Que la Paramount fuese
a hacer una miniserie sobre cómo se hizo The Godfather sonaba autorreferente
y aburrida. Pero a medida que me adentraba en la génesis de la mejor película
hecha en Estados Unidos, y me enteraba
de detalles insospechados tales como el rol de la mafia en su filmación, me enganchaba
más con The Offer que, tal como
la novela de Mario Puzo, mezcla temas universales
con el Sueño Americano.
Llevaba dos
episodios bien tragaditos bien satisfecha, cuando encontré este artículo de Peter Bart que me dejó patitiesa. ¿Entonces toda la
serie era una gigantesca mentira? Por suerte mi instrucción de bibliotecóloga y
crítica literaria me llevó a investigar. Si encuentro una falsedad en un artículo
ya me hace sospechar sobre su veracidad. Aquí fue la identificación de Joe
Colombo como un corredor de propiedades. Hasta yo sé que era un Capo di Mafia.
Otra cosa que
Bart dice que es mentira es que Robert Evans y su familia fueron amenazados con
violencia si continuaba la filmación. Asegura que tanto Bob como Ali McGraw se
lo negaron en la cara. ¿Entonces cómo explica que en sus memorias Evans
recuerde esas llamadas? ¿O que Ali le dijo en entrevista a Mark Seal que,
aunque no escuchó la llamada sabía que ella y su hijo estaban en peligro?
También me
molestó que Bart (tan simpático en la miniserie) hable de como los mafiosos abrazaron el
proyecto de la Paramount. Efectivamente, pero—tal como muestra la serie— fue después
que Al Ruddy se sentase con Colombo a dialogar. Ruddy le vendió El Padrino, al
Capo no solo como una visión semi positiva del crimen organizado, sino también
como un homenaje a la comunidad italoamericana.
Sé que a muchos les disgusta The Godfather por considerarlo un filme de gangsters donde violencia y crimen organizados son vistos con cierto glamur. Un momento mágico de la serie es cuando Coppola le explica a Evans que El Padrino es una metafora de como el Sueño Americano puede ser tan obtaculizado por el capitalismo que solo las vías de la ilegalidad quedan abiertas para el inmigrante.
Bob Evans el
Wunderkind de la Paramount
Lo que descubrí
en mi investigación fueron varios postulados auténticos que son las bases de The
Offer:
a) En 1969, Robert
Evans era el Niño Maravilla de la Paramount.
b) En 1965, Mario
Puzo estaba hasta la nariz de deudas de juego y eso lo empujó a escribir un
libro sobre una familia italiana y sus vinculaciones con la mafia.
c) Existía en la
comunidad italoamericana un desprecio por filmes de gánsteres que culpaban de
ser un motivo para que la comunidad WASP discriminase en contra de sus miembros.
d) Una vez que Frank Sinatra leyó el libro y notó las similitudes con su vida personal, montó en colera y montó una campaña para evitar que el bestseller de Puzo llegase a la pantalla.
Con estos cuatro
factores, The Offer ya ofrece pruebas suficientes para creernos que (con
necesarias licencias) estos fueron los hechos. Son los recuerdos tanto de Puzo,
Francis Ford Coppola, Evans y Al Ruddy. Cierto que son un cuarteto de
fabulistas (como corresponde a representantes de etnias de narradores de cuentos),
pero como dice el dicho italiano Si
non e vero y ben trovato.
Comencemos, como la serie, con verdades.
Cuando Bob Evans llegó a la Paramount no solo traía conexiones de un ex
actor , también una pequeña fortuna que quería invertir en proyectos soñados y
un modo agresivo de producir que nacía de ser hijo de privilegio (se había criado
en un hogar afluente del Upper West Side neoyorquino), pero muy cercano a la experiencia del
inmigrante que debe luchar contra prejuicios. Eso se notaba hasta en el cambio
de apellido. ¡Yo ni sabía que Bob Evans era judío!
Para 1969, el año en que Puzo publicó El Padrino,
Evans había llegado a ser el mandamás de la Paramount, elevándola al estudio más
cotizado de Hollywood. Eso gracias a su visión que lo había llevado a producir blockbusteres
como Descalzos en el parque, La pareja dispareja y Rosemary’s Baby. Cuando
inicia la serie, Evans está intentando convencer a los representantes de la Gulf&Western
( el consorcio dueño de la Paramount) de
que un romance en que la heroína muere de leucemia no va a ser un fracaso de
taquilla. Obviamente Love Story no lo fue y ese episodio sirve para
mostrarnos el romance de Evans con Ali Mc Graw que se convertiría en su tercera
esposa y madre de su único hijo.
De Hogan’s Heroes a The Godfather
Es por ese
entonces que Evans conoce a Al Ruddy, tan visionario y tan receptáculo de Chutzpah
como el productor. Ruddy ha abandonado un buen pagado empleo como programador
de computadoras en RAND para incursionar en la producción de series de
televisión. Su salto a la fama fue venderles a la CBS uno de los proyectos más controversiales
en contenido de la televisión de Los 60.
Voy a detenerme a
describir Hogan’s Heroes porque ejemplariza la visión audaz de Ruddy y
porque tiene paralelos con el modo en que tratará el desarrollo de El
Padrino. A pesar de que en 1965 todavía el Holocausto no era tema de sobremesa
y que desde Los 50, Hollywood buscaba encontrarles un rostro humano a los habitantes
de la Alemania nazi, la idea de crear una sitcom sobre los quehaceres de
prisioneros de guerra en un Stalag aun hoy se ve como de mal gusto.
Ruddy no solo
convenció a los ejecutivos del CBS de comprar su libreto, además evitó con un par
de estrategias cualquier protesta del público estadounidense. La primera fue
crear una historia totalmente escapista e inverosímil. El Coronel Hogan y sus
hombres se fugan cada noche del campo para cumplir con misiones de sabotaje y espionaje
sin que nadie se entere. La razón es que los alemanes a cargo del campo son
retratados como poseedores de una estupidez caricaturesca.
El segundo paso
fue dejar los roles de los nazis en manos de actores judíos. Werner Kemplener,
quien ganaría dos Emmy como el Comandante Klink, había huido de Alemania en
1933 y exigió, para poder interpretar a su
personaje, que este jamás presentara rasgos
positivos. El intérprete del corrupto y jocoso soldado Schultz, que a punta de sobornos hace de la vista gorda
a los manejos del equipo de Hogan, había
perdido parientes en Treblinka.
Ruddy hizo la serie
más diversa dándole el rol de Le Beau, el cocinero del equipo de Hogan, a Robert
Clary , sobreviviente de Auschwitz. También incluyo a un afroamericano entre
los “héroes”, algo poco común en las series de ese entonces. Si el proyecto
estaba hecho por judíos y actuado por sobrevivientes del Holocausto, no había
lugar para quejas. Los Hombres de Hogan tendría seis temporadas, y en su
primer año estaría entre las más vistas en la Unión Americana. En ciertos
aspectos, Ruddy reutilizaría esas estrategias para resolver los muchos
problemas que vendrían con la producción de The Godfather.
En 1970, Bob
Evans le encarga a Ruddy la producción de la novela de Mario Puzo. Se trata de un proyecto irrealizable porque
no tienen los fondos necesarios. Aun así, Ruddy visita a Los Puzo en Nueva York
y vuelve a California con Mario que quiere ser el guionista, pero se la pasa
más flotando en la piscina y tragando pizza.
Peter Bart le
aconseja a Ruddy buscarse un libretista profesional y lo contacta con Francis
Ford Coppola. Para sorpresa de todos, Puzo y Coppola, aunque corresponden a
diferentes espectros de la experiencia italoamericana, hacen excelente mancuerna
y empiezan a escribir una obra de arte.
Los problemas
comienzan a aflorar. El primero es el financiamiento de la película. Todos esos
proyectos imposibles y risibles de la Gulf & Western de trasladar la filmación
a Kansas City y de situar la trama en un marco contemporáneo para convertir a Michael
Corleone en un veterano de Vietnam son ciertos. Bob Evans tuvo que sacar las
garras para que la novela llegara semi completa a la pantalla. De hecho, en la
vida real fue quien exigió que la alargaran.
Sinatra y la Mafia
Frank Sinatra era
otro problema. Seguro de que Johnny Fontane estaba inspirado en su vida
personal (Mario Puzo lo negó hasta su muerte), Francis Albert estaba empeñado en impedir que
el personaje llegase a la pantalla. El episodio del enfrentamiento entre el cantante y Puzo en un restaurante angelino es verdadero.
La única diferencia es que el escritor no amenazó con clavar un tenedor en los
famosos Ol’Blue Eyes.
Sinatra comenzó
una campaña en contra del filme apenas se supo que la Paramount había comprado
los derechos del libro. Se dice que Vic Damone rechazó el rol de Johnny Fontane
por respeto al Chairman of the Board, pero nunca dijo haber sido amedrentado
por Sinatra ni (esta escena de la serie es falsa)anunció su rechazo
públicamente durante un espectáculo en Las Vegas.
¿Si Frankie
andaba ofreciendo sus famosos mamporros a quien se atreviera a parodiarlo en el
filme, como es que Al Martino si aceptó el papel? El rumor es que Martino tenia,
como su personaje, un padrino poderoso y hasta ahí llegaba el poder de Sinatra.
Esa llamada insolente a Colombo nunca tuvo lugar. Francis Albert le debía mucho
a la Cosa Nostra, y por eso les debía respeto.
Hora es de hablar
de como el crimen organizado es retratado en la serie. Tenemos dos arcos: el
auge de Joe Colombo en la mafia y su rol en la filmación de El Padrino.
Lo primero es ciertamente verídico. No solo lo vemos antes de ser parte del
consejo de La Cinco Familias y luego dentro de este, siempre sintiendo que por
ser “el nuevo “pisa arena movediza. Fascinante es también su lucha contra
Gallo, un matón peligroso que se la tiene jurada al Clan Colombo y al que hay que
neutralizar.
En cuanto a la
vinculación de Joe Colombo con la antipatía italoamericana por El padrino,
si bien es cierto que fundó La Liga de Derechos Civiles de los Italoamericanos,
no fue debido a la novela de Puzo. Es cierto su cuestionamiento de “Los judíos
tiene al JDL, los negros tienen al NAAPC,
pero ¿quién nos defiende a los italianos?” . De hecho, La Liga había
tenido un precedente ya que desde los días de la serie televisiva de Los
Intocables existía una incomodidad en la comunidad italoamericana sobre esa
asociación con el mundo criminal y como se les retrataba en cine y televisión.
Que la Mafia hizo
una advertencia violenta a Al Ruddy también es cierto. Fue Bettye McCartt, quien había pedido prestado el carro del
patrón, la que despertó con el ruido de
tiros y vidrios rotos. Cuando fue a revisar el automóvil se encontró con una
nota advirtiendo a Ruddy que cesara la filmación de El Padrino. Lo que
no es cierto es que haya sido Mickey Cohen el causante del atentado, puesto
que, por esas fechas, el gánster estaba a la sombra.
Al Ruddy no se
anduvo con recovecos. Partió hacia Nueva York, se entrevistó con Colombo y lo convenció tal
como muestra la serie. La palabra “mafia”
se borró del guion, se redujo el personaje de Fontane a dos escenas, Ruddy accedió
a contratar personal y elenco de origen italiano y permitió que alguno de los
hombres de Colombo se infiltrase en el set. Con eso se consiguió que la mejor
película hecha en los Estados Unido fuese también un espectáculo de lo bueno y
lo malo de la comunidad italoamericana.
Como muchos
filmes sobre el crimen organizado, le tomamos cariño a los mafiosos y abrazamos
su estilo de vida cimentado en familia, honor y tradiciones. Los verdaderos
villanos son los financistas que creen que el cine solo sirve para hacer
dinero. Lo que la serie nos muestra es que El Padrino es tanto una obra
de arte como una obra de amor y que todos los involucrados trataron la producción
con casi veneración. Eso explica los constantes choques con Gulf& Western,
pero también entre Coppola y Ruddy, y la
relación amor-odio entre Robert Evans y todo el mundo.
Hay todo un
género de ficción sobre cómo se han hecho grandes filmes. Ahí tenemos a Mank
(El Ciudadano Kane), White Hunter, Black Heart (La Reina Africana) y en televisión tenemos la primera temporada
de Feud (Whatever Happened to Baby Jane) y la tercera entrega de Moviola
titulada The Scarlett O’Hara War que se puede encontrar completa y con
subtítulos en español en YouTube. Ninguna de las mencionadas tiene la atención
al detalle de The Offer.
Verdades y
Mentiras de la Confección de un Clásico
Ha sido creada por
Michael Tolkin (Ray Donovan) , escrita por el mismo Tolkin, Leslie Rieff
(Walker Texas Ranger) y Nikky Toscano(Revenge). Dirigida por Adam Arkin, está basada en los recuerdos de Al Ruddy,
algunos de los cuales contradicen versiones de otros testigos, pero comparándola con el recuento de Pass
the Gun, Leave the Cannoli de Mark Seal (resumido en este artículo de Vanity Fair) , hay poca discrepancia. Podemos concluir que se
trata de una descripción semi fiel de la confección de un clásico entre
clásicos.
Hay un salmagundi
cronológico. Reiff y Tolkin mezclan eventos que ocurrieron entre 1965 y 1974 a
veces poniéndolos en un mismo año. Fue antes de El Padrino que Robert
Evans se enteró que iba a perder su empleo por un titular de periódico. Es cierto que a comienzos de los 70, la Gulf&
Western quería vender la Paramount porque no les generaba los ingresos
deseados. Bludhorn y Evans conspiraron para que el productor llegase de
improviso a una reunión ejecutiva y les pasase los videos ya filmados de The
Godfather. Me gusta la versión de la serie en que Bob irrumpe en esa
reunión, donde nadie lo quiere ver, para sacarse de la manga un discurso impromptu
que detiene el proceso de ventas.
No, nadie metió
un ratón muerto en la cama de Bob Evans, pero según su autobiografía recibió
amenazas telefónicas de que le harían daño a su hijo si continuaba la filmación.
Es cierto que él odiaba la idea de tener a Al Pacino en el filme. Es cierto que
Puzo convenció con una carta personal a Marlon Brando de ser Vito Corleone,
pero no que el FBI haya avistado a Ruddy en el funeral de Carmine. De hecho,
Carmine fue uno de los mafiosos que Ruddy contrató para ser parte del equipo de
la película. Y no sabemos si realmente Ruddy se acostó con Andrea Eastman.
Me cuesta dar una
opinión objetiva de The Offer porque me he enamorado de ella. Amo el
modo en que se combinan tres arcos: el de Ruddy y su equipo, el de Joe Colombo
y su equipo, y el de Bob Evans que debe
ser mago, arbitro y rey de este cuento, donde es el héroe que combate los
villanos capitalistas de Gulf&Western , pero que en el camino pierde su
matrimonio, su norte y casi su empleo. Es Matthew Goode quien me ha
impresionado con su retrato de Evans un genio egocéntrico que en un momento
explica a Peter Bart como de niño en vez de ir a la sinagoga los sábados, se escapaba al cine y que ahí encontró su
religión.
Por fin he
encontrado el lugar donde quería colocar a Matthew Goode ya que en veinte años
de verlo no he podido tragarlo (aunque le encuentro su atractivo). El respeto con
que trata al personaje de Robert Evans me convenció. También en que no lo
convierta en una parodia, a pesar de que medio Hollywood solía imitar a Bob. Incluso
se dice que fue la inspiración de Murmullos el villano de Dick Tracy
interpretado por Dustin Hoffman. Si las premiaciones no le tuviesen asco al
producto Paramount, Matthew hubiese ganado un premio por tan magistral actuación.
Si hasta es excelente soltando palabrotas.
Por debajo de la
actuación de Goode, pero digna de mención está Justin Chambers (el Karev de Grey’s Anatomy) como Marlon Brando. Yo creía que nunca
podría Burn Gorman sacarme de la cabeza la imagen del repugnante Karl Tanner de
GOT. Su Charlie Bludhorn, que bien
pudo ser un villano, alcanza dimensiones humorísticas sin caer en lo grotesco, y casi heroicas en el modo en que, aunque
dispuesto a ganar dinero sabe comprender que para lucrar hay que permitir crear
antes.
Contenido Violento
y Gory: La yuxtaposición
del acoso de la mafia a la producción y la verdadera guerra entre Joe Colombo y
Joe Gallo proporcionan lo más violento de la serie. ¿Lo más Gory? El cadáver del ratón en la cama de Bob Evans.
Contenido Sexual
y Desnudos: Hay escenas
de cama de Ruddy y François, pero no hay desnudos.
Contenido
Feminista: Tengo muy
presente que, hasta este siglo, las
producciones de Hollywood fueron el refugio de machos hemingweyanos, no un sitio donde el trabajo de la mujer fuese
apreciado o deseado. No me molesta que en The Offer no haya muchos roles
femeninos o como que el más importante sea asignado a Betty McCartt (Juno
Temple) , secretaria de Ruddy. Es a Bettye a la que se le permite hablar
fuerte, dominar la situación y abofetear
a Ruddy cuando este cae en la autocompasión, y será ella (obvio que esto no pasó en la vida
real) quien vaya a dialogar de tú a tú con el Padrino Joe Colombo.
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Aun así, Bettye
es vista través del lente masculino. Cuando le pregunta a Andrea Eastman porque
siempre usa falda, la encargada de casting debe reconocer que sus piernas
hablan más que su trabajo. Luego vemos a Bettye más en minifalda que en
pantalones. Cuando Bettye habla por primera vez (por teléfono) con Charlie
Bludhorn, este le pregunta si tiene
piernas largas. Sabemos poco de la vida privada de Bettye, aparte que es
divorciada. Su vida parece girar en torno a su trabajo. Ni siquiera nos cuentan
que tenía dos hijos que vivían con ella.
Más triste aun es
el rol asignado a las otras dos mujeres importantes en The Offer. Ni Françoise
Glazer (Nora Arnezeder) ni Ali Mc Graw (Meredith Garretson )trascienden
estereotipos de mujeres trofeo. Ali no pasa de ser una anécdota hasta que su
infidelidad destroza a Robert Evans y pone en peligro la filmación de The
Godfather. El caso de Françoise es más triste. Como con Bettye tampoco
mencionan que tiene dos hijos, ni que ya es Mrs. Ruddy para la época en que Al
comienza la filmación de la película o que colaboró con su marido en el paso a
paso de la manufacturación de El Padrino.
Al comienzo
muestran a François como astuta mujer de negocios, dueña del famoso restaurante
angelino “The Chateau” y llena de útiles contactos. De pronto la convierten en
una bimbo entrometida que quiere trabajar con su marido en la filmación. Ni
Evans, ni Bettye, ni el mismo Ruddy están contentos. ¿Por qué? ¿Acaso no conocen parejas que han
escrito novelas juntos o fundado empresas juntos? Desde ese momento Françoise
desaparece y nadie parece recordarla. Solo al final cuando Evans lloriquea por
el abandono de Ali, es que Al masculla algo sobre como perdió a Françoise a la
que tanto amaba.
Lo cierto es que Los
Ruddy se divorciaron en el 1974. El motivo, aparte de la falta de honestidad de
Al, fue que no quiso colaborar con su mujer en una adaptación de una novela de
Anais Nin. A diferencia de la serie, el proyecto era idea de Françoise. Un
detalle es que nos dicen que Françoise descubrió el guion de The Longest
Yard. El capítulo final es todo sobre la pasión de Ruddy por este nuevo
proyecto, pero ni una palabra sobre la esposa que lo inspiró a trabajar en él. ¿Tanta
rabia le tiene Ruddy que, aun después de
muerta, tiene que disminuirla?
El caso Ali
McGraw es más enigmático. Meredith Garretson aparece en el primer episodio azotando
al mundo con sus largos cabellos cuando Evans la presenta a Arthur Hiller que
no quiere trabajar con “la chica del productor”. Françoise también es
calificada de Girl Friend de Ruddy. En realidad, ambas eran esposas. Gracias
a la auto-biopia de Evans descubrí que Ali poseía los derechos de Love Story,
que, aunque comprometida con otro tuvo que aguantarse los galanteos del
productor. Finalmente cayó en su cama después de un ataque de ira que le dio
cuando supo que Robert Evans había contratado a Hiller sin su permiso. La serie
nos lo presenta al revés, como que el director es quien no está convencido que Ali
dará la talla. En realidad, a quien no quería Hiller era a Ryan O’Neal.
Aunque adoro como
Matthew Goode retrata a un hombre que sufre tanto por su vanidad herida como
por la pérdida de la mujer que ama, si le creemos a su autobiografía no fue así.
Evans dice que fue en París, en 1972, que descubrió que su mujer y Steve McQueen
eran amantes y que poco después se divorciaron. Aunque reconoce que Ali fue el
amor de su vida, no hay mención ni de haber descuidado su proyecto de El
Padrino ni de haber caído en las drogas como consecuencia del divorcio. Su
drogadicción, de acuerdo a otras fuentes,
data de antes del matrimonio y fue
provocada por dolores insufribles de espalda.
En resumen, la
serie muestra a las esposas como fuerzas destructivas. Nunca como fuerzas creativas. De hecho, ni se
las retrata como madres, porque tampoco hay mención de Joshua, el hijo dé Ali y
Bob. Extraño, porque a través de su autobiografía, Evans se expresa de su hijo con
mucho amor, y le dedica el libro.
Factor
Diversidad: Esta es una
serie que homenajea a la comunidad italoamericana, aunque parezca una
glorificación de la mafia. El Padrino abrió una puerta importante para
la creatividad italiana. Sin él no tendríamos la magia de Francis Ford Coppola,
ni a un De Niro, un Pacino, un Stallone
o un Travolta . No tendríamos un Scorsese, un Brian De Palma, ni siquiera un
Tarentino .
Gracias a esta
película, Hollywood se inundó de talento
italiano que no temía reconocer sus raíces mediterráneas. Antes del filme, los únicos representantes importantes en
Hollywood de la comunidad italoamericana eran cantantes que habían logrado la
fama en otras arenas como Frank Sinatra o Dean Martin. Aun este último tuvo que “americanizar” su verdadero
nombre, Dino Crocetti.
Cuando Evans quiso
separar al “Padrino” de otros filmes de gánsteres donde según él “los judíos hacían de sicilianos”, se
encontró con un problema. No había directores italoamericanos para hacer un
filme que Bob quería “que oliera a
spaghetti”. Fue ahí que Peter Bart mencionó a Coppola, que era más conocido
como guionista.
Por otro lado,
volvemos a ver como los judíos han estado detrás de todos los grandes triunfos
de Hollywood. Me enterneció cuando Colombo usó el vocablo yiddish “mensch”(un
hombre excepcionalmente bueno) para calificar a Ruddy. .
Interesante el
vistazo de la mafia negra de Harlem donde Joe Gallo busca refugio y
efectivamente fue un sicario afroamericano quien dejó paralitico a Joe Colombo.
Voy a poner una
pequeña bibliografía, porque esta fábula llena de moralejas también tiene mucha
fantasía como siempre ocurre cuando tratamos con leyendas. Al final yo ya no sé
dónde comienza la magia y cuando tocamos realidad. Me quedo con la cita de Bob
Evans sobre como cada historia tiene tres versiones: ”La tuya, la mía y la
verdad. Y ninguna es mentira”.
Bibliografía Consultada
Bart Peter. Infamous Players: A Tale of Hollywood, the
Mob (and Sex)
Coppola, Francis Ford: The Godfather Notebook
Evans, Robert: The Kid Stays in the Picture.
Puzo, Mario: The Godfather Papers and Other Confessions.
Seal, Mark: Leave the Gun, Pass the Cannoli