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lunes, 11 de noviembre de 2024

Los Tudor, Los Bellamy y Los Poldark: La televisión inglesa de los 70

 


Los Forsyte y los Churchill habían dejado un gusto en suelo británico y en otros lados por las sagas familiares, aun más si eran reales. Fue así que a comienzos de Los 70, nacía la Tudormania en la televisión inglesa. La eclipsaría el interés por unos aristocráticos eduardianos que habitaban en Eaton Place y, a mediados de la década, el Cornualles georgiano sería el espacio para las hazañas del Capitán Poldark y de sus desavenencias con su familia antigua y su empeño en construir una nueva.

Como Nació la Tudormania

Desde el cine mudo que Enrique Octavo, sus esposas y descendientes han sido tema para muchos libretos. Enrique VIII entró en mi vida  en la piel de Robert Shaw, cuya jocosidad contrastaba con la severidad de Santo Thomas Moro en A Man for All Seasons. En 1970, esa imagen del rey gordo (mi hermanito hacia estupendas imitaciones de sus carcajadas) fue reemplazada por el exagerado histrionismo de Sir Richard Burton en Ana de los Mil Días.

Yo comencé a ver esta cinta en el Rialto, a comienzos de diciembre de 1970, pero fui interrumpida cuando se presentó mi primera regla. Como en ese entonces una primera menstruación era tratada como enfermedad, me llevaron a casa casi en camilla. Me tomó casi medio año poder ver la cinta, ahora en el Teatro Rex. La anécdota es para ilustrar el hecho de que ver cine en casa a veces nos evita incomodidades o interrupciones bochornosas.

Al parecer los ejecutivos de la BBC pensaban parecido puesto que ese año debutaba en las pantallas inglesas, The Six Wives of Henry the Eight, en el espacio de los domingos que hoy asociamos con Masterpiece Theatre. Aunque ya han pasado los años por ella, esta producción dividida en seis episodiosuno para cada esposa-fue un mega éxito en ambos lados del Atlántico. Prueba de ello es que Keith Mitchell, quien daba vida al monarca femicida, ganó un BAFTA y un Emmy por su interpretación de Enrique VIII.



Motivada por ese éxito, al año siguiente la BBC decidió dramatizar la vida de Isabel I, la más famosa de Los Tudor. Glenda Jackson ya tenía el privilegio de ser la Grande Dame del cine y teatro británicos. Era una sorpresa ver que una luminaria de esa categoría apareciera en la pantalla chica, pero la serie la ameritaba . Hasta hoy es imponente, a pesar de las restricciones de escenografía.

El argumento sigue a Elizabeth en su etapa de Cenicienta en las cortes de sus hermanos , a través de su impresionante reinado y hasta asistimos a su fallecimiento. Como en Becoming Elizabeth, Elizabeth R. nos revela los amores de la princesa con el Almirante Seymour y vemos su conflicto interno con los cambios de religión que se suceden en Gran Bretaña y, a nivel personal,  con diversos hombres que buscan controlarla.



Elizabeth R. fue presentada en los Estados Unidos en 1972, abriendo el espacio dominical que mi generación conocería como el Masterpiece Theatre presentado por Alistair Cook. La serie fue un exitazo siendo el primer programa inglés en ganar un Emmy como la mejor serie del año. Aparte de sus BAFTAS, Dame Glenda recibió dos Emmys. Como ocurriese con Bette Davis en el pasado, Glenda Jackson se convirtió en el rostro de la Reina Virgen. En 1971, repitió papel junto a Vanessa Redgrave en Mary,  Queen of Scots, el mejor retrato que se ha hecho de María Estuardo en el cine.



Sin llegar al Masterpiece Theatre, la BBC continuó en 1972 con su exploración del Universo Tudor con The Shadow of the Tower que describía la llegada de Henry Tudor al trono y los sucesos que conocimos gracias a The White Princess. Acaba justamente con la boda de Catalina de Aragón y el Príncipe de Gales. No alcanzó el éxito de sus predecesoras, pero se apuntó su sitial en el origen de la Tudormania. Sin esas series, Michael Hirst no hubiese abrazado la causa Tudor que iniciaría la Tudormania en otro siglo. Shadow of the Tower sería un punto suspensivo en este fenómeno, puesto que a los Tudor los reemplazaría la veleidosa preferencia popular con otra familia, Los Bellamy de Eaton Place.



Los Hijos de Eduardo

Históricamente,  este membrete corresponde a los príncipes de la Casa de York que fueron ejecutados por su tío jorobado en la Torre de Londres. En Los Setenta,  podría referirse a la fascinación con La Era Eduardiana. Aunque se manifestaba en vestuario y sobre todo en esos peinados Belle Epoque que usaba la princesa Ana, también hizo su aparición en la televisión británica que nos trajo una manera de aprender historia social británica más entretenida que en un salón de clases.

La Era Eduardiana (Edwardian Era) se refiere al breve reinado (1901-1910) de Eduardo VII. El pobre gordito se pasó la vida a la espera que su madre muriese y usando el título de Príncipe de Gales. Aun así, tuvo una tremenda influencia a nivel político y cultural  antes de reinar, gracias a su grupo de amigos,  The Marlborough House Set.  Todos ellos, más el Príncipe,  tendrían espacio en la ficción televisiva.

La serie que abrió el ciclo continuaría aun después del fallecimiento del rey, cubriendo los quehaceres de Los Bellamy, sus hijos, y criados a través del Gran Guerra y de los Locos 20, llegando hasta 1929 , o sea superando la cronología de su hijastra Downton Abbey. En otra entrada ya comenté los parecidos y diferencias entre ambos shows, así que no me detendré en Eaton Place, pero sigamos con los eduardianos.



El éxito inesperado de Upstairs, Downstairs invitó a una nueva temporada, algo que no había ocurrido nunca en la televisión británica con un drama de época. Los astutos productores de la BBC decidieron aprovechar la buena racha creando más programas situados a comienzos del Siglo XX. En 1972, llegaba The Edwardians, una antología que en dos temporadas dedicó episodios a dramatizar vida y hechos de gente importante de ese entonces como los inventores del Rolls Royce, escritores, sufragistas, el mismísimo Rey Eduardo y una de sus amantes más famosas, la Duquesa de Warwick.

Un actor poco conocido llamado Tony Hopkins dio vida al político David Lloyd George en esa antología . Ese mismo año, el futuro Sir Anthony encarnaría a Pierre en una adaptación de La guerra y la paz y haría su debut en la televisión estadounidense en la miniserie QBVII. El resto es historia.



Siempre hubo rumores de que el harem de grandes damas de Eduardo, El Acariciador (como lo apodó Henry James) incluyó a la madre de Winston Churchill, pero ningún historiador ha podido probar que Jennie Jerome, la primera Princesa del Dólar, fuese amante del rey. Lo que si se sabe es que esta neoyorquina no solo se casó con el hijo del Duque de Marlborough,  fue también parte importante del círculo real, The Marlborough Set.

Consciente de esto, Thames, una productora que servía a la ITV,  contrató a Lee Remick para que diera vida a la americanita que conquistó a la Corte de St. James en Jennie, Lady Randolph Churchill. Este fue otro exitazo de la televisión británica que cruzó el charco y encantó al público americano en 1974, un año antes que Upstairs Downstairs cerrara sus puertas tras cinco temporadas. Ese año, cuando llegué a Nueva York, todos estaban viendo o UD o Jennie. En casa solo teníamos un mini televisor en blanco y negro (sin control remoto) que en días de semana quedaba en manos de mi madre. Como ni ella ni yo hablábamos inglés,  nos la pasábamos viendo telenovelas en español. Yo descubriría la belleza del period piece británico a fines de la década, pero nunca pude interesarla en la era de Eduardo, ni siquiera en Downton Abbey.

Jennie…fue un éxito total, recibiendo Lee un BAFTA y un Globo de Oro como Mejor Actriz. Recientemente vi la serie en Acorn Tv, pero creo que ya no la tienen. Está en YT en inglés. Aunque escenográficamente se ve añeja, la filmación en Blenheim Palace y el excelente elenco ayudan a hacerla inmortal. Junto a Lee Remick, vemos rostros que serán parte de esta era dorada de la televisión inglesa. Ronald Pickup da vida a su esposo, Lord Randolph Churchill;  Jeremy Brett es su amante, el Conde Kinsky; Christopher Cazenove interpreta a George Cornwallis-West, el “más joven”  segundo esposo de Jennie y Dame Sian Phillips a Mrs. Patrick Campbell, la mejor actriz de ese tiempo, y la mujer por la cual George abandona a su esposa.

                                       Los Amores de Jennie...

                                Lord Randolph Churchill

                                  Conde Kinsky


George Cornwallis-West


Ese mismo 1974, Dame Sian tenía su propio show dando vida a la famosa sufragista Emmeline Pankhurst en Shoulder to Shoulder. La serie que en USA se vio a través del ahora reconocido espacio dominical Masterpiece Theatre, narraba la lucha de Mrs. Pankhurst y sus hijas por obtener el voto femenino durante la Era Eduardiana (lo consiguieron después de la Gran Guerra).



Un año después de Jennie, llegó la esperada serie Edward the Seventh, sobre el monarca que dio su nombre a una era. La estoy siguiendo en YT y no me impresiona ni el rey interpretado por Timothy West ni su reina ni su ristra de amantes, con la excepción de la presencia luminosa de Francesca Annis como Lillie Langtry. Lillie, que fue otra gran actriz de la Belle Epoque, ameritaría su propia miniserie en 1977 también protagonizada por la Annis.



Acabada Upstairs Downstairs y el productor John Hawkesworth ya tenía más aventuras de la Era Eduardiana. En 1976 debutaba The Duchess of Duke Street la historia de una cocinera y hotelera que debía su fama al rey Eduardo VII que fue su patrocinador y amante. Por dos temporadas veíamos a Luisa Trotter navegar por la primera década del Siglo XX, la Gran Guerra y los Años 20, siguiendo la misma trayectoria de Upstairs Downstairs.

El fin de la década cerró este ciclo Eduardiano, dejándolo en manos del cine donde el dúo Ivory-Merchant se encargarían de hacerlo famoso con sus adaptaciones de las novelas de E. M. Foster. Sin ellos, y sin la televisión de Los 70,  nunca hubiéramos tenido Downton Abbey.

Rumores de Guerras Pasadas

En 1979 recibí mi propio televisor a colores como regalo de graduación y comencé a seguir el Masterpiece Theatre. Recuerdo de ese año, la triste Testament of Youth de la que ya le he hablado. Curiosamente, aunque entre 1974 y 1979 se cumplían cincuenta años del inicio y final de la primera Guerra Mundial, solo las memorias de Vera Brittain merecieron una dramatización. Se prefirió intercalar el conflicto en otras series del periodo como un incidente histórico más. Así la vivieron los Bellamy en Upstairs Downstairs, La Duquesa de Duke Street y la joven Christina, quien pierde a su marido aviador, en la serie Flambards (1979).

Vale recordar que en 1974, la BBC presentó la espectacular Fall of Eagles, una docuserie que, en un mosaico de viñetas, nos mostraba los factores que llevaron a Europa a la Primera Guerra Mundial. 



Diferente era el caso de la Segunda Guerra Mundial. Aunque Los 80 seria su gran década, ya la televisión inglesa había comentado a tratar ese conflicto desde 1970 en que debutaba en sus pantallas A Family at War. La serie giraba en torno a la vida diaria de Los Ashton, una familia de clase media baja de Liverpool durante los años 1938 y 1945. La descripción de la vida antes y durante la Segunda Guerra Mundial es muy lograda, sobre todo en como el conflicto afecta la vida de los Ashton y sus hijos. Es una historia bastante realista, para la época, con un retrato fiel de las desigualdades sociales, del desempleo, de la situación de la mujer y del clima político.

David, el hijo mayor, es un fracasado padre de familia que finalmente encuentra empleo y su nicho en La Real Fuerza Aérea. Philip es el estudiante de Oxford, veterano de la Guerra Civil Española que, por supuesto es comunista. Margaret, la hija mayor, es maestra, pero cree en casarse y tener hijos. La guerra y el creerse viuda, cambian las ideas de Margaret sobre el amor y los derechos de la mujer.



Aunque es infinitamente superior a World on Fire, esta seriedisponible hoy en Acorn y Tubi se siente deslucida y arcaica. Granada no gastó mucho en ella. Por ejemplo, las escenas de la guerra en Tobruk fueron filmadas en una playa de Formby,  cerca de Liverpool. El elenco era desconocido y lo seguiría siendo aun después de tres temporadas. Se entiende que los humildes Ashton fuesen eclipsados por los glamorosos Bellamys.



Yo intenté verla en 1974 cuando la pasó la PBS, pero la barrera del idioma me impidió seguir A Family at War. Diferente sería el caso de World at War, un magnífico documental de 1973, que mi padre (dueño del televisor los fines de semana) nos impuso con gran alegría de mi parte. Mi pasión por la Segunda Guerra Mundial,  que inicié a temprana edad, él la explicaba jocosamente a los amigos como “esta niñita nos salió muy bélica”

Hasta el día de hoy considero este documental de Thames como la mejor crónica del conflicto. Desde la narrativa vocalizada por el impecable acento de Sir Laurence Oliver hasta el hecho de que siendo de 1973 se podía entrevistar a muchos participantes como generales de la Werhmacht, resistentes franceses y sobrevivientes del Blitz de Londres. Hasta la música me encantó, siendo la primera vez que escuchaba canciones típicas de esa guerra como “We’ll meet again”, “Bless ‘em All” hasta el “Boum” de Charles Trenet.



Un motivo por el cual A Family at War no fue bienvenida es que en 1970 el ánimo británico era más bien pacifista, más que nada porque la Guerra de Vietnam seguía en curso. Fue solo a fines de la década que comenzaría un interés por la Segunda Guerra Mundial y que era un presagio de Tenko, Fortunes of War y otras celebres series bélicas de Los 80.

En 1977 debutaba Secret Army, un interesante retrato de una Bélgica Ocupada donde un tabernero crea una red de resistencia, mientras trata de poner en orden su vida privada. Esta popular serie tuvo la novedad de intentar dar un rostro humano al invasor. Dos años más tarde, Anthony Andrews todavía no el gran galán de los 80 protagonizaba Danger UXB sobre otro tema novedoso: el desmontaje de bombas sin explotar durante el Blitz.



Viajes a Tiempos Lejanos y Futuros

El éxito de tantos period pieces hacía que la BBC invirtiera en los dramas de época y no necesariamente los que tenían lugar en Inglaterra. En 1972,  decidieron dedicarse a otra familia, una más musical. Yo vi The Strauss Family en Telemundo, en español y en 1981, pero no la sentí prehistórica. Me encantó conocer la historia del Rey del Vals, de su conflictiva familia y de sus muchos amores.



La BBC y el Masterpiece llevarían a su audiencia a un viaje más dentro del pasado cuando, en 1975 se decidió adaptar la saga de Winston Graham sobre un oficial del ejército continental que al final de la Guerra de Independencia Americana, retorna a su terruño en Cornualles para encontrarlo todo cambiado y para mal. Poldark tendría dos temporadas para reorganizar su mundo y formar su propia familia en una Inglaterra dieciochesca y en la costa córnica donde parecía vivirse en otro mundo.



Sin menospreciar la magnífica adaptación del 2015 o las actuaciones de Aidan Turner como el Capitán Poldark y de Eleanor Tomlison como su Demelza,  la de 1975 se erige sobre méritos propios.  Como doy más detalles en otra entrada, me limito a decir que en solo dos temporadas este ejemplo de ficción histórica conquistó no solo al Reino Unido. La Poldarkmanía atrapó a muchos países, principalmente a España donde aumentó gracias a visitas promocionales de sus estrellas, Robin Ellis y Angharad Rees.



Envalentonados con el éxito, los de la BBC se atrevieron a viajar más lejos en el pasado adaptando las novelas históricas de Robert Graves. Ni Roma ni Domina, ni menos esa payasada Those About to Die, le llegan ni a la chancla a Yo Claudio. Fue una serie innovadora y para la época muy osada y cruda. Nos ruborizábamos al ver desnudos y descripciones de comportamientos semi aberrantes como los incestos de Calígula y la ninfomanía de Mesalina.

Hoy pueden verla con subtítulos en Acorn. Si se siente antigua por sus espacios cerrados y su ausencia de exteriores, pero sus diálogos y actuaciones son insuperables. Imagínense nada más una serie que goza de las actuaciones de Sir Derek Jacoby como Claudio, de Dame Sian Philips como su abuela Livia, de Sir John Hurt como Calígula y de Sir Patrick Stewart como El Prefecto Seyano.



El interés en el pasado no borraba la fascinación de dramas futuristas. A través de la década seguían los viajes por el tiempo del Dr. Who y otros intentos de emular la ciencia ficción estadounidense. En 1970 iniciaba y acababa UFO , una distopia en la que los alienígenos andaban secuestrando humanos para crear una nueva raza hibrida.

Ed Bishop era Straker, un oficial de SHADOS, una organización de máxima tecnología encargada de impedir una invasión de estos extraterrestres, pero también de aprender sus métodos y objetivos. Suena más interesante en papel que en pantalla. Cuprosamente,  esta breve serie llegó a Chile ese mismo año, en una época cuando los programas extranjeros se demoraban casi dos en llegar a nuestras pantallas.



Mas suerte corrió Space 1999 que en 1975 trajo a la pantalla al matrimonio de la vida real compuesto por Barbara Bain y Martin Landau quienes se habían hecho famosos en Misión Imposible. Esta saga cuenta  que a finales del siglo XX se ha establecido una base espacial en la luna que también se ha convertido en basurero de desechos nucleares terrícolas. Un día esos desechos explotan desorbitando a la luna, la base y sus 300 empleados.

De pronto la luna se sale de la galaxia, atraviesa un agujero negro y parte como un nuevo Enterprise a encontrar algún otro planeta donde aterrizar. Eso los lleva a encontrarse con diferentes sociedades alienígenas. Creada por Los Anderson, los mismos de las Supermarionetas, este fue su primer intento de trabajar con actores de carne y hueso. Duró dos temporadas, a mi padre le gustaba. A mí me aburría, considerándola inferior a Viaje a las Estrellas.



El Prosaico Presente

No todo en la BBC era pasado o futuro. En los últimos años que pasé en Chile (1972-1974) alcancé a ver las ultimas series inglesas que no eran customers y que tuvieron algún éxito. Todas tenían algo en común, mucho glamur, muchos viajes por espacios del jet set y algún misterio que resolver. Era la fórmula del momento.

Jasón King era un novelista famoso (tipo Ian Fleming). En busca de inspiración, viajaba a sitios donde, detrás de alguna belleza, nuestro mujeriego héroe encontraba algún misterioso crimen que podría aparecer en la próxima entrega de Mark Kane, el protagonista de sus novelas. Aunque la serie era entretenida, Peter Wyngard era el prototipo de belleza masculina de ese entonces: cabello largo, barba y bigotes frondosos, casi no se le veían las facciones, era una ensalada de pelos. Ni a madre ni a mí, que seguíamos a Jason King por inercia, nos parecía atractivo.



Mucho mejores eran The Persuaders o Dos Tipos en Apuros que llegó a Chile el ’73. Imagínense una serie que tiene lugar en la Costa Azul, con escenarios y personajes del Jet Set,  y protagonizada por Tony Curtis y Sir Roger Moore. Danny Wilde (Curtis) era un neoyorquino del Bronx que había hecho varias fortunas, con métodos no muy limpios y las había perdido.  Lord Brett Sinclair era un aristócrata inglés, ex oficial y ex piloto de Fórmula Uno.



Ambos se encontraban en medio de una trifulca en un bar de Montecarlo, justo cuando llegaba la policía  que  los arrestaba. Al juez se le ocurría un castigo ejemplar para estos privilegiados: “persuadir” a villanos de la zona de no cometer más crímenes. De esa manera, el dúo se encontraba con todo tipo de maleantes, muchos de ellos gente importante y no muy dada a dejarse persuadir de abandonar sus lucrativos negocios.



A pesar de lo interesante de la trama, la serie no tuvo más que una temporada. Se dice (lo dijo Dame Joan Collins en su autobiografía) que Curtis y Moore se llevaban de la patada, otros dicen a que a Sir Roger le interesó más ser James Bond que Lord Sinclair. Y ese fue el fin del cuento.

Tres temporadas tuvo Los Protectores (hoy puede verse por Tubi) , la historia de una agencia de detectives internacionales que operan desde tres capitales europeas: Harry (Robert Vaughn) desde Londres; La Condesa (Nyree Down Porter) desde Roma,  y Paul Buchet (Tony Anholt) desde Paris. La veíamos porque a mí me gustaba Vaughn desde El Agente de Cipol y mi hermano por el tema “Avenues and Alleyways”), pero yo no soportaba a la ex Irene de La Saga de los Forsyte.



De Buen Humor

Los 70 impactaron en la televisión mundial experimentando diferentes géneros.  Por ejemplo, les fue bien con las comedias. En 1973 llegó a TVN en Chile El Show de Marty Feldman, volviéndonos fanáticos de este excéntrico comediante y a su más excéntrico humor. De ahí nos volveríamos adictos a todos sus filmes bajo la dirección de Mel Brooks (Young Frankenstein, El hermano más listo de Sherlock Holmes) y sentimos su temprana muerte.

No recuerdo si Are You Being Served?  fue tan exitosa en USA como en Inglaterra y no conozco a nadie en Chile que la haya visto. Muy diferente fue el caso de la excelente Fawlty Towers (1975),  la obra maestra de John Cleese como el temperamental dueño de un hotel en el campo inglés y sus muchos problemas con clientes y empleados. Fawlty Towers, que duraría décadas,  encantó a los estadounidenses y tuvo mucha suerte en otros países.



Un caso curioso ocurrió en España donde no les agradó que el torpe camarero, Manuel,  fuese español. Se arregló traduciéndolo como Carlo, el italiano. En la versión en catalán, es portugués, pero vuelve a ser español en el País Vasco.



Los 70 se caracterizaron por ser la última década en experimentar con diversos géneros y por imponer glamur aun en historias que tenían lugar en el prosaico presente. Los 80 traerían otros cambios al producto inglés sobre todo en las adaptaciones literarias ya que una de ellas iba a provocar una anglofilia al otro lado del Atlántico no vista desde la Beatlemanía.

 

lunes, 27 de septiembre de 2021

De Downton Abbey al Gran Hotel: Las fórmulas del drama de época contemporáneo (I)

 


Mientras se discute si el period piece se va de salida (a la par que se anuncian nuevos dramas de época), vale recordar en esta tercera década del Siglo XXI, que se han establecido ciertos patrones que se repiten, reaparecen y hasta trascienden las obras hechas en el mundo angloparlante. El más interesante es el de La Abadía de Downton porque se entrecruza con otro prototipo del género, la formula “Gran Hotel”.

La Abadía vs Eaton Place

Fue en el 2010 , en ITV que nacía otro fenómeno televisivo. Aunque Downton Abbey no era una fórmula original sus orígenes se remontan a la Cabalgata de Sir Noel Cowardvenía a llenar un espacio dejado por las obras de John Hawkesworth Upstairs Downstairs y La Duquesa de Duke Street.



Era el renacimiento de la fascinación con la Edwardian Era que nos legara UD y que nos llevaba nuevamente a recorrer la alta sociedad británica de comienzos del siglo XX. Esta vez,  desde el punto de vista de los miembros de la aristocrática Familia Crawley sus sirvientes. Para muchos espectadores más jóvenes este era el universo que conocían de las páginas de Lo que resta del día del Premio Nobel Kazuo Ishiguro y de la obra seminal de Lord Julian Fellowes, la galardonada Gosford Park.





Solo que Downton Abbey no tocaba temas como el fascismo de las clases altas, no criticaba (mucho) el privilegio de éstas no intercalaba un cuento de detectives,  y Los Crowley eran mucho menos controversiales que la familia de Sir Simon de Gosford Park y Los Bellamy de Eaton Place. Sus criados no escapaban de los fogones para regresar con el rabo entre las piernas como en Upstairs, Downstairs , sino que subían por la escala social gracias a cursos de secretariado, puestos en escuelas rurales y matrimonios ventajosos.



El encanto de Downton Abbey radicaba en que las denuncias sociales eran ínfimas porque los patrones eran inconcebiblemente justos y nobles; y las tragedias caían sobre amos y criados de manera equitativa. Tal vez eso motivó una reapertura de Eaton Place en un revival de UD.  En la navidad de 2010, le llegaba a la Abadía de Downton una rival. En tres episodios, la BBC intentaba reconstruir lo que sucedió con esa mansión londinense después que los Bellamy la abandonaran en 1930.

Estamos en 1936, la casa ha sido comprada por Sir Hallam Holland (Ed Stoppard),  un diplomático que retorna de un largo viaje con su esposa Lady Agnes (Keely Hawes). Para Agnes, que todavía no se recupera de la pérdida de su primer bebé, esta será su primera casa de casada y no sabe cómo llevarla.

Para ayudarla está Rose Park, la fiel mucama de Los Bellamy. Siempre interpretada por Jean March, Rose ahora maneja una agencia de empleos y le consigue a Lady Agnes no el mejor servicio doméstico, pero si el más variado. Este incluye a un torpe mayordomo, una refugiada judía y un chofer que,  en sus ratos libres,  viste la camisa negra de las huestes de Sir Oswald Mosley.



Más problemas para Agnes,  se le aparece en la puerta, su suegra Lady Maud  (Dame Eileen Atkins) que ha retornado de la India con un mono, mucha energía,  y un criado-secretario (Art Malik) quien tendrá muchas veces que encargarse del servicio. Como si fuera poco, su familia le encaja a Agnes a su hermana adolescente,  Lady Persephone (Claire Foy) .



Persy es una chica moderna, pero conflictiva. una especie de Elizabeth Bellamy. Lo primero que hace es involucrarse con el chofer fascista, pero este affaire no culmina en el altar como ocurriera con Lady Sybil Crowley y Tom Branson. El romance acaba en la Batalla de Cable Street con Persy poniéndose la camisa negra y siendo testigo de lucha entre fascistas y judíos descrita de manera más fidedigna que en Peaky Blinders.



Con solo tres episodios Upstairs, Dpwnstairs (2010) fue elogiada por la crítica y público y recibió nominaciones y galardones, pero la siguiente temporada que abrió en febrero del 2012 no tuvo la misma suerte. Eileen Atkins quien había sido la cocreadora de la Upstairs Downstairs original, abandonó el proyecto. Su excusa fue que no le gustaba el modo en que habían enfocado a su personaje. Con ella se fue la posibilidad de conseguir un equivalente a la caustica Lady Violet de Downton Abbey.

Keely Hawes no era competencia para Lady Cora, altruista castellana de la Abadía, así que cualquier comparación dejaba a UD en el bando perdedor. Un infarto mantuvo a Jean Marsh alejada del plató y con ella se fue el único vínculo que podía atraer a los viejos fans.

La serie intentó apoyarse en el comodín , tan de moda hoy, de la diversidad. Trajeron a la hermanita perdida de sir Hallam que había estado oculta en una institución debido a sufrir de Síndrome de Down;   Los Hallam adoptaron a la hijita de la criada judía que murió en la cocina de un ataque de asma; y se intentó reemplazar a Lady Maud con su hermanastra Blanche (Alex Kingston) que era lesbiana.



Como ocurre siempre, la diversidad solo funciona si se la inserta en un argumento sólido y este no fue el caso. Claire Foy,  a cuyo personaje habían convertido en una especie de Unity Mitford, no tenía la fuerza para sostener una serie que cerró tras seis episodios. Hoy puede verse en Hulu, en los Estados Unidos.



La fórmula no volvería resurgir en toda su presencia. Se la intentó reflejar en otro triunfo de Claire Foy, en la primera temporada de The Crown. Ya he escrito de como los secretarios del palacio reemplazaron a la servidumbre en esta visión de la máxima cúspide de las clases aristocráticas británicas y de cómo Peter Townsend tuvo menos suerte que el advenedizo chofer que si consiguió casarse con la más bonita de las Crawley.

Debajo de las Escaleras del Palacio de Buckingham

Seria en una imitación de The Crown donde descubrí la mejor variación de La Fórmula de Downton Abbey. Me refiero a Victoria. En el otoño del 2016 abría en ITV está muy libre descripción de los primeros años del reinado de la famosa monarca. Yo llegué a USA justo a tiempo de ver el debut americano en la PBS en la primavera del 2017 y me encantó a pesar de saber que mucho era inventado.

Me creí la amistad romántica entre “La pequeña Vicky” (Jenna Coleman) y su secretario Lord Melbourne (Rufus Seawell). Por mis lecturas sabia de la difícil relación entre Victoria y su bienintencionada,  pero torpe madre, pero lo que me encantó fue la idea de ver a Victoria arriba de las escaleras y lo que ocurría en los bajos del palacio y de cómo se comunicaban amos y criados. Eso era Downton total.






Del mundo real trajeron a la Baronesa Lehzen , la gran figura materna en la vida de la reina, a quien Victoria nombraría el ama de llaves oficial del palacio hasta que el príncipe Alberto, en una de sus sádicas maniobras en contra de su diminuta esposa, la despidió. La salida al alba de Lehzen llorando rumbo a su nativa Alemania me hizo llorar a mí también. Tal como me conmovió que el único en despedirla y regalarle una botella de vino (robada de las cavas reales) fuese su gran rival, el mayordomo Penge. 

Aqui una ecena que ejemplariza el vínculo entre Victoria y su institutriz, en la cual la reina confiesa sus temores ante su primer embarazo.



Aunque Penge no existió, como tampoco su simpático cómplice, el lacayo Brodie, cuando Alberto decidió revisar los libros de contabilidad descubrió que realmente existían estos pequeños negocios de la servidumbre. En la vida real, también los criados de Victoria hacían su dinerito vendiendo pabilos usados de velas, hojas de té recicladas y hasta los guantes de Su Majestad. Victoria nunca usaba un par de guantes más de una vez.



Aunque , el Palacio de Buckingham si contrató un pastelero llamado Mr. Francatelli,  este fue despedido después de pelearse con un asistente. Nunca puso su propio restaurante ni se casó con Nancy Skerret, jefa de costureras de la Reina. Tal como la verdadera Mrs. Skerret, era una señora madura que jamás trabajó en un burdel.

Sin embargo, ese romance fue casi tan importante como el matrimonio de Victoria y Alberto. En la Tercera Temporada, por fin Skerret se convirtió en la Señora Francatelli provocando la ira de su real patrona, pero igual lloramos con Vicky cuando Skerret murió de cólera en brazos de su querida reina.



Para la Tercera Temporada, estábamos hartos de las peleas maritales de Victoria, las intrigas de su hermana Fedora,  o sus problemas con sus hijos. En cambio, nunca nos cansamos del servicio doméstico, incluso del ajeno como el romance de la pobre Duquesa Sophie con su lacayo. Pero ni esto pudo evitar la cancelación de amos y criados. Victoria puede verse en PBS Masterpiece Amazon , Thirteen Passport y este septiembre, América Latina podrá verla por el Canal Film&Arts.

En el 2019, la BBC adaptó una de las primeras novelas de Lord Julien Fellowes , Belgravia. Em esta adaptación pudimos apreciar el interés del escritor por clase altas, nuevos ricos, el hoi polloi y esa clase despreciada e incomprendida, el servicio doméstico, de la Inglaterra victoriana, pero los criados de Belgravia eran tan antipáticos que esta variación del modelo Downton Abby no dejó marca. Belgravia puede verse por EPIX.



Downton Abbey a la Australiana

Lo extraño es que si encuentro rasgos de la formula en un lugar inesperado, la fantástica soap opera australiana A Place to Call Home.  Han apodado la “Downton Abbey australiana” a esta saga de la Familia Bligh y su reinado sobre un pueblito de Nueva Gales del Sur,  llamado Inverness. Si Los Crowley tienen su abadía, Los Bligh tienen Ash Park donde reina Elizabeth, la matriarca, más severa que Lady Cora, pero tan dominante como la Condesa Viuda. Como Lady Violet, Elizabeth controla la vida de parientes, criados y pueblerinos.



Los criados de Ash Park van desdelos vaqueros que se ocupan de las ovejas de Ash Park hasta mucamas como Amy y su compleja vida familiar, y la desubicada Rose que llega a ser nana del pequeño George y acaba de cómplice de la villana Regina. Como Los Crowley con Sybil casada con el chofer, Elizabeth debe resignarse al matrimonio de su nieta con un inmigrante italiano y a la peor pesadilla incumplida de Robert Crowley) que Anna se convierta al catolicismo.



Más problemático es que el nieto y heredero de Elizabeth, James, sea gay y que la única oportunidad de que Ash Park quede en manos de un Bligh sea aceptando a un bebé judío y a su madre, una sobreviviente de Ravensbruck. Acorn TV tiene los derechos exclusivos de esta gran saga familiar.



A Place to Call Home ha sido el último intento de crear un espacio que refleje las características de Downton Abbey. Todavía no podemos opinar sobre The Gilded Age, el actual esfuerzo de Lord Julien Fellowes que abrirá, D-s mediante,  esta Navidad en HBO/Max. A lo mejor despierta un interés en rehacer la fórmula.

La Formula se Traslada a un Gran Hotel

Entretanto, lo que seguimos presenciando son variaciones de un derivado del modelo “Downton Abbey”. Todo comenzó en el 2011, en un espacio alejado del mundo angloparlante. Fue en Bambú donde recreaban la antigua fórmula del ‘Gran HoteL’ convirtiéndola en un relato de ‘Los de arriba y los de abajo” como ya he mencionado en una entrada dedicada al tema, esta fórmula tuvo refritos en Francia, Italia, México y hasta en Egipto. Ha inspirado historias de grandes hoteles como Der Adlon en Alemania (2013) Das Sacher (ahora en Amazon Prime)  en Austria y Vidago Palace en Portugal.







Hasta retornósin éxitoal Reino Unido.  En el 2013, Stephen Poliakoff jugaba al coctel espionaje-dentro-de-un hotel en la desastrosa Close to the Enemy que comenté cuando hablamos de Shadowplay.

Para equilibrarla, en ITV tuvieron The Halcyon La premisa no podía ser mejor:  un hotel de clase (y diverso) durante el Blitz que sería menos nocivo que las relaciones de la dueña y su familia y empleados. The Halcyon fue más que un flop, fue un ejemplo de lo pretencioso y mediocre que se estaba volviendo el period drama inglés.



A pesar de estos fracasos, la fórmula “Gran Hotel” sigue en boga. Preparémonos a ver Hotel Europa una versión alemana del tópico que ya se verá en suelo germano a fines de este año.  Hotel Europa (o La casa junto al lago) narra la saga de los Dresen una dinastía hotelera y su navegación por las turbulentas aguas de la República de Weimar hasta el auge del nazismo.

El fascismo,  y no el nazismo,  es el centro del trama de la otra variación de la fórmula “Gran Hotel”. Se había dicho que Keeley Hawes sería la protagonista de “Hotel Portofino” que la ITV está filmando en la Riviera Italiana, pero la ha reemplazado Natasha McElhone . Se trata de un misterio detectivesco que tiene lugar en un importante hotel de la región durante el periodo fascista y que involucra a sus no menos importantes huéspedes, muchos de ellos ingleses.

¿Si la fórmula “Gran Hotel” sigue imperando en el universo del period drama, que ocurrió con la de “Downton Abbey”?  Pues todavía se sigue buscando una reemplazante digna, aunque se tenga que imponerle el rotulo a historias alejadas de la formula como La Cocinera de Castamar o Bridgerton. Pero la nostalgia por la Abadía no ha muerto y eso lo demuestra el recibimiento de su secuela fílmica y las ansias con las que se espera el próximo filme.

jueves, 24 de junio de 2021

¡Mujeres y Niños Primero!: La obsesión con el Titanic en la cultura popular

 


En el 2022se celebrarán 110 años del hundimiento del Titanic. ¿Creen que habrá algún homenaje en el mundo de la ficción audiovisual? ¿No se ha dicho todo sobre la tragedia del trasatlántico? ¿O todavía el drama naviero captura la imaginación popular? A juzgar por todas las versiones fílmicas y televisivas creadas por un siglo de asombro ante la destrucción y la pérdida de vidas provocada por un misero iceberg y por el egoísmo humano, hay tema para mucho. Entretanto revisemos los relatos del pasado, sus virtudes y defectos y elijamos nuestro favorito.

Todavía no se recuperaba el mundo de; shock del hundimiento de un barco considerado imposible de naufragar cuando una de las sobrevivientes, la actriz Dorothy Gibson ya estaba ante las cámaras en un ejercicio de autorreferencia titulado “Salvada del Titanic”. Ese mismo año, mientras Tin Pan Alley sacaba al mercado canciones como “My Sweetheart Sank with the Titanic” y Joseph Conrad preparaba un cuento sobre el naufragio, en Alemania se hacia una versión dramatizada del hundimiento utilizando el barco emperatriz Augusta Victoria como modelo del trasatlántico. Descubierta recién el ’98, esta película no tiene mayor mérito que su antigüedad.



Lo extraordinario es que en Hollywood no se atreverían con el tema sino hasta los ‘50. Mucho se habló de que Hitchcock dirigiría una versión del famoso desastre marítimo en 1938, pero nunca llegó a suceder. No es que el hundimiento del Titanic hubiese sido olvidado. En su famosa pieza teatral Cavalcade, Sir Noel Coward elige ese suceso para la muerte de una pareja recién casada. Este episodio en que Edith y su marido pasan su luna de miel en el Titanic seria recreado en la versión fímica de 1933.




Como “Cabalgata” sería un punto de referencia para otras sagas familiares en el marco de los primeros treinta años del siglo XX, es natural que la tragedia sea mencionada y juegue un rol importante en las vidas de los Bellamy de “Upstairs. Downstairs” y los Crawley de “Downton Abbey” pero ya hablaremos más de esto cuando les toque el turno en esta investigación cronológica del Titanic en la cultura fílmica.

El Titanic Nazi

Para todos los efectos, el primer filme que dramatiza los hechos ocurridos en esa noche de abril del 1912 es un producto nazi, “Titanic” del 1943. Esa es una de las muchas ironías de este filme seminal que Joseph Goebbels a casi treinta años de la tragedia decide convertir en una epopeya/disaster film que emule escenas de algunos de sus productos hollywoodenses favoritos como el terremoto de “San Francisco” y el incendio de Atlanta en “Lo que el viento se llevó”.

Pero como el Ministro de Propaganda no daba puntada sin hilo, su “Titanic” debería ser una digna compañera de otros filmes históricos nazis que enfatizaban la perfidia de los ingleses como “Ohm Kruger” y “El zorro de Glenarvon”. El hincapié en la codicia y arrogancia del mundo angloparlante y el rol que jugaron en el hundimiento del trasatlántico se convertirán en un leitmotiv de las versiones posteriores. Una ironía es que tengan que ser los nazis en señalar  que el clasismo anglo determinó el destino de las víctimas del naufragio.



Otro aporte de este prodigioso filme es presentarnos al gran villano de la leyenda titánica, Bruce J. Ismay director de la línea naviera White Star que construyó el Titanic y quien sobreviviera el naufragio provocando controversia, crítica social y rumores sobre cómo había sobrevivido a pesar de que muchos otros pasajeros murieron por no tener un espacio en el bote.

En la película nazi, Ismay es un especulador que por una apuesta obliga a al capitán Smith a acelerar la llegada a Nueva York en un tiempo récord a pesar de lo poco aconsejable de hacerlo de noche y en un mar salpicado de icebergs. Eso pone a Ismay en colisión con el oficial primero Petersen (alemán, por supuesto). Durante el desastre vemos a Ismay suplicando por un puesto en los botes. Petersen se lo da, pero nada más para que Ismay responda por su crimen. Tal como en la vida real, la investigación conducida por el Senado de Estados Unidos exonera a Ismay. No así la prensa de la vida real ni las posteriores versiones de la pérdida de su barco estrella.

En el filme nazi la codicia de ismay es comparable solo con la del arrogante y esnob John Jacob Astor con quien hace apuestas sin importarles como afecten tanto al navío como sus pasajeros. Astor muere ahogado, pero después que le niegan un puesto en los botes ya que estos están reservados para mujeres y niños. En la vida real Astor solicitó un puesto para poder acompañar y auxiliar a su esposa que estaba en el sexto mes del embarazo, pero al saber que los hombres no tenían prioridad, no insistió aceptando su destino con gran dignidad.



En el filme, Mrs. Astor es una esposa trofeo de estrecha cintura a la que su esposo descuida casi criminalmente ya que la cree teniendo un affaire con un tal Lord Douglas. Solo monta en colera cuando cree que una famosa joya que le ha regalado a su esposa ha caído en manos de Douglas. En realidad, la joya (precursora del diamante azul de la versión Cameron) ha sido sustraída por el ladrón de guante blanco, Tomás Mendoza. Aquí por primera vez entra este estereotipo que puede ser un criminal que se inmiscuye entre la elite o simplemente alguien que no pertenece al mundo de los pasajeros de Primera Clase.


                       Los Astor según el cine nazi

Otra pauta que impuso el Titanic nazi fue convertir la catástrofe en un filme romántico, y vaya que hay romances. El primero es el romance bajo cubierta entre miembros menos privilegiados como lo son Heidi, la manicurista, y Franz,  el violinista. Ella se salva. El.. ya sabemos lo que pasó con los músicos del Titanic.

A pesar de que, en la vida real, Ismay era casado y padre de familia, para hacerlo más repelente lo hacen viajar con su amante Gloria la que le tiene prometido bodorrio apenas pisen Nueva York.  En el medio del viaje, Ismay descubre que han caído sus acciones. Motivo que lo hace apuntar proa a otra cama, la de la mujer más rica del barco, la baronesa báltica Sigrid Olinsky. Esto convierte a Ismay en rival de amores de Petersen, que en el pasado amó a la Olinsky que le rompió el corazón.


Interpretada por Sybille Schmitz, una de las estrellas de Babelsberg (el Hollywood nazi), Sigrid luce una melena retinta y posee el nivel de discurso de mujer mundana y ajada que tipifica la femme fatale, pero es la única persona decente del filme. Ama a Petersen, pero sabe que son de mundos diferentes. Petersen tiene una premonición que el llevar el barco a la velocidad exigida por Ismay invita a un accidente. Suplica/exige a Sigrid que acepte los requerimientos de ismay para convencerlo de olvidar su apuesta. Incluso añade cínicamente que si los encantos de la baronesa no bastan que lo “ compre”. Como héroe el Petersen se me cayó totalmente.





A pesar de que Sigrid también recibe un telegrama (los llamaban Marconi) que la informa de que su esposo ha sido enviado a Siberia y que el Zar ha confiscado su fortuna, intenta disuadir en vano a Ismay de su atolondrada apuesta. Al final, cuando está ayudando a mujeres y niños a subir al bote, Sigrid se atreve a confesarle su amor a Petersen: “soy tan pobre como tú’. Solo ahí el patán le encuentra sitio en un bote.

No me sorprende que un héroe nazi sea tan machista, tal como no me sorprende que mientan sobre John Jacob Astor y su matrimonio. Los Nazis no eran amigos de la verdad. Incluso su visión de la Tercera Clase corresponde a un régimen totalitario y racista. Siempre nos dan pena los pobrecitos irlandeses e italianos que fueron los primeros en ahogarse, pero aquí esa multitud de individuos con rasgos eslavos o mediterráneos son vistos como una turba de maleantes indisciplinados.

Sigrid Olinski lucirá como una femme fatale, pero es una Magdalena arrepentida. En cambio, en Tercera tenemos una especie de sensual gitana que ejecuta una danza mitad tango, mitad flamenco, mitad    fox- trot y que provoca una riña entre amigos que se la pelean.  Uno de ellos es encerrado en una cabina. Al final, el amigo libre se da cuenta que la amistad está por encima de gitanas curvilíneas y va, chapoteando por pasillos (ecos de Rose rescatando a Jack) a salvar a su amigo preso.

                   La gitana voluptuosa

El Titanic nazi realmente hizo escuela con sus imágenes de botes que se voltean, niños abandonados que aúllan “¡mamaaaa!” y oficiales disparándole a los proletarios para impedirles que alcancen los botes. Recientemente vi esta película completa, y coloreada y quedé impresionada. No es tan mala como parece y si se superan las ideas y mentiras nazis, es hasta entretenida. Los decorados lujosísimos, igual que el vestuario, si se parecen a las fotografías del interior del trasatlántico. Se gastó el equivalente de quince millones de dólares de hoy día, la mayor cantidad gastada entonces en un filme alemán y tomó dos años acabarla, pero el rodaje estuvo plagado de problemas.

Filmada a bordo del barco Cap Arcona, parte de la filmación se produjo en Gotenhafen (hoy Gdynia) en el  Báltico y se contrataron como extras a soldados de la Wehrmacht y la Kriegsmarine. Felices de alejarse del frente, los bravos militares se emborracharon y comenzaron a hacer destrozos y a perseguir a las extras. Esto provocó la ira del director Herbert Selpin que se expresó de manera insultante de las fuerzas armadas. Goebbels lo hizo arrestar y como Selpin no se retractó, al día siguiente lo encontraron en su celda ahorcado. O como se decía entonces “fue suicidado por la Gestapo”.



Con nuevo director, el filme por fin estuvo listo para presentarse al público, pero el horno no estaba para bollos. En 1943, la victoria alemana ya no parecía tan fácil. Las ciudades alemanas vivían bajo bombardeos Aliados, en Rusia, el ejército soviético andaba correteando a las tropas alemanas. Los Aliados habían desembarcado en Sicilia. El filme ya no solo era una fábula en contra del capitalismo Anglo, sino sobre gente huyendo aterrorizada hasta el punto de no poder confiar en la autoridad. A Goebbels se le ocurrió que esta película era muy deprimente y que un personaje como Petersen tan dispuesto a enfrentarse a los poderosos para proteger al pueblo podía ser un modelo peligroso. “Titanic” nunca fue presentada en Alemania, aunque si se la vio, con moderado éxito, en Paris y Praga.



El Titanic nazi tuvo un triste epilogo con el hundimiento del barco donde se filmó el desastre. En la primavera del ’45, el Cap Arcona comenzó a ser utilizado para evacuar gente de campos de concentración para evitar que fuesen liberados por los rusos y los ingleses que ya estaban en Alemania. A fines de abril, se cargó el barco con cinco mil prisioneros de diferentes nacionalidades. El Cap Arcona junto a otros barcos en la Bahía de Lubeck tenían un propósito cumplir las órdenes de Himmler de no dejar a ningún prisionero vivo.

Los prisioneros fueron mantenidos ahí por días sin alimento ni atención médica. Una lancha venia diariamente a repartir agua y retirar muertos. Cansados los SS que manejaban el barco esperaban que hubiese un final más rápido y se creía que vendría la Luftwaffe a hundir los barcos.Llos que llegaron fueron los cazas de la RAF. Los SS les dispararon para luego subirse en sus botecitos y huir. Los cazas lanzaron bombas incendiarias. Sin botes ni chalecos salvavidas, los detenidos murieron sofocados, achicharrados o de balazos de la SS cuando intentaban nadar hacia la playa. Solo 50 sobrevivieron. Esta historia merece un filme propio, pero de eso hablaré la próxima semana.

                El Cap Arcona

Las Soap Operas de los 50

Pasarían diez años de la no-premieres del Titanic nazi antes que Hollywood se interesase en el desastre marítimo. Después de una cruenta guerra mundial salpicada de naufragios y pérdidas de vida, el cine de los 50 no estaba para fabulas morales donde los privilegiados eran castigados por codicia e irresponsabilidad.

“Titanic” (1953) entonces se convirtió en una soap opera escapista donde la tragedia marítima es mero telón de fondo para una cursi soap opera. Esta versión de 1953 que enfurecería a los sobrevivientes del Titanic echó manos de las pautas impuestas por la versión nazi desde la combinación de personajes reales con náufragos ficticios hasta robarse un par de clips de la blockbuster de Goebbels. Después de todo el filme alemán descollaba en lo que se refiere a efectos especiales.



Julia Sturges (Barbara Stanwyck) cansada de ser la esposa-trofeo de Richard Sturges (Clifton Webb) intenta huir en el Titanic con sus dos hijos. Su esposo la sigue al barco y aunque le da su libertad insiste en llevarse a los niños, la adolescente Annette y Norman de 10 años. Julia le revela que Norman es hijo de un amante que tomó hastiada de la indiferencia de Richard.



Durante el viaje Anentte inicia un romance con el tenista Giff (Robert Wagner). Llega el iceberg y Julia y Richard se reconcilian, pero él caballerosamente pone a su familia a salvo. Giff ve que el bote donde va Annette está a punto de caer al mar de punta, al intentar repararlo, el tenista también cae al agua y es rescatado por un bote salvavidas. Norman cede su asiento a una anciana y va en busca del hombre que cree su padre. Ambos perecen en el naufragio.

                        Annette (Audrey Dalton) y Giff

Aunque ganó un Oscar por mejor libreto, este Titanic no es muy memorable. Se hizo más que nada para demostrar que Clifton Webb podía hacer roles serios, pero la historia era demasiado melodramática opacando la realidad a pesar de incluir personajes reales como los Astor, Henry Widener y a Molly Brown a la que por alguna razón le pusieron Maud.

                     Los Sturges se ponen sus chalecos salvavidas

Dos años después del debut de “Titanic”, Walter Lord publicó A Night to Remember. Siendo el primero en escribir sobre el tema Lord no esperó convertirse en autor de superventas, pero la fidelidad histórica  y su investigación que lo llevó a entrevistar a los sobrevivientes atrajo al público lector. En 1958, los ingleses llevaron el libro a la pantalla.



Fue el primer filme que vi sobre el Titanic y no recuerdo nada. Solo los efectos especiales, pero no quedó en mi mente ningún personaje ni ficticio ni histórico. Del reparto solo recuerdo a Sir Kenneth More a quien ya conocía por “La saga de los Forsyth”.  Pero no recuerdo haberme interesado en Benjamin Guggenheim, o en la devoción del matrimonio Strauss ni en la codicia de Ismay al que no mencionan por nombre solo como “the Chairman” ni de Lord and Lady Richard que en realidad eran los Duff Gordon, pero a los que se les cambió de nombre por temor a una demanda.

A Night to Remember” destaca por efectos especiales, por la pulcritud del detalle técnico, pero falla en el argumento. Fue un éxito entre críticos y un fracaso de taquilla. Su estilo, que hoy calificaríamos como de “docudrama”, entonces era desconocido y no gustó. Sin embargo, James Cameron le haría el mejor homenaje, copiando muchas de sus escenas en su epopeya de 1997.



En “Titanic” del ’53, Thelma Ritter había dado vida a Molly Brown, bajo el nombre de Maud Young. En “A Night to Remember” Tucker McGuire es conocida como “Molly Brown” nueva rica, pionera del Viejo Oste cuyo marido hizo su multimillonaria fortuna en las minas de Nevada. Este personaje es el más celebre de todos los habitantes del universo del Titanic,. En la década de los 60, Tammy Grimes ganará un Grammy por interpretarla en “The Unsinkable Molly Brown, y Debbie Reynolds, en 1964, será nominada para un Oscar por el retrato de esta valerosa dama que, a pesar de sus millones, se la pasó ayudando, durante y después del naufragio, a los menos privilegiados del barco.



Los Años de la Poseidón

La Era de los 70 tuvo un vago interés en el trasatlántico hundido debido al auge de filmes de desastre como “La Aventura del Poseidón” basada en una novela de Paul Gallico. Esta historia no relataba un naufragio sino la zozobra de un grupo de gente a la que un tsunami deja atrapada en un navío de crucero que ha volteado.



Otro motivo para recordar el naufragio era una fascinación con todo lo relacionado con la era Eduardiana. Fue así como, en 1971, el nombre del Titanic entró en Eaton Place al mundo de” Upstairs Downstairs”. La Tercera Temporada de la aclamada serie inició con el episodio “Miss Forrest”. Lady Marjorie está preparando un viaje a Nueva York para visitar a su hija Elizabeth. La acompañará su hermano Hugo. Aprovechando que será el viaje debut del célebre Titanic, Hugo decide convertirlo en luna de miel para él y su nueva esposa (la madre de Georgina Worsley).

                             Lady Marjorie se dispone a zarpar en el Titanic

Ocupada con los preparativos, Lady Marjorie enfrenta otro problema. Su esposo Richard ha contratado una secretaria llamada Miss Hazel Forrest. Los criados están incomodos porque no saben cómo tratar a Miss Forrest que no es criada, pero tampoco una dama. Mas problemático es que James, el mujeriego hijo de los Bellamy, ya le ha echado el ojo a la guapa secretaria. Marjorie le exige a su marido que despida a la Forrest. Richard se niega y Los Bellamy se separan enojados. Al final del episodio, Richard recibe un telegrama que le avisa del hundimiento del navío.

                 Miss Forrest es la manzana de la discordia

El próximo episodio titulado “A Divided House’ tiene un pandemonio en Eaton Place ya que Lady Marjorie no aparece en la lista de sobrevivientes ni tampoco aparece su cadáver. Quien aparece en la entrada de servicio es Miss Roberts, la doncella de Lady Marjorie quien viajaba junto a su ama. Roberts está catatónica, no se le puede sacar palabra como tampoco quitarle el joyero que su señora le confió.

                         Miss Roberts, la sobreviviente

Le toca a Hazel Forrest ganarse la confianza de la doncella, y con ello la de toda la casa. Aparentemente, Lady Marjorie y Roberts estaban a punto de ingresar a un bote cuando apareció la proverbial niñita llamando a su madre. Lady Marjorie acomodó a su doncella en el bote y fue en busca de la madre. Fue la última vez que se la vio.

                      Miss Forrest convence a Roberts que abran el cofre rescatado de las aguas

La muerte de Lady Maryorie y su hermano tuvieron repercusiones en toda la serie. James heredó la casa lo que lo puso en conflicto con su padre. La muerte de su madre permitió a James cortejar y casarse con Miss Forrest para hacerla infeliz para siempre. El hundimiento del Titanic dejó a Georgina huérfana lo que la llevó a la chica formar parte de la Familia Bellamy y dio la libertad a Richard de casarse (años más adelante) con la viuda Virginia, que siempre me pareció mejor esposa que Lady Marjorie.

                   La muerte de su madre permitió a James casarse con la secretaria

Fue al final de esa década de desastres en pantalla que fueron éxitos de taquilla que a NBC produjo un telefilme que después de la versión Cameron, es para mí lo mejor del subgénero Titanic. En septiembre de 1979 yo vi el debut de “S.O.S Titanic”. La grandeza de esta gema olvidada no yace ni en sus efectos especiales, ni en  teorías que expliquen esta catástrofe ni siquiera en sus actuaciones y eso que en un filme donde coactuan David Warner, Sir Ian Holm, y Dame Helen Mirren (años antes de hacerse famosa) si se puede hablar de buenas actuaciones. El único desacierto fue Cloris Leachman que hizo un mal trabajo actoral en su interpretación de Molly Brown.

                    Cloris Leachman como Molly Brown

La grandeza de este telefilme está en su contenido romántico, confirmando lo que había impuesto a versión nazi de que lo realmente importante es como el amor nace o se reafirma al borde del abismo. El filme se enfoca en las tres clases sociales del trasatlántico, pero no para darnos una denuncia sobre el arribismo del Titanic que llevó a salvar a los ricos sacrificando a los pobres, sino para mostrarnos como hay algo en un viaje por mar que invita al romance (recordemos que estos son los años en que “El Crucero del Amor” hace furor en la televisión)

Los irlandés de Tercera Clase no se ven como gente hambrienta y miserable. por el contrario, son alegres osados y muy dados al amor. El gran romance es entre el soñador James Farrell y una joven de largos cabellos que aparece y desaparece como un fantasma o un hada. Hasta que la vemos en un bote salvavidas no sabemos que es un ser de carne y hueso.



En Segunda Clase tenemos un amorío de viaje entre dos educadores. Ellos son el Profesor Lawrence, Beesley, personaje real interpretado por David Warner y la maestra solterona americana Leigh Goodwin. Este personaje ficticio fue interpretado por Susan St. James. El romance es muy inglés, muy intelectual, la pareja funge de testigo y observadores sociales. Mas que darse besos se la pasan discutiendo el sistema inglés de estrictas clases sociales y cuan valedero es en el mundo moderno. En un momento deciden llevar su amor de cubierta a la alcoba, pero ella lo detiene con la sensata observación de que los romances de a bordo acaban llegado a puerto.

                       Un romance de maestros en la cubierta del Titanic

Curiosamente, en una de las escenas editadas de la versión original, ambos se reúnen en la cubierta del Carpathia y comentan el survivor guilt de Beesley quien se compara con Ismay que acaba de huir del naufragio, pero a quien los remordimientos han provocado un colapso nervioso. Leigh insiste en que el que su compañero haya sobrevivido fue accidental y en nada se compara a la cobardía del director de la línea naviera. Beassley volvería a aparecer en la versión Cameron, pero sin interés romántico tal como aparece David Warner como el siniestro Spicer Lovejoy, mayordomo y sicario del siniestro millonario Caledon (Billy Zane).

                   Rescatados por el Carpathia

Ismay retratado por Ian Holm es visto en “S.O.S. Titanic” tal como en la versión nazi como un especulador irresponsable que contrasta con el cabal y comprometido Thomas Andrews (Geoffrey Whitehead) diseñador del buque. Creo que es la primera vez que aparece este personaje en el género y memorable es su escena (casi idéntica la versión de Cameron) en que contrito por los errores cometidos en la construcción del Titanic se niega a salvarse a pesar de los ruegos de la jefa de camareras, Mary interpretada por una jovencísima Helen Mirren. Será Mary quien lance una mirada de reproche sobre el cobarde Ismay cuando este se escabulla del naufragio escondiéndose en el bote donde viaja la camarera.


                             Mirada de reproche al cobarde Ismay

Hubiese sido interesante inventarle un romance a Andrews con Mary, pero si algo abunda en este relato son los romance. Eso hace más emotiva la frase de un personaje ficticio) de que hay tanto amor en el aire que desearía que el viaje nunca acabase.

Fue en ese domingo de septiembre que por primera vez conocí la historia de amor de Los Astor, que nada tiene que ver con las calumnias del filme nazi. David Jansen le aporta dignidad y ternura al rol del Coronel John Astor, veterano de la guerra del ’98 e hijo de una de las familias más aristocráticas y antiguas de Estados Unidos. Tras años de matrimonio y varios hijos, Astor escandalizó a la sociedad neoyorquina divorciándose y casándose con Madeleine Talmadge de buena familia, pero de solo 18 años (casi 30 menos que su marido).

                         Los enamorados Astor

Los recién casados huyeron a Europa para alejarse de los chismes, pero el embarazo de Madeleine los hizo regresar ya que esperaban que el nacimiento del niño en suelo americano acallase las habladurías.  David Jansen tenía la edad de su personaje cuando murió, pero se le vio un poco avejentado y cansado (solo le quedaba un año de vida) lo que le otorgó su personaje un aire de desorientación ante los cambios que afectaban su existencia a pesar de la felicidad que le aportaba su mujer, Beverly Ross, que realmente parecía una adolescente enamorada.



Aunque la muerte de Astor y la desolación de su esposa que lo sobreviven nunca fue tan bien capturada como en esta versión, mi pareja favorita sigue siendo la de Ida y Nathan Strauss. Acabo de descubrir que Los Strauss aparecieron por primera vez en la versión alemana de 1912, posiblemente porque ambos eran alemanes. No aparecieron en la versión nazi porque para el Tercer Reich ellos ya no eran alemanes.

Isidor Strauss era congresista por Nueva York y el fundador y dueño de la tienda de departamentos Macy’s. Aun así, tenía tiempo para dedicarle a su esposa y a sus siete hijos. Los Strauss regresaban a Estados Unidos después de haber acompañado a su nieta que iba a estudiar en Alemania. Cuando ocurrió el naufragio, la anciana Ida fue escoltada al bote por su marido y su doncella Ellen. Al llegar a este, ida se quitó su capa de pieles, envolvió en ella a Ellen y la acomodó en el bote. Acto seguido regresó al lado del marido y como atestiguaron los que la vieron, le comunicó a Isidor que no pensaba abandonarlo.



Aunque los Strauss han pasado a la historia como ejemplo de amor conyugal, y aparecieron en los filmes de los 50, es en “S.O.S Titanic” donde adquieren mayor exposición y relevancia. La última imagen que ve Ellen de sus patrones es de ellos en cubierta abrazados (Cameron los hizo morir en su lecho del camarote).

Fin de Siecle

Es una lástima que “S.O.S Titanic” sea hoy una joya olvidada, opacada por las versiones más célebres que se hicieron acercándose el aniversario #90 de hundimiento y el centenario. Es vergonzoso que sea más recordada la infame miniserie de 1996. Esta “Titanic” ha sido criticada por sus malas actuaciones aun de actores competentes como George C. Scott, Catherine Zeta-Jones y Tim Curry que en lo villanesco parece estar haciendo de Pennywise sin el maquillaje de payaso.



Sin embargo, hay algo peor que las actuaciones. Se trata del argumento tan condimentado con clichés que ya indigesta. Tenemos a isabella (Zeta-Jones) esposa de un millonario que retorna a su familia tras haber asistido en Inglaterra al funeral de su tía. En el barco viaja el millonario Wynn Parker (Peter Gallaher) al que todas as mamás de sociedad le echan un ojo para sus hijas. Sucede que Wynnn e Isabella fueron amantes una vez y él es el padre de la hija que ella ha hecho pasar por hija de su marido. Aquí tenemos el romance del reencuentro como en la versión nazi y un twist de la revelación de” tu hijo no es tu hijo” de la versión de 1953. El romance es cursilísimo y acaba, por suerte, cuando Wynn se ahoga.



Otra subtrama conocida es el cuento del ladrón de joyas que se combina con el lugar común del intruso entre ricos. Jamie no es tan idealista y honesto como Jack Dawson. Es un ladronzuelo de cuarta que le roba el pasaje del Titanic a un borracho. Ya en la primera noche se introduce en el bar de primera case y le sustrae la cartera a John Jacob Astor.

                     Doonan aconseja a Jamie

Jamie cae bajo la influencia mefistofélica de Doonan (Curry), jefe de camareros que lo hace regresar la cartera y le explica que mejor combinen energías para dar un gran golpe en un viaje donde lo que abundan son millonarias y sus millonarias joyas. Jamie cae también bajo la influencia de a virtuosa y religiosa Aase, una inmigrante escandinava. Se establece una lucha por el alma del ladrón que Doonan cree ganar violando a Aase. Al final el ladrón y su vikinga huyen en un bote y alguien tiene el buen tino de darle con un remo en la cabeza a Doonan hundiéndolo en el mar.



Aparte de ser el primer dramatizado en mostrar como el Titanic se partió en dos antes de hundirse la miniserie no aportó nada nuevo. Hay personajes reales, pero mal interpretados como Roger Rees encarnando a un exagerado Ismay o Marilou Henner que nunca fue actriz, tratando de ser Molly Brown. Mi escena más despreciada, es, cuando tras el choque con el iceberg, a Molly se le ocurre jugar hockey con los trozos de hielo en cubierta. Ea imagen de privilegio millonario no va con una mujer tan llana y filántropa como lo fue la verdadera Margaret Brown.

                   Marilu Henner, la peor Molly Brown de la historia

Otra novedad de esta horrorosa confección fue la introducción de Alice Cleaver (Felicity Waterman), la niñera demente e infanticida que con su semi secuestro del pequeño Trevor provocó la muerte de sus patrones Los Ellison. Esta fascinante historia se perdió debido a una pésima actriz que con cada palabra hacia más antipático su personaje de Alice e invitaba a lanzarla por la borda.

                  La demente niñera

Y así llegamos al blockbuster Cameron.  Una mega maravilla debido a sus efectos especiales, a la recreación histórica, al glamur. No tengo quejas de las actuaciones, Kathy Bates es mi Molly Brown favorita, pero el argumento pide prestado de todas las versiones. El intruso en primera case, el robo de joyas, el romance que trasciende clases sociales, un personaje que debe correr por pasadizos inundados en busca de otro que está prisionero. Todo eso lo vimos ya en la versión nazi. Ya les mostré que Cameron hasta imitó escenas de Ä Night to Remember”. Su grandeza está en el balance de su combinación de clichés y tecnología moderna. por eso la mejor parte del filme es la del hundimiento que toma casi una hora.



El Titanic según Lord Julian Fellowes

No ha habido otra épica que supere la de Cameron, pero eso no significa que el tema haya muerto. En la segunda década del Siglo XXI, le tocaría a ese artista del glamur eduardiano atreverse con el tema. Hace unos días volví a ver el primer episodio de “Downton Abbey” y es extraordinario como todo gira alrededor del hundimiento que se convierte en una metáfora para el fin de una era y una clase social.

Comienza el episodio en el pueblo donde en el correo al alba, en un Marconi le comunican a Robert Crowley, Conde de Grantham que su sobrino y heredero se ahogó en el Ártico. El comedido cartero dice que mejor no despertar a Milord que se lo enviaran más tarde. De ahí pasamos a la cocina de Downton Abbey donde la mayor queja es el retraso de los periódicos. Pasan las horas y el lacayo William es quien primero se entera de la tragedia (y motivo del retraso) cuando llegan los periódicos. Le comunica a noticia a Mr. Carson, el mayordomo que informa al resto de los crados.

Los señores, por dormilones, solo se enteran a la hora del desayuno. Primero las niñas Crawley se preguntan si se han ahogado conocidos de ellos. Ahí llega el telegrama, Robert se levanta precipitadamente y va a la recamara de su esposa Lady Cora. Ahí comentan la muerte de Patrick. Cora le dice a su marido que “Mary debe saber la noticia por ti, no puede venirle de nadie más”.



En la cocina los cuchicheos de los sirvientes no informan que al no tener Robert heredero varón, todo su palacio y fortuna pasarían a manos de su sobrino Patrick y que su hija mayor, lady Mary, para no perder lo que siempre vio como suyo estaba semi comprometida con su primo. Mary ya nos cae mal porque, además de ambiciosa, no derrama ninguna lágrima por el muertito y solo pregunta si debe guardar luto. Su hermana Edith es la que más llora porque si estaba enamorada de Patrick. Lo importante es que ahora los Crawley tendrán que buscar hasta por debajo de las piedras otro heredero. Así es como llega a la Abadía el abogado Matthew Crawley y el resto es historia.

Debido al modo en que trató el tema  Lord Julian Fellowes fue contratado para hacer la miniserie homenaje del centenario del desastre. Llamada simplemente” Titanic”, la serie de cuatro episodios debutó en la BBC en el 2012. Verla me ha dejado con sentimientos encontrados. Por un lado, tiene el innegable toque Fellowes de glamur, ejemplarizado por los protagonistas ficticios, el Conde y Condesa de Manton interpretados por la siempre excelente Geraldine Sommerville y Linus Roach, un año antes de convertirse en Egbert, rey de los sajones en “Vikingos”. Agreguémosles que su pareja contraparte en segunda clase es una combinación de Maria Doyle Kennedy y Toby Jones y ya sabemos que tenemos un reparto más que competente.

Cierra el elenco un James Wilby lo suficientemente arrogante como Ismay y Stephen Campbell lo suficientemente sensible como Thomas Andrews. Mención aparte Jenna Coleman (entones conocida o desconocida como Jenna Louisa Coleman) que interpreta a una pizpireta, pero generosa jefa de camareras. El problema es que no todos los actores están a la altura. Celia Imrie está un poco odiosa como una nueva rica que es despreciada por los linajudos. Yo he venido observado a Perdita Weeks desde” Los Tudors” hasta “Penny Dreadful” y sigo sin tragarla. Aquí como Lady Georgiana, la hija sufragista de Los Manton me es insoportable.

                         Paolo pone a Mary en un bote

Lord Fellowes ha rescatado a personajes olvidados del Titanic; la actriz Dorothy Gibson y su dipsomaniaca madre, los Widener y su bibliófilo hijo Henry, cuya muerte anunciada añade patetismo a su romance con Georgiana. Aunque es un gusto ver a lady Duff-Randolph quien fuese, bajo el nombre de “Madame Lucille” la primera diseñadora de modas en ganar celebridad en el Reino Unido, el personaje es tan gruñón y esnob que no consigue interesarnos. El problema de la serie es que con la excepción de los Wiedener y Lord Manton, la clase poderosa es repelente.

                         Dorothy Gibson y su borracha madre

No que los de abajo sean muy simpáticos. A mí nunca me cayó bien Lindsay Marshall como Cleopatra en “Roma”, ahora como la llorosa doncella de Lady Manton que se roba las joyas de la condesa me cayó peor, ya quería que se cayera al mar. Glen Blackhall es como el compendio de los estereotipos sobre italianos La cabose del romance proletario, sin embargo, es una pareja de plañideros irlandés con sus críos.

Para hacer su serie más diversa Lord Fellowes introduce en el trasatlántico un criminal buscado por la policía que es también un anarquista eslavo. El momento en que la esposa le pone los ojos encima, se le caen a ella los calzones y los sesos, pero ni eso hace al libreto interesante. uno se ha pasa contando los minutos para que llegue el iceberg. A propósito, la escena en que el barco se cruza con la punta del iceberg con Toby Jones como único testigo es impagable y vería la serie solo por ella.



Toby suele hacer dos tipos de personaje:  repugnante o patético. Aquí es un poco lo último, un abogado de ricos (labor que no lo ha enriquecido) casado con una arpía. A Fellowes le quedó gustando poner a Doyle Kennedy como la villana Mrs. Bates en Downton. Así que le dio el rol de Muriel Batley acertadamente notando que solo ella podría enfrentarse a la torre de esnobismo que es Lady Manton.



Cuando el conde descubre que su abogado viaja en el mismo barco le parece una maravillosa coincidencia. Su esposa piensa lo contrario. Tal como se rehúsa a salvarse en un bote para no compartirlo con la actriz y su madre borracha,  para Louisa es una afrenta viajar en el Titanic con estos pobretones. Su ingenuo marido cree limar las asperezas imitando a los Batley a tomar él té en primera clase. Craso error, las esposas ni se dirigen la palabra.



 Sin embargo, Muriel tendrá la palabra final. Entre los papeles de su marido descubre que Manton tiene una hija ilegítima. En cubierta, en medio de un naufragio, le lanza esta verdad en la cara a Lady Louisa que le responde con suprema indiferencia. La mayor sorpresa se la lleva el espectador cuando Louisa se niega a abandonar a su marido. Le dice que siempre lo ha sabido infiel, que eso no le ha impedido amarlo. Cuesta mucho convencerla de subir a un bote (con gente de su clase obviamente) y su despedida es una promesa de cuidar de las dos hijas del marido, la legitima y la ilegitima.

                       Despedida de Los Manton

Un error de la serie que se creyó sería un acierto fue contarla atropellando la cronología. Está compuesta de flashbacks y cliffhangers, estos últimos deben cerrar los tres primeros capítulos. En el primer episodio acabamos con Los Manton en cubierta; el segundo que gira en torno a las experiencias del soporífero triangulo proletario de los Mahoney y el anarquista, nos devuelve al día anterior y al desagradable té compartido por Louisa, Muriel y sus esposos. Acaba con los personajes más interesantes, Lord Manton su valet, los Batley, Harry Widener y el camarero Paolo intentando voltear un bote para poder salvarse. Ya Louisa se ha marchado.

El tercer episodio es el relato de Paolo, como consiguió empleo de camero, su romance con la camarera Annie y el racismo que persigue a los italianos. Un detalle exagerado y falso es que Ismay haga encerrar a los camareros italianos y que los deje para que se ahoguen. Esto sirve para la obligada escena de un personaje vadeando pasillos inundados para rescatar a alguien aprisionado.

                              Romance de camareros del Titanic

Este Titanic, que no tuvo buenas críticas, cerro la página de los dramatizados sobre el naufragio. No se ha hecho nada en casi diez años. Se dice que todo se ha dicho incluso en términos de documentales. Se han hecho historias sobre la construcción del barco como la coproducción de la RAI “Titanic: Blood and Steel” y hasta ha servido de marco para un relato erótico como “La camarera del Titanic” de Bigas Luna.



Sin embargo, hay algo que decir todavía.  Tal vez no tanto sobre los aspectos técnicos del hundimiento, pero si sobre los pasajeros. Los críticos del libreto de Julien Fellowes notaron que su historia carecía de emoción y como dijo Brad Oswald en The Winnipeg Free Press, la serie erra en lo que se refiere “al caos emocional y organizativo de la tragedia” Es que lo importante del Titanic son las emociones que despiertan en nosotros los personajes y como sufrimos viéndolos perecer o salvarse al último minuto.

Titanic en La Era de la Diversidad

Eso significa que el 2022, en un nuevo aniversario, se podría relatar este cuento desde otro ángulo, contándonos sobre personajes reales que nunca han ameritado y como estamos en la era de la diversidad racial ¿qué tal irse por ese camino? Ya hemos visto que muchos filmes le dieron a la denuncia social en su retrato de los habitantes étnicos de Tercera Clase y su postergación, fueran los Untermenchen de la versión nazi, los irlandeses, los italianos y hasta un ruso en la versión Fellowes. ¿Pero acaso no hubo gente de color en el Titanic? La Wikipedia en inglés nos dice que no y que los afroamericanos siempre han visto esa tragedia como un castigo para la elite blanca, pero en la versión en español si recuerdan un pasajero de origen africano. El ingeniero haitiano Joseph Laroche quien viajaba con su familia de regreso a su patria, cansado del racismo de los franceses (¿y no que en Francia nunca hubo racismo? ¡O LaLa!).

Aunque hay una ópera sobre Laroche, su vida antes y durante el viaje merecen un dramatizado. Su esposa Juliette, que era blanca y estaba embarazada, sobrevivió el hundimiento junto a sus hijitas. También sería interesante alguna miniserie que nos contase que ocurrió con los sobrevivientes, sobre todo estas embarazadas como Madame Laroche y Madeleine Astor.

                  La Familia Laroche

Recientemente John Oliver nos informaba de un grupo de chinitos que viajaba en el Titanic y que, aunque rescatados, al ser ilegales, fueron empacados inmediatamente por la ‘migra” al Celeste Imperio. También es conocida—aunque nunca dramatizada— la triste historia de Masabumi Hosono quien logró salvarse, pero sufrió de ostracismo social al retorno al Japón. Se le considero indigno de pertenecer a la casta samurái al haber sobrevivido cuando a su alrededor se ahogaban mujeres y niños

Y la pregunta del millón. Hubo hispanoparlantes en el Titanic Pues tenemos la romántica historia de los millonarios españoles Víctor Peñasco y su esposa, María Josefa. La esposa y su criada Fermina Oliva sobrevivieron el naufragio, Peñasco no. Mas suerte tuvo el chofer catalán Julián Padrón quien encontró el amor en la cubierta del trasatlántico con su coterránea Florentina Durant. Ambos sobrevivieron el naufragio, se casaron y se establecieron en Cuba.



Acabo de enterarme de que Violet Jessop, la jefa de camareras era nacida y criada en Bahía Blanca (Argentina) además fue sobreviviente de dos naufragios, ya que también sobrevivió al hundimiento del Brittanic. Argentino también era el cordobés Edgard Andrews quien al pasar su chaleco salvavidas a una dama selló su fatal destino.





En el 2008 estando Carla Estrada a cargo de los dramas de época de Televisa, se rumoró que planeaba hacer una versión mexicana del Titanic llevando como protagonista a su actor fetiche Fernando Colunga. ¿Iba PapiFer a interpretar a Manuel Uruchurtu Rámirez, el único mexicano que murió en el naufragio?  De familia principal, miembro de la oligarquía porfiriana, el Licenciado Uruchurtu se había exiliado junto con Don Porfirio en Francia. Regresaba tras tres años y de ausencia a su patria cuando lo sorprendió el desastre. Caballerosamente, Don Manuel le cedió su puesto en el bote a una dama y encontró su tumba en el mar.



Ya ven que hay mucho que contar y que todavía se desconoce sobre el más famoso naufragio de la historia. He ahí que surge una pregunta. ¿Por qué el Titanic ha capturado la imaginación de cineastas cuando ha habido otros hundimientos con más repercusiones como el del Lusitania o con más víctimas como el del Wilhelm Gustloff? ¿Por qué empeñarnos en oír la moraleja de que el privilegio siempre es castigado cuando hay historias de hundimientos de navíos que son seguidos por heroicos y solidarios salvamientos como ocurrió con el Laconia?  De eso hablaremos la próxima vez