problemas con las nuevas autoridades. A pesar de su sangre alemana, Alicia se sentía inglesa de nacimiento y griega por matrimonio. Cuenta la leyenda que al visitarla un general de la Wehrmacht le preguntó que podía hacer por ella, la resuelta princesa respondió “saque a sus tropas de mi país”.
Elena Vladimirovna, viuda de Nicolás de Grecia

Lo primero que hizo Alicia después de la ocupación, fue preocuparse de su país. Cortados de suministros los atenienses, sobre todo los más pobres, estaban muriéndose de hambre. Alicia se arremangó las mangas y se puso en campaña para alimentarlos.

Creó cocinas populares para servir sopa a los menesterosos. Organizó grupos de enfermeras, recogió niños huérfanos o abandonados. Trabajó con el Comité Vanderbilt que estaba costeando barcos turcos para traer alimentos a Grecia y con la Cruz Roja Americana. Obtuvo permiso de los alemanes para viajar a Suecia con la excusa de visitar a su hermana, la reina Luisa. La verdadera razón era para facilitar la llegada a Grecia de comida y medicina enviadas por la Cruz Roja Griega en el exilio.

En medio de tanta actividad, y de la preocupación por su hermano e hijo (ambos servían en la marina inglesa) Alicia también debía pensar en cómo alimentarse ella. Un club al cual había pertenecido su esposo le enviaba el almuerzo, pero sin alimentos el almuerzo era cada vez más pequeño.

Alicia se mantenía gracias a paquetes de comida que le hacía llegar la Reina Luisa de Suecia y la Reina Helena de Rumania. En 1942, algunos terratenientes amigos le suministraron verduras. Lo cierto es que Alicia bajó 27 libras en el primer año de la ocupación. En una de las pocas cartas que le hizo llegar a su hijo en 1942, le cuenta que de tanto trabajo ha colapsado y ha debido tomar descanso en una granja, pero le asegura que no ha vuelto a subir de peso.

Alicia pudo vivir en relativa tranquilidad los primeros años de la guerra debido a que Atenas quedó bajo la ocupación italiana. Tras la caída del Duce en 1943, Atenas y toda su población estuvieron a merced del ejército alemán, de la Gestapo y de las SS que inmediatamente comenzaron a arrestar judíos. Fue entonces que la familia de Haimakin Cohen decidió buscar la ayuda de la princesa Alice. Cohen, quien había fallecido a comienzos del 43, había sido miembro del parlamento griego y cercano a la familia real. Su muerte había dejado viuda a Rachel (que era ciudadana británica). Ella y sus hijos ahora estaban en peligro.

Alce estaba viviendo en una casa de tres pisos que había pertenecido al rey Jorge. Tenía un par de ciados, además de Popoulos. Ahí es donde invitó a vivir a Rachel y a su hija Tilde. Poco después se les uniría Michel, el más pequeño de la familia. Con ellos amparados, los hijos mayores huyeron a Turquía y de ahí a Egipto donde se unieron a las Fuerzas Griegas Libres. Recientemente Kathy Kacer ha publicado un libro para niños  titulado The Brave Princess and Me (La valiente princesa y yo) escrito desde el punto de vsta de Tilde.
Ilistración de The Brave Princess and Me"


Mucha gente cuando me interroga sobre el Holocausto me pregunta por qué no hubo más rescatistas. Mi respuesta es una de admiración por los muchos que ayudaron a judíos en la Europa Ocupada. La tarea era difícil y peligrosa. Los Nazis castigaban duramente a quienes se atrevían a dar refugio a judíos, o se les ejecutaba inmediatamente o se les enviaban a campos de concentración donde les esperaban muertes más lentas y dolorosas. Ni la nobleza ni la realeza estaban libres del castigo nazi. La Princesa Mafalda, hija del Rey de Italia, murió en Buchenwald, y ni su status diplomático impidió que la millonaria chilena Maria Edwards McClure fuese interrogada y torturada por la Gestapo por esconder niños judíos en Paris.

Para explicar la presencia de Rachel y de sus hijos a los criados, Alicia inventó que la Viuda Cohen era una antigua institutriz de sus hijos, que, aunque suiza, les temía a los alemanes. Aun así, la Gestapo sospechaba de la Princesa y ella recibió muchas visitas molestas durante el año en que ocultó a los Cohen.
Ilustracion de The Brave Princess and Me

Para deshacerse de los agentes, la princesa exageraba su sordera hasta que ellos se marchaban exasperados. Los Cohen recordarían más tarde la hospitalidad de la princesa, su cariño y simpatía. A Alicia, siempre interesada en la religión, le encantaba sostener largas conversaciones con Rachel sobre judaísmo.

 Alicia, nunca sintió que lo que había hecho tenía importancia. Se molestó incluso cuando Jaques Cohen más tarde intentó agradecerle. Nunca habló de lo ocurrido con su familia. Serian Freddy y Michel Cohen, ciudadanos israelíes, quienes harían publica esta asombrosa historia, años más tarde, cuando Alicia ya había fallecido.

En octubre de 1944, los alemanes abandonaron Atenas. Antes, Alicia emprendió un último viaje a Alemania. Sophie, su hija menor, había enviudado. Al buscar refugio con sus suegros, Tiny (como la apodaban), había saltado de la sartén al fuego. La zona de Frankfurt donde Tiny viviría estaba bajo fuerte bombardeo aliado y una bomba incendiaria ultimó a su suegra. Alicia se quedó con su hija embarazada hasta el nacimiento de su nieta Clarissa. Mas tarde le escribiría a su madre que lo vivido bajo las bombas era “peor que el accidente (la muerte de Cecilia)”.

Elena vs Alicia
De regreso a Atenas, Alicia se abocó a sus labores caritativas y a su orfanato. Tras la partida de los alemanes, había estallado una guerra civil en Grecia entre partisanos monarquistas y comunistas. Para Churchill era de gran importancia que Grecia no cayera en la órbita estalinista. Los ingleses bajo el mando del General Scobie se debían encargar de mantener el orden en Atenas y ayudar a la restauración de la corona. También Winston envió a Harold Macmillan a examinar las cosas en la capital griega. Al saberlo, Dickie Mountbatten le pidió a Macmillan que visitase a su hermana.

El Comendador Ray Badilla me ha preguntado si es cierto que Alicia y Elena de Grecia se llevaban mal. Lo cierto es que Elena, hija y hermana de Zares, despreciaba a Alicia por venir de una familia de realeza mínima como eran los Battenberg. Para colmo, la maliciosa Elena le contaba a todo el que quisiera escucharla que su concuñada seguía loca como cabra.
Elena

Macmillan comenzó visitando a Elena y quedó muy impresionado al verla viviendo en un lujo moderado, cubierta de joyas y preocupada por la amenaza comunista. En cambio, lo desilusionó Alicia que vivía en la pobreza, andaba desastrada, y a la que encontró tonta.

Poco después las princesas recibieron la visita de un diplomático francés que elogió la devoción religiosa de Elena quien asistía a misa diaria. En cambio, encontró que Alicia tenía una visión más pragmática (“más germana”) de la religión. Estas injustas comparaciones colorearían por una década la percepción popular de ambas señoras. Por suerte tenemos una visión más ecuánime del Mayor Gerald Green, ayudante del general Scobie, que se convertiría de por vida en amigo de la princesa Alicia.

Green se dio cuenta que la razón por la cual Macmillan tildó de tonta a Alcia fue porque ella no podía leerle los labios debido al tupido bigote del futuro primer ministro. Fue Green quien convenció a Elena de irse a vivir con Alicia que habitaba un barrio más seguro en un momento en que la guerra civil había alcanzado las calles atenienses.

Una noche, Alicia desapareció, regresando después del toque de queda. Como siempre, se había preocupado de los olvidados. En este caso, los policías griegos que se estaban batiendo con los comunistas. Alicia había llenado un carrito de bebé con cigarrillos y golosinas que había repartido entre los policías. Greene estaba tan preocupado que, olvidándose del protocolo, le levantó la voz a la princesa. Esta estaba encantada. “Hacía años que un hombre no me hablaba así” comentó.

Restaurada la monarquía en Grecia, Alicia regresó a Inglaterra a visitar a su madre y hermano, y a atender los asuntos que Andrés había dejado al morir. No vio a su hijo, porque Felipe había sido trasladado a otro teatro bélico, el del Lejano Oriente, pero se conservan cartas intercambiadas entre ambos que evidencian el gran cariño de Alicia por su “Bubbikins”.

Y llegamos a 1947, un año importantísimo en la vida del Duque de Edimburgo. Desde el final de la guerra, Felipe se había instalado en Inglaterra y su madre lo visitaba menudo. Aunque no vivían bajo el mismo techo, pasaban tiempo juntos puesto que Felipe ayudaba a Alicia ordenar y disponer de las muchas cajas ocupadas por las pertenencias del difunto Andrés.


La Suegra de la Reina
Aunque Alicia aprobaba el matrimonio de su único hijo varón, no metió mano en su concertación como la metieron Victoria y Dickie. Sin embargo, estuvo involucrada en los preparativos del compromiso. Alicia retiró de la bóveda del banco sus joyas e hizo que desmontasen varios brillantes para un anillo de compromiso digno de la futura reina de Inglaterra. Fue ella quien diseñó el anillo y encargó la joya a un orfebre parisino.

En la serie nos muestran a la Queen Mom burlándose de la aparición de su consuegra como si fuese alguien ajeno a la familia. En realidad, el rey Jorge pidió consejo a Alicia para organizar la fiesta de compromiso y ella estuvo presente. Para la boda, Alicia viajó desde Grecia con un equipaje cargado de casimires y seda para camisas. Se las enviaban a Felipe como regalo de matrimonio. Con ellas, Alicia mandó confeccionar un guardarropa completo para el novio. La noche antes del matrimonio, Felipe estaba tan nervioso, que el equipaje se lo tuvo que empacar su madre.

Todos estos detalles indican no solo el contacto constante entre madre e hijo sino también lo involucrada que estuvo Alicia en el proceso de las bodas reales. Otra falsedad de “The Crown” es mostrárnosla vestida de monja en la Abadía de Westminster. Alicia no había profesado aún. Ella asistió en un elegante vestido de terciopelo hecho con capas rusas de esas de cola que usaban las princesas cuando eran del linaje de los zares.
Alicia en la boda de su hijo

El único nubarrón en la alegría de Alicia fue que se les prohibió a sus hijas a asistir a la boda de su hermano. Alicia trató de compensar ese desprecio escribiendo una crónica de 25 páginas sobre los hechos para ellas, y de invitarlas por separado a visitarla en Grecia.

Sin embargo, Alicia había tomado la decisión de tomar el velo y quedarse en Grecia. Para tales efectos se trasladó a la isla de Tinos para su entrenamiento como diaconisa. Allí se levantaba a las cinco, lavaba su ropa y se atendía sola. Aun así, y ahora envuelta en un hábito gris, Alicia quería seguir recibiendo parientes y amistades en la tierra firme.

Para esos efectos, Felipe le compró un departamento en Atenas. Alicia vivía frugalmente, recibía una pensión de Edwinna Mountbatten, otra de la reina Luisa, y una del gobierno griego correspondiente a la viuda de un general. Esto hubiese sido suficiente, pero Alicia siempre estaba socorriendo a alguien.

Un par de años más tarde (1950) Alicia anunció que vendería el departamento y se iría a un convento. Ahí su familia revisó las finanzas de la princesa y descubrió que sus números estaban en rojo. Además, le debía una fuerte suma a un almirante amigo. Felipe (que ya estaba pagando las deudas de su padre) le pagó al almirante, puso el departamento a su nombre y así se aseguró que Alicia siempre tuviese un lugar donde parar en Atenas.

“Una Monja que Fuma y Juega Canasta”
Alicia logró formar una orden religiosa, a pesar de las burlas de su madre. “¿Dónde se ha visto una monja que fuma y juega canasta?” comentaba Victoria. La Orden de Marta y Maria no prosperó debido a falta de novicias. Lo que nunca escasearon fueron desamparados a quienes atender. Alicia se apoyaba en la caridad de sus amigos, pero cuando Elena los convenció de no promover las chifladuras de su parienta, la princesa emprendió dos viajes a Estados Unidos para recaudar fondos.

Su salud nunca fue buena, sufría de frecuentes bronconeumonías y gripes. Su hígado no funcionaba bien y se le encontró un virus en la sangre. Aun así, la infatigable religiosa viajó por el mundo desde Jerusalén hasta la India, pero sobre todo viajaba a Inglaterra a estar con su familia. Asistió al nacimiento de su nieta Ana de la cual fue madrina. Acompañó las últimas horas de su madre cuando Victoria falleció y también estuvo presente en el segundo cumpleaños del príncipe Andrés.

Alicia se llevaba bien con la Familia Real y la gente del entorno de su hijo, sobre todo con el australiano Mike Parker, secretario de Felipe. La princesa sintió mucho el divorcio de los Parker. Al príncipe Carlos le agradaba mucho recibir visitas de su abuela porque le traía estampillas de Grecia. Cuando a Carlos le extirparon el apéndice, su abuela paterna estuvo a su lado.
Alicia y sus nietos en los 50

En 1966, Alicia acompañó a su hijo y a Ana a Jamaica. Iban a reunirse con Carlos que regresaba de su estadía en Australia. Fue ahí que Felipe, preocupado por la situación política griega, le pidió a su madre que volviera a vivir a Inglaterra. Alicia se negó aun después que estalló la revuelta que derrocaría al rey Constantino.

En dos ocasiones en 1967, Felipe viajó a Atenas, pero no pudo convencerla. Fue su hermana Sofia quien logró hacer que su madre saliera de Grecia y solo porque trajo una invitación formal de la Reina Isabel. Eso encantó a Alicia que rápidamente hizo su mínimo equipaje.

Los primeros días en el Palacio de Buckingham fueron difíciles para la anciana, pero más que nada porque todo la disgustaba y no se hallaba. Fueron las atenciones de su nuera las que la ganaron. Carlos y Ana estudiaban fuera, pero pasaban gran parte de su tiempo libre con su abuela. Andrés y Eduardo, que eran pequeños, venían diariamente a jugar en el cuarto de Alicia. Pero la mayor alegría de la princesa eran los momentos que compartía con su “Bubikkins” a pesar de que, según la Princesa Ana, tenían muchas discusiones ya que eran ambos porfiados. En esas ocasiones, el Duque de Edimburgo se iba murmurando por el pasillo mientras su madre se quedaba murmurando en el cuarto.
Alicia con Carlos y Ana

Ese primer año, cuando la Familia Real se fue a pasar las vacaciones en Balmoral, Alicia no fue con ellos. Su salud no se lo permitió, pero siempre considerada prefirió irse a un hotel por el verano. Eso sí, el Príncipe Eduardo que también había quedado rezagado iba todos los días, con su nana, a visitar a la abuela.

La salud de Alicia le estaba jugando malas pasadas. Tenía más de ochenta años y en su periodo en Londres estuvo dos veces hospitalizada. Al final andaba en silla de ruedas y no salía del palacio. Eso si recibía visitas, principalmente de su hermano y de sus hijas. Un duro golpe para ella fue que su Teodora la antecediera a la tumba. Después de ese fallecimiento, Alicia dejó de tener ganas de vivir y murió el 5 de diciembre de 1969. Tanto la reina como “Bubbikins” estuvieron al lado de ella.

Ana, quien no alcanzó a llegar, solicitó permiso para ver el cadáver de su abuela. Diría más tarde que Alicia se veía serena y que había recobrado esas facciones que Philip de Lazlo había retratado en su juventud. Era el deseo de Alicia ser enterrada en el Monte de los Olivos en Jerusalén, cerca de su tía Ella, pero por razones políticas (el Reino Unido no reconocía ese sector de Jerusalén como parte de Israel) tuvo que esperarse varias décadas antes de cumplirse la última voluntad de la difunta.
Duque de Cambridge visita la tumba de su bisabuela

En 1988, el cuerpo de Alicia fue enterrado en Tierra Santa. Cinco años más tarde, los esfuerzos de los Cohen dieron fruto, y Yad Vashem declaró a Alicia Justa entre las Naciones. El Duque de Edimburgo y su hermana Sofia asistieron a la ceremonia y plantaron un árbol en nombre de su madre en La Avenida de los Justos.

¿Después de lo leído podemos afirmar que “The Crown” le hizo justicia a Alicia? ¿Que la pintó en toda su grandeza? Peter Morgan, con ese eterno problema que tiene con la psiquis femenina, decidió retratar a la suegra de la reina como una victima del mundo masculino, incluso de su propio hijo. Al hacerlo se apoyó en el zeitgeist mitutero que predica que todas las que nacemos con vagina somo mártires potenciales de los hombres, pero de un plumazo borró la verdadera y poderosa historia de Alicia de Battenberg.

Aunque he sacado esta información de muchos artículos, mis mayores fuentes son Alice: Princess Andrew of Greece, la biografía oficial de Alicia de Hugo Vickers y Prince Philip de Philip Eade